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I hope that you know that you are what my dreams are made of

Summary:

No importa qué edad tengas, todos en este mundo reciben una marca que definirá su futuro. Tu no eres la excepción ni el primero en luchar contra el destino, pero estás determinado a ser de los pocos que logran salir vivo de eso.

En el camino, puede que incluso conozcas al chico con el que has estado soñando desde que naciste.

Notes:

- Personajes del QSMP, no personas reales.

- Fuertemente basado en varios escritos de caffeinewitchcraft en tumblr.

- Día 5 de guapoduoweek a cargo de @guapoduoartes (twitter), con el tema de fantasía.

-Advertencia por abuso infantil, canibalismo implícito (por solo una línea, pero esta ahí) y deshumanización.

Work Text:

Tienes 11 cuando aparece la marca en tu brazo. Tu abuelo, quien te ha criado desde que tus padres murieron, no parece sorprendido. Él no parece sorprenderse por muchas cosas, siempre te dice que lo entenderías si llegas a su edad.

No le dices que crees que eso es imposible, porque tienes la edad suficiente para entender qué significa la marca que te dieron. Ni siquiera entiendes cómo la conseguiste. Claro, siempre te gustaron las aventuras, pero solo porque a tus amigos les gustan también.

Pero finges que te gusta, porque se supone que debes ser como los otros niños. Y los otros niños de tu edad sueñan con tener el mismo destino que tú. No es un problema, siempre has sido muy bueno jugando a las escondidas.

Aún así, cada vez que alguien te felicita, te preguntas porqué tú. No hay nada especial en ti, salvo por algunos sueños extraños, pero esos son solo sueños.

Antes, creías que podrían ser premoniciones del futuro, como sabes que una vecina posee. Pero tienes una marca distinta que en la de tus sueños.

Crees que es injusto. La marca de tus sueños es mucho mejor.


(Estás- no, eso no es del todo correcto ¿verdad? Él está, si, “él” suena bien. Él está corriendo por un campo de flores. Ama las flores, porque su mamá le regaló un libro con sus significados y siempre le gustaron ese tipo de cosas. Lo persigue una niña, su hermana, que le grita para que vuelvan a casa antes de que anochezca.

Finalmente deja de correr. Sabe que podría perderla fácilmente, pero no quiere. Ella es su familia. Mientras que desee que regrese, lo hará.)


Creces con una espada en tus manos y te vuelves bueno en eso. A los 16, tu abuelo te envía en una aventura para volverte más fuerte. Te despides de tus amigos, pero no de Rivers. Ella sabe qué planeas hacer y prometió buscarte cuando sea mayor. Es una promesa que sabes va a cumplir.

Sigues hasta la primera ciudad como tu abuelo quería, porque tiene amigos ahí y espera que te encuentres con ellos. Una vez que te creen lo suficiente preparado para hacer el resto solo, te dejan tranquilo.

Compras una linda capa que te recuerda a una telaraña. Amas las arañas, aprendiste mucho de ellas en el campo. Pero no compras la capa solo porque es linda, pero también porque es de buena calidad pero barata. Todos la verán y se fijarán en ella primero antes de que siquiera piensen en preguntarte cuál es tu marca. Funciona, porque en estos días todos quieren saber dónde conseguir una buena capa como la suya.

Es un plan no perfecto, pero bastará por ahora. Aprendiste mucho de planes en tus sueños, estás seguro de que funcionará.


(Está corriendo, pero esta vez está solo. No te preguntas porqué, ya sabes la respuesta incluso si algo en ti te dice que no deberías saberla. El punto es- está corriendo, asustado y triste, de algo. No te gusta que esté así, es lindo ver una familia feliz. Siempre quisiste una.

Pero ahora está solo, como tú. Excepto que no es como tú en absoluto, porque todo su cuerpo duele por las piedras que el pueblo le lanzó cuando vieron su marca, y su marca quema de una manera que solo las malas marcas hacen. Está solo, pero sobrevivirá.

No sabes cómo, pero estás seguro de que lo hará.)


Te mudas a una ciudad, porque en ellas es más fácil esconderse y mucha gente significa que es más normal ver marcas como la tuya, aunque nunca la misma que tu tienes.

