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Hawái.

Summary:

En un principio, Blue Lock había sido un sueño, o eso fue lo que creyó; y entonces, lo perdió todo.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

En un principio, Blue Lock había sido un sueño, o eso pensó al recibir la carta.

Aunque, si tenía que ser completamente sincero, el fútbol era no más que un mero capricho. Sus padres habían dicho "no" por primera vez y una parte de él que se había negado en ese tiempo dijo "si" y Nagi, en un principio, no había sido nada más que una forma de hacerse un lugar en ese mundo. Sin embargo, en realidad, no tenía nada que perder. Las condiciones eran claras desde un principio, todo o nada, y todos ahí lo tenían claro.

Pero Reo tenía la vida resuelta. Incluso si Blue Lock fracasa y no podía jugar más fútbol, su futuro era exitoso sin dudas, la corporación Mikage estaría ahí para él, jugara o no, ganara o no, la quisiera o no.

En retrospectiva, era un ganar-ganar. Una apuesta segura, razonablemente. No habría pérdidas en esa inversión, o eso fue lo que creyó; y entonces, lo perdió todo.

. . .


Los primeros años después de "renunciar" a su sueño fueron una avalancha de sentimientos negativos que incluían enojo, frustración, tristeza y traición, pero después de 3 años la resignación se hizo cargo y las cosas mejoraron, relativamente.

Eso fue hasta que la selección japonesa del mundial fue anunciada y Nagi Seishirou apareció nuevamente.

. . .


Reo no se considera así mismo la persona más sensata que existe, pero sí bastante razonable, por eso, cuando conoció a Nagi y se quedó a su lado en un inicio por un motivo más que meramente egoísta, intento compensarlo lo mejor que pudo, dándole todo lo que podía y más, y lo mínimo que en realidad esperaba de Nagi era una mínima parte de lealtad y dedicación bilateral.

Sin embargo, independientemente de las razones "justificables" que Nagi podría tener para sus decisiones, la realidad es que, le gustara o no, lo aceptara o no, para Nagi, Reo era prescindible, y al final eso fue lo que acabo lo que sea que hubieran tenido o llegado a tener.

. . .


Una noche, estaban en su cama, jadeando y sudorosos, Nagi encima de él, tomando su pene en lo más profundo de su cuerpo caliente, sus caderas balanceándose en un ritmo lento, casi perezoso, pero sus piernas temblaban a los lados del cuerpo de Reo, su respiración era superficial, las puntas de su cabello se pegaban levemente a su piel húmeda, y Reo no podía dejar de tocar, sentir, disfrutando la sensación apretada y cálida envolviendo su eje como si algún sentido primitivo dentro de Nagi no le permitiera la idea de dejarlo ir.

Una estocada particular hizo que los ojos de Nagi se pusieran en blanco antes de cerrarse, casi dejando de respirar mientras detenía sus movimientos, pero Reo estaba ido en su propio placer, así que rápidamente tomo la cintura delgada de Nagi para darles vuelta, recostando a su pareja cómodamente para ahorrarle el esfuerzo, Nagi simplemente envolvió sus largas piernas a su alrededor y lo acercó para un beso desgarrador.

"Reo..." Jadeó entre suspiros. "Promete que no me dejarás."

Las palabras eran serias incluso con la respiración entrecortada de ambos. Demasiado serias para un momento como éste, pensó Reo, y por eso las dejó pasar. Era de conocimiento común que la gente solía decir tonterías en medio del placer. Sin embargo, el agarre de Nagi se apretó en su cabello, haciéndolo doloroso y lo obligó a verlo directamente a los ojos, que hace un momento estaban perdidos y nublados en el placer y ahora estaban firmes, casi fríos.

"Promételo." Dijo Nagi, su voz perdiendo las muestras de placer casi por completo.

Reo asintió, casi sin pensar, pero no pareció suficiente para Nagi, puesto que el agarre se apretó aún más, entonces, calmandose un poco y con la voz más regulada murmuró. "Si, si, lo prometo, Sei, no te dejaré jamás."

