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Un Amor Fugitivo

Summary:

Dégel es un hermoso joven de 18 años que conoce a otro de su misma edad en unas mini vacaciones en Grecia.
Se enamora perdidamente de él y dos años después, decide emprender un viaje para reencontrarlo, escapándo de su padre.
Lo que él considera un simple escape, termina por complicar las cosas cuando por su imprudencia, casi deja a su familia en banca rota.

Chapter 1: Un Amor Fugitivo

Chapter Text

Universidad de París - 18 de Marzo de 1999

— Buenos días, hoy es el ultimo día en que podrán hacer toda clase de preguntas y disipar sus dudas antes del exámen de la primera parte.

— ¿Dr. Garnier?— Una alumna levanta la mano tímidamente y los ojos de Krest se posan en ella.

— Dime, Collins. ¿Cuál es tu duda?

— Dr., mi duda es referente al temario, usted había dicho que el programa de estudio se dividiría en 3 partes y...

—Y así es.

— Pero son sólo 3 unidades y...

Krest sonríe, al parecer su alumna estelar quería mas temas para incluir en el examen.

— Señorita Collins, yo decidí que fuera así precisamente porque cuando entremos en el tema de la "Teoría del Delito"(*), las cosas se van a complicar aun mas, no tanto por la dificultad para comprender, sino por el tiempo que les llevará leer cada estrato.

— ¡Cierra la boca Collins!. — Se oyen gritos en el fondo del aula.

— Ya basta, no sean maleducados. De todos modos el examen sólo incluirá el derecho de persecución(*), conflicto de nacionalidad respecto de la autoría y cual es la ley penal aplicable en esos casos.

—¿Que modalidad tendrá el examen Dr. Garnier?

— Será por resolución de casos, sr. Leroy. 3 casos con 2,5 puntos los dos primeros y 5 puntos, el segundo.
Recuerden que si los temas estan incompletos o mal fundamentados, se invalidará la respuesta. Deben contemplar cada aspecto que se pregunte y lo que hemos desarrollado aqui.

Los estudiantes asienten al unísono y luego de aquellas indicaciones, el Dr. Garnier, los libera anticipadamente para que puedan volver a casa y estudiar.

Era catedrático en la prestigiosa Facultad de Derecho de París, siendo profesor titular de la Cátedra B de Derecho Penal además de un excelente abogado y magíster en ciencias penales.

Krest Garnier era oriundo de Normandía, pero se mudó a París por dos razones:
Una de ellas, por su nuevo trabajo en la universidad, siendo la otra razón, el hecho de que quería estar alejado de todo lo que le recordara a su ex esposa.
Aunque había otra razón, que quizás era la mas fuerte de todas.

Antes de ser un importante catedrático, había tenido muchas aventuras y había cosechado amistades muy buenas.
Una de ellas y que recordaba con cariño, era la que compartía con su amigo, el siberiano Yuri Vassilieva.

Durante el conflicto Bélico desarrollado hasta el año 1945, Garnier y Vassilieva, habían colaborado con sus países y con Estados Unidos, para poner fin a la Segunda Guerra Mundial.

Y aquí es donde todo comienza a ser confuso.
Krest muy pronto cumpliría 77 años, pero extrañamente no se veía como un hombre de esa edad, de hecho no parecía pasar los 40.

Habían muchas leyendas en torno a él, incluídas aquellas que lo asociaban a un famoso alquimista y aristócrata del siglo XVIII quien desapareció misteriosamente, conocido como el Conde de Saint-Germain(*), y al cual, algunos de los historiadores le atribuían inmortalidad.

Tal vez tanta leyenda podría ser abrumadora, pero lo cierto y lo que nadie podía negar, era que aquel hombre no parecía ser un veterano de guerra y mucho menos, tener 77 años.

Tenía el cabello negro, corto; ondulado en algunos mechones, de los cuales unos cuantos le caían del lado izquierdo de la cara, tapando elegantemente uno de sus ojos.
Su piel era tan blanca como la nieve y sus ojos eran verde agua, casi llegando a celestes; sin mencionar su jovial apariencia y su altura prominente, además de su elegancia tan característica, que parecía acentuarse cada vez más con los años.

Había vivido la mayoría de su vida en Normandía, casi 30 años para ser exactos, pero luego de un escandaloso divorcio que protagonizó junto a la ex modelo de etiqueta Cordelia Rosilvieau, tuvo que retomar sus clases como profesor en la Universidad, ya que sus honorarios como abogado, no alcanzaban para cubrir los gastos futuros que debía afrontar, por lo elevados que éstos eran y la poca demanda laboral.

El asunto es que tuvo que dejar de lado su materia y avocarse a otros casos más ordinarios de índole civil. Accidentes de tránsito, adopciones, sucesiones, ejecuciones de títulos, contrataciones y demás cuestiones que eran más demandadas pero con una remuneración hasta cuatro veces menor que la que recibiría por un caso de índole penal.

Casi el 50% de su fortuna fue a parar a manos de su ex esposa.
Krest presentó pruebas que demostraban claramente adulterio, pero el tribunal, extrañamente las consideró insuficientes para probarlo, pese a que era cierto.
Para su mala suerte, fué contrademandado por Cordelia y tuvo que indemnizarla por calumnias e injurias.

La mujer alegó que trabajaba con su imagen y que aquello la perjudicaba en su ascendente carrera, así que su ex marido, debió cubrir la suma acordada para acabar por la paz.

A cambio, el Dr. Garnier se quedó con la casa familiar y un par de propiedades que había adquirido cuando era soltero, además de la custodia de su entonces pequeño hijo de 10 años Dégel Jean Garnier.

A medida que el pequeño Dégel crecía, los atributos de su hermosa madre, se acentuaban en él.
Tenía unos hermosos ojos color azul/violeta y una cabellera castaño verdosa, larga y brillante como la de su progenitora.

El parecido era impresionante incluso para Krest, quien no podía dejar de ver a su ex esposa, cada vez que tenía en frente a su pequeño hijo.

El resentimiento del abogado, pronto le traería consecuencias nada agradables, pues en varias oportunidades, atacó verbalmente a su hijo, aunque sin llegar al contacto físico.
Dégel vivía con esa idea de que su padre lo aborrecía. Se miraba al espejo y veía a Cordelia, no tenía ningún rasgo de su padre.

Se frustró un poco y trató de hacer el mejor esfuerzo por llevarse bien con él, después de todo sólo se tenían el uno al otro e ir con su madre no era una opción. Para la mujer, Dégel era un estorbo o al menos, eso fué lo que una vez le dijo.

Los años habían pasado y aquel pequeño niño, se convirtió en un apuesto joven.
Esa mañana no fué a la Universidad, pues debía preparar unos exámenes para el curso introductorio de historia y contabilidad, así que decidió tomarse el día para asentar conocimientos.

No fué hasta después de dos horas encerrado, que decidió bajar a la sala a ver televisión y beber algo de café y comer tostadas.

— Monsieur, Dégel buenas tardes, ¿quiere que yo me ocupe de su merienda?

— Hola Pierre, no te preocupes yo puedo sólo. Además tu solo debes ayudar a papá, y no quiero distraerte con tonterias.

El Bugatti(*) de Krest se oyó a lo lejos, regresaba de sus clases a su estudio en casa. Debía ocuparse de algunos casos referentes a la materia que mas odiaba de todas: divorcios.

Entró a la gran casona y llamó a Pierre, el secretario que siempre había trabajado con él desde que obtuvo su matrícula como letrado.

—¿Tenemos algo nuevo para hoy?

— Ninguna novedad mas que el caso de Madame Rollcher y Monsieur Renoir, luego dos casos más por manutención, Monsieur Garnier.

— Bien gracias, estaré en el estudio. Necesito que estés atento al teléfono Pierre, es posible que me llamen de la Universidad nuevamente.
Si tengo suerte, me darán otras 4 horas más de cátedra.

— Oui, Monsieur.

Tomó en sus manos los papeles que le otorgó su secretario tan amablemente y cuando iba camino a su oficina, vió a Dégel sentado tranquilamente en la sala, tomándose un café.

— ¿Esta es tu idea de estudiar?

El joven pega un salto en su sitio, producto del susto tras oír de súbito la voz autoritaria de su padre.

— Papá, yo acabo de...

— Tengo entendido que mañana rindes tu ingreso y te encuentro aquí perdiendo el tiempo como si nada, Dégel.

— Pero...

— Terminas tu café y vas a estudiar, ¡no por nada te dejé faltar hoy a clases!

—¡ Papá, escucha...!

— No me objetes nada y deja de responderme!!! Ahora apresúrate y haz lo que te dije, no pienso dejar que tomes un año sabático, ¿¡me oiste!?

— Si te oí, ya voy. 

La mirada severa de Krest lo siguió hasta que su hijo se perdió en el pasillo que llevaba a la cocina. Luego dió un suspiro profundo y continuó su camino hasta su despacho.

Al rato, unos golpecitos en la puerta interrumpieron su lectura.

— Adelante.

— ¿Monsieur...?

— Ah Pierre dime, ¿pasó algo?

— Sólo quería comunicarle que efectivamente llamaron de la Universidad y quieren que mañana se presente a la sala del rector con los exámenes de sus alumnos y su currículum en mano.

Krest sonríe satisfactoriamente, mas horas de cátedra eran más dinero, además de que, si continuaba así, podría vivir de dar clases y Postgrados al menos hasta que los casos penales vuelvan a tener demanda.

— ¡Esa es una excelente noticia! Muchas gracias, Pierre.

— De nada...— el secretario da un suspiro muy profundo.

— ¿Sucede algo más?

— Monsieur Dégel.

—¿ Y ahora que hizo? Mon dieu.

— Nada, monsieur. De hecho el joven Dégel se la pasó todo el día y la tarde en sus habitaciones estudiando, y sólo ha bajado media hora antes de su llegada a casa. No sea tan duro con él.

— ¿Que acaso mi hijo te mandó a que abogaras por él?

— No, se lo juro. Pero es la verdad; el joven es muy aplicado.

— Pues ya lo veremos en sus exámenes de mañana. Porque si no los aprueba, lo enviaré al Liceo Militar.

Pierre tragó grueso. Sabía que Krest cumpliría aquello, había visto el carácter de su jefe cuando se decidió echar a su ex esposa de la casa y no le importaron las lágrimas de la mujer, él simplemente la obligó a marcharse.

Estaba seguro de que con el joven Dégel, no sería diferente.

~•~•~♧~•~•~

Estaba algo cansado de leer la misma cuestión por horas. Ya sabía de que iban los temas y se conocía la guía del examen de arriba abajo y viseversa, pero su padre no parecía entender aquello, como tampoco entendería jamás, que sólo estaba estudiando leyes para complacerlo.

Dégel amaba viajar y conocer lugares; la carrera de turismo o periodismo iban mas con su personalidad, pero Krest ya le saltó al cuello con sólo mencionar aquella posibilidad.

Aún así, no era que le fuera pésimo, pues entendía cada tema a la perfección y no le costaba nada realizar los prácticos y las tareas diarias, lo cuál era un alivio para él, no tener que pedirle ayuda a su padre.

Aquella mañana era diferente pues debía rendir los últimos dos exámenes que correspondían al ingreso anual a la carrera de Derecho.
Despertó a las 5 am y repasó una hora mas el temario antes de acomodar todo prolijamente y bajar a desayunar.

Si tenía suerte, su padre ya no estaría, y tendría la cocina para él sólo; podría estar en silencio y sin pláticas incómodas de por medio.
Pero para su mala suerte, Krest lo había estado esperando para ir juntos a la Universidad.

— Bonjour, papá.

Su padre lo observó. Dégel estaba vestido elegantemente y llevaba el cabello suelto y la chaqueta desprendida.

— Recoge tu cabello y prende esos botones, no vas a un estadio de fútbol.

— Lo haré cuando termine el desayuno, ¿si?. No me tomará mucho tiempo.

— Como quieras, pero si no estas listo para las 7 am, te dejaré y te irás caminando.

— Lo sé papá. Sé que lo harías no me lo tienes que recordar siempre. Aunque ¿sabes? Puedo ir caminando ahora mismo, así que no te preocupes por mí, ¿está bien? Me conozco el camino.

— Haz lo que quieras. Sólo recuerda que si te va mal, no habrá otra oportunidad, hijo.

Dégel suspira y se sienta en la mesa, Krest parecía querer generar una discusión esa mañana, pese a que no había despegado su mirada de aquel periódico, durante toda la plática que habían sostenido.

Por momentos observaba a su padre. Parecía estar sumido en la lectura de algo interesante, así que decidió molestarlo.

— Lloverá hoy?

Krest lo observa mientras toma un sorbito de café.

— Es que si voy caminando no quiero mojarme comprenderás, padre. 

— Ni sueñes que te dejaré ir caminando. No me arriesgaré a que no llegues a rendir ese ingreso.

Dégel sonríe.

— Parece que te importara incluso mas que a mi. Es sólo un exámen, no moriré por reprobarlo.

Le divertía la expresión en el rostro de su padre al mencionar aquello. Digamos que le gustaba jugar con fuego y se estaba ganando una buena quemadura.
Pero justo cuando Krest iba a regañarle, Dégel continuó hablando.

— Pero, quiero que sepas que no pienso reprobar. Sólo quería pedirte una cosa, ya que si apruebo todo de manera satisfactoria, tendré un mes de descanso hasta comenzar las clases ordinarias.

La expresión en el rostro de Krest se relajó de inmediato y volvió a apoyar su espalda en el respaldo de la silla.
Se acomodó los lentes y volvió a tomar la taza de café para darle otro sorbo, mientras veía al joven fijamente.

— ¿No me preguntarás que quiero?

— Esperaba que me lo dijeras de una vez.

— Verás, papá. Yo jamás te he pedido nada en mi corta vida, y menos que menos, tú me has regalado nada jamás por mi cumpleaños, así que si salgo bien en los exámenes de ingreso, quería pedirte por favor, consideres darme permiso para viajar a Atenas.

Krest lo mira algo sorprendido por aquella petición. No tanto por el pedido en sí, sino por el sitio al cuál su hijo quería ir.

— Dime, existe alguna razón para que quieras ir específicamente a Atenas?, no creo que por las playas ya que incluso aquí tienes playas igual de hermosas.

— Jaj no, no es por eso, es por la historia y la cultura. Me gustaría conocer el lugar al cual le llaman la " cuna de la Democracia", y que mejor sitio para un futuro estudiante de Derecho ¿eh, papá?

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(*) Teoría del delito: La teoría del delito es un concepto jurídico y criminológico que busca explicar por qué una persona comete un delito.
Se refiere a la explicación de los factores y procesos que llevan a una persona a cometer un delito. Estos factores pueden ser individuales (biológicos, psicológicos, sociales), sociales (familiares, culturales, económicos) o ambientales (entorno físico, influencias sociales).

(*) Derecho de persecusión: es el que tiene el Estado o una autoridad para investigar, perseguir y sancionar a los individuos o grupos que han cometido delitos o infracciones legales.
Se basa en la idea de que el Estado tiene la responsabilidad de mantener el orden público, proteger a los ciudadanos y hacer cumplir las leyes y es ejercido por las autoridades competentes, como la policía, el ministerio público y los tribunales, y se rige por las leyes y procedimientos establecidos en cada país.


(*) Conde de Saint-Germain: fue un personaje enigmático y misterioso que vivió en el siglo XVIII.
Se cree que nació en 1712, aunque su verdadera identidad y origen son desconocidos. Fue un noble, diplomático, músico, químico y alquimista que se movió en los círculos de la aristocracia europea.

(*) Bugatti: es una marca de automóviles de lujo y alta performance fundada en 1909 por Ettore Bugatti en Francia.
En el fic, el modelo que maneja Krest es un Bugatti Type 57.

Chapter Text

Luego de aquella breve pero intensa conversación entre ambos, Krest y Dégel suben al Bugatti y se encaminan  a la Universidad.

— Entonces...¿puedo ir ni bien termine este exámen?

— No empieces, Dégel. Dije que lo pensaré y aún no lo he decidido.

— Pero... ¿y entonces cuándo lo decidirás, padre? ¿Cuando acabe el mes de receso?

—¡Dégel! Por un demonio.Tengo la cabeza en algo más, ¿si? Cuando termine mis asuntos con el rector y regresemos a casa, te daré una respuesta, pero ya déjame en paz, ¿quieres?

Dégel lo mira serio y se frustra. Su mirada iluminada, de pronto se apaga y voltea hacia la ventanilla del deportivo.
Krest se toma el puente de la nariz y cierra los ojos, dando un suspiro audible.

— Mira, lo siento no quise gritarte, ¿está bien? Pero te prometo que te respuestaré en cuanto volvamos a casa y tengas los resultados de tus exámenes.

— Gracias, aunque no te apresures, en el fondo creo saber que respuesta me darás, papá. Que tengas un buen día con el rector.

— Dé-gel...

El portazo del Bugatti lo calló. Volvió a suspirar algo frustrado; sabía que estaba mal su actitud para con su hijo, pero la apariencia del joven no le permitía olvidar a esa sinvergüenza de Cordelia Rosilvieu.

Sin embargo, Dégel no tenía la culpa de los pecados de su madre, ni de su propia ira, así que decidió que si el joven aprobaba todo de manera satisfactoria, recompensaría aquel logro de alguna manera.

~•~•~♧~•~•~

Debía llegar al aula 22 en el segundo piso, para variar el ascensor estaba en mantenimiento, así que tuvo que subir a toda prisa por las escaleras del edificio.

Cinco minutos antes, estuvo dentro del aula; buscó el lugar que siempre ocupaba, casi en el centro de la segunda fila, y se sentó a leer hasta que llegara el docente que les tomaría el exámen. No pasó demasiado que el Dr. Casper Dupont se hizo presente con los sobres que contenían las evaluaciones finales.

— Buenos días a todos. Como sabrán hoy es el exámen final y con él se decidirá si han logrado adquirir los conocimientos necesarios para ingresar a la Carrera de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas de esta Universidad.

Dicho aquello, tomó la planilla de asistencias y un bolígrafo, mientras llamaba uno por uno a los estudiantes.

— A medida que los nombre, irán pasando a mi escritorio y tomarán su exámen de uno de los 4 sobres apostados en la mesa, me dirán el número de temario que les tocó y regresarán a su asiento.

Todos asintieron y a medida que oían sus nombres, se ponían de pie y seguían las instrucciones que el docente les había dado.

Una vez que hubo terminado la lista y el reparto, les dijo el tiempo de duración del mismo y colocó un cronómetro sobre su escritorio.

— En dos horas, la alarma sonará y el tiempo habrá acabado, tomarán sus cosas y se irán ordenadamente dejando sus exámenes sobre sus pupitres. Pueden esperar en el pasillo por los resultados.

Dicho aquello, el cronómetro comenzó a correr, dándoles 2 horas para resolver la evaluación final.

~•~•~♧~•~•~

Había llegado a la oficina del rector con casi media hora de antelación. Ordenaba los exámenes de sus alumnos, ya que debía ir a clases en una hora.

— Bonjour, Monsieur Garnier. Perdone que lo haya hecho esperar, es que tuve un inconveniente con algunos docentes.

— No se preocupe, he sido yo quien ha llegado muy temprano, pero dígame, ¿para que soy bueno?

— Para muchas cosas, créame, y lo ha demostrado Dr. Verá, el inconveniente que acabo de resolver hace unos momentos, estaba relacionado precisamente con la razón por la que lo cité aquí hoy.

Krest lo mira con curiosidad y algo de incertidumbre.

— Realmente me gustaría que fuera más específico, Monsieu Rector.

—La razón por la que lo cité es porque hemos decidido con la mesa directiva, que usted es la persona más capacitada de entre las cátedras de Derecho Penal, para ser titular de todas ellas.

—¡¿T-todas?! Pero eso es imposible, rompería el criterio de la Facultad respecto de la libertad de Cátedra, ademas cada una de ellas maneja teorías y pensamientos distintos, sería imposible unificarlas y...

— No Krest, no estas comprendiendo. Discúlpa si te he hablado figuradamente, pero con titularidad, me refería a que seas en nuevo presidente de la comisión intercátedra de Derecho Penal.

Krest no podía creerlo. Aquello era incluso más de lo que él esperaba, la paga no sólo sería buena, sino buenísima, además de que el Rector, parecía estar muy satisfecho con su trabajo como docente.

— Supongo que... aún seguiré a cargo de mis cursos y de mis alumnos, ¿verdad?

— Claro no te preocupes por ello, se cuanto amas tu trabajo, sólo debes estar presente en las reuniones de la comisión los días martes a comienzos del siguiente mes.

— Muchas gracias por esta nueva oportunidad, Moisieur.

— De nada, Krest. Todos estamos de acuerdo en que lo mereces. Ahora apresúrate o se te hará tarde para tomar esos exámenes.

Krest le dá la mano al hombre y se retira inmediatamente. Debía subir al segundo piso y ya sabemos el problema de ascensor, aunque aquello no le importó en absoluto; pues había recibido la mejor noticia de todas aquel día. Al llegar al segundo piso, dirigió su mirada al pasillo donde estaba el aula 22 en la cuál Dégel estaba rindiendo el ingreso.

Habían varios alumnos ya fuera, esperando los resultados, pero no logró divisar a su hijo entre el grupo de jóvenes.

"Mejor que salgas bien Dégel, sino hasta el cuartel militar no paras"

Sin perder demasiado tiempo, entró al aula 8 donde debía tomar él su respectivo examen a sus alumnos.

Pero la realidad era que Dégel había ido al sanitario y luego regresó a reunirse con el resto de sus compañeros de clase y por eso es que Krest no lo vió con el grupo, pensando que su hijo aún no había salido del aula.

Faltaban tan sólo 15 minutos para que el cronómetro sonara y una vez ocurrido aquello, los últimos estudiantes se retiraron del salón de clases y se unieron al resto en el pasillo, a esperar el resultado de su calificación.

El joven de ojos violáceos se acomodó los lentes y se sentó en una banca frente a la puerta del aula, ordenando sus libros en su bolso, cuando el profesor Dupont salió del salón con una planilla en sus manos.

— Los resultados son...poco satisfactorios me temo. En general, la mayoría ha tenido un desempeño demasiado bajo, decir que fue regular sería exagerar.

Todos tragaron grueso y se agolparon en la puerta del aula alrededor del profesor, menos Dégel; que aún permanecía sentado, ordenando sus cosas.
El profesor cierra los ojos y suspira profundamente, aclarándose un poco la vista tras los lentes.

— Veamos, sólo 4 de ustedes pasaron de la nota mínima para aprobar, es decir, de 6... y de ese resto, sólo 30 alumnos de los 80, lograron aprobar el exámen con ese resultado. Sólo les diré los apellidos y las calificaciones de los 4 que se han distinguido.

Los estudiantes se impacientaron, querían saber al menos quien de ellos había logrado aprobar aunque sea con la nota mínima y la ansiedad y la anticipación, se hacían cada vez más insoportables.

— Jmm. Ok, los únicos 4 que lograron aprobar sobre la nota mínima son Jean Noir, Amelie Sullivan, Jamie Deveraux y Dégel Garnier, el resto deberá consultar en las planillas de calificaciones que se exhibirán en la vitrina hasta la semana que viene, donde podrán rendir nuevamente para intentar ingresar.

Dégel aún seguía distraído. Estaba observando el pasillo opuesto donde se suponía que su padre tomaba exámen.
No se percató de nada de lo que había dicho el profesor hasta que su compañera, quien había sido nombrada junto con él, se acercó a hablarle.

—¿ Dég...?

—¿Derecho Especial de Giro(*)?

— Jajaj, perdón se que odias que te diga así, lo siento. Quería felicitarte.

— ¿Felicitarme? ¿Y porqué?

— Dégel, ¿en que nube estas viajando tú ah?, ¿no oíste al profesor Dupont?

—¿¡Que, ya salió!? ¡Rayos!¿Que fue lo que pasó Amelie?

La muchacha sonrie al ver la inquietud en el rostro de su amigo.

— Pues nada, que aprobamos eso dijo.

—¡¡Ahh, rayos!! ¡Que susto me pegué! espera, ¿aprobamos? ¿Dijo notas?

— No, pero supongo que podrías preguntarle, ya que el profesor aún está en...

—¿Dégel Garnier?

El Dr. Dupont salió del aula y se cruzó con el joven en el pasillo. El muchacho lo miró curioso.

— ¿S-si señor?

— Quería felicitarte personalmente, has alcanzado la nota máxima e ingresarás a la carrera con el mejor puntaje de la promoción.

Dégel no podía creer aquello, asi que no aguantó mucho más y preguntó si podía al menos ver su exámen o si el profesor podía hablar con su padre ya que estaba seguro de que Krest no creería aquello.

Dupont sonrió.

—compañame al aula, te daré tu exámen para que se lo enseñes a tu padre y luego mañana me lo devuelves.

El joven asintió y siguió al docente nuevamente dentro del aula.

~•~•~♧~•~•~

Krest observa su reloj de bolsillo, todos pensaban que tenía aquella reliquia porque era un amante de las antigüedades, pero lo cierto era que le gustaba porque le recordaba a la época victoriana

Además de que no se figuraba, de que a pesar de tener setenta y tantos años, el resto de las personas no notaban su verdadera edad. Pensaban mas bién que su profesor era "chapado a la antigua" algo que lo hacía curiosamente más atractivo.

— Bien, ya solo quedan 10 minutos para que el exámen acabe, vayan entregando sus hojas foliadas y firmadas al pie.

La advertencia desesperó a unos cuantos que procuraron escribir más rápido de lo que sus manos podían dar, y a otros tantos, los animó a ponerse de pié y entregar los exámenes.

Poco a poco se fueron retirando y cuando dió la hora de las 12 en punto, Krest les ordenó al par que aún quedaban apostados en sus asientos, que era tiempo de entregar sus hojas.

Acomodó todo diligentemente en su portafolios y firmó las actas de asistencia para luego llevarla a secretaría. Cuando salió del aula, caminó por el pasillo en línea recta dirigiendo su mirada a la zona donde estaba el aula 22 en la cual rendía Dégel, pero no llegó divisar a nadie en el pasillo, al parecer, todos se habían ido.

Bajó inmediatamente a secretaría y dejó el acta de asistencias. Entre que firmaba unos permisos para la proxima mesa examinadora, reconocío a una muchacha que solía ir a su casa a estudiar con su hijo.

— Disculpa, eres Amelie. ¿Verdad?

— D-Dr. Garnier, si... si soy yo.

—¿Has visto a Dégel?

— Él aún está en el salón de clases con el Dr. Dupont, le ha pedido que se quedara después del examen.

— Entiendo, Gracias Amelie. Será mejor que vaya a esperarlo.

La muchacha asintió y ambos se despidieron.

Dupont, Dupont... porqué le sonaba ese apellido...

Al subir nuevamente al segundo piso, se apostó en el mismo banco en el que su hijo estaba antes, dispuesto a esperarlo y de paso, averiguar quien era ese Dupont que tanto le sonaba.

"Será nuevo en el cuerpo docente?, porque jamás había oído aquel apellido antes".

~•~•~♧~•~•~

Dégel tomó la hoja de su exámen y observaba orgullos cada respuesta marcada como correcta. Habían sido 20 preguntas, diez de opciones múltiples con varias respuestas posibles y diez conceptuales y descriptivas. Luego, sonrió al ver al final el 10/10 sobresaliente.

— ¿Ya se ha convencido, Garnier?

El joven sale de su embelezamiento al oír la voz del docente que lo miraba con cierta curiosidad.

— S-si, disculpe por retenerlo por esta tontería, yo sólo quería asegurarme de darle a mi padre una buena noticia y ...

— Lo entiendo no te preocupes. Aunque si le llevas el examen, lo único que entenderá es que saliste bien. Claro, a menos que sepa de conceptos jurídicos.

— Los entiende. Mi papá es catedrático aquí.

El profesor, que hasta entonces lo miraba con una leve sonrisa, cambió su mirada a una mucho mas seria, entonces recordó el apellido del joven, pero jamás pensó que fuera justo hijo de aquel hombre.

— ¿Tu padre...es Krest Garnier?

— Si, así es. Bueno entonces... ¿si puedo llevarme la hoja del exámen para mostrársela?

— Claro que puedes. Vamos, acompáñame a la salida.

Aquel descubrimiento pareció turbar los animos de Monsieur Dupont, por alguna razón que Dégel no comprendía, pero que se dió cuenta casi de inmediato. Al salir del aula y encontrarse con Krest, varias dudas de ambos hombres se disiparon, aunque las de Dégel permanecieron intactas, ya después le preguntaría a su padre.

— Monsieur Garnier, que gusto verlo de nuevo.

— Juez Dupont, o debería decir ex-juez.

— Jaja, sin resentimientos, Garnier.

— ¿Papá, Dr. Dupont? ¿está todo bien entre ustedes?

— Hijo esperame abajo, ¿si? Hablaré un par de cuestiones con el ex-juez y luego iremos a casa.

Dégel observó a su padre y al ver su mirada tan desafiante, dirigida a su profesor, simplemente decidió obedecer y dejó a ambos hombres a solas, bajándo rápidamente a la playa de estacionamiento.

— Así que, éste es el hijo de Cordelia.

— Dégel es sólo mi hijo. Cuando quise que su madre lo viera, ella simplemente dijo que era una pérdida de tiempo.

— Pues que pesadilla debe ser para tí, porque es igualito a ella. Aunque debo decir que es muy inteligente, y déjame  decirte que no necesita esforzarse demasiado para obtener buenas calificaciones.

— Te pediré encarecidamente que no te metas con la carrera de mi hijo, Dupont.

— Jamás lo haría, soy un juez justo. O qué no te quedó claro cuando te saqué la mitad de tu fortuna?

— Maldito hijo de p...

— Tranquilo, no perdamos la diplomacia. Es lo justo, aunque si sabía que era tu hijo lo habría hecho reprobar sólo porque sí, asi que agradece que me enteré al final del exámen, Garnier.

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(*) Derecho Especial de Giro / DEG:

e s un derecho especial emitido por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para facilitar las transacciones internacionales y promover la estabilidad financiera global.

Los DEG son una forma de moneda internacional que se utiliza para realizar pagos entre países y para reponer las reservas internacionales de los países miembros del FMI.

El Derecho Especial de Giro (DEG) se utiliza como una unidad de cuenta y base monetaria en el derecho marítimo internacional, especialmente en la Convención de Bruselas de 1952 sobre la limitación de la responsabilidad de los propietarios de buques.

En este contexto, el DEG se utiliza para calcular la responsabilidad financiera de los propietarios de buques en caso de daños o pérdidas ocasionadas durante la navegación.

Cuando Amelie le dice "Dég" a Dégel, éste nombra precisamente a esta unidad monetaria.

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Estaba apostado en el capó del Bugatti esperando a su padre.
Aún veía la hoja de su exámen y sonreía de tanto en tanto por el logro que habia alcanzado, aunque también pensaba que podría ser aquello que tanto estuviera entreteniendo a su padre y a su profesor, pues ya hacia media hora que esperaba que terminaran de hablar y Krest no regresaba.

Se estaba impacientando cada vez mas, hasta que vió que su padre salía por la entrada principal y se dirigía al estacionamiento.

— ¿Todo bien allá atrás?

— Si no te preocupes, sube y vámonos de una vez.

Ambos subieron al vehículo y se dirigieron a casa, en el camino, Dégel no pudo evitar presumirle a su padre de sus excelentes calificaciones.

— Bueno, lo prometido 10/10, ¿que opinas?

— Es tu obligación, Dégel. Es como que me digas ... hoy trabajé bien... pues siempre debes trabajar bien y en tu caso, siempre debes aprobar.

— ¿Te costaba mucho felicitarme, verdad?

Krest suelta una risilla ante el fastidio de su hijo.

— Estoy orgulloso de ti, hijo. Felicidades de corazón.

Lo vé de reojo y nota que Dégel esboza una sonrisa, la mas grande que él habia visto jamás y se le lanza al cuello liandole sus brazos alrededor y besando a su padre.

— ¿¡Espera,que haces !? ¡¡Harás que nos matemos!! ¡¿No ves que conduzco, Dégel!? ¡Que imprudente!

—aja, yo también te amo, papá. Y dime, ¿cómo te fué con el rector?

Krest lo mira también con una gran sonrisa.

— Tal parece que ha sido un buen día para ambos. Acaban de otorgarme el puesto de presidente de la Comisión intercátedra de Derecho Penal.

— Felicidades, espero que esto te ponga de buen humor de ahora en mas.

—¿De que hablas? Si siempre traigo buen humor, sólo que algunas personas me lo arruinan, es todo.

— Si ya lo creo, ¿como el profesor Dupont?

Dégel se cruza de brazos y esta vez, observa fíjamente a su padre. Esperaba una respuesta y Krest sabía que tenía que dársela, o de otro modo, el joven no lo dejaría en paz.

— Si ese es uno. Creo que cometí un error al ir a esperarte que salieras del aula.

— ¿Porqué lo dices?

— Es que, bueno no te asoció a mí hasta que me vió y creo que eso podría perjudicarte, al menos con él.

— Papá explícate, ¿quieres?

— Él es el juez que presidió la causa de divorcio que yo llevaba contra tu madre y en la que desestimó cada prueba que presenté, dándole a ella la razón.
Me dijo que si sabía que eras mi hijo antes de tomar ese exámen, te habría reprobado sin razón.

— Hijo de p...

— Si es lo que también pensé. Pero no te preocupes, tengo el favor del rector, si es necesario que rindas con una mesa examinadora, yo te ayudaré, eso ni lo dudes.

— Gracias papá.

Al llegar a la casa, ambos entran apresuradamente, pero antes de separarse, Dégel le recuerda a su padre un pequeño detallito.

— Papá...

— No te preocupes, no lo he olvidado. Vé a tu habitación y relájate mientras yo atiendo algunas cuestiones referidas a ese tema, ¿está bien?

El joven asiente y sube inmediatamente, dejando que Krest se encierre en su despacho con Pierre para hablar del dichoso viaje a Atenas.

— Quiero que vayas con él. Es muy joven para ir sólo y no estaré tranquilo hasta que vuelva.

— Entiendo. Aunque no sé si él lo aceptará, monsieur.

— Aceptará o le diré que yo iré con él y verás que si acepta.

Ambos hombres rieron hasta que Pierre notó que su jefe se puso algo serio y melancólico

— Es por algo mas que deja al joven Dégel viajar, ¿no es así?

— Eres muy perceptivo, amigo. Así es. Tengo una cena importante con...

— El Duque Von Bayern, lo sé. Yo mismo le avisé hace unas semanas.

—¿ Me recordará, Pierre?. Han pasado casi 4 meses desde la última vez que nos vimos y...

— Estoy seguro de que Mademoiselle Adeline no lo ha olvidado.

Krest sonríe ante tales palabras, quería tener una luz de esperanza de que esa hermosa mujer lo recordara, al menos un poco de lo mucho que él la recordaba a ella.

Con Dégel lejos por un mes, él podría estar mas avocado a la idea de cortejar a la bella Adeline, aunque se sentía un descarado, puesto que la mujer no tenía mas de treinta y tantos años y el casi ochenta, pero bueno.

Tenía 57 años cuando se casó con Cordelia y fué padre a los 59 años, ¿que le impediría ahora casarse? y quien dice, ser padre nuevamente, luego de 18 años.

La ventaja es que todos lo veían como un hombre que apenas estaba llegando a los 40 años.
Sólo él y su amigo Yuri, sabían que ocurría en realidad, tras esa apariencia juvenil.

Adeline Von Bayern era la razón de su viaje a Paris, junto con el trabajo, además de querer alejarse de los malos recuerdos.
La hija del duque era muy bonita; poseía cabellos rojos como el fuego y unos ojos tan azules como el océano. Jamás dejó de pensar en ella desde que la conoció hace 3 años y de la útima vez que se vieron, ya habían pasado 4 largos meses.

La familia von Bayern era de Alemania, perteneciente al ducado de Baviera y de sangre noble. La madre de Adeline era francesa, también de una familia muy acomodada de Lion.
Cada año, venían a París a celebrar el aniversario de matrimonio  de ambos duques.

En una de esas cenas familiares ostentosas, fué que Krest conoció a Adeline, gracias a que acompañó a uno de sus colegas, el cuál era asesor legal del duque.

Ahora, contra todo pronóstico, Krest se armaría de valor y pediría la mano de la muchacha en matrimonio, pero antes, debía asegurarse de lo que ella realmente sentía por él.
No quería otro desamor como el ocurrido con Cordelia, ya no estaba para sufrir por amor.

Por ello, ese mes sin Dégel le venía como anillo al dedo. Si bien su hijo sospechaba alguna cosa, y más cuando su padre estaba extrañamente de buen humor, no se figuraba que ya se habían visto ni que intercambiaban correspondencia con la pelirroja.

— Ya está hecho, Pierre. Llama a Dégel y hablaremos sobre el viaje.

— Oui, Monsieur.

El secretario subió las escaleras y dió aviso al joven de ojos violáceos, quien no perdió tiempo ni un sólo instante, bajando lo más rápido que pudo, para entrar al despacho de su padre.

— Esas motivaciones de estudiar que tienes .... ¿eh , Dégel?

— Ya estudié y aprobé, ¿¡Que mas quieres padre!?

— Tranquilo, mira.

Krest le muestra dos boletos de avión con destino a la ciudad de Atenas con todo incluido por un mes de hospedaje y salidas guiadas, mas almuerzo, cena y desayuno completo.

— ¿ Dos boletos? ... ¡¡ay no!! ¿No me digas que tu vendrás conmigo?

Pierre se aguanta la risa al ver la expresión en el rostro de Krest.

— Por fortuna para ti, no. No iré. Quien irá es Pierre, porque no pienso dejarte ir solo. Así que lo tomas o lo dej...

— ¡Acepto!

— Vaya que receptivo. Alista tu equipaje entonces. Mañana a las 11:00 am, partiremos al aeropuerto.

Krest observó como su hijo desapareció antes de completar la frase.

— Creo que todo salió como usted esperaba, Monsieur Garnier.

— Tal parece. Sólo esperemos que ese muchacho pueda dormir esta noche, aunque creo que no será el único al que costará pegar un ojo.

Aquello lo dijo en clara referencia a la mujer que inundaba sus pensamientos: Adeline.

A la mañana siguiente, todo estaba listo. Pierre y Dégel tenían su equipaje y sus boletos, y habían acomodado todo en el Bugatti antes de que Krest bajara.
Primero debía pasar por la universidad a dejar algunas planillas y de paso, el excelente exámen de su hijo, que había sido otorgado en préstamo por su profesor.

Una vez que todas las diligencias fueron cumplidas, se dirigieron al Aeropuerto Internacional Charles De Gaulle.
A las 12 en punto Dégel y Pierre ya habían abordado el vuelo 322 con destino a la ciudad de Atenas.

Luego de unas 3 horas de vuelo, arribaron a la capital de Grecia.

— Vaya, hasta el aire que se respira es distinto de París.

— Eso es porque está emocionado joven Dégel, pero venga. Vamos por un taxi que nos lleve al hotel.

Habían llegado relativamente temprano, pese a que las excursiones y guías no comenzarían sino al día siguiente, Dégel le propuso a Pierre pasear por la hermosa ciudad y de paso, arraigar más sus escasos conocimientos del idioma.

Al joven le agradaba. Sabía algunas palabras y para él no era complicado aprender, aunque si tenía la creencia firme de que si pasaba mas tiempo con la gente del lugar, mas pronto aprendería a hablar griego.

Pierre por su lado, estaba feliz. Esas vacaciones al lado del hijo de su jefe no le venían nada mal.

— ¿Te parece si descansamos un par de horas en el bar y luego salimos a caminar? ¿O ya no estás para eso, Pierre?

— Jaja, ¿pero de que habla?. Claro que le acompañaré; tengo muchas energías aún, monsieur Dégel.

— Es bueno oir eso.—le dice sonriendo.

Dejaron el equipaje y se dieron una ducha rápida cada uno.
Una vez listos, bajaron al bar del hotel por una merienda y luego, como lo habían planeado, darían un paseo por la hermosa ciudad, pero sin alejarse demasiado.

Los siguientes días fueron agradables, excursiones aquí y allá sin descanso. Dégel estaba sumamente feliz y su viaje de ensueño estaba cumpliendo todas sus espectativas.

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Habían pasado ya diez días desde que su hijo fue a Grecia junto a su secretario.
Por fín había llegado el día de la cena y estaba sumamente nervioso.

" Cálmate Krest, ni que tuvieras veinte años, mon dieu".

Se miró al espejo como 10 veces, tratándo de que el pañuelo que llevaba liado a su cuello, estuviera dispuesto de la manera más elegante posible.
Peinó su cabello una última vez y se ajustó las mangas de la elegante casaca gamuzada que vestía.

" Bien creo que ya estoy listo"

Tomó una pequeña cajita del cajón de su escritorio y la guardó cuidadosamente en su bolsillo, si el destino estaba de su lado ese día, muy pronto volvería a contraer matrimonio.

Bajó las escaleras rápidamente y tomó las llaves del Bugatti, cerró todo cuidadosamente al salir y aseguró la puerta, subió al vehículo y se marchó a la mansión von Bayern en pleno centro de Paris.

Al llegar, estacionó el coche y estuvo dentro una media hora más. Tanto por haber llegado muy temprano, como por estar más ansioso de lo normal.

" ¡¡No puedo creer que esté así!! Lo único que me falta es que me desmaye ni bien vea a Adeline, sería muy humillante"

Entre suspiros, volvió a ver su hermoso reloj de bolsillo, sólo para corroborar que ésta vez no iría tan temprano.
Suspiró una vez más y estacionó cerca de la entrada de la mansión, bajó del vehículo y caminó elegante y pausadamente hacia la recepción.

Dió su nombre al entrar y el personal del servicio le indicó donde debía tomar asiento. Respiró aliviado esta vez, al ver que no era el único en aquel hermoso salón de fiestas.

—Monsieur Garnier, bienvenido.

—¿T-tú, aquí?

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Paseaban por las calles adoquinadas del mercado y la plaza central. El calor no tardó en hacer efecto en ambos.
Aunque fuera de noche, se hacía sentir bastante si la brisa marina, mermaba.

— ¿Monsieur, Dégel?

— Por favor, Pierre. Sólo dime Dégel y deja las formalidades para mi padre. Haces que parezca que tengo mas de 100 años, mon dieu.

— Jajaja, esta bien como quiera.

— ¿Que querías decirme?

— Ya sólo faltan 15 dias para volver y no hemos ido al puerto a ver el mar.

— ¿E-el mar?

Nadie más lo sabía, pero a Dégel le aterraba el mar. Tenía una suerte de fobia a las grandes masas de agua(*) y odiaba navegar por esa razón.
Le parecía una tontería y pensaba que los demás se burlarían de él si hacía público su miedo... ¿que clase de persona le teme al mar?. Pues él le tenia pavor.

— M-mejor otro día, ya es de noche y no podremos ver nada. De día lo apreciaremos mejor, ¿no crees?

— Tiene mucha razón. Será mejor venir en la mañana. ¿Vamos a tomar algo entonces? Está haciendo demasiado calor.

Dégel asiente y ambos se dirigen a un bonito reataurante cerca de la costa marítima, para que al menos, la brisa del Egeo los alcance.

Cuando llegaron se apostaron en la terraza del sitio y pidieron la carta.

— Rayos, Pierre. Debo ir al baño, ordena tú mientras por favor, ¿si?

— No hay problema.

El joven se apresuró, pues ya estaba de últimas. Habían caminado bastante y el líquido que había bebido hace unas horas por el calor, ya debía salir.
Cuando se dirigió al interior del restaurante, a la zona de los sanitarios, vió gente esperando afuera y se frustró bastante.

" ¡¡Pero que rayos!!, solo espero que la fila corra de prisa o pasaré vergüenza"

Trató de concentrarse lo mejor que pudo y distraer su mente en otra cosa que no sea su necesidad fisiológica de orinar, y comenzó a observar a los hombres que estaban delante suyo.

Parecían tener su misma edad al juzgarlos a la primera, entre el grupo se destacaba uno que era mas alto que el resto. Posó sus ojos en él y notó que llevaba uniforme militar, uno que parecía ser de la marina, pero no estaba seguro.

Lo observó hasta que entró al sanitario y sólo allí se dió cuenta de que el resto de los hombres que lo rodeaban, también tenían el mismo uniforme.
Pronto sería su turno de entrar, así que trató de pensar en otra cosa que no sean refrescos, el mar, agua o cualquier cosa relacionada con líquidos, así que desvió la mirada hacia la mesera, quien acomodaba las banquetas de la barra, que habían sido desocupadas recientemente.

Distraído como estaba, no se percató que se había quedado parado muy sobre la entrada del baño y cuando los que estaban dentro quisieron salir, uno de ellos, que también venía distraido, chocó con su hombro tan fuertemente el pecho del francés, que el golpe hizo que los lentes del joven, vayan a parar al suelo.

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(*) Talasofobia: La fobia a las grandes masas de agua, como los océanos, se conoce como "Talasofobia" o "Talassofobia". Es lo que padece Dégel en el fic y por eso evita ir al puerto a orillas del mar.

El término proviene del griego "thalassa", que significa "mar" u "océano", y "phobos", que significa "miedo" o "fobia".

La talasofobia puede manifestarse de diferentes maneras, como miedo a nadar en el mar, miedo a las olas, miedo a los animales marinos, etc.

Chapter Text

Se agachó rápidamente a buscarlos pues no veía nada sin ellos, no distinguía rostros ni lugares, nada de nada.

— Oye, lo lamento tanto. Discúlpame por favor.

— Sólo, ayúdame a encontrar mis lentes, antes de que los pisen y...

Dégel sintió como le tomaban la mano y lo levantaban del suelo lentamente, apartándole de la fila del baño.
La persona que le había golpeado por accidente, le colocó los lentes en la mano y el joven se los calzó inmediatamente.

Cuando levantó la mirada para regañar a quien lo había sacado de la fila del baño, observó que se trataba del mismo joven de cabellera negra que hace unos minutos, estaba delante en la fila.

— En serio discúlpame. Venía distraído y...

Dégel lo escaneó de arriba abajo.

— No importa... perdón pero tengo que ir a hacer fila... de nuevo.

— No será necesario. Oye Ayax, deja que pase primero, por mi culpa perdió su turno.—

— Claro, no hay problema, Kardia.

—¿Lo ves? Anda, puedes ir primero. dice finalmente el griego.

— Mer-ci...

Kardia le sonrió. Pues no tenía ni la mas remota idea de que carajo le había dicho aquel joven.
Luego, esperó a que Dégel saliera del sanitario nuevamente para pedirle disculpas, pese a que el francés le explicó lo mejor que pudo, que ya no era necesario disculparse.

— Te agradezco haberme ayudado a entrar al baño, pero ya debo irme, mi amigo me espera para cenar.

Kardia mira en dirección a la mesa que le señaló el recién conocido.

—¿ Ese es tu amigo? ¿No esta un poco mayor para serlo? Si es tu padre, no tienes que mentirme...

Dégel se acomoda los lentes.

—¿Porqué te mentiría? Además, ese hombre no es ni remotamente parecido a mi padre, créeme. Bueno ya me iré, hasta pronto.

— ¡Espera! No me has dicho tu nombre. El mio es Kardia, Kardia Doukas.

El griego le pasa la mano y Dégel lo observa unos instantes hasta que finalmente, lo imita.

— Si, ya oí como te llamaban, mi nombre es Dégel Garnier.

— Fue un gusto conocerte Dégel.

— El gusto ha sido mio, Kardia.

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—¿Te sorprende verme? Pues créeme que estamos en las mismas.

Krest se acomodó en su silla elegantemente, desviando su mirada al frente e ignorando completamente a aquel hombre, quien para su desgracia, tomó asiento a su lado.

— No esperaba otra actitud de tu parte, después de todo, sigues siendo un simple campesino.

— ¿Que mierda quieres, Gerard?. ¿Acaso no fué suficiente ya todo lo que has logrado?— Dice casi entre dientes.

—¿Eres muy resentido, eh?. Esperaba que podamos hablar pacíficamente pero veo que tu actitud es muy hostil.

Krest lo mira de reojo de manera asesina.

—¿ No te figuras por qué? Déjame recordártelo.

El hombre en cuestión, era Gerard Dupont, nada mas y nada menos que el hermano de aquel ex juez profesor de su hijo y amante de Cordelia.
Ambos hermanos trabajaron en connivencia dolosa(*) para desestimar toda la prueba en contra de la mujer y de paso, quitarle a él la mitad de sus bienes.

Aquel descarado se acercó a hablarle sin ningun tipo de vergüenza, claro que para atormentarle. Para Krest, era una burla del destino que lo hayan acomodado junto a él.

— Es un hecho que ha pasado hace ya varios años, colega. Deberías olvidarlo o te hará daño.

" Maldito cínico, hijo de puta"

— Si, es posible. Pero aún así no me apetece hablar contigo, "colega", ahora si me disculpas, iré a hablar con alguien que sí merece mi atención.

Se puso de pié ante la sonrisa burlona de aquel sujeto, quien lo vió marcharse hacia la entrada de la gran mansión.

Krest estaba ya bastante nervioso, así que buscó distraerse en la posible conversación que podría sucitarse entre el Dr. Moreau y él.

— ¡Amigo mio, qué gusto verte por aquí! No pensé que vendrías.

—¿Y perderme el baquete? No lo creo, pero dime, ¿Como estás, Leopold? Llevamos un par de meses sin vernos. ¿Aún asesoras al Duque?

— Pues si, pero pronto dejaré de hacerlo. Tengo que viajar a Marsella en un par de semanas y posiblemente me mude allá definitivamente.

— Vaya, ha de ser importante. No tomarías una decisión así si no lo fuera.

— Larga historia, Krest. Pero todas las familias tienen una detrás. ¿Tú porque estás aquí en la entrada, qué no te acomodaron en tu mesa?

— Lo hicieron pero...

Leopold escanea aquel gran salón, que iba llenándose poco a poco con los invitados y vé una mesa en particular, en la que estaba un hombre que los observaba detenidamente.

— Ya veo, y te sentaron al lado de ese cretino, no me digas.

— Para mi suerte...

— Vamos, iré contigo. No dejes que ese idiota te arruine esta noche, Krest. Sólo es un imbécil que no tiene nada que hacer.

— Todavía no se porqué esté aquí. No pensé que conociera a los Duques.

— Tal vez en representación de Casper, recuerda que era un importante juez; aunque sospecho que viene por la vacante que dejaré. Posiblemente su hermano lo recomendó.

— Que coincidencia tan nefasta...

— Jmm, sin embargo yo ya tengo otra recomendación para el Duque y no creo que la rechace, así que siéntate y disfruta como se le echa a perder la fiesta a ese perro.

Leopold observó a su amigo y notó rápidamente que su semblante se relajó. Le sonrió satisfactoriamente y ambos se dirigieron a la mesa asignada, al lado de ese hombre tan irritante.

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— Lamento la tardanza, el sanitario estaba repleto de gente.

Dégel llegaba apresuradamente. En el camino acomodó un poco su ropa y su cabello que habían sido sacudidos por el violento choque con Kardia hace unos instantes.

— No se preocupe. Aún no llega la cena. ¿Está todo bién? Lo noto algo agitado.

— Si, descuida es que, antes de entrar al baño, me chocaron y mis lentes se me salieron. Me desesperé bastante cuando no los encontraba, pero por suerte alguien me ayudó.

Pierre le sonríe.

— Si que sabe tener aventuras, joven Dégel.

La comida había llegado y ambos cenaron amenamente aquella noche, bajo la hermosa brisa marina y el cielo estrellado de la ciudad de Atenas.

— La cena ha estado increíble pero, ahora es mi turno de ir al baño.

—¿Quieres postre, Pierre? Entre que vas, yo lo ordenaré.

— Claro, me vendría bien algún postre tradicional.

Dégel le sonríe mientras vé alejarse al secretario de su padre. Llama a la mesera y ordena dos porciones de Baklava(*) y una copa de helado artesanal de fresas y chocolate con almendras.

La mesera tomó su orden y entre que esperaba, dirigió su mirada hacia el interior del restaurante.
Estaba sentado de espaldas al mar, claramente por su fobia, así que no le quedaba otra vista.
Se quedó por unos momentos, pensando en el incidente que había protagonizado con el joven Kardia.

Trató de recordar como era. Aquel muchacho tendría su edad, a juzgar por su voz y su apariencia juvenil. Kardia tenía el cabello negro largo y algo rebelde, que hacían resaltar sus ojos azules.

Era alto, tanto como él, pero su cuerpo parecía ser mucho mas ancho y grande.
Bueno así era, de hecho cuando lo chocó al salir del baño, el joven francés sintió el golpe como si hubiera impactado contra una pared de concreto.

Sonrojó levemente al rememorarlo y estaba perdido en aquel recuerdo tan reciente, que no se percató que Pierre había vuelto y la mesera estaba apostada a un lado, esperándo que le respondiera, con qué aderezo queria acompañar la Baklava.

—¿ Monsieur, Dégel?

Sacudió la cabeza ante el llamado del secretario.

—¿ Ah ? Lo siento. Pierre que te dije con esa formalidad tan...molesta.

— Jaj lo siento, es que no reaccionaba.

—¿Y bien, joven? ¿Con que desea acompañar el postre?

— Sólo con miel.— dijo viendo el tarrito que la muchacha traía sobre la bandeja cromada.

La mesera le sonrió, pasándole la miel y se marchó.

—¿Que es?— Preguntó Pierre con curiosidad, observando su plato.

— No pregunté de que estaba hecho pero según la mesera, es un postre tradicional, no se mucho más, Pierre.

El secretario tomó un tenedor y cortó un trocito de la golosina que tenía en frente, llevándoselo a la boca.

— Pues, sea lo que sea sabe muy bien, debería probarlo.

— Si yo... lo haré...en un momento.

Contestaba sin pensar, mientras observaba al interior del restaurante y divisó al joven que lo había chocado unos minutos antes.
Kardia salía del local junto a un par de amigos que lo acompañaban y justo antes de salir completamente, alzó la vista hacia el frente cruzándo su mirada con los atentos ojos violáceos del francés.

El griego lo observó con una expresión seria y luego, le regaló una hermosa sonrisa, levantando su mano a modo de despedida.
Dégel se quedó totalmente embelezado con él, pero reaccionó a tiempo y también le sonrió y levantó tímidamente su mano para corresponder aquel saludo.

Pierre lo observaba con una sonrisa a la vez que veía en dirección hacia donde el hijo de su jefe, posó sus ojos.

— Al fin ha hecho amigos por lo que veo...

Dégel se congeló con la mano a medio levantar y miró de reojo a su acompañante.

—¿¡Que!? No... yo sólo... él me ayudó cuando perdí mis lentes, ¡es todo!, ¡Pierre, que vergüenza!

— Jajajaj, ¿¡pero que cosas dice?! ¿Porqué se avergüenza? A mí me da mucho gusto verlo relacionarse con gente de su edad.

— ¿Tu...crees que ...sea buena idea?

— Pues claro que sí. Se la pasa encerrado de la universidad a la casa, y no le veo amistades allá en París.
Al menos, aproveche y disfrute de sus vacaciones estos 15 días y salga con gente de su edad.

— A papá no le agradaría.

— Joven, usted ya tiene la edad suficiente como para darse cuenta a la perfección de las intenciones de las personas, al menos yo lo creo. Sabe distinguir lo bueno de lo malo, entonces ¿porqué juzga antes de conocer?

Dégel lo pensó. Estaba lejos de Krest y Pierre tampoco le daba un mal consejo, sólo le dijo que se relajara. Igualmente se comportaría; jamás había sido rebelde o desobediente y no lo sería, pues su padre le había enseñado bien y no lo decepcionaría.

— Supongo que no es mala idea aunque...

— Entiendo que no conozca muy bien a esos jóvenes, pero para eso estoy yo para acompañarlo. No lo dejaré sólo, no se preocupe.

El muchacho mira al secretario de su padre, conmovido por su amabilidad.

— Muchas gracias, Pierre.
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La cena en la mansión de los Von Bayern ya estaba iniciando, pese a la ausencia de los Duques.
Krest y Leopold charlaban tranquilamente, ignorando por completo al Sr. Dupont, quien ya estaba comenzando a incomodarse por aquella situación.

Al parecer, su plan para fastidiar al ex de su amante, estaba fracasando, pero lo que no sabía era que se pondría aún peor.

Ya darían las 22 pm, y cuando Krest consultó su reloj de bolsillo. Estaba algo frustrado.

— ¿Ocurre algo? Parece que estas impaciente...— Pregunta Leopold

— Es que... sólo estoy algo ansioso supongo. Los anfitriones aún no han llegado y es extraño.

— Es verdad. Algo debió retrasarlos, no hay otra explicación.

— Sólo espero que no haya sucedido nada malo, porque sino...

El normando frenó sus palabras al observar hacia el pórtico principal. Su amigo notó el cambio en su expresión rápidamente y dirigió su mirada hacia donde Krest fijó sus ojos.

Ahí estaba ella; Mademoiselle Adeline, apostada en la puerta, presidía la llegada de sus padres.
Todos se pusieron de pié cuando el coordinador del evento anunció su presencia y la mujer se dirigió a paso lento y elegante, hacia el centro del salón.

—Bienvenidos a todos, espero estén disfrutando la velada. Quería disculparme por haberles hecho esperar hasta recién por nuestra llegada, pero tuvimos un inconveniente con el vehículo que nos trasladaba. Mis padres llegarán pronto, así que, pueden continuar con la cena.

Krest no le quitaba los ojos de encima. Esa agraciada y bella figura que se paseaba por el salón, le había quitado el sueño por dos semanas.

— Viene hacia acá...

El susurro de su amigo lo sacó de su nube de ensueño.

—¿¡Que cosa!?

Leopold le hace un gesto para que vuelva a mirar y allí se percata que la mujer se acercaba a la mesa donde estaban sentados ambos.
Ella los observó con una sonrisa, y rompió el protocolo inmediatamente, saludando a los dos amigos.

—Monsieur Krest, Monsier Leopold. Que gusto volver a verlos.

Krest perdió el habla y su amigo lo notó, respondiendo él por ambos.

— Mademoiselle Adeline, el placer es nuestro. Krest y yo justo pensábamos que debió ocurrir alguna cosa para que no llegaran a tiempo, ¿verdad Krest?

Trató de darle pié para que su amigo reaccionara y por suerte, funcionó.

— Sí...nos preguntábamos si estarían bien, pues siempre han sido muy puntuales y...

— Mademoiselle Adeline, esta usted muy hermosa esta noche.

El coloquio del normando, fué interrumpido abruptamente por la voz de otro hombre, algo que molestó a la elegante mujer, quien inclinó su cabeza para ver de quien se trataba y su expresión cambió a una mas seria y cortante al ver que no era otro que Gerard Dupont.

— Ah, hola Gerard. Veo que también has venido.

— Como no hacerlo, sabiendo que usted nos honraría con su hermosa presencia.

Adeline rueda los ojos y Krest y Leopold no pueden evitar sonreír.

— Gracias por tus palabras Gerard, que disfrutes la velada.

Acto seguido, se colocó en medio de Leopold y de Krest y entrelazó sus brazos con el de ambos hombres, haciendo que el último se sonrojara como una fresa.

— Vengan, acompáñenme. Se sentarán a mi lado, lejos de ese tonto.— susurró.

Ambos hombres le sonrieron.

—¡Mademoiselle Adeline! ¿Acaso me quedaré sólo aquí?—. Protestó Gerard al ver que los dos hombres se alejaban junto a la mujer.

— Oui, al parecer sí. La mesa es toda suya, monsieur. Para usted solamente, que la disfrute. Con su permiso.

Krest y Leopold se giran levemente a observarlo y esbozan una sonrisa burlona, haciendo que Gerard se ponga rojo de la rabia, mientras ellos siguieron los pasos de la osada y elegante mujer.

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(*) Connivencia dolosa: se refiere a la complicidad o colaboración intencional y maliciosa entre dos o más personas para cometer un acto ilícito o injusto.
La colaboración se lleva a cabo con la intención de causar daño o perjuicio a otra persona o entidad, y en muchos casos, es considerada un delito grave y puede llevar a sanciones legales severas, incluyendo multas y penas de prisión.

(*) Baklava: es un postre tradicional del Medio Oriente y el Mediterráneo, hecho con: Capas de hojaldre o masa filo, Nueces picadas (generalmente pistachos o almendras) y Miel o jarabe de azúcar.
Se hornea hasta que esté dorado y crujiente, y se sirve como un dulce rico y aromático.

Chapter Text

Se sentaron uno a cada lado de la bella pelirroja. Ésta ordenó que trajeran la cena para ella y sus invitados y prontamente, los tres estaban conversando muy relajados, y entre risas y anécdotas, Krest se retira al sanitario, dejando a su amigo a solas con la mujer.

—Sigue igual de tímido...

Adeline suelta un suspiro antes de beber un trago de vino.

— Jaja, si estás interesada en él, ¡no puedo creerlo!

— ¡¡Shh!! Claro que si, pero él parece no notarlo. En fin, ya se me ocurrirá algo para que tome confianza.

Leopold la mira asustado. Al parecer estaba decidida a enfrentarse a Krest para averiguar sus sentimientos.
Si bien, su amigo no le habia dicho abiertamente que tenía sentimientos románticos por la mujer, era muy obvio y más al ver como se ponía nervioso y se agitaba en cuanto ella le hablaba o decidía prestarle atención.

Tal vez sería una buena idea darle un empujón y hacerle saber a Adeline que Krest sentía algo por ella.
Sonrió por lo bajo ante aquella idea, hasta que la mujer le habló nuevamente.

—¿No tienes idea de porque ese mediocre está aquí?

Leopold gira su cabeza y ve que Adeline se refiere a monsieur Dupont.

— Yo creo que es por el puesto que yo dejaré vacante, aunque tal vez vino para recomendar él mismo a su hermano. ¿Tu padre no era amigo del juez?

Adeline hace un gesto despectivo.

—¿Sabes? Aún asi, no se porque mi padre lo tolera, pero no creo que le dé tu puesto, yo ya le recomendé a alguien más y créeme que suele escucharme en este tipo de decisiones.

—¿Ah si? Pues yo también traía una recomendación para tu padre.

—¿Será que coincidimos?

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Después de pagar la cuenta, Dégel y Pierre se retiraron del restaurante. Todo iba muy bien y la noche se había vuelto muy agradable, puesto que la brisa fresca era constante ya para esas horas.

Ambos caminaban de regreso al hotel, cuando Dégel notó como su acompañante, de pronto disminuía la marcha.

— Oye, Pierre ¿te encuentras bien?

El hombre se recostó en una farola que alumbraba la calle por la que caminaban.

—Yo...no lo sé, estaba muy bien hace unos instantes, pero ahora me siento terriblemente cansado y me duele un poco la cabeza.

— Será mejor tomar un taxi para que nos lleve al hotel, no te haré caminar hasta allá en esa condición.

El joven se apostó al lado de Pierre , mientras observaba atento por si lograba ver algun taxi para pararlo.
Cuando por fin logró su cometido, ambos subieron y Dégel le dijo al chofer, la dirección del hotel.

— Pronto llegaremos y podrás descansar, tal vez el calor de mas temprano debió afectarte. No estamos muy acostumbrados.

— Yo...creo que ...si...eso debe ser.

Pierre se agitaba demasiado al hablar y ya no estaban caminando.
Cuando Dégel lo miró con mas detenimiento, notó que el hombre estaba sudando exageradamente, así que le apoyó el dorso de su mano en la frente.

—Mon dieu, estás volando de fiebre.

— Solo... debe ser el calor, nada más. No se preocupe demasiado.

— No, no lo creo, tu piel esta terriblemente roja y tienes mucha fiebre. ¡Taxista! Llévenos al centro médico mas cercano.

— El hospital está a sólo dos cuadras de la dirección que me brindó.

— Perfecto, llévanos allá. Mi amigo esta muy mal.

El conductor asintió acelerando el taxi. Vió por el retrovisor como aquel hombre se retorcía llevando sus manos a su estómago y sudaba demasiado. Parecía estar sufriendo mucho dolor.

—Aguanta Pierre, por favor.

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Krest había regresado del sanitario e ignoraba completamente la plática que habian tenido Adeline y Leopold en su ausencia.
Tomó asiento nuevamente y dirigió su mirada a su amigo que extrañamente, sonreía como un idiota y luego, dirigió su mirada a la mujer que lo veía fíjamente.

—¿Me...perdí de algo?

—Leopold y yo hablábamos de las posibles razones de la presencia de Dupont aquí.

— Ah, eso. Bueno a mi también me resulta curioso verlo. No sabía que era amigo de su padre.

La mujer niega con la cabeza.

—Mi padre no tiene amistades tan burdas. Ese tipo está aquí por algo más.

— Con Leopold, pensábamos en el juez Casper, tal vez él lo envió para el puesto de asesor. Después de todo son hermanos.

— Al parecer pensamos igual...

Las muecas de Adeline eran despectivas a tal punto que Krest llegó a pensar que a la mujer le desagradaba aquel sujeto por algo más que sólo su fama de mediocre.

— Disculpe, Adeline ¿Puedo preguntarle algo?

Al oír aquello salir de la boca de su amigo, Leopold se levantó de prisa y se excusó que quería salir a fumar un cigarrillo.

Justo en el momento que el asesor del Duque se retiraba, éste por fin hace acto de presencia.

— ¡Atención!¡Monsieur Syrius von Bayern, Duque de Baviera Y Madame Clementine duquesa consorte!.

A la llegada de ambos Duques, los invitados se pusieron de pié para recibirlos en señal de respeto.
Luego de unas disculpas hacia los presentes por semejante tardanza, seguidas de un agradecimiento por la paciencia y la presencia de los mismos, Monsieur Syrius tomó su lugar en la mesa principal junto a su esposa.

—Al fin llegaron, ya se habían demorado bastante.

La pelirroja hace un gesto de molestia y se cruza de brazos, provocando que Krest se tiente y suelte una risilla por aquella actitud.
Al verlo, Adeline cambia su semblante, contagiándose de la risa de aquel hombre que a sus ojos, era encantador.

Al sentirse observado, inmediatamente deja de reír y se soroja como una fresa ante la mirada tan profunda de aquella mujer.

— D-discúlpeme, no estaba burlándome, es sólo que...

— No te preocupes, mejor vamos afuera.—Le dice la mujer con una hermosa sonrisa.

—¿¡Q-qué, afuera pero... porqué!?

— Si, acompañame a dar un paseo por los jardines, ¿o prefieres quedarte aquí aburriéndote? Si es así, lo entenderé.

El normando no podía creerlo. Ni en sus sueños mas profundos y surrealistas, se habría imaginado que Adeline lo invitaría a pasear a solas por los jardines de aquella mansión, por suerte, esta vez no se quedó sin habla y pudo responderle.

— C-claro que te acompañaría donde fuera, es decir... donde me lo pidas... digo...

"¡¡Por una mierda!!,¡¡ Krest cierra la puta boca!!"

— Jaja, tranquilo. Ven, vámonos ahora que todos estan con la atención puesta en mi padre.

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Habían llegado al hospital y Dégel llevó a Pierre directamente a urgencias.
El hombre estaba sumamente sudado además de que su piel enrojeció violentamente y su abdomen al parecer, lo torturaba con un dolor insoportable.

—¿¡Cuanto tiempo lleva así!?—le preguntó el enfermero.

— Hará una media hora desde que decidimos regresar al hotel. Estaba perfectamente antes, es más, durante toda la cena estuvo normal.

—¿Usted es un familiar del señor Enri?

—No, él es mi amigo, estamos aquí de vacaciones.

— Entiendo. ¿Me dice que se puso así después de cenar?

— Si, así es. Primero sintió mucho cansancio y luego le dió fiebre.

— Es posible que se haya intoxicado con la comida.

— Pero entonces yo debería estar como él porque comimos lo mismo y sin embargo yo me siento muy bien.

— Tiene razón, ¿sólo comieron eso?

— Luego de postre, comimos Baklava.

— Ese podría ser el problema. Espere aquí, ya cuando estabilicen a su amigo, le informaré su diagnóstico.

—¿En cuanto tiempo estarán los resultados? Es que quiero ir a hacer una llamada a mi padre para informale lo que sucedió.

—Si quiere puede llamarlo desde recepción, no habrá ningún problema.

Dégel fué a recepción a marcar a su casa, lo que no sabía era que su padre jamás respondería.

— Papá, po favor contesta el teléfono.

Estaba muy nervioso por la salud de Pierre y para colmo, su padre no daba señales de vida.

merde!!

—¿Todo bien, joven?

— Si, lo lamento. Es solo que no me atienden el teléfono. Intentaré mas tarde.

Dejó la recepción y corrió nuevamente a urgencias. Tenía que saber si el médico ya tenía noticias de Pierre.
Poco a poco, comenzaba a perder la calma.

Odiaba los hospitales y el olor característico que había en el sitio. Así le vendaran los ojos y lo llevaran a ciegas, sabría que estaba en un hospital sólo por ese olor tan horrible.
¿Algo más que le dé repulsión aparte de aquello? Claro, la sangre.

No soportaba ver ni oler sangre, aunque posiblemente era mas tolerable que su fobia al mar, pero aún así, no podía estar mucho tiempo sin desesperarse.

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Caminaban por aquel extenso jardín posterior que poseía la gran mansión.
Adeline y Krest charlaban tranquilamente de todo lo que pudieran para ponerse al día después de haberse reencontrado nuevamente, luego de tanto tiempo.

La realidad era que tanto la mujer como el abogado, estaban encantados con el otro y todo entre los dos se daba naturalmente, pero Krest le ocultaba algo y sabía que en algún momento debía decírselo.
Aunque las posibilidades de que la bella Adeline creyera que todo era una locura inventada por él o peor aún, que lo creyera loco por alucinar cosas, era lo que lo tenía nervioso: claro que estamos hablando de la verdadera edad y el pasado del normando.

— Así que viniste aquí por trabajo nada más, pero ¿piensas volver a Normandía? Creo que es un hermoso lugar para vivir.

— Pues, de hecho lo es. Aún conservo una propiedad cerca de las montañas, pero la verdad, es que sólo lo haría el día que deje de trabajar.

— Krest... ¿has pensado en volver a casarte? Digo, tu hijo ya es prácticamente un adulto, y tú aún eres joven.

Y estaba pasando. El abogado se quedó con la mirada al frente y sin poder seguir viéndola.
Lo sabía, sabía que el momento de decirle la verdad estaba prácticamente frente a él.

Suspiró algo angustiado y agachó la cabeza, le diría la verdad y que el destino se ocupara, deapués de todo, que era lo peor que podría pasar? Si no le creía, simplemente quedaría como un delirante, mitómano(*) tal vez.. y si le creía pues... lo único que se le ocurría era que la mujer lo mandara al diablo, después de todo, él tenía casi 80 años y era justo para ella, saber aquel dato.

Sin embargo sus conjeturas mentales, lo dejaron sin habla una vez más, hasta que escuchó la dulce voz de la pelirroja nuevamente.

— Yo... lamento haberte importunado con mi pregunta, no quise que te sintieras incómodo. No tienes que responderme claro está.

—¿De que habla?, claro que no me importuna en absoluto, es que sólo me ha hecho pensar, es todo..._"

—Krest dime, ¿hace cuanto nos conocemos?

— Harán 4 años esta primavera.

—¿Y porqué me tratas de usted aún? ¿Acaso ya no hay suficiente confianza entre ambos?

Krest la observa algo sorprendido. Era osada no habia dudas, y también sabía preguntar correctamente.

— Claro que la hay. Es sólo que, bueno lo hago por respeto y educación mas que nada y...

La mujer sonríe. El rostro del hombre y los gestos al tratar de explicarle le parecieron tiernos, hasta que el apuesto normando de cabellera negra y ojos verdes le soltó una frase que ella realmente no esperaba, aunque muy en el fondo de su ser, deseaba oir.

— Además, me importa mucho que impresión tienes de mí. Tú me importas, Adeline.

Ella lo besó. Tomó su rostro con ambas manos y simplemente lo besó. Sin preguntas, sin explicaciones, sólo lo hizo.
Poco a poco, sus manos abandonaron el rostro de Krest, para liar su cuello con ambos brazos.
Él estaba en completo shock, lo que hizo que ella se apartara y le hablara nuevamente.

— Mon dieu, ¿que te ocurre? ¿Acaso te quedarás sin hacer nada?—Le dijo casi ronroneando.

Fué el empujón que necesitaba. Después de que ella terminó de decir aquello; Krest le asió de la cintura con ambas manos y la apegó a su cuerpo lo más que pudo, y esta vez, fué él quien la besó.

Ella le recorrió el pecho con ambas manos, separando las solapas de la casaca gamuzada y él le recorrió la espalda, repartiendo suaves caricias, acompañando el beso lento y moderado que ambos compartían.

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Corrió nuevamente donde estaba el secretario de su padre, en el ala de urgencias.
La última vez que lo vió hace tan solo media hora, Pierre ni siquiera podía respirar sin agitarse.

Se sentó en una de las bancas del pasillo y aguardó. Estaba más nervioso incluso que la vez que iba a rendir su exámen introductorio.
Observó su reloj de pulsera una vez más, estaban por dar las 12 de la noche en Paris, su padre estaba de vacaciones, y encima al dia siguiente era domigo. ¿¡Que mierda estaría haciendo que no respodía el puto teléfono!?.

No se figuraba en que andaba su padre en esos momentos, pero sí le inquietó aún más que Krest no diera señales aquella noche.
Estaba vagando por esos pensamientos, cuando el médico que estaba atendiendo a Pierre, por fin salió de la habitación.

—¿¡Y doctor!?¿Como esta mi amigo? ¿que es lo que le pasó?¿¡que tiene!?

— Tranquilícese, joven. Su amigo está bien. Lo trajo a tiempo y pudimos estabilizarlo.

—¿Que fue lo que...?

— El señor Enri es alérgico a las almendras.

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(*) Mitómano/a: es una persona que tiene una tendencia patológica a mentir, inventar historias y crear mitos sobre sí mismo o sobre eventos, a menudo para llamar la atención, obtener beneficios o sentirse importante.

Chapter Text

Se sentía terrible ante tal noticia. No sabía que Pierre padecia aquella condición y él ordenó un postre repleto de almendras sólo porque le fascinaban y ni siquiera reparó en preguntarle a aquel hombre si estaba de acuerdo.

Se desesperó aún más, pues recordó el estado en el que había llegado el secretario de su padre, al hospital.

— ¡¡Yo lo siento tanto!! Es que el jamás me dijo que era alérgico y ...

—Tranquilícese, joven. Al parecer el señor Enri tampoco lo sabía.

—¿Qué dice? ¿¡Como que él tampoco lo sabía!?

—Así es, de hecho este tipo de alergias puede manifestarse en la adultez. En especial porque el sistema inmunológico, cambia cuando llegamos a adultos. Eso es lo que sucedió con el sr. Enri, pero por fortuna ya está mucho mejor.

—¿Eso quiere decir que ya estará bien para irnos?.

—Me temo que no. Si bien está estable y va en mejoría, preferiría tenerlo en observación por unos cuantos días para asegurarnos que no sufra efectos secundarios o sus síntomas se agraven.

— Entiendo.

Dégel relajó su semblante, aunque se notaba que en el fondo, aún estaba preocupado por Pierre.

—Ten. Necesito que vayas a la farmacia por estos medicamentos para el sr. Enri.

El médico le extiende una lista con algunas anotaciones y Dégel la lee atentamente. Debía ir lo mas pronto posible por aquello, para que su acompañante se recuperara lo mas pronto posible.

— Hay una farmacia a unas 7 cuadras de aquí, sólo debes llegar a la plaza principal y de ahí, debes caminar unos 50 mts a la derecha y encontrarás el lugar.

El joven francés asintió, saliendo apresuradamente para llegar antes de que el lugar cerrara sus puertas.

Corrió lo más que pudo en la dirección indicada, mientras sacó de su bolsillo aquel papel para asecurarse de no perderlo, mientras lo leyó rápidamente, una vez mas.

—¡Oye, espera!

Dégel oyó tras de sí, una voz familiar seguida de una bocina y se detuvo para voltear a ver de quien se trataba.

— Hola de nuevo. ¿Dégel cierto? Dudé por unos instantes que fueras tú, pero el color de tu cabello es inconfundible.

Dégel lo observó acomodándose los lentes. Estaba algo sorprendido de que aquel griego lo haya recordado, pese a haberlo visto tan sólo una vez.

— K-Kardia...?

— El mismo. ¿Oye que sucede? Te vez algo preocupado. ¿A dónde ibas con tanta prisa?.

—Yo... necesito ir a la farmacia por algunos medicamentos.

—¿Estas enfermo?

—No, no son para mi, sino para mi amigo. Al parecer era alérgico a las almendras y yo le pedí un postre repleto de ellas. Ahora si me disculpas, debo ir por esto que me pidió el médico.

— Sube, te llevaré. Llegarás más rápido.

El joven dudó unos instantes, pues no conocía a Kardia realmente, pero la necesidad apremiaba y quería en verdad, ayudar a su amigo.

— Esta bien, vamos.

Kardia le sonrió amablemente.

— Sujétate. Iré lo mas rápido que pueda, pronto será la hora de cerrar y si no nos apuramos, no podrás conseguir lo que necesitas.

Dégel entendió aquello y subió a la motocicleta rápidamente.
Cuando Kardia aceleró, el francés se prendió de su cintura reafirmando su agarre y escondió su rostro en la espalda del griego, provocándole al otro, una sonrisa pícara, al ver que aquel joven no estaba muy cómodo con la velocidad.

Una vez que llegaron, Dégel descendió rápidamente de la motocicleta y entró a comprar aquello que necesitaba.
Cuando todo tuvo todo en mano, pagó y salió nuevamente de aquel sitio para regresar al hospital.

Al salir, se sorprendió de que Kardia aún estaba apostado allí, esperándolo.

— No era necesario que aguardaras aquí. Yo puedo ir sólo al hospital.

—¿No habíamos quedado en que sería mas rápido si yo te llevo? Anda, sube.

— Pero... yo puedo ir solo desde aquí, no hace falta.

Kardia le sonríe y lo toma de la muñeca, jalándolo hacia la motocicleta.

— Te dije que subas, no te lo estoy preguntando. Además, ¿a qué le temes? Si quisiera secuestrarte ya lo hubiera hecho, ¿no te parece?. Ya móntate y vámonos a que el médico le dé esas medicinas a tu amigo.

Dégel obedece. Aquella personalidad tan decidida de Kardia, lo abrumó por unos instantes.
Prefirió no llevarle la contraria, ya que aquel griego, parecía estar dispuesto a ayudarle.

Al llegar nuevamente al hospital, el joven francés repite su comportamiento y baja a toda prisa de la motocicleta para entrar al edificio, pero ésta vez, Kardia lo detiene de la muñeca.

— Espera, te acompaño.

Dégel se suelta del agarre inmediatamente y lo observa con ojos desafiantes.

— Te dije que no es necesario que me acompañes a todas partes y...

— Listo, ya aseguré la motocicleta. Entremos a ver a tu amigo.

—¿¡Qué!?... pero...

— Anda, apresurémonos.

Kardia lo asió nuevamente de la muñeca y lo jaló hasta la entrada del nosocomio.
Dégel lo miraba atónito, aquel hombre parecía no oír nada de lo que él le decía y en cambio, hacía lo que le daba la gana.

Entró nuevamente y se dirigió al ala de recuperación, con todo lo que había comprado y entró a la sala donde descansaba Pierre.
Kardia quedó en recepción, observando de reojo a la enfermera que estaba ocupada viendo algunas planilla y en cuanto ésta se volteó, salió disparado hacia el pasillo donde había visto dirigirse al francés.

Dentro se la sala , Dégel, Pierre y el Médico conversaban.

— Con estos analgésicos será suficiente. ¿Como se siente sr. Enri?

—Mucho mejor, gracias.

—Será mejor que me quede contigo, no quiero que nada malo te suceda si me ausento.

— No, no y no. No permitiré que arruine sus vacaciones por mi culpa, joven Dégel. Vaya y descanse y luego de la excursión de mañana, venga a verme.

— No lo sé, Pierre. ¿Como sabré si no te ocurre algo peor? No estaré tranquilo.

— Puede estarlo, joven. El sr. Enri estará bien mientras no coma almendras, nueces o pistachos, así que no hay nada de que preocuparse.

Con los dichos finales del médico, Dégel se convence medianamente de que puede dejar sólo a Pierre.
Sin embargo, aprovecharía la mañana siguiente para hablar muy seriamente con su padre, por no responder el teléfono cuando debía hacerlo.

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Adeline y Krest estaban creando un propio universo para ambos.
Los besos entre los dos, pronto escalaron otro nivel y el fresco del rocío era incapaz de apaciguarlos.

La mujer tomó una de las manos del abogado y la dirigió hacia uno de sus muslos que hábilmente dejó al descubierto, subiendo la falda de su vestido.
Antes de que la mente de Krest se enajenara por completo, él la apartó suavemente, provocando una mirada de desconcierto en ella.

— Esto, está mal... yo no debería...

—Krest, mírame. ¿Que te sucede?, te recuerdo que no tengo 20 años.

— Lo sé, es sólo que, no es correcto, Adeline, eres una dama y mi comportamiento no debe ser este. Tu honor y...

— ¿Mi honor... en serio? Ven, vamos a la pérgola.

Le tomó de la mano, y acomodó la falda de su hermoso vestido entallado, mientras caminaba.
Krest la observó al rostro para verificar si estaba molesta por haber interrumpido aquel momento que ella parecía disfrutar tanto como él.
Una vez que llegaron a aquella parte del jardín , ambos tomaron asiento en una banca que estaba en medio.

— Dos cuestiones antes de que me expliques que pasa contigo Krest.
La primera, hago lo que me dé la gana, ni mi padre, ni mi madre tienen por qué saber o por qué meter sus narices en mi vida y en mis decisiones y la segunda, ya estoy lo suficientemente grande como para entender que es correcto y que no y créeme que no me parece que estemos haciendo nada indebido.
Ahora dime, ¿que es lo que pasa contigo? ¿Acaso no te gusto o ...hay alguien ...mas?

Krest se quedó mudo. Si a él le faltaba determinación para tomar decisiones, aquella mujer la tenía por los dos.

—No es nada de eso.

— Entonces deja de tratarme como una niña porque no lo soy.

— Adeline, no me malinterpretes pero...

—¿Que estás ocultándome, Krest?

El abogado esta vez si se turbó. Vamos, desde el comienzo tenía la idea de que debía decirle la verdad a la mujer, que si quería estar con él, debía enterarse al menos que le sacaba unos 40 años de diferencia.

— Tienes razón, si tengo algo que decirte y es justo que lo sepas.

— Lo sabía, ¿hay alguien más verdad? Perdóname por abordarte tan atrevidamente, es que Leopold me aseguró que tú...

— ¿¡L-Leopold!?

" ¡¡Ay yo mato a ese perro!!"

La mujer pareció darse cuenta del error y se tapó la boca con las manos, pero Krest continuó con su explicación.

— Mírame, Adeline. Te juro por mi vida que no hay nadie más que tú. En mi mente sólo caben palabras y pensamientos bonitos dedicados a ti.

— ¿Pero y entonces? ¿Que te detiene a expresarte y demostrármelo?¿Acaso aún no es suficiente todo el tiempo que llevamos viéndonos y hablando?

" Mon dieu, se esta poniendo muy difícil"

Krest se toma el puente de la nariz y respira profundo.

—No eres tú el problema, sino yo. Escucha con atención: soy un veterano de la Segunda Guerra. Serví a las fuerzas especiales y el servicio secreto francés cuando tenía 23 años

Adeline lo mira algo confundida. No entiende cual es el problema y no parece captar lo que el abogado trata de decirle.

—¿Y eso te impide, estar conmigo?

— No me lo impide pero... ¿si sacaste la cuenta?

— Ilumíname, porque no quiero ser grosera contigo. Y para serte sincera, no te entiendo una mier...

— Han pasado 54 años desde que terminó la Guerra. Tenía 23 en ese entonces. Si sumas ambos años...

— 77.

Krest asiente y la mirada de la mujer pareció perderse y su rostro se desencajó, luego, comenzó a reír a carcajadas.

— Ya...jjjajajjj buena broma, tú con 77 años.
Krest ya estuvo bien dime si hay alguien más y lo entenderé.

— No es broma.

— ¿Me crees estúpida? ¡¡Mírate!! ¿No crees que si tuvieras esa edad, tendrías al menos algún surco como los miles que lleva mi padre en su rostro? Te ves como yo, e incluso pareces mas joven ¡¡Deja de jugar conmigo y dime que te ocurre mon dieu!!, ya estoy hartándome de todo esto.

— No te creo una estúpida ni estoy jugando contigo. Simplemente creí que debías saberlo porque és la verdad, y te demostraré que no miento.

