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Capítulo 1: A pesar de las perdidas hay que seguir adelante.
Habían pasado unos pocos años desde la Guerra contra el Dios Hades, la Diosa Athena y sus Santos Divinos regresaron a la tierra para vivir tranquilamente pero la ausencia de los Santos de Oro afecto sin lugar a dudas el estado emocional y psicológico de algunos.
Saori y Seiya se quedaron en el Santuario después de su reconstrucción mientras Shun, Ikki, Hyoga y Shiryu se iban a recorrer el mundo o a dirigirse a algún lugar en específico, pero para el segundo grupo de Santos de Bronce junto a Kiki no lo tenían nada fácil por más que se esforzaran.
El grupo principal de Santos de Bronce se reunieron junto a su Diosa después de estar meses separados para conmemorar la muerte de los Santos de Oro frente al Muro de los Lamentos, sin embargo, fue totalmente interrumpido ante un anuncio alarmante por parte de Marin de Águila.
— ¡Diosa Athena! Ha ocurrido algo alarmante — Exclamó con urgencia la antigua portadora de la Cloth de Águila mientras se dirigía velozmente a su Diosa que se encontraba junto a los Santos Divinos que la miraron con incertidumbre y angustiados por el tono de su voz.
— Marin ¿Qué está pasando?— preguntó Athena con preocupación.
— Se trata de Kiki y Jabu — tanto Athena como los Santos Divinos notaron como por algún motivo se trababa con sus palabras evitando continuar.
Seiya frunció el ceño ante la mención de Jabu y se preocupó cuando Marin nombró a Kiki, dirigiendo su mirada a su Maestra Seiya pregunto con tono serio
— Marin, ¿Qué le pasó a Kiki? — ante la falta de mención del segundo que había nombrado Marin frunció el ceño y siendo su malestar ocultado por su máscara.
— Ambos, tanto Kiki como Jabu desaparecieron sin dejar rastro alguno, su cosmos desapareció sorpresivamente.
Ante lo dicho por su Maestra Seiya alzó una ceja, mientras Shun y Athena parecían preocupados.
— Marin sin ofender pero posiblemente te hayas confundido puede ser que ambos fueran a explorar y volverían pronto — trato Seiya de convencerla y Marin arremetió como nunca antes al punto de que Seiya desconoció a su Maestra.
— ¡No! No lo entiendes, ellos, no solo ellos desaparecieron sino que también sus constelaciones. — declaró con total desesperación y siendo seguida por un conjunto de reacciones en cadena por esta revelación.
A partir de ese momento a cada Santo se le encomendó la misión de investigar el paradero del futuro Santo de Aries y del Santo de Unicornio, aunque para este último no hacían mucho esfuerzo por encontrarlo.
A muchos Kilómetros de distancia del Santuario un adolescente cargaba a un niño inconsciente, en ambos se notaban las grandes heridas que tenían, el adolescente luchaba por mantenerse de pie mientras mantenía al niño en su espalda, y con cada paso que daba manchas de sangre cubrían la tierra.
— Vamos, tienes que aguantar, me tienes de tu lado, no, nos tienes de tu lado, por más tropiezos que tengas, y por más combates perdidos que obtengas jamás te dejaremos de lado, eres miembro de nuestra familia. — cada una de sus palabras sonaban tranquilas trayendo un efecto consolador al niño que lucha contra sus pesadillas.
Los pasos del joven poco a poco fueron perdiendo firmeza provocando que se derrumbara pero aun así por más que se hubiera golpeado la cara contra el piso en ningún momento soltó al chico y reuniendo las fuerzas que aún le quedaban se puso de pie, aunque apenas y al dar un paso se mordió con fuerza su labio inferior para contrarrestar el dolor que sentía.
Al pasar por un sendero rocoso con montañas y alturas empinadas no pudo evitar detenerse al sentir un viento cálido, tomando la decisión de bajar al niño malherido, lo recostó en el piso para comprobar cómo estaban sus heridas, la piel del chico estaba pálida pero aún seguía respirando, noto como los improvisados vendajes que anteriormente le había puesto estaban totalmente cubiertos de sangre y decidiendo retirarlos para a continuación agarrar su propia ropa y romperla aún más para que sea el reemplazo de los vendajes desechados.
