Chapter Text
"Maldición "murmuró Draco saltando aterrorizado cuando escucha un grito en la lejanía del bosque. Su corazón late con fuerza en su pecho, y su respiración se vuelve agitada. Voltea con la luz de su linterna temblando, pero no le da la suficiente iluminación en la extensa oscuridad, la luz parecía débil y vacilante, como si estuviera a punto de apagarse en cualquier momento y Draco solo podía maldecir su mala suerte.
Las hojas crujen debajo de sus botas de nieve, que le habían costado un mes de sueldo y que solo las usaba para sus viajes anuales de vuelta a casa en Malfoy Manor en Navidad (Yule) , cuando se veía obligado a soportar la compañía de su familia. Su padre, en particular, siempre lo criticaba por vestirse como un muggle, pero a Draco no le importaba. Le gustaba su estilo, y no veía por qué debía cambiar solo para complacerlo.
Draco no era una persona a la que le gustaran las actividades al aire libre. De hecho, las aborrecía con toda su alma. Prefería la comodidad y el lujo de su apartamento, con sus muebles de diseño y su vista impresionante de la ciudad. O, mejor aún, prefería los restaurantes caros y elegantes, donde podía disfrutar de una buena comida y un ambiente refinado. Personalmente, lo encontraba más acorde a su excéntrica personalidad. Así que cuando aceptó este maldito reto, no había pensado en la logística de deambular por el bosque espeluznante por la noche. No había pensado en la oscuridad, el frío y la humedad. No había pensado en la posibilidad de perderse o de encontrarse con algo... o alguien... que no quería encontrar.
Pero ahora que estaba aquí, maldiciendo su mala suerte y su falta de juicio.
Solo había pensado en ir rápidamente y buscar la cosa inexistente que le comentaron sus amigos por medio de rumores. "El monstruo del lago", lo llamaban. Una criatura mítica que supuestamente habitaba en las profundidades del lago. Draco no creía en esas tonterías, pero había aceptado el reto para demostrar su valentía y su superioridad sobre sus amigos. Ahora, mientras caminaba por el bosque oscuro y silencioso, se preguntaba si había sido una buena idea. La oscuridad parecía cerrarse sobre él, y el silencio era tan profundo que podía escuchar su propio corazón latiendo en su pecho. Draco se estremeció y siguió caminando, tratando de convencerse a sí mismo de que todo iba a salir bien.
Podría maldecir a su yo del pasado en este momento por aceptar el maldito reto que sus amigos decidieron hacerle. Era un maldito idiota. ¿Por qué había aceptado este reto estúpido? ¿Por qué había permitido que sus amigos lo convencieran de buscar al monstruo del lago en medio de la noche? Ahora estaba aquí, solo y asustado, con una linterna débil y sin varita.
Era como si el maldito karma le estuviera pateando el trasero después de hacer que sus amigos cayeran en sus travesuras perversas en el pasado. Draco había sido siempre un maestro de la manipulación, y había disfrutado viendo a sus amigos caer en sus trampas.
Pero ahora, parecía que la suerte se había vuelto en su contra.
Y para rematar, no tenía su varita. La había dejado en su apartamento, bajo la insistencia de sus amigos. Todos habían negado rotundamente cuando les dijo que llevaría su varita, y con gran satisfacción les dijeron que si no hacía caso a sus demandas podrían retarlo a algo mucho peor si se negaba.
Draco solo pudo estallar en una furia histórica e insultarlos hasta más no poder. "¡Esto es una estupidez!", gritó. "¡No hay nada en este bosque!". Pero sus amigos solo se rieron y lo provocaron.
"Vamos a buscar al maldito monstruo del lago", dijeron en burlas. "Será divertido", dijeron. "Veremos quién es el cobarde ahora". Draco se sintió enfurecido por sus palabras. Era un maldito idiota por haber aceptado este reto. Ahora estaba pagando el precio por su estupidez.
