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Desde el momento en que nació su vida estuvo repleta de riquezas y lujos ostentosos, se le enseñó a nunca agachar la cabeza ni siquiera ante su marido, rechazó miles de pretendientes solo porque no alcanzaban sus expectativas, pero de haber sabido lo que le deparaba el futuro habría aceptado incluso al menos indicado.
Su familia cayó en la miseria y sus padres pensaron que la mejor solución sería vender a una de sus hijas a cambio de un poco de dinero y prestigio, Joonghyuk fue forzada a abandonar y pisotear todo aquello que la enorgullece, su educación, orgullo y dignidad fue lo que tuvo que sacrificar a toda costa solo para mantener a salvo a su hermana pequeña, porque lo que sabía el resto de su familia podía pudrirse en la pobreza, pero jamás dejaría que Mia sufra por eso, mucho menos que ella fuera vendida a un viejo repugnante como era su caso, eligió vivir ese infierno por el bien del único miembro de su familia que realmente amaba.
La despedida fue lo más difícil, el llanto incesante de su hermana que le pedía que por favor no la dejara sola y que podía trabajar con tal de que no se fuera, aunque la idea de abandonar todos los lujos no le desagrada, sabía que sus padres no dudarán en venderlas a ambas con tal de sacar un poco de ventaja, así que lo mejor era que solo ella se resignada a ese destinó.
La ceremonia fue cuando pudo ver por primera vez al hombre que sólo tuvo que arrojar un par de monedas en la cara de sus padres para que la vendieran así como si nada, estaba asqueada, el sujeto tenía la edad suficiente como para ser su padre e incluso más por las arrugas de su rostro y la falta de cabello en algunas zonas, era una humillación, tener que rebajarse a tal nivel solo por la codicia de sus padres, era repugnante el solo pensar en qué estaba obligada a complacer a ese hombre solo porque la había comprado para hacerla su esposa, no estaba preparada mentalmente para el asco que sintió cuando la besó para consumar la ceremonia, quería vomitar pero debía aguantar lo suficiente solo por el bien de su hermana, hacía esto por ella y nadie más, debía ser fuerte, se repetía eso una y otra vez.
Aun así no fue capaz de soportar la primera noche con su ahora marido, pensó que la primera vez que tuviera relaciones seria con alguien que al menos le causará algún tipo de reacción positiva, pero en su lugar fue abusada y tratada como una simple muñeca de trapo, mientras ese hombre dormía satisfecho por haberla usado a su antojo, Joonghyuk sentía como una parte de ella moría al darse cuenta que así sería el resto de su vida, era una muñeca cara que estaba en exhibición para el mundo, que cualquiera que pagará la suma adecuada de dineros podría usarla a su antojó, romperla y maltratarla cuanto quisieran porque no era más que un objeto que en cuanto dejara de ser útil sería descartada como si nada.
Yoo Joonghyuk deseaba morir.
Tuvo que olvidar lo que le su familia le enseñó, ya no le servía hacerle frente a su marido, si lo hacía era golpeada y encerrada en su habitación sin comer por días para que aprendiera cuál era realmente su lugar, incluso si en su deber marital no era capaz de dar un buen espectáculo ante ese hombre su castigo era el mismo, su cuerpo está lleno de cicatrices y moretones, morir no sería un inconveniente pero si eso pasaba lo que su familia obtuvo por venderla sería confiscado por vender un producto defectuoso, solo tenía que fingir ser alguien que no era, ser una esposa devota y sumisa que acatará cualquier orden de su señor, incluso si eso era algo tan simple como complacer a su esposo todas las noches a pesar de lo mucho que le asqueaba, o algo que aplastará cada vez más y más su orgullo, ser follada en frente de personas importantes para demostrar lo buena esposa que era, incluso dejarse abusar por esas mismas personas que podían tener el privilegio de alardear sobre cómo Yoo Joonghyuk era una prostituta que disfrutaba ser tocada por varios hombres.
Ya no era la misma, ni siquiera era la sombra de lo que solía ser, en el pasado fue una mujer fuerte a la que nadie se atrevería a tocar y ahora era solo un juguete para la diversión de su esposo y de sus socios, quería acabar con su sufrimiento pero aún tenía la esperanza de que todo lo que había vivido fuera un mal sueño y que al día siguiente estaría en su hogar disfrutando una taza de té con adorada hermana, solo los recuerdos del pasado la ayudaban a seguir con vida, su miseria fue recompensada unos días después, la mansión estaba corta de personal y aunque su esposo era quien se encargaba de contratar a nuevos sirvientes dijo que era un pequeño obsequio por su buen comportamiento, aunque la regla era que todos los sirvientes nuevos debían ser mujeres, ya sabía a qué se debía eso, cuando ella no podía cumplir sus ‘tareas’ como la señora de la casa una de las sirvientas tenía la desdicha de ser elegida para hacerlo en su lugar, pero a diferencia de ella esas mujeres jamás volvían después de ser llamadas, sabía mejor que nadie que es lo que pasaba detrás de las puertas del despacho de su marido, que siguiera viva solé era porque ese hombre la consideraba su juguete favorito y sería una pena que se rompiera por culpa de sus socios que estaban igual o incluso más enfermos que él.
Sinceramente ella no quería conseguir nuevas sirvientas, menos sabiendo cual sería su destino así que procuro que ninguna de ellas fuera del agrado de su esposo, si al menos alguien debía sufrir que sea ella, ninguna otra mujer merecía pasar por el mismo infierno que ella pasaba, tuvo que fingir que las eligió de esa manera porque quería la atención de su marido solo para ella, a veces dudaba de si realmente ese hombre creía ciegamente que ella disfrutaba todo ese maltrato pero mientras siguiera pareciendo una esposa sumisa, de esa forma nadie sospecharía si misteriosamente ese sujeto moría de causas desconocidas, estaba más que segura que ese día llegaría y solo cuando estuviera realmente libre de su infierno acabaría con su vida, no sabía si sería capaz de vivir como si nada después de vivir tres años siendo abusada por tantos hombres, algunos que jamás había visto en su vida, mientras que otros era amigos de su padre o incluso antiguos pretendientes que rechazó, definitivamente no podría seguir con vida aún cuando ese calvario terminase.
El día que el nuevo personal llegó a la mansión había alguien fuera de lugar, un hombre de cabello negro con rasgos delicados, delgado y con piel de porcelana, cuyos ojos brillaban más que las estrellas del firmamento, definitivamente no encajaba en el lugar, en parte porque era un hombre, solo podía recordar a otra persona parte de su esposo que tenía permitido estar en la mansión pero ese era el antiguo mayordomo que falleció en un fatídico accidente hace unas semanas atrás, pero incluso ese sujeto si encajaba en la mansión dado que era una persona de edad muy avanzada, alguien con quien jamás se atrevería a engañar a su esposo dicho eso por el mismo, cuando por pura curiosidad preguntó que hacía ahí, aunque para saber eso tuvo que hacer algo realmente desagradable, pero sabía que si ese hombre desconocido estaba ahí solo sería para agregar un peso más a su ya difícil vida, seguramente algún nuevo socio de su marido que debería ser atendido por ella.
