Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2022-02-21
Words:
2,173
Chapters:
1/1
Comments:
1
Kudos:
46
Bookmarks:
1
Hits:
80

Olvidarte es olvidarme

Summary:

—Cuando me entregaste a Lord Crestacuervo para interrogarme, cuando te fuiste y nos abandonaste a Tyrande y a mí a nuestra suerte, a manos de Xavius, lo entendí, incluso cuando me ataste a tu montura y me arrastraron por el camino; en cada una confié en ti a pesar de los hechos, y luego fuiste a matar a esos altonato y los demás, casi acabas con la vida de Jarod. Intercedí por ti para evitar tu ejecución, por menos que eso, Illidan, te hubieran matado justamente. Y entonces vienes a reclamar algo de mí, confianza, tal vez amor; ¿Qué quieres que no te haya dado ya? que, con la misma rapidez otorgada, has desechado.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Si se encuentra sorprendido por mirarlo, no dice mucho, él no quiere hacerlo, no desea ver en su dirección y encontrar un demonio, los despojos de lo que fue su hermano, su gemelo. Sabe que su presencia solo debe ser motivo de necesidad: Illidan nunca le ha buscado por más, en realidad, nunca le ha buscado de manera alguna. Siempre ha sido demasiado independiente, ajeno.

El demonio suspira, casi con cansancio, uno que no puede atribuirle; cuando Tyrande eligió liberarlo, estaba al borde, paranoico, aunque no por el odio que ella pensaría le tiene. Malfurion nunca ha podido sentir tal rechazo por su gemelo, motivo que lo llevó a salvarle la vida ante la sentencia de muerte que Jarod había dictado, aunque podía fingir que era por el bien del futuro, por la lucha renovada contra la legión a la que Nozdormu aludió. Lo cierto es que deseó no exponerlo una vez más, verlo perder otra parte de sí por tal conflicto.

La sacerdotisa, por supuesto, se negó rotundamente y él la reprocha por ello, al final, las sospechas que había tenido, se hicieron realidad; mirar a su hermano es la prueba más grande. Malfurion siempre ha contado con la premonición excelente que ha servido para advertirle del peligro, congraciándolo incluso con su shan'do, pero más nunca la había repudiado.

Malfurion lo había visto en sus sueños, alado, con cuernos que distan de los suyos, distinguidos como señal demoníaca. Él le había fallado nuevamente; no evitó que se convirtiera en tal cosa. Cuando Tyrande lo sacó de su celda, no pudo hablar correctamente, no después de tanto tiempo sin verle, habiendo surcado el sueño esmeralda; se concentró en su deber, intentando ignorar su presencia lo más que podía. Malfurion podía sentir perfectamente la dirección en que se encontraba, aunque en la lejanía, sintiéndolo tan cerca que se le erizaba la piel. Aun así, no había notado cuando había consumido la calavera de Gul'dan hasta que su distinguible marca se había esfumado repentinamente.

Illidan no puede entender eso, como tampoco el dolor que le causa; las cosas han sido fáciles para él en ese sentido. Su hermano puede culparlo de mantenerlo encerrado por diez mil años, nunca agradecerle por salvarle la vida irrazonablemente, pues nunca expuso las intenciones de Nozdormu para el futuro de su gemelo; Illidan ya lo ha descartado antes: dejándolo a manos de Xavius y sus sátiros a él y Tyrande, humillándolo cuando lo ató al igual que Broxigar y lo obligó a tropezar por el camino con la vista cubierta. Illidan nunca le ha mostrado más desde que Cenarius lo rechazó como thero'shan.

—Hermano —llama el demonio, indicando su presencia, a pesar de saber que lo ha notado desde el instante en que su portal apareció.

—Illidan —responde, negándose a hablarle con mayor cercanía.

El demonio frunce el ceño, disgustado, aunque no menciona nada al respecto. Malfurion debería volver, no es que lo esperen o que deba estar en algún lugar, simplemente sintiendo la necesidad de dejar atrás a su hermano por una vez, como siempre ha hecho él. Pero está callado, ambos lo están, envueltos en un pesado silencio: se ha cansado de pedirle cambiar, tal vez él es así, corrompido, aceptando el poder disponible por métodos reprochables. Los párpados de Malfurion se han mantenido abiertos, eludiendo una costumbre tomada del vuelo verde y su señora, sin embargo, aún no puede mirarlo, con el ceño fruncido casi como si algún dolor físico lo agobiase.

Quiere gritarle, pero ha visto su perfecta máscara de desinterés agrietarse cuando le ha desterrado y ciertamente no desea volver a verla. Parece que su hermano desea hacerlo ceder una vez más.

—No deberías estar aquí, los druidas frecuentan la zona y yo no intercederé por ti nunca más.

Si bien, sabe que es mentira, al menos decirlo amaina su culpa.

—Tus seguidores, claro —dice Illidan, con desprecio—, no serían capaces de hacer mucho contra el nuevo poder que he conseguido.

