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Crisis

Summary:

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Recibir un fuerte golpe en la cabeza durante una pelea en su segundo año de secundaria condena a Sakura a vivir con convulsiones repentinas que, al no ser tratadas adecuadamente, solo le dificultan tener una buena calidad de vida.

O al menos así es, hasta que llega a Makochi y, por fin, conoce a la familia que siempre debió preocuparse por él.

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Notes:

Ayer tuve un día pésimo, realmente pésimo, todo lo que pudo salir mal salió mal, y en consecuencia escribí esto para distraerme un poco.

Perdón si hacer sufrir a Sakura me hace sentir mejor, pero mi cabeza no me dió para escribir algo más lindo.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Sin control

Chapter Text

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No tener el control de su cuerpo siempre fue algo que molestó mucho a Sakura.

 

Porque ya le parecía suficiente tener el cabello y los ojos desiguales como para que algo más en él estuviera mal.

 

Pero la vida parece empeñada en hacerlo pasar por cientos de dificultades que solo le hacen replantearse si vale la pena seguir existiendo. 

 

 

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Estaba en su segundo año de secundaria cuando sucedió aquel evento que cambió por completo su vida. Parecía ser una tarde cualquiera, las clases del día ya habían terminado, y Sakura se disponía a marcharse para ir a casa. 

 

Aunque la emoción de llegar a un miserable cobertizo que apenas tenía algunas cosas no le parecía un motivo suficiente para estar feliz.

 

Aun así, no había mucho que él pudiera hacer para cambiar su situación, menos con sus tíos repitiéndole constantemente que debía estar agradecido por lo que tenía, porque ellos ya estaban haciendo suficiente al criarlo. 

 

Todo parecía normal y tranquilo; ese día, los profesores no se habían ensañado mucho con él y fue capaz de comprender la mayor parte de las clases que solían resultarle difíciles de entender la mayoría de veces. 

 

Sin embargo, unos idiotas de su salón pensaron que sería una buena idea esperarlo a la salida para molestarlo, como si no fuera suficiente molestarlo en clases o durante los descansos. 

 

— Hola, Sakura, te estábamos esperando. — uno de ellos lo saludó alegremente, lo cual no era más que una fachada para encubrir sus verdaderas intenciones y las de su molesto grupo. 

 

Aunque Sakura intentó ignorarlos al principio, la cantidad de insultos que empezó a recibir fue más que suficiente para que actuara en defensa propia, golpeando con todas sus fuerzas al molesto y patético líder del grupo. A pesar de estar en desventaja, se las arregló bastante bien para ponerlos a todos en su lugar. 

 

Pero, justo cuando creía que todo estaba por terminar, uno de los idiotas lo golpeó en la cabeza con algo extremadamente duro.

 

Nunca supo exactamente con qué lo habían atacado, pero en cuanto ocurrió, cayó de inmediato al suelo. Sus agresores aprovecharon la oportunidad para seguir golpeándolo en distintas partes del cuerpo. 

 

No obstante, esa ocasión fue distinta a lo que ya estaba acostumbrado. Los golpes se detuvieron casi al instante, en cuanto sus agresores notaron que comenzó a moverse de forma extraña.

 

Al principio, no entendía bien qué estaba pasando con él. Su cuerpo se sacudía solo, como si su esqueleto hubiera decidido rebelarse.

 

Sentía todos los músculos de su cuerpo tensarse hasta doler, para luego soltar una sacudida involuntaria que le hacía golpear el suelo con las extremidades.

 

No podía hablar. 

 

No podía pedir ayuda, aunque estaba casi seguro de que nadie iría a su rescate.

 

Un monstruo como él no merecía ser ayudado.

 

Ni siquiera podía gritar.

 

La lengua se le trabó en la garganta y, por un instante, pensó que iba a ahogarse con ella.

 

Recuerda haber escuchado gritos, pero no estaba seguro de si venían de los otros chicos o de algún adulto que se había acercado a ver qué estaba pasando. 

 

Todo se estaba volviendo borroso.

 

Su visión vibraba, como una luz intermitente, como si el mundo se estuviera apagando y encendiendo al azar.

 

De pronto, sintió algo cálido escurriendo de la comisura de sus labios.

 

¿Sangre?

 

¿Saliva?

