Chapter Text
Fue ese mismo día.
El día que All Might, su más grande héroe, su más grande inspiración, su ídolo, su meta, su sueño…. En ese techo donde involuntariamente descubrió su secreto, le dijo que no podía ser un héroe por no tener un quirk.
Fue ese día cuando Izuku, en lugar de caminar hacia el ataque de villano como todos sus instintos se lo pedían, se forzó a ir en dirección contraria. Y buscando desesperadamente algo que lo distrajera se metió a una exposición científica de la cual no supo los detalles.
El día que All Might no encontró la inspiración para actuar y el joven adolescente que fue atacado por el villano de lodo no fue salvado sino hasta que llegaron héroes más adecuados. Resultando en una muerte momentánea por asfixia y una lucha por traerlo de vuelta a la vida por los paramédicos.
Fue ese día cuando Midoriya Izuku fue mordido por una araña radioactiva.
La exposición era sobre algo referente al equipo de apoyo de héroes americanos.
Izuku realmente no estaba prestando atención. En cualquier otro momento podría haber estado sumamente emocionado viendo la tecnología extranjera y analizando de qué manera podría apoyar a los diferentes tipos de quirks.
Pero su mente estaba vacía. Sus ojos se movían sobre los aparatos y los afiches sin que su cerebro captara nada de la información.
Ya lo sabías. Le repetía su mente una y otra vez mientras miraba fijamente una explicación que no era más que letras sin sentido sobre un papel para su cabeza distraída. Ya lo sabías.
Estaba de pie como hipnotizado mirando algo que era un planeador, pero bien podría haber sido All Might mismo e Izuku no se habría dado cuenta. No escuchaba los cuchicheos sobre el simultáneo ataque de un villano que la pareja a su lado estaba discutiendo. Nada de lo de su alrededor estaba siendo captado por él.
Solo el eco de las palabras “Debes aceptar la realidad, joven”.
Hasta que sintió un repentino dolor en el cuello.
Esto lo hizo cerrar un ojo y encoger un poco los hombros, llevando aprisa su mano hacia esta zona con un golpe. Sintió aplastar algo y al mirar su palma, descubrió el cadáver de una pequeña araña.
Genial, lo que le faltaba a su día. Se aseguró de tirar el pequeño cadáver en un bote de basura y se limpió la mano. Levantó la vista prestando por primera vez atención a sus alrededores, y volvió a cubrir su cuello que le dolía.
Caminó fuera de la exposición para poder buscar una farmacia y comprar ungüento contra picaduras. Al dar una mirada al exterior no reconoció de inmediato en dónde estaba. Después de todo había llegado allí distraído. Empezó a avanzar sin rumbo fijo y pronto empezó a sentir mucho calor para esas épocas del año.
Se abanicó con la mano mientras andaba.
Pero el calor solo empeoraba. Miró a su alrededor preguntándose si acaso alguien estaría activando algún quirk de temperatura, pero nadie en su entorno parecía demostrar particular problema. Con la manga de su uniforme se limpió el sudor que ya comenzaba a caer por su frente.
Un mareo lo desequilibró. Todo se puso borroso por un segundo, así que estiró la mano y se recargó en una señal de tránsito. Las personas a su alrededor lo esquivaban sin darle una segunda mirada. Izuku no quería ser un inconveniente para los transeúntes así que se forzó a erguirse otra vez.
No estaba ni intentando agarrar el tubo metálico cuando se vino unido a su mano.
Izuku miró con grandes ojos abiertos cómo en su mano estaba una señal que debería haber estado unida al suelo. Miró la parte inferior y descubrió que un trozo de concreto estaba unido a ella. Como si lo hubiera arrancado con pura fuerza bruta. Pero eso no tenía sentido.
—¡Oye, niño! —se acercó de inmediato un héroe que había alcanzado a verlo mientras hacía su ronda—. ¿Por qué estás haciendo daño a la propiedad con tu quirk? Tendré que llamar a tus padres.
—¡No! —dijo Izuku sacudiendo las manos frente a él como costumbre, pero el poste se movió junto con ellas a pesar de que su palma estaba abierta— ¡¿Qué?! —preguntó al aire sacudiendo al brazo esperando que el poste se cayera, pero seguía unido a su mano.
—Hey, tranquilízate —le dijo el héroe con voz mucho más calmada. Quizás viendo el pánico en el rostro de Izuku concluyó que no era un pequeño delincuente—. Puedes lastimar a alguien.
—¡No se cae! —gritó Izuku y luego miró al héroe con ojos asustados— ¡Está pegado!
—Tranquilo ¿Cómo funciona tu quirk?
Y esa era la pregunta más extraña que Izuku hubiera recibido nunca. ¿Su quirk? Él no tiene quirk. La confusión hizo que su mente se vaciara por un momento, y el poste repentinamente cayó al suelo asustándolo. Dio unos pasos hacia atrás apretando la mano contra su pecho.
—Genial —dijo el héroe, quien al voltear solo vio a Izuku corriendo lejos—. ¡No lo vuelvas a hacer o la próxima te meterás en problemas! —le gritó, asumiendo que había sido un accidente y dejando escapar al pobre chico.
Izuku ni siquiera pensó en el hecho de que había hablado con un héroe. Solo siguió corriendo, abrazando su mano hasta que se metió a un callejón y comenzó a tallar la palma de su mano contra su pantalón para limpiarla. Pero no tenía nada.
Miró su mano que se puso borrosa por un segundo. Sacudió la cabeza intentando aclararse y se recargó contra la pared. El calor estaba empeorando todavía más. El sudor en su cuerpo ya tenía su uniforme mojado.
¿Qué estaba pasando?
¿Había sido por la araña? Intentó recordarla. ¿Había tenido colores brillantes? Algo de rojo y azul. ¿Eso no significaba que era venenosa? ¿Debería ir a un hospital? Pero qué clase de veneno haría que un poste se quedara pegado a las manos.
Con muchos nervios decidió que necesitaba llegar a casa. Después pensaría qué hacer.
Al intentar erguirse, sus manos que habían terminado recargadas en la pared, no se separaban. Las miró aterrado y trató de jalarlas, pero no se movieron ni un poco. Como si la pared hubiera estado llena de pegamento y se hubieran quedado unidas. Pero ni siquiera así, porque al jalar no sentía el tirón en su piel como pasaría si realmente fuese un adhesivo.
Subió un pie a la pared y comenzó a jalar con más fuerza. El esfuerzo estaba en sus articulaciones. Su mano por completo estaba de alguna manera unida a la pared. Los nervios aumentaron y trató de halar con más insistencia.
Abrió los ojos sin darse cuenta de que los había cerrado debido al esfuerzo, y se encontró paralelo al suelo. Por un momento no comprendió qué era lo que estaba viendo. En qué ángulo se encontraba para estar viendo el piso frente a él en lugar de debajo. Entonces su cabeza hizo clic y entendió que de alguna manera se había subido a la pared.
Con un grito se hizo hacia atrás buscando alejarse de esa situación, y en consecuencia solo se desplazó más hacia arriba en el muro. Con mucho más miedo intentó desprenderse de la superficie ejerciendo todavía más fuerza. Un pedazo de material se vino con él y de esa manera cayó al suelo. Se levantó sacudiendo las manos, los fragmentos de concreto cayendo de sus dedos al fin.
Salió corriendo de allí. Chocó con un refrigerador de bebidas en el camino, el cual estuvo a punto de caer por la pura fuerza que ejerció en él. Por suerte no lo hizo, aunque Izuku igual no se hubiera percatado porque él siguió corriendo hasta su casa sin mirar atrás.
La distancia que recorrió fue sumamente larga y, aun así, en ningún momento se sintió agotado o sin aire. No se detuvo hasta que llegó a su casa donde su madre, quien estaba abriendo la puerta para salir a hacer algunas compras, le dijo algunas palabras de bienvenida.
Con el pánico que lo invadió se olvidó de mencionarle que una araña lo había picado y seguramente necesitaba un hospital. Solo la rodeo, le dijo que no cenaría y se encerró en su habitación.
Cuando Izuku despertó, lo primero que pensó fue que no sabía en qué momento se había quedado dormido.
O como había llegado a su casa.
Comenzando a levantarse se dio cuenta de que estaba en el suelo. Había tenido un sueño raro en el que se subía a las paredes y cosas se quedaban pegadas a sus manos.
Sacudió la cabeza y se cubrió el rostro con las palmas. Quizás era una forma extraña de su subconsciente de sacar el estrés que le había generado que All Might, de entre todas las personas, le dijera que no podía ser un héroe.
Ya lo sabía. En el fondo siempre lo había sabido.
Sin embargo, no importaba qué tanto su madre se disculpara mientras lloraba, o cuánto Kacchan le dijera que abandonara su sueño por ser un inútil, nunca había sido suficiente para hacerle creer que no había aunque sea un poco de esperanza.
Cada día había sonreído a su madre y había ignorado los comentarios pesados de su amigo de la infancia, y había salido libreta en mano a ver y analizar a otros héroes en la búsqueda de ser uno algún día.
Pero All Might se lo dijo también.
Esa pequeña llama de esperanza fue aplastada y desapareció por completo.
Se volvió a recostar, no sabiendo bien por qué estaba en el suelo, pero no teniendo la energía suficiente para pensar en ello.
Hubo un pequeño golpe en su puerta seguido de su madre abriéndola y asomándose al interior.
—Izuku —comenzó a decir con calma hasta que lo localizó y su voz cambió a una con inquietud—. ¿Qué estás haciendo en el piso?
—Uh, me caí al dormir.
—Izuku ¿Estás bien? —esta vez lo pronunció con preocupación a la vez que se arrodillaba a su lado—, ayer llegaste muy tarde. Te comportabas extraño y solo te metiste a dormir. ¿Es por lo de Katsuki-kun?
—¿Kacchan? —Izuku por fin se levantó a una posición sentada, no teniendo idea de dónde había venido la sospecha de su madre de que él estaba de alguna manera relacionado—. ¿Pasó algo con él?
Su madre se cubrió la boca con una mano y el arrepentimiento se evidenció en sus facciones.
—¿No te enteraste? Katsuki-kun fue atacado por un villano. Casi pierde la vida.