El joven puso una mano en la frente del chico para comprobar su temperatura y terminó haciendo una mueca al sentirla fría y con un leve suspiro se recostó en la pared de tierra atrayendo al chico a su lado y con cuidado lo envolvió en un abrazo tratando de transmitirle calor, el joven recostó por un momento su cabeza contra la pared cerrando los ojos en el proceso y al volver a abrirlos se podía ver la falta total del brillo de vida que deberían tener y su respiración era muy lenta.
Pasaron unas cuantas horas para que el joven se volviera a poner de pie y ajustará al chico en sus brazos para que pudiera comenzar su viaje.
— Rayos, cuánto más faltará para llegar — preguntó con cansancio al aire.
Su viaje continuó hasta llegar a un bosque en el que se detuvo al ver algo más adelante que hizo que se tensara.
— Quien ¡¿Quién eres?! Responde — por seguridad acercó al chico más hacia él por si este individuo quería hacer algo.
Pero para la sorpresa del joven este individuo no hizo nada y solo se dio la vuelta para mirarlo, al ver su cara el joven pasó de estar cauteloso a sorprendido y dubitativo.
— Tu, tu eres.
El individuo miró al joven a la cara para luego dirigir su mirada al chico en sus brazos dándose cuenta de lo malheridos que estaban ambos y causándole amargura por lo que veía pero la desalojó al momento siguiente.
— Gracias, Muchas Gracias por cuidarlo y protegerlo — el joven lo miró débilmente notando la sonrisa que el otro le dirigía, no obstante no pudo evitar culparse a sí mismo y decirlo en voz alta.
— No tienes por qué agradecerme, lo hubiera hecho sin importar que además no fui capaz de protegerlo por las graves heridas que tiene, encima soy un inútil en poder curarlas.
El individuo se acercó lo más rápido que pudo al ver al joven flaquear e intentó sostenerlo solo para después atravesarlo como si no hubiera un cuerpo delante de él y no pudo evitar apretar su puño con fuerza por la impotencia. El joven también se dio cuenta de lo que quería hacer y no pudo evitar hacer una débil sonrisa.
El ambiente se sentía deprimente ninguno de los dos sabía como continuar.
— Tú ni siquiera deberías tener ese pensamiento pasando por tu cabeza dado que eres más capaz de lo que supuestamente eres — declaró una vos ajena a los tres que estaban juntos.
Tanto el joven como el individuo que estaba a su lado miraron en dirección al bosque para ver quién era el que había hablado, para ver cómo un aura dorada se formaba levemente y creando una silueta que sorprendió al joven.
— Tú — la vos del joven se trabó en su garganta no logrando creer lo que veía mostrando sorpresa a través de sus ojos carentes de vida.
El recién llegado dirigió su mirada al individuo que estaba al lado de ambos chicos, captando que el otro apenas podía manifestarse en un remanente de cosmos.
— No pensé que te encontraría aquí, Mu de Aries — el nombrado miro a su camarada y suspirando levemente le dirige una leve sonrisa.
— Yo tampoco esperaba encontrarme contigo, Milo de Escorpio.
Tanto Milo con Mu se preocuparon al ver como el joven chocaba con la pared de atrás dejándose deslizar hacia abajo para evitar dejar caer al niño que tenía en brazos.
“La perdida de sangre, parece que me golpeo en su totalidad” peso con desdén el joven mientras veía la silueta borrosa de los antiguos Santos de Aries y de Escorpio acercase a el “¿Están tratando de decirme algo?, no los entiendo” poco a poco sus ojos se iban cerrando alarmando a ambos Santos.
— Mierda, escúchame Jabu no te duermas, mantente despierto — decía alarmado y preocupado Milo tratando de evitar que Jabu cerrara los ojos mientras que Mu hacía lo que podía para tratar de evitar la baja del Santo de Unicornio.
El Unicornio trataba apenas de mantenerse despierto pero por más esfuerzo que hiciera sus ojos se cerraban más rápido
— ¡Jabu!
Chapter 2
Notes:
Holis!
Volví después de tanto tiempo, aparte de que estuve volando en mi cabeza la universidad no ayudo ni mucho menos el estrés, pero aquí estamos retomando.