Entonces Nagi lo acercó nuevamente y esta vez el beso fue profundo, intenso, íntimo. Aprovechando la proximidad, Reo subió una mano para apretar el pezón rosado de Nagi, haciéndolo romper el beso para jadear, y contraer su interior, no duraron mucho más, y perdidos en el éxtasis, Nagi se acurrucó para caer dormido, confiandole a Reo todo el cuidado y limpieza posterior, y Reo, demasiado drogado con endorfinas, no le importo.

Doce días después, Blue Lock empezó.

. . .


"Simplemente no lo entiendes."

"¡Entonces explícame!" Había gritado Reo, la frustración, la ira y la traición en cada fibra de su voz. En ese momento poco le importaba estar haciendo una escena, en este punto cada interacción entre ellos era una escena.

Nagi suspiró, harto. "No me importa," Dijo, su voz suave era tan fría que parecía un extraño. "He tenido suficiente, eres un dolor en el culo, Reo."

No recuerda mucho de lo que pasó después, en realidad. El tiempo se había detenido, sus emociones se habían cerrado, el juego había dejado de importar, todo se había vuelto tan relativo que creyó que nunca más volvería a sentir, y cuando salió de Blue Lock no fue una sorpresa para nadie, excepto tal vez, para Nagi, por alguna razón.

Reo estaba caminando por el pasillo, sus cosas en el hombro, como un zombie sin ningún rumbo más que la salida donde se encontraría con Ba-Ya, cuando Nagi llegó, ni siquiera lo notó hasta que el jadeo por el esfuerzo traspaso la niebla de su cerebro y su voz jadeo, "Reo."

Reo volteó, sorprendido, y una parte de él se permitió volver a sentir, una chispa, pensó. No todo está perdido, tal vez tenía que irse de Blue Lock, pero podía recuperar a Nagi, al menos una parte era suficiente, podía conformarse, incluso, sería más que suficiente si solo pudiera tenerlo, solo necesitaba una confirmación, pensó, cualquiera que fuera que demostrara que a Nagi le importaba aunque sea un poco sería suficiente.

"Lo prometiste." Dijo Nagi y la poca esperanza que había reparado momentáneamente su ser volvió a hacerse trizas, la emoción tan fuerte fue sustituida por una rabia sin igual.

"¿Lo prometí?" Preguntó, Nagi asintió. "¿Qué prometí?"

"Que no me dejarías. Nunca."

El sonido de su risa era tan lejana en sus oídos, tan falsa, tan fría, que ni siquiera él mismo pudo reconocerla como suya. "¿Yo te deje?" Preguntó, sarcasmo filtrado en cada sonido. Nagi asintió otra vez. "¿Entonces qué? ¿Era una promesa unilateral? ¿Si yo te dejó está mal, pero si lo haces tu no hay problema? Dímelo, Sei, ¿cómo funciona exactamente?"

Nagi negó, viéndolo como si estuviera loco. "Yo nunca te prometí nada."

Un escalofrío lo recorrió entonces, la ira fúnebre que había dominado su cuerpo hasta dejar su sangre casi a punto de ebullición de pronto se había congelado, sus músculos se habían tensado tanto que parecía imposible moverse. Le tomó todo de sí articular las palabras, e incluso así parecía que hablaba con un filtro de voz, monótono. "Tienes razón. No lo hiciste. Simplemente pensé... No, no pensé. Me tengo que ir."

"Lo hice por ti, ¿sabes?" Murmuró Nagi nuevamente, y Reo sintió que se terminaba de romper.

"¿Qué hiciste por mi, Nagi? ¿Dejarme? ¿Follarte a Isagi? Hazme un favor y no hagas nada más por mi, no me interesa." Y sin esperar respuesta, salió de las instalaciones sin voltear atrás.

. . .


Una parte de él, pequeña y estúpida, en realidad creía que Nagi llamaría. Que mínimo enviaría un mensaje. Su cerebro llenándole la cabeza de escenarios hipotéticos dónde despertaría con una llamada en la madrugada y Nagi diría: "Lo siento, Reo, me equivoqué, te necesito, te amo."