Krest sacó de su bolsillo la cajita que anteriormente había tomado de su escritorio antes de salir de su casa y se la pone en las manos a Adeline.

—¿Q-que...es esto?

— ábrelo.

La mujer abrió lentamente aquella cajita y lo que vió dentro la dejó realmente sorprendida.
En ella habían 4 condecoraciones con el nombre de Krest grabado en ellas y el año en que fueron otorgadas: todas en 1945.

Ella las tomó una a una mientras recorría los relieves de aquellas insignias con la yema de sus dedos.

— Cuando los soldados norteamericanos desembarcaron en las playas de Normandia, el fuego cruzado alcanzó a 35 de ellos.
Logré salvar a 10 con mi equipo. Luego de ese día, me reuní con el alto mando soviético y entramos en Berlín, poniendo fin a la guerra. Fué así como las conseguí.

— Krest...yo...no se que decir, lamento no haberte creído yo...¿como es que conservas tu juventud entonces?

— Esa es otra historia. Veras yo...

En ese instante, el reloj comenzó a dar las campanadas de la media noche poniendo en alerta a Adeline, quien había recordado que su padre haría un anuncio importante, el cual involucraba a Krest.

— Ya luego me contarás esa historia. Tenemos que regresar a la cena.

— Pensé que no te importaban tus padres.

— Si pero ahora es distinto, no se trata de mí. Vamos.

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Dégel salió de la sala en cuanto recibió la noticia de que su amigo estaba recuperándose favorablemente, aunque ahora, por alguna extraña razón, era su padre quien inundaba sus pensamientos.

Caminaba distraído por el pasillo, hasta que cierto griego lo abordó.

—¿¡Que tal está tu amigo!?

—¡¡Ahhhh, por un demonio!!¡¡Casi me matas del susto!! ¿Que rayos haces aquí? ¿No te dije que no era necesario que me acompañaras?

— Aún así, quise hacerlo. ¿Y dime como está Pierre o como se llame?

— Se llama Pierre y está bien. El médico dice que no es necesario que me quede aquí, así que iré al hotel a ver si puedo comunicarme con mi padre.

— Olvida el hotel. Vamos a dar una vuelta mejor, así olvidas el mal rato.

Dégel lo observó caminar por delante como esperando que él lo siguiera. Kardia se percató que el francés se quedó en su sitio inmóvil y se volteó hacia él.
Lo miro sonriendo y se regresó hasta estar frente a Dégel.

—¿Aún crees que soy un potencial secuestrador de turistas?

— No ... es que, bueno no pareces escuchar cuando te hablo. Dije que volveré al hotel y...

— Y yo dije que daremos un paseo. Ven, luego te dejaré descansar.

Kardia lo asió de la muñeca y prácticamente lo sacó a los jalones del lugar.

— Kardia... ¿porqué haces todo esto?

— No lo sé, porque me agradas, supongo.

— Te ...agrado?

— Si, eso creo. ¿Y bien a donde quieres ir? Yo te llevaría al muelle o a la playa...

—¡No!

— Ok, no. ¿Que tal al mirador?

— Si no está muy alejado...

— Te prometo que no, sólo está a unos minutos.

Al fin parecía que el griego lograba convencer a su nuevo amigo de dar un paseo.
Encendió la motocicleta y esperó a que Dégel se montara en ella.

— Ah y no te preocupes, no tienes que prenderte tan fuerte de mí, prometo no ir rápido esta vez.—le dice sonriéndole por el retrovisor a lo que Dégel se sonroja violentamente, provocando las carcajadas de Kardia.

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Chapter Text

Pasearon un rato por las callecitas adoquinadas antes de ir al mirador.
El mismo se encontraba justo encima de la acrópolis, tomando la carretera que salía de la ciudad.

Kardia no le había mentido, después de todo, sólo estaba a unos pocos minutos del hotel.
Al aparcar la motocicleta, ambos se dirigieron al barandal que los separaba del precipicio, para admirar las luces de la hermosa ciudad.

—¿Ya estás mas tranquilo?

Dégel desvió su mirada de aquella imponente vista, para observar a aquel griego que, prácticamente, lo había obligado a acompañarle.

— Estoy bien, te lo dije al salir del hospital.

— No es lo que te pregunté. Estabas sumamente nervioso cuando te dije para ir al muelle y...

— No quiero hablar de eso.

El francés vuelve a desviar la mirada hacia el frente, rompiendo contacto visual con el griego.
Kardia levanta una de sus cejas en señal de desconcierto, al parecer algo alteraba a su nuevo amigo y él aún no podía adivinar que era.

— Oye, te llevaré de regreso, ¿está bien?

—¿Tan pronto?

Las lágrimas en el rostro de Dégel comenzaron a brotar poco a poco, lo que hizo suponer a Kardia, que algo andaba mal.

—¡¡ Si, hey!! ¿¡Porque lloras!?, por Zeus, lo siento ¿sí? Ya no te obligaré a venir conmigo si no quieres, pero deja de llorar.

—No es por tí que estoy así, aunque no entiendo porqué intentas ayudarme a pesar de mis negativas.

— Ya te respondí eso.

— Si, me dijiste que es porque crees que te agrado. ¿Como es posible si tan sólo nos hemos visto una vez?

Kardia se acercó lentamente al otro joven. Dégel parecía afectado por alguna cosa y él, iba averiguar que era.

— Mira, te diré algo. No es necesario que yo conozca a alguien a la perfección para querer ayudar, y creo que tú hubieras hecho lo mismo, ¿o me equivoco?

— Tal vez hubiera querido, pero no se si hubiera podido...

—¿Que te aflige, Dégel? ¿A que le temes?

Aquella pregunta fué justo a dar en el punto central del problema.

— Le temo...a varias cosas y detesto muchas otras. Pero ahora mismo, le tengo fobia al mar y lloro porque me frustra no poder siquiera estar a la orilla.
¡¡Odio ser tan cobarde!!

— Todos le tenemos miedo a alguna cosa, Dégel. No eres el único.

— Tú no pareces temerle a alguna cosa.

— Hmm, que no lo parezca no significa que realmente no tenga miedos ocultos.

— ¿Tu... a que le temes?

El griego piensa unos minutos y agacha la cabeza como analizando seriamente la respuesta que dará.

— A la soledad... tengo miedo de quedarme sólo en ésta vida. Ese es mi mayor miedo, aunque también le temo a no tener la posibilidad de experimentar amor.

— ¿Experimentar...amor?

— Si ya sabes, querer a alguien de manera incondicional y que esa persona sienta lo mismo por ti. Sólo espero poder hallar a alguien así.

Dégel piensa unos instantes en aquellas palabras. Le parecían una contradicción viniendo de aquel griego que parecía movido por el impulso y la autodeterminación, sin reglas y de espíritu libre.

— No pensé que tuvieras sentimientos tan profundos en cuanto al ...amor.

Kardia lo mira de reojo y sonríe, para luego voltearse a verlo directamente.

—¿Y que pensabas? ¿Cuál fué tu impresión de mí, además de creerme un potencial secuestrador?

— Ya no digas eso. Jamás pensé que harias eso. Es sólo que...

— Te cuesta confiar en los demás.

— Si, eso me temo.

— Bueno tal parece que también le temes a lo que no conoces. Tengo curiosidad, tu miedo al mar ¿también implica miedo a navegar?

—¡¡Ni loco subiría a ningún barco jamás!!

—¡¡Ya, ya entendí!! No insistiré mas con el tema. Sólo dime, si es que quieres claro, ¿como es que le tienes miedo al mar?

Dégel toma asiento en una banca que dá de frente al mirador y Kardia lo imita, sentándose a su lado.
El francés mira al frente y suspira acomodándose los lentes.

— Sucedió cuando era un niño. Jugaba con un balón en el patio de mi casa. Recuerdo que le pegué un pintapié bastante fuerte, pero, como era muy pequeño, no le dí de lleno al balón y mi pierna quedó encima, lo pisé accidentalmente, resbalé y caí dentro de la piscina.
Me sentí morir. Recuerdo que me hundía a mucha velocidad, quería gritar pero cuando lo intenté, el agua invadió mi boca.

— Dioses... ¿que edad tenías?

— Tan sólo 4 años. Aún después de tanto tiempo, no lo he olvidado, y si no fuera por Pierre que justo me vió caer, no estaría hoy hablando contigo.

— Eras muy pequeño para estar sólo en el jardín ¿que no había nadie contigo? El día que tenga un hijo, jamás lo expondré a tales peligros.

Dégel bajó la mirada ante los dichos de Kardia.
No estaba sólo ese día, sino que recordaba perfectamente que su madre estaba al borde de la piscina hablando con sus amigas y lo que menos hizo fué cuidarlo.

El griego se dió cuenta que Dégel de pronto se quedó callado y nuevamente se disculpó.

— No debí decir eso, perdóname. Pero es que me dá mucha ira el sólo imaginar que hubiera ocurrido si ese amigo tuyo no te veía caer. Ahora entiendo porque lo aprecias.

— Ya no importa. Pasó hace años, pero aún así no le pierdo el miedo ni al mar ni al océano, y ni hablar de navegar.

— Conmigo lo perderás, ya verás que sí.

Dégel sonríe. Estaba sucediendo de nuevo y aquel griego no estaba escuchando nada de lo que él le decía.

_________________~•~_________________

Atravesaron el jardín a toda prisa entre que las campanadas aún sonaban.
Adeline tenía muy presente que su padre daría una suerte de discurso en la mitad de la velada, para luego dar paso al baile.

— Espera, no entremos aún. Ayúdame a acomodar mi cabello.

—Adeline, debiste pensar eso antes de salir a...

—¿Besarte?, pff lo dices como si no lo hubieras disfrutado.

— Oye, yo no dije...

— Estoy lista. Ven, entremos.

Krest no podía del todo con la osadía de la pelirroja, tampoco podía negar que su carácter tan decidido y directo le encantaban a tal punto de que se sentía un adolescente a su lado.

Fué lo que le atrajo de ella en primer lugar; ahora que lo recordaba, la tendencia de Adeline a romper las reglas era lo que él admiraba.

Algo que en la mente de Krest era incorrecto, en la mente de Adeline parecía perder ese juicio de valor. La mujer le había dejado muy en claro que si ambos lo disfrutaban, eso simplemente era lo correcto.

Ingresaron nuevamente al gran salón y tomaron asiento junto a Leopold quien los interceptó con la mirada hasta que ambos se ubicaron.

Aquel ingreso tampoco pasó desapercibido por Gerard Dupont, quién aún después de que la pareja se acomodó en la mesa nuevamente, no le quitaba la mirada de encima.

— Su atención por favor. Antes de continuar con esta maravillosa velada en vuestra compañía, tengo el agrado de hacer dos anuncios muy importantes. Leopold, Krest por favor acérquense.

Adeline les sonrió a ambos y cruzó una mirada de complicidad con Leopold, recordando lo que habían hablado con anterioridad, justo cuando Krest los había dejado a solas.

___________

Tenemos en mente a la misma persona, tal vez?

Puede ser Mademoiselle, de hecho iba a recomendarle al duque los servicios jurídicos de mi amigo, si usted esta de acuerdo, claramente.

Jaja, Ay no puedo creerlo, si pensamos lo mismo. Antes de salir de casa, le recomendé a papá que considere a Krest para el puesto, y me lo confirmó antes de llegar.

Tal parece que alguien se llevará una gran sorpresa.

Eso espero, Leopold, eso espero.

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— Como todos sabrán, monsieur Leopold Moreau ha sido el asesor jurídico de la familia von Bayern por muchos años, pero desgraciadamente, le ha surgido un imprevisto del cuál no puede liberarse a corto plazo, por lo que, lastimosamente deberá dejar su puesto para atender tal urgencia.

Mientras el Duque hablaba, todos oían atentamente. Krest y Leopold observaban a su alrededor a los invitados, y sólo hasta que estuvieron en el centeo del salón, se percataron que la mayoría de ellos, eran jurístas muy prestigiosos y letrados reconocidos en toda Francia.
Sin duda estaban allí por la vacante antes mencionada.

— Por lo tanto, los he invitado a esta cena para decidir quien ocupará el puesto vacante, basándome en la calidad de sus estudios, alma mater y conocimientos, como así también en su intachabilidad y prestigio.
He decidido que el Dr. Krest Garnier, quien es catedrático en la reconocida Universidad de Derecho de París, es el indicado para ocupar el puesto como mi nuevo asesor legal a partir de hoy.

Leopold le sonreía y fué a abrazarle mientras el resto aplaudía la decisión del duque.
A Gerard Dupont se le caía la mandíbula del asombro, luego de que una ira inconmensurable invadió su ser por completo, y más cuando vió que la bella Adeline se volteó a verlo con una sonrisa burlona.

" Maldita hija de puta".

Sabía que la mujer estaba detrás de todo y que había persuadido a su padre en aquella decisión. Sin pensarlo demasiado, tomó su maletín y salió de aquel sitio antes de ser humillado nuevamente.

— Muy bien, dado este anuncio, el otro anuncio es el inicio del baile de media noche, ¡¡que disfruten la velada!!

Krest aún estaba atontado por la noticia, hace unas semanas fué ascendido en la universidad y ahora le daban el puesto de asesor de un Duque, se sentía volar. Todo aquello le parecía irreal.

— Felicidades, monsieur.

Pero por supuesto, nada de eso se comparaba con los dulces besos y la hermosa voz de la mujer parada frente a él.
Adeline le sonrió y él olvidó todo lo demás.

—¿ Bailamos, Dr. Garnier?

— Oui mademoiselle, será un honor para mi estar a su lado esta noche.

— ¿Monsieur Garnier?— Lo llamó el Duque Lord Sirius.

—¿Oui?

— Luego del baile necesito reunirme con usted y monsieur Moreau en mi despacho, tengo que hablar de algo más con ambos.

El duque al parecer, tenía mas anuncios que dar, pero eso ya no les concernía a los invitados.

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— ¿Y entonces, eres de... Normandía ¿es asi?, ¿que te trajo tan lejos?

— Pensé que un mes lejos de mi padre me vendrían bien, supongo.

Kardia ríe, tal parece que no era el único con esa idea loca de tener a su padre lejos, aunque Zaphiri no lo hostigaba, tampoco era que podía hacer lo que le diera la gana.

—¿Por que te ríes?.—Preguntó el francés.

— Es que parece que tuvimos la misma idea.

—¿Ah si? ¿También estás de vacaciones lejos de tu padre?

— No de vacaciones precisamente, pero si. Mis padres son algo estresantes cuando están juntos, así que decidí alejarme por mi "paz mental" digamos...

—¿O sea que tampoco eres de aquí?

— Pues no. Es decir, si soy griego pero no de Atenas. Yo nací en la ciudad de Meteora.

Al oir aquello a Dégel se le iluminaron los ojos, tenía ese destino en el tour, pero fué cancelado dos días antes por la empresa de viajes.

— Es el sitio famoso por los monasterios en las mesetas y la gran altura en la que se encuentran.

— Jaja, si así es.

— Asi que también decidiste alejarte de todo.

— En parte. Pero no estoy de vacaciones, de hecho debo rendir un exámen en 48 hs.

—¿¡Que!? ¿¡Y como es que estás aquí y no vas a estudiar!?

— Por que mi amigo necesitaba ¿distraerse?, además no es la gran cosa. Sólo debo mantener el buque estable durante la prueba y ya.

Dégel lo mira desconcertado.

—¿Es un examen de ...navegación? Es que si lo apruebo, seré oficialmente, capitán. El máximo rango que pueda llegar a obtener.— dice orgulloso.

— Pues, con mas razón deberías estar preocupado pero decides relajarte de más aqui, no entiendo como puedes estar tranquilo.

— Es la clave para rendir este tipo de pruebas, si o si debes estar tranquilo... dime Dégel, ¿tu ya estás mas tranquilo?

— Si, yo... lamento las molestias que te ocasioné y te pido disculpas por haber sido algo grosero cuando intentabas ayudarme.

— No te preocupes. Ven, ya es de madrugada y yo debo volver al acuartelamiento o no me dejarán salir mañana. Te llevaré de regreso.

Dégel asiente y ambos vuelven a subir a la motocicleta, regresando al casco céntrico de la ciudad.

—¡¡Ah carajo!!

—¿Que sucede, Kardia? ¿Está todo bien?

— Si, es sólo que, no ví el combustible y el tanque está casi vacío. Si no lo lleno, no llegaremos ni al hotel siquiera y menos llegaré yo al cuartel.

— Pues vamos a llenarlo. Hay una estación de combustible cerca de aquí, si mal no recuerdo.

— Si, estamos a cinco cuadras. Que tonto imprevisto.

Luego de un rato, ambos llegan a la estación, Kardia baja y destapa el tanque para llenarlo. Programa la máquina y luego se dirige a Dégel.

— ¿No te importa quedarte un momento aquí? Yo entraré a pagar por el combustible y nos iremos.

— Claro, anda. Yo me quedo con la moto.

Kardia le sonríe y se dirige rápidamente a la caja para pagar, cuando alguien más, aborda a Dégel.

— Vaya, Doukas si que sabe elegir bien a sus víctimas...

Dégel, que estaba de espaldas al hombre que hablaba, se giró rápidamente sobre sus pies, quedándo frente a él.

— Aunque debo admitir que no estás nada mal. ¿Pero que haces con Kardia? Deberías venir con nosotros, la pasarás mejor ¿no es así, chicos?

Los tres hombres que acompañaban al sujeto, sonrieron con lascivia. Luego, de un salto, el hombre asió a Dégel de la muñeca para atraerlo hacia su grupo de amigos, justo en el instante en que Kardia regresaba.

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Chapter Text

— Caballeros, bienvenidos nuevamente, siéntense y pónganse cómodos.

Ambos hombres hacen una reverencia a Lord Syrius von Bayern, duque de Baviera.
Krest y Leopold echan un vistazo rápido al despacho tan ostentoso de aquella figura importante de la política.

— Monsieur, con todo respeto, ¿ocurrió algo malo que nos mandó a llamar?

— Para nada mi buen amigo, no se preocupen. Sólo necesito que tu fiemes tu renuncia para que Krest pueda asumir legítimamente el cargo que dejarás vacante.

— Comprendemos, monsieur.

El duque saca unas formas que ambos leen con detenimiento. Luego de un rato, los dos amigos firman aquellos documentos.

— Eso es todo, pueden retirarse. Ah , usted no monsieur Krest, aún hay algo más que debemos hablar.

Krest se frena en sus pasos y Leopold se despide de ambos, haciendo una reverencia y sonriéndole a su amigo, recordándo la conversación que tuvo en la cena con mademoiselle Adeline.

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Jaja, así que si estás interesada en él ¡¡no puedo creerlo!!

—¡¡Shh!! Pues sí. Pero él no parece notarlo, ya se me ocurrirá alguna cosa.

Pues ya quisiera ver que es lo que se te ocurre, ese Krest es bien hermético.

Ya le dije a mi padre, ahora depende de mí.

¡¡Mon dieu!! ¿Le dijiste al duque que te interesa Krest?

No exactamente. le dije que él estaba interesado en mí.

Ahora confirmo que alguien se va a llevar mas de una gran gran sorpresa esta noche.

Jaja Oui, monsieur.

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— Dígame, Monsieur Syrius. Soy todo oídos.

El duque se quita los lentes y se pone de pié, justo frente a él, sonriéndole de lado.

— Es bien sabido que usted y mi hija Adeline son buenos amigos de hace mucho tiempo, eso no es un secreto para nadie.

Krest lo mira sin comprender del todo, pero tal parece que el tema de conversación, será la bella pelirroja.

— Así es, llevamos un buen tiempo de conocernos.

— Sin embargo, ha llegado a mis oídos que estás interesado en cortejar a mi hija.

A Krest por supuesto que casi se le fué el alma del cuerpo. Su piel pálida naturalmente, se volvió casi transparente y de momento no perdió el habla pero su tartamudez, que solía aparecer cuando estaba sumamente nervioso, se hizo presente.

— Yo-yo... s-señor...

— Jaja, tranquilo. Fué ella quien me lo dijo.

— ¿C-cómo...dice? ¿Por qué ella...?

— Quería saber mi opinión al respecto y creo que no podía esperar más hasta que tú me lo dijeras, así que ella me lo comunicó.

— Ehh... yo no se que decir... esto me ha tomado por...sorpresa... yo

— No te preocupes, Krest. De todos modos, Adeline ya no es una niña y sabes perfectamente que no tengo control sobre ella, por eso no me desagrada la idea de que seas tú quién la pretenda.

—¿U-usted esta de acuerdo en que Adeline y yo estemos juntos?

El duque le sonríe asintiendo, algo que Krest consideraba fuera de este mundo.

— Si, así es. Ahora sólo resta preguntarle a ella si está de acuerdo con todo esto. ¡¡Adeline, entra!!

El abogado sabía perfectamente que la mujer estaba totalmente de acuerdo con aquello; de hecho le había quedado muy claro cuando ambos fueron al jardín y por poco no sucedió algo más.

Cuando la pelirroja entró al despacho, el tiempo pareció detenerse para Krest.
Estaba elegante como siempre, caminaba con paso firme y se la notaba sumamente decidida.

El duque la interrogó y tal y como el normando lo había predicho en su mente, ella aceptó el cortejo sin chistar.

— Pues bien, si el destino así lo dispone, la casa de von Bayern muy pronto celebrará una boda.
Krest, Adi, tienen mi bendicion para comenzar esta nueva etapa juntos.

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Kardia salía de la gasolinera, contaba el remanente del dinero para acomodarlo en su billetera, cuando levantó la vista y vió como Dégel era asido de la muñeca y luchaba por safarse.

—¡Oye, suéltalo inmediatamente!

Corrió hacia donde estaba aquel grupo de hombres.
Dégel, aprovechó la distracción del sujeto que forcejeaba con él, quien volteó a ver a Kardia, y le propinó un golpe de puño con su mano libre que desestabilizó a su captor, haciéndo que caiga al suelo atontado.

—¿¡Dégel, estás bien!?

El joven francés se tomaba de la mano, pues el golpe que le profirió al contrario fué bastante duro.

— S-sí, descuida.

—¿¡Que crees que haces, Julián?!

El hombre se pone de pié como puede con ayuda de sus amigos, ahora tenía a Kardia frente a él, sin embargo no pareció importarle y se limpió la sangre del labio inferior con la manga de su camisa, mientras esbozaba una sonrisa desafiante.

—¿Es tu nueva perra, Kardia? Deberías compartirla con nosotros que se supone somos camaradas, ¿no lo crees? Para afianzar lazos, tu me entiendes.

Los ojos de Julián se posaron con lascivia sobre Dégel, recorriendo su silueta de arriba abajo, lo que provocó que el francés se sienta intimidado y se oculte detrás de Kardia.

— No quiero verte cerca de él otra vez , Julián.
O te juro por Zeus que un labio partido no será nada en comparación de los golpes que yo te daré, estás advertido.

— Vaya, vaya. Que valiente eres Doukas. Estas muy seguro de tí mismo...
Ya veremos como continúa la historia y quien termina humillando a quien... y tú —dijo señalándo a Dégel—, no estarás en compañía de éste todo el tiempo. Ya te encontraré sólo y arreglaremos cuentas.

Terminó de proferir amenazas y se retiró de aquel sitio, seguido de aquellos hombres que lo secundaban, dejando a Kardia lleno de ira y a un Dégel bastante perturbado por aquella situación que le había tocado vivir.

— Es un idiota, sólo alardea. Déjame ver tu mano.

—¿Y que tal si no, Kardia. ¿Que tal si esta hablando en serio?

— Si intenta hacerte daño, lo mataré a golpes. Pero no te preocupes, no volveré a dejarte sólo, ¿está bien?

Dégel asiente.

— Ya vámonos. Te dejaré en el hotel para que puedas descansar y olvidar todo este asunto de mierda.

Ambos se subieron a la motocicleta y Kardia apresuró la marcha para dejar a salvo a su nuevo amigo.

— Llegamos. Descansa, lamento haberte hecho pasar por lo de hace un rato.

— Me gustaría que te quedaras un rato más, pero no quiero que te metas en problemas por mi culpa.

— Me quedaría con gusto, pero me es imposible. Aunque te prometo que te lo compensaré, Dégel.

Dicho eso último, esperó a que el francés ingresara al hotel y sólo cuando vió que por fin estaba fuera de peligro, se marchó rumbo al cuartel.

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— Adeline...— susurró.

Krest la llama y la mujer suavemente detiene sus pasos y se voltea a verlo.

—¿Ocurre algo, monsieur?

— Sabes que ocurre... no hemos terminado de hablar tu y yo. Hay demasiadas cosas que...

La pelirroja lo acalla posando sus dedos en los labios del abogado.

—¿En serio, Krest? ¿Aún quieres hablar de algo más?

—¡¡ Adeline prácticamente nos comprometiste delante de tu padre!!

—¿Me dirás que no te complace...? ya te lo he dicho, no somos niños.

— Ni siquiera me preguntaste si estaba de acuerdo y...

—¿Y acaso no lo estás?

Krest duda unos instantes antes de responder, por supuesto que era lo que más deseaba, pero la forma en la que se sucedieron las cosas, lo tenía algo incómodo.

— Pues, sí. Pero...

— No te quejaste de la misma manera cuando mi padre te dió el puesto de Leopold.

— P-pero no es igual... el puesto es por trabajo y el compromiso, pues...

— Es por amor. ¿Acaso tú no sientes lo mismo que yo?¿acaso no me amas, Krest Garnier?

El hombre se quedó viéndola con sus ojos verdes cristalinos, mientras ella  caminaba lentamente hacia él, tomándole nuevamente de las sopalas de la casaca.

— Dime, Krest...¿acaso no me ...amas?

El rostro de Adeline se acercó peligrosamente, mas no esperó el siguiente movimiento del normando, quien la tomó de la cintura con una mano, y con la otra, la sujetó de la nuca para besarla suave y delicadamente en los labios.

Adeline no se quedó atrás y paseó sus manos sobre el pecho de aquel hombre que tanto ansiaba.
Tener a Krest de esa manera era algo que anhelaba desde hace mucho tiempo y aunque no lo demostraba, Krest estaba en las mismas, si no era peor, que aquella dulce y seductora pelirroja.

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Los días habían transcurrido con normalidad. Ya hacía una semana que  Pierre estaba en el hospital y ese viernes sería su última noche allí.

Dégel salió apresuradamente del hotel para ir a ver a su amigo, Kardia lo esperaba fuera.
Ambos habían forjado una amistad muy fuerte luego de varias salidas y la insistencia del griego por cuidar a aquel francés.

— ¿Estás listo?

— Si, vamos. Mi padre ya está al tanto de todos los gastos.

— Supongo que lo tomó bien, aunque no se porqué lo molestaste con eso si te dije que yo te ayudaría a cubrir los gastos del hospital.

—¿ Porque no es correcto?

— Ya llevamos juntos un buen tiempo y aún te cuesta aceptar mi ayuda.

— Ya me ayudaste demasiado y no quiero abusar de tu buena voluntad, Kardia. Entiende por favor.

— Lo entenderé, pero sólo si vienes a verme navegar en la tarde, de lo contrario me enfadaré contigo, Dégel.

—¿¡Q-que!?¿¡Verte navegar!? P-pero eso es en el muelle y ...

—¿Como irás a mi examen final el lunes si ni siquiera puedes verme practicar? Me prometiste que irías ¿y ahora?

Dégel recordó lo que había prometido. Creyó que Kardia lo olvidaría pero eso no sucedió.
Suspiró profundo pues aún le tenía pavor al mar, no lo había superado en lo absoluto.

— Dioses deja de temblar, no me enfadaré contigo si no vienes, no soy un niño, sólo bromeaba.

Dégel suspiró aliviado.

— Pero...

— ¿Pero que?

— Pero ya es hora de que dejes de tenerle miedo al agua.

— Lo dices como si fuera algo fácil de superar.

Kardia sonrió de lado.
Dégel se figuraba que algo planeaba, pero no se imaginaba qué ideas rondaban la mente de aquel griego.
Decidió no indagar más sobre el asunto, de todos modos, sea lo que sea que Kardia estuviera ideando, pronto se enteraría de que se trataba.

Al llegar al hospital, el joven de ojos violáceos entró rápidamente y se dirigió a la sala donde su amigo aún permanecía en observación.
La mejoría de Pierre era óptima y Dégel se alegró al verlo completamente fuera de peligro.

—Jaja, calma joven Dégel, ya ve que estoy completamente recuperado.

— Oui, pero aún así, estaba muy preocupado por tí.

El joven lloraba de felicidad  abrazando al secretario de su padre con sumo afecto.
A lo lejos, Kardia observaba la escena desde la puerta de la sala, esbozando una leve sonrisa.

El griego sabía por lo que Dégel había pasado aquellos días con su amigo internado, y sabía que la preocupación lo atormentaba.

Pierre se percató de que el joven acompañante de Dégel los veía a lo lejos.

— Veo que ha estado muy bien acompañado en mi ausencia, ¿no es así?

Dégel se separó de él y lo observó con un sonrojo violento en las mejillas.

—¿¡Pero de qué hablas, mon dieu!?

— Hablo de él, joven Dégel. ¿¡Acaso me dirá que no está con él?

El joven francés se volteó y vió al griego levantar su mano para saludarlos.

— Kardia, acércate. Quiero presentarte a Pierre.

El griego obedece y se aproxima hasta quedar junto a su amigo.

— Gusto en conocerlo sr. Pierre. Dégel me ha hablado mucho de usted estos días. Me alegra que ya se encuentre mejor.

— Merci, monsieur. También es un gusto conocerle, Kardia. Gracias por tener entretenido a mi joven amigo estos días.

— Jaja no ha sido muy difícil. Aunque se resiste a relajarse y divertirse como se debe.

Pierre sonríe, conocía muy bien al hijo de su jefe y aquello era cierto. A Dégel le costaba desinhibirse bastante , y más con gente que no era muy familiar para él.

—Y dime Kardia, ¿a donde planean ir cuando terminen su visita?

— Digamos que tengo una sorpresa para Dégel. Pero le prometo que no será nada malo sr. Pierre.

— Confío en que así será.

—¡¡Oigan!! ¿¡por qué hablan como si yo no estuviera aqui!?

— Ya, tranquilo. Sólo le comento que te daré una sorpresa, ¿estás listo para ella?

Pierre no aguantaba la risa al ver la expresion de Dégel. En verdad que le hacía falta una persona intrépida a su lado.
Aquel joven tenía el carácter de su padre, y si era como Krest, sólo necesitaba un empujón para confiar en sí mismo y Kardia le daría ese impulso que necesitaba.

— Pues ya es tarde. Si tienes planeada alguna sorpresa, es mejor que se la des, ¿no crees?

—¡Pierre!

— Tiene razón sr. Pierre. En ese caso lo dejaremos descansar. Vámonos Dégel.

— No, espera... ¿que haces!?

— No se preocupe monsieur Dégel, yo estaré bien. Mañana volveré al hotel y  todo volverá a la normalidad.

Kardia lo sacó de la sala tomándolo del brazo, mientras lo dirigía a la salida.

— Ni siquiera me despedí de él educadamente...

— Nos quería fuera de la sala, ¿que no te das cuenta de las cosas?

El francés lo mira con cara de incomprensión total.

— Y ahora me miras como que no entiendes.

— Pues porque no entiendo... además, ¿cual es esa condenada sorpresa que me tienes, ah?

—¿Curiosidad?

— Algo...

— Te daré la sorpresa, pero sólo con una condición, Dégel.

— ¿Dime, cuál es?

— Que confíes en mí.

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Chapter Text

Lo observaba curioso.
Aquel griego de ojos azules y cabello negro alborotado, sabía sacarle sonrisas de tanto en tanto, aunque también suspiros.
Dégel no entendía bien que le pasaba con Kardia exactamente.
Se sentía bien a su lado, era cierto; pero también era cierto que últimamente, se le hacía muy dificil esperar para verlo al día siguiente.

Odiaba despedirse de él.
Si fuera por el francés, se quedaría junto a Kardia hablando por horas y horas y jamás se cansaría.
Tenía esa sensación con su nuevo amigo, aunque él sabía muy bien que su corazón comenzó a sentir algo más.

No había problema alguno; de hecho ese sentimiento de cercanía y afecto le gustaba, además, las atenciones de Kardia hacia él por querer ayudarlo y protegerlo, lo hacían sentirse querido.

Cuál era el problema entonces?. Kardia... Si, Kardia.
Para Dégel era imposible adivinar siquiera lo que pasaba por la mente de aquel joven aspirante a capitán.

Sus pensamientos lo atormentaban.
El sólo pensar en perder la amistad y el afecto del griego si le confesaba que tal ves él...estaba comenzando a verlo con otros ojos, unos con los que Kardia, posiblemente no estuviere de acuerdo, todo eso le carcomía la cabeza.

Por ahora prefería acallar lo que sentía y disfrutar de la compañía de su "amigo".
Le había dicho que tenía una sorpresa para él, pero la condición había sido que confiara.

¿De qué podría tratarse?

— ¿Bueno, si estas listo?

— Kardia, ¿de que se trata todo esto?. Estás asustándome.

— Ey, te dije que debías confiar. Además si te digo de que se trata, ya no sería una sorpresa ps.

— Está bién... confiaré en tí. Sólo no hagas que me muera, mon dieu.

— Jajajaj, ¡¡que desconfiado eres!! No es peligroso, te lo prometo. Pero no debes ver o arruinarás la sorpresa.

Al decir aquello, Kardia saca un trozo de tela negra del baúl de la motocicleta. Claramente era una venda, y era muy obvio lo que haría con ella.

— Yo....no...creo que sea necesario, verás... con sólo quitarme los lentes ya no veo nada, no necesitas tapar mis ojos y...

— Dégel...¡¡me dijiste que confiarías!!

— Ya, está bien.

— Ok, sube a la moto. Iremos de compras y luego... a la sorpresa. Pero necesitaremos comida.

— Rayos, si que te gusta el misterio...

El francés suspiró y se montó en el vehículo ante la sonrisa satisfecha de Kardia.
Después de todo, ese griego desalineado siempre se salía con la suya y terminaba convenciéndole.

Al llegar al mercado, ambos se bajan de la moto y se dirigen a los puestos para buscar que comer.

— ¿Y exactamente que debemos comprar?

— Lo necesario para un picnic... yo iré por allá y tú por aquel lado. Una vez que consigas manzanas y almendras, regresamos aquí, ¿de acuerdo?.

— ¿Manzanas y almendras?

— Tú solo vé por ellas Dégel, ¡¡y deja de preguntar porque no te diré nada así que no insistas!! Jaja.

El joven de ojos violáceos lo vió alejarse alegremente, él haría lo mismo e iría en busca de aquello que se le encomendó.
Sin embargo, habían olvidado por completo que alguien más estaba molesto con ambos, principalmente con Dégel, por haberlo humillado hacia unas noches en la gasolinera.

El par de amigos pareció olvidar aquel hecho y Kardia, se separó nuevamente del francés.

Los ojos de Julián seguían la silueta agraciada de aquel hermoso joven, mientras éste, iba diatraído observando los puestos en el ágora.

Él ya había puesto su mirada en Dégel aquella noche, y lo deseaba sobremanera.
Quería hacerle daño además, porque el francés lo golpeó en el rostro delante de sus amigos, y quería que Kardia se sintiera culpable por no poder impedir aquello que tenía planeado hacerle.

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Estaba con bastante trabajo esa tarde. Desde que comenzó con el puesto de asesor legal, no había parado de revisar documentos y contrataciones, sin duda el duque era una persona sumamente ocupada y le sería imposible manejar todo aquello sin su ayuda.

— Bonjour, monsieur Garnier. ¿Como ha estado todo por aquí?

— Adi... hola. Que gusto verte, mon amour.

Se levantó inmediatamente de su asiento y fué al encuentro de su ahora prometida, Adeline.
Ambos se fundieron en un abrazo, seguido de un dulce y prolongado beso.

Krest amaba eso de aquella mujer. Simplemente con ir a verlo a su oficina y darle un par de muestras de afecto, era capaz de derretir el corazón del abogado y alegrarle el resto de la mañana.

—¿Krest, has hablado ya con Dégel?

— Si, de hecho, esta mañana hablamos y me comentó que Pierre se recuperó muy bién y que dentro de una semana estarán de regreso...

— Mon amour, me alegro mucho por monsieur Enri, pero no es a lo que me refería. ¿Ya le dijiste a Dégel sobre nosotros?

Krest suspira. No sabía como carajos le diría a Dégel que se iba a casar otra vez, y tampoco sabía como su hijo reaccionaría ante la noticia.

— Adi, escucha. Es preferible que Dégel vuelva y hablemos en persona. Quiero que tenga la oportunidad de conocerte y que ambos convivan al menos antes de darle una noticia como esa.

— ¿Tienes miedo de mí o de él? Digo, no creo que nos llevemos mal, Cher. Deja esos prejuicios de lado.

— No es eso, es sólo que... bueno no quiero que lo tome a mal es todo.

— Confía en mí. Yo haré que Dégel se sienta cómodo con mi presencia, ya verás.

— Si tu lo dices...

— ¿No confías en mi habilidad de persuadir después de todo?

Adeline se echa a reir, pues fué ella quien al final, terminó por convencer al duque que ella y Krest debían estar juntos.

Krest rápidamente la tomó de la cintura nuevamente y la besó para acallar su risa.

— Entonces, ¿nos veremos esta noche otra vez?

— Lo esperaré con ancias monsieur. Véamos con que me sorprende esta vez.

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"Manzanas y almendras, manzanas y almendras"... su mente lo repetía una y otra vez.

" ¿Para que carajo necesita Kardia manzanas y almendras? Encima creo que vine del lado incorrecto del mercado".

Dégel se frustraba con la búsqueda de aquellas simples dos cosas que el griego le había pedido.
Ya había pasado un buen rato que daba vueltas por aquel sitio, buscando algún comercio que vendiera las almendras, pues las manzanas ya las había comprado.

Se alejó un poco más, casi al final de ágora, donde ya nada más quedaban algunos comercios abiertos y la gente no transitaba demasiado.

Tal vez para Dégel aquello se veía más tranquilo; caminar sin la multitud agolpada era un alivio para él, aunque no necesariamente fué una buena idea.

Pasaba por un callejón, para dirigirse a uno de los últimos puestos para ver si encontraba las dichosas almendras cuando alguién lo tomó del brazo violentamente y lo arrastró al callejón.

En el forcejeo, Dégel fué lanzado contra una de las paredes, y en el choque de su cuerpo contra el concreto, sus lentes fueron a parar en algun lugar del suelo, impidiéndole distinguir que era lo que ocurría y quien era el que lo había atacado.

— Nos volvemos a encontrar, tu y yo.

No veía pero reconoció la voz, era la misma persona que lo había abordado en la gasolinera.
Tragó grueso, pues tenía el impedimento de ver, sólo distinguía una silueta frente a él.

— Vaya, nueva perra de Kardia, parece que tienes miedo...Tienes mucha razón en estar nervioso, me vas a pagar el golpe que me diste la otra vez.

Julián le dió un golpe de puño a la altura del estómago, lo cuál hizo que el francés perdiera todo el aire de sus pulmones y cayera de rodillas.

No se lo esperaba, ¡claro que no!... no veía una mierda sin sus lentes. Posiblemente si los hubiera tenido, habría al menos, esquivado el golpe.

Un ataque de tos invadió su garganta, intentó tomar aire y ponerse de pié cuando un puño lo golpeó a la altura de la mandíbula, haciéndole perder el equilibrio.

— Te advertí que te encontraría sólo en algún momento. Kardia no está hoy para defenderte , ¿no es así?

Aprovechando la caída del francés, Julián se subió encima de él.
Dégel pensó lo peor, aquel griego lo golpearía hasta desfigurarlo y no tenía forma de escapar.
Pero estaba equivocado, Julián tenía intenciones más oscuras en la mente.

Lo puso boca arriba para quedar frente a frente y de un sólo tirón, rompió casi por completo la camisa de Dégel.

—¿¡Que rayos crees que haces!? ¡Suéltame!

— No te agites demasiado antes de tiempo, no te había visto detenidamente pero, debo admitir que eres realmente un deleite a la vista.

— ¿¡D-de que ...hablas!?

— Relájate, te haré sentir muy bien.

De pronto, aquel griego comenzó a desabrochar el cinturón de sus pantalones, mientras sujetaba a Dégel del cuello.
Al verlo, el francés comenzó a forcejear para liberarse del agarre y poder tumbarlo, pero lo que se ganó fue otro golpe de puño cerca del oído que lo dejó atontado y semi aturdido.

Hizo lo que pudo para no perder la consciencia, mientras Julián esta vez, le desprendía sus pantalones.

— Para... por favor, detente.

Apenas hablaba cuando aquel hombre le separó las piernas y se puso en medio.
Si Dégel perdía el conocimiento con otro golpe, todo sería pan comido para Julián.

Sacudió su cabeza para quitarse el aturdimiento y fué entonces que vió como su agresor, se preparaba para propinarle otro golpe más en el rostro.
Dégel cerró los ojos. Lo siguiente que pasó, fué que oyó un golpe seco, y al abrir los ojos, el cuerpo de Julián cayó desplomado sobre él.

—¡Dégel, Dégel! Mírame, ¿¡estas bién!?

—¿¡K-Kardia!?... ¡Kardia ayúdame, por favor!

— Tranquilo, estoy aquí. Ven, vámonos.

Kardia lo ayudó a ponerse en pié, lo rodeó por los hombros con su brazo y le cubrió el pecho como pudo, sacándolo de aquel callejón.
Dégel aún estaba en shock, así que el griego simplemente lo sentó sobre la motocicleta y lo sacó rápidamente de allí.

De tanto en tanto lo veía por el retrovisor. Los ojos violáceos de Dégel estaban perdidos en la nada, era obvio que aún estaba procesando el hecho del cual se había salvado hace unos momentos.

Kardia condujo hasta aquel mirador al que lo llevó hace unas semanas, estacionó la motocicleta y le tomó de la mano para ayudarlo a bajar.
El francés se dejó hacer, simplemente no tenía voluntad ni cabeza para nada más.

Hizo que Dégel tomara asiento en la banca y él se sentó a su lado sin emitir palabras.
Observaba al joven, era capaz de matar a golpes a Julián de sólo pensar en lo que habría sucedido si llegaba un segundo mas tarde.
Decidió quedarse en silencio, darle espacio a su amigo para que se tranquilizara, ya habría tiempo de hablar después.

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Estaba terminando su jornada. Muy pronto debía ir por Adeline y tenía que regresar a casa antes para darse un baño.
Se apresuró a cerrar la oficina y bajó hacia el estacionamiento donde estaba el Bugatti.
Al subir, tomó las llaves para ponerlo en marcha, cuando una sensación de angustia lo invadió repentinamente.

" Dégel..."

La imagen de su hijo se hizo muy real en su mente. De la nada, lo había recordado y aquello lo inquietó.
No podía quitarse de la idea de que algo le había ocurrido a su primogénito.

Condujo a toda prisa a casa, llamaría al hotel para saber como estaban su hijo y Pierre, tenía que asegurarse de que estaban bien o no estaría tranquilo.

Al llegar, bajó a toda prisa del vehículo y entró a la casona. Se dirigió a la sala de estar y tomó el teléfono marcando de una vez al móvil de Pierre.

¿Diga?

— Pierre, bonsoir. Soy yo, Krest.

Bonsoir, monsieur. ¿Como esta usted? ¿ocurrió alguna cosa?

— Nada de qué preocuparse, pero dime; ¿está Dégel contigo?

No, monsieur. Asumo que el joven Dégel que fué al hotel a darse un baño, me dijo que vendría para el anochecer, pues ya me darán el alta médica.

— Si, me lo dijo en la mañana, es que ...

—¿Que ocurre, monsieur? Si quiere hablar con él, se lo diré en cuanto llegue.

— S-si, por favor. Te lo agradecería.

— No se preocupe, yo le diré que se comunique con usted de inmediato.

— Merci, mon ami. Me alegra que por fin te hayas recuperado.

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Habían estado en silencio por casi media hora, hasta que, inesperadamente, Dégel rompe el silencio.

— Él- él iba a ...

— Ya no importa, no volverá a suceder .

El francés respiró profundo, mientras una lágrima recorría su hermoso rostro.

— ¡¡Es que no es eso, Kardia!! ¡Yo no pude hacer nada y si tu no llegabas, ese sujeto me habría violado!

Dégel se quebró. Lloraba desconsoladamente y Kardia no tenía palabras para contenerlo, así que simplemente lo abrazó.

— Dégel...ese sujeto era mas grande que tú, además te tomó por sorpresa, ya no te culpes, ¿está bien? Es imposible que pudieras defenderte de la forma en la que te atacó.

—¡¡Estoy harto de que me pasen estas cosas, Kardia!! Siempre soy la víctima de algún imbécil, ¡parece que tengo un imán para atraerlos!

— No lo creo. Yo no me siento imbécil y sin embargo estoy aquí contigo... pero Julián... bueno, realmente es así con todo el mundo; un arrogante de mierda.

Aquel comentario hizo sonreir un poco al hermoso joven. Kardia tenía ese efecto en él, de calmarlo cuando estaba ansioso o desesperado.
Ese griego le traía calma, y ahora estaba seguro con él.
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Chapter Text

Se mantuvieron abrazados por un rato más antes de que Dégel reaccionara nuevamente.

— Mon dieu, mis lentes. Los perdí en el apuro.

— Ten, los tomé antes de que dejaramos tirado a ese idiota.

Kardia sacó de su chaqueta aquel objeto tan preciado para su amigo, pues sabía que estaría perdido sin ellos.

— Y otra vez... gracias Kardia. Realmente no se que hubiera hecho sin tí estos días.

— Deja de pensar en tragedia, pasó lo que debió pasar y ahora, lo importante es que estás a salvo.
Si ya estás mejor te llevaré al hotel para que descanses, no creo que estés de ánimo para sorpresas tontas y...

— Aún quiero verla.

— No se si sea buena idea. No quiero que luego llegues tarde a ver a Pierre y se preocupe por tí. ¿Qué tal si después no te permite salir el lunes? No podrás verme navegar.

— E-en cuanto a e-eso... verás yo no...

El francés se frustra ante aquella idea, pués su miedo al mar aún estaba bastante presente.
Kardia lo observa entendiendo perfectamente lo que aquella reacción en su amigo, significaba.

— Tal vez si sea mejor que te muestre la sorpresa o estarás así para siempre.

— De paso me distraigo...

— Y vaya que tienes motivos para distraerte. Pero primero te llevaré a que te des un baño y te cambies, después del forcejeo en el ágora, quedaste lleno de polvo y tu camisa está destruida.

Dégel se observó así mismo. Era cierto que estaba hecho un desastre y para colmo, luego debía ir por Pierre y no se presentaría en esas fachas o su amigo se preocuparía.

— Tienes razón, será lo mejor. Vámonos entonces.

Al llegar al hotel, Kardia aparcó la motocicleta, dispuesto a esperar a que su amigo estuviera listo.

—¿Te quedarás ahí?

— ¿Te esperaré? Digo, ¿o acaso quieres que me marche?

Kardia a veces no entendía las actitudes del francés, primero le pedía que se fuera, luego que lo esperara y ahora...

— Acompáñame a la habitación, aquí hace demasiado calor y además, quiero seguir platicando contigo.

— Esta...bien...supongo.

Ambos se adentran al sitio y suben derecho a la habitación del joven Dégel.
Al entrar, Kardia hace una observación bastante graciosa.

— Este lugar es mas grande que todo el departamento en el que vivo, y es sólo una habitación , ¡¡rayos!!

— Jaj, ponte cómodo, me daré un baño. No cerraré la puerta, así me oyes cuando te hablo.

— Ok...

Dégel se dirigió al cuarto de baño, mientras Kardia observaba meticulosamente el sitio en el que estaba.

—¿De que querías hablar exactamente?— Pregunta el griego echando un vistazo a los libros apilados en la mesa de noche.

— De lo que pasó en el mercado.

— Ash.. Dégel termina con eso, por favor. Me siento algo culpable de no haber podido evitarlo...

— Bueno en cierta forma lo hiciste, aunque yo te dije que no sonaba a alarde cuando nos amenazó.

— Si, yo no le tomé importancia, te pido disculpas por eso...

— No te preocupes, sólo me intriga... bueno, ¿cómo le hiciste para encontrarme?, no recuerdo haber gritado, ¿o si lo hice?

— Nop, seguí el rastro de manzanas y ahí lo ví. El maldito estaba sobre tí, así que me apresuré y tomé uno de los adoquines de madera que estaban sueltos en la calle, me acerqué despacio y le di de lleno en la cabeza.

Las llaves del grifo se cerraron y el agua dejó de correr.
Dégel se secó el cabello y el cuerpo y comenzó a vestirse mientras aún hablaba con su invitado desde el otro cuarto.

—¿Lo dejaste tirado inconsciente? ¿Seguro no lo mataste, Kardia? ¿Que tal si le ocurrió algo más?

Kardia mira en dirección al cuarto de baño levantando una ceja, procurando ver si podía intercambiar miradas con Dégel después de aquel planteo.

Al no verlo directamente, se acercó de forma despreocupada hacia donde su amigo se cambiaba.

— Oye, Dégel ¿¡Que carajo significa eso?! Después de lo que intentó hacerte todavía te preocupas por él?

De hecho, Kardia si dió aviso a la guardia civil acerca del incidente con Julián, sólo que omitió el detalle de que le dió duro en la cabeza con un adoquín.
Mas bién se limitó a decir que justo pasaba y vió como agredieron a alguien y ya. Después de todo y para desgracia suya, Julián Solo, era un camarada y no podía simplemente abandonarlo.

— No es eso, pero al menos creo que debimos dar aviso a la guardia municipal o algo ¿no c-crees...? ¿¡Kardia, que rayos crees que haces?! ¡Aún no termino de cambiarme!

Dégel se sonrojó violentamente al verlo.
Kardia estaba recostado en el marco de la puerta, viendo como él se paseaba en boxers de manera tranquila, buscando que ponerse.

— No te veo los senos y la vagina, Dégel ¿Cual es tu problema? Actúas como si no tuviéramos lo mismo, por Zeus.

—¡¡Aún asi!! ¡¡Ve al dormitorio!!

—¡¡Ya!!, te dejaré sólo contigo mismo, si te hace sentir mas tranquilo.

Dégel lo siguió con la mirada hasta que lo perdió de vista.
Rápidamente comenzó a buscar ropa antes de que vuelva a ocurrir otro incidente.
Al cabo de unos minutos, estuvo listo para salir.

El aroma que despedía el francés,  inundó las fosas nasales del griego, quien instintivamente, se volteó a hacia donde estaba su amigo.

— Que bien hueles.

— Rayos, si ya era incómodo que me vieras y ahora encima, sueltas esa frase...

— Ajjajajaa, pues ...—inhala profundo— es un aroma muy bonito el que despides.

— Gracias. Fué un regalo de papá. Creo que indirectamente quiso decirme que me cambie de perfume...

— Nada mal los gustos de tu padre, jajs. Bueno ahora si, ¿estas listo?

— Si ya, aunque creo que, tal vez deba ir ver a Pierre antes de salir juntos. Quiero avisarle que estaré contigo, así no se preocupa.

— Si es una buena idea. No lo ves desde la mañana y ya han pasado muchas horas.
Vamos, te llevaré con él.

De nuevo en el hospital, el joven francés se apresura y baja de la motocicleta, yendo ditectamente a la sala donde tenían a su amigo en observación.

Al entrar ve a Pierre de pie y terminando de vestirse para regresar al hotel.

— Bonsoir, joven. ¿Como está?

— Pierre ya estás listo para regresar, que buena noticia.

— Oui, el médico ya no me quiere aquí, así que me dijo que podía marcharme.

Dégel suelta una pequeña risilla ante el comentario.

— Ah por cierto ahora que lo veo, su padre me llamó al móvil hace unos minutos. Me dijo que quería que le devuelva la llamada en cuanto usted pueda.

—¿Papá?¿Acaso le ocurrió alguna cosa, Pierre?

— No lo creo, no sonaba diferente, aunque sí le confieso que también me sorprendió un poco que no espere la hora habitual para comunicarse directamente al hotel.

— Que extraño... ¿me permites marcarle?

— Claro, por supuesto.

Dégel tomó el movil de Pierre y marcó directamente a su casa.
Sabía que Krest no se movería de allí hasta no recibir la llamada. Lo sabía porque él era igual cuando algo lo preocupaba.

El movil sonó una, dos, tres... a la cuarta vez, su padre atendió.

—¿A?

— Hola papá, ¿como estás? Me dijo Pierre que querías hablar conmigo.

Dégel, gracias a Dios. Estaba preocupado por ti. Díme, ¿como estás? ¿No ha sucedido nada malo, verdad? Es que tuve una corazonada contigo y me preocupé, por eso llamé inmediatamente.

El muchacho abrió los ojos asombrado, pues su padre estaba en lo cierto.
Hace apenas unas horas, se había salvado de ser violentado por un sujeto que apenas conocía, y fué salvado por otro sujeto que también, apenas conocía.

No le iba a contar eso a Krest o era capaz de obligarlo a subir a un avión de regreso a Francia esa misma noche. Decidió mas bien calmar a su padre, sonando lo mas tranquilo posible.

— Te agradezco que te preocuparas por mí, papá. Pero yo estoy muy bien. Vine a ver a Pierre y ya pronto saldremos del hospital. No hay razón para que pierdas la calma.

No sabes como me alivia oír tu voz. Creo que estoy algo inquieto con tu ausencia y con la de Pierre.

— Es posible, quien diría que me echarías de menos jaja. Pero ten calma, estaremos ahí en una semana, y verás como comenzamos a discutir por nada como siempre.

Lo dices como si yo disfrutara pelear contigo, mon dieu.

— Sólo bromeo. Pero te repito, estoy bien, no tienes de que preocuparte. Ahora debo colgar o a Pierre le vendrá una tarifa astronómica.

Está bien, hijo. Mañana procura marcar nuevamente, ¿de acuerdo?

— Lo haré, papá, ten buenas tardes.

Adiós hijo, salúdame a Pierre.

Dégel cortó aquella llamada y le devolvió el móvil al secretario de su padre.

— Monsieur Krest te envía saludos.— Le dice sonriendo.

— Jmm, ya pues. ¿Me acompañará al hotel? ¿O tal vez tenga otros planes, joven?

— Si tenía otros planes pero veo que estás listo para irnos, así que te acompañaré.

— Olvídelo, iré en taxi si ya tiene algo más que hacer. No se preocupe por mí, lo esperaré en el Hotel. Sólo no llegue muy tarde.

Dégel corre a abrazarlo y se despide de aquel hombre. En verdad quería estar con Kardia aquel día, y la oportunidad se le estaba presentando. No la desaprovecharía.

Salió inmediatamente de aquel sitio, pues había dejado a Kardia esperándolo y ya se había tardado bastante.

—¿Está todo bién?¿Cómo esta Pierre?

— Si está bien, me dijo que regresaría sólo al hotel y que yo no llegara muy tarde.

—¿O sea que le dijiste que saldrías conmigo?

— No exactamente, pero asumo que lo dedujo.

— Ok, cenicienta. Procuraré regresarte al hotel antes de media noche.

— Muy gracioso, ¿no?. ¿Y bién, sí iremos donde la dichosa sorpresa, ahora?

— Iremos, iremos, pero, recuerda la condición, Dégel. Debes confiar en mí y... debes dejar que te vende los ojos ¡o sino no será una sorpresa!

— Tu y tus protocolos.... está bien. Véndalos de una vez.

Kardia sonrió y sacó la tela oscura de su chaqueta, le quitó los lentes a su amigo y procedió a vendarle los ojos, asegurándose de que realmente no estuviera viendo nada.

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Ya mas aliviado tras haber hablado con su hijo, Krest se alistó para ir por su prometida.
Adeline ya debía estar esperando hace mas de media hora, pero él simplemente no saldría de casa hasta no haber hablado primero con Dégel.

Al llegar a la mansión, pensó que sería regañado por la pelirroja tras haberse retrasado, pero muy por el contrario, Adi lo abrazó al verlo y tomándole del rostro con ambas manos, lo besó dulcemente.

—¿Mon amour, que te sucedió? Jamás te retrasas.

— Excusez, cheri. Es que tuve un extraño presentimiento y ...

— ¿Presentimiento de qué?, dime.

— Dégel. De la nada se me vino a la mente su imágen y no pude evitar pensar que algo malo le habia ocurrido.

— ¿Y pudiste comunicarte con él para sacarte la duda?

— Le marqué a Pierre de inmediato cuando regresé a casa. Me dijo que Dégel posiblemente estaba en el hotel, pero que le diría que me devuelva la llamada.

— Ya veo. Te quedaste esperando que te marque.

— Si, lamento no haberte avisado, pero ¿mira si él justo llamaba cuando yo intentaba avisarte? Jamás entraria su llamada y...

Adeline le sonrió y lo volvió a besar envolviéndole sus brazos alrededor del cuello.

— No me expliques más. Con estas cosas que haces, me haces amarte aún más.

—¿Que me retrase media hora?

— Jaja, no eso no. Sino la forma en la que te preocupas por tu hijo. Se nota que lo amas, lo cuál me demuestra que eres un buen padre, Krest.

— No se si sea tan bueno. Dégel y yo chocamos la mayoría del tiempo, pero ya te darás cuenta en cuanto nos veas juntos.

— Aún así, me parece adorable la forma en que te preocupas por él.

— Procuraré ser más adorable entonces(?.

— Mon amour, si haces eso, derretirás por completo mi corazón.

— ¿Lista para irnos?

— Oui, vámonos de una vez.

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Manejó alrededor de media hora, mientras su copiloto, de tanto en tanto presionaba su cintura con mucha fuerza.
Dégel estaba nervioso, y al tener los ojos vendados, debía hacer más equilibrio arriba de la moto, pues no sabía anticipar los movimientos de Kardia.
Simplemente se apegó a su espalda lo más que pudo, procurando no caer.

— Oye, Dégel. ¿Aún estas despierto?

— Si no llegamos pronto, me dará un infarto.

— Jaja, ya llegamos pero aún no podrás quitarte la venda hasta que yo te lo diga.

— Mon..dieu...

El suspiro del francés hizo que Kardia echara a reir a carcajadas.
Todo aquello parecía una broma pesada del griego para con Dégel, pero lo cierto es que el francés no tenía ni la mas remota idea de los planes de aquel hombre.

Una vez que aparcó la motocicleta, el griego le ayudó a su copiloto a bajar de la misma y muy lentamente, lo guió hacia un lugar en donde corría una gran corriente de aire.

Al sentir la brisa en su rostro, Dégel presionó la mano de Kardia, pues aquel viento le hizo suponer que se encontraban a gran altura, cerca del mar.

— Ey, Dégel... recuerda, confía en mí.— le susurró Kardia al oído, mientras se posicionaba tras él.

El francés tragó grueso, desde donde estaba podía oír el ruido de las olas chocar contra las rocas.

— K-Kardia, por favor...

— Shh, tranquilo, yo estoy aquí contigo.

Finalmente el griego, le quitó la venda de los ojos y le devolvió los lentes.
Dégel se los puso pero aún mantenía los ojos cerrados.

— Vamos, amigo. Abre los ojos. ¿Que no quieres ver tu sorpresa?.

— Yo...no estoy muy seguro de que quiera ver...

— En ese caso, me iré. Si no puedes compartir esto conmigo, ya no tiene sentido que me quede.

— ¡No, espera...!

Dégel extiende su mano y Kardia la toma rápidamente. Necesitaba seguridad, esa que aquel griego le brindaba.
Fué en ese instante en que se animó a abrir sus hermosos ojos color violeta.
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Chapter 11: Entrega

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Al abrir sus ojos, lentamente logró aclarar su vista y enfocar aquel hermoso paisaje frente a él. 
Se quedó completamente sin habla pero no por miedo, mas bien por la admiración que le produjo la belleza de aquel sitio.

Su corazón comenzó a latir con fuerza, estaba emocionado de tener la oportunidad de ver todo aquello.

—¿Y bien? ¿Que te parece la sorpresa?

— Kardia, este lugar es ... es hermoso, pero ¿ésta es mi sorpresa?

— Si. Estamos en Cabo Sunion, aquello que ves por ahí, son las ruinas del templo de Poseidón.

— La vista es espectacular realmente pero dime, ¿porque me trajiste aquí? No lo entiendo.

—¿Ves la bahia allá abajo? Es ahí donde presentaré mi prueba de navegación. Podrás verla desde aquí sin peligro de que el mar te trague completamente.

El francés lo mira fastidiado, mientras el griego se echa a reir a carcajadas.
Sin embargo, Kardia se había tomado la molestia de encontrar un sitio que fuera seguro para él y eso le encantó aún más.

— En verdad es importante para tí que yo asista a tu prueba el lunes, por lo visto.

— Claro que lo és. Eres mi amigo, no podría querer nada mas, Dégel.

Esa palabra estaba comenzando a incomodarle. 
"Amigo". No había nada de malo hasta hace un par de días, pero no se sentía cómodo con esa tonta palabra. 

A Kardia no parecía incomodarle aquello, es más, tal parece que el griego ni cuenta se daba de las miradas y suspiros que solía echarle Dégel.

— Bueno, al parecer si te gustó el lugar. Ahora no tienes excusas para faltar a mi examen.

— Una pregunta... ¿como sabré cuál de todos los barquitos es el tuyo? Hay muchos allá abajo.

— La "Sea Voyager" es mi nave. No te invité a verla porque no quiero que te dé un ataque, pero está por allá en el amarre.

— Pues vamos a verla.

Kardia lo mira algo asombrado, tal parece que su amigo perdió el miedo repentinamente, así que sin perder tiempo, lo tomó de la mano y lo guió a la salida del mirador.

— Tenemos que bajar al muelle. ¿Estás seguro de esto, Dégel? No quiero que después no puedas dormir por las noches.

—¡¡Yaa!! No, no estoy seguro, pero supongo que si algo me pasa me ayudarás, ¿no es así? Confío en ti.

Kardia sonrió. 
Aquellas palabras le decían que Dégel, por fin había comenzado a enfrentar sus miedos.

Bajaron a la zona de amarre y fué en ese instante que la respiración del francés comenzó a agitarse. 
Presionó fuertemente el brazo de Kardia, advirtiéndole a éste que algo andaba mal.

— Oye, galo. Si no quieres no te obligaré. En verdad no quiero que te pongas mal.

— Dije que quiero ver. Llévame, e ignora mi estado.

Llegaron donde estaba la Fragata.
Una imponente nave de guerra, propiedad de la Armada Griega.

Se dirigieron hasta la plataforma de embarque a través del muelle, en todo el trayecto, Dégel jamás se soltó del agarre de Kardia.
Éste lo guió a través del pequeño puente hasta que ambos estuvieron a bordo.

El francés miraba asombrado, jamás había estado arriba de un barco y todo aquello era nuevo para él. 
Kardia sonreía al ver como la vista de su compañero se posaba en las velas y los grandes mástiles de la embarcación.

— Ven, te mostraré el interior.

Kardia lo guió por la nave, mostrándole la zona de camarotes, la sala de mando donde él debía estar, el despacho del capitán y la zona de cubierta.

— Nunca imaginé siquiera poder estar arriba de un barco, muchas gracias por esto, Kardia.

— Aún te falta ver la zona de los cañones y la artillería.

—¿Cañones?

— Si, recuerda que es un buque de combate.

Dégel lo siguió hasta la cubierta nuevamente. Allí, Kardia descubrió una suerte de trampilla.

— Ésta es la escotilla. Por aquí iremos directamente a la bodega. Ten cuidado al bajar.

Ambos descienden a los compartimientos inferiores. El lugar estaba iluminado por candiles y farolas.
Era un depósito lleno de cajas de madera, cuerdas y costales, los cuales servían como contrapeso de la nave.

— Bien, esta es la zona del almacén. Aquí es donde se acumulan las provisiones para el viaje.

— De afuera no parece tan grande. Es un mundo aquí dentro.

— Y todo será comandado por mí.

Estaban echando un vistazo detenidamente, cuando una ráfaga de viento sopló en dirección a la puerta de la escotilla y esta se cerró, dejando a ambos hombres encerrados en la bodega.

—¿¡Que fué ese ruido!?

— Hmm, la escotilla se cerró. Pero no te preocupes ,ya la abriré entre que terminamos de recorrer el sitio.

Muy por el contrario de lo que Kardia pensaba, la trampilla se tomó y para cuando intentó abrirla, ésta no cedía de ningún modo.

— Carajo.

—¿Carajo? ¿Que sucede? Creí que la abrirías sin problemas.

— Si, yo también lo pensé ¿y que crees? Me equivoqué.

—¿Ahora que haremos, como saldremos de aquí?

— Tranquilo, sólo debió tomarse la madera, necesito hacer mas fuerza y ya, aunque si no funciona, siempre podemos lanzarnos al agua por el ojo de buey.

—¡No es gracioso, Kardia!

— Ya, jajaj tranquilo. Veré si puedo abrirla, ¿está bien? Tú solo toma una de las lámparas y ponte detrás de mí para darme algo de luz.

Dégel asintió y buscó rápidamente una de las farolas que colgaban de los durmientes y se posicionó detrás del griego mientras éste subía por la escalera para intentar abrir la trampilla.

Lo intentó varias veces pero no cedía, así que no tuvo mejor idea que tomar impulso, correr a toda velocidad y chocar con ella, pero lo que consiguió fué rebotar, cayendo encima de Dégel.

La farola rodó por el suelo y el francés cayó pesadamente de espaldas, luego, Kardia se le cayó encima, de frente a él.
El golpe que se dieron los aturdió bastante, hasta que el griego se incorporó.

— Dégel, lo siento. ¿Estás bien? No te lastimé, ¿o si?

El rostro del griego estaba muy cerca y Dégel lo vió fijamente.
Sintió demasiadas cosas en ese sólo instante. Tener a Kardia encima suyo lo agitó. 
Sintió como el peso del cuerpo ajeno le aplastaba y el latir del corazón de aquel hombre contra su propio pecho.

Sólo unos instantes le bastaron al francés para actuar impulsivamente, pues de un sólo arrebato, besó a Kardia en los labios de manera inocente y tímida.

Tan sólo fué un instante, pero para él fueron años de vida en ese beso tan fugaz.
Kardia por su parte de quedó viéndole fijamente.

—¿Que...fue eso, Dégel?— Susurró

El rostro del francés se sonrojó de forma violenta y pronto intentó disculparse torpemente ante la atenta mirada del otro, quien no se movió en todo ese tiempo.

— Yo... lo lamento, ha sido un impulso. Discúlpame por favor.

— Entiendo. Bien, ayúdame a abrir esa cosa y salgamos de aquí de una vez.— Le dice el griego poniéndose de pie rápidamente y extendiéndole la mano para ayudarlo a levantarse del suelo.

El francés lo miraba confundido. 
Su acción de hace unos momentos no pareció tener efecto alguno en aquel griego, sin embargo ahora se sentía culpable y algo triste al pensar que posiblemente Kardia estaba tan molesto que prefirió fingir que nada había ocurrido.

Se posicionó tras el griego nuevamente sin emitir palabras, pues no sabía como verlo a la cara, ya que la vergüenza lo comenzó a invadir poco a poco.

— Por Zeus, tal parece que debemos esperar hasta que la madera decida ceder...

Kardia lo mira al no obtener respuesta.

—¿ Ey, estas bien? No te angusties, te sacaré de aquí, lo prometo.

— E-esta bien. Descuida no estoy preocupado...—Dice, volviendo a agachar la cabeza intentando ocultar su rostro.

— Pero... te quedaste callado de repente, ¿que tienes?

— Es que, bueno lo lamento, por favor no estés molesto conmigo...lo siento, es que...

—¡¡Momento!! ¿Porque yo estaría molesto contigo?

— Pues... ¿porque te besé? Y sin siquiera preguntarte si estabas de acuerdo y tal vez te molestaste por eso y...

—¡Ya! Dégel, no tengo diez años para enfadarme porque me diste un beso.. que pasa contigo? No me molesta en lo absoluto que lo hayas hecho.

— ¿En verdad? ¿No te importó que lo hiciera?

—¿No? Ok dejemos el tema ¿está bien? Mejor busquemos algo con que empujar la trampilla.

Kardia se puso a revisar el sitio con más detenimiento, en búsqueda de algún objeto con qué ayudarse, mientras Dégel aún estaba procesando ese pequeño momento idílico del que había sido protagonista.

— Dégel... ¿me ayudas a buscar?

— S-sí...

El griego lo observaba moverse torpemente por el sitio. 
Aquel francés estaba sumamente nervioso.

—¡¡Oye, oye, ya basta!!¿¡ Que rayos te sucede!?

— N-nada, es sólo que...

— Dejame adivinar, ¿sigues con el tema del beso?

Dégel asiente.

— Si no lo olvidas, me enfadaré en verdad.

— Lo siento, Kardia...

El griego ya se hartó de aquello y dejó caer violentamente algunas varas de madera que encontró para empujar la puerta de la escotilla.
El ruido sobresaltó a Dégel, quien rápidamente se puso en alerta.

— Muy bien, lo sientes... ¿te arrepientes de lo que hiciste, es eso?

— Yo... si...es decir... no, bueno.. es que...

En cierta forma, aquella actitud desafiante que mostraba su compañero, pronto le recordó a Dégel, cierto episodio en el ágora.
No sabía como reaccionar, pero quería creer que Kardia no era como aquel salvaje de Julián Solo.

— Ay por Zeus. ¿Si yo hago lo mismo estaremos a mano y dejarás de atormentarte?

— Yo pienso.... ¿¡que, qué!?

Dégel lo observó sorprendido por aquel planteo, más Kardia no le dió ningún tipo de intervalo de tiempo para responderle.
Simplemente lo empujó suavemente hasta apoyarlo contra uno de los parantes del mástil principal y lo besó.

Muy diferente al beso de Dégel, el de Kardia era invasivo, húmedo, suave y muy atrevido.
Las manos del griego se posaron en las caderas del francés hasta que luego de unos instantes, se separó de él para tomar aire.

La respiración de ambos se agitó inmediatamente y el rostro de Dégel adquirió un tono rojizo muy atractivo.
Kardia se quedó viéndole fijamente, hasta que por fin rompió el silencio.

— Ya... estamos a mano— susurró.

Le había fascinado. 
Durante el tiempo que lo besó, se imaginó la escena de cuando lo vió en el cuarto de baño del hotel, mas temprano, cuando Dégel se paseaba en ropa interior, mientras él lo observaba.

La silueta de aquel hombre era hermosa y ahora, el beso que habían compartido, le hacía doler la cabeza.

Dégel, por su parte tenía el corazón en la garganta, no imaginó jamás que algo así entre él y Kardia sucediera. 
No lo pensó dos veces y nuevamente se lanzó hacia él para besarlo una vez más.

— Dégel... espera. No está bien. Tú y yo somos... ¿amigos? ¡¡Dioses!!— Suspiros eran lanzados entre cada palabra.

Le costaba hablar puesto que su "amigo" procuraba juntar sus labios con los suyos.

—Dégel... por Zeus...detente.— jadeó

— Olvida por hoy que somos amigos. Dijiste que tienes miedo de nunca experimentar amor. 
Me ayudaste con mi miedo al mar, déjame ayudarte con el tuyo ahora.

Aquellas palabras le pegaron de manera certera.
Era verdad que la sensación que sintió era sumamente placentera.
No se resistió mucho más, pues las manos de Dégel comenzaron a recorrer su pecho, propiciándole caricias suaves, mientras ambos compartían un beso demandante y muy provocativo.

Kardia le desprendió la camisa de seda y la deslizó suavemente por los hombros del francés, dejándole al descubierto el pecho y la espalda, mientras, se separó un poco de él para apreciarlo nuevamente.

— Dégel, ¿estás seguro de que quieres esto?

No obtuvo respuesta, sólo otro beso aún más atrevido por parte de su acompañante.
Ya no emitió mas palabras después de aquella acción.
Rodeó con sus brazos la cintura de Dégel y lo arrastró hacia una pila de costales en un rincón de la bodega.

— Ven, recuéstate aquí.

Mientras Dégel tomaba lugar en aquel sitio, Kardia se desvestía frente a él de manera lenta y provocativa, con sus hermosos ojos azules, posados en el cuerpo recostado frente a él.
Mientras más lo veía, la respiración de Dégel se agitaba aún más.

— Kardia, mon dieu. Quítate todo de una vez.

El griego sonrió. Al parecer, su acompañante estaba bastante ansioso por lo que iban a compartir, así que no lo hizo esperar.

Se despojó completamente de su ropa hasta quedar en igualdad de condiciones, extendiéndose luego completamente sobre el cuerpo del otro.

Respiraba el aroma tan delicado que despedía aquel cuerpo, mientras besaba su cuello y su pecho de forma lenta, robándole suspiros al francés.

Con cada toque de Kardia, su espalda se arqueaba. 
Su mente estaba perdiéndose poco a poco, olvidando por completo donde estaba y perdiendole el miedo a todo.
Estaba seguro, donde quería y con quien quería. 
Desde ese momento, Kardia sería su refugio y la razón de su vida. 
Sería así porque él lo había decidido.

Su entrega continuó. 
Kardia le acarició suavemente la entepierna y poco a poco comenzó a acariciar la erección de su acompañante.
Los suspiros de Dégel se transformaron en suaves gemidos, invitando al griego a continuar con aquella acción.

— K-Kardia...

La voz entrecortada del francés, lo hizo sonreír de lado y volvió a acercarse a su rostro colocándole los dedos dentro de la boca.

Dégel entendió aquel gesto y una vez que hubo hecho lo que Kardia quería, éste dirigió sus dedos a la cavidad del francés, haciéndo que éste arquee su cuerpo de manera involuntaria ante aquella intromisión.

— Lo siento, pero es necesario que lo haga, Dégel. No quiero lastimarte.

— L-lo entiendo. No te detengas por nada.

Kardia lo besó mientras continuó dilatando el cuerpo de su acompañante. 
Cuando consideró que Dégel estuvo listo, se posicionó entre sus piernas y empujó suavemente su erección contra aquella cavidad hasta quedar unido a él.

Los gemidos de ambos no tardaron en hacerse oír, expresando claramente que disfrutaban a pleno de su primer encuentro, uno que marcaría el principio de un amor incondicional por parte de Dégel.

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Estaba con la mirada algo perdida, pensaba de tanto en tanto los miles de contratos y escrituras que debía revisar cuando estuviera de vuelta en aquel despacho.

Adi fué al tocador, también pensaba en ella, en no aburrirla y que de pronto alguien más inunde sus pensamientos y lo termine abandonando por un amante eventual.

Además de todo eso, ahora también estaba Dégel en su mente. Su hijo, su primogénito, su orgullo; estaba preocupado por él.

Habían pasado ya 3 semanas desde que se había ido a aquel viaje caprichoso pero merecido, y la verdad era que estaba llevando bien aquella soledad, además de que su reciente prometida lo distraía de sus pensamientos catastróficos.

Lo cierto era que desde que tuvo esa corazonada, aquella sensación tan horrible que lo llevó a pensar que tal vez su hijo esté en peligro, desde ese instante, perdió la paz.

Adi regresaba para tomar su lugar en la mesa junto a él, sin embargo se frenó y lo observó a lo lejos por unos minutos.
Krest tenía la mirada perdida, algo le preocupaba y ella lo sabía, pero aquel normando era demasiado duro como para admitir sus verdaderos sentimientos y expresar sus emociones, así que le tocó idear cierto plan para hacerle olvidar aquello que lo abrumaba.

— Cariño...

La voz suave y delicada, lo sacó de sus pensamientos.

—¿Mon amour, dime?

—¿ Krest que tienes? Has estado así toda la noche. ¿Es por Dégel, verdad?

El abogado suspira, se echa atrás, apoyando su espalda en la silla, y la observa con sus hermosos ojos verdes.

— Si, es Dégel. Pero no es sólo él, aunque es lo primero en lo que pienso cada día desde la última semana.

— Le marcaste hoy y te dijo que estaba bien, no entiendo, ¿crees que pudo mentirte?

— No lo creo. Si así fuera, Pierre no me ocultaría si pasa algo malo con él. El asunto está en que no puedo evitar pensar que ... no se como explicarlo... no quiero perder a Dégel.

— ¿Perderle? Mon dieu Krest, de que estás hablando?

— Me refiero a que no sea el mismo, a que cambie, a que ya no lo reconozca cuando regrese.

—¿Crees que por estar un mes en otro sitio, su mente cambiará?

– Yo...sólo espero que no.

— Mi amor, deja de pensar en desastres que ni siquiera son posibles. Tu hijo no cambiara porque esté en otro sitio o por hablar con otras personas. El cambiará si él lo desea y en las circunstancias que deba hacerlo.
Tu lo criaste bien Krest, no tienes de qué preocuparte.

El abogado piensa en aquellas palabras. Adeline era muy buena en oratoria, pero sin duda tambien era buena para hacerlo olvidar los malos ratos.

— Si, tienes razón. Es mejor que deje de pensar tonterías. Perdóname por arruinarte la cena, cheri. Por favor, no me odies, no soportaría perderte tampoco a ti.

— Eso no pasará, Krest. Mírame.

La mujer le toma el rostro con ambas manos, y lo mira fijamente.

— Krest, te amo. Yo decidí estar contigo precisamente porque te amo y nada cambiará eso, ¿lo entiendes?

— Adi...

— Ahora bien, pide la cuenta y vámonos de aquí.

—¿Ya quieres regresar a tu casa?

— Claro que no, no iremos a mi casa, iremos a la tuya.

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La piel de ambos estaba sólo iluminada por un haz de luz de luna que entraba por la escotilla.
Sus cuerpos aún se encontraban unidos, mientras unas pequeñas gotas de sudor comenzaban a perlar sus frentes.

Kardia se movía lentamente, mientras Dégel suspiraba y se aferraba con ambas piernas a la cintura del griego, enredando sus dedos en la cabellera obsidiana de su amante; al menos eso es lo que eran ahora además de amigos, aunque sea por esa noche.

— Je t'aime, mon amour, plus que tu ne peux l'imaginer.《Te amo, mi amor, más de lo que puedes imaginar》

Al oír aquello, Kardia pareció perder el control, aumentando el ritmo de sus caderas, provocando en Dégel, gemidos y gritos de mucha más intensidad.
El francés se le prendió de ambos brazos para no ser desplazado por el movimiento repentino, y no tuvo mejor idea que volver a hablar en su idioma natal.

— Je suis à toi, corps et âme. Ah!!!, tu me fais sentir vivant!! Ahh!!!《 soy tuyo en cuerpo y alma. Me haces sentir vivo 》

Kardia aceleró aún más el ritmo. Dégel se dió cuenta de que aquellas palabras lo encendieron por completo.

—Kardia, s'il te plaît, continue, je t'en supplie. Je vais...jouir... ah!!《Kardia, por favor, sigue, te lo suplico. Voy a...correrme...》

Se movieron un poco más hasta que el griego, finalmente se derramó dentro de su amante dejando oír un grito de satisfacción, seguido de un gemido grave.
Dégel lo había hecho primero, manchando el abdomen de ambos.

— Dégel...

Kardia se dejó caer a su lado sobre los costales.
Apenas si podía emitir palabras pues su pecho subía y bajaba como si hubiera corrido kilómetros.

—¿Oui?...

— Si haces eso otra vez, vas a matarme...

—¿De que hablas?

— Hablarme en francés. Primero, que no entiendo una sola palabra, y segundo, que casi me vuelvo loco al oírte.

El francés se echa a reír a causa de aquella confesión tan reveladora.
Sin duda su idioma natal había encendido al griego como una antorcha y no le desagradaba para nada, saber el efecto que podía llegar a tener sobre aquel hermoso hombre a su lado.

— Por cierto... ¿que me dijiste exactamente?

Dégel le explica cada una de las frases dejando a Kardia pensativo.
Él no había emitido palabras durante el encuentro, sólo se había limitado a observar el placer que reflejaba el rostro de su acompañante.

Ver como la lujuria invadía el cuerpo ajeno y saber que él era la causa de esa reacción, era lo que le fascinaba. Llevar el control, tenerlo todo el tiempo, eso era lo que más disfrutaba.

—¿Estás bien...?— preguntó.

Dégel asintió y se viró hacia él, buscando acomodarse sobre el pecho del griego.

—Dégel... espera no...por Zeus.

—¿Que ocurre, Kardia? ¿Estás arrepentido, verdad?

—¿¡Que!? No, claro que no, pero... bueno no lo sé, no estaba planeando pasar la noche aqui dentro, no se si me entiendes.

— ¡¡Mon dieu!!. La hora, Pierre. ¡¡Llegaré tarde!!

— Si. A eso me refería exactamente.

Ambos se vistieron a toda prisa. Sin embargo, habían olvidado que aún estaban atrapados en aquella bodega.

— Creo que puedo abrirla con aquella barreta que encontré justo antes de...—Dice, refiriéndose a la escotilla.

—¿De hacer el amor?

Dégel lo mira fugazmente.

— Dioses, en verdad vas a matarme.

— Jaja, lo siento. Vé, mientras yo alumbro, esperemos que la trampilla ceda de una vez.

Para suerte de ambos, el plan funcionó.
La escotilla cedió y se apresuraron a salir de la fragata.

Si Dégel no llegaba a tiempo, era muy probable que Pierre ya no lo dejara salir a solas con Kardia y después de lo que pasó esa noche entre los dos, era lo que menos deseaban que sucediera.

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Condujo de vuelta a casa, viendo de reojo a la mujer que lo acompañaba de tanto en tanto.
Adeline era quien estaba pensativa ahora, la veía con la mirada puesta en la ventanilla del Bugatti, como pensando alguna cosa.

— Oye, ¿estás segura de que no quieres que te lleve a casa?, pareces cansada, linda.

— Estoy bien, Krest. No te preocupes, sólo necesito estar a solas contigo, es todo.

Al oír aquello, el abogado entendió que aquella mujer parecía querer hablar de algo importante.
Era extraño, pues rara vez, Adi no le decía las cosas directamente.

Al llegar a casa, Krest aparcó el coche y ambos entraron al domicilio rápidamente, pues el viento comenzó a soplar violentamente.

— Parece que lloverá.

— Es posible. El otoño es así, algo inestable. Dime, ¿quieres algo de beber entre que charlamos?

Adeline lo mira sonriéndole. Tal vez y no fue a casa de Krest precisamente con intenciones de hablar, pero lo meritaba.
Tenía que alejar aquellos pensamientos que lo preocupaban y la única manera era tratar de convencerlo de que sus ideas solo eran eso...ideas.

Si aquello no funcionaba pues siempre había otra opción mas práctica y certera para enajenar la mente del abogado, al recordarlo, la mujer sonrió.

Al regresar de la cocina, Krest la condujo a la sala y ambos tomaron lugar en un sillón de dos cuerpos.
Adi miraba a su alrededor, encantada con el sitio, cuando de pronto soltó una pequeña risilla.

—¿De que ríes, cheri?, el café esta horrible ¿cierto?

— Hmm, no. Para nada, está perfecto. Sólo me causó gracia... el orden extremo que veo aquí.

— Dégel y yo no estamos la mayoría del tiempo, así que es normal que todo permanezca en orden.

— Pero además todo esta muy limpio, y según dijiste no tiene ama de llaves. Eres muy meticuloso, ¿eh? Jaj.

—¿Es malo?... rayos.

—¡¡Jaja, claro que no!! Soy exactamente igual.— Le dice tomando la tacita de café entre sus manos.

— Adeline, dime de una vez que sucede. No soy tonto, querías venir aquí por una razón así que dime cual es.

La mujer lo miró seria. Era verdad y Krest la había descubierto.

— En realidad sólo quería un ambiente mas íntimo para estar juntos, y de paso conocer más acerca de tu personalidad.
No eres muy demostrativo en algunas cosas así que me dí a la tarea de adivinar.— le dice sonriendo.

El abogado traga grueso, su preocupación por aburrir a aquella mujer, había regresado.
A pesar de que la pelirroja le había dicho abiertamente que lo amaba, él simplemente calló.
Era como si le hubiera dicho "gracias" en lugar de yo "también te amo".

El sólo pensarlo, aceleró el corazón de Krest. Como pudo ser tan imbécil de hacer eso?
Debió sentirse feo para Adi, que él no le dijera que también la amaba.

Rápidamente volvió a bajar la mirada, casi como por inercia.
Adi lo notó inmediatamente y dejó la taza sobre la mesita, acercándose más al hombre.
Krest la imita, dejando la taza de café a un lado.

— Adi, yo... quería disculparme contigo. Verás, todo este asunto de Dégel me tiene intranquilo y tú no tienes la culpa pero siento que de algún modo, estoy fastidiando lo que debería ser una noche agradable para tí y...

— No lo haces. Así que quédate tranquilo. Yo ya te dije que te entiendo perfectamente.—le dice acariciando su mejilla—
Créeme no necesito tener hijos para empatizar contigo, pero debes calmarte, pronto Dégel volverá y todo estará bien.