—Mis hermanos —corrige, y con la intención clara de arremeter, agrega—: más de lo que has sido tú. Entonces me obligarías a enfrentarme a ti.

Illidan resopla, una sonrisa que no siente verdadera se forma en sus labios, sí, esta vez no lo cree inferior con sinceridad, aunque no lo admitirá abiertamente.

—¿Crees tener el poder? —cuestiona.

Illidan se acerca a él por la espalda, puede sentir perfectamente su presencia, casi como si lo tocara, pero él no se atreve a tanto; la cercanía que hubo entre ambos se ha desvanecido progresivamente en el transcurso de diez mil años encerrado. Ambos se han encontrado presos, la diferencia recae simplemente en la elección.

—¿A qué has venido, Illidan? Nuestro conflicto ha cesado, puedes irte.

Malfurion se niega a caer en sus palabras, volver a su habitual confrontación; él no desea regresar el tiempo olvidando las acciones de su hermano, aún si le ha otorgado una tregua.

—Me voy, hermano.

Malfurion lo enfrenta, su mirada directamente a él; Illidan debería estar a su altura, sin embargo, se levanta sobre él, ignorando sus cuernos, las pezuñas se han sumado. Ellos habían luchado tanto por ser mejor que el otro, mejores y al mismo tiempo diferentes; aunque ahora han tomado caminos tan distintos que se parecen en poco. Con seguridad puede afirmar que no ha sido su ego aquello que lo atraía inevitablemente a su gemelo, como pudo haber dudado. Pero también hay una sombra de alguien más, con quien nunca desearía compararlo y quien debe haber muerto diez mil años atrás.

—Como acostumbras —responde, logrando mantener la calma que lo caracteriza—, aunque me sorprende que hayas venido a advertirlo.

Illidan tiene la intención de acercarse, recorrer el último par de pasos que los separa, sin embargo, las raíces ya se han envuelto alrededor de sus piernas, deteniéndolo efectivamente a pesar de lo frágiles que pueden parecer, se ajustan con fuerza. El demonio las mira un instante antes de volver a su hermano.

—El conflicto ha cesado, dijiste— responde, genuinamente confundido, aunque también irritado y con un deje extraño de desesperanza.

—También te desterré y aquí estás.

Illidan se burla sin una mota de alegría.

—No me quieres cerca de tu gente, eso me ha quedado claro, pero ¿tanto te repugno? —pregunta, y sin esperar a que responda, continúa—: sigo siendo el traidor para ti ¿no es así, hermano? Si me has encerrado diez mil años, en una maldita celda en el último lugar en que pensarías, qué tan divertido crees que lo pasé con el ingenio de Maiev.

Para entonces, Illidan ha carbonizado las ataduras sin problemas, casi chocando sus cuernos con las astas; se había prometido no molestarse, no cuando sería la última vez que le vería en mucho tiempo, o tal vez nunca más; sin embargo, su calma, la docilidad, el cómo habla, casi como si verdaderamente pudieran borrar los milenios que les preceden. Malfurion siempre fue su contraparte, pero al menos antaño lo consideraba de verdad; quiere tomarlo de nuevo, pelear únicamente con el físico hasta el cansancio, hasta que ambos hubieran olvidado aquello que los ha enfrentado, pero Illidan tampoco puede olvidar el pasado en un instante. Si atacara a Malfurion, por primera vez, él no sabe cómo responderá.

Su hermano, a pesar de controlar su furia, siempre ha sido terrible para ocultarle sus emociones, lo que solo una vez antes ha intentado hacer; Malfurion frunce el ceño y se dispone a hablar antes de cerrar los labios con firmeza: él duda y se decanta por callar, tampoco lo mira, tal vez por vergüenza, él ya no sabe cómo interpretarlo.

—Solo vete Illidan, no hay nada de nuestra gente, en Kalimdor, para ti.

—Responde, Malfurion, y sabré si verdaderamente no queda nada en Azeroth para mí.

—Cuando me entregaste a Lord Crestacuervo para interrogarme, cuando te fuiste y nos abandonaste a Tyrande y a mí a nuestra suerte, a manos de Xavius, lo entendí, incluso cuando me ataste a tu montura y me arrastraron por el camino; en cada una confié en ti a pesar de los hechos, y luego fuiste a matar a esos altonato y los demás, casi acabas con la vida de Jarod. Intercedí por ti para evitar tu ejecución, por menos que eso, Illidan, te hubieran matado justamente. Y entonces vienes a reclamar algo de mí, confianza, tal vez amor; ¿qué quieres que no te haya dado ya? que, con la misma rapidez otorgada, has desechado.

Malfurion casi le grita para entonces, enojado, mucho más de lo que ha visto antaño.

—Tal vez debí haber dejado que se cumpla justicia para tus víctimas, entonces no estarías aquí para culparme por estar encerrado diez mil años, estarías muerto.

