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Serendipia

Summary:

Después de la muerte de Shigechi, Josuke conoce a un simpático rubio sin saber que es el asesino de su amigo y quien ha estado aterrorizando Morioh durante los últimos quince años.

Y las cosas no hacen más que empeorar.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Era algo surreal para Josuke saber que uno de sus amigos había muerto. Shigechi, el niño que Okuyasu y él habían conocido hacía no mucho, fue arrebatado de su lado tan rápidamente que ni siquiera ninguno de los usuarios stand en la escuela -lugar donde ocurrió el crimen- se enteró de lo ocurrido hasta que fue demasiado tarde.

Los padres de Shigechi por supuesto no estaban al tanto del asunto de los stands; tan pronto como cayó la noche acudieron a la policía para reportarlo como desaparecido y para el día siguiente la escuela y ciertos barrios de Morioh ya se encontraban custodiados por oficiales en cada esquina. El ver a los uniformados azules le producía algo desolador en el pecho, un recuerdo constante que, al igual que con su abuelo, falló nuevamente en su misión de proteger a un ser querido.
El pequeño grupo de usuarios había deducido que el asesino debía de tener un stand para haber actuado tan rápido y sin ser detectado, pero aún si no lo fuera Josuke debía haber estado ahí para cuidar a Shigechi. Cada vez que pasaba junto a un oficial en su camino a la escuela podía sentir cómo su estómago se revolvía y la culpa lo invadía otra vez. Por su culpa, por no haber sido más atento, por no preocuparse lo suficiente… otra persona había muerto. Inconscientemente agradeció el hecho que tanto él como Okuyasu y Koichi necesitaban un tiempo para recomponerse y cada uno acudía a la escuela a solas. Lo último que quería era que sus amigos lo vieran cómo se derrumbaba emocionalmente en medio de la calle.

En la gran entrada del instituto podían observarse un par de patrullas y oficiales dispersos por el perímetro, seguramente por seguridad de los alumnos y evitar más incidentes por el momento.
Las náuseas regresaron en un segundo. Las pocas ganas que aún tenía de asistir a clases se esfumaron en cuanto ese color azul volvió a colarse en su rango de visión. Desde donde se encontraba parado podía observar a Koichi y Okuyasu adentrarse en el edificio, estaba claro que no lo habían notado. A su alrededor no había nadie que lo conociera, por lo que aprovechó el movimiento de alumnos para pasar de largo la entrada de la escuela y caminar rumbo a alguna calle que estuviera sin vigilancia policial. Necesitaba despejar su mente con lo que sea, necesitaba evitar pensar en su amigo fallecido o en el misterioso asesino que aún se encontraba suelto en la ciudad.

Con un escalofrío recorriendo su espalda decidió seguir caminando.

Al pasar unas cuantas calles las únicas personas que ahora podía observar eran los típicos empleados de oficina que apaciblemente marchaban hacia su trabajo. Josuke conocía esta zona: era muy popular entre los adultos por sus diversos bares y pubs que abrían todas las noches. En varias ocasiones había oído a su mamá hablar de ellos y cuán geniales eran, pero por su corta edad al adolescente realmente no le interesaba nada de eso. En cambio, siempre estuvo más intrigado por la gran cafetería en la cual todo el mundo tomaba su desayuno antes de dirigirse a su trabajo. Las personas de su edad no iban allí, claro que no, la calidad de las bebidas y los postres era increíble pero los precios que manejaba estaban un poco fuera del presupuesto de un adolescente terminando la escuela, claramente pensado para adultos trabajadores.
Por un instante dudó qué hacer. Volver a la escuela no era una opción, si llegaba a ver algún otro oficial recordaría a Shigechi, cuán inútil era Josuke en realidad y que al final del día era un inútil incapaz de salvar a sus amigos-

Tímidamente se adentró en la gran cafetería y observó el lugar. Estaba bastante abarrotado de personas a pesar de la hora del día, sorprendentemente la gente se tomaba su tiempo para desayunar allí antes de irse a trabajar. Tras comprarse un café y gastar más de la mitad de sus ahorros en el vaso mediano recordó que todas las mesas se encontraban ocupadas. Con un rápido vistazo pudo encontrar a un hombre solitario sentado en una mesa para dos personas y, según lo que podía deducir, se trataba de un simple empresario tomando su bebida sin esperar a nadie. Quizás no tendría problemas si le pedía sentarse con él por unos minutos.

Yoshikage Kira jamás habría esperado encontrarse con uno de sus némesis mientras tomaba su latte a las siete y media de la mañana en su cafetería habitual. De hecho, no esperaba encontrar a nadie de ese grupo hasta mucho tiempo después, una vez los hubiese investigado para poder deshacerse de ellos de manera silenciosa y discreta. Haberse cruzado con Josuke en persona no podía significar nada bueno. ¿Quizás ya lo habían descubierto y era esta la confrontación?

— Disculpa —habló el muchacho habiéndose acercado a la mesa, a pesar de que el rubio ya lo había reconocido unos metros más atrás—, pero las demás mesas se encuentran llenas y necesito solo un lugar para tomar esto, ¿le molesta si me siento aquí unos momentos?

