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Su mente no es de pensar mucho las cosas, cuando tiene un objetivo en la mira, lo cumple.
Casey ya estaba moviendo sus piernas en dirección al cuerpo de Raphael, verlo rodar como una pelota de fútbol era de las cosas más alarmantes que había visto, la fuerza de ese monstruo que una vez fue humano era devastadora y lo suficientemente potente como para mandar a volar al pobre ninja de rojo.
Pero lo que más asustaba a Casey era lo rápido que estaba rodando la tortuga hacia el borde de la azotea del edificio; su caparazón será duro pero este no le salvaría de caer más de veinte pisos hacia abajo, por lo tanto, hizo lo primero que se le vino a la mente.
Frenar a Raphael.
Con esa velocidad, era imposible que Casey pudiera detenerlo, al menos no con el reducido espacio que le quedaba para estar fuera del borde, un poco frustrante. Incluso poniendo los frenos de sus patines y el ancla improvisada que estaba colocada en sus zapatos, Jones tuvo que usar todo su cuerpo para frenar a Raphael de manera salvaje, chocando el uno con el otro para parar el movimiento abruptamente.
Había funcionado, la tortuga estaba fuera de peligro... Pero ojalá poder decir lo mismo de Casey.
El grito se le quedó en la garganta mientras caía del edificio, cuando finalmente sus neuronas se encontraron una con la otra para hacer cortocircuito en su cerebro, fue ahí que logró gritar aterrorizado, llevando sus manos temblorosas al gancho ninja que Donatello había hecho para el. Sus dedos bailaron en el mango y por un segundo casi suelta el artefacto que va a salvar su vida.
Casey presiona el gatillo pero este no baja, el azabache pone más insistencia en el gesto mientras el viento lo acoge con frialdad en su caída.
— Vamos, vamos, vamos, ¡Maldita sea funciona! — Casey sacudió el artefacto, frustrado y asustado, su impacto contra el suelo estaba llegando.
El gatillo del gancho se había trabado y por más que el metalero había hecho lo posible por desatascarlo, no pudo.
Miró hacia el cielo nocturno, la cima del edificio se hacía más lejanas cada segundo y el adolescente tuvo ganas de llorar. ¿Así iba a morir? ¿De ésta manera tan poco heroica? ¡Ni siquiera había alguien que lo viese y pasase sus últimos momentos a su lado! Maldición, eso era poco metálico.
Casey emitió una risa, débil y quejumbrosa, producto de su miedo y aceptación a la muerte. Ojalá las cosas fueran distintas, quería ver cómo derrotaban finalmente al fenómeno de Shredder, quería llevar a April a su próximo juego de Hockey, hacer graffitis con Raphael y Mikey, tenía pendiente leer unos comics con Leonardo y...
Estaba esperando el momento justo para declarar sus sentimientos a Donatello, un poco cursi pero estando en el espacio no le dio mucho tiempo de hacer el ambiente adecuado para ello... Bueno, en realidad sí tuvo tiempo pero no lo hizo por sus debates mentales y los dinosaurios de mierda queriendo acabar con la tierra.
Todos esos pensamientos inundaron su cabeza y sintió una gran presión en el pecho antes de cerrar los ojos y esperar lo peor.
— ¡CASEY! — Ahora está alucinando, supone, la voz de la tortuga purpura llega sus oídos mientras cae, pensó que ese era el fin antes de ver la luz.
Luego su cuerpo es abrazado de forma brusca. Puede ver a Donatello mirarlo con horror y miedo... Sus ojos rojizos están llenos de preocupación incluso cuando el caparazón de la tortuga golpea un camión de basura, rebota y luego cae al suelo sin soltarle de ese abrazo protector.
Los dos quedan juntos, las manos de Donatello están puestas de forma estratégica para evitar lesiones mortales en Casey, suponiendo que la atrapada de último momento no fuera la más suave.
Casey jadeó, recostado de costado en el suelo y con el rostro colocado cerca de la garganta de Donnie, el azabache respira agitado, buscando centrar sus pensamientos y razonar que sigue vivo.
