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Hoy era una noche de fiesta.
La mansión Oletus estaba en una fiesta con todos los habitantes, sobrevivientes y cazadores conviven de la manera más pacífica que podían, disfrutando de la música y comida. No había una razón específica para esta fiesta, todos estaban con ganas de convivir entre ellos e intentar llevarse mejor.
Joseph Desaulnier estaba en la fiesta también, apoyado en la ventana de la mansión, mirando la noche mientras tomaba una copa de vino blanco. Apartado de todos, incluso si al inicio de la fiesta era sociable y se mezclaba con la gente, después de tomar algunas fotos se cansó y se fue a la esquina del comedor.
Dejó de ver la ventana por un momento y se interesó por la fiesta, no había nada que recalcar, eran charlas animadas, gente tomando, compartiendo anécdotas y otros comiendo. Joseph volvió a mirar hacia la ventana, pero alguien se acercó a él.
—Buenas noches, señor Desaulnier.— A su lado había un hombre, de alrededor de unos 40 años de cabello corto marrón pero con varios mechones de canas.
—Elton, buenas noches, es una linda fiesta, ¿no?.— Joseph le dio le sonrió al hombre.
—Elliot, y si, es una linda fiesta.
Joseph solo se encogió de hombros y miró en dirección a la ventana, intentando que su error pase desapercibido.
Mientras ignoraba a Elliot, se dio cuenta, lo llamó por su apellido. No es que sea tan raro, pero ya nadie en la mansión lo llama así, ahora es Joseph o Jojo para el resto.
—¿Desaulnier? Es raro que me digan por mí apellido.
—Es tu apellido y quiero ser respetuoso con un anciano.— Elliot respondió con cierta burla, Joseph solo dio una risa seca sin emoción y dio un sorbo a su vino.
Ellos dos charlaron por un breve momento hasta que Elliot fue llamado por Orpheus para que ayude en algo de la comida, ahí terminó la charla.
Joseph se había cansado, ya no tenía energías para seguir en la fiesta, quería estar solo y no escuchar nada. Así que dejó su copa de vino en la mesa y en silencio se fue hacia su habitación.
Algunos se dieron cuenta, pero ya es conocimiento común de que Joseph se cansa rápido de las fiestas. Elliot vio a Joseph marcharse y desaparecer en la oscuridad del pasillo.
Mientras Joseph caminaba por los pasillos, dio un suspiro bajo, realmente necesitaba estar a solas, poco a poco este silencio que al inicio se sintió tan cómodo, empezó a ser reemplazado por un sentimiento de soledad.
Sin darse cuenta, ya había llegado a la puerta de su habitación. Al pasar dio una pequeña vista.
La habitación es casi la misma que el resto, con la única diferencia de que hay una cámara en su habitación que apunta a la ventana, frente a la cámara hay un tocador, con un espejo grande en el centro.
Joseph se acercó lentamente al espejo, con miedo de volver a ver lo mismo de siempre.
Al acercarse y ponerse al frente, vio su silueta, pero no su cara, intentaba pero la veía borrosa, no importa cuánto enfocará su mirada, seguía sin haber nada.
“Ni siquiera me puedo reconocer.” Joseph pensó para sí mismo, tocando su cara, logrando ver sus dedos, pero aún hay una mancha borrosa en su rostro.
De reojo vio su cabello, se estaba empezando a soltar. Joseph se lo quedó viendo un rato, para luego soltarse su cabello, dejando sus cabellos blancos caer sobre sus hombros.
“Ya no veo nada, ni siquiera tu cara”
Joseph comenzó a hablarle a él.
“No importaba cuánto lo intentará, incluso si lucía igual que tu, no podía reconocerte, ni a ti ni a mí, en vez de casa solo es un manchón borroso.”
“Me esfuerzo, intenté de todo, pero sigo sin poder verte”
“Tantos años de experimentos, de perseverancia, de fotos tomadas en esta y mí anterior mansión, pero aún así, soy incapaz de reencontrarme contigo”
“¿Acaso… estoy empezando a olvidarte?”
Joseph perdió el equilibrio de sus piernas, apoyándose en el tocador para evitar caerse, su respiración empezó a ser profunda y empezó a tomar grandes bocanadas de aire, haciendo que tosa con fuerza.
—No, no, no, no…— Joseph se repetía en voz baja, poniéndose de vuelta de pie, tratando de mantener la compostura, —No es así, de ninguna manera.—
Joseph le dio la espalda al espejo, impactado por sus propios pensamientos. Se llevó una mano al pecho, está latiendo con fuerza.
Miro por su habitación, estaba vacía, oscura y fría, no había nadie ahí más que él y un espejo. Joseph terminó por caer de rodillas al suelo, este sentimiento es tan cotidiano como tan abrumador.