Pásenla lindo leyendo. :)
(See the end of the chapter for more notes.)
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— Que Jabu y Kiki ¡¿Qué?! — exclamó alterado Geki mientras Ichi, Ban y Nachi por su mirada parecía como si quisieran matar a Seiya que estaba acompañado por Hyoga.
— Marin nos vino a informar que desaparecieron — respondió solemne Hyoga.
Ban presionó los puños de rabia, mirando a ambos Santos parados frente a él.
— Sí, les informo a ustedes el mismo día que desaparecieron y ustedes nos vienen a informar una semana después — agregó Ban con ira, sus amigos estaban en la misma situación mirando a ambos Santos.
Al escucharlo, Hyoga desvío su mirada y Seiya frunció el ceño.
— No tienes por qué señalarnos a nosotros, no es de nuestra incumbencia que Jabu desapareciera, además ¿dónde estaban ustedes cuando esto pasó? —les espetó el Santo de Pegaso.
La atmósfera era pesada, ambos bandos se miraban con desprecio.
— Si hubiéramos podido nos habríamos quedado en el Santuario. Deberías recordar que fue la mismísima Diosa Athena que nos dio la misión de buscar a jóvenes que tuvieran potenciales para convertirlos en Caballeros — les recordaron Nachi con frialdad, Hyoga disimulo no haber visto la mirada que le dirigió al Santo de Lobo, mientras Seiya ignoraba la amenaza dirigida queriendo seguir con la discusión.
— Se los vuelvo a repetir, nosotros no tenemos la culpa de que ustedes no fueron informados, desapareció sin más.
— ¡Idiota! Ustedes fueron los primeros en ser informados de su desaparición y no pudieron simplemente enviar a alguien a la última ubicación que notificamos en donde nos íbamos a quedar, ¡podríamos haberlos ayudado a buscarlos! — le reprochó furioso Ichi a Seiya por el comportamiento de pegaso ante la desaparición de dos personas, una era cercana a ambos grupos y el otro era un compañero desde que eran niños, no se llevaban bien y apenas se podía soportar, pero no era mentira. . que ellos se preocupaban por los Santos de la esperanza.
— ¿Y eso qué? A nosotros no nos importa lo que le puede pasar a Jabu, si le llega a pasar algo debió ser porque provoco algo e incluso si eso lo lleva a la muerte, no es nuestro maldito problema — Hyoga se sorprendió por lo que dijo Seiya, queriendo decir algo para evitar que se estuvieran a las manos y tratar de calmar la situación que se salió de control, sin embargo, un fuerte estruendo se escuchó por toda la habitación.
Hyoga y Seiya dirigieron su mirada al lugar del estruendo y lograron observar el escritorio de la habitación que antes se encontraba perfectamente acomodado, ahora estaba totalmente destrozado en el piso y arriba de este se encontraba Geki con la mirada ensombrecida.
Al levantar la vista observó a los Santos de Pegaso y Cisne con frialdad, en sus ojos se podía ver la ira asesina que transmitía y apretando los dientes con fuerza mientras sus manos seguían cerradas en puños para contenerse y no golpear al imbécil que tenía enfrente.
— Largo — ordenó Geki conteniéndose para no explotar, no quería seguir viendo a este par por un buen tiempo.
— Geki — intentó Hyoga calmar a su camarada, siendo abruptamente cortado por este.
— He dicho largo, los quiero lejos de aquí ahora — ordenó mirando a Hyoga con una silenciosa advertencia.
Seiya iba a responder, pero siendo detenido al segundo por Hyoga que lo jalo dirigiéndose a la puerta en silencio. Estando al frente de la puerta cuando Hyoga se detuvo y miró hacia atrás, siendo recibido por varias miradas escalando el nivel de ira, al verlos solo pudo agarrar con más fuerza el brazo de Seiya y con una silenciosa disculpa salió por la puerta.
Al verlos salir Geki soltó un suspiro de frustración mientras se pasaba una mano por su cara, al momento siguiente levantó su puño y dirigió su mirada al lugar en donde su puño terminó chocando, al ver el escrito totalmente destruido no pudo evitar reprocharse.
— ¿Qué haremos ahora? — al escuchar la pregunta Geki miro a Ban.