Para su sorpresa ese hombre era el hijo del antiguo mayordomo, su nombre era Kim Dokja, el puesto que ocupaba su difunto padre se le fue otorgado, dado a la confianza que tenía su esposo en la familia Kim, no sabía porque tendría tanta confianza en una familia que solo estaba destinada a pasar el cargo de mayordomo generación tras generación, pero tal parecía que eso no era lo único que hacían, se enteró que ellos hacían el trabajo sucio de su marido, eran entrenado con ese propósito, para servir a sus amos sin importar cual fuera la orden, ya sea encargarse del manejo de la mansión como también aniquilar cualquier posible amenaza que atentara contra la vida de sus señores.
Su esposo le sonría asquerosamente feliz diciendo que Dokja era su sirviente y que no dudará en pedirle cualquier cosa que quisiera, ya que ella era su dueña, su vida le pertenecía a ella y por primera vez después de mucho tiempo Joonghyuk volvió a sentir un poco del poder que poseía antes de ser obligada a casarse con ese asqueroso anciano, antes de perder todo rastro de su orgullo y dignidad, pero se preguntaba si realmente Kim Dokja iba a serle leal, después de todo ella solo era el juguete de su verdadero amo así que simplemente no le dio importancia a la existencia de ese hombre.
No podía darse el lujo de controlar la vida de alguien más, cuando ni siquiera podía controlar su propia vida y simplemente se limitaba a seguir adelante de manera automática, su llegada no hacía diferencia alguna en su rutina, seguía siendo el entretenimiento favorito de su esposo y sus socios, seguía siendo un simple juguete con el que podían divertirse un rato tratando de ver que tan lejos podían llegar antes de romperlo, las nuevas sirvientas la veían con lástima, incluso aunque la tratarán como un objeto no tenían la más mínima decencia de dejarla limpia, al menos lo suficiente para que nadie se enterara de lo que hacía o mejor dicho lo que le hacían en esas reuniones de negocios, nadie se atrevía a ayudarla, ni siquiera quienes la ayudaban a vestirse y bañarse todos los días se acercaban a tenderle una mano.
Pero Kim Dokja no hizo eso, al contrario la cargó en brazos hasta su habitación incluso ignorando por completo que estaba llorando porque al fin alguien se preocupaba por ella.
Poco a poco se hizo más cercana a él, su vida seguía siendo un infierno pero al menos tenía a Dokja que no dudaba en estar ahí para ella y escucharla, apaciguar su llanto con falsas promesas de que todo terminaría pronto, que algún día iba a ser feliz de nuevo, aunque sabía que sólo le decía eso para tranquilizarla no podía evitar confiar ciegamente en todo lo que le decía, tenían casi la misma edad, y a diferencia del resto de sirvientes él era servicial además qué podía decir con total seguridad que Kim Dokja era atractivo, aunque algunas de las sirvientas decían que era feo, para Joonghyuk era un hombre hermoso, tal vez era porque se preocupaba por ella y porque disfrutaba de su compañía pero mientras los días pasaban más disfrutaba de estar cerca de él.
Unos días después su esposo la llamó a su despacho, sabía lo que la esperaba del otro lado asique su emoción no pudo ser contenida cuando le dijo que debía irse por tiempo indefinido y que estaría sola, su marido era un imbécil que confundió sus lágrimas de felicidad con tristeza por su partida, pero Joonghyuk no dejó de sonreír hasta que al fin se fue, era libre, tal vez no completamente pero podía respirar tranquilamente otra vez, podía relajarse por un buen tiempo, aunque fuera solo un placebo estaba agradecida de no sentir el asqueroso toque de su esposo y de sus socios por varios días que si era lo suficientemente afortunada tal vez podrían ser semanas, meses o si era muy codiciosa y le pedía a todos los santos tal vez podría pasar incluso años sin ser usada como un simple objeto para satisfacer a ancianos desagradables, Dokja podía notar su felicidad, incluso diciéndole que se veía más radiante que de costumbre y era verdad, estaría en paz, podría dormir como corresponde después de tantos años y aprovechar para volver a practicar con la espada.
— Mi lady, realmente no estoy seguro de esto. — Había conseguido convencer a Dokja de que practicará con ella. — No deberíamos hacer esto, es arriesgado y si resulta herida su…
— Kim Dokja. — Al fin podía aprovechar su tiempo libre como ella quisiera y no quería hablar de su marido, mucho menos con él. — No quiero que nombres a ese asqueroso cerdo cuando estás conmigo.
— Pero…
— Suficiente.
No le dio tiempo de nada, simplemente se abalanzó sobre Dokja con un ataque rápido, incluso después de haber dejado de practicar por tanto tiempo su cuerpo sabía cómo moverse, desde que era una niña fue entrenada para convertirse en la cabeza del ejército de su familia, como primogénita era su deber ser eficaz y perfecta en sus ataques, sin tener misericordia por el enemigo, y parecía que su desempeño logró impresionar a Kim Dokja que estaba perplejo por la forma en que sus espadas coleccionaba contra la otra al punto que chispas volaban cada que lo hacían, él no la conocía, al menos no quien ella era realmente, esa era la verdadera Yoo Joonghyuk, una mujer implacable que jamás agachó la cabeza incluso en la derrota seguía mirando desde lo más alto, podía decir que de esa manera se sentía completa, tal como en el pasado.
Kim Dokja había tenido un entrenamiento similar al suyo aunque podía ver la diferencia abismal entre ambos que lo único que lograba era quisiera seguir peleando, su codicia fue tal que no vio por donde pisaba haciendo que perdiera el equilibrio pero aun así jamás llegó a tocar el suelo, Dokja fue lo suficientemente ágil para sostenerla justo a tiempo haciendo que sus cuerpos estuvieran demasiado pegados al otro, sus manos descansaban en ambos brazos que la sostenían en su lugar, por debajo de la tela podía sentir los músculos de Dokja que no podían ser vistos a simple vista por la cantidad de ropa que usaba diariamente, su rostro estaba a la altura de su pecho semidescubierto que estaba adornado por el sudor causado por su pequeña sesión de entrenamiento, sus miradas se encontraron brevemente, Joonghyuk quería que ese momento fuera eterno pero Kim Dokja no pensaba lo mismo solo la regañó diciéndole que eso había sido peligroso y que si se hubiera lastimado sería un gran problema asique su día fue obligado a terminar ahí mismo.
Depues de cenar y bañarse antes de ir a dormir no podía dejar de pensar en lo cerca que estuvo de Dokja esa mañana, siempre se sintió asqueada por cualquier tipo de roce que tenía con cualquier hombre incluso se intensificó después de ser vendida a su esposo, pero con Kim Dokja era diferente, realmente deseaba que la tocara, incluso si era un roce ella anhelaba eso más que nada en el mundo, quería más que solo su consuelo, quería saber cómo serían sus caricias, si él sería más gentil que el bastardo de su marido, quería comprobar si realmente el sexo era algo tan maravilloso como decían algunas mujeres con las que hablo en el pasado en fiestas, no quería seguir pensado en ese tipo de cosas, eso solo la volvería una mujer codiciosa, su destino ya estaba escrito y no había forma que unas simples fantasías se volvieran realidad.
