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La ciencia detrás de un golpe.

Summary:

La vida tenía un extraño y retorcido sentido del humor, Gen siempre lo supo, pero nunca fue testigo directo de esto hasta ese fatídico día.
Su nombre, que siempre estuvo en primer lugar en las listas de promedios sobresalientes, descendió no uno, sino dos lugares. Haciendo a un lado el impacto que fue para su orgullo, Gen no pudo evitar sentir curiosidad por la persona que le quitó la corona del primer puesto: Ishigami Senku.
Mientras reflexionaba sobre esto, Gen, en un desafortunado vistazo fuera del edificio, presenció el momento en que un chico más pequeño que él lograba derribar al matón de turno, un tipo que no se quedaría de brazos cruzados ante tal humillación; lo peor, sin embargo, no fue esto, si no el hecho de que este individuo desconocido le dirigiera a Gen una mirada que, desde su lugar, interpretó como una amenaza de muerte por parte de ese par de orbes carmesí. Oh, dioses, ¿en qué se había metido?

Notes:

¡Hola! ^^

Antes de iniciar la lectura me gusta aclarar algunos puntos, así que agradecería que leyeran esto para evitar posibles malentendidos o disgustos ^^

* Para empezar este es mi primer long-fic en mucho tiempo, así que lamento si de repente el ritmo de la historia varía un poco :'v

* Hay un obvio Out of Character en los personajes porque era necesario para la trama, aunque no demasiado, traté de llevarlo de forma natural, pero aún así existe, sobre todo en Senku y Gen, dado el papel que van a desempeñar. Ahora, si bien esto no era tan necesario en Gen, me agradó la idea de mostrar a un Gen más ansioso y novato en sus trucos, más que nada, como ya dije, por el bien de la trama xd

* Hay una superficialidad preocupante, si debo decirlo yo misma, al momento de abordar temas matemáticos o derivados porque, siendo honestos, no sé nada de eso 😅; su servilleta aquí presente pasó matemáticas de milagro y algunas veces haciendo trampa, así que lo siento mucho. De hecho, durante mi lectura del manga y el anime, yo era Kohaku y Gen cada que Senku explicaba algo, así que lo lamento mucho por los que si saben de estos temas :'v, hice mi mejor esfuerzo investigando y así (;<;), pero igual si gustan señalarme algún error y explicarme por qué es un error, se los agradecería para editar la historia y así aumentar su calidad.

* Y como último aviso: tiendo a desarrollar el romance entre los personajes un poco lento, obviamente habrá momentos lindos o donde ambos se empiecen a dar cuenta que ahí hay algo; así que si les gusta el romance de desarrollo rápido, lamento decir que este fanfic no es para ustedes u.u

Ahora bien, ¿qué aprendimos de esto? Exacto, que es difícil escribir un fanfic de una serie con muchos personajes principales sin saber en dónde carajos meterlos sin que parezca una aparición forzada.

Morí.

Lo peor es que al final no creo incluirlos a todos :'v

Pero bueno, eso sería todo. Espero que disfruten de la lectura porque la hice con mucho cariño 🥺.

Enlace del perfil del Twitter de la artista que creó el doujinshi en el cual me inspiré para hacer esta pequeña historia ^^:

https://x.com/kuraschuu/status/1886694600594583674?fbclid=IwY2xjawJnx1BleHRuA2FlbQIxMQABHpdt6yOH4r7DLL6O2lARDjA8oGZofprraICeEt0cYsuYvtnaNb2dcgeyw_qk_aem_N3v--tBrg4y8VSrhMPa4FQ

Chapter 1: Encuentro fortuito.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Ranking de calificaciones: 1er semestre.

Ishigami Senku.

Ishii Chrome.

Asagiri Gen 

No importaba cuánto lo viera, cuánto se frotara los ojos, cuánto limpiara sus lentes, el resultado seguía siendo el mismo y era avasallador.

Ocultando su expresión frustrada tras su mano que acomodaba distraídamente los lentes, el joven se apartó de la multitud y se encaminó hacia su salón, impidiendo hacer contacto visual con los demás estudiantes.

