Chapter Text
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Mash revisa por quinta vez la gran cantidad de prendas que ha recibido, porque quiere tener todo en orden antes de que su celo empiece.
Finn y Lemon se encargan de acomodar suministros cerca de la cama, para que el pelinegro pueda alcanzarlos fácilmente cuando los necesite. Al ser Omegas como él, saben la importancia de la comodidad en esos días molestos, así que lo mejor que pueden hacer es ayudarlo a prepararse.
Easton tiene habitaciones separadas de los dormitorios que se utilizan exclusivamente durante las épocas de calor para aquellos que las necesiten. Son más cómodas y amplias que las habitaciones comunes. El acceso a dichos lugares cuando son utilizados es bastante restringido, lo que evita cualquier tipo de incidente relacionado con alguien que esté fuera de control por causa de sus instintos.
— Muy bien, creo que terminamos. — anuncia Lemon, sintiéndose bastante satisfecha por el trabajo que habían realizado.
— Con eso debería ser suficiente, ¿verdad? — pregunta Finn, que no tarda en recibir un rápido "sí" por parte de la rubia. Aunque aún quiere estar cien por ciento seguro de ello. — Mash, ¿qué opinas tú? — se dirige a su amigo, quien ignora olímpicamente su pregunta debido a que está más concentrado en su tarea anterior. "Mash", lo nombra, acercándose al otro para sacarlo de su ensoñación.
— ¿Eh? — responde Mash confundido, mientras tiene en sus manos un par de camisas correspondientes a Dot y Lance. — Perdón, creo que no estaba prestando atención. — se disculpa de inmediato, ante la intuición de que ha cometido alguna equivocación.
— Está bien, no tienes por qué disculparte. — responde Finn, no pareciendo molesto por lo sucedido, entendiendo a la perfección el porqué del comportamiento tan distraído del pelinegro, quien deja de lado las prendas para no perderse más detalles de la conversación que evidentemente quieren tener con él. — Lemon y yo nos preguntamos si esos suministros te son suficientes. — menciona el Omega de cabello bicolor, a lo que Mash abre ligeramente la boca, formando una "o" con sus labios.
— Sí, supongo que sí, aunque pienso dormir la mayor parte del tiempo. — responde Mash desinteresado por el asunto, ya que hay algo más dentro de su cabeza que está robando su atención, pero desgraciadamente, no sabe a ciencia cierta de qué se trata y eso lo molesta.
— ¿Dormir todo el tiempo? ¿Cómo eres capaz de dormir a pesar de estar en celo? — pregunta Finn bastante sorprendido por lo que acaba de escuchar. Porque cuando son sus calores, lo menos que hace es dormir o descansar, debido a que se la pasa quejando, esperando que el mal momento pase de alguna u otra manera. Pero Mash parecía ser un caso diferente, aunque nada en su amigo era normal si quería verlo de ese modo.
La conversación siguió por un par de minutos más antes de que Lemon y Finn tuvieran que despedirse, Mash se quedaría en la habitación porque se supone que su calor inicia mañana. Así que lo mejor que podía hacer, era permanecer ya en el lugar que estaría por tres días exactamente.
Viéndose sin compañía y sin ningún otro tipo de distracción, volvió a lo que estaba. Empezó acomodando las prendas dadas por sus amigos Alfas, Dot, Lance y Tom no dudaron en otorgarle algunas camisetas para que las agregara a su nido, no fue difícil pedirles tal favor, debido a que cuando se enteraron que entrarían en celo, los tres se aparecieron en su habitación para entregarle personalmente las camisas.
El gesto lo dejó confundido al principio, porque nunca antes había formado un nido con prendas que no fueran las de su padre. Finn tuvo la amabilidad de explicarle que era normal que los amigos se dieran prendas entre sí cuando la época de calor se acercaba, esto era tomado como un gesto de amabilidad o de cortejo dependiendo de la intención de la persona.
