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La norma, lo establecido, lo correcto, el lugar de cada quién, separando a las personas por clases por su propia naturaleza y con ello lo que tienen o no permitido hacer, hasta donde llegar, con quién relacionarse, su futuro y deber, que sería determinado en la adolescencia cuando su naturaleza se mostrara totalmente.
Ser alfa, beta u omega, lo determinaba todo o al menos casi todo, eso era lo establecido, por lo que siempre deseo ser un beta, no tendría que dejarse llevar por lo que otros esperaran de él y tenía la libertad de escoger con quién deseaba salir y no tendría que ser lo impuesto a lo “esperado”.
Fue mientras estaba en la finca de las mariposas recuperándose, después de regresar de otra misión, que Shinobu le explico que era un alfa en su estudio, lo esperado para alguien que se encontraba en la organización. No le tomó mayor importancia en ese momento, tenía cosas más importantes en las que centrarse.
-A-
Habían pasado años desde que sabía que era un alfa como la mayoría de los asesinos de demonios y normalmente no le importaba las clasificaciones de la sociedad sobre eso, pero que pasa cuando se enamoró de alguien a quién si le importa, alguien que espera formar una familia como establecen todas las normas y no teme decirlo.
Cada que lo veía sentía algo en el romperse un poco más, ¿Por qué se tuvo que enamorar de otro alfa? Y no cualquiera, no era uno del que simplemente se pudiese alejar y olvidarse de todo, no tenía que ser Agatsuma Zenitsu, uno de sus mejores amigos.
Era otra noche de insomnio, se encontraban en la finca mariposa nuevamente, había ido al dojo para entrenar, tratando de distraerse, pero todo olía a él, a duraznos maduros, a tormenta, a ese aroma propio que lo identificaba como alfa y su posición…
–Tanjirou, ¿aún estás despierto?–preguntó Zenitsu bostezando –Es muy tarde y mañana temprano debemos seguir entrenando…– empezó a hablar mientras se sentaba al lado del otro –Si ibas a venir aquí al menos nos hubieras dicho, seguro a Nezuko le encantaría ver las flores, aunque no hay luna… seguro le traería buenos recuerdos– divagó mientras volteaba a ver el cielo.
Tanjirou seguía todos los movimientos de Zenitsu, sabía que no había luna y que por la época eran pocas las flores que se encontraban abiertas esa noche, pero dudaba que cualquier cosa se comparara al aroma que desprendía el rubio, quien lo volteo a ver con una sonrisa en los labios y una mirada curiosa.
– ¿Tengo algo en la cara? – pregunto ladeando, haciendo que su cabello se moviese con el movimiento, habían pasado años desde que lo habían dejado de crecer.
–No nada, solo estaba recordando, es curioso que solo Inosuke corte su cabello– no importaba cuantos años pasaran seguía siendo un terrible mentiroso, por lo que trataba de llevar la conversación hacia cualquier otro rumbo, menos aquello que no quería responder.
–Lo sé, pero se veía tan contradictorio, un cuerpo tan musculoso y grande con ese rostro femenino, imaginarlo con cabello largo además– se rio por lo bajo –sería hilarante– soltó sin detener sus risas.
Ante la imagen hasta Tanjirou empezó a reír también. Ciertamente sería una imagen contradictoria. Después de eso siguió un silencio cómodo.
–Es tarde, deberíamos ir a dormir– esta vez fue Tanjirou quien lo menciono poniéndose de pie y extendiendo una mano al rubio, quien la tomo con una suave sonrisa, dejándose alzar.
–Vamos, antes que Inosuke se despierte o al final no dormiremos nada– estuvo de acuerdo para dirigirse a la habitación compartida, sin soltarle de la mano.
No debería sentirse así y agradecía haber aprendido a controlar su cuerpo tan bien, estaba seguro que de no estar haciéndolo su corazón delataría lo que el toque y cercanía del rubio causaba a todo su ser.
-A-
Apenas habían pasado un par de semanas en las que intentaba evitar a Zenitsu, había ido a un par de misiones en solitario antes de regresar a la casa Wisteria más cercana, solo le bastó entrar para reconocer el aroma de Zenitsu allí, pero había algo diferente olía a sangre y sal, disculpándose con la dueña del lugar se apresuró a entrar a la habitación donde se encontraba el rubio.
–Tanjirou…– apenas murmuró, inclinando su rostro, sin dejar de cubrir su mano.
–Lo siento, olí a sangre y yo…–trataba de explicarse, olvidando que tenía que huir, pero la preocupación aún estaba allí.
Zenitsu se levantó acercándose hasta quedar frente al otro, mostrándole la mano.
–Lo entiendo, pero estoy bien, solo es un rasguño de esa bestia…– dijo señalando al felino que pronto reclamo la almohada donde había estaba sentado unos momentos antes.
Su mano fue rápidamente a atrapar la del otro, –igual hay que limpiarla y…– se detuvo al detectar los duraznos tiernos en el aroma del otro, alzando la vista para ver aquel rostro con un ligero sonrojo y con algunas lágrimas ya rodando por las mejillas del rubio.
–Te extrañe– empezó sin verlo –Creí que había hecho algo para molestarte…Pero aquí estas, preocupado por el ataque de un gato– dijo riéndose de la forma incorrecta, como si algo le doliera.
–Yo también te extrañe mucho, las misiones no son los mismo sin ti– dijo apurado, llevando su manos al rostro de Zenitsu para tratar de limpiar aquellas lágrimas.
Zenitsu alzó la mirada un momento antes de lanzarse a abrazar al pelirrojo y continuar llorando de forma ruidosa, como era propio del otro.
-A-
Después del encuentro hablaron sobre sus misiones mientras comían, en algún punto él fue a darse un baño antes de regresar a la habitación donde el rubio se encontraba cepillando su cabello, apenas llegaba más allá de los hombros de este, pero ya lo cuidaba para lo que esperaba que fuera.
–Me gustas…– apenas fue un murmuro de su parte, un error conociendo el poder de la audición de Zenitsu, quien solo se quedó quieto unos momentos.
El rubio empezó a reír.
–Más te vale no fuera por eso que me evitabas– dijo mientras llevaba sus manos a cubrir su rostro, podía oler la frustración y ese olor a sal de las lagrimas.
No pudo contestar, que se supone que dijera a eso, ni siquiera se forzaría a mentir, estaba apunto de pararse y salir un momento, necesitaba respirar profundo sin los aromas contradictorios que emanaba el otro y...
–Porque eso sería una tontería Tanjiro, ya que también me gustas– soltó, volteando a verlo con el ceño fruncido, antes de tomarlo de la bata y dejar un beso en la comisura de sus labios –Espero te haya quedado claro y no vuelvas a abandonarme tan...–
No pudo continuar, ya que el pelirrojo superado por todo, solo lo abrazo, siendo ahora el quien lloraba en el hombro del otro, se sentía tan aliviado.
–Ahora todo esta bien, nada importa– escucho a Zenitsu decir mientras lo abrazaba más y liberaba esas feromonas tranquilizadoras nuevamente que lo hacían sentir tan seguro, un lugar donde pertenecía –Solo que somos tu y yo–
Tanjiro pudo saborear la felicidad y el amor después de eso, mientras los brazos de Zenitsu lo rodeaban.