Conoces a Mariana, que te enseña todo lo que tu abuelo nunca quiso, y Aldo, que te enseña que pelear puede ser divertido cuando eres tú quien elige hacerlo. Decides participar en un torneo, porque tus amigos quieren ir, y no puedes dejarlos solos.

Allí es donde conoces a Spreen.


(No llega muy lejos antes de que lo capturen. Y luego hay nada, literalmente. Apenas parece saber su nombre, el cual no escuchas incluso si se lo repite antes de dormir para no olvidárselo también.

Mientras más crece, más su destino lo llama. Lo escucha, porque no sabe nada mejor, y lo lleva a un campo de guerra.

Sabes cómo se ven porque tu abuelo se la pasa hablando de las batallas en las cuales participó, como él estaría en una también y haría cosas grandiosas. También le dijeron a él que haría cosas grandiosas, pero más con enojo que con emoción.

Lo acompañas mientras se llena las manos de sangre. No sabes porqué, pero la vista no te molesta, incluso si estás un poco asqueado cuando la comida de verdad se agota y tiene que improvisar. Pero a él si le molesta, al menos al principio. No te gusta que le duela tanto, pero tiene que sobrevivir. Quieres poder conocerlo, algún día.

Es entonces cuando conoce al demonio.)


Descubre con Spreen que ama la adrenalina de una buena pelea. Descubre que es más competitivo de lo que creía. Descubre que es más astuto de lo que otros piensan. Spreen usa su marca con honor. Se supone que los guerreros, como él, están en el campo de batalla. Pero a Spreen no le importa donde lo lleve, si a la guerra o a las competencias. Sabe que ganará al final.

Admiras eso de él, y pronto la admiración se convierte en amistad, y familia, y confianza. Confías tanto que lo sigues a tierras lejanas, donde se dice que fue el origen de las marcas. Hay profetas, ahí, que ayudan a encontrar y cumplir con el destino. Tu no estás interesado en eso, pero Spreen tiene curiosidad. Te tocas la marca en tu brazo y te preguntas si sería tan malo seguirla siempre que lo tengas a tu lado.

Durante el viaje haces nuevos amigos y Spreen te presenta a su propio grupo. No todos se quedan para el resto del viaje, pero sostienes cerca de tu corazón a los que si lo hacen.

Lo primero que quieres hacer cuando llegues, les dices mientras acampan una noche que no pudieron llegar a una posada a tiempo, es vender tacos. Spreen dice que va a hacer una carrera ilegal de tortugas. Quackity quiere ser abogado y Missa quiere seguir cantando para los demás. Mariana quiere un novio y luego Quackity quiere novio, y luego Spreen les dice que eso es imposible para ellos, y luego Missa y tú tienen que terminar una pelea de comida.

Esto es lo que no dices: tu deseo verdadero es permanecer con tu familia el resto de tu vida. Esperas que lo escuchen de todos modos.


(De pronto, ya no hay más guerra y el demonio desaparece. Estás feliz por eso, porque nunca te agradó, pero lamentas que esté solo de nuevo.

Lo lamentas aún más cuando lo llevan a una celda. No sabes cómo se enteraron de la marca en su brazo, pero esa es una de las razones que utilizan para tratarlo como un animal.

Quieres gritar, destrozarlos, agarrar tu espada y clavárselas en sus gargantas, o quizás cortar sus lenguas para que no vuelvan a decirle monstruo otra vez. Quieres muchas cosas, pero esto es un sueño, así que no puedes hacer nada más que mirar.

Al menos, él es inteligente. Usa la marca a su favor y se gana el temor de todos. O casi todos, pero eso no es un problema.

Hasta que los inventores llegan para arruinar su vida.)


Tienes 21, ahora. No eres un niño ni un adolescente. En Quesadilla, encuentras más información de la que tenías antes.

Le cuentas a Spreen de tu marca y él entiende. Promete guardarlo en secreto. Te sigue tratando como antes.

No le cuentas de tus sueños, que sabes ahora que no son sueños en absoluto. Si tu marca es especial, ver la vida de otro lo es aún más, pero no de una manera tan buena en Quesadilla.