Asagiri Gen, estudiante de segundo año, se repetía sin cesar que no pasaba nada por una vez. El tercer lugar era mejor que nada, ¿no? Él se había esforzado y sus padres eran testigos diarios de ello, así que, ¿por qué preocuparse por una primera vez? No era la persona más inteligente del planeta, ni siquiera de Japón, tarde o temprano iba a pasar, ¿no?

Y si estaba tan convencido de eso, ¿por qué demonios seguía rumiando al respecto?

¡Maldición!

Tampoco es como alguien pudiera culparlo. Se había esforzado tanto durante el primer año, durante toda la secundaria, desde que supo qué era lo que quería para el resto de su vida, que la idea de fallar, aun si era la primera vez, era devastadora, sobre todo porque todo dependía de esos números plasmados en la tabla. Sus padres eran difíciles de complacer, pero por una vez lo consiguió y ellos, aunque a regañadientes, agitaron el premio ante sus ojos hambrientos a cambio de ser el mejor en sus clases y él se convenció de que ese premio sería suyo sin importar cuánto sacrificio tuviera que enfrentar. Dado que todo había marchado tan bien hasta ahora, encontrarse de frente con el primer obstáculo en el camino lo tomó de sorpresa e hizo tambalear la calma de la que siempre presumía.

Pero eso no estaba bien, ¿verdad? No para alguien como él.

Se detuvo en seco en medio del pasillo y respiró profundamente una, dos, tres veces hasta que obtuvo de regreso el control total de sus pensamientos, de los latidos de su corazón y de sus extremidades que habían comenzado a sentirse como gelatina.

Todo estaría bien. Un tropiezo, ¡vaya cosa!, como si no hubiera tenido que lidiar con peores situaciones que esa.

Con una sonrisa un poco más confiada en su rostro antes contorsionado por la impotencia, continuó avanzando.

Bien, se dijo, sólo tenía que recuperar su puesto en el siguiente semestre y todo volvería a la normalidad, no permitiría que esto se volviera una costumbre.

—Aunque debo admitir que esos estudiantes de primer año son increíbles, sus calificaciones eran perfectas —pensó en voz alta cuando estuvo seguro de que se encontraba solo en el lugar.

Justo cuando daba vuelta en un pasillo para subir las escaleras hasta su salón, el viento trajo hasta él la inconfundible cacofonía de una disputa. Gen no pudo evitar entornar los ojos. Vale que los ánimos en la escuela estuvieran en alto gracias al final de los exámenes y las próximas vacaciones, pero ¿era necesario tanto escándalo?

A pesar de este pensamiento, se asomó por la ventana más cercana la cual daba al patio trasero de la escuela. La mueca de disgusto que ya tenía no hizo más que profundizarse cuando vio a los responsables, a uno de ellos en específico: Magma, un tipo enorme y cabeza hueca de tercer año que ni de broma podría aspirar ni siquiera al último puesto del ranking, sin embargo, el tipo se las había ingeniado para cursar los tres años ¿y cómo no? No había un sólo estudiante ejemplar en la escuela que no hubiera sido víctima de sus abusos, Gen incluido, donde los forzaba para que hicieran sus tareas, era lo único que lo había salvado de recursar.

Gen siempre se preguntó: ¿qué demonios con esa dinámica? ¿Acaso estaban en una novela cliché juvenil de Estados Unidos? Porque era un verdadero fastidio predecible. Lástima que su propia novela no contara con un héroe defensor de los débiles, tal vez eso habría mejorado un poco las cosas. Pero la vida real nunca era simple, ¿no?

Con una sonrisa sardónica, Gen estuvo a punto de seguir con su camino pues no tenía deseos de presenciar cómo ese tipo humillaba a alguien más, pero… algo lo detuvo.