Izuku sintió su sangre helarse de inmediato. ¿Kacchan casi perder la vida ante un villano? No tenía sentido. De manera automática se levantó y caminó, ignorando los llamados de su madre se colocó sus zapatos y salió de su casa.
Entonces Kacchan seguramente había estado en aquel ataque que vio desde el techo donde All Might lo dejó. ¿Habrá sido All Might quien lo salvó? No, no creía. Izuku lo había visto con sus propios ojos, él no podría haber hecho mucho.
Si tan solo él hubiera ido para allá como quería-
Mientras bajaba las escalaras del edificio se congeló.
¿Qué habría pasado? No habría habido ninguna diferencia. Izuku no hubiera podido hacer nada para ayudar a Kacchan.
Él no podía ser un héroe.
Mordió su labio y decidió sentarse allí donde estaba. Quiso sacar su celular para buscar en las noticias, pero no había pasado a tomarlo.
Su madre había mencionado que casi moría, no importaba lo negativo que sonara, eso implicaba que en ese momento estaba con vida. El nudo en su estómago no se alivió solo por eso. No importaba lo cruel e idiota que su amigo de la infancia fuera, Izuku nunca querría que algo malo le pasara.
Era difícil visualizarlo perdiendo.
Kacchan no perdía.
Él sí podía ser un héroe.
Suspiró y regresó a su casa. Tenía que prepararse para la escuela.
Su estancia en la escuela se sintió lejana. Como si él realmente no estuviera allí, solo lo viera todo a través de una pantalla. Las personas continuaban su rutina de todos los días mientras él seguía repitiendo en su mente la imagen de All Might diciéndole que debería dedicarse a otra cosa.
Al menos así fue hasta que su profesor habló.
—Bakugou no vendrá hoy —anunció—. Ayer fue atacado por un villano peligroso y actualmente se encuentra en el hospital.
Izuku, igual que el resto de sus compañeros, miró el asiento vacío como si eso le pudiese dar alguna clase de respuesta. Después pasó su atención a esos dos amigos que siempre seguían a Kacchan a todos lados. Se encontraban con la mirada baja y parecían atormentados. Se imaginaba que habían estado presentes durante el ataque.
Apretó los puños.
Si héroes y amistades con quirk no habían podido hacer nada por salvarlo, ¿por qué seguía repitiéndose en su mente “si tan solo hubiera estado allí, “si tan solo hubiera intentado hacer algo”? Era por esas cosas que Kacchan siempre se enojaba con él.
No podría ser un héroe, All Might ya se lo había dicho, pero era difícil solo deshacerte de los pensamientos que han estado en tu mente siempre.
Fue un día como cualquier otro. Al menos, aparte de la constante sensación de ahogo que le daba al recordar las decepcionantes palabras de su héroe de toda la vida, la monotonía se mantuvo.
Hasta que un lápiz se quedó pegado a su mano. Lo intentó colocar en la mesa, pero se quedó unido a su palma aun a pesar de que la tenía completamente abierta. Sacudió la mano de forma discreta pero el lápiz se mantuvo justo en el mismo lugar.
Las escenas del sueño regresaron a su cabeza, pero no tenía sentido. No lo tenía. Había sido un sueño, se repitió, solo un sueño.
Con miedo creciente agitó la mano con más descontrol, lo que hizo que el profesor lo reprimiera y tuviera que quedarse quieto. Intentó separar al lápiz con su otra mano, pero ni así. Pasó tanto tiempo intentando arreglarlo en silencio, que no se dio cuenta de que el profesor salió hasta que comenzaron los cuchicheos.
—¿Qué sucedió con Katsuki?
Izuku levantó la mirada con inmediata atención. El lápiz cayó de su mano.
—Fue un villano como de lodo que apareció de la nada. Dijo que necesitaba un cuerpo en el cual refugiarse y comenzó a atrapar a Katsuki. No importaba cuánto lo atacara, no le hacía nada.
Las palabras fueron como un balde de agua fría. La descripción encajaba. El villano de lodo… el que lo había atacado y del que All Might lo había salvado… debió caer cuando Izuku se aferró a su pierna.
Era su culpa.
Era su culpa que All Might lo perdiera.
Era su culpa que Kacchan terminara en el hospital.
Un repentino sonido de madera quebrándose hizo que toda la clase dejara sus conversaciones y pasaran su atención al lugar de donde había provenido el estruendo.
Izuku, con todos los ojos sobre él, bajó la mirada a sus manos para descubrir que su escritorio ahora se encontraba partido a la mitad, cada lado en una de sus manos. Visto así, daba la impresión de que él lo había separado con solo su propia fuerza.
Pero claro, eso no era posible e Izuku entró en pánico de inmediato.
—¿Q-q-qué sucedió? —preguntó dejando caer las piezas destrozadas que cayeron al suelo haciendo aun más ruido.
—Izuku, ¿rompiste tu escritorio? —preguntó alguna compañera sorprendida.
—Claro que no —de inmediato intervino alguien más—, Izuku no tiene quirk. No podría haber hecho eso.
—Además mira su cara —aportó otro—, está tan espantado que es gracioso. Seguro fue una broma.
—Sí, alguien debió haber dejado esta trampa para el único quirkless.
Sus compañeros comenzaron a reírse a su costa, distrayéndose de lo sucedido con el alumno en el hospital. Izuku bajó la cabeza, acostumbrado a las burlas. Pero mirando el escritorio con una atención más seria.
Su escritorio había estado en perfectas condiciones. No había tenido marcas de ningún tipo como para que se partiera de esta manera tan estrepitosa ante un toque. Puede que Izuku fuera rezagado por no tener una particularidad, pero no creía que nadie le tuviese un rencor específico como para tomarse la molestia de hacer esta estrategia que ni siquiera presenciaría. Sabía que ninguno de sus compañeros de clase tenía una habilidad que le permitiera hacer esto y no se arriesgarían a ser expulsados. Podría ser que esto en realidad habrá sido una demostración repentina de fuerza como con aquel poste-
—¡Midoriya! —la voz del profesor se hizo presente justo a su lado. Izuku dio un brinco y lo miró—. Agradecería que dejaras de murmurar y me explicaras lo que sucedió aquí.
Nunca pudo explicar lo que sucedió, así que terminó castigado por dos semanas quedándose a hacer aseo.
Después de mandar un mensaje a su madre diciéndole que tendría que quedarse hasta tarde en la escuela, Izuku se dedicó a limpiar las zonas que le fueron asignadas.
Una chica encargada de cuidar que los castigados cumplieran su deber lo mantuvo trabajando tanto que no tuvo tiempo de dedicarle a sus pensamientos. Pensaba que eso era bueno.
No quería pensar en las palabras de All Might, no quería pensar en Kacchan en el hospital por su culpa y no quería pensar en cosas quedándose pegadas a sus manos o rompiéndose con facilidad.
Sin embargo, cuando por fin terminaron y la chica los dejó ir, al guardar las últimas escobas en el armario de limpieza, una vez más una no se separaba de sus manos.
Izuku estaba solo en ese momento así que decidió no entrar en pánico, inhaló y exhaló varias veces observando al objeto que se mantuvo unido a su mano, aunque no lo estuviera sosteniendo.
Era real.
Era real, algo le estaba pasando. Con comprensión llevó la mano hacia su cuello buscando el lugar donde aquella araña lo había picado, solo para encontrarse que no había nada. Ninguna protuberancia que indicara la picadura venenosa de algún insecto.
La escoba cayó al suelo sorprendiéndolo.
Era como si tuviera un quirk ahora.
Apretó el puño y se dio cuenta de que estaba temblando. Pero no era miedo. La excitación recorrió cada hebra de su ser.
Tenía una particularidad.
Sin embargo, no podía simplemente emocionarse. Este quirk no era natural, no era el resultado de los quirks de sus padres, no había aparecido a los 4 años.
Su mente de inmediato comenzó con mil y una teorías tratando de encontrar el significado de lo que le estaba sucediendo.
¿Realmente la araña era la causante? Los síntomas comenzaron después de que esta lo picara, así que lo más lógico era adjudicarle la responsabilidad, pero no había precedentes de que una criatura viva le pudiera otorgar una particularidad a otra. Siempre existía la posibilidad de la coincidencia. No le había prestado tanta atención, igual y no era una araña real sino alguna clase de tecnología.
¿Podría ser alguna especie de droga? Había estado en una exposición científica ¿cierto? ¿Debería esperar a que el efecto pase solo? ¿Debería avisar a la policía?
Este último pensamiento hizo que se detuviera por un momento. La policía buscaría curarlo ¿cierto? Le quitarían esta habilidad.
Se mordió el labio con preocupación. Pero en su mente comenzaron a aparecer las lágrimas de su madre que se disculpaba, las palabras de Kacchan llamándolo quirkless, la demacrada figura de All Might diciéndole que se dedicara a algo más.
Kacchan en el hospital.
Si hubiera hecho algo.
Decidió no acudir a la policía.
Izuku inició una nueva libreta.
No porque considerara que la libreta que Kacchan había explotado ya no tuviera utilidad. De hecho, planeaba continuar escribiendo en ella pues aparte de estar un poco quemada, realmente no le había pasado nada. Pero sintió que esto no pertenecía a la serie de “Análisis de héroes para el futuro”.
Antes solo tenía una libreta que contenía información diferente, la cual estaba enterrada en el fondo de su escritorio con el nombre “Bakugou Katsuki” escrito en la portada.
Como fuera, esta nueva libreta no sabía cómo nombrarla. No sabía siquiera si tendría caso o sentido el hacerlo. Si lo que le estaba pasando era solo un efecto secundario de otro quirk que desaparecería con el tiempo, entonces indagar demasiado sería fútil. Dejando la portada en blanco, abrió la primera página y comenzó a escribir.
La fecha.
La picadura de araña.
Si esta había sido la responsable y de alguna manera le había otorgado un quirk, tendría sentido que se quedara pegado a las cosas. Investigando descubrió que las arañas tenían fuerza, así que igual y lo que él tenía era una habilidad proporcional en su tamaño.
Para convencerse, estuvo horas investigando y escribiendo las habilidades de las arañas y probando si acaso contaba con ellas.
No lanzaba telaraña, no tenía veneno, no tenía mutaciones corporales.