 

No lo supo con exactitud; solo podía concentrarse en la presión insoportable en su pecho y en ese miedo visceral que lo invadía. El miedo de no volver a recuperar el control, de quedarse atrapado dentro de su propio cuerpo, temblando para siempre.

 

Y luego, después de lo que parecieron ser horas, la oscuridad lo envolvió, llevándolo a la inconsciencia.

 

 

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Cuando despertó, estaba en un lugar desconocido.

 

Todo estaba limpio y muy bien ordenado, aunque percibía un extraño olor a antiséptico que le resultaba bastante desagradable.

 

Su mirada recorrió el lugar de un lado a otro con lentitud, como si aún no hubiera despertado del todo y todavía estuviera procesando lo que estaba sucediendo.

 

De pronto, unas voces se hicieron bastante claras, lo que le permitió entender dónde se encontraba, así como distinguir tres figuras, de las cuales solo reconoció a dos.

 

— ¿Entonces quedará así para siempre? — escuchó decir a quien supuso de inmediato que era su tío, quien no parecía nada feliz con lo que estaba ocurriendo.

 

Y eso no era bueno para él.

 

 

— Según los estudios que le hemos realizado, es bastante probable que su sobrino empiece a presentar convulsiones de vez en cuando. El daño en su sistema nervioso podría haber sido provocado por el traumatismo en la cabeza. — respondió una mujer con voz firme, probablemente era una doctora. — Aunque también existe la posibilidad de que ya tuviera una predisposición neurológica previa, así que el golpe simplemente lo detonó.

 

Sakura parpadeó con lentitud tras escucharla, procesando cada palabra como si su vida dependiera de ello. 

 

Convulsiones. 

 

Daño. 

 

Para siempre.

 

¿Pero qué demonios estaba pasando? 

 

— Qué fastidio. — escucho decir a alguien más. — Ahora no solo tendremos que lidiar con su asquerosa apariencia, sino también con que pierda el conocimiento y empiece a convulsionar en cualquier parte. — su tía tampoco parecía nada feliz; de hecho, Sakura estaba casi seguro de que, si fuera por ella, preferiría que se mantuviera dormido para siempre.

 

— No es algo que él pueda controlar a voluntad. — dijo la doctora con evidente molestia en su voz, a lo que Sakura llegó a preguntarse si ella lo veía como un ser humano y no como el monstruo que todos decían que era. — Este tipo de episodios requieren atención médica constante. Deberían considerar llevarlo con un neurólogo y seguir un tratamiento con antiepilépticos para evitar que vuelva a pasar.

 

— ¿Y cuánto cree que nos costará todo eso? — preguntó su tío emitiendo un fuerte bufido. — No vamos a gastar una fortuna por alguien que ni siquiera debería estar con nosotros.

 

— Entiendo que puedan sentirse abrumados por tener que lidiar con está situación, pero estamos hablando de la salud de un menor. — la doctora parecía empeñada en hacer cambiar de opinión a los familiares negligentes de Sakura. 

 

Lo cual le produjo cierta lástima al bicolor, quien ya sabía lo inútil que iban a resultar sus esfuerzos, porque ellos jamás iban a sentir nada bueno por él.

 

— Si no recibe tratamiento, las convulsiones podrían empeorar, causar más daño cerebral, incluso poner su vida en riesgo.

 

— Que se arriesgue, entonces. — espetó la otra mujer con frialdad. — Bastante hacemos ya con tenerlo bajo nuestro techo.

 

Sakura sintió que algo dentro de él se rompía.

 

No fue un hueso ni un músculo, sino algo más silencioso y mucho más doloroso llamado ilusión.

 

Si alguna vez llegó a tener aquel sentimiento, de que podría ser querido, de que su vida tenía algún tipo de valor para las personas que lo rodeaban, ahora todo eso no era más que una cruel mentira.

 

Pero no lloró. 

 

Tampoco hizo ruido. Simplemente permaneció inmóvil, sin emitir palabra alguna.

 

Cerrando lentamente los ojos y, al mismo tiempo que pedía, como tantas veces antes, desaparecer para no tener que seguir sufriendo.