Aun así día tras día seguía dándole vueltas a lo mismo haciendo que fuera incapaz de conciliar el sueño, era una tortura y no sabía como ponerle fin a eso, hasta que una noche no soporto más y decidió atreverse a hacer algo que jamás había hecho, nunca tuvo la necesidad de autocomplacerse hasta ese entonces, era algo nuevo para ella, aún así era la única forma porque si seguía de esa manera terminaría volviéndose loca. Tímidamente deslizó uno de sus dedos palpando hasta encontrar ese manojo de nervios que muchas veces leyó que era capaz de hacer que una mujer se viniera solo con tocarlo un par de veces, así que empezó con movimientos circulares tranquilos soltando pequeños gemidos en el proceso, se sentía bien, demasiado, no sabía qué eso era posible.
Poco a poco comenzó a sentir la humedad de su sexo, haciendo que fuera más fácil y placentero tocarse, no estaba segura de si lo que hacía estaba bien, incluso aunque masajeara el manojo de nervios no era suficiente, sentía que estaba apunto de venirse pero aún no podía tener su tan ansiado orgasmo, asique dejo que su imaginación corriera libre y en lo único que pudo pensar fue en Kim Dokja, que era él quien la estaba tocando de manera tan obscena, podía escuchar claramente su voz diciéndole al oído lo mucho que disfrutaba eso, que no se veía como una mujer noble.
— Kim Dokja…— Se volvió desesperada, quería más que solo eso, quería tenerlo dentro suyo, entonces con su dedo índice fue palpando su entrada. — ¡Ah! Justo…ngh…justo ahí Dokja-yah.
Continuo perdiéndose en la lujuria, se sentía extrema bien y solo quería correrse, en cuanto pudo introducir el primer dedo no espero adaptarse a la nueva intromisión y comenzó a embestirse mientras continuaba masajeando su ya muy abusado clítoris, aún no era suficiente para Joonghyuk, quería más y más, pronto introdujo un segundo y tercer dedo en su estrecha cavidad y que los apretaba gustosamente ante la idea de que ese era el pene de Kim Dokja, que accidentalmente vio en una ocasión pero que ahora estaba agradecida de haberlo visto, el miembro de Dokja era grande, incluso más que el de los otros hombre con los que era obligada a acostarse, realmente deseaba ser penetrada por él pero en ese momento solo podía conformarse con su imaginación.
— ¡Dokja! Mmm…más, por favor. — Se había dejado llevar por la lujuria, las embestidas de sus dedos se habían vuelto erráticas, incluso con su mano libre masajeaba uno de sus pechos a través de su fino camisón, la tela era tan delgada que pareciera que no llevaba nada puesto. — ¡Si! Ngh…úsame ¡por favor úsame, Kim Dokja!
Con un gemido entrecortado se corrió haciendo que sus dedos quedarán empapados con sus fluidos, estaba hecha un desastre, su cuerpo estaba cubierto de sudor y no dejaba de temblar por la sobre estimulación, habían lágrimas sin derramar en sus ojos así como un surco de saliva que salía de su boca, aún después de haber tenido el primer orgasmo de su vida aún no era suficiente para ella, era codiciosa quería repetirlo toda la noche hasta que estuviera satisfecha, pero primero necesitaba verlo otra vez, ver a Kim Dokja sólo una vez para que su imaginación volviera a correr libremente sin problema.
No le tomó mucho tiempo llegar hasta la habitación de Dokja, que aunque era parte de la servidumbre tenía sus propios aposentos y estaba agradecida por eso porque si el resto de sus sirvientes veían como la señora de la casa se paseaba en paños menores se lo harían saber a su inmundo esposo que volvería lo más rápido posible para enseñarle cómo comportarse, pero no quería pensar en eso, en ese momento solo debía ser rápida y ver a Kim Dokja que estaba durmiendo tranquilamente.
Pero no pudo hacerlo, no cuando Dokja estaba durmiendo completamente desnudo.
Cerró con suma delicadeza la puerta para no despertarlo, sabía que sólo debía mirar y nada más, pero que estuviera así solo la incitaba a querer hacer algo más que mirar y así lo hizo, de manera lenta se subió sobre él procurando no hacer ningún movimiento brusco para poder aprovechar más el momento porque en el momento en que Dokja despertará la llevaría hasta su habitación haciendo que se sintiera decepcionada.
No podía creer lo que estaba haciendo, la lujuria la había cegado completamente al punto que no podía pensar con claridad, ni siquiera supo por qué creyó necesario sentarse sobre su miembro haciendo que el roce fuera suficiente para hacerla gemir por la sensibilidad que poseía en su zona íntimas después de haberse corrido violentamente hace unos minutos atrás.
— ¿Mi lady? — Alzó la vista horrorizada. — ¿Qué es esto?
Estaba avergonzada, no controlo el sonido que salió de su boca que fue capaz de despertar a Dokja de su sueño, aún así no quería dar marcha atrás, la realidad es que quería que él la tomara sin pudor alguno, ella era su dueña después de todo pero no quería ordenarlo a que la follara, eso sería hacer lo mismo que le hacían a ella, no quería que Kim Dokja se sintiera obligado a tocarla, al contrario quería que él tomara la iniciativa, si iba a hacer esto entonces quería que fuera algo que ambos quisieran.
— Kim Dokja. — Elevo la parte delantera de su camisón mostrando que no llevaba nada debajo. — Te necesito.
— Mi lady…no, esto…esto está mal nosotros…— Puso sus manos en el abdomen de Dokja y con lentitud se frotó contra su entrepierna haciendo que gimiera por lo bajo. — Por favor, mi lady…mmm…lady Joonghyuk.
— Soy tu dueña, Kim Dokja. — Volvió a frotarse contra el miembro de Dokja. — Aún si te pidiera que me tomes en este preciso momento ¿Lo harías?
— N-no…ngh yo…
— Es verdad. — Separó los labios de su vulva haciendo que el miembro de Dokja estuviera en contacto con su clítoris haciendo que la sensación fuera más placentera. — Eres ciegamente fiel, jamás traicionaría a tu amo.
— Mi lady. — La tomó con fuerza de los brazos y en un movimiento rápido cambió sus posiciones quedando ella debajo de Kim Dokja. — Incluso si mi fidelidad me vuelve ciego eso no quita el hecho de que siga siendo un hombre. — Parecía que estaba a punto de explotar, para Joonghyuk, Dokja estaba tratando de mantener su ya poco autocontrol. — Mi lady ¿Cree que no se que estuvo tomándose antes de venir a mi?
No dijo nada, no iba a negarlo, era algo inútil en este punto para ella, al contrario como respuesta enredó sus piernas en la cintura de Dokja y lo acercó lo suficiente para poder susurrarle al oído.
— Haz lo que tu ama te dice, es una orden. — Dokja no se movió. — Follame hasta el amanecer, Kim Dokja.
Solo escucho un gruñido como respuesta para después sentir los labios de Dokja estrellarse contra los suyos en un beso hambriento y desordenado, ambos necesitaban eso y esa misma necesidad hacía que fueran brusco ignorando el sabor metálico que provenía de sus bocas a causa del choque de dientes, los dos querían tomar control del beso, pero fue Kim Dokja quien ganó usando un truco sucio para lograrlo, solo le bastó apretar con fuerza uno de los pecho de Joonghyuk para que ella cediera el control y se dejará llevar por la sensación de la lengua de Dokja explorando cada rincón de su boca sin pudor alguno, mientras manoseaba su cuerpo a su antojo haciendo que se volviera un desastre de gemidos y suspiros.