Pero no pensó mucho al respecto de eso, así que colocó las camisas a los lados de lo que sería su nido, formando un especie de arco. Al cual prontamente se le unieron una suave manta de fino algodón dada por Abbys, el de la residencia Lang se puso bastante nervioso cuando intentó darle su presente, casi se acobardaba y salía huyendo del lugar, pero Abbel lo obligó a que lo hiciera.
Abbel también le dio una fina manta, lo cual lo tomó por sorpresa, porque nunca pensó que llegaría a formar una relación tan estrecha con el Alfa líder de magia Lupus. Max le dio un suéter que le quedaba casi a la medida, así que pensó utilizarlo encima en lugar de acomodarlo con lo demás.
Lemon y Finn tampoco se quedaron atrás y optaron por darle una manta cada uno, estas se colocaron en los extremos y lo que su padre le envió se quedó casi abajo de todo.
Mash observó fijamente lo que había hecho, solo para sentirse decepcionado de todo, no le gustaba lo que veía, porque le hacía falta algo para que estuviera completo. Suspiró cansado ante ello, y prefirió cambiarse el uniforme por ropa más cómoda, pensando que un pequeño cambio en su vestuario podría mejorar las cosas.
Sin embargo, las cosas no fueron las esperadas, pero no quería seguir pensando de más, así que prosiguió a recostarse, con la esperanza de que eso desapareciera de su mente y lo dejara tranquilo.
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Mash mentiría si dijera que no estaba irritado e incómodo. Trató de dormir toda la noche, pero la sensación de vacío no lo dejó tranquilo, así que dio vueltas tras vueltas en su nido, pensando que en algún momento encontraría la solución a su problema.
Quizás solo durmió un aproximado de quince a treinta minutos, lo que lo hacía sentir de mal humor, ya que nunca antes había experimentado algo como esto. Eran quizás las nueve de la mañana cuando salió de la cama; sus músculos estaban tensos, como si hubiera realizado una larga jornada de ejercicios físicos y sentía una leve irritación interna, que seguramente se incrementaría hasta hacerlo sudar a mares.
Pero si quería encontrar lo que le hacía falta, entonces tenía que salir de la cama para hacerlo, porque si no, pasaría estos tres días sintiéndose de lo peor.
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Lemon y Finn se dirigían hacia la habitación de Mash para ver cómo estaba y si necesitaba que hicieran algo por él, porque seguramente a esta hora estaría sufriendo del peor dolor posible. El ingreso fue bastante sencillo por su parte, y las puertas se abrieron de par en par, permitiéndoles entrar sin problema alguno, solo para cerrarse casi al instante.
— ¡Mash! ¿Cómo estás? — preguntó Lemon, animada como siempre, a pesar de las recomendaciones de Finn para ser un poco más silenciosa, por si el ruido molestaba a Mash.
— Eh, Mash… — murmuró Finn, notando que en la cama no se encontraba nadie. De hecho, la habitación estaba completamente vacía, lo que empezó a preocuparlo demasiado. — ¿Dónde estará? — preguntó a la rubia, quien como él, parecía estar bastante sorprendida por lo que veían.
Sin pensarlo demasiado, ambos salieron de inmediato del lugar, porque no podían dejar que Mash anduviera por ahí mientras se encontraba indispuesto y más vulnerable de lo normal. El primer lugar al que fueron fue a los dormitorios de los alumnos, los buscaron de arriba abajo y no lo encontraron por ningún lado, pero a su búsqueda se unieron sus otros dos amigos.
Estos sugirieron ir a la cocina, por si a Mash se le ocurría hacer panecillos con crema, a pesar de contar con una cantidad exagerada en la habitación. Pero ni esa opción pareció ser la correcta, y los cuatro empezaron a perder la paciencia y a llenarse de nerviosismo.
Decidieron separarse para abarcar más terreno. Lance iría a los alrededores del bosque a buscarlo, Lemon buscaría del otro lado del castillo, Dot iniciaría su búsqueda por el área de descanso y Finn volvería a buscar por la residencia, por si había algún lugar que no habían revisado antes. Dadas las instrucciones, los cuatro se pusieron en marcha, teniendo la esperanza de poder encontrar a su amigo antes de que ocurriera alguna desgracia.
