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Baelon vio el momento exacto en que cualquier pensamiento tonto que Viserys tuvo al tomar la decisión que acababa de anunciar, se derrumbó.
Su hijo mayor acababa de anunciar ante el Consejo, ante el Viejo Rey, que se casaría con Alicent Hightower.
Viserys deseaba casarse de nuevo, sólo unas lunas después del funeral de Aemma. Ni siquiera había dejado pasar el año de luto.
¿Qué falta de respeto era ésta?
Aemma, esa dulce chica que fue separada muy joven de su familia para convertirse en la esposa de Viserys y que había sufrido mucho más de lo que cualquiera debería, fue pisoteada incluso en la muerte.
Él había pensado que el amor que Aemma y Viserys compartían era como el suyo con Alyssa, pero claramente se había equivocado. Baelon no había tomado una nueva esposa desde el fallecimiento de su Alyssa y nunca lo haría, pero Viserys parecía no tener la misma resolución.
Y su hijo mayor tuvo el descaro de llegar al Consejo con Alicent Hightower. Baelon no tenía duda que si no fuera porque Otto Hightower ya tenía un puesto como Maestro de Leyes, de igual manera hubiera entrado detrás de su hijo tonto.
¿Qué desvergüenza era ésta?
Pensó que le había enseñado bien a Viserys, pero claramente no fue así.
Viserys había cambiado desde que Baelon fue nombrado heredero de su padre, desde que él mismo se volvió el segundo en la sucesión al Trono de Hierro. Había cambiado más desde que se hizo amigo de Otto Hightower, alejándose de Daemon y sólo rodeándose de su querido amigo, casi descuidando a Aemma y a Rhaenyra.
Aemma misma había sido más hermana de Daemon y más hija de Baelon que Viserys en los últimos años.
Ahora era obvio porqué Otto Hightower había sido tan terco en clavar sus garras en Viserys.
No era algo inaudito que los lores y caballeros buscaran el favor de un príncipe, especialmente uno que sería rey en el futuro, todos deseosos de escalar más allá de su posición. Por ello no había resultado especialmente alarmante para Baelon ni para el rey que el chico Hightower estuviera tan apegado a Viserys, lo máximo que podía alcanzar era un puesto en el Consejo y eso ya lo tenía –por méritos propios cabía decir–, incluso aspirar a Mano del Rey cuando Viserys ascendiera; para lo que faltaba mucho, considerando que Jaehaerys Targaryen estaba cerca del centenario en edad y seguía reinando.
Ahora, sin embargo, Viserys quería convertir a la hija de Otto Hightower en su esposa, en una princesa y en una futura reina consorte.
A la joven que era la amiga más cercana de Rhaenyra.
Baelon no se sorprendió por la rotunda negativa de su padre y rey al anuncio de Viserys. Tampoco se sintió mal por la joven o el Maestro de Leyes cuando el rey enumeró las razones por las que ese matrimonio no podía ocurrir.
Una chica ándala nunca podría ser reina.
¿Qué aporta a la Corona el matrimonio con la hija de un segundo hijo?
¿Acaso eres Maegor el Cruel, teniendo una niña Hightower como esposa?
Viserys había palidecido ante la comparación, mientras los Hightower estaban sonrojados más allá de la humillación.
—Necesito un heredero, Su Gracia —dijo Viserys, pasando la vista a cada uno de los consejeros, como si esperara que ellos lo apoyaran —. Lady Alicent puede dármelo.
Su estúpido hijo no estaba diciendo eso.
No de esa manera, como si estuviera culpando a la dulce Aemma.
—Es joven y saludable —señaló con un gesto de su mano a la pobre chica que mantenía la cabeza agachada y parecía luchar contra las lágrimas —. Noble y con un linaje impecable.
—Como lo son todas las hijas elegibles de grandes Casas que están esperando el término del luto para llegar a la Corte, como es apropiado —el rey lanzó una mirada desdeñosa a Otto Hightower, quien se apresuró a aparentar vergüenza y arrepentimiento —. Damas con dotes y linajes indiscutibles. Como Lady Laena Velaryon, quien, además de tener sangre valyria, es una jinete de dragón y mi bisnieta.