Empezó en un barco, hacía frío por el mar y por la noche, no podía dormir, estaba preocupado por su hermano, que estaba a su lado.
“Este sentimiento de tristeza e impotencia, de no solo verte a ti, si no a varios tripulantes del barco, ver cómo poco a poco sus almas se iban evaporando con cada tos que daban.” Joseph pensó.
“Perdoname Claude, era mí deber protegerte, pero no lo logré. Perdoname, en serio.”
Antes de que pueda seguir lamentándose, alguien tocó la puerta de su cuarto. Joseph no entendía quién podía ser, se levantó del piso con dificultad y se aseguró de verse presentable, se ató su cabello con su moño, tomó aire y abrió la puerta.
—¿Ocurre algo?— Joseph mostró un rostro calmado y elegante, se dio cuenta de quién estaba tocando la puerta era Elliot, Joseph quedó un poco sorprendido de verlo ahí.
—Vine a verlo antes, pero lo escuché toser fuertemente, así que le traje unas pastillas, por si las necesita.— Elliot extendió su mano con un bote de pastillas para la tos.
Joseph empujó con sus manos las patillas, —Eres amable, pero no las necesito, estoy bien—.
—Insisto, debería tomarlas.— Elliot siguió extendiendo su mano hacia el pecho de Joseph, mientras éste se las regresaba.
Estuvieron de ese modo por unos minutos, Elliot sí que era insistente, o eso pasó por la mente de Joseph.
—¡Unas simples pastillas no van a curar mi tos por inhalar mercurio!— Joseph ya estaba harto y le levantó la voz a Elliot, este solo dejo de empujar las pastillas.
Joseph se dio cuenta de que no se comportó como un caballero, —Disculpa, me pase de grosero.— Agachó la cabeza, pidiendo perdón.
—No, está bien, fue mí error. Ya debería haberlo sabido a fin de cuentas, buenas noches.— Elliot se retiró por el pasillo y Joseph se volvió a encerrar a su cuarto.
Dentro de su cuarto, Joseph empezó a pensar en Elliot, lo recordaba como ese tipo idiota que no entendía la finalidad bondadosa de sus experimentos y siempre lo reprendia, para luego irse unos años después.
Mientras se quejaba de Elliot en su mente, le llegó un recuerdo fugaz. Él estaba en su mansión, estaba en el piso y su habitación estaba desordenada, pero no estaba solo, ahí estaba Elliot, ayudándolo a levantarse.
Elliot era su amigo, ¿Que paso?
Fueron sus palabras, esas palabras que cayeron en oídos sordos. Le hizo cuestionarse las cosas un par de veces cuando se dio cuenta de que sus experimentos no estaban dando frutos, tal vez Elliot estaba en lo correcto, solo tal vez.
Joseph negó con la cabeza, Elliot no lo entendía, no entendía que él solo estaba ayudando a la gente, los estaba ayudando a nunca ser olvidados, estaba haciendo lo correcto. Por esas ideas tan contrarias es que Elliot se fue.
—Debo olvidarme de él, no es importante, además ya estoy cansado.— Joseph se quitó su gabardina azul y se desató el cabello de vuelta.
Se quedó un rato viendo su apariencia, no tenía realmente un pensamiento en sí, solo un sentimiento de nostalgia al verse en ese estilo. Por un momento volvió a ver el espejo, otra vez sin lograr ver su rostro, no se porque pensó que lograría algo esta vez.
Cuando destendía la cama para poder meterse adentro, volvió a escuchar que tocaban su puerta. Joseph solo la ignoró, no estaba de humor para arreglarse y comportarse, estaba cansado.
Estaba angustiado.
Aún tocaban la puerta, Joseph esperaba que se detuviera, pero detrás de la puerta escuchó una voz.
—¿Señor Desaulnier?
Era Elliot, Joseph miró la puerta confundido, hace unos minutos se había ido resignado, ¿Para qué volver?
Joseph dudó si acercarse a abrir la puerta, no tenía ánimos para poder actuar como un noble elegante, sabe que terminará en el piso derrumbado si lo deja pasar a su habitación, sabe que no podrá mantener la fachada.
Joseph pensó otra vez en ese día, cuando se encontraba en el piso, abrumado por su culpa y agonía, pero ahí estaba Elliot, siendo su apoyo.
¿Podría poder darle apoyo otra vez?
Joseph agarró la manija de la puerta con cierta duda, pero terminó dando una respiración profunda.
Joseph abrió lentamente la puerta, sacó la cabeza y vio como Elliot ya se estaba yendo, pero se volvió a escuchar la puerta rechinar.
Joseph analizó un rato a Elliot, este tenía una bandeja pequeña con una taza de té y una tetera al lado, Joseph no dijo nada, solo se quedó viendo con cierta curiosidad a Elliot.