Al quitarse la camisa para revisar este último punto, se dio cuenta de algo que no había notado esa mañana. Su cuerpo, que hasta entonces había sido delgado y débil, ahora estaba tonificado. Se tanteó a sí mismo descubriendo que músculos simplemente habían aparecido en él como si hubiera entrenado.
Siguió escribiendo.
Izuku sabía mucho sobre quirks. Era un fanático de los quirks, después de todo. Su capacidad de analizar particularidades y los diferentes usos que podrían tener en toda clase de circunstancias era su pasatiempo favorito.
Por eso sabía con seguridad total que ningún quirk genera un cambio tan brusco en cuerpos. Incluso los quirks de mutación van apareciendo lentamente.
Además de que seguía el hecho de que aparentemente sí había obtenido las habilidades por esa araña.
Sospechaba que lo que le estaba pasando no era un quirk.
Al día siguiente ya no tuvo accidentes con cosas indeseadas pegándose a sus manos. Aunque de repente había cosas que no podía soltar, entendió que solo requería relajarse para que esta nueva habilidad dejara de tener efecto. No le salía de manera natural y debía detenerse, inhalar profundo, pensar cosas relajantes antes de que su mano se despegara. Pero al menos ya no tuvo pequeños ataques de pánico en medio de la clase.
No que por ahora tuviera un escritorio qué romper. Su profesor le aseguró que al día siguiente le darían un escritorio nuevo. Mientras tanto, por ese día lo hicieron sentarse en el lugar del único alumno que no estaba presente. Durante toda la clase Izuku se sintió nervioso, como si invadiera un espacio prohibido. Solo esperaba que Kacchan no se enojada demasiado cuando se enterara.
Al acabar la limpieza de castigo que tenía, salió corriendo a la pequeña zona boscosa que estaba cerca de su casa, y asegurándose de estar lo suficientemente lejos de la vista de cualquiera, sacó su libreta nueva, la dejó abierta en la siguiente página y fue a buscar una piedra un poco grande.
Se concentró y aplicó toda la fuerza de la que fue capaz, con facilidad la piedra se partió en sus manos.
Izuku no hubiera podido contener la enorme sonrisa que se formó en su cara aunque lo hubiera intentado.
Con un quirk de fuerza podría ser un héroe.
Podría ingresar a la UA y ser un héroe. Su sonrisa se empezó a tornar en una mueca hasta que comenzó a llorar. Podría ser un héroe. Si no desaparecía, si no resultaba ser algo temporal. Podría ser un héroe. All Might le había dicho que no buscara ser un héroe sin un quirk, pero ahora aparentemente tenía uno.
Si no era temporal.
Por favor, que no fuera temporal.
Estuvo un rato llorando hasta que se calmó y decidió seguir descubriendo las nuevas habilidades que tenía. Manejar su fuerza, aprender a activar y desactivar el adherirse a superficies.
Regresó a su casa de noche y tuvo que disculparse con su mamá varias veces por no avisarle dónde había estado.
El sábado fue una vez más a la exposición.
Primero había tenido que investigar para dar con ella, pero no fue difícil encontrar al respecto y de hecho se sorprendió de no haber escuchado sobre ella antes.
Unos laboratorios y algunas empresas americanas habían mandado muestras de sus avances tecnológicos en áreas de apoyo a héroes.
Estuvo tan inmerso leyendo y viendo todo lo expuesto, que se había olvidado por completo a qué había regresado. Hasta que ya estaba en medio de un artículo sobre arañas genéticamente modificadas.
Parpadeó varias veces y comenzó a leerlo otra vez.
Los Laboratorios Generales de Tectrónica Este estaban experimentando en arañas buscando la manera de generar un quirk artificial. Su objetivo era intentar otorgar a las personas nacidas sin uno, las habilidades suficientes para que no fueran rezagados en la sociedad super humana. Pero solo se encontraban en fases de pruebas.
Para alguien como Izuku que había nacido sin un quirk, eso sonaba sumamente esperanzador, y al mismo tiempo, su parte tan conocedora de particularidades lo consideraba peligroso. ¿Crear un quirk? No se podía “crear” un quirk. Un quirk es una habilidad física evolucionada en el cerebro.
¿De qué manera estaban experimentando con las arañas? Todo indicaba estar lejos de siquiera algo estable, y aun así una de ellas lo había picado y le había otorgado habilidades.
Miró a los pequeños insectos, no, no eran insectos si no mal recordaba su investigación, eran arácnidos. Las miró a todas encerradas en una caja sin formas visibles para escapar.
¿Cuáles serían las consecuencias en su cuerpo? ¿Qué era realmente lo que le estaba pasando?
Había pasado el resto del fin de semana confundido.
Debatiéndose sobre qué debería hacer.
Cómo debería actuar.
¿Debería decirle a su mamá para que juntos fueran a la policía o un hospital? Tal vez la reacción en su cuerpo podría ayudar al avance que aquellos laboratorios buscaban, podría abrir las puertas a más personas sin quirk a tener sus propias habilidades. O podrían quitárselo, aislarlo, considerarlo peligroso ¿Debería actuar como si nada hubiese sucedido? ¿No podía solo fingir que un quirk había llegado?
Realmente era un caos en su cabeza.
Por eso cuando llegó a su aula y vio a todos sus compañeros amontonados en un solo lugar, no comprendió la razón de inmediato, sino hasta que su mirada captó el cabello rubio cenizo y alcanzó a diferenciar entre los cuerpos de quienes estaban parado frente a él, la mueca en el rostro de Bakugou Katsuki.
Como cada vez que lo miraba, su corazón empezó a palpitar un poco más y su estómago se hizo un nudo dándole náuseas. Dio un paso hacia atrás y bajó la mirada al suelo, alzando un poco los hombros.
Sabía que Kacchan no lo vería con tanta gente a su alrededor, y aun si lo hiciera, no se distraería solo para gritarle algo, pero aun así Izuku decidió salir y mejor entrar por la puerta de atrás para llegar a su asiento sin acercarse demasiado.
No veía a Kacchan para nada. Y, aunque escuchaba a todos a su alrededor preguntarle cosas sobre el ataque, no había ninguna respuesta de su parte. Casi parecía fuera de lugar su misterioso silencio. Para esos momentos, Kacchan ya debería haber gritado que lo dejaran en paz si realmente no quería contestarles. Aunque lo más normal sería que pusiera un pie sobre su asiento y alardeara sobre cómo peleó contra un villano cuando todos los demás “perdedores” no podían ni fantasear en hacerlo.
Cuando el profesor entró, todos fueron a su lugar y eso le permitió por fin mirar aunque fuera su espalda.
Desde que su relación se había desmoronado y a Izuku no le quedaba alternativa más que mirarlo a la distancia, poco a poco había aprendido a diferenciar cosas solo por su aspecto. Para él era fácil leer a su amigo de la infancia. Como si de un libro abierto se tratase. No por nada tenía una libreta dedicada exclusivamente a él.
Kacchan era una persona arrogante que constantemente le gustaba mostrarse superior al resto. Incluso en los pequeños detalles como su postura al sentarse, la cual usualmente era erguida. A veces consideraba que era rebuscado que incluso en eso se esforzara. Pero en ese momento Izuku podía ver sus hombros caídos hacia el frente.
Y, claro, no solo eso.
Si el profesor llegaba a tener un pequeño error en una lección, Kacchan usualmente no se contenía al señalarlo con un grito engreído. Pero ese día, cuando Izuku identificó un error en lo que el profesor anotó en la pizarra, al ver a Kacchan esperando su reacción, esta nunca llegó. Fue el mismo profesor quien lo notó y corrigió con una disculpa un momento después.
En el primer descanso cuando volvieron a rodearlo menos personas, en el almuerzo, cuando los profesores preguntaban algo, cuando terminaron las clases y ya solo sus amigos se acercaron a él.
En todas esas ocasiones Kacchan no habló.
Izuku estaba detrás de él así que nunca vio su rostro directamente, pero por lo poco que alcanzaba a ver de repente y por la forma en la que cada vez menos personas se esforzaban por sacarle la historia, se imaginaba que solo tuvo una expresión sumamente enojada todo el tiempo.
Solo lo vio tomar sus cosas, levantarse e irse seguido de sus amigos.
Una vez más bajó la mirada.
En ocasiones así era frustrante ya no poder hablar con él. Izuku también estaba preocupado.
Al terminar su aseo de castigo de ese día, Izuku llevaba la última cubeta y trapeador a la bodega como cada vez. Intentaba mejorar el control en su habilidad de adherirse a las cosas tomando la agarradera y soltándola. Aún preguntándose si era incorrecto o no el no avisar a las autoridades sobre lo que le había pasado.
La posibilidad de que se estuviera interponiendo en un avance científico le preocupaba.
Y, aun así, incluso si no era un quirk realmente, actuaba como una particularidad, tenía la habilidad. All Might se lo había dicho. Sin ella debería rendirse de ser un héroe. Y si se la quitaban, si una vez más le arrancaban esa pequeña esperanza…
Levantó la mirada de sus manos cuando vio una puerta abrirse. Kacchan salía del aula de profesores, dio una pequeña reverencia por educación, con un gesto molesto como siempre. Al cerrar la puerta, se dio cuenta de su presencia.
Izuku, por costumbre, dio un paso hacia atrás y bajó la cabeza entre los hombros apartando la mirada.
Pero entonces escuchó:
—De-Deku.
Y levantó la mirada con total asombro. ¿Kacchan acababa de tartamudear su apodo?
Había pasado ya bastante tiempo desde que Izuku se había atrevido a mirar a Kacchan directamente a los ojos. Si no fuera porque ya los tenía completamente memorizados, casi podría arriesgarse a haberse olvidado de ellos.
Y con todo eso, era una primera vez el ver la expresión de sorpresa que tenían. Como si Kacchan mismo no se hubiera esperado que eso le sucediera. Se miraron con los ojos muy abiertos un segundo, antes de que Kacchan apartara primero la mirada, su expresión tornándose a una de completo enojo. Era una furia que nunca antes había presenciado. Dio un paso más hacia atrás, pero era como si el otro se hubiera incluso olvidado de él, solo pasó a su lado furioso y se alejó sin volver a mencionar nada más.
