Chapter Text
Título: Al abrigo de la noche
Autor:
intimisky
Beta: sra_danvers
Fandom: Harry Potter
Personajes: Draco Malfoy/Harry Potter/Hermione Granger
Rating: R
Extrensión: ~10k
Resumen: A veces el alma debe viajar mucho hasta encontrar el lugar al que pertenece; otras, sólo debe abrazar los retazos de felicidad amparada en la oscuridad de la noche y del tiempo.
Advertencias: Infidelidad. Muerte de un personaje (no principal). Posible destrozo de leyes físicas.
Nota: Esta historia jamás hubiera visto la luz sin
mirita23,
sky_hermione y
sintonia, y es para ellas en primer lugar. Decir que sra_danvers se merece un premio a la paciencia y a la buena voluntad es poco en este caso, pero absolutamente cierto también. Todas las citas que dan lugar a las distintas secciones del relato pertenecen a la obra Anam Cara: A Book of Celtic Wisdom de John O'Donohue. De igual manera, el largo canto ritual del final es una adaptación libre de una de las bendiciones del mismo libro.
"Love is the threshold where divine and human presence ebb and flow into each other."
¿Dónde diablos estaban los refuerzos? Ron y su equipo apenas daban abasto contra los oponentes que mínimamente les duplicaban en número. Los cuatro Aurores poseían mucha experiencia de campo y, sin embargo, en algunos momentos se veían superados por los hechizos y maldiciones que les caían desde cada rincón de ese taller en desuso. Llevaban meses tras la pista de esos maleantes. Siendo la sociedad mágica tan tradicional y con costumbres más bien antiguas, la irrupción de garitos de juego y prostíbulos era casi como si por fin estuviera llegando al siglo XIX. Las cosas cambiaron radicalmente de color cuando se filtró la información de que en esos antros se traficaba con personas.
Para incredulidad de todos quienes estaban al tanto de la situación, los burdeles funcionaban a base de esclavos, magos y brujas o muggles. Estaban tan bien organizados que no había manera humana de rastrearlos oportunamente y siempre iban un paso por delante del cuartel de Aurores. Harry había asignado a Ron al caso luego de perder a Casper Dearborn –probablemente el Auror con mayor talento natural para operar como topo en cualquier organización– o mejor dicho, luego de recibir la mano derecha y la varita que fueran del mago. Con toda la información que Casper logró hacerles llegar antes de ser descubierto, Ronald tenía una idea más o menos clara de los movimientos de la banda y de las razones por las que no podían ser detectados.
Hacía más de cuatro meses que no pasaba siquiera por casa y no se comunicaba con Hermione para evitar que toda la tapadera volara por el aire; lo que no era algo novedoso o inusual y, además, todo su equipo pasaba por idéntica situación. Para infiltrarse debieron crear falsas identidades, mudarse a otras residencias y vivir vidas dobles por meses, hasta por fin ser admitidos en la nómina de clientes, Casper había dicho la verdad las únicas dos maneras de ingresar eran siendo invitados por los dueños o siendo "reclutados" como esclavos sexuales.
Así que allí estaba en plena batalla y los refuerzos no llegaban. Entendía que las barreras Antiaparición fueran una de las causas de la ausencia de los demás, pero no era propio de Harry dejar que el equipo de avanzada fuera emboscado hasta la muerte antes de encontrar la manera de enviar ayuda y menos cuando la operación había sido planeada al detalle. Algo de todo eso le hacía un ruido terrible al Jefe de Escuadrón, pero honestamente no era momento para ponerse a pensar en nada distinto de lo que se traía entre manos. Vio a dos mujeres correr hacia él y Travis en el momento en que los rayos verdes les daban en plena espalda dejándolas suspendidas en el aire y el tiempo por un instante y al siguiente caídas como muñecas rotas en una posición antinatural a escasos pasos de los dos Aurores. Oakby gritó desde algún lugar a la izquierda y la explosión del muro exterior desorientó a todos cubriendo la atmósfera viciada de polvo y el hedor a carne quemada y sangre que acompañaba las pesadillas de Ron desde hacía veinte años.
Un cuerpo se estrelló contra el del pelijorro y el sollozo femenino fue como un despertador para los sentidos protectores del Auror.
– ¡Depulso!
– ¡Confringo!
– iImpedimenta!
– ¡Crucio!
– ¡Protego!
– ¡Avada…!
Las maldiciones parecían haber arreciado desde el evidente intento de ayuda exterior. La voz de uno de los malhechores llegó clara desde el aire cuando el hechizo ya hacía impacto en la estructura del edificio.