Los consejeros asintieron a lo dicho, aunque la mitad de ellos esperaba empujar a sus propias hijas y nietas a Viserys, también entendía que Laena Velaryon era la más elegible sólo por su sangre y su dragón –Silverwing, la montura de la Buena Reina.
Baelon y su padre lo habían discutido un par de veces. La querida Laena, que le recordaba mucho a Aemon en su juventud, tenía sangre Targaryen, lo que mantendría pura a la siguiente generación. Además, en lo que respectaba a Baelon, era la forma de regresar el Trono a quien realmente pertenecía, a la línea de Rhaenys y Aemon.
Tal vez, con ello, podrían dar el primer paso para reparar su relación con su sobrina.
—Lady Laena es de la edad de Rhaenyra —Viserys los miró con desconcierto.
Alicent Hightower sólo era tres años mayor que Rhaenyra, pero ni Baelon ni su padre señalaron eso, esperando que Viserys se diera cuenta, pero su hijo estaba demostrando ser estúpido más allá de lo que Baelon nunca lo habría considerado.
—He dicho que lo desapruebo, príncipe Viserys —habló de nuevo el rey, siempre luciendo severo a pesar de su edad —. Este matrimonio no sucederá.
— ¡Su Gracia! ¡Por favor, no sea irrazonable!
— ¡Príncipe Viserys! —amonestó entonces Baelon.
Viserys tuvo la decencia de lucir avergonzado por su arrebato, pero inmediatamente miró a Baelon en busca de apoyo. Era la misma mirada que le daba cuando esperaba que se pusiera de su lado y no del de Daemon cuando reñían.
—El rey ha tomado una decisión, no es tu lugar cuestionarlo y sí respetarlo, Su Gracia ha explicado por qué no es posible. Yo mismo estoy en desacuerdo, Aemma se ha ido por cinco lunas y aquí estás, deseando casarte y sin siquiera respetar el proceso necesario.
Fue el turno de su hijo de bajar la cabeza.
Miró entonces a la chica.
Cómo quería cuestionarla, pero no era el lugar y tampoco quería ser innecesariamente mezquino o cruel, no importaba lo enojado que estaba con ella por atreverse a ocupar el lugar de Aemma y por traicionar a Rhaenyra.
Su nieta le había contado que Alicent pasaba cada vez menos tiempo con ella, una de las razones por las que vivía prácticamente pegada al lado de Baelon desde el funeral, que la joven actuaba inusualmente extraña y muy nerviosa.
Bueno, ahora Baelon sabía el porqué de todo eso.
Como también sabía que en gran medida se debía a Otto Hightower; tenía que ser así, de lo contrario, Alicent Hightower sería una desgracia total de la que Rhaenyra lucharía por recuperarse.
—Príncipe Baelon, el príncipe Viserys y mi hija están enamorados, lo irreflexivo de este asunto se debe a emociones fuera de su control —habló Otto Hightower por primera vez.
Baelon no lo dignó dirigiéndose a él.
— ¿Es verdad, príncipe Viserys? ¿Estás enamorado de Lady Alicent? —cuestionó y miró atentamente la manera en que su hijo frunció brevemente el ceño por las palabras de Hightower.
No se trataba de amor, Viserys no estaría vacilando de ser así.
Baelon dio mérito al pensamiento rápido del Maestro de Leyes.
Era inteligente manejar el asunto como una historia de amor, sólo así este matrimonio sin pies ni cabeza podría ser entendible en la mayoría de los círculos nobles. Ni siquiera su madre, la reina Alysanne, podría esperar separar una pareja enamorada, como no lo había hecho con Baelon y Alyssa, pese a la insistencia de su padre.
—Sí —fue la respuesta escueta.
La mayoría de los consejeros soltaron burlas suaves.
Golpeado por el coño, susurró uno.
El rey negó con la cabeza, absolutamente harto con la situación.
—El reino no se mantiene en pie por amor, mi decisión es inamovible.
Viserys entonces los miró con desesperación.