—¡Señor Desaulnier! Pensé que tal vez un té lo ayudaría a relajarse, lo noté tenso, solo venía a entregarlo, yo me retiro.— Elliot estiró la bandeja hacía Joseph, este solo lo veía sin ninguna expresión ni aceptándola.
Antes de irse, Elliot se quedó viendo a Joseph un momento, su cabello blanco estaba suelto y un poco desordenado y su expresión parecía cansada, Elliot dio una mirada que ya conocía, la mirada de saber que algo no está bien.
Elliot mostró cierta duda antes de hablar, —¿Puedo pasar?—
Joseph solo se metió dentro, haciéndole una seña a Elliot, invitándolo a entrar. El hombre pasó en silencio, cerrando la puerta detrás de él, luego dejó el té en el tocador. Joseph se sentó en la cama, al lado de la bandeja y agarró la tetera y se sirvió agua en la taza.
El ambiente era silencioso e incómodo. Joseph agradeció el silencio, no sabía porque había invitado a Elliot en primer lugar, pero no le molestaba su presencia, le hacía recordar cuando convivían en su anterior mansión.
Para romper el hielo, Elliot fue el primero en hablar, —Así que, Desaulniers, ¿Ocurrió algo?— Joseph frunció el ceño por haber roto el silencio.
Joseph dio un sorbo a su té, esperando un tiempo para responder, —Realmente no lo sé, creo que quería verte.— Elliot se sorprendió, no esperaba esa respuesta, aunque en el fondo es lo que buscaba.
Joseph estaba cómodo al lado de Elliot, sentía que, aunque sea por un segundo, podía quitarse esa máscara de noble perfecto, Elliot lo conoce desde hace años, no vale la pena fingir.
—Siendote sincero.— Elliot volvió a hablar, —Cuando llegue a esta mansión y nos reencontramos, pensé que no me querías volver a ver de nuevo.— Joseph dejó de tomar su té para concentrarse en su anterior amigo.
—Incluso a mí me sorprende, no es que sea importante o algo, pero me siento agradecido contigo.— Joseph estaba mirando fijamente a la nada, evitando cualquier contacto visual, agradece que Elliot trajo té, lo ayudó a concentrarse en otra cosa y no terminar derrumbado.
—Cuando toda mí reputación se fue al caño, ya no había nadie, solo tú, acompañándome, ¿Porque?— Con la última pregunta, Joseph se volvió a ver a Elliot, con cierta duda y amargura en sus ojos.
Elliot se quedó callado por un momento, procesando qué decir, le tomó un tiempo poder poner sus pensamientos en palabras, mientras Joseph ya había terminado su té.
—Es porque eras mí amigo, Desaulniers. Te iba a ayudar, eras importante para mí.—
Joseph se quedó unos segundos en silencio, procesando lo que acababa de escuchar, Elliot era su amigo, alguien en quien podía confiar. En el fondo, Joseph desea que las cosas aún sean así, pero no, sus ideas son contrarias y el daño ya estaba hecho.
El cuerpo de Joseph se empezó a sentir pesado por el cansancio, su cuerpo se inclinó y terminó cayendo sobre el otro hombre, Joseph escondió su cara en el hombro izquierdo de Elliot y su cabello suelto terminó encima del pecho del otro hombre, este se quedó congelado, evitando molestar al anciano.
—Yo… no…— Joseph dijo palabras entrecortadas, intentaba hablar pero es incapaz, no puede pronunciar nada, solo se quedó en silencio, esperando a sentirse mejor.
Elliot solo le dio una mirada tranquila a Joseph, incluso si este no lo puede ver, su único movimiento fue darle un abrazo con su mano derecha, acercándose a él.
Joseph se sobresaltó por un segundo, pero empezó a relajarse, el cuerpo de Elliot era cálido y seguro, Joseph poco a poco empezó a sucumbir al cansancio y se quedó dormido en el hombro de Elliot.
Cuando Joseph se quedó dormido, Elliot con cuidado colocó al hombre en su cama, arropándolo. Se le quedó viendo un momento.
“Es raro verte así, casi nunca dormías con tranquilidad, siempre estabas triste, preocupado y estresado…”
Elliot pensó para sí mismo.
—Eres mí amigo Joseph.— Elliot agarró la mano de su amigo. —Estaré a tu lado y prometo ayudarte.— Elliot apretó la mano de Joseph con mínima fuerza, una forma de decirse a sí mismo lo que debía hacer.
Elliot soltó la mano de Joseph, recogió la bandeja y se fue en silencio, dándole un último vistazo, parece que por hoy, todo está bien.
Unos minutos después, Joseph miró su mano, viéndolo con calma y le dio una sonrisa pequeña, llevó su mano al pecho y volvió a dormirse.