— “Es ese Higashikata Josuke que forma parte del grupo que me está buscando, ¡Maldita sea!” —Kira internamente comenzó a entrar en pánico. Intentó calmarse aferrándose al hecho de que, si Josuke lo hubiera reconocido (algo imposible, puesto que Kira siempre se aseguraba de no dejar pistas que lo incriminen), habría armado un escándalo allí mismo en lugar de tratarlo como un desconocido. Ciertamente no conocía al muchacho lo suficiente como para saber si se trataba de un acto o no, pero lo poco que lo había visto interactuar con Okuyasu y ese niño Shigechi no le había dado una imagen de chico muy listo—. Por supuesto que no —contestó a la pregunta del chico con una -fingida- amable sonrisa.

Josuke respondió con otra sonrisa y procedió a sentarse justo en frente de él, reposando su café en la mesa y colocando su bolso de la escuela en el suelo.
Kira no sabía muy bien qué era lo que debía hacer ahora. ¿Simplemente levantarse y marcharse? No sería lo mejor teniendo en cuenta que aún no acababa su desayuno y su oficina tenía la estricta regla de no entrar con comida o bebida. ¿Entablar una charla casual con el adolescente? Pero existía la posibilidad -por más mínima que fuera- de que Kira dejara salir algo o Josuke comenzara a sospechar por cualquier motivo.

Y si así fuera el caso entonces se vería obligado a eliminarlo.

— ¿Siempre está así de lleno? —volvió a preguntar Josuke, intentando conservar para que la situación no se volviera incómoda.

— Solo por las mañanas, si buscas tranquilidad deberías haber esperado hasta el almuerzo o la tarde —respondió cordialmente luego de dar un sorbo a su latte.

— Ah no, está bien… De hecho este ambiente ruidoso es justo lo que necesito —rió nerviosamente.

Para evitar pensar en otras cosas fue lo que quiso decir pero finalmente decidió no hacerlo. Sería raro abrirse con un extraño en medio de un desayuno. Kira, sin embargo, captó enseguida lo implícito en esa frase. Varias de sus ex-novias (antes de comenzar a salir con ellas, por supuesto) las conoció cuando se encontraban en el punto más bajo de sus vidas, así que podía identificar con certeza cuando otra persona se encontraba pasando por algo muy difícil. Recordó específicamente a una, no su nombre, pero sí que su primer encuentro fue poco tiempo después de la muerte de su hermana. Fue muy fácil conseguir su confianza para estar a solas y deshacerse de ella, la pobre muchacha buscaba llenar el vacío que había dejado su hermana saliendo a fiestas todas las noches y acostándose con tantos hombres como fuera posible con la esperanza de que eso la distrajera lo suficiente y no sentirse triste. Josuke había perdido a alguien cercano también, ¿no era así? Kira no podía saber con exactitud qué era lo que el chico pensaba pero de seguro el pobre debía ser el que más culpable se sentía por toda la situación.

— Ustedes los jóvenes de hoy en día prefieren el ruido y el movimiento a la tranquilidad y silencio —bromeó para aligerar al ambiente.

— Supongo que es verdad —sonrió Josuke, jugando con su vaso de café—. ¿Vienes seguido por aquí?

— ¿Es acaso un intento de coqueteo? Porque vas a tener que esforzarte un poco más para conseguir mi número.

Aunque era una pregunta inocente para continuar la conversación, aquel comentario le hizo notar que de hecho sonaba como una de esas frases cursis que uno utilizaba cuando quería conseguir el número de alguien.

— ¡No, no! No es para ligar ni nada- solo que- digo- ¡Ahh! —soltó un pequeño quejido de frustración y cubrió su cara con sus manos en un intento de cubrir su ahora sonrojado rostro.

— Es una broma —Kira sonrió para relajar al muchacho—. Lamento si fue algo indebido.

— No, está bien —rápidamente Josuke se reincorporó, a pesar de que sus mejillas aún estaban coloreadas de un intenso rojo—. Supongo que debes escuchar cosas así todos los días.

Entonces una idea surgió en la mente del asesino. En lugar de perseguirlo a escondidas para deshacerse de él si jugaba bien sus cartas podría presentarse una oportunidad mucho mejor: que el chico voluntariamente lo buscara y se alejara de ese desgraciado grupo que ahora sabía lo estaban persiguiendo, creando una oportunidad para dejarlos sin una de las personas más importantes en él. Al eliminar a Josuke el grupo decaería en moral significativamente y, con suerte, acatarían su advertencia para por fin desistir con su inútil objetivo de atraparlo. Así por fin podría continuar con su tranquila vida.

— De hecho, no.

— ¿No? —el adolescente lo observó algo confundido—. Pero alguien como tú… Es imposible que la gente no vea lo guapo que eres.

— ¿Mmm? ¿Eso quiere decir que soy guapo para ti?

Y ahí estaba de nuevo el muchacho con el rostro rojo en su totalidad. Era divertido ver con cuánta facilidad Josuke se avergonzaba.