—Su Gracia, Lord Mano, ruego por su comprensión —hizo una pausa, miró a los Hightower, algo vaciló en su expresión antes de enderezarse y fruncir el ceño con severidad.
Baelon también conocía esa expresión, era la que adoptaba cuando quería defender una noción tonta sobre su honor. Esa que ponía cuando Baelon debatía asuntos reales e hipotéticos sobre el reino con sus hijos y Viserys consideraba que sus soluciones pacíficas eran indiscutiblemente mejores que las más pragmáticas de Baelon y las más violentas de Daemon.
—Este matrimonio debe ocurrir, mi heredero no puede nacer bastardo.
Un terrible silencio los envolvió a todos.
Alicent Hightower pareció hacerse más pequeña, su padre confabulador mantuvo la espalda recta y el mentón levantado.
Viserys vaciló un poco bajo la expresión de ardiente decepción de Baelon, pero no fue nada al terror que mostró cuando el rey comenzó a maldecir en alto valyrio.
Y cuando el rey le dio un ultimátum, Viserys bien podría ser un fantasma por la palidez a la que sucumbió.
—Ten tu bastardo, pero cásate con la dama adecuada y sé un rey —su padre se había levantado, sin temblores ni fragilidad, completamente despierto y fuerte por la ira del dragón —. O cásate con tu amante Hightower y sé desheredado.
…
Viserys se casó con Alicent Hightower.
Inmediatamente después, el rey Jaehaerys lo desheredó.
Cuervos volaron a todos los rincones del reino con la noticia.
El príncipe Viserys Targaryen no forma parte más de la línea de sucesión al Trono de Hierro. El nuevo heredero del príncipe Baelon era el príncipe Daemon.
…
Baelon leyó el decreto que el Septón Supremo envió desde Oldtown, era la anulación del matrimonio de Daemon y Lady Rhea. Su padre había sido rápido en solicitarlo, tan rápido como promulgó la desheredación de Viserys.
Un reina consorte sin una pizca de sangre valyria no era posible.
El Trono de Hierro no podía ser alcanzado por manos extrañas, manos que no entenderían las costumbres Targaryen ni la cultura valyria. Y la pureza de la sangre debía mantenerse para no perder el control sobre los dragones.
También, la Fe de los Siete no podía involucrarse en el núcleo central de la Casa Targaryen. Que su padre se conciliara con la Fe no significaba que le gustara o la adoptara, su postura respecto a ella era sólo un medio para un fin.
Alicent Hightower era demasiado devota de los Siete, la Casa Hightower se enorgullecía de ser defensores y practicantes de la Fe. De ninguna manera eso tenía cabida en la familia real.
Rhea Royce seguía a los Dioses Antiguos, más respetuosos y menos invasivos respecto a otras religiones, pero de igual manera no aportaba mucho a la Corona.
Baelon nunca entendió la insistencia de su madre por casar a Daemon con una dama valense cuando el Valle ya estaba aliado a la Corona por el matrimonio de Viserys y Aemma.
Ese matrimonio sólo había hecho infelices a ambas partes.
Finalmente estaba siendo corregido.
Aunque eso provocó el descontento del Valle.
Primero por Viserys casándose sin respetar el luto por Aemma y segundo, por romper el matrimonio de Lady Royce; por quitarles una posible reina con sangre valense.
Como no querían desairar más al Valle, el rey decretó que Rhaenyra se casaría con Daemon. Y como tampoco era prudente mantener la mala sangre con los Velaryon, Laena también se casaría con él.
Daemon sería el primer Targaryen en tener dos esposas desde Aegon el Conquistador.
Rhaenyra lo había aceptado con gracia, su nieta siempre había favorecido a Daemon desde niña.
Laena también se mostró bastante complacida y ya se había vuelto uña y carne con Rhaenyra desde su llegada a Desembarco del Rey.
Su sobrina Rhaenys seguía siendo fría, pero no parecía descontenta. Corlys Velaryon, aunque no del todo conforme con que su hija compartiera el título de reina, aceptó el compromiso. Ambos tuvieron el mínimo de objeciones cuando se acordó que el varón que naciera primero, independientemente de la madre que lo alumbrara, se casará con la hija primogénita de la madre contraria.
