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Día 5: Feria

Summary:

Hal va a la feria con el único motivo de ver a Barry y tratar de conseguir una cita con él, las cosas suceden mejor de lo que Hal pensó.

Work Text:

Hal aún puede escuchar a Oliver y Guy burlarse de él a pesar de que los acaba de dejar varios metros atrás.

Ellos no entienden la importancia que tiene esto para él, pocas veces puede ver a ese chico y la feria es el escenario ideal para poder intentar conseguir la cita que ha estado buscando desde hace años.

Y si Guy.
Hal es más que consciente de lo patético que se veía arrastrando su trasero hasta un puesto dónde vendían repostería, cuándo siempre había sentido un disgusto marcado por los dulces y cualquier postre.
Pero en su defensa, este chico realmente era bueno en lo que hacía.

Tan alegre y atento, entregado al servicio al cliente como a sus postres.

No sólo iba a verle el trasero (y cuándo lo hacía al menos trataba de ser discreto), sino que también disfrutaba conversar con Barry.
Era un chico demasiado bueno para ser verdad, un perfil nuevo y fuera de sus estándares habituales.

Pero no esperaba que Guy u Oliver pudieran entender eso, sólo sabían burlarse y correr a hacer cualquier cosa que sus novias querían.

Los tres eran igual de patéticos cuándo se enamoraban, aunque Hal sabe que ellos nunca lo admitirán.

Una parte de él desea seguir instalando a sus estúpidos mejores amigos hasta que ve el puesto de Barry a lo lejos, su piel se eriza ante la cercanía que pronto tendrán y sus labios sonríen sin poder impedirlo.

Hal camina hacía Barry, tranquilo y desocupado, tratando de lucir lo mejor para dar una buena impresión.

Cepilla su cabello varias veces, reitera que su aliento huela bien y se acomoda su chaqueta antes de llegar al puesto que está inusualmente tranquilo.

Los ojos azules de Barry se llenan de sorpresa y alegría cuándo lo ven llegar.
Estira su mano de una forma tonta, tomando en cuenta la distancia a la que están y lo saluda.

Hal, siguiendo aquella cortesía idiota regresa el gesto cursi antes de detenerse frente a su nuevo amigo.

—No pensé que podrías venir—replica Barry con buena humor—. Tu amiga Dinah dijo que te había regañado y que era muy probable que te retuvieran como castigo por tu mal comportamiento.

La sonrisa tranquila y burlesca de Hal titubea antes la mención de Barry.

Hace una nota mental de reclamarle a Dinah por plantar esa imagen problemática y caótica en la mente de un ser tan puro y amable con Barry.

Espera que esto no retrasé sus avances.

—Bueno… No fue tan grave—susurra rascándose la nuca un poco avergonzado, una risita fina y apenas audible se escapa de los labios de Barry.

Ese pequeño bastardo se estaba burlando de él, pero Hal estaba bien con eso, mientras él fuera el único causante de esa hermosa risa podía soportar la humillación.

—Pues me alegra que no lo haya sido—afirma con una sonrisa un poco más compasiva—. Tenía la ilusión de que pudieras probar mi postre especial y pensé que tendría que llevarlo de regreso a casa.

—¿Me estabas esperando?—pregunta con un tono jugoso, apoyándose contra las maderas que crujen por su peso.

—No te llenes tanto de ti mismo—replica Barry apartando al chico—. Sólo quiero una opinión confiable y tomando en cuenta que eres tan quisquilloso con la comida…

—No soy quisquilloso, simplemente no como cualquier cosa—irrumpe mientras Barry rueda los ojos amistoso.

—Esa es la definición de quisquilloso, Harold—se burla—. Pero regresando al punto… Simplemente quiero tu opinión, si es lo suficientemente bueno para incluirlo al menú o crees que deba cambiar algo.

—Dudo que sepa mal—réplica volviendo apoyarse contra el mostrado dejando que su rostros esté apenas a un par de centímetros del rubio—, cualquier cosa que hagan tus manos deben ser consideradas una obra de arte.

Barry suspira profundamente mientras se pone cada vez más rojo, igual que las cerezas con las que decora su pastel de vainilla.

—¿Vas a querer probarlo o debo buscar otro sujeto de pruebas?

—Doctor, soy su humilde rata de laboratorio, haga conmigo lo que quiera.

—Creo que eso sonaba mejor en tu cabeza, Hal—susurra con una risa risueña.

Hal se encoge de hombros, siempre deleitándose con cualquier gesto que venga de Barry.
Así que se queda ahí mientras su amigo le dice que irá por el postre.

Hal lo observa moverse con habilidad por su pequeño puesto, moviendo cajas y algunas otras cosas hasta llegar a su pequeña heladera, dónde sus manos torpes sacan una rebanada de pastel.

—Es de esta tarde—aclara mientras lo pone en el mostrador con cuidado—. Aún no tiene un nombre, pero cualquier sugerencia es bien aceptada.

—De acuerdo—murmuró Hal mientras sus dedos tomaban el plato, lo levanta suavemente antes de inspeccionarlo.

Todo lucía bien, igual al resto de postres de Barry.

El pan era esponjoso, podían notarse a simplemente vista que la humedad del bizcocho estaba en su punto.
El betún se veía bien, no era demasiado grueso y tampoco parecía espeso.
El grosor del pan era indicado y la capa que separaba los bizcochos lucía absolutamente deliciosa; pero Hal sabía que nada de esto era ninguna novedad, por algo la pastelería de los Allen era tan reconocida en Ciudad Costera.

Los Allen tenían un sentido único a la hora de hacer postres, la primera vez que Hal fue a esa cafetería fue guiado por los comentarios de Tom; las siguientes veces simplemente quería conquistar al hijo de los dueños.