Quizás fue el hecho de que nunca había visto a la nueva víctima de Magma en los pasillos de la escuela, o porque el cabello de este estudiante le resultaba cómico, como sacado de alguna caricatura o dibujo infantil donde el autor tenía un concepto muy extravagante sobre los colores: cabello blanco que se pintaba de verde en las puntas, además, aunque lo mantuviera sujeto en una coleta alta, el cabello parecía tener vida propia y se extendía rebelde hacia todas las direcciones posibles, era curioso, por decir lo menos; además de que se veía tan ridículamente pequeño al lado de la bestia de Magma.

Tal vez Gen hubiera encontrado graciosa su apariencia de no ser porque aquel chico desconocido giró de repente el rostro en su dirección, apenas lo suficiente para una ojeada intrigada por, quizás, sentir una mirada insistente sobre él.

Y, en ese instante, Gen olvidó cómo respirar.

Un par de ojos de un rojo profundo que brillaban y resaltaban, incluso desde la distancia que los separaba, atraparon por completo al estudiante que ahora se maldecía en silencio por no haber continuado con su camino, mas este sentimiento poco tenía que ver con haber sido sorprendido como un curioso que mete las narices donde no lo llaman, no, era más bien porque esos ojos eran… bueno, aplastantes, fríos como una tormenta invernal a pesar de su color ardiente que más recordaba a un fuego abrasador.

Fue un intercambio de apenas unos segundos, pero fue suficiente para que aquellos orbes brillantes se grabaran en la memoria de Gen.

Y las sorpresas continuaban, ya que Magma, sintiéndose ignorado por el estudiante más bajito y delgado, se arremetió contra él en un sucio ataque silencioso con la intención de tomar desprevenido al otro joven, no obstante, para asombro tanto del propio Magma como de Gen, el joven de mirada carmesí se hizo a un lado con un movimiento fluido y suave, casi despreocupado, evitando el puño directo del más alto quien, debido a lo inesperado de esta acción, dejó al descubierto su guardia; su rival se sirvió de esto para voltearse hacia él y, con la misma tranquilidad, dar un rodillazo bien calculado al plexo solar de Magma cuya respiración se atoró con violencia y lo tumbó en el suelo retorciéndose no sólo de dolor, sino también por la dificultad que le representaba ahora la simple tarea de respirar.

Ay, carajo. Alguien había mandado a Magma al suelo, lo peor es que ni siquiera se trataba de alguien de su mismo tamaño lo cual, sin duda, sería humillante para el matón de tercer año. Bien haría en ir despidiéndose de ese estudiante desconocido.

Y hablando del rey de Roma: oh, carajo, ese estudiante desconocido ahora lo estaba viendo a él, lo cual no sería tan malo, de no ser porque Magma también lo había descubierto de polizón ahí así que, mierda, ahora era un testigo que sin duda el matón querría silenciar y, por algún motivo, para añadirle más desgracias a ese día, aquel estudiante de apariencia extravagante parecía también interesado en él. ¿Era una advertencia silenciosa de que él sería el siguiente si los delataba? Porque en definitiva esos ojos rojizos mandan un mensaje alto y claro de: «no debiste ver eso».

Con una sonrisa nerviosa Gen alzó ambas manos en señal mundial de «calma» y retrocedió hasta que estuvo seguro de alcanzar un punto ciego desde afuera antes de echar correr hacia su salón.

Mierda. Mierda. Mierda.

No era así como quería acabar la primera mitad de su segundo año.

No, en definitiva, no era así como quería pasar la preparatoria, pero había cosas que venían con el paquete de ser un «nerd», como lo llamaban, y era un verdadero incordio tener que vivir con esa perspectiva durante tantos años.

—Ah, esto es demasiado cruel hasta para mí —se lamentó.


Bien, se las había ingeniado para escabullirse de Magma y del otro sujeto durante el resto del día. Era la hora de salida, así que todo lo que tenía que hacer era esperar a que la escuela se vaciase… o quizás sería mejor escapar ahora aprovechando la multitud de gente… Sí, nadie querría armar un escándalo delante de un montón de gente, ¿verdad?