Daemon estaba muy contento, finalmente tenía a su novia valyria, dos en realidad y miraba esperanzado al futuro por sus hijos. Baelon no había visto a su hijo menor tan dolorosamente entusiasmado con su vida desde que era niño. Y no estaba considerando al Trono como parte de esa felicidad.
Lo primero que su hijo había hecho cuando le informaron la decisión del rey fue preocuparse por Viserys. Tanto por la pérdida de su herencia como por lo enojado que estaría con Daemon por tomar lo que había sido suyo.
Y Viserys sí había estado furioso, por la herencia y porque su hija se convertiría en la esposa y reina de su hermano.
Los Capas Blancas habían tenido que separarlos.
No importaba cuánto se quejara Viserys ni cuánto acusara a Daemon, fue decisión del rey y estaba hecho.
Viserys había tomado su decisión y no podía culpar a nadie, excepto a sí mismo.
Baelon se lo había dicho.
Hiciste tu cama, ahora acuéstate en ella.
…
El príncipe Aegon nació saludable y enérgico.
Un bebé regordete con el rostro y la coloración de su madre.
Baelon lo abrazó.
Rhaenyra lo arrulló.
El rey prohibió que se colocara un huevo de dragón en su cuna.
…
La princesa Helaena nació, ni siquiera dos años después del príncipe Aegon.
Una hermosa niña de rasgos y coloración valyria.
Baelon la amó instantáneamente.
Rhaenyra y Laena pronto la convirtieron en la niña más mimada de los Siete Reinos.
El rey también prohibió huevos de dragón para su cuna.
…
Daemon, Rhaenyra y Laena se casaron.
Bajo la mirada de los Siete en el gran sept y bajo la bendición de las Catorce Llamas de Valyria en Dragonstone.
Su nieta y sobrina nieta se embarazaron al mismo tiempo.
Baela Targaryen fue la primera en nacer.
Su nueva nieta, nombrada en su honor, llegó al mundo como una cosita feroz.
Coloración Velaryon, pero el espíritu de su abuela Alyssa y la sonrisa de su padre.
Jacaerys nació una luna después, tranquilo como el rocío de la mañana y con un ceño fruncido que los juzgaba a todos.
Targaryen de pies a cabeza, con los pómulos afilados de la reina Alysanne y los ojos de su madre.
El rey mismo los visitó en lugar de esperar a que se los llevaran y los acunó en sus brazos cansados. Fue la primera vez que Baelon vio sonreír a su padre desde la muerte de su madre.
Jaehaerys Targaryen escogió sus huevos y los colocó en sus cunas.
…
En los siguientes años, Baelon dio la bienvenida a muchos nietos y nietas más.
Alicent Hightower alumbró a tres niños más.
El príncipe Aemond, de cabello y ojos Targaryen, sorprendentemente parecido a Daemon, excepto por la nariz y las cejas que gritaban Hightower.
El príncipe Daeron, de cabello blanco dorado y ojos castaños, era como un Vaegon renacido, pero risueño y feliz.
La princesa Alyssa nació con los ojos desiguales de su tocaya, sin embargo, el ojo que había sido verde en la esposa de Baelon, era de color miel en su nieta. La niña era como un Viserys en miniatura; regordeta, suave y muy afable.
Rhaenyra, por su parte, tuvo cuatro niños más.
El príncipe Aerion, tan valyrio como podía ser y agudo tanto de pensamiento como de palabras.
El príncipe Aegon –Baelon sólo pudo negar con exasperación por las púas mezquinas de su hijo y nieta– era un Daemon renacido, pero de carácter serio y contemplativo.
El príncipe Viserys, quien, de hecho, tenía los ojos de su abuelo, pero con un carácter mucho más extrovertido y encantador.
La princesa Visenya, quien, como su hermano Aegon que era una copia de su padre, era la copia indiscutible de su madre. Tenía una personalidad luchadora y exigente, demasiado protectora para su tamaño pequeño y su corta edad.
En cuanto a Laena, ella los bendijo con tres niños más.