Y Reo, adormilado, dejaría su orgullo de lado y todo volvería a como era antes.

Fue por esos escenarios estúpidos que no cambió su número. Que no bloqueó sus redes sociales. Que esperó. Pero Nagi nunca llamó. Nunca se comunicó.

Y tres semanas después de su salida de Blue Lock, Nagi subió una foto.

La leyenda era simple: 'Un mes ❤️'.

La foto: Isagi y Nagi sonriendo, sonrojados, juntos, felices, tranquilos.

Ese día, Reo sucumbió al alcohol y con la poca fuerza líquida que tomó, llamó a Nagi solo para que fuera directamente a su buzón de voz.

Patético, borracho, dolido y estúpido, en el poco acto de consciencia, bloqueó cada red social que existía suya, y rompió todas las posibles fuentes de contacto entre ambos.

. . .


Años después, Reo desearía una sola cosa.

Desearía que Nagi fuera un don nadie del cual nunca más sabría de él. Lamentablemente, como todas las cosas que quiere que de verdad le importan, no tiene mucha suerte.

Mientras más avanzaba el proyecto de Blue Lock, más conocidos eran los participantes y más públicas eran sus vidas.

La foto que Nagi había subido en ese entonces se hizo viral cuando firmó un contrato con Inglaterra, y en vez de reaccionar negativamente como Reo creía, la gran mayoría de personas estaban emocionados, felices y apoyaban la relación como si fuera la cumbre del amor verdadero.

Y cada vez que Isagi o Nagi subían algo en pareja, los medios explotaban y los filtros de noticias no siempre eran útiles y mientras él intentaba "sanar", llenándose de trabajo y clases, yendo a terapia y pagando idioteces para relajarse, Nagi vacacionaba con su novio en Hawái, con la vida resuelta que deseaba, haciendo del lugar su santuario del amor, o una idiotez así.

Dos años después de su periodo negativo de autosanación, finalmente recibió una llamada. Una que por mucho que juraba no esperar más, prendió la brecha en su corazón roto otra vez.

Había sido simple, en realidad. No había sido como imagino tantas noches en vela hace casi toda una vida. Nagi simplemente dijo: "Hey, Reo, estoy en Japón, ¿podemos vernos?" Y muy dentro de él sabía que debía decir: '¿Quién eres?' y colgar, pero la voz de Seishirou era un susurro suave y perezoso que había soñado con volver a escuchar dirigido a él desde que se habían separado y en contra de toda lógica y razonamiento había dicho: "¿Dónde?"

Y así, había llegado a un hotel semi lujoso cerca del aeropuerto con las intenciones de ver a su 'ex-casi-novio' dos años después de la pesadilla llamada Blue Lock.

Si no era la razón de estar en las puertas del hotel lo suficientemente patético, Reo se sentía aún más que patético intentando camuflarse cómo un camaleón entre la gente. Sin embargo, por muy fuertes que hayan sido las razones que lo trajeron aquí, no podía encontrar en él la fuerza para entrar y antes de que se diera cuenta, estaba chocando con una figura alta saliendo del lugar.

Antes de que cualquiera de los dos pudiera disculparse o insultarse, la cara conocida de Bachira Meguru se hizo visible y el cuerpo entero de Reo se tensó más de lo que ya estaba.

"¿Reo?" Dijo Bachira, y cuando Reo no contestó la sonrisa en su rostro se hizo gigante, brillante, y si era honesto, un poco cruel. "¡Que milagro! ¡Hace mucho que no te veo!"

Reo asintió, sin mucho que decir. Hace unos años, habría respondido con una mejor actitud, y quizás, cuando se necesitaba, todavía podía ser carismático, pero el recuerdo de Bachira, hace años, advirtiendo lo que sucedía e intentando ahorrarle el dolor de ese día le dejaba un nudo en el estómago.

Bachira sonrió, sus ojos entrecerrados con sospecha como si lo supiera todo a pesar de que Reo no había dicho una palabra.