— Te amo, Adeline.

Aquellas palabras tocaron hondo en el corazón de la pelirroja, quien inmediatamente unió sus labios a los de su prometido, en un beso demandante y a la vez tierno.

— No sabes lo feliz que me hace oir eso.

— Yo... me di cuenta que no te lo había dicho en todo el tiempo que llevamos juntos... soy un idiota.

— Jaja, pues... no es que necesite que me lo digas, aunque te confieso que es muy placentero oírlo.

Esta vez fué Krest quien la besó y ella simplemente se dejó hacer, rodeándole el cuello con ambos brazos y recostó su cuerpo en el amplió sillón, atrayendo al hombre con ella.
Sin embargo, Krest se frenó, separándose suavemente, o al menos lo intentó, ya que la mujer lo tomó de la cintura, impidiéndole apartarse mucho mas.

— ¿Que te sucede ahora?

— Adi...esto no...

— Krest, olvida por un día, mi estúpida posición, y que soy hija de un duque, mon dieu. Sólo deja de pensar demasiado.

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Salieron del muelle muy rápidamente. Kardia condujo a toda velocidad por aquellas calles, procurando llegar lo antes posible al hotel.
Dégel se aferró fuertemente a su cuerpo, aquel que estuvo sobre él durante parte de la noche.

Deseaba con todas sus fuerzas que no tuviera que separarse de Kardia, pero ambos tenían responsabilidades; él debía llegar antes de media noche y el griego debía ir a descansar pues al día siguiente, debía navegar.

— Bueno, ya estamos aquí. Vamos con Pierre.

—¿¡Que!? ...¡¡no espera, Kardia!!

— Apúrate o llegarás mas tarde.

Kardia lo tomó de la muñeca y lo llevó al interior del hotel.

—¿¡Y ahora que te ocurre?!

—¿¡Que si no te excusas como irás mañana a mi examen, Dégel?!

El francés sonrió, mientras era arrastrado escaleras arriba, por su acompañante.
Debía encontrar un modo de referirse a Kardia de ahora en más.

¿Amigos, amantes ... simplemente Kardia?, ya lo pensaría más adelante, ahora disfrutaría el momento que le quedaba al lado de aquel griego que hacía que su corazón se arrebatara por completo.

—Kardia, jajaj. ¡¡Espera un poco!! ¿Ni siquiera te diste cuenta que hay ascensor en el edificio?

— Rayos... ni eres capaz de avisarme. Es tu culpa que esté así.

—¿Mi culpa?...¿porqué mi culpa, yo que hice?

— No te hagas, Dégel. Sabes de que hablo, dioses.

— No, la verdad no me figuro que pueda ser.

La mirada que Kardia le dedicó no tenía precio. Le decía todo con aquel simple gesto, lo cuál hizo que Dégel estallara en carcajadas.

— Si, sabes a que me refiero exactamente.

Las risas de Dégel alertaron a Pierre, quien salió de la habitación rápidamente al encuentro del joven tras haberle reconocido.

— Mon dieu, ¿estas son horas de llegar joven?

— Pierre, yo...

— Señor Pierre, ha sido mi culpa. Yo convencí a Dégel de dar un paseo antes de regresar y no reparé que ya era muy tarde.
Por favor no lo castigue, permítale ir mañana a la bahía y...

— Tranquilo no castigaré a nadie, pero deben ser responsables la próxima vez, o tendré que informar a monsieur Krest acerca de ello.

— Ay no...

— Tranquilos. No le he dicho nada de hoy pero, procuren cumplir sus promesas; si saldrán juntos, regresen a horario prudente y si van a tardarse, siempre pueden avisar.

— Lo entendimos sr. Pierre. Por favor discúlpeme. También esta invitado mañana a la bahía a ver las pruebas de navegación si lo desea.

Pierre le sonríe.

— Ahí estaremos, monsieur Kardia. Ya es hora de despedirnos, debemos descansar si queremos estar frescos mañana.

Los jóvenes se despiden.
Mañana se reencontrarían nuevamente, y llenarían sus memorias con nuevos y placenteros recuerdos, como los que se llevaban de esa noche.

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Chapter Text

Y así fue como Krest Garnier se olvidó hasta de quien, era aquella noche de otoño del 1 de Abril de 1999.

Adeline y él estaban en la sala, muy muy alejados de la realidad.

Habían abandonado el sillón hace un buen rato para ponerse de pie y despojarse lentamente de aquello que mas les estorbaba en esos momentos: sus prendas.

La pelirroja desprendió hábilmente la camisa del abogado, no sin antes desatar el pañuelo de seda prendido con un dije que llevaba tan elegantemente al cuello.
Una vez que se lo quitó, continuó su recorrido por el pecho del normando como otrora lo había hecho en el jardín de su casa, aquella vez que fueron interrumpidos por...

¿De que valía recordarlo ahora?. Adeline sonrió para sus adentros, esta vez nada ni nadie los iba a interrumpir, no dejaría ir a Krest por nada, aunque ella no sabía que su hermoso prometido, estaba muy de acuerdo con aquella idea suya.

Krest dejó caer su camisa de seda al suelo, mientras besaba a la hermosa mujer frente a él, disfrutando las suaves caricias que las manos de Adeline le proporcionaban sobre sus pectorales.

Su respiración era acompasada, pesada por momentos, producto de los latidos profundos que profería su corazón.
Estaba encantado con tenerla entre sus brazos, y ella no estaba diferente.

— Ayúdame con esto.—Le dijo mientras le daba la espalda.

Krest entendió rápidamente qué debía hacer.
Tiró del cordón que sujetaba el corset del vestido, y lo fué quitando poco a poco de los hojales, dejando al descubierto la nívea espalda de la mujer.

La recorrió con la yema de los dedos, mientras Adeline suspiraba con cada toque.
Ella ladeó un poco su cabeza y fué allí cuando Krest coló ambas manos entre el peto del vestido, y tomándola de la cintura, la atrajo hacia él, haciendo que la espalda de la mujer chocara contra su torso.

Ella se apresuró a quitarse aquella prenda tan odiosa. La arrojó a un lado y condujo las manos de su prometido a sus senos descubiertos.

— Será mejor subir de una vez.— Susurró él.

—¿Comodidad ante todo?— preguntó divertida.

— No te lanzaré al suelo de la sala, y no lo discutiré esta vez.

— Haz lo que desees conmigo, Krest.

Sin decir nada más, la tomó entre sus brazos y la guió a la habitación.
Estaban solos en la gran casona, no había necesidad de cerrar puertas, apagar luces o hacer silencio.
Ambos eran libres de disfrutar plenamente lo que vendría a continuación.

La colocó inmediatamente sobre la cama, mientras se extendía sobre ella, recorriendo la extensión de sus piernas con una de sus manos.

Adi le sonreía, y él no esperaría mas para unirse a ella de una vez.

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No podía pegar un ojo, estaba terriblemente acelerado. Su corazón latía de una manera extraña cada vez que recordaba su encuentro con Kardia.

¿Sería normal? ¿Kardia estaría en las mismas que él? Quería creer que sí, después de todo, fué aquel griego quien llevó el ritmo todo el tiempo.

Para Dégel era una situación bastante particular.
Primero, porque jamás había estado con un hombre de esa manera y segundo, porque posiblemente, estaba enamorándose de Kardia y eso, hasta hace una semana, era totalmente impensado para él.

Al día siguiente sería lunes, y el sábado de esa misma semana, debía volver a París.
Se suponía que no debía pasarle algo así; que solo iría a recorrer aquel sitio y distraerse, pero en cambio, sus sentimientos estaban metiéndose poco a poco en medio, y ahora no estaba seguro de querer regresar.

Sin embargo, no habia modo de negociar aquel viaje. Sabía que Krest jamás aceptaría que se quedara una semana más, además de que también estaba el hecho de que debía continuar con la Universidad.

Parecía una etapa que debía cerrarse, aún así, sus deseos de ver a Kardia y estar nuevamente juntos, se acrecentaba.
En la mañana lo vería otra vez, no estarían solos en esta oportunidad, pero al menos pasarían un rato agradable; claro, si es que podía dormir.

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En Paris, las cosas tenían otro ritmo. Dos amantes aún continuaban su entrega en una cálida y acogedora habitación de aquella casona.

Adeline estaba sobre su prometido y se movía con habilidad, mientras Krest la sujetaba de las caderas.
Sus movimientos eran suaves y precisos y la única testigo era la tenue lluvia que se desató por toda la ciudad, para dar la bienvenida al cambio de estación.

Los gemidos de ambos se hicieron oír. Adeline sonrió al oír a Krest.
Estaba enamorada de él, no había otra explicación que justificara el placer y el deseo desmedido que su mirada reflejaba en esos momentos, una mirada intensa y llena de pasión.

El abogado, por su parte, parecía intentar reprimirse pese a que estaba en las mismas que su hermosa novia, y no fué hasta que la mujer encima suyo le habló, que dejó sus prejuicios de lado y se entregó definitivamente.

— No te preocupes, mon amour...—le dijo Adeline, con voz suave y algo agitada—Quiero que te dejes llevar.

Krest jadeó, sentía su respiración aún más pesada que antes y sabía la razón.

—Adeline yo... —gimió de manera involuntaria, completamente extasiado—. ¡¡Je suis à point de finir!!Estoy ... a punto de acabar

Adeline se rió suavemente, mientras su mano se deslizó sobre el pecho de Krest.
Éste a su vez le sujetó de las caderas, procurando que ella deje de moverse demasiado, pero el caso es que le fué imposible; la pelirroja estaba en las mismas que él.

—Vamos, mi amor , sólo un poco ... mas. Déjate llevar.— ronroneó sobre el oído del abogado.

Ambos se liberaron casi al mismo tiempo, uno que disfrutaron plenamente, para luego relajar sus cuerpos uno al lado del otro.

—¿Estás bien?

Adi lo observaba respirar mas calmadamente, pues el semblante de su amante, cambió y dejó de verse preocupado.

Krest asintió; su voz sonaba baja y ronca.

— Sí... estoy perfecto. ¿Y tú?

— Me siento completa, mon amour. Como si nada más importara. No, de hecho... nada más importa.—le dice besándo sus labios fugazmente, mientras se acomodaba sobre el pecho del normando.

Krest se rió suavemente, deslizando su mano sobre la espalda de Adeline.

— Pues, así es exactamente cómo me siento. Mon dieu, ¿como es que esperé tanto para esto?

— Jaja, eres muy estructurado, Krest. Dejarse llevar de vez en cuando no esta tan mal, ¿no lo crees?

El hombre le sonrió una vez más. Adi tenía esa capacidad, la de arrastrarle a hacer lo impensado, aquello que en su mente, parecía imposible.

—Tienes razón. Debo dártela, después de todo, el mérito es completamente tuyo, cheri.

—Aunque, sólo es efímero.

—¿Por qué lo dices?

—Bueno, si estuvieramos juntos todo el tiempo, tu desconexión de los problemas sería más duradera.

— Adi... ¿dime de una vez en que piensas?

— Me gustaría regalarte mas noches como esta, mon amour. Ya no quiero estar lejos de ti.

— Estamos comprometidos, en dos meses nos casaremos y eso será un hecho.

— A menos que venga a vivir contigo desde mañana.

—¿¡Que!? Adi, no crees que de pronto...?

La pelirroja lo vió con seriedad.
Iba a darle un buen golpe si Krest se atrevía a meter al duque en la conversación.

—Nadie me objetará nada, Krest. Soy dueña de mis decisiones. Sólo depende de tí si me quieres aquí contigo.

El hombre suspiró profundamente, sin embargo, nuevamente su rostro reflejó preocupación, aunque no tan drásticamente como antes.

Adeline sabía que la principal preocupación de Krest era su hijo Dégel, y cómo reaccionaría a la noticia de su matrimonio.

—¿Aún piensas en la reacción de tu hijo, verdad?

—Si, así es.

— Creo que es mejor esperar a que Dégel regrese de sus vacaciones —dijo Adeline, procurando llenar su voz de tranquilidad—. Entonces, podemos hablar con él juntos y explicarle nuestra posición, mon amour.

Krest asintió, sintiendo un poco de alivio al saber que Adeline estaba dispuesta a enfrentar aquella situación juntos.

— Tienes razón. No quiero que Dégel se sienta sorprendido o confundido.
Quiero que sepa que esto es lo que quiero, y que espero que él también lo acepte.

Adeline sonrió y se acercó a Krest, besándolo suavemente en la mejilla.

—Estoy segura de que todo saldrá bien. Dégel es un joven inteligente y comprensivo.
Solo necesita un poco de tiempo para entender.

La mujer se acomodó nuevamente sobre el cuerpo del abogado. Estuvieron quietos por un rato mientras oían el suave chaparrón caer fuera, hasta que Krest comenzó a moverse en su sitio, como intentando comprobar alguna cosa.

—Mon dieu, quédate quieto, cherí. ¿Cual es el problema?

— Adi... ¿es mi idea o...?

—¿Que ocurre?, dime.

—Es que, siento húmedad a la altura de la entrepierna.

—Jaj, ¿ah si? Estoy para otra ronda si lo deseas.

—No, no me refiero a mi, sino a las sábanas, siento que están ... húmedas.

Adeline lo observa seria y se sonroja violentamente, escondiendo su rostro contra el pecho del normando.

— Creo que he sido yo. Creo que me excité demasiado y no pude controlarlo.— Dijo con la cara oculta.

Krest la mira algo asombrado.
Si sabía que algunas mujeres eran capaces de liberarse de esa forma pero nunca creyó que él pudiera causar esa reacción.

—¿Quieres darte un baño, en lo que yo cambio las sábanas? Sino enfermaremos y está comenzando a bajar la temperatura.

La mujer asintió, no sin antes pasar sus manos por todo el cuerpo de su prometido una última vez, provocando una sonrisa en Krest, luego se dirigió al cuarto de baño, contoneando su cuerpo completamente desnudo ante la atenta mirada del normando.

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La mañana del lunes era especial en todos los sentidos, para dos jóvenes que esperaban con ancias que amaneciera.

Kardia despertó temprano como era su costumbre, a las 4:30 am, para prepararse con tiempo y estar listo para su examen.
Estaba nervioso y algo ansioso también, no tanto por el examen en sí, sino mas bien porque cuando todo terminara, tendría el resto del día libre para estar con Dégel.

Se sentía bien a su lado. Mas allá de lo que habían compartido la noche anterior, a Kardia le gustaba pasar el tiempo en compañía del francés.

Hablar con Dégel lo calmaba. Aprendía de él y le gustaba la gracia y la delicadeza que monstraba el galo, pero también lo veía frágil y vulnerable, y eso le hacía sentir que necesitaba protegerlo.

Se apresuró a vestir su uniforme. Si todo salia bien con la bendición de Zeus, sería la última vez que lo llevaría, para dejarlo de lado luego de la prueba y vestir por fin el tan ansiado uniforme de capitán.

Al otro lado de la ciudad, pero no muy lejos del cuartel, las cosas no estaban muy diferentes en cuanto a ansiedad y nervios.
Dégel entró a darse un baño ligero para después, bajar junto a Pierre a desayunar.

Se vistió rápidamente y antes de salir del cuarto de baño, empapó su cuello con aquel perfume que le había fascinado al griego, antes de liarse el pañuelo de seda en él.

—¿Esta listo ya, joven Dégel? Si sigue tardando de ese modo, no llegaremos a tiempo.

— Oui, Pierre. Estoy listo, podemos irnos.

Ambos hombres abandonaron sus respectivas habitaciones para bajar a la zona del restaurante.
Una vez terminaron de desayunar, tomaron un taxi para dirigirse directamente a la bahía de Cabo Sunion.

Kardia había llegado a la zona del muelle, aparcó la motocicleta y se quitó el casco con sumo cuidado. Nunca solía usarlo, pero debía tener su cabello alineado aquel día y debía lucir presentable.

Una vez que bajó a la zona del amarre, se presentó ante sus superiores para mas tarde, subir a bordo de la Sea Voyager y cumplir la prueba.

—Buenos días, Doukas. ¿No trajiste a tu perra contigo?, es una pena. El culo de ese francés es una inspiración para cuaquiera.
Ni hablar cuando está excitado, y respirando con dificultad añorando un falo, ¿eh amigo?

—Eres tan vulgar...—Kardia sonríe de lado— pero no te preocupes, cuando pase la prueba con el mejor puntaje, mi primera orden será enviarte a limpiar las letrinas del cuartel, mi estimado.

—Ya veremos, Doukas... ya veremos quien ríe al último.

Dégel y Pierre habían llegado a la zona del mirador, se apostaron lo más cerca que pudieron de la orilla para ver aquella prueba lo más detalladamente posible.

Kardia alzó la mirada en dirección al mirador y vió como Dégel levantaba su mano para saludarle.
El griego sonrió e infló su pecho con seguridad.

El superior de la Armada les había indicado a los aspirantes que podían subir a bordo de sus respectivas naves.

La prueba era relativamente sencilla, debían navegar alrededor de la bahía y dar la vuelta en el peñón de rocas que quedaba justo frente al mirador, atravesando un estrecho entre dos peñascos, para luego regresar al muelle.

Partirían de dos en dos, el que realice el mejor tiempo, manteniendo estable el buque, recibiría el máximo puntaje y por consiguiente, el rango mas alto de la Armada.

La prueba comenzó, Kardia patiría en un segundo grupo junto a Julián.
Cuando les tocó el turno, ambos subieron a sus respectivas Fragatas para comenzar la prueba.

Cuando estaban a mitad de camino y debían rodear el peñón, Julián viró directamente la proa del Criseida hacia el estribor de la Sea Voyager, planeaba colapsar el costado izquierdo de la nave de Kardia para enviarlo contra el desfiladero de rocas.

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Chapter Text

Dégel y Pierre observaban desde el mirador con los prismáticos.

—Pierre, creo que algo anda mal...

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Dos horas antes...

Si haces eso, te van a descalificar y lo sabes.

Podré rendir la prueba el próximo año, y para eso Kardia Doukas ya no será un problema si puedo eliminarlo justo hoy

Estás loco amigo...

—¡¡Ey!! Estas conmigo en esto o te quedas en tierra, Orestes. De todos modos no quiero cobardes a bordo de mi nave.

Piénsalo bien, Julián. Orestes tiene razón, si se dan cuenta que provocaste un abordaje a propósito, hasta pueden expulsarte de la Armada.

Da igual si logro que ese hijo de puta se muera.
Bien, pongan atención, quiero que quede claro que cuando estemos tras el peñón , vas a enderezar el bulbo de proa(*)  justo en la dirección de estribor del Voyager, si es necesario despliega todas las velas para que el choque sea más violento.

Rayos!! No quieres desestabilizarlo, quieres naufragarlo...

Así es, quiero que se hunda en lo mas profundo de la bahía, no es mucho pedir, ¿o si? Ya modificaron el bulbo?

Hace dos dias. Le pusimos un espolón como ordenaste, aunque eso, ya de por sí es sospechoso.

Orestes, cierra la boca y mejor lárgate si no estás de acuerdo con esto, ya te dije que no me agradan los cobardes de mierda.

—¿¡Me pregunto que serás tú entonces tratando de sabotear esta prueba!? Además te recuerdo que soy tu timonel, no seas tan imbécil

Julián lo toma del cuello del uniforme y se dispone a golpearlo pero su otro compañero lo detiene.

Ya, calmados. Si Orestes no quiere participar, pues está bien. Nosotros lo haremos, Julián.

Eso quería oír. En marcha entonces

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—¿Porqué lo dice, joven Dégel?

— El otro barco, el que va detrás de Kardia, se está virando hacia él.

Kardia llevaba la delantera, tenía viento a favor y su fragata tenía un arqueo(*) mucho más ligero que el Criseida, eso le permitía navegar un poco más rápido, sin embargo, la fragata de Julián tenía mas velas, lo cual indicaba que si desplegaba todas completamente, alcanzaría al Sea Voyager sin demasiado esfuerzo.

Y aunque pudo haber hecho aquello, los planes de Julian eran un tanto mas oscuros.
Viró completamente la nave hasta tener frente a sí a la fragata de Kardia. Ésta bordeaba el peñón tal y como se le había indicado, pero justo en el instante en que ambos navíos quedaron tras las los peñascos, Julián ordenó desplegar completamente las velas del Criseida y éste impactó a toda velocidad por el lado de estribor, al Voyager.

El espolón de la proa entró de lleno en el casco, produciendo una avería gruesa(*) a la altura de la línea de flotación(*).

Rápidamente, Julián ordenó replegar las velas y virar nuevamente en dirección a la bahía, dejando a Kardia al borde del naufragio.

Dégel dejó caer los prismáticos cuando vió como Kardia era lanzado al mar, producto del impacto.
Bajó a toda velocidad del mirador, dirigiéndose a la zona de muelles.

No le importaba el estúpido mar o las olas o el agua, sólo quería ver que Kardia regresara con vida.

La Fragata Criseida amarró satisfactoriamente en el muelle, dejando atrás todo vestigio de la otra nave.
La respiración de Dégel se agitó al ver que aquel sujeto arrogante que intentó violentarlo, era quien descendía de aquel barco. Ahora, él también era el culpable del naufragio de Kardia.

—¡¡Lo hiciste a propósito maldito tramposo!! ¡¡Eres un asesino!! ¡¡Loco enfermo de mierda!!

Julián lo miró y sonrió de lado.

— Vaya, buenos días, que gusto volver a verte...pequeña zorra francesa...

— ¡¡Mas te vale que Kardia esté bien o ya verás...!!

—¿Que es esto, amenazas? oye, te me calmas, cariño.
Yo no tengo la culpa de que tu novio sea tan incompetente para maniobrar un simple bote, además ve el lado positivo...

Dégel lo mira desencajado, mientras aquel sujeto se le acerca con una actitud sobradora y sugerente.

—Ahora que no esta Kardia, me tienes a mi.

Al decir aquello, tomó a Dégel de la cintura y procuró besarlo a la fuerza, pero fué detenido por Monsieur Pierre, quien lo empujó, haciendo que el hombre caiga pesadamente sobre los tablones del muelle.

—¡¡Me las vas a pagar, maldito anciano!!

—¿¡Sr. Julián Solo!?

El alto mando de la Armada lo llamaba, mientras, los buques rescatistas buscaban a la tripulación del Sea Voyager que se había hundido en cuestión de minutos.

— Kardia, mon dieu...

Dégel se dejó caer sobre sus rodillas y rompió en llanto.

—¿Porque llora, joven francés?

Esa voz...

Al virar su cabeza hacia donde había oído la frase, estaba él con su sonrisa de siempre, completamente empapado y con ambas manos en la cintura.

Dégel se puso de pié inmediatamente, corrió hacia el griego y lo abrazó , liando ambos brazos alrededor de su cintura.
Hundió su rostro en el cuello de Kardia mientras aún sollozaba, y éste lo atrajo hacia su cuerpo, rodeándolo con ambos brazos, mientras le acariciaba su larga cabellera castaño verdosa.

— Aún no me has dicho, porque lloras.

— Tuve miedo de que algo malo te pasara. Creí que no volvería a verte.— le respondió el francés sin despegarse del pecho de su "amigo".

—¡¡Ja!! Se necesita mas que eso para matarme. Soy bueno nadando, mi querido amigo.

— Monsieur Kardia, que bueno que está usted bien.

— Hola, Pierre. Gracias por preocuparse por mí. Ahora si me permiten, tengo que arreglar cuentas con cierto hijo de puta.

— Kardia, espera... ¿que harás?

—¡¡Kardia Doukas!!¡¡Preséntense en el muelle de amarre ante el Alto Mando de inmediato!!

— A la mierda...—susurró— Bueno, deséenme suerte, veamos que dicen mis superiores respecto de esto.

El joven aspirante a capitán se retiró hacia donde había sido llamado. El bote salvavidas lo había devuelto a la costa sano y salvo de milagro, pero su nave se hundió completamente.

— Kardia Doukas y Julián Solo, la prueba ha sido insuficiente, por no decir un desastre, tienen suerte de que nadie haya salido herido. Pero es imposible dar un veredicto respecto de lo que hemos visto.

— Disculpe, Almirante. Pero no entiendo ¿qué tengo que ver yo si el marinero Doukas fué quien naufragó?

—¡¡Es mentira!!¡¡Tú chocaste su barco a propósito!!

Dégel se había entrometido en aquella conversación, y eso no pasó desapercibido para el Alto Mando.

—¿Quien ha dicho eso!?

— Yo, Señor. Lo siento, pero es la verdad.

" Voy a matar a ese francés hijo de puta"

— Acércate y dime que viste exactamente.

Dégel respiró profundo y caminó directamente hacia el Almirante, relantándole todo con lujo de detalles.

— Ustedes no pudieron apreciarlo porque sucedió justo en el momento en que ambos barcos estaban dando la vuelta en aquel peñón.
El barco de él — dijo señalando abiertamente a Julián—, abrió todas sus velas y se giró para chocar al barco de mi amigo. Hay mas personas que lo vieron todo, no fué un accidente.

—Marinero Solo, ¿que tiene que decir en su defensa?

— Ya lo oyeron, es su amigo. Es obvio que sólo lo esta inventando para que no lo descalifiquen.

La conversación y las discusiones se daban frente a todo el personal de la Armada, pero ninguna palabra había salido de la boca de Kardia en todo ese tiempo.
El joven sólo se limitó a oír todo aquello y simplemente adoptó una posición neutral ante el hecho.

— Quiero que requisen el "Criseida", si es verdad que el abordaje fué provocado, sr. Solo, será severamente disciplinado.

El personal calificado y los peritos navales, no tardaron demasiado en corroborar la version de Dégel.

— Almirante, hemos encontrado señales de adulteración en el casco de fragata " Criseida".
Hallamos un espolón adherido al bulbo de proa, señor.

— Entiendo. Sr. Solo, acompáñeme a mi oficina por favor. ¿Marinero Doukas?

—¿Señor?

— Felicitaciones por esta prueba, Capitán, la ceremonia de su ascenso y condecoración, será dentro de dos meses, pero el puesto es suyo, felicidades.

Ambos se saludan con una venia, mientras Kardia sonríe de lado y vé como su superior se alejaba lentamente de los muelles.

Dégel corrió a su encuentro y ambos se abrazaron nuevamente ante aquel logro del griego.

— Jaj, ¿que te parece, Dégel? Si soy Capitán. Y sin decir ni una palabra.

— Ya me asusté y pensé que te irías a los golpes con ese sujeto.

— Y ganas no me faltaron, pero lastimosamente no puedo hacerlo, no mientras estemos dentro de la Fuerza.

— Felicidades, monsieur Kardia. El joven Dégel y yo estamos muy felices por su logro.

— Bueno, es que Dégel resultó ser muy valiente. Nadie se hubiera enfrentado al Almirante de la forma que él lo hizo.
Te lo agradezco mucho, Dégel.— Le dijo tomando la barbilla del galo y levantándole la mirada.

El sonrojo violento volvió a invadir sus mejillas, ese sonrojo que a Kardia le pareció sumamente atractivo.

— Bien, ¿¡que opinan si vamos a celebrar!? ¿Pierre, si nos acompañas?

— Oui, monsieur, será un gusto festejar un logro tan importante.

— Bueno, en marcha.

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La mañana se asomaba en la gran casona que tenía en Paris.
Aún loviznaba sobre la ciudad, dejando ver un cielo grisáceo, anunciando la llegada definitiva del cambio de estación.

Krest se removió en su sitio, mientras procuraba despabilarse para poder centrar su mirada en el reloj apostado en la pared.
Eran las 8 am y debía ir a trabajar, intentó levantarse pero el peso de un cuerpo sobre el suyo le impidió moverse demasiado.

— Adi...—susurró esbozando una sonrisa de lado, recordando los hechos de la noche anterior.

La mujer se movió ligeramente al sentir una suave caricia en sus cabellos.

— Bonjour... Krest, ¿que hora es?

— Bonjour mon amour, son las 8 según veo. En una hora debo estar en el estudio de tu padre, y no se que mierda le diré cuando me pregunte porqué no llegaste a casa.

— Dile que hicimos el amor toda la noche y ya.

Adeline se sube al pecho del abogado y besa sus labios delicadamente.

— ¿Si? ¿Así nada más? Suena fácil.

— Oui...

— Si que estas loca, ¿eh? ¡¡Ven aquí!!

Krest la tomó de la cintura y ambos comenzaron una breve sesión de cosquillas y besos, inundando la habitación de carcajadas y remolineos sobre la cama, hasta que ésta se terminó y ambos cayeron al suelo liados con las sábanas.

— Eso dolió...

— Jajaj. Ay, me duele el estómago ya salte Krest, me haces cosquillas.

— No mademoiselle, aún no he acabado con usted.

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Los tres hombres se dirigieron al restaurante que se encontraba cerca del muelle, aquel en el cual Kardia y Dégel se habían visto por primera vez, no sin antes esperar a que el ahora capitán, se cambie la ropa húmeda que llevaba puesta.

— Bien, llegamos. Que tal si ordenamos un delicioso almuerzo griego tradicional y libre de almendras para Pierre.

— Jaja, que considerado, monsieur Kardia. Pero algo de almendras debe llevar algun plato, puesto que al joven Dégel le fascinan.

— Ah ya veo. Esa fue la causa de problema, no pensaste en tu amigo, ¿eh Dégel?

— Yo...

Era obvio que Kardia bromeaba, pero el joven francés, de pronto recordó lo mal que la pasó su amigo por su culpa.
El capitán notó aquel cambio repentino en el rostro de su amigo y rápidamente, se disculpó.

— Sólo estoy jugando, Dégel. Mira, hasta Pierre se rió de la broma.

— Joven Dégel, relájese. Eso ya quedó atrás y ahora estoy perfectamente. Además usted no sabía de mi pequeña alergia...

— Ni siquiera tu sabías. ¿¡Y cual pequeña?! ¡¡casi te me vas al otro mundo, mon dieu!!

—¡Jaja, deja la preocupación, hombre!, mejor celebremos.

Kardia levanta la mano llamando a la mesera y ordena una ronda de cervezas para los 3 mientras esperaban el almuerzo.

Luego de terminar de compartir la comida, los 3 quedaron un buen rato en sobremesa, hasta que monsieur Pierre consultó su reloj de pulsera.

—¿Ya deben irse. Pierre?

— Yo debo regresar al hotel, joven Kardia. Debo hablar con monsieur Krest en breve y no quiero preocuparlo.

— Entiendo. En ese caso déjenme acompañarlos.

— No, monsieur. No es necesario que vengan conmigo. Pueden seguir disfrutando del resto del día.

— ¿En verdad, Pierre?

Dégel no podía creerlo, es lo que mas quería y el secretario de su padre, pareció notarlo inmediatamente.

— Oui, joven. Sólo procuren no llegar muy tarde.

— Descuide, señor Pierre. Dégel y yo esta vez no nos retrasaremos.

El hombre se despidió de ambos jóvenes y tomó un taxi rumbo al hotel.
Debía dar noticias de su jornada a Krest o éste se preocuparía, sabía que su jefe había estado sensible estos días reapecto de su hijo.

Por su lado, Kardia y Dégel habían quedado a solas nuevamente en aquel restaurante, y no tenían intenciones de despedirse aún.

— Y bien, Dégel. ¿Quieres postre o dar un paseo por los alrededores?

—Pues... ¿no puedo ambas?

— Rayos, que demandante eres.

—¿Lo...siento?

—Cada que crees que me quejo de tí, me pides disculpas.

El griego suelta una risilla ante la mirada seria del francés.

—¿Y ahora que te ocurre? Deberías dejar de tomarte todo tan al extremo y relajarte más.

—¿Y que sugieres que haga?

— Esperaba esa pregunta. Ven, es hora de dar una vuelta.

Kardia lo toma de la muñeca y lo jala, haciéndo que Dégel se ponga de pié, luego se echa a correr por los callejones de la ciudad.

—¿¡ Kardia que crees que haces!?

— ¡Jaja, veamos si eres capas de alcanzarme, Dégel Garnier!

El francés esbozo una gran sonrisa, intentando correr lo más rápido posible, para poder alcanzar a su amigo.

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(*) bulbo de proa: es una estructura hidrodinámica ubicada en la parte delantera de un barco o submarino. Su función es reducir la resistencia al movimiento y mejorar la eficiencia en el agua, al crear una onda de presión que ayuda a impulsar el barco hacia adelante.

(*) arqueo: se refiere a la medida de su capacidad de carga, expresada en toneladas de registro bruto (TRB) o toneladas de registro neto (TRN). Es decir, es una medida del volumen interior del barco, excluyendo los espacios no utilizables para la carga.

(*) avería gruesa: se refiere a un daño o fallo significativo en un barco o su equipamiento, que requiere reparaciones importantes y puede afectar su navegabilidad o seguridad. Ejemplos de averías gruesas incluyen daños en el casco, como ocurrió en el caso del buque que manejaba Kardia, fallos en la máquina principal o problemas con el sistema de gobierno.

(*) línea de flotación: es la línea imaginaria que marca el límite entre la parte sumergida y la parte emergida de un barco en el agua. Indica el nivel al que el barco flota en relación con el agua.

Chapter Text

— ¡¡Kardia, espera!! ¿¡Que rayos pretendes!?

Dégel le había perdido el rastro entre unas columnas dóricas que sostenían las ruinas del templo de Poseidón.

— No es gracioso, Capitán. ¡Sálga de una vez!

Se paseó sigilosamente por entre las ruinas, observando todo con cuidado de no ser sorprendido.

— ¿Kardia?— llamó de nuevo.

Oyó unos pasos tras de sí y sintió como era asido por la muñeca hacia el interior del edificio.
Su espalda chocó con la estructura de mármol, aunque no en forma violenta.

Se aclaró los ojos lo más que pudo, pues el sol le pegaba de lleno en el rostro y observó al hombre que lo sujetaba de la cadera de manera firme.

— Te tengo, Dégel.— Le susurró al oído

Kardia besó los labios del francés de forma demandante y Dégel no tardó en corresponderle, enredando sus piernas en la cintura estrecha del griego , mientras sus manos recorrían su cabello y parte de su espalda.

Rápidamente, las cosas se caldearon entre ambos.

— K-Kardia... mon dieu.— murmuró agitado.

— Shh, sólo déjame quitarte la ropa.

— Estamos demasiado expuestos... ¡¡ah!! Kardia, estas loco.

—Así es mas emocionante, créeme.—Le dice besándolo, procurando acallar un poco los gemidos del francés.

El capitán hábilmente, dejó caer sus pantalones y se acomodó entre ambas piernas de Dégel.
Lo sostuvo de los muslos para soportar su peso y lo penetró lentamente, mientras el francés recargaba su espalda en aquella mampostería.

Ahí estaban otra vez.
Ambos se entregaron nuevamente, y lo harían durante los días subsiguientes con total naturalidad.
Pero ninguno de los dos diría una sóla palabra de ello. La regla parecía ser sólo estar juntos y disfrutar ese deseo que ambos compartían.

El sonrojo en los pómulos de Dégel no se hizo esperar.
Jadeaba mientras Kardia se movía en su interior.
Se aferró aún más a su cabellera negra mientras el capitán le repartía besos por el cuello.

No hubo diálogos esta vez, sólo se contemplaban de tanto en tanto y disfrutaban de la reacción ajena.

El tiempo que tardaron en llegar al climax era lo de menos, sólo se preocuparon de aprovechar el momento a solas.
Ahora no estaban en la bodega de un buque, y no era precisamente de noche, así que ambos se acomodaron sus prendas rápidamente una vez que culminaron aquel acto tan placentero para ambos, procurando no ser descubiertos.

Caminaron un poco mas hasta el mirador donde Dégel y Pierre habían estado el día anterior para ver el exámen del capitán.
Ambos iban en silencio, aquello no era incómodo en absoluto, cada quien reflexionaba sobre lo sucedido.

Cuando llegaron a la zona del barandal, fue Kardia quien extrañamente, rompió el silencio que reinaba entre los dos.

— No tuviste miedo hoy.

—¿¡Que!?

— Al mar. Bajaste al muelle para defenderme, sin que te importe tu miedo al mar.

— Ah pues, no lo pensé mucho, creo que me asustó mas el sólo pensar que algo malo te pasó y...

Kardia sonrie.
Al fin logró que Dégel perdiera sus miedos y eso era satisfactorio para él.

—¿Que pasará con él, Kardia?

—¿Mmm?

— Ya sabes, con ese sujeto que trato de matarte.

—Ah pues, no creo que le hagan demasiado, es hijo de Ulises Solo, uno de los Armadores(*) mas poderosos de Grecia.
Lo mas probable es que arregle todo con dinero y ya, lo dejarán dentro.

—¿¡Que!? ¡¡No es justo!! Es un maldito.

— Jajaj, tranquilo, ahora parece que eres tú quien quiere golpearlo.

— Pues yo si puedo. Además ya lo hice y aunque me dolió la mano, fue muy satisfactorio.

— Jajaja, tal parece que tendré que entrenarte para que golpees a Julián por mi.— le dice guiñándole el ojo.

Dégel le sonrió, aunque rápidamente dirigió su mirada a la bahía y cierta nostalgia se apoderó de su rostro.
Era claro que aquel comentario le recordó que debía volver pronto a su patria.

— Entonces, el sábado volverás a París, ¿cierto?

El francés suspiró profundamente.

— No quisiera irme, créeme. Pero me temo que debo regresar, mis vacaciones se terminan ese día.

— Entonces quédate. Quédate conmigo, Dégel.
Dile a tu padre que te quedarás unos días más en casa de un amigo.

Un "amigo". Detestaba oír esa estúpida palabra.
No se sentía amigo de Kardia, sino mucho mas, aunque aquel griego no parecía tener la misma impresión.

Sin embargo, Dégel le sonrió algo forzado.

— Papá no lo aprobará, además de que debo iniciar clases en una semana.

—¿Te irás... así nada mas? Ya veo.

Kardia pareció algo decepcionado. Dégel había sido la persona más cercana a él hasta ahora, y de la nada deberían separarse.
Otra vez estaría solo, otra vez su peor miedo retumbó en su mente: quedarse en soledad.

— No perderemos contacto, lo prometo. Te escribiré a diario y podemos hablar por teléfono entre que yo termino de estudiar.
Luego volveré y estaremos juntos de nuevo.

—¿Cuanto tiempo, Dégel? ¿Cuanto debo esperarte a que regreses?
¿Porque mejor no le dices a tu padre que continuarás estudiando aquí?

Parecía querer retener al galo a toda costa, pero Dégel decía bien, Krest no lo aprobaría.

— Debería mudarme aquí y como te dije, papá aceptó a regañadientes este viaje y no creo que me lo permita. Por favor, entiende.

— Te entiendo, no te preocupes, mi padre es igual en algunos aspectos. Te extrañaré.
¿Me prometes que vas a cuidarte, Dégel? No quiero que nada malo te suceda si yo no estoy contigo.

El francés le acaricia el rostro tiernamente, mientras Kardia toma su mano y le besa en la palma.

— Estaré bien y volveré a buscarte Kardia, no te olvidaré, puedes estar seguro de eso. Te lo prometo.

Esa promesa que le profirió a Kardia, aquella mañana de lunes 2 de abril de 1999, le costaría demasiado cara a Dégel Garnier.

El griego le sonrió. Pareció entender aquello, después de todo, él ya sabía que el final sería ese, lo sabía desde el día en que conoció al francés y éste le dijo que era un turista que estaba en sus vacaciones de verano.

Pese a que parecía sentirse atraído románticamente por aquel joven de ojos violetas, en la mente de Kardia sólo eran amigos, y es así como el griego lo entendió.

Para él, haber tenido intimidad con Dégel, significaba estar más unido a él.
Aquello le hacía pensar que su amistad sería más profunda y duradera.

Tal vez la figura esbelta y agraciada así como el aspecto andrógino(*) del joven francés, le atraían sexualmente, y no iba a negarlo, pero la realidad era que no lo veía más que como un buen amigo, uno al que comenzó a tenerle gran estima.

Jamás aclararon ese punto en la relación que ambos tenían, por ello,  todo quedó asumido de manera tácita aunque en la mente de Dégel pasaban otras cosas y él si estaba perdidamente enamorado del Capitán.

Y fué precisamente por ese entendimiento tácito, que el día de la partida del francés de vuelta a París, ambos se despidieron tan sólo como dos buenos amigos.

No hubo lágrimas, ni besos, ni caricias, ni sexo. Tan sólo un abrazo fraternal entre ambos, con la promesa de volverse a ver.

Pierre y su joven acompañante, pronto abordaron la aeronave y se pusieron cómodos, en 3 horas estarían en París nuevamente y Krest los estaría esperando para llevarlos a casa.

Dégel miraba por la ventanilla mientras el avión carreteaba y una pequeña lágrima, por fin rodó por su mejilla, apenas se marchaba y ya extrañaba no ver al hombre que le había robado por completo el corazón y el aliento.

Kardia no estaba diferente. Extrañaría a aquel francés de ojos violáceos y cabello castaño verdoso.
El aspecto de aquel joven era particularmente atractivo y esos lentes que solía llevar le daban un toque intelectual bastante interesante.

Sonrió al recordarlo. Verlo reír o escuchar como pedía disculpas con cada tontería suya, a Kardia le divertía, sólo esperaba que estuviera bien.
Aunque si lo pensaba mejor, Dégel estaría mas seguro en París, lejos de Julián Solo.

Regresó al cuartel. Ahora era capitán de Fragata, uno de los rangos más importsntes que pudiera alcanzar dentro de la Armada.
Se sentía orgulloso y feliz; al menos pudo compartir su logro con alguien que también lo apreciaba, su amigo Dégel.

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El vuelo arribó a tiempo en la capital francesa.
Pierre y Dégel descendieron de la aeronave y fueron a la zona de equipajes a retirar sus pertenencias entre que esperaban la llegada de Krest.

No pasó mucho tiempo que el abogado llegó y llamó la atención de ambos hombres que lo esperaban pacientemente.

Krest llegaba vestido con una gabardina verde musgo, estaba lloviznando copiosamente.
Su padre siempre había detestado la humedad del clima en otoño, pero ese día parecía extrañamente mas animado que de costumbre.

— Bienvenidos, caballeros.

— Papá...

Dégel fué al encuentro de su padre y lo abrazó fuertemente.

— Vaya, tal parece que alguien me extrañó.

— Usted también lo extrañó, monsieur Krest, ¿no es así?

Krest correspondió el abrazo de su hijo, atrayéndolo a su cuerpo y besándole la coronilla.

— Oui, es verdad. Te extrañé mucho, hijo.
Bueno, es hora de irnos, la llovizna se vuelve mas intensa y no veré el camino de regreso.

Después de subir el equipaje al Bugatti, los 3 hombres subieron al vehículo, listos para regresar a la casa.

Dégel no dejaba de observar a su padre por el retrovisor. Krest estaba extrañamente feliz.
Miraba a los lados, conversaba animadamente con Pierre... ¿iba escuchando a Bach?... nunca escuchaba música mientras conducía.

— Tendrán que esperarme un momento, pasaremos por la Universidad. Debo dejar unas formas para el rector.

— Claro, papá. No hay problema.

— Vaya tranquilo, monsieur.

El abogado tomó su portafolios y bajó rápidamente, tratando de evitar empaparse, dejando a Dégel y a su secretario a solas, oportunidad que fué aprovechada perfectamente por el joven para indagar.

— Pierre... ¿que le ocurre a papá?

El secretario se acomodó en su asiento algo nervioso.

—¿En... que ...sentido lo pregunta, joven?

—¡¡Ay por favor!!¿No lo ves extraño? Parece otra persona... esta relajado y sonriente ¿¡y escuchando Bach en el auto!? Algo sucede y cambiaron a mi padre.

Pierre si sabía la razón de aquel cambio en el humor de Krest, y también sabía que no podía decirle nada a Dégel hasta que llegaran a la casa y sea su padre quien le explique los motivos de su repentina felicidad.

Cuando el abogado regresó al vehículo, ambos hombres que lo esperaban, volvieron a su posición inicial cambiando de tema rápidamente.

— Ya está hecho, hora de volver a casa.

Krest condujo una media hora más hasta llegar a la casa.
Al entrar, todo estaba normal a los ojos de Dégel, salvo por un extraño y dulce aroma a arándanos que inundaba la sala por completo.

Rápidamente miró a su padre, quien parecía estar de lo mas normal, luego observó a Pierre, quien también parecía ajeno a todo.

" Algo raro se traen ustedes dos y ya sabré que es".

Subió a su habitación a dejar sus cosas y de paso, darse un baño. Aún era temprano y quería desayunar algo.
Luego se pondría al corriente de sus próximas actividades en la Universidad.

Ya a solas en el despacho de Krest, éste hablaba con Pierre acerca de su próximo matrimonio.

—¿Ya ha pensado hablar con el joven Dégel?

— Si, es que... Adi y yo quedamos en decirle cuando ustedes estuvieran de regreso, pero estoy algo nervioso te lo confieso.

A Krest no le preocupaba si Dégel aceptaba o no a Adeline, le preocupaba más la reacción que pudiera tener en el momento de la noticia.
Aunque su hijo era bastante tranquilo, también era muy difícil predecir alguna reacción de su parte. En eso eran demasiado parecidos.

— El joven Dégel entenderá, monsieur. El ya no es un niño. Si ustedes le explican que están enamorados y que se casaran, pues no veo que él se oponga.

Pierre lo decía, porque infirió que Dégel estaba en las mismas.
Tal vez su joven amigo experimentó un efímero amor de verano con aquel griego, así que estaba seguro de que entendería las razones de su padre.

— Espero estés en lo correcto, lo que menos quiero es iniciar una riña con mi hijo a estas alturas de mi vida. Odio pelear con Dégel.

— Pues, seamos optimistas.

El timbre de la casona sonó de repente, pero lo hizo justo en el momento en que un trueno explotó retumbando en toda la casa.
El abogado y su secretario no lo oyeron ya que estaban a puertas cerradas en el despacho, pero Dégel si lo escuchó, pues justo atravesaba la sala.
Se apresuró a abrir la puerta puesto que, luego de aquel estruendo la lluvia se desató copiosamente.

— Mon dieu, al parecer el cielo se caerá.
Perdón por llegar tarde, mon amour, es que con esta neblina es imposible ver con claridad la carretera.

Dégel estaba en shock.
Quien le hablaba era una hermosa mujer, la mas bonita que el habia visto jamás.
Tenía su cabello rojizo algo húmedo por el mismo clima y vestía una gabardina color vino.

—¿Bonjour mon... amour?— cuestionó el joven.

La mujer alzó sus ojos, pues hasta ese momento estaba concentrada en sacudir el paraguas para poder entrar a la casa sin dejar charcos.
Su rostro se enrojeció y tapó su boca con sus manos.

— Yo... lo lamento, discúlpame, te confundí.

— No hay cuidado. Supongo que buscas a mi padre.

— No, es decir... si busco a Krest, pero... Lo siento estoy tan avergonzada, me pasa por distraída.

— Entra, no te quedes ahí, te prepararé algo caliente entre que mi padre te atiende.

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(*) armador: es una persona o empresa que se dedica a la construcción, reparación y mantenimiento de embarcaciones y buques, como barcos mercantes, navíos de guerra, yates, etc.

Los armadores navales pueden ser responsables de diversas tareas, como:

- Diseño y construcción de embarcaciones
- Reparación y mantenimiento de buques
- Instalación de sistemas y equipos navales
- Pruebas y ensayos de embarcaciones
- Gestión de proyectos y presupuestos

Los armadores navales pueden trabajar en astilleros, varaderos, o en empresas de construcción naval. Requieren conocimientos técnicos y habilidades prácticas en áreas como la ingeniería naval, la carpintería, la soldadura, etc.

(*) andrógino: es una persona que presenta características físicas y/o comportamientos que no se ajustan a los roles de género tradicionales de masculino o femenino. Esto puede incluir:

- Características físicas que no se ajustan a los estándares de masculinidad o feminidad, como una voz aguda en un hombre o una estructura ósea fuerte en una mujer.
- Comportamientos o expresiones de género que no se ajustan a los roles tradicionales, como un hombre que se expresa de manera emocional o una mujer que se viste de manera masculina.
- Identidad de género que no se ajusta a los roles binarios de hombre o mujer, como una persona que se identifica como no binaria o genderfluid.

Es importante destacar que la androginia no es lo mismo que la intersexualidad, que se refiere a personas que nacen con características físicas que no se ajustan a los estándares de masculinidad o feminidad.

La androginia puede ser una expresión de la diversidad de género y puede ser una forma de desafiar los roles de género tradicionales y promover la inclusión y la aceptación.

Chapter Text

Dégel la condujo amablemente a la sala de estar,  le sostuvo la gabardina mientras Adeline se la quitaba y la colgó diligentemente en el perchero.

— Ponte cómoda, le avisaré a papá de tu llegada.

— Merci, Dégel.

Luego de sonreirle, se dirigió a la cocina para preparar algo de café para la recién llegada, no sin antes pasar por el despacho de su padre.

Antes de entrar, tocó la puerta suavemente.

—¡Adelante!

— Hola.—le dijo esbozando una sonrisa estúpida.

—¿Hijo, que te trae por aquí? ¿está todo bien?

— Oui, pero te esperan en la sala , "Mon Amour" jajaaj.

El rostro de Krest se tornó rojo como una fresa.

—¿¡Que dices?!

— Lo que oyes, una hermosa mujer de cabello rojo te espera en la sala.
Mejor que vayas o se va a aburrir de esperarte, padre.

Krest dio un salto de su asiento y se dirigió rápidamente a la sala ante las risas burlonas de su hijo y la mirada atónita de Pierre.

Una vez solos, Dégel arremetió contra el secretario.

— Así que... por ella es que papá esta tan raro. ¿Me pregunto si hablaban de  ello a solas cuando ibas al hotel y yo me quedaba con Kardia?

— Joven Dégel, yo...

—Jajaj, pues me da mucho gusto por mi padre. Ya era hora, ha estado mucho tiempo solo, ¿no crees?

Pierre lo mira sorprendido.
Dégel no parecía estar reacio a la noticia de que su padre tenga pareja nuevamente. 

El mismo había llegado a la conclusión de que Dégel comprendería puesto que tal vez estaba enamorado, pero aquella frase tan optimista de parte del joven, realmente lo tomó por sorpresa.

Y ya que había visto a la mujer y sabía de la relación de su padre, Pierre decidió hablar del tema, al menos para que Dégel este un poco al tanto de la situación cuando la pareja decida hablar con él.

— Vamos a la cocina mejor. Le prometí a esa bella pelirroja que le prepararía un café y no pienso quedar mal.

Pierre lo siguió y ambos siguieron conversando, mientras la infusión se preparaba.

— Así que ya llevan un tiempo... bueno yo sospechaba algo cuando vivíamos en Normandía.
Cada vez que papá venía a París, luego regresaba con una felicidad inmensa.

— Bueno eso es cierto. Aunque a Mademoiselle Adeline le ha costado bastante que tu padre salga un poco de la rutina.

— Me imagino lo que habrá sufrido, pobre mujer.

— Lo mismo que pasó el joven Kardia con usted...

— Pierre... tienes la lengua muy afilada, oye.

— Jaja, pero es verdad, ¿no es así?

— Tal vez tengas un poquito de razón, pero agradezco que así fuera.
Conocer a Kardia me ha hecho estar mas seguro de mi mismo y siento que puedo relajarme un poco, mas sin dejar de ser yo mismo.

— Bueno, eso mismo le pasa a su padre en estos momentos.

— Jaja y es bueno. Ok, el café ya está listo, es hora de ir a la sala a interrumpir a ese par.

Pierre le sonrió y abrió la puerta de la cocina para que Dégel pase con la charola.
En verdad le dio gusto que el muchacho haya tomado todo de buena forma.

En la sala, la pareja evaluaba las posibilidades acerca de la reacción del joven aspirante a letrado.

— Adi, se supone que debías venir en la noche.

—¿Lo olvide? Además me dijiste a las  nueve,  no supe si de la mañana o de la noche. ¡¡Ay, vamos Krest!! ¿que puede salir mal? él ya me vió y fué muy amable conmigo.

— Si pero el no sabe que estamos juntos, Adi...— Krest la observó seriamente al ver que la mujer desvió la mirada—, no lo sabe ...¿verdad?

— Bueno, cuando llegué creí que fuiste tú quien abrió la puerta y lo saludé como acostumbro saludarte a ti... ¿mon amour?

—Mon dieu...

— Es que no fué hasta que me respondió que me di cuenta que no eras tú.

— Disculpen la interrupción, pero le prometí un café, mademoiselle.

Krest miró a su hijo seriamente, mientras Dégel le sonreía amablemente a Adi, provocándole un sonrojo leve a la mujer.

— Merci, querido. Krest... ¿no vas a presentarnos?

El abogado la miró nuevamente y se aclaró un poco la garganta.
Dégel por su parte, no aguantaba la risa.

— Oui, perdón. Dégel, quiero presentarte a Adeline von Bayern...—respiró profundo en esta parte, pues debía explicarle a su hijo el rol de Adi.

Si le decía que la pelirroja era su amiga, Adeline le daría un buen golpe.
Pero antes de que pudiera decir que la mujer era su prometida, Dégel  lo interrumpió.

— Mucho gusto, mademoiselle. Es un placer conocerla. No sabía que mi padre tenía amistades tan elegantes.

— Dégel...

Adeline le sonrió al oír las palabras de aquel muchacho tan educado.

— Merci, Dégel. El placer es todo mio. Krest me ha hablado mucho de tí y veo que no ha mentido en nada.

Dégel le sonrió esta vez, dejando la charola sobre la pequeña mesa ratona de la sala.

— Bien, me retiro. Deben tener mucho de qué hablar y no quiero ser inoportuno.

La pareja se miró fugazmente y antes de que el joven se retirara, Krest lo detuvo.

— Dégel, espera. Adeline y yo queremos hablar contigo.

—Claro, ¿de que se trata?

Krest y Adi comenzaron a contarle todo desde un principio.
Desde como se habían conocido, hasta el inicio de su relación formal hace 2 semanas.

Dégel, muy por el contrario de lo que pensaba su padre, oía atentamente y su rostro se veía relajado; pareciendo aceptar la relación que éste tenia con aquella mujer.

— Pues, que les puedo decir... felicidades a ambos. Me dá mucho gusto por los dos, papá. Espero que sean felices juntos, de verdad.

Al terminar de decir aquello, se acercó y abrazó a su padre y luego, le dió un beso en la mejilla a la mujer que estaba junto a él.

— Hay algo más, Dégel.

— Dime, papá.

— Adeline se mudará con nosotros a partir se mañana, espero estés de acuerdo.

Dégel le sonrió a la pelirroja.

— No tengo problema alguno que así sea. Me gustaría mucho conocerla un poco más, mademoiselle.

— Estoy de acuerdo. Será una buena oportunidad para compartir tiempo juntos hasta el día de la boda.

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Dos meses después...

Preparaba todo para regresar a Meteora. El autobús saldría a medio dia y por fin regresaría a su cuidad natal.
Para Kardia, vivir en la capital no fué la mejor experiencia, si no fuera porque conoció a Dégel, las cosas se habrían tornado mas tediosas para él.

Amaba la tranquilidad de Meteora, además de que todos sus amigos estaban allí, esperaba verlos nuevamente, en especial a uno;  Aspros Kallis.

— Ya estarás feliz. Al fin conseguiste lo que querías.

Julián estaba recargado en el marco de la puerta y observaba al capitán, mientras éste empacaba.

— No lo habría conseguido de no haber sido gracias a tí, mi querido "contramaestre".
Tienes suerte de haber logrado al menos un rango después de lo que hiciste.

— Te diré, Kardia, que me voy a vengar de todas tus burlas de mierda en algun punto de nuestras vidas, eso te lo aseguro.

— Lo esperaré con ansias, sólo no te tardes demasiado en limpiar los baños del cuartel.

Si por Julián  fuera, le habría saltado al cuello y lo habría golpeado hasta desfigurarlo, pero sabía muy bien de la habilidad de Kardia con los puños, además, ahora era su superior.
Debía controlar su ira, ya habría una oportunidad de cobrarle todas la capitán.

Luego se su pequeña riña, fué por su correspondencia aquella mañana como solía hacerlo habitualmente, encontrando entre la misma, una carta proveniente de París.

" Dégel"

En efecto, la carta era de aquel joven al que había conocido dos meses atrás.
En ella, Dégel le contaba todo lo que había ocurrido en ese tiempo.
Su carrera, sus exámenes y la boda de su padre que se celebraría en 2 días.

Kardia sonrió al leerlo, era la primera carta que recibía del francés, después de que había regresado a París.
Se apresuró a regresar a su departamento y responder la carta, en ella le envió a Dégel una nueva dirección postal, pues ahora debía regresar a Meteora, y si querían seguir en contacto, Dégel debía saber donde enviar la correspondencia.

Cuando la misiva estuvo lista; tomó su motocicleta y se dirigió a la oficina de correos para reenviarla.

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— Adi, ¿crees que recibirá la carta?, es decir, ¿crees que la acepte?

— ¿Por que no lo haría, cariño?

— No lo sé, es que le dije que le escribiría a diario y mira, han pasado 2 meses.
Si no fuera tan distraido, como es que pude olvidar donde puse su dirección postal? Debió creer que no me importó lo que compartimos.

— Dégel, no fué tu culpa. Han pasado muchas cosas, ¿no lo crees? Pero no te angusties, ya verás que Kardia te responderá.

— Espero tengas razón.

Adeline y Dégel conversaban animadamente, su relación iba viento en popa.
El joven y la pelirroja se llevaban mucho mejor de lo que Krest hubiera imaginado.
Pronto ambos se volvieron muy cercanos, al punto de que Dégel la buscaba para hablar de sus mas íntimos pensamientos.

Pronto se convirtieron en muy buenos amigos, además de que la ausencia de Krest la mayor parte del día, prácticamente los obligaba a convivir a solas por más tiempo.

En efecto, la carta llegó al día siguiente.
En ella, Kardia le relataba todo lo acontecido hasta la fecha, mas el plus de que ahora, por fin podía regresar a Meteora.

Julián quedó en Atenas, debiéndole a la Armada una fragata nueva por haber hundido la suya, además de que ya no podria volver a ascender, quedando con el rango de contraalmirante hasta que se retire.

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"Es un castigo merecido, no lo crees?. Espero volverte a ver pronto, te he extrañado mucho en todo este tiempo.

Kardia."

P.D. mi nueva dirección postal es St. West 2345 en Meteora."
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Sonrió al leerla, y la leyó unas 10 veces como mínimo, tratando de imaginar a Kardia y su expresión al redactarla.
Deseaba tanto volver a verlo, y al parecer el capitán lo extrañaba de igual forma, de otro modo, no se habría molestado en colocar una nueva dirección postal.

Al día siguiente, enviaría nuevamente otra misiva para el griego, o al menos eso era lo que tenía en mente, puesto que también tenía en mente, los festejos por la boda de su padre.

Esa mañana fué muy diferente a todas las demás, principalmente por los preparativos y los últimos detalles para la ceremonia de matrimonio que se llevaría a cabo en el Petit Palais, ubicado en el centro de la ciudad de París.
Todos estaban algo alborotados y en la emoción del momento, Dégel olvidó completamente el asunto de la carta.

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El autobús había arribado, pronto vería nuevamente a su padre y a sus amigos.
Tomó un taxi rápidamente y se dirigió a la mansión Doukas, a reencontrarse nuevamente con su padre Zaphiri.

Al llegar, un hombre de cabello negro y ojos celestes, atendió la puerta de la mansión.

— Sea usted bienvenido, Kardia.

Kardia entró a la casa y dejó caer el equipaje a un lado de la puerta, abrazando fuertemente al hombre que le había dado la bienvenida.

—¡¡ Vlad!!. Que bueno verte amigo mio.

— Jaja, ¡¡calma Kardia o me va a quebrar en dos!!

— Bienvenido a casa, mi amor.

—¿Mamá?. Ya era el mejor día de mi vida, ahora se está poniendo mejor.

Su madre lo abrazó fuertemente y lo besó en ambos lados de la cara.

— Zaphiri y yo estamos muy orgullosos de tí, hijo.
Has logrado lo que te has propuesto y eso para nosotros ha sido lo más importante.

— No te creo. Bueno no creo que ese sea el caso de papá.
De un inicio se puso raro cuando le dije de mis aspiraciones. Por cierto, ¿donde está?

— En Rodas. Llegará en la noche, me temo.

Kardia sonrió.

— Claro, los negocios primero, ¿no es así?

— Hijo, no seas injusto con tu padre. Se preocupa por nosotros y trabaja muy duro para mantener a la familia.

— Hmm, con un status totalmente innecesario, madre. Todo esto tan ostentoso, ¿para que?
Después de todo, cuando Hades se lleve nuestras almas no llevaremos nuestro dinero.

En cierta forma a Kardia parecía molestarle un poco la vanidad de Zaphiri.
No se quejaba de los lujos a los que estaba acostumbrado, pero los consideraba irrelevantes.

Luego estaba el tema de sus amigos. A sus padres parecía importarles demasiado con quien se relacionaba Kardia, a tal punto de mirar despectivamente a sus amigos cuando solían visitarlo, sólo porque no tenían tanto dinero como el sr. Zaphiri.

Era feliz con Vlad. Lo quería y lo admiraba tal vez más que a su progenitor.
Aquel hombre practicamente lo había criado y el capitán lo respetaba y lo trataba como un amigo, tal vez por ello, Kardia era de gustos simples, con un corazón grato y amable.

— Iré a descansar un par de horas.

—¿Tienes planes acaso? Acabas de llegar.

— Lo sé madre, pero debo ir al puerto a presentar mi legajo, y luego a mi clase de esgrima.
Además debo visitar a Aspros, que ya ha de estar al tanto de mi llegada.

— Por los dioses, Kardia. ¿Acaso no se te acaban las energías nunca?

— Jajaa es tu culpa madre. Tú y papá me hicieron así.

La mujer no pudo más que sonreír por aquel comentario. Su hijo ya era un hombre y le costaba un poco asumir que ya no era un niño y ahora tenía responsabilidades que afrontar.

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Chapter Text

Se despertó de su siesta muy animado, pues vería nuevamente a su amigo, luego de 2 años de haber ingresado a la escuela de la Armada en Atenas.

Aspros Kallis era su mejor amigo, si bien tenía otros más, Kardia lo apreciaba sobremanera, pues, a pesar de llevarse 7 años de diferencia, aquel hombre era maduro y sabia darle consejos y escucharlo cuando tenía dudas existenciales o alguna decisión importante que tomar.

Aspros tenía su vida hecha.

Estaba casado con Diana Polidis, una publicista, secretaria de su hermano Defteros, pero recientemente, la mujer había enfermado y su cuadro se agravó, y esa era otra razón por la cual Kardia quería verlo.

Tomó un baño ligero y bajó a la cocina por un bocado, para luego ir al puerto, a las oficinas de la guardia portuaria y llevar su legajo y sus papeles, como nuevo capitán a cargo de la jurisdicción de los puertos de Meteora y Volos.

Al llegar a la guardia, entró a las oficinas y entregó toda su documentación respectiva, siendo ésta, receptada de forma satisfactoria. 

Cuando ya iba saliendo, una voz conocida llamó su atención.

—Oye , Doukas¿Porqué tanta prisa?¿Acaso ya no te gusta reunirte con los pobres?—

Al voltear, vió directamente a quien le hablaba.
No era otro que su querido amigo, así que corrió tan rápido como pudo y abrazó a Aspros tan fuerte como si quisiera evitar que escapara.

—¡¿Pero que!? ... ¡cálmate Kardia! ¡me arrancarás el torso de las piernas!!—

—¿¡Como quieres que me calme si hace miles de años que no te veo!? Por cierto ¡Gracias por escribir, idiota!—

— No tuve tiempo, pss. Ya sabes, Diana, los niños, mi trabajo; así es imposible ir a la oficina de correos.—

— Es un gusto volver a verte.—

— Lo mismo digo, tenemos mucho de que hablar y ya estaba aburriéndome sin ti.—

—¿Como están Diana y los niños?—

— Los niños están bien, por suerte. Aunque no es igual con Diana; su cuadro se agrava cada vez más y me temo que los médicos no le dan muchas posibilidades.
Para colmo mi trabajo me impide cuidarla como es debido, mi hermano está ayudándome con todo, ya sabes.—

— ¿Aun no saben que tiene tu esposa?—

— Dicen que es una extraña enfermedad en la sangre que le produce hemorragias y anemia, pero el pronóstico es reservado.—

— Dioses, lo lamento tanto, Aspros. Me gustaría ayudarte con ello pero no se como, y para colmo has estado muy atareado, según me cuentas.—

— Tenemos que partir a Sicilia pasado mañana y de ahí, a Éfeso. Fácil tengo 2 meses de viaje a bordo del carguero.—

— Aspros, si tu problema es monetario, no dudes en pedirme ayuda, sabes que puedes contar conmigo.—

—Te lo agradezco, pero no tienes que molestarte, si los dioses me lo permiten, éste será mi último viaje, luego regresaré para estar al lado de Diana.—

— ¿Quieres que vayamos a verla?—

— Acabo de salir del hospital, prácticamente me echaron de allí.
Por suerte ella está estable pero no hay mejorías.
Salí a distenderme y te encontré a ti.—

— Bueno, distendámonos entonces, ¿te parece?—

— ¿Que propones, Doukas?—

— Vamos al club, a blandir los estoques, ¿que dices?—

Aspros sonríe de lado. Sabía que Kardia era fanático de la esgrima y él no era menos adicto al deporte, así que asintió rápidamente.

— Me parece una grán idea, amigo mio.—

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La boda daría inicio a las 7 pm en el Petit Palais.
Los invitados estaban llegando poco a poco y ya avanzada la hora de la cita, los duques de Baviera hicieron acto de presencia.
Muy pronto, Adeline se presentaría y la ceremonia daría inicio por fin.

—¿¡Dégel, donde está Pierre?! necesito que me ayude con el pañuelo, rayos.—

— Papá,¿ Y si te calmas!? Déjame ayudarte.—

— ¿Sabes lo que haces?—

— Claro, tú y Pierre me enseñaron. Déjame colocarte este prendedor, siento que estás muy apagado vestido de negro y blanco, pareces un tablero de ajedrez.—

Krest lo mira serio y la ansiedad se le sube al corazón.

— Vaya, gracias por tu terrible sinceridad en estos momentos, te amo hijo.—

— Jaja, cálmate. Este broche de rubí te dará el toque, y de paso hará juego con el cabello de tu novia, ya deja de estar nervioso, mon dieu.—

La hora de presentarse a la ceremonia, había llegado.
Padre e hijo bajaron al salón principal del Palacio y se dirigieron al altar perfectamente dispuesto.
La entrada de ambos era solemne, y ambos estaban muy elegantes.

Aguardaron tan sólo unos minutos cuando la bella pelirroja se presentó de la mano de su padre.

Adeline llevaba un vestido blanco tradicional, en las mangas, tenía delicados bordados de perlas e hilos plateados y celestes y en la cabeza, una tiara de diamantes adornaba su hermosa cabellera rojiza.

Ambos hombres en el altar estaban ensimismados viéndola.
Krest embelesado por la belleza de aquella mujer y Dégel, impresionado por la elegancia y el porte de la novia de su padre.
La pelirroja parecía una verdadera princesa sacada de un cuento de hadas.

— Pero es que no lo entiendo...— susurra el muchacho.

—¿Que, que no entiendes, hijo?—

—¿Como carajos le hiciste para conquistarla, papá?—

Krest rodó los ojos y Dégel soltó una risilla.

— Cállate ¿¡ no ves que me pones mas nervioso!?—

— Jaj ya ok, ahí viene ponte serio.—

Una vez que Mademoiselle Adeline llegó donde su futuro esposo, la ceremonia dió inicio.

Todo el protocolo se llevó a cabo con total normalidad y ambos pronunciaron sus votos frente a la atenta mirada de todos los invitados.
Muy pronto, ambos unieron sus vidas en sagrado matrimonio, sellándo el acto con las alianzas en sus manos y un beso final ante los presentes, como testigos.

La felicidad en el rostro de los recién casados era notoria, finalmente, ya nada los separaría.

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En el gimnasio del club, dos amigos terminaban de dar su último duelo.

— Vaya que no has perdido la práctica,  aún eres veloz para dar estocadas.—

— Tú tampoco estás mal, Aspros. Para ser mayor que yo, te mantienes intacto.—

— Jajjajj, ¡¿insinuas que estoy viejo, maldito tonto!? Aunque la verdad si estoy algo oxidado.—

— Pero me diste pelea, ¿quieres ir por algo de beber?—

Aspros lo mira curioso.

— Tengo la impresión que no quieres regresar a tu casa, ¿es eso? No me digas que discutiste con Zaphiri otra vez.—

Kardia suspira. La relación con su padre era relativamente buena, pero  el sr. Doukas si era de buscar pleitos donde no los había.

— No quiero que de pronto comience a señalarme errores... ya estoy un poco harto de nunca complacerlo.—

— De todos modos, tarde o temprano tendrás que volver a la mansión.—

— Por suerte no estaré demasiado tiempo ya que tengo viajes programados por la Armada.—

—¿Irás a Volos?—

— Si, iré a vivir allá, después de todo es la juriadicción que debo supervisar.—

— Eso es bueno.—

— ¿Y bien, si me acompañas?—

— Me temo que no, dejé a Defteros a cargo de los niños y debo ir por ellos o mi hermano enloquecerá.
Lo siento en verdad, pero tal vez Sísifo esté disponible, ya sabes donde encontrarlo.—

— Es verdad, me olvidé de él ¿Como ha estado?—

— Está con mal de amores, pero ya se le pasará.—

— Jmm veo que las cosas no estan muy distintas ¿Aún vive en el casco antiguo de la ciudad?—

— Si, él y Merope aún viven allí.—

— Me diste una buena idea; creo que le haré una visita después de las duchas.—

— Rstoy seguro que le hará bien verte.—

Ambos amigos se quitaron los uniformes  y se dirigieron a los vestuarios.
Como lo habían planeado, se dieron un baño y se despidieron en la puerta del club, cada uno tomó el camino que se propuso, prometiéndo volver a verse al día siguiente.

Al perder de vista a Aspros, Kardia caminó en sentido contrario.
Observó su reloj pulsera y comprobó que aún era demasiado temprano para regresar a casa y la idea de ver a Sísifo no era mala.
Sin embargo, tuvo que ingresar nuevamente al club para buscar su estoque que había quedado olvidado  en el vestidor.

— Ahh, por un carajo. Menos mal que no es algo importante sino...—

Cuando iba entrando, de pronto chocó con una muchacha que salía, al parecer de la zona de natación, pues llevaba el cabello húmedo.

En el choque, Kardia le hizo echar su bolso y la muchacha fue a dar al suelo, cayendo pesadamente.

— Ah!! No se qué me pasa hoy, lo siento no quise ... golpearte.—

El capitán la observó atentamente.
La muchacha era una jovencita muy bonita, su cabello rubio casi blanco impresionó al capitán, como así también sus ojos color turquesa, un color muy llamativo en verdad.
La observó por un rato mientras la auxiliaba, estaba seguro de que no la había visto antes.

— Descuida, fué mi culpa, venía distraída.—

—¿Segura que estas bién?—. Le dice ayudándola a ponerse de pié, tomándo también el bolso de la muchacha.

— Si, despreocúpate. Gracias por la ayuda.—

La joven tomó su bolso de las manos del capitán y le sonrió, dispuesta a marcharse.

— Espera...—

Kardia la detiene y ella se voltea curiosa para ver que necesitaba aquel joven.

— ¿Ocurre algo?—

— Es tarde. ¿No viene nadie por ti? Ya esta oscuro.—

— Mi hermano debía venir pero, me avisó que se retrasaría. De todos modos, sólo vivo a dos cuadras, no te preocupes.—

— No, déjame acompañarte.—

Kardia recordaba lo acontecido con Dégel y a lo que el francés se tuvo que enfrentar por haberle dejado ir solo. No se lo perdonaría si algo le pasaba a aquella muchacha, pudiendo él, cuidarle la espalda.

— ¿Estás seguro que no es molestia?, no creo que ocurra nada en 200 metros.—

— Nunca se sabe. Déjame buscar mi estoque y partiremos de inmediato.—

El capitán se apresuró y una vez que tuvo el arma en sus manos, salió al encuentro de la rubia para acompañarla a su casa.

— También practicas esgrima, que bien.—

—¿También?—

Kardia lo mira extrañado, pero luego, al ver su equipo y la funda de un estoque en el costado del bolso de la chica, entendió que también ella practicaba aquel deporte.

— Si, yo vengo a diario, estoy en el equipo de la universidad.—

— Jaja, pensé que estabas en natación, malinterpreté tu cabello húmedo.—

— Ah, es que me dí una ducha antes de salir, tengo clases mañana y no me gusta perder tiempo lavando mi cabello.—

Kardia la oía atento.
La joven le agradó y pronto se dió cuenta de que la charla surgía de manera espontánea entre ambos.
El capitán tenía un don para el coloquio sin duda, no era que le fuera mal con la comunicación, así que decidió aprovechar la charla para averiguar mas acerca de la rubia.

— No eres de aquí, es obvio. Tu acento es extraño, ¡sin ofender!—

La chica lo miró con gracia.

— No, jaja no me molesta que lo notes, porque si, es verdad, no soy de aquí, soy de Estocolmo. Estoy de intercambio en la universidad.—

— Entiendo. Discúlpame no me he presentado, me llamo Kardia—

— Mucho gusto, Kardia. Mi nombre es Sonja.
Bien aquí es donde vivo, gracias una vez mas por la compañía.—

— Ha sido un gusto hablar contigo. Que tengas buenas noches, Sonja.—

— Hasta pronto, Kardia.—

El capitán observó aquel sitio. Desearía haber podido continuar la charla con la muchacha pero apenas si la conoció y procuró entonces, no ser invasivo.
Se despidió amablemente de ella, aunque algo en su interior le decía que volvería a verla muy pronto.

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El baile dió inicio y en el Petit Palais; todos estaban alegres por la pareja de recién casados.
Adeline y Krest eran el centro de atención y Dégel no paraba de sonreír al ver a su padre tan animado.

Le daba gusto que por fin, el abogado parecía  haber encontrado la fecilicidad tras años de soledad y frustración y una vez más recordó que la causa del infortunio que vivió Krest, era debido a Cordelia Rosilvieau, su madre.

Esa noche recordó muchas cosas tristes y que, en cierta forma, lastimaban su corazón, su madre por un lado y por el otro... nuevamente había dejado a Kardia al último y se puso peor al darse cuenta que nunca envió la respuesta a la carta del griego.

Estaba sentado en una de las mesas con la mirada perdida en los efectos de luz cálida que creaban un ambiente de gala.
Aquella actitud en Dégel, no pasó desapercibida por Adeline, quien se acercó rápidamente a su encuentro.

—¿Puedo acompañarte?—

Dégel salió de sus pensamientos al oir la suave voz de la mujer.

—Adi... claro que puedes, discúlpame.— Dijo limpiándo sus lentes.

— Cariño, ¿que te ocurre, porque lloras? Y no me digas que de felicidad porque no lo creo.—

Dégel la miró con ojos tristes.
Adeline entendió entonces que había dado en el clavo. Algo estaba atormentando al muchacho así que debía hacer lo posible para que cambie de ánimo.

—¿Quieres irte ya?, podemos hablar con Pierre para que te lleve de regreso a casa si no te sientes bien, Dégel.—

—¿¡Que?! No, como crees, estoy perfectamente, es solo que...—

—¿Que ocurre? dime. Sabes que puedes contar conmigo.—

— Sólo recordaba cosas malas, y entre ellas recordé que olvidé otra vez a Kardia.—

— Mañana podrás responderle la carta, no entiendo porque te pones triste, siempre podrás hablarle, de todos modos.—

— Es que no es eso nada mas, es que...—

El rostro de Dégel se ruborizó y de pronto una lágrima muevamente rodó por su mejilla.
La esposa de su padre lo tomó del rostro con ambas manos y posó sus ojos en los del joven.

— Mon dieu, tú...?—

— Quiero verlo otra vez, Adi. Las cartas no son suficientes.
Yo lo amo, amo a Kardia con todo mi corazón.—

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Chapter Text

Los meses subsiguientes fueron una pesadilla para Dégel.
Los exámenes eran inminentes y él no tenía cabeza para nada más que para Kardia Doukas.
Pero ¿que había sucedido? El capitán, si bien le respuestaba cada carta, dejó de hacerlo con la frecuencia habitual.

Aquello fué un golpe duro para el joven francés, quien no dudó siquiera pensar que aquel griego perdió el interés en él, y que tal vez, su romance sólo fue eso, un idilio de verano.

Su estado de ánimo repercutió rápidamente en su actividad académica.
Era muy aplicado a sus tareas diarias y trabajos, pero últimamente le daba igual aprobar con un sobresaliente que con la nota mínima y eso sí que no era habitual en él.

No pasó demasiado tiempo que Krest llamó su atención y no de la mejor manera.

Aquella tarde, al regresar a casa, su padre lo esperaba en el despacho para hablar con él respecto de sus calificaciones.
Debía saber que ocurría con Dégel y qué explicación le daría para justificar sus bajas notas.

— Papá, me dijo Pierre que me esperabas.—

— Oui, toma asiento.—

Su padre lo observó de arriba abajo, estaba claro que algo estaba afectándole, pero era difícil saber si Dégel le diría la razón de su semblante tan abatido.

—Dégel... ¿sabes porqué estás aqui?—

Aquella pregunta le llamó la atención y rápidamente buscó cruzar miradas con su padre.

—¿De que hablas? Tu me mandaste a llamar por eso estoy aquí.—

— Si, pero ¿sabes porque te llamé? Supongo que lo imaginarás.—

— Dime de una vez, porque tanto misterio, papá.—

— Tus calificaciones, son terribles. Tienes puros 6 en las 4 materias troncales y eso que aún te falta el examen integrador.
Además de eso, tus trabajos prácticos ni siquiera estan visados, y los que lo están, no fueron correjidos como te lo han indicado.—

— Papá, no reprobé ningun examen hasta ahora, eso debería ser suficiente.—

—¿¡Acaso estas escuchándote, hijo!?, no alcanza con ser suficiente, debes esforzarte o caerás en la mediocridad y pasarás a formar parte del grupo de cuervos que hacen estragos con la profesión de letrado.—

Dégel parece pensarlo unos minutos, no iba a trabajar de abogado, tenía pensado seguir periodismo y fotografía una vez que le diera a su padre el gusto de estudiar leyes y tener un título de grado, pero la verdad no le interesaba vivir de ello.

Suspiró antes de darle una respuesta a Krest, una que no hiciera que ambos discutieran por estupideces.

— Tienes razón, prometo mejorar.—

— No se que esté distrayéndote tanto, pero espero procures subir tus calificaciones, hijo.
La excelencia hace a los buenos profesionales.—

— Lo entiendo, ¿ya puedo irme?, aún me faltan leer 200 páginas de historia.—

— Claro, vé. En breve te llamaremos a cenar.—

Al salir del despacho, se dirigió a su cuarto cabizbajo, sin percatarse que Adeline lo había visto.

Rápidamente, la mujer entró al estudio de su esposo, dispuesta a averiguar que había ocurrido entre él y su hijo.

Tocó suavemente la puerta hasta oir la voz de Krest que la invitaba a pasar.

— Adelante.—

— Cheri, bonsoir.—

— Bonsoir, mon amour. Que agradable visita.—

El hombre se pone de pié y se acerca para depositarle un dulce beso en la mejilla.

— Krest... ¿que pasó entre tú y Dégel? Lo ví salir de aquí muy afectado.—

El abogado cambió de semblante al oír aquella pregunta, no quería involucrar a Adeline en asuntos que tengan que ver con él y su hijo, pero sabiendo como era la pelirroja, lo mejor sería decirle.
Era en vano que le niegue los acontecimientos.

— Lo que sucedió fue que lo enfrenté por sus calificaciones, mira.—

La mujer toma la planilla de asignaturas con el promedio histórico de Dégel y la observa.

—¿Que tiene de malo?—

—¿Tu también?¿No ves como bajó sus calificaciones considerablemente?, eso afectará su promedio.—

La pelirroja levanta una ceja y lo observa como no creyendo aquellas palabras.

— Digo, ¿no te pusiste a pensar que tal vez algo le esté pasando para que ocurra esto? ¿O simplemente crees que se la pasa de holgazán?—

— No quiero creerlo pero así parece, es más, últimamente duerme casi toda la mañana, excepto los días que tiene clases.—

— Repito, ¿no crees que algo le esté pasando y por eso está así?—

—¡¡ Ahh, mon dieu!¡ ¿¡Que preocupaciones podría tener!? Tiene 19 años, Adi.—

— Pues por eso mismo te lo planteo. Déjame hablar con él; tal vez me diga que le tiene tan afectado.—

— Jmm ¿crees que te lo dirá a ti? ¿Asi nada mas?—

— Lo hará, porque no voy a regañarlo a la primera, Krest. Mas bien voy a tratar de apoyarlo.—

La mujer le devolvió aquella planilla con las calificaciones de su hijo y antes de marcharse, se volvió nuevamente hacia su esposo para hablarle.

— Deberías confiar más en él, y tal vez te cuente las cosas, en vez de estar pidiéndole informes a la universidad acerca de los desempeños académicos de tu hijo, eso es humillante para él, Krest.
Deberías pensar antes de hacer las cosas.—

Dicho lo último se retiró a la planta alta a hablar con Dégel, dejando a su esposo, sumido en sus pensamientos, ante aquellas palabras.

~•~•~♧~•~•~

Tocó la puerta de manera suave, oyendo del otro lado, la voz quebrada del muchacho, se notaba que había roto en llanto.

Al ver a Adeline entrar, Dégel dejó sus gafas sobre la mesa de noche y corrió hacia ella, abrazándola y hundiendo su rostro en el pecho de la mujer.

Lloraba desconsoladamente y sus lágrimas no tardaron en humedecer la ropa de la pelirroja.

Adi cerró la puerta, mientras abrazaba cariñosamente al joven, procurando calmarlo para poder hablar con él.

— Dégel...cariño, debes calmarte para que puedas decirme que te ocurre. Sólo así sabré como ayudarte.—

Le acariciaba el rostro, secando las lágrimas de aquellos ojos violáceos, mirándole tiernamente.

Por fortuna y después de un rato de sollozos, Dégel recuperó la calma y por fin pudo hablar.

— Me duele el pecho, siento que quiero morirme a veces, y ahora es peor...—

—¿Que te tiene tan angustiado?, además de las discusiones con tu padre, claramente.—

— No, no es eso. Mi padre es lo de menos, Adi. El problema es...—

— Kardia...—

El joven asintió.

Ya llevaba un buen tiempo hablando con Adi acerca de Kardia, y a pesar de que la mujer creía que entre ambos jóvenes, todo estaba bien, la realidad, al parecer, era muy distinta.

— ¿Que ocurrió, Dégel?¿Acaso pelearon?—

— Ni siquiera eso. Las últimas dos semanas ni siquiera respondió mis cartas... y el último mes, sólo respondió una sóla vez para decirme que debía apoyar a un amigo que pasaba un momento de duelo. Luego de eso, no he sabido mas nada de él y siento que mi corazón se me quiebra en mil pedazos, Adi.—

— Tal parece que Kardia también tiene demasiadas cosas que resolver, ¿no dijiste que era militar?—

— Si, él es capitán de un buque de guerra...—

Al decir aquello pensó también en las palabras de la mujer que lo acompañaba.

¿Y si Kardia estaba en una mision?
¿Y si estaba a bordo de una nave de guerra, como a él le gustaba llamar a aquellos grandes barcos? ¿Y si estaba pensando de manera extremista y el capitán lo extrañaba tanto como lo hacía él?.

Por unos instantes dudó de su propio comportamiento.

Así como él tenía responsabilidades, también Kardia las tenía. Por un momento se quedó en silencio y agachó su rostro en señal de vergüenza.

— Tal vez sea solo eso, cariño. Posiblemente solo esté con demasiado trabajo. Dale tiempo y verás que te responderá .—

Dégel se tranquilizó ante las dulces palabras de la mujer.

Adi era la única que parecía entender como se sentía, y él agradecía tenerla a su lado.
Volvió a abrazarla, esta vez mas calmado, mientras la pelirroja besó su frente y acarició su rostro.

— Gracias, Adi. Ojalá y mi padre se tomara la molestia de escucharme como tú lo haces.—

—Krest tiene otras cuestiones en su mente, pero ya hablaré con él al respecto.