— ¡No! Bueno, sí, por supuesto que creo que eres guapo pero-

A pesar de que la escena era muy cómica, Kira detuvo al adolescente para poder continuar con su plan. Si de algo era consciente definitivamente era de su carisma, el cual siempre utilizaba para amistarse con sus compañeros de oficina y no destacar como la persona que no quiere relacionarse con nadie. Si con sus palabras podía engañar a adultos sin problemas no veía por qué con Josuke sería diferente.

— Entonces espero no te moleste mi compañía para tomar otro café en algún momento —sonrió.

Josuke calló inmediatamente. Por su mente sólo circulaba la misma y única idea: mientras más tiempo pasara con él sería menos el tiempo en donde estuviera a solas con sus pensamientos y por ende, menos la tortura mental de saber que por su culpa uno de sus amigos se encontraba muerto. No necesitaba más incentivo para aceptar la propuesta.

— ¡Por supuesto! —se arrimó un poco más sobre la mesa, mostrando su emoción—. ¿Qué tal mañana por la tarde?

El rubio mantuvo su sonrisa. En parte para transmitirle seguridad al muchacho y en otra por la satisfacción que le daba ver cómo el plan marchaba de maravilla.

— Entonces… ah...

— Josuke. Higashikata Josuke.

— Entonces Josuke —prosiguió, fingiendo desconocer el nombre del adolescente—, esperaré con ansias la cita de mañana. Mi nombre es Kira Yoshikage.

Y al confiarle su nombre al muchacho no hizo más que sellar su destino.

 


 

Kira se vio incapaz de dormir la noche anterior.

A pesar de haberse tomado su vaso de leche tibia y realizar veinte minutos de estiramientos, por primera vez despertó sin un descanso completo. Para cualquier persona normal el tener una mala noche no sería algo preocupante, pero para Kira, quien se había asegurado durante toda su vida que eso no pasara, era algo sumamente grave.
Contrario a lo que había pensado en un primer momento, no se debía a las ansias de matar a Josuke y por fin eliminar una de las mayores amenazas a su vida pacífica, más bien se debía a Josuke en sí. Lo que comenzó en medio de la noche como una simple planeación de sus siguientes movimientos se convirtió en una enredadera de pensamientos sobre el muchacho y su grupito de usuarios de stands que tanto lo buscaban. Su principal motivación sería deshacerse del adolescente lo más pronto posible, el perder dos usuarios sería un golpe duro para todos y seguro quebraría el espíritu de más de uno; mas todo lo que venía a su mente era el chico en sí, cómo habían conversado esa misma mañana, la forma en que el muchacho se sonrojaba y avergonzaba por las cosas más simples y, aunque no eran tan hermosas como las que solían ser sus novias, la extraña delicadeza y cuidado de sus manos.
Y aunque quería culpar de sus pensamientos a la anticipación de librarse de un obstáculo peligroso, sabía que por el nulo crecimiento de sus uñas ese no era el caso. Sea lo que fuese que sentía respecto a Josuke Higashikata, poco tenía que ver con su muerte.

— ¡Kira-san!

Yoshikage levantó la vista de su reloj para observar el adolescente que corría hacia él, agitando animadamente su brazo y portando una enorme sonrisa. El saber que Josuke se encontraba feliz por verlo a él le produjo un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo de arriba a abajo.

— Josuke-kun, me alegra que hayas podido venir —saludó Kira asintiendo con la cabeza.

— ¡Lamento llegar tarde! —hizo una reverencia exagerada, arqueando su torso para formar un perfecto ángulo de 90 grados—. Hoy fue un poco difícil escabullirme, Koichi y Oku- dos amigos intentaron convencerme de asistir a clases.

Kira soltó un “hmm”.

— A pesar de que aprecio nuestro encuentro Josuke-kun, ¿no hay problema con que te saltes la escuela? —preguntó con un tono preocupado pero aún así fingido—. Ciertamente no tenía problema alguno para vernos después de clases.

El aparentar ser considerado fue la mejor opción, pues Josuke pareció alegrarse porque se preocupaban por él.

— ¡Para nada! Sé que aquí lo voy a pasar mejor después de todo.

El rubio sonrió. Se levantó de la banca en la cual descansaba y acompañó al chico hacia la puerta de la cafetería, la misma del día anterior. Con cortesía abrió la puerta para dejarlo pasar primero, cosa que Josuke aceptó felizmente con un “gracias”. En el instante que el muchacho pasó por delante de Kira el asesino fue capaz de sentir el aroma de su perfume, y a pesar de que no podía compararse con su colonia importada del exterior por alguna razón le pareció la más deliciosa en todo el mundo. Su mano inconscientemente se extendió hacia él, pero rápidamente fue capaz de darse cuenta de lo que hacía y rápidamente la retiró antes de siquiera poder tocar su ropa. Aparte de maldecirse internamente por su error entró a la cafetería detrás de Josuke para invitar el desayuno de ambos.
Kira intentó tener más cuidado. Ya existía conflicto en él respecto a lo ocurrido la noche anterior al intentar dormir como para incentivar un comportamiento extraño donde todos podían verlo. Sin embargo, tal como en la noche, cada instante que pasaba junto al Higashikata solo servía para desencadenar una sucesión de emociones y sensaciones extrañas dentro de sí. Ya no era sólo pensar en él, el encuentro con Josuke le hizo despertar un deseo de estar cerca suyo, deleitarse con todo lo que el joven tuviera para ofrecer y llevarse incluso mucho más.