Izuku observó su espalda a la distancia hasta que dio vuelta en un pasillo y lo perdió de vista.
Había leído la noticia y visto los videos que llegaron a internet.
El villano de lodo, ese mismo que había atrapado a Izuku por solo unos segundos y casi lo hacía desmayarse por asfixia, había tenido atrapado a Kacchan por una cantidad inhumana de tiempo. Kacchan había resistido de manera increíble, recibió halagos de todos los héroes presentes y los noticieros lo llenaron de halagos por su gran resistencia. Pero, a fin de cuentas, había pasado una cosa:
Kacchan había muerto.
Por unos instantes. Su cerebro dejó de recibir oxígeno. Su corazón se detuvo.
Murió.
Sintió un horrible nudo en su estómago y garganta ante semejante recuerdo. Era horrible. Kacchan era lo más cercano que tenía a una imagen de victoria. Era lo más cercano a All Might que conocía. Kacchan era fuerte, inteligente, hábil, capaz…
Y había muerto.
Varios videos lo habían captado. Nadie lo mencionaba, todos hablaban de cómo había sido valiente hasta el último momento, pero Izuku lo había visto. Después de cierto punto, Kacchan había hecho una expresión de absoluto terror.
Viendo ese video Izuku accidentalmente había roto el borde del escritorio de su habitación. Sintió una corriente recorrer todo su cuerpo y la más grande impotencia.
Si tan solo hubiera estado allí.
Se había repetido una vez más. El inmenso deseo “necesito salvar a Kacchan” seguía corriendo por su cuerpo.
No mucho después de eso en el video se nota el momento en el que toda resistencia de Kacchan se detiene y el cuerpo inconsciente queda a disposición del villano. Casi en ese mismo instante llegan los héroes que por fin pudieron detenerlo.
Izuku ya sabía que habían logrado salvarlo y que estaba en el hospital, y aun así siguió mirando el video con miedo de que Kacchan no se levantara otra vez.
Había logrado calmarse cuando su mamá le comentó que Mitsuki le había dicho que Kacchan estaba vivo y fuera de peligro.
Pero no había pensado en las consecuencias hasta ese momento.
Después de todo, Kacchan se había quedado sin oxígeno.
La hipoxia genera daño cerebral.
¿Por eso no había hablado en todo el día? ¿Le costaba pronunciar las palabras de manera correcta? ¿Qué más le estaría pasando? ¿Esto afectaría a su entrada en la UA? ¿Podría interponerse en su carrera como héroe?
Sintió su sangre helarse solo contemplando la idea.
Si tan solo hubiera estado ahí.
Si hubiera estado allí… no hubiera podido hacer nada. No podía ser un héroe, se lo había dicho All Might en persona.
Bajó la mirada hacia sus manos descubriendo que había deformado el borde de la cubeta al apretarla con fuerza.
Si hubiera estado ahí no hubiera podido hacer nada. Pero ahora sí.
Fue en ese momento que Izuku decidió que se quedaría con esas nuevas habilidades, aún si tenía que vivir mintiendo para siempre.
Casi dos meses después de que aquella araña lo picara, la exposición cerró y regresaron a su país.
Si Izuku había llegado a tener otro plan o alguna duda sobre su decisión, fue allí cuando se terminó.
Había investigado sobre los Laboratorios Generales de Tectrónica Este. Todo parecía correcto. No tenían inconsistencias y siempre daban buena cara. Aunque claro, así eran siempre todos hasta que de pronto algo cambiaba y la gente empezaba a decir “Nunca me lo esperé de ellos”.
Tenía los contactos a la mano en caso de que algo raro pasara con su cuerpo y necesitara ayuda. Ya incluso tenía un correo redactado en inglés por si necesitaba enviarlo de emergencia.
También, después de todo ese tiempo ya se estaba empezando a tomar la confianza de creer que sería una situación permanente.
Ya había perfeccionado bastante su capacidad de adherirse y soltarse a las cosas a voluntad. Y cada tarde se iba al pequeño bosque a entrenar un poco el uso de su fuerza. Que, según su investigación sobre las arañas, si era proporcional a estas, debería ser capaz de cargar 80 veces su propio peso, aunque nunca había tenido la oportunidad de probar esa posibilidad. Sí había cargado grandes rocas y un par de troncos con facilidad, pero no había nada más pesado que eso en ese bosque.
Concluyó que su cuerpo sí tenía mutaciones en las articulaciones, pues su flexibilidad no solo era mucho mejor, era superior a lo que un cuerpo humano debería ser capaz. También podía pararse de lado o de cabeza sin ninguna sensación de mareo o desequilibrio. Y aunque no había podido probarlo en una gran altura, estaba casi seguro de que ya no sentía el vértigo.
También descubrió una nueva habilidad.
Primero fue cuando de pronto algo así como un dolor de cabeza, aunque no realmente, se hizo presente, y antes de que entendiera qué pasaba su cuerpo reaccionó dando un gran salto hasta aferrarse a un árbol y descubrió en el suelo una serpiente que había estado yendo en su dirección.
Se repitió un día, al ir distraído musitando para sí sus estudios, y se pasó la luz roja, esta misma extraña sensación se hizo presente y dio un paso hacia atrás evitando un auto que solo le tocó la bocina y siguió su camino.
Las arañas también tenían un sensor de peligro.
Una especie de “sentido arácnido” que les dejaba identificar cualquier amenaza a su alrededor. Pero esta no tenía que ser necesariamente mortal. Se dio cuenta cuando se activó porque un niño le lanzó un juguete y él lo esquivó por reflejo con esta punzada presente. Y también otro día en la escuela y al darse la vuelta solo estaba Kacchan acercándose con una mueca molesta a punto de lanzarle algunas hojas del profesor.
También estaba Kacchan.
No era que de pronto se hubiera vuelto callado por un repentino cambio de personalidad, era que aún le costaba decir algunas cosas. Para ese momento ya todos en la clase y los profesores se habían dado cuenta. Y Kacchan prefería no hablar para no tener que tartamudear en frente de otros.
Y no era solo que le costara pronunciar algunas cosas, de repente parecía dificultársele recordar algunas palabras o conceptos.
Cada vez que eso sucedía, su rostro se volvía terrible. Sus amigos sonreían con nervios y trataban de cambiar el tema sin mencionarlo para no hacerlo sentir peor, pero no aligeraba el ambiente para nada.
Izuku sentía la preocupación en cada hebra de su ser. Él conocía a Kacchan mejor que nadie. Sabía perfectamente que su amigo de la infancia era el tipo de persona que no se guardaba sus comentarios o respuestas directas. No tenía ningún problema diciendo lo que pensaba incluso si eso terminaba lastimando a alguien, esa parte la sabía de primera mano.
No es que Kacchan fuera un hablador. En comparación a otras personas de hecho era bastante callado. Pero cuando era necesario que diera una opinión o comentario, no se mordía la lengua para dejar salir todo lo que estaba en su mente. Pero ahora no podía hacerlo.
Se enojaba cada que no podía decir lo que quería, pero odiaba más la forma en la que no podía hablar. Era un nivel de frustración y molestia que no podía entender.
Tampoco sabía si tenía algún problema con su quirk o sus habilidades físicas.
Había notado que de repente se le caía su lápiz o su borrador más de lo normal. Pero no sabía si eso era suficiente como para teorizar que en general sus capacidades físicas estaban fallando. No es como si pudiera preguntarle o verlo entrenar.
O quizás… sí podría.
Izuku dio un paso más, dio la vuelta y regresó tres pasos antes de sacudir la cabeza y volver a girarse para seguir con su camino.
Estaba vistiendo una vieja sudadera negra de su papá que le quedaba un poco grande. También llevaba unos pants verdes que generalmente no usaba porque le quedaban demasiado pegados, aunque le daban una libertad de movimiento excelente. Estaba usando unos tenis negros diferentes que se sentían fuera de lugar en sus pies. Y en la mano que llevaba dentro de la bolsa de la sudadera, tenía una máscara improvisada que se había cosido.
Con este día se cumplía una semana que intentaba ir a donde Kacchan para poder espiarlo en sus entrenamientos, y no se atrevía a último momento.
Con un suspiro siguió caminando con la cabeza baja. Le daba nervios que Kacchan lo descubriera y se enojara, por eso la máscara estaba hecha para cubrir toda su cabeza, incluyendo su cabello, y tenía suficiente tela en la zona de la boca que ahogaba un poco su voz así que si llegaba a hablar solo necesitaba hacerla un poco más grave y ya no podría ser identificado.
Decidió colocársela cuando ya estaba cerca de la casa de Kacchan.
Era sumamente sospechoso que una persona enmascarada estuviera rondando una casa buscando la manera de espiar el patio trasero. Solo esperaba que los vecinos no llamaran a la policía. O la familia Bakugou llamara a la policía. O, peor aún, Kacchan lo descubriera.
Trepándose a la barda exterior, se asomó por encima de la pared un poco.
En el gran espacio que tenía la casa en la parte posterior, Kacchan se encontraba entrenando.
Izuku no pudo evitar sentirse un poco maravillado al poder verlo. Él ya sabía que Kacchan entrenaba todos los días ya que era bastante estricto consigo mismo, pero nunca había tenido realmente la oportunidad de presenciarlo con sus propios ojos por obvias razones.
Y a pesar de que no tenía forma de compararlo con lo que Kacchan normalmente haría, Izuku sentía que había algo mal. Al menos si la expresión de Kacchan mismo le decía algo.
Estaba intentando dar una vuelta hacia atrás, con una explosión detenía su caída y se alejaba un poco de su punto original de aterrizaje. Era como una maniobra de evasión bien ejecutada si le preguntaran a Izuku. Pero al caer, Kacchan se quejaba frustrado o pateaba el piso, y lo intentaba otra vez.
Izuku se quedó bastante tiempo observando su entrenamiento, absorbiendo toda la información que podía. Cuando escuchó desde el interior de la casa la voz de Masaru anunciando que ya había regresado, decidió bajarse e irse a su casa a anotar sus nuevos conocimientos en aquella libreta cuyo título tenía “Bakugou Katsuki”.
Después volvió a ir a verlo a su casa al día siguiente.
Y al siguiente.
