Actions

Work Header

Sentimientos Ocultos (Se aceptan sugerencias de titulo)

Summary:

Natsuki Subaru, un chico con una habilidad extraña y que siempre vuelve de la muerte, ¿Lo conoces, no? Esta rodeado de amigos, personas que lo quieren y que le importan, como cualquier persona medianamente comun.

Simplemente son interacciones que se me ocurren en forma de historia sin conflicto, hilo conductor o demas.

Notes:

Unicamente me he visto las 3 temporadas animadas y he leido el IF de la codicia (Viva Equidna), aun asi, los eventos no estan ordenados en algun punto en especifico o en un arco argumental, aunque los sucesos estan basados tras la segunda temporada.

No sigue el canon y hay bastantes cosas que no deberian pasar (Mansion Roswaal no quemada y Rem despierta), pero verdaderamente trato de hacerla piola.

Se aceptan criticas y blablabla, si hay alguna incongruencia o error con respecto al canon diganla, ¡Lo agradeceria!

Chapter 1: Inicio normal de un día normal

Chapter Text

 

Una vez más, se despertó en la cama de su habitación.

 

Una vez más, fue en la cama donde siempre dormía.

 

Una vez más, estaba vivo.

 

Abró los ojos con lentitud, tomándose su tiempo para adaptar su visión a la luz de la mañana. El techo era el mismo que siempre, el cuarto era el mismo de siempre, él era el mismo de siempre.

 

Su cerebro se puso en marcha a la vez que el se levantaba de la cama, sus pies tocaron el suelo con la misma pereza con la que se frotó ambos ojos mientras murmuraba unas palabras sueltas.

 

–... ¿Qué hora es?-. Fue lo que dijo, aclarando la vista.

 

No podía ser muy tarde, ya que seguía habiendo sol, podría suponer que tampoco se había perdido el almuerzo, ya que sería una anomalía que nadie ni nada lo hubiera despertado. El aproximado correcto sería un tiempo intermedio entre el almuerzo restante y el desayuno, aunque ya era malo que se perdiera el desayuno.

 

Miro sus manos, sus piernas y su pecho. Por suerte seguían en su lugar, los 5 dedos permanecían en las 4 extremidades sin ninguna herida externa o interna. Tocó su propio rostro con las mismas manos que acababa de mirar, reconociendo y verificando que todo estaba donde debía estar.

 

2 ojos, una nariz y una boca.

 

Todo en orden.

 

Sus piernas y brazos estaban donde debían estar, sus facciones también.

 

Todo estaba bien.

 

Bien…

 

¿No?

 

Seguí siendo el, ¿No?

 

Seguía siendo Natsuki Subaru, un chico joven de mirada aterradora y rostro poco común.

 

Seguía siendo el mismo hikikomori que fue transportado a otro mundo “de la nada” cuando regresó a su casa de comprar. Seguía siendo aquel que ayudó en la capital a la medio-elfa llamada Emilia, una de las 5 candidatas a reina que Lugunica tenía.

 

Seguía siendo el que ayudó a salvar a los niños del pueblo cercano a la mansión Roswaal de las maldiciones de una manada de Mabestias. Seguía siendo una de las personas que participó en la subyugación de la Ballena Blanca formando una alianza con Crusch Karsten.

 

Seguía siendo el que borró de la existencia el alma de Petelgeuse Romanée-Conti, el arzobispo del pecado que representaba a la pereza y que a su vez, formaba parte del culto de la bruja. Seguía siendo el chico que sacó de este mundo al Gran Conejo, otra de las Mabestias temidas por el mundo en conjunto con el gran espíritu llamado Beatrice, con quien tenía un contrato.

 

 

Seguía siendo el.

 

Seguía siendo el caballero de Emilia.

 

Seguía siendo el contratista de Beako.

 

Seguía siendo el “hermano” de Otto y Garfiel.

 

Seguía siendo Natsuki Subaru…

 

Seguía siendo el héroe de Rem.

 

.

.

.

 

 

Y también seguía siendo una mierda.

 

Seguia siendo el idiota que murio 4 veces apenas llego a ese mundo, llevandose consigo mas vidas por su inutilidad.