— Muchas gracias por el café, Kira-san —agradeció Josuke con su cálida sonrisa.

Nuevamente Kira se sintió extraño en una buena manera. Aún si desconocía exactamente por qué Josuke era el culpable de ello iba a darle la bienvenida a esa sensación con los brazos abiertos. Lo peor ocurrió cuando accidentalmente rozó su mano al entregarle el café por parte del barista; ese simple contacto sirvió para vigorizarlo y empeorar todo lo que sentía en ese momento. Lo dejó con ganas de sentir mucho más.
Josuke fue ajeno a todo lo que el rubio sentía, Kira era un excelente actor y a pesar que dentro suyo sus emociones eran un caos, por fuera continuaba siendo el formal y caballeroso hombre que lo había invitado a desayunar.

Fueron guiados a la única mesa vacía del local y una vez sentados comenzaron a charlar. Francamente Kira no prestaba mucha atención a la conversación en sí, su atención estaba enfocada más bien en cómo los suaves labios del muchacho se movían con delicadeza al contar una anécdota, o cómo cubría su boca con su mano derecha al reírse por recordar una situación graciosa; incluso seguía el movimiento de sus manos con profundo interés cuando las utilizaba para dar énfasis en su relato. Con observarlas un poco más de tiempo ya no le desagradaban como las del resto de los hombres, era como si de repente fueran incluso más hermosas y delicadas que las de cualquier mujer.

Algo dentro del asesino había cambiado al conocer a Josuke. Ahora necesitaba más, mucho más para satisfacer su nuevo de él.

Cerca del mediodía el joven se despidió con un ligero rubor y saludo con la mano, apresurado por llegar a su casa y engañar a su madre haciéndole creer que aún continuaba con su rutina escolar (aunque no lo había dicho explícitamente dedujo que se trataba de eso) y prometiéndole a Kira volver a reunirse pronto. Para esa hora ya estaba más que atrasado para su trabajo pero poco le importaba. Apenas se había marchado Josuke y una incomodidad se había hecho presente en su cuerpo. Primero comenzó a moverse en su asiento, en un vano intento de acomodar sus piernas de una manera que se sintiera más relajado; luego un sudor frío recorrió su cuerpo, comenzando por su frente, cuello, para finalmente caer en su espalda. Era obvio que su pulso se había acelerado, prácticamente podía sentir el tambor de sus latidos palpitando una y otra vez en su oído. Se apresuró a salir de la cafetería y adentrarse a su auto cuando la erección en sus pantalones comenzaba a notarse.
Respiró hondamente para intentar calmarse.

Maldito Josuke Higashikata; era su culpa que ahora se encontrase así. Si fuese una chica Kira habría atribuído toda la culpa a simplemente haberse enamorado de sus manos, pero por más que intentaba decirse lo contrario sabía muy bien que este no era el caso. Su mejor esperanza para resolver todo esto residía en volver a ver a Josuke… pero un par de días para su próxima cita era demasiado tiempo para el ansioso Yoshikage.

 


 

El mismo día de su “primera cita” Kira había cambiado su plan ligeramente.

Habiendo llamado a su trabajo para avisar que no asistiría por haberse enfermado dedicó el resto del día para seguir a Josuke muy de cerca. Lo primero fue conducir su auto a una distancia no sospechosa para averiguar dónde vivía, sin sorprenderse de encontrar su hogar en una zona de buen nivel económico. Decidió quedarse dentro del coche para pasar desapercibido frente a los vecinos y tener un buen lugar para observar la zona. Al pasar el resto de la tarde simplemente observando pudo notar ciertas cosas: para empezar, Josuke y su madre vivían solos; ella salía del trabajo por la tarde, justo una hora después que Josuke se supone debería llegar de la escuela; ninguno de los amigos de Josuke lo habían visitado y él tampoco salió de su hogar con la excepción de un par de compras que seguramente su madre le obligó a hacer.

Y no fue solo ese día el que decidió vigilar a su víctima, no, el resto de la semana de manera constante se ocultó entre las sombras para poder memorizar toda la rutina del joven Higashikata. Cada instante que el joven salía y Kira tenía el lujo de observarlo era casi una bendición para el rubio. El simple hecho de divisar su silueta era suficiente para hacerlo sentir cómo una corriente eléctrica le recorría todo el cuerpo, agitándolo e, inexplicablemente, excitándolo. Ya sabía la hora en que se despertaba, salía de su hogar, almorzaba e incluso cuánto tiempo jugaba con sus videojuegos… Kira ya sabía todo.