De todas formas jamás dudes que tu padre te ama.—

— Lo sé. Pero no sé que tan fuerte sea su amor...—

—¿Cheri, porque dices eso?—

— No sé que pensará cuando descubra que amo a Kardia.—

— No pienses en eso. Seamos optimistas.—

— ¿Que tal si me termina odiando por ello, Adi?—

— No será así. Y si llegare a suceder, yo jamás te dejaré solo, Dégel. Te lo prometo.—

__________________~•~_________________

En la mansión Doukas, Zaphiri y su esposa, esperaban a su hijo para cenar, pero tal parece que los planes de Kardia eran otros.

— Esta cada vez mas irreverente, es como te lo digo, sus amigos no son una buena influencia para él.—

— Querido... deberías tratar de ver a Kardia como un hombre, pronto se irá de aquí, este es su último mes viviendo con nosotros.—

— Buenas noches, papá, mamá. Disculpen la tardanza.—

— ¿Que te sucedió ahora, Kardia?—

— Tuve que ir a la oficina de correos antes de que cerrara.—

—¿Y no podías esperar hasta mañana?—

—Zaphiri...—

La mujer llamó la atención de su esposo, lo que menos quería era una riña entre ambos en plena cena.

— No, no podía. Es que mañana temprano, zarparé para Atenas y no iba a tener tiempo de enviar la carta. Además de que me retrasé varios meses en responderla.—

— Parece ser algo importante, hijo.—

— Para mí lo es, papá. Bueno, no quiero comer demasiado y tengo una cena con...—

—¿ Saldrás?—

— ¿Si...? ¿Que parte de que me iré por un tiempo es la que ustedes dos no entienden?. Debo despedirme de mis amigos también, madre.
Por suerte yo tengo amigos.—

Aquella última frase la soltó viendo directamente a Zaphiri, quien rió de lado.

— Muy pronto te darás cuenta si tus amigos realmente valen la pena, Kardia.—

— Suficiente, me largo. Buen provecho a los dos.—

El joven se levantó de su asiento y rápidamente salió del comedor, tomó su abrigo y se marchó de la mansión, dando un portazo en señal de molestia.

— Es demasiado pedir que no pelees con Kardia, ¿verdad?—

— No fastidies, se ha vuelto muy rebelde y no podemos hacer nada. No quiero echar culpas, pero no debimos dejarlo ir a Atenas.
Mira como volvió. Ahora es militar y enfrenta a su propio padre, cuando debería obedecerme y cerrar su boca.—

— Zaphiri ya basta. Kardia no estará siempre a nuestro lado y mejor que te vayas acostumbrando.—

~•~•~♧~•~•~

Tomó su motocicleta y se dirigió al casco céntrico de la ciudad, se encontraría con aquella muchacha que conoció en la salida del club hace ya dos meses.

Sonja Dybeck y su hermano Albafica, esperaban por él en un bar.

Kardia y los hermanos muy pronto entablaron una amistad muy estrecha en todo ese tiempo, y mas luego de la ausencia de Aspros y de Dégel.
La vida del capitán se hubiera tornado solitaria de no haberlos conocido.

—¿Como están?, lamento haberlos hecho esperar.—

— Descuida, acabamos de llegar también. ¿Sucedió algo, amigo? Te ves preocupado.—

— No es nada, Alba. Solo otra estúpida discusión con mi padre.—

— Bueno, nada raro entonces. Quien no discute con sus padres. Dínoslo a nosotros, que por poco y nuestro padre llama a la policía aeroportuaria para que no viajemos.—

—¡¿Como dices!?—

Sonja se echó a reir a carcajadas recordando el hecho que narraba su hermano.

— Es verdad, cuando le dijimos que nos habían admitido para estudiar aqui, papá enloqueció.

Pero creo que fué mas por mamá, era ella la que no quería que sus pequeños se fueran del hogar jaja.—

— Yo creo que la desesperación de nuestro padre era porque quedaría sólo con mamá.—

— Tienes razón, Alba. Eso debió ser jajja.—

Ambos hermanos bromeaban sobre la situación de sus padres, sacándole carcajadas al capitán, quien olvidó momentáneamente el asunto de la pelea con Zaphiri.

Luego de una cena tranquila, los 3 amigos continuaron charlando animados, hasta que el móvil de Albafica comenzó a sonar.

— Disculpen, debo atender.—

El sueco se puso de pié y se alejó de la pareja, dejándolos a solas.

— Necesito uno de esos.—dijo el griego en referencia al teléfono móvil.

— Son bastante útiles... aunque no sé si serán tan eficientes como las cartas o los mails .—

— A tu hermano parece funcionarle.—

— Albafica está familiarizado con esas cosas.Trabaja con ellas desde hace mucho.—

— Me ha dicho que trabaja con el ejército.—

— Mi, es una suerte de agente especial. Mejor no le preguntemos demasiado o tendrá que matarnos.—

Kardia se echó a reir por el comentario de Sonja y ambos voltearon en dirección de Albafica, quien regresaba nuevamente.

—¿Todo bien?—

— Si, tranquila. Era uno de mis jefes, tendré que volver mañana a Estocolmo. Hubo un problema y debo solucionarlo.—

—¿Ya se irán de regreso a su pais?—

— Sólo yo. Sonja vive aquí y también trabaja. Ella no se irá, así que tranquilo jaj.—

El comentario de Albafica hace que tanto su hermana como Kardia se sonrojen violentamente. El sueco no pareció notarlo, pese a que los aludidos, quedaron en silencio por un buen rato.

— ¿Y tú que harás?—

Albafica rompió el silencio. Sacándole de nueva cuenta, conversación al griego.

— En dos días debo partir a Atenas. Ya emprenderé mi primera misión de patrullaje.—

— Aún te quedan dias de convivencia con tu padre, por lo visto. Yo por ahora, me retiro, debo viajar mañana.—

Albafica se pone de pie y Sonja hace lo mismo para ir juntos, pero su hermano la detiene.

— Sonja, puedes quedarte un rato más si quieres, sólo no regreses muy tarde. Kardia te la encargo, si no es mucho pedir, a menos claro, que ya también quieras irte.—

— No claro que no. Yo la cuidaré.—

Sonja los mira seria.

— Ni que fuera un bebé.—

— Jaja, calma hermanita. Nunca está demás ser precavidos. Nos vemos.—

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Chapter Text

— Y dime, ¿ya te irás de vuelta a la mansión?

— ¿Tan rápido quieres deshacerte de mi?

—  o es eso, no... yo sólo pregunté porque dijiste que también debías viajar.

— Si pero volveré al cuartel, no iré a casa a que mi padre me ataque nuevamente.
Sé que le molesta que me vaya así que prefiero evitarlo y ya.

— Creo que voy a extrañar tus locuras, Kardia.

Sonja lo mira sonriéndole.
Al capitán le agradaba la compañía de la sueca, y no sólo eso, además era bonita.
Un plus que a Kardia no le desagradaba en absoluto.

—¿Ah si? ¿Quieres dar una vuelta por la ciudad, digo, asi no me extrañas tanto?

— De acuerdo, sólo...

— No iré rápido. Lo prometo.

Sonja lo miró extrañada.

— No...tengo problema con que vayas rápido, el caso es que no tardemos demasiado en volver, mañana tengo que trabajar.

Un recuerdo fugaz invadió su mente.
Era aquel francés de ojos violáceos quien odiaba ir rápido, deseaba poder volver a verle, sin embargo, no había tenido noticias de Dégel de hace bastante.

Supuso que estaría ocupado con sus exámenes, así que no le dió mucha importancia; de todas formas, estaba satisfecho con haber enviado esa carta antes de salir de viaje.

— Claro, lo entiendo. Sube, no nos alejaremos demasiado.

Kardia condujo hacia donde solía ir para estar tranquilo, la costa cerca del muelle.
Al llegar, ambos bajaron de la motocicleta y se recostaron en una de las bancas que daban frente al puerto.

—No conocía esta parte de la ciudad. ¿Ocultas varios secretos eh, Kardia?

— No tantos...mi vida no es tán interesante como crees. Soy como cualquier otro.

— A mi no me parece. Eres diferente a muchos que he conocido.

— ¿A cuantos has conocido?

— Bueno, a nadie que fuera capitán siendo tan joven... ¿a que viene esa pregunta desvergonzada?

— Yo, lo siento... discúlpame no quise ser entrometido...

— Jajaj, solo bromeo. Pero de verdad, mi hermano es el único que conozco con ese rango y ascendió hace poco. Haz de ser muy habil en la materia, supongo.

Kardia sonríe. Al fin había alguien más que se interesaba en su carrera ascendente como capitán.

— Te invitaría a navegar, pero no puedo hacerlo en un buque oficial de la Armada.
Aunque si algún día me acompañas a Volos, allí tengo un velero propiedad de papá que podria servir.

— Pues me encantaría, de verdad Kardia. Pero será en otra ocasión y si me llevas contigo.

— Claro que te llevaré. Daremos un paseo por el Egeo y te prometo que si caes al mar, iré por ti.

— Ya lo creo, sólo no olvides bajar el puente para poder subir de nuevo al velero.

Ambos se echaron a reir a carcajadas de sólo imaginar aquella situación particular.
Luego de una charla amena, ambos se quedaron viendo el cielo estrellado.

— ¿Sabes?, me la he pasado muy bien hoy, Kardia. Creo que, es un hecho que te voy a extrañar bastante cuando te vayas.

— Creí que no estaba en discusión.

— Jaja, ay lo siento. Tienes razón, no lo está, me gustaría que te quedaras un poco más, es todo.

El capitán la observó por un largo rato, mientras la joven cerró sus ojos, recostando su cabeza en el respaldo de la banca.

Kardia se acercó lentamente y le deposito un suave beso en la mejilla, luego le susurró al oído.

— No te preocupes, no me iré por mucho tiempo.

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Estaba en la sala, sentado, viendo la chimenea fíjamente.
De tanto en tanto, la madera crugía, dejando ver pequeñas chispas saltar hacia los lados.
Había descorchado un Torrontés(*), mientras pensaba en aquella conversación que había tenido con su esposa.

Adeline no había vuelto a bajar, así que infirió que fué a su alcoba a descansar, pues ya era tarde.

—¿Que es esto?¿Ahora te dedicas a beber?

—Adi... no, yo... creí que dormías.

Dejó la copa de vino sobre la mesa ratona, mientras su esposa tomaba asiento a su lado.

— Estaba con Dégel.

— Hablaron por mucho tiempo.

— No, mas bién tu hijo se desahogó en llanto por casi dos horas, acaba de dormirse hace un momento.

— Pero, ¿qué es lo que le ocurre? ¿Te lo dijo acaso?

— Tu actitud no ayuda, Krest. Él cree que no lo amas, y tú que vas y le regañas.

—Adi, no puedo premiarlo si no hace las cosas como debe. Tiene pésimas calificaciones ¿y tú quieres que lo felicite?

— No dije eso. Al menos antes de regañarlo, habla con él para saber que le ocurre.
Todos tenemos nuestros días malos, como sospecho que tú también los estás teniendo y no me lo dices. Prefieres desquitarte con tu hijo.
Me doy perfectamente cuenta de todo, no me creas una tonta.

Krest la observó serio.
Era verdad que estaba teniendo conflictos y a pesar de esforzarse por ocultarlos, su esposa de todas formas lo descubrió.

—¿Y bién?¿Me dirás de que se trata o también te desquitarás conmigo?

— Mon amour, jamás lo haría.

— Pues bien, te escucho.

El abogado toma un gran bocanada de aire antes de continuar.

— Estoy en una encrucijada.
Por un lado, el rector me puso en un puesto muy importante, que me mantiene sumamente ocupado,y por otro, tu padre me comunicó que debemos mudarnos...

—¿Mudarnos?¿A donde y porqué?

— A Normandía. Según me dijo, irán a vivir allí con tu madre y pondrá el despacho en alguna locación .
No me dijo mucho más.

— Ya veo.

— Si decido ir con tu padre, deberé renunciar a mi cargo como jefe de cátedra en la universidad, y si elijo el cargo pues...

— Papá te pedirá que renuncies como su asesor.

Krest asiente.

— Infiero que no tienes una decisión aún.

— Tengo dos semanas para pensarlo, luego de eso, pues ya decidirá tu padre por mí.

— Rayos...pues piénsalo bien, mon amour. Piensa en tu hijo también, en ambos, y sabrás tomar una buena decisión.

— Gracias por estar a mi lado, Adi. No sé que haría sin ti.

La mujer le sonríe y le dá un suave beso en los labios, que poco a poco va escalando en intensidad.
La respiración del abogado se vuelve irregular y sus manos viajan por los muslos de su esposa.

— Adi...—susurra con voz temblorosa.

— Acompáñame a la alcoba, tengo algo para ti.

— Jm, ¿ah si? ¿Me pregunto que podrá ser?

— Te tocará averiguarlo, Krest Garnier.

Otro beso más atrevido, fué suficiente para arrastrar al normando a la habitación.
Adi se encargaría de que su esposo deje las preocupaciones de lado.

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Un nuevo día comenzaba en la hermosa ciudad de Meteora.
Kardia, como bien había dicho, pasó la noche en el cuartel, y lo haría por dos días mas, hasta que llegara la fecha en la que debía zarpar para Atenas.

Había pasado la mayor parte del día inspeccionando la Fragata " Odisea" y a su tripulación.
Debía llenar las planillas con los nombres del personal de a bordo, los cocineros y los ayudantes de cubierta.

Una vez que hubo terminado, se dirigió nuevamente a la oficina para revisar la documentación de cada uno de los tripulantes y verificar que ninguno tuviera sanciones de ningún tipo, de lo contrario, ordenaría su arresto.

Se sentó en su escritorio y tomó los legajos de cada marinero, para compararlos con las libretas de embarque, cuando vió al Carguero "Artemis", capitaneado por Aspros, amarrar en el muelle.

Aquello le pareció extraño, puesto que tenía entendido que su amigo aún debía estar en ruta marítima al menos por un mes más, su llegada prematura, llamó la atención de Kardia.

Dejó toda aquella documentación sobre el escritorio y fué directamente al encuentro de Aspros, aquel regreso repentino, no podía ser nada bueno.

—¿Que es esto, Kallis?¿Ocurrió algún desperfecto con el Artemis?

— Kardia, que gusto verte.

Sísifo Alkaios y Cid Barrull, acompañaban a Aspros aquella mañana.

— Sísifo, Cid. Bienvenidos nuevamente. ¿Me pueden explicar que está pasando?

— Tuvimos que regresar de urgencias, encontramos a un hombre en una isla aledaña a Éfeso.
Su estado es terrible.—explica el español.

— Por Zeus...

— Listo, ya llamé a emergencias; en breve enviarán una ambulancia. Kardia, que gusto verte.

—Aspros, ya Cid me contó lo que ocurrió, que tragedia.

— Hay más que tenemos que contarte, pero es mejor que nos veamos en la noche.

Kardia observó a sus amigos algo intrigado, al parecer, aquello era muy importante o muy turbio.

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Se removió en la cama de manera suave, e intentó deapabilarse mientras se desperezaba.

Adeline se incorporó levemente y observó el reloj en la cajonera que marcaba las 6 am, aún era temprano, pero sabía bien que su esposo debía ir a trabajar en breve.

— Krest, mon Cher. Despierta...— le susurró mientras le repartía besos fugaces por todo el rostro, a la vez que le acariciaba el pecho.

— ¿Mmm?, Adi, aún es temprano.

Krest se voltea y la abraza, enterrando su rostro en el cuello de la mujer.

— Jaja, ¡me haces cosquillas!, ¡vamos debes levantarte ya o llegarás tarde! jaja.

— Mmm... tengo una mejor idea, ¿porque no subes encima de mí y hacemos el amor otra vez?

—¿Si? Bueno, no es una mala idea, mon amour.

~•~•~♧~•~•~

El reloj despertador ya daban las 6:30 am así que se levantó rápidamente, tenia clases aquella mañana y no podía darse el lujo de llegar tarde.

Dégel saltó de la cama y se dirigió al cuarto de baño para asearse, se vistió lo más rápido que pudo, viendo nuevamente el reloj.

— ¡¡Rayos, no me dará tiempo de desayunar!! Maldita alarma ,justo se le dió por no sonar.

Al salir de la alcoba, se dirigió a la puerta de la alcoba de su padre para avisarle que ya debía ir a clases. Cuando iba a golpear, se detuvo al oir voces en el interior.

Eso es, muévete mas lento, cheri.

Je suis desolée, mon amour, je n'ne peux plus《 lo siento, mi amor. No puedo contenerme más》

— Mon dieu...

El rostro de Dégel se tornó rojo como el interior de una granada.

Al oír aquello, era fácil deducir en la situación en la que se encontraba su padre.
Decidió no interrumpir a la pareja, pero se las ingeniaría para que se dieran cuenta de que los había oído.

— ¡Papá, ya me voy! Nos vemos en la tarde!.

Salió rápidamente de la casa con una sonrisa pícara en el rostro.

Era una pequeña venganza por el trato que recibió de su padre, la noche anterior. Krest se quedó estático al oír el grito de su hijo proveniente del pasillo, mientras Adeline se tapó la boca con ambas manos.

—¡¡Carajo, nos oyó!!— Susurró sumamente avergonzado, mientras su esposa aguantaba las ganas de reir.

— Ya Krest, jaja. Actúas como si Dégel no supiera lo que hacemos en las noches desde que nos casamos.

— ¿Dónde queda la discreción?

— Ya es tarde para recordarla, me temo...

Suspiró algo resignado, y se levantó por fín de la cama, no sin antes robarle un beso fugaz a aquella hermosa pelirroja.

Debía ir a la mansión von Bayern, pues ese día le esperaba una reunión con el duque.

— Pierre, bonjour. Si tomaste la correspondencia?

— Bonjour monsieur. La dejé sobre su escritorio en el despacho.

— De acuerdo, gracias¿Mi amor tu también saldrás?—.le preguntó a la bella mujer que bajaba elegante por las escaleras.

— Oui, tengo que ir a la agencia hoy. Me avisó el corredor que han rematado dos inmuebles ayer en la mañana y debo firmar los papeles.

—En ese caso, nos veremos en la tarde.

Krest despide a Adeline y entra en su despacho tomando el manojo de cartas que Pierre había colocado en su escritorio.

Revisa los remitentes, hasta que uno en particular, le llama la atención, pues estaba en otro idioma que no comprendía.

Observó el destinatario y las estampillas, de las cuales pudo deducir, que la carta provenía de Grecia.

" La carta es para Dégel...de Kardia Doukas. Que extraño, Dégel nunca mencionó que hubiera conocido a alguien en Grecia.

Le preguntaré en cuanto vuelva"

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Las horas se hacían eternas para Kardia. 

Digamos que la ansiedad por saber que era aquello que Aspros tenia que decirle lo estaba teniendo en vilo.

Recordó cuando bajaron a aquel hombre del carguero, aquel al que sus amigos habían encontrado náufrago en una isla cercana a Éfeso, Turquía.

El hombre presentaba una deshidratación extrema, y a pesar de que los paramédicos dijeron que no tenía más de 40 años, su aspecto demacrado impresionaba, además de eso, parecía presentar signos de locura, muchas veces, esos síntomas eran generados por la ingesta de agua de mar.

Hablaba sobre alguna cosa que el capitán no pudo descifrar. Sólo repetía una y otra vez: "dolor, muerte, perdición"

Tal vez Aspros, Cid y Sísifo, sepan más del asunto, lo cierto era que el caso del náufrago, era bastante aterrador.

Ya darían las 5 pm, horario de salida de la guardia, por fin había terminado de organizar todos los legajos de manera correcta y los antecedentes de su tripulación estaban completamente limpios.

A la hora indicada, dejó el cuartel y se dirigió al casco antiguo, a buscar a Sonja y pasar un rato agradable juntos, hasta que se hiciera la hora en la que debía reunirse con sus amigos.

La rubia trabajaba con Merope Koutsoukis, la esposa de Sísifo, en el consultorio de la psicóloga.

Sonja estaba como pasante y muy pronto, si los dioses se lo permitían, ella también obtendría  el titulo de grado en aquella carrera.

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(*) Torrontés: es una variedad de uva blanca originaria de Argentina, conocida por producir vinos blancos frescos, aromáticos y elegantes, con notas de frutas cítricas, florales y un toque de especias.

El torrontés de Cafayate es uno de los vinos varietales más conocidos, producidos por Bodegas Etchart.

Chapter Text

— Lo que me cuentas es muy extraño, y hasta perturbador, te diría.

— Eso que no viste su aspecto cuando lo bajaron del carguero, Sonja. Era como si bajaran un cadáver.

Sonja y Kardia estaban en el bar en el que solían juntarse, luego de que la rubia saliera de su trabajo.
Conversaban acerca del extraño hecho que trajo a su amigo Aspros de regreso a Meteora.

— ¿Aspros es capitán como tú? ¿No era él quien había enviudado recientemente?

— Si, su esposa Diana falleció hace un mes.

— Que terrible...

— No ha podido tomarse su duelo como corresponde por tener responsabilidades a bordo del carguero.
Lastimosamente los clientes no pueden entender eso y la mercadería debe llegar a destino como sea.

— Ha de ser muy duro para él. Para colmo sucede esto del náufrago misterioso.

— No hay deacanso en la vida del hombre de mar, me temo que es lo que elegimos.

— Veo que tu también estas atareado...

— No mucho más que Aspros, créeme. Oye, la hora de reunirnos se acerca. Quieres acompañarme?

—¿Crees que sea prudente? Es decir, tal vez tus amigos no quieran a una desconocida entrometida en los asuntos que deban tratar, Kardia.

— Que mas dá. Te lo contaré de todas formas así que les guste o no, vendrás conmigo; además es una buena oportunidad para que los conozcas, ¿que opinas?

Sonja le sonríe.

— Tú no tienes remedio, ¿verdad? A fuerza se hará lo que digas...

— Ya comienzas a conocerme mejor, por lo visto. Ven, no hagamos esperar a ese trio de ancianos.

La rubia suelta otra carcajada al oír como Kardia se refería a sus amigos puesto que le sacaban como 7 años de diferencia.

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Oyó el timbre de la puerta y observó el reloj apostado en la pared que daba exactamente, las 7 pm.

" Justo a tiempo"

Krest esperaba a Dégel, y le había dado indicaciones a Pierre de que ni bien el joven llegara, lo enviara a su despacho.
Luego de un breve lapso de tiempo, oyó un sueve golpeteo en la puerta de su oficina.

— Adelante.

— Papá, me ha dicho Pierre que me esperabas, ¿ocurrió algo?

— Oui, toma asiento. Quería hablarte de algo, bueno mas bien preguntarte de alguien.

— Dime.

—¿Conoces a Kardia Doukas?

Dégel abrió los ojos con sorpresa y se removió en su asiento, visiblemente nervioso.
Acomodó sus lentes mientras, mil preguntas se le venían a la mente y una de ellas era... como mierda su padre sabía de Kardia?

Lo primero que pensó fué que Adeline se lo había contado, después de todo eran esposos y no iban a andar ocultándose cosas, hasta que en un paneo general del escritorio, logró reconocer el sobre tan particular en el que Kardia solía responderle las cartas.

—¿Y  bien?

— Es...alguien que conocí en mi viaje a Grecia.

— Ya veo. Al parecer lograron ser muy buenos amigos...

"Esa maldita palabra... amigos, amigos, él, lo que menos quería era la amistad de Kardia, quería sus besos sobre su cuerpo, sus manos tocándo el abdómen del griego, quería el cuerpo de Kardia encima del suyo, tomándolo desvergonzadamente, como ya lo había experimentado.

No quería su amistad, quería el amor de ese hombre, quería poder acariciar y besar su hermoso rostro, y poder oír una vez mas, su voz tan melodiosa y..."

—¿ Dégel...? estoy hablándote. ¿Llegaron a entablar una amistad estrecha? Porque sino, no me figuro como es que hasta ahora se han mantenido en contacto.

— Pues, sí. De hecho Kardia y yo nos unimos bastante luego del incidente de Pierre.
Él me ayudó cuando lo necesité pese a que no nos conocíamos.

Krest sonríe.

—¿Porque no me habías dicho nada? Yo mismo le habria agradecido por haber hecho eso por tí y por Pierre.

— No pensé que fuera importante, padre.
Creí que sería un detalle irrelevante, pero Kardia me llevó todos los días al hospital y me ayudó a conseguir los medicamentos para la alergia de Pierre y luego de eso nos hicimos...a-amigos.

— Por lo que me dices, parece ser una buena persona.
Bien, ten esto —. le dice pasándole el sobre con la misiva— Ve a leerla y respóndele.
No se consiguen tan buenos amigos últimamente.

— ¿No leiste la carta?

— ¿Porqué iba a hacerlo?, no me corresponde, la carta era para ti.

— Si, lo sé... es sólo que pensé que ... no importa, gracias por dármela, papá. ¿Ya puedo irme o me querías hablar de algo más?

— No, ya puedes retirarte, es todo. Sólo no te tardes en bajar, la cena pronto estará lista.

Dégel asintió, retirándose rápidamente hacia su habitación. Kardia le había respondido por fin luego de varios meses y su corazón casi se desbocó de la emoción.

Claro que lo primero que iba a hacer, sería responder la misiva del griego.

__________________~•~_________________

La hora de la reunión se acercaba, Aspros esperaba a sus amigos cerca del amarre del "Artemis" y al ver que no llegaban, comenzó a impacientarse.

" Por Zeus... cómo les cuesta demasiado acudir a tiempo a una reunión informal, bola de irresponsables.."

— Ya para de caminar en círculos o vas a marcar surcos en el muelle.

— Sísifo, ¿donde esta Cid?, se suponía que nos reuniríamos a las 8 ¡¡y ya pasaron 20 minutos!!

— Yo que sé donde está, ¿por qué me preguntas por él?

— Pensé que sabrías de tu eterno enamorado...

— Jódete, Kallis. ¿Y Kardia? ¿No debía venir también?

—Pues si, pero como es costumbre de todos ustedes, les digo un horario y aparecen cuando se les antojan las pelotas...

— Buenas noches, capi. Tremenda cara de verga traes, Aspros.

— Ya ti se te hace agua la boca, ¿eh Cid?

— Jaja, lo lamento, pero mi corazón y mi miembro, sólo laten por una persona.—Dijo el español, llevándose su mano a su entrepierna, viendo a Sísifo.

" Dioses, no puede ser..."

Sísifo giró su rostro al ver aquel gesto de parte de su compañero.

— ya sólo falta Doukas, veamos que mierda pone de excusa.

Al terminar aquella frase, Aspros divisó la motocicleta de Kardia a lo lejos, pero su semblante cambió al ver que venía acompañado.

Se acercó al Capitán de navío para reprocharle su tardanza, cuando posó fugazmente sus ojos el Sonja y el tiempo pareció detenerse en una fracción de segundos.

—¿Estas son horas de llegar, Kardia?

— Tambien me dá gusto verte..."mamá".

Oye Aspros, primero buenas noches. ¿No te preocupa la impresión que puedas crear en mi invitada?

— Ni un poco...

El recién llegado esperó que su acompañante desmontara de la motocicleta y luego la aparcó para dirigirse hacia donde estaba el resto de sus amigos.

Los saludó amigablemente y luego procedió a presentarlos con la bella sueca.

— Chicos quiero presentarles a Sonja.

— Mucho gusto.— le dice Cid pasándole la mano.

— Es un placer, Sonja. Aunque nosotros ya nos conocíamos.

— Si, es verdad, señor Alkaios. No esperaba encontrarlo aquí.

— Bueno visto que ya conoces a Sísifo. Sonja, ellos son Cid Barrull, y el desagradable de por allá, es Aspros Kallis.

—¿Ya terminaron las presentaciones formales? Es hora que subamos al carguero, hay algo que Kardia debe ver...

Los amigos se disponen a atravesar el puente de a bordo, cuando Aspros acelera el paso y se coloca justo delante de la sueca.

— No, tu no.

— ¿¡Pero que!?¿¡Oye, que pasa contigo?!

—¿Aspros, cual es el problema?— Pregunta Cid.

— No subiré mujeres a bordo de mi nave.

—Ay no puede ser...— Sísifo se toma el puente de la nariz.

—¿¡Que, qué?!

La rubia lo mira con una mezcla de incredulidad y molestia.

—¿Por qué no? Aspros deja esas estúpidas supersticiones(*), no vamos a dejarla aquí afuera sola, además está haciendo frio...

— No debiste traerla para empezar, Kardia.

—¡Bueno ya! Si el tonto machista no quiere que suba, me quedaré aquí.

Me meteré en la cazeta de la guardia entre que terminan sus asuntos tan misteriosos... tarados.— dice finalmente Sonja.

— Me parece bien...

— Aspros... será mejor que sea importante la mierda que tienes que mostrarme.

— Vamos, no perdamos mas tiempo.

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Miró el reloj y comprobó que la cena pronto estaría lista, dejó el bolígrafo sobre su escritorio y comenzó a desvestirse.

Debía lavar su cabello y secarlo, por lo cuál, darse un baño le llevaría mas tiempo de lo normal.

Quería terminar de escribir aquella carta, pero ya no le daría tiempo de ir a la oficina de correos a enviarla, así que prefirió hacerlo al día siguiente.

Por ahora, se daría una ducha caliente y se prepararía lo mas rápido posible para no hacer esperar a su padre.

Se quitó los últimos vestigios de ropa y se encaminó al cuarto de baño, abrió las llaves y atemperó el agua, para por fin poder asearse.

En la sala, Krest terminaba de acomodar algunos papeles mientras esperaba a su esposa, cuando el ama de llaves le avisa que la cena estaba lista.

El abogado le ordena que la comida se sirva en cuanto llegue Adeline, en lo que él iba al primer piso a buscar a su hijo.

Tocó suavemente la puerta de la alcoba del joven, y lo llamó reiteradas veces, pero éste no pareció escucharlo.

Krest creyó que posiblemente Dégel se quedó dormido y giró el picaporte de la puerta, entrando a la habitación sin hacer ruido.

—¿Dégel?— susurró.

Pero no vió a su hijo en la cama, sin embargo, algo de vapor sabía escaparse del cuarto de baño.

" Ya veo, no tenías otro horario para bañarte... ¿que estabas haciendo tanto?"

Caminó hacia aquel sitio para decirle que se diera prisa, cuando una hoja con la caligrafía tan prolija de su hijo, llamó su atención.

Se acercó al escritorio donde estaba aquel trozo de papel y observó que era la respuesta a la carta que había recibido Dégel de su amigo.

Le pareció extraño que no fuera una, sinó cuatro páginas de pura redacción en las que el joven, le comentaba toda clase de cosas al griego.

Iba a continuar su cometido de avisarle a Dégel de la cena, si no fuera porque leyó las últimas líneas de aquella carta tan extensa.

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" (...) espero volverte a ver muy pronto, no te lo había dicho antes pero no puedo estar más tiempo acallando esto que siento.

Todo lo que hemos compartido en tan pocos meses, y ahora, la distancia que nos mantiene alejados, me hizo darme cuenta cuanto mi corazón anhela estar nuevamente a tu lado.

Te amo, Kardia.

Es algo que debí haberte dicho antes de volver y ahora me arrepiento de no haberlo hecho.

Espero no me odies por esto, mon amour y sepas comprenderme. Si no es así...

"Je suis desolé, mais je t'aime..."
《Lo siento, pero te amo》

 

Dégel

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Aquel párrafo fue más que revelador para él.
Krest era muy conservador, ya Adeline tuvo serios problemas para que dejara de lado su pensamiento tan estructurado y algo anticuado, pero aquello era otra cosa.

Casi pierde el control y ganas no le faltaron para entrar al cuarto de baño y pedirle explicaciones a Dégel, y porqué no, golpearlo si era necesario.
Se apostó en la cama con el trozo de papel en la mano, viendo hacia la puerta del baño, esperando a que su hijo por fin saliera.

No pasó mucho que oyó el ruido de las llaves cerrarse, esperó un poco más y vió salir a su hijo de entre el vapor de la ducha.
A la primera, Dégel no se percató que su padre estaba sentado en la puntera de la cama viéndole fijamente, así que se llevó el susto de su vida cuando levantó la mirada, para buscar su cepillo para el cabello, que solía estar sobre el baúl, justo donde Krest estaba sentado.

—¡¡Mon dieu, papá que susto me diste!!¿¡Acaso quieres matarme!?

— Pues lo mismo te pregunto yo a tí.

Dégel lo mira extrañado.

—¿De que hablas ahora, papá?

—¿Que significa esto, me lo explicas?

—¿Que...es eso?

El joven vé lo que su padre le muestra pero no alcanza a distinguirlo pues no trae sus lentes, solo ve algo blanco que es agitado por las manos de Krest.

Se dirige a su escritorio y se coloca sus lentes, solo para ver que una de las páginas de la extensa carta que escribía, ya no estaba.
La última página para ser precisos.

Y entonces entendió que era lo que su padre tenía en sus manos.

— Papá, yo... puedo explicarlo...

—¿En serio? Dégel... no sólo me mientes sino que estás...¿¡enamorado de un hombre!? ¿¡Que rayos pasa contigo, mon dieu!?¿¡Acaso quieres volverme loco?!

— Papá, no es lo que piensas ,yo...

Al acercarse a su padre para quitarle la carta, Krest lo golpea con el reverso de su mano, dándole en el pómulo derecho, haciendo que los lentes de Dégel vayan a parar al suelo y éste caiga pesadamente sobre la cama.

—¿No es lo que pienso, Dégel? ¡No te atrevas a mentirme!, por un demonio, así que esta era la causa de tus misteriosas angustias, ¿¡no es así!? ¡Carajo! ¿¡que clase persona eres!?

El abogado volvió a blandir su brazo para propinarle otra bofetada pero fué detenido por los gritos de su esposa.

—¡¡Krest!!, ¿¡que crees que haces!?

Adeline corre a abrazar a Dégel, tomándole del rostro y llevándole contra su pecho.

— ¡Adeline, no te metas, esto es entre él y yo!

— De ninguna manera dejaré que lo golpees, ¡¿me oyes?! ¡no te atrevas a hacerlo de nuevo Krest!

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(*) Superticiones: aquí, cuando Kardia le pide a Aspros que deje de lado las superticiones, se refiere a una antigua  creencia de los marineros, la cual consistía en asociar los infortunios y desastres, a la presencia femenina a bordo del buque.

Para Aspros, dejar subir a Sonja significaba habilitar una suerte de maldición sobre el "Artemis".
Ella lo malinterpreta, creyendo que el capitán Kallis es sexista, cuando en realidad, su actitud se debe puramente a dicha creencia.

Chapter 21: Pactos

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Tomó un mechón de su cabello castaño verdoso y lo jaló sin medir fuerza, procurando separarlo de su esposa.

—¡¡ Krest, ya basta!!

Al ver que era totalmente inútil, el abogado suelta a su hijo, quien rápidamente se refugia en los brazos de la pelirroja.
Se decidió por salir de la habitación, no sin antes soltarle a Dégel una amenaza.

—¡Esto no se quedará así, tú y yo aún no hemos terminado!¿¡me oyes, Dégel!?

Salió rápidamente, cerrándo la puerta tras de sí, dejando nuevamente a solas a su esposa y a su hijo, quien rompió en llanto ni bien su padre se alejó.

— Tranquilo, ya pasó, cheri. No dejaré que ocurra otra vez, te lo prometo.

—¡¡ Te lo dije, te dije que me odiaría si descubría lo de Kardia y así fue!!

Las lágrimas recorrían las mejillas de Dégel como cascada.
Adeline suspira.
Ella sabía que aquello era una posibilidad, pues a ella misma le había costado horrores lidiar con el caracter tan retraído de Krest.
Sin embargo, aquello era mas complejo.

— Tu padre sólo esta algo alterado y no sabe como reaccionar ante todo esto que puede ser nuevo y chocante para él.
Debes tener en cuenta su edad y el ambiente en el que fué criado.

Dégel lo mira extrañado.

— ¿Su...edad? Adi, papá no tiene muchos mas años que tú y sin embargo, tú si me comprendes y no me juzgas por ello, no entiendo como 3 o 4 años pueden hacer la diferencia de pensamiento.

La pelirroja entonces entendió que Dégel, no tenía idea de aquel secreto que su padre ocultaba, que a pesar de verse como un hombre en edad madura, en realidad tenía casi 80 años.

— Tienes razón, no viene al caso. Déjame hablar con él y te prometo que todo se arreglará, cheri.

— Muchas gracias.

— No es nada. Ahora déjame atender esa herida en tu rostro o mañana se verá amoratada y tienes clases.

Rápidamente, la mujer fué en busca de un botiquín y atendió el golpe del joven de manera cuidadosa.

— Ya está, veremos como amanece mañana, ahora, ordenaré que te traigan la cena aquí, así estás tranquilo, entre que yo aprovecharé para hablar con Krest.

Dégel la abrazó una última vez, y antes de dejarla ir, le profirió una frase que conmovió grandemente el corazón de la mujer.

— Adi...

— Dime, cariño.

— Te quiero mucho Adeline, me hubiera gustado que tú fueras mi madre.

Cerró sus ojos, correspondiendo aquel abrazo y no pudo evitar que una lágrima rodara por su mejilla al oír aquella frase tan conmovedora.

— Es muy lindo lo que me dices... Aunque... si tú quieres, entonces yo seré una madre para tí, cariño.

— Muchas gracias, pero por favor, no pelees con papá por mi culpa, o me odiará aún más.

— Mon dieu... deja de decir que tu padre te odia.
Y no te preocupes, sólo le haré pensar en algunas cuestiones, ya verás que todo saldrá bien.

—¿Que tal si pelean y él te echa de aquí? estaré sólo otra vez Adi, por favor...

— Ya, Dégel. Eso no pasará. Y si tu padre me echa de aquí, tu vendrás conmigo, eso ni se diga.

Después de aquella conmovedora escena, a Adi le quedaba la peor parte, enfrentar a Krest.
Ni bien cerró la puerta de la alcoba de su ahora " hijo", su rostro cambió a un semblante mas severo.

Decidida, bajó a la sala nuevamente y ordenó al ama de llaves que le llevara la cena a Dégel, luego, buscó a Krest en su despacho.

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Bajaron a la bodega del "Artemis" y caminaron en dirección de un objeto que estaba cubierto con una lona de color blanco.
Aspros retiró la tela, dejando ver debajo, un cofre de madera, pintado con un óleo de color negro que despedía un olor muy fuerte como a combustible.

— ¿Que...es esto?— Preguntó Kardia intrigado.

— Cuando salvamos al náufrago, la única manera de subirlo a bordo era si también subíamos este cofre.
Tuvimos que hacerlo, pues la condición en la que estaba ese hombre, era crítica.—
Explicó Sísifo.

— Ta veo. ¿Y que se supone que contiene?¿Sus pertenencias tal vez?—
Indagó nuevamente el capitán Doukas.

— No lo sabemos, aún no abrimos el cofre.— dijo Cid.

— Cada vez que lo intentamos, ese hombre comenzaba a gritar desesperado. Es como si quisiera impedirlo.

— Tal vez, si quería impedirlo, Aspros...— Le dice Kardia.

— Bueno no sabremos que carajo era lo que tanto protegía hasta que no lo veamos.

— Sísifo, espera...

El castaño tomó la tapa del baúl y la levantó, provocando un chillido algo molesto a los oídos de sus camaradas.
Una vez que levantó la tapa por completo, asomó su cabeza para ver en su interior.

Un ataque de tos invadió su garganta casi de inmediato.

—¿Sísifo, estas bien!?— Preguntó el español.

— Si, jmm. Descuiden, sólo es el polvo que me ha hecho toser.

— Bien, a un lado; a nadie mas que a Cid le importa tu bienestar.

— A veces eres muy odioso, Kallis de mierda.

— Mas respeto con tu capitán.

Kardia soltó una pequeña risilla ante aquella discusión entre sus amigos, mientras tanto, Cid metió las manos en el interior del baúl, tomando algo envuelto en una cubierta de terciopelo negro.

Cuando lo tuvo en sus manos, el resto de los hombres se acercaron a ver.

—¿Y... que esperas? Sáca lo que sea que haya en esa bolsa.— ordena Aspros.

—¿Bromeas? No voy a meter mi mano dentro, ¿que tal si es una especie de trampa?

— Ay que valiente resultaste... sólo sacúde la bolsa y haz que lo que sea que haya dentro, caiga al suelo y ya.

Cid hace lo que Kardia le sugiere y cuando sacúde aquella cubierta de terciopelo un objeto rectangular cae de su interior.

— Además de media tonelada de arena, eso es... ¿que carajo es?

— Al parecer es un libro, Aspros.

Sísifo le quita la arena de la cubierta y nota que la tapa está llena de relieves que no alcanza a ver pero que si puede sentir.

— ¿No tienen luz aqui abajo?

— Ash lo siento, capitan Doukas. No tengo tantos lujos como en su fragata de guerra.

— Aspros... prende el puto foco y ya veamos de que se trata esta mierda.

Kardia tomó el libro y lo llevó a una parte iluminada de la bodega, lo apoyó sobre un cajón de madera y lo abrió.

Al hacerlo, una brisa violenta sacudió el sitio, apagando las pocas farolas que se encontraban encendidas.

—¿¡Que carajo fue eso!?

— No lo sé, Aspros. Pero creo que no debimos tocar esa cosa.

— Tarde para eso, Cid. Ya estamos en el baile.

— Kardia tiene razón. Sólo nos queda bailar.— dijo finalmente el castaño.

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Estaba firmando el documento de su renuncia como presidente de la comisión intercátedra.
En la mañana la llevaría al rectorado. Lo ocurrido con Dégel hace unas horas, le habían hecho tomar una decision respecto de su futuro.

En eso estaba, cuando un agudo dolor en la palma de su mano derecha, le hizo soltar violentamente el plumón.
Se tomó fuertemente de la misma y observó horrorizado.

Una antigua herida que se había hecho, estaba rojiza como si recientemente hubiera cicatrizado.
El dolor era punzante, como si el corte estuviera abriéndose.

—Mon dieu... ¿¡que es... esto!?

La puerta del despacho sonó con un suave golpeteo.

—Pierre, ahora no es momento. Saldré en un rato a la sala y ahí hablaremos.

— No soy Pierre. Aunque tal vez te convendría que fuera él.

— Adeline...

— Es hora de que hablemos. ¿¡Que fué eso de hace un rato, Krest?!

— Adeline, te dije que no te entrometas en este asunto. Las cosas las solucionaré yo con Dégel.

—¿¡Ah si!? ¿A punta de golpes? ¿Esa es la forma en la que solucionas las cosas?¿que hubiera pasado si yo no llegaba?... ¡¡Dime!!

— Ya basta, Adi. ¡¡No sabes lo que dices!!, ni siquiera sabes porqué lo golpeé.

— Si, sí lo sé. Dégel me lo contó todo.

— ¿Y te dijo la verdad? ¡¿Te dijo acerca de Kardia y te dijo que está enamorado de un hombre?! ¿¡Eso también te lo contó!?

— Si, yo lo sabía desde el día de nuestra boda.

— ¡¡Vaya, que bien!! ¡¡Ahora resulta que mi propia esposa me oculta cosas!!

—¡¡Krest deja de actuar como un idiota!! No me correspondía a mí contártelo, sino a Dégel, pero tu te empeñas en que tu hijo te tenga miedo en vez de respeto ¿¡y ahora lo juzgas por estar enamorado?! ¿¡Como mierda pretendes que te cuente lo que le pasa, si el cree que lo odias!?

— Dégel cree que...¿lo odio?

Se llevó la mano a la frente, mientras tomó asiento nuevamente.

— Pues es lo que él cree. Y si no cambias tu actitud, me temo que terminarás perdiendo a tu hijo.

Los ojos verdes del normando se posaron en los de su esposa.
Adeline estaba decidida a que su esposo cambiara de actitud y si debía decirle las cosas a Krest de manera directa, aunque las palabras le dolieran, ella se las diría.

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Poblado de Novy Urengoy - Siberia (Rusia).

— Sr. Yuri, las instalaciones están en óptimas condiciones y el pozo está trabajando al ciento por ciento.

— Me das una buena noticia, Gustav. Dime, ¿cuanto tiempo más tardaremos en completar la extracción?

— Si la ventisca merma, calculo que nos tomará un día más además de este, señor.

— Muy bien, continúen la inspección y cuando termines, lleva los informes a mi oficina, debo hacer algunas llamadas.

— Si, jefe. Como ordene.

Yuri Maxim Vassilieva era un empresario petrolero muy exitoso, que compartía amistad con Krest Garnier... amistad y algo mas.

Al entrar en su oficina, el dolor en la palma de su mano lo hizo caer de rodillas.
Su puño se cerró involuntariamente y se sujetó del brazo, aguantando lo mas que pudo, aquel dolor para no gritar, pero todo fué en vano.

— ¡¡Por la mierda!!¡¡ Ahhh, carajo!!! ¿¡que demonios!?

Cuando el dolor insoportable, se aplacó un poco, estiro su mano para ver su palma y ahi estaba.
Aquel corte transversal que se había hecho aquella semana después de que entraron a Berlín con un T-34(*) disparándo en fuego cruzado, a los Panzer IV(*).

Lo recordaba muy bien, estaba orgulloso de tal hazaña; pero aquella cicatriz no le traía recuerdos muy agradables.

Aquel 21 de abril de 1945, estaba sobre el tanque. Tenía dominio del cañon principal, y recordaba como sus camaradas habían ingresado tras el vehículo blindado, tomando la capital del Tercer Reich, Berlin.

Jamás olvidaría aquellos 10 días de arduo combate, cuando por fin lograron dar con el bunker del Fürer.
Buscaba un objeto, de hecho, la NKDV(*) le ordenó hallarlo entre las pertenencias del caudillo alemán.

Un libro, pero no cualquier libro, sino uno que despedía cierta aura misteriosa y enigmática.
Un libro que contenía un secreto, un mapa, una maldición.

Yuri no supo mucho mas acerca de aquello, hasta que se cruzó con quien sería su aliado incondicional durante aquel terrible conflicto bélico: el agente del BCRA(*), Krest Garnier.

Krest también buscaba aquel objeto. El alto mando le había ordenado hallarlo y le designó un grupo armado para que lo acompañara, pero fueron emboscados antes de llegar a la capital; aunque finalmente, el 7 de mayo, lograron la rendición total de la Alemania Nazi.

El agente Garnier y él se volvieron muy cercanos cuando Yuri le salvó la vida, luego de aquella terrible emboscada, que dejó como saldo la muerte de 10 soldados franceses y dos heridos, entre ellos, Krest.

Durante aquel encuentro entablaron una amistad que duraría por años, confiando el uno en el otro ciegamente, como hermanos.
Tal confianza llevó a Yuri a confesarle a Krest que había hallado el tan ansiado libro que sus naciones buscaban con tanto esmero y fué allí que el normando le explicó para que lo querían los grandes líderes.

Ese libro, contiene la ubicación de un artefacto, un arma poderosa según nos han dicho.
El que lo tenga en su poder, tendrá potestad absoluta sobre el resto, tal y como la Alemania Nazi.

Las palabras del francés retumbaron en su mente, no lo quería, no deseaba que su país se convirtiera en un imperio y derramara sangre inocente para obtener poder desmedido y doblegar naciones hermanas.
¿Y que sería de él si entregaba aquel libro?...
¿Sería el culpable de tamañas muertes y mas guerras?.

Llegó aun acuerdo con Krest: Ocultar el libro donde nadie más pueda hallarlo jamás.
Yuri se encargaría de esa tarea, pero para asegurarse de que el siberiano cumpliría su palabra, Krest le propondría hacer un pacto, un pacto de sangre.

Cortó la palma de su mano con una pequeña daga de plata y luego se la dió al siberiano.
Éste copió el gesto y ambos apoyaron sus manos sobre la cubierta de cuero del libro, jurando jamás volver a buscarlo ni revelar su ubicación, y si es que alguien mas lograba hallarlo, que los dioses sean testigos de sus muertes.

Poco después de aquel pacto, Yuri contactó a un amigo en Grecia y le dió el libro, obligándole tambien a pactar sobre él, entregándole la daga de plata.

Aquel contacto de Yuri sería el último en saber acerca de ese objeto tan oscuro y lleno de infortunios, pero ahora, las cosas habían cambiado.

La herida de hace 54 años le punzaba como si hubiera sido recién hecha, algo andaba mal, no... algo andaba terriblemente mal.

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(*) T-34: es un tanque medio soviético utilizado durante la Segunda Guerra Mundial. Fue diseñado para combinar movilidad, blindaje y potencia de fuego. Se considera uno de los mejores tanques de la guerra y jugó un papel crucial en la victoria soviética.

(*) Panzer IV: fue un tanque medio alemán utilizado durante la Segunda Guerra Mundial. Fue diseñado como un tanque de apoyo a la infantería, pero se convirtió en uno de los tanques más versátiles y utilizados por la Wehrmacht. Se caracterizó por su cañón de 75 mm y su blindaje moderado.

(*) BCRA: (Bureau Central de Renseignements et d'Action) fue el servicio secreto de la Francia Libre durante la Segunda Guerra Mundial. Creado en 1940 por el general Charles de Gaulle, su objetivo era recopilar información y realizar operaciones de inteligencia contra la Alemania nazi y el régimen de Vichy.

(*) NKDV: (Narodnyi Komissariat Vnutrennikh Del) fue el servicio secreto y de seguridad del Estado soviético desde 1934 hasta 1954. Se encargaba de la seguridad interna, inteligencia, contrainteligencia y represión política. Fue conocida por sus métodos brutales y su papel en las purgas estalinistas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la NKVD jugó un papel importante en la lucha contra la Alemania nazi, específicamente:

- Espionaje: La NKVD envió espías y agentes a Alemania y a los territorios ocupados para recopilar información sobre las fuerzas armadas alemanas y sus planes.
- Sabotaje: La NKVD organizó operaciones de sabotaje contra la infraestructura y la industria alemana.
- Ayuda a la resistencia: La NKVD apoyó a los movimientos de resistencia en Europa del Este y en Alemania, proporcionándoles armas, dinero y entrenamiento.

La NKVD también estuvo involucrada en la eliminación de espías y traidores en el seno del Ejército Rojo y en la Unión Soviética.

Chapter Text

"Maldito tonto. Debí regresar a casa en vez de aceptar la invitación de Kardia.
Quien rayos se cree ese Aspros para impedirme hacer algo!?."

Estaba dentro de la cazeta de la guardia, tal y como había dicho haría. Molesta con Aspros, claramente, aunque también un poco molesta con Kardia por no advertirle del mal genio de su amigo.

El grupo de hombres ya llevaba un rato bastante largo a bordo de aquel buque, y la cosa no pintaba que fueran a salir en breve, así que buscó una posición cómoda en aquella silleta, para seguir aguardando cuando un viento recio, muy violento, sacudió la casilla, haciendo volar algunas hojas que se encontraban en el suelo.

—¿¡Que... rayos fue eso!?

Salió inmediatamente de la cazeta y se dirigió hacia el amarre del "Artemis".
Observó el agua debajo del muelle y esta estaba calma, pero las cuerdas que colgaban del barandal de cubierta , se movían ligeramente.

" Que extraño, no hay viento"

Sonja sentía algo diferente en el ambiente, algo la inquietaba en ese silencio de la noche.
Un ligero escalofrío recorrió su espalda al tiempo que una sensación de temor invadió su cuerpo.

~•~•~♧~•~•~

—¿Que haremos con esta cosa?— preguntó Cid.

— No lo sé, pero no podemos dejarlo aquí y yo no lo llevaré a casa, ya de por si me dá mala espina.

— Aspros, tu quisiste abrirlo para empezar ¿y ahora no te quieres hacer cargo...?—Le reprochó Sísifo.

— Yo quería abrir el cofre no ese libro, esos fueron Kardia y tú, ¿porque no se lo llevan ustedes?

— Ya, está bien. Carajo. Yo me llevaré el libro, ¿ya? Hombres de mar, puros miedosos... ¿como le hacen para no infartarse en una tormenta en el Adriático?

—Bien, solucionado. Kardia se llevará el objeto maldito.

— Si, claro. ¿Objeto maldito?... Aspros, recomendaciones para el futuro: deja tus superticiones imbéciles de lado, ¿quieres?, primero no dejas subir a Sonja y ahora ¿el libro esta maldito? Ya madura, dioses.

—Oigan, lamento interrumpir su momento "tan importante" a solas, pero allá abajo hay un hombre muy extraño que pregunta por el capitán Kallis.

Al oír la voz de Sonja, Kardia envuelve el libro en la cubierta de terciopelo y lo guarda en su chaqueta.

— T-tu, ¿¡te atreviste a subir, sin mi permiso!?

Aspros la veía horrorizado.

— ¿Cual es tu problema?, si que eres raro. Como sea, ¿van a venir o no?

— Ya vamos, linda.

Dicho aquello, Kardia siguió a la rubia nuevamente a cubierta y el resto de sus camaradas fueron tras él.

Al descender del buque, no vieron a nadie y Aspros supuso que Sonja sólo inventó una excusa para abordar el "Artemis".

— Bien tal parece que tienes una amiga algo mentirosa, Kardia.

— Aspros déjala en paz.—Dice el capitán, mientras guardaba el libro en el baúl de la motocicleta.

— Pero, yo les juro que el hombre estaba aquí y preguntó por ti.

—¿Que nos dirás, que era un fantasma?

— Ella no miente, Capitán Kallis.

La voz de un hombre a sus espaldas, los hizo girar violentamente, dejándolos completamente estáticos, menos a Kardia.

— ¿Señor...Akrivou?

— Buenas noches, Capitán Doukas.

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— Necesito que mañana sin demora terminen con la extracción, no me importan las inclemencias climáticas, Gustav.

— Señor, me temo que será muy difícil asegurar tal cosa. Si la ventisca se convierte en una tormenta de nieve, todo podría empeorar.

Yuri estaba algo impaciente, no era que el trabajo en la extracción de petróleo fuera un problema, el asunto estaba en algo más importante.

Tenía una herida de hacía 54 años reabriéndose en su mano, y de la nada.

No, bueno. Él sabía la razón y debía encontrar nuevamente a la otra persona que sin duda, compartiría aquel mismo estigma: Krest Garnier.

Decidió aquella mañana, que debía dejar todo listo para viajar a Francia y encontrar a Krest cuanto antes o las cosas podrían escalar niveles muy peligrosos.

Todo se había salido de control, y alguien encontró nuevamente, aquello que jamás debió ser hallado.
Tomó el teléfono y marcó a su casa, su mano le dolía terriblemente por el frío.

—Natassia, necesito que te comuniques con Unity ahora. Estaré pronto en casa y necesito que me acompañe a un viaje en los próximos días.

Sabes que está en Sarov, veré si puedo comunicarme. La ventisca está muy fuerte y posiblemente no tenga señal.—

— Si es así, inténtalo mañana, iré a casa en un rato, también necesitaré que hagas un viaje.

—¿ Un viaje?¿No me digas que...?

—Nassia, encontraron el libro. Debes buscar a la última persona a la cuál se lo entregué.

Ya veo, así que quieres que vaya a Grecia.

—Debes encontrar a Helios Akrivou.

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—¿Como es que me conoce?

Helios levanta una ceja y observa a Aspros de arriba abajo.

— Eres idéntico al amigo de mi hija. No es muy dificil si te ves igual.

— Ah, habla de Defteros... un momento, ¿dígame que quiere hablar conmigo?

—En realidad vine a hablar con todos, es sobre lo que encontraron.

Hay algunas cuestiones que deben saber acerca de lo que acaban de desatar.

—¿D-desatar?— Cid lo mira algo temeroso.

Helios asiente.

—¡¡¡Es que era algo malo, lo sabia!!!

— Sísifo, si pensabas eso no habrías abierto el baúl para empezar, ¿no lo crees?

—¿¡Por qué hablas como si no tuvieras culpa!?

—¿Porque no hice nada?

—¡¡ Aspros, por tu estúpida insistencia es que lo abrí, carajo!!

— ¿Terminaron su pequeña riña? Es hora de que me acompañen y hablaremos mas tranquilos en el viejo teatro.

— ¿Teatro?— Sonja mira a Helios intrigada.

— Si, verás, el señor Helios es dueño de un antiguo teatro que se encuentra en el casco antiguo de la ciudad, muy cerca de donde trabajas.—le explica Kardia.

— Si, he pasado por ahí varias veces, es un lugar muy bonito. ¿Será que puedo acompañarte? ¿O ese hombre también me ladrará como el perro de tu amigo?

—¡Oye!

Aspros la había oído y no dudó en reprocharle el adjetivo, provocando las risas de sus camaradas.

— Le preguntaré. ¿Sr. Helios, hay algún invonveniente si Sonja nos acompaña?

— Para nada, Kardia. De todos modos irás corriendo a contarle en la mañana...

—¿¡Q-que!? Como, ¿¡porque me dice que soy chismoso!?

— Lo digo porque yo tampoco me podría guardar secretos con esa hermosa rubia, ahora acompáñenme de una vez.

"Que viejo tan sinvergüenza". Pensó, mientras Sonja sólo le sonreía.

_________________~•~_________________

Era casi media noche y aún estaba en su despacho.

No se atrevía a ver a la cara a su esposa, luego de la discusión que habían tenido, pero sin embargo, cada vez que recordaba la razón, ardía en ira.


Se quitó el pañuelo de seda que llevaba al cuello y se lo enrolló cuidadosamente en la mano que tenía la cicatriz. Ésta ya estaba tornandose de un rojo carmesí muy intenso y era mejor que nadie viera la herida.

Pensaba mientras, que hacer con Dégel.
Si bien estaba decidido a regresar a Normandía por más que le dolieran sus recuerdos, haría que su hijo se aleje de la capital por un tiempo, pues consideró que la vida bohemia y libertina de la ciudad de París, lo habían confundido a tal punto de creerse enamorado de un hombre.

Nada mas alejado de la realidad.
Dégel tenía sentimientos muy fuertes por Kardia, y más aún, después de aquella intensa última semana en la que ambos se entregaron al otro en cuerpo y alma.

No era tan sólo un capricho o una simple confusión como lo creía el abogado, para el joven era algo mucho más profundo, y ambos volverían a discutir acerca de ello en la mañana.

Ordenó su despacho antes de salir, guardando los papeles que le llevaría al rector en la mañana, incluyendo su renuncia.
Ya cerca del almuerzo, les comunicaría a Dégel y a Adeline, de su decisión de regresar a Normandía.

__________________~•~_________________

Habían llegado al viejo teatro, Kardia y Sonja, en la motocicleta y el resto, en el cadillac rojo del sr. Helios Akrivou.

— Pasen por favor.

El dueño de casa, luego de abrir la puerta principal, los invitó a pasar. Les indicó donde estaba la sala y una vez que todos se hubieron ubicado, comenzó a hablar.

— Bueno, me presento. Mi nombre es Helios Akrivou, y soy el dueño de este lugar.

— Ya sabemos...

— Aspros, cállate.—Le reprende Sísifo

—Gracias. Los he traido aqui para hablarles acerca del libro que hallaron...

— ¿Libro?¿ era eso lo que no querías que viera? ¿¡Un estúpido libro?!

Sonja mira a Aspros con el rostro desencajado.
No podía creer que aquel hombre se hubiera portado tan rudo con ella y le impidiera subir a su barco sólo por un libro...

— Y lo bien que hicieron, jovencita.

—¿¡Que!? ¿¡Esta de acuerdo con este tonto!?

— Kardia, cuida tu mascota, ya me está cansando...

—Aspros , estoy seguro de que las cosas habrían sido diferentes si en primer lugar no hubieras sido tan grosero.

El capitán Kallis se cruza de brazos al oír a su amigo.
En cierta forma, Kardia tenía razón y no había motivos para que se comportara hostil con Sonja, aunque en cierta forma y muy en el fondo, entendía la actitud de su amigo.

— Ya, bueno... dejen de interrumpir porque harán la explicación eterna y no es la idea.
Bien, el libro que encontraron estaba custodiado por un hombre al cual creo que ya conocieron.

Cid levanta la mano, y Helios se masajea el puente de la nariz.

— Dime...

— Dos cuestiones. La primera, ¿como sabe que encontramos un libro y la segunda, ¿como sabe del náufrago?

— La del náufrago que al final no pudo sobrevivir, fue noticia local. Es fácil que se haya enterado, aunque nadie sabe su identidad.— explicó Sísifo.

— Yo sí la sé.
Ese hombre debía custodiar ese libro que ustedes hallaron, impidiendo a toda costa que se abrieran sus páginas, las cuales fueron selladas hace 54 años, pero como es obvio, no pudo cumplir con esa misión.

— Y ... ¿por qué es tan importante sr. Helios?

— Verás Kardia, el libro contiene información acerca de un objeto con cualidades sumamente peligrosas y...

— Hola papá, ya llegué... ¿que carajo haces con las luces a medio.... encender?

Una muchacha de cabello cenizo y ojos ambar se hizo presente.

— La mierda...

Helios suspiró, viéndose nuevamente interrumpido.
Al ver esta reacción, la joven se disculpó rápidamente, aunque no de la forma que su padre hubiera esperado.

— Lo siento... no sabía que tenias reunión de aquelarre(*) los martes.

Helios la mira serio, mientras Kardia no aguanta la risa y termina por contagiar al resto.

— Hija, ven aquí. Te presentaré a unas personas.

La joven se acerca, dejando su abrigo y su bolso a un lado, con suma curiosidad de saber quienes acompañaban a su padre.

—¿Kardia, Defteros? ¿Que hacen aquí?

Aspros la mira.

— Ah, no yo... yo no soy...

— El no es Defteros hija, es su hermano. Su nombre es Aspros; y ellos son Cid y Sísifo.
La muchacha es...

Helios mira a la sueca para que ella misma se presente, pues no recuerda su nombre.

— Sonja. Mucho gusto.— Le dice la rubia, pasándole la mano.

— El gusto es mío, Sonja. Mi nombre es Helia y soy la hija de este señor tan raro. ¿Quieren algo de café?

— Si...

— Por favor...

— Ya era hora...

— Muero de frio...y hambre.

Ante aquellas respuestas, Helia no pudo mas que sonreír, a sabiendas que su padre no era precisamente el mejor anfitrión de todos.
Entre que su hija se retiró a la cocina, el hombre continuó con su explicación.

— Ese objeto que describe el libro, es muy peligroso si llega a ser hallado y cae en manos equivocadas.

La historia de la II Guerra, el encargo de cierto siberiano, el pacto de sangre, y el escondite final del libro en Éfeso, fué explicado minuciosamente por Helios.

— El hombre al cual rescataron era Argol Kasim Abdulá, y la causa de su muerte pues...

—Lo encontramos sumamente deshidratado y decía palabras apocalípticas.

— El libro es el culpable, por eso lo protegía. Ninguno de los que vé el libro estará a salvo jamás. La desgracia y el infortunio los perseguirá.

— Es...por eso que me dijo que era mejor que yo no lo viera.— Razona Sonja finalmente.

Helios asiente.

— Todo parece sacado de un cuento... digamos que le creemos, ¿no hay remedio? ¿Sólo nos queda morir?

— Hay una solución a la maldición, capitán Aspros, y es encontrar el objeto que describe el libro y destruirlo, no se mucho mas porque sólo me lo contaron, ya que no me permitieron abrirlo para ver su contenido.

—¿Que pasa si no lo hacemos? ¿Que pasa si decidimos esconder el libro nuevamente y continuar con nuestras vidas hasta encontrar la muerte?— preguntó Cid.

— La maldición saltará a sus hijos, matando a todos los que aman, causando un dolor indescriptible y una desolación desesperante.

— Carajo...

— Ustedes tienen hijos y padres. La madre de Helia murió por consecuencia de esa maldición tan terrible.

La joven regresaba de la cocina con las tazas de café. Apoyó la bandeja en la pequeña mesa de la sala y se retiró nuevamente.

— Tengo una última pregunta que hacerle, señor Akrivou.

— Dime, jovencita.

— Su hija, tiene mi edad mas o menos, ¿no es así?

—Helia tiene 24 años, ¿porqué lo preguntas?

— Bueno es que usted dijo que, el libro le fué entregado en 1945 y a menos que usted fuera un pequeño bebé con mucho discernimiento, no me cuadra como es que se vé de 30 años siendo que de la Guerra a la fecha que estamos, han pasado 54 años.

El resto de hombres se le quedó viendo fijamente.
Helios sonrió ante la perspicacia de la joven y entonces desenvolvió su mano derecha, dejando ver la cicatriz punzante que se asomaba en la palma de la misma.

—¿Recuerdan que les dije que hice un pacto de sangre?, pues fué sobre ese libro.
Desde el día que lo hice y juré jamás dejar que descubrieran su ubicación o que los dioses verían mi muerte, desde ese día no he cambiado mi apariencia.
Tenía 30 años cuando todo esto sucedió.

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(*) Aquelarre: es una reunión secreta de brujas, generalmente en un lugar aislado y bajo la luz de la luna, para realizar rituales mágicos y celebrar sus creencias. En la historia y la literatura, los aquelarres suelen estar asociados con la brujería y la magia negra.

Helia compara la reunión que está teniendo su padre con una reunión de brujas y por eso Helios la mira serio y el resto se tienta, aguantando la risa.

Chapter Text

Los chicos quedaron algo impresionados con aquella revelación; y se sintieron algo tontos al no haberse dado cuenta de aquel detalle que la muchacha que los acompañaba, pudo notar de aquel hombre extraño.

Helios por su parte los despidió y cada uno tomó su rumbo nuevamente.
Al quedar a solas con su hija, Helios la llamó.

—Heli por favor, ven aquí hija.

La muchacha se acercó nuevamente a la sala donde se encontraba su padre terminando la taza de café.

— Papá, dime ¿Ocurre algo?.

— Necesito que me acompañes a un sitio.

Helios se pone de pie y se dirige hacia un pasillo alejado dentro de la casa.
Se para frente a un antiguo librero, aparentemente buscaba algún tomo en particular, ante la atenta mirada de su joven hija.

Cuando por fin parece encontrarlo, lo mueve, accionando un mecanismo de poleas que abre una suerte de puerta que comunica la casa con una locación contigua, aledaña al teatro.

La chica pone atención a todos los movimientos que realiza el hombre , quedando asombrada con lo que logra ver, una suerte de escondite.
Al ingresar, Helios enciende las luces y las mismas dejan ver el sitio en su totalidad.

—¿Que es esto papá? Digo, ¿desde cuándo esta esto aquí?

— Desde hace muy poco. Yo mismo me encargué de construirlo, por suerte lo terminé a tiempo.

—¿A tiempo?¿a tiempo para que papá?, por favor dime que está sucediendo.

Helios se voltea a ver a su hija y la toma de los hombros mirándola fíjamente.

— No me queda demasiado tiempo, Heli. Y cuando yo no esté aquí, deberás ayudar a esos jóvenes que has visto, tráelos a este sitio y jamás le digas a nadie sobre él.
Es un escondite, un refugio. Utilícenlo como tal.

—¿Refugio?¿De qué debemos refugiarnos, papá?

Helios sentó a su hija en un sillón que se encontraba en una suerte de sala en aquel sitio y le relató todo desde un principio.
La misión de la chica era auxiliar a los jóvenes que habían ido aquella noche a su casa, y a encontrar un objeto de mucho valor.

~•~•~♧~•~•~

Luego de aquella reunión, los chicos se separaron; Aspros, Cid y Sísifo por su lado y Sonja y Kardia, por otro.

Iban en la motocicleta, el capitán debía dejar a la muchacha en su casa para luego regresar al cuartel.

En la marcha, nota que Sonja va callada y la observa por el retrovisor.

—¿Que te ocurre? Desde que salimos del teatro vas muy callada, linda.

Hicieron un tramo más hasta llegar a la casa de la joven.

Kardia notó que no le había respondido la pregunta, así que una vez hubo aparcado la moto, esperó que Sonja bajara para tomarla de la muñeca y atraerla hacia él.

— ¿Me dirás que pasa?¿porque estas como distante?... mira, si es por Aspros, te prometo que hablaré con él para que se disculpe y...

— No es eso, Kardia. Sólo pienso en todo lo que ese hombre dijo y me preocupa. Tú me preocupas, y si todo lo que dijo es cierto, estás en peligro.

— No se que tan cierto sea, aunque no creo que el sr. Helios mienta acerca de eso. Pero tal vez exageró un poquitín yo que sé, no estés pensando mucho en ello.

Sonja sólo agacha la mirada, si estaba preocupada por Kardia, pero también había algo mas detrás de esa preocupación que ya no podría ocultar por mucho tiempo.

El capitán la toma de la barbilla, haciendo que la chica levánte la mirada.

— Todo estará bien, créeme. Nada me pasará, ¿está bien?

Sonja lo observó tan sólo unos instantes, para después tomarlo del rostro y besarlo en los labios fugazmente, dejando a Kardia totalmente estático.

—¿Sonja, que...?

— Tu me gustas, Kardia. Espero entiendas mi preocupación por tí ahora.

El capitán la observa comprendiendo claramente las razones que tenía la joven para adoptar aquella actitud y la toma de la cintura, atrayéndola a su cuerpo. Le devuelve un suave beso, provocando que la chica lo abrace fuertemente.

Al separarse luego de unos minutos, ambos sonríen, viéndose tiernamente.

— Yo... siento lo mismo por ti. Te me adelantaste, iba a decírtelo en la mañana pero...

— Ajja y que mas dá. Aunque confieso que también pensé que estabas con alguien, así que digamos que el beso fué mas para ver cómo reaccionabas.

—¿Ah si? Y dime, ¿de quien sospechabas?

— De la chica que estaba en el teatro, la hija de ese hombre que nos contó todas esas cosas.

—¿Heli? La conosco desde siempre, el Sr. Helios y papá son amigos.

— Ya veo, que pena contigo. Lamento haber malinterpretado esa familiaridad

— Descuida. Bien, debo irme y creo que tú también debes descansar, nos vemos en la mañana. Prometo que nos veremos antes de que me vaya.

— O... puedes quedarte.

Kardia la mira dudoso.

—¿Q-quedarme?, no creo que a tu hermano le agrade la idea.

— Albafica no está, aún no volvió de su viaje y dudo que regrese, sinó ya me habría enterado.
¿Y bien, capitán? Entremos, está haciendo frío.

El capitán asiente. La realidad era que deseaba quedarse con aquella hermosa muchacha y más aún, luego de que ambos confesaran abiertamente, lo que sentían por el otro.

Al entrar en la casa, Kardia observó todo de manera detallada.
Siempre le había llamado la atención la manera de vivir modesta que tenían la mayoría de sus conocidos.

Los lujos no llamaban su atención desde pequeño los había tenido y consideraba que lo ostentoso era innecesario.

Aunque su reacción siempre solía ser malinterpretada por aquellos que no lo conocían bien, suponiendo que al capitan, podía molestarle el ambiente un tanto básico.

— Espero que el lugar sea de tu agrado, no he tenido demasiado tiempo de ordenar esta semana pero...

— Esta bien, Sonja. Relájate.

— Sé que tomamos café hace unas horas pero...

— Me gustaría un poco, la verdad. Si no es molestia.

— No, claro que no. Ponte cómodo, enseguida lo preparo.

Kardia se sentó en aquel sillón de dos cuerpos a esperar que su compañera regresara, mientras tanto, ella le hablaba desde la cocina.

— Y dime, ¿desde hace cuanto te conoces con tus amigos, también desde siempre?

— Pues no, a ellos los conocí cuando papá heredó la empresa armatorial, yo era muy pequeño aún, pero ellos ya solían ir con sus padres.

— ¿Sus padres, también eran capitanes?

— No exactamente, sólo algunos ostentamos ese título, como Aspros o yo.
El resto es personal de a bordo, pero pueden tener diferentes funciones y de acuerdo a ello, es el rango que ostentan.

—Aspros...

— ¿Aún estás molesta con él?

— Ese tonto machista, ¡¡claro que estoy molesta con él!!

— Ajja pero, la actitúd que tuvo no fué por que sea machista, Sonja.

— ¿Ah no? Entonces díme ¿porqué es que dijo que no dejaría subir a una mujer a su estúpido barco?

Kardia no aguantaba las ganas de reír. Los pómulos de Sonja se pusieron rojos como fresas, estaba molesta realmente, así que él, procuraría aplacar las aguas entre ella y su amigo.

— Verás, Aspros dijo eso, porque es molestosamente supersticioso. Es mas, creo que ya le reproché que dejara de actuar como una anciana, pero es un poco dificil teniendo en cuenta que se ha criado prácticamente con marineros.

—¿Qué tienen que ver las creencias supersticiosas con que yo sea una mujer? No lo entiendo.

— Es una antigua creencia de los marineros como bien dices.
Antiguamente se creía que las mujeres a bordo de los buques solo traían desgracia en infortunio a los navegantes, malos augurios, naufragios, hundimientos o tempestades que provocaban desgracias.

La muchacha lo escuchaba atenta. Kardia tenía un don especial para narrar historias y eso la atrajo aún más al capitán.
Estaba embelezada con la oratoria de aquel hombre y poco a poco se fué perdiendo más y más en la voz masculina y la mirada tan profunda del capitán.
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Aquella mañana, finalmente todo terminaría para Krest.
Salió temprano y se dirigió a la universidad, presentaría su renuncia.

Estaba decidido a viajar a Normandía e intentaría reparar su agrietada relación con Dégel.
Las palabras de Adeline aún resonaban en su mente.

" Dégel cree que lo odias"

Nada mas alejado de la verdad, aunque tenía que admitir que su actitud no fué precisamente la mejor de todas, estaba decidido a enmendar su error y tratar de estar en paz con su hijo.

Ya cerca del medio día, regresó a la casa para asegurarse de ser el primero en llegar.
Conversó algunas palabras con Pierre y se encerró en su oficina. Tenía los boletos de avion listos para ese mismo día, ya sólo esperaría que su esposa y su hijo llegaran para darles la noticia.

La hora avanzó y pronto Adeline y Dégel regresaron a la casa.
Durante el almuerzo, Krest anuncia los próximos hechos.

—Dégel, Adi. Tengo algo que decirles.

—¿Que podrá ser, mon amour?

— Iremos a vivir a Normandía.

—¿Que!?, papá, ¿pero por qué?¿¡y tu trabajo en la universidad, y mis clases!?

— No te preocupes por tus clases. Hay una extensión de la universidad de París en Normandía que abrió recientemente.
Podrás seguir tus clases allí sin problemas.
Y en cuanto a mi trabajo, bueno, el rector entendió que era necesario, pues soy asesor personal del Duque ahora y debo ajustarme a las exigencias de Monsieur Sirius.

—¡¡Papá, no es justo!!Perderé los derechos de exámen este semestre, ¿¡como no piensas en mi siquiera!?

Adeline coloca su mano sobre la del joven, procurando que este mantuviera la calma.

— Precisamente tomé esta decisión pensando en ti, hijo. La ciudad de París ha sido un cambio muy brusco para alguien como tu y yo, que hemos pasado la mayoría de nuestras vidas lejos de la capital.
Estar en calma nos vendrá bien y de paso alejarnos de ciertas influencias poco saludables...

— Krest...mon dieu.

Adeline lo reprende, pero el abogado no esta en pie de frenar sus palabras.

—¿¡Influencias... poco saludables!?

Dégel se acomoda los lentes, y lo vé fijamente.

— Ya sabes, ciertas costumbres modernas que no hacen más que confundir a los jóvenes como tú.

Dégel no era tonto. Interpretó a la primera y de manera perfecta, que su padre se refería a lo que él sentía por Kardia.
Pero lo enfrentaría, no se callaría ante las declaraciones de Krest.

— Papá, no se porque carajo piensas que yo estoy confundido.
El que está confundido eres tú que cree que todos debemos actuar de acuerdo a tus estándares y a tus estereotipos.
Óyeme bien, yo no estoy ni confundido, ni perdido, ni influenciado por nadie, amo a Kardia y estoy muy seguro de lo que siento por él.

—¡¿Que rayos puede saber alguien de tu edad acerca del amor, Dégel?!¡¡Sólo tienes 19 años!!

— Tal vez no sea muy experimentado, pero mis sentimientos me hacen estar seguro, padre ¡¡Tu tampoco te creas un experto!!

El tono de la discusión comenzó a elevarse, poniendo a Adeline en una terrible situación de incomodidad.

— Por favor, no levanten la voz, podemos hablar calmadamente de esto. Krest ¿por qué hasta ahora nos avisas de que tomaste esta decisión?

—¡¡No habrá objeciones, partiremos en 3 horas y se acabó el tema!!

—¡¡Pues yo no iré a ninguna parte hasta no rendir mis exámenes, papá!!

—¡¡Harás lo que te diga, Dégel!!¡¡Irás con nosotros a Normandía, así tenga que tomarte de esa larga cabellera que tienes y arrastrarte hasta el automóvil!!

— Mon dieu, paren...de discutir...

Adeline palideció de repente y un sudor frío corrió por su frente.
Sólamente veía los gestos de Dégel y de su esposo mas dejó de oírlos, luego, su vista se oscureció completamente.

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Apenas si despertaba aquella mañana, aún tenía un sueño terrible, pero también le pareció que había dormido demasiado.
Estaba en el sofá de su sala y observó el reloj en la pared que daba casi medio día.

" Cielos, ni siquiera oí el despertador"

Cuando se movió ligeramente, recordó que no estaba sola en aquella sala. Giró su cabeza para posar su rostro justo en frente del rostro del capitán Doukas, quien dormía plácidamente a su lado.

Sonja sonrió al verle, mas luego recordó que Kardia debía viajar a Atenas ese día, así que lo sacudió para que despertara

—Kardia, se te hará tarde, despierta.

El capitán se removió en su sitio y la abrazó por la cintura.

—¿Que tal un buenos días, mejor?¿Que hora es linda?

— Es casi medio día, creo que no fue buena idea deavelarnos anoche.

El hombre la mira desconcertado y luego de un rato parece reaccionar pegando un salto de aquel sofá, con una expresión desesperada.

—¡¡Por Zeus, en dos horas debo ir al puerto!!

Sonja moría de la risa y se tapaba el rostro con la cobija.

—Kardia, ve al baño y date una ducha, creo que la necesitas.

—¿De que hablas? Estoy perfectamente, aunque no me vendría mal un baño antes de viajar, eso si.

— No es eso, es que... bueno...

Sonja levanta su mano y extiende su dedo índice apuntando a la entrepierna del capitán.
Los pantalones holgados que llevaba Kardia, mostraban una prominente erección matutina, que el hombre trató de ocultar sin éxito alguno.

— De acuerdo, tienes razón me daré un baño.

La muchacha se pone de pié rápidamente envolviendo a Kardia con la cobija y guiándolo al cuarto de baño.

— En lo que tú te alistas, prepararé el almuerzo y ya luego, podrás partir hacia el puerto.

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Chapter Text

Lo de la ducha claramente no estaba funcionando, Kardia estaba poniendose algo nervioso al respecto y si seguía así, tendría que bajar aquella erección de modo mas tradicional.

Comenzó a masajear suavemente su entrepierna mientras el agua tibia se escurría por su cuerpo, procuraba concentrarse lo más que podía para teminar con aquello rápidamente antes de que Sonja notara su tardanza.

Soltaba suaves gemidos mientras su respiración se agitaba, pronto todo acabaría y estaría tranquilo nuevamente, o eso era lo que él creía.

—¿Kardia...te encuentras bien? Ya llevas un buen tiempo allí. ¿Está todo en orden?

La voz de Sonja, seguida de los golpecitos en la puerta, le quitaron la concentración por completo.

" Ay, puta madre".

— Yo... estoy bien, d-descuida.

—¿Dijiste algo? No te oí, Kardia.

El hombre suspiró, al menos aquella interrupción tan abrupta, había inhibido su excitación de manera parcial.

—¡¡Estoy bien, en un momento salgo, linda!!

Al ver que ya no tenia mucho sentido continuar con lo que hacía, salió de la ducha y dejó todo acomodado prolijamente para luego, vestirse y bajar al comedor.
Cuando hubo terminado, fue al encuentro de la rubia.

Se quedó apostado en el marco de la puerta que daba a la cocina, mientras veía divertido, como Sonja se desplazaba por el lugar, controlando que el almuerzo estuviera listo.

" Me las vas a pagar por haberme interrumpido, rubia".

Caminó hacia ella, procurando no hacer demasiado ruido y así evitar que ella notara su presencia.
Una vez que estuvo detrás de la sueca, la abrazó por la cintura con todas sus fuerzas y le plantó un beso en el cuello, haciendo que la muchacha pegue un grito del susto.

— ¡Que...crees que haces, Kardia!

— Tu, me las pagarás.— Dijo mientras repartía suaves y cortos besos por el cuello y el rostro de la muchacha.

—¿Espera... que...haces?

Pronto las manos del capitán se colaron bajo el sweater de la chica, acariciando su abdómen de manera delicada.

—K-Kardia...¿que no te diste una ducha hace un momento?

Ella también estaba agitada, sin embargo, aquel contacto con ese griego atrevido, estaba gustándole y mucho.

—¿Mmm? No funcionó, y cuando por fin encontré una manera de que "funcione", llegas tú y lo arruinas.

— Jajaj, ¿te interrumpí? Ay, lo siento.

—¿Muy gracioso, cierto? Hazte cargo de tus actos, Sonja Dybeck. No me dejarás así.

— Tienes razón.

Ante aquella frase, Kardia la soltó inmediatamente, mientras la observaba algo extrañado.

—¿Y ahora que te ocurrió? ¿De pronto te invadió la timidez, capitán?

— No, bueno. La verdad es que no esperaba esa respuesta.

La muchacha le sonríe y poco a poco se acerca, liando ambos brazos alrededor del cuello de Kardia y atrayéndole hacia ella para besarlo dulcemente.

El capitán no estaba completamente fuera de sí, pero la mano indiscreta de Sonja sobre su entrepierna, lo hizo perderse en el espacio tiempo en esos momentos.

Sus pupilas se dilataron y su respiración se volvió intensa, acompasada y un tanto irregular.

" Por Zeus...esta mujer es aún más atrevida que yo. Muy bien, veamos quien gana en esto".

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—¡¡ Adeline, Adeline respóndeme!!

—¿Monsieur, que son esos gritos? Madame Adeline, ¿¡que esta ocurriendo!?

— No sabemos, Pierre. Estabamos discutiendo y ella se desmayó...— Explica Dégel ante los gritos desesperados de su padre.

—¡¡Llamen a un médico!!Por favor, mon amour, resiste.

Adeline von Bayern Garnier cayó desplomada en el comedor de la casa de su esposo, cerca del medio día del 8 de enero del año 2000.

Nadie sabía los motivos.
Su esposo Krest se ahogaba en llanto y Dégel, quien la adoraba con todo su corazón, tenía la mirada perdida en el cuerpo inerte de aquella mujer que una vez aceptó ser "su madre".

El médico particular del abogado, había terminado de examinarla y no tardó demasiado en darles una respuesta a los presentes.
Le aplicó una pequeña inyección y le colocó suero a la paciente, para luego poner a los hombres al tanto de su estado de salud.

—¿Doctor, que le ocurrió?

— No es grave, no se preocupen. La señora Adeline padece diabetes crónica.
Su desmayo se debió a un pico de estrés, pero con las inyecciones que le apliqué y el suero, se repondrá favorablemente.

—¿Como que diabetes crónica? Nunca me lo dijo.

— Bueno, es posible que no lo supiera. Esta condición suele desarrollarse en cualquier etapa de la vida del paciente.
Lo importante es que ahora lo saben y sería bueno que en el tiempo de su tratamiento, ella esté tranquila.

Dégel se acerca cuidadosamente a la cama donde Adi yace inconsciente y la toma de la mano.
Una fría lágrima rueda por su rostro al verla allí, apagada.
Siempre que la veía, la mujer estaba sonriente, vivaz, feliz y con palabras de ánimo y ahora ... ahora ni siquiera abría sus hermosos ojos azules.

Comenzó a sollozar y Krest lo notó.
Se acercercó a su hijo y le apoyó su mano en el hombro.

— El médico dijo que pronto despertará.

—¡¡Todo es nuestra culpa, papá!!¡¡
Todo por estar dicutiendo frente a ella, la angustiamos y mira lo que hemos logrado!!

Su llanto contenido se desató.
Dégel lloraba a mares, era tal su angustia que Krest sintió una opresión en el pecho, y ya ni siquiera pudo emitir mas palabras, sólo abrazó a su hijo y lloró a su lado.

Pierre los observaba a lo lejos, luego de un rato con el médico, lo guió a la entrada de la casa y lo despidió, dejando a solas a su jefe con su hijo.
Luego fué a la cocina a preparar algo de té, definitivamente luego de esos hechos tan horribles, esos dos lo necesitarían.

Después de un tiempo de desahogo, Krest y Dégel conversaban mas tranquilos sobre los hechos acontecidos.

— Te debo una disculpa por tratar de obligarte hacer algo que no quieres y...

— Olvídalo, papá. Tienes razón, París no es para nosotros. Si quieres volver a Normandía, está bién, yo te apoyaré. Todo sea porque Adi este tranquila y pueda mejorar.