—¿Entonces quieres que te lo agradezca? —responde, igual de molesto; a este punto, todos cerca de Nordrassil deberían escucharlos, sin embargo, nadie ha venido—. Gracias, hermano, mantenerme encerrado y abandonado en un túmulo, ha sido mucho mejor que morir, al menos muerto no te hubieras olvidado de mí.

—¡Olvidado! Yo fui a verte...

—¡Los primeros años tal vez! Nada comparado con tantos milenios, mientras tú pasabas alegremente con Tyrande y tus aduladores, yo estaba allí, encerrado.

—¡Yo ni siquiera estuve despierto! —grita Malfurion.

Sus palabras y el tono son suficientes para su hermano, para detenerse y contemplar sus palabras; el druida suspira y agrega:

—Una vez que quedó claro que no te arrepentirías, me sumergí en el sueño esmeralda; Tyrande ha liderado a nuestra gente todo este tiempo y yo he servido a la señora del sueño. Es cierto que desperté, al menos para resolver el conflicto con los altonato, pero entonces no tuve el valor de enfrentarte y volví antes de poder pensarlo, antes de ceder y obtener la misma respuesta tuya.

—Nozdormu, el señor del tiempo y Krasus implicaron que la legión volvería —dice—, esperaba que te redimieras entonces, sabía que nunca te mantendrías fuera del conflicto, sería la única forma. Nunca pensé que pasaría tanto tiempo dormido, pero tampoco podía tomar la parte de liderazgo que me correspondía; nunca he sido tan decidido como Tyrande, con tal convicción y fuerza en su persona, yo nunca...

—Nunca has dejado de ser compasivo, sí, ese es tu problema. Incluso ahora, es lo que te hace tan diferente a mí; probablemente Tyrande y yo somos más parecidos de lo que eres a mí.

—Nunca he deseado que me agradezcas —responde Malfurion, volviendo a aquello que los ha llevado a tal momento.

—Lo sé —dice—. Es difícil no pelear contigo.

Illidan sonríe, un gesto casi irónico que su gemelo sabe genuino; Malfurion lo sigue a su manera, más radiante y alegre, abiertamente vulnerable. Al menos hay algo constante entre ellos.

—Me he equivocado terriblemente al querer guiarte —la resignación está impregnada en sus palabras tanto como en su expresión—. Es el deseo insostenible de seguirte a ti mismo lo que te ha caracterizado, probablemente nunca apruebe tus métodos, pero cambiarte nunca ha sido una opción verdadera; solo espero no tener que enfrentarnos una vez más porque…

—No existirá un segundo —responde Illidan.

Sí, finalmente ha alcanzado el límite de su hermano, toda la indulgencia que podía permitirse con él. O tal vez no, Malfurion siempre ha sido pasivo por el afán de otorgar una oportunidad al cambio más indoloro posible, puede ser que nunca se atreva a enfrentarlo definitivamente, como puede que sí; es una parte nueva de él. Nunca ha conocido menos a su gemelo y no puede negar que sea culpa suya.

Sería un buen momento para que su gemelo se acercara a él, pero incluso aquella paciencia para hacerlo se ha agotado; siente cuando le es permitido actuar al notar la soltura en sus ataduras: las raíces retroceden lentamente debajo de la tierra para desaparecer por completo. Pero incluso duda, una señal para que pueda irse, tal vez para acercarse. Qué más da si no se volverán a mirar en mucho tiempo, tal vez nunca más.

Al sentir el daño que el tiempo y sus acciones han causado a su gemelo, no puede más que sentir molestia consigo mismo; si no hubiera hecho tanto… seguramente no estarían vivos, alguno de los dos, el destino inexistente es así de cruel.

Por supuesto, él lo abraza, con fuerza, fingiendo que no lo soltará unos segundos más tarde; su gemelo se queda inmóvil, con los brazos colgando a sus costados, está casi resignado a no recibir un mínimo afecto de él cuando sus fuerzas titubean y siente la contracción mínima de sus músculos ante el esfuerzo. Siente el dolor al ser sujetado de tal forma, incluso cuando Malfurion inclina su cabeza sobre el hombro, puede imaginar su expresión, la costumbre de cerrar los párpados con la delicadeza del vuelo verde y exhalar.

Illidan quiere sostenerlo aún más y cruzar a la intimidad de antaño, besar su piel y sentir el roce ligero y áspero, escucharlo sin aliento, tan vulnerable ante sí. Pero su deseo solo lo dañaría, aún si su gemelo lo deseara en igual medida; Illidan deberá abandonarlo una vez haya dormido y tal despedida propiciaría su anhelo: con certeza puede saberlo.

Notes:

Escrito hace algún tiempo, me llama mucho la atención la dinámica entre Mal e Illidan: la indulgencia, el cariño a regañadientes e incluso el rechazo. Pero siempre me ha parecido injusto que Malfurion sea culpado por encerrar a su hermano, Illidan incluso habiendo considerado acabar con él.