– ¡DEPRIMO!
Lo último que vieron los azules ojos de Ron Weasley fueron los cabellos rubios de la mujer entre sus brazos y toneladas de acero y cemento caer sobre ambos, pero la imagen que llenó su mente fue la de la esposa que ya no vería parada junto a Harry con el pequeño Hugo de la mano al despedir a Rose meses antes en la Estación de King's Cross.
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“We do not need to grieve for the dead. Why should we grieve for them? They are now in a place where there is no more shadow, darkness, loneliness, isolation, or pain. They are home.”
Con treinta y nueve años, y viuda hacía poco menos de dos, Hermione Granger-Weasley era una de las personas menores de cincuenta y con más alto rango en el Departamento de Seguridad Mágica. Su labor era reconocida por la mayoría y el respeto que se había ganado poco o nada tenía que ver con la última guerra y mucho con la tenacidad y compromiso con que arremetía cada tarea en la que se veía involucrada.
Perder a Ron había sido sin duda el dolor más grande en la vida de la bruja y de no ser por sus hijos y algunas personas realmente cercanas probablemente su historia sería diferente. ¿Quién se imagina que el mejor amigo y amante de toda la vida un día sencillamente dejaría de existir en este plano? ¿Quién entiende el vacío en el pecho que la partida sin retorno de otro ser humano puede dejar? ¿Quién se atreve a imaginar la soledad de una cama que por años fue fuente de seguridad y el placer más completo?
Hermione no era una mojigata. Con Ron se habían iniciado juntos en los caminos de las relaciones maduras y del sexo. Juntos habían aprendido a escuchar, aconsejar y callar; juntos habían enfrentado la paternidad, la fama no buscada, la rutina de los años de matrimonio y el formar parte de una familia que parecía no dejar de crecer. Ahora el lado derecho de la cama permanecía frío y era el recordatorio diario de que la mirada amorosa o hambrienta de Ron ya no la recibiría para empezar una nueva jornada y sus brazos tampoco estarían para cobijarla al llegar la noche. Sin embargo, cuando las puertas del ascensor del Ministerio se abrieron todos esos pensamientos quedaron atrás y empezó una nueva semana laboral para la bruja, porque si había aprendido algo de tanto dolor, era que la vida continuaba.
— Buenos días señora Weasley.
— Buenos días, Megan, ¿cómo sigue tu madre? —apenas oyó la respuesta de la chica cuando ya otra voz se dirigía a ella.
— Tiene un par de lechuzas urgentes para responder, señora Weasley.
—Gracias Tony, lo haré a la brevedad ni bien me interiorice de la situación.
Llegando a la puerta de su oficina, la inconfundible voz de Draco Malfoy la hizo ralentizar el paso hasta casi detenerse.
— ¡Granger! ¿Se puede saber por qué motivo nos recortarán el diez por ciento del presupuesto como Departamento? —Sin esperar respuesta, continuó— ¿No se supone que tu función como Enlace Interdepartamental es velar por los intereses de todos y mantenernos al tanto si algo así se trama entre los "túnicas púrpura"?
— Buen día, Malfoy, es Granger-Weasley o Weasley a secas —Con un movimiento de varita abrió la puerta y una vez dentro se hizo a un lado para permitir el ingreso del rubio Inefable.
— Semántica.
— Respeto, Malfoy, no semántica —una vez que dejó su bolsa y se hubo situado detrás del escritorio, indicó al mago que tomara asiento—. No fui yo, créeme que no fui yo quien permitió que varios Departamentos se vieran tan malamente afectados.
— No lo digas… —El tono belicoso de Malfoy decayó a uno de profunda ira teñida en algo peligrosamente parecido al desaliento— Aunque mejor es saberlo antes de que ataque nuevamente ¿Qué diablos hizo esta vez?
Ninguno necesitaba nombrar al responsable de este nuevo desaguisado ministerial, ya que ambos conocían de primera mano el pobre accionar del nuevo Secretario de Asuntos Ministeriales, cargo que si alguien le preguntara a Draco Malfoy se enteraría de que era sólo un nuevo órgano de burocracia innecesario que afectaba al erario público. Herbert Jorkins era el pomposo y poco menos que inútil mago que ostentaba el cargo.