Krest estaba asombrado. Nunca pensó que aquellos hechos afectarían de un modo tan directo a las decisiones y pensamientos de su hijo.

— Vaya, pues te agradezco que hayas sido razonable con ello, Dégel. Verás que es lo mejor.

— Si, para tí y tal vez para Adi, pero para mí sigue siendo exactamente igual o peor, padre.
Me alejas de lo que amo y me prohíbes hablarle a quien amo, solo por tus estúpidos complejos.

— Ya veo, pensé que estabamos en paz pero insistes con esa locura tuya.

— Llámalo como quieras. Pero ten en claro que esto lo hago por Adi, no por ti.

Dicho lo último, Dégel se puso de pié y salió de la habitación, dejando a Krest con Adeline, quien aún permanecia inconsciente.

Se dirigió a su habitación nuevamente, recordaba a Kardia en cada peldaño que subía, y luego recordó que debía avisarle de su próxima mudanza.
Tenía que brindarle una nueva dirección postal, tener suerte de que el griego decida seguir escribiéndole y que su padre no intercepte las cartas.

"Mon dieu, porqué es tan dificíl amar...".

Descartó aquella carta en la que le declaraba abiertamente su amor al capitán y en vez de eso, le comentó acerca de los hechos recientes, su mudanza y la nueva dirección postal.

Cuando todo estuvo listo, bajó a la sala y le avisó a Pierre que saldría un momento.

— Sólo no regrese muy tarde, joven. Su padre podría preocuparse y...

— Descuida, no tardaré. Lo único que falta es que tú también acarrees problemas por intentar cubrir mis sentimientos.

El secretario iba a decirle algo más, pero Dégel se marchó muy de prisa.
Él también era consciente del amor que su joven amigo sentía por Kardia y procuró apoyarle, mas fué inútil.

" Ojala, monsieur Krest recapacite sobre tí, Dégel".
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Eran ya las 6 de la tarde y por fín había llegado a Moscú.
En una hora debía abordar un vuelo a París, pero antes, tenía que encontrarse con su padre.

Unity Mikhail Vassilieva era el hijo mayor de Yuri y Natassia. Tenía 22 años de edad y estaba a cargo de una de las petroleras mas grandes del país junto a la que manejaba su propio padre.

En apariencia era muy apuesto, tenia una altura prominente, era atlético y algo robusto también, aunque no demasiado.
Era dueño de un hermoso rostro, el cual era adornado con un par de ojos celestes y como detalle final, su larga cabellera platinada terminaba por resaltar su hermosa figura.

Veía su reloj pulsera de tanto en tanto, su padre nunca se retrasaba y era extraño que ya llevara mas de 15 minutos esperándolo.
Estaba allí porque Yuri le había dicho que debían viajar urgentemente a Francia a ver a un amigo de muchos años.

Parecía importante y su padre se oía serio, sin embargo su impuntualidad lo hacía dudar.

Misha(*), al fin te encuentro.

— Gustav, papá no vino contigo?

—Está en el hangar, te espera para partir prontamente, ¿vamos?

El joven empresario asiente y sigue los pasos del empleado de su padre.
Pronto, ambos estuvieron camino al hangar que Yuri tenía en las afueras de Moscú para despegar en un vuelo privado a París.
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— Ahh por Zeus. Ahora por tu culpa tendré que bañarme otra vez...

— Ha valido la pena, ¿no lo crees?

— Ha valido cada segundo, linda.

Kardia yacía boca arriba y Sonja sobre su pecho, el sillón de la sala había sido el escenario de la pasión que se había desatado entre ambos por casi dos horas.

— Será mejor que te apresures o ahora si no llegarás al puerto.

— Carajo y yo que me dejo llevar por tí. Báñate conmigo. —Le dice abrazándola contra su pecho.

—¿¡Qué!? ¿Quieres viajar o no?

— Si, supongo que ya habrá tiempo de bañarnos juntos.

Sonja le sonríe y Kardia le roba un beso, corriéndo rápidamente al baño por segunda vez.
La muchacha se viste y calienta el almuerzo nuevamente, y tan pronto como el capitán estuvo listo, compartieron aquella comida para luego despedirse.

En cierta forma, su entrega había sido una despedida improvisada, pues Kardia no volvería a Meteora hasta dentro de dos meses.

— Espera, llévame contigo.

—¿Que? No me van a permitir llevarte, eres una civil.

— No, tonto. En la motocicleta, llévame contigo. Quiero despedirte cuando estés a bordo.

— ¿Pero cómo regresaras?

— En tu moto... ya Kardia, yo veré la forma de regresarme, no te preocupes, pero me gustaria verte zarpar.

— Supongo que está bien. Sube, ya no queda mucho tiempo.

Al llegar, Sísifo, Aspros y Cid estaban esperándolo para despedirlo.

— Ya decia yo porqué se tardaba en llegar, vean.

Aspros hace oídas en referencia a Sonja, sugiriendo que ella fué la causa del retraso de su amigo.

— Aspros, por Zeus, no le hagas una escena de celos a Kardia ¿quieres? Déjalo que haga lo que le parezca, a tí nadie te dijo que hacer cuando estabas detrás de Diana, ¿o sí?

Sísifo se reprendió casi al instante de haber soltado la frase, recordando que Aspros había enviudado recientemente.

— Bien hecho, castaño. Le bajaste la caña al capitán de un tiro en el pecho.

Cid fué quien lo reprendió.

— No me dí cuenta, pero es que a veces actúa como un idiota y te diré que es bastante insoportable.

— Buenos días a todos, ¿ya llevan mucho tiempo aquí?

— No tanto, acabamos de llegar hace media hora.— Respondió Cid.

— Creo que ya es hora de que subas, todos están abordando, capitán.

— Aspros, nos veremos pronto, amigo. No me cambies por Sísifo, por favor.

— ¿¡Pero que...!?

Sísifo lo mira serio.

— Tranquilo, él es mío.—Responde Cid abrazando al castaño.

— Jaja, descuída no lo haré. Pero ten presente que este par de maricas y yo te extrañaremos, no lo dudes.

Aspros se acerca y lo abraza fuertemente. Una vez más él y Kardia se separarían, aunque no por mucho tiempo.

Luego, de separarse de su amigo, se saluda con Sísifo y Cid, para finalizar abrazando y besando tiernamente a la hermosa sueca que lo acompañaba, todo ante la atenta mirada de sus amigos.

Luego de aquella despedida, abordó el "Odisea" el cual zarpó con derrota(*) al puerto de Atenas.

—¡¡Oye Kardia!!¿¡ A quien de los 3 heredas tu motocicleta!?

— Me temo que ya tiene dueño temporal, Aspros. ¡¡Tendrás que negociar con Sonja si la quieres!!

Al oír aquella respuesta Aspros giró hacia donde la motocicleta habia estado aparcada, viendo a la hermosa rubia sobre ella.
Suspiró y se acercó lentamente a chica, procurando que la muchacha se voltee a verlo, pero no sucedió, ella seguía mirando hacia el buque en el cual viajaba su novio, hasta que éste se perdió de su vista en el horizonte.

— Así que, estás con Kardia...

Sonja lo mira de arriba abajo y vuelve su rostro hacia el frente.

— Si, así es. Hay algún problema "Capitán"?

— Ninguno, pero...

—¿Pero que?

— Quiero la motocicleta.

— Aspros, que carajo...!?

— Sísifo, no te metas, esto es entre esta rubia y yo.

Sonja lo mira arqueando una ceja, no le agradaba el tono de Aspros así que decidió fastidiarlo.

— Pues que pena, porque ya oíste a Kardia, la moto se queda conmigo, y a menos que me pidas disculpas por los tratos de mierda que me diste, no te la daré, tonto.

Cid y Sísifo morían de risa al fondo viendo la escena.
Nadie jamás había tratado a Aspros de ese modo tan irreverente y aquella niña lo estaba poniendo en su sitio como toda una profesional.
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(*) Misha: es un diminutivo de Mikhail. Cuando Gustav encuentra a Unity, lo llama por este diminutivo de su segundo nombre.

(*) Derrota: en el sentido del texto, se refiere al rumbo o dirección que sigue un barco en su viaje.
En navegación, la derrota es el camino que se planea o se sigue para llegar a un destino determinado, teniendo en cuenta factores como las corrientes, los vientos y las condiciones climáticas.

Chapter Text

Regresó a la casa de inmediato, pues debía empacar de una vez para la mudanza al día siguiente, y si Adeline no se recuperaba del todo, también debía darle una mano a su padre.

— Joven Dégel que bueno que volvió, hay buenas noticias, madame Adeline despertó.

El rostro del muchacho se iluminó con una gran sonrisa, subiendo las escaleras lo más rápido posible para ver a aquella mujer que lo había contenido durante tantos meses.

Tocó la puerta del dormitorio de su padre, con suaves toquecitos y luego de oír que Krest lo invitaba a pasar, entró cautelosamente a la habitación.

— Hola, Dégel. Cariño ¿como estás?

Lágrimas de alegría recorrieron el rostro del joven, quien corrió directamente a abrazar a la mujer.

— Adi, gracias al cielo despertaste, yo estoy bien ¿Tú como estás, cómo te sientes?

— Estoy bien, descuida. Me siento muchisimo mejor.
Me dijo Krest que llegaron a un acuerdo sobre el viaje, ¿es verdad?

Dégel mira a su padre fugazmente y cruza miradas con él.

— Si, después de todo lo que te sucedió, decidimos que lo mejor era alejarnos de la capital, así que nos vamos mañana según tengo entendido.

— Así es, mañana a primera hora abordaremos el avion rumbo a Normandía.—acotó el abogado.

— Mon dieu... no he empacado nada, tengo que apresurarme o...

Adeline amenazó con ponerse en pié pero fué detenida rápidamente.

— No, tu te quedas donde estás.

— Ni se te ocurra moverte, mon amour.

Fué frenada por ambos hombres y sonrió, aunque no era muy grato saber que una complicación en su salud había sido la causa de una tregua entre padre e hijo, era mejor eso a que siguieran discutiendo.

— De acuerdo, como ordenen. Me quedaré aquí, tranquilos.

— Ven, Dégel. Salgamos, dejemos a Adi descansar.

— Sólo, no me dejen mucho tiempo sola o me moriré de aburrimiento.

—¡¡Shh!! No digas eso ni en broma, mi vida.

El abogado le da un beso fugaz y luego él y su hijo abandonan la habitación momentáneamente.

Ya en la sala, ambos hombres vuelven a hablar.

— Dégel, necesito que me hagas un favor, hijo.

— Dime que puede ser, padre? ¿en que quieres que te ayude?

— Necesito que vayas a la farmacia por estos medicamentos, son para Adi. Es que quiero tenerlos por si surge algún imprevisto durante el vuelo.

Krest extiende su mano y le pasa la hoja con la lista escrita por el médico que había revisado a su esposa.
Al tomarla, Dégel se percata del corte que su padre tiene en la palma de la mano y lo toma de la muñeca para verlo de cerca.
Rápidamente Krest, se safa del agarre y observa a su hijo fíjamente.

— ¿Papá, si te hiciste ver esa herida? ¿cómo rayos te la hiciste?

— Fué hace un tiempo...cuando tú estabas de viaje, no la notaste porque aparentemente cicatrizó, pero al parecer volvió a abrirse.

— ¿No quieres algún anticéptico para eso también?

— Descuida, con lo que hay aquí en casa es suficiente, sólo trae lo de la lista, por favor.

— Está bien, como quieras. Enseguida vuelvo.

Salió rápidamente de la casa y tomó un taxi rumbo al casco céntrico de la ciudad. Debía apresurarse pues tan sólo estaba a una hora de que cierren los puestos comerciales.

En ausencia de Dégel, Krest, con ayuda de Pierre, logran empacar todas las pertenencias de Adeline, además de las propias, para luego, cargarlas cuidadosamente sobre el Bugatti.
La idea era que el equipaje, además de Adeline, Krest y Dégel, vayan en vuelo privado, y Pierre iría a bordo del automóvil. Ya en dos horas, todos estarían en Rouen.

A la mañana siguiente, estaba todo listo para el viaje, y ya sólo quedaban algunas pequeñas cosas más por cargar en el automóvil.

— Quisiera ir contigo...

— Dégel, ya su padre sacó los boletos, por favor ya no confronten. Es desesperante para los que lo vemos de fuera.

— Es broma, claro que no voy a decirle que no quiero compartir el viaje con él o quien sabe que cosas me dirá. Además esta la salud de Adi, ¿Sabes? En verdad me angustié mucho al verla postrada en aquella cama.
Me asusté demasiado, creí que también iba a perderla...

— ¿También...?

Dégel asiente con algo de tristeza.

— Se refiere a monsieur Kardia, ¿no es así?

— Oui, Pierre. No he sabido mas nada de él, me temo.
Hoy le envié una carta y sólo espero que al menos llegue a leerla, y si decide responderme, pues... que puedo decirte, si me responde encenderá mi corazón nuevamente, te lo aseguro.

— Monsieur Kardia es de buen corazón, seguramente le responderá.

— Eso espero, amigo mío. Bien vamos, papá ha de estar esperándonos.

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—Buenas tardes, hijo. Que tal tu viaje?

— Estuvo bien, papá. Buenas tardes. ¿Ya me explicarás porqué tanta urgencia?, me has hecho abandonar Sarov de manera súbita.

— Te prometo que es importante, pero te lo contaré todo en cuanto lleguemos a Paris.

— Está bien, si tu lo dices. Será como quieras.

Yuri, Unity y Gustav abordaron el avión privado del empresario, que minutos mas tarde, despegó rumbo a la capital francesa.

Al cabo de hora y media arriba del vuelo, el capitán de a bordo le informa a Yuri que el destino había cambiado puesto que Krest ya no estaba en Paris, sino en Rouen, por lo que el viaje tardaría un poco más de lo normal ya que debían pedir los permisos correspondientes para sobrevolar espacio aéreo francés.

— Claro, no hay problema, avísen cuando estemos entrando a Francia.

Unity mira a su padre de manera curiosa.

—¿Ocurrió algo?

— Al parecer mi amigo se mudó justo cuando decidí hacerle una visita, por fortuna aún está en su país.

—Jaja tu y tus amigos, padre. Todos impredecibles.

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—¿Y ahora que harás?

—No es de tu incumbencia, y deja de seguirme... ¿no tienes nada que hacer, Aspros?

—Por ahora no... sólo me queda fastidiarte, aunque pronto tendré que regresar a Meteora por mis hijos.

Sonja se frena en seco y abre sus hermosos ojos turquesa del asombro, al oír las palabras de aquel hombre y se voltea a verlo con curiosidad.

—¿Tus...hijos? No puedo creer que tengas hijos.

—¿Que te sorprende?

—Bueno, no pareces ser del tipo... no lo sé ... responsable como para tenerlos.

—¿Ah no? ¿Y que parezco, señorita madura?

—¿Disculpa?

—Anda dime, ¿¡que maldita impresión tienes sobre mí!?

Aspros la jala del brazo haciéndo que la muchacha se voltee.
Sonja clava su mirada en la del capitán y ambos se desafían por unos instantes.
Poco a poco y sin mediar palabras, Aspros cede en su agarre soltándo completamente a la muchacha luego de unos minutos.

—¿Que pienso?, pues eso, que eres un maldito grosero y aparte ¡¡que pareces tener la madurez de un niño de 8 años!!
La pregunta real sería, ¿¡si crees que tus hijos son realmente tus hijos o son tus hermanos menores!? ¡Rayos!

Aspros se queda viéndola fijamente a lo que la muchacha reanuda su marcha con la motocicleta de Kardia a un lado.
Al verla alejarse, nuevamente el griego la increpa.

— El trayecto hasta Meteora es largo.

—Puedo con ello, gracias.

—Podrías montarte en la motocicleta y llegarías mas rápido...

Sonja bufó. Era obvio que aquel sujeto no se detendría hasta colmar su paciencia o hasta conseguir su cometido, sea cual fuera.

— No se conducir, ¿de acuerdo?, ya no jodas Aspros.

—Ajam, y de orgullosa nada más no quieres darme la moto. ¿Sabes? Yo podría llevarte... pero no quieres hacer las pases...

— Ya, ok. De acuerdo tu ganas... pero si se te ocurre montarte y darte a la fuga, te juro que te buscaré y te arrancaré la piel, Aspros.

— Me diste una idea...

— No te atrevas...

— Tranquila, no soy tan imbécil como piensas y te lo demostraré.

Aspros se monta en la motocicleta y la enciende casi de inmediato, esperando a que Sonja suba de acompañante.

—Bueno, ya viste que no soy un idiota como crees.

— Esto no prueba nada.

El capitán sonríe y la vé por el retrovisor.
La joven era bonita y enfadada, era aún mas bonita.

Luego de dos horas de ruta, por fin llegaron a la ciudad de Meteora.

—¿Donde vives? Te dejaré en tu casa, iré por los gemelos y luego regresaré a dejarte la moto.

— Espera, ¿si tienes hijos? Pensé que lo dijiste en broma.

— ¿Porqué iba a bromear con ello?

— Pues por lo mismo que te dije antes, pero si tienes que llevarlos, mejor quédate con la moto.

—Sólo la necesitaba para volver de Volos.

— De todas formas yo no se manejarla, así que mejor quédatela y ya. Por cierto, ¿donde están tus hijos?

— Están con mi hermano en un complejo de departamentos a 15 minutos de aquí.
No puedo dejarlos demasiado tiempo con él pues tiene trabajo y los niños son pequeños aún.

—Entiendo...

— Bien, nos vemos otro dia. Ten buenas noches, Sonja.

— Tu igual...¡¡espera, Aspros!!

— Dime.

— Si necesitas ayuda con los pequeños solo dime, con gusto te ayudaré.

Sonja se sintió algo culpable luego de haber prejuzgado el carácter relajado de Aspros.
Podía tener actitudes un tanto adolescentes pero se notaba en el fondo que era un padre dedicado, además de que recordó que había sufrido la pérdida de su esposa hace unos meses atrás y eso, la hizo sentirse aún mas culpable.

— Te lo agradezco rubia, lo tendré en cuenta. Nos vemos.

— Claro, adiós.

__________________~•~_________________

Al cabo de 7 horas a bordo del "Odisea" Kardia por fin amarró en el puerto de Atenas.
Era su primera misión a bordo de su nueva fragata y con aquella tripulación que se le asignó.

Debía estar al mando del cuartel y del astillero por dos meses, supervisando la ruta marítima de los buques y el patrullaje de las islas menores que conforman las Cícladas, como así también las rutas comerciales de las islas de Rodas, Creta y Sicilia.

Al desembarcar, sin embargo, se topó con cierto indeseable al que había olvidado ni bien pisó Meteora.

— Vaya, miren la basura que trajo el mar...

—¿Ya ascendiste Julián?, ah cierto que no puedes ascender, señor "por siempre marinero de cubierta", te diría que me da gusto verte pero no soy tan hipócrita.

— Tienes suerte de ser mi superior, Doukas... ya te habría desfigurado sino.

— No obstante, yo si puedo hacer eso contigo, pero considero que tu rango eterno es suficiente castigo.
Con permiso, tengo trabajo.
Ah, por cierto, manten tu boca cerrada o te mandaré a patrullar el estrecho de Messina(*) y no dejaré que vuelvas hasta que compruebes si Odiseo decía la verdad en sus crónicas sobre Caribdis(*) y Escila(*), imbécil.

El rostro de Julián palideció por unos instantes, sabía que Kardia no estaba bromeando y que era muy capaz de hacer aquello.

— Julián tienes que tranquilizarte, Kardia ya no es como uno de nosotros.

— No me digas, Orestes. No me di cuenta...

— Si sigues provocándolo, harás que nos mande a Groenlandia a patrullar los bloques de hielo.

— Por ahora no haré nada, pero me vengaré de ese maldito hijo de puta, eso lo juro por Zeus.

__________________~•~_________________

Dos horas habían pasado desde que salieron de Paris, y por fin llegaban a su destino: Rouen, Normandía.
Pierre había llegado media hora después. Subieron todo el equipaje nuevamente al Bugatti y se dirigieron a la propiedad que tenía Krest cerca del valle, casi a las afueras de la hermosa ciudad.

El lugar era calmo y muy hermoso, de eso no había duda.
Estaba algo cambiado a como Dégel lo recordaba, pero no eran muchas las diferencias.

Adeline por su parte, estaba embelesada con el sitio. Recordaba que una vez, ella y Krest hablaban acerca de aquel sitio, al cual planearon irse a vivir en cuanto el abogado se retirase, pero ahora estába viviéndo el momento anticipadamente.

— Espero que estés cómoda, cheri. La casa no es muy grande pero es acogedora.

— Mon amour, el lugar es una maravilla. No se cómo es que pudieron abandonar este sitio de ensueño...

— Cordelia ...— le susurró Dégel al oído.

Adeline de pronto, se reprendió ante aquel comentario, olvidando por completo el trago amargo que Krest tuvo que sufrir por causa de su primer esposa.

En cierto modo, esa experiencia hizo que el abogado se volviera introvertido y le sea sumamente dificultoso expresar sus sentimientos. Ella lo sabía muy bien, pues había experimentado varias veces, las reacciones adversas de su esposo.

Se quedó mas bien callada y se dedicó a recorrer la casa, mientras que los hombres hacían entrar el equipaje a la casa.
Una vez que estuvo todo dentro, Dégel y Pierre se encargaron de disponer todo en su sitio de manera ordenada, acomodaron luego las habitaciones y dejaron preparado el cuarto de baño. Finalmente cada quien fue a su dormitorio a relajarse después de aquel viaje.

Dégel debía tramitar todo para ser admitido en la extensión universitaria y Krest debía pedirle al Duque la dirección del nuevo Estudio del que estarían a cargo él y Adi.

La familia estaría en paz, o eso era lo que ellos creían, pero la visita de los Vassilieva, pronto cambiaría los pensamientos tranquilos de Krest por unos más perturbadores.

Y no pasó demasiado tiempo para que un automóvil negro, estacionara frente a la casona estilo tradicional de los Garnier.

Aquella mañana, Pierre estaba en el comedor junto a la ama de llaves, viendo como del vehiculo, descendían dos hombres de características similares, que caminaban lentamente en dirección a la propiedad.

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(*) Estrecho de Messina: es un estrecho marítimo que separa la isla de Sicilia de la península itálica, conectando el mar Jónico con el mar Tirreno.
Tiene una anchura mínima de aproximadamente 3,3 kilómetros y une el puerto de Messina, en Sicilia, con el continente italiano. Es una vía marítima importante y estratégica en el Mediterráneo.

(*) Caribdis: es un monstruo marino de la mitología griega, que se dice que habitaba en el estrecho de Messina, en la costa siciliana. Según la leyenda, Caribdis era un gigante que tragaba enormes cantidades de agua del mar, creando un remolino que podía hundir barcos y devorar a sus tripulantes.
Se le consideraba uno de los peligros más grandes del mar Mediterráneo.

(*) Escila: es un monstruo marino de la mitología griega, que se dice que habitaba en el estrecho de Messina, en la costa siciliana, junto a Caribdis. Según la leyenda, Escila era un monstruo con forma de perro o lobo, con múltiples cabezas que podían atacar y devorar a los marineros que se acercaban demasiado a la costa. Se le consideraba un peligro para los navegantes que atravesaban el estrecho de Messina, ya que estaba situada en la costa opuesta a Caribdis, creando un paso peligroso entre los dos monstruos.

Chapter Text

Zaphiri estaba furioso, tenía demasiados pendientes en la empresa y su coche semi nuevo no encendía.
Decidió llamar al mecánico y mientras esperaba, fue por la correspondencia y el periódico, para al menos distraerse con algo que no le hiciera enfadar aún más.

—¿Que te sucede? Estás que echas humo por las orejas.

— Mujer, desayunemos en silencio. Luego iré a bañar de gasolina el automóvil y le prenderé fuego.

— Por Zeus... eres el rey de los pacientes.

El empresario se sentó en la puntera de la mesa y mientras, revolvía los sobres que había sacado del buzón.
Normalmente, su mayordomo Vlad era quien todas las mañanas le llevaba la correspondencia, pero ese día, el hombre aún no había llegado de un encargo que Zaphiri le había encomendado.

Se colocó sus lentes para revisar el correo y una carta en particular, llamó su atención.
Tenía estampillas y sellos de Francia, y estaba escrita también en ese idioma.

Cuando observó el destinatario, no era otro que su hijo Kardia.

—¿Y ahora que te ocurre, querido? Pareces confundido.

—¿ Kardia no fué a Francia nunca, cierto?

— Si una vez, de viaje de estudio en el cual no aprendió absolutamente nada.

— Ya recuerdo... y nos hizo gastar bastante dinero por ese capricho.

— ¿Por qué lo preguntas?

— Es que aquí hay una carta que proviene precisamente de Francia, y él es el destinatario. Supongo que sí hizo amigos, aunque no me preguntes como le hizo si no habla ni una mísera palabra en ese idioma.

— Jaja, ¿tal vez una pretendiente?

— No lo creo, el remitente dice; "Dégel", no me suena que sea nombre de mujer.

— Hmm, ¿y desde hace cuanto es la carta?

— Fué enviada hace 2 días. Será mejor que la guardes en su cuarto y para cuando regrese, que la vea.
Tal parece que no le avisó a su amigo francés que ya no vive más aquí, al menos por ahora.

__________________~•~_________________

Aún era muy temprano en la mañana, pero Sonja Dybeck ya despertaba para ir a la Universidad.
Aquel día por suerte estaba libre de su trabajo en la oficina y podría ir a su clase de esgrima en el club local.

Por su parte, Aspros estaba con Defteros, discutiendo para variar...

— Deberías al menos darte un tiempo para estar con ellos. Cumplirán 5 años el mes que viene. No lo sé Aspros, llévalos a dar una vuelta por el campo, yo que sé.

—¿Te cansaste tan rápido de tus sobrinos?

— No es eso y lo sabes. Pero no puedo ocuparme de ellos como es debido porque tengo demasiado trabajo en la editorial, además de que Helia no está para ayudarme.

—¿Que fué de ella?

— Viajó a Atenas para remontar su carrera de fotografía. Como entenderás, estoy sólo y ya que estas aquí en tierra firme, puedes ocuparte perfectamente de los gemelos.
Además es bueno que te vean, ya han de pensar que su padre soy yo.

Aspros lo mira como diciéndo " no hay diferencia entre tu y yo". Pero la realidad era que su hermano tenía razón.

No pasó demasiado que recordó que aquella rubia amiga de Kardia, se había ofrecido ayudarle con los gemelos, así que decidió acudir a ella por ayuda.

~•~•~♧~•~•~

Del otro lado de la ciudad y cerca del casco antiguo, otra discusión se daba prácticamente en plena vía pública.

Merope y Sísifo nuevamente peleaban por las actitudes del cotramaestre, que eran severamente reprochadas por su esposa.

—Mere, ¿¡que mierda quieres que haga?! Debo navegar para que me paguen los viajes ¿y te pones a reclamarme que no estoy en casa lo suficiente?

—¡¡Aioros ni siquiera te conoce, Sísifo!! Tiene 3 años y va a cumplir cuatro en poco tiempo y tú como siempre, estarás ausente. ¡¡Le prometes que estarás pero nunca llegas!!¿¡Acaso sabes el daño que le haces mintiendo de esa forma!?¡¡Tal parece que es más importante para tí estar arriba de un puto barco!!

— Si no estuviera a bordo de un puto barco como tu le llamas, no tendríamos como mantener siquiera la propiedad, Merope ¿o acaso crees que con lo que cobras a tus clientes por sesión, alcanzará en el mes?, por los dioses, eres una maldita ilusa.

— ¡¡Largate!! Ve a dormir a la bodega de ese puto barco y a sacarte las ganas con su capitán. ¡¡Ellos parecen más tu familia que nosotros !!

A Sísifo le dolió la última parte de aquella frase, porque no era verdad. Amaba a Merope, amaba al pequeño Aioros, pero la realidad era que si no trabajaba, no podría brindarle una vida de bienestar a ambos y su esposa parecia no entenderlo.

Decidió alejarse de allí, al único lugar que solía tranquilizarlo y en el cual podría estar a solas: el mirador.

— Sabía que te encontraría aquí.

Aquella voz ronca e inconfundible lo hizo salir de sus penas de inmediato.

— Cid. Discúlpame, pero no estoy de ánimo para tonterías hoy.

— Tranquilo, puedo notarlo. ¿Me permites acompañarte al menos?

Sísifo asiente.

— ¿Problemas en casa?

— Y de los mas intensos. Tu tienes suerte de estar solo, no tienes que lidiar con una esposa que cree que la engañas por un armazón metalico flotante.

—¿Merope cree que la engañas con un carguero? Eso es nuevo.

— O con uno de ustedes, da igual. Ahora me echó de la casa y tendré que ir a Volos a dormir en la bodega del Artemis.

— Quédate conmigo, Shura estará feliz de tener una visita, será bueno que vea una cara nueva además del rostro tan aburrido de su padre.

— No es buena idea Cid...

—¿Lo dices por lo que siento por tí? No sabía que hasta te daba miedo quedarte conmigo a solas.

— No es eso...

— ¿Entonces que es, Sísifo? Yo no tengo inconvenientes en decirte que te amo, desde que estamos juntos a bordo de ese carguero, ¿cuanto tiempo ha pasado?

— Cinco años...

— Es el tiempo que te lo vengo diciendo.

— Cid, es fácil para tí. Pero yo tengo una esposa y un hijo del cual debo hacerme cargo y realmente amo a mi esposa...yo...

—¿Si? ¿En verdad la amas o solo estas con ella por Aioros?¿Sabes?, Clara y yo solíamos discutir a diario, todo el maldito tiempo: que nunca estas, que tu hijo te necesita, que prefieres al mar antes que a tu familia... Me conoció y se enamoró de mí siendo yo timonel de primer rango, y estoy orgulloso de poder decir que soy uno de los mejores que tiene el país.

En uno de mis viajes con ustedes, regresamos anticipadamente, ¿lo recuerdas?

— Si, fué cuando regresamos de las costas de El Cairo. Recuerdo que el clima estaba desfavorable y para no perder la carga, la traspasamos a un buque mas grande y regresamos.

— Esa noche, fue la peor de todas para mi.

¿Por que?, pues porque encontré a alguien más en mi casa, en mí habitación y teniendo sexo con mí esposa.
Shura llevaba apenas una semana de haber nacido... ¿como mierda me explicas eso?
No estaba buscando que yo esté mas tiempo con ella, buscaba una excusa para engañarme.

—¿Quieres decir que Merope...?

— No quiero decir nada. Pero si quiere estar contigo, entenderá que eres un hombre de mar. Y es así para todo Sísifo. Clara me conoció siendo hombre de mar y lo mismo pasó con Merope.

— Diana parecía ser la única en aceptar la vida de Aspros sin chistar...

— Diana amaba al tonto de Aspros. Y es así como debe ser. Nuestra vida no es fácil a bordo de un buque. No sabemos siquiera si volveremos con vida, mínimo merecemos alguien que nos apoye y nos brinde amor y tranquilidad, no alguien que nos ataque a la primera que pisamos tierra.

— Me has hecho pensar en demasiadas cosas...

— Sólo quiero que veas la realidad. Enfrenta a Merope y pregúntale, no pierdes nada con hablar.

Tal vez yo me equivoque y ella en verdad sienta tu ausencia, pero si no, sólo te lastimas a ti mismo estando con esa mujer a la fuerza y sin amor de su parte.

— Hablaré con ella en la tarde, tengo demasiadas cosas que analizar.

— Yo debo dejarte, le prometí a Shura que iríamos a volar cometas y ya debo retirarlo de la guardería, nos vemos después.

— Si claro, nos vemos.

— Oye, Sísifo...

El castaño que tenía su mirada hacia el frente, se giró al oír la voz de su amigo llamarlo.

Cid lo tomó del rostro con ambas manos y acercó el propio hasta casi rozarle la nariz.

El corazón de Sísifo se le subió a la garganta y como acto reflejo, contuvo la respiración, mientras su mirada se encontraba con la del español.

— No olvides que hay personas que si te aman, Sísifo.

Que no se te vaya la vida en alguien que no vale la pena.

Dicho aquello último, Cid lo suelta, alejándose tranquilamente.

— Nos vemos después, contramaestre.

— Seguro...—susurró aún shockeado por lo que acababa de ocurrir con su amigo— ¡¡ Oye, Cid!!

El español se voltea, esperando que su camarada continuara hablando.

— ¿Aún está en pié la oferta de pasar la noche en tu casa?, no creo que mi esposa cambie de opinión...

— Claro, puedes ir cuando quieras, será mejor que pasar la noche en la fria bodega de un buque.

Además, prometo no acosarte demasiado...

" La puta madre".

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El timbre de la gran casona sonó por segunda vez.

Pierre se apresuró, pues el trayecto de la cocina al recibidor era bastante alejado.

Al abrir, efectivamente eran aquellos hombres que había visto descender del automóvil aparcado frente a la propiedad.

— Buenos días, monsieur. ¿En que puedo ayudarle?

— Buenos días. Verá estoy buscando a mi amigo, el Teniente Krest Garnier.

—¿Teniente?... Oui querrá decir mas bien, Dr. Garnier, verá él...

—¿Yuri?...

Krest interrumpe el coloquio entre su secretario y el recién llegado.

Había oído el timbre y se dirigió a la sala para ver de quien se trataba.
No era otro que Yuri Vassilieva, y aquello significaba el inicio de los problemas para él.

Pierre los hizo pasar a la sala y dejo a Krest a solas con los recién llegados.

— Tienes una hermosa propiedad aquí, amigo mío.

— Gracias, no es la gran cosa de todos modos, aunque tiene todas las comodidades.

Por cierto, bienvenidos.
¿Desean beber algo? ¿Café, tal vez?

— Vodka estaría bien.

Unity sonríe ante el pedido de su padre.

Al verlo, Yuri se percata de que no había presentado a su hijo con su amigo.

— Es broma, Krest. Un café estaría bien. Por cierto él es Unity, es mi hijo mayor.

Krest se acerca y le da la mano cordialmente.

— Es un gusto conocerlo, Unity.

— Igualmente, monsieur.

El abogado sonrió al ver que el joven, tambien hablaba algo de francés.

— Muy bien, basta de formalidades, Krest no estamos aquí por gusto, ya debes saber que ocurrió.

— El libro celta fue hallado, lo sé.

— También sabes que significa...

— Que moriremos, Yuri. Lo tengo muy presente.

— Hay una forma de evitarlo, al menos por un tiempo, pero debemos hallar a las personas que lo encontraron. Ya envié a Natassia por Helios.

Tendré noticias en pocos días.

— Hemos estado viviendo con el corazón en la mano desde que escondimos ese maldito libro, rogando al cielo que nadie lo encuentre ¿y ahora...? Justo cuando pensamos que podríamos tener una vida medianamente normal, todo se va al diablo.

— Tranquilo, Krest como te digo, si Nassia logra encontrar a las personas que hallaron el libro, estaremos a salvo al menos por un tiempo.

— No entiendo, ¿la maldición salta a quien encuentra esa cosa?

— No hijo, la maldición salta a quienes abren ese libro.

Nosotros tuvimos la imprudencia de hacer eso, y luego de ver que lo hicimos en vano, nos arrepentimos grandemente al vernos afectados por esa suerte de infortunio.

— Digamos que queríamos ver su contenido, pero nos fué bastante difícil descifrarlo.

—¿Y eso porqué, monsieur Krest? ¿Estaba escrito en un dialecto antiguo?

— No, Unity. Estaba escrito con puros garabatos indescifrables, que mas adelante entendimos, se trataban de runas.

No tenemos cara de saber leer runas así que el mejor plan que tuvimos fué esconder el libro en un lugar donde nadie más supiera.

Los hombres continuaron hablando acerca de aquellos acontecimientos tan extraños que los secundaban, cuando fueron interrumpidos por la llegada de madame Adeline y de Dégel, quien regresaba de hacer sus respectivos papeleos para ingresar a la extensión universitaria.

— Ahh bonjour.

Krest, cariño no sabía que tenías visitas, disculpen la interrumpción.

— No es nada, madame. No se preocupe, mi padre y yo no habíamos anunciado una visita a monsieur Krest.

Hemos llegado de manera imprevista.

Unity se acercó educadamente a la mujer e hizo una reverencia leve, siendo correspondido de inmediato por Adeline.

Aquello no era porque el hijo de Yuri fuera educado nada mas, sino que ambos hombres sabían que la mujer era de ascendencia noble.

Cuando levantó su cabeza nuevamente y así enderezar su cuerpo, Unity posó sus ojos celestes en Dégel y le sonrió de lado, inclinando su cabeza levemente.

El joven se sonrojó en forma involuntaria y luego saludó de manera generalizada.

Una vez que terminó con aquella formalidad, subió rápidamente a su habitación para ver si había llegado alguna correspondencia para él.

Dégel había llegado a una suerte de acuerdo con Pierre, el cual consistía en que el secretario, debía interceptar la correspondencia antes que su padre y así evitar que Krest armara un escándalo si encontraba alguna otra misiva proveniente de Grecia.

Al entrar en su habitación, se decepcionó bastante al ver su escritorio vacío.

Dejó su bolso a un lado y se sentó en la puntera de la cama.
Lentamente desató el liston que sujetaba su cabello y con mucho cuidado lo peinó diligentemente.

— Tienes un bonito cabello, con un color muy particular, por cierto.

Al oír aquella voz extraña, Dégel se puso de pié rápidamente, adoptando una posición defensiva.

—¿Q-que haces aquí? ¿Acaso no te enseñaron que no debes espiar a los demás?

Unity estaba recostado en el marco de la puerta del dormitorio, observándole detenidamente.

— Digamos que es un tanto dificil, verás, ese es mi trabajo principal.

— Mi padre está abajo, eres su invitado, así que vé con él.

— Jaj eres hostil. ¿Como debo llamarte? no nos han presentado ahora que lo pienso.

— Mi nombre es algo que no te incumbe... mejor te largas.

— Monsieur Unity, ¿que hace aquí? su padre espera por usted.

Pierre llamó la atención del joven ruso, quien se volteó inmediatamente al oír su nombre.

— Ya voy. Bueno, adiós extraño. Espero volver a verte.

— Hasta nunca...

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Chapter Text

—Mon dieu, que tipo tan maleducado.

—¿Dégel, te encuentras bien?

— Adi, si estoy bien. Sólo tuve un intruso en la habitación pero Pierre ya se encargó de él.

—¿Te refieres al joven Unity? Parece un muchacho agradable.

— Para mi no lo es. Además ¿que hacía viéndome sin mi consentimiento? Eso es espiar.

— ¿Tal vez sólo buscaba el momento para hablarte? No te pongas tan a la defensiva cariño.
Alistate, pronto el almuerzo estará listo.

— Si, lo haré. Gracias por avisarme.

Adeline se retira a su alcoba dejando a solas a Dégel y sumido en sus pensamientos.
Ahora estaba aún mas lejos de Kardia y eso lo estaba mortificando.

Comenzó a pensar que tal vez aquello que le dijo su padre era lo correcto y debía olvidarse del griego.
¿Pero cómo? ¿Como iba a olvidar las atenciones de Kardia, su amabilidad, las veces que lo rescató, y después... los momentos a su lado, en el mirador, en el mercado...en la bodega de un barco...?

Suspiró una vez mas. Tenía que haber alguna manera de volver a verlo, no podía rendirse así nada más, pero...¿y si Kardia ya se había olvidado de él?

Llevaba tiempo sin responderle carta alguna.
Pero.. ¿y si tal vez su trabajo lo consumía y no tenía tiempo de responder?.

"Tengo que verlo otra vez, de algún modo o me volveré loco".

Sacó de entre sus pertenencias ,la carta que iba a enviarle hace 4 días, la cual fue motivo de aquella terrible discusión con su padre, en la que Krest terminó por golpearle en el rostro.

Cada vez que lo recordaba, sentía ira. Su padre se creía muy experto en cuestiones amorosas, pero él no estaba dispuesto a seguir oyéndolo .

Esta vez Dégel no lo dejaría entrometerse, su padre no decidiría por él.
Llevaba una angustia en el pecho desde hacia mucho tiempo, aquel recuerdo de la noche en que se entregó a Kardia, no salía de su mente.
Deseaba sentirlo de nuevo, sentirse amado, en los brazos de aquel hombre que practicamente, le robó la voluntad.

Terminó la carta y ya no eran 4 páginas, sino 6, y no sólo era una confesión al capitán acerca de lo mucho que lo extrañaba, sino que además, le expresó mas detalladamente cuánto lo amaba.

La incertidumbre estaba puesta en Kardia, pues Dégel nunca supo realmente cómo se sentía el capitán, tampoco habían hablado de aquella primera vez en la que estuvieron juntos.

" Tal vez fué un error hacer como que nada ocurrió, pero no puedo volver el tiempo atrás".

Colocó todas las páginas en el sobre que llevaría en la tarde a la oficina de correos.

Adeline regresó luego de una media hora y tocó su puerta suavemente. Dégel revisó con cuidado todo antes de abrirle, pues si era su padre, no quería que encontrara otra de sus cartas dirigidas a Kardia y comenzara  una discusión interminable respecto de ideales, moral, buenas costumbres y ética del buen comportamiento.

—Adi, eras tú.— suspiró.

— Oui, ¿bajamos juntos?

— Claro. Oye Adi, ¿las visitas de papá ya se fueron?

— No todavía. ¿Te incomodan, verdad?

— No... bueno tal vez un poco, pero si están aquí, papá ya no estará tan al pendiente de mí y eso es bueno.
No quiero que discutamos y te pase algo a ti.

Adeline lo observó y sonrió.

—¿Planeas algo? Cariño, no hagas nada alocado, mas bien dime que planeas y veré si puedo ayudarte. Tampoco queremos que a tu padre le dé un ataque de ira.

— Si no te preocupes. No creas que no lo he pensado. El asunto es que no es fácil.

— Bueno ¿y dime que es?

— Quiero volver a ver a Kardia.

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Condujo a toda velocidad hacia el casco antiguo de la ciudad, ya era cerca de medio día, así que era muy probable que Sonja ya estuviera de regreso a su casa.

Para su suerte, la muchacha iba llegando, se paró frente a la puerta de su casa y buscaba las llaves en su bolso, cuando Aspros se acercó a hablarle.

— Que suerte que te encuentro, rubia.

La joven pegó un salto en su sitio, dejando caer las llaves al suelo.

—¡¡Ahh!!¡¡Por un demonio, debí imaginarme que tenías que ser tú!!

— Jaja tranquila, no quise asustarte.

— Mi nombre es Sonja, no rubia y buenos días para ti también, tonto.

— Ya discúlpame, ¿si?

— Está bien ¿Que deseas?

—¿Quien dijo que yo deseaba algo?

— Dijiste" que suerte que te encuentro..." es porque algo necesitas, dime que es. No creo que solo hayas venido a saludarme.

Aspros la mira divertido. El capitán encontraba cierto placer en fastidiarla y no iba a negarlo, le gustaba verla molesta, aunque ese día específicamente, no estaba para esos rollos.

— No, tienes razón. En realidad vine porque ayer me ofreciste tu ayuda por el tema de los niños.

—¿Necesitas que los cuide?

— Sólo a uno en realidad. Es que bueno, quiero llevarlos al parque pero tendré que estar al pendiente de ambos y será imposible.
Además, mi hermano no estará en casa para cuidar de uno de ellos y a veces los gemelos son algo... inquietos.

—¿Tienes...gemelos?

— Pues sí, ¿por qué?

— Bueno, recuerdo que cuando estuvimos en el teatro, esa muchacha la hija del hombre que nos llevó allí, ella te confundió con tu hermano, ¿acaso tú..?

— Defteros y yo también somos gemelos.

— Y no se parecen en absolutamente nada, de eso estoy segura.

— Yo pensé que ya comenzabamos a llevarnos bien.

— Haja, lo siento. Me disculpo por eso. Pero entonces, en definitiva ¿sólo quieres que cuide de uno de los niños?

— Será tan sólo por una hora, luego vendré por él.

— De acuerdo, no hay problema ¿y cuando sería eso?

Aspros mira su reloj de pulsera.

—¿Como en dos horas?, claro si no estás ocupada. Sé que es un imprevisto y...

— Está bien. Dije que te ayudaría, tú sólo trae al niño.

— Te lo agradezco.

El capitán le sonrió amablemente y se regresó al complejo de departamentos, tomó a los niños y los acomodó cuidadosamente en el automovil y los llevó a casa de la sueca.

Sonja ya lo esperaba a la puerta de la casa.
Aspros aparcó y la mujer se acercó para ver por la ventanilla a los dos pequeños que acompañaban al hombre.

— Bueno, te los presento, ellos son Saga y Kanon.

— Son hermosos, Aspros. Pero dime, ¿como sabes cual es cual?. Sé que eres su padre, pero además de los rasgos que sólo tu puedes ver, ¿hay alguna otra característica que los diferencie?

— Kanon es el que está dormido. Siempre es el mas tranquilo de los dos.
Tengo problemas con Saga porque es demasiado hiperactivo, por eso lo llevaré a dar un paseo.
No creo que Kanon te cause problemas.

— Tampoco lo creo, es un hermoso bebé.

Sonja tomó al pequeño entre sus brazos y lo contempló un buen rato.
El niño tenía la piel blanca y el cabello rubio como el de su padre.
De pronto, el ver al otro niño sentado en el automóvil le produjo una mezcla de ternura y preocupación.

—¿Ocurre algo?— Preguntó curioso el capitán.

— Me pregunto si no extrañará a su hermanito.

— Si Kanon esta despierto, él y Saga son unas mini máquinas de combate. Los dos pelean hasta que uno se quede dormido, son bien insufribles. Créeme, nadie extrañará a nadie.

— Jaj, está bien. Llevaré a este pequeño angelito a la cama, nos veremos después.

— Estaré aquí en una hora, muchas gracias Sonja, te prometo que te lo compensaré.

Dicho esto último, se inclinó y besó la mejilla de la muchacha, quien estaba distraída con su mirada puesta en el niño que llevaba en brazos.
Sonja se sonrojó violentamente ante tal gesto, jamás imaginó que ese hombre pudiera ser exactamente todo lo contrario a lo que ella imaginaba de él.
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Se sentaron a la mesa del gran comedor.
Su padre como siempre, a la puntera, y a su costado izquierdo, Adeline se acomodó elegantemente.
Aquel extraño amigo de Krest tomó asiento a la derecha de su padre, seguido de aquel intruso que estaba en su cuarto hace unas horas, el tal Unity.

Él por su parte, se sentó al lado de Adi, lo había hecho desde aquella vez que Krest lo golpeo en el rostro.
No sabía si en esos momentos era buena o mala decisión, pues quedó justo frente al joven ruso, quien no le quitaba la mirada de encima.

"Mon dieu, que tortura!!!".

— Unity, Yuri no se si les presenté a mi hijo, con tantas cosas que hablamos, creo que lo pasé por alto.

— No lo hizo, sr. Krest. Por eso subí a intentar presentarme, pero nos interrumpieron.

— Mas bién, estabas espiándome.

— Dégel, por favor. No creo que Unity haya hecho tal cosa.— Replica el abogado.

— Así que Dégel... bonito nombre, mon ami.

El joven de ojos violáceos observó al ruso de manera intimidante, pero aquel sólo le sonrió victorioso al saber por fin su nombre.

— Gracias, papá. Con permiso, debo irme.
Tengo clases en breve y se me hará tarde.

— Yo puedo llevarte si lo deseas.

— No, gracias... tu mejor quédate aquí, lejos de mí.

—¡Dégel! Mon dieu, ¿¡que modales son esos?!

— Krest, tranquilo. De todas formas tu hijo no esta obligado a aceptar la oferta de Misha.— Dice Yuri para intentar calmar a su amigo.

— Así es, no se preocupe sr. Krest.

Unity sonríe y continúa con el almuerzo, pero Adi se queda pensando en aquella reacción tan extraña de su hijo y decide ir a ver que le pasa.

—¿Adi, tú también te marcharás?

— Oui, mon amour. Es que quiero ver que Dégel esté bien. Posiblemente esta alterado por sus clases, veré en que puedo ayudarle.
De paso, los dejo a solas para que puedan hablar mas tranquilos.

La mujer hace una pequeña reverencia y se retira a la planta alta de la casa. Sabía que algo tenía al joven alterado e iba a averiguar de qué se trataba.

Al llegar a la alcoba, tocó la puerta con suaves golpecitos.

—¡¡Adi, pasa!!

La mujer sonrió al saber que el joven ya distinguía sus toques en la puerta.

—¿Que fue eso de allá abajo, cariño?. Dejaste a tu padre echando humo.

— Se lo merece.
Aunque la razón es que recordé algo importante.

— Déjame adivinar, ¿Tiene que ver con Kardia?

Dégel asiente y le pasa una de las cartas del griego para que Adi la lea.

— Pero, cariño. Yo no entiendo ni una palabra de lo que dice aquí.

— Jaja, perdón. Verás en la última línea, Kardia me explica que estará en una importante misión para la Armada y que deberá viajar al cuartel central en Atenas y estará allí por dos meses.

Adeline mira rápidamente la fecha de aquella carta y se dá cuenta que ya ha pasado un mes desde que fué enviada.

—¿Entonces quiere decir que...?

—Que no recibió mis cartas porque yo las enviaba a Meteora.
Debí escribirle con la antigua dirección postal. Soy un tarado, ¿¡como se me pasó esto por alto!?

—¿Que planeas hacer ahora?

— Bueno, yo te dije que quería ver a Kardia...

— Tal vez pueda convencer a tu padre de un pequeño viaje a Atenas.

—¿Para que no me deje salir ni a tomar sol? Mejor no.
Prefiero escribirle a Kardia para saber primero, cuanto tiempo más se quedará en Atenas y ya después veré como regresar a Grecia.

— Si, tal vez tengas razón y mejor lo planeamos todo con mas tiempo... sería ...mas...sensato y...

—¿Adi? Mon dieu... ¿¡Adi por favor, dime que te ocurre?! ¡¡Papá!!

Adeline había sufrido una leve descompensación aquel día.
No era para alarmarse pero el caso es que debía descansar y controlar sus niveles de glucosa en sangre.

Luego de que el médico particular de Krest la revisara, le dió más indicaciones al abogado acerca del cuidado de la salud de su esposa.

Dégel saldría una última vez aquella tarde. Debía ir a la oficina de correos a enviar una última carta, en la cuál iban puestas todas sus esperanzas.
Si Kardia llegaba a responderle, entonces, al menos tendría la certeza de que el capitán no lo había olvidado.

Sin embargo las cosas no salieron como él las había planeado.
Iba caminando tranquilamente y no se percató que alguien lo seguía.
Dos sujetos malintencionados estaban tras sus pasos.

Tan sólo le faltaban unas 3 cuadras para llegar a la oficina de correos, eran las 4 pm y hacía mucho frío aquel día, nadie estaba por las calles, para desgracia del joven, que fué abordado por ambos sujetos.

—¿¡Esperen, que hacen!? ¡Sueltenmé!

—Tranquilo, no te haremos daño, sólo queremos tus pertenecias, ¿está bien?

—C- claro, tomen todo, pero por favor no me lastimen.

Dégel estaba nuevamente en una situación de peligro, pero a diferencia de lo que ya supo vivir en Grecia de manos de Julián Solo, esto sólo era un simple robo, o eso era lo que él creia.

En pleno forcejeo, le quitaron a Dégel documentos importantes de la Universidad, además de las cartas destinadas a Kardia.

No se resistió en absoluto, y justo cuando uno de ellos, que parecía ser el lider del dúo, decidió por fin dejarlo en paz, el otro sujeto, un tanto más agresivo, sacó una pequeña navaja de bolsillo y la acercó peligrosamente al rostro del joven.

—¿¡Charles, que mierda haces!?, ya tenemos lo que quería Dupont, ahora vámonos.

Dégel abrió grande los ojos al oír aquellas palabras, no sabía que pensar pero decidió callar, pues si aquellos sujetos se daban cuenta de que le resultaba familiar aquel apellido, podrían hacerle algo incluso mucho peor.

— Su cara es muy bonita, me encantaría marcarla.
¿O que tal si le arranco uno de sus hermosos ojos violeta de recuerdo? jamas ví un color tan intenso y brillante.

—¡¡Esas no fueron nuestras órdenes, Charles, ya déjalo y vámonos!!

Justo en ese instante, un Ford Mustang negro, que aparentemente estaba estacionado en una esquina, arrancó de manera imprevista, distrayendo a ambos delincuentes, quienes se voltearon a ver.

En esa distracción, Dégel muerde la mano del sujeto que tenía la navaja y éste, ante el dolor, le dá un golpe de puño con su mano libre, haciendo que el muchacho pierda la consciencia casi al instante.

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Chapter Text

El Ford Mustang aceleró en dirección de Dégel y provocó que los delincuentes salieran huyendo.
Rápidamente, el conductor del vehículo bajó a auxiliar al joven.

—¡¡Dégel, Dégel. Despierta!!

Al ver que el muchacho no reaccionaba, Unity lo cargó y lo acomodó en el asiento del acompañante, reclinando la butaca para poder recostarlo, cerrando la puerta una vez que lo hubo conseguido.
Condujo nuevamente a casa del joven, su padre y Krest no estaban, él lo sabía pues había dejado a ambos hombres en un café hace unos minutos.

Después de dejar a los hombres, decidió seguir la ruta de Dégel por pura curiosidad y por fortuna que lo hizo, pues si él no hubiera estado allí, quien sabe que le habrían hecho aquellos malvivientes.

Tocó el timbre de la casona y fué atendido por Pierre.

— Monsieur Unity, bienvenido nuevamente.

—Gracias, Pierre. Por favor, necesito que me ayudes con algo.

El ruso guió al secretario de Krest hasta el Mustang y allí le mostró el estado en el que se encontraba Dégel.

—¿¡Pero que le pasó?! Mon dieu, será mejor que le avise a monsieur Krest de esto.

— La idea es que no lo molestemos Pierre.
Él está bien, sólo le dieron un fuerte golpe en la cara, pero pronto despertará, no es necesario que alarmemos a su padre.
Mejor ayudame a subirlo a su habitación y le pondremos algo sobre el golpe para que su rostro no se hinche.

— De acuerdo, monsieur, tiene razón. Pero tendrá que decirme que fué lo que pasó, porque no podremos ocultarle a su padre por mucho tiempo lo que ocurrió.

— Si, lo sé. No te preocupes, yo me encargaré de ello. Ahora, llevémoslo arriba.

Unity tomó en brazos a Dégel y lo cargó hasta la habitación.
Una vez allí, lo acomodó suavemente en la cama, ladeando su cuerpo y apartándole el cabello del rostro.

Le quitó los lentes y observó el golpe con más detenimiento.

— Rayos...

—¿Esta todo bien, monsieur?

Unity suspira preocupado, negando con la cabeza.

— Este golpe...ya me parecía que su desmayo no era normal...

—¿De qué habla?

— Lo golpearon con una manopla, malditos hijos de puta.
Sólo espero que no le hayan roto el hueso del pómulo o tendrá que ir a cirugía.

—Pobre joven, se pondrá bien, ¿cierto?

—Pues espero que si, por ahora ¿puedes traer hielo para bajar la hinchazón? Después de eso podré ver que tanto daño le hicieron en el rostro.

— Oui, monsieur. Enseguida lo traigo.

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Conducía a toda prisa por las callecitas angostas en dirección del casco antiguo.
Tenía que buscar a Kanon y ya estaba llegando tarde 2 horas.

— Muy bien, bebé. Es hora de comer.

— No soy bebé.

— Pues, no es malo que seas bebé. Y eres el más lindo que haya visto...¡mua!

Sonja besó a Kanon en una de sus mejillas, provocando que el niño suelte una carcajada contagiosa.

— Veo que tienes cosquillas, ¿eh?

— Jaja, si.

—Bien comeremos todo y luego seguiremos con el rompecabezas, ¿de acuerdo?

El pequeño niño asiente, regalándole una dulce sonrisa a la sueca, quien se moría de amor por él.
Ambos continuaron con la cena hasta que el timbre de la casa, sonó de manera insistente.

Sonja se levantó de la alfombra donde ella y Kanon estaban sentados, y se dirigió a la entrada, suponiendo que era Aspros quien venía por su hijo.

—Llegas super tarde, ¿que ocurrió?

—Te pido disculpas, no te quitaré mucho tiempo, ¿esta mi sobrino contigo?

Aquella pregunta hizo tambalear a la rubia, quien se quedó mirando fijamente al hombre que le hablaba.

—¿Def...teros?

— Si, disculpa mi educación, Soy Defteros Kallis.
Por favor dime si está Kanon contigo.

— Descuida, no pasa nada. Y si, Kanon está aquí, de hecho está terminando su cena... pasa.

— No, espera. Es que tengo a Saga en el auto, sólo vine a retirar a Kanon.

Sonja esta vez lo mira extrañada. El hombre parecía sumamente alterado.

—¿Ocurrió algo? Pensé que Aspros llevaría a Saga al parque.

— Ylo hizo pero ... de regreso, una camioneta los embistió en el costado del acompañante de manera imprevista.

—¿¡Dioses, como esta Aspros!?

— Está en observación en el hospital central, por fortuna solo se llevó unos puntos en la cabeza. Nada grave.
Saga, por suerte iba bien amarrado en la parte de atrás.

— Ya veo. ¿Oye y no prefieres que yo cuide al otro pequeño en lo que tú vas a ver a tu hermano?

—Es que justamente acabo de salir se allí.
Recién cuando Aspros despertó, pudo decirme que Kanon estaba contigo y por eso tardé en venir por él. Ahora vamos a casa ya que mañana tienen guardería

— Entiendo, iré a buscar a tu sobrino.

Sonja ingresó nuevamente a la casa en busca del pequeño.

— Kanon, cariño. Tu tío vino por tí, es hora de irte.

El niño extiende ambos bracitos para que Sonja lo levante del suelo, y cuando la mujer lo hace, el pequeño la abraza fuertemente por el cuello.

— Y, aquí está.

— Vaya, tal parece que le caíste bien, mira nada más como se aferra a ti.

— Ha sido un ángel.

— Claro, si el endemoniado está en el auto.
Muchas gracias por cuidarlo, Sonja.

—Ha sido un placer. Adiós bebé.

—¡¡No soy bebé!!

Defteros ríe de ternura.

—¡¡Jajaa, claro que no!! Eres un pequeño hombrecito de 50 cm, ¿no es verdad, campeón? Dile adiós a la señorita.

—¡¡Adiós!!—dice sacudiendo su pequeña mano.

Sonja se acerca y le besa en la mejilla provocando nuevamente carcajadas en el pequeñito.

—Adiós, espero verte de nuevo, Kanon.

—Gracias una vez mas, Sonja.

—No hay de qué. Amm, ¿Defteros...?

—Dime.

– Si necesitas que los cuide, no tengo problema con ello. Me comentó Aspros que tienes mucho trabajo.

— No creo que mi hermano esté mucho más tiempo en observaciones, pero lo tendré en cuenta. Hasta pronto.

— Adiós.

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Estaba en el puerto, revisándo los últimos informes de las rutas de patrullaje dadas por la guardia costera.
Su turno pronto acabaría y podría ir a tomar una ducha y descansar, o salir de gira pues era fin de semana.

Sonrió ante aquella idea, así que puso la mayor de las diligencias para terminar el trabajo lo más rápido que pudo.

Al llegar la hora, por fin fué libre. Se dirigió rápidamente a su departamento a cuatro cuadras del muelle, lamentaba no tener su motocicleta con él en esta oportunidad, pues le era de mucha ayuda, aunque caminar tampoco lo desanimaba.

Estaba acostumbrado a ejercitarse, de hecho, Kardia llevaba un buen estado físico tanto por su actividad en la Armada como por su adicción al deporte, en especial, la esgrima y la natación, y era por eso que además de llevar un estado saludable, su figura era espectacular.
El griego no tenía que envidiarle absolutamente nada a nadie.

Una vez que llegó a su departamento, se deshizo de su uniforme y lo metió a la lavadora, luego se dió una ducha tibia y se alistó para salir a caminar por las calles de la capital.

Estando ya de paseo, muchos recuerdos invadieron su mente, recuerdos de su prueba de navegación, de su naufragio, de la vez que golpeó a Julián en el mercado... ese recuerdo en particular le sacó una sonrisa... y luego...

"Dégel"

Su rostro se volvió serio, aunque aún conservaba una sonrisa de lado.
Dégel Garnier, el chico que le temía al mar.
Por lejos aquel francés era muy diferente a todos sus otros amigos, pero se sentía extrañamente especial con él.

Le gustaba compartir momentos a solas con Dégel y poder hablar de lo que sea...y también...

Su piel, su hermoso rostro, su aroma, sus ojos tan únicos y su cuerpo tan estilizado...
Sacudió su cabeza rápidamente para despejar aquellos pensamientos.
Seguía deseándo a Dégel y si lo tuviera en frente, no lo pensaría dos veces, pero ahora, debía dejar aquellas ideas.

Para empezar, ya no volvió a saber del francés. En segundo lugar, estaba buscando darse una oportunidad con aquella hermosa joven que conoció en Meteora y finalmente porque él y Dégel eran tan sólo amigos y aunque fueran algo más, era imposible que Dégel pueda darle lo que el capitán tanto anhelaba: un hijo.

Tal es así que aquella semana antes de regresar nuevamente a Meteora, decidió que le pediría a la rubia formalizar su reciente relación, y si los dioses lo permitían, comprometerse con ella más adelante.

Luego de aquella caminata se sentó en un restaurante para cenar algo ligero y volver a su departamento, cuando la noticia del informativo, casi lo hizo caer de la banqueta de la barra.

" El automóvil del empresario armatorial Zaphiri Doukas, fue hallado en el fondo del barranco de la autopista que lleva al puerto de Volos..."

Sus ojos observaban la pantalla de aquel televisor con detenimiento mientras su rostro se iba desfigurando de la impresión.

" Desde hace aproximadamente dos horas, los bomberos y rescatistas, están tratando de subir el automóvil para saber la cantidad exacta de víctimas fatales, ya que por ahora, el sr. Doukas y su esposa serían los únicos que viajaban a bordo del vehículo cuando éste desbarrancó por circunstancias desconocidas ".

"Papá, mamá...". Susurró

No podía creerlo, pero era verdad. Cuando los reporteros enfocaron la matrícula del automóvil, reconoció el dominio inmediatamente, el vehículo era de su padre.

Pronto, su respiración comenzó a agitarse y entró en pánico, fué directamente a su departamento para marcar a la mansión y preguntarle a Vlad que era exactamente lo que había ocurrido, debía regresar a Meteora cuanto antes.

Mientras iba de regreso al departamento, las palabras del señor Helios comenzaron a hacer eco en su mente.

" La desgracia y el infortunio los perseguirán de ahora en más... deben hallar ese objeto cuanto antes o todos a los que aman, correrán peligro..."

Tragó grueso al recordarlo, sus padres habían muerto en un accidente fatal a tan sólo dos noches de abrir aquel maldito libro y ahora estaba solo.
Si no lo solucionaba cuanto antes, su mayor miedo terminaría por cumplirse: se quedaría sólo.

Debía regresar a Meteora y eso no estaba en discusión, aunque la Armada entendería perfectamente su situación y lo enviarían de regreso, debía hablar con Aspros acerca de aquel suceso.

Lo que no sabía era que su amigo ya había sufrido un accidente muy violento hace algunas horas.

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Estaba sentado en una silla de estilo victoriano, de perfil a la cama.
Observaba aquella habitación con lujo de detalle, mientras procuraba armar en su mente, una buena historia que no hiciera que Krest Garnier entrara en pánico al ver a su hijo en ese estado.

Aunque para ello, necesitaba de la ayuda de Dégel para saber exactamente qué ocurrió y éste aún no despertaba.
Se puso de pié una vez más, ya había olvidado el número de veces que lo había hecho, solo para ver al joven que yacía en aquella cama, se acercó y le recorrió el rostro magullado con la yema de los dedos.

Dégel pareció sentirlo, pues frunció el ceño, posiblemente de dolor, pero a los ojos de Unity, aquel golpe no parecía ser de mayor gravedad.

Luego de tocarle el rostro, el ruso le tomó una de las manos y notó que los dedos del francés estaban fríos.
La temperatura estaba bajando, así que consideró que era prudente arroparlo.

Buscó en el guardarropas del muchacho algunas mantas, le quitó los zapatos y extendió las cobijas sobre su cuerpo.
Cuando hubo terminado, se giró para cerrar las puertecitas del mueble, pero se frenó al ver una pila de sobres en el suelo, justo debajo de la cajonera.

Observó una vez mas a Dégel para comprobar que aún dormía y se acercó al armario, lo cerró y luego se agachó a recoger los sobres del suelo.

Sabía que no debía hacer aquello, pero como él bien le había dicho a Dégel, espiar era su trabajo, y no se quedaría con la intriga de saber el contenido de aquellas cartas.

Iba a abrir uno de los sobres, cuando de pronto notó que el francés comenzó a moverse en su sitio.
Guardó rápidamente las misivas en su chaqueta, para que el joven no lo notara y una vez que vió que Dégel abrió completamente los ojos, se acercó a él para hablarle.

— Dégel, ¿como estás, como te sientes?

El muchacho apenas si podía enfocar a quien le hablaba.

— Mis...lentes.

Unity rápidamente toma los lentes de la mesa de noche y se los coloca con mucho cuidado de no tocarle el rostro magullado.

— ¿Tú? ¿¡Que haces otra vez en mi habitación!? ¡¡Te dije que no te quiero aquí!!

— Yo sólo...

Unity es interrumpido por el secretario de Krest, el cual entra en la habitación de manera abrupta.

—¡¡Gracias al cielo que despertó, joven Dégel!!

— Pierre, quiero que se marche...

El secretario mira en la dirección en la que Dégel señalaba y ve al joven ruso.

— No te preocupes yo ya me iba, que bueno que ya estes mejor, Dégel.

Unity se retira dejando a ambos hombres a solas en la habitación, pero Pierre sale al pasillo para detenerlo y hablar con él.

— Monsieur Unity, espere ¿si pudo hablar con él? ¿Le dijo que ocurrió?

—Nada Pierre, ni bien despertó me echó de la habitación como lo pudiste apreciar.
Pero mejor pregúntale tú, aún hay tiempo de armar una historia antes que lleguen papá y el sr. Krest.

—Tiene razón, iré de inmediato a hablar con él y discúlpe su actitud es que bueno, al joven Dégel le cuesta mucho confiar en las personas.

— Lo entiendo no te preocupes, pero no le digas que fuí yo quien lo encontró, al menos no hasta que hablemos con su padre.

— Como quiera, monsieur.

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Chapter Text

Se encerró en la habitación que le había sido asignada.
Pronto, su padre y el sr. Krest llegarían a la casa y tenía que averiguar que rayos era lo que Dégel planeaba esa tarde, ya que claramente aquel no era el camino a la Universidad.

Recordó la oficina de correos en cuanto vió los sobres desparramados en el suelo de la habitación de aquel muchacho.
Su instinto de espía le decía que la respuesta a sus preguntas, debía estar en aquellas cartas que encontró.

Aseguró la puerta para evitar ser sorprendido por alguno de los habitantes de la casa, y se dirigió al escritorio que tenía perfectamente dispuesto en la alcoba.
Encendió la lamparita de noche y tomó asiento, sacando los sobres que había escondido es su abrigo.

Comenzó con la carta más antigua en fecha. En ella, Dégel relataba su regreso a París y sus primeras peleas con Krest, pero luego la carta terminó de manera imprevista, era como si el muchacho la hubiera descartado.
Continuó con la segunda carta antigua en fecha.

En ella Dégel relataba con lujo de detalle su regreso a clases y sus exámenes, luego expresaba un deseo.

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" espero volver a verte pronto".

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Sin embargo la carta también estaba a medio terminar.

Unity estaba impacientándose, era como si Dégel supiera que alguien encontraria las cartas en algún momento, y en ninguna de ellas puso el nombre del destinatario, como si lo hubiera omitido al propósito.

— Rayos, no me hagas tener que ir a interrogarte...

Decidió continuar con el orden cronológico de las cartas y abrió la tercer misiva, la cual comenzaba con una pregunta.

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" ¿Cómo ha estado todo por Atenas? ¿Ya te ascendieron a capitán? Me da mucho gusto por tí, aunque me habría gustado estar allí para verlo".

 

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Bueno, no era la gran cosa pero al menos ya era una pista.

La persona a la que Dégel le hablaba con tanto afecto, vivía en Atenas y era capitán; eso descartaba que fuera una mujer, y le daba la pista de que el hombre era oriundo de Grecia.

Continuó con la siguiente carta, ningún detalle importante. El joven francés sólo parecía estar escribiéndole a un amigo, pero debía haber algo más.
¿Por qué mentir que iría a la Universidad y tomar otro camino? Es mas, Unity recordó que se ofreció llevarlo pero Dégel se negó rotundamente.

—¿Que escondes? ¡¡Por amor al cielo!!

¿Por qué Dégel le mentiría a su padre? ¿Qué tenia de malo ir a la oficina de correos para enviarle una carta a un amigo?
La respuesta, estaría en la siguiente carta.
Leyó atentamente, cuatro largas páginas en las que el francés relataba numerosos hechos y algo mas...

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" (...) Es algo que debí haberte dicho antes de volver y ahora me arrepiento de no haberlo hecho.
Espero no me odies por esto, mon amour y sepas comprenderme. Si no es así...

《Je suis desolé, mais je t'aime》

 

Dégel

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— Y otra vez sin destinatario. Rayos Dégel, destilas tanto misterio como belleza... ¿de quien estas tan profundamente enamorado?Ahora entiendo porqué te urgía ir a la oficina de correos...

Ahora otra pista, ¿aquel joven estaba enamorado de aquel capitán tal vez? ¿O era una persona distinta?

No importaba en realidad, lo que sí le importaba a Unity, era crear una excusa para Krest y ahora sabía por las cartas de Dégel, que el abogado no parecía aprobar aquel enamoramiento de su hijo.

— No pensé que a estas alturas, aún exista gente tan conservadora. Su padre es muy tradicional. Jmm... si supieras, Krest Garnier, que yo también comparto los gustos de tu hijo. Un tonto más con pensamientos conservadores. Prefiere eso a ver feliz a su hijo, que estupidez. Será mejor que hable con Dégel para ver que inventamos.

Guardó todas las cartas en aquellos sobres tal y como las encontró y se dirigió rápidamente a la habitación del joven francés.

Después de unos suaves toquecitos, la voz de Dégel se oyó del otro lado, la cual lo invitaba a pasar.

Al verlo, el muchacho no le regaló la mejor de las sonrisas al ruso.

— Mira, no se porque no te caigo bien pero...

—¡¡No me caes bien porque eres demasiado atrevido!!¿¡Y ahora que quieres!?

— Si puede que lo sea, mi naturaleza es un poco curiosa.

—¿Un poco? Pff...

— Mira, sé que no fuiste a la Universidad hoy y...

—¿¡Rayos... ves!? Eres demasiado metiche.

— Fui yo quien te salvó de esos malvivientes hoy.

Dégel se quedó estático, con la mirada fija en el ruso.

—¿Tú ... qué?

— Estaba estacionado en una esquina, decidí seguirte, lo admito, pero si no lo hubiera hecho esas personas...

El joven francés agachó la cabeza, fijando su mirada en la alfombra de la alcoba.

— Lo lamento en verdad, sé que tu vida no me incumbe pero...

— Gracias...— murmuró

—¿Perdón?

— Dije gracias. Gracias por ayudarme. Te debo una, Unity.

Pero no creas que te disculpo por ser metiche.

— Digamos que me conformo con tu gratitud. Pero ahora hay otro problema y es como vamos a justificar ese golpe frente a tu papá.

No podemos decirle que no fuiste a la Uni ¿o sí?

— Jmm... si le digo que iba a la oficina de correos me emparejará el otro lado de la cara con otro golpe.

— Pues no le decimos y ya.

— ¿Tu...vas a guardar silencio? ¿por qué lo harías, que quieres a cambio de todos estos favores?

— Nada, es sólo que me caes bien. Pero dime ¿si pudiste reconocer a alguno de los que te agredió?

El francés abrió los ojos al oír aquellas palabras

" Me caes bien (...)"

Era la misma frase que Kardia le había dicho la vez que le preguntó porqué insistía con ayudarle.

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Fue a la estación de autobuses aquella tarde, faltaba poco para que anocheciera, asi que apresuró sus pasos.

Debía regresar a Meteora cuanto antes y esperar a que amanezca para tomar un vuelo, no era opción.

Estaba desesperado y no podía creer que todo aquello estuviera sucediendo.
Hace tan sólo un mes, tenía a sus padres en casa y ahora...

Habían hablado por teléfono hace dos días y su madre le dijo que su padre estaba teniendo problemas con el automóvil.

"Tal vez no lo repararon correctamente y..."

De todos modos era extraño.
Su padre jamás saldría de viaje a menos que todo fuera seguro; si Zaphiri no estaba convencido de que no había peligro, jamás se arriesgaría a viajar en esas condiciones.

"Algo más ocurrió aqui...".

Caminaba a toda prisa, aunque aún faltaba bastante para que la boletería cierre, prefería esperar en la estación, mientras la hora se cumplía.
Mientras caminaba, pasó por una de esas modernas tiendas de telefonía y se entretuvo viendo los distintos modelos de teléfonos móviles que se exhibían.

Hasta ahora no le habían interesado, pero quería hablar en demasía con sus amigos, con Vlad, con Sonja...

Recordó que Albafica tenía uno similar y le pareció una buena idea adquirirlo, después de todo, si estaba lejos, aquel artefacto le permitiría continuar en contacto con el resto.

Sin perder tiempo, entró en aquella tienda y eligió uno de los aparatitos, luego de escuchar las indicaciones del vendedor, acerca de los beneficios y de los cuidados que debía tener, salió nuevamente rumbo a la estación de autobuses.

Decidió que la primera persona con la que usaría aquel teléfono, sería Vlad.
Marcó a casa de inmediato, sin monedas ni fichas de por medio, como los teléfonos públicos.

—¿Mansion Doukas, buenas noches ...?

—¡¡ Vlad!! Soy yo, Kardia.

El mayordomo comenzó a sollozar ni bien escuchó su voz.

— Amigo, por favor cálmate. No sabes que sucedió ¿verdad?

Joven Kardia yo...

El llanto de Vlad se intensificó y Kardia no pudo más que sólo decirle que estaría de regreso en pocas horas y que se calmara.
Sabía que era imposible, el ucraniano y su padre habían sido amigos desde que el capitán tenía memoria, imaginaba lo afectado que estaría su mayordomo al saber de la muerte no sólo de su jefe, sino de su amigo.

— Vlad, óyeme. Pronto estaré en casa, no estas sólo amigo mio.
Te prometo que llegaré lo más rápido que pueda.

Dicho aquello, cortó la llamada y se dispuso abordar el autobús que lo llevaría de regreso a la ciudad de Meteora.

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El hospital estaba ya sin demasiado personal.
Aspros se encontraba en sala de observaciones y si los dioses se lo permitían, saldría a la mañana temprano de aquel sitio que detestaba con toda su alma.

—¡Por Zeus, voy a volverme loco!

—¿Por qué no te calmas de una vez? Pareces un niño problemático, Aspros.

— Fácil para ustedes dos, porque no estan en mi lugar, en este sitio de mierda que me trae recuerdos nefastos.

— Escucha cabrón de mierda, Sísifo tiene razón, y el que hagas berrinches no hará que el médico cambie de opinión, así que te calmas o veré que te droguen.— Le reprendió Cid.

— Además tengo hambre...

Sísifo se toma el puente de la nariz.

— Aspros, si que eres un caso perdido.

— Capitán Aspros Kallis, tiene una visita.

Aspros se queda viendo a la puerta donde estaba la enfermera, para ver de quien se trataba.
Pensó en Defteros, pues recién se había retirado del lugar. Tal vez su hermano había olvidado algo...

En ese instante, vió como Sonja Dybeck entraba a la sala.
Su mirada cambió al igual que su actitud inquieta.
De pronto, el capitán pareció haberse calmado completamente.

La mujer saludó a los hombres que acompañaban a Aspros de manera cordial y luego se dirigió a él.

—¿Cómo te sientes? Tu hermano me dijo que te chocaron violentamente.

— Si, así es. Pero se necesita mas que eso para acabar conmigo.¿ Tú como estás?.
Te diré que no era necesario que vinieras, pero tampoco negaré que me agrada tu visita.

— Bueno es verdad, pero quise saber como estabas. Me tenías algo preocupada.

—¿Algo? Es suficiente para mi.

El capitán le regala una sonrisa y una mirada que Cid entiende, no eran de un par de amigos, así que decide intervenir.

— Linda disculpa, es que tengo una memoria de mierda, pero ¿tu no eras novia de Kardia?

Ante aquella pregunta, mira fugazmente a su amigo, notando que Aspros cambia su semblante completamente, mirándole de manera seria.

— Bueno, él no me ha dicho nada formal, pero si llevamos un tiempo saliendo y...

—¡¡Oigan, miren eso!!

El coloquio de la rubia se vé interrumpido por Sísifo, quien señalaba la pantalla del televisor de manera desesperada.

— ¡¡Súbele el volúmen!!— Ordenó rápidamente el capitán.

Sísifo obedece y los cuatro se quedan viendo aquel informativo horrorizados.
Zaphiri Doukas y su esposa, habían muerto hace un par de horas.

— Dioses...

Ninguno podía creerlo. Hace tan sólo unas horas, Aspros fué atropellado y luego, los padres de Kardia acababan de fallecer en un accidente terrible.

— Estoy comenzando a creer que ese tipo loco que encontramos en el muelle, dice la verdad.

—¿Que tal si es una casualidad, Cid? Podría serlo tranquilamente.

— No creo que lo sea, Aspros. Podría decir que es casualidad si ese libro no estuviera de por medio, pero todo esto está sucediendo justo después de que lo abrimos.

— De que lo abrieron, querrás decir. Tú y Kardia tienen mas culpa, Sísi...

— Me dan ganas de golpearte cuando eres así aunque tengas razón. Sin embargo, tal parece que debemos hacerle otra visita a ese tal Helios para comenzar a buscar esa cosa de la que nos habló o seremos cadáveres sexys dentro de poco.— Finaliza el castaño.

—¿Kardia ya sabrá de todo esto?

— Sin duda, la Armada ya lo habrá enviado de regreso, no te preocupes Sonja.
Tal vez en la mañana ya esté aquí.— le explica el español, observando nuevamente a Aspros de reojo.

El capitán baja la mirada y luego cierra los ojos, soltando un suspiro prolongado ante los dichos de su timonel.

— Será mejor que vayas a casa, linda. Ya se hace tarde, y en la mañana iremos a ver a Helios cuando Kardia haya vuelto y este tonto salga de aquí.

La mujer suelta una risilla.

— Si, creo que tiene razón, sr. Alkaios. Nos vemos mañana entonces.
Adiós Aspros, me alegra que estés bien.

Ella lo saluda, despidiéndose también de Cid.
Sísifo la acompañaría a casa y luego volvería donde su amigo para velar los 3 toda la noche y de paso, reflexionar acerca de lo sucedido.

Aunque en la sala de observaciones, Cid no perdió la oportunidad de abordar al capitán.

— Y dime, ¿¡que mierda crees que haces!?

—¿Perdón?

—¿¡Que crees que haces coqueteándole a la novia de Kardia!? Aspros no me tomes por idiota.

¡¡Yo si ni siquiera pensé que lo fueras!! ¿Que rayos te hace pensar que coqueteo con ella?, sólo trato de ser amable, nada más.

— Hmm si como no.¿Tú que no eres amable con absolutamente nadie, justo eres amable con ella?... que conveniente capi.

—¿Cual es tu puto problema, Cid?

—¿¡Mi problema!? Mas bien el tuyo.
Esa muchacha está con Kardia y si no quieres crear un problema con ambos, mejor pon un límite a tu "amabilidad", y sabes a qué me refiero.
Ya te dije que no me tomes por un tonto.

— Lo dice alguien que esta enamorado de un hombre con una esposa y un hijo.
¿No te parece que te invadió la moralidad un poco tarde? Además debo decir que la misma es un tanto selectiva... ¿si tu lo haces está bien, y si yo lo hago, no lo está?... no me jodas, Cid.

— No es igual. Yo conozco mis limitaciones y no arruinaría jamás el matrimonio de Sísifo con Merope así mi corazón se me rompa en mil pedazos y me desangrara...

— Ni hace falta que lo arruines, ya está arruinado hace bastante, pero aún así, te repito; no coqueteo con ella, sólo soy amable, ¿que acaso no recuerdas todas las que le hice pasar esa noche que la conocí?

Cid piensa unos instantes.
Era verdad, Aspros y Sonja no habían comenzado de la mejor manera, pero aún así, sintía la necesidad de advertirle a su amigo de las posibles confusiones que podían generar su actitud en los demás.

" Será mejor que así sea, Capitán"

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Chapter Text

Caminaron hasta el casco antiguo y luego de un par de cuadras, llegaron al domicilio de la sueca.

— Aquí es, gracias por acompañarme sr. Alkaios.

— No hay de qué. Descansa, nos veremos mañana si los dioses lo permiten.

La muchacha asiente y comienza a buscar sus llaves.
El castaño espera que ella ingrese a la casa antes de retirarse nuevamente al hospital.
Sin embargo, cuando Sonja por fin abre la puerta para ingresar, éste la llama de imprevisto.

— Sonja, sé que no es de mi incumbencia pero...¿tú amas a Kardia, verdad?

—¿Cómo dice?

— Ya sabes, ¿lo amas o al menos estás interesada en él?

— ¿A que viene su pregunta sr. Alkaios?

— Llámame Sísifo, no es necesaria esa formalidad.
Te lo pregunto porque ahora más que nunca, Kardia necesitará de alguien que realmente lo ame y lo apoye. Acaba de perder a toda su familia.

La muchacha no lo había pensado. No conocía mucho de Kardia porque este siempre evitaba hablar de sus padres o de su relación con ellos.
No sabía si estaba enamorada del capitán pero sí le interesaba y mucho. Kardia era su amigo, aunque si el griego le decía que fuera a la luna con él, ella lo seguiría.

— Entiendo que lo preocupa, pero pierda cuidado, como le dije a su otro amigo, Kardia y yo llevamos saliendo un tiempo aunque no hemos formalizado nada.
De todos modos eso no quita que yo no me preocupe por él y lo quiera, además, si me interesa y mucho estar a su lado.

Sísifo sonrió.

— Me alegra oirlo. Bueno, nos vemos mañana, que descanses.

— Seguro, buenas noches.

" Sólo espero que ese sentimiento de interés y cariño sea suficiente para contener a Doukas.
Te espera una difícil tarea, Sonja"

Caminó de regreso al hospital y antes de llegar, pudo divisar a Cid en la entrada.

— Te tardaste...

—¿Saliste a cronometrar mi regreso?

— Jaja no, como crees. Sólo salí a fumar y de paso a esperarte.

Sísifo observó al español y vió que el semblante de Cid estaba serio y hasta parecía molesto por alguna cosa, así que decidió preguntar.

—¿Que tienes? Parece que algo te tiene molesto.

— Es Aspros.

— Dioses... ¿discutiste con él? Ya sabes como és. ¿Por que nada más lo dejas que hable y ya?, total no hará nada de lo que dice.

— Está interesado en la novia de Kardia.

Sísifo hace un silencio sepulcral al oír aquello.

—¿Cómo es que...?

— Me di cuenta por la forma en que la mira. No se la muchacha, pero él está hasta la médula y eso me preocupa.
Intenté razonar con él pero me jura que sólo está siendo amable.

— Tal vez así sea, no creo que Aspros se atreva a tirar por la borda años de amistad con Kardia por una muchacha.

— No lo sé, el caso es que ya se lo advertí, sólo espero que no me haya mentido.
Ya sabes que a Aspros le persiguen los problemas y él, encantado de tenerlos y si no los tiene, los busca.

— Pronto saldrá un nuevo viaje que nos tendrá a bordo del Artemis por varios meses, si solo está encaprichado con esa muchacha, pronto se le pasará.

— Espero estés en lo cierto.

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En la habitación de Dégel, él y Unity conversaban acerca de la coartada que le dirían a Krest.

— Le diremos que te vi de camino a la Uni y decidí alcanzarte para llevarte pero justo salieron dos maleantes a asaltarte.
Tu te defendiste y por eso te golpearon, pero cuando me vieron a mí , se dieron a la fuga. Te ayude a volver a casa y aquí estás... ¿estás de acuerdo?... ¿Dégel?

El francés tenía la mirada perdida nuevamente.
Estaba sentado en la cama con sus dedos entrelazados y su mirada fija en ellos.
Apenas oía que Unity le hablaba. Estaba pensando en lo ocurrido, pero especialmente en Dupont, aquel apellido que oyó de esos maleantes.

—¿Dégel, estás bien?