De repente eliminar a Josuke era una idea que ya no iba tan bien con él. ¿Por qué iría a explotarlo con Killer Queen, si al hacer eso perdería todas las sensaciones y emociones que descubrió gracias a él? Su plan originalmente era deshacerse de él para desmotivar a su grupito, estuvo mal de su parte asumir que la única forma de hacerlo era asesinarlo.
Hacerlo “desaparecer” no quería decir que debería aparecer muerto… simplemente no aparecer.

Con la ruta del adolescente memorizada, no le fue muy difícil planear un encuentro casual entre los dos. Kira estaba impaciente, las ansias en su cuerpo y mente no le permitían esperar hasta su próxima “cita” por lo que se vio obligado a actuar antes de tiempo. Cada segundo que pasaba sin poder observar al joven era una horrenda tortura. Cuidadosamente condujo su auto por la calle que sabía iba a tomar, reduciendo la velocidad cuando lo vio caminando solitario y bajando la ventanilla para poder hablar.

— Josuke-kun —saludó Kira para atraer su atención, haciéndolo detener en su lugar y en cambio acercarse al vehículo para conversar mejor.

— ¡Kira-san! —respondió Josuke con su característica sonrisa, haciendo estremecer al rubio con ese simple gesto—. ¿Acabas de salir del trabajo?

— En efecto —sonrió—. ¿Quieres que te lleve a tu casa?

— ¡No hace falta! No quisiera molestar, seguro estás cansado por el trabajo y-

— No es problema en lo absoluto —señaló el asiento adyacente manteniendo su sonrisa—. Hasta sería un placer para mi.

El joven pareció meditarlo por unos momentos, pero finalmente accedió a la invitación y rápidamente subió al asiento del copiloto, acomodando su mochila entre sus piernas y colocándose el cinturón de seguridad.

— Ah, compré un poco de café antes de pasar —dijo Kira señalando el vaso colocado justo en medio de ambos—. Aunque se confundieron y lo hicieron muy dulce para mi gusto, puedes quedártelo si prefieres.

Con un cortés “gracias”, Josuke tomó el vaso y le dio un buen sorbo, sonriendo al sentir que la bebida estaba preparada justo como a él le gustaba.

— Entonces, ¿a dónde vamos?

Luego de indicarle la dirección a Kira -que por supuesto ya sabía, pero Josuke no tenía por qué saber eso- el auto se puso en marcha y los dos hombres comenzaron a charlar para pasar el rato. A medida que avanzaban las calles, Josuke comenzó a notar que el movimiento del auto y el sonido de la grave voz del rubio no hacían más que darle sueño. Comenzó a hacerse difícil el mantener los ojos abiertos y cada segundo que pasaba solo aumentaba el cansancio que sentía. ¿Por qué se encontraba tan agotado? Era cierto que no dormía las ocho horas recomendadas en la noche, pero jamás había sufrido esas consecuencias tan temprano por la tarde.

— ¿Agotado por el día de hoy, Josuke-kun? Descuida, puedes dormir y te despertaré cuando lleguemos a tu casa.

El muchacho ni siquiera pudo agradecerle a Kira antes de caer en un profundo sueño.

En lugar de girar a la izquierda, Kira pasó de largo el barrio de Josuke.

 


 

Lo primero de lo que el Higashikata fue consciente al despertar fue la extraña sensación en todo su cuerpo. Podía sentir cómo algo recorría todo su cuerpo y cintura por debajo de su ropa, acariciando sus abdominales y jugueteando con sus pezones. No fue hasta que pudo abrir sus ojos que, sorpresivamente, el objeto de sus caricias eran un par de manos y que no iban por debajo de su ropa, más bien no llevaba nada de ropa puesta. El pánico comenzó a apoderarse de él pero antes de siquiera poder gritar sus labios fueron tomados por otra persona en un beso, sintiendo cómo la lengua del desconocido jugaba con la suya e invadía cada rincón de su boca. Intentó mover sus brazos para apartarlo pero se vio sorprendido al notar que su cuerpo exactamente no lo obedecía. De hecho, incluso era un esfuerzo enorme concentrarse para intentar mover alguna extremidad. Todo lo que podía hacer era sentir cada toque que esas extrañas manos le brindaban.

— Me alegro que despertaras, Josuke-kun… —una voz muy familiar sonó al haberse separado del beso—. Ahora es cuando podemos comenzar con la diversión.

Su vista era borrosa, pero aún así logró discernir con algo de esfuerzo la figura que tenía justo delante suyo: Yoshikage Kira. El hombre con el que había estado saliendo y creía había formado un vínculo especial.

— ¿Dónde- ahh…

Su débil voz se vio ahogada por su propio gemido, Kira había tomado su miembro y con la misma delicadeza que había tratado su cuerpo comenzó a masajearlo.

— No, no, no —reprimió el rubio, acercándose al rostro del menor y lamiendo su mejilla, donde una gota de sudor reposaba—. Es momento de disfrutar, Josuke-kun, no de hacer preguntas innecesarias.