— Es obvio lo que haremos, vamos a buscarlos — le respondió con una sonrisa determinada, los demás al verlo sonrieron débilmente apoyando su decisión.
— ¿Qué haremos con la misión que nos encomendó la Diosa Atenea? —pregunta Ichi.
— Le enviaré un informe de los jóvenes que encontramos y pidiéndole que nos dé la misión de buscar a Jabu ya Kiki, el grupo de la esperanza puede encargarse de enseñarle a los jóvenes si no les interesa encontrar a los que están desaparecidos.
Sus amigos asintieron estando de acuerdo con lo dicho por Geki.
— Nachi, Ichi vayan a preparar algunas cosas que necesitaremos — los nombrados asintieron y se retiraron a organizar lo que necesitan.
— Ban, necesito tu ayuda — el elegido acercándose a Geki.
— ¿Qué pasa?
— Es algo un poco complicado — respondió con un suspiro.
Ambos se acercaron a un armario y Geki lo abrió, metiendo su mano sacó una caja de metal, al ver lo que tenía en sus manos Ban alzó una ceja.
— ¿Y eso exactamente qué es? – preguntó dubitativo.
— Se podría decir que son los documentos de los futuros santos que vendrán después de nosotros y jaja necesito ayuda para ordenarlos, son bastantes — terminó con leve cansancio, Ban lo miró en silencio hasta que suspirando para negar con la cabeza con una sonrisa divertida.
— Está bien Geki, te ayudaré con todo ese papeleo que tienes — Geki lo miró con una leve sonrisa.
—Gracias Ban.
Pasaron dos horas en donde Ban y Geki se la pasaron organizando los informes de los que podrían convertirse en futuros santos, Nachi junto a Ichi al terminar lo que estaban haciendo se fueron a entrenar.
— Este chico ¿cómo se llama?— preguntó dubitativo Geki por tener varios nombres en la cabeza, Ban se acercó y observó la imagen del chico reconociendo al momento siguiente.
— Mm se llama Kazuma, tiene mucha habilidad para ser principiante y es muy enérgico, pero es un chico de buen corazón — aseguró Ban con una sonrisa al recordar al niño.
— Oh, vaya, la siguiente generación será una sorpresa.
— ¿ellos quiénes son? — pregunto dubitativo Ban
— El pequeño se llama Sirius y la niña Rubi, no son familiares, son niños que perdieron a sus familias en un accidente o guerra.
— Entiendo.
Duraron hasta el atardecer, cuando Nachi acompañado de Ichi regresaron, los encontraron recostados contra la pared con expresiones cansadas.
—Creo que deberían dormir —aconsejo Nachi.
— No, tenemos que ir directo al Santuario — declara Geki.
— ¿No dijiste que íbamos a comenzar a buscar a los chicos? — se pregunta Ichi confundido.
— Sí, lo dije, sin embargo, necesitamos más información, algo deben saber algunos santos como Marin — sus amigos dudaron por un momento ante el cansancio que expresaban y con un leve suspiro asintieron.
— De acuerdo, pero, al momento que veamos el agotamiento en alguno de ustedes dos, descansaran — aseguró Nachi con seriedad, ante eso Geki y Ban asintieron fervientemente.
Santuario de Atenea, madrugada.
Al entrar en la sala del trono del Templo Patriarcal se arrodillaron mostrando respeto a su Diosa.
— Caballeros hace tiempo que no los veo, ¿cómo se encuentran? — saludo con una débil sonrisa, notando el malestar de sus caballeros y las expresiones que tenían.
— Diosa Athena, le trajimos los informes de los jóvenes que se convertirán en aprendices a caballeros.
— Nos encontramos bien Diosa Athena, gracias por su preocupación — respondió Ban — … ¿Su majestad?
— ¿Qué ocurre? — la preocupación se asomaba en sus ojos, ya sabiendo lo que podría preguntar.
— Queríamos pedirle a Diosa Athena si nos podría asignar la misión de buscar y encontrar a Jabu de Unicornio y Kiki, futuro santo de Aries — dijo Nachi con calma.
— Esa misión se las encomendé a Seiya y su grupo — ante la mención de pegaso Geki trato de disimular sus emociones para que su Diosa no las notara.