Los gemelos, Lucerys y Rhaena. Ambos de piel pálida, cabello oscuro y ojos índigo, con rizos Velaryon y las sonrisas más hermosas que alguien podía poseer. Mostraron su ascendencia Baratheon en el color de su cabello y sus ojos eran inequívocamente los de Aemon. Rhaena era gentil y encantadora, Lucerys era dulce y travieso.
Y el príncipe Monterys, el menor de todos sus hermanos y hermanas, un Velaryon indiscutible, pero con ojos lila Targaryen. Era una cosita ruidosa y temperamental a la que sólo Visenya y Baela podían seguir el ritmo, así como sólo actuaba como un ángel con sus madres y Lucerys.
Baelon los amaba mucho a todos, sin distinción.
Daría la vida por cada uno de ellos sin pensarlo dos veces, pero…
Pero no podía ser equitativo sin importar cuánto lo deseara.
No podía darles huevos de dragón a los hijos de Viserys con Alicent Hightower, mucho menos podía permitirles reclamar un dragón adulto.
En eso estaba completamente de acuerdo con su padre.
Sería una idiotez darle armas a la rama de la familia que podría levantarse contra el heredero al Trono.
Baelon nunca antes pensó en su hijo mayor como belicoso, pero desde que fue desheredado y los Hightower se apoderaron por completo de su vida, no tenía dudas que lucharía contra Daemon cuando Jaehaerys y Baelon no estuvieran.
Otto Hightower sólo tenía que susurrar las palabras correctas para hacer actuar a Viserys, como lo había estado haciendo todos esos años de amistad. La serpiente se había mostrado como era después de que fuera destituido del Consejo, atrayendo gente a su redil y afirmando a Viserys como el verdadero heredero.
Sobre todo desde que Baelon contrajo una inusual enfermedad estomacal.
Balerion casi lo había tomado, pero Daemon había volado a Essos y Laena al Imperio YiTi en busca de sanadores que pudieran ayudarlo. Y lo lograron. Si no fuera por ellos, Baelon no estaría más en el mundo.
Su querida Rhaenyra, que era amiga de los hijos e hijas de Lord Strong, el nuevo Maestro de Leyes, había averiguado que la enfermedad fue un pedido de Otto Hightower al nuevo maestre, Orwyle.
No habían hecho nada con esa información, era mejor mantenerlos vigilados que ponerlos en alerta. El único alivio de Baelon era saber que Viserys no había sido partícipe de eso, que tampoco lo hacía mejor.
Su hijo mayor era una marioneta en manos de la torres. Demasiado enojado, decepcionado y despreciado como para darse cuenta de ello. Viserys haría la guerra a su hermano, hija y nietos sólo por las acciones y palabras de extraños.
Entonces, no importaba cuánto Viserys intentara hacerlo cambiar de opinión, cuánto rogara Alicent Hightower a Rhaenyra, cuánto se enfurecieron ambos, ni cuánto entristecieran y se molestaran sus nietos, esos niños no tendrían dragones.
Ni Jaehaerys ni Baelon pondrían su Casa en tal peligro, no permitirían una guerra entre dragones. Eso sería el fin de su Casa, Baelon estaba seguro.
…
El rey Jaehaerys Targaryen, Primero de Su Nombre, el Viejo Rey y el Conciliador, estaba muerto.
Falleció a los noventa y seis onomásticos.
Baelon fue coronado el nuevo rey de los Siete Reinos.
A su vez, Daemon fue investido como el heredero al Trono de Hierro.
…
—Pero, padre, yo pensé… —Viserys se encogió bajo la mirada severa de Baelon.
— ¿Pensaste, Viserys? No lo creo. Si realmente lo hubieras hecho no habrías venido a mí con esta pretensión ridícula. Que el rey Jaehaerys esté muerto no significa que sus decretos sean ignorados o eliminados. No voy a restaurar tu herencia, Viserys.
—Soy el mayor, padre, tu primogénito. Yo soy tu heredero.
—Eres mi primogénito, es verdad, pero dejaste de ser mi heredero cuando te casaste con Alicent Hightower contra mi palabra y la de tu abuelo. Tú tomaste la decisión.