Apretó la linterna en un puño y siguió adelante, tratando de mantener la calma. Pero al atravesar una rama, se le pegó una telaraña a la cara. Draco solo pudo estallar en irritación más aún cuando esta entró a su boca y pudo escupirla con una clara mueca de asco. Se limpió la boca con el dorso de la mano, tratando de eliminar el sabor a polvo y telaraña. "Esto es repugnante", murmuró para sí mismo.
No se dio cuenta en qué momento su cabello caía en una cascada cuando tropezó de repente. El impacto lo hizo perder el equilibrio y caer al suelo con un golpe seco. "Este debe ser el maldito peor momento de mi vida", gritó Draco en furia cuando se levantó, sacudiendo la tierra y las hojas de su ropa. Agarró su cabello y sintió que estaba alborotado y desordenado, lo que solo aumentó su irritación. "¿Por qué esto siempre me pasa a mí?", se preguntó, sacudiendo la cabeza en frustración.
"Maldita sean Pansy, Blaise y Theo", murmuró Draco entre dientes, apretando su mandíbula en una mueca de rabia. "Juro que cuando se dé la oportunidad, me vengaré cruelmente de ustedes". Su voz era baja y amenazante, y se aseguró de no gritar en medio de la nada. Alzó sus brazos y trató de acomodar su cabello, que le había costado mucho tiempo y esfuerzo peinar y hacerlo suave. La idea de que sus amigos lo hubieran llevado a esta situación humillante lo enfurecía aún más. "Esto no quedará así", se prometió a sí mismo, con una determinación fría y calculadora.
De repente, la cosa muggle de su abrigo empezó a sonar, rompiendo el silencio de la noche. Agarró el celular con rapidez, lo prendió con un botón y las luces de la pantalla iluminaron su cara, haciendo que se sintiera aún más vulnerable en la oscuridad. Estabilizó la linterna con su otro brazo, tratando de mantener el equilibrio mientras miraba la pantalla del celular. No quería imaginarse qué pasaría si se le cayera el celular al no agarrarlo bien. La idea de que su preciado dispositivo muggle se estrellara contra el suelo y se dañara irreparablemente le dio escalofríos. "No, no, no", se dijo a sí mismo, tratando de mantener la calma.
La voz de Pansy rompió el silencio, resonando en la oscuridad "¿Encontraste algo, Draco?", preguntó con una nota de frustración y ansiedad en su voz.
Draco respondió con un tono sarcástico y despectivo, dejando que su voz se desvaneciera en un susurro irónico que parecía burlarse de la situación. "Nada. No veo nada que parezca... no lo sé, anormal", comentó, su voz cargada de escepticismo y desdén.
"¿Te has asegurado de buscar huellas?", dijo Pansy, su voz ligeramente demandante. Draco se sintió enfurecido por la insinuación de que no estaba haciendo su trabajo correctamente.
"Por supuesto, las huellas... ¡como pude olvidarlo!", respondió Draco con sarcasmo, su voz elevándose en irritación. "¡Claro que no, Pansy! ¡Mi maldita linterna no funciona! ¡No ilumina lo suficiente!", gritó, su frustración y rabia explotando en un estallido de ira.
"¡Solo prende la linterna del celular, no seas idiota!", dijo Pansy con exasperación.
"No prende", respondió Draco, su voz llena de frustración.
"¡Solo desliza el dedo en notificaciones y presiona el icono! ¡No está tan difícil, Draco!", insistió Pansy, su paciencia agotándose.
"Ah, ya prendió", dijo Draco finalmente, su voz un poco más tranquila.
Pansy rodó los ojos en irritación, sacudiendo la cabeza en un gesto de exasperación. "¿Cómo puedes ser tan torpe, Draco?", se preguntó en voz baja, su tono reflejando una mezcla de frustración y incredulidad. Después de una pausa, su voz se elevó ligeramente, llena de ansiedad. "¿Y... encontraste huellas?"
