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El club de Hogwarts

Summary:

"En el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, era inaceptable tener una conducta inapropiada y salirse con la suya. Ni el alumno más inteligente y recatado se podía salvar de un castigo ejemplar.

A raíz de una calurosa discusión, Hermione Granger y Draco Malfoy se verán obligados a estar en detención un sábado entero en el área de la biblioteca, perdiéndose la tan ansiada excursión a Hogsmeade.

Pero no estarán solos, puesto que compartirán el castigo con otros alumnos de distintas edades y casas, los cuales harán de esa convivencia un dulce tormento.

Los harán darse cuenta de que las apariencias siempre son engañosas. Y, en consecuencia, tendrán la libertad de compartir sus más profundos pensamientos y secretos. Descubriendo que no son del todo diferentes sus vidas a las de sus compañeros de castigo."

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❥ Au! Inspirado en "The Breakfast Club"

Chapter Text

elclubdehogwartswall

 

 

 

 

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Los rayos del sol se colaron cerca de la ventana, ocasionando que Hermione Granger apretara más los ojos al sentir aquella molesta luz. Con su brazo derecho, trató de cubrirse mientras soltaba un débil gruñido. Se incorporó lentamente mientras dejaba escapar un enorme bostezo. Estiró los brazos y por fin abrió los ojos.

¿Había descansado? No muy bien. Ya que una sensación de nervios comenzó a inquietarla desde la madrugada.

Después de ducharse y ponerse su uniforme escolar, agarró su mochila y salió del dormitorio. Fue bajando los escalones con cautela, mientras escuchaba cada vez más fuerte las conversaciones de algunos estudiantes que se encontraban en la sala común de Gryffindor. Al ver a sus mejores amigos jugar ajedrez, cerca de la chimenea, se acercó a ellos.

— Buenos días, chicos.

Ambos voltearon y la observaron con una expresión de asombro.

— Buenos días, Hermione — respondió Harry — ¿te ocurre algo?

— ¿Por qué lo dices?

— Tu semblante te delata — se incorporó para cederle el asiento y ella le dio las gracias en un susurro — ¿dormiste bien?

— Al decir verdad… no. Siento demasiados nervios — se abrazó a sí misma — ¿qué fecha es hoy?

— Es martes 13.

— ¡¿Martes 13?! No puede ser…

— No entiendo. ¿Qué tiene de malo que sea martes 13 en diciembre? — intervino Ron mientras movía su pieza de ajedrez mágico.

— Es un día de mala suerte, Ronald. Tanto el martes 13 como el viernes 13, son días malos.

— ¿Es alguna clase de tonta superstición muggle? — preguntó él y ella solo lo observó con el ceño fruncido — no me veas así, te estoy preguntando bien.

— Pues vaya manera de preguntarme — dijo ella entre dientes mientras se cruzaba de brazos — lo bueno es que Harry si me entiende en ese aspecto. ¿Verdad que sí? — observó al pelinegro, quien solo se limitó a asentir con la cabeza — además Ronald, le han pasado cosas raras en esos días a mucha gente.

— ¿Y es solo en diciembre?

— No. En cualquier mes que coincida que, en martes o viernes, la fecha sea 13.

— Hmh ya veo — sonrió malicioso — imagina que te suceda algo malo en este día. Como lo es el… no sé… ¿comer una gragea con sabor a vómito?

— No si puedo evitarlo — dijo ella entre risas — son cosas más serias, Ron. Pero no está mal tu ejemplo. ¿Nos vamos a desayunar ya? Si nos apresuramos, llegaremos a tiempo a Transformaciones. Recuerden que la profesora McGonagall suele llegar muchísimo antes de que comience la clase.

— Relájate, Hermione. ¿Cuál es la prisa? Hasta el momento, no hemos tenido algún problema con ella.

Antes de que ella retomara la palabra para replicar, Harry intervino: — ella tiene razón. Vayamos a desayunar — observó a su mejor amiga — quizá el desayuno te hará olvidar  esa sensación de nervios.

— Gracias Harry — sonrió sutilmente — eres el claro ejemplo de que aún existen los hombres caballerosos.

— ¿Y qué hay de Viktor Krum? ¿no es lo suficientemente caballeroso para ti? — interrogó Ron.

Ella rodó los ojos y se incorporó de su asiento, comenzando a caminar hacia la salida de la sala común. Harry la siguió, dejando a un Ron malhumorado mientras guardaba a toda prisa sus cosas, las cuales no había terminado de ordenar.

 