— ¡Es injusto! ¡Ridículo! ¿¡Por qué me castigarían por casarme con una mujer de mi elección!? ¡Ya había cumplido mi deber al casarme por orden de mi abuela! ¡Y Alicent es una buena mujer! ¡De cuna noble! ¡Me ha dado tres hijos y dos hijas, todos fuertes y sanos! ¡Ella me ha hecho feliz!
Baelon asintió.
—Y me alegro que seas feliz, hijo, pero la felicidad tiene un precio en esta familia. Pusiste tu felicidad por encima del deber y no te envidio eso, pero no puedes reclamar por las consecuencias de tus acciones.
Viserys abrió la boca para lanzar una nueva defensa.
Baelon levantó una mano para detenerlo.
—El deber de un heredero es trabajar para convertirse, en este caso, en un rey capaz. Es su deber actuar por el bien del reino y de su gente, de trabajar para crear una base sólida para su gobierno, de crear un poder que no sólo lo protegerá a él y a los suyos, sino que será en beneficio del pueblo. Tenías algo de eso por tu matrimonio con Aemma, pudiste mantenerlo por Rhaenyra, pero dime, Viserys, ¿tienes eso ahora? ¿Alicent Hightower te ha proporcionado lo mínimo de eso con tu matrimonio? ¿Puedes asegurarme que si te reinstaurara, tendrías el apoyo y el poder?
Viserys bajó la mirada.
No lo tenía.
Tenía a Casa Hightower, claro, tal vez el Dominio en su totalidad, y todas esas alianzas, que podían romperse fácilmente, que Otto Hightower creó, pero nada más.
Viserys y sus hijos menores no eran especialmente amados por el pueblo, apenas eran vistos fuera de las paredes de la fortaleza, donde preferían estar atendidos por sirvientes y disfrutando las comodidades de su estatus.
No tenía la lealtad de los soldados ni de los caballeros ni de los guardias, fueran de la Guardia de la Ciudad o la Guardia Real.
No tenía una relación más allá de la cordialidad y la formalidad con lores de otras Casas.
Su esposa era piadosa y devota, pero no hacía caridad más allá de regalar algunas monedas de oro cuando viajaba de la fortaleza al sept de la ciudad. Ella tampoco tenía muchas amistades entre las damas nobles y parecía que había quedado estancada en su mentalidad de juventud.
Viserys ni siquiera se había vinculado con otro dragón, lo que era entendible y respetable, pero tonto cuando pretendía mostrarse como una opción mejor que Daemon.
Él y su esposa incluso rechazaron compromisos prestigiosos para sus hijos.
Rhaenyra y Laena habían buscado las mejores parejas para los niños.
Tyshara Lannister para Aegon el Mayor, a quienes les construirían un castillo en las Tierras del Oeste. Los Lannister no estaban muy contentos con un yerno que no lucía como un dragón ni poseía uno, pero la posibilidad de que una hija resultante pudiera convertirse en la esposa del heredero de Jacaerys y Baela los convenció –la Corona nunca les prometió dicho partido, pero tampoco negaron que podría haber una minúscula oportunidad.
Ni Viserys ni Alicent lo aceptaron. Deseaban que Aegon se casara con Rhaena, pero eso nunca sucedería. Lord Corlys estaba completamente en contra de casar a una de sus nietas con el hijo de la mujer que Viserys escogió sobre su hija.
Los Lannister no tuvieron tiempo de enojarse por el desaire porque Rhaenyra pronto comprometió a Lady Tyshara con Aerion, a quien Lady Jeyne Arryn nombró su heredero. La niña Lannister sería Lady Arryn en el futuro, tal como Alyssa pudo serlo si Alicent no hubiera rechazado la propuesta de Rhaenyra.
Alyssa estaba destinada a ser una novicia de la Fe de los Siete.
Alicent Hightower se esforzaba mucho por emular a la Buena Reina Alysanne.
Su nieta era muy estudiosa y dedicada como Maegelle, pero su alegría debería ser disfrutada en libertad, no enviada a marchitarse bajo el peso de la disciplina religiosa.