"¿Está bien, no?" Dijo, su sonrisa sin llegar a sus ojos. "¿No fue suficiente?"

Reo apretó la mandíbula, sus dientes firmes provocando dolor en sus encías. "Que mierda vas a saber tú," Gruñó, pero en el fondo sabía que Meguru le estaba haciendo un favor al hacerle ver lo patético que se veía, además, Bachira sabía más de lo que alguna vez admitiría.

Bachira levantó las manos, como si estuviera calmando a un gato particularmente huraño. "Oye, no soy quien para decir que haces. De todas formas, si tanto lo quieres, es la habitación 32-B. Un placer volver a verte, Mikage-kun." Y así, desapareció, caminando como si fuera saltando por las frías calles mientras el sol se ocultaba.

Reo lo observó hasta que se supo incapaz de diferenciarlo, y todavía un rato más, luego, los recuerdos lo invadieron y se mordió la mejilla hasta que su boca sabía a hierro y con su cuerpo tenso hasta la médula, empezó a caminar del lado contrario, intentando alejarse del hotel.

No había cruzado la calle cuando su teléfono volvió a sonar.

. . .


Un día de entrenamiento en Blue Lock era comparable a una rutina semanal de ejercicios fuera del complejo, y no era común que todos tuvieran un largo baño caliente después del entrenamiento.

Ese día, sin embargo, Reo se había quedado atrás.

Nagi se había ido hace un tiempo, y las cosas se volvieron diferentes después de haber perdido. La sensación de inutilidad era nueva en él, y la espina en su pecho que le decía que algo estaba pasando en su cara no desaparecía. Incluso con el dolor muscular y la mente agotada, no podía detenerse, buscando algo, una forma de destacar entre literales monstruos y genios, y no daba con ninguna. Los parlantes con la voz robotizada fueron la única forma en la que pudo volver en sí para dar el día por terminado, incluso cuando la sensación extraña seguía presente.

La ventaja, mientras se dirigía al baño, era que podría tener el baño para sí mismo e intentar relajarse sin destrozar sus músculos, sin embargo, cuando llegó al vestíbulo para abrir su locker y sacar sus artículos de higiene, la figura de Bachira Meguru estaba sentada, inclinada en sí misma con la cabeza agachada, la toalla y su cabello húmedo ocultaban su rostro, pero el rastro de humedad por todo el piso le dijo a Reo que llevaba un tiempo así.

"¿Estás bien?" Había murmurado Reo, pero Bachira pareció ajeno a su presencia. Tomó sus cosas, agarró una toalla para ponerla en su cuello y se acercó, movió una mano frente a Bachira y volvió a preguntar nuevamente volver a ser ignorado.

'Que extraña es la gente aquí.' Pensó y se encogió de hombros, acercándose a la puerta del baño, pero antes de abrirla, Bachira finalmente habló.

"Yo que tú, no lo haría."

"¿Hacer qué? ¿Bañarme?" Bufó Reo, de verdad, la gente aquí no tenía sentido.

"Entrar." Murmuró Meguru y Reo lo ignoró, tragándose una risita de incredulidad y abriendo la puerta.

El vapor baño su cara, filtrándose como un manto cálido en su cuerpo cansado y tenso, y luego, se disipó, su visión aclarándose, y con ello, la imagen de dos cuerpos apretándose entre sí, besándose como si el mundo se estuviera acabando, tocándose como si no pudieran detenerse.

Nagi e Isagi, en un frenesí, y en contra de su mejor juicio, no hizo nada. Ni un sonido salió de sus labios, ni un movimiento de su cuerpo. Solían decir que cuando las emociones eran fuertes el ritmo de tu corazón se disparaba como si no fuera un mañana, pero Reo no podía sentir su movimiento, como si se hubiera detenido por completo.

Fue Bachira quien lo jalo un poco y cerró la puerta, dejando a las personas dentro en la inconsciencia, como si nada más existiera que ellos.

"¿C-cuánto?" Tartamudeo Reo.

Bachira entendió. "Al menos una hora, creo, esperaba a que salieran, pero no parecen tener esos planes."