El cuarto día que estaba observándolo, fue el día que Kacchan de repente en medio de su entrenamiento se agachó, y con una serie de explosiones repentinamente fue en su dirección. Con su sensor de peligro punzando, Izuku hizo el cuerpo hacia atrás en el momento justo para esquivarlo.
Nueva cosa que necesitaba anotar en la libreta sobre sus propias habilidades: Sus reflejos son impresionantes.
Kacchan aterrizó en el suelo en la calle y se colocó en una posición de batalla mirándolo con enojo.
—¿Q-qué estás haci-ciendo en mi hog… en mi hog… mi casa? —Terminó su pregunta con un grito y sacando fuertes explosiones de sus manos.
Izuku casi podía sentir la ira que su amigo de la infancia vivía cada que hablaba y no podía pronunciarlo correctamente.
En general, tenía una actitud arrogante que podría tornarse a enojo con facilidad, pero desde el accidente con el villano parecía estar lleno de una creciente furia que casi no lo dejaba hacer nada más.
Por mucho que intentara empatizar, estaba seguro de que no había forma de que se imaginara la frustración que estaba viviendo al haberse visto afectado de esa manera antes de que su carrera de héroe si quiera comenzara.
—Eres un… un…
—¡No! —gritó Izuku al ver que estaba teniendo problemas al encontrar la palabra. De cualquier forma, lo que intentaba llamarlo seguro era algo negativo. Recordó hacer la voz un poco más grave. Por suerte, sabía que incluso si lo olvidara, su voz se distorsionaba lo suficiente para no ser reconocida—. No, yo solo ¡estaba preocupado!
El ceño de Kacchan se hizo mucho más profundo y unas explosiones pequeñas se hicieron presentes en sus manos.
—¿Hah?
—Eres… eres el chico que estuvo en el accidente del villano de lodo. T-te había estado buscando todo este tiempo —Izuku, aunque seguía aferrado a la parte más alta de la pared, tenía la mirada baja y la cabeza escondida entre los hombros. Su pose acostumbrada siempre que la atención del rubio estaba sobre él—. Me pareciste increíble esa vez.
No era cierto. Aunque el pensamiento de Izuku sobre Bakugou Katsuki en su totalidad es “eres increíble”, durante ese ataque Izuku no pensó en lo genial que había sido su resistencia y aguante. Solo había pensado en lo mucho que le hubiera gustado salvarlo.
—Pero… moriste temporalmente.
Hubo un nudo horrible en su garganta y sus brazos comenzaron a temblar. Seguía siendo horrible, seguía siendo insoportable pensar en eso. Aunque Kacchan estaba bien y estaba frente a él en ese momento.
—Y, sé que la hipoxia tiene consecuencias, entonces, estaba preocupado.
Izuku se atrevió a levantar un poco la mirada cuando no hubo una explosiva respuesta. Kacchan lo estaba mirando con ojos entrecerrados y de pronto, como si se aclarara su mente, dijo:
—Acosador.
Izuku se resbaló en la pared debido a la sorpresa. Aun quedando por arriba del otro, pero ya más cerca del nivel de su rostro.
—¿Qué? No, yo no. Es decir…
Parpadeó un par de veces. En realidad, no podía negarlo ¿verdad? Después de todo, si iba fingir que era un desconocido, tendría que haber investigado su nombre, su dirección y vino a espiarlo secretamente un par de días.
—Tartamudeas —dijo ignorando lo otro. Kacchan de inmediato hizo una expresión aterradora y lanzó un ataque hacia él. Izuku dio un brinco y se acuclilló sobre la pared—. Te cuesta controlar tus explosiones. Parece que tu cuerpo no reacciona como te gustaría.
Kacchan volvió a aterrizar en el suelo y lo miró con odio.
—¿Necesitas ayuda?
—¡NO NECESI-SITO-! NADA
Izuku volvió a mirar el suelo entre sus piernas dobladas que se sostenían a la barda.
Él admiraba mucho a Kacchan y su forma de siempre buscar la victoria, pero no significaba que estuviera cegado. Sabía que había cosas en las que el otro necesitaba ayuda para mejorar, como su personalidad, y simplemente se negaba a ver.
Eran pequeñas cosas que quizás podrían ser ignoradas. ¿Pero esto? Esto era diferente.
Quedaban poco más de siete meses antes del examen de admisión a la UA. Si Kacchan estaba teniendo problemas con, bueno, todo debido a las secuelas de la hipoxia que sufrió, necesitaba ayuda. No podía solo dejarlo así.
—No seas… tan idiota —dijo con los dientes apretados.
—¿Qué? —preguntó Kacchan incrédulo.
Izuku lo miró al rostro con pánico.
Porque oh, oh, oh, oh. ¿Acababa de contestarle a Kacchan? No solo acababa de contestarle, lo había insultado. No podría creer que se atreviera. Izuku siempre tenía ganas de llamarlo idiota o estúpido cada que era particularmente cruel, pero siempre se acobardaba. Y aquí estaba, diciéndoselo a la cara.
—¿Quién te… te c-crees, idiota? —gritó enojado con una explosión.
Y mientras Izuku lo esquivaba, lo entendió. El poder del anonimato era sorprendente. Solo una pequeña tela sobre su rostro y Kacchan no sabiendo que era él realmente y se sentía con confianza.
—¡Tú eres el único idiota! —le contestó— ¡No aceptando que necesitas ayuda! ¡Podrías poner en riesgo tu ingreso a la UA!
El rubio se detuvo con sorpresa y lo miró con ojos abiertos de par en par.
Izuku quería decirle más. Había tanto que deseaba decirle y que no se atrevía.
Pero con temor a que el escándalo que habían hecho atrajera atención indeseada y la policía terminara involucrada, aprovechó ese momento de duda para dar un gran salto hasta alcanzar el techo de la casa vecina y escapar.
Izuku dejó caer la cuchara que apenas llevaba hacia su boca en su tazón de cereal, salpicando leche y hojuelas por toda la mesa y su ropa.
—¡Izuku! —lo reprendió su mamá. Pero no podía apartar la mirada de su celular. Ni siquiera cerrar la boca— ¿Izuku?
Pero Izuku no contestó. Sus ojos releían la noticia una y otra vez.
Durante todo este tiempo se había mantenido atento a cualquier clase de noticia que involucrara a los Laboratorios Generales de Tectrónica Este en América, aún más si estaba relacionada con su investigación sobre creación de quirks que probaban en las arañas.
Acababa de llegarle un aviso sobre cómo los laboratorios eran clausurados porque se descubrió que sus experimentos supuestamente sanos, estaban utilizando elementos nucleares y el nivel de radioactividad en las arañas había alcanzado niveles peligrosos que habían terminado mutando y dañando a otros sujetos de experimentación resultando en su muerte.
—¿Izuku? —volvió a preguntar su mamá estirando una mano hacia él.
Se alejó como reacción. Al ver la mirada preocupada que se volvía un poco triste ante el rechazo de contacto, Izuku de inmediato agitó las manos frente a él tratando de poner una sonrisa.
—Lo siento, lo siento. Acabo de ver que olvidé por completo un proyecto importante para este lunes. No he avanzado nada. Eh, tengo que comenzar ya, ya, o no lo tendré listo. Voy a mi habitación para iniciar. Lo siento. Por favor, no me interrumpas por hoy ¿ok?
—Izuku…
—¡Por favor! —repitió con fuerza y salió corriendo a su habitación— ¡Lo siento!
Una vez que cerró la puerta se sentó en la computadora para más comodidad. El borde del escritorio seguía roto de cuando había visto los videos de Kacchan. Su mamá los había descubierto solo un par de días después y por suerte no había preguntado demasiados detalles a la cubierta de Izuku sobre un accidente con algunas pesas que tenía sin utilizar en su habitación, por estar más preocupada sobre si se había lastimado o no.
Una vez que la computadora encendió, de inmediato comenzó a buscar cualquier resultado sobre esta investigación. Era difícil, Izuku no era bueno en inglés, y algunas cosas eran traducidas de manera extraña por el traductor automático, en especial por ser palabras complicadas.
Pero después de un rato logró descifrar lo necesario.
Lo importante.
Las arañas y los sujetos no habían afectado a ninguna persona solo por exposición. Y ya se lo imaginaba tras casi tres meses en los que no hubo incidentes con quienes tuvo contacto, pero era un gran alivio estar seguro de que no afectaba indirectamente a su mamá o compañeros de la escuela.
La segunda cosa era que las arañas que habían viajado a la exposición extranjera estaban en una fase más avanzada. Estas arañas no habían muerto, pero al intentar inducir mordidas en ratones, estos mutaron y murieron de maneras dolorosas en menos de 24 horas, que era la razón por la que se había clausurado.
Izuku ya había superado esa cantidad de tiempo y no sabía qué pensar.
¿Él era una prueba exitosa?
Pero de todos modos no era fácil de digerir.
Como sospechaba, estas habilidades con las que ahora contaba no eran un quirk. Eran una mutación radioactiva. Se observó las manos un poco esperando que algo pasara. Que de pronto sus mutaciones fueran visuales, desagradables y muriera en el acto. Pero claro, nada pasó.
Cerró el puño con una conclusión clara:
No iba a poder entrar a la UA.
Puso el seguro a su puerta y dejó algo de música reproduciéndose antes de ponerse la ropa con la que había espiado a Kacchan hace unos días y salió por la ventana.
Se alejó del edificio corriendo hasta llegar a una calle un poco más concurrida. Era casi de noche así que las personas ocupadas que trataban de llegar a casa tras un pesado día de trabajo, o que salían para encontrarse con amistades, no le prestaban la más mínima atención.
Se dejó llevar por la marea de gente mientras seguía pensando en cómo no podría ser un héroe.
Así de sencillo.
La segunda oportunidad que creyó tener era una mentira. Nunca hubo tal cosa. Si acaso, había acabado con cualquier posibilidad.
En la UA, en cualquier escuela de héroes de hecho, los chequeos de salud incluían pruebas de sangre. Esto debido a que, con el paso de los años, personas habían intentado forzar su avance con drogas ilegales. De igual manera se revisaba a los héroes profesionales cada cierto tiempo por las mismas razones. Héroes desesperados por alcanzar el puesto número uno tratando de hacer alguna trampa.