Además, eres egoísta. No quieres compartirlo.

Ahora que eres un adulto, entiendes más quién eres. Para el resto, continúas siendo el mismo pendejo sonriente de siempre, con su capa roja y su coqueteo y su pacifismo.

Pero en tu cuarto hay un mapa y un libro con información sobre prisiones. Si pudiste elegir tu destino, te esforzarás para que él también pueda.


(Es un rey y un carnicero y un monstruo. Y luego ya no lo es. Todo se derrumba como las rocas encima de él y observas en horror la sangre que sale de su pierna. Pero él es inteligente, así que le gritas para que se levante porque tiene que sobrevivir, no puede acabar así, no sin siquiera poder conocerlo.

Pero él es inteligente. Salva su vida y escapa, lejos donde nadie lo conozca.

Solo que eso no dura mucho, porque las cosas buenas nunca lo haces. Entonces se arrastra de regreso a donde todo inició.

Decidiste que tu marca no importa, pero para él lo es todo. Cumple su destino y sucumbe a la oscuridad.

No sueñas con él otra vez.)


Te quedas sin amigos y recuerdas todas las historias de héroes que te contó tu abuelo y tus vecinos y todos en tu pueblo, en un intento de que ames tu marca como ellos la aman.

En esos cuentos, los héroes siempre ganan. Vuelven a casa con amor, amigos, familia. Con un reino entero que felicita su victoria, con niños que agradecen que salvara sus vidas. Llevan la fama y las riquezas a quienes lo criaron para ser un héroe, porque los héroes no son desagradecidos. Perdona a todos los que lo molestaron, porque los héroes no guardan rencor.

Las historias que los guerreros y los profetas en Quesadilla cuentan son otras. Pero suenan similar. Hablan de héroes egoístas, egocéntricos, vengativos. Hablan de tragedias autocumplidas y la destrucción que dejan cuando no siguen con lo que los dioses solicitan de ellos.

Pero tu no eres un héroe, ni quieres serlo. No importa lo que dice la marca en tu brazo, porque no serás nada como quienes vinieron antes de ti.

No enfrentas a tus enemigos directamente, sino que tejes hilos y dejas que se enreden solo en ellos. Algunos desaparecen antes de que puedas capturarlos, pero otros sufren tu ira como lo planeaste. Ya no usas rojo, ya no es tu color. No sabes si alguna vez podrá volver a serlo.

Al final, tienes una vida tranquila. Solitaria, tal vez, pero tranquila. Sin embargo, en Quesadilla se cumplen los destinos y a la Federación no le interesa su opinión, ni la cicatriz justo arriba de su corazón, ni el vacío en tus ojos, cuando se enteran cuál es tu marca. No sabes quien les dijo o si se enteraron por si mismos. No te interesa mucho.

Te dicen algo que jamás oíste antes en voz alta, pero has sabido desde que tu abuelo te dio una espada. Los héroes solo tienen que cumplir su papel. No importa quiénes son mientras sigan órdenes. Y en Quesadilla, todo saben que los magos de la Federación son quienes las dan.

Así que reúnen un grupo para ti y te envían al bosque, donde rumores de un rey demonio han comenzado a surgir.


(Suplicas al vacío, no quieres estar solo. Por favor vuelve, te necesito. Entiendes, incluso si no de la misma manera, lo entiendes.

No tienes una respuesta.)


Al menos la parte de hacer amigos es verdad.

Es divertido molestar a Maximus, quien odia a la Federación pero teme al rey demonio aún más. Le dices que lo ayudarás a derrumbarlos si sobreviven a esto. No te cree, pero lo aprecia de todos modos.

Foolish es uno de los mejores sanadores que has conocido en tu vida, y el más fascinante. Usa métodos comunes para curarlos, a pesar de tener magia. Habla de su hija todo el tiempo y, cuando le dices medio en broma que quisieras que sea tu papá, decide que te adoptará.

Bagi es interesante. Ella es una genio y algo te resulta muy familiar. Tal vez su cara, tal vez la mirada de alguien que perdió su otra mitad. No preguntas y ella no te dice. Prefiere hablar de su novia, de todos modos.