Cualquier cosa que el joven fuera a decir rápidamente se vio opacada por los quejidos de placer que comenzó a soltar al sentir el tacto de su acompañante. Su cuerpo se sentía mucho más sensible de lo normal, cada toque enviaba una ola de placer de ida y vuelta, haciéndolo temblar en el proceso. Con su poco uso de razón intentó llamar a su stand -Crazy Diamond- para que saliera y le quitara al adulto de encima suyo con una buena paliza. Sin embargo, por más que lo intentó, no hubo ningún ente sobrenatural que acudiera a su llamado. Kira inmediatamente notó qué era lo que Josuke buscaba hacer.

— No recomiendo que lo sigas intentando —susurró en su oído—, sería una pena que por tu inútil lucha alguien saliera lastimado, ¿verdad?

Una figura humanoide se hizo visible detrás de su captor: un stand rosado, de casi dos metros y con características gatunas lo observaba con un aura amenazante y asfixiante. Un sudor frío le recorrió toda la espalda ¿en qué demonios se había metido?

— La droga te hará más cooperativo pero no pierdo nada con advertirte. Mi stand, Killer Queen, puede convertir todo lo que toca en una bomba. No importa si es un objeto… o una persona.

Josuke rápidamente entendió a qué se refería. La amenaza no estaba dirigida exactamente hacia él, más bien era un aviso de lo que podría pasarle a sus allegados si decidía no cooperar con Kira.

— Tú… ¿P-por qué? —hablar le costaba horrores, pero necesitaba saber por qué le estaba ocurriendo todo esto.

— Quizás en un inicio simplemente te hubiera eliminado para evitar más problemas —el ritmo con el que frotaba el miembro del menor comenzó a aumentar, haciendo que Josuke mordiera su labio inferior para evitar soltar otro gemido—. Después de todo tu muerte sería un golpe duro para tu grupito de usuarios de stand. Pero gracias a nuestros encuentros activaste algo en mí… algo que jamás he sentido con ninguna de mis ex novias. Eliminarte hubiera sido un desperdicio, cuando mejor puedo tenerte aquí conmigo todo lo que quiera. Quizás debería agradecerle a tu pequeño amigo, su muerte me permitió conocerte después de todo.

¿Pequeño amigo? Ah…

Conque Yoshikage Kira era el asesino que estaban buscando. El mismo que terminó con la vida de Reimi a sus quince años y se deshizo de Shigechi por haber descubierto su identidad.

De repente fue consciente del peligro en que se encontraba no sólo él, sino también toda su familia y amigos. Kira sabía dónde vivía, estudiaba, hasta podía apostar que conocía los nombres de sus amigos. Y tal como había presenciado, el mayor no tenía ningún remordimiento en eliminar a cualquiera que supiera una amenaza para él.

— Pero no hay que pensar en los demás, no cuando al fin estamos los dos solos.

La mano de Kira se aceleró una vez más, ahora Josuke podía sentir cómo su miembro erecto era masturbado con delicadeza pero consistencia, cada subida y bajada enviaba una ola de placer por todo su cuerpo, excitándose aún más de lo que ya estaba. Él no quería esto, todo lo que recibía era en contra de su voluntad y no debía excitarle, mucho menos cuando se trataba de su primera vez. Siempre se imaginó que sería con una chica que amara, juntos en una velada romántica luego de la cita de sus vidas. Pero gracias a la droga o a su cuerpo dejándose llevar por las nuevas sensaciones, su único foco en ese momento era el placer que Kira le brindaba.

El rubio ocupó sus labios con el cuello de Josuke. Comenzó a dejarle besos y chupones en cada espacio que encontrara disponible, llegando a bajar incluso hasta su clavícula. Quería que la mayoría fueran visibles aún si se las intentaba cubrir con el cuello alto de su uniforme. Con su mano libre retomó las caricias en el pecho del muchacho, jugueteando con los abdominales y estimulando sus pezones al paso. Josuke no resistió mucho más la experiencia. Por supuesto era la primera vez que era tan íntimo con otra persona, y eran pocas las ocasiones que se aliviaba en la privacidad de su cuarto, por lo que no contaba con la suficiente estamina para aguantar más de dos minutos entre la sacudida y el toque que le era brindado. Había comenzado a morderse el labio tan fuerte que sangre comenzó a salir de él, escapándose por la comisura y cayendo por la barbilla hasta terminar en las sábanas debajo. Con un arqueo de su espalda y evitando que saliera un gemido al tener los labios sellados, el orgasmo rápidamente lo invadió y su semen se liberó justo en la mano de Kira, quien con una sonrisa satisfecha la apartó del miembro y lamió un poco del líquido en ella.

— Josuke-kun, no recuerdo haberte dado permiso para que te corrieras tan rápido —dijo Kira burlonamente para luego lamer la sangre que quedaba en barbilla—. Voy a tener que castigarte.