No podría pasar esos test con sangre radioactiva.
No podría explicarlo.
No tener ningún quirk podría haber sido difícil, pero quizás habría encontrado una forma para ser héroe. En cambio ahora… No había nada.
Se mordió el labio sintiendo las lágrimas acumularse en sus ojos.
Quizás era alguna clase de castigo.
Siempre le dijeron que no podía ser un héroe. Su mamá lloró y se disculpó sin nunca decirle que podría ser un héroe, Kacchan y tantos otros compañeros le dijeron que no lograría ser un héroe, All Might le dijo que se dedicara a otra cosa.
E incluso mientras su mundo se desmoronaba por las palabras de su mayor héroe, había esperado un milagro.
Y esto había pasado.
Ahora ni siquiera podría ser un policía y ayudar a las personas de otra manera.
Se limpió las lágrimas que caían con su manga y siguió avanzando. De repente se sentía muy perdido. Su único deseo era ayudar a las personas con una sonrisa. ¿Por qué se le era arrebatado de tal forma?
Un pequeño grito lo hizo levantar la cabeza.
Las pocas personas que caminaban cerca no dieron indicios de haber escuchado nada, pero Izuku estaba seguro de que una mujer había gritado o intentado gritar antes de que fuera ahogado. Miró a sus alrededores buscando de dónde podría haber provenido, peor no veía nada.
Tampoco veía a ningún héroe cerca a quien pudiera comentarle sus sospechas, y no tenía tiempo de ponerse a buscar a uno si realmente existía la posibilidad de que alguien estuviera en peligro.
Se secó la cara con rapidez y se dirigió hacia donde creyó que vino el sonido. Había una bifurcación que daba a una pequeña calle que parecía ser la única opción, así que se introdujo en ella. No mucho más adelante, un poco oculto por un gran contenedor de basura, vio a un hombre forcejeando con una mujer. Con una mano le estaba tapando la boca, mientras con la otra intentaba quitarle la bolsa. Ella se estaba aferrando con ambas manos en lugar de solo dejarla ir.
Izuku no pensó en nada mientras corría dispuesto a salvarla.
Dio una fuerte patada al hombre que lo hizo salir un par de metros hasta estrellarse en la pared del fondo. Como en un primer momento ninguno había soltado la bolsa, la mujer también fue jalada por la fuerza y cayó al suelo. Izuku de inmediato se agachó a su lado.
—¿Estás bien? —le preguntó.
La mujer se comenzó a levantar con un poco de quejidos. Izuku trató de dar apoyo en su brazo, pero ella lo alejó de un manotazo.
—¿Qué clase de héroe eres? —se quejó revisando su ropa que se había roto al rasparse con el suelo—. Mira que lastimarme así. ¿Qué no te enseñaron a usar tu quirk en la escuela cuando salvas personas?
Izuku de inmediato se paralizó e hizo una mueca preocupada.
Él no era un héroe.
Nunca lo sería.
Pero más que eso, en este momento no era un héroe, por lo tanto, no tenía permitido utilizar su quirk así. Miró aún más preocupado al otro hombre que parecía estarse intentando levantar con mucho dolor.
Había lastimado a alguien, a dos personas, de hecho, usando ilegalmente sus habilidades. No importaba la razón, eso estaba prohibido.
Se puso de pie y dio unos pasos hacia atrás, de inmediato poniéndose la capucha de su sudadera agradecido de que la mujer no lo hubiera a la cara y notara que en realidad era un niño.
Quería ayudar a la mujer, quería ir a ver si el hombre estaba bien. ¿No había controlado su fuerza lo suficiente? ¿Y qué si lo había herido de gravedad? Quería ayudarlos, pero el repentino miedo de meterse en problemas lo incitó a dar la vuelta y salir corriendo.
Sin embargo, al salir de vuelta a la calle más concurrida chocó con alguien.
Aunque seguro había impactado con fuerza, la otra persona no cayó al encontrar su equilibrio de inmediato. Izuku no levantó la cabeza para disculparse como su instinto le indicaba. Mientras menos personas hubiera que pudieran identificarlo por si acaso esto se elevaba a un incidente llamativo, sería mejor. Pero definitivamente estaba dando una imagen sospechosa, huyendo y escondiendo el rostro. Así que la otra persona agarró su hombro con fuerza.
—Hey —fue lo único que necesitó decir para que Izuku supiera de quién se trataba. Observó bien las piernas que estaban frente a él y reconoció su propio uniforme. La palma que estaba sobre su hombro empezó a subir un poco de temperatura y casi podía esperar el momento de una explosión.
Era Kacchan.
Por supuesto que tenía que ser él en el peor de los momentos. ¿Qué hacía en la calle a esas horas?
Izuku lo empujó con fuerza del torso, lo que lo hizo retroceder lo suficiente para que liberara su agarre, pero no lo hizo caer ni trastabillar demasiado, porque Kacchan era demasiado bueno incluso para eso. Aun así, no perdió tiempo y de inmediato corrió dentro de la calle de la que acababa de salir.
Eso evidentemente era aún más sospechoso así que el sonido de una explosión lo dejó saber que Kacchan había decidido perseguirlo. Como pudo sacó la máscara que por suerte se había quedado en la bolsa de esa sudadera y se la colocó mientras corría. Ya estaba casi frente a la mujer, quien ahora estaba de pie, cuando la punzada en su cabeza que actuaba como sensor de peligro se hizo presente y como reflejo se agachó a gran velocidad. Escuchó más de lo que vio, a Kacchan pasando sobre él en seguramente un intento de tacleo.
Cuando por fin lo vio a la cara, su rostro y cabello ya estaban escondidos con esta sencilla máscara que solo portaba dos lentillas grandes que le permitían ver, pero no ser visto.
Kacchan le dio una mirada al hombre herido, a la mujer desarreglada y entendiendo completamente mal la escena, lo volvió a mirar con una postura de defensa.
—Eres ese ac-cosador —le dijo. Lo había reconocido de inmediato para su mala suerte.
—¡No es lo que parece! —decidió gritar Izuku aún con una mano recargada en el suelo.
—Es justo lo que parece, vi-villano de mier-da —dijo Kacchan terminando su frase casi como un gruñido como cada vez que no podía hablar de manera correcta.
Izuku sintió su sangre helarse. ¿Villano? No, no, no, no, no.
—No, él no —intervino la mujer—. Él me salvó. El villano es ese de allá —apuntó al sujeto que aún se presionaba un costado con dolor.
Kacchan la miró con una ceja levantada, y luego a Izuku otra vez.
—¿Por qué esca- esc- huías, maldito?
—Es un pésimo héroe —volvió a decir la mujer—, lastimándome a mí y luego dejándome sola. Ni siquiera llamó a las autoridades.
Izuku salió del pequeño trance que le había dejado ser llamado villano. Se estaba aclarando el asunto, después de todo. Pero seguía estando en problemas. Si Kacchan trataba de detenerlo y llamar a las autoridades no tendría escapatoria.
Kacchan ni siquiera pareció considerar las palabras de la mujer, mirándolo con ojos entrecerrados.
—Eres un —empezó a decir antes de quedarse callado. Frunció el ceño e inclinó la cabeza un poco.
De lo que Izuku había logrado observar en su interacción con otras personas, esta era su expresión al no encontrar la palabra adecuada. Izuku empezó a pensar tú puedes, tú puedes, que definitivamente le ganarían una explosión en su rostro si se atreviera a decir en voz alta, mientras buscaba alguna manera de escapar.
—No importa lo que sea —dijo Izuku. Aprovechando que nunca se irguió, usó su posición agachada para dar un brinco a la pared de la que se sostuvo—. Importa el hecho de que lo detuve ¿no es así? Porque-
—Vigilante —por fin terminó de decir Kacchan.
Hubo silencio.
Incluso dentro de la cabeza de Izuku.
—¿Un vigilante? —preguntó la mujer indignada—. No puedo creer que en serio haya de esos. ¡Con razón hiciste tan mal trabajo! Tengo que llamar a la policía.
Esta última declaración hizo que Izuku saliera de su ensimismamiento y tratara de escapar. Sin embargo, casi de inmediato su sensor de peligro punzó y tuvo que moverse a un lado para evitar una explosión.
—Voy a de-detenerte, vigilante —le medio gritó, medio gruñó Kacchan tratando de lanzar otra explosión que fue más pequeña que la primera por el problema que tenía al controlar su quirk.
Izuku pudo esquivarlo con facilidad y aferrándose a una parte superior de la pared con la cabeza hacia abajo le volvió a hablar.
—Si lo hicieras, estarías actuando como un vigilante también. ¡No tienes permiso para usar tu quirk y dañar a otras personas! Podrías manchar tu historial, Ka-… Bakugou-san.
—Def-def-defensa —intentó decir Kacchan una vez más enojándose por sus problemas de habla.
—¡No cuenta como defensa personal si no te ataco directamente! —argumentó Izuku entendiendo a qué trataba de llegar.
Un nuevo grito de la mujer hizo que ambos la miraran. El hombre que la había atacado por fin se había levantado y trataba de llegar a ella con una navaja en mano.
En lugar de atacarlo a él, como Izuku había hecho, Kacchan alcanzó el brazo de la mujer y la jaló hacia atrás para alejarla del ataque.
Izuku con muchísima menos fuerza, volvió a patear al hombre hacia atrás. Quien, por el dolor de la herida anterior, cayó una vez más al suelo.
—Ayúdala —le dijo Izuku y con grandes brincos huyó a través de la pared del edificio contiguo, ignorando la molesta expresión del joven que se notaba quería gritarle que no le dijera qué hacer.
Cuando los resultados de los exámenes del tercer semestre se publicaron, Izuku por primera vez en su vida quedó en primer lugar en los resultados.
Y por primera vez también, Kacchan quedó en segundo.
Izuku miraba la pizarra impactado. Desde el preescolar habían estado siempre en la misma escuela, por lo que inevitablemente siempre habían sido comparados junto con el resto de los alumnos. Izuku siempre se movía en el segundo y tercer lugar. Pero Kacchan nunca había salido del primero. Nunca.