Y luego está Jaiden.

Conoces a Jaiden primero e inmediatamente la adoras. Ella toma su destino con esperanza y cariño, y esperas que la Federación nunca traicione su confianza incluso cuando los odias. Se convierte en tu mejor amiga.


(Hay algo otra vez. Entre medio de tanta sombras, él encuentra una luz. No hay celos ni envidia de tu parte, solo inmenso alivio por saber que está vivo.

Esa luz lo llena de felicidad. Lo ama, como todos los padres deben amar a sus hijos. Descubres que él también ama a su pueblo, todos igual de monstruosos que él.

No crees que sea un monstruo. Sabes que puedes hacer peor de lo que ha hecho, que él se siente culpable de maneras en la que no lo haces. Que él es amable en donde eres despiadado, incluso en su destrucción.

Y tu no eres un monstruo, entonces él tampoco debe serlo.

Desearías poder decírselo, desearías que te creyera.)


Encuentran a Bobby es un basurero. Probablemente sería mejor dejarlo en un orfanato, con tu marca podrías darles el suficiente miedo para que lo traten como un rey. Al menos, si se queda, debería estar a cargo de Foolish o Maximus, que tienen niños propios, o de Bagi, que creció en una familia funcional.

En cambio, se aferra a Jaiden y a ti. A la vez, ustedes se aferran a él.

Te preguntas si a este rey demonio le agradan los niños.


(Ya no está solo. Está el hada, que les otorga su nombre y no pide el de ellos a cambio. Él se lo da de todos modos, porque aprecia la confianza más que nada en este mundo.

Está el fantasma, que no es realmente un fantasma pero nadie sabe lo que es. Y está seguro de que él lo había matado antes, pero está vivo. Así que debe ser algo. Nadie pregunta ni protesta cuando el pueblo comienza a llamarlo un santo.

Están los inventores, o más bien, el inventor y el curador. Ahora son amigos, incluso si todavía ninguno olvida. Estás bien con eso mientras él lo está. Además, te agradan.

Y, por supuesto, está la luz. Un pequeño dragón, más joven que tu hijo, que ama las pinturas más que cualquier princesa.

Estás feliz por él.)


Te despiertas con el corazón lleno de cariño y, debido a eso, te toma tiempo entender lo que está pasando a tu alrededor. Tu hijo duerme junto a Jaiden, acurrucados en un nido improvisado. Todos están igual, en realidad.

Mientras más se acercan al bosque maldito, más criaturas aparecen y más peleas significa más sueño al final del día.

Luego de asegurarte de que todo está bien, te fijas en lo que te despertó.

Allí, en medio del bosque, hay sombras. Pero no el tipo de sombras que existen naturalmente. Se mueven, como si quisieran acercarse pero algo se los impidiera. Te están llamando, entiendes. No sabes cómo, pero probablemente tiene que ver con tus sueños. A él le encanta hablar con sus sombras, las únicas compañías que tuvo por un largo tiempo. Por eso te paras y las sigues.

No te asustan y eso las confunde. Se supone que debes intentar luchar, pero sabes mejor que cuando eras un niño. No todos los héroes son buenas personas, no todos los reyes demonio son monstruos. La mirada devastada que Quackity tenía antes de ser exiliado es prueba de eso.

Las sombras te guían y acompañas sus susurros con una canción de cuna que aprendiste para Bobby. A ellas les gustas y, en vez de enviarte al precipicio como las mandaron a hacer, te llevan a una puerta.

Está demasiado oscuro, pero el castillo te resulta muy familiar. Cuando miras una hermosa ventana roja, tu boca se seca.

Abres la puerta y de pronto sientes espinas atrapando tus brazos, paralizándote. El rey demonio se para y discute con las sombras. Probablemente podrías saber que están diciendo, pero estás demasiado ocupado admirando al hombre.

Él se vuelve hacía ti, las espinas cortan tu piel y puedes sentir sus ojos insatisfechos ante tu falta de miedo. Desconfía de ti, pero tu te sientes como en casa, incluso si el veneno está nublando tus pensamientos.