Respiró profundo y salió del aula, pero apenas dar un paso tropezó con alguien más cosa que lo llenó de pánico antes de siquiera descubrir quién era la otra persona.

—¡Lo siento, lo siento! —exclamó de inmediato luego de un evidente grito de pánico a la vez que se hacía bolita en el suelo esperando lo que sea que fuera a llegar.

—Gen, tranquilo, soy yo.

Una mano suave se posó sobre su hombro, casi tan suave como el tono de voz con el que le habían hablado.

Temeroso de que su mente le estuviera jugando en contra, Gen alzó la cabeza encontrándose con un par de ojos verde agua.

—¿Ukyo-chan? —titubeó en un principio, mas cuando estuvo seguro de la identidad del otro, sollozó—¡Ukyo-chan! —y sin previo aviso se le tiró encima provocando que ambos cayeran al suelo.

—Y ahora? —indagó el contrario en medio de una risa nerviosa.

—Estoy en problemas, Ukyo-chan, creo que vi algo que no debía ver —explicó Gen a la vez que oteaba su alrededor con evidente temor.

—¿Magma otra vez?

—Sí y no sólo él. —Mientras observaba ansioso de un lado a otro, se topó con la pequeña boina que su amigo siempre cargaba y, sin preguntar primero, la tomó para esconder su cabello bicolor. ¿Quién era él para reírse del cabello de alguien más cuando no estaba en un mejor lado del río?

Ukyo no se quejó, bueno, no demasiado, por el repentino atraco, sino que se levantó y ayudó al menor a hacer lo mismo.

—¿Y ahora qué pasó?

—Pues… —se detuvo. ¿Qué tan prudente sería decirlo? Sabía que podía contar con la discreción de Ukyo pero ¿y si alguien más lo escuchaba?—. Sólo digamos que puede que esté o no en problemas…

—Aclárate —pidió siguiendo a Gen.

—Es que no estoy seguro de si en serio fue tan grave…

—¿No dijiste que viste algo que no debías?

—Pero fue por mera casualidad…

—Tratándose de Magma, no creo que se quede conforme con una explicación como: «haber pasado de casualidad» por ahí.

Gen emitió un bufido desolado. Tenía razón, pero ¿qué se supone que hiciera? Tampoco quería involucrar a Ukyo en ese embrollo, por lo que se convenció de que lo mejor sería quedarse callado y tal vez, tan sólo tal vez las cosas podrían quedar en el olvido, además tenía la ventaja de que las vacaciones ya habían comenzado, era el último día de clases en una temporada, así que, mientras nadie más hubiera visto y extendido algún rumor, las cosas simplemente se calmarían, ¿verdad?

—¿Quieres que le pida ayuda a Tsukasa-…?

—¡¿Estás loco?!

Y ante la fuerza de tal exclamación, Ukyo tuvo que taparse los oídos con una mueca de dolor.

—¿Cuál es el problema?

—En primer lugar: no quiero deberle nada a nadie; siempre se está en deuda con aquellos a quienes les han prestado un favor. En segundo lugar: el tipo me da escalofríos —dijo e hizo un gesto exagerado de temblar aterrorizado.

—¿Más que Magma?

—¡Si!

—Es un buen chico, aunque no lo creas.

—Eso lo dirás tú, Ukyo-chan. Creo que es imposible que alguien sea malo contigo. —El estudiante pintó entonces una de aquellas sonrisas que, para cualquiera que lo viera, sólo podría pensar: «adorable»…, o posiblemente pensaría en una versión de Pikachu, si se era más borde, pero este gesto, de cualquier forma, sólo acentuaba las palabras de Gen—. ¿Qué haré cuando te gradúes y te vayas? No tendré a nadie que me esconda detrás de él —añadió con dramatismo.

—¿Cuándo hice eso?

Gen sonido divertido ante la modestia avergonzada de su amigo y a punto estuvo de responder cuando el barullo de los estudiantes arremolinándose fuera de la puerta principal los detuvo en seco.

