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Capítulo 1
Westchester, Nueva York.
1973, 6 meses después del incidente de Washington
El proceso de restauracion de la mansion no era facil. Había una década de abandono en sus jardines y corredores. Hank y él no es que pudieran hacer mucho, así que cuando el agotamiento de Hank llego al límite del colapso y Charles termino muchas veces volando fuera de su silla de ruedas la compañía de limpieza fue llamada de emergencia. Sus negocios propios tomaron más de su tiempo, arreglar los problemas que su ausencia genero con sus abogados lo dejo derrotado.
Al final, después de seis meses la mansión estaba de nuevo adquiriendo su propio brillo. La idea de reabrir la escuela iba viento en popa y Hank estaba participando activamente con nuevas ideas y sugiriendo posibles candidatos para maestros. Aun no tienen nada establecido, pero tienen los planos de modificación a la mansión y muchas reformas más a los alrededores.
Todo hubiera ido de maravilla si no hubiera ocurrido esa llamada. Charles no quería pensar negativamente de lo que para él significa el mensaje. No es que Charles no fuera consciente de su propio pasado. Hubo muchos nombres, rostros sin identidad y más en su juventud y época de estudios, sin embargo, siempre se aseguró de ser cuidadoso. Raven bromeaba con esto llamándolo una especie de “ gigolo de clase alta”, y le aseguraba que un buen día no podría huir de sus pequeños deslices de una noche.
Jamás creyó que fuera cierto. Si bien el último desliz que podría vagamente recordar ocurrido tres o cuatro años atrás, jamás espero el resultado del mismo. Un rostro borroso, cabello rubio y una noche cálida fue lo único que su mente logro mostrarle. Claro, debía admitir de mala gana que durante ese tiempo estuvo hasta la coronilla de sueño y alcohol. Se escapó de la mansión cuando Hank dormía o pasaba demasiado tiempo en su laboratorio como para notar la falta de Charles.
Aún no le mencionaba nada de esto a Hank. Llevaba unos minutos en silencio viendo las suaves luces que la chimenea proyectaba en la habitación. Si era cierto, lo cual no dudaba, debía actuar lo más rápido posible.
Gabriel , ese era su nombre.
La voz de la mujer era firme pero aun así Charles logro comprender que había un sentimiento aún más en su tono.
- Profesor Xavier - había saludado ella- sé que esto es inesperado y no espero que comprenda, pero… usted es el único que puede protegerlo – Charles siempre abriría su puerta a todo aquel que lo necesitara por lo que si bien su nombre y su escuela se habían desvanecido a lo largo de una década, aún cabía la posibilidad de que alguien lo recordara y acudiera a él.
-Estaría encantado- había respondido en una inocente ignorancia- pero, ¿Por qué yo debería protegerlo? ¿A quién se refiere? – aún era un desastre ¿Cómo esperaba que alguien dependiera de él?, podría ser el mismísimo gobierno tendiéndole una trampa. Los medios habían estado extrañamente llamados después del incidente de Trask.
- Lo conozco. Hace cuatro años. En aquel bar. Soy Gabriel... Gabriel Haller. Estuvimos juntos y yo... yo tuve un bebé. Es suyo. Dicen que usted es uno de ellos… un mutante. Una telepata. – Charles no sabía que respondió. Su respiración se volvió agitada, sin él se dio cuenta de esto. La bomba que la mujer le empujó por teléfono fue directa, contundente. Tardíamente, mientras la línea permaneció en un breve silencio, se reconocieron los indicios de un ataque de ansiedad. Gabriel luego murmurando en un estado que parecía ser muy similar al suyo las últimas palabras que lo tenían reflexionando- él nació así… es como usted. Hace cosas… yo… trato de hacer lo mejor pero no puedo más… hay quienes lo quieren. Han estado hostigándome para que se los entregue y no puedo. No puedo llevarmelo, no sé cómo lidiar con él… usted puede, sé que puede… así que… por favor… salve a nuestro hijo… salve a David…
" David "
Ese era su nombre.
El nombre de su hijo.
David... David Charles Haller. Gabriel lo quería. Había luchado con la mutación de David por sí misma, pero por alguna razón había llamado la atención de alguien. Charles no era ingenuo. Sabía que aún hoy más que antes, nuevos Trask surgirían y operarían desde las sombras. Saber que había tenido un hijo, que este era perseguido… le dieron náuseas. La angustiosa necesidad de un trago de whisky era insoportable, pero se negaba a recaer. Gabriel… la madre de su hijo. Una mujer cuyo rostro no podía recordar.
Ella le había mencionado la dirección de un motel cerca de las afueras de Chicago.
Tenía que ir.
Recordaba su propia infancia.
El terror de descubrir su mutación.
La desesperación al no saber cómo manejar las millones de voces en su mente.
Si su hijo... su hijo ...
Si ese niño tenía su mismo poder.
Dios, aun era muy pequeño.
Debía hablar con Hank. Si se daban prisa, podrían llegar un tiempo antes de que los que perseguían a Gabriel la encontraran primero. Eso si las sospechas de ella eran ciertas.
Busco la cálida y familiar mente de Hank. Lo encontré en una de las habitaciones de la planta alta. Estaba adormilado hasta que sentí la presencia de la mente de Charles.
Le trasmitió el recuerdo de la reciente llamada y al final solo pudo escuchar los pasos pesados y rápidos de Hank dirigiéndose al estudio a toda velocidad.
La confusión que su mente emitió fue suficiente para la decisión de Charles de emprender rápido el camino.
Debía conocer al niño.
Debía confirmar si lo dicho por la mujer era cierto.