 

 

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Pasaron algunos días antes de que le dieran el alta, y fueron, en cierto modo, los días más tranquilos que había tenido en toda su vida. Lejos de las constantes miradas de desaprobación de sus tíos; a quienes no volvió a ver hasta el día en que le tocó salir del hospital, ya no tenía que lidiar con sus molestos compañeros. 

 

Sin embargo, el trato frío e indiferente del personal médico le hizo sentirse como si aún estuviera en la escuela.

 

Sakura no volvió a ver a la doctora que lo había defendido. Solo esperaba que no se hubiera metido en problemas. 

 

Pero sus tíos lucían demasiado felices, a pesar que tenían que irlo a buscar, como para no suponer que habían hecho algo en contra de aquella mujer que solo hacía decentemente su trabajo.

 

 

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— Vamos, entra, y no quiero que salgas. — le ordenó fríamente su tío, empujándolo deliberadamente hacia el interior del cobertizo, como si no le importara en lo más mínimo que acababa de salir del hospital. — En la mesa está la comida. — señaló, antes de marcharse sin mirar atrás.

 

Sakura se mantuvo de pie donde se encontraba por quién sabe cuánto tiempo. Solo reaccionó cuando su estómago emitió un gruñido, exigiendo algo de comer, a pesar de saber que la comida que sus tíos le habían traído no era más que las sobras mal recalentadas del almuerzo o la cena de ayer.

 

El aspecto de la sopa era asqueroso; tenía demasiadas verduras que se veían extrañas.

 

Él odiaba las verduras, pero no tanto como la vida miserable que le había tocado afrontar solo por ser físicamente diferente. 

 

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En los días siguientes, Sakura empezó a experimentar pequeñas sacudidas al dormir, como si su cuerpo temiera entrar en aquel estado de nuevo. A veces despertaba sudando, con los músculos doloridos y la garganta seca, junto con la horrible sensación de no recordar si realmente había dormido o si había vuelto a convulsionar.

 

Los medicamentos que le recetaron en el hospital jamás aparecieron. No había forma de conseguirlos por su cuenta, y pedírselos a sus tíos era un caso perdido. 

 

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— Ya sobreviviste bastante sin ellos. — le había dicho su tía, en aquella única vez que lo intentó. 

 

— Pero… puedo llegar a morir si no los tomó. — intentó dialogar con ella, sin estar realmente preparado para la respuesta que iba a recibir. 

 

— Bueno… Si te mueres, al menos dejarás de ser un problema para nosotros. — dijo aquello con tanta frialdad que a Sakura se le congeló la sangre, lo que concluyó con que no volvería a intentarlo otra vez. 

 

 

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Tuvo que aprender a reconocer las señales antes de un episodio. A veces sentía un cosquilleo en los dedos justo antes de colapsar, una presión extraña en el cuello o la sensación de que su cabeza vibraba por dentro.

 

Cuando eso pasaba, siempre buscaba algún lugar seguro donde pudiera atravesar la crisis a salvo. Si el episodio ocurría en el cobertizo, solía acostarse sobre el futón antes de que comenzara, y con sus últimos pensamientos coherentes empezaba a rezar; a quien fuera que pudiera oírlo para que, esta vez, fuera la última.

 

 

Pero había algo peor que las convulsiones.

 

Y ese algo era la mirada de los demás sobre él. 

 

Ahora no era solo el raro por su apariencia, sino que también era el enfermo. 

 

El que se desmaya en medio de clases, provocando que todos se asustarán y se enojaran porque interrumpe las sesiones. 

 

El que tiembla sin control alguno y sin una razón aparente.

 

El que no sirve para nada. 

 

Un monstruo dañado.

 

Un error viviente.

 

Y sin embargo… seguía respirando.

 

Quizá por orgullo, quizá por pura terquedad de demostrar lo que puede valer. 

 

O tal vez, solo tal vez, porque una parte de él, una muy pequeña y oculta, aún esperaba que las cosas pudieran cambiar.

 

Aunque no sabía cuánto más podría resistir.

 

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— ¿Pero de qué demonios hablas, niño idiota? — la fuerza con la que Togame patea a Sakura en el estómago es más que suficiente para mandarlo a volar, dificultándole la respiración segundos después de recibir tal impacto. 

 

Esto no era algo bueno.

 

Definitivamente no lo era.