"Es un poco difícil ver el suelo a menos que tenga la linterna del celular apuntando directamente hacia abajo", respondió Draco, acercándose al suelo y entrecerrando los ojos para examinarlo más de cerca.
"¡Necesitamos pistas para probar que esta cosa existe!", insistió Pansy, su tono frustrado y exasperado. "Revisé todo antes de que empezáramos, pero no encontré nada. ¡Algo tiene que haber aquí!"
La frustración de Pansy hizo que Draco se sintiera aún más irritado. "¿Crees que no lo sé?", respondió, su voz baja y sarcástica, con un deje de resentimiento. Se cruzó de brazos, mostrando su malhumor, y agregó con una sonrisa desdeñosa: "Porque no mejor se rinden y nos largamos. Estoy seguro de que esa cosa que buscan ni siquiera existe".
Pero antes de que pudiera seguir hablando, la voz de Pansy sonó en su oído, cortante y amenazante. "¡Solo cállate y busca o me aseguraré de maldecir tu maldito trasero!"
Draco estuvo a punto de replicar, pero la llamada ya había sido terminada. Solo pudo rodar los ojos con molestia, sintiendo una mezcla de frustración y rabia. No era su maldita culpa que lo arrastraran a esta estúpida aventura. A Draco no le gustaban los misterios, él no era alguien valiente. Preferiría mil veces estar en otro lugar que este, rodeado de oscuridad y silencio. La idea de estar allí, buscando algo que probablemente no existía, lo hacía sentirse como un idiota.
Cuando la idea surgió de sus amigos, Draco se negó rotundamente a ir con ellos. Nunca pensó que utilizarían el reto para obligarlo a cumplirlo y acompañarlos en su búsqueda del monstruo del lago. ¡Y sin varita!
Todos estuvieron estúpidamente de acuerdo en ir como personas normales, "muggles" entre comillas. Draco no podía creer que sus amigos fueran tan ingenuos. ¿Qué pasaría si se encontraban con algo peligroso? ¿Qué pasaría si no podían defenderse? La idea de estar en una situación tan precaria lo hacía sentirse cada vez más irritado y ansioso.
Era el único con sentido racional en su grupo, al parecer.
Pansy era una fanática de lo paranormal, y se le había ocurrido esa idea tan loca y espeluznante de buscar el monstruo del lago. Quiso arrastrarlo a su aventura junto con Blaise y Theo, que no negaron en ir con ella. Era como si estuvieran bajo un hechizo, pensó Draco con ironía. Todos estaban tan embelesados con la idea de encontrar algo sobrenatural que no parecían darse cuenta de la locura que estaban haciendo. Y él, por supuesto, estaba atrapado en medio de todo eso
Y lo peor de todo era que se supone que eran Slytherins, no. Actuaban como si fueran unos estúpidos Griffindors, impulsivos y emocionales, sin pensar en las consecuencias de sus acciones. ¿Dónde estaba la astucia, la ambición y la determinación que se suponía que caracterizaban a los Slytherins? Draco sacudió la cabeza, disgustado con sus amigos y con la situación en general.
Además, Draco era un sanador, no tenía tiempo para estas tonterías paranormales que tanto les gustaban de los muggles. De hecho, era nuevo en ser una persona normal sin magia. Apenas y podía manejar el celular y la linterna prendidos, y eso ya era un logro para él. La tecnología muggle era un misterio para él, y se sentía como un niño pequeño tratando de aprender a usar un juguete nuevo.
La idea de estar en un lugar sin magia, sin la comodidad de poder usar sus habilidades para defenderse o curarse, lo hacía sentirse incómodo y vulnerable. Y para colmo, estaba rodeado de amigos que parecían disfrutar de esta situación, como si fuera una especie de aventura emocionante. Draco sacudió la cabeza, pensando que estaba rodeado de lunáticos.