Helaena fue contemplada para un matrimonio con Cregan Stark, el heredero del Norte, pero Alicent no quería enviar a su tímida princesa a sufrir con los salvajes. Su nuera planeó un compromiso con Lyonel Hightower, pero antes de que las torres dieran su respuesta, Helaena escapó.
Todo lo que su nieta dejó para tranquilizarlos fue una carta donde explicaba que se enamoró de un joven comerciante, con quien se casó a escondidas y con quien huyó a algún lugar de Essos. Escribió que ella estaría bien, que todos estarían bien, que los dragones no bailarían y que ella viviría la vida que siempre deseó.
No importó cuánto buscaron, hasta la fecha seguían sin encontrarla.
Era como si hubiera desaparecido por completo.
En su lugar, fue Rhaena quien se comprometió con el joven Stark y ella estaba bastante contenta con ello.
Aemond tuvo un arreglo parecido al de Aegon el Mayor, pero con una dama Baratheon. Lord Borros aceptó porque un castillo se construiría para ellos cerca de la frontera de las Tierras de la Tormenta con el Dominio. Su hijo y su nuera no dieron explicación a su rechazo, pero le llegaron susurros de que Otto Hightower no quería que su segundo nieto, el que lucía completamente Targaryen, cayera en las garras de los aliados de Daemon.
Era una tontería.
Por supuesto, Casa Baratheon se mantenía en el redil de la Corona, pero se debía a su relación sanguínea con la nueva generación y al temor sano que Lord Borros le tenía a Rhaenys.
Así, Aegon el Joven sería el Príncipe de Summerhall y Lady Maris sería su dama consorte.
Cuando se propuso comprometer a Daeron con la hija de Larys Strong, la niña que heredaría Harrenhall ya que Ser Harwin se había juramentado a la Guardia Real tras la baja deshonrosa de Criston Cole, Viserys argumentó que su hijo no podía ser el consorte de una dama. A Baelon le sonaron más como las palabras de Otto Hightower que las de su hijo, pero el rechazo se mantuvo.
Viserys, su nieto, tomó el lugar de Daeron en eso compromiso.
Era inaudito para Baelon cómo ellos dejaron pasar tantas oportunidades favorables.
¿No se suponía que Otto Hightower era inteligente? ¿Por qué dejaría pasar matrimonios que, en teoría, le traerían aliados?
Eran demasiado desconfiados y paranoicos.
Que a Baelon, Daemon y sus esposas no les agradaran Alicent y Otto Hightower no significaba que les desearan algún mal a los hijos de ésta con Viserys.
Los hijos de Daemon, Rhaenyra y Laena tenían ventaja ahora, pero tendrían que ser más cuidadosos a cambio. No podían permitir que los dragones estuvieran en manos de otras Casas, al menos no más allá de una generación.
Los nietos, sin apellido Targaryen o Velaryon, del trío no tendrían dragones, no a menos que se casaran con un miembro de la Corona o con los señoríos de sangre y nombre valyrios, como podrían ser los Targaryen de Summerhall y los Velaryon, de quien Lucerys sería lord.
Poco antes de que el padre de Baelon falleciera, Lord Corlys solicitó nombrar a Lucerys el heredero de Laenor. Su sobrino nieto no tenía intención de casarse, al menos no con una mujer, ni de engendrar hijos simplemente por deber, no cuando tenía sobrinos perfectos para tomar el señorío de las mareas después de él.
Visenya y Monterys no tenían herencia, pero Baelon los veía más como espíritus libres. Quién sabía, tal vez ese par conquistaría Dorne con sus encantos o a fuego y sangre.
—Hice lo correcto por Alicent —musitó Viserys.
¿Era su hijo mayor, un hombre de cincuenta onomásticos, o un niño consentido?
Desde su nacimiento, Viserys había tenido todo en bandeja de plata, siempre había estado seguro de su lugar, seguro de sus decisiones.
Dijo que hizo lo correcto por Alicent Hightower.
¿Y qué había de hacer lo correcto por Aemma? ¿Por Rhaenyra? ¿Por la Corona?