No existía una sola parte de su cuerpo que Dokja no tocara a su antojo mientras se frotaba contra su coño, la sensación era nueva y placentera no quería parar por nada en el mundo porque en ese momento solo importaba ella y su amante, solo importaba el placer que le estaba dando con algo tan simple como frotarse, sentía que podía venirse solo con eso pero aún así no la dejaría satisfecha, no hasta que tuviera su gran miembro enterrado en lo más profundo de sus entrañas.
Quería hacérselo saber, qué necesitaba tenerlo dentro para sentirse completamente llena pero aún así sería una mentira, la orden que le dio era cierta, quería que la follara hasta el amanecer, no quería parar hasta que estuviera inconsciente y con el semen de Dokja goteando de su vagina y aún así quería que él siguiera, por primera vez no le desagrada tanto la idea de ser usada por un hombre, solo si ese hombre era Kim Dokja podía soportarlo.
Las manos de Dokja eran habilidosas, sabía dónde y cómo tocar cada parte de su cuerpo, en especial sus pechos que recibieron toda la atención tanto de sus manos como de su boca, apretando y masajeando a su antojo, mordisqueando ligeramente sus pezones hasta dejarlos sensibles y que solo bastará la pequeña brisa que pasaba por la ventana abierta para hacerla gemir, se sentía embriagada por el placer que jamás había sentido hasta ese momento, quería ser silenciosa tratar de no llamar la atención con sus gemidos y despertar al resto de sirvientes, lo que menos quería era ser interrumpida en medio de toda su lujuria.
Aunque le dijo a Kim Dokja que no era necesario que la preparara preparara siendo que lo había hecho antes de colarse en su habitación, aún así Dokja introdujo dos de sus dedos en su coño mientras le decía lo mojada que estaba y que si apretaba de esa manera sus dedos estaba seguro que haría un buen trabajo con su pene, las palabras sucias y la degradación eran sus partes menos favoritas a la hora de complacer los deseos repugnantes de su esposo, aún así Dokja era diferente decía a que si cada insulto que saliera de su boca, si le decía que era una ramera entonces lo sería con mucho gusto solo para él, quería complacerlo de tal manera en la que no pudieran vivir sin el cuerpo del otro.
Los besos de Dokja fueron bajando poco a poco dejando marcas a su paso por todo su cuerpo, desde sus pechos hasta su abdomen estaban cubiertos de mordidas y chupetones hasta que sintió la ágil lengua de su amante introduciéndose en su cavidad.
— ¡Ah! D-dokja mmm…así no. — No podía pensar con claridad aunque lo intentará, quería decirle que eso no le gustaba pero las palabras parecían no poder salir de su boca. — Es…ngh…estoy sucia ahí abajo.
— Entonces déjame limpiarte, mi lady.
No podía luchar contra el placer que le estaba proporcionando, sentía que no podía seguir si no obtenía lo que tanto ansiaba, la sobre estimulación tomaba un papel muy importante en sus reacciones, quería más y al mismo tiempo quería terminar con todo.
Dokja la estaba devorando y el sonido lascivo del chapoteo de sus fluidos siendo ingeridos por su amante como un hombre sediento la hacían anhelar de tenerlo entre sus piernas de por vida comiendo su coño, incluso en frente de multitudes enteras solo para que vieran que su amante era un hombre devoto dispuesto a tomar todo de ella en cualquier momento.
Ya no aguantaba más ser llevada al borde del orgasmo para que se le fuera negado, estaba cansada de las sonrisas maliciosas de Kim Dokja que se burlaba de lo necesitada que estaba, entonces con manos temblorosas forzó a que Dokja se mantuviera en su lugar mientras mecía sus caderas buscando más fricción hasta que por fin pudo correrse en la cara de su amante dejándola ansiando por más. Ni siquiera tuvo que pedirlo tan pronto como Dokja lamió los restos de sus fluidos en sus labios posiciono su miembro con su entrada entrando lentamente en su cavidad que lo recibía cálidamente apretándose alrededor de su longitud de forma hambrienta queriendo atraparlo allí para siempre, la sensación era mejor de lo que esperaba, fue delicado al principio besando su rostro de manera afectuosa y endulzado sus oídos con falsas promesas de jurar follarla día y noche si era necesario para que su cuerpo recordará quien era su verdadero dueño.
El lento vaivén tortuoso de sus embestidas solo la volvían cada vez más sedienta, Joonghyuk jamás creyó que podría sentirse de esa forma, de necesitar tanto ser follada por alguien, de ser el juguete favorito de esa persona, todo eso era placentero con Kim Dokja y solo con él podía sentir lo que realmente significaba ser complacida en la cama, si tan solo Dokja hubiera sido que la compró sabía que no habría vivido tal infierno.
Se sujetaba en Kim Dokja como si su vida dependiera de ello dejando toda su espalda marcada con sus uñas, conforme pasaban los minutos las embestidas de su amante era cada vez más violentas buscando hundirse más en la profundidad de su vagina siseando por lo bajo cada que sus paredes apretaban su miembro, Joonghyuk estaba totalmente embriagada por la lujuria no era capaz de decir algo coherente por más que tratara, era un desastre de suspiros y gemidos solo podía repetir el nombre de su amante una y otra vez como si se tratase de una plegaria, sentía que estaba cerca otra vez pero de la nada Dokja dejó de moverse saliendo completamente de su interior.
— ¡No! Todavía…ah…todavía no.
— Tranquila mi lady, esto es solo el comienzo.
Sus posiciones cambiaron a las del principio, Dokja debajo de Joonghyuk completamente a su merced.
— Si mi lady lo quiere tanto solo debería tomarlo.
Hizo como le fue ordenado, tomó el pene de su amante alineándose con su entrada tomándolo todo de una sola sentada.
— ¡Ah! Esta…está dentro… — Sentía que su cuerpo flanqueaba, no estaba acostumbrada a sentir tanto placer. — Tan profundo…mmh…Dokja-yah es tan grande ah~ me siento tan llena.
No dejaba de repetir lo grande que era el miembro de su amante con una sonrisa satisfactoria en su rostro, había perdido todo sentido de auto control solo para rebajarse a sus instintos más primitivos, aquellos que solo anteponen los deseos carnales por sobre cualquier otra cosa.
Comenzó a rebotar en la polla de Dokja como si su vida dependiera de ello subiendo y bajando dejando solo la punta en su entrada solo para golpear su coño una vez más llevándolo todo a la base, sus movimientos se volvieron erráticos solo preocupándose por su propio placer mientras Dokja solo se queda quieto en la cama gimiendo su nombre en voz alta, le gustaba lo placenteros que sonaban los gemidos de Kim Dokja, era como una melodía profana que no estaba destinada a ser escuchada por ningún humano, ella diría que su amante era un ángel pero era una mentira que incluso ella creía difícil de creer, la verdad es que Dokja era un demonio, uno demasiado egoísta que cometió el pecado de darle un poco de libertinaje a un pájaro cautivo en una jaula.
— ¡Ngh! Estoy cerca... por favor ven dentro de mí. — Dokja apenas y podía formar una oración completa. — Por favor…mmh…
— Mi lady…ngh…si yo… — Joonghyuk estaba ansiosa, quería que su amante se corriera dentro de ella como si fuera una especie de líquido purificador que le hiciera olvidar que la polla de Kim Dokja estaba en un lugar que muchos hombres habían usado. — No puedo ¡Ah! Mi lady…n-no si me aprieta de esa manera…
— Es una orden.