No eran demasiados para ser una muchedumbre, pero sí los suficientes para que todo el que fuera lo bastante curioso se detuviera a investigar qué estaba pasando. Gen, dada su experiencia previa, no era uno de estos curiosos, sin embargo, al ver un destello de verde con blanco en el centro de la pequeña congregación se detuvo y, temeroso de lo que fuera a pasar, se arrebujó más en la boina y acto seguido se ocultó detrás de su amigo quien, al verlo, se debatió entre reír o preocuparse, por lo que dirigió la mirada al frente para tratar de averiguar qué era lo que había asustado de esa forma al otro.

—Finalmente te atrapé, esta vez no puedes escapar.

Las osadas palabras provenían de un chico, quizás un estudiante de primer año, dada la poca familiaridad que su rostro despertaba en Ukyo; el cabello castaño de dicho estudiante estaba parcialmente sujeto por una bandana deportiva, aunque el tipo no daba la impresión de ser la clase de persona que ejercita a conciencia.

—¿Magma-chan? —preguntó el joven escondido detrás de él.

—No. No estoy seguro de quién sea.

—Bien, eso ya es ganancia, pero el otro sigue ahí.

—¿«Otro»?

Fue entonces que Ukyo notó la presencia del chico de cabello peculiar -¿cómo no lo vio antes?-, sin embargo, al igual que pasó con Gen, no fue este rasgo el que captó su atención por completo. Un ligero escalofrío recorrió su columna al encontrarse con aquellos intensos ojos rojizos cuya fuerza parecía resguardada apenas por una capa de fino hielo. No obstante… no era miedo precisamente lo que Ukyo sintió al verlo. Ahí había algo más, oculto con esfuerzo, bastaría un leve empujón para dejarlo salir, pero ¿qué era?

—¿Qué está pasando? —inquirió una voz femenina en un susurro, temiendo que la burbuja de tensión en la entrada principal reventara por su intervención.

—No lo sé, ese chico de primer año de repente detuvo al otro —respondió otra.

Ukyo volvió a centrar su atención en lo que se desarrollaba; Gen, detrás de él, también se fijó en los dos jóvenes, pero no porque le interesara la situación, sino para asegurarse de que ninguno se percataba de su presencia y así poder escapar.

—Llevas evitándome desde el primer día, pero ahora no tienes escapatoria —y con una floritura para nada dramática, el castaño señaló al otro estudiante con victoria adelantada—. Tú eres Ishi-…

«¿“Ishi”? —Gen se asomó sobre el hombro de Ukyo, curioso dada la mención de aquel nombre—. ¿Ishii Chrome?»

Oh, por todos los dioses, ¿podría ser que en serio el nombre de aquel sujeto, cuya apariencia parecía sacada de un manga, fuera Ishii Chrome? ¿ Ese Ishii Chrome que se alzó sobre él en el ranking de calificaciones como el segundo lugar? La vida sí que tenía un sentido del humor peculiar.

Aunque la utilidad de tal información le importaba menos ahora que la preocupación que lo invadió cuando volvió a ser consciente de la escena que tenía en frente, pues el estudiante de cabello extravagante, Chrome, o eso creía, había acortado la distancia que lo separaba del otro chico y con un movimiento brusco pero firme le había tapado la boca. En definitiva no estaba feliz.

—Hablas demasiado —dijo éste, su voz grave perdiéndose entre las exclamaciones aturdidas del resto de estudiantes. El joven castaño, sin embargo, no lucía ni una pizca de aterrorizado y Gen debía darle créditos por eso, si fuera él ya estaría temblando, a pesar de suyo.

—¡Oye, suéltalo!

Una potente voz femenina irrumpió y el caos se desató, o algo así. La gente comenzó con las clásicas habladurías de si el chico castaño sería novio o algo de la rubia recién llegada a escena y cosas similares. Lo único que Gen fue capaz de entender es que la chica llegó con toda la intención de envolverse en una pelea con Ishii mientras que éste no lucía interesado en lo más mínimo por armar un conflicto más grande, por lo que se limitó a obedecer y dar media vuelta con un «tch» de por medio antes de alejarse del lugar, abandonando la escuela y dejando atrás un montón de dudas respecto a él y posibles nuevos rumores bullendo cual caldero hirviendo.