Que Donnie vino de quién sabe dónde a salvarlo.
— ¿Estás bien? — La tortuga pregunta, rompiendo el abrazo solo para sujetar ambos lados del rostro humano.
— Creo que mi alma dejó mi cuerpo durante la caída, pero estoy bien. — El otro se las arregló para contestar con diversión, incluso si su cuerpo estaba temblando todavía.
Donatello notó eso, su mirada se suavizó y abrazó con ternura al jugador de hockey, dejando su rostro en su hombro sin preocuparse por la cercanía o las cosquillas en su piel por la respiración de Casey.
— Santo Dios, menos mal... Pensé que no llegaría a tiempo para atraparte. —
— Pero hey, lo hiciste... Me tienes, Don. — Ahora Casey es capaz de moverse, envolviendo sus brazos en torno a la tortuga como se le es posible.
— Sí... Te tengo, ya estás a salvo, Casey. — No sabe por qué esas palabras en específico golpearon su pecho tan fuerte, pero ya se encontraba sollozando en el hombro de la tortuga.
Supone que es producto del susto ye se ha llevado al creer que iba a puto morir por colisionar contra el pavimento de un callejón en New York.
Donatello se dedicó a darle caricias en la espalda hasta que estuviera mejor, no se movió ni un centímetro incluso si era consciente de que sus hermanos y maestro necesitaban su ayuda.
Cuando finalmente Casey pudo calmarse y respirar como una persona normal, fue cuando Leonardo los encontró y le reclamó a Donatello que debían llegar a la cima. El humano sintió frío cuando el calor que se había producido entre ellos y su cercanía, desaparecía.
Sintió lástima y un cosquilleo en las entrañas, todo a la vez.
Luego todo se vino abajo cuando pudo ver el cuerpo de Splinter caer desde lo alto del edificio y los gritos desesperados de las tres tortugas con las que estaba ahora.
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Cuando pensó en volver a pisar la granja de los O'neil, no pensó que fuera para un funeral. Detestaba este tipo de cosas porque conoce bien el dolor de perder a un familiar.
Nunca había asistido a un entierro desde que su madre falleció hace años atrás cuando aún era un niño y su hermana aún usaba pañales.
Dejó a los hermanos tener su momento de luto y despedida con su maestro mientras él se encontraba sentado en las escaleras que daban a la entrada de aquella casa olvidada. Su vista no podía dejar de estar fija en los hermanos y en cómo cada uno se retiraba con el tiempo.
Casey pensó mucho en qué decirles, pero toda palabra moría en su garganta, era frustrante, quería golpear algo, maldecir a Shredder y al destino mismo por ser tan injusto... Sumergido en esos pensamientos, no notó a Donnie tomando asiento a su lado.
— Pareces pensativo, ¿Debo asustarme? — Intentó molestar, pero su voz sonaba tan... Débil, temblorosa, posiblemente había estado llorando.
— No me culpes, todo lo que ha pasado es una total mierda. —
— Supongo que tienes razón. — La tortuga pasó la palma de su mano por uno de sus ojos, secando las lágrimas que amenazaban con salir otra vez.
Casey lo notó y apretó los labios, le rompía el corazón ver a Donnie de esa manera.
Su mano se levantó y sujetó uno de los hombros del ninja, jalando su cuerpo para atraerlo a un abrazo lateral que daría paso a sus siguiente palabras:
— Ahora yo te tengo. —
— ¿Perdona... ? —
— Tu me sostuviste cuando más lo necesité, ahora yo te sostendré. — Las situaciones no eran las mismas, pero, se entendía el punto al que quería llegar.
Donatello lo miró incrédulo, formó una sonrisa triste y luego sollozó en los brazos de Casey hasta que no pudo más.
Ésta no era la forma en la que quería acercarse al ninja, pero al menos estaba satisfecho de poder ser su apoyo cuando lo necesitaba.