— Cuando Sonja Hopkirk planteó la necesidad de reducir el presupuesto destinado a eventos deportivos, él se puso raudo en pie y soltó la bomba de que era preferible disminuir porcentajes proporcionales de los distintos departamentos y asegurar que, y cito, "la comunidad mágica tendrá el merecido entretenimiento que se ganó luego de décadas de luchas contra la oscuridad".
— Claro, porque todo el asunto con Riddle fue para hacernos merecedores de buenos campeonatos de Quidditch —el Inefable no supo cómo el veneno de sus palabras no hizo un profundo hoyo en la pared.
— Ni falta hace decir que todos los idiotas con gónadas exteriores votaron a favor y…
El rugido de risa que cortó las palabras enojadas de Hermione no era ni feliz ni provenía de Draco.
— Potter, bueno es ver que alguien encuentra algo positivo en toda esta mie…
— ¡Malfoy! No hay necesidad de ser grosero —el tono de la bruja era el que utilizaba regularmente con sus hijos y añadió—: y tú, Harry, no comparto la forma pero estoy de acuerdo con Malfoy en que nada de esto es gracioso.
— ¿Se lo dices a quien acaba de enterarse de que le robaron el presupuesto para nuevas escobas? —Harry se acomodó las gafas y su postura cambió completamente—Ni necesito decir que esas escoban se usan para proteger a todos esos hijos de puta del Wizengamot que creen que volar es algo que se hace por deporte.
Draco no pudo evitar sentir cierta admiración por el Auror en ese momento. Hacía varios años la relación entre ellos se había modificado sustancialmente y desde que sus hijos estudiaban juntos en más de una oportunidad coincidieron en algún evento escolar o social que involucraba a los adolescentes.
— Pues tú eres el famoso aquí ¿por qué no haces valer tus logros pasados y nos quitas de encima al idiota?
— Porque el Ministerio no funciona así.
— ¡Gryffindors! El Ministerio siempre funcionó de esta manera y no cambió demasiado si nos ceñimos a este último ejemplo —Draco observó cómo Potter por fin se alejaba de la puerta y se sentaba a su lado frente a Granger.
— Harry —la voz de Hermione revelaba su estado de ánimo de manera tan clara al Auror que hasta le sorprendió que tantos años después aún conociera mejor a la bruja sentada al otro lado del escritorio que a la madre de sus tres hijos, pero pronto se concentró para no perder nada de lo que la mujer estaba diciendo— debemos hacer algo con este incompetente. No puede ser que vez sí y vez también arme estos líos.
— En nuestro Departamento nos veremos en la urgente necesidad de adquirir elementos en el mercado negro de tanto ver el presupuesto recortado hasta la miseria.
— ¡Circe, Malfoy! ¿Por qué diablos dices algo así delante de mí?
La mirada glacial que le dedicó el rubio sólo fue una confirmación de que los dos sabían que Harry no reportaría la amenaza que acababa de soltar el rubio y que no era gratuita.
— Honestamente quisiera un giratiempo que nos permitiera volver al 5 de diciembre del año anterior e impedir la postulación y elección de Jorkins.
— No lo has oído de mí, Granger, pero tu deseo no es tan imposible ¿sabes?
— Malfoy, ni siquiera sueñes con que te autorizarán a utilizar uno de esos artefactos —el suspiro cansado de Harry fue acompañado con sus dedos presionando ambas sienes en un vano intento de frenar el inminente dolor de cabeza, sin embargo, añadió—: ¿no que se habían destruido todos?
— Jefe Potter a veces me impresiona lo iluso que puedes ser. ¿Crees que los Inefables en verdad se desharían de semejantes conocimientos mágicos y del poder que implica viajar a través del tiempo? Además, no es como si en veinte años algunas cosas no se pudieran arreglar, ¿no?
— ¡Morgana bendita! ¿Estás diciendo que ese fue otro montaje del Ministerio?
— Quince puntos para Granger y los niños buenos.
— Malfoy no es necesario ser tan… tú.
— Lo único que he dicho, Potter, es que nada nos impide investigar la posibilidad de volver siete meses en el tiempo y solucionar este pozo de mierda en el que nos estamos hundiendo.
El sonido molesto de Hermione, hizo que ambos hombres la miraran con distintos grados de diversión.
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“Real friendship or love is not manufactured or achieved by an act of will or intention. Friendship is always an act of recognition.”