— Nosotros creemos que ellos son más capaces de enseñarles a los aprendices por sus experiencias de combate y el manejo del cosmos que nosotros, así nosotros nos centraríamos en buscar a Kiki ya Jabu — propuso Ban con tranquilidad, mirando al frente pero sin mirar a su Diosa.
Atenea lo pensó por unos momentos hasta que se levantó del trono para acercarse a sus santos.
— Estoy de acuerdo, les encargó la misión de encontrar a Kiki el futuro santo de aries y Jabu santo de unicornio, Seiya y los otros santos de bronce se encargarán del entrenamiento de los aprendices.
— Gracias Diosa Athena — dijeron al unísono el grupo, se levantaron y volvieron a hacer una reverencia para retirarse siendo despedidos por su Diosa.
Cuando salieron del Templo Patriarcal comenzaron a descender las doce casas con el objetivo de encontrar a la persona que les podría dar algún dato que no les hayan dicho Seiya y Hyoga.
Al pasar por las casas sintieron incomodidad por algún motivo, más en unas que en otras, Ban observo levemente la casa de Capricornio, Ichi había decidido fingir que no había sentido nada extraño al pasar por Piscis, Nachi hizo una mueca al pasar por Cáncer.
— Ustedes ¿lo sintieron, no? — la voz de Nachi salió en un susurro, su cuerpo estaba tenso.
— Si te digo, te miento — le respondió Geki, observando la palidez de sus amigos.
— Estoy más que seguro que los espíritus me quieren muerto — dice Ban con cansancio.
— No me sorprendería que sean los espíritus de los santos de oro los que observan quién pasa por su respectiva casa — declara Ichi.
Al pasar por Tauro los tres miran a Geki que medio había palidecido, los mira cuando se da cuenta de que lo observan.
— Yo creo que estoy alucinando por el cansancio — admitió desordenando su cabello por frustración.
— Creo que es mejor pensar eso que otra cosa — admitió Nachi con una débil sonrisa.
Coliseo
Marin se encontró entrenando a pesar de ya no portar la Cloth del Águila, a mitad de su entrenamiento recordó a esos dos y freno abruptamente, retrajo su puño hacia sí misma y extendió la mano para volver a cerrarla con mayor fuerza.
Se relajó brevemente hasta que escuchó que la llamaron.
— Ustedes son las camaradas de Unicornio, ¿verdad? — supuso Marín al ver al grupo de bronce.
— Tienes razón, Marin — respondió Geki
Marin suspir para despus cruzar los brazos — ¿Quiere saber exactamente qué?
— Desde el principio, si es posible
— De acuerdo ¿Seiya no les dijo nada?
— Creo que podrían haber olvidado algo después de todo paso una semana de eso — ante lo dicho Marin frunció el ceño quedando oculto por su máscara.
Marin había detenido su entrenamiento debido a un fuerte estruendo, al acercarse al lugar del ruido observando a Kiki de rodillas con las manos apoyadas en el suelo, a su lado se encontraba Jabu que por la distancia no podía ver su expresión.
Se fue acercando al dúo que se percató de su presencia cuando ella avanzó.
— Marin — dijo Jabu levantando una mano a modo de saludo, Kiki levantó la mirada para mirarla por un breve lapso para después volver a bajar la mirada.
— Jabu, Kiki ¿estaban entrenando, no?
— Sí, aunque, tuvimos algunos inconvenientes — respondió volviendo su voz débil a lo último, ante eso Marin miro de Jabu a Kiki.
Kiki se levantó y miró a Jabu, este miro los ojos del chico para al momento siguiente exhalar, Jabu dirigió su mano a la cabeza de Kiki para mover levemente su cabello con una suave sonrisa. Marín observó el intercambio de ambos en silencio.
— Marin, nosotros vamos a continuar con el entrenamiento — la nombrada acercándose a decidir sentarse en un escombro y observar.
Las horas iban pasando y el dúo seguía entrenando, ninguno de los dos cedía, Marin noto los errores que cometían ambos en algunos momentos.
El sol se había ocultado y las únicas presentes eran las estrellas, resultó ser que ese día sería luna nueva.