 

Seguia siendo el idiota que hizo el ridiculo en la capital, y que por eso recibio una paliza de un caballero de verdad. Seguía siendo un inútil que murió congelado, decapitado, devorado, con la cabeza aplastada, con la garganta cortada, con el estómago abierto.

 

Seguía siendo un cerdo codicioso que quería salvar a todos.

 

Seguía siendo un sujeto que perdía por su propia debilidad e incapacidad.

 

Seguía siendo un idiota que no apreciaba su propia vida.

 

Seguía siendo un sujeto que moría una y otra vez.

 

Seguía siendo alguien que “Retornaba por la muerte”.

 

Seguía siendo el asesino de Emilia, de Otto, de Garfiel, de Beako, de Frederica, de Petra, de Ram, de Rem…

 

Seguía siendo Natsuki Subaru.

 

Y por ser Natsuki Subaru, es que era una mierda.

 

–Subaru-. 

 

–¿Huh?-.

 

Una voz que reconoció al instante sonó justo frente a él, no había notado su presencia debido a que permanecía con la cabeza mirando al suelo, lamentándose por su propia inutilidad. Sabía que mirar sus pies no bastaría, así que levanto la cabeza para poder verla de frente.

 

Rasgos aniñados, una estatura baja y una ropa bastante destacable y bonita, con ojos muy peculiares y un tierno puchero adornando su cara. La “niña” permanecía frente a él con los brazos cruzados sobre su pecho, mirándolo con leve molestia.

 

–¿Qué te sucede, de hecho?-. Dijo, manteniendo su postura firme y bastante tierna.

 

En definitiva, era Beatrice.

 

Subaru no pudo evitar que una pequeña sonrisa se formara en su boca ante la presencia de la chica, cambió su postura a una mucho más animada y adecuada mientras levantaba la voz.

 

–¿Por qué preguntas eso? ¡Recién me levanto!-. Dijo el pelinegro encogiéndose de hombros.

 

El puchero de Beatrice se hizo más notorio, y descruzo sus brazos para poder señalar a su contratista con una de sus manos.

 

–¡No le mientas a Betty, de hecho! ¡Tenías esa mirada extraña que pones siempre, supongo!-. Exclamó con los ojos entrecerrados y una voz más alta.

 

Subaru desvió la mirada aun manteniendo su sonrisa, como si fuera un actor de película al que se le olvido su diálogo. Sin embargo, por dentro no pudo evitar maldecirse por ser tan obvio en cuanto a sus sentimientos reales. Había aprendido levemente a poder guardarse lo que sentía, pensaba y vivía para sí mismo, dejando salir pequeños pedazos de esos sentimientos en forma de bromas y comentarios graciosos que mayormente eran pasados por arriba.

 

Pero con sus expresiones faciales era otro caso, no podía controlar tanto su reacción física como la sentimental, lo que generaba que sus emociones explosivas se reflejarán de gran manera, haciéndolo obvio a la vista de otros. Ese era el caso de Beatrice la mayoría del tiempo, y aunque él confiaba plenamente en ella, no podía decirle la causa de estas acciones.

 

Y aunque quisiera, alguien terminaria con el corazón aplastado, de forma simbólica y literal.

 

Su mejor reacción fue improvisar, siendo esta improvisación hacer más grande su sonrisa y llevarse una mano a la frente, poniendo la cabeza en alto. 

 

–¡Acabo de tener un sueño muy extraño en el que estaba rodeado de mayonesa! ¡Pero por suerte, fui salvado de ese sueño por mi tierna y confiable Beako!-. Dijo, haciendo un gesto exagerado con la mano.

 

–¡B-Betty dijo que no mientas! ¡De hecho, tu cara no era acorde con lo que dijis-

 

–¡Aahhh, tus acusaciones hacen que tu lindo rostro sea aún más tierno!-. Interrumpiendo a Beatrice, Subaru terminó extendiendo los brazos hacia la pequeña chica.