Harry no podía creer que en verdad Hermione y Malfoy llevaran una relación tan… cercana. Probablemente ella era la única persona en todo el Ministerio a quien el Inefable consideraba más o menos merecedora de una mirada y un par de palabras sin el filo desdeñoso que caracterizaba todas sus interacciones con los demás empleados o funcionarios. Cuando le cuestionó a Hermione a qué se debía el cambio, ella sencillamente se encogió de hombros y le dijo que ya eran adultos y algunas experiencias similares lograban que uno se identificara con las personas menos pensadas. En el caso de Hermione y Malfoy, era la muerte de seres queridos, lo que les había acercado en los últimos años, pero Harry era consciente que el respeto mutuo era algo que ambos cultivaban desde antes de las pérdidas de Ron y de Narcissa.
Al entrar a la oficina de su amiga, la impresión de que esos dos se entendían más de lo que parecía le asaltó como siempre, y como no, ver al rubio hizo que su miembro se agitara interesado. Como si fuera poco para todo lo que estaba aconteciendo, desde hacía un buen tiempo parecía que su cuerpo encontraba a Draco Malfoy atractivo o follable, dependiendo de si había alcohol o no en la ecuación. Esa sensación tampoco era nueva, pero Harry estaba casado con Ginevra desde hacían dieciséis años y ningún rubio altanero se interpondría entre él y la lealtad a su familia. Claro que Malfoy no era ni siquiera consciente de esa atracción y por ende era Harry quien debía concentrarse en mantener la mente clara y el cuerpo controlado por el bien de su matrimonio.
— Harry, se te ve muy pensativo.
— Lo siento Gin, cosas del trabajo, ya sabes —la sonrisa comprensiva de su mujer le hizo ver lo idiota que estaba siendo, porque en verdad no había nada qué pensar acerca de Draco Malfoy en la oficina de Hermione ¿Cierto?
Esa condenada voz que cada vez se parecía más y más a la Severus Snape y se encargaba de hacerle la vida imposible, se hizo presente en su mente Malfoy está separado de su esposa hace años, Hermione es viuda, se llevan bien… ambos son atractivos… ¿en verdad no hay allí nada en lo que quieras pensar?
Condenada la hora en que esa parte de su conciencia decidió jugar un papel más activo en los procesos mentales de Harry Potter.
El problema residía en que era cierto. Hermione era una bruja atractiva. Tal vez no fuera una gran belleza o no destacara entre las mujeres de la familia, pero había en ella una sensualidad natural que más de una vez hizo que Harry se reprendiera por el rumbo que estaban tomando sus pensamientos. Es decir, estaba jodido, las únicas dos personas que despertaban su lado más pasional podían muy bien acabar juntas. ¡Y maldita la hora en que ese verbo se coló en sus delirios vespertinos! ¡Estaba cenando con su mujer, por Merlín bendito!
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Draco leía en el estudio, y de a ratos daba un trago al whisky de fuego que invariablemente uno de los elfos le servía luego de retirarse a leer cada noche. Sentado detrás del escritorio oscuro y con varios pergaminos abiertos sobre la pulida superficie analizaba las posibilidades de salir con bien si ponían en marcha el proyecto de los giratiempos de rango extendido. No les había mentido a Potter y a Granger, luego de varios años de labor meticulosa, habían restaurado más de uno de los giratiempos en existencia en el Ministerio y en la Sala del Tiempo, había todo un trabajo en curso para posibilitar un rango mayor para cada artefacto. Por el momento habían logrado viajar hasta un pasado cercano, no más allá de cuatro semanas de la fecha actual, pero todos los Inefables involucrados se sentían muy entusiasmados con los resultados, dado que era sabido por todos que el alcance de los giratiempos originalmente era de pocas horas.
En algún momento fantaseó con la posibilidad de impedir el ataque a su madre, para tenerla de nuevo con ellos, pero su lado más práctico se impuso, no sin cierto esfuerzo, y debió admitir que sería una condenada locura modificar así la línea temporal. No obstante, las investigaciones continuaron porque la posibilidad de viajar a un momento específico del discurrir de la comunidad mágica podría redundar en la toma de muestras y recabar informaciones de maneras nunca antes vistas. Ya no sería ver las memorias de otros cientos de Inefables antes que ellos, sino experimentar de primera mano y validar, o no, las respuestas tomadas en el pasado. Sería una manera impresionante de aprender y cambiaría rotundamente los métodos de investigación y archivo del Departamento de Misterios. Evidentemente todos estos eran planes a futuro, pero Draco confiaba en la viabilidad del proyecto.