Reo asintió, como un idiota y murmuro algo, antes de irse en modo automatico. Quería gritar. Hacer una escena, patear algo, golpear a Isagi, abrazar a Nagi, rogarle, por favor, por favor, por favor.

Pero no hizo nada, solo se dirigió a su dormitorio compartido, ignorando la forma dormida de Zantetsu en la litera superior, el sudor de su cuerpo era frío y le daba escalofríos, pero no podía encontrar en él la fuerza para importarle.

Se sintió una eternidad, pero finalmente, Nagi regresó.

El pelo húmedo y la cara suave, sus labios rojos, pequeñas marcas en su cuello, sin siquiera ocultarlas y todavía, en vez de enojo, sintió miedo.

"¿Hmm, Reo? ¿Qué haces despierto?" Dijo Nagi, su voz suave y cansada, como un susurro.

Sí, ¿qué estaba haciendo despierto? Pero no podía pensar en dormir, a pesar del agotamiento, y solo atinó a encogerse de hombros, a pesar de que el movimiento casi lo hizo jadear de dolor.

Nagi se acercó entonces, sentándose a su lado, su costado cálido filtrando su calidez a través de su ropa, y su cuerpo traidor se relajó con el toque, la cabeza de Nagi se apoyó en su hombro y al atisbo de su olor familiar, Reo casi llora.

"¿Tienes algo que decirme, Nagi?" Había murmurado antes de pensar, y cuando lo hizo, entró en pánico.

No quería saberlo. No en realidad.

Su pecho estaba comprimido y todo se filtró. Tener a Nagi era suficiente, incluso de esta forma. No importaba, mientras no lo supiera podía fingir, pero tarde o temprano, no sería suficiente para Nagi.

Podía apostar, de hecho, a que ya no lo era.

Nagi hizo un ruido en su garganta, como un suspiro ronco. "No, en realidad, hoy no me devolvieron mi celular."

Reo asintió, el nudo más apretado. Un silencio fúnebre, frío y luego susurró, a pesar de que probablemente Nagi se había dormido ya. "Hey, Nagi, quédate conmigo." E incluso para sus oídos, parecía una pregunta.

Tendría que aceptarlo, pues ahora, Nagi, su tesoro propio, era un sueño cada vez más lejano y no podía hacer nada para retenerlo.

Nagi asintió, luego cerró los ojos y se durmió, sentado todavía, acostado en el costado de Reo, su respiración haciendo cosquillas en su cuello, su calor lo único que le impidió derrumbarse.

No durmió el resto de la noche, y tampoco pudo moverse.

. . .


"¿Dónde estás?" Preguntó la voz de Nagi cuando contestó, lo que pareció un deje de ansiedad filtrándose en su voz, pero no se dejó engañar por su estúpido cerebro.

"Yo... no puedo hacerlo, Nagi. No puedo." El temblor en su voz fue patético, él era patético.

"¿Qué estás diciendo? Solo ven, estás cerca, ¿no? ¿Quieres que pasé por ti?"

"No puedo hacerlo, Nagi. Yo no..."

"¿Cuándo te volviste tan inseguro?" Preguntó Nagi y Reo se detuvo.

'¿Cuándo?' Pensó. 'Cuando me di cuenta que no era suficiente para ti. Cuando supe que nunca lo sería.'

Pero lo único que salió de su garganta fue una risa seca y la humedad en sus ojos casi se desborda.

"Reo," Suspiro Nagi, y su traidor cerebro pensó que tenía un deje de desesperación en su falsa voz rota. "Por favor, te necesito."

Y tan patético como era, fue lo único que necesito para caminar de regreso y subir hasta la habitación 32-B y tan pronto como Nagi abrió la puerta, se metió al cuarto y lo beso como tanto soñó por dos años.

Fue fácil caer en espiral con la puerta cerrada y Reo se dejó engañar.

El peso de Nagi, su calor, su cuerpo, su sabor, era familiar, y al mismo tiempo diferente y solo quería volver a conocerlo, así que lo hizo. La ropa estorbaba y su boca no podía tener suficiente, separarse para retirar sus vestimentas era un martirio, pero cuando cayeron en la cama sin ropa y sus bocas se volvieron a juntar valió la pena.