Era demasiado aplicado. Era aún más obstinado. Se negaba a ser un “perdedor” de ninguna clase. A pesar de todo lo que entrenaba, siempre estudiaba más que nadie para que sus calificaciones se mantuvieran perfectas y siempre eran las más altas.
Pero había quedado en segundo lugar.
Izuku lo buscó entre el resto de alumnos y lo encontró con facilidad. Después de todo, igual que él, se buscaba en los primeros lugares, por lo que estaban parados cerca, solo unas dos personas entre ellos.
Podía escuchar los susurros de sus compañeros.
—Katsuki bajó.
—Katsuki está en segundo lugar.
—Por fin alguien superó a Katsuki.
E Izuku quería pedirles que dejaran de hablar, pero siguieron haciendo comentarios que aumentaban la ira en la expresión de Kacchan. De repente este lo miró e Izuku dio un paso instintivo hacia atrás. Su ceño fruncido estaba lleno de ira.
Desde el punto de vista de Kacchan, acababa de perder contra él en algo. Y seguramente no había nada peor que eso.
Pero en lugar de acercarse y dirigir su ira hacia él, Kacchan de repente bajó la mirada a sus manos extendidas frente a él. Su expresión se llenó de impotencia y apretó los dientes. Sus hombros estaban incluso temblando de pura rabia. Pero no volvió a mirarlo, solo se dio la vuelta y se alejó pasando a empujar a algunos compañeros. Sus amigos fueron detrás de él.
Izuku soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo y miró la pizarra otra vez.
Era evidente, que el daño que el cerebro de Kacchan había recibido por la falta de oxígeno temporal realmente lo había afectado más de lo que imaginaba.
Desde lo más profundo de su corazón sabía que Kacchan no fallaría el examen de ingreso a UA, simplemente no había forma de que eso pasara. Pero era realista pensar que tampoco conseguiría el promedio más alto, y para Kacchan eso sería casi lo mismo que reprobar.
Y después, a partir de allí ¿qué le deparaba a su futuro como héroe?
Bajó la mirada apretando los puños. Era una horrible sensación saber que había alguien en problemas y que no podía hacer nada por ayudar.
Si hubiera estado allí, volvió a insistir su mente como cada vez que pensaba en aquel incidente. Ahora sabía que no podía ser un héroe convencional. Pero eso no significaba que debía quedarse sentado sin hacer nada ¿verdad?
Cada pequeña ayuda era útil. Como esa mujer en el callejón.
Como la ayuda que Kacchan podría haber recibido en lugar de dejarlo sufriendo hasta que su cerebro sufrió una muerte temporal.
Vigilante.
Se había quedado repitiéndose en su mente desde que Kacchan lo había mencionado. Vigilante. Nunca lo había considerado porque Izuku siempre había buscado ser un héroe como era debido. Como All Might. Pero ahora esa posibilidad no existía. Y lo que sí tenía ahora era el poder de ayudar a quienes lo necesitaban, por lo que si quería ayudar a las personas, entonces no le quedaría de otra.
Ser un… vigilante.
Pero necesitaba hacerse a la idea. Ser un vigilante era ilegal. Ayudaría personas, pero rompería la ley. La ambigüedad lo hacía sentir estresado. Aquella tarde al terminar las clases comenzó a caminar por las calles observando con atención los alrededores considerando escenarios ficticios.
“Si tuviera que escapar de la policía”, “si tuviera que perder a un héroe”, “en dónde podría cambiarme sin ser visto”, “en dónde podría esconderme”.
Llegó a su casa con un dolor de cabeza debido a la confusión que sentía por solo tener que pensar semejantes cosas. Pero decidió comenzar a anotarlo en una libreta diferente. Al día siguiente hizo lo mismo. Y al siguiente.
Cuando un hombre de una panadería le preguntó si acaso buscaba algo porque era el tercer día que lo veía por ahí, Izuku optó por regresar a su casa primero a cambiarse y salir con la otra ropa que no era común en él.
Empezar a pensar formas de moverse sin ser visto.
A buscar maneras de entrar y salir a su casa sin que su mamá ni nadie lo viera.
Cada cosa que tenía que hacer que estaba mal, se sentía como un gran peso. Eso no era lo que un héroe haría. No es lo que quería hacer.
Pero entonces detuvo a un hombre que intentó llevarse a una niña en una zona donde no había héroes ni policías. Y mientras la madre y el abuelo lloraban agradecidos, Izuku decidió seguir haciéndolo de todos modos.
—En solo un mes es el examen para la UA —dijo Inko apretando un poco su mandil mientras le sonreía nerviosa—, ¿Te sientes listo?
Izuku, quien en ese momento terminaba de atar las agujetas de sus zapatos, se congeló ante el recordatorio. Se quedó mirando el suelo un momento antes de terminar de ajustar los cordones, ponerse de pie y acomodar su mochila listo para ir a la escuela.
—Creo que… después de todo no intentaré entrar a ella, mamá —le confesó.
Inko dio un pequeño suspiró que trató de ocultar. A Izuku ni siquiera le sorprendía. Su mamá le había dejado muy en claro cómo estaba en contra de que intentara entrar, porque si llegaba a quedar, podría lastimarse. Aun así, era un poco dolorosa esa reacción.
—Hay muchas otras escuelas en las que lograrás triunfar, Izuku.
—Gracias —le sonrió y abrió la puerta—. Ya me voy.
—Ve con cuidado.
De alguna manera sentía que su día había sido arruinado solo con eso.
Sabía que su mamá lo hacía con las mejores intenciones, pero seguía anhelando un poco de apoyo a su sueño frustrado.
Fue de los primeros en llegar a clase. Le dio una mirada al asiento vacío de Kacchan. Era raro que no estuviera allí ya. Como aún quedaban algunos minutos para que iniciara la clase, sacó su celular y se puso a revisar las noticias.
Casi deja caer su celular al suelo cuando un titular captó su mirada.
“¡El nuevo vigilante! ¿Mito o realidad?”
Seguido de algunas declaraciones de testigos asegurando que lo habían visto o habían sido ayudados por él. Se cubrió lo cara con una mano, leyendo el artículo entre sus dedos.
Ya llevaba medio año saliendo y deteniendo pequeños crímenes.
Una mujer que arrebató los celulares de varios transeúntes antes de huir a quien Izuku alcanzó. Unos jóvenes que intentaron asaltar una panadería. Dos hombres bebidos que intentaron robar un auto. Los incidentes en los que se involucró se amontonaron uno tras otro. Incluso había detenido a un hombre con un arma de fuego, a su vez descubriendo que sus reflejos eran mucho mejores de los que se imaginaba.
Para ese momento Izuku ya no se sentía nervioso de salir cada día.
Siempre se aseguraba de actuar rápido antes de desaparecer para evitar que alguien intentara hablarle, o peor aún, tuviera tiempo de sacar algún celular para tomar una foto. Siempre lejos de las rutas de los héroes.
Aun así, desde hacía ya casi dos meses, habían comenzado comentarios sobre su existencia en foros y redes sociales. Cada vez haciéndose un poco más y más conocido. En una sociedad superhumana donde los héroes existían de manera oficial, la mayoría estaban en su contra y esperaban que se detuviera o fuera arrestado. Eran pocas las personas que apoyaban su presencia.
Izuku sinceramente temía al inevitable momento en que la policía comenzara a buscarlo cuando tuvieran una prueba concreta de su existencia. Peor aún, si terminaba en la mira de los héroes.
Tenía que aprender a moverse con más sigilo.
Volvió a guardar su celular con nervios. Por suerte, de momento el artículo terminaba con que todo era solo un rumor.
Su atención regresó al presente cuando el profesor entró al aula. Su mirada encontró de inmediato que Kacchan no había llegado. Frunció un poco el ceño con preocupación.
Después de todo, su amigo de la infancia no faltaba ni llegaba tarde a las clases. Se negaba a permitir cualquier clase de irresponsabilidad que lo afectara. La única vez que faltó fue tras el ataque con el villano de lodo. Y después de eso se estuvo quedando hasta más tarde en la sala de profesores con clases particulares para recuperar los días perdidos.
Para su alivio, Kacchan llegó en la segunda hora.
Sin embargo, había algo diferente. Nadie más lo notó. Sus amigos solo comenzaron a preguntarle qué había sucedido y lo raro que era que no llegara antes que todos. Pero para este momento ya acostumbrados a la carencia de respuestas del otro, simplemente hicieron unos comentarios más antes de cambiar de tema de conversación.
Izuku no lo pasó por alto.
El resto del día Kacchan se estuvo removiendo en su asiento. Como si algo lo molestara en su cuerpo. Repentinamente se agarraba el cabello y lo jalaba un poco. Parecía como susurrar algo para sí mismo, lo que era una práctica completamente extraña en él siendo lo mucho que odiaba los murmullos de Izuku.
Y justo al salir por su almuerzo, cuando estaba dando vuelta en la puerta, si Izuku no lo hubiera estado siguiendo fijamente con la mirada quizás no lo habría notado, pero le pareció ver como si algo negro se asomara de dentro del uniforme por la parte de la nuca de Kacchan.
Impresionado se quedó mirando la puerta un rato hasta que fue capaz de bajar la mirada a su bento. Una imagen del villano de lodo vino a su mente, pero Kacchan seguramente estaba bien. Si algo le estuviera pasando se daría cuenta. Se defendería.
El resto del día Kacchan siguió comportándose raro.
Al salir de la escuela, Izuku se fue a cambiar de ropa y salió a seguirlo.
Mientras lo buscaba se dio cuenta de que tener que ir a su casa para buscar la ropa y volver a salir era una enorme desventaja si acaso llegaba a tener una emergencia. Hasta el momento había estado saliendo a la calle en una especie de rutina y ya allí se encontraba los problemas. Pero ahora era diferente. Hubiera sido mucho más ideal comenzar a seguir a Kacchan inmediatamente después de la escuela.
Pero no podía hacerlo como él mismo.
Este cambio de ropa no era algo que pudiera llevar en su mochila. Solo con la sudadera y los zapatos ya sería un bulto demasiado llamativo. Necesitaba una ropa diferente. Pero después pensaría en ella.
En ese momento comenzó a buscar a Kacchan primero en su casa que no quedaba tan lejos de la suya. Como se imaginó, no estaba allí, así que tuvo que empezar a recorrer las calles.