Si era honesto consigo mismo, esa tarde había hablado demás, como siempre que estaba alrededor de alguno de esos dos ex Gryffindor. Era una cuestión de necesidad casi física hacerles ver su valía. Granger era una de las personas más capaces que había tenido el placer de conocer —y siguiendo con la cuestión de la honestidad, también debía admitir que la adolescente desgarbada y sin mucha gracia que conoció en sus primeros años en Hogwarts, había dado paso a una mujer serena, de una sensualidad madura y definidamente atractiva, quizás no como Astoria o como Daphne que eran bellezas etéreas, sino con esa cualidad indefinible que hacía de ella alguien deseable— no como Potter, que sería la eterna espina en su costado.
Potter era uno de esos casos en los que se sentía atraído y repelido con igual intensidad por alguien. Para Draco era algo cotidiano admirar el aplomo y la despreocupada postura del Jefe de Aurores, al tiempo que le detestaba por la facilidad con que conectaba con todos —menos con él, con Draco mismo—; había un resabio de competencias antiguas y un dejo casi imperceptible de deseo en todos los intercambios que tuvieron en los últimos tiempos. Quizás Potter no era consciente de lo último, pero no en vano Draco llevaba casi treinta años observándole y podía decir casi con certeza que su antiguo compañero de clases no se sentía precisamente indiferente ante él.
Casi treinta años después de su primer encuentro, Draco Malfoy reconocía en Harry Potter un espíritu afín.
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“Love allows understanding to dawn, and understanding is precious. Where you are understood, you are at home. Understanding nourishes belonging. When you really feel understood, you feel free to release yourself into the trust and shelter of the other person's soul.”
Si alguien le preguntara a Hermione cómo terminó involucrada en esta especie de conspiración temporal, diría que de puro curiosa. El caso era que tres meses después de aquella primera charla con Malfoy y Harry acerca de las posibilidades de volver en el tiempo y solucionar el tema del Secretario de Asuntos Ministeriales, lo que había sido nada más que una chanza entre estresados funcionarios del Ministerio, era ahora la posibilidad cierta de poner en práctica la teoría. La idea claramente no era interferir con el devenir histórico, pero que un rayo la partiera si ella permitía que la dejaran fuera de semejante hallazgo. Malfoy y otros Inefables intentaron disuadirla o eludir sus aproximaciones, sin embargo, ella no había llegado hasta donde estaba dejándose pasar por arriba o quedándose al margen de las acciones.
Con la firme promesa de ayudarles a recuperar parte del presupuesto que las acciones desaprensivas de Jorkins le habían quitado, consiguió que el grupo de Inefables involucrados con la Sala del Tiempo, el dieran acceso a la investigación y por esa razón estaba hoy allí viendo cómo Draco Malfoy, voluntario para esta prueba, dejaba caer la cadena que sostenía el giratiempo, mientras los pálidos dedos del mago volvían a acomodar la túnica de manera prolija. En realidad este era el turno de Malfoy, dado que los otros tres miembros de su equipo de trabajo ya habían realizado "el viaje". Si Malfoy estaba nervioso, la chica no sabría decirlo, porque la rigidez de facciones o la palidez de su piel eran algo común en el Inefable. Por otra parte, ella estaba intentando contener sus propios nervios, ya que habiendo dado cuenta de su extenso conocimiento práctico y a una edad muy temprana del uso de este tipos de artefactos había logrado que se le permitiera participar en el segundo intento del rubio si es que el primero era exitoso.
Vio las vueltas dadas al artefacto, siete. Por cada una de ellas, Malfoy retornaría un mes en el tiempo. Su corazón latía alocado sabedora de los riesgos tremendos que implicaba intentar un rango tan alejado del presente. Hershaw tenía el récord hasta ahora con seis meses y diez días, no era como si Draco Malfoy fuera a poner su pellejo en riesgo innecesariamente, pero si había algo que ambos tenían en común era la curiosidad casi obsesiva y el deseo de controlarlo todo en el entorno en el que se movían, aunque claramente…
— Granger.
Hermione casi se sale de su piel ante el saludo del Inefable que ahora vestía una túnica verde en lugar de la negra que se pusiera minutos antes de iniciar el experimento.
— Es Weasley, Malfoy —contestó casi por costumbre y agregó —: ¿funcionó?
— Las evidencias acabo de dejarlas en manos de Peasegood y de Leach.
— ¿Cuándo podré intentarlo yo?
— ¡Diablos, mujer! Sí que presionas —Draco presionó sus dedos contra los cansados párpados y luego de inspirar profundamente contestó—, dame un par de días para recuperarme y podrás intentarlo.