 

— Todos los que estamos aquí aspiramos a la fuerza. — dijo el pelinegro con seriedad mientras se acercaba al lugar donde Sakura yacía en el suelo, aún sin poder recomponerse del brutal ataque que acababa de recibir.

 

El sonido de sus sandalias al caminar se mezclaba con los gritos de los miembros de Shishitoren, mientras que el grupo de Furin permanecía en silencio, expectante ante lo que estaba ocurriendo.

 

Nirei estaba al borde del colapso; no dejaba de mirar a Sakura con preocupación, mientras que el resto de las personas a su lado observaban la escena con expresiones serias. Suo lucía bastante concentrado, aunque no tanto como Hiragi, quien además de parecer enfocado, también mostraba una tensión evidente en el rostro.

 

Sugishita bufaba de vez en cuando, aunque la escena había captado lo suficiente su atención como para no apartar la vista. Y Umemiya… Umemiya permanecía de brazos cruzados, observando detenidamente el desarrollo del enfrentamiento de Sakura, listo para intervenir si las cosas iban demasiado lejos. 

 

— Es nuestro culto a la fuerza absoluta, la promesa de fidelidad a nosotros mismos. — continuó Togame, deteniéndose cuando estuvo lo suficientemente cerca de Sakura, quien aún no podía levantarse por más que lo intentará. — Y ustedes solo juegan a ser héroes.

 

En el mismo momento en que dijo aquello, alzó uno de sus pies y lo estrelló con fuerza contra la cabeza de Sakura. El impacto hizo que todo el cuerpo del bicolor rebotara contra el piso de madera.

 

El golpe resonó como un eco hueco, el cual provoco  un silencio gélido ambiente. El cuerpo de Sakura tembló ligeramente tras el impacto, no por el dolor inmediato de estar recibiendo una terrible golpiza, sino por algo más profundo, más aterrador que él ya conocía. 

 

No, aquí no por favor. 

 

Un zumbido sordo y molesto comenzó a instalarse en sus oídos. Primero fue suave, luego más fuerte, como si el mundo se apagará lentamente a su alrededor. 

 

Su visión comenzó a distorsionarse de un momento a otro. 

 

Los bordes se oscurecieron, y figuras que antes reconocía con claridad se volvieron manchas borrosas. 

 

Quiso hablar, pero no pudo. 

 

Sus dedos, aún presionados contra el suelo de madera, se crisparon con fuerza involuntariamente. Un escalofrío recorrió su columna, seguido de una molesta opresión en el pecho. 

 

Le estaba costando respirar, su cuerpo ya no respondía como quería. 

 

Y fue entonces, dónde todo comenzó. 

 

Un espasmo repentino le sacudió el hombro. Luego otro, más fuerte, le atravesó el torso entero. Su mandíbula comenzó a tensarse por sí sola, mientras sus ojos se entrecierran, perdidos en un punto fijo que ninguno de los presentes podía entender. 

 

— ¿S-Sakura-san? — fue la voz temblorosa de Nirei la primera en romper el silencio, sin entender aún nada de lo que está pasando.  

 

— ¡¿Pero qué…?! — exclamó Hiragi, sorprendido por lo que ahora sucedía. 

 

El rostro de Suo perdió todo rastro de compostura. Sugishita dejó de bufar, quedándose paralizado por ver a Sakura convulsionar. Umemiya descruzó los brazos, mirando con evidente preocupación a Sakura quien seguía moviéndose sin control. 

 

Togame dio un paso atrás, completamente desconcertado por lo que ahora estaba pasando. 

 

— ¿Qué le pasa? — murmuró, incapaz de ocultar la confusión en su voz. 

 

Pero antes de que alguien del lado Furin pudiera decir o hacer algo, Choji saltó animadamente al escenario, llamando emocionado a Umemiya para que pudiera pasar al frente y tener el enfrentamiento que había estado deseando desde el principio. 

 

— Vamos Ume-chan, Ume-chan, vamos a pelear ya Ume-chan. — decía totalmente desinteresado por lo que pasaba. — Pero antes quiten esto de aquí que solo estorba. — dijo despectivamente, pateando sin compasión el cuerpo tembloroso de Sakura, quien no pudo hacer nada para defenderse o al menos protestar. 