 

Subaru agarró y levantó a Beatrice, poniéndose de pie y empezando a dar vueltas mientras reía y sonreía, Beatrice solo atinó a soltar un pobre “Muaahh” mientras su contratista la agitaba y abrazaba. Cuando dejó de dar vueltas, el chico pasó a darle palmadas en la cabeza a la pobre rubia, mientras esta seguía agitándose y protestando sin mucho entusiasmo.

 

–¡S-suelta a Betty, de hecho!-. Dijo, aunque se veía como también estaba bastante alegre. –¡Supongo que eres un contratista muy cruel!-. 

 

–¡Las palabras de Beako solo hacen que le quiera dar más palmadas en la cabeza!-. Respondió Subaru, con una alegre sonrisa.

 

A diferencia de los otros sentimientos, esta alegría no solo era genuina, sino que además era algo que amaba y disfrutaba, no tenía miedo de compartir y admitir lo feliz que era con los que quería. Y por suerte, el sentimiento era completamente mutuo, y rezaba por que no acabara.

 

La puerta de la habitación fue abierta con delicadeza y elegancia, dando paso a una figura femenina, no más alta que Beatrice y más baja que Subaru, con un cuerpo pequeño y un lindo uniforme de sirvienta que combinaba el blanco y el negro de forma perfecta, dando un punto intermedio entre lo elegante y lo atractivo.

 

–¡Subaru-sama, por fin despertó!-. Dijo la chica, haciendo una cortés reverencia.

 

 

En definitiva, era Petra.

 

Subaru dejó a Beatrice en su regazo, algo a lo que la chica no protesto en lo más mínimo, el joven de mirada aterradora saludo a la chica con la mano y una sonrisa alta.

 

–¡Oh, hola Petra! Como puedes ver, estoy totalmente despierto-. Dijo, encogiéndose de hombros.

 

–Hmm, que contratista tan mentiroso tiene Betty, de hecho-. Murmuró Beatrice, cruzándose de brazos y haciendo un puchero.

 

–Tengo el sueño pesado, ¿Okey?-. Fue el justificativo de Subaru, Beatrice desvió la cabeza “ofendida”. –Teatrera… por cierto Petra, ¿Falta mucho para el almuerzo?-. 

 

–¡Justo por eso estoy aquí! El almuerzo va a estar en unos momentos. Beatrice-sama había venido a despertarlo, pero como tardo mucho pensé que debería venir yo-. Explicó Petra con amabilidad.

 

–¡Qué mala educación la mia! No solo hago que tengas que venir aquí, ¡Sino que además hago que mi Beako empiece el día sin mi!-. Exclamó Subaru, acariciando el cabello de Beatrice. 

 

–¡Aplastaste a Betty mientras dormías, de hecho! ¡Y no tires del cabello de Betty, supongo!-. Eran las quejas que el espíritu soltaba, mientras su contratista tiraba de sus coletas con forma de taladro.

 

–¡Es una adiccion para mi corazón! ¡Mi Beako es tan kawaaaai!-. Dijo el chico, abrazando a la niña con cariño.

 

Petra no pudo evitar reír ante esto, aunque por educación se tapó la boca con una de sus manos y desvió la mirada, antes de volver a enfocarse de vuelta en Subaru y Beatrice.

 

–¡En cualquier caso, el almuerzo estará en unos momentos!-. 

 

–Hehe… Okey, estaremos en un rato, ¡Seria de mala educación hacer esperar a mi querida Emilia-tan!-. Dijo Subaru de forma dramática, ganándose un suspiro de parte de Beatrice y una risa de parte de Petra.

 

La joven doncella se despidió del dúo con una respetuosa reverencia, cerrando la puerta detrás suyo y dejando a contratista y espíritu solos en la habitación.

 

–Ahhh… bueno, supongo que ya es tiempo de levantarse y empezar el dia-. Subaru rompió el silencio estirando su cuerpo y sacando a Beatrice de su regazo. 

 

–Hmm… de hecho, debió haber empezado hace un rato-. Comentó Beatrice sarcásticamente.

 

El pelinegro cambió su ropa con la ayuda del espíritu, su ropa de dormir fue guardada y reemplazada por aquella que usaba casi siempre, un estilo “extraño” y poco común para lo que era ese mundo.