— Si, lo que dijiste suena creible. Todo menos decirle que iba a la oficina postal.

— Descuida, no le diremos eso. ¿Piensas en algo más?

El joven francés suspira y cruza miradas con el ruso de ojos celestes.

— Me robaron el morral con pura documentación de la Universidad, todos mis apuntes, mis credenciales, mi libreta de contactos, pero mira...

Dégel se levantó la manga de la camisa y le mostró a Unity una pulsera de plata con una chapa grabada con su nombre, y luego se llevó la mano al cuello, señalando el broche de oro con un pequeño topacio que sostenía su pañuelo.
Y en su mano izquierda, lucía un reloj pulsera de titanio con bordes de oro, todos ellos, regalos de Adeline.

— Como ves, no se llevaron nada de valor. Sólo querían quitarme los documentos de la Universidad, para evitar que me inscribiera.

— Es absurdo, aunque tiene sentido considerando que no se llevaron tus joyas. ¿Pudiste reconocer a alguno se los que te atacó?

Dégel niega con la cabeza, pero nuevamente Dupont le hace eco en la mente.

— No, pero... antes de que uno de ellos me amenazara con esa navaja, su cómplice nombró a un tal Dupont y no pude evitar asociarlo con un profesor que yo tenía en la universidad de París.

—¿Crees que pudo tener algo que ver con este ataque?

— Quiero creer que no. Pero él y papá tienen una riña de hace muchos años, y es posible que haya querido hacerme daño para lastimar a mi padre.
En una ocasión le dijo abiertamente que si sabía que yo era su hijo, me habría reprobado sin razón alguna.

— Entiendo, veré que puedo averiguar.

— Unity, por favor no le digas esto a mi padre. Se pondrá furioso e irá a buscar a Dupont.
Lo conozco y la verdad ya no quiero mas lios y el ya tiene bastante con el tema de la salud de Adi.

— Tienes razón. Bueno, es mejor que me retire.
Le pediré a Pierre que te traiga mas hielo para colocarte en el rostro, por lo que veo la hinchazón bajo muchísimo.

— Te lo agradezco una vez más.

Las horas pasaron y Dégel se durmió nuevamente.
Unity estaba en la sala esperando a Krest y a su padre; los hombres no debían tardar en llegar, pero antes, Adeline se hizo presente.

— Monsieur Unity, ¿lo han dejado sólo en la casa? Que descortesía.

— N-no, no se preocupe yo he regresado por voluntad. ¿Usted como se siente?

— Estoy muy bien. Me siento con ánimos de degustar una buena cena. Por cierto ¿no sabes si mi esposo o mi hijo están en casa?

— El sr. Krest y mi padre aún no regresan, pero Dégel si esta y...

— Ire a verle entonces.

Unity abrió grande los ojos pues no pensó que Adi y Dégel tenían una relación cercana y de mucha confianza, pensó en ir tras ella para detenerla pero justo su padre y Krest, habían entrado a la casa.

—¿Misha? ¿Que haces aquí?, creí que dijiste que recorrerías el pueblo para no aburrirte.

— Si, pero, bueno, tuve un imprevisto y regresé.

Para que ocultarlo si de todas formas cuando verían el golpe que Dégel traía en el rostro, las preguntas no se harían esperar.

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Un nuevo día se daba paso en la hermosa ciudad de Meteora, y con él, nuevos conflictos en puerta.

Kardia había llegado a casa, y lo primero que hizo fué abrazar a Vlad por casi media hora.
Cuando el mayordomo lo vió llegar, ambos se fundieron en un sollozo que desgarraba el corazón.
Sufrían la muerte de Zaphiri y de su bella esposa.

Kardia recordaba los gestos dulces de su madre y sus caricias, como también los momentos a solas con su padre. Los amaba no había duda, y ahora debía ir a la morgue a reconocer los cuerpos de sus progenitores como medida protocolar.

Caminaba arrastrando los pies y cabizbajo, subió las escaleras lentamente, hasta la planta alta, y entró al despacho de su padre.

Observó su escritorio y todos los cuadros y maquetas en miniatura de pequeños buques que el señor Zaphiri conservaba como adornos de mucho valor para él.
Luego, se dirigió a la habitación de sus padres.

Una vez dentro, caminó por el lugar pausadamente, viendo cada detalle de la misma.
Vlad aún no había ordenado que tendieran las camas, así que las sábanas estaban todavía revueltas.

Se acercó lentamente y se sentó en una orilla. Miraba los rastros en las sábanas y podía vislumbrar como en ellas , los surcos parecían dibujar perfectamente la silueta de los cuerpos de sus padres.

Las recorrió con la yema de sus dedos mientras unas gruesas lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas y no tardó mucho en explotar en llanto.
Se tiró boca abajo sobre aquella cama, gritando de dolor y llorando desauciadamente, mientras procuraba olfatear el aroma de sus padres en aquellos trozos de tela.

Su corazón se estrujó, se acurrucó en medio de la cama como un niño pequeño y lloró, quien sabe por cuanto tiempo. Sólo paró de hacerlo cuando se quedó dormido del cansancio.

Vlad estaba al otro lado de la puerta. El mayordomo no se atrevió a interrumpirlo ya que él también estaba sufriendo su propio luto.
Pero no podía simplemente pasarse en llanto, debía ser fuerte para acompañar a Kardia en ese momento tan doloroso, así que se armó de fuerzas y bajó a la cocina inmediatamente a preparar algo de té con algunas hiebas para que calmen el alma tan atribulada del capitán.

No pasó mucho que había entrado a la cocina, cuando el teléfono en el recibidor, comenzó a sonar.
Salió disparado para atender, pues no quería que Kardia despertara.

— Mansión Doukas, buenos días.

Buenos días, quisiera hablar con Kardia Doukas, ¿está el en casa?

— Si está, pero me temo que no podrá atenderla, por si no lo sabe, el capitán eata pasando por un terrible duelo en estos momentos y...

Lo entiendo, pero le hará peor si está solo y sin contención, creo que le haría bien una visita.

— Posiblemente, pero tal vez en otra ocasión, disculpe ¿con quien tengo el gusto de hablar?

Soy Sonja Dybeck, soy novia del capitán. ¿Me permitiría intentar verlo? Tal vez yo pueda aplacar un poco su tristeza.

Vlad entendió que tal vez era mejor que su ahora jefe, reciba una visita y de paso, tenga el tipo de compañía como la que podía ofrecerle su novia, así que accedió.
Luego de una hora, Sonja estaba en las puertas de la mansión, tocando timbre y anunciándose para que el mayordomo le abriera la puerta.

Lo que no esperó era que el mismo Kardia le atendiera aquella mañana.

— Kardia...— susurró al verlo.

El capitán tenía los ojos hinchados de tanto llorar y aún le caían lágrimas por sus hermosos orbes azules.
Sin mediar alguna otra palabra, Sonja lo abrazó y él le correspondió el abrazo, volviendo a desatar su llanto de manera deseperada.

La chica lo arrastró hasta centro de la casa, cuando Vlad le dió la bienvenida y condujo a ambos jóvenes a la cocina.

Les sirvió el té de hierbas y luego les dió privacidad a ambos para que al menos pudieran intentar hablar de lo que pasó.

— Todo esto fué mi culpa, ¿sabes?

Kardia hablaba mirando la pequeña taza de té sobre la mesada.

Sonja le acarició el rostro de manera dulce, pero no comprendía porque el capitán se echaba la culpa.

— Kardia, no digas eso. Es el colmo que te eches la culpa por algo así. Fué un accidente.

— No, no lo fué. Si yo no hubiera abierto ese libro de mierda, mis padres estarían vivos , estoy seguro de eso.

Sonja se quedó pensando unos minutos. La noche anterior cuando fue a ver a Aspros, Sísifo y Cid también pensaron que el accidente tenía que ver con el libro.

— Pareces pensar en alguna cosa, Sonja, ¿estas bién? Tu mirada cambió a una de horror.

— Aspros...

—¿Aspros? ¿Que pasa con él?

— Ayer mismo, sufrió un violento choque mientras llevaba al parque a uno de sus hijos, justo antes del accidente de tus padres.

— Es el libro. No quise creerlo, pero al parecer ya comenzó.

—¿Comenzó? ¿Que comenzó?

Kardia observó de manera sombría a la hermosa rubia frente a él.

— Comenzó el infortunio, el sufrimiento y la muerte para nosotros; tal y como lo dijo el náufrago.

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En otra parte de la ciudad, Aspros ya habia sido dado de alta y se dirigía a su departamento para empacar.

En la tarde debían zarpar nuevamente con el Artemis para completar la derrota que había sido interrumpida por el hallazgo de aquel extraño náufrago.

Cuando llegó a su casa, comenzó con los preparativos. Debía apresurarse, ya que quería hacerle una visita a Kardia. Estaba seguro de que su amigo ya estaba de vuelta y también estaba seguro se que necesitaría un hombro en el cual desahogarse.

Cuando hubo terminado de empacar y dejar todo listo para su nuevo viaje, tomó la motocicleta de Kardia y se dirigió a la mansión Doukas.

Luego de 15 minutos, ya estaba en la puerta de la imponente propiedad, tocando timbre para que lo atendieran.

— Vlad, buenos días. ¿Si esta Kardia en casa verdad?, necesito verlo después de lo que ocurrió.

El mayordomo le sonríe.

— Es muy satisfactorio saber que el joven Kardia tiene tan buenos amigos.

Claro que puede pasar, capitán Aspros. El joven está en la cocina.

Claro que Vlad omitió decirle a Aspros que Kardia estaba con alguien más

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Chapter 31: Tragedia

Chapter Text

Luego de haberle dado toda una explicación sacada de la galera tanto a Krest como a su propio padre, Unity logró convencer a ambos hombres de que dejaran descansar a Dégel por el momento, que ya Madame Adeline lo estaba conteniendo y que era mejor no agobiarle con preguntas.

— Dioses, Dégel. No puedo creer todo esto que me cuentas.

— Papá no debe saberlo, Adi. Por favor que quede entre nosotros.

—No te preocupes. Ahora lo importante es volver a conseguir todos tus documentos y credenciales para la Universidad, así no perderas el año.

— Si, lo he perdido todo.

— Tu descansa y recupérate, yo me ocuparé de ello.

— Muchas gracias, mamá.

Adeline lo besó en la frente, cariñosamente y luego se retiró, dejando descansar al joven.

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Atravezó el vestíbulo y se adentró en el comedor, tal y como el mayordomo le había indicado.
Al abrir la puerta, la imagen que lo recibió no pareció ser la mejor de todas para el capitán Aspros Kallis.

Su amigo estaba allí, sumido en un llanto terrible y abrazándole fuertemente contra su pecho, estaba ella, Sonja Dybeck.
Se molestó consigo mismo por aquello , pues era él quién debía estar en lugar de la sueca y no la muchacha, se suponía que Kardia era su mejor amigo y él llegaba en segundo lugar a mitigar su dolor.

— Buenos días.

Su suave voz, interrumpió el momento que ambos novios compartían y rápidamente, Kardia se puso de pié para abrazar a su amigo y una vez más, rompió en un terrible llanto.

— Amigo mío. No tengo palabras para decirte en este momento tan terrible por el que pasas, sólo quiero que sepas que siempre estaré contigo.

— Lo sé, Aspros. Tengo la certeza de que así es. Sin embargo siento un dolor muy grande y lo que debo hacer en un par de horas será aún más doloroso.

—¿De que hablas, Kardia?

— Debe ir a la morgue a reconocer los cuerpos de sus padres.— Explicó la rubia.

— Pues iremos contigo, de última yo puedo reconocerlos por tí, tu no tienes que entrar si no quieres.

— Yo...me alegro que estes bien Aspros.

El capitan Kallis se quedó pensativo ante tal frase, luego observó a la sueca y comprendió que ésta le había comentado acerca del accidente que sufrió la noche anterior.

— No fué nada. No tienes que preocuparte. Avísame cuando estés listo para irnos.

Los 3 salieron de la mansión, una vez que Kardia se hubo alistado.

~•~•~♧~•~•~

En otra parte de la ciudad, Cid y Sísifo también se alistaban para partir a Volos en la tarde.

— Tienes la mirada perdida desde hace un buen rato. ¿Que te preocupa, Sis...?

— Dejar a Merope y a Aioros.

El español nuevamente mira a su compañero con desdén. Sísifo parecía aferrarse a sus sentimientos por aquella mujer que no lo correspondía, pero las palabras del castaño, pronto le hicieron darse cuenta de que no era del todo como él pensaba.

— Me aterra que algo les ocurra en mi ausencia. ¿Que tal si nosotros nos vamos y alguna desgracia le pasa a mi hijo o a su madre?, no estaré aquí para proteger a ninguno.

— Pues en eso estamos igual. Sabes que dejo a Shura con Clara en cada viaje, pero a pesar de que la muy desgraciada me hizo todas las que me hizo, no quisiera que algo le ocurra de repente y mi hijo termine desprotegido.

Sísifo respiró profundo mientras terminaba de empacar.

Luego de eso, tenían el funeral de los padres de Kardia y aún no habían ido a visitar a su amigo ni a expresarle sus condolencias.

— Debemos ir a la mansión Doukas dentro de unas horas, hablando de infortunios...

Cid se queda pensativo. Aquella palabra la habían oído de parte de aquel náufrago.

Ese hombre tan extraño que repetía una y otra vez...desgracia, infortunio, muerte.

— Sis...ya no pienses en ello, mejor apurémonos y salgamos de aquí. No dejemos que esos miedos nos paralicen, no podemos dejar todo de lado y sólo dedicarnos a sobrevivir.

— Si, tienes razón.

— Vamos, también dijimos que hoy veríamos a Helios una vez más.

Los dos amigos salen de la casa del español, no sin antes, dejar a Shura en casa de su madre.

Una vez que la hora había marcado las 4 de la tarde, todos ya estaban reunidos en casa de Kardia.

La hermosa sala central de la mansión se había convertido en un escenario lúgubre, lleno de coronas y adornos florales con los nombres de ambos padres del capitán.

Sonja y Aspros jamás se separaron de él, atendiendo a cada uno de los congregados de la mejor manera, para que así Kardia estuviera tranquilo.

Sabían que no lo estaría y que una vez todo termine, el capitán se quebraría nuevamente, pero al menos buacaban que estuviera estable en esos momentos que dure el funeral.

Cid y Sísifo llegaron poco después, y se dirigieron a su amigo brindándole palabras de aliento y contención además de saludarlo expresándole sus condolencias.

Los corazones de ambos hombres se estrujaron en sus pechos al ver al Kardia en ese estado. Era tan sólo una sombra de la persona alegre y vivaz que solía ser.

— Se ha desarmado en llanto, es evidente.

— Así es. Es lo que temo Cid. No se si estoy preparado para soportar ese tipo de dolor.

— Nosotros ya hemos pasado la muerte de nuestros padres, pero no es igual con los hijos. En cierta forma los padres debemos morir primero y nuestros hijos deben sepultarnos, como en el caso de Kardia.

— Pero no al revés. Si yo tuviera que sepultar a mi hijo o tendría que verlo morir, me volvería loco. Tienes razón, el dolor sería aún peor.

Ambos amigos continuaron su plática hasta que el momento de trasladar ambos féretros al cementerio local, había llegado.

El cortejo fúnebre era interminable, amigos, allegados, socios, conocidos tanto de Zaphiri como de Kardia, todos estaban allí para despedir a uno de los Armadores mas prestigiosos que Grecia haya tenido.

Una vez llegaron al sitio, la ceremonia de inhumación dió lugar, y luego de unas palabras emotivas por parte del capitán de la Armada, todo había terminado.

Sonja abrazaba a Kardia, mientras éste aún permanecía inmóvil parado frente a la tumba de sus padres.

— Kardia, por Zeus...

— Tranquila, entiendo que ha sido una fatalidad, sin embargo, también entiendo que no fué casualidad.

Pensaba en sacar de aquí a mis padres con el tiempo.
Mandaré a construir un mausoleo digno de Zaphiri Doukas, y allí lo pondré junto a mamá.

La muchacha se aferra aún más a él y el capitán la abraza, besando la coronilla de su cabeza.

Al levantar la mirada, la rubia logra distinguir entre la multitud que se desconcentraba, al sr. Helios Akrivou.

— Oye, Kardia. ¿Ese no es el hombre que les habló del libro esa vez que lo abrieron?

Kardia rápidamente dirigió su mirada hacia donde su novia apuntaba y también lo distinguió.

Buscó rápidamenta Aspros y ambos conectaron miradas casi al instante, entendiendo el rubio que debía buscar a Cid y a Sísifo para abordar a Helios nuevamente por lo acontecido.

— Sr. Helios, si vino.

Helios Akrivou detiene su marcha y se voltea inmediatamente hacia el joven capitán Doukas.

— Como no iba a hacerlo, Zaphiri era uno de mis mejores amigos. Mis condolencias, joven Kardia.

— Gracias sr. Helios. ¿Tendría tiempo para nosotros una vez mas?

—Claro, ¿de que se trata?

— Es que queremos contarle una serie de cuestiones que se han sucitado y creemos que tienen que ver con el libro que encontramos y...

— Todo tiene que ver con él, Cid Barrull. A partir de ahora toda desgracia calamitosa, tiene que ver con ese libro maldito.

— Queremos saber como parar todo esto de una vez, no queremos que nuestros hijos...

— Sus hijos aún están a salvo. Quienes corren peligro ahora, son ustedes.

Helios los dirigió nuevamente al antiguo teatro para hablar mas tranquilos.

Sin la presencia de su hija, sería mas fácil hablarles crúdamente a los jóvenes, acerca de todas aquellas cuestiones que los tenían intrigados.

— Muy bien, tomen asiento y platíquenme sus dudas, trataré de ser lo mas claro posible para que lo entiendan de una vez.

— Cómo es eso de que estamos en peligro nosotros, pero resulta que nuestros seres queridos mueren, y ahora...

—¡¡Es facil, Kardia!!! Por Zeus. Si tienen padres, la maldición del libro los alcanzará a ellos primero.

Ahora bien, ya ninguno de los 4 tiene a sus progenitores con vida, desgraciadamente, así que los siguientes son ustedes.

— Por la mierda. ¡¡Dijiste que hay una forma de frenar esto, dinos cual es y deja el misterio, Helios!!

Cid estaba visiblemente alterado ante aquella idea de que indefectiblemente moriría.

Su hijo apenas tenía 2 años y no concebía en su mente la idea de que quedara huérfano siendo tan pequeño.

— Ya les he dicho que hacer. Sólo deben decidir.

— Ya; buscar un objeto de cualidades mágicas y destruirlo... ¿donde mierda se supone que esté?

— De eso se trata, de buscarlo, Aspros. Pero no se lo tomen a la ligera, hay mas personas tras el objeto.

Personas que quieren impedir su destrucción.

— ¿Quienes son esas personas? ¿Acaso tú los conoces, Helios?— Preguntó Kardia.

— Son un grupo de hombres con mucho poder e influencia, una suerte de élite.

—¿ Y si ya son poderosos para que quieren esta cosa?, ¿que acaso no otorgaba poder nada más...? No entiendo nada.

— Sísifo, entiende que el objeto que describe el libro no es algo ordinario, desafía la lógica completamente. Si no creen en lo que les digo, les será muy dificil comenzar a buscarlo.

— A todo esto, Helios. Ese "objeto" que tanto mencionas, ¿que rayos es?  Digo, ¿que forma tiene o como es?

— Es una espada antigua, Kardia. Una espada celta con un zafiro de 24 kilates en su empuñadura.

Se dice que quien la porte, tendrá el poder de la vida y la muerte en sus manos, además de la inmortalidad.

— ¿In-mortalidad?

Sonja se queda pensativa ante las palabras del hombre. Todo aquello era sumamente extraño, pero debían arriesgarse a creer en aquellas fábulas, después de todo no perdían nada con intentar hallar esa espada.

— Y si cae en manos equivocadas, sería un problema para el resto de nosotros. Es demasiado poder para una persona. Y sería muy facil usarlo para propósitos oscuros...

Una voz femenina les habló desde las sombras.

Su acento era extranjero claramente. Helios se puso de pié inmediatamente, observando hacia la penumbra.
Poco a poco, una silueta femenina se dejó ver de entre las sombras.

— Tú...

— Yo. Jmm, es un gusto volver a verte, Helios Akrivou.

—¿T-tú quien eres?...

Kardia la observaba desconfiado. Aquella mujer cargaba un estoque y ropa de esgrima. Parecía preparada para combatir.

— Al fin los encontré.

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Estaba en la sala de estar de aquella casa estilo colonial.

Todos habían salido nuevamente a excepción de la sra. Garnier y de Dégel por supuesto.

Unity tenía varias cosas en que pensar, una de ellas era aquello que tenía a su padre preocupado. Él y Krest parecían ocultarle algo; y otra cosa, aquel ataque a Dégel.

Por alguna razón, lo que le había comentado el francés lo frustraba. Quería ayudarle pero no sabía como hacerlo sin que pareciera entrometido.

Dégel ya se había encargado de demostrarle abiertamente que no le gustaba que indaguen demasiado en su vida, pero esa sería tarea imposible para Unity, quien pronto comenzó a tener un interés particular por aquel joven de cabellera castaño verdosa y ojos violáceos.

A los ojos del ruso, Dégel era hermoso por donde lo vea. Y su actitud reacia especialmente a su compañía, parecía atraerlo aún más.

Sería una cuestión muy complicada conquistarlo, pero si el premio era ese bello joven, aceptaría con gusto el desafío.

Aunque, no sólo dependía de él. Estaba claro que aquel muchacho estaba perdidamente enamorado de alguien más.

Sólo había que convencer a Dégel de que tal vez, no debía ir tan lejos para encontrar a quien pudiera amarlo de la misma manera.

Estaba decidido a conquistar el corazón del hijo del amigo de su padre... ¿y por qué? Pues porque en cuanto lo vió, su corazón quedó prendado de la belleza que deaprendía el muchacho, aquella mirada enigmática y aquellos movimientos que hacían parecer que calculaba la cantidad de pasos que daba al caminar, su cabello cuando se movía mientras se desplazaba de la sala al comedor... tantos detalles más, que lo hacían dejar de pensar y sólo observarle.

Todo en Dégel le parecía hermoso, y ni hablar las veces; las contadas veces que lo vió sonreír cuando madame Adeline y él conversaban, sabrá el cielo de que carajos... la sonrisa de ese hombre no tenía precio, era sencillamente preciosa.

" ¿Quien tiene tu corazón tan alterado?; sólo haces que tenga envidia, Dégel."

Aún seguía en sus pensamientos, cuando su móvil sonó de repente.

— ¿Mamá, como estás, que sucedió?

Estoy bien, Misha. Dime, ¿está tu padre contigo?

— Aún no regresa de una reunión con el sr. Krest. ¿Precisas que le diga alguna cosa?

Si, por favor. Avísale que ya estoy en Grecia y no sólo encontré a Helios Akrivou, sinó que también encontré a las personas que hallaron el libro celta.

— Al fin una buena noticia. No te preocupes, en cuanto regrese le diré.

Dile que encontré a los miembros de la IV Legión.

Chapter Text

¿La IV Legión?¿que mierda era todo eso?... dudas y mas dudas invadían la mente de los amigos aquella noche.
Esa mujer extraña con un acento particularmente seductor, hablaba y hablaba de algo que ellos muy poco comprendían.

— Empecemos a develar misterios. Antes que nada, me gustaría saber... digo" nos" gustaría saber ¿quien demonios eres tu?

Aspros era esta vez quien la miraba desconfiado.
Aquella mujer tenía una mirada particularmente intensa y desafiante y hablaba con demasiada autoridad y seguridad según dejaba entrever su tono de voz.

— Mi nombre es Natassia Vassilieva, y si me lo permiten, de ahora en más los guiaré en busca de Zafiro.

—¿Quien carajo es Zafiro?

Cid también comenzaba a incomodarse con la presencia de la hermosa rusa, pero quien calmó los ánimos fue el sr. Helios.

— Cálmense, por favor. Nassia es una vieja amiga. Ella sabe un poco más acerca de todo este asunto que yo les comentaba de antes.
Querían saber, pues bueno; ahora es momento de hacer preguntas.

— Te agradecería, Natalia o como sea, que me respondas lo que pregunté, ¿quien es Zafiro y para que mierda lo buscaríamos?

— Primero que nada, Barrull, te pediré que te tranquilices. Zafiro no es una persona, sino una cosa.
Ese es el nombre que la Hermandad le ha dado a esa Espada legendaria.

—¿Hermandad?

— Así es, Alkaios. La Hermandad de la IV Legión, ha buscado a la Espada a lo largo de los siglos.

—¿O sea que...no somos los primeros en buscar esa cosa?

Kardia escuchaba las historias de la rusa atentamente.
Miles de cuestiones se le venían a la mente, pero era mejor una pregunta a la vez.

— Me temo que no. Han habido guardianes antes que ustedes. Todos han muerto sin hallar a Zafiro.

— Vaya, que esperanza nos das, Nacha. Las posibilidades de sobrevivir son nulas.

— Soy Natassia, Kallis. Y no, no es imposible. Todo depende de ustedes y de que tan astutos sean para despistar a los miembros del Cónclave Carmesí.

—¿¡Y esos quienes son?!¡¡que mierda, todo esto es muy confuso!!

— Sísifo, ¿¡para qué le sigues preguntando?!, cuando esta loca mujer se marche, Aspros olvidará todo lo que hemos hablado.

El capitán Kallis observó a Cid seriamente, aunque en el fondo sabía que aquello era cierto, las palabras de la tal Natassia lo estaban perturbando bastante.

Quien estaba callada escuchando atentamente cada palabra de aquella mujer, era Sonja Dybeck, aunque no se quedaría así por mucho tiempo.

— Disculpe señorita Nassia, ¿quienes se supone que son los tipos del Cónclave, acaso usted los conoce?

— El Cónclave lleva tantos años existiendo como la Hermandad y hasta la misma espada.
Claro que no son los mismos, pero siempre reúnen las mismas características.
Son un grupo de 4 hombres comandados por un quinto, quien actúa desde las sombras.
Generalmente son Magnates, y manejan grandes empresas en diferentes áreas, son gente de mucho dinero.

— ¿Es decir que esas personas trabajan para otra que está oculta?... tuve flashbacks de Los Angeles de Charlie.

— Así es, Sísifo. Ellos lo llaman " El Maestro", y reciben órdenes continuamente para rastrear la espada y eliminar eventualmente a cualquiera que se interponga en su camino, incluyendo a los miembros de la Hermandad.

— Y es por ello que insisten en que corremos peligro...

— Si y no, Cid. Verás, el Cónclave no vendrá por ustedes hasta que todos los miembros anteriores de la Hermandad hayamos muerto.

Helios les había tirado un dato más que perturbador; sin embargo, Kardia no tardó en cuestionar aquellos dichos.

— Pues hasta que tú te mueras Helios, creo que falta mucho, al menos por causas naturales.
Ahora si deciden desvivirte...

Nuevamente se frenó en sus palabras y repensó aquello.
Helios era un integrante antiguo de la hermandad, pero ¿y que tal si era el último?
Si moría o lo mataban, los siguientes serían ellos.

Los cuatro hombres palidecieron al darse cuenta de aquel detalle y Helios también lo notó, así que decidió que era necesario tranquilizar al grupo.

Les explicó que aún quedaban vivos 3 de ellos.
El único que había tenido la mala suerte de fallecer, había sido Argol Kasim Abdulá, un marinero mercante oriundo de Arabia y uno de los mejores amigos de Helios. Él era el misterioso náufrago que Aspros y la tripulación del "Artemis" intentaron rescatar sin éxito.

Luego, estaba Yuri Vassilieva, otro gran amigo suyo; y finalmente un tercero, amigo del ruso al cual no conocía, pero se figuraba que aún estaba vivo por dichos de la propia Natassia.

Esa noche agotaron dudas, luego de muchas explicaciones por parte de la misteriosa mujer que se les apareció, cada uno volvió a sus respectivos domicilios, Aspros y su tripulación tenían un viaje esa misma tarde noche y Sonja y Kardia, regresaron a la mansión.

Una vez en la gran casa; Kardia se desplomó nuevamente en la sala.
Vlad lo había recibido y le había ofrecido que comer y beber, pero el capitán tenía un nudo en su estómago y aún se le estrujaba el pecho del dolor por la pérdida de sus progenitores.

Sonja se sentó a su lado y él, rápidamente posó su cabeza en los muslos de la rubia.
Ella le acarició el cabello, procurando que Kardia desista de su actitud de no ingerir alimentos.

— Debes comer algo, mi amor. Te pondrás débil y enfermarás si sigues así.

El capitán no responde. A cambio, suelta un suspiro muy prolongado y reacomoda su cabeza sobre las piernas de su novia.

Sonja no recibe respuestas e insiste, procurando razonar con Kardia.
En el tiempo que ambos llevaban frecuentándose, ya sabía perfectamente que si el capitán decidía alguna cosa, difícilmente cambiaba de opinión.

— Kardia... ¿si me oyes?

— ¿Que opinas de lo que nos dijo el sr. Helios y la tal Natassia?

Sonja se queda pensando un buen rato; habían demasiadas cosas que habían hablado aquella noche y las posibles respuestas eran infinitas, mas el griego fué más específico, como intuyendo que su compañera lo necesitaba.

— Ya sabes, me refiero a que hay posibilidades de ...

— Kardia no lo digas.

El capitán abandona su posición de descanso sobre las piernas de la sueca y se sienta observándola fijamente.

— Pues, es un hecho. Prácticamente firmamos nuestra sentencia de muerte al abrir ese libro del demonio.

La muchacha le acaricia el rostro tiernamente, mientras sus ojos recorren las perfectas facciones del rostro del griego con detalle.
Estaba segura con Kardia, se sentía bien estar a su lado y le agradaba su compañía.

El capitán era un caballero, amable, considerado, elocuente, educado, además de muy, muy sexy... Era un seductor nato y cuando estaban juntos en intimidad, Kardia se llevaba todos los honores.
Estaba enamorada de él y en esos momentos, su corazón le decía que debía dedicarle palabras de aliento.

— Ya no pienses en eso, por favor. Kardia, sé que han sucedido muchas cosas, demasiado terribles para ti, para todos en realidad, pero tú eres quien ha perdido más, no es justo que cargues tu mente con cuestiones tan turbias.
Olvida ese tema, al menos por ahora, hasta que estés mejor de ánimos y ...

— Ayúdame a olvidar...— susurró.

Los ojos del griego se posan en los labios de la rubia quien aún le hablaba.
Ella lo mira como no entendiendo lo que Kardia le sugiere, y por un momento, le hace pensar al capitán que no está siendo muy claro en el día de hoy o que no es muy bueno para las indirectas, así que, ante la mirada de desconcierto que su hermosa pareja le regalaba, el decide ser lo mas directo que se podía.

— Quédate conmigo. La casa es demasiado grande para mí nada más y quiero compartirla contigo.

—  Kardia...

— Sólo por hoy, prometo que no insistiré si no quieres...

— Me encantaría quedarme.

— ¿Pero?

Kardia esperaba la excusa, pero ésta jamás llegó. A cambio recibió una respuesta que no imaginaba.

— No tengo reparos, mi amor. Si quieres que me quede contigo, eso haré, y si quieres que te haga olvidar...— le dice , de modo suave lo toma de la camisa y lo atrae hacia su cuerpo, besándole de manera tierna y sugerente— Te prometo que haré lo que esté a mi alcance, sólo espero que sea suficiente.

El griego le sonríe.
Esta vez, la hermosa rubia si entendió y sin perder mas tiempo se retirarían a la habitación de Kardia, no sin antes degustar la maravillosa cena que Vlad les había preparado, pues la condición de Sonja de quedarse, era si el capitán, dejaba ese estúpido ayuno caprichoso de lado.

~•~•~♧~•~•~

La tripulación del "Artemis", hace rato que había decidido que zarparían temprano en la mañana.

Ninguno de los tres estaba tranquilo después de lo que habían charlado en el viejo teatro, así que la mejor solución era posponer el viaje para el día siguiente.

Aspros observó su reloj, casi daban las 8 pm, la hora de la cena se acercaba. Défteros ya debía estar en el departamento con los gemelos, asi que sus esperanzas de encontrarlo en la editorial y que ambos vayan en coche hasta el consorcio, era una idea que se esfumó por completo en su cabeza.

Sólo le quedaba el bus o caminar, así que rápidamente se despidió de Cid y Sísifo, para emprender su camino, optando por su segunda opción; una caminata de una hora hasta el departamento.

No tenía que hacerlo, Aspros vivía en una hermosa casa familiar en el casco céntrico de la ciudad, pero desde que había enviudado, solía estar allí sólo cuando regresaba de un viaje muy agotador.

Prefería ir donde su gemelo; y ese día particularmente, ansiaba ver a su hermano y a sus hijos antes de partir de viaje.

Luego de una hora llegó al consorcio, subió sin hacer demasiado ruido.

El piso ya estaba en silencio, así que infirió que Défteros posiblemente ya había enviado a dormir a los niños y estaba distendiéndose.
Giró la llave y el picaporte con sumo cuidado de no hacer mucho ruido y entró al sitio perfectamente ordenado por su querido hermano.

Busco a Déf, tanto como a los niños pero halló a los segundos durmiendo profundamente en aquella habitación que ambos habían preparado provisoriamente para que los dos pequeños de 5 años pasaran allí la noche, cuando él no estaba en tierra firme.

Suspiró al verlos. Saga y Kanon le recordaban a Diana, en especial Kanon, pues el tono de su cabello era un poco mas claro que el de su hermanito; pero en líneas generales, ambos eran pequeñas copias de su hermosa esposa.

Un suspiro profundo se adueñó de su pecho, sonrió con ternura al verlos dormir juntos, deseando que jamás tuvieran que separarse y que fueran tan unidos como el y Défteros.

"Déf..."

Eran casi las 10 pm, Défteros no estaba por ningún lado, ni en la sala ni en la cocina, tampoco en el baño.

"Es posible que ya duerma?"

Se dirigió a la habitación del menor de los dos y empujó la puerta con cuidado.

Déf nunca la cerraba por si debía levantarse de urgencias y atender a los niños, su hermano era muy atento con ambos y él lo agradecía.

Se acercó a la cama y lo observó. Défteros dormía de lado, parecía que lo hacía profundamente, aunque Aspros sabía que su hermano tenía el sueño ligero.

Sus ojos se abrieron de golpe al sentir el peso de alguien más en el colchón. Rápidamente, el aroma del perfume de Aspros invadió sus fosas nasales y terminó por comprobar que era su hermano quien yacía a su lado, al sentir como el brazo del mayor, le rodeaba fuertemente el pecho.

— Aspros... bienvenido.

El capitán hundió su rostro en la espalda de su hermano y se aferró más a él, dejando surgir pequeñas lágrimillas en su apuesto rostro.

—L-lamento haberte despertado, no era mi intención.

— Descuida, dime... ¿que te ocurre? Te siento con la voz algo temblorosa, ¿acaso discutiste con los muchachos?

Mientras le hablaba, se giró sobre su espalda, quedando boca arriba con el brazo de su hermano ahora, rodeándole el torso.

El rostro de Aspros esta vez, fué a parar al hombro de Déf, quien se giró levemente para observarle y ver la expresión en los ojos del mayor, en busca de respuestas.

— No, Déf. No hemos peleado, sólo deseaba verles a ustedes y por eso estoy aquí.

— Es que creí que hoy emprendías viaje, es extraño que lo suspendas, y sé que amas navegar... es raro, ¿seguro no es nada más?

El mayor niega con la cabeza y de paso, con el movimiento, seca su rostro de las lágrimas con la tela que cubre el hombro de su hermano.

— Bien, y entonces ¿a que se debe tal decisión? ¿No quieres contarme?

— No es propicio...

"¿No es propicio?"¿Que respuesta es esa?... Défteros no iba a insistirle, pero si que su gemelo estaba muy raro.

— Ok...

Aspros se sienta en la cama y lo observa serio. Por fin Défteros puede cruzar miradas con él.

— Déf... prométeme que si algo me sucede, tú cuidarás de los gemelos con tu vida.

—¿¡Aspros a que viene todo esto!?, ¿Que es lo que ocurre?

—¡¡Solo prométemelo!! He tenido un mal presagio y por ello vine a verles, a verte a tí a estar con todos.

— Sabes que los cuidaré como si fueran mis hijos, ni siquiera tengo que prometerte tal cosa, me resulta ofensivo, pero si te hace sentir mas tranquilo, pues si te prometo que los cuidaré con mi vida.

— Perdóname, no quise decir que no lo hicieras, es sólo que...

— Descuida. Aunque más me preocupa tu estado en estos momentos...

Aspros parece suspirar de alivio y cierra los ojos.

Parece que ha encontrado calma en las palabras de su gemelo y se desploma nuevamente a su lado, abrazándole otra vez y acurrucándose lo más que puede al cuerpo del menor.

—¿Y ahora que tienes? dioses.

— Nada... sólo... ¿puedo quedarme contigo a dormir como cuando éramos niños?

Definitivamente aquella noche su hermano estaba rarísimo, pero no le iba a contrariar, él no era así, dejaría a Aspros hacer lo que deseaba, algo le ocurría y él quería ayudar a su hermano.

— Claro que puedes, Dídymos(*). Puedes quedarte todo lo que quieras.

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(*) Dídymos: significa " gemelo" en griego y es un adjetivo que Défteros utiliza de manera cariñosa tanto para referirse a su hermano como a sus sobrinos.
Aspros también la usa, pero sólo para referirse a sus hijos.

Chapter Text

La mañana nuevamente había llegado a la región de Normandía, y hoy era una fecha especial.

Era el cumpleaños número 20 de Dégel y la felicidad en el rostro de su madre no podía ocultarse.
Era temprano y el joven aún dormía, así que la hermosa pelirroja ordenó que el desayuno le sea llevado a la cama y sea atendido como un duque.

Para Adeline, aquel muchacho pasó a ser la luz de sus ojos. Lo amaba como si fuera su propio hijo, así también, amaba sin medidas al padre del joven.

Krest se había vuelto la razón de su vida y no se imaginaba estar lejos de ninguno de los dos.
Aquella mañana, como todas ellas desde que Pierre y Dégel habían hecho aquel pequeño pacto secreto sobre la correspondencia; el secretario revisaba cuidadosamente todas las misivas por si llegaba alguna para su joven amigo y apartarla antes de que su padre la vea.

Después de varios meses, Dégel no había recibido respuestas de parte de Kardia, ignorando completamente que el griego había pasado por una pérdida muy grande durante esas semanas y ni siquiera estaba enterado de que le habían llegado cartas desde Francia.

Ese día fue diferente, y aunque el joven de ojos violáceos olvidó aparentemente el vacío que le producía la ausencia de las respuestas del capitán, no evitó recordarlo hoy, precisamente en su cumpleaños.

Sin embargo, su sentido de soledad y añoranza por ver al griego, se vió mitigado en parte, por la presencia algo forzosa de Unity Vassilieva.

El ruso estaba interesado en Dégel, y no se preocupaba por disimularlo. Era una obviedad para todos menos para el propio Dégel, que no parecía darse cuenta de aquellas intenciones.

Unity era paciente con él y trataba de ser amable, acercándose de tanto en tanto al francés, para no agobiarlo, aún así, Dégel cada que podía lo evitaba y ésto lo hacía solo porque sus ojos y su corazón aún seguían puestos en Kardia Doukas y estaba terriblemente encaprichado con él.

Ese día recibió las felicitaciones temprano, de parte de su" madre", quien le llevó el desayuno a la cama y al lado de la pequeña taza de café, se hallaba el mejor regalo que Dégel hubiera querido, una carta proveniente de Grecia.

Abrazó a la mujer y ésta lo dejó disfrutar de su desayuno a solas, sabía que a Dégel le gustaba pasar ese tiempo en silencio y qué mejor que una carta de Kardia para acompañar su café.

La abrió con una celeridad divina y se acomodó entre los cojines para estar más relajado, aunque le era imposible, pues su corazón se aceleraba mientras leía atentamente aquellas líneas.

En la misiva tan cuidadosamente escrita, Kardia le relataba los últimos acontecimientos que le rodearon durante esas semanas tan nefastas.

El accidente de Aspros, y luego el de sus padres, las nuevas responsabilidades que tendría que asumir a cargo ahora de la empresa armatorial de su padre y de que necesitaría toda la ayuda posible para sacarla adelante nuevamente.

No es porque él no fuera perfectamente capaz de hacerlo, sino que no podría sólo con tantas cuestiones a la vez: clientes, contrataciones, luego, la supervisión del astillero, etc; eran muchas cosas y él se vería sobrepasado de trabajo.

Por ello, el capitan aprovechó esa carta para ofrecerle a Dégel algo que podría ser su oportunidad de emanciparse de su padre y de paso de adquirir autonomía financiera, y lo más importante, la posibilidad de viajar nuevamente a Grecia para quedarse allí, con Kardia, con el hombre que amaba.

Kardia le pedía que considere la posibilidad de asociarse con él, para llevar a cabo la supervisión del astillero.
La tarea para Dégel sería sencilla, ya que tenía conocimientos avanzados en Derecho, sólo tenía que revisar los diferentes contratos para la construcción de los buques y que los pagos sean cumplidos en tiempo y forma por los clientes.

La idea simplemente le fascinó, y aunque aún le faltaban algunas materias para completar sus estudios de grado, era una buena oportunidad para comenzar a adquirir experiencia, y de paso, salir por fin de la vista crítica de su padre.

Sin embargo había un problema y ése era justamente Krest.
Jamás de los jamases le dejaría ir a otro país a trabajar... mucho menos a suspender la universidad por ello; y menos que menos, si sabía que su empleador sería Kardia Doukas.

Ya se le ocurriría alguna cosa; por el momento se encargó de responder la carta. Se la daría a Adeline para que la lleve a la oficina postal.
Kardia había dejado en la posdata un número de móvil, pero Dégel carecía de uno.
Aún así, lo guardó en su libreta de contactos para en un futuro eventual, poder comunicarse con el capitán en tiempo real.

__________________~•~_________________

Estaba echado en la cama boca arriba, parecía observar el hermoso candelabro de cristal que colgaba del techo de la habitación principal de la casa.

Ya iba una semana que él y Sonja, habían decidido convivir y también una semana había pasado desde que encontró aquella última carta escrita por aquel muchacho al cual decidió proteger y del cual tenía recuerdos imborrables, recuerdos que ahora, extrañamente y cada vez que estaba con su novia, le venían a la mente.

Kardia no estaba cómodo con esto y sentía que de algún modo no era justo para la muchacha tampoco.
El recordar las palabras de Dégel en plena sesión de sexo con Sonja no era lo que quería precisamente.

Eso lo tenía pensativo esa mañana; aún era temprano para salir de la cama, cerró los ojos y trató se buscar una explicación.
Sabía que Dégel le provocaba deseos, y después de leer aquella carta que encontró apostada en su escritorio, con el suave y particular acento de su amigo, se encendió cierta llama en su cuerpo, la cuál no pudo frenar hasta terminar revolcado con aquella muchacha en la habitación de sus padres.

" Una maldita semana recordándote, Dégel".

Suspiró y cerró sus ojos una vez más tratando de olvidar. Se sentía desleal hacia la mujer que había elegido para que lo acompañara en su dolor.
Aquella misma noche que le pidió a Sonja que se quedara, fué que encontró la última carta de Dégel dentro del cajón de su escritorio.

Esa mañana antes del accidente, su madre la había dejado allí por órdenes de Zaphiri, pero él en ese momento, estaba en Atenas.

Luego de que Sonja se quedara dormida aquel día, el se levantó sin hacer demasiado ruido y se dirigió a su habitación para leer aquella misiva.

Era de hace meses, y se sintió aún mas culpable por lo que Dégel pudiera pensar acerca de su falta de respuesta.
La abrió cuidadosamente y comenzó a leerla.

En la carta, el francés le contaba sus últimos logros, como así también sus últimos enfados.
Pocas materias por rendir en la Uni, el regaño de su padre por sus bajas notas, la mudanza a la región de Normandía y la extraña enfermedad de la esposa de su padre.

Algunas cuestiones mas felices también las comentaba, como recordar que en febrero haría un año de que se conocieron y de que se "conocieron" y que pronto sería su cumpleaños nuevamente, en un par de meses, el cuál le encantaría poder celebrarlo juntos y lo más importante; que lo extrañaba y deseaba poder verle.

Luego se despidió con una frase que hizo click en la mente del capitán y que recordó haberla oído de propia boca del francés, más específicamente, en la bodega de aquel buque.

Je t'aime, Kardia. J'espère te voir bientôt》(Te amo, Kardia. Espero verte pronto).

La frase no tenía traducción y él era muy malo para recordar su significado, lo que sí recordaba era que al menos un par de palabras , Dégel las había pronunciado casi en susurros aquella noche en la bodega.

Su corazón se aceleró al recordarlo. Como también recordó la lujuria desmedida que se apoderó de él al oír las frases que le supo regalar Dégel; y aunque aquel hombre estuviera muy lejos, él no se quedaría con esos deseos tan sólo en su mente, decidió que los materializaría con la única alma que lo acompañaba esa noche en la mansión; Sonja Dybeck.

Recordar todo aquello y ver a la hermosa rubia aún dormida sobre su cuerpo, lo tenía reflexivo.
Algo ocurría, estaba claro, cada que tenia a Sonja debajo de su cuerpo, tomándola como un maldito desenfrenado, no podía evitar imaginar el rostro del francés antes de correrse.

"¡¡Por Zeus!!¿¡Que mierda pasa conmigo?!".

No se sentía cómodo, ni satisfecho y todo aquello comenzaba a molestarle.
No amaba a Dégel como para estar juntos, pero sí lo deseaba.

Aquella noche escribió una respuesta para él.
Si bien no sentía por el francés nada mas que afecto puro y simple; Dégel también era capaz de despertar sus mas bajos deseos.
Estaba decidido a volver a verle, pese a que el muchacho le había aclarado que debía concretar sus estudios antes de poder volver a Grecia, Kardia debía hallar la forma de hacerlo viajar antes.

Se aseguró de que aquella oferta fuera tentadora para el francés, sin embargo aún esperaba respuesta en su móvil, que no llegaría sino hasta después de unas semanas, puesto que Dégel aún se manejaría por correspondencia epistolar.

~•~•~♧~•~•~

El "G.A. Artemis" viajaba con derrota hacia la hermosa Isla de Sicilia, con un cargamento de granos.

Su capitán estaba parado en la proa con catalejo en mano, divisando la costa, la cuál aún estaba a varios kilómetros.

A sus espaldas, lo observaban dos de sus mejores hombres, además de ser también, dos de sus grandes amigos; el timonel Barrull y el contramaestre Alkaios.

— Ha estado muy distante durante estas dos semanas, me pregunto que lo estará atribulando esta vez.

Cid obsevaba a Aspros desde la cabina de mando; el griego se había retraído tal y como lo había hecho cuando se enteró que su esposa padecía una enfermedad terminal y que no le quedaba demasiado tiempo.

— Creo que todo esto tiene que ver con lo que nos dijo el sr. Helios; además, fué el primero de los 3 que terminó por sufrir un accidente.

— Sis, ¿tu no temes lo que pueda ocurrirnos? No pareces muy atribulado.

— Lo estoy pasando como la mierda, pero trato de que no me afecte demasiado, mas por Aioros.

— Ojalá y los dioses nos permitan disfrutar un tiempo más de nuestros hijos.

Creo que Aspros está así por causa de los gemelos, ellos ya perdieron a su madre.— Razonó el español.

— Será mejor que regrese a mis tareas o notará mi ausencia y quien sabe que nos dirá.

— Espera...

Sísifo se frena ante la petición de Cid, quien lo toma de la muñeca para detenerle.

—¿Que ocurre?

— Vamos a la bodega, debes ver algo.

Los ojos azules de Cid despiden una mirada intensa, algo que preocupa a su compañero. Tal vez sea algo importante, o tal vez no; la realidad es que el griego no sabía cuando aquel hombre le hablaba en serio y cuando era otra de sus tontas puestas en escena para preocuparlo sólo porque sí.

__________________~•~_________________

Luego de su desayuno, se levantó rápidamente para darse un baño, debía responder aquella carta y estaba sumamente ansioso.

No faltaba demasiado para que Adeline se marche a la inmobiliaria, así que debía apresurarse a redactar una respuesta, aunque no sería la definitiva, pues ya pensaría en cómo regresar a Grecia antes de tiempo, con o sin la aprobación de Krest.

Una vez que terminó su ducha matutina, se vistió rápidamente y luego, tomó aquella carta para guardarla junto a las demás que tenía en su armario.

Al hacerlo, notó que los sobres estaban acomodados de un modo distinto al cual él los había dejado.

Estaban ordenados en orden cronológico y él los había ordenado, discriminando las cartas enviadas de las no enviadas.

Alguien entró a su habitación y los vió, no habia duda; y si fué la ama de llaves, ella simplemente habría levantado los sobres sin molestarse por ordenarlos.

Era evidente que quien los vió, no quería que él lo notara.

No se preocupó demasiado por ello, pues si era su padre, éste ya sabía de su comunicación con Kardia, lo máximo que podría hacer el abogado, era regañarle de nuevo y ya, pero ello no impediría que ambos jóvenes siguieran en contacto.

Luego de todas aquellas conjeturas, bajó a la sala, para ver si podía localizar a Adeline y hablar con ella antes de que la mujer se marche.

— Dégel, feliz cumpleaños.

El francés, que bajaba apresurado, no reparó que Unity estaba en su sala de estar, sorprendiéndose al oír la voz grave del ruso.

—G-gracias. Pensé que tú y tu padre ya no estarían aquí.

— Aún no es hora de irnos, papá espera noticias de mi madre, ya cerca del medio día volveremos a Siberia.

— Creí que eran de Moscú.

Unity niega con la cabeza.

— La petrolera esta en Siberia, aunque yo me ocupo de otra que esta al oeste en el poblado de Sarov.

Dégel se interesó por aquello, pese a que pensó que Unity aún seguía las órdenes de su padre, aquello parecía no ser así, sino que trabajaban juntos.

Moría de envidia y le hubiera encantado tener él, la misma relación con su padre, pero Krest a veces era imposible.

— Entiendo, yo también intento conseguir un trabajo, aunque ya he tenido una oferta bastante interesante estos días.

— Eso es muy bueno, Dégel.

— Si pero no se si papá lo aprobará, el trabajo no es aquí, es en un astillero y trabajaria para un armador naval.

— Eso es aún más interesante. Tengo entendido que los armadores navales manejan mucho dinero, sería una buena oportunidad para ti, no entiendo porque tu padre se opondría.

— Hmm, sólo llevas 2 meses con nosotros, aún no conoces bien a mi padre, si es por él, me pondría un par de grilletes y me encerraría en una caja de cristal con la excusa de que me "cuida".

Unity sonríe ante aquella exageración y le dá un consejo que probablemente era lo que el francés esperaba oir.

— Tienes 20 años Dégel, ya eres un adulto y tu padre no debería interferir en tus decisiones personales, es extraño. Creo que mas bien, deberías hablar con él.

— Supongo que eso haré. O ... al menos lo intentaré.

— Ah, espera antes de que te vayas, ten.— dice, extendiendo con sus manos, un paquete rectangular envuelto en papel de regalo.

El francés lo mira casi con culpa.

— No debiste...

— Por favor acéptalo. Es una linda historia y creo que va contigo.

— Muchas gracias, Unity.

 

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Chapter Text

Las semanas transcurrían con normalidad, en casa de los Garnier. Las cosas estaban calmas;
Dégel volvió a clases, Krest comenzó a trabajar en la inmobiliaria junto a su esposa, además de llevar al día los diferentes negocios atinentes a Lord Syrius, su suegro.

Los Vassilieva regresaron a Rusia, tal y como Unity le había dicho a Dégel semanas atras, lo cual dejó un vacío en la mente del joven, que rápidamente fué llenado por el recuerdo de Kardia.

Pese a que aún no le había dado una respuesta en concreto, en las cartas que se enviaban, el francés le pedía al griego algo de tiempo para poder concretar sus exámenes.
Sólo así estaría libre para poder viajar, aunque el principal escollo seguía siendo Krest.

El plan de Dégel fué hablar con Adeline para que convenciera a su padre; pero aquel 23 de junio de 2001 sucedería otra cuestión que mantendría a los hombres de la casa en vilo.

Esa noche luego de regresar de la oficina, la pelirroja se encerró en el despacho de su esposo a conversar acerca de la posibilidad de que Dégel viaje a Grecia por trabajo.

— No.

— Cariño, por favor, considéralo. Dégel ya tiene gran parte de la carrera avanzada y es una buena oportunidad para que crezca profesionalmente.

— ¿ Hay miles de paises y justo quiere ir a Grecia? No es buena idea y menos estando ese tal... bueno ni viene al caso su nombre ahora. Pero terminará por confundir más a mi hijo.

—¿Dejarás que Dégel simplemente pierda esta oportunidad sólo por tus prejuicios? ¡Que egoísta resultaste!

— No es eso, Adi. ¿¡No lo entiendes!? No quiero que a Dégel le pase nada y siento que estando lejos de mi corre peligro.
Si esta en Grecia, dime, ¿como podré cuidar de él?

—Pierre podría ir como ya fué hace dos años, sólo hasta que Dégel se acostumbre a su nuevo trabajo, además sólo es por el receso invernal.

— Prefiero que se quede conmigo y aprenda de mí.

—¿Y le pagarás por su trabajo?

— Como crees, ya es suficiente con comida y techo, ¿además debo darle paga?

— Tiene 21 años, Krest. Y aunque te resistas a aceptarlo, Dégel ya no es un niño al que puedas retener a tu lado por siem...pre.

—¡Adi... Adeline!, mon dieu, no otra vez... ¡¡Pierre ayuda, llama al médico por favor!!

Madame Adeline sufrió una descompensación muy fuerte aquella tarde.
Krest creyó que había sido producto de la discusión que tuvieron y su diabetes se había disparado, aunque el motivo real, era completamente inesperado.

Luego de examinarla, el médico que la atendió, salió a hablar con su esposo de manera sonriente.

— Monsieur Krest, los niveles de azucar en sangre de madame Adeline estan estables, aunque podrían estar mejor, pero esa no es la razón principal de su descompensación.

— ¿Y que es? ¡Doctor, por favor dígame de una vez que tiene mi esposa¡

— Jaja tranquilo, y felicitaciones. Su esposa esta embarazada, monsieur. Si todo sale bien, muy pronto será padre otra vez.

__________________~•~_________________

Las ultimas semanas del "G.A.323 Artemis"en altamar, llegaban a su fin.
Aspros controlaba las últimas derrotas del carguero de 400 tn del cuál era responsable, para arribar a destino con la mayor celeridad posible.

Sin embargo, aquellas semanas estuvo algo desconectado del resto de la tripulación
Su mente había llegado a diferentes conclusiones en todos esos días y necesitaba hablar con alguien al respecto.

Quien mejor que sus dos amigos para intentar al menos, un diálogo reflexivo.
Los buscó por cubierta y en la sala de mando, donde deberían estar, sin embargo, no los halló.
Sonrió para sus adentros, pues ya imaginaba que alguna cosa habia surgido entre aquel par.

Y es que Sísifo y Cid estaban en la bodega.

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Un mes atrás...

— Vamos a la bodega, tienes que ver algo...

Cid, no es buena idea. ¿No puede esperar a que amarremos? Si Aspros no nos ve en posición se molestará y ya está bastante extraño.

Si se molesta lo mando a tomar por culo. Es capitán y toda la mierda pero no me va a prohibir desplazarme de mi posición, ni que estuviéramos en guerra, joder. Esto es un carguero no un portaaviones.

Ya sabes como es...

— Y una mierda... vamos, es importante.

Ambos bajaron a la bodega, el resto de la tripulación estaba en cubierta, y algunos otros en la sala de máquinas, ellos estaban sólos allí.

Sísifo tuvo que aclararse la vista, pues la luz en aquel depósito era muy tenue.

Cid, dioses. No se ve una mierda.. que era lo que tenías que...

Las palabras del griego fueron interrumpidas por los labios del valenciano.
Cid, levemente mas alto, tomó al castaño de la cintura y lo empujó suavemente hasta una de las columnas de la quilla, mientras el beso que le propiciaba a su compañero, se volvía más profundo.

Extrañamente a lo que se había imaginado, Sísifo no se apartó de él rápidamente, sino que esperó que sea él quien decida alejarse para tomar aire.
Cuando esto ocurrió, el valenciano posó sus ojos en el rostro del griego, el cual lo miraba con una expresión seria en sus ojos.

Sís, perdóname. Yo...es que me he aguantado demasiado pero ya no, no puedo verte y fingir que nada me ocurre contigo.

No te pedí explicaciones...

Lo sé, soy un maldito atrevido. Escucha, si ya no quieres ser más mi amigo, yo... ¿como dijiste?

Que no te pedí explicaciones. Ya se lo que sientes por mí y de hecho no me parece extraño esto que hiciste.

Piento que hay un "pero" detrás.

No he dicho nada.

— ¿Tú...me correspondes?

Ante esta pregunta, Sísifo lo tomó de la camisa y lo atrajo hasta su cuerpo, devolviendo aquel beso robado por el español, de la misma y ferviente manera.

_______________

A partir de ese momento, ambos se frecuentaban en la bodega del buque, creyendo tontamente que Aspros no se dió cuenta jamás de aquellos hechos.

Esa mañana, el capitán los buscó y al no encontrar a ninguno, bajó directamente a la bodega.
La sonrisa de maldad en el rostro de Aspros era única.
Sólo esperaba que sus camaradas no estén en una situación demasiado comprometedora, o quién terminaría traumado sería él.

Al llegar al sitio, todo estaba sólo alumbrado por los ojos de buey, divisó a lo lejos un par de siluetas y a medida que iba acercándose a ambos, hacía ruidos para ponerlos en alerta, pero aquel par, ni enterados.

Al estar como a 2 metros, se aclaró la voz, haciendo que el timonel y el contramaestre palidecieran al oírlo.

— A-Aspros...

— Hola, Cid. Necesito que te prendas los pantalones y vayas a cubierta. Tengo que hablar con Sísifo un momento y quiero que tú estés en el timón.

— A...a la orden, capitán

El valenciano obedece con celeridad y se esfuma, no sin antes echar una última mirada al hermoso castaño, dueño de sus pensamientos.

— Ve tranquilo, no voy a echarlos al mar por esto, dioses. Aunque se lo merecen...

Ambos tragan grueso y el timonel sale de aquel sitio de manera definitiva.
Sísifo se arregla sus prendas lo más que puede mientras Aspros le dá la espalda, y trata en vano de justificarse con él.

—Aspros yo... es decir, nosotros... no es...

— Naaa, si es lo que parece, no jodas. De todos modos no es eso de lo que quiero hablarte.
Aunque en otras circunstancias los habría hecho caminar por la plancha, por desafiar mi autoridad.

— De hecho iba a decir que no es nada malo lo que haciamos, y si te ponías bravo tal vez te agarraba a golpes pero, no sucedió afortunadamente.

Aspros suspira.

— Tal vez ese final hubiera sido mas sano que lo que vine a decirte.

— Algo te tiene atribulado desde que salimos... ¿se puede saber que es?

— Sonja Dybeck.

— ¿La...novia de Kardia? ¿Que pasa con ella?

— Estoy perdidamente enamorado de esa rubia, Sis, y no se que mierda hacer. Me siento la peor basura de todas, así que ahórrate los insultos.

— Cid tenía razón... no puedo creerlo.

—Y yo no pude evitarlo. Desde que la ví llegar con Kardia aquella noche que le enseñaríamos el libro...yo...yo no he parado de pensar en ella ni un minuto.
Soy un hijo de puta.

— Por como estás, eres tú quien debería caminar por la plancha.¿Que pasará con Kardia? ¿No has pensado en ello?

— Nada. Todo seguirá como está. No voy a arruinarle la vida a mi amigo. Amo a Kardia como si fuera mi hermano.
Moriré con este maldito sentimiento dentro.

— Creo que es buena decisión. De lo contrario echarías a perder años de amistad sincera con Kardia.

— Eso y que me llenará de agujeros si se entera que me gusta su novia. Como sea, sólo tenía que decirle a alguien y si le decia a Cid, él si probablemente me habría golpeado y yo hubiera tenido que encarcelarlo.

— Mi situación no es similar a la tuya aunque también estoy entre dos almas. Pero decidí que me quedaré con la que realmente me ama.

— Es bueno, me alegro por ambos. ¡¡Sólo no hagan mierdas en mi puta nave!!
Ya les dije mil veces que si alguien mas los vé y dan aviso al armador, los 3 quedamos sin trabajo mínimo, ¡¡no sean idiotas!!

— Yaaa, esta bien entendí.

— Avísale también al cabrón de tu novio, o lo mandaré a tierra firme en un bote salvavidas.

— Aspros...

— Dime.

— Toma distancia. Aléjate de Sonja Dybeck.

Aspros suspira. No sabe si realmente es lo que quiere, pero estando Kardia en medio, se ve obligado a tomar el consejo de Sísifo.

Luego del sincericidio del capitán en aquel pequeño coloquio, las cosas habían escalado otro nivel de complejidad que dejó preocupado al castaño.

Sabía que aquello que Aspros le habia confesado no llegaría a buen puerto, no podía ser nada bueno para el grupo de amigos, pero el capitán era un adulto, y aunque ellos le aconsejaran, era él quien debía tomar una decisión respecto de sus sentimientos.

Al subir a cubierta, Cid lo esperaba ansioso; más por el carácter del capitán que por alguna cuestión que pudiera plantearle respecto de lo que él y Sísifo estaban a punto de protagonizar en la bodega.

— Sis te espera, lamento haberlos interrumpido, sólo les pediré que sean discretos con esto, Cid.

No quiero problemas con los propietarios del buque.

— Lo entiendo, capitán.

— Bien, no tardes demasiado. Te necesito en el timón.

El valenciano hace una venia y baja nuevamente a la bodega, esta vez, para hablar con el castaño.

Al llegar, vió a Sísifo sentado en uno de los barriles de provisiones, observando por el ojo de buey.

—¿Te ha regañado, verdad? Ese tío es un cabrón de mierda.

— No lo ha hecho. Pero tenías razón.

— ¿De que hablas?

Sísifo se voltea y cruza miradas con su compañero.

— Está estúpidamente enamorado de la novia de Kardia. Me lo acaba de confesar.

— Joder. Esto no es bueno ¿que le dijiste?

— Le dije que se alejara de ella, pero con lo terco que és, dudo que me escuche siquiera.

Aunque hay una posibilidad que lo haga.

—¿Ah si? ¿Y cual es?

— Me dijo que ama a Kardia como un hermano y no haría nada para arruinar su vida.

— Solo esperemos que no lo olvide en cuanto lleguemos a Meteora y vea a Sonja nuevamente.

— Que Zeus no lo permita.

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Había regresado de la Universidad aquella tarde y Pierre le había dado la noticia de que tendría un hermanito.

Los ojos de Dégel se agrandaron y las lágrimas de alegría rodaron por sus mejillas.

Corrió escaleras arriba y golpeó suavemente la puerta del dormitorio matrimonial, oyendo la voz solemne de su padre que lo invitaba a pasar.

— Mamá...— susurró.

—Hola cariño, ¿como estás?

— Yo...

Dejó caer su morral con sus libros y apuntes y corrió hacia la pelirroja, abrazándola fuertemente, dándole reiterados besos en la mejilla.

— Yo mejor me voy, creo que estoy pintado aquí.

— Papá, deja los celos.

— Si Krest, tú estuviste todo el dia conmigo pues, deja de estar celoso.

— Jmm, no son celos, pero bueno. Cuídala bien Dégel, yo tengo que salir un momento.

— Claro que sí. La cuidaré muy bien, no lo dudes.

El abogado abandonó la habitación, dejando a su esposa y a su hijo a solas para que puedan ponerse al dia.

—¿Recibiste alguna respuesta de Kardia?

— Aún no, mamá. Ya sabes que la correspondencia suele tardar de dos a tres días.

— Si, ya veo. En ese caso, tengo algo para ti.

—¿Para mí?

—Si. Vé a la cajonera y abre el primer estante.

Dégel obedeció diligentemente y dentro del estante, encontró una cajita plateada, envuelta como regalo y un moño de color dorado, adornaba la tapa.

Debajo del adorno, una tarjetita se asomaba la cual tenía impreso en francés la frase:

 

Joyeux anniversarie, chéri》

"Feliz cumpleaños, cariño"

 

— Espero que te guste.

— Pero, ya han pasado 4 meses de mi cumpleaños...

— Es lo de menos, chéri. ¿O me lo vas a despreciar?

— Jamás haría tal cosa.

— Pues entonces, ábrelo.

Dégel abrió con celeridad y sumo cuidado aquella cajita y lo que tenía dentro lo llenó de felicidad.

Se trataba de un teléfono móvil.

— Adi, mamá, te amo.

El joven corre hacia ella y la abraza nuevamente.

— Jaja, yo también mi amor.

Ahora podrás hablar mas seguido con Kardia y no esperar días o semanas para una respuesta.

— Muchas gracias, es le mejor regalo que me has podido hacer.

— Me pone muy feliz, cielo. ¿¡Pero que esperas!? ¡¡ve a estrenarlo de una vez y me cuentas!!

—¡¡Jaja, claro!!

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Chapter Text

Se dirigió a su habitación para poner a cargar el aparato, pronto tendría la oportunidad de hablar con Kardia en tiempo real y esto le fascinaba.
Colocó el móvil en un lugar que estuviere alejado de la vista, pues no quería que de pronto su padre, en un arranque de sobreprotección, intente confiscarlo.

Luego tomó otro baño y se preparó para el día siguiente.
No es que tuviera clases todos los días, sino que comenzó a entrenar.

En vista de los ataques que había sufrido en el pasado y que decidió dejarlos pasar como un simple robo al azar, aquellos hechos lo llevaron al gimnasio.
La rutina de Dégel comenzaba en las mañanas con una caminata y un trote ligero hasta el lugar de entrenamiento y luego, una hora mas de levantamiento de pesas y algo de boxeo.

En esto no tuvo problemas en convencer a Krest, así que no había razones para mentirle a su padre.
Co el paso de los meses, logró resultados importantes que se reflejaban en su cuerpo, al igual que en su resistencia y el incremento de su fuerza.
Ya no sería sometido tan fácilmente como en el pasado.

Recordar el episodio en Grecia, con Julián Solo golpeando su rostro y jalando sus brazos, le hervía la sangre; y luego, esos malditos ladrones que por poco y lo mutilan.
De no haber sido por Kardia y Unity; las cosas hubieran tenido un final terrible para él.

No más. Decidió entonces que él, no volvería a ser víctima de nadie nunca mas.
Aquella mañana, luego de del entrenamiento, debía ir a la biblioteca con la esperanza de hallar un par de tomos sobre Derecho Marítimo y estudiar algunos tratados de la OMI(*) como también repasar algunos artículos de la CONVEMAR(*).
Si aspiraba a aquel trabajo con Kardia, mínimo debía estar finamente preparado.

En ese sentido, el joven francés era igual a su padre. Para él, un trabajo sólo es bueno, si está hecho perfectamente.

Luego retirar los tomos, se encaminó a casa. Prefería la comodidad de su habitación, puesto que en la sala de lectura, solía haber un murmullo molesto que lo desconcentraba.

—¿Te irás ya? Pensábamos almorzar con el resto en el bar. Hace mucho no nos juntamos, Dégel.

Quien le hablaba era Edith Jonnattha, una muchacha que había sido amable con él y le ayudó en su ingreso, aquella vez que fué asaltado.
Edith le consiguió nuevamente toda la documentación que necesitaba en tiempo récord, cosa que él agradeció infinitamente.

— Me encantaría en verdad, pero ya me ves, estoy sudado y necesito un baño, además tengo que estudiar.

La muchacha lo observó y vaya que lo hizo.
Sus ojos se posaron en la silueta que se cargaba Dégel, producto del entrenamiento.
Su masa muscular había aumentado, su cuerpo no era sólo esbelto sino también algo fornido y su musculatura se dejaba apreciar ligeramente en la ropa que llevaba puesta.

Si antes su complexión no presentaba signos de masculinidad tan marcada, ahora no habían dudas, su aspecto andrógino sólo tenía algunos vestigios en su bello rostro.

— Es un rato nada más... anda Dégel, me gustaría que nos acompañaras, solo es almorzar... ¿que dices?

Dégel no era tonto ni mucho menos, entendía que por la cabecita azabache de aquella muchacha, pasaban otras ideas no muy sanas de las cuales él era el protagonista.

— Esta bien, vamos. Pero será breve, en verdad tengo mucho que leer.

—¡¡Si, descuida!! Ya habrá tiempo de almorzar mas tranquilos en otra ocasión, mon ami.

Edith prácticamente se le enroscó en el brazo derecho y lo guió al bar a dos cuadras de la biblioteca.
Una vez mas, su conversación con Kardia tendría que esperar.

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Los días felices para Sonja y Kardia, apenas estaban comenzando.
La sueca empezó a trabajar codo a codo con su novio para continuar con el manejo de la empresa de Zaphiri.

Kardia pronto descubrió que Sonja era muy buena para llevar la contabilidad, además de muy detallista y organizada.
Todas las semanas, la rubia le presentaba sin falta los balances de la empresa; pero lo que a él más le admiraba, era la lealtad que la chica le profesaba y el desinterés de la muchacha por su dinero.

Pese a que Sonja lo ayudaba, no había dejado de trabajar para Merope tampoco.
Eso daba la pauta a Kardia, de que a la sueca no le gustaba la dependencia económica.

Aquella mañana, el capitán debía regresar de Atenas, pues había ido a la sede de la Armada a presentar un petitorio para que le otorgaran tiempo y así poner en orden la empresa armatorial de su padre; como los papeleos para el cambio de titularidad y los cambios en los sujetos de las contrataciones, ahora todo debía ir a nombre de Kardia Doukas y no de Zaphiri.

Sonja estaba en Volos aquel medio día, esperaba pacientemente a su novio.
Por fin había conseguido aprender a manejar la motocicleta de Kardia, así que le fue fácil llegar al puerto.

Cerca de la una del medio día, la fragata debía amarrar, pero después de una media hora, el "G.A. 323 Artemis" y el " F-245 Odisea", habían arribado al muelle casi al mismo tiempo.

Los buques de Kardia y Aspros estaban en paralelo; el espectáculo a los ojos de Sonja no tenía precio, era sencillamente épico.

—¡¡Oye Aspros, ese era mi lugar!!

—¡¡Eres lento, Doukas!! Cid ha entrado con maestría, ya ves.

Al asomarse a la rampa de a bordo para descender, Sísifo y Cid ven a Sonja apostada sobre la moto de Kardia.
Las expresiones en ambos rostros se volvieron sombrías, y no era culpa de la muchacha, pero maldijeron aquella nefasta casualidad.

—Mi amor, ¿como estás?

Kardia se acerca a su novia y le planta un dulce beso a lo que ella le corresponde, abrazándole fuertemente de la cintura.

—Bienvenido, cielo.— Le susurra la joven.

— Buenas tardes rubia, ¿también nos extrañaste?

—¡¡Aspros!!

Sísifo le reprende a lo lejos.
Aquella broma estaba muy de más; teniendo en cuenta lo que habían hablado hace un par de días en la bodega.
Sonja lo miró divertida, y la pregunta del capitán Kallis, no quedó sin respuesta.

—La verdad si se extrañan las estupideces de algunos, capitán. Pero a quien mas extrañé está justo frente a mí ahora.

Kardia sonríe y se acerca nuevamente a besar a la muchacha.
En aquel nuevo acercamiento, Sonja desliza sus manos por la espalda del griego hasta llegar a sus bolsillos traseros, haciendo que Kardia de un salto y se aparte de ella bruscamente.

—¿¡Que ...te ocurre?!

Sonja y el resto se sus amigos , lo miran extrañados.

— Nada, es que quería que fuera una sorpresa.
Iba a invitar a todos a la mansión hoy para anunciarlo pero creo que ya es tarde.

—Dioses, ¿Kardia de que hablas?

El capitán habló sin pensar, más por la creencia de que su novia sintió el pequeño bulto que se cargaba en su bolsillo trasero.
Tarde cayó en cuenta de que no fué así, pero ya estaba metido en el lodo así que ahora le tocaba salirse solito.

— Bueno...—rebusca en el bolsillo de atrás de su pantalón—. Ya que estamos todos aquí, es igual.

Sacó la pequeña cajita de terciopelo azul y se la mostró a la muchacha, luego, las palabras mágicas salieron por sí solas.

—¿Te casarías conmigo, Sonja Dybeck?

El rostro del capitán se tornó de un leve sonrojo y su mirada se profundizó, perdiéndose en los hermosos ojos turquesa de la sueca.

Las lágrimas de felicidad, mezclada con sorpresa en el rostro de la chica comenzaron a salir, y antes de gritar que sí, se abalanzó sobre su novio y lo abrazó con todas sus fuerzas.

—¡Claro que sí!¡Si, si, si...!

Repetía la pequeña palabrita mientras repartía besos por el rostro de su ahora, prometido, ante la atenta mirada del resto de sus amigos.

Aspros quedó estático. Su mirada estaba fija en un punto y parecía que no escuchaba.

— Aspros...¡oye Kallis, te estoy hablando!

Cid lo empuja, haciéndole reaccionar.

—¿¡Que mierda quieres?!

—¿Recuerdas lo que hablamos en el hospital?
Me perjuraste que solo estabas siendo amable... bueno ahora ve y felicita a tu amigo, cabrón de mierda.

Aspros lo mira con algo de molestia, le pareció extraño que no le mencionara nada de lo que él y Sísifo habían hablado hace días, estaba seguro que el castaño se lo contaría, que le diría de sus sentimientos por Sonja; pero ahora nada de eso importaba, la hermosa sueca y su mejor amigo, estaban comprometidos y se iban a casar.

Luego de las felicitaciones y de los buenos deseos para ambos novios, todos regresaron a casa.
Una vez en Meteora, las realidades de todos serían muy distintas.

Todo el viaje en autobús fué muy silencioso, en especial para el capitán Kallis.
Sus amigos lo observaban preocupados, mas no podían hacer nada, Aspros decidió padecer en silencio.

— Y el muy perro me dijo que no era lo que yo pensaba...

— Tampoco debiste hablarle así. Tu mismo has pasado por desamores, Cid.
Prácticamente lo obligaste a ser hipócrita.

—¿Ah si? ¿Y que crees que hubiera creído Kardia si este tarado se quedaba parado nada mas viéndoles con cara de idiota?

— A veces creo que olvidas que Aspros es tu capitán... un mínimo de respeto le debes.

— Si se hiciera respetar... es que estoy muy cabreado por todo esto. ¿Como se le ocurre siquiera...?

— No mandas en el corazón, Cid. ¿O acaso tú si puedes? No, ¿verdad?... deja de juzgar a Aspros; él nos necesita mas que nunca.

Al llegar a la ciudad, un silencio sepulcral invadió al grupo de tres amigos, roto solamente por el saludo de despedida de Aspros.

— Oye, capi... ¿no quieres ir por unas cervezas?

— Te lo agradezco, Cid. Pero no tengo demasiadas ganas de salir hoy. Estoy algo cansado y prefiero ir a ver a mis hijos.

— Como gustes, nos vemos después. Cuídate mucho, amigo mío.

Sísifo lo abraza y él y Cid se despiden de Aspros y lo ven marchar; ellos hacen lo propio y ambos se retiran al domicilio del español, pues el castaño, aún paraba con él.

El capitán Kallis no iba a ir a su casa aquel día. ¿necesitaba estar solo? No, ¿necesitaba ahogar sus penas?, tal vez... y quien mejor que su hermano para comprenderlo.

Caminó hasta la editorial, pues aún era temprano y "El Jornal" sacaba las últimas ediciones para el día de mañana.
Aspros sonrió al entrar a aquel imponente edificio de tres pisos sabiendo que todo aquello era propiedad de su hermano, un corredor de bolsa devenido en periodista y empresario.

Estaba orgulloso de Défteros, aunque le habría encantado que su hermano heredara su gusto por el mar, y así navegar juntos, pero Déf simplemente no era muy aventurero.

—¿Aspros, cierto?

El capitán levantó la mirada para ver quien le hablaba, notando que era aquella muchacha que lo confundió con su gemelo en casa del señor Helios.

— Emm, si. ¿Que tal?, solo venia a ver a Def, es que necesito hablar con él.

— Ya veo, ven acompáñame, te llevaré a su oficina.

Helia entrelazó su brazo con el del capitán y tiró levemente de él, conduciéndole al ascensor.
Allí, el destino de ambos era el tercer y último piso del edificio.

— Ya llegamos, la puerta al final del pasillo es la oficina de tu hermano. Ten buenas tardes.

— Gracias por tu amabilidad, Helia.

— No hay de qué.

La hermosa joven le sonríe amablemente y se retira. Ahora entendía porque Défteros necesitaba de ella, además de bonita, parecía ser muy amable y perceptiva.

Echó un suspiro prolongado y tocó la puerta de aquel sitio con delicadeza.
La voz de su gemelo no se hizo esperar, invitándole a pasar, a lo que él rápidamente obedeció.

— Permiso...

Defteros leía unos documentos con pluma en mano, aparentemente estaba corrigiendo algunas cuestiones o estudiándolas minuciosamente.

—¡¡ Dídymos!!! ¿¡Que haces aquí no te esperaba!?

El hombre suelta todo lo que tiene en mano y corre al encuentro de su hermano mayor.
Ambos se abrazan y Aspros no puede retener más el llanto y la tristeza acumulada de hace varias horas.

— ¿¡Pero que...!?Aspros...

El llanto de su gemelo le estrujó el corazón.
Sólamente una vez había llorado de aquella forma tan dolorosa y fué cuando Diana falleció.

— Dídymos, por Zeus, ¡cálmate y dime que tienes!

Défteros le invita a sentarse y le acerca un vaso con agua, esperando que aquel estado en el que su hermano estaba sumido, se aplacara.

— Me odio ...

—¿¡Te que...?!, ¿de que rayos hablas?, ¿ahora que fué lo que pasó?

— Si te lo cuento, tal vez pienses que soy la peor persona del mundo.

— Sabes que no es así. Jamás pensaría eso de...

— Amo a Sonja Dybeck y Kardia es quien se casará con ella.

Défteros se quedó helado.

— Dioses...

— En vez de compartir la felicidad de mi amigo, mi corazón esta roto en mil pedazos y sólo quiero morirme.
Supe que ella era especial desde el instante que la vi y...

— Ya cállate o voy a golpearte. ¿¡Que edad tienes, por Zeus!?¡¡  Ya eres un hombre Aspros, supera esta mierda y sigue adelante!!

— Que fácil lo dices, ¡tu no estás pasando lo que mi corazón por esa mujer!

—¿¡Tu que sabes por lo que yo paso!? ¡No te atrevas a suponer que yo soy el apático aquí!
Aspros, sé que estas vulnerable y que Sonja tal vez se parezca terriblemente a Diana, pero ¡¡NO ES ELLA!!, piensa, eres inteligente, deja de imaginar estupideces y concéntrate mejor en los que realmente te necesitan, sabes a quienes me refiero.

— Saga y Kanon.

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(*) OMI: Siglas de Organización Marítima Internacional.
Es una agencia especializada de las Naciones Unidas que se encarga de regular y mejorar la seguridad, la protección y la eficiencia del transporte marítimo internacional, así como de prevenir la contaminación del medio marino.
La OMI es responsable de desarrollar y implementar convenios y regulaciones internacionales para la seguridad marítima, como el Convenio SOLAS (Seguridad de la Vida Humana en el Mar): Establece normas para la seguridad de los buques y la prevención de accidentes o el Convenio COLREG (Reglas Internacionales para Prevenir Abordajes en el Mar): Regula las reglas de navegación para evitar colisiones en el mar.

Abordan aspectos como la seguridad de la navegación, la prevención de abordajes, la respuesta a emergencias y la protección del medio marino, y son el objeto de estudio e interés de Dégel.

(*) CONVEMAR: (UNCLOS en inglés) se refiere a la Convención de Naciones Unidas sobre Derecho de Mar, firmada en Mondego Bay, Jamaica en 1982.
Esta convención establece un marco legal para el uso de los océanos y sus recursos, regulando aspectos como la delimitación de las zonas marítimas, la navegación, la explotación de recursos naturales y la protección del medio marino.

Chapter Text

Aquella propuesta de matrimonio merecía celebración y la mansión Doukas sería el escenario de la misma, pero antes, ambos prometidos decidieron celebrar a solas.

Estaban nuevamente en la alcoba principal de la mansión, risas y murmullos eran lo que podía oírse desde el pasillo pero nada más.
Sonja y Kardia estaban compartiendo una siesta de caricias y besos en aquella gran habitación.

—¡Ay, Kardia porque me mordiste!, ¡me dejarás marcas, tonto!

—Jaja, lo siento, es que me tenté. Eres hermosa, ¿ya te lo dije? Espera, ¿me dijiste tonto? ¿Le dices tonto a tu futuro esposo? Que mala educación...

Sonja se ríe a carcajadas al sentir los dedos de Kardia sobre su abdomen haciéndole cosquillas.

—¿Además que?¿no te gustan las marquitas? Te quedan bien.

—¡¡Nooo, no me marques!!, ¿y que es eso de que te tentaste?, ya me tentaré yo y te daré ¡¡una...nalgada!!— dice, dándole de lleno en uno de los glúteos.

—¡¡Ahhh, tienes la mano pesada, mujer!!

— Jaja, Ay no jodas...

El griego se subió encima de ella y atacó su cuello con besos cortos haciendo que la muchacha se desespere de las cosquillas.
Cuando ya no pudo más de la risa, la dejó en paz y ambos descansaron de aquel jugueteo para hablar de algo que los involucraba.

— Kardia...

— ¿Crees que es demasiado pronto?

Sonja entendió a que se refería, pero no era eso de lo que quería hablarle, sino de la fecha de la boda, aunque ambos parecieron pensar en el mismo tema.

— Mi amor, no. Esta perfecto, tu lo quieres, yo también, no era eso lo que iba a preguntarte.

Kardia se ladea y la observa, esperando que la sueca se exprese al respecto.

— Tenemos que estipular una fecha, ¿no lo crees?—Le dice acariciándole el rostro suavemente.

El capitán lo piensa por unos segundos y luego le sonríe tomando la mano de la sueca y besándole la palma.

—¿Que tal en mi cumpleaños?. Así de paso te tengo de regalo de noche de bodas también.

—¿Octubre?, no es una mala fecha, estaremos en una estación muy propicia para una boda. Me gusta, tiene buenas ideas, capitán.

— Lo sé. Por algo estoy entrenado para tomar decisiones difíciles, hmm.

— Jaja y esta es una, definitivamente. Te amo, Kardia Doukas.

— Y yo a tí, mi amor.

— Bueno, será en octubre. Tendré que avisarle a papá y a Alba.

— Alba... lo había olvidado. ¿Como ha estado?

— Bien, aunque él y mi padre no son muy comunicativos, me las arreglo para saber de ellos.

— Tu padre me querrá asesinar... el sr. Dybeck... ¿como es él?

— Papá es tranquilo, no te preocupes. Ya vendrá antes de la boda y podrán hablar, mi amor.

El griego la mira serio.
No era la respuesta que buscaba, aunque tampoco era que Lord Lugonis Dybeck le quitara la tranquilidad.

Se levantó de la cama, luego de depositarle un beso fugaz a su prometida.
Debía alistarse y preparar todo para la reunión que tendrían en la noche para anunciar su compromiso, pero antes debía ir al astillero a una reunión de negocios con los socios de su padre.

Las contrataciones que dejó Zaphiri debían continuar, aunque Kardia podía alegar que el fallecimiento de su padre invalidaba los contratos, y de hecho ésto era así; éste prefirió dar tácita reconducción(*), continuando dichos acuerdos, él mismo, para no perder sumas millonarias, y era precisamente ésta la razón por la que necesitaba de la ayuda de Dégel.

"Dégel...Dégel...Dégel"

El nombre del francés hacía eco en su mente otra vez.

—¿Te irás ? Permíteme acompañarte.

— Sonja, son reuniones de negocios, es una mierd...

El coloquio del capitán es interrumpido por un beso imprevisto de su prometida.

— No te lo estoy preguntando, Kardia. Si vamos a estar juntos en esto, lo mínimo es que yo conozca los acuerdos que tienes con los propietarios y acreedores.
Será mas fácil para tí si ambos sabemos hacer las mismas tareas.

— ¿Odio que tengas razón?... está bien, vamos.

— Déjame darme un baño rápido, ¿si? Te amo.

La muchacha no espera la respuesta del capitán y simplemente se encierra en el cuarto de baño, dejando a Kardia con una sonrisa de lado en sus labios, y de nuevo se le vino a la mente...