Antes de realizar la búsqueda del monstruo, Draco se aseguró de reclamarle a Pansy de muchas maneras. Le dijo que podrían investigar de día, cuando la luz del sol hacía que todo pareciera más seguro. Pero Pansy, como la terca que era, insistió en que el único registro de que se veía a la criatura era de noche. Draco suspiró con cansancio, miró la luna que había estado detrás de las nubes durante la mayor parte de la noche. La oscuridad era casi palpable, y la lejanía de cualquier civilización hacía que la noche pareciera aún más sombría. La iluminación de la luna era débil, y no hacía mucho para aliviar la oscuridad.
Tragó saliva e inclinó su linterna hacia abajo, iluminando las formas de hojas y enredaderas de los árboles mientras caminaba. Intentó no pensar en perderse, pero la idea persistía en su mente como una sombra ominosa. Solo estaba mirando la tierra y las enredaderas... ¿No había serpientes en el bosque, verdad? Draco tembló, odiaba a esos malditos animales venenosos. La idea de que una serpiente podría estar escondida en la oscuridad, esperando para atacar, lo hizo sentir un escalofrío en la espalda. Se obligó a sí mismo a respirar profundamente y a seguir adelante, pero su corazón latía con una velocidad alarmante.
Una vez se topó con uno y lo mordió, tuvo que estar en cama enfermo por el veneno que estas producían. Respiró hondo, tratando de calmar su corazón acelerado.
El era un Slytherin, sin embargo le tenía miedo a las serpientes ¿Patético no?
"Maldición, respira", murmuró para sí mismo, intentando relajarse. Tal vez hasta le dé un paro por esto y se desmaye solo en el bosque, pensó con ironía. La idea de que Pansy y los demás lo encontrarían inconsciente en el suelo, rodeado de serpientes y oscuridad, lo hizo sentir un escalofrío en la espalda. Tal vez debió dejar una nota reclamándole a Pansy en papeles para su funeral, por causar su muerte. "Pansy Parkinson, asesina en serie ", pensó con amargura.
Realmente debió haberse quedado en casa. Oh, cómo extrañaba su cálida y esponjosa cama. La vida era mucho más simple y segura entre sábanas de seda y almohadas de plumas. Pero no, había tenido que dejar todo eso atrás para seguir a Pansy en su búsqueda interminable del monstruo del lago. Ahora estaba aquí, en medio del bosque, rodeado de oscuridad y peligros desconocidos. Genial. Simplemente genial.
De repente algo golpea su cara interrumpiendo sus pensamientos y el cosquilleo de sus piernas es suficiente para romper el control que tiene Draco sobre sí mismo. Un grito de terror y sorpresa sale de su garganta, resonando en la oscuridad del bosque. Su voz se eleva en un tono agudo y desesperado, mientras que su cuerpo se tensa en una postura defensiva. El sonido de su propio grito lo hace sentir aún más vulnerable y expuesto en la oscuridad. ¿Qué había sido eso? ¿Una araña? ¿Una serpiente? La idea de que algo se hubiera posado en su cara lo hizo sentir un escalofrío en la espalda.
Agita los brazos con desesperación, dejando caer algo, trata de pasarse las manos por la cara y su cabello, pero sus dedos solo encuentran una textura viscosa y repugnante que se adhiere a su piel como una segunda capa de piel. Sus dedos atrapan el tirón delicado de algo que le recuerda a piernas peludas y múltiples ojos. Cada pasada de sus manos lo empeora, las cosas se arrastran sobre su piel, bajando por su cuello, y el pánico inunda su mente como una ola de terror que lo ahoga. Sus ojos se abren atónitos, y su respiración se vuelve rápida y superficial, como si estuviera tratando de escapar de su propio cuerpo. Lo único que su cuerpo permite es correr, y Draco corre sin parar, sin mirar atrás, sin saber hacia dónde va, solo sabe que tiene que escapar de aquella cosa horrorosa que se ha adherido a su piel y que parece estar devorándolo vivo. La oscuridad se cierra a su alrededor como una trampa mortal, y Draco se siente como si estuviera corriendo hacia su propia muerte.
Y corre sin mirar atrás.