Una vez más invadió los labios del menor y lo obligó a separarlos, el semen y la sangre que había recolectado ahora estaban también en la boca de Josuke, y Kira disfrutó volver lamer cada rincón dentro. La mano que aún seguía cubierta por el líquido blanco bajó y se posicionó en la entrada de su ano, acariciando la zona brevemente. Inmediatamente Josuke supo lo que intentaba hacer y luchó con todas sus fuerzas para sacárselo de encima, pero Kira desgraciadamente era más fuerte físicamente que él y la droga no le permitía mover los brazos más que un par de centímetros. Con resignación sintió cómo un dedo era introducido lentamente, utilizando el semen restante como lubricante. Por más que quisiera quejarse sus labios seguían prisioneros, sólo podía rendirse ante el suave masaje que le era brindado. Sus ojos se abrieron con sorpresa cuando un segundo dedo fue introducido y un grito se vio ahogado cuando un tercero se unió al resto. Kira disfrutó los ligeros temblores del muchacho y con cuánta fuerza apretaba su mano. Si así se sentían sus dedos ya se imaginaba el placer que sería al momento de penetrarlo. Continuó por unos instantes, masajeando su recto y próstata para estimularlo lo máximo posible.
Cuando sintió que el menor estaba a punto de alcanzar su segundo orgasmo rápidamente retiró la mano y se separó de sus labios, posicionó su cadera justo delante de la suya y guió su miembro hasta la entrada, presionando suavemente.

— Detente… —suspiró débilmente, pero su petición cayó en oídos sordos.

— Respira profundo —advirtió.

Y con un rápido movimiento se introdujo hasta la mitad, ganando una exclamación de sorpresa por parte de Josuke y que sus manos inconscientemente sujetaran las sábanas con fuerza. Unos segundos se quedó inmóvil, esperando pacientemente que pudiera ajustarse a él. El semen funcionaba para poder deslizarse más fácil, pero al ser su primera experiencia sexual estaba claro que tardaría unos momentos en aceptarlo completamente. Cuando el joven se relajó visiblemente, Kira comenzó a moverse de forma lenta pero continua, soltando un par de gemidos cuando su pene era apretado por las contracciones del menor.

— Buen chico, sabía que serías perfecto para esto.

Decidió aumentar la velocidad con la que salía y entraba, sabiendo que para esos momentos ya se encontraba completamente acostumbrado al grosor de su miembro invadiéndolo.

— Ah… ya n-no más…

Las súplicas de Josuke se vieron ahogadas por el sonido de piel chocando contra piel, producto de las embestidas que el rubio realizaba. El sudor que su cuerpo producía rápidamente se deslizaba hacia las sábanas debajo suyo, mojando incómodamente el lugar donde estaba recostado y sumando otro disgusto a toda la experiencia en general.

— Me temo que vas a tener que hablar… hng… más alto, Josuke-kun —jadeó Kira, interrumpido sólo por sus gemidos que no veía necesidad de ocultar.

— P-para… Ahh… De-deten- hg…

Ante esto Kira detuvo sus movimientos; lentamente retiró su miembro hasta que sólo la punta permanecía dentro. Josuke se permitió respirar profundamente, creyendo que sus palabras habían llegado hasta el asesino y este por fin había decidido que esa sería tortura suficiente para el pobre adolescente. Sin embargo esas esperanzas se esfumaron cuando sintió cómo Kira volvía a adentrarse con fuerza, aún más profundo que antes. Inconscientemente soltó un fuerte gemido, fuera de dolor o placer para ese punto ya no tenía idea.

— Pero si apenas estamos comenzando... Josuke-kun —sin detener su entrada y salida del Higashikata, el rubio arqueó su espalda para acercarse más al rostro del otro—. ¿No estamos… pasándolo increíble?

Su mano derecha, la cual seguía aferrada a las sábanas para mantenerse en su lugar, fue tomada por Kira quien sin escrúpulo alguno comenzó a lamer su dorso, tomándose su tiempo para recorrerlo en su totalidad hasta llegar a los dedos, introduciendolos en su boca y jugueteando con ellos utilizando su lengua. El sentir una mano entre sus labios era puro éxtasis, podía sentir su corazón acelerarse aún más de lo que ya estaba y, por ende, su pene palpitar con emoción.
No hubo respuesta alguna por parte de Josuke, toda la atención del muchacho estaba dividida entre el placer que sentía y el esfuerzo que debía realizar para respirar. Aunque para ese punto, solo jadeos y gemidos salían de su boca. Realmente era una vista excitante; el ver a quien se suponía sería uno de los mayores obstáculos para conseguir su vida tranquila debajo suyo, sin aire y completamente absorto ante el placer que Kira le brindaba servía para llevarlo cada vez más cerca de su clímax, no estaba tan seguro cuánto más podría continuar.

Al moverse ligeramente con su siguiente embestida, Josuke sorprendió al mayor al soltar un fuerte y claro gemido, muy diferente a los que estaba produciendo. Kira probó de volver a reproducir su último movimiento y, al igual que la vez anterior, el adolescente no pudo contener el gozo que le producía ser masajeado en ese punto en específico.

— No había por qué ser tan tímido —una sonrisa con tintes burlescos se había aparecido en su rostro—, me sentiría mal si ambos no fuéramos a disfrutar esto.