" Dégel...¿que será de tí que aún no me respuestas...?".

Mientras esperaba, se dirigió a la cajonera de su mesa de noche. Allí estaba la última carta que Dégel le había enviado (O eso era lo que él creía), donde le decía que le esperara, que tenía exámenes que debía rendir para poder terminar al fin con su carrera, que ya no faltaba demasiado para volverse a ver.

Pensando y pensando, leía la carta mientras comenzó a caminar por la habitación, como tratando de rememorar la voz de su amigo, cuando de pronto, su móvil comenzó a sonar.

—¿Diga? Habla el capitán Kardia Doukas.

Emm buenas tardes Kardia, perdón, capitán. Es un gusto volver a oírte.

—¿D-Dégel...?

Jaj, sorpresa. Veo que no has olvidado mi voz tan fea.

— ¿Estás loco? Tu voz es...—hermosa, melodiosa, sexy...me enciende cuando la recuerdono es fea ps, ¿que hablas?, aunque te reconocí por tu acento mas que nada...

Oui, que tonto. Cierto que mi acento me delata. ¿Como has estado?, lamento lo de tus padres, siento no haberte respondido a tiempo, la estúpida correspondecia tarda demasiado en llegar.

— Descuida lo entiendo. Ha sido una tragedia es verdad, pero ya estoy mejor por suerte.
Aunque bueno, ahora toda la responsabilidad me ha sido delegada.

Si, me lo imagino. Yo... quería disculparme contigo por no cumplir aún la promesa que te hice... la de volver a Grecia, volver a vernos.
Esto de la mudanza me atrasó en la carrera casi medio año, pero si todo marcha bien, ya en diciembre tendré mi matrícula.

— ¡¡Dégel eso es, maravilloso, es decir serás abogado al fin!! ¡¡Me alegro mucho por ti!!
Vaya que te necesito, como te expliqué, tengo demasiadas cuestiones con la empresa de papá y me vendría bien una mano de alguién con tus conocimientos.

Si, mas por ello quería disculparme, sé que necesitas de mi ayuda y yo sin poder hacer nada a comparación de lo mucho que tu has hecho por mí.

— Olvida esa promesa. Tu puesto te esperará todo el tiempo que necesites para terminar de estudiar.

Muchas gracias por esto, Kardia. No sabes lo feliz que me hace saber que volveremos a vernos.

— A mi también me hace feliz saber que cuento contigo y ...

—¿Kardia, ya estás listo?

La voz de Sonja interrumpió a lo lejos el diálogo entre ambos jóvenes, dejando a Dégel algo pasmado por la familiaridad con la que aquella voz femenina se dirigió a Kardia.

El griego le hizo gestos a su prometida para que guardara silencio, pues estaba en una llamada, a lo que la rubia obedeció de inmediato, evitando hacer demasiado ruido mientras se vestía para la reunión.

—¿Hay alguien más contigo?

— Si, es que tengo una reunión y debo irme pero si, hablaremos en otra ocasión, ¿te parece bien Dégel?

Claro, no sabía que estabas ocupado, te enviaré un mensaje la próxima vez antes de llamar directamente así no interrumpo nada.

— Jaj descuida, si eres tú, atenderé sin importar nada, eres mi amigo y también mi prioridad.

Esa maldita palabra otra vez... "Amigo"... Como odiaba escucharla de los labios del griego.
Si viajaba a Grecia, esta vez le diría a Kardia abiertamente y a la cara que lo amaba sin medida y que lo que menos quería era ser su amigo.

Eso... hablamos después entonces, que estés bien y cuídate mucho, Kardia. Nos veremos pronto.

— Lo espero con ansias, cuídate también. Me dió gusto oír tu voz otra vez.

Al colgar la llamada, sabía que se enfrentaría a una catarata de preguntas por parte de su prometida.

— ..."¿Tu eres mi prioridad?" Será alguien muy importante para ti, supongo.— Indagó la rubia.

—¿Celos, mi amor?. Sólo es un amigo que deseo ver hace tiempo. Es abogado, bueno lo será en breve. Su ayuda me vendría muy bien para...

— El astillero.

El griego asiente.

— ¿Y donde está él, porqué no viene de una vez?
Tienes demasiados pendientes con los contratos y en esta reunión, sería muy útil su presencia.

— Si, eso le dije pero él no está en Grecia, sino en Francia.

— Vaya que interesante. Luego me contarás como es que conociste a un francés sin saber hablar nada de francés ajjajaa.

—¿¡Tu que sabes?! Ven aquí, te enseñaré a no burlarte de tu futuro esposo.

—¡¡Ay, jaaj espera Kardia!! ¡Llegaremos tarde!

— Por tu culpa.

__________________~•~_________________

Aquella llamada lo dejo un poco extraño.
Si bien estaba feliz de haber oído a Kardia y sentir que se dirigía a él con tanta familiaridad como lo recordaba, lo reconfortó muchísimo y calmó sus inquietudes respecto a lo que se imaginaba que podría suceder.

Que tal vez el capitán le sea indiferente o que no le importe su vida, sus logros o sus tiempos, pero por fortuna no fué así.

Kardia seguía siendo amable y considerado y su felicidad al oír que pronto se matricularía , pareció genuina, además también le había dicho que estaba feliz porque pronto volverían a estar juntos...¿o no?

No lo recordaba, pero no importaba. El capitán seguía siendo el mismo de siempre y eso calmó el corazón atribulado de Dégel, quien decidió no darle importancia a la voz femenina que oyó de fondo.

No le preocupaba, Kardia le había dicho que él era su prioridad, además oírlo acompañado de una mujer era normal, también hay mujeres empresarias o propietarias, o quizá era alguna conocida del capitán, no debía ser importante; él mismo casi todos los días de universidad, estaba acompañado de Edith, quien se había vuelto un apoyo muy importante, pero él no estaba interesado en ella en absoluto, sólo eran amigos.

El joven francés se había auto convencido tontamente que Kardia y Sonja tenían la misma relación de sólo amistad y pronto descubriría que aquella idea estaba totalmente errada y lo haría de la peor manera.

Ya habría tiempo de preguntarle al griego sobre la reunión y sobre aquella voz, ahora debía descansar pues tenía una semana de exámenes bastante cargada aquel inicio de semana.

__________________~•~_________________

Defteros y Aspros bajaron al primer piso y el empresario se dirigió a su automóvil, pues ya era hora de recoger a los gemelos de la guardería.

Ambos subieron y Def puso en marcha el vehículo, saliendo rápidamente del estacionamiento.
Una vez los hubieron recogido, y que Saga y Kanon estuvieron asegurados en el asiento trasero con sus respectivas correas, se dirigió a su departamento de manera mecánica y sin preguntarle nada al capitán Kallis.

Aspros estaba pensativo y no emitió palabra en todo el trayecto hasta el consorcio.
Pensaba tontamente que tal vez Défteros se enfadó con él después de que le confesara lo que atribulaba su alma.

" Habiendo tantas mujeres, tú vas y te fijas justamente en la novia de tu amigo, ¡¡no puedo creerlo en verdad!!"

Aquel regaño de su hermano menor le hacía eco en su cabeza una y otra vez y lo hacía lanzar suspiros prolongados que comenzaban a incomodar a conductor del vehículo.

Défteros lo observó de reojo, viendo que su hermano tenía la mirada fija en la nada, a través de la ventanilla. Ya hablarían del tema en cuanto lleguen al departamento y los pequeños estén dormidos.

~•~•~♧~•~•~

—¿Has sabido de Aspros?

— No desde que nos despedimos en la tarde, exactamente el mismo tiempo que tú no lo ves.

— Le va a costar horrores recuperarse de esto, Sís.

— Para colmo Kardia nos invitó a la cena de compromiso esta noche a las 10 pm. Si Aspros no va...

—¿Hará pensar mal a Kardia?

— No lo creo, podemos inventarle algo creíble. Algo como que los gemelos se le enfermaron y tuvo que cuidarlos o no sé.

—¿Tu irás, Sis?

— Claro, porqué no iría, también es mi amigo. ¿Tu no irás?

— Si, yo no tengo líos, pero lo preguntaba porque tal vez, Merope...

El castaño recordó que Sonja trabajaba para su esposa Merope, y entonces cayó en cuenta que tal vez todos se verían los rostros en aquella cena.

— Mierda...

— Ya ves porqué pregunto...

— Que se joda, iré igual. Después de todo tengo un par de cuestiones que aclarar con ella.

— La idea es celebrar el compromiso, no ir a que Merope y tú hagan una escena que arruine la decisión de ambos novios, Sís.

— No soy un niño, Cid. Se comportarme a la altura.

El español vió como su compañero comenzó a agitarse y su rostro enrojeció.

Estaba molesto pero él tenía que hacerle ver aquella situación, pues hubiera sido peor que se llevara la sorpresa de la presencia de su esposa en aquella reunión.

— No creo que vaya de todos modos, ¿con quién dejará a Aioros?

— Si lo lleva estas cagado, Sis. Serás el niñero de la noche.

— Si lo lleva, al menos no se atreverá a hacerme una escena delante del niño, porque delante de los adultos, la creo muy capaz.

La respiración del griego se intensificó y su rostro se ensombreció mostrando algo de frustración.

Cid lo observaba, se le estrujaba el corazón y las entrañas de verlo con aquella expresión.
Por lejos, consideraba que Sísifo era el hombre mas hermoso que él había conocido; y su sonrisa lo enamoraba cada día mas.

Amaba verle sonreír, y amaba su dulce y sensible personalidad, simplemente no entendía como Merope no podia ver tantos atributos buenos en él, realmente no le entraba en la cabeza.

Se acercó al castaño lentamente y lo abrazó, besándo su mejilla dulcemente.

Sísifo le correspondió el abrazo y se quedaron así un buen rato.
Cid evitaba ser demostrativo delante de Shura, pero el pequeño bebé, ese día estaba con su madre.

Hoy no había nada que le detuviera o que inhibiera sus sentimientos y demostraciones de afecto; hoy era libre de demostrarle a Sísifo cuán importante era para él.

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(*) Tácita reconducción: se refiere a la prórroga automática de un contrato o acuerdo sin necesidad de una notificación expresa, cuando las partes involucradas continúan cumpliendo con sus obligaciones después de la fecha de vencimiento original.

En el contexto del caso de Kardia con los acreedores y propietarios de los buques, la tácita reconducción le permitiría la continuidad del contrato de transporte marítimo con él como nuevo armador sin interrupciones y le evitaría una multa millonaria por rescindir o anular un contrato de forma anticipada, ya que él ahora actuaría en nombre de su padre.

Chapter Text

— De acuerdo, yo le diré. No se preocupe.

Defteros colgó el teléfono y se dirigió a la cocina nuevamente para terminar de cenar.
Por como estaba Aspros, el empresario parecía más el padre de los gemelos.

Ambos llevaron a los niños a su habitación y el capitán Kallis les contó una pequeña historia antes de dormir; su hermano aprovechó este tiempo, para lavar platos y ordenar la cocina nuevamente.
Después que hubo terminado, se sentó en la sala a leer un rato, entre que Aspros hacia dormir a los niños.

— Al fin...

—¿Te costó mucho que conciliaran sueño?

— Ni te imaginas, y más cuando Kanon se pone a preguntar detalles que considera irracionales en la historia.
¿Qué clase de niño cuestiona historias de fantasía? ¡¡Tiene 6 años por Zeus!!. Yo recuerdo que sólo las disfrutaba y ya.

—Hmm, debería enorgullecerte la curiosidad despierta de Kanon. Aunque es extraño que no se quedara dormido a la primera, eres un narrador fatal.

—Gracias ...

Defteros suelta una pequeña risilla ante la reacción de su hermano.

— Bueno, buenas noches. Iré a dormir también.

— Espera... llamaron de la mansión Doukas.
Kardia te espera en una hora, ¿acaso no irás?

—Def... ¿es bueno o malo si voy? Realmente no tengo ánimos.

— Has lo que te venga en gana; sólo te aconsejo que lo superes de una vez.
Y si vas a ir, cambia esa cara de velorio que llevas.
Comparte con tu amigo un rato y luego regresa.

— Es que verla...

— Si te hace daño, quédate aquí.
Pero debes pasar de página Aspros, no puedes estar así; tu amigo se va a casar, deberías estar feliz por él.

— Tienes razón. Iré a felicitarle, no puedo ser tan imbécil.
Además Cid y Sísifo estarán allí, al menos estaremos entre amigos.

— Ya ves... apúrate entonces que ya nada más tienes 40 minutos.

—¿Puedo llevar tu auto?

— Claro.

~•~•~♧~•~•~

La velada en la Mansión daría inicio en breve.

Todo había sido planeado por Kardia mucho antes de que arribara a puerto, quería que fuera una sorpresa para Sonja, pero no salió como esperaba. Sún así, la cena fue cuidadosamente planificada por el capitán durante dos semanas enteras.

Los invitados no serían muchos, ya en la boda, tanto Sonja como Kardia, se encargarían de que sus mas allegados, asistieran sin falta.

En la alcoba, la sueca terminaba de alistarse, luciendo finamente un vestido corto, hasta las rodillas, de color rojo, entallado al cuerpo, con un escote abierto tipo bote y mangas cortas, con terminaciones de encaje. El mismo había sido un regalo de parte de un amigo de Kardia.

Se soltó el cabello y se colocó el anillo de compromiso, se dió un último vistazo al espejo, cuando unos toques en la puerta de la alcoba, llamaron su atención.

—Pase...

— Mi...amor...

Kardia la observó de arriba abajo. Se le caía la baba de solo verla.

—¿Cómo me veo?, el vestido es demasiado bonito para mí, creo que no lo luzco bien.

Kardia le toma de la barbilla y le levanta el rostro con ambas manos, haciendo que la muchacha lo observe.

—¿¡Pero de que estas hablando!?, bueno...— Kardia la vuelve a mirar de pies a cabeza de forma exagerada, como intentando descifrar alguna cosa— Tal vez tengas razón, te ves un poco ordinaria...

Sonja lo miró con una mezcla de rabia y molestia, pero también le pareció extraño que su prometido se expresara así de ella.

De la nada, Kardia chasquea los dedos.

— Ya sé que te falta, dame un momento...

La mirada de la joven, esta vez cambió a una de intriga total.

—¿Mi amor, que tienes?

Sin perder mas tiempo, el capitán toma de la cajonera de su mesa de noche, un estuche negro y alargado.

— Ésto te falta, con esto estarás espléndida.

La chica toma aquel objeto entre sus níveas manos y al abrirlo se queda boquiabierta.

Era una gargantilla de plata, rodeada de rubíes y adornada con pequeños diamantes que hacía juego con el anillo de compromiso que Kardia le había dado esa misma tarde.

— Por Zeus... Kardia, esto es...

— Es mi regalo para tí. Porque decidiste acompañarme en esta vida y porque te amo.

~•~•~♧~•~•~

—¡¡Ay, carajo!! ¿¡Como es que pude perder esa mierda?!

Sísifo estaba alterado, no encontraba ni sus llaves ni su billetera, sabía que si no estaban en su bolso, posiblemente las extravió dentro del "Artemis".

—¿Y si te calmas?, siempre podemos ir por tus cosas.

— Na, olvidalo. No iré al compromiso y ya; ni siquiera tengo ropa decente ni dinero para un presente, además no dará tiempo de ir hasta el puerto...

— Tiempo nos dá, sólo estamos a 30 minutos, además sólo es cambiarte y ya.

Venga vamos, si nos apuramos llegaremos a tiempo.

Sísifo se deja llevar por su camarada y ambos toman un taxi a Volos, una vez que lleguen, sólo era cuestión de abordar el "Artemis" en busca de sus pertenencias y volver, nada complicado.

Le dijeron al chofer del taxi que les aguardara; pese a las insistencias de Sísifo de que iría sólo a buscar sus pertenencias, el español bajó tras él de todos modos.

— Ya, solo voy a fumar en lo que vas por tus cosas, ¿vale?

El castaño se apresuró a subir, debía llegar a su camarote y revisar los muebles para hallar los objetos que precisaba.

Cid quedó en el muelle, muy cerca de los cables de amarre.
Se apostó tras la cazeta del guardia que para variar, estaba vacía, dándole la espalda al "Artemis" y viendo hacia la ciudad.

Mientras fumaba, la brisa comenzó a cambiar, recordándole a aquel viento extraño que los azotó cuando abrieron aquel libro tan misterioso.

Recordó toda la conversación con el sr. Helios y de pronto un escalofrío recorrió su cuerpo.

Rápidamente, botó el cigarrillo y se giró para ir en busca del castaño, pero antes de que salga de detrás de la cazeta uno de los cables de amarre del carguero, hizo tanta presión que se cortó.

La cuerda viajó a una velocidad descomunal pegando contra la cazeta y haciendo volar al timonel contra el muro de contención que estaba detrás del muelle.

Si bien el latigazo de la cuerda no le dió de lleno en el cuerpo, el golpe fué lo suficientemente violento para dejarlo inconciente.

Sangraba, no demasiado pero sí lo suficiente como para preocupar al taxista quen comenzó a tocar la bocina de su coche para alertar a Sísifo.

Luego, bajó a auxiliar al joven muchacho que aún no reaccionaba.

Dentro del Artemis, el contramaestre, logró hallar sus pertenencias y justo cuando salía por la escotilla, los toques de la bocina lo alertaron, se dirigió a la proa en cubierta y notó que una de las sogas que mantenía el casco del buque amarrado, se había soltado.

Alejó su vista y una expresión de horror invadió su rostro al ver al hombre que siempre le sonreía, ahora echado boca abajo en el suelo, con algo de sangre en el rostro y sin reacción.


"Cid, dioses, por favor no..."

~•~•~♧~•~•~

Estaba sumamente nervioso, había llegado unos 20 minutos antes a la mansión y no se animaba a bajar del Viper(*).

Buscó encender la radio para tranquilizarse un poco pero le fué imposible encontrar como hacerlo.

" Este tablero tiene mas botones que la sala de máquinas del carguero, por Zeus. ¿¡Como mierda es que Déf entiende estooo!?".

Se frustró un poco pero decidió esperar un rato más para ver si alguna figura conocida hacia acto de presencia y así, entrar juntos a la mansión.

" Ya estoy arrepentido. Genial Aspros, tus decisiones son las mejores. La puta que me parió"

Estaba entre insultos mentales hacia sí mismo, cuando oyó que alguien golpeó la ventanilla del automóvil.

—¿Aspros?

—¿Ah... hola de nuevo, ¿amiga de... Def?

—Jaja, soy Helia. ¿Que haces aquí oculto?

Aspros se deja resbalar levemente por el asiento.

—No me oculto, solo espero la hora de la cena y de paso a Sísifo y Cid.

— Ya veo, no quieres entrar tu solo.

— Exacto, ¡no!, es decir... bueno no quiero ser el único idiota que haya llegado temprano.

— Pues vamos, ya somos dos idiotas.

Los ojos ambar de Helia se fijan en Aspros y ésta le sonríe.

No la conocía demasiado, pero si Défteros confiaba en ella, debía ser una buena muchacha, de eso no había duda.
Bajó del vehículo y se acomodó un poco el traje.

— No, espera. Quítate el saco, no es una reunión demasiado formal.

— Tú crees que voy muy ...formal?

— Que digo, pareces un anciano.

—¿Que sugieres, DIOSA DE LA MODA?

— Jaja, ya te dije, deja el saco, desprende tu camisa y quítate la corbata también.

Deja eso para el día de la boda.

Aspros obedece, teniendo en cuenta que Heli podía ser un poco mas avispada en esos temas, y le sigue la corriente sin chistar.

—¿Ya?

— Si, mucho mejor. Te quitaste como 10 años de encima.

—¿Me dices viejo? No lo creo...

— Jaj, tranquilo, sé que no lo eres, pero con ese atuendo te veías terrible.

— Bueno, ya sólo faltan 10 minutos  será mejor entrar.

Ambos cruzaron la calle en dirección a la entrada principal de la mansión.

El gemelo estaba sumamente nervioso y Helia lo notó, mas no entendía la razón por la cuál Aspros estaba tan inquieto.

Sin pensarlo demasiado, enlazó su brazo con el del capitán Kallis y le sonrió una vez más, intentando así, calmar al hombre y haciéndole saber que sea lo que sea que lo tenía alterado, no estaba solo.

— Tocaré el timbre, ¿está bien?

—¿Mmm?

—Aspros deja de viajar, ya llegamos hace rato y sigues sin aterrizar.

—Discúlpame, es que tuve una sensación extraña y...

— Bienvenidos, señorita Helia, Capitán Kallis.

— Buenas noches, Vlad. Espero no hayamos llegado tarde.

— Descuide, señorita. Son los primeros en llegar.

—¡¡Heli!!

Kardia bajaba las escaleras, en cuanto oyó el timbre y vió de quienes se trataba.

Corrió hacia la recién llegada y la abrazó levantándola en el aire, mientras dió un giro completo antes de volver a apoyar el cuerpo de Helia en el piso.

—¡¡Kardiaaaa, mi cabello, dioses!!

—Jajaja, ¿que tiene? siempre está igual, pareces un león saliendo de un tifón, Akrivou.

— Serás...

— Aspros, bienvenido.

— Ahh, ¿a él le das la mano y a mi me sacudes como un saco de verduras...? ¡¡Kardia te odiooo, me desalineaste completamente!!

Aspros no aguantaba la risa al ver como la griega se acomodaba la blusa con celeridad.

—¿No saben nada de Sísifo o Cid?, es raro que justo ustedes dos hayan sido los puntuales.

— Kardia... si quieres nos vamos...

Helia miró extrañada al gemelo, parecía que eso lo había dicho muy en serio.

— Por favor, Kardia. Sé mas cordial, son tus amigos, pero también son invitados.

Aquella voz provino de la planta alta de la mansión.

Sonja bajaba por aquella escalera ancha de manera elegante y a los ojos de ambos capitanes, parecía hacerlo en cámara lenta.

— Mi amor, no me malinterpretes, sólo bromeo con ellos pues.

— Felicidades, Sonja, espero que este tonto se comporte contigo.

— Pues hasta ahora va bien. ¿Eras Helia, verdad?

La griega asiente y ambas miran a Kardia divertidas.

Aspros rompe su propia burbuja y se acerca lentamente a la rubia, se inclina y le toma de la mano, dándole un breve beso en el dorso de la misma, luego se aleja lentamente conectando sus ojos azules con los de la muchacha.

— Felicidades, rubia... a ambos —dice girándo rápidamente hacia donde estaba Kardia.

—M-Muchas gracias...—susurra Sonja

Sin duda aquel gesto había inquietado a la sueca, quien se ruborizó un poco ante aquella actitud del gemelo.

— La cena está lista, joven Kardia. La serviré cuando usted ordene.

— Gracias, Vlad. Aunque creo que ya iremos al comedor, tal parece que seremos solo nosotros cuatro.

Kardia observó su reloj pulsera y vió que la hora ya estaba demasiado avanzada.

Conocía a la perfección a Sísifo y a Cid y era extraño que ambos se hayan retrasado.

Para Aspros, aquella situación tampoco pasó desapercibida, ya que ambos eran muy puntuales e incluso solían estar antes que él en algún viaje.

— Algo debió retrasarlos.

— Si, es posible. Pero no los haré esperar mas, ya si llegan, Vlad los hará pasar y se nos unirán en la cena.

Sin más, ambas parejas fueron al comedor principal, donde la cena estaba perfectamente servida y la mesa, adornada finamente para recibir a los comensales.

La noche se desarrolló con normalidad, aunque ciertas ausencias aún hacían eco en la mente de ambos capitanes.

Conocían a sus amigos a la perfección y aquel hecho era sumamente extraño.

Sin embargo, la charla entre los cuatro, se desarrollaba con normalidad, y tener a Aspros en la mesa, era importante para Kardia ya que tenía una oferta que podría interesarle a su amigo.

—Aspros, no tienes viajes programados ya, ¿verdad?

Sonja y Heli dejaron de conversar por un momento y centraron su atención en aquella conversación.

— No hasta enero nuevamente, cuando las aguas estén cálidas, ¿por qué lo preguntas?

— Es que quería ofrecerte un pequeño trabajo como administrador en el astillero de mi padre.

Eres técnico naval y también perito, sabes de mecánica.

—¿Igual que tú?

— Si, pero yo además tengo la empresa. ¿no te gustaría estar en el astillero por 6 meses?

Ya en febrero vendrá alguien más a ocupar el puesto y tú regresarías al mar.

—¿Lo puedo meditar?

— Piénsalo, por favor. Sólo considera que no entrarás como un subordinado sino como un socio mío.

Eres capitán de ultramar(*) no puedo tratarte menos que un socio.

Aspros le sonríe.

— De acuerdo. Está bien, lo haré sólo porque necesitas mi ayuda, no te preocupes por la paga, somos amigos después de todo.

— Gracias por aceptar.

El diálogo es interrumpido por un sonido recurrente.

— Disculpen, al parecer tengo un mensaje.

Kardia tomó su móvil y observó.

Lo que leyó en aquel mensaje, casi le sacó el alma del cuerpo.

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(*) Viper, Dodge: es el modelo de automóvil que maneja Defteros en el fic.
El Dodge Viper es un automóvil deportivo estadounidense producido por Dodge (ahora bajo la marca Ram) desde 1992 hasta 2017. Es conocido por su diseño agresivo, motor potente y características de rendimiento excepcionales.
El Viper es un símbolo de la cultura automotriz estadounidense y ha sido popular entre los entusiastas de los autos deportivos y de alta velocidad.

(*)Capitán de Ultramar: Un capitán de ultramar es un oficial naval experimentado y altamente capacitado que está al mando de un barco o una flota que navega en aguas internacionales o en largas travesías oceánicas.

Estos capitanes poseen una gran experiencia y habilidades en navegación, liderazgo y toma de decisiones, lo que les permite dirigir con éxito misiones y operaciones en el mar.

Chapter Text

—¡Kardia, Kardia! ¿¿que te ocurre, por Zeus estás pálido!?

— C-Cid... él... Aspros...

—¿¡Que tiene Cid?!, ¡¡Kardia, habla de una vez!!

— Él, está en el hospital.

—¿¡Que?!

Aspros se pone de pié inmediatamente.

—Voy para allá.

—¿¡Pero que ocurrió!?

Helia estaba preocupada. El rostro de ambos amigos le decía que aquello no era normal.

— Uno de los cables de amarre se soltó del cabo del muelle y lo golpeó. Sísifo acaba de avisarme que está en urgencias ahora mismo.

—Pues en ese caso, vamos todos.

Sonja también se levantó de su asiento y los cuatro salieron rápidamente de aquel sitio rumbo al hospital central de Meteora.

Una vez allí, se anunciaron y preguntaron por su amigo.
Fueron guiados hacia la sala donde yacía Cid, viendo en el pasillo, a Sísifo completamente quebrado.

— Sís...

Aspros corrió hacia él y lo abrazó. Sabía lo que él y Cid habían estado cosechando durante esos meses a bordo del carguero y comprendía el dolor y la preocupación de su amigo.

— Todo estará bien, ya verás.

—Fué mi culpa. Si no hubiera extraviado mis llaves y...

—No, esto no ha sido una casualidad.

Sísifo observó a su capitán y luego vió como Kardia, poco a poco se acercaba a él.

— Aspros tiene razón, esto ha sido culpa de aquel objeto endemoniado.

Los 3 amigos cruzan miradas, sabiendo que estaban en lo correcto. Cada uno ya había sufrido algún tipo de accidente, aunque aún faltaba el castaño.
Ésto heló su sangre y lo preocupó aún más.

Helia y Sonja se acercaron al grupo de amigos, a preguntar por la salud del español.

—¿Cómo está él, señor Alkaios?

— Sonja... dioses, ustedes deberían estar celebrando.

—Olvída eso, ya habrá tiempo de celebrar, ahora lo importante es nuestro amigo.

Kardia lo reconforta y nuevamente, el castaño lleva su mirada al suelo, completamente preocupado.

—No lo sé, el médico aún no ha salido a anunciar nada al respecto.

Justo en aquel instante, la sala de quirófano dió luz verde.
El médico que había atendido a Cid Barrull, salía con una planilla en mano y se dirigía a paso firme hacia Sísifo y el resto del grupo.

— Doctor, ¿como está él? ¿como está Cid?

— Tranquilos todos. Como sabrán el cable de amarre no lo golpeó directamente y eso es una buena noticia, sin embargo se llevó dos costillas fracturadas y se rompió la nariz, pero está perfectamente.
Ahora descansa producto de la anestesia, pero pronto despertará y podrán verle.

—Gracias a Zeus...

El castaño respira aliviado. Aquella reacción le parece a Kardia un tanto curiosa.
Notó que Sísifo se preocupaba de una manera algo especial por su camarada, y no dejaría de prenguntarle a Aspros al respecto.

Luego de unas horas allí, por fin Cid despertó y puedieron entrar a verle.
Decidieron enviar primero al contramaestre, ya que era él quien estaba mas alterado por lo ocurrido.

Al entrar a la sala, el timonel le regala una sonrisa.

— Cid...

— Justo eres a quien yo deseaba ver.

El español le mira de forma tierna, haciendo que una lágrima ruede por el hermoso rostro del castaño.

— No llores, ¿no ves que estoy bien? joder Sís, cambia esa cara de una vez

— Temí que algo mas grave te sucediera ...— susurró con la voz casi quebrada.

— Ya ves que estoy bién. Ven acércate a mi lado. Me urge sentir tu tacto.

Sísifo se acercó a él conforme lo pidió y tomó la mano de su camarada, estrechándola fuertemente.

— En verdad, no sabes lo feliz que me hace que estés bien.

~•~•~♧~•~•~

—Así que también sentiste algo extraño...

Kardia se aparta un poco de Helia y Sonja para hablar con Aspros.

— Justo antes de entrar a la mansión. Es como si el viento hubiera cambiado.

Comenzó a soplar de manera extraña, justo como...

— Como la noche que abrimos el libro.

Aspros asiente.

— La noche de la muerte de mis padres y del accidente que sufriste, sentí exactamente igual, y hace un rato fué lo mismo.

—¿Si vamos de nueva cuenta con el padre de Heli?

— No lo sé, Aspros. De nuevo nos va a regañar y nos dirá que debemos buscar esa cochina espada.

No me agrada que me digan que hacer...

— Kardia, pasa que creo que si no comenzamos a buscarla, los accidentes no cesarán hasta que un día...

— Si, lo sé. Ni lo menciones. Si no somos nosotros, serán los que amamos.

Debemos hablar con los muchachos.

Kardia camina hacia su amiga y su prometida, y les pide a ambas que aguarden en el pasillo mientras él y Aspros entran a hablar con sus compañeros dentro de la sala.

Por fin la Hermandad se pondría en marcha y procurarían comenzar con la búsqueda de Zafiro al ver que el peligro era inminente.

— Ya estamos todos aquí, es hora de decidir que haremos.

Kardia era quien hablaba al grupo, después de lo acontecido con sus padres, todo ese asunto comenzó a preocuparle, temía no solo por su vida y la de sus amigos, sino también por la de su futura esposa.

— Tenemos que ir donde el sr. Helios y si tenemos suerte, hablar nuevamente con él y con la rusa.— Propuso Cid

— Natassia Vassilieva...¿me pregunto que papel cumple en todo esto?. Parece ser que es quien más sabe del asunto.
Si queremos saber que hacer, deberíamos hablar con ella mas que nada.

— Tienes razón, Aspros. El tema es encontrarla.
Por lo pronto sólo estaría el señor Helios a nuestro alcance.

— Aún así, Cid. Tenemos que intarlo o estas fatalidades no acabarán jamás.— finalizó Sísifo.

Del otro lado de la sala, ambas mujeres conversaban, aunque Sonja sabía que era aquello que posiblemente ocurría entre su prometido y sus amigos, puesto que ella estuvo presente en la reunión en la que Helios y Natassia les explicaron las consecuencias de abrir aquel libro que habían encontrado los tripulantes del Artemis.

—Y dime, ¿llevas mucho tiempo conociendo a Kardia?

Aquella pregunta descolocó un poco a Helia, quien tenía en su mente lo que podría estar sucediendo entre los cuatro hombres dentro de la sala.

—¿¡Eh!?

— Kardia y tú, ¿hace cuanto se conocen? El me ha dicho que desde siempre pero no me contó mucho más.

— No te mintió.
De hecho sí, conozco a Kardia desde que se comía los mocos.

— Jajaj, dioses. Espera, eran muy pequeños entonces.

— Él mas bien, porque yo tenía 10 años cuando el tenia 5 y era un mocoso hiperactivo.
Recuerdo que le gustaba correr cerca del muelle cuando papá y el sr. Zaphiri iban al astillero.

— Ah mira, sigue con la misma energía...— dijo la sueca pero rápifamente se tapó la boca con ambas manos.—D-Disculpa no debí decir eso.

— Jajaajaj, pues no me sorprendería, aún es joven.
Pero no te avergüences, recuerda que yo lo conosco de hace mil años, lo que me cuentes de él no me escandaliza en absoluto.

— Creo que tu y yo seremos buenas amigas, Heli.

— Jajaa mas si quieres saber de Kardia y las estupideces que hacía de pequeño, yo encantada.

~•~•~♧~•~•~

Los meses fueron pasando.

Cid salió del hospital, se había recuperado satisfactoriamente y estaba listo para navegar otra vez.

Sísifo lo acompañó siempre, hasta que sus costillas sanaron por completo.

Finalmente aquel castaño y Merope se separaron y el contramestre tomó la decisión de irse a vivir con su camarada.

Paralelamente Kardia y Sonja hacían los preparativos para su boda.

Ya sólo faltaba un mes para el cumpleaños de Kardia y por consiguiente, la celebración de su matrimonio con aquella hermosa sueca.

Aspros aún seguía en el departamento de su hermano.

Decidió rentar la casa de la ciudad e irse a vivir con Defteros, pues le quedaba todo de paso.
La escuela de los gemelos, y la ruta de camino al astillero, pues sí, tal y como se lo había dicho a Kardia, aceptó supervisar aquel sitio mientras su amigo ponía en orden la empresa de su padre.

Con lo que no contaba aquel griego de ojos azules, era que Sonja Dybeck se cruzaría con él en aquel sitio cada semana, pues era ella quien debía supervisar los contratos y los balances.

Ese trabajo era de Dégel, pero el francés aún se encontraba cursando su último año y no podían requerir de él por el momento.

Pese a los intentos de Aspros de seguir los consejos tanto de su hermano como los de sus amigos, le fué imposible prácticamente ignorar a la hermosa rubia que se paseaba cada semana por aquel lugar repleto de hombres y maquinarias y ... más hombres.

Y es que el rubio debía firmar las autorizaciones para la construcción de los buques y que estos pasen las diferentes pruebas de seguridad de la infraestructura tanto de los cascos como del interior de la sala de máquinas, por algo Kardia lo puso en ese puesto; al ostentar el título de perito naval y maquinista en primer rango, además de mecánico y por sobre todo, Capitán.

Si su amigo confiaba en él, debía hacer un buen trabajo y eso implicaba rendirle cuentas, por esa razón veía a la sueca cada semana, pues ella revisaba esas autorizaciones y luego se las llevaba a Kardia.

— Buenos días , capitán. Espero tenga los informes semanales.

— Dybeck, ¿que, ahora cuestionas mi impecable reaponsabilidad? Claro que tengo listos los informes, rubia.

— Pues dámelos, y mi nombre es Sonja, ya te lo he dicho.

— Creí que no ibamos a tutearnos. Pones las reglas y las rompes tú misma.

—¿Y por culpa de quién?

— Jaj, esta bien asumo mi culpa. ¿Como has estado? ¿Kardia no piensa venir más?

La muchacha niega con la cabeza.

— Esta muy atareado por los contratos con los propietarios, además que debe seleccionar a los capitanes de varios cargueros y aprovisionar los mismos, sabes que si algo sale mal...

— Se perderá mucho dinero, sí lo se. Y yo estoy aquí entre cuatro paredes viendo planillas de mierda...

El semblante del capitán se torna triste y se deja caer en la silla giratoria en señal de derrota.

Sonja se sienta frente a él y lo observa con curiosidad.

— Parece que estuvieras siendo torturado aquí.

Creí que te gustaba trabajar con barcos.

— Buques... y sí me encantan, pero trabajar en ellos, a bordo, no así.

Al estar aquí siento que estoy en una pequeña jaula de tortura.

—¿Y en que difiere? Digo, además de que no tienes que estar todo el tiempo arriba del bar ...— Aspros la mira serio— ...del buque, claro.

— La vida de los hombres de mar se desarrolla arriba de una nave, linda. Todo lo que amamos esta sobre ese armazón que puede surcar las grandes masas de agua.

No puedo explicarte con palabras. A nosotros nos apasiona estar sobre un buque y no somos nada si ellos.

—Kardia me dijo eso una vez, incluso me ofreció un viaje a bordo de un velero, sólo para que experimente esa sensación que intentas describirme.

— Pues, sólo experimentarás una parte...

—¿ Por qué sólo una parte?

— Porque lo disfrutas completamente y te sientes pleno, sólo si naciste para navegar, de lo contrario, solo es una emoción del momento.

La pasión con la que Aspros le explicaba sus experiencias embelezaron a Sonja, quien lo oía atentamente.

Poco a poco y a medida que los días se sucedían, ambos aprovechaban el tiempo a solas en la oficina del capitán Kallis, para que éste le cuente sus vivencias en altamar.

Se acostumbraron rápidamente a la compañía mutua, surgiendo entre ambos una relación cercana de amistad y confianza, o al menos así era como Sonja lo veía, porque para el griego, las cosas se complicaban en su mente y ese sentimiento que de inicio trató de aplacar, poco a poco se acrecentaba en la medida que pasaba más tiempo con aquella mujer.

Para cuando él se decidiera alejarse, definitivamente ya sería demasiado tarde.

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Los exámenes de fin de semestre se habían adelantado, pues los programas de estudio se habían completado satisfactoriamente.

Aquella mañana, Dégel se levantó muy temprano para repasar los últmos temas que le quedaron algo superficiales y fijarlos para la hora del exámen, el cual contaba con dos etapas, una escrita y una oral.

Se había preparado arduamente, pues su profesor les había dado el privilegio de elegir y desarrollar un tema a su elección, el cual estaría sujeto a preguntas en la etapa oral.

La última materia de la carrera: Derecho Internacional de los Derechos Humanos y el tema que eligió: Organización de Naciones Unidas y el Derecho de No discriminación y Autonomía Personal
Sin duda un tema que tocaba un poco las fibras sensibles, tanto suyas como de muchos otros, pero estaba decidido a dar lo mejor de sí.

Se alistó y bajó a desayunar una hora antes para ir camino a la Universidad sin prisa.

—Bonjour, cherí. Estas despierto muy temprano el día de hoy.

—¿¡Mamá que haces fuera de la cama!?

—¿Tengo...hambre? Dégel tranquilo, no pasa nada, pero debo comer porque el pequeño y yo moriremos de inanición.

Ante aquellos dichos el joven no pudo evitar soltar una carcajada.

— Ya vas cuatro meses, ¿como te sientes?

— Creo que bien, sólo tengo hambre y sueño.
Nada de náuseas y desmayos, por fortuna.

— Oye, Adi... ¿sabes si papá, pensó aquello que hablamos? Me refiero al tema sobre el trabajo en Grecia.

Adeline tomó un bizcocho y una taza de café y se sentó al lado del hermoso joven.

— Me prometió que reconsideraría la posibilidad de que viajaras, pero si dabas bien en tus exámenes.
Y además dió otra condición a mi juicio, innecesaria.

— ¿Cuál, dime cuál es esa condición?

— Que antes de permitirte viajar, esperará a que nazca Camus.

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Chapter Text

El día de la boda entre Kardia Doukas y Sonja Dybeck había llegado.
La sala principal del Royal Casino de la ciudad de Meteora, sería el escenario del evento.
La hora se aproximaba y los invitados iban llegando poco a poco.

Sábado 23 de Octubre, una fecha que sería recordada por muchos, como la boda del capitán Doukas y por otros, como el día mas terrible de sus vidas, y ese era el caso de Aspros.

Y es que a pesar de los sabios e insistentes consejos de tomar distancia, tanto de parte de su hermano como de parte de Sísifo, él simplemente decidió ignorarlos y se metió derechito a la boca del lobo; una oscuridad de la que sólo el mismo podía salirse.

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Un par de meses antes...

Sabes que no lo apruebo, Aspros. ¿Por qué no me pediste a mí el empleo si eso era lo que necesitabas? ¿¡Con qué necesidad vas y te metes otra vez con la novia de Kardia!?

Def, dos cosas. La primera, no es que necesite el empleo, sino que Kardia me pidió ayuda, y segundo, ¡¡yo no sabia que Sonja estaría metida también en el astillero!! No soy adivino todavía. Ah y no me grites que el mayor aquí, soy yo.

¡¡ Y también el más imprudente!!. Sabes, me pegunto a veces, por no decir la mayoría del tiempo... ¿que mierda tienes en la cabeza, Aspros?

Tranquilo, sé mis límites, hermanito. No haré nada que perjudique a Kardia en absoluto.

Olvídate de una vez de esa mujer.

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Y no, no la olvidó. Pero Aspros si cumpliría su palabra o al menos lo intentaría.
Una vez que la boda termine, él y su tripulación tenían un nuevo viaje por emprender y se alejaría de aquella rubia definitivamente, no sólo por los dichos de Defteros, sino también por los consejos de su contramaestre y sobre todo, por preservar su amistad con Kardia.

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Semanas antes de la boda...

¿¡Que hiciste qué?! No puedo creerlo, si te digo que no hagas determinada cosa y es lo primero que haces, Aspros.
Cid tenía razón sobre ti, si no tienes problemas, los buscas.

Ya veo, también vas a juzgarme.

No es eso. Pero he sido testigo de tu amistad con Kardia y esto me tiene incómodo realmente y a Cid igual. ¿Como es que aceptas un trabajo en el que estas codo a codo con Sonja sabiendo lo que sientes por ella? ¿Acaso eres masoquista?_"

¡¡Es que no he hecho nada!! ¿¡Porqué no pueden entenderlo!? Yo nada mas les confesé mis sentimientos y ustedes ya suponen idioteces.

Pues ni siquiera deberías tener ese tipo de sentimientos, y eso es lo que nos haces suponer...

Bueno, pero como le dije a Def, sé mis límites, mi estimado contramaestre.

Si tu lo dices... es mejor que te alejes del todo y reordenes tus ideas, Aspros... antes de que caigas en un pantano del cual ya no puedas salir.

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Sísifo pareció ver el futuro en aquella última charla que tuvo.
Ahora estaba allí, siendo testigo del novio, al menos disimulaba muy bien para estar hasta la nuca metido con Sonja Dybeck, pero no le quedaba de otra, era un hombre de palabra y cumpliría lo que se había auto impuesto.

Todos los invitados ya estaban tomando posición y pronto daria inicio a la ceremonia, aún faltaba media hora para que ambos novios se hicieran presentes en el altar.

~•~•~♧~•~•~

Se volvió a desatar el nudo de la corbata por quinta vez. A sus ojos, estaba torcido, y para colmo la pequeña prenda se arrugaba cada vez que intentaba colocarla con prolijidad.

— Vlad, si sigo así llegaré al Royal en la noche.

— Tranquilo, joven. Permítame ayudarle, no deje que sus nervios le impidan ver que está todo en orden.

— Tal vez tengas razón. De acuerdo, confío en ti, ya lo sabes. Mejor colócame tu la corbata que sino me volveré loco.

Vlad le sonrió ante aquellos dichos y es que sí, no todos los días se contrae matrimonio y el joven capitán estaba justificado de tantos nervios que se cargaba.

Cuando el mayordomo terminó de anudar la corbata, el teléfono móvil pareció receptar un mensaje, pero éste fué ignorado por Kardia, quien volvió a consultar su reloj para evitar llegar tarde a la ceremonia.

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—¡¡Merde!!

—Dégel, ¿que ocurre cariño? ¿Que te molesta?

— Adi... L-Lamento haberte despertado, sólo enviaba un mensaje, pero al parecer el móvil no funciona muy bien.

—¿Es eso, o mas bien no te respuestan?

Dégel agachó la cabeza. Obviamente que no le respondían y aunque él quisiera que la falla fuera del aparato, sabia que en el fondo, la realidad era que ni siquiera habían leído los mensajes.

— No, ni siquiera me lee, Adi. Creo que está molesto conmigo porque me tardé demasiado en matricularme.

— Mi amor, sabes que no es así. No lo creo, por lo que me has dicho de Kardia, no puedo creer que te deje de lado deliberadamente, tal vez está ocupado, dale tiempo.

—¿Crees que estoy siendo demasiado ... no lo sé, asfixiante para él? No quiero que de pronto me diga que se cansó de mí o que soy agobiante.

— Ven aquí.

Adeline cierra la puerta de la habitación y toma asiento al lado de su hijo, le acaricia el rostro y éste apoya la cabeza recostándose sobre el regaso de la mujer, mientras ella continúa recorriendo suavemente el cabello castaño verdoso del muchacho.

— Dégel, tú eres especial. Sólo que no se porque razón no lo ves.

Eres amable, educado, sensible y cariñoso, ¿porqué alguien pensaría que eres asfixiante o algo así? Además si es ese el caso y Kardia piensa eso de tí, pues la verdad no vale la pena, mi amor.

—¿Que quieres decir?

—Que si él piensa que eres agobiante y además está molesto por una tontería como lo es que tarde tu matrícula, no te merece, Dégel.

Ahora cambia esa cara y piensa que tal vez Kardia si esta ocupado y te responderá cuando pueda, recuerda que tiene muchas mas responsabilidades ahora, ¿no es así?

— Tienes razón. Además de ser capitán ahora debe hacerse cargo de muchas cosas después de la muerte de sus padres.

—¿Lo ves? Ya te responderá, no te angusties y mejor vamos a comer helado de fresa.

—¿Con almendras?

— Pues sí, a Camus y a mi nos encantan tanto como a ti. Así que creo que Krest nos trajo bastante.

Dégel posa su mano en la barriga de cinco meses de su madre.

—¿Como crees que será?

—Quien sabe, lo veremos cuando nazca, pero estoy segura de que será tan hermoso como tú.

Ante aquellas palabras, el joven abraza a la pelirroja y le planta un beso cariñoso en la mejilla.

— Te amo, Adi.

La mujer le sonríe y le toma de la mano, bajando ambos a la cocina por el mencionado postre.

~•~•~♧~•~•~

No muy lejos de la hermosa casona que compartía la familia Garnier, en la ciudad de Rouen, una charla bastante extraña estaba teniendo lugar.

Y es que a unas diez cuadras del hogar de Krest, cierto abogado había rentado una propiedad con el único objetivo de esperar la oportunidad para hacerle la vida de cuadritos al asesor del duque.

—¿Y, como vas con lo que hemos hablado, ya te acercaste al mocoso?

— Estoy en ello, tío. Pero es complicado.

Dégel no es que se fíe de cualquiera, es bastante reservado y hermético.

— Edith, es simple. Sólo acércate a él y sé amable. No puedo creer que en todos estos meses no hayas podido quedar con él mas de dos veces, mon dieu.

—Dégel es un tanto complicado, mon amour. Lo ha sido desde pequeño.

Quien hablaba no era otra que Cordelia Rosilvieau, la madre de Dégel.

—¿ A que te refieres con "complicado"?

¡¡Por favor!! Se supone que estaría vulnerable después del incidente con los ladrones y que Edith se ofrecería a ayudarle y entrarían en confianza, además, no es que sea la joven mas hermosa del mundo, pero es atractiva y...

— A eso me refiero. No importa que tan hermosa sea tu sobrina, Gerard. A Dégel nunca le va a gustar.

— Ni mas faltaba... hasta eso tengo en contra.

Bien no me importa si no llega a gustarle, con que sean amigos me conformo, sólo debe entrar en confianza y sacarle información, no puede ser tan difícil.

— Tío, te juro que lo he intentado pero ya te dije, es demasiado reservado y no se abre tan fácilmente a lo que le aflije.

—¡¡ Pues insiste!! Tengo que saber alguna cosa con la que pueda desgraciar a Krest.

No es perfecto, yo lo sé. Si mi hermano arruinó parte de su vida, yo completaré la tarea.
Tendrá su merecido luego de haberme humillado frente a todos aquella noche del cumpleaños del duque.

—Que, ¿no te fué suficiente que tu hermano le haya quitado la mitad de los bienes y tú a su esposa? Que ambicioso eres, mi amor.

Cordelia lo abraza por el cuello y lo besa de modo seductor, pero el abogado la aparta suavemente.

— Hmm, tienes razón. Pero ahora, el muy hijo de puta tiene mas dinero y a una nueva esposa mucho mas joven y ...

Se detiene súbitamente de su diálogo al ver como la mujer se le quedó viendo fíjamente.

—¿Bonita?¿eso ibas a decir? ¿¡Así que también fuiste a esa fiesta con la intención de seducir a la maldita zorra de Adeline von Bayern?! Con razón no quisiste que te acompañara sinvergüenza, hijo de...

— No te ofendas, mi amor. Y no la llames así tampoco.

Lady Adeline al menos no se ha tirado a nadie mas que a tu ex esposo. En cambio tú...

— Vete a la mierda, Gerard...

El hombre la toma de la cintura y la besa violentamente, mientras Cordelia intenta safarse de su agarre.

La ofensa había sido grande, pero la ex modelo termina cediendo ante aquellas muestras de afecto.

— Lo siento, mon amour. Aún sigues siendo hermosa y de eso no hay dudas .

El plan sólo era joder a Krest, pero si lo piensas mejor, ahora si podemos sacarle beneficios a su dinero y a su posición.

— Si tu sobrina logra algo con Dégel... y eso es técnicamente imposible, así que olvídate de que Edith entrará a la casa.

Mi hijo no la llevará allí a menos que sean muy amigos o sean pareja, y lo segundo jamás ocurrirá.

—Lo sé, lo sé. Por ahora mi actuar depende de lo que tu hijo comparta con Edith. Al parecer aquel robo planificado no sirvió de nada.

—  No, pero casi lastimas a mi hijo. Eso fue muy estúpido y lo sabes.

— No fué mi culpa, no sabía que uno de los tipos que contraté era un maldito psicópata y además violento. Lo bueno es que ya no trabaja para mí.

— Enhorabuena.—dice finalmente Cordelia, quien se retira de la sala para dejar a solas nuevamente al abogado y a su sobrina.

— Procura acercarte más a él. No falta mucho para el receso de la Universidad.

Cualquier cosa que averigües me sirve, Edith. Por mas estúpida que sea, no dudes en transmitírmelo.

— Descuida, tio. Haré lo que me pides.

~•~•~♧~•~•~

—¿ Y, que tal el helado?

—Mmm, delicioso. Gracias Adi.

— Le insistí a tu padre que traiga bastante, a él le debes la gratitud, jajaa.

Dégel le sonríe, pero rápidamente, parece recordar alguna cosa.

—¿Que tienes, mi vida? ¿Que te ocurre?

— Nada es sólo que... bueno, papá no ha dicho más una sola palabra de lo del nuevo viaje a Grecia ni de mi trabajo allá. Estoy pensando que ni siquiera lo está considerando.

— Hmm, ahora que lo mencionas, ha estado sumido en mucho trabajo. Tal vez sea hora de recordárselo.

—¿Harías eso por mí?

— Le preguntaré una vez más que piensa hacer, aunque recuerda que la última vez dijo que esperaría a que naciera Camie. Creo que quiere que conozcas a tu hermanito.

— Es verdad, con este asunto de Kardia, lo olvidé. Mejor no le digas nada, ya veo que si le insisto demasiado cambia de opinión. Además también quiero conocer a mi hermanito, así que me aguantaré hasta entonces.

Dégel apoya su mano en el vientre de la esposa de su padre y ambos sonríen, cómplices en aquella charla la cuál fué interrumpida por el sonido repentino del teléfono móvil del joven .

—¿Será...?

—¡¡Atiende, rápido!!

Dégel saca el móvil de su chaqueta y observa la pantalla.

Se había puesto de pié de la emoción, pero rápidamente tomó asiento casí dejándose caer en la silla.

— No es Kardia... es la tal Edith.

— ¿La muchacha que te ayudó con lo de la Uni?

— Ajam, a veces me siento acosado, créeme, pero no puedo ser hostil con ella luego de todo lo que ha hecho por mí.

— Pues no lo seas... ¿que quiere?

— Me invita a tomar algo a un bar a dos cuadras de aquí.

— Sospecho que no quieres ir...

— Iría pero... siento que la estoy ilusionando. No quiero nada con ella, Adi.

—¿Se lo has dicho?

— No pero, tampoco quiero que tome a mal mi rechazo, no se como expresarme al respecto.

— Cariño, mejor que le dejes las cosas en claro. Recuerda lo que pasas con Kardia por no decir las cosas.

Es mejor que esa chica sepa que tú no estás interesado en ella, antes de que se involucre mas contigo.

— Tienes razón. Aceptaré la propuesta y le diré como son las cosas, no quiero mas confusiones y tampoco quiero lastimarla.

— Ve, mi amor. Yo te excusaré con tu padre.

— Gracias, mamá.

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Chapter Text

Salió de la casa a las 8 de la noche, Edith esperaría hasta que Dégel pase a buscarla e irían juntos al bar que estaba a 2 cuadras de su casa.

El joven de ojos violáceos tenía en mente estar con la muchacha por un breve tiempo, pues no deseaba ilusionarla, además de que no sabía si aquella cita duraría mas de 15 minutos, luego de que le dijera que no tenía otras intenciones con ella mas que una simple amistad.

Caminó tranquilamente por la vereda hasta llegar a la locación donde vivía Edith y luego de tocar el timbre un par de veces antes de que la joven saliera a recibirlo, se marcharon juntos.
Al llegar al bar, eligieron una de las mesas cerca de la ventana, y ordenaron un par de cervezas, ya luego de ver como se desarrollaba la conversación entre ambos, decidiría si convendría pedir algo para cenar.

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La ceremonia había terminado y pronto se daría lugar a la cena en honor a los recién casados.

Kardia estaba feliz, algo mareado por el alcohol, pero feliz al fin y al cabo.
Sonja no estaba igual, pero también estaba feliz, aquella era la noche de sus sueños.

Luego de la cena iniciaría el baile, y los novios serían los encargados de abrir la pista.

—¿Como está, Capitán?

Aspros se voltea a ver a la muchacha que le habla, quien no era otra que Helia Akrivou.

—¿Viniste sola?

— Pues sí... ¿con quien querías que viniera? Además que te sorprende, tu también viniste solo, ¿no?

—Rayos, no me malinterpretes, sólo que pensé que estarías, no sé, ¿acompañada?

Helia se encoge de hombros y suspira.

— Bueno, tu hermano no pudo acompañarme.

—Pues me disculpo por eso. ¿Que carajo tenía que hacer hoy Def que no pudo venir contigo?
Ya dime que excusa te puso.

— Jjaj, no es excusa. De hecho, está en la editorial ahora mismo.
Trabaja para sacar los ejemplares del Magazine que saldrá mañana temprano, y yo...— le dice mostrando una cámara fotográfica profesional— soy quien le llevará las fotos para la portada.

Aspros le sonríe y no puede creer que alguien como aquella bonita joven , estuviese trabajando estando en una fiesta tan ostentosa en vez de divertirse.

— Pues... lo siento por Def, pero luego de tus dichosas fotos a Kardia, serás mi pareja de baile, así que mas te vale que te apresures a capturar los momentos porque no creo que el capitán Doukas esté cuerdo toda la noche.

—¡Que dices, si Kardia no ha bebido nada!

—Que no le hayas visto no quiere decir que no se haya bajado unas cuantas birras, mi estimada.

— De todas formas, es bueno bebiendo. Hemos hecho concursos y siempre me gana.

Aspros abre los ojos en señal de sorpresa, aquella muchacha no parecía del tipo que se dejaba llevar por las circunstancias, pero al parecer, Helia tenía lado mas relajado que ellos aún no conocían.

—¿Que...te sorprende? Mejor vamos a bailar ya que no me dejarás irme temprano. Sólo deja que le avise a Def.

—¡¡Pff... olvida a Def!! ¿¡Como es que te manda a trabajar en plena fiesta de casorio de tu amigo y encima tu le aceptas la estupidez!?

—B-Bueno, la verdad es que ambos creímos que era una buena oportunidad para un estelar, además Kardia es de buen parecer y tiene presencia, el país entero querrá saber de él y queríamos ser los primeros en divulgar las imágenes del evento.

—Pues al carajo...

Aspros saca su móvil y comienza a tipear lo que parecía ser un mensaje de texto.

—¿Que haces?

—Le aviso a mi hermano que vaya cerrando la editorial y se largue a casa, menos mal que le puse una niñera a los gemelos... dioses.

Helia ríe, al menos por esa noche y gracias a las ocurrencias del capitán Kallis, podría olvidar su trabajo y divertirse un poco.

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Entre cervezas y una pizza, dos jóvenes charlaban en un bar en Rouen.
Dégel y Edith conversaban amenamente acerca de su futuro después de recibirse de abogados.

— Seguirás alguna especialidad supongo. Después de la matrícula, nuestra carrera apenas estará comenzando.

—La verdad no lo había pensado, pero me han ofrecido un empleo en un astillero, así que derecho marítimo no estaría nada mal.

— Vaya, apenas sales recibido y ya con empleo. Bien por tí, Dégel.
Y cuéntame, ¿cómo conseguiste algo así? No todos los días alguien te llama para semejante tarea.

—Por un...( amigo? Que asco, Kardia no era para él un amigo!!!) Un chico al cual conocí hace 2 años cuando fuí de vacaciones a Grecia.
Su padre falleció y le dejó las empresas, como está sólo, me pidió ayuda y me ofreció ser socios.

— Ya, pues es una muy buena oportunidad para crecer profesionalmente, te felicito, en verdad me alegro por ti.

—Gracias. ¿Y tú, seguirás alguna especialidad en particular?

— Aún no lo sé. Me gustaría también derecho comercial como tú, pero mi tio dice que en derecho penal se gana muy bien.

— Tu tio es penalista? Vaya coincidencia, mi padre también...y dime ¿cual es su nombre? Tal vez lo conozca.

Edith, por unos instantes tuvo un ataque de nervios. Se había metido en un lío por hablar de más y ahora debía salir, puesto que sino, dejaría al descubierto los planes de su tio.

— No, no es. Sólo es un fanático, un autodidacta, digámosle.
En realidad soy la primera en mi familia con un título de grado.

Claramente una vil mentira.

— Entiendo. Bueno, al menos no tuviste la misma presión que yo tuve que sufrir con mi padre por terminar la carrera con honores.

— Yno sólo eso, Dégel. ¿Sabes que la ceremonia de graduación es en dos meses y eres medalla de oro por tu promedio excelente?

—¿C-Como?!

— Lo que oyes. Tu no fuiste mas a la Uni desde que aprobaste el último examen, pero tu nombre encabeza la lista, como el mejor puntaje de la carrera.

Dégel se queda boquiabierto, era más de lo que se hubiera imaginado y también era sin duda, un motivo excelente para negociar con Krest sobre su viaje a Grecia.

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—¿Cómo ves a nuestro querido capitán?

— Veo que va a matar a Helia del cansancio.

— Al menos no está cerca de la novia.

— Es un avance. Aunque muy en el fondo, creo que Aspros aún sangra por la herida.

—¿Y tú? Tu esposa también está aquí y se me hace que eso te tiene algo cabreado.

— No estoy cabreado, mas bien estoy un poco incómodo pero no es gran cosa.

Mientras Sísifo y Cid hablaban, no se percataron que Merope estaba a sus espaldas y caminaba directamente hacia ellos.

—Sísifo, ¿podemos hablar?

Cid se volteo a verla y la mirada intimidante del timonel, hizo retroceder unos pasos a la mujer.

—Merope...—Sísifo alterna su mirada entre su esposa y su compañero.

—¿Por favor?

—C-Claro,vamos afuera y...

— No es necesario. Yo me voy, después de todos, soy quien sale sobrando.

— Cid...—susurró el castaño.

El español se gira sobre sus pies y se aleja furioso de aquella escena.
Estaba seguro de que sólo le bastarían dos palabras a Merope, para convencer a Sísifo de que volviera a su lado.

— Ostia puta— susurró por lo bajo alejándose de allí lo mas rápido que pudo.

El contramaestre Alkaios vió como su compañero se alejaba a pasos ligeros. Suspiró pesadamente y sintió un leve nudo en la garganta al observarle.

— Tal parece que interrumpí algo importante, será mejor que me disculpe con él luego.

Sísifo la observa como diciéndole "no servirá de nada, el no necesita de tus disculpas"... volviendo a suspirar.

—¿Que sucede, Merope?

—Es Aioros. Quiere verte y estar contigo mas tiempo, como antes.

—¿Y...? Dejame adivinar, ¿tu quieres que yo regrese a la casa, es eso?

— Bueno, la verdad es que también estoy como Aioros, yo... te extraño en verdad y...

—¿Te oyes, mujer? Hace un año que me echaste y no fué la primera vez.

— Lo sé y lo siento, por favor Sísifo, no lo hagas por mí, pero piensa en Aioros

— Merope, la ultima vez que discutimos me mandaste a follarme a uno de mis camaradas, ¿lo recuerdas?
No puedo vivir peleando contigo por algo que tú no entiendes.
Mi trabajo es estar a bordo del carguero 1, 2 , 8 u 11 putos meses, no importa, es lo que amo hacer.

—Pero, nunca estás y...

—Me conociste siendo un marinero, ¿que es lo que te pasa? Creí que cuando me dijiste que me amabas, era que también amabas lo que yo amaba, y amo el mar.

—¿Que me quieres decir?

—Que si no puedes entenderme, entonces no tenemos nada de que hablar.
Yo jamás te cuestioné nada en todo el tiempo que llevamos juntos, pero esto dudo que avance si no eres capaz de entenderme.

—Puedes trabajar de algo mas y...

— Dioses... yo me preparé para ser tripulante, no para ser otra cosa ... ¿Sabes que? Mejor dejemos esto, iré por Aioros en la mañana y si gustas continuaremos esta charla o simplemente me lo llevaré al parque. No es justo para Kardia y Sonja que estemos hablando de estas mierdas en su boda.

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Ya eran pasadas las 10:30 pm y Dégel y Edith aún continuaban en aquel bar.
Pese a la idea del joven de terminar rápido con aquella cita, extrañamente le fué muy placentera.

Edith, muy lejos de hacerle sentir incómodo, habló con él de diversos temas que eran del interés de ambos.

Se hubieran quedado un poco más pero Dégel desvió la mirada hacia el ventanal y notó que ya no había demasiada gente por las calles, infiriendo que ya era una hora avanzada.

—Mon dieu, la hora ha pasado muy de prisa.

— Si, es que la charla ha estado interesante.

— Será mejor que nos vayamos antes de que se haga mas tarde. Te acompañaré a casa, ¿está bien?

La muchacha asiente, entrelazando su brazo con el de Dégel y ambos salen del bar, continuando su charla.
Luego de una breve caminata, por fin llegan a destino.

— Bueno, llegamos. Gracias por aceptar mi invitación, Dégel.

—Pues la verdad, ha sido un placer. Me divertí mucho, aunque te digo que no pensaba aceptar la salida.

—¿¡Que!? ¿Y eso por qué? ¿Acaso yo..?

—Nooo, no te preocupes, tu no eres el problema, es sólo que no estoy acostumbrado a las salidas, soy mas de quedarme en casa y aburrirme.

— Jaja, ay no me digas, pues entonces tendré que insistirte que salgamos mas seguido.

— La verdad, por mí encantado.

— Bueno nos vemos, ha sido una bonita noche.

— Adiós, que descanses.

El joven se inclina y le deposita un  beso suave en la mejilla. Edith se sonroja levemente, sonriéndole.
Ambos se despiden y Dégel se dirige a casa una vez mas.

Aquel día iniciaría una amistad con Edith, puesto que ella no había intentado nada más con él.
Dégel supuso que la joven se había dado cuenta de su desinterés para algo más que sólo una salida o juntada con amigos.

Aquella actitud de la chica, lo hizo sentirse cómodo con ella y decidió que no era tan malo tener una amiga después de todo.

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Algunas semanas después...

Pasó tiempo de la boda.
Kardia y Sonja habían ido de Luna de Miel a la isla de Milos, pues no querían alejarse demasiado de Grecia, ya que el capitán aún tenía negocios con la empresa heredada de su padre.

Un mes en aquella isla los hizo enamorarse aún mas tanto de su pareja como de aquel sitio tan idílico al cual habían decidido ir a visitar.

— Bueno, no es el velero que te prometí pero al menos es un yate de lujo.

—¿Bromeas? lo adoro. Es hermoso, gracias por esto, Kardia.

—Dale las gracias a Manigoldo, fué su regalo de bodas.

—Buen gusto el de tu amigo. Por cierto, ¿también fue él quien me obsequió el vestido del compromiso?

— Pues si, Mani es diseñador y uno de los mejores de Italia.

—¿Como es que tú y él...? No lo entiendo.

—¿Como nos conocemos?, pues de la vida... no, miento, de la primaria en realidad, era un estudiante de intercambio.
Congeniamos rápido, porque teníamos medio la misma personalidad.

— Vaya, amigo de un italiano, de un francés y el esposo de una sueca... y lo mas chistoso es que no hablas ninguno de esos idiomas ajjajaa.

— Oyeee, para tu información, rubia sexy, si sé hablar italiano.

— Vaya dotes, capitán.— le dice, coqueta

— Y no son los únicos. Tengo otros mas atrevidos pero eso ya luego te enseñaré.—Le dice, tomándole de la cintura y besándo la mejilla de su esposa.

—Jaja, dioses... eres terrible.

— Y eso que no me conoces del todo aún , imagínate.—Le susurra.

— Muy bién señor sexy, mejor veamos el itinerario que nos toca hoy antes de regresar a casa.
Aún nos quedan varios lugares por visitar de esta hermosa Isla.

— Como digas, mi amor.

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—¿Crees que fué lo correcto, papá?

—Pensé que te agradaba ese muchacho, no parece ser un mal hombre.

Lugonis mira extrañado a su hijo mayor.

— No conozco mucho a Kardia, pero sin duda que es un buen hombre, aunque...

— Por Dios, ¿que ocurre, Albafica, que te preocupa? Dilo de una buena vez.

—Que es un extranjero, por ejemplo. Creí que estarías en contra de ese matrimonio por esa causa pero no... Además, todos somos buenos hasta que nos provocan, padre.

—¿Insinúas que tu hermana podría sacar de sus casillas a su esposo?
Sería muy raro que no lo hiciera, ¿no lo crees?

— De todos modos me quedaré un tiempo aquí y veré que tal marcha todo entre ambos antes de regresar a Estocolmo.

— Como lo prefieras, yo partiré hoy a media noche. El clima de este sitio está fastidiándome.

Sin más, Lord Lugonis Dybeck se retira a su habitación, luego del coloquio con su hijo.
Parecía no importarle demasiado aquel destino que su hija había elegido, pero Albafica se quedaría a averiguar que clase de hombre era en realidad Kardia Doukas.

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Chapter 41: Desesperación

Chapter Text

Martes ,7 de Febrero de 2002.

La hermosa hija del duque de Baviera, Adeline Von Bayern Garnier, estaba internada en una clínica privada de Rouen con terribles contracciones.

Eran las 09:00 am y estaba todo listo en el quirófano para traer al mundo a un nuevo integrante de la familia, el pequeño Camus.

La felicidad de Krest era inmensa, había esperado con ansias aquel día en que por fín conocería a su segundo hijo.
Dégel estaba con él, ambos nerviosos esperaban algo impacientes en el pasillo, el resultado del parto.

Durante los meses precedentes, Adi había llevado una dieta estricta, pero más para preservar su salud ante todo, puesto que su diabetes, si bien estaba controlada, podía dispararse posterior al nacimiento del bebé.

— Papá, siéntate. ¡¡Me pones mas nervioso!! Harás un hoyo en el suelo del pasillo, mon dieu.

—¿¡Que quieres que haga?!¡¿Como quieres que esté!? Cuando seas padre sabrás como se siente.

— Ya, no creo que eso pase pero trataré de ser empático contigo. Ya siéntate, por favor. Que camines en circulos, no hará que los médicos salgan mas rápido.

Krest volvió a observar a su hijo y finalmente accedió a sentarse a su lado.
Poco después de estar charlando para calmar nervios, el cirujano sale de la sala con una enorme sonrisa, viendo a los hombres apostados en el pasillo.

— Felicidades, monsieur Garnier, acaba de ser padre de un varón saludable y muy hermoso.
Muy pronto podrán ver al bebé y a su madre en sala.

—¿Como está mi esposa?

— Está bien, monsieur. Sólo se le subió un poco la presión arterial pero ya la hemos estabilizado.

Krest respiró aliviado, mientras Dégel abrazó a su padre fuertemente por la cintura, apoyando su cabeza en el pecho del abogado.

— Felicidades, papá.

— G-Gracias, mi bebé.

—¿¡Como me llamasteeee!?

—¿¡Qué!? Eres mi primer bebé y siempre será así. No lo sabrás...

Dégel rueda los ojos y sonríe.

— Si, si... no lo sabré hasta que sea padre.— sonrió— Te amo mucho papá. Espero sigas igual de feliz por muchos años más.

— Tambien te amo, hijo. Ven, vamos a ver a tu madre y al pequeño Camie.

Al entrar a la sala, vieron como la enfermera envolvía al pequeño Camus en una manta de color blanca que resaltaba exitosamente el cabello rojizo del pequeño infante.

— Cielos, es hermoso. Papá, menos mal no salió igual a ti...y menos mal que yo tampoco, jaja.

— Cállese...

—¿ Como estan los dos hombres mas hermosos de mi vida?

Ambos le sonríen ante tales palabras y Krest coloca al pequeño Camus en brazos de su madre.

—¿ Cómo estás mi amor, cómo te sientes?—le pregunta el abogado, acariciándole el rostro.

— Estoy bien, cielo. Sólo algo exhausta. Dégel, cariño, ¿no quieres cargarlo?

— Me encantaría pero no quiero despertarlo.

— No te preocupes si lo despiertas, me gustaría ver sus ojitos.

Dégel le sonríe a su madre y se acerca sigilosamente hacia ella, tomando entre sus brazos al pequeño.
Camus dormía entre las extremidades de su hermano mayor.
Tenía sus pequeñas manitos cerradas, tomando el borde de la mantita con la que estaba cubierto.

Los ojos violáceos de Dégel se posaron en él, observándole atentemente. La piel del niño era blanca como la suya y tambien tenía otro detalle que compartían: las cejas bifurcadas, con la única diferencia en el color, pues Camus tenia el cabello y las cejas de un color rojo fuego, realmente era un bebé hermoso.

— En serio es muy lindo, Adi, papá. Felicidades a ambos.

— Muchas gracias, cariño.—Responde la pelirroja.

—¿Y ya tienen el otro nombre?

—¿Otro nombre? ¿Como que otro nombre, Dégel?

— Pues sí, papá así como yo tengo dos nombres...

— Bueno la verdad...—dice Krest viendo a su esposa— no habíamos pensado en ello.

— Sería lindo otro nombre... ¿que dices mon amour?, yo ya tengo uno.

— Pues te cedo el privilegio, soy muy malo para los nombres propios, Adi.

— ¿O sea que no le pusiste el nombre a Dégel?

— Mi "madre" me lo puso. De papá solo tengo el apellido.

— Ya veo, pues déjame decirte que tu nombre es hermoso Jean Dégel Garnier.

— Basta... solo Dégel, por favor... que horror.— Dijo, tapándose el rostro.

Adi y Krest se echan a reir ante la reacción del joven y luego de mirarse mutuamente, la pelirroja finalmente dirige su mirada al pequeño que nuevamente descansa en sus brazos.

— Pues te llamarás Camus Eugène Garnier.

—¿Eugène? ¿Por algo en particular?— pregunta el abogado arqueando una ceja.

Adeline alza ambos hombros y observa a su esposo sonriente.

—¿Soy fanática de Delacroix(*)?

— Pues tendrás que contarle al niño en algún momento de su vida, porque lo condenaste de ese modo.

Los tres se echan a reír ante el comentario de Krest, quedándose luego junto a la mamá primeriza y a su hermoso bebé.

_________________~•~__________________

El "Artemis" surcaba las aguas del mar Adriático, con un cargamento de granos provenientes de Egipto.
El carguero tenía como objetivo las costas de Croacia, específicamente, el puerto de Rijeka.

Una vez allí, la carga sería almacenada en los silos y nuevamente, subirían a bordo un nuevo cargamento de cemento y piedra caliza, cuyo destino sería el puerto de Atenas.

La tripulación estaba tranquila, Aspros estaba en la sala de mando revisando las rutas marítimas como de costumbre.
Su timonel estaba a su lado, manteniendo estable la línea de flotación, y en cubierta, su contramaestre daba ordenes precisas al resto de la tripulación, supervisando tareas específicas.

Cid tenía la mirada perdida en el horizonte y Aspros notó que algo no andaba bien, pues el español estaba algo ausente, prácticamente desde que habían zarpado de Volos hace ya un mes.

—¿Como has estado?

Cid se ve obligado a dirigir su mirada a su capitán.

—¿Normal... por?

— Jum, si claro... ¿como está todo con Sísifo? No les he visto juntos en casi todo el mes, ¿acaso pelearon?

— Bueno, nos dejaste en claro la última vez que no querías "ciertas demostraciones afectivas" arriba de tu nave, ¿no es así? Ahora me preguntas el porqué del distanciamiento.

—¡¡Jaja, ay que gracioso!! ¿¡Por quien me tomas!? ¡maldita sea!, sé perfectamente que te pasas mis órdenes por las pelotas ¿¡y aún así crees que puedes engañarme?! ¡dioses!

— Pues no pasa nada mas... señor intuitivo.

—¿Pues que te parece? No te creo ni mierda. Le preguntaré a Sísifo en la noche.

— ¡No!... carajo Aspros, ¿¡que te importa lo que nos pase?!

— Me importa porque son mis amigos, idiota.
Y quiero verlos bien a los dos y me incomoda que estén con esas caras de imbéciles y tratando de evitarse todo el tiempo como si fuera que...

— Es Merope.

Aspros toma una gran bocanada de aire que luego expulsa lentamente.

— Explícamelo con manzanas...— le pide masajeándose la sien.

— Habló con él. Sé que utilizó a Aioros para que Sis volviera con ella.

—Hmm, ¿tu crees que él... es decir que volvió como esposo?

Cid se encoje de hombros y suspira pesadamente.

—¿¡Tu que crees?! No creo que Merope sólo lo quiera para que adorne la casa.
Claramente que querrá que Sísifo le responda como esposo.

— ¿Ya hablaste con él? Porque si estás suponiendo estas pendejadas te voy a golpear.

— Pues lo estoy suponiendo... porque luego de la boda de Kardia, él no ha vuelto a hablarme siquiera y tampoco ha regresado conmigo... ¿¡que quieres que piense!?

— Pues piensa en cualquier cosa menos en la estupidez que me acabas de decir y mejor ve y habla con él.

Cid se aparta del timón y se encamina en dirección a la salida de la cabina para ir a cubierta.

—¡¡Quieto ahí, Barrull!!— le dice mirándole desafiante.

—¿¡Que!? Pero dijiste que...

— Estamos a 2 horas de tocar puerto, no harás nada a bordo de MI NAVE, creí que te quedó claro, maldito terco de mierda.

— Eres un cabrón hijo de perra, Kallis.

— Jum... lo sé, ahora vuelve a tu puesto o te voy a meter al calabozo, antes de darte un par de golpes, claro.

Cid se echa a reír a carcajadas mientras Aspros niega con la cabeza, esbozando una sonrisa.
Al menos pudo cambiar el humor de su timonel aquella mañana.

__________________~•~_________________

—¡¡Kardia, Kardia!!... ¡¡Ahh dioses!!

—¿Que... que tienes?...por Zeus.

El capitán esboza una sonrisa pícara, le gustaba ver como su esposa se retorcía ante los toques atrevidos que le propinaba.
Los besos en el cuello de Sonja eran suaves, mientras las manos de su esposo recorrían las curvas de su cuerpo con delicadeza.

Ésto le provocaba ciertas cosquillas a la sueca y por eso de tanto en tanto, jalaba el cabello del capitán haciéndole reír.

— Ok, ¿¡tu plan es dejarme calvo!?

— Mi plan, Kardia, es que hagamos el amor pero estas dando demasiadas vueltas y vas a volverme loca, ¡¡AHH Zeuuus!!

— Ajaj, déjame disfrutar de tu cuerpo un poco mas, no quiero que olvides estos días tan fácilmente.

La rubia suspira y sus ojos turquesa se posan en los de su esposo una vez más.
Ambos sonríen y Kardia no la hace esperar mucho más; esos dos tendrían una noche de fuego y pasión inolvidable.

Los besos entre ambos encendieron al capitán, quien de a poco descendió por el cuello y el torso de su esposa, acariciando sus senos y saboreando aquella piel tan blanca como la nieve.
Continuó acariciando la cintura de la sueca hasta que llegó a su vientre.

La muchacha dejaba escapar suspiros hasta que...

—¡¡Kardia!! dioses... no te... detengas...

El capitán había acomodado su cabeza entre sus muslos, mientras su lengua recorría la intimidad de la muchacha.
Sonreía para sí al ver las reacciones que le provocaba a su esposa mientras, seguía con aquel acto.

Luego de un rato mas de torturarla y viendo que Sonja ya no aguantaría por mucho tiempo, se acomodó de rodillas y la atrajo hacia él de la cintura, entrando en ella de manera salvaje.

—¡¡Ah!! ¡¡Por...todos los cielos!!

— Solo, dime que lo disfrutas...agapi mou(*)

Sonja se muerde el labio inferior al contemplar al griego y la forma en que éste arremetía contra su cuerpo, era una vista realmente candente.
Sus mejillas se tornaron de un rojo mas violento al cruzar miradas de lujuria con Kardia y ninguno de los dos soportó mucho más, llegando a un éxtasis violento y placentero.

El capitán se echó al lado de su joven esposa, terriblemente agotado, pues ya eran varias rondas de sexo que llevaban y era buen momento para descansar al menos por un rato.

— No me respondiste...

—¿Que es agapi mou? Nunca lo he escuchado.

— Significa "mi amor ". Ahora dime, dime que lo disfrutaste?—. Le dice, repartiendo besos por el rostro de la rubia.

—Kardia ¿como es que preguntas eso? Si has sido un amante espléndido desde la primera vez. Yo debería preguntarte mas bien si al menos cumplí tus expectativas.

—¿Curiosidad? Yo la pase muy bien, y no solo cumpliste, sino que la has superado con creces.— dijo, mientras se apoderó de la piel de su antebrazo  con sus dientes en un leve mordisco.

—¡¡Ay!! ¿¡Pero que mañas son esas de morderme?!

Kardia la gira boca abajo y entierra sus dientes en una de las nalgas de su esposa, haciendo que se queje mientras él, se desarma de la risa.

— Jaja, lo siento, me dieron ganas de pronto.

— Controla tus ganas, capitán. No quiero terminar adolorida pff.

— Era eso o una nalgada pues...

— Tonto.

—¿ Como... me llamaste? ¿Acaso quieres pelear conmigo? Te daré una lección para que no vuelvas a llamarme así.

— Ay por Zeus... ¿y que se supone que harás?

Kardia la mira fijo y sonríe lentamente ante aquella pregunta. Sonja entiende el mensaje rápidamente y se coloca encima de él besándole hasta quitarle el aliento.

— Si vas a castigarme, no tengas piedad... mi amor.— Susurra

— Descuida, no pensaba ser amable, cariño.

Se entregarían nuevamente a sus pasiones, hasta que ambos estuvieran satisfechos, así debía ser, pues era su luna de miel y ambos disfrutarían al máximo.

__________________~•~_________________

Los días iban pasando y el pequeño nuevo integrante de la familia de había convertido en el centro de atención en la casa.
Su hermano lo adoraba y su padre babeaba por él.
Adeline por su parte, se deshacía en atenciones para con su bebé y el pequeño Camus, crecía rodeado de amor y cuidados.

Sin embargo aquella mañana de lunes, las cosas dejarían de ser amor y paz en la casa.
Una nueva discusión estaba en puerta y esta vez Krest y Dégel, sobrepasarían la linea.

—¿¡Papá como puedes ser tan cruel?! ¡¡Eres un mentiroso!!

— Uno, deja de gritarme y dos, es lo mismo que vayas a Grecia o a Rusia.

— Ah.. claro, es igual... las condiciones son idénticas... ¡no me lo creo!

— O lo tomas o lo dejas Dégel, así de simple.
Yuri te ofrece mejor paga, alojamiento y la posibilidad de que seas su socio en el futuro, y quien sabe y terminemos siendo familia.

—  ¿Familia?¿Que rayos pretendes papá?

— Mon dieu Krest, esto no era lo que habíamos hablado.

— Adi, por favor, déjanos solos.

La pelirroja no puede creerlo, pero sin embargo obedece, no sin antes dejarle a su esposo en claro que hablarían luego al respecto.

— No quiero ir a Rusia, el trato era que yo viajaría a Grecia ni bien naciera Cam y ahora me cambias las cosas padre. ¡¡Porqué eres injusto conmigo!!

— Es igual, iras al extranjero y ejercerás tu profesión, te pagarán mejor y estarás seguro con Yuri.
No iré a  permitir que nuevamente vayas a Grecia con ese hombre que logró confundirte.
Allá en Rusia conocerás nuevas personas, incluso a Serafina.

— Ah ya entendí.... ¿aún crees que estoy enfermo o algo así?
Pretendes enviarme a Rusia para que me enrede con la hija de tu amigo... que asco.
¿Sabes qué? No necesito de ti para seguir con mi vida, no perderé esta oportunidad , no eres quien para obligarme a hacer tu voluntad.

— Soy tu padre, Dégel. Y mientras estés aquí conmigo, harás lo que yo diga.

— Ya veremos.

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(*) Eugène Delacroix: fue un pintor romántico francés del siglo XIX, conocido por sus obras emotivas y expresivas. Algunas de sus obras más famosas incluyen "La Libertad guiando al pueblo" y "La muerte de Sardanápalo". Su estilo se caracteriza por el uso del color y la luz para transmitir emociones y sentimientos intensos.

Adeline es fanática de los pintores románticos y entre ellos Delacroix, por ello le pone a Camus de segundo nombre, Eugène.

(*)" Agapi mou: es una expresión griega que se traduce como "mi amor". Es un término cariñoso utilizado para expresar afecto y amor hacia alguien especial.
Es la expresión que usa Kardia para referirse a Sonja.

Chapter Text

Estaba furioso. Su rostro estaba enrojecido y lágrimas de ira inundaron sus hermosos ojos color violeta.
Subió rápidamente las escaleras y se encerró en su cuarto, esta vez su padre se había pasado de la raya.

Krest se quedó solo en el comedor, había enviado a Adeline a otra parte de la casa para que le diera privacidad en su conversación con Dégel, pero sobre todo para que su esposa no saltara en defensa de su hijo.

Suspiró apesadumbrado, sabía que ahora debía enfrentar a la pelirroja y le rogaba al cielo que la mujer entendiera sus motivos y no se alterara.

Subió lentamente aquellas escaleras, que parecían mas cortas de lo que en realidad era, se dirigió a la alcoba matrimonial atravesando el pasillo que también pareció acortarse abruptamente.

Cerró los ojos y giró la perilla de la puerta para entrar en la habitación.
Adeline estaba con el pequeño Camus en brazos, dándole de comer, cuando vió entrar a su esposo.
Lo observó de arriba abajo en silencio y luego volvió la vista hacia su bebé.

—Adi, yo...

—Shhh, ahora no Krest. Cam se despertó por los gritos que oyó en la cocina.

—Lo siento...

Ella lo miró una vez mas y luego se puso de pié para llevar a su pequeño hijo a la habitación contigua y acomodarlo en su cuna.
A su regreso, el abogado tenía la mirada perdida en un punto de la ventana y no era la primera ves que Adi veía este comportamiento en Krest, sabía que la discusión no había terminado bien.

Se acercó a su esposo y le acarició la mejilla con la yema de los dedos, haciendo que la mirada del hombre se posara en ella, mas no hablaba, sólo la observaba con algo de frustración.

—¿Porqué hiciste eso? ¿Quieres explicarme al menos porque le mentiste tan descaradamente a Dégel?

—No le mentí— saltó a la defensiva— Me preguntó si cabría la posibilidad de que le dejara trabajar en el extranjero y pues... yo accedí.

— Sabías que él quería ir a Grecia, lo sabías porque te lo dije y aún así...

— No irá allá. La última vez tuve un mal presagio y esta vez fue igual. Además esta ese hombre...

—Krest, por todos los cielos, creí que ya habíamos superado esta conversación y sacas de nuevo el tema.
Será mejor que aceptes a Dégel como es y te ahorrarás disgustos.