Él mueve su boca y pasan unos segundos antes de que entiendas que te preguntó algo. No escuchaste nada, deberías decírselo ¿no? Explicar todo, ahora que tienes la oportunidad.

Pero mientras tu mirada se nubla, solo sale una cosa de tus labios.

— Eres el hombre de mis sueños.

Luego, caes en la oscuridad.


(Te estás mirando a ti mismo. O, más bien, el rey demonio te está mirando mientras duermes. Parece en pánico, su cara es un poco divertida.

También piensa que eres muy lindo, incluso si inmediatamente se arrepiente de eso. Le dices que es lindo también y como siempre no te escucha. Estás un poco decepcionado por eso, pero puedes decírselo cuando te despiertes.

Pasa un día entero antes de que abras los ojos.)


— Eres lindo.

El rey demonio, que apenas había entrado en el cuarto, regresa por donde vino y cierra la puerta con fuerza. Lo has conocido toda su vida, así que sabes que no está enojado sino en pánico porque también piensa que eres lindo. Eso te hace sonreír.

El rey demonio vuelve a entrar como si nada hubiera sucedido. Te lo quedas mirando, porque nunca pudiste antes. No había mucha agua o espejos en donde él andaba, así que no sabias que tenía ojos azules o barba o el pelo largo hasta los hombros o, en general, era un hombre guapo.

Abre la boca para hablar pero la cierra apenas se da cuenta que la miras con hambre. Te preguntas si sabe que se pone tan rojo cuando está avergonzado.

— ¿Porqué? — Es lo único que puede decir, después de mucho esfuerzo.

— Ya te lo dije, eres el hombre de mis sueños.

Te quitas la sábana ante su mirada atenta y te estiras. Sientes sus ojos en tus músculos. Cuando alzas una ceja, el aparta la mirada.

Frunce los sueños y vuelve a mirarte. Te inspecciona como si fueras un misterio particularmente frustrante. Eso es bueno, sabes que ama los enigmas, especialmente si son difíciles.

Él es inteligente, así que entiende rápido que no solo es coqueteo lo que dices. Se tensa como si lo hubieran apuñalado y, para un hombre que no se cree digno de amor, es una reacción normal al saber que tiene un alma gemela.

Vuelve a salir de la habitación. No duermes, porque a él no le gustará y entiendes que eso sería romper la confianza que ni siquiera ha construido aún.

Ahora que lo encontraste, ya no necesitas soñar. Tocas la marca en tu brazo y piensas que, en el futuro, tampoco la necesitarás.


El rey demonio vuelve después de horas.

— No dormiste.

Es un hecho. Te encojes de hombros y lo dejas sacar sus propias conclusiones.

— Tu tampoco.

Y lo sabes porque jamás duerme. Si lo hiciera, hubieras soñado cosas normales mientras más te acercabas a él, porque tus horarios hubieran coincidido. Solo puedes ver cuando él esta despierto. Siempre puedes ver.

No se sienta, pero no te molesta. Sabes que no te hará daño, nunca daña a quienes no lo merecen. Y él todavía no sabe que prefieres morir antes de hacerle daño.

— Eres un héroe. Fuiste enviado a matarme por la Federación.

Lo dice como una sentencia, pero parece muy confundido.

— Quiero decir ¿técnicamente, supongo? — Sonríes como si no fuera nada, y en realidad no lo es. Jamás planeaste matar al rey demonio de todas formas, incluso si no fuera él. Te vuelve a analizar.

— No estás planeando matarme.

Aplaudes como haces cuando Bobby responde una pregunta difícil o logra escalar el árbol más alto que encuentra.

— Es tu destino.

Tu sonrisa se borra cuando escuchas eso. Él ya no te está mirando. Suspiras y te sientas al borde de la cama, más cerca de él. Se tensa pero no se aleja, consideras eso una victoria.

— También se supone que las almas gemelas dejaron de existir como, hace miles de años. Y aquí estamos.

Su mirada se suaviza, pero duda. Quieres abrazarlo y decirle que todo estará bien, pero sabes que aún no es el momento.

En unos instantes, su cara vuelve a tener la misma expresión neutral con la cual entró. No te permites sentirte triste.