Si era una orden entonces él no tendría una razón para negarse a los deseos de su ama, y como el sirviente obediente que era, tomó el control de sus movimientos embistiendo justo en su cuello uterino como un loco, estaba actuando como la bestia que era y eso estaba haciendo que Joonghyuk perdiera la cabeza.
Esa habitación pronto se llenó de los sonidos lascivos que provenían del choque de piel contra piel, junto con las súplicas de Joonghyuk de querer estar llena del semen de Dokja como la puta que era, tocando el bulto en su vientre haciendo obvio cuán profundo dentro de ella estaba la polla de Kim Dokja, ambos eran un completo desastre, pero ni siquiera eso podría detenerlos, no cuando faltaba tan poco para que alcanzaran su tan ansiado clímax.
— Ya casi…¡Ah! ¡Kim Dokja!…
— Lo sé…
Dokja añadió un poco más de velocidad y con sólo dos estocadas descargó todo su semen dentro de Joonghyuk, tal como se lo había ordenado.
— Eso…mmh…eso fue bueno…
— Es bueno saber eso mi lady. — Dokja volvió a meter su polla en el coño de Joonghyuk, pero esta vez fue fácil ya que su semen mezclado con los fluidos de ella hacían la lubricación perfecta. — Pero como dije al principio solo es el comienzo.
Joonghyuk no se quejaría de eso, le gustaba la forma en que su amante la follaba y la forma en que adoraba su cuerpo diciendo que era el de una diosa, probaron todas las posiciones, algunas que ella conocía y muchas que no. Llenando no solo su coño con la polla de Dokja sino también su boca a pesar de que no podía soportar toda la longitud debido a lo ridículamente grande que era, follaron incluso después de que salió el sol, no les importaba el tiempo era algo sin importancia probaron la ambrosía de la unión de sus cuerpos volviéndose adictos de inmediato el uno por el otro, era una necesidad enredar sus cuerpos sin importar lo que pasara.
Ni siquiera pararon cuando uno de sus sirvientes entró en la habitación de Dokja, aún cuando la mujer grito de la sorpresa al ver a su señora siendo presionada contra la cama y su rostro hundido en las almohadas para callar sus gemidos mientras su amante continuaba embistiendo con fuerza en su dolorido coño, Kim Dokja solo le lanzó una mirada amenazante haciendo que corriera gritando que el mayordomo estaba follando con la señora de la casa, Joonghyuk quería hacer que la mujer se callara, si lo que estaba haciendo llegaba a oídos de su repugnante esposo Dokja sería ejecutado frente a ella como castigo, pero aunque quería silenciar a la sirvienta no pudo conseguir la fuerza para decirle a su amante que dejara de moverse de manera tan deliciosa.
Dokja se corrió una vez más en su interior y sin decir una palabra abandonó la cama y solo se puso unos pantalones para desaparecer por la puerta, pasó un tiempo hasta que escuchó los gritos de terror de sus sirvientas que veían fuera de la mansión, poco le importó la forma en que sus piernas temblaban y que no tuvo la decencia de cubrir su cuerpo desnudo solo salió al balcón y vio la cabeza cercenada de la sirvienta que los había encontrado en medio del acto, y a su lado estaba Dokja sosteniendo su espada ensangrentada amenazandolas a todas de que si decían una sola palabra de lo que oyeran y vieran sobre las cosas que le hacía a la señora de la casa su destino sería el mismo.
Ninguna de esas mujeres quería morir, mucho menos de esa forma tan despiadada, poco después Dokja desapareció de la nada, aún así Joonghyuk seguía viendo la escena o al menos lo que quedó de ella, por la amenaza de Kim Dokja nadie diría nada si seguían copulando por toda la mansión sin que su marido supiera, podía seguir disfrutando de tener sexo con su amante sin importar que.
Justo cuando estaba por darse la vuelta para volver a la cama Dokja la mantuvo en su lugar y sin previo aviso introdujo violentamente su pene en su vagina haciéndola gemir fuerte de la sorpresa, pero ese no era momento para disfrutar, estaba en el balcón a la vista de todas las sirvientas y aunque trato de aguantar los gemidos parecía que eso solo lograba que su amante fuera más brusco con sus embestidas.
— Déjalas que vean, mi lady. — Dokja beso su hombro mordisqueando un poco en la zona. — Que vean como su señora disfruta del placer que este simple sirviente le proporciona.
— ¡Si! ¡Ah! — Todo su pudor abandonó su cuerpo. — Mmh…¡Dokja, no pares!
Él no era nadie para negar sus deseos, ella gimió en voz alta frente a todos, los sirvientes solo miraron la escena con miedo en sus ojos, no por la amenaza de Dokja sino por la expresión distorsionada y llena de placer de su señora, la mujer lúgubre que conocían ya no estaba ahí, en su lugar había una criatura lujuriosa que estaba disfrutando ser follada por el mismísimo diablo.
Y como Dokja había dicho, ese solo era el comienzo, durante la ausencia de su marido follaron sobre todas las superficies de la mansión bajo la mirada celosa de las sirvientas que envidiaban la forma en que su señora era complacida, Kim Dokja era su juguete, si no la penetraba con fuerza contra la pared estaba escondido debajo de su vestido devorando su coño, no había un solo momento en que los amantes unieran sus cuerpos importandoles muy poco que los observarán, ellos simplemente se dejaban llevar por el placer y la lujuria, día y noche sin importar que gemian el nombre del otro pidiendo por más, Joonghyuk disfrutaba de complacer a su amante más que a nada, llegando su boca con el pene de Dokja aunque hiciera un desastre cada vez que se corría en su cara, no le importaba nada de eso más que vivir en el momento.
Fue tan codiciosa que por un instante olvidó su cruel realidad, su esposo llegó después de estar lejos por mucho tiempo haciendo que la fantasía que había vivido los últimos meses solo fuera un sueño lúcido del que por fin había despertado, esperaba que al menos ese día su marido la dejara en paz pero él no pensó lo mismo porque la obligó a sacarse la ropa y esperarlo en su cama con las piernas abiertas, a diferencia de Dokja, ese anciano simplemente entraba en su interior sin siquiera prepararla o al menos jugar un poco con sus zonas erógenas, pero no le importaba eso, solo Kim Dokja podría hacerla sentir bien, solo debía fingir como lo había hecho antes de conocer lo que realmente significaba la palabra placer, solo debía esperar a que terminará.
No quería ver el rostro de su esposo, ya era suficiente desagradable escuchar sus quejidos repugnantes que ni siquiera podrían llamarse gemidos, miro a la puerta como siempre lo hacía pero está vez estaba entreabierta, lo suficiente para ver a su amante del otro lado con una mirada cargada de odio y desprecio, Joonghyuk sabía lo que cruzaba por su cabeza, seguramente estaba pensando en que ese debería ser él y no ese remedo de esposo que tenía, se mantuvieron las mirada fija, sus gemidos que siempre eran fingidos a la hora de cumplir sus obligaciones maritales se volvieron reales bajo la intensa mirada de Dokja que la veía ser follada por otro hombre que no era él, pensar en su celoso amado la excitaba, olvidando por completo que estaba haciéndolo con alguien a quien despreciaba.