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Finn terminaba de buscar por toda la residencia Adler, y su búsqueda no pareció dar buenos resultados. Decepcionado y estando a punto de unirse a alguno de sus amigos, recordó que aún le faltaba un lugar por buscar en la residencia, pero creía muy improbable que Mash estuviera en la habitación del prefecto.
El dormitorio de Rayne estaba un tanto alejado de los demás, siendo el más grande y espacioso por ser el prefecto de la residencia, siendo quizás, una leve recompensa por tener que encargarse de supervisar a los alumnos de la casa.
Dudo un poco en buscar en dicho lugar, pero al final decidió ir, porque quería estar seguro de que había buscado en todos los lados posibles. Se dirigió de inmediato a la habitación de su hermano, teniendo la leve esperanza de encontrar a Mash en ese lugar, por muy improbable que fuese.
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— Rayne, ¿puedo pasar? — preguntó, tocando tres veces la puerta para saber si su hermano estaba en la habitación y si le permitía ingresar o no. Lo único que escuchó al principio fue un ruido suave seguido de una queja dada por su hermano. — ¿Rayne? — lo llamó, para después abrir lentamente la puerta, sólo para encontrarse a Rayne acostado en la cama. O más bien obligado a estar en esa posición, porque Mash se había aferrado a él como si fuera el último panecillo con crema del mundo entero. — Eeeh, ¿interrumpo algo? — preguntó confundido, sin saber cómo procesar dicha escena.
— No… no interrumpes nada. — el mayor de los hermanos Ames trató de fingir indiferencia ante lo que sucedía, pero el aroma y la extrema cercanía de Mash estaba a punto de volverlo loco. — ¿Pero qué se te ofrece? — le pregunta a su hermano menor, quien simplemente se pone rígido al instante.
— Yo… estaba buscando a Mash, es que… no estaba en la habitación y con los demás nos preocupamos de donde podría estar. — sobreponiéndose a todo lo que siente, Finn trató de resumir lo mejor que pudo lo que estaba pasando. A lo que Rayne asintió solemnemente, como si sus palabras no fuesen más que una confirmación de lo que pudiera estar pensando. — Pero como ya lo encontré, creo que debo decirles a los demás dónde está para que dejen de buscarlo. — intentó concluir por su cuenta la conversación, solo para escuchar un quejido por parte de su hermano. — ¿Sucede algo? — preguntó casi al instante, pensando que la presencia de Mash estaba incomodado a Rayne.
— No, nada. — fue lo que aquel respondió, a pesar que su respuesta inicial iba a ser totalmente diferente a ella. Pero Mash empezó a abrazarlo con más fuerza, como si supiera de algun modo que pensaba levantarse de la cama.
— Bien, si necesitas ayuda con algo, por favor, dímelo. — es lo que dice antes de salir de la habitación, confiando plenamente en el autocontrol de su hermano para dejar a su amigo en sus manos.
Rayne trata de mantenerse sereno, después de todo, de ha rendido ante la posibilidad de salir de la cama para cumplir con ciertos deberes que tenia pendiente. Orter seguramente lo asesinaria la próxima vez que se vieran, todo por faltar a la reunión de visionarios divinos que se tenia planeado para el día de hoy.
Pero no fue su culpa que Mash apareciera repentinamente en su habitación, y que antes que pudiera decir algo, se dejó caer en sus brazos, rogando por acostarse en la cama para poder dormir por al menos treinta minutos seguidos. Confundido y sin saber cómo proceder, Rayne cometió la equivocación de permitirle al Omega su petición y ahora estaba pagando caro el precio de sus acciones.
— Rayne. — Mash llamó entre sueños al bicolor, que no hizo más que guardar silencio, mientras la atmósfera dentro de la habitación se ponía más densa por causa del aroma a pan recién horneado del Omega.
Casi se sentía dentro de una panadería, en la cual encontraría los panecillos con crema más decliosos que una vez haya comido, al igual que toda la buena repostería del mundo.
Pensadolo bien, al diablo la maldita reunio, que el pesaba quedarse en su habitación haciéndole compañía a ese Omega que seguramente no sería más un amigo.
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