Nagi era alto y fuerte, pero la curva de su cintura todavía era delicada. Sus piernas eran interminables y bien formadas, pero suaves y flexibles. Su cabello era más largo, pero igual de suave. Su pecho estaba más lleno, pero sus pezones seguían siendo sensibles.

Nagi había cambiado, pero todavía era el Nagi que conocía, que quería.

"Ah, Reo..." Jadeo Nagi cuando sus dedos presionaron el lugar en su interior que hacía que sus ojos se cerraran.

Reo lo beso, sintiendo la suave piel pálida de su garganta bajo su mano y luego bajo sus dientes. Nagi estaba tan apretado que era incluso difícil mover los dedos, pero al mismo tiempo era tan receptivo que se volvió intoxicante.

Nagi enredó una de sus manos en su cabello, acariciando las hebras y jalandolo de manera simultánea, y su otro brazo estaba en su cuello, aferrado como si tuviera miedo de que desapareciera, clavando sus uñas hasta dejar medialunas en su piel.

"Sei, ¿puedo?" Murmuró entre besos, la vibración de su voz hacía que todavía estuvieran en contacto.

"Si, estoy listo." Susurro, sin soltar su agarre.

Con las limitaciones de movimiento fue un poco complicado sacar los dedos del interior de Nagi y ponerse un condón, pero el suave deslizamiento, las paredes cálidas y apretadas y la forma en que los pequeños jadeos de Nagi sonaban en su oído era tan especial que, por un momento, volvió a sentirse completo.

Nagi estaba tan condenadamente apretado que el movimiento era difícil y un poco doloroso, pero persistió. Tocó, besó, acarició y rasguño cada parte de piel extendida debajo de él hasta que pudo moverse con más libertad y disfrutar el cuerpo en sus manos, pero su cerebro, traidor, comenzó a planear en su contra.

'¿Estás bien con él? ¿Él te toca así? ¿También a él le muestras estas expresiones llenas de anhelo y placer perdido? ¿Te mira dormir? ¿Te cuida como yo lo hacía? ¿Te quiere como yo te quiero, incluso después de todo? De verdad, Sei, ¿es él tan bueno que tuviste que dejarme?'

El jadeo de Nagi en su oído y su fuerte agarre en su cabello lo devolvió al presente, alejándose de sus pensamientos en espiral; los músculos apretados de Nagi, su calor envolvente, sus brazos sosteniéndolo era un equilibrio para su mente intranquila. Reo suspiro, bajando para morder su mandíbula, su cuello, su clavícula y tomar un dulce pezón en su boca, provocando el orgasmo de Nagi casi sin querer.

El cuerpo de Nagi se apretó aún más mientras pasaba por el alto de su placer, pero Reo no se detuvo, empujando lentamente, retrasando hasta que era doloroso lo inevitable de su placer para no terminar este momento, para no tener que volver al mundo donde no podía tenerlo. 'Un poco más' pensó, pero fue inevitable, cuando Nagi suspiro en su oído 'Reo' y lo abrazó con tanto cariño en su cuerpo cansado que fue suficiente para hacerlo venir.

Cansados y satisfechos, todavía enredados entre sí al punto en el que no sabías dónde empezaba uno y termina el otro, la verdad de los hechos se hizo presente, y por más que quiso buscar en él una pizca de arrepentimiento o culpa, solo había un egoísmo satisfecho.

Se retiró de encima de Nagi y se dejó caer a su costado, solo para observar. Las pestañas largas y claras, los ojos cerrados y la diminuta sonrisa en sus labios rojos e hinchados.

"¿Por qué me llamaste, Sei?" Preguntó, un susurro involuntario mientras definía los bordes del rostro de Nagi con sus dedos.

Entonces los ojos de Nagi se abrieron y se enfocaron en él, tan profundos que el aire desapareció y las ideas estúpidas de rogar aparecieron. Mordió su mejilla para callarse y finalmente, Nagi habló.