— Pero no necesito ir contigo, podría hacerlo con el siguiente miembro que realice el viaje —casi sin intención el tono de Hermione se tornó el mismo que solía utilizar con Ron y Harry cuando trataba de hacerles ver el mundo a través de sus ojos.
— Ni lo sueñes, el siguiente intentará un rango mayor y eso no será antes de Samhain.
— Pero…
— ¡Por Circe, Granger! Acepta la oferta —Draco sentía deseos de cantarle cuatro verdades a la bruja, pero era consciente de que ella era la mejor opción para vencer a Jorkins sin hechizarle ida y vuelta hasta el año siguiente—. Además, soy el responsable de esta investigación.
Y si bien no lo dijo, Draco se sentía protector con la viuda de Weasley, lo que implicaba que no confiaría su seguridad en nadie más. Había algo en Granger que sacaba el lado más primitivo de Draco, se sentía comprendido de una manera que rayaba en lo bizarro y con ella podía ser todo lo sarcástico y competitivo que quisiera que esta mujer no se amilanaba y le respondía golpe verbal por golpe verbal, sin caer nunca en la violencia. Con consternación había comprobado que de un tiempo a esta parte, Granger era algo muy parecido a una amiga.
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Habían pasado diez días y Hermione estaba que caminaba por las paredes, Malfoy le estaba dando largas escudado en la necesidad de analizar los datos que habían recabado en sus respectivos viajes cada uno de los Inefables y que luego de ello, ya lo intentarían juntos.
La mujer no era estúpida y sabía el riesgo que implicaba cada intento de viajar más lejos en pasado, sabía que no podía permitirse un error y dejar a sus hijos solos. Pero llevaba tanto tiempo sin sentir la excitación que ahora prácticamente vibraba en su piel, que le resultaba impensable dejar de lado esta oportunidad de aventura. Hermione había pactado absoluta confidencialidad con el equipo de Malfoy y eso funcionaba en los dos sentidos, porque así como ella callaba la real dimensión de la investigación de los magos —lo que en rigor de verdad ignoraba, porque por algo estas personas trabajaban en el Departamento de Misterios y eran llamados "lo que no se puede expresar con palabras"—, ninguno de ellos iría con el chisme de sus deseos de viajar en el tiempo aunque sea una vez más. Esto último era fundamental, porque si había algo que Hermione tenía claro era que de enterarse Harry, todo se frustraría. En principio porque como buen amigo y miembro de la familia él haría su mejor esfuerzo para disuadirla —y sabía Merlín que si había alguien en contra de quien ella jamás pudo ir, ese alguien era Harry James Potter—. En segundo lugar, Harry era el Jefe de Aurores y eso implicaba que su palabra en algunos casos podía ser ley.
En algún punto se sintió mezquina al pensar de esta manera de Harry. Él era la persona que la conocía mejor y entendía las particularidades de su carácter como tal vez sólo Ron lo había hecho. Llevaba años reconciliada con la idea de que siempre estaría un poco enamorada de ese muchacho con mirada brillante y sonrisa cálida. Incluso Ron lo había sabido de alguna manera y sus celos eran reales, sin importar que en el fondo supiera que Hermione era absolutamente suya. "¿Cómo no amarle?" había dicho una vez, en una de esas charlas de almohada que compartieran cuando los niños dormían y la habitación matrimonial era un refugio de oscura calidez; y ella coincidía con su marido. Era imposible no amar a quien te hacía sentir en casa con sólo estar en la misma estancia o permaneciendo a tu lado mientras sostenía entre las suyas tu mano temblorosa cuando el dolor te quebraba íntegra. Sí, Hermione también amaba a Harry.
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Harry corría como no solía hacerlo por los laberínticos pasajes de la novena planta del Ministerio. Acababa de recibir una carta de Hermione fechada meses atrás en la que le informaba de lo que estaba haciendo en este preciso instante. Con toda el alma regaba llegar antes para impedir la evidente locura que estaba por cometer su amiga. Aún no terminaba de creer que Malfoy se dejara arrastrar a semejante estupidez, las palabras de Hermione casi al inicio de la misiva ardían frente a sus ojos: "un imprevisto, un error del todo imprevisto, ocurrió en el momento en que Draco operaba el artefacto. Harry volvimos casi un año al pasado… "
Con todas sus fuerzas empujó las puertas de la Sala de Tiempo, justo para ver las miradas asombradas de Hermione y Draco Malfoy, el Inefable con un giratiempo rodando entre sus manos.
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Segunda parte