— Por favor…¡Ah! — Solo Dokja podría entender lo que trataba de decir. — Hazlo…ngh…hazlo de una vez.
Y con eso su marido se corrió dentro de ella, el hombre estaba feliz por el desempeño de su esposa atribuyendo a que seguramente extrañaba su pene, Joonghyuk simplemente le mintió diciendo que era verdad y poco tiempo después ese desagradable hombre se había quedado dormido como siempre después de usarla a su antojó, pero en ese momento era diferente, Kim Dokja, su amado, su amante entró en la habitación y sin decir nada comenzó a besarla y a tocar su cuerpo a su antojo, introduciendo sus largos y finos dedos en su vagina para prepararla, todo eso mientras su esposo dormía a un lado, sabía que no iba a despertar por nada en el mundo asique no le importo gemir por lo alto, mucho menos cuando Dokja la penetraba con tanta fuerza, el dolor mezclado con el placer borraron todo rastro de lo que había hecho anteriormente.
— Mía. — Dokja estaba hambriento, aunque en ese preciso momento estaba follandola, él quería más y más. — Solo mía.
Entonces su nuevo rutina comenzó, siempre que era obligada a hacer algo que no quería con otro hombre Dokja la embestía con fuerza para hacerla olvidar el mal rato, aunque podrían ser descubiertos sin posibilidad de escapar no les importaba, habían probado el fruto prohibido y no querían dejar de consumirlo aunque sus vidas corrieran peligro.
Ser constantemente usada era un calvario pero fue disminuyendo poco a poco hasta que dejó de ser necesaria su presencia en las reuniones de su esposo, estaba contenta con eso porque significaba que mientras en el despacho de su marido discutían sobre negocios ella era follada por su amante sin descanso, fue raro al principio pero no se quejaba si su infierno se extiguia podría volver a respirar con tranquilidad, pero una vez más se dejó llevar olvidando completamente para lo que había sido vendida en un principio.
— Necesito un heredero.
— ¿Qué? — Pensó que había escuchado mal, pero la expresión satisfecha de ese hombre la hizo entrar en pánico. — Dijiste que no era necesario, que no querías…
— Así es. — Si ella estaba en lo correcto, entonces ¿Por qué le pedía un heredero de la nada? — Pero últimamente tu familia me está presionando para concebir uno.
— Pero dijiste…
— Tranquila Joonghyuk-ie. — Quería vomitar. — Eres una buena esposa ¿Verdad?
Joonghyuk no pudo decir nada.
— Lo ves. — No podía soportar eso. — Tan obediente y sumisa, además mi linda esposa adora tener mi pene en su vagina, tenerlo con más regularidad la haría feliz ¿no es así?
— Si…mi señor.
Continuó hablando con su esposo o mejor dicho él hablo solo ya que Joonghyuk no paraba de escuchar las palabras de ese ser repugnante que solo retumbaban en su cabeza.
Un heredero, para una mujer común sería algo normal incluso hasta emocionante, pero para ella que estaba casada con alguien que la compró eso era diferente, no quería eso, es más ese hombre le había asegurado que jamás tendrían hijos porque no quería lidiar con su crianza y demás, vivió tranquila creyendo que solo debía aguantar lo suficiente hasta que pudiera matar a su esposo, no quería cargar con la semilla podrida de ese hombre, no, si realmente pudiera tener un hijo quería que fuera del hombre que amaba, de su amante con el que pasaba el rato, con quien podía relajarse con sus caricias y besos, si tenía que parir o incluso hasta morir por traer un niño al mundo entonces quería que fuera de Kim Dokja, pero incluso eso era mucho pedir, su libertad sería cortada incluso más que antes, estaría atrapada en su habitación siendo abusada día y noche hasta quedar embarazada, sabía que sus píldoras anticonceptivas debieron ser arrojadas mucho antes de tener la conversación sobre su futuro hijo.
Al menos estaba segura de que no había quedado embarazada antes tampoco, en el momento que su presencia dejó de ser requerida en el despacho de su marido también dejó de ser obligada a cumplir sus obligaciones maritales.
Aun así seguía atrapada, no podía correr, no tenía a donde huir mucho menos tenía a quien pedirle ayuda, o eso pensaba, Kim Dokja tampoco estaría feliz por saber la noticia y seguramente ya lo sabía mucho antes que ella. Sólo él podía salvarla, sabía que podía confiar ciegamente en su amado y sin importar que fuera lo que pidiera sabía que sus deseos serían cumplidos de alguna u otra manera.
— No puedo. — Fue tonta al pensar que su amado la ayudaría. — No haría eso.
— ¿Por qué? — No podía seguir conteniendo las lágrimas. — ¿Acaso no me amas? Todo lo que me dijiste fue una mentira.
— ¡No lo es! — No quería seguir escuchándolo. — Te amo Joonghyuk, y es por eso que no puedo hacer lo que me pides. — La sujeto fuertemente. — ¿Cómo puedes pedirme que te mate? Me lastima que me creas capaz de hacerle eso a la mujer que amo. — Kim Dokja era un cobarde y un mentiroso, si realmente la amaba le pondría fin a su miseria, pero fue ingenua al pensar que podría contar con él, después de todo un perro jamás muerde la mano que le da de comer. — Mi lady, le aseguro que no será necesario hacer lo que me pide.
Y así como si nada la dejo sola, la fuerza de sus piernas la abandonaron haciendo que cayera de rodillas al suelo, solo podía llorar, era lo único que le quedaba, su amado le dio la espalda, ya no le quedaba nada por lo que luchar, había podido alejar a su hermana lo suficiente de sus padres, ella estaba a salvo de su codicia, podía crecer y volverse una mujer fuerte como solía serlo Joonghyuk en el pasado, habiendo asegurado el bienestar de Mia ya no necesitaba fingir, aún así lo seguía haciendo solo para estar al lado de Dokja, pero él había decidido abandonarla cuando más lo necesitaba.
Lloró hasta quedarse dormida y cuando despertó era demasiado tarde, no había un alma en la mansión, sus pasos hacían eco por el largo corredor no fue hasta que llegó a la habitación que compartía con ese hombre que sus andar se detuvo, una vez que abriera esa puerta su destino estaría sellado, pero ya no tenía nada por lo que seguir viviendo, protegió a su hermana de su familia, conoció la felicidad de estar enamorada y el placer de entregar su cuerpo al único hombre que quería, podía morir en paz y lo iba a hacer delante del hombre que la compró.
Pero nada la preparó para ver lo que había del otro lado de la puerta, su marido estaba tirado en el piso sobre un gran charco de sangre, había sido apuñalado reiteradas veces y el culpable estaba justo enfrente de ella, era un desastre, completamente cubierto de sangre de los pies hasta la cabeza, la mirada perdida y los ojos que tanto amaba ver estaban oscurecidos sin ningún tipo de brillo en ellos, incluso su sonrisa era una mueca distorsionada que sólo podía existir en las peores pesadillas de un ser humano.
Él no era su amado, era distinto casi demoníaco, como si él príncipe del inframundo en persona hubiera decidido ocupar el cuerpo de Kim Dokja para cometer los peores crímenes que ni siquiera la pena de muerte sería suficiente para pagarlos.