 

Esto provocó que Suo, Hiragi y Umemiya vieran rojo, lanzándose sin pensar hacia escenario para proteger a Sakura. Suo fue el primero en llegar, sus pies golpearon el suelo con fuerza, y en cuestión de segundos su puño ya estaba estrellándose contra el rostro de Choji, haciéndolo retroceder varios pasos. 

 

El golpe fue tan rápido y certero que se escuchó el crujir de la mandíbula del rival, seguido de una carcajada desquiciada por parte del mismo. 

 

— ¡Ja ja ja! ¡Eso estuvo bastante! ¡Eres bastante fuerte! — gritó Choji, aún tambaleándose por el golpe que había recibido. — ¡Pelea conmigo después de luchar con Ume-chan!

 

— ¡Esto no es una maldita pelea, imbécil! — Hiragi gritó con rabia, colocándose entre Sakura y Choji, con el cuerpo en posición defensiva. — ¡Él necesita ayuda médica ahora mismo!

 

Umemiya no perdió tiempo, corrió hasta Sakura arrodillándose junto a él y lo colocó de lado. Su rostro, normalmente sereno y bromista, estaba ahora torcido por la inmensa angustia que sentía. 

 

— Está bien, Sakura. Te prometo que todo estará bien.  — le dijo sacándose de inmediato la chaqueta para ponerla debajo de la cabeza de Sakura.

 

El cuerpo del bicolor se arqueaba de forma antinatural. La espuma comenzaba a acumularse en la comisura de sus labios, y un leve hilo de sangre bajaba desde su cabeza, exactamente desde el lugar en que Togame lo había golpeado antes de que todo empezará. 

 

Su respiración era entrecortada, errática, y sus ojos seguían fijos en un punto inexistente entre la multitud. El silencio volvió a hacerse presente en el lugar, pero esta vez no por la tensión del combate que se está llevando acabado, sino por el miedo de lo que estaba ocurriendo. 

 

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Nadie es consciente del tiempo que pasa cuando Sakura por fin deja de moverse, su cuerpo que antes se sacudía con violencia ahora permanece inmóvil, aún le cuesta respirar un poco pero por lo demás parece estar bien, aunque el resto de sus compañeros aún no están del todo tranquilos. 

 

— Hay que irnos de inmediato. — Umemiya ordenó, y todo su grupo pareció estar de acuerdo con la idea. Choji, en cambio, parecía bastante decepcionado con que su rival decidiera marcharse antes de que pudieran tener su combate. 

 

Fue por eso, que aprovechando que Suo y Hiragi habían bajado la guardia se lanzó sin pensar demasiado sobre Umemiya, quien al verlo venir hacia él se apartó de inmediato del lado de Sakura, temiendo que podría resultar herido por la imprudencia del líder de Shishitoren. 

 

— ¿Pero qué demonios te pasa? — el peliblanco preguntó, evidentemente molesto por lo que acaba de pasar. — ¿Acaso no ves que Sakura necesita ayuda? 

 

— Si, pero no me importa. — las palabras de Choji carecen de compasión alguna. — Y a ustedes tampoco debería de importarles tanto alguien tan débil como él, a diferencia de los demás, él no debería de estar en Furin con ustedes. 

 

— ¿Débil? — Umemiya dijo en voz baja, pero cargada de una furia contenida que a cualquiera le habría bastado para arrepentirse de sus palabras. 

 

Sus ojos se entrecierran y su mandíbula se tensó al instante. Durante un segundo, todo su cuerpo pareció endurecerse, como si se preparara para estallar, pero antes de perder el control, giró el rostro hacia donde Hiragi quien con una sola mirada entendió lo que quería decirle. 

 

— Vamonos, hay que llevarnos a Sakura de aquí. — el líder del escuadrón Tamon dijo, tomando delicadamente entre sus brazos el cuerpo inerte del bicolor. — Suo, Nirei, vengan conmigo. — les ordenó a los de primer año quienes lo siguieron sin pensar.  — Sugishita, quédate con él. — le ordenó al otro de primer año antes de salir apresuradamente del cine.

 

Suo y Nirei se ahorraron las preguntas, ya que por el momento estaban más interesados en el estado de salud de Sakura, quien seguía sin moverse, luciendo bastante pacífico a la forma tan descontrolada a la que se movía minutos antes.