— Y aquí estamos. Te dejaré solo, más tarde vendrán a traerte comida.


Pasa una semana antes de que lo vuelvas a ver. Los primeros días solo lo acompañan las sombras, que le traen comida y agua. Después empiezas a recibir más visitas, definitivamente sin el permiso del rey.

Felps primero, lo cual definitivamente es una experiencia. Luego Pac y, con eso, Mike, quienes te dicen que abogarán por él. La conmoción, por supuesto, atrae a criaturas del vacío, que definitivamente no son los demonios chupasangre que la Federación dice que son.

El miércoles conoces a Richarlyson. Inmediatamente lo adoras. Le cuentas de tu familia y tus aventuras y las pinturas de Jaiden. Él promete visitar otra vez.

El jueves, Forever viene en su lugar. Parece furioso cuando entra en la habitación, pero te adelantas diciéndole tu nombre.

Se queda paralizado en donde está, pero no muestras ninguna duda cuando sientes su magia probando tu nombre y el peso que lleva. Sale corriendo y regresa un par de horas después, diciendo que consiguió permiso del rey para que puedas salir siempre y cuando él te acompañe.

Es una buena compañía, así que no te importa mucho.

Viernes, sábado y domingo pasan. Conoces más gente. Le pides a Felps que envíe una carta que escribiste para Jaiden, y recibes una diciendo que te esperarán hasta que él esté listo. Le enseñas a los cocineros como hacer tacos y enchiladas y un montón de cosas más, a cambio te enseñan a hacer las comidas favoritas del rey. Decoras tu cuarto con las cosas que Forever te trae.

Tu corazón duele de extrañar tanto a tu propio hijo y a tu mejor amiga y a tu padre. Extrañas a Maximus y sus teorías, a Bagi y sus historias. Ellos amarían este lugar. Pero ellos comprenden que, por ahora, necesitas hacer esto solo.

A veces, mientras juegas con Richarlyson en el jardín, sientes al rey mirándote desde la ventana. Pero cuando alzas la mirada, no hay nadie allí.


— ¿Qué es lo que quieres de mí?

Alzas la vista del libro que estabas leyendo. Parece cansado y sabes que tus propias ojeras coinciden con las de él ahora.

— ¿Me creerías si te digo que quiero que seas feliz?

Parece dudar. Dejas el libro a un lado y te levantas. No se aleja cuando te acercas, tampoco parece asustado. Notas que eres un poco más alto, probablemente por la desnutrición que sufrió de adolescente y la mala postura que tiene ahora.

— Esa es una de las razones, siempre lo será. Pero también estoy cansado de que otros quieran cambiarme para su beneficio.

Eso captura su atención y, sin quererlo, se lleva la mano a la marca. Es algo que ambos se preguntaron antes ¿qué hubiera pasado si la gente los vieran por quienes son, en vez de por lo que pueden otorgarles?

Es difícil, dejar de fingir por un segundo que todo está bien, que nada de lo que le hicieron le afectó. Pero sabes que él merece la pena. Sabes que, si hay alguien en quien puedas confiar, es él.

— Jamás harías eso.

Alzas la mano en un gesto conocido universalmente. Un saludo, para algunos, una promesa para otros. En este caso, tienes la intención de que sea ambos.

— ¿Qué tal si empezamos de nuevo? Dime tu nombre y yo te diré el mío.

— Ya sabes mi nombre.

— Quiero que tu me lo digas.

Quiero que tu me enseñes quién eres, no dices en voz alta. Pero él lo escucha de todas formas.

Aprieta tu mano.

— Cellbit, un placer.

La tomas y la llevas a tus labios. Depositas un beso en la piel manchada de negro y disfrutas de la sorpresa en sus ojos. Quita su mano y se la lleva al pecho, como si quemara. Sus mejillas están rojas y, si te esfuerzas, puede que en el futuro también puedas besarlas tanto como quieres hacerlo ahora.

A pesar de todo, Cellbit no puede ocultar la pequeña sonrisa en su cara. Tu mismo sientes ganas de reír de la emoción.

— Roier, encantado de conocerte.

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