Joonghyuk tenía miedo, por primera vez sintió terror al ver a su amante, tuvo que saberlo antes, desde el momento en que mató a esa sirvienta sin siquiera pensarlo dos veces porque los había descubierto, Kim Dokja siempre fue así, un demonio usando la cara de un ángel para engañarla y hacer que ardieran juntos en el peor de los infiernos.
Quería escapar pero fue inútil, toda la fuerza que poseía se volvía completamente inútil ante los besos hambrientos de Dokja, las manos cubiertas de sangre que recorrían su cuerpo aún atrapado en su ceñido vestido, aunque quisiera correr lo más lejos posible jamás podría lograrlo, no cuando había probado el placer prohibido que le proporcionó su amante tantas noches en las que su único consuelo era estar en sus brazos, la calidez de sus abrazos y el dulce sonido de sus voz susurrando mentiras aún más dulces.
Aún tenían puesta sus ropas, pero no era necesario deshacerse de ellas después de todo Kim Dokja podría follar con o sin ropa si él quisiera y Joonghyuk aceptaría lo que fuera con tal de tener su pene en lo más profundo de su húmedo coño.
— ¡Ah! Para…¡ngh! ¡Kim Dokja! — Era asqueroso para ella, su ropa tenía manchas de la sangre de su ahora difunto esposo, pero solo parecía importarle a Joonghyuk ya que su amante solo embestía cada vez con más fuerza contra su cérvix. — Así no ¡Oh dios! Mmh así no…p-por favor.
Sus súplicas era inútiles aun así secretamente las decía para que su amante fuera más brusco con ella no quería que parara, al menos en ese momento eran solo ellos y nadie más, ya no existía un marido repugnante que la obligaba a tener sexo con él, ya no habían sirvientas delatoras que le dijeran al mundo que su señora estaba engañando a su amo con un simple mayordomo, lo único que era importante era la sensación del pene de Dokja entrando y saliendo de su abusado coño, acompañado del sonido lascivo de sus gemidos pidiendo por más.
— M-más…ngh…— Estaba tan abrumada por el placer que había perdido la noción del tiempo, difícilmente podía recordar cuántas veces Dokja se corrió dentro de ella. — Hazme tuya ¡Ah! Q-quiero…mmh…
— Mmh…mí lady. — Dokja estaba apretando sus pechos mientras embestía con fuerza tomándole poca importancia a la mezcla de semen y sangre que goteaba de la vagina de Joonghyuk. — ¿Tienes tantas ganas de quedar embarazada de mí? Mí lady eres una puta tan humilde.
— ¡Sí! ¡Oh Dios! — Ya no pensaba con claridad solo quería seguir siendo follada por su amante. — Eres tan bueno Dokja, por favor embarazame, embaraza a tu amante cachonda.
Iba a obtener lo que quería, quería quedar embarazada y cargar con los hijos de su amante en su vientre, no le molestaría ser tratada de esa manera siempre y cuando fuera Kim Dokja quien lo hiciera, él era el hombre que realmente amaba y quería vivir el resto de su vida a su lado, aún si él solo la usaba estaría feliz con eso estaría agradecida de ser usada sólo por él y nadie más, de permanecer encerrada en una habitación esperando a que Dokja decidiera premiarlo con su gran pene.
Si, Yoo Joonghyuk realmente podría vivir felizmente de esa manera.
……
Cubrieron la muerte de su esposo tan pronto como pudieron, al parecer Dokja no sólo había asesinado a ese hombre sino que también a todas las sirvientas intentando enmascarar todo como un brote repentino de locura por parte de su amo, dejando solo con vida a una muy triste viuda embarazada, la gente sintió pena por Joonghyuk, su esposo se volvió loco y mató a todo su personal incluso intentó matarla a ella que llevaba al hijo de ambos en su vientre.
Oh lo agradecida que estaba ella de que se creyeran eso, su amante había planeado todo a la perfección, ya no debían esconderse podían disfrutar del sexo, sin el temor de que los señalarán por cometer adulterio podían vivir tranquilamente en los brazos del otro, sin mencionar que el bebé que crecía dentro de Joonghyuk era de Kim Dokja, en el momento que nació fue muy feliz para ella, había pasado por un infierno pero aún así pudo ser liberada por su ahora esposo y padre de su hermosa pequeña niña, amaba a su hija más que a nada, era el fruto de un amor retorcido como el de ellos.
Era perfecta en todo sentido, el cabello rizado como el suyo, la piel pálida y los ojos brillantes como estrellas de su esposo, realmente era la combinación perfecta de los genes de ella y Dokja.
Aun así Joonghyuk no se conformó con solo tener a la pequeña Biyoo, quería tener muchos hijos del hombre que amaba, Dokja como su fiel y obediente sirviente se encargó de cumplir sus deseo de ser madre nuevamente, su hija aún era pequeña por lo que su nuevo embarazo hizo feliz a más de uno, en especial a su esposo.
— ¡Oh! — Había ido a reclamarle el porqué aún no estaba en la cama con ella y su bebé. — Perdí la noción del tiempo, no fue mi intención.
— Kim Dokja. — Estaba enojada, pareciera que su amado no quería pasar tiempo con ella como antes. — Dices lo mismo todo el tiempo. ¿Acaso ya no te atraigo como antes?
Su esposo se incorporó rápidamente tirando algunos papeles de su escritorio por el pánico.
— ¡Para nada! — Acuno su rostro entre sus manos mirándola con expresión atemorizada, buscando las palabras adecuadas para no herir a la madre de sus hijos. — Solo…esto es por tu bien y del bebé.
— Eso es pura mierda. — Dokja olvidó no sólo lo sensible, sino que también lo agresiva que podía ser durante el embarazo. — No puedes engañarme, seguramente encontraste a alguien más y…
— Mí lady. — Un escalofrío recorrió su espalda, desde el momento en que se casaron Dokja dejó de llamarla así en frente de otros, solo en la privacidad de su dormitorio podía escucharlo decir eso. — Ni siquiera sabes lo duro que me pone verte así… — La respiración de su esposo se volvió errática. — Dios…tengo tantas ganas de follarte ahora mismo, ver la forma en que cambia tu cuerpo por el embarazo y…ah~ tus benditos celos…
— ¿Kim Dokja?
— Por favor, Joonghyuk déjame follarte ¿si?
Joonghyuk solo asintió, los besos de Dokja eran suaves sin necesidad de apresurar el momento, ella se quedó sin palabras, incluso durante su primer embarazo su marido no actuaba de esa manera, estaba tan desesperado por tocarla que la forma en que la tocaba era muy torpe como si fuera la primera vez que lo hacía, ella le sonrió con cariño y Kim Dokja hizo lo mismo, su mirada estaba llena de puro amor y devoción, no la ignoró por alguna aventura sino por miedo a lastimarla a ella y al bebé que crecía dentro de su vientre, era una tontería pensar que el hombre que mató a tanta gente sólo para estar juntos la engañaría.
Kim Dokja la amaba a ella y a la hija que le dio, fue un error pensar en esa posibilidad.