 

La gran mayoría de sus cosas entraban dentro de lo “extraño” en ese lugar, aunque habían cosas que se asemejaban. Su teléfono era confundible con un “Metia”, por dar un ejemplo, eran pequeñas conexiones y cosas en común que había entre su mundo pre-isekai y este, en el que ya había vivido una cantidad notable de tiempo. Le costó acostumbrarse, y había varias cosas que todavía le eran completamente ajenas, pero siempre había tiempo y oportunidad de aprender…

 

Después de todo, su “vida” nunca podía finalizar.

 

Subaru se preparó para salir de su habitación, pero al voltear a ver a Beatrice, noto que esta tenía una mirada un poco triste.

 

–¿Sucede algo, Beako?-. Pregunto, con duda y preocupación en su voz.

 

La chica permanecía sentada en el borde de la cama, y cuando Subaru se acercó, la pequeña rubia lo miró con unos ojos levemente húmedos. Tras unos segundos, unas palabras que sorprendieron a Subaru salieron de la boca de Beatrice.

 

–¿Confías en Betty?-. Pregunto.

 

–¿¡E-eh!? ¡C-claro que si!-. Respondió Subaru casi al instante.

 

Para él, no debería haber lugar a duda en cuanto a ese tema se refería. Él confiaba plenamente en ella de la misma forma que confiaba en el resto del campamento. Esa pregunta era una anomalía en sí misma, una cuestión innecesaria que era absurdo él siquiera tomarla en cuenta.

 

Aun así, Beatrice permaneció con la misma cara y mirada, similar a un perrito triste apunto de llorar.

 

–Si es así… ¿Por qué no le cuentas a Betty lo que te pasa, de hecho?-. 

 

Algo se encendió dentro de la cabeza de Subaru.

 

Seguía preocupada por su actuación al despertar, algo que él consideraba una simple peripecia sin importancia fue visto como una muestra de desconfianza por parte de Beatrice.

 

No era ajena a sus destellos de autodesprecio y leve depresión, nunca lo fue y nunca lo sería. Y el era un verdadero idiota por eso.

 

No por restarle importancia (Que aún con todo, lo era)

 

Sino por pensar que ella lo dejaría pasar así como así.

 

Era su error pensar así.

 

Una sonrisa genuina se plantó en los labios de Subaru, y extendió su mano para acariciar y revolotear el cabello de la chica.

 

–Tontita… claro que confio en ti, Beako. Perdón si te preocupas… pero juro que estoy bien-. Dijo, mirándola con calidez. –Si algo me molestara, te lo diré-. 

 

–Mentiroso-.

 

¿Por qué demonios mentía?

 

Era una mentira, una cruel mentira, decirle eso a Beatrice, quien confiaba en él.

 

No le diría lo que le molestaba, no le diría lo que soñaba la mayoría de las noches.

 

No lo haría, no le comentaría sobre sus vívidas pesadillas que lo hacían dañarse por las noches, no le diría las causas de su frecuente insomnio. 

 

Porque hacerlo implicaría contarle lo que vivia, lo que vivió.

 

Qué pasó cuando murió.

 

Tendría que contarle sobre el “Retorno por Muerte”.

 

Y eso era algo completamente imposible.

 

–¿Lo prometes?-. Preguntó Beatriz.

 

No podía haber una promesa en una mentira.

 

–Lo prometo, Beako-. Respondió Subaru, con una sonrisa confiada.

 

A pesar de todo, una pequeña sonrisa surgió en Beatrice, antes de bajarse de la cama y alisar su ropa.

 

–Betty confía en su contratista-. Dijo, levantando la cabeza. –¡Pero no tolerará que la aplastes de nuevo cuando duermes!-. Añadió, señalando con el dedo a Subaru. 

 

–Jeje… bueno, trataré de no hacerlo-. Extendió su mano hacia Beatrice, sonriendo levemente. –¿Vamos, Beako~?-.

 

Después de unos segundos, Beatrice tomó la mano de su contratista, soltando un leve “Hmm” consigo.

 

–Supongo que ya debemos ir-. Dijo, empezando a caminar.

 

 

Salvando su mañana con una mentira, Natsuki Subaru abrió la puerta.

 

Así, empezó un día común en su vida.