“¿Qué acaba de pasar?”, Marin parpadeo y volvió a mirar al dúo que había terminado su entrenamiento
Le pareció ver a Jabu volverse transparente “¿será mi imaginación?”, por un breve momento sintió escalofríos, la atmósfera se sintió extraña, se dirigió rápidamente su mirada al dúo y se levantó, de repente sintió como se le escapaba el aliento.
— ¡Jabú, Kiki! — grito Marin, acercándose lo más rápido que podía hacer el dúo, escucho a Jabu maldecir.
Jabu miraba con rabia y sospechaba a la matriz que se había aparecido recientemente que les impidió salir, después de varios intentos fallidos de destruirla, Kiki tenía una expresión de impotencia por no poder hacer nada incluso teletransportarse.
La matriz envolvió toda la arena, como una barrera impidió que Marín lograra acercarse.
Un cosmos misterioso se manifestó, causando que la respiración de la amazona se detuviera, Kiki sintió como si lo estuvieran aplastando, cada respiro que daba se volvía más errático que el anterior y Jabu se ponía en guardia acercándose al menor, el poder de ese cosmos. lo trataba de mandar al suelo, todo su cuerpo temblaba por la presión.
La matriz emitía sonidos escalofriantes mientras su brillo aumentaba, muchas energías comenzaron a rodearla. Jabu presintió que algo terrible iba a pasar.
Para su sorpresa y preocupación, Marín vio cómo Jabu y Kiki comenzaban a desvanecerse. Trató de romper lo que le impedía avanzar, cayendo estrepitosamente como si una fuerza superior la mandara hacia atrás.
Jabu miró con preocupación oculta como su cuerpo se iba desvaneciendo, hasta que sintió una energía que se dirigía hacia ellos con una aterradora velocidad, sus ojos expresaron sorpresa y alarma, oponiéndose con fervor a ese cosmos se acercó con rapidez a Kiki.
—Jabu? — la sorpresa y confusión se distinguieron en su tono, Jabu abrazo con fuerza a Kiki.
Con preocupación, Kiki agarró y presionó una pequeña parte de la camisa de Jabu.
Ambos jóvenes desaparecieron en un brillo rojizo, dejando el lugar como si nadie hubiera estado allí, con preocupación Marín trataba de sentir sus cosmos, logró sentirlos brevemente, para después como si se tratara de una vela se apagará.
Su vista se dirigió directamente al cielo, alarmándola al instante. Las constelaciones de Unicornio y Aries habían desaparecido.
Se dio la vuelta y comenzó a correr directo al Santuario donde se encontraban su Diosa y los demás Santos.
— Ellos desaparecieron por una matriz desconocida y ese cosmos…— Ban frunció el ceño apretando con fuerza sus puños.
— ¿Creen que podría ser un nuevo enemigo? — la preocupación apareció en los ojos de Nachi
— No cabe duda, para nuestra mala suerte — Geki cerro los ojos y suspiro, miro a la antigua amazona del Águila — Muchísimas gracias por contárnoslo Marin.
La amazona económica con la cabeza — No, está bien.
— Tenemos que irnos, nos vemos Marin — el grupo se despidió y comenzó a alejarse de la amazona.
— Suerte en su misión, Santos de Athena — Marin observa como al grupo que se aleja, miro hacia arriba por un momento contemplando el cielo — Parece que algo sucederá.
Un chico levantó la mirada al sentir un leve cosmos emerger en las cascadas de Rozan.
Frunció el ceño en esa dirección dudando si acercarse, soltando un largo suspiro se dio la vuelta y continuo su camino por dirección opuesta a la cascada.
— No tengo nada que hacer allá — sus ojos se cerraron momentáneamente, una opresión en el pecho le hizo hacer una mueca — Después de todo, ya no se me permite acercarme a ese lugar.
Un tintineo llamó su atención, pero no provenía de ningún lado, resoplando el chico se cruzó de brazos y volvió a caminar.
— Parece que está enojado contigo — le dijo con tono burlón al hombre con los brazos cruzados.
— Oh cállate.
La respuesta del mayor hizo reír al que estaba a su lado.
Notes:
¡He regresado!
Ay perdonen por no actualizar, mi mente anduvo volando.
Posiblemente, me tarde en actualizar, pero esta historia no la abandonaré.Nos vemos la próxima que espero que sea pronto.