El regreso a clases sería todo un acontecimiento que Asagiri Gen preferiría saltarse, sin embargo, conociendo su suerte, sin duda esto sería imposible.

—Así que —la voz de Ukyo lo exaltó pues se había metido demás en sus cavilaciones—, supongo que Magma ya no es tu único problema, ¿eh?

Ukyo por supuesto no lo dijo por decir ni por tener el don de la adivinación, sino porque aquel estudiante, que se había marchado con un gesto indiferente al resto del mundo, dio una única muestra de interés cuando pasó junto a ellos y descubrió detrás del Saionji a Gen, que se encogió tanto como pudo.

Gen, quien gracias a sus nervios no fue ignorante de este hecho, sólo pudo lloriquear.


Aquel día, Ukyo no lo presionó para contarle nada, cosa que Gen agradeció. Si llevarse semejante suceso desafortunado a la tumba lo salvaba de una muerte temprana, entonces lo guardaría herméticamente y olvidaría dónde puso ese recuerdo.

Después de eso ambos volvieron a casa, cada uno por su lado después de un pequeño tramo compartido.

Gen llegó a su hogar, temiendo la reacción de sus padres en cuanto se enterasen de sus resultados en la lista de calificaciones, pero confiaba en que sus esfuerzos pasados ​​lo dejaran impune por esa ocasión.

Para su poca buena suerte, sí fue así, pero a cambio de dejarlo pasar tenía estrictamente prohibido volver a quedar en tercer lugar lo cual…, bueno, era justo… o eso creía. Al final de cuentas ellos habían accedido a apoyarlo a cambio de eso, así que un trato era un trato.

—Tal vez un segundo lugar para la siguiente ocasión —le dijo su madre antes de que su padre volviera a casa—, pero, al igual que esta, sólo será una vez.

Sorprendentemente, su padre le dijo lo mismo… o, casi; el hombre lo amenazó con terminar el trato si no quedaba en primer lugar la próxima vez, lo que ocasionó una breve discusión con la madre de Gen y el joven, una vez más, tuvo que intervenir entre ellos para que la cosa no escalara. Una rutina en exceso agotadora a la cual estaba acostumbrado.

Y en un abrir y cerrar de ojos las vacaciones pasaron, un poco lentas de a ratos, pero en su mayoría veloces, algo que no molestó en lo absoluto a Gen, pues eso implicaba menos tiempo en casa y más excusas para estar fuera.

Con toda la euforia de volver a clases, de regresar a una rutina con la que se sentía cómodo, Gen casi olvidó el asunto que lo había preocupado un día antes de las vacaciones, pero el destino se encargó de recordárselo con, nunca mejor dicho, un duro golpe.

No bastó el impacto, encima estuvo el empujón al pecho que lo mandó por fin al suelo con un doloroso sentón; mientras que la otra persona… no, él seguía de pie.

Gen, adolorido, buscó la mirada de quien lo había chocado, pensando por un instante, gracias a un deja-vú, que podría tratarse de Ukyo, de hecho, estuvo a punto de lloriquear como solía hacerlo con él, pero al levantar el rostro todo lo que pudo hacer fue cerrar la boca con un click audible y tensar sus músculos a la espera de algo peor.

Delante de él se encontraba ni más ni menos que aquel chico de cabellera exótica, Ishii, si no se equivocaba.

Era claro que se estaba equivocando, pero él no lo sabía de momento.

El joven, lo miró desde arriba, molesto por el encuentro abrupto. Gen se fijó en que su cabello era más largo y que ahora lo llevaba atado en una media coleta y… y ay, carajo, ¿por qué demonios pensaba que se veía condenadamente bien así?

—Fíjate por dónde vas, idiota.