— Yo lo acepto...

—¿Ah si? ¿Y como es que lo haces exactamente? ¿Queriendo que Dégel comience una relación con una muchacha que ni conoce?

—Adi, no me cuestiones, ¿quieres? No puedes estar en mi contra en esto. Sabes que algo le afectó y está diferente.
Se puso peor cuando descubrí aquella carta.

—Se puso peor cuando tú no confiaste en él y comenzaste a espiarle. Deberías medir las consecuencias de tus actos en vez de mentirle a tu hijo. Él estaba ilusionado con ese viaje y su nuevo trabajo.

— Créeme, es mala idea, lo sé.

— Krest, Pierre puede ir con él si tanto desconfías.
Tu sabes que no se apartara de tu hijo, ya lo cuidó una vez.

— No estoy seguro de esto.

—Prométeme que lo pensarás al menos, mi amor.
No vale la pena que estés peleado con Dégel por estas cuestiones.

Krest suspiró. La realidad era que aquella discusión le había dolido pero en verdad, algo en su interior le decía que dejarle a Dégel viajar a Grecia ,le haría daño al muchacho, y él no estaría allí para protegerlo.

—Lo pensaré, pero no creo cambiar de opinión tan fácilmente.

Adeline se inclina y lo besa cariñosamente en la mejilla.

—Gracias, mi amor.

~•~•~♧~•~•~

Miró el reloj por enésima vez, ya era algo tarde, aunque no tanto.

Podría intentar hablar con Kardia.

Desechó la idea inmediatamente, ya habían pasado dos semanas y el capitán no le había respondido ningún mensaje.

Dejó su móvil a un lado y cuando se acomodó para dormir, éste comenzó a sonar.

Las vibraciones indicaban que eran sólo mensajes de texto, observó el remitente y sonrió levemente, aunque no era quien hubiera querido, Edith era una buena opción para hablar en esos momentos.

¿Dormías?

—No, pero que bueno que me escribes, necesitaba hablar con alguien.

Cuéntame.

—Acabo de pelear con mi padre. Cambió los planes sobre mi viaje a Grecia y le reclamé.
Estoy demasiado molesto.

¿Como, ya no vas a viajar?

—No a Grecia, pero sin embargo me deja ir a Rusia.
Tiene un amigo allá y al parecer arregló todo para que yo vaya, a mis espaldas.

Mon dieu que terrible. Estabas tan ilusionado con ese viaje y el trabajo, pero... ¿no te dió una razón de porqué hizo eso?

—Segun él por mi seguridad. Si voy a Rusia seguro que su amigo no me dejará respirar.
No podré salir ni a tomar sol en las mañanas, ya me veo como prisionero.

Y te vas a negar me imagino... ¿o como planeas resolverlo?

— Aún no lo sé... pero la única solución que encuentro es largarme de aquí sin que papá lo sepa.

—¿Hablas de... escapar?

—No quiero ir a Rusia a que me tengan de rehén.
Si tan sólo tuviera algo de dinero, podría largarme mañana mismo.

Toda la conversación de ambos jóvenes, fué enviada a la casilla de mensajes de Gerard Dupont.
El abogado ya estaba planeando la manera de hacer caer a su enemigo y aquellos datos de la charla inocente entre Dégel y su sobrina, le habían dado la solución.

El plan de Gerard se pondría en marcha al día siguiente, pero primero, debía hablar con su sobrina para que todo saliera a la perfección.

__________________~•~_________________

El sol de Grecia iluminaba el cielo de verano, las vacaciones habían llegado a su fin y la luna de miel de ciertos esposos, también había finalizado.

El capitán Doukas y su bella esposa regresaron de aquel viaje de ensueño, enamorados y felices, más aún porque los festejos no habían terminado para ambos.
Ese día era 14 de febrero y lo celebrarían como lo que eran, un par de jóvenes enamorados.

Estacionaron el automóvil y bajaron el equipaje, dirigiéndose a la puerta principal de ls mansión Doukas, donde fueron atendidos amablemente por Vlad.

—Buenos dias joven Kardia, bienvenido.
Bienvenida a la mansión nuevamente sra. Candence.

— ¡¡Hola Vlad, buenos dias!! ¿Como ha estado todo por aquí?

— Todo en orden, señor. El capitán Kallis se comunicó ayer en la tarde y dijo que arribaría a Volos mañana en la noche.

—Bien, justo a tiempo para comenzar con el trabajo del astillero. ¿No hubieron mas llamadas?

— No señor, sólo el capitán Kallis.

— Bien, gracias. Sonja y yo estaremos arriba Vlad, sólo llama por el intercom cuando tengas el almuerzo, por favor, necesito un baño amigo mio

Vlad le sonrie.

— Esta bien señor, pónganse cómodos, les avisaré cuando deban bajar.

Sin mas charla, ambos se dirigen al piso de arriba, la alcoba los esperaba pero lo que mas anhelaban era una ducha tibia y dormir un par de horas.

—¿O sea, como es la historia?¿¡ Vinimos de viaje de relax y estamos mas exhaustos!? que rayos...

— Jaja, ay , Kardia. ¿No es que hayamos dormido bien por las noches o si?

— Bueno... mas nos desvelamos que otra cosa, pero era por tu culpa... ¿como voy a dormirme si te paseas en paños menores por la alcoba?

—Jaja, ¿paños menores? ¿Seguro que tu no lo hiciste ni una vez?
Es más, ¡¡te parabas completamente desnudo en el balcón del departamento!!

— Habré ocasionado mas de un accidente. Que mas da.— Dice sonriendo.

— Eres terrible en verdad.

Sonja se acercó a él y lo abrazó por la espalda, repartiéndole besos suaves en las escapulas.
Kardia cerró los ojos y acarició los brazos entrelazados de su esposa.

— Será mejor darnos un baño y bajar a comer, ya luego tendremos el día para los dos.

— Sé tu primero. Yo tengo que lavar mi cabello y si entramos juntos ya sabes que pasará.
No saldremos nunca mas hasta que se agote el agua caliente.

Kardia le sonríe, había perdido la cuenta cuantas veces habían hecho aquello en el departamento donde se alojaban en aquella paradisíaca isla, luego, sin mas, se encerró en el cuarto de baño para darse la tan ansiada ducha.

Luego de un rato en la regadera, el griego pareció oir un sonido a la distancia.
Le resultó extraño que se tornara recurrente, tal vez Sonja había abandonado la habitación.

—¿Mi amor? ¡¡Contesta el móvil, por favor!!

Nada. El silencio inundaba la habitación y la melodía del aparato seguía sonando una y otra vez.

—¡¡Sonja, responde!! Rayos...

Se apresuró a salir del baño. Con cuidado de no resbalar, cerró las llaves y secó su cuerpo y su cabello ligeramente, para no dejar charcos por toda la alcoba, y salió del cuarto de baño.

Cuando estuvo fuera, si era su móvil el que sonaba, pero sólo era la alarma.
Fué hasta donde estaba el aparato y lo apagó.

— Cielos, ¿porqué no respondías cuando te hablaba que, no me oías?

Cuando se giró hacia su esposa, Sonja estaba profundamente dormida.
Ladeó un poco la cabeza y notó que la joven aún tenía la ropa puesta, y los zapatos, era como si se hubiese desmayado.

—¿Mi amor? Oye cariño, despierta, tienes que darte un baño.— susurra el griego.

—¿Hmm? Kardia, mejor luego, es que tengo mucho sueño.— susurró entre bostezos.

El capitán sonrió y le depositó un beso en la mejilla.
Luego le quitó la ropa y los zapatos y la recostó correctamente sobre la cama.
Sonja suspiraba, parecía disfrutar de aquella siesta.

— Vaya que estas exhausta. Descansa mi amor.

~•~•~♧~•~•~

En Rijeka (cuidad portuaria de Croacia), el Artemis estaba a punto de zarpar nuevamente hacia Grecia.

Ya sólo faltaba completar la carga de piedra caliza, que tenía como destino el puerto de Atenas.

Aspros observaba su reloj algo impaciente, pues su timonel y su contramaestre habían ido por provisiones para el buque y aún no aparecían habiendo pasado ya, dos largas horas.

— ¡¿Ahhh como se me ocurre dejarlos ir juntos por ahí!?

Conociendo a Cid, ha de estar convenciendo a Sísifo de regresar con él de un modo poco convencional... carajo.

— Capitán, en breve subirán los últimos dos contenedores y estaremos listos para partir.

— Muchas gracias, marinero. Comience a tocar las bocinas para reunir a la tripulación.

— Como ordene, capitán.

— Ya hablaré con ese par de idiotas...

~•~•~♧~•~•~

— Cid...

Caminaban juntos por las filas del mercado, cuando la muñeca de Sísifo fué apresada suavemente por la de su compañero.

— No me evitarás por siempre. Así que mejor explícame ¿que te ocurrió para que te alejes de mí?

— No estoy evitándote y mucho menos me alejo de tí.

Si asi fuera, ya hasta habría renunciado a mi empleo como tripulante.

— Sís... mírame, ¿que pasó esa noche? Estas así desde el casamiento de Kardia, dime por favor que ocurrió. Me duele que estes distante...

El español lo tomó de la cintura y lo arrastró hasta un pasillo poco transitado del mercado.

— Dioses, Cid... aquí no...

Le costaba respirar. Los besos del timonel comenzaron a atacar su cuello sin piedad mientras las manos de aquel hombre recorrían la parte externa de los muslos del castaño.

— Dioses...te extraño demasiado...— le susurró con un acento andaluz muy bonito.

Sísifo le correspondió inmediatamente, encontrando sus labios con los de su compañero, compartiendo un beso demandante, necesitado y apasionado, luego de haber estado lejos por mucho tiempo.

— Aquí no...—Repitió una vez más el griego, entre los labios de su amante.

— Dá igual...

— Nos verán...

—Me importa una mierda...

Apenas si pudo comenzar a desabrochar la camisa del contramaestre, cuando las bocinas del Artemis, comenzaron a sonar.

Ambos se miraron y suspiraron, deteniéndose en seco al oír aquel sonido a lo lejos.

—¿Como le hará?

Sísifo lo mira curioso, mientras se acomoda la ropa ligeramente desalineada.

—¿A qué te refieres?

—No, que como le hará Aspros para saber cuando tiene que joder.

— jaja, pues... supongo que es un don innato del capitán.

No te angusties, al menos con esto breve que hemos compartido, espero que te haya quedado claro que no tengo problemas contigo.— Le dice, acariciándole el rostro al español.

Cid le toma de la mano y le besa nuevamente.

—Me ha quedado claro. Tenía miedo de que te hubieras arrepentido de estar conmigo.

Pero entonces dime, ¿porqué estabas así?

— Te lo explicaré en cuanto estemos a bordo.

Aspros ha de estar que echa humo por las orejas y estará peor si seguimos tardando.

Ambos comparten un último beso y toman nuevamente el resto de las provisiones para la tripulación.

Si los dioses y el clima estaban de su lado, esa tarde llegarían a Volos nuevamente.

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Estaba en su despacho ordenando los últimos informes que le habían llegado desde el Astillero.

Gracias a Zeus, tenía nuevos contratos y la mayoría de ellos eran con la armada griega.

Tenía una enorme sonrisa al ver que debía fabricar 4 grandes fragatas de combate y tenerlas listas en el lapso de 2 años.

Lo que borró su sonrisa de inmediato fué el instante en que leyó a nombre de quien iban aquellos contratos.

El acreedor principal era la Armada Griega, pero su representante era nada mas y nada menos que el maldito de Julián Solo.

Miles de recuerdos se le vinieron a la mente y el leer aquel trozo de papel que llevaba en mano, le hizo cerrar los puños y golpear el escritorio con furia.

Ya no era un simple contramaestre.

Si bién la Armada le había sancionado con ese rango de por vida a raíz del intento de sabotaje en la prueba de navegación hasta que Solo se retirara de la fuerza, al parecer el dinero y las influencia pudieron más y ahora no sólo que no era mas contramaestre, sino que tenía el rango de contraalmirante y por consiguiente, era el superior de Kardia.

"Maldito hijo de puta... una vez mas la vida nos enfrenta"

Era frustrante para el capitán, saber que para la Armada, el intento de homicidio que había sufrido hace dos años durante su prueba de navegación, había quedado en absolutamente nada.

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Chapter Text

Bajó las escaleras furioso y sin poder creer todavía que el maldito de Julián Solo, haya sido ascendido a contraalmirante.

— Un rango más y estaba al mando de la Armada... pff, ¿¡que mierda les pasa a todos ultimamente?!

Seguía dándole vueltas al asunto sin encontrarle explicación alguna. No quería perder aquellas contrataciones tampoco así que debía de hacer de tripas corazón y continuar con los negocios.

Sin embargo, no todo sería frustración ni rabietas para el capitán Doukas... esa misma noche, recibiría la mejor noticia de todas, una que había ansiado desde siempre.

Bajó a la cocina, la luz del dia ya era tenue y no había señales ni de Vlad ni de su esposa.
Fué nuevamente a la cocina y todo estaba en orden allí.

"Que extraño"

Un escalofrío recorrió su cuerpo, no le gustaba aquella soledad tan repentina.
Subió nuevamente al primer piso y se dirigió a la alcoba matrimonial.

— Señora Candence, déjeme avisarle al joven Kardia.

—¡¡Hmm no... agggh!!

—¿Pero... que tal si está intoxicada?. Podría sufrir consecuencias graves, entienda.

La escena era extraña. Sonja inclinada en la taza del baño y Vlad sosteniendo su cabello.

La muchacha vomitaba era obvio, y también era obvio que su mayordomo estaba preocupado por aquel hecho.

— Ya mismo me dicen que pasa.

Kardia se paró en el umbral de la puerta de brazos cruzados.
Sonja y Vlad levantaron la vista y lo observaron fijamente.

— La señora se siente mal. Acaba de comer la carne asada con papas que usted también comió y...

—¡¡Ahggg!!

Al oír la descripción de la comida, Sonja volvió a vomitar.

— ¡¡De acuerdo, me siento mal lo admito, ayuda!!— dice la rubia tomándose el estómago.

— Al fin, jovencita.

— Vlad, yo me ocupo de ella ¿si? Tu llama al médico.

— En seguida, señor.

El mayordomo se retiró a la sala, dejando a la pareja a solas en la alcoba.

— Muy bien, mi amor... ¿que pasó exactamente?

Kardia tomó un cuenco y lo llenó de agua, mojando el rostro de su esposa para limpiarle las lágrimas del rostro, producto de las arcadas.

— Pues llamé a Vlad y le pedí el almuerzo porque me sentía con poca fuerza para bajar al comedor.
Creí que era porque debía tener hambre, pero cuando terminé de comer pues...

— ¿Ya lanzaste todo, o aún falta algo mas? Solo quiero asegurarme que no tendré que bañarme de nuevo cuando te cargue.

—¡Ay como es que puedes burlarte de mi... tonto!

—Jaja tranquila, vamos a la cama.

— No, quiero darme un baño. No puedo estar así del asco si el médico vendrá a revisarme Kardia.

—Esta bien... te prepararé la bañera, ¿contenta?

— Por favor.

Sonja se derretía ante las atenciones de su marido.
Era una lástima que no estaba del todo bien para recompensarle, pero lo haría en cuanto se sintiera mejor... aquel hombre lo valía.

— Ya está. Déjame quitarte la ropa y podrás bañarte tranqui-la... ¿por qué me miras así?

—¿Me ayudas?

El griego levanta una ceja.

— ¿Si estas enferma?

La mirada de la muchacha cambió, poniéndose seria ante aquella pregunta.
Obviamente que Kardia sólo bromeaba y le gustaba ver las reacciones infantiles de su esposa, después de todo, en eso ambos eran muy parecidos.

Le quitó el resto de las prendas y la cargó hasta la bañera.
La recostó con cuidado y se quedó con ella hasta que llegó el médico.

Si bien Sonja ya no tuvo mas náuseas, se sentía terriblemente agotada y con mucho sueño, aunque tambien sentía que si se ponía de pié, todo le daba vueltas y terminaba perdiendo el equilibrio.

Luego del baño, Kardia la ayudó a salir y alistarse nuevamente, para que el médico la revisara.

Al cabo de un rato de los chequeos de rutina, finalmente el médico suelta la mayor sospecha de todas, no sin antes claro, interrogar a Sonja.

— Todo está normal en usted, al menos su sistema digestivo.
Su hígado esta en perfecto estado, pero todos estos síntomas, podrían deberse a otra cuestión.

Sonja y Kardia se miraron entre si, un poco preocupados.

—¿Que cuestión es esa?—Preguntó la rubia.

— Bueno sra. Doukas, su período menstrual se ha cortado, ¿verdad?

La muchacha se quedó pensando. De hecho, su periodo debió darle hace ya una semana y nada.

— Pues tengo un atraso de una semana y harán dos mañana, ¿algo anda mal conmigo?

El medico se echa a reír...

—Jajaaja nooo, claro que no pero con lo que me dice, es posible que usted y el señor Kardia, bueno... estén esperando un hijo.

—¿C-Como!?

Esta vez la mirada de ambos se cruzó de manera simultánea. Los ojos de los dos estaban llorosos y el corazón de Kardia casi se sale de su pecho.

—¿¡Un hijo!? Mi amor...¡¡seremos padres!!

Sonja lloraba de felicidad y abrazó a su esposo, mientras este le repartía besos por todo el rostro.

— ¡¡Sin embargo... jóvenes!! Es sólo una posibilidad, ya que tengo que hacerle análisis para corroborar el embarazo, si es que existe.

Ambos se separaron, brevemente, aunque la felicidad que se había instalado en sus corazones era inmensa y no se iría por nada, estaban muy ilusionados con la noticia.

El médico continuó con su trabajo y extrajo una muestra de sangre para analizar, indicándole a los esposos, que el resultado estaría al dia siguiente.

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El Carguero de 150.000 tn arribó a Volos alrededor de las 8 pm.
El capitán Kallis estaba aliviado, pronto volvería a Meteora con el resto de sus compañeros.

Ansiaba ver a sus pequeños y a su hermano después de tanto tiempo.
Aquel lunes debía volver al astillero y necesitaba hablar con Kardia en la mañana.

Su corazón latió con fuerza al pensarlo.

" Dioses..."

Si se preguntaba si había superado a aquella rubia, la respuesta era que no.
De hecho, parte de su ansiado regreso a Meteora, se debía a que extrañaba verla y hablar con ella.
Sacudió la cabeza enérgicamente y luego de controlar ya los últimos detalles para descender del buque, se dirigió al puente de a bordo.

Buscó con la mirada a sus dos camaradas, pero parecían haberse esfumado.

—¿Que demonios...? ¿No aguantaron siquiera que amarre?

—¿De quien hablas, tarado?

— Cid, estas así —le hace señas con sus dedos, simulando algo muy pequeño—de que te mande al calabozo por perro.

—Que miedo...

—Hmm, no le temes al destino. ¿Me pregunto que te tiene tan feliz?
Antes de abordar estabas hecho un zombie y ahora mírate.

—¿Que te ...importa?

—¿Nos vamos?—preguntó el castaño con una sonrisa.

Sísifo se acercó a sus camaradas, pero la pregunta la hizo específicamente viendo al timonel.
Aspros sonrió, al parecer su plan de enviarlos juntos por provisiones en aquel puerto, había funcionado.

— Pues si, esta vez no esperaremos el bus, dejé la camioneta en el galpón de almacenamiento.— Dijo el gemelo, mostrando las llaves del vehículo.

Fué en busca de la Ford Ranger, los 3 subieron rápidamente, y se encaminaron a Meteora.
Una vez que llegaron, luego de 30 minutos arriba de la camioneta, bromeando y recordando tonterías, Aspros dejó a sus compañeros en casa de Cid, antes de dirigirse al departamento que compartía con su hermano.

~•~•~♧~•~•~

Defteros aún estaba en la editorial, al día siguiente debía estar todo listo para imprimir los ejemplares matutinos del periódico local.

Helia estaba con él. Ya no quedaban empleados en el edificio a excepción de la recepcionista y del guardia de seguridad del edificio.

— Creo que esto es lo último, Helia. Ya puedes irte a casa, terminaré de acomodar todo, no te preocupes.

— Claro que no. No harás todo esto tu sólo, tardarás más.

El gemelo la mira serio y suspira resignado.

— Se te hará tarde y si algo te pasa, tu padre me va a asesinar, así que luego que salgamos de aquí, te llevaré a casa.

— No es...¿necesario?

La muchacha se frenó al ver la mirada inquisitiva de su jefe, ocultando su rostro tras una resma de hojas A4.

—Que bueno que te diste cuenta que no te lo estoy preguntando.

— Def...

— No lo discutiré mas, Heli.

— No es eso, es que posiblemente en dos meses mas tenga que viajar a Atenas nuevamente a completar mi licenciatura.

Quería pedirte permiso para ir y...

— Claro que puedes ir. Sabes que no tengo problemas en que te capacites. De hecho, es muy importante.

Helia suelta la última caja que llevaba y abraza a su jefe por la cintura.

Defteros se queda estático ante la reacción de la chica y muy lentamente le corresponde el abrazo.

— Muchas gracias. Es muy importante para mí concluir mis estudios, te agradezco que lo entiendas.

— Sé que te importa y te admiro por querer superarte.

No te preocupes, yo encontraré la forma de arreglármelas hasta que vuelvas.

Ambos se separaron de aquel acercamiento y Helia continuó con lo que hacía.

Por su parte, el gemelo había quedado algo pensativo por aquel gesto de cariño por parte de la griega.

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La mañana comenzaba nuevamente, y con ella su rutina.

Los últimos meses, Dégel había estado entrenando arduamente, eso mantenía su mente ocupada y de paso canalizaba un poco la frustración que le generaba la actitud de Krest.

Su rutina de boxeo terminaba a las 10 de la mañana, luego, debía regresar a casa a darse un baño pues cerca del medio día, debía ir por Edith para almorzar juntos.

—¡¡Hola, llegué!! ¿¡Papá, Adi...Pierre?!

— Buenos días joven Dégel. Sus padres no están, acaban de salir con el pequeño Camus al pediatra.

— Ya veo, iré a darme una ducha. ¿Les podrías avisar que no almorzaré aquí hoy? Quedé en encontrarme con Edith.

— Les diré sin falta, no se preocupe.

— A mi padre especialmente, ya que le fascina espiarme.

— Monsieur Krest sólo se preocupa por usted, joven.

— Se ha convertido en mi acosador número uno, mas bien.

Pierre sonrió mientras vió como Dégel subía a la planta alta a darse un baño para salir nuevamente.

Luego de estar listo, tomó su móvil y envió un mensaje a Edith, avisándole que pasaría por ella en 15 minutos.

Aquella reunión, podía parecer inocente a los ojos del resto, pero la realidad era que Edith se había ofrecido ayudar a Dégel para que pudiera viajar a Grecia y cumplir su sueño de trabajar allá.

Lo que nadie sabía, a excepción de la propia Edith, era que todo aquello era un plan para estafar a Krest, ideado meticulosamente por nada mas ni nada menos que Gerard Dupont.

— Buenos dias, espero no llegar tarde.

Dégel se inclina y besa delicadamente la mejilla de la muchacha.

— Descuida, eres muy puntual siempre. ¿Nos vamos?

El joven asiente y ambos caminan tranquilamente hasta el comedor para almorzar y de paso a conversar acerca de aquella " ayuda" que la muchacha le había ofrecido.

— Partamos de que tu problema es monetario.

Tengo unos ahorros en el banco que pueden servirte para costear tu viaje y estadía en Grecia.

— ¿Tu planeas prestarme el dinero?, pero no tendría como devolverlo y...

— No te preocupes por eso ¿irás a trabajar allá o no?

Ya cuando comiences con tu empleo, podrás devolverme el dinero.

Dégel pensó unos instantes. La idea era buena y ya no necesitaba del permiso de su padre para salir del país pues era mayor de edad, así que sin demasiadas vueltas, aceptó la propuesta de la chica.

— De acuerdo, acepto. ¿Como haremos con el dinero? ¿lo voy a buscar o como?

— No hace falta, sólo debes darme el número de tu cuenta de ahorros en el banco y trasferiré el dinero mañana en la mañana.

— Pero ... no tengo cuenta en el banco.

— Pues es un problema. Si intentamos abrir una cuenta tardará mas de una semana en ser aprobada.

— Es demasiado tiempo, no puedo esperar mucho o el precio de los boletos cambiará.

¿No podemos ir al banco y haces una extracción?

— Es mucho dinero. Pasará lo mismo y tendrán que pedir autorización para entregármelo y tambien tardaría, lo mas rápido es transferir.

Dégel comenzaba a frustrarse y Edith pudo notarlo.

El joven pensaba en alguna solución pero al parecer no había demasiadas opciones.
Edith simulaba pensar junto con él hasta que encontró la oportunidad de sembrarle una posible solución.

— Oye ¿y tu padre no tiene cuenta de ahorro? Tal vez podría transferir allí el dinero.

— Pero el titular es mi padre y...

— Puedes extraer el dinero a través del cajero automático del banco con la tarjeta de tu padre, sólo el que necesitas para los boletos, después por internet manejarías el resto, una vez que estes en Grecia.

No estaba muy convencido... antes de darle una respuesta a la muchacha, iría a investigar todo aquello para estar seguro de que la chica no estaba mintiendo.

Si era su cuenta no habría problemas y no lo dudaria, pero se metería con las cuentas de su padre y eso ameritaba al menos estudiar la situación, debía tener certeza de que la operación sería segura.

— Está bien, averiguaré lo que me dijiste y mañana a la misma hora nos veremos aquí.

Edith asiente y ambos se disponen a compartir el armuerzo, después de aquella charla tan puntual.

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Aún estaba a tiempo para llegar al Astillero, así que decidió pasar por la mansión para hablar con Kardia acerca de los nuevos contratos.

Tocó el timbre y su corazón se aceleró involuntariamente, más por la idea de ver a Sonja nuevamente, que por la emoción de hablar con su amigo.

Sabía que estaba mal sentir eso, sabía que estaba mal pensar en ella como mujer y no como la esposa de su amigo, pero se guardaba para sus adentros aquellos sentimientos insanos, aunque no estaba muy seguro de cuanto más podría soportar.

Tocó nuevamente el timbre de la mansión y fué atendido por el amable mayordomo.

—¡¡Capitán Kallis, bienvenido!!

— Vlad que gusto verte, ¿esta Kardia en casa?

— Si, pasa y toma asiento. En breve lo llamaré para que puedan hablar.

Al cabo de unos 10 minutos, Kardia hace acto de presencia en la ostentosa sala de estar de la mansión.

—¡¡Amigo mío, que gusto volver a verte!!

El capitán Doukas abraza al gemelo tan fuerte que casi le quita el aire por completo.

—¡¡Calmaaaaaa!!¡¡Vas a matarme!! También me da gusto verte pero no quiero morir asfixiado.

— Jaja, lo siento. Es que tu llegada me ha puesto más feliz de lo que ya estaba.

—Ah pssss... y dime, maldito hiperactivo, ¿porqué tanta felicidad, si se puede saber?

—¡Serás tío!

—¿¡El qué!? Defteros se mandó cagadas en mi ausencia...

— No jaja, no Def. O bueno, no lo sé; pero me refería a mi.
Sonja y yo esperamos un bebé.

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Chapter Text

¿¡Por qué tenía que haberse enterado de aquello tan abruptamente, por qué?!
¿Acaso era una señal de los dioses?
Si, eso debía ser. Era una noticia que le haría dejar de lado sus pensamientos mas impropios de una vez por todas.

Aquel 15 de febrero de 2002, decidió que arrancaría de su corazón aquel sentimiento que lo ataba a Sonja Dybeck de una vez y para siempre.
Estaba feliz por Kardia, sabía que desde que su amigo se casó, tenía la ilusión de formar una familia, siempre se lo había dicho.

Ahora, los sueños del capitan Doukas, por fin se harían realidad y él estaría allí para apoyarle en lo que su amigo necesitara.

—¿Cuando lo supiste? Acabas de regresar de tu viaje y ya tienes otra gran noticia.

— Jajja, pues al parecer mi vida es algo agitada.
Lo supimos ayer, bueno, en realidad desde ayer Sonja estaba algo descompuesta y se sentía mal, llamamos al médico y nos dió esa posibilidad.

Una pequeña luz iluminó su agrietado corazón...

— Pero entonces ¿estas seguro o aún no es certero?

Kardia le extendió un sobre que contenía los análisis que el médico había realizado de las muestras que tomó de su esposa el día anterior.

Aspros leyó atentamente y sus ojos se apagaron otra vez, aunque su sonrisa siempre permaneció en su rostro.

— Esta mañana lo hemos confirmado. No sólo que seré padre, sino que dentro de unos meses sabré si será niño o niña.

— Estas super embarazado según esto.—dice leyendo atentamente.

—Jaja, pues sí. No sabes lo feliz que estoy.

—Me alegro por tí, Kardia. Serás un buen padre, eso lo sé.

Esto lo decía sinceramente. Estaba seguro de que su amigo sería alguien devoto de su familia, de eso no había dudas.

—Muchas gracias, amigo mío. Pero dime, ¿que te trajo por aquí tan temprano?

— Ah eso. Sólo vine a consultarte por los contratos que se supone llegarían el viernes pasado.

— Si, las fragatas de la Armada. Tenemos 3 contrataciones en curso, así que debemos empezar de inmediato, ya sabes que con la quilla colocada...

— Ya deben pagar la primera cuota.

— Yes mucho dinero. Necesito que estés allí.

— Descuida, aunque cada construcción tardará unos 6 meses o mas.
Si tengo viajes, no podré posponerlos, eso lo sabes. ¿Ya hablaste con ese amigo tuyo que se supone debía ocupar mi lugar?

Dégel, lo había olvidado por completo, con todo el asunto de que iba a ser padre, mas la luna de miel, mas el viaje y la fiesta de matrimonio... olvidó todo completamente.

"Carajo"

— Si, descuida, sé que también tienes contratos que cumplir.
Intentaré comunicarme con él en el transcurso del día y si no puedo localizarlo, te lo haré saber de inmediato y buscaré otro reemplazo para que puedas continuar con tus compromisos, no te preocupes.

— Esta bien. Bueno, me retiro, iré a retomar mis obligaciones, nos vemos luego.

Ambos se despidieron y Aspros salió de aquel sitio tan rápido como sus piernas se lo permitieron.
En su interior estaba sintiendo una suma de sentimientos encontrados que pronto se desatarían de alguna forma y no necesitaba que Kardia lo vea en ese estado inexplicable.

Quería estar sólo y pensar, poner sus ideas en orden y aclarar su mente, continuar con su vida y sus planes, y olvidar de una buena vez a Sonja Dybeck.

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Había ido en busca de aquella muchacha nuevamente.
Ambos estaban en aquel bar en el que solían encontrarse y Dégel estaba algo nervioso, aunque se había quitado las dudas, se sentía inquieto por hacer aquello a escondidas de su padre.

Pudo corroborar que toda la información que Edith le había comunicado, era real y el banco funcionaba de aquella manera en que ella lo describió.

Llegó a la conclusión de que era mucho mas práctico, utilizar una cuenta de su padre para hacer las transacciones, puesto que por políticas de seguridad, el banco se tardaría casi dos semanas en habilitar cuentas de ahorro.

Luego de unos 10 minutos de espera, vió a Edith entrar con una mochila. Ella lo buscó con la mirada y él, rápidamente levantó la mano para que lo ubicara fácilmente.

—¿Como estás? Siento llegar tarde, es que tuve que poner a cargar la notebook.

—Descuida, ¿para que la necesitamos?— preguntó curioso.

— Es que se me ocurrió algo que podría ser mas seguro para ti.

— Explícame.

— Antes que nada, ¿trajiste el número de cuenta de tu padre y su tarjeta?

— Si, aquí están.

Dégel le muestra los documentos a su amiga y ésta simplemente asiente, sacando la portátil de la mochila, la abre y toma asiento a su lado. Luego de unos minutos, comienza a abrir la cuenta del banco en la que tenía el dinero.

— Ok, ya está. Ahora díctame el número de la clave bancaria para que pueda transferir. Es un número de 11 dígitos.

— Si, lo veo.

La muchacha cargó el número y giró unos € 5.000 a la cuenta del padre de Dégel, quien observaba atentamente.

— Espera, es mucho dinero.

— Ya está hecho.

— Rayos... ¿ahora que debo hacer? ¿Ir a un cajero automático a extraer para el boleto de avión?

— Si, pero no es necesario, ya por eso traje la portátil.
Sé que no tienes tanta confianza como para compartir los datos de la cuenta de tu padre y creí que sería mas seguro para tí que compres los boletos por internet.

Luego de decir aquello, la muchacha abre una pestaña de lo que parece ser una página de venta de vuelos y le explica a su amigo como debe rellenar los datos.

Dégel sigue todo al pié de la letra, dando el número de tarjeta de débito de la cuenta de ahorro de su padre y el código de seguridad de la misma para realizar transacciones comerciales.
Cuando le dió enter, la página se cerró instantáneamente.

—¿Que sucedió?

— Ash... debió ser un error de la página, para colmo la portátil al parecer se descargó, pero no te preocupes, si tienes una pc de escritorio en casa puedes hacer lo mismo como te lo expliqué, sí lo recordarás, ¿verdad?

— Creo que sí, no es tan complicado, después de todo siempre puedo llamarte para que me orientes, al parecer eres muy entendida en estos temas.

— Jaja no te preocupes. Mientras, comamos algo, ¿te parece? Me vendría bien un desayuno y creo que a tí también.

La conversación siguió entre ambos de manera normal.
Pero la realidad era completamente diferente.

Mientras Dégel y Edith pasaban parte de la mañana en el bar, la portátil envió una copia de todos los datos bancarios de Krest al correo de Dupont, quien en un abrir y cerrar de ojos, vació las cuentas de ahorro del abogado, girando todo el dinero a la propia.

Lo malo es que Krest se enteraría de esto muy tarde y por casualidad, una casualidad que lo llevaría al borde de la desesperación.

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Aquella mañana, Adeline despertó muy tarde. El pequeño Camus no había pedido comer aún y estaba profundamente dormido.

Suspiró aliviada, al parecer el sueño del bebé comenzaba a normalizarse.

Sonrió al verlo y recordar las noches enteras que pasó en vela junto a su esposo porque Camus no quería dormir.

—Bebé, es hora de despertar o no me dejarás dormir en la noche.

Adi le toca el rostro mientras le habla suavemente.

El pequeño abre sus ojos y parece sonreirle, provocando ternura en el corazón de su madre.

—¿Aún no tienes hambre, mi amor? Que extraño.

Lo cargó y lo recostó en el cambiador, le daría de comer y luego de unas horas le daría un baño tibio para relajar el cuerpito del pequeño.

Sin embargo, algo la hizo desistir.

Un fuerte mareo golpeó su cabeza de súbito y si no fuera porque la cama estaba cerca, se habría ido al suelo de cara.

Todo le dió vueltas de repente hasta que la luz desapareció.

Tres horas mas tarde...

Despertó en la cama con una pesadez terrible y... con una pequeña aguja incrustada en su brazo izquierdo que le suministraba suero via intravenosa.

—¿Q-Qué sucedió?

Adeline se llevó la mano derecha a la frente y fregó un poco sus ojos para enfocar a las figuras que la acompañaban.

Krest estaba con ella y tomó rápidamente su mano.

—¿¡Mi amor, como te sientes!?

—Y-Yo... me siento terrible y tengo demasiada sed, ¿que me pasó?

—Tu diabetes se disparó repentinamente, cariño. Pero al menos ya despertaste.

—¿¡Camus!? Mon dieu... ¡¡dejé a Camus sobre el cambiador!!

—Él está bien, mamá. Gracias a que se puso a llorar, te encontramos a tiempo.

— No te preocupes por el bebé, Adi. Dégel lo cuida muy bien, procura descansar, ¿está bien?

—S-Si, Krest... por favor...

— Dime, querida.

— Tráeme agua, en verdad tengo demasiada sed.

El abogado asiente y se retira, mientras Dégel se dirige a su habitación con su pequeño hermanito para intentar hacerlo dormir.

Afuera del pasillo, el médico intercepta a Krest para hablarle de algo realmente preocupante.

—La diabetes de Adeline se disparó. Lo mas probable es que el parto que tuvo hace poco sea el culpable.

Si no inicia un tratamiento pronto, me temo que no le queda mucho tiempo de vida, monsieur.

Se quedó estático ante aquella revelación. Había creido que su esposa simplemente tuvo un pico de diabetes como en el pasado pero ahora era diferente, ahora era más dificil estabilizar sus niveles de glucosa, estaban perdiendo el control.

— Dígame que hacer y lo haré.

— Sólo debe comprar las drogas que se necesitan para el tratamiento. El problema es que deberá pedirlas a los laboratorios de París, porque el hospital local no cuenta con dosis suficientes.

Debo decirle, monsieur, que no son muy asequibles en costos.

— No repararé en gastos si se trata de la salud de mi esposa, además no es un problema.

Rápidamente Krest se pone en contacto con la farmacéutica de Paris, encargándole las dosis necesarias para seis meses.

La encomienda llegaría en dos dias y Adeline podía comenzar con el tratamiento inmediatamente.

Durante aquel tiempo de espera, Dégel aprovechó que la atención de su padre estaba puesta en la salud de su esposa y se escabulló al despacho de éste para utilizar la pc de escritorio.

Intentaría nuevamente realizar aquella transacción que no pudo ser completada, porque la portátil de su amiga, había quedado sin carga.

Entró al buscador y tipeó el nombre de la página web de la aerolínea que Edith le había recomendado, pero extrañamente el buscador le daba que la misma era inexistente.

"Que extraño"

Pensó que tal vez estaba incurriendo en algún error, así que se decidió por buscar otra aerolínea que le vendiera los pasajes, permitiéndole pagar con débito.

Encontró un sinfín de ellas, entre las cuales figuraba la que había utilizado Krest para adquirir los boletos la vez que le dejó viajar a Grecia.

Entendió que si su padre había usado aquel medio, entonces era confiable.

Rellenó todos los campos obligatorios hasta que llegó a la parte de pagos.

Seleccionó débito y cargó los 16 números de la tarjeta de su padre y los 3 números del código de seguridad que figuraban en la parte posterior, luego presionó "aceptar".

Fondo Insuficiente.

Se quedó pensando en que tal vez había errado alguno de los 16 números e intentó nuevamente...

Fondo Insuficiente.

El mismo resultado. ¿Que pudo haber ocurrido? Tal vez la página tenía algun error o algo...

No lo sabía a ciencia cierta, pues nunca había experimentado con compras en línea.

" Intentaré mañana, que mas dá".

Antes de regresar a su alcoba, ordenó todo prolijamente en el despacho de su padre.

Aún habia tiempo de intentar aquello y si no podía, siempre estaba Edith para consultarle, aunque aquella misma noche le llamó pero la muchacha no respondió la llamada.

Era raro pues siempre lo hacía, pero esta vez el móvil sonaba una y otra vez hasta enviarlo al buzón.

Le dejó mensajes de texto, pero tampoco obtuvo respuesta y a pesar de que todo aquello era muy muy raro, Dégel le restó importancia, mas adelante, se arrepentiría terriblemente de haberlo hecho.

El día en que la encomienda debía llegar, Dégel nuevamente intentó realizar aquella compra de pasajes para Atenas y de nuevo sin exito alguno.

La tarjeta seguía marcando fondo insuficiente, así que se resignó.

Luego de regresar del gimnasio, pasaría por casa de Edith para consultarle a que podía deberse aquella extraña situación.

Salió como a las 9 am y no regresaría hasta medio día.

La farmacéutica llegó a media mañana y Krest esperaba ansioso.

—¿Monsieur Garnier? Somos de la farmacéutica París. Usted encargó dosis para tratamiento de diabetes crónica por seis meses.

— Si, eso es correcto.

— Bien, necesito que firme estas formas y que me indique el medio de pago por favor.

— Claro, pagaré con débito, déme un momento, iré por mi identificación.

Fué hasta su despacho y tomó su billetera, para regresar inmediatamente con el distribuidor.

—Aqui tiene.

El distribuidor corrobora los datos de Krest y procede a debitar de la cuenta, el monto de los medicamentos.

Luego de un rato, el hombre niega con la cabeza, llamando la atención del abogado.

—¿No tiene otra tarjeta?

— Pues no, ¿por qué, ocurre algo malo?

— Es que me marca fondo insuficiente, pero puede pagar con crédito si lo desea.

—D-Debe haber un error, ¿¡como que fondo insuficiente?!

— Pues su cuenta de ahorro esta vacía, señor. Pero puede pagar con...

— ¡No tengo mas tarjetas! ¿¡que no fuí claro!?

— Está bien, en ese caso, deberé llevarme la mercadería nuevamente, a menos que tenga cómo pagarla.

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Chapter Text

— Revise nuevamente, tiene que haber un error. Tengo esa cuenta de ahorros desde hace mas de 20 años y jamás la he ocupado.
Es imposible que esté sin fondos.

El hombre de la encomienda intenta una vez mas pasar la tarjeta por la banda magnética para completar la transacción, nuevamente con el mismo resultado.

— Observe, claramente me marca fondos insuficiente.
Deberá buscar otro medio de pago o usar efectivo, porque sino, tendré que llevarme la mercadería, monsieur.

— Deme un momento, solucionaré esto, pero no puede llevarse el medicamento, mi esposa lo necesita o morirá.

— Lo siento mucho monsieur, pero es mi trabajo y me está comprometiendo.

— Te pido que aguardes, por favor. Déjame hacer un par de llamadas, tiene que haber un error.

El hombre de la encomienda, suspira apesadumbrado, quería ser empático con Krest y la verdad le estaba costando horrores hacer como que no le importaba la desesperación del abogado, así que decidió esperar a que el normando encontrara una solución.

Krest se dirigió al interior de su domicilio, específicamente a su despacho.
Buscó su libreta de contactos y llamó directamente a la sede central del Banco de París, para que le diera una explicación acerca de lo ocurrido con su cuenta.
Tras ser atendido por la administración, no se imaginó jamás que escucharía semejantes palabras.

Monsieur Krest, lamentamos informarle que su cuenta ha sido defaulteada(*) debido a una transacción de alto monto que vació la cuenta.
Por motivos de seguridad, hemos bloqueado la misma, para proteger sus fondos. Necesitamos investigar esta transacción para determinar si fue autorizada por usted.

—¡¡Claro que no fué autorizada por mí!! Jamás he utilizado el dinero de la cuenta.

Lo entiendo, monsieur pero por precaución se han bloqueado temporalmente los fondos restantes, hasta concluir las investigaciones correspondientes.

—¿Ni siquiera puedo haces uso ni del remanente?

Me temo que no, monsieur. Al parecer usted operó por internet hace dos días atrás y en nuestra base de datos, nos figura que fué en el domicilio Boulevard 23 Avenue st. Saint Simon(*) en la ciudad de Rouen, Normandía.

— Yo jamás hice...— pareció pensar en algo— Espere, ¿me puede repetir la dirección?

Oui, es Boulevard 23 Avenue st. Saint Simon en la ciudad de Rouen.
¿Podría confirmarme si es su domicilio?

— No, pero... —Krest lo pensó unos instantes— esa dirección es a dos cuadras de mi casa.

Pues si no fue usted, alguien mas utilizó sus datos bancarios y operó con ellos no muy lejos de su domicilio. Estaremos investigando, por lo pronto sus fondos estan congelados y su cuenta estará bloqueada hasta entonces, le avisaremos cualquier novedad.

—¡¡Pero necesito el dinero!!¿¡De que me sirve que me avisen, si ahora es cuando preciso de esos fondos, mon dieu, mi esposa muere, por amor al cielo!?

Se desplomó, aquel fué su límite. Lloró como un niño, estaba devastado, se sentía morir.
Adeline estaba grave y el no podía ayudarla.
Pierre vió aquella escena con el corazón destrozado, debía hacer algo por su jefe, por su amigo de toda la vida, pero él no contaba con esa gran suma de dinero.

Pronto se le ocurrió una idea.
Fué al despacho de Krest y tomó la libreta de contactos, buscando un nombre entre todos los apuntados en aquella lista.

Las horas pasaron y al cabo de un rato, el distribuidor que trajo las dosis del medicamento se acercó nuevamente al abogado.
Krest tenía la mirada fija en un punto en la pared, parecía ido en sus pensamientos, el muchacho de la encomienda le habla para sacarlo de su estado de trance.

—¿Monsieur Garnier?

— ¿Si dime?— dijo con la voz quebrada, tomándose la cabeza con ambas manossy viendo al suelo.

—¿Donde quiere que bajemos las cajas con las dosis?

—¿C-Cómo dices?—respondió, secándose las lágrimas.

— Ya llegó el pago por la encomienda. ¿Donde quiere que dejemos las cajas?

—¿P-Pero como es que...?

— Deje las cajas en el comedor, yo después las acomodaré— le dice Pierre ante la mirada atónita de Krest.

El muchacho asiente y baja el cargamento, depositándolo en la cocina tal y como el secretario le había indicado.

Una vez solos, el abogado se dirigió a su secretario, con el rostro lleno de preguntas.

— Me tomé el atrevimiento de pedir ayuda, monsieur. Espero me perdone por tal osadía.

—¿Q-Que fué lo que hiciste, Pierre?

— Me comuniqué con monsieur Yuri y le expliqué la situación.
Accedió a pagar los medicamentos de Madame Adeline sin reparos.

Krest se puso de pié lentamente mientras su mirada se fijó en la persona de su secretario.
Luego de estar a unos pasos de él, se abalanzó sobre Pierre y lo abrazó como si fuese que su vida dependía de ello.

— G-Gracias...gracias, me has devuelto la vida, amigo mio.
No tengo palabras...gracias a tí, mi esposa se podrá tratar desde mañana... te debo mi vida Pierre.

— Tranquilo, monsieur, es a su amigo Yuri a quien debe agradecerle, yo sólo fuí un intermediario.

— Aún así, gracias.
Ya me comunicaré con él para agradecerle y ver como le hago para devolverle el dinero.

— Eso no será necesario, monsieur Yuri estará aqui en la mañana.
No se preocupe, Krest todo estará bien.—Le dijo finalmente el secretario, abrazándole una vez mas.

Se quebró nuevamente en el hombro de su amigo.
Krest lloraba como un niño, pegado al torso de aquel hombre.

La escena se prolongó unos minutos, los suficientes para que al llegar, Dégel los viera de ese modo.

—¿B-Buenos días...que ...esta pasando?

El abogado observó a su hijo y también corrió a abrazarlo.
Dégel por supuesto no entendía absolutamente nada, pero correspondió al abrazo de su padre.

Al ver las cajas con las dosis que necesitaba Adeline para su tratamiento, entendió a que se debía tanta felicidad entre aquellos hombres y simplemente sonrió, subiendo a su habitación para darse una ducha antes de ir en busca de Edith.

~•~•~♧~•~•~

— Entonces te saliste con la tuya ¿eh, Gerard?

—¿Pues que crees? soy un genio para las estafas, pero tu no te quedas atrás, Cordelia. Tu plan de armar un teatro para ayudar a Dégel funcionó a la perfección. Conoces bien a tu bastardo.

— Hmm. Dégel siempre ha sido blando de carácter y muy manipulable, pero eso es culpa de Krest por sobreprotegerlo tanto. Era obvio que no tendría idea de que le estafaríamos, es demasiado inocente a pesar de tener 20 años.

— Tu ex esposo no sirve ni para criar hijos.

— Al menos él sí puede procrearlos, en cambio tu...

—¿Qué es esto? ¿Acaso estás reclamándome alguna cosa, o es que aún estás enamorada del imbécil de Garnier?

—¡Ja!! Tus celos me dan asco. Quédate tranquilo que no estoy enamorada de él. Pero que yo esté contigo y que  haya decidido dejarlo por tí, no te da derecho a desacreditarle como padre, ¿no lo crees?

Después de todo, ambos sabemos que nunca sabrás lo que se siente ser progenitor.

Gerard la miró con desdén y algo de ira también.

Cordelia no había dicho aquello con el ánimo de ofenderle, simplemente le hacía ver su realidad cada que podía y eso a veces, molestaba al abogado.

—¿Y bien? ¿Que harás con todo ese dinero, no crees que irán a investigarte de pronto por el tamaño de los fondos?

Krest a estas alturas ya debe estar enterado que se quedó sin nada.

— Hmm su esposa es adinerada. Esto que le hice es ínfimo. No creo que tenga problemas monetarios por esto, pero la relación con su hijo se quebrará sin duda.

— ¿Ese es tu plan, que pelee con Dégel? Pff...

— No sólo que se pelee con Dégel, sino que su esposa lo deje... que se quede solo, que sufra.

— Vas perdido, esa zorra no lo dejará y mucho menos ahora que ha tenido otro hijo.

— No me entiendes... no lo dejará voluntariamente, mi amor.

Cordelia observó fijamente a su amante.

Gerard parecía tener un plan mas oscuro en mente, uno en el que ella no sabía exactamente si debía ayudarle o no.

La mujer se retiró de modo elegante. Gerard aprovechó que estaba solo y llamó a su sobrina para hablar y poner en marcha la segunda parte de su plan.

Luego de media hora, Edith estaba en la gran casona, propiedad del abogado, tocó el timbre y rápidamente fué atendida por la ama de llaves.

La mujer lo guió hasta el despacho de su tío y la muchacha golpeó tímidamente la puerta, esparándo una respuesta del otro lado.

—¡¡Pasa!!

— Tío, buenos días. ¿Que sucedió porque querías verme?

— Necesito que hagas algo por mí.

El abogado saca un frasco pequeño de la cajonera del escritorio y lo coloca sobre en mismo, ante la atenta mirada de su sobrina.

— Respóndeme antes, ¿lograste entrar a la casa de los Garnier?

— No aún, y con lo que les hicimos, dudo siquiera que Dégel quiera volver a verme.

— Ahh, por eso no te preocupes. Recién en 10 días o mas, Krest y compañía lograrán descubrir que sucedió realmente, mientras tanto, creerán que todo se trata de un error.

— ¿Que quieres que haga?

— Dégel probablemente te busque otra vez. Le habrá sido imposible realizar la transacción pues no hay fondos con que hacerla. Le dirás que le ayudarás y lo vas a convencer de acompañarle a su casa para hacer la compra.

—¿Y luego que? Ya sabemos que no funcionará.

— Distráelo de algún modo, con lo que sea para que te deje sola y puedas ir donde la esposa de Krest.

— Tío, ¿que me estas queriendo decir? ¿¡Que rayos quieres que haga?!

— Entiendo que Adeline está con suero para estabilizar su diabetes. ¿Ves esto? Es una solución salina, necesito que la coloques en el suero, nada más.

— Tío... el exceso de sodio la matará... no es...bueno... mon dieu ¿¡quieres que mate a esa mujer, acaso estas loco!? No lo haré.

— Hmm, como quieras, pero entonces olvidate que seré tu padrino. Será mejor que vayas buscando otro oficio, o alguna otra profesión mas acorde a tus ... capacidades. Olvídate de ser abogada, así te apadrine el mejor del mundo, Casper y yo nos encargaremos de destruirte.

Aquellas palabras calaron hondo en su atribulado corazón.

La muchacha estaba sufriendo por todo aquello y a su tío no parecia importarle en absoluto.

Ya sufría el hecho de haber engañado a Dégel de una forma tan descarada y ahora, aquel hombre le pedía una cosa aún más inescrupulosa a cambio de destruir su carrera antes de que comenzara.

Suspiró profundamente y una angustia invadió su pecho. Amaba a Dégel sinceramente en ese poco tiempo que estuvo a su lado, pero sabía que si desobedecía aquello, su tío seria implacable.

— Está bien, tú ganas. Lo haré...— respondió resignada.

—¡Muy bien! al parecer la cordura volvió a tu mente. Busca la maldita forma de convencer a ese muchacho ingenuo de que le ayudarás nuevamente y asegúrate de hacer lo que te dije, ¿está bien?

— S-Si, tío

Agachó la mirada, era frustrante tener que hacer aquello en contra de su voluntad, pero sabía las consecuencias si se negaba.

En ese instante, su móvil comenzó a sonar.Gerard la observó fíjamente, mientras la muchacha veía la pantalla del aparato.

—¿Y bien, no vas a atender esa cosa?

— Es Dégel.— dijo, viendo el aparato.

Gerard sonríe...

— Es justo a quien queríamos contactar ¿no?¿¡Qué esperas para atender de una vez y hacer lo que te ordené!?

Edith atiente aquella llamada y cita a Dégel nuevamente en el bar para hablar.

¿Bonjour, Edith? Al fin pude dar contigo, necesito verte. Estoy en la entrada de tu casa.

— D-Dégel, b-bonjour.

Perdón pero no estoy en mi casa, tuve que salir por un encargo. Pero espérame en el bar de siempre en media hora, ¿está bien?

Claro, no te preocupes. Allí estaré.

Las lágrimas en el rostro de la muchacha comenzaban a derramarse lentamente.

Su tío ni se inmutó por aquello y simplemente se limitó a pasarle el pequeño frasco con la jeringa para que pudiera adulterar el suero de la hija del duque y luego, le ordenó marcharse.

~•~•~♧~•~•~

Estaba algo aliviado de haber contactado por fin a su amiga, llevaba dos días intentando comunicarse con ella sin éxito.

Habían demasiadas cosas que platicar y una de ellas era la dichosa compra de los boletos para Grecia.

Llegó al bar que habían acordado y pidió un café mientras esperaba, no pasó demasiado que vió a la joven llegar.

Ella lo buscó con la mirada y luego de ubicarle, tomó asiento a su lado para platicar.

— Bonjour, espero no hayas esperado mucho.

— Descuida, mon ami. Recién llegué, dime ¿como estás? Te noto algo ... exhausta.

Estaba triste y desganada, era la verdad, levantó la vista al oír que Dégel lo notó.

— No es nada, es solo que tuve unos dias bastante frustrantes la verdad, pero dime, ¿que querías hablar conmigo?

— Discúlpame que sea tan insistente con el tema pero, es sobre la compra de los boletos.

— Descuida, ¿pudiste hacerlo?

Dégel niega con la cabeza.

— Cuando lo intenté, la tarjeta me marcaba " fondos insuficientes", pensé que cometí un error así que lo intenté de nuevo y tuve el mismo resultado, ¿tu sabes a que podría deberse?

La muchacha piensa. Debe decirle algo creible o Dégel comenzaría a sospechar y de paso convencerle de que la lleve a casa.

— Tal vez es un error de la página que elegiste, ¿intentaste en varias o sólo en la que te mostré?

— Quise intentar con la aerolínea que me mostraste primero, pero la página me figuraba como inexistente, así que intenté con otra que utilizó mi padre para comprar con anterioridad, pero tampoco funcionó.

Después de eso, preferí consultarte mejor.

— Ya veo, puede que sea un problema de la pagina, necesitaría ver tu computadora para corroborarlo.

— Pero no hace falta, podemos hacerlo con la portátil como aquel día ¿o no?

Edith tragó grueso, al parecer a Dégel no le gustaba llevar extraños a casa, pero ella intentaría convencerlo.

— Precisamente por eso no estaba hoy en casa, la portátil se descompuso de aquella vez y he tenido que llevarla a reparar.

Pero en tu pc de escritorio, podríamos intentar, total no llevará mas de 10 minutos.

Esta vez fué Dégel quien se quedó pensativo.

— Está bien, pero tendrá que ser mañana que papá no está en casa, porque la pc está en su despacho y si nos ve...

— Descuida, lo entiendo. Sólo llámame cuando sea seguro y yo estaré ahí

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(*) defaut, defauteado/a:
Cuando se dice que una cuenta bancaria está "defaulteada", se refiere a que la cuenta ha sido vaciada o bloqueada debido a algún problema o irregularidad. Esto puede deberse a diversas razones, como:

- *Fondos Insuficientes*: La cuenta no tiene suficiente dinero para cubrir gastos o transacciones.
- *Actividad Sospechosa*: El banco ha detectado actividad sospechosa en la cuenta y la ha bloqueado como medida de seguridad.
- *Problemas con la Documentación*: La cuenta puede estar bloqueada debido a problemas con la documentación o la identificación del titular.

En el contexto de nuestra historia, la cuenta de Krest estaría defaulteada debido a la manipulación de Edith y Dupont.

(*) Sain Simon: Claude Henri de Rouvroy, conde de Saint-Simon, fue un filósofo y economista francés del siglo XVIII y XIX. Es considerado uno de los principales exponentes del socialismo utópico. Sus ideas se centraron en la creación de una sociedad más justa y equitativa, donde la industria y la ciencia fueran utilizadas para beneficio de todos.

Las ideas de Saint-Simon influyeron en el desarrollo del socialismo y el comunismo en Europa, y su legado sigue siendo relevante en la discusión sobre la justicia social y la economía.

Chapter Text

El día nuevamente iluminaba la ciudad de Rouen.
Adeline se recuperaba satisfactoriamente de aquella terrible recaída que había sufrido pero por fortuna, su diabetes estaba controlada y Krest pudo conseguir los medicamentos.

Sin embargo la vida continuaba y el abogado debía ir a trabajar, pues ahora tenía una deuda con su amigo Yuri y necesitaba devolverle el dinero.

Aquella mañana despertó temprano, aún faltaban un par de horas para ir al estudio en el centro de la ciudad, así que comenzó a hacer algo de  tiempo cambiando a Camus y atendiendo a Adeline, entre que Dégel regresaba de su entrenamiento matutino.

Una vez que el joven hubo llegado, Krest salió de la casa para ir a trabajar.
Inmediatamente, luego de una ducha rápida, Dégel tomó el móvil y le marcó a Edith.

Ahora que su padre no estaba, era el momento oportuno para intentar nuevamente aquella transacción.
Mientras esperaba, bajó a la cocina a hacerse algo de comer, y no pasó   demasiado tiempo que el timbre de la casa comenzó a sonar.

" Ha de ser ella"

Se apresuró a abrir la puerta, pues pensó que se trataba de su amiga, pero grande fué su sorpresa cuando vió parado en el umbral de la entrada, al ruso amigo de su padre.

—¿Señor Vassilieva?—Miró detrás del hombre para corroborar que nadie mas lo acompañaba.

— Buenos días, Dégel. ¿Está tu padre en casa?

— Me temo que no, monsieur. Está en su trabajo ahora mismo. ¿Precisaba algo de él?

— Pues sí, me urge hablar con él, es algo importante. ¿Por si acaso te sabes la dirección de su trabajo?

Dégel piensa unos instantes y vá hasta el despacho de su padre, abre la cajonera y saca una tarjeta de presentación de Krest.

— Esa es la dirección. También tiene un número de contacto con el que puede hablar con él, si lo desea.

Yuri le sonríe amablemente y le coloca la mano sobre la cabeza.

— No hace falta, con esto es suficiente. Gracias, muchacho.

El ruso se giró sobre sus pasos y subió al Mustang, saliendo de aquel sitio a toda prisa.
Debía hablar con su amigo un asunto referente a los fondos que fueron transferidos de manera ilegal.

Al cabo de una media hora, el timbre volvió a sonar.
Dégel se apresuró a atender y esta vez, si era Edith quien había llegado.

—Bonjour, ¿como estás?

— Hola Edith, pasa. Bienvenida.

La muchacha pasea su mirada por la hermosa sala de estar de aquella antigua casona tradicional.

— Tu hogar es hermoso, Dégel.

— Gracias. ¿Quieres algo de tomar entre que vamos al despacho de papá?

— ¿Al despacho de tu padre?

— Si, es que la computadora está ahí.

Edith no se esperaba aquello, ella imaginaba que Dégel poseía una pc en su alcoba y si era así, localizaría la habitación donde estaba Adeline sin problemas, pero ahora, ¿que excusa le pondría al joven?

— Ya veo. No te molestes, acabo de desayunar, mejor vamos a intentar una vez mas eso de la compra antes que tu papá regrese o estaremos en problemas.

~•~•~♧~•~•~

Condujo hasta la dirección que figuraba en la tarjeta rápidamente y una vez que la encontró, estacionó el Mustang y entró en aquel edificio, buscando a su amigo.

— Buenos días, estoy buscando a monsieur Garnier, tengo entendido que trabaja aquí.

— Bonjour. Oui, monsieur, tome asiento, en seguida lo llamaré.

Yuri obedeció y no esperó mucho hasta que vió a su amigo salir del ascensor.

—¡¡Amigo mio!! Pierre me dijo que estarías aquí hoy, pero no pensé que fuera a verte tan rápido, ¿como estás?

— Estoy bien, pero la razón por la que vine inmediatamente es porque debemos hablar, Krest.

El rostro del siberiano cambió a uno de preocupación.

Krest sabía por aquel gesto, que era algo inquietante, así que rápidamente lo invitó a pasar a su oficina para platicar en privado.

— Bueno, puedes hablar con libertad aquí, Yuri. ¿Dime, que sucede?

— Es sobre los fondos que perdiste hace unos días. Pierre me comentó a grandes rasgos lo que te ocurrió y me tomé el atrevimiento de investigar.

— Descuida, después de todo ese siempre ha sido nuestro trabajo. Créeme que si no estuviera tan ocupado, yo mismo hubiera rastreado al hijo de puta que me estafó.

Yuri suspiró profundamente al oír aquello.

— ¿Bueno y que pasó, que pudiste averiguar?

— No te va a gustar, Krest...

— ¡Dímelo de una vez!

— Rastreé el origen de la transacción y el localizador señaló un bar a dos cuadras de tu casa.

— Si, eso ya lo sabía. Los del banco me explicaron que supuestamente , alguien utilizó mis datos para operar por internet y fué allí que se produjo la transferencia, pero les expliqué que no he sido yo quien...

— Fué Dégel...

Krest frunce el ceño y se queda observando a su amigo por un rato.

—¿¡Como... dices?!

Yuri saca de su portafólios, una laptop y la enciende, mostrándole a Krest, un video de cámara de seguridad.

— Te digo que fué Dégel. Verás, la hora de la transacción me figura que fue casi las 11:00 am.

Observé las cámaras de seguridad en la intersección de aquel boulevard y en la cinta se ve ingresar a Dégel al local, con lo que parece ser una pequeña mochila.

— Bueno, podría ser una coincidencia...

— Aún hay mas. Esta otra filmación corresponde a un video de seguridad del bar, en ella se puede ver como Dégel saca de su bolso una tarjeta de débito y se la muestra a esa muchacha, luego ella le pasa la portátil y se lo vuelve a ver cargando los números y el código de seguridad. A estas alturas ya no creo que pienses que fué una coincidencia, a menos claro, que tu hijo maneje tarjetas propias y eso cambiaría las cosas.

— No, el no...no tiene cuentas propias... maldita sea.

No podía creerlo, justo cuando había decidido confiar plenamente en su hijo, por los insistentes pedidos de su esposa, resulta que Dégel lo traiciona de la peor manera.

Su semblante cambió. Su expresión se endureció, mientras apretaba los puños y la mandíbula con mucha fuerza.

Estaba molesto, muy molesto.

— Me va a oír... y será mejor que me dé una muy buena explicación para que no lo expulse de mi casa hoy mismo.

— Tranquilízate, el dinero puede recuperarse y ya encontré la cuenta de destino. Sólo debo volver a girar los fondos y ya.

— Si pero ese no es el problema, Yuri. El problema es que mi propio hijo tiene la osadía de robarme y traicionarme de esta manera tan descarada, sin importarle siquiera que la vida de mi esposa pende de un hilo. Si tú no me ayudabas, Adeline estaría perdida.

— Ignoro las razones que pudo haber tenido Dégel para hacer esto, pero no hace falta que lo eches de tu hogar. Además no creo que lo hubiera hecho de saber que perjudicaría a tu esposa. Siempre puedes darle un castigo moral para que reflexione acerca de lo que hizo, eso siempre funciona y lo ayudará a aprender de sus errores.

Krest parece pensar en las palabras de su amigo y decide que hará lo sugerido.

— Puede que tengas razón.

Yuri asiente.

— Ya verás que es lo mejor.

— Ya todo esto, dime ¿quien es la muchacha con la que está mi hijo, sabes algo de ella?

— La jovencita que acompaña a Dégel se llama Edith Jonattha. Es hija de un congresista mediocre, llamado Claude Rieau Jonattha y de la corredora de comercio, Clementine Dupont.

" Dupont, Dupont, Dupont..."

Cuando oyó aquel apellido, entonces todo tuvo sentido.

— Ya veo, así que los Dupont una vez mas intentando joderme la vida. Como sea, ya veré que hacer con ellos, por lo pronto es hora de volver a casa. Primero, veré que tiene Dégel para decirme.

~•~•~♧~•~•~

En casa de los Garnier, Dégel y Edith se disponían a realizar la tan ansiada compra de los boletos de una vez por todas.

— Bueno, tal parece que tenías razón y la página que te mostré en el bar dejó de funcionar.

— Pero ¿podemos intentar con otra o no?

— Tal vez ese fué el problema y por eso la tarjeta se bloqueó. ¿Recuerdas que la portátil se apagó justo cuando ibas a comprar los boletos? Tal vez como no se completó la compra, por seguridad la tarjeta terminó en ese estado.

Era una mentira como no había otra, pero tenía que convencer a su amigo de que no era un error poco común, haciendo sonar aquella situación, como la mas normal del mundo.

— Entiendo, pero entonces... ¿se bloqueó para siempre? Mi padre me matará.

— No, el banco la bloquea por seguridad un máximo de 72 horas.

Si esto pasó ayer, recién podrás volver a operar mañana a la misma hora.

— Entiendo, no podemos hacer nada mas supongo.

Lamento que hayas tenido que venir hasta aquí por nada.

— No te preocupes, lo hago con gusto. Oye Dégel, parece que oigo un llanto, ¿tienes un bebé en casa?

— Rayos, olvidé a Camus y a mamá.

— ¿A quien?

— Bueno, en realidad es la esposa de mi papá.

Esta enferma y no se si atendió a mi hermanito, déjame ir a ver ¿si?

La oportunidad de estar en la misma habitación que Adeline y cumplir con el plan macabro de su tío, se le presentaba en bandeja de plata.

—¿Quieres que vaya contigo? Tal vez necesites ayuda con el bebé.

— No, mejor quédate aquí, no te preocupes, yo puedo solo.

Ante aquella negativa, la muchacha simplemente asintió, aunque no iba a obedecer a las palabras de su amigo.

Esperó a que Dégel suba las escaleras y lo siguió hasta arriba, viéndole entrar en una de las habitaciones.

Caminó en aquella dirección sigilosamente. Para su fortuna, su amigo dejó la puerta del cuarto entreabierta, permitiéndole  ver el interior.

La mujer no estaba allí, así que infirió que Adeline estaría en el cuarto contiguo y acertó.

Abrió la puerta lentamente, procurando no hacer demasiado ruido, para evitar despertar a la pelirroja, y una vez que estuvo frente al suero, sacó el pequeño frasquito del interior de su bolsillo junto con la jeringa, para luego inyectar un poco de aquella solución en la medicación de la mujer.

—¿¡Que rayos crees que haces!?

El grito de Dégel la sobresaltó, haciendo que diera un brinco, dejando caer la aguja y el frasco al suelo.

Adeline despertó levemente ante aquel ruido.

—¿Q-Que sucede? ... ¿Dégel, eres tú cariño?

— Sí mamá, no te preocupes. Lamento haberte molestado, en un rato vendrá papá para estar contigo.

Aquí te traje a Cam.

— Mi amor, ¿ya tiene hambre otra vez?

— Eso parece... ¿crees que puedes sola con él?

— Si cariño, descuida.

Cuando Dégel se paró nuevamente, Edith salió de la habitación como alma que lleva el diablo, pero al terminar de descender por las escaleras, se topó con dos figuras que no esperaba estuvieran ahí para recibirla.

Krest y Yuri la observaban, viendo como luego de unos instantes, Dégel también descendía y la tomaba fuertemente del brazo.

—¿¡Que mierda ibas a hacer con esto, dime!?— Le dijo, mostrándole la aguja y el frasco de solución salina.

—¿Que es eso, Dégel?— pregunta el siberiano, viendo los objetos expuestos en la mano del joven.

— ¡¡Ella tenía esto y si yo no llegaba a tiempo, se lo habría colocado a Adeline en el suero!!

Yuri toma el frasco y lee detenidamente.

— Es una solución salina, si esto hubiera entrado en el torrente sanguíneo de tu esposa, le habría producido un paro cardíaco.— explica, observando a su amigo.

Los ojos de Krest destilaban ira hacia ambos jóvenes, pero principalmente hacia la muchacha.

Dégel se quedó perplejo al saber que por poco salvó la vida de la mujer que tanto le quería.

—¿Quien te envió a hacer tal cosa  jovencita?

— Yo...yo no...

— ¿Acaso fué tu tio Casper, o tal vez Gerard?— Indagó Krest.

Los ojos de la muchacha se abrieron del asombro.¿Como era posible que aquel sujeto supiera todo eso? Su tio le había asegurado que no notarían nada hasta dentro de una semana pero lo cierto es que la habían descubierto tan sólo en un día.

Dégel, tal vez estaba peor.

La persona en la que había confiado le mintió descaradamente y no solo eso, sino que lo utilizó para perjudicar a su propio padre.

— ¡Por favor, le contaré todo, pero déjeme ir!

Los sollozos de Edith eran evidentes y comenzaba a desesperarse.

— Si contarás todo, pero no te irás hasta que venga la policía. Pierre llama a la estación de inmediato, por favor.

— Oui, monsieur. Como ordene.

El secretario se retira con celeridad, seguido plr la mirada desesperada de la muchacha.

—¡¡No, por favor no quiero ir a la cárcel!! Si quiere, le diré donde encontrar a mi tio y que él le diga la verdad, ¡¡por favor no me entregue!!

La muchacha suplicaba, hasta que se viró para hablarle a Dégel.

— Por favor, dile a tu padre que no me entregue, tú quisiste que te ayudara y lo hice...

—¡¡Tu me mentiste!!

—¡¡Mi tio me amenazó!! ¡¡Por favor Dégel, yo... yo te amo... no dejes que me lleven!!

—¿¡ Y todavía te atreves a decirme eso!?

El joven simplemente giró el rostro, mientras los efectivos policiales hacían acto de presencia en la propiedad, llevándose a la joven esposada y llorando a mares.

— En una hora deberá estar en la estación de policía, monsieur Garnier, para hacer la denuncia correspondiente.

— Entiendo, muchas gracias oficial.

Una vez solos, el rostro de Krest mostró un semblante más relajado, pero sus puños estaban cerrados, era una señal de que aún las cosas no habían concluido y Yuri sabía exactamente que venía a continuación.

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Chapter Text

— Bien, te escucho. Será mejor que me des una muy buena razón para que no te expulse de aquí, Dégel.

—¿¡Que!? Papá por favor, yo no tenía idea que Edith era...

—¡¡Traicionaste mi confianza!!¿¡ Como se te ocurre tomar mis cosas y hacer uso de ellas sin mi permiso!? ¿¡que rayos te pasa!?

— Papá, cálmate. No lo hice con la intención de perjudicarte.

— No, claro que no... ¡¡pero si no fuera por Yuri no habría podido pagar los medicamentos de Adeline y ahora ella estaría peor!! ¡¡Y todo porque se te ocurrió hacer estupideces a mis espaldas!!

No sabía que decir ante aquello.
No tenía la mas mínima idea de que su padre tuviera tanto dinero en aquella cuenta.

— La idea era simplemente hacer una estúpida compra por Internet, pero no iba a usar los fondos de tu cuenta pues Edith me transfirió el dinero necesario y ...

El abogado posó sus ojos esmeralda en su hijo al oír aquello.

—¿Compra?... ¿que clase de compra? ¿¡dime que ibas a comprar exactamente...!?

— U-Un boleto...de autobús. Iba a ir a París porque conseguí un trabajo allá.

Una mentira descarada salió de sus labios.
Jamás le diría la verdad de que su plan era ir a Grecia o su padre ahí si lo enviaría a prisión.
Por fortuna la verdad era a medias y pudo sostenerla porque era pésimo mintiendo.

—¿Y por que mierda no me lo dijiste y preferiste hacer las cosas a escondidas y a tu manera!?

— ¡Tu querías enviarme a Rusia!¿¡que querías que hiciera!? Estabas decidido a enviarme lejos, yo que iba a saber que aceptarías, padre.

Krest observó a Yuri y a Dégel alternadamente, se le ocurrió una idea para asustar al joven.
Ya había hablado con su amigo acerca de algún escarmiento para su hijo y que le haga ver que sus decisiones traen consecuencias; sólo esperaba que el ruso le siguiera la corriente.

— Pues esa decisión sigue en pie, sólo que ahora el motivo es distinto.

Yuri observó a su amigo seriamente, captando de inmediato la idea que le cruzaba por la mente al normando.

—¿Q-Que quieres decir, papá?

— Que irás a Rusia efectivamente. Trabajarás en la empresa de Yuri el tiempo que él considere necesario para devolverle cada centavo que gastó por tu estupidez.

— ¡¡No, no lo haré!! ¡¡No puedes obligarme!! No iré a ninguna parte ¿¡me oyes!?

— Jmm... es eso o te lo juro por lo mas sagrado que te enviaré a prisión a hacerle compañía a tu amiga.
Y si aún así te rehúsas te voy a maniatar y te subiré a ese avión como sea, tu decides... o Siberia o la cárcel.

— Papá...por...favor...—susurró

Sus ojos se llenaron de lágrimas. No podía razonar con Krest y se dio cuenta que su padre hablaba muy en serio.
Se dejó caer sobre el sillón de la sala completamente abatido y con la mirada en el suelo, no había escapatoria.

— Alista lo que llevarás en el viaje. Pasado mañana te marcharás, no quiero quejas ni réplicas. Ahora, vé a tu habitación.

— Si...papá.

Subió lentamente las escaleras, pensando en cada cosa bonita que le había sucedido en su corta vida. Haber conocido a Adeline, su amistad con Pierre, su pequeño hermanito Camus... su viaje a Grecia y ...

"Kardia..."

—¡¡Eso es!! Kardia es el único que puede ayudarme.
Sólo espero que esté despierto, ya es un poco tarde.

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Dormía plácidamente abrazado al cuerpo de su esposa, cuando su móvil comenzó a sonar de manera insistente.

—¿Hmm? Ash, por Zeus... ¿que carajo?...

Encendió el velador de la mesa de luz y miró el reloj, aclarándose la vista para enfocar.

— Las putas 01 de la madrugada... ¿quien carajo será?

— Kardia...apaga esa cosa.

— Si amor, descuida.

Tomó el teléfono para apagarlo definitivamente y cuando vió el remitente, se detuvo de inmediato.

" Dégel..."

Se levantó de la cama y fué directo al baño silenciando el tono de la llamada.
Una vez lejos de oídos de su esposa, atendió el móvil con celeridad.

—¿¡Dégel!?... ¿estas son horas de llamar hombre?

Kardia perdóname, sé que no es horario pero tengo un problema y no puede esperar.

El griego se masajeaba la frente, mientras oía al francés al otro lado de la línea.

— Dime que sucedió y veré si puedo ayudarte.

Es mi padre. Me enviará a Rusia pasado mañana, tengo que escapar de aquí.

—¿¡Espera... que!?¿Como que...? ¿¡En que te metiste!?

Te prometo que te lo explicaré con detalles pero por favor ayúdame, no se si algún dia regrese a casa siquiera, tengo miedo de que mi padre no quiera que regrese.

— Por todos los dioses... esta bien, te compraré los boletos para que viajes a Atenas mañana y nos encontramos allá.
Tengo que ir al acuartelamiento de la Armada y pasaré por tí en el aeropuerto.

Pero mi padre sabrá que salí del país y me va a rastrear, no le tomará mucho tiempo encontrarme.

— Esta siendo mas complicado de lo que pensé, ¿tu quieres salir de Francia de modo...ilegal?

No quiero figurar en los registros.

— Entiendo... déjame hacer una llamada, yo no puedo hacer nada pero, conozco a alguien que tal vez pueda ayudarte.
Necesito que estés al pendiente, te llamaré en cuanto pueda, ¿esta bien?

Si, Kardia. Muchas gracias, de verdad.

— No hay de que, tranquilízate. Todo saldrá bien.

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— Por un momento creí que ibas a darte de golpes con tu hijo.

—¿Bromeas? ¿Ya viste lo enorme que está?
Creo que eso de dejarle ir a entrenar no fué una muy buena idea.
Claro que no me enfrentaría a Dégel a los golpes, tengo una muy clara desventaja.

— Jaja, ya me veía intentando separarlos infructuosamente.
Oye, ¿no crees que se nos pasó la mano con esto de amenazarle con enviarlo conmigo a Siberia?

— Bueno, el plan era asustarlo y parece que funcionó, ya a lo último hasta dejó de levantarme la voz.
Dejemos que pasen los días hasta que se cumpla el plazo de la amenaza y veamos que hace mientras tanto.

— ¿Crees que cambie de actitud? Te ha pedido perdón, Krest y creo que fué sincero.

— No lo hizo. De hecho, sólo intentó justificarse.
Si me hubiera pedido disculpas posiblemente lo habría pensado pero, también es necesario que entienda que no puede simplemente pedir disculpas o perdón después de semejante cagada Yuri.
Quiero que comprenda que las consecuencias podrían haber sido peores.

— Hablando de eso... si no fuera por Dégel, tu esposa habría sido envenenada.

— Si no fuera por él, esa muchacha ni habría entrado a la casa... malas decisiones, Yuri. Y aprenderá le guste o no.

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Eran las 2:30 am cuando su móvil comenzó a sonar de manera desenfrenada.

— ¡Por un demonio...!

Se sobresaltó al pensar que tal vez algo pudo haberle ocurrido a su hermana, pues sabía que estaba embarazada.

—¡¡Rayos!!

Se levantó de la cama lo más rápido que pudo y tomó el móvil corroborando que la llamada era de su cuñado.

— Kardia, dame buenas noticias por amor a Zeus. Dime que no le ocurrió nada a Sonja.

¿¡Que!?... no, descuida... ella duerme plácidamente ocupando toda la cama, tranquilízate.

Suspiró profundamente al oír eso, y la calma se apoderó de su persona nuevamente.

— Bueno dime la razón de ¿¡porqué carajo me llamas a estas horas de la noche, si mi hermana está bien?! ¿¡Sabes que hora es, maldita sea!?

Lo se perfectamente pero necesito que me ayudes con algo... ¿puedes venir a casa?

—¿Que... ahora!?

Si, te explicaré todo lo mejor que pueda y te daré lo que sea por tu ayuda.

Aquí había algo raro... ¿Kardia le ofrecía dinero a cambio de ayuda? Era un asunto delicado al parecer.
La curiosidad pudo con él y aceptó, saliendo de su departamento avanzada la madrugada.

Al cabo de media hora, Albafica llega a la mansión Doukas y toca el timbre para ser atendido.

— Que rápido...

— Buenas noches ¿o buenos días debería decirte? ¡¡Son casi las 4 am, mierda!!

— Shh, ya te pedí disculpas.

—¿Que es lo que necesitas que haga exactamente?

— Necesito que ayudes a un amigo que tengo en Francia.
Te hablé de él, ¿lo recuerdas?

— El muchacho que conociste en Atenas, el que iba a trabajar en el astillero...

— Ese mismo, quieren enviarlo a Siberia y está desesperado por escapar de su país.

El sueco levantó una ceja asombrado

—Vaya destino... ¿y tu quieres...?

— No te hagas el idiota. Quiero que me ayudes a sacarlo de Francia.

Albafica mira a Kardia algo incrédulo, pero aquella frase, no le daba otra pauta de que su querida hermanita le comentó al griego acerca de su trabajo como agente del servicio secreto sueco.

— No me veas así, te pagaré lo que me pidas.

— No te preocupes, lo haré, después de todo me fascinan los desafíos... ¿que sabes de este amigo tuyo?... además del nombre, claro.

— Bueno, que es abogado, que su padre también lo es y que esta casado con la hija de un duque...

—¿Él o su padre?

—¿Que cosa?

—¿Quien está casado?, el o su ... olvídalo. Lo buscaré en la lap.... a ti parece que te falta sueño.
¿Puedes comunicarte con él?

— Si, de hecho, hablamos hace un momento.

— Bien, entre que yo averiguo acerca de tu amigo, contactalo y pregúntale cuando está dispuesto a viajar y a quien desea destruir.

—¿Destruir?... ¿como es eso?

— Lo sacaré del país, pero deberé hacerlo de un modo poco convencional.
Necesito un chivo expiatorio que afrontará las consecuencias y que de paso, complicaré incluso ante las autoridades francesas.
Solo debe darte nombres de a quien quiere fastidiarle la vida.

— Es casi como vender tu alma...

— Mas o menos. Ya le explicaré mejor cuando esté aquí, acerca de las consecuencias.

— Llamaré...

Mientras Albafica buscaba referencias sobre Dégel, Kardia hablaba con el muchacho.
Había comenzado una cadena de sucesos que ayudarían al joven francés a escapar de su padre y de su destino.

— Ya está, me dice que mañana ya estaría listo para viajar y me dio dos nombres...

—¿Dos?... vaya. Díctame.

— Casper y Gerard Dupont... no sé como se escriba, yo solo le anoté como me sonaba.

— Si, si no te preocupes. Yo entiendo...

Al cabo de unos 15 minutos indagando acerca de aquellos hombres, el rostro de Albafica se iba desfigurando cada vez más del asombro.

— Vaya, tu amigo no se anda con vueltas jaja, quiere cagar a los dos mafiosos mas grandes que tiene Francia...

—¿¡Como dices!?... explícame eso, lo que menos quiero son problemas internacionales.

— Bueno, es un decir... son mas bien dos corruptos de mierda que viven de joderle la vida a la gente, no me temblará el pulso en arruinarles la existencia.
Este tal Dégel ya me cae bien, sabe elegir a sus víctimas.

Kardia observó a su cuñado con seriedad. No entendía exactamente el plan de Albafica pero no importaba realmente, mientras logren ayudar a Dégel y él no se metiera en problemas.

Al cabo de un rato más de tipear en la laptop y de hacer un par de llamadas, el sueco le pidió nuevamente que contactara a Dégel, ultimando detalles para que pudiera viajar ya en un par de horas.

Kardia, dime.

— Buenas noticias para ti, mañana en la mañana te llegará una correspondencia a tu casa.
Son tus nuevas credenciales mas los boletos para venir a Grecia.
Sólo eso cambia, Dégel. Saldrás del país con otra identidad, ¿está bien? Luego yo pasaré por ti al aeropuerto en cuanto llegues y nos reuniremos nuevamente.

No hizo preguntas y tampoco le importó como es que Kardia había logrado tal cosa, simplemente asintió a todo y se concentró en preparar su equipaje para el viaje tan ansiado, el cuál por fin tendría lugar después de dos largos años.

" Mon dieu, debí hacer esto de un principio y ya habría estado lejos de este sitio hace mucho tiempo"

Sin embargo, lo que Dégel consideraba una dicha, no era precisamente lo que le aguardaba en Grecia.
Habían demasiadas cosas que ignoraba, entre las cuales estaba su imposibilidad de retornar a su patria por 2 años y algo mas... que Kardia estaba casado.

En todo el tiempo que mantuvieron contacto, el griego jamás le mencionó su nuevo estado civil, y sea por la razón que fuera, este dato era completamente ajeno al conocimiento del francés, que posiblemente si lo hubiera sabido, no habría tenido la osadía de escapar de su padre.

—¿Viajarás a Atenas?

— Si, tengo que alistarme para salir en una hora.

— Ya veo, dejarás a mi hermana sola otra vez...

Kardia rodó los ojos, era el reclamo continuo que recibía de parte de su cuñado, pero ¿que mas podría hacer? aquel aún era su trabajo.

— No es como que muera de alegría, entiende.
De todos modos renunciaré en cuanto nazca mi hijo. Quiero dedicarme por completo a él y a mi esposa.

— Te entiendo. Oye, cambiando de tema... este tal Dégel, ¿por qué es tan importante para ti?

—¿Crees eso?

— Kardia, me llamaste a las 4 am para que lo ayude con algo sumamente extraño ¿y todavía me preguntas que porqué creo eso?
Es obvio que te importa mucho y quiero saber por qué.

— Como se lo dije a él en su momento. Supongo que me cae bien, pero además de eso, no sé.
Pasó por demasiadas cosas cuando estuvo aquí que sentí la necesidad de protegerlo, y de hecho, fué una promesa que le hice, Alba, que le ayudaría en lo que pudiera.

— Ya veo. No lo entiendo del todo pero no voy a cuestionarte el querer ayudar a otros. Bueno, me largo también.
Mañana en la tarde tengo que viajar de regreso, pero como tú no estarás, creo que pasaré un rato por aquí a estar con mi hermana.

— Si, sería bueno. De todos modos regreso mañana, así que no te retrasarás mucho.

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