Poco después toda su ropa desapareció una por una quedando completamente desnudos, Dokja se tomó su tiempo para apreciar su cuerpo desnudo con ojos hambrientos, él estaba tan cerca de ella pero no hizo nada solo respirar sonoramente con una expresión adolorida, podía escuchar cómo clavaba sus uñas en la madera de su escritorio, Kim Dokja no sólo trataba de ser gentil, trataba de no perder el poco control que tenía, no era secreto para nadie lo mucho que disfrutaba tomarla con rudeza incluso si la lastimaba un poco eso no era suficiente para parar de penetrarla hasta volverla en una muñeca sedienta por el semen de su esposo.
— Dokja-yah. — Acaricio su mejilla con delicadeza sorprendiendo a su esposo. — Estaré bien, no, ambos estaremos bien, solo hazlo.
Solo eso basto, Dokja la besó hambrientamente mordiéndole el labio inferior con tanta fuerza hasta que la sangre comenzó a brotar de ellos, su lengua le jodió la boca tan deliciosamente que juraría que podría correrse solo con eso, sus manos tocaron cada centímetro de su piel sin descaro alguno mientras trataba de mantenerse cuerda, el embarazo hacía que su cuerpo fuera más sensible que de costumbre haciendo que un simple roce la hiciera gemir en voz alta, sería mentira decir que no extrañaba la forma en que su marido la tocaba, tal como en el primer embarazo Kim Dokja se mantenía ocupado sin descanso, su temor era que su amado no la consideraba deseable en ese estado, que tenía asco de siquiera tocarla, su vientre hinchado por el crecimiento del feto, las estrías por lo estirada que estaba su piel, pensó que Dokja la veía poco atractiva así pero resultó que eso solo aumentaba las ganas de su esposo por follarla estúpidamente sin descanso.
Dokja estaba tomando mucho tiempo en penetrarla, estaba impaciente, todo lo que quería era el pene de su marido dentro de su coño, Joonghyuk estaba nervioso cada vez que Kim Dokja la follaba con sus largos dedos, mientras su boca y su otra mano estaban concentradas en sus pechos, apretando y masajeando sus pezones, a ella no le importó hasta que empezó a sentir que algo goteaba de ellos.
— ¡Ah! Dokja…n-no…mhh… — Su esposo la estaba ordeñando. — Eso no es para ti ngh…
— Pero es tan delicioso. — Dokja lamia sus labios para volver a beber la leche que salía con cada apretón. — Solo por hoy ¿si?
— ¡Ngh! B-bien…
Su marido siguió saboreando la leche de sus pechos, gimiendo cada vez que se derramaba más en su boca, Dokja parecía tan perdido con lágrimas sin derramar en sus ojos, ella no era la única que estaba perdiendo la cabeza por la excitación, su amado estaba igual o incluso peor que ella.
— Date la vuelta. — Los dedos de Dokja fueron retirados de su entrada sin previo avisó haciendo que Joonghyuk gimoteara. — Ahora.
Hizo como se le ordenó, quería quejarse aunque la posición fuera la ideal en ese momento quería ver la expresión llena de lujuria de su esposo.
Todo se detuvo en el momento en que Dokja introdujo su polla en el coño de Joonghyuk, haciéndola gemir en voz alta, empezó a embestirla de manera lenta casi tortuosa para ella, se quejó de eso, pero Dokja le dijo que era lo mejor así, ya que no quería lastimarla ni a ella ni a su bebé, solo era cuestión de tiempo hasta que se acostumbrara y como estaba embarazada su vagina estaba un poco más dilatada.
Justo como su esposo le había dicho en poco tiempo el pene de Dokja entraba y salía de su interior con más facilidad, las embestidas eran arrítmicas, casi como si Kim Dokja solo buscará sentirse bien lo más rápido posible, eso hizo que Joonghyuk se sintiera molesta, ella también quería sentirse bien pero su amado estaba mucho más necesitado que ella y solo arruinaba el momento.
— Kim Dokja, lo estás haciendo mal.
— Mi lady…
— Hazlo bien o buscaré a alguien que sí pueda hacerlo.
Eso fue bajo incluso para ella, pero cuál era el punto de follar si ella no lo disfrutaba, sabía que Dokja sentía más necesidad que ella, en el momento que su embarazo fue confirmado no la toco, ya estaba en el quinto mes y Kim Dokja no había ni siquiera capaz de autocomplacerse diciendo que no era lo mismo.
Solo fue cuestión de segundos para que su esposo la embistiera con fuerza haciéndola gemir con gusto mientras que intentaba sujetarse del escritorio para no caer, muy pronto la habitación se llenó con los sonidos de sus gemidos, Dokja siguió diciendo lo fácil que era follarla de esa manera y que le gustaba lo húmedo y resbaladizo que se sentía su coño, Joonghyuk por el otro lado quería decir que su vagina fue hecha para tener su gran miembro atrapado entre sus paredes.
Estaban cerca del orgasmo, Joonghyuk estaba segura que se correrían juntos por la forma en que Dokja se volvió cada vez más brusco en sus embestidas.
— Tan…ah…apretada para mí. — Joonghyuk solo gimió más fuerte como respuesta. — Fue tan fácil…ngh…hacer que tu familia cayera en la pobreza. — Solo se limitó a gemir sonoramente mientras Dokja llegaba más profundo mientras masajeaba su desatendido clítoris. — Ese bastardo fue más rápido que yo de lo contrario yo habría sido tu dueño como estaba planeado desde un principio.
Joonghyuk se corrió gimiendo el nombre de su esposo.
— Lo sabía. — No fue hasta que Joonghyuk comenzó a vestirse que Dokja se dio cuenta de lo que había dicho. — Tratando de proteger a mi hermana de mi familia el apellido de la tuya salió en la lista de cobradores. — Ella veía el rostro pálido de su amado con diversión.
— Mi lady, no, Joonghyuk-ie yo no quise…
— No me interesa.
Joonghyuk camino hasta la puerta del estudio de su marido.
— ¡No, Joonghyuk por favor espera!
— Termina rápido y ven a la cama. — No se dio vuelta. — ¿Te sientes mal por lo que hiciste? — Justo cuando estaba por salir se dio vuelta a mirar a su esposo con una sonrisa de oreja a oreja. — Como compensación debes follarme hasta el amanecer.
Dokja casi cae de rodillas dejando escapar un gran suspiro mientras lloraba diciendo lo mala que era su esposa y Joonghyuk en respuesta solo se rió de él diciendo lo dolorosamente patético que se veía en ese momento.
Dokja no se quedó en su estudio, temía que si no estaba al lado de Joonghyuk, desaparecería para siempre de su vida, no fue su intención revelar toda esa información, tenía planeado llevarse a la tumba ese secreto, después de todo eran felices tenían una hermosa niña y un bebé en camino, ella no debía enterarse mucho menos de esa manera, aunque su esposa parecía no haberlo tomado mal aún así tenía miedo de lo que no se decía.
— Joonghyuk yo…
— No te odio. — Sus pasos se detuvieron. — Aunque estoy tan molesta que podría matarte. — Suspiro con cansancio. — Ahora sé la verdad pero…
Dokja se quedó en silencio.
— No quita el hecho de que te ame, Kim Dokja. — Ella le sonrió con cariño secando con su pulgar una lágrima que salió de los ojos estrellados de su amado esposo. — Te amo ¿lo sabes verdad?
— Lo sé. — Dokja la abrazó con fuerza mientras lloraba en el hueco de su cuello. — También te amo, Yoo Joonghyuk.