Un poco de pastel gratis y unos besos sabor vainilla, era todo a lo que Hal podía aspirar.

—¿Se ve bien?—cuestiona Barry luciendo un poco intimidado por la inspección de Hal.

Hal lo mira con una expresión dudosa, como si fuera alguno de esos realitys de cocina que veía su madre Jessica.

—Buena presentación—repite recordando lo que los chefs decían.

Barry ríe aliviado.

—¿Por qué se ríe, señor Allen?—interrogó Hal aferrándose a su papel—. ¿Se está burlando de mí?

—No señor—replica Barry tratando de parecer serio.

—Chef—corrige—. Repítalo.

Barry resopla con diversión antes de aclarar su garganta y apretar los labios para aparentar seriedad.

—No chef.

—Bien—sentencia Hal con una sonrisa mezquina—. Espero que su platillo sea tan bueno como su creador.

Las mejillas de Barry vuelven a tomarse de un rojo intenso, Hal se siente satisfecho y sólo entonces puede tomar el tenedor de plástico que Barry había puesto a su lado.

Parte un pedazo, lo examina con atención antes de llevárselo a la boca.

Barry lo mira atento y nervioso, sus manos se entrelazan en su delantal rosa mientras observa a Hal abrir los ojos.

—¿Qué pasa?

Hal no habla, sigue degustando el pastel y gime de alegría cuándo logra pasarlo todo.

—¿Qué pasa?—replicó—. ¡Pasa que es el mejor jodido pastel que he probado en toda mi vida!

—No mientas, Hal.

—No lo hago—jadea ofendido, antes de cortar otro trozo para extenderlo a Barry que titubeante lo muerde—. Siente los sabores, Barry… Es como si Dios bajara y abraza tu lengua.

Barry sonríe avergonzado mientras degusta su propia creación.

—El limón es exacto, no es ácido, pero tampoco se pierde—explica—. Tú bizcocho es como una almohada, suave y muy esponjoso… y mierda… ¿Tienes más? ¿Puedo llevar un poco para Jim, papá y mamá?

—¿No quieres otro para Jack, también?

—No, que lo jodan, que se pague su propio jodido pastel—réplica mientras Barry niega con la cabeza divertido.

—¿En serio crees que es bueno?—susurra—. A mí papá le gustó, pero aún no tengo el valor de mostrárselo a mi madre, ella es demasiado buena en esto y…

—Hombre, tu madre te ama eso es verdad; pero si no le gusta algo también te lo dirá—aclara extendiendo su mano hasta tocar el hombro de Barry—. Inténtalo, no pierdes nada.

Barry suspira resignado, pero afirma antes de mirarlo, luciendo extrañamente esperanzador.

Ambos se quedan callados, antes de que Hal; incapaz de dejar las cosas ahí se atreve a dar un paso más con su conversación.

—Creo que tengo el nombre perfecto para el pastel—replica llamando la atención de su amigo.

—¿Cuál?

—Beso de ángel—responde a lo que Barry levanta una ceja confundido—, ya sabes… El pastel se siente como si tú mismo salieras de ese mostrador y me besaras porque soy un buen tipo y me lo merezco.

—¿Crees que mis besos saben a betún?

—Creo que tus besos los guardaste ahí y me los diste para que me los comiera—responde encogiéndose de hombros—. Aunque siendo honesto, no me molesta en lo más mínimo recibir uno más tangible.

Barry vuelve a renegar y Hal se ríe.

Lo que más extraña cuándo está dentro del ejército es ver a Barry, poder estar con él y escucharlo reír y divagar sobre ciencias y sus cómics nerds.
Siempre que salen juntos Barry suele hablar de los libros de ciencia ficción que lee en su tiempo libre y de aquellas series de alienígenas que estuvieron de moda hace años.

Pero a Hal no tiene problema con ello, le gusta ver a Barry feliz.
Le gusta escucharlo hablar, poder estar con él cuándo Barry crea pasteles y cuándo hace cálculos mentales a la velocidad de la luz.

Le encanta ver lo rápido y lento que podía ser su amigo.

Así que no tiene problema en quedarse el resto de la noche, tampoco tiene problema en ayudarle a guardar sus cosas y caminar con Barry en soledad hasta su carro.

Empaca todo y cuándo su amigo parece estar apunto de irse, se detiene sorpresivamente.
Hal lo observa con la curiosidad de un gato.

Barry regresa hasta él y le pregunta con calma.

—¿Realmente crees que así saben mis besos?

Hal sonríe, está apunto de hacer un comentario estúpido y coqueteo que hará al rubio reír; pero contrario a lo que espera, los labios de su amigo estaban sobre los de él.

El contacto es efímero, casi como un roce que Hal incluso duda si realmente puede decir que se besaron.

—Buenas noches Hal—Barry se despide con una sonrisa mezquina antes de alejarse hasta su auto, se sube en el espacio del conductor.

Hal escucha la radio encenderse y el motor rugir, sólo entonces se atreve a correr al auto.

—Saben exactamente igual, aunque prefiero probarlos directamente de tu boca… Si no te molesta.

—Puedes pasar a la cafetería por ellos cuando quieras—replica con burla—. ¿No es eso lo que había buscado en el menú desde que llegaste la primera vez?

—Te diste cuenta—señala con satisfacción.

Barry ríe sin alimento, empujando su cabeza hacía el asiento de conductor antes de volver a mirarlo.

—No eres el más discreto, “beso de ángel".

Hal ríe a la par del rubio, sólo en ese instante se atreve a alejarse de la ventana, dejando que su beso de ángel se marche de ahí con la firme promesa de verse mañana y resolver lo que haga falta.

Pero Hal sólo puede esperar que Barry traiga consigo otro beso para ofrecer.

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