Sin más el tipo le dio la espalda con un gesto desdeñoso, dejando a Gen tirado y con un conflicto interno que poco tenía que ver con el mal trato recibido. Sin embargo, a la vez que se devanaba los sesos con esa cuestión que por el momento escapaba de su comprensión, se percató de una diminuta voz haciendo ruido en su interior, un ruido que empezó como un murmullo hasta convertirse poco a poco en un rugido difícil de soportar y, por lo tanto, de callar.

«¿Quién se cree para hablarme así? Ese tipo de gente, todos ellos, son terriblemente molestos»

Y Gen estaba más que consciente de que lo mejor habría sido dejar las cosas así, tomarlo con calma como siempre trataba de sobrellevar los abusos de Magma y su grupo de inadaptados, como los llamaba en secreto, pero el rugido de aquella voz interna hizo explotar algo que hasta la fecha se había mantenido estable y lo orilló a cometer, quizás, la mayor estupidez de su vida.

Se levantó sin alzar la mirada, mas su postura se mantuvo lo bastante rígida para fingir firmeza.

Se arrepentiría de esto más tarde, pero por el otro lado, ¡era el primer día, por amor a los dioses! ¿Era mucho pedir un día tranquilo?

—Creo que no soy el único que tiene ojos —dijo, apenas un susurro, apenas una exclamación, pero sin duda una sentencia y eso era algo que Gen comprendió justo después de que las palabras escaparon de su boca.

—¿Qué? —Los pasos se detuvieron a poco más de un metro y regresaron hacia él; el estudiante de segundo año lo vio acercarse con torturante lentitud—. ¿Dijiste algo?

«Pide, perdón, idiota, pide perdón», se dijo a sí mismo apretando los ojos con fuerza, no obstante, al volver a abrirlos, dispuesto a resignarse a lo que sea que fuera a pasar.

Cayó en cuenta, también, de un detalle en cierto modo adorable, a pesar de que era consciente de que se había metido en un problema muy gordo y que señalar eso sería cavar su propia tumba, pero no lo pudo evitar, no cuando lo vio como su única ventaja.

El sujeto era pequeño en comparación con él, un par de centímetros apenas que le daban cierta sensación de superioridad. Oh, dios, esto iba a ser interesante… o doloroso, ya lo descubriría.

—Tal vez —dijo con más valor del que se creía capaz y una sonrisa burlona se dibujó en su rostro. Una máscara perfecta. Él era el rey de las mentiras, podía fingir un poco de valentía de vez en cuando—. Es sólo que estoy más que seguro de que el que lleva lentes aquí soy yo, ¿o acaso me equivoco, Chibi-chan ?

Resistiendo sus ganas de salir corriendo, Gen le mantuvo la mirada y la forma en que los ojos ajenos brillaron contra la luz del sol de la mañana fue... abrumadora en un sentido que no supo identificar, como si estos observaran a un bicho raro, molesto e irritante, empero, algo interesante y curioso; Gen se sintió como un espécimen recién descubierto en el planeta, lo que le hizo entrar en un nuevo conflicto.

—Tienes agallas —sonrió entretenido—, veamos cuánto duran, Señor Polizón.

Esas palabras burlonas fueron como un balde de agua helada que lo derrumbó por completo, ¡y tanto que le había costado tomar valor!

Mierda, él se acordaba de su cara, se acordaba de ese día, lo que quería decir que Magma también se acordaría.

Oh, carajo, estaba frito.

Su valor no duró mucho, pero antes muerto que demostrarlo delante de ese pequeño engreído.

Era el primer día de clases, el inicio de una rutina que en su vida se imaginó tener.

Notes:

¡Hola! Soy nuevo ^^

Lo siento si la redacción es un poco floja. Acabo de salir de un bloqueo de escritor y quise experimentar con una trama distinta a las que suelo escribir, por lo tanto, me disculpo en serio si hay errores o si la historia se siente un poco mecánica. Prometo que hago mi mayor esfuerzo :c

Espero que les guste y puedan darme una oportunidad qwq