Ya estaba atardeciendo cuando por fin lo ubicó saliendo de un pequeño puesto de comida rápida. Se estaba cubriendo la boca y el estómago como si le hubiera hecho daño lo que acababa de ingerir. Las pocas personas que había pasando se espantaron cuando de repente se explotó a sí mismo el brazo izquierdo con el derecho.
—¡Cierra la boca! —gritó a nadie en específico.
No había ningún héroe ni policía cerca así que nadie lo reprimió. Izuku se movió aferrado a la pared tratando de acercarse.
Con el tiempo se dio cuenta de que la gente casi no mira hacia arriba, así que mientras más angosta la calle, más podía simplemente pasar por ahí mientras se mantuviera a dos metros de la persona más alta.
Consideró saltar y directamente preguntarle a Kacchan qué era lo que le pasaba, pero antes de que lo hiciera, este corrió y se metió a otro pequeño restaurante.
Subió hasta el techo para salir de la vista y esperó. Un rato después Kacchan volvió a salir con la misma pose como si estuviera enfermo del estómago. Y se echó a correr. Izuku lo siguió por los techos hasta que lo vio meterse a un callejón.
Lo vio inclinarse como si fuese a vomitar, pero solo se quedó en esa posición respirando de manera agitada.
La preocupación hizo que Izuku perdiera su cautela y se acercara demasiado. Kacchan notó su presencia y en un solo movimiento lo atacó.
El golpe vino tan deprisa que, con su sensor de peligro y altos reflejos, Izuku apenas si alcanzó a moverse, percibiendo el calor de la explosión darse junto a su rostro.
—Lo siento, lo siento, no quería asustarte —le dijo elevando las manos.
Kacchan lo miró con el ceño fruncido y respirando por la boca, tratando de jalar mucho aire pareciendo que le costaba respirar.
—Te vi entrar y pareces sentirte mal ¿estás bien? ¿Necesitas ayuda?
—Eres el vigilante —dijo entre jadeos.
—S-sí —aceptó.
Kacchan era la única persona con quien había hablado en esta… identidad. Así que era el único que lo había llamado así, incluso si noticias y rumores comenzaban a ubicarlo como tal. Era un poco extraño.
—¿Te sientes mal? ¿Quieres que te acompañe a un hospital?
—No necesito tu maldita ayuda, ¿crees que no voy a intentar detenerte, estúpido vigilante? —gritó Kacchan lanzando una explosión que fue mucho más rápida que cualquier otro intento que hubiera hecho antes. Izuku apenas si alcanzó a esquivarla. Su ropa se quemó un poco.
Pero sin poder enfocarse demasiado en eso, Izuku abrió los ojos e hizo una sonrisa tan grande que se imaginaba podía diferenciarse incluso a través de la máscara.
—¡Ka-! ¡Bakugou-san! Tu frase fue completamente fluida.
—¿Hah? Claro que lo fue. No soy un pedazo de estúpido, repudio de la sociedad como tú que no pudiste esforzarte en luchar por ser un héroe como todas las personas responsables.
—¡Eso fue tan cruel!, pero Ka-Bakugou-san ¡No tartamudeaste!
Kacchan entrecerró los ojos como cada vez que la palabra “tartamudeo” era mencionada a su alrededor, pero luego su expresión fue más bien contemplativa.
—No lo estoy haciendo ¿verdad?
Tras esta singular respuesta, Kacchan miró el suelo pensativo. Izuku quería preguntar si algo pasaba. Después de todo no olvidaba su extraño comportamiento que presenció en la escuela y aquí en la calle. Pero antes de que pudiera pronunciar algo, Kacchan levantó la mirada decidida hacia él.
—Hey, Vigilante. Voy a detenerte justo ahora —fue la única advertencia que recibió antes de que lo atacara.
Solo con los primeros ataques Izuku se dio cuenta de que Kacchan no solo tenía de vuelta su perfecto control sobre su quirk, sino que también parecía ser un poco más rápido de lo que recordaba que era antes del incidente.
—¡Odio a las basuras como tú! —gritó Kacchan, que con su capacidad de habla milagrosamente curada, no veía razón para guardarse sus palabras—. Creyéndote superior a todas las personas que se esfuerzan por llegar a ser héroes de verdad. ¡Piensas que puedes solo saltarte todo eso y ser un héroe patético por tu cuenta ¡¿HUH?!!
Izuku saltó de una pared a otra evitando la siguiente explosión. Se mordió el labio con dolor. Por supuesto que eso es lo que pensaría. Kacchan, quien desde siempre había querido ser un héroe como él. Entrenaba, estudiaba, analizaba, avanzaba. Cada día Kacchan lo vivía buscando llegar a ser un héroe.
Los vigilantes eran personas que no querían “pasar por esas molestias” y comenzaban a actuar de manera ilegal.
No solo Kacchan. Todas las personas pensarían así.
Nadie le agradecería. Siempre lo señalarían y le dirían “¿Por qué no trataste de ser un héroe como todas las demás personas?”
—Kacch- ¡Bakugou-san! Solo eres un estudiante de secundaria. No tienes permitido utilizar tu quirk en otra persona. ¡Lo sabes! No puedes detenerme sin romper esta regla que te meterá en problemas.
Su siguiente movimiento ocurrió en menos de un parpadeo. Cuando la palma extendida hacia su rostro parecía a punto de alcanzarlo, Izuku sintió ver como si algo negro saliera por la boca y el rostro de Kacchan y de pronto la explosión ya no fue en su dirección, sino que Kacchan la hizo dentro de su propia boca.
Con los ojos muy abiertos por la sorpresa, Izuku extendió ambos brazos y tomó a Kacchan para ayudarlo a aterrizar en el suelo. Una vez que ambos tocaron tierra, Kacchan lo apartó de un manotazo, aun con la otra mano fuertemente presionada en su rostro.
Había sido tan rápido, que Izuku hubiera pensado que fue producto de su imaginación sino fuera porque Kacchan mismo había hecho algo al respecto.
—¿Estás-? —comenzó a preguntar antes de que su sensor de peligro lo hiciera dar un salto hacia atrás para esquivar una nueva explosión.
Por un momento no se movió, el poco de humo que salía de su palma evaporándose.
—Escucha, Vigilante. En un mes es mi examen a la UA porque yo sí busco ser el mejor y no solo un perdedor en un callejón. No solo voy a entrar, voy a ser el malditamente mejor de todos —apartó la mano de su rostro y lo miró con el ceño fruncido—. Y cuando tenga mi licencia de héroe, voy a venir a detenerte personalmente.
Izuku no podía ignorarlo. Algo le estaba pasando a su amigo de la infancia. Por alguna razón su habla, control de quirk y movimientos habían sanado de un día para otro.
Pero Kacchan actuaba como si no hubiera nada malo. E Izuku sabía que no iba a poder forzar que le diera información.
—¡De acuerdo! —aceptó.
Kacchan simplemente se dio la vuelta y salió del callejón.
Izuku lo siguió con la mirada. Una conflictuada sonrisa se coló en su expresión preocupada. Esta no era la forma que quería, pero parecía que Kacchan lo estaba reconociendo, aunque fuera un poco.
—Felicitaciones, Bakugou, por haber entrado a la UA —dijo su profesor con una sonrisa viendo a su alumno aprobado con mucho orgullo.
Izuku también le dio una pequeña mirada de lado.
Kacchan tenía una sonrisa confiada y arrogante.
—Por supuesto —dijo—. Era evidente que lo lograría. Y ahora soy el primero y único proveniente de esta escuela cualquiera en entrar a la prestigiosa escuela de héroes.
—Te lo agradecemos —dijo el profesor con una pequeña risa—. Lo que me lleva a —pasó su mirada a él e Izuku bajó la vista al suelo otra vez—, Midoriya. A pesar de que habías aplicado a la UA no presentaste tu examen. Aun si lo ibas a reprobar, no es correcto haber buscado un espacio para realizar la prueba y luego abandonarla. Algún otro alumno con posibilidades podría haber perdido ese espacio por esta razón.
—Lo siento —dijo escondiendo la cabeza un poco más entre sus hombros.
—No está bien. Ya sabías cuál sería tu resultado cuando decidiste aplicar ¿te acobardaste a último momento?
Izuku entrecerró un poco los ojos. Mentiría si dijera que no era un poco doloroso cómo su profesor simplemente no le había tenido ninguna esperanza en lograr entrar. No estaba diciendo algún “no habrías sabido el resultado a menos que lo intentaras”. Directamente le decía “ya sabías que ibas a reprobar” sin ninguna duda.
—Yo no puedo ser un héroe —contestó simplemente en voz baja.
El profesor suspiró. Evidentemente de acuerdo, pero lo suficientemente educado como para no decir nada demasiado grosero.
—Sigue dando tu mejor esfuerzo, Midoriya.
—Sí —dijo Izuku con una reverencia.
—Pueden retirarse.
Al salir de la sala de profesores, Izuku inhaló profundamente y se dio la vuelta para encarar al otro que estaba cerrando la puerta.
—Kacchan —le dijo para llamar su atención—, felicidades por entrar a la UA. Sé que dentro de nada lograrás ser el héroe número uno.
No como yo.
Que incluso con una segunda oportunidad, no puedo perseguir mi sueño.
—Por supuesto que lo seré —le contestó Kacchan con un bufido. Ya no parecía estar constantemente enojado desde la recuperación milagrosa que no le explicó a nadie. En especial, ya no parecía estar tan furioso con Izuku desde que se rindió en entrar a la UA también—. No necesito el ánimo de un perdedor quirkless como tú para eso.
Dolía. Que su más grande sueño se escapara de sus dedos. Que nunca podría entrar a la escuela de su más grande héroe, que no podría graduarse y obtener el permiso del gobierno para usar sus habilidades salvando gente con una sonrisa. Dolía.
Pero esto era lo que le había tocado vivir y no podía hacer nada para cambiarlo. Por eso Izuku sonrió y se alejó.
Las últimas semanas de exámenes pasaron en un parpadeo. La ceremonia de clausura terminó.
Y de esa forma, al graduarse, los caminos de Bakugou Katsuki y Midoriya Izuku ya no tenían razón para cruzarse.
