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Dulce Chocolate Explosivo

Summary:

La clase A está en su 3er año. Bakugo no lo demuestra, pero está alterado por no recibir chocolates de San Valentín otro año consecutivo.
Uraraka lo observa desde su asiento, ella sabe que está frustrado por solo no recibir un chocolate como sus amigos.
Luego observa su bolso, mira la punta del lazo naranja sobresaliendo de él. Es el lazo que envuelve la bolsa de chocolates destinada al rubio explosivo.
¿Se los dará?

 

- Un pequeño fanfic de dos capítulos (kacchako)
- Es un especial de San Valentín publicado en Noviembre jaja
- La historia es originalmente mía.
- La historia está basada en el universo de BNHA del mangaka Horikoshi.

Chapter Text

Bakugo estaba cabreado.

Se encontraba sentado en su banco observando a sus compañeros de clase. Él simplemente no podía entender como todos obtenían chocolates menos él.

Incluso un idiota como Mineta recibío chocolates de una chica de otra clase.

Él sabía que anteriormente rompía y explotaba lo que sus compañeros le daban. Pero desde mediados de segundo año no a roto nada, incluso se a comportado un poco más decente. Ya no era tan gritón como cuando ingreso a UA.

– ¡Bakubro mira lo que me dio Ashido! –Grito el pelirrojo corriendo a su banco.

– Tch. – Volteó la cabeza para mirar por la ventana e ignorarlo.

– Chicas de otras clases como de segundo y de tercero también me dieron chocolates pero nada se compara al que me dio mi amada pelirosa. ¡Es tan varonil! – Suspiro extasiado de amor sentándose en su banco al lado del pelirubio.

– ¡Callate, pelo de mierda. Estoy arto de escuchar tus dramas amorosos! – Grito.

– Bakubro no seas gruñón. ¿Quieres que te comparta un poco de todo el chocolate que tengo? – Pregunto extendiendo su mochila para mostrarle los diferentes dulces que se encontraban en él.

– Si kacchan no quiere, yo quiero. Aunque yo también tengo muchos dulces en mi mochila. – Intervino Kaminari desde su asiento detrás de ellos.

– Oh amigo, ¡muéstrame lo que tienes! ¡Intercambiemos chocolates! – Sonrió.

Bakugo sin poder soportar un minuto más se paró y sin decir una palabra más salio del aula enfurecido.

– ¡Bakubro!

– ¡Kachan!

Kaminari y Kirishima tenían una mirada preocupada en sus rostros. Probablemente no habían visto a Bakugo tan nervioso en mucho tiempo.

Tampoco Uraraka.

Ella estaba en su escritorio con sus amigas mientras observaba de reojo a Bakugo. Luego corrió la vista para mirar su propio bolso fijamente.

Junto a los libros de la escuela había un paquete, era transparente y estaba atado con una cinta naranja de seda. El paquete contenía seis bombones oscuros.

Uraraka había estudiado cada detalle del paquete. Se dio cuenta de que el extremo de la cinta que sobresalía de su bolso comenzaba a deshilacharse. Se dio cuenta de que un lado del arco era un poquito más grande que el otro. Se dio cuenta de que uno de los bombones parecía más ovalado que redondo.

Estaba tratando de mantener su mente ocupada, tratando de pensar solo en los chocolates y no en dárselos a la persona que le gustaba, que se encontraba a unos bancos de distancia de ella.

El ruido del banco y los gritos de sus compañeros provocó que levantará la mirada de su bolso para verlo justo en el momento que salía de la clase.

– Hermano, ¿Estará bien? – Uraraka escuchó la preocupación de Kirishima.

– Todos sabemos que está lastimado por algunos chocolates, pero vamos, no había necesidad de que se fuera así. – Kaminari suspiró y siguió comiendo sus chocolates.

Uraraka pensó que seguramente Kaminari solo estaba haciendo una suposición por su enojo. Una suposición ridícula. Sabía, como todos los demás, muy bien que Bakugou no tenía ningún interés en el afecto y la adoración romántica.

Él nunca lo mencionó, ni ella nunca lo escuchó hablar de chicas de esa manera . Demonios, ni siquiera lo había visto sonrojarse o ponerse nervioso.

Sabiendo eso, de todas formas, no pudo evitar aceptar que tal vez por esta vez, Kaminari tenía razón.

En segundo año, a pesar de sus pensamientos por él, Uraraka le hizo chocolates. Dibujaba diferentes formas durante días. Corazones, cuadrados, óvalos. Su cuaderno estaba lleno de ellos. Su historial de búsqueda estaba lleno de recetas y tutoriales. También le dolían los pies por caminar tanto buscando en las tiendas chocolate negro de buena calidad.

Uraraka se esforzó mucho en su segundo año para entregárselos a un chico que probablemente arrojaría los chocolates al contenedor más cercano momentos después de que se los entregará. Probablemente ni siquiera se haya planteado que él podría ser considerado con ella.