"Dios, Reo, estábamos bien ¿ok? Y luego Isagi comenzó a quejarse como si no hubiera un mañana, reprochando cosas pasadas como si tuviera sentido, entonces dije, 'Reo no hacía esto' y fue como si lo hubiera golpeado, empezó a quejarse aún más y solo necesitaba alejarme, entonces pensé-"

La diatriba de Nagi fue interrumpida por una estruendosa risa falsa que no reconoció hasta que se dio cuenta que era suya. Su cuerpo moviéndose antes de registrarlo, tomando su ropa y poniéndosela como un robot.

"¿Reo? ¿Qué pasa?" Dijo Nagi, sus ojos abiertos y sorprendidos, como si estuviera viendo a un desconocido. Reo negó con la cabeza, la humedad en sus mejillas quemando.

"Soy tan idiota, eso pasa."

"¿De qué estás hablando, Reo? Detente."

"No. Joder, Nagi, no entiendes nada, ¿cierto? Eres tan simple que no te entiendo. ¿Tu novio se queja? ¡Tú lo escogiste! ¿'Reo no hacía esto'? ¡La única vez que me queje contigo te perdí!"

Ahora, se estaba poniendo histérico, y los ejercicios de respiración sonaban a una tontería en estos momentos, solo siguió vistiéndose frenéticamente.

De pronto, unas manos suaves y más frías que su piel hirviendo tomaron su rostro y fue como un interruptor. Se sacudió como si estuviera poseído y con violencia aventó las manos de Nagi.

"¡No me toques, maldita sea!" Gritó, aunque sonó como un sollozo.

"Reo..."

"No me llames más, no me busques más, arregla las cosas con tu estúpido novio para lo que me importa, solo déjame solo. Tú escogiste esto, inconsciente de mierda, acéptalo."

Y antes de que Nagi pudiera contestar salió del cuarto como una fiera, en el pasillo choco con alguien, pero no le importaba lo suficiente para detenerse, y cuando finalmente el frío de la noche se filtró en sus huesos y las traidoras lágrimas que habían caído se habían secado, se dirigió a la casa de sus padres, con el único propósito de ver a la mujer que lo crió y protegió, que claramente no era su madre.

Y con el calor constante de la respiración de Ba-Ya y su suave voz, finalmente fue capaz de calmarse.

Un año después, la resignación se hizo presente y todo dejó de doler.

Japón perdió la copa ese año y un tiempo después, la noticia del fin de la relación de Isagi Yoichi y Seishirou Nagi fue anunciada.

Ambas noticias no pudieron importarle menos.

. . .


Cuatro años después, podría decir que lo tenía todo.

Con unas buenas inversiones y decisiones empresariales había logrado triplicar el valor de la empresa de su familia.

Había sido nombrado en el top 3 de solteros más cotizados en la revista Forbes y su presente y futuro eran prometedores.

Incluso había logrado tener 2 relaciones estables y bastante felices, una con una inversora madura, y otra con Hiori Yo.

Reo no era un idiota que no estaba al pendiente del mayor número de noticias en su país y en el resto del mundo, pero realmente no le había interesado lo suficiente el mundial de ese año, incluso si Japón lo había ganado, pues el había estado de vacaciones en Hawái.

Fue cuando regresó, cansado por el vuelo y todavía soñando con la arena, que su puerta sonó.

Ahora, normalmente no abriría la puerta, pero Ba-Ya le había advertido que iba a llegar a recibirlo, y el tiempo no se estaba deteniendo aunque quisiera evitarlo y la cantidad de veces que la mujer que lo había criado había olvidado las llaves era una señal clara, por mucho que Reo se negara a admitirlo.

Así que sonriendo, abrió la puerta y al otro lado, estaba Seishirou Nagi con la copa del mundo en sus manos.

Notes:

Esta es la primera vez que escribo en 2-3 años, así que espero este decente.

Reo se quiere 3 pesos, pero así lo amo.

Esto como todos mis trabajos está igualmente basado en una canción básica haha.