Baelon no lo cuestionó, nunca antes había recibido respuestas a ello, no las tendría en este momento.
—Ahora has lo correcto por la Casa Targaryen y la Corona —fue todo lo que dijo.
Viserys se estremeció.
Lo correcto era permanecer donde estaba porque él no era adecuado para ser el heredero, mucho menos para ser rey.
…
Otto Hightower falleció.
Una terrible enfermedad estomacal lo acabó en una semana.
Sólo Viserys y Alicent lo lloraron.
Un par de lunas después, el Maestre Orwyle fue encontrado muerto en su escritorio. Envenenado por su descuido al manejar las botellas de los venenos que había estado estudiando.
Fue reemplazado por el Maestre Gerardys, que había servido fielmente a la familia de Baelon desde Dragonstone.
Baelon eligió mirar hacia otro lado cuando su hijo, nieta y sobrina no fueron lo suficientemente rápidos en ocultar sus expresiones viciosas y sus sonrisas complacidas.
…
Jacaerys y Baela se casaron.
Baelon observó con suspicacia a su nieto mayor, Aegon, sentado entre la pareja. Era bastante desvergonzado, pero los recién casados brindaban con él, completamente alegres y cómplices.
No engañaban a nadie.
Paseó su vista por el lugar.
Rhaenyra y Laena bailaban en el centro de la pista, Daemon las observaba desde donde estaba sentado, al lado de Baelon, con ojos suaves y brillantes.
Rhaena estaba sentada con los norteños, sosteniendo sobre la mesa la mano de Cregan Stark y riendo con la adorable Sara Snow.
Lucerys estaba haciendo girar a Rhaenys en la pista de baile, su sobrina siempre seria soltaba risas encantadas cada vez que su nieto se las arreglaba para sumergirla. Lucerys tenía la delgadez valyria y todavía era bajo para su edad, pero manejar redes y remos habían fortalecido sus brazos.
Aemond lo estaba observando desde una esquina. Ese par había sido inseparable por muchos años, Aemond había sido el primo favorito de Lucerys y Aemond, a su vez, lo había mimado más que a nadie, excepto Alyssa. Sin embargo, eso cambió algunas lunas atrás cuando el hijo de Viserys casi fue quemado por Vermithor por su intento de reclamarlo.
Tuvo suerte de que Laena había estado visitando a Silverwing y logró sacarlo del camino. Ambos terminaron con quemaduras leves, pero nada que pusiera la vida en peligro. Lucerys, naturalmente, había corrido a su primo para consolarlo. Aemond no lo había recibido bien, estaba demasiado enojado y decepcionado que arremetió contra el pobre chico. Dijo palabras demasiado crueles, haciendo llorar a Lucerys.
Aemond era demasiado orgulloso para disculparse y también se sentía avergonzado por sus palabras. Ese chico tonto prefería evitar a Lucerys que arreglar las cosas. Era triste y ridículo, considerando lo obvio que era cuánto el primo mayor extrañaba al menor. Baelon no quería ni imaginar lo peor que esos corazones rotos serían si uno de ellos fuera mujer.
Apartó su mirada y encontró a Aerion y Lady Tyshara acorralando a Visenya y a Monterys. Baelon los ignoró con rapidez, no quería saber lo que sus nietos menores estaban haciendo.
Los jóvenes Aegon y Viserys estaban comiendo pasteles con sus prometidas.
Daeron y Alyssa estaban ausentes, ambos habían tomado ejemplo de Helaena y Saera, y dejaron Poniente. Su nieta no quería convertirse en septa y su nieto no iba a permitir que su hermanita se aventurara sola en el mundo.
Alicent, que había viajado con el cuerpo de su padre para darle sepultura en Oldtown, no había regresado a la capital. Oraba todos los días en el Septo Estrellado, suplicando por el regreso de sus tres hijos descarriados.
Baelon buscó a su hijo mayor con la mirada.
Lo encontró parado bajo el portal de una de las terrazas.
Viserys se veía viejo y cansado, observando todo como si no fuera un miembro de la familia, como si no fuera un Targaryen.
Como si fuera un extraño.