Por esa razón, por tener miedo a ser rechazada, no le entrego los chocolates.

Ahora en su tercer año, sabiendo que sería su último año, decidió prepararle otro paquete de chocolates amargos.

Así que unos minutos después de que él saliera, ella tomo su mochila y dándoles una escusa de que iba al baño a sus amigas, salió a buscarlo.

Corrió por los pasillos hacia la azotea.

Uraraka sabía dónde se encontraba. Varias veces cuando ella necesitaba espacio iba a la azotea y lo encontraba a él en un rincón para escapar de su grupo.

Cuando llego pudo verlo a través de la ventana de la puerta, estaba sentado en el suelo, con su espalda contra las rejas, sus rodillas dobladas y las manos sobre su rostro.

Lentamente el pánico se apoderó de ella y se agarró con fuerza al picaporte de la puerta de la azotea. Lo último que quería hacer era moverse. De repente no quería caminar hacia a un chico con el que, estúpidamente, se había hecho ilusiones.

Estaba tan molesto. Se veía tan molesto.

Cara caliente y roja. Aliento inestable.

Estaba cabreado.

En realidad, era aterrador ver al chico en este estado. No se lo merecía. Bakugo no merecía sentirse así, especialmente cuando existía la mínima posibilidad de que ella pudiera haberlo hecho sentir diferente.

Dando un suspiro y con un pequeño acto de valentía. Ingreso a la azotea, cerro la puerta con cuidado y se quedó un momento parada en la entrada observandolo.

Antes de que Bakugo pudiera notar que estaba parada allí frente a él, Uraraka cerró los ojos, y trató de reunir todo su coraje.

Pero ella no pudo concentrarse. Bakugo de repente gritó, probablemente de dolor en este punto, y le atravesó el corazón.

La mitad de su coraje tendría que bastar. Agarró los bombones y se arrodilló frente a él.

– ¡Bakugou!

Justo antes de pegar otro grito y de seguir pasando sus manos por su cabello, él se quedó quieto.

En lugar de mirar quién lo llamó, miró el suelo sorprendido. Alguien lo había visto gritar frustrado como si fuera un niño malcriado.

Paso de estar frustrado a avergonzado. No podía creer que de todas las personas posibles que pudieran llegar a verlo, tuviera que ser ella.

– Bakugou yo-

– ¿Qué diablos quieres? – Dijo en voz baja.

Le envió escalofríos por la espalda. Solo le quedaba una cuarta parte de su coraje, lo que casi no fue suficiente para sacar la oración que había ensayado en su cabeza todo el día. Uraraka terminó mirándolo, esperando que dijera algo en su lugar.

Después de una cantidad incómoda de silencio, parecía que iba a hacerlo. Una sola letra salió de su boca antes de que se estremeciera de nuevo de la vergüenza y levantará su rostro hacia ella.

Estaba un poco sonrojado y tenía los ojos irritados.

Eso es lo que hizo que Uraraka soltara su oración.

– Hice chocolates para ti. Realmente espero que te gusten.

Miro el paquete en sus manos y luego lo extendió hacia él para entregárselos.

La expresión en el rostro de Bakugo le parecía bastante desconocida. Su rostro estaba realmente en blanco. Ojos grandes y labios apretados. Se tomó su tiempo para quitarle el paquete de bombones.

No dijo nada, solo lo miró.

Sus pupilas empezaron a dilatarse.

Él desató la cinta con una mano y dejó que la cinta cayera lentamente al suelo. Torpemente sacó un chocolate y se lo llevó a los labios.

– ¿Tienes que mirar?

– ¡Oh! Lo siento. Yo solo…

Uraraka rápidamente corrió la vista de sus ojos a su regazo y comenzó a juguetear con sus dedos. Tratando de ocultar su sonrojo.

Presto atención a los sonidos a su alrededor y escuchó a Bakugo mordiendo el chocolate junto a un pequeño zumbido saliendo de su boca.

Uraraka se mordió el labio con entusiasmo. A Bakugo le importaba. Él quería chocolates, como casi todos los demás chicos de la clase. Y finalmente los consiguió. A él le agradaron.

Ella quería mirarlo. Quería ver cómo disfrutaba sus chocolates.

– Em, ¿Yo puedo mir…?

– No.

Ante la negación, Uraraka se rió en silencio para sí misma. Trató de ahogar su risa con la mano hasta que Bakugo le dio una palmada en su cabeza.

Con la sonrisa más resplandeciente y grande en su rostro, levanto la cabeza hacia él.

– Gracias Uraraka.

Por un segundo quedó atónita. Sintió su corazón palpilar con entusiasmo y como mil mariposas revoloteaban en su estómago.

– Fue todo un placer. – Sonrojada y con los ojos brillantes le dio su mejor sonrisa.