Habiendo dicho esto comenzó a repetir una y otra vez esa misma acción, desbordando a Josuke por tanto deleite y logrando incluso que soltara un par de lágrimas en contra de su voluntad.

— Hng… aprietas tanto Josuke-kun —suspiró el rubio, habiendo olvidado la mano contraria para simplemente lamer las lágrimas que el Higashikata dejaba salir—. Como si hubieras sido hecho especialmente para mi.

El menor no se atrevió a responder nada. Su mente, en un vano intento de huir de su situación, comenzó a concentrarse y repetir las palabras que le fueron dichas como si de un casete dañado se tratase. Por su propia cuenta su cerebro decidió creer lo que Kira decía. Había demostrado que se preocupaba por él, ¿acaso no lo había tratado bien todo este tiempo? Hasta se tomó las molestias de asegurarse que también sintiera placer para disfrutar de la experiencia. Quizás sí tenía razón, Josuke realmente estaba hecho para Kira. Que el adulto se hubiese fijado en él desde el inicio era un milagro. Josuke todavía era inmaduro, algo terco, sus notas en la escuela no eran extraordinarias y en más de una ocasión su apariencia de delincuente juvenil le dificultó el conseguir amistades nuevas. Kira, en cambio, era maduro, tenía un trabajo estable, se encontraba rodeado de amigos y a todo el mundo parecía agradarle. Sí, Josuke estaba feliz que Kira lo hubiera elegido a él.

— Ah… Kira... —murmuró con la poca voz que pudo reunir— Kira… ¡Kira!

En una situación donde se encontrara más consciente de sí mismo quizás habría recordado que ese hombre era el culpable de la muerte de su amigo, el asesino serial que había aterrorizado su ciudad por más de diez años y, no menos importante, la persona que lo había drogado y posteriormente violado. Pero en ese instante, con los sentimientos y el juicio nublado, todo lo que podía pensar era en cuán bien se sentía cuando salía y entraba de él, el éxtasis que le producía el masaje constante a su próstata y cada caricia y roce que Kira le brindaba. De repente todo eso se sentía insuficiente, necesitaba más, mucho más, que ese momento no acabara nunca.

Y como si de un simple cristal se tratase, algo en su mente finalmente se rompió en miles de pedazos.

— ¿Sí... Josuke-kun?

— M-más…

Fue tan bajo que el rubio casi no oyó lo que quiso decir.

— Tienes que ser más claro con lo que… ah… quieres —sonrió burlonamente.

— ¡Más fuerte Kira! —exclamó el menor—. Más fuerte… más…

Sin responder nada, Kira accedió a las súplicas de su acompañante. En su próxima embestida se aseguró de introducirse lo más profundo y rápido posible, ganándose un jadeo como aprobación por parte de Josuke. No hacía falta aclarar lo evidente: ambos se encontraban en su punto cúlmine, sería cuestión de instantes antes de que acabaran.

— Hgn… Josuke…

— ¡Kira!

Con un último grito, los dos hombres alcanzaron su clímax. Kira observó cómo el miembro de Josuke dejaba salir semen por doquier ensuciando aún más las sábanas y depositándose encima de su estómago y pecho; mientras que él buscó adentrarse lo máximo posible en el adolescente para dejarse liberar dentro de él. Luego de unos segundos, el rubio se retiró lentamente y observó cómo el abusado orificio desbordaba de semen y un poco de sangre por la forma brusca y agresiva con la que fue tratado. Se tomó un momento para recuperar el aliento y recomponerse, intentando calmar su agitado corazón el cual sentía como si fuera a salirse de pecho. Habiéndose calmado observó cómo el muchacho había caído dormido luego del acto, seguramente no pudiendo resistir la experiencia sumada a las drogas que le había hecho consumir para subyugarlo. Procedió a juntar sus ropas y tirarlas dentro de la cesta de ropa sucia, ya se encargaría de lavarlas más adelante.

Killer Queen observó a Kira desde su rincón del cuarto en donde había sido invocado previamente, con todo lo ocurrido el asesino había olvidado por completo que había invocado a su stand en forma de amenaza. Ordenó mentalmente que se quedara aún en ese lugar, vigilando al joven dormido sólo por si acaso. Estaba seguro que aún si Josuke despertaba (improbable, su agotamiento seguramente lo haría dormir hasta el día siguiente) no intentaría nada para escapar de él. No, Killer Queen se encargaría de vigilarlo para evitar que otros se lo arrebaten. Por fin tenía a la novia perfecta entre sus manos y no planeaba soltarla nunca más.

Notes:

Dedicado a una buena amiga que me estuvo apoyando durante todo el proceso de escritura y siempre está feliz de ver mis avances.

Pam, tkm mucho <3 Al fin lo terminé! 6.6k palabras de puras marranadas ay

Como dato curioso el archivo pasó por tres nombres diferentes mientras lo escribía: "F por Josuke", "cuando se acaba esto" y por último "como no superar un mental breakdown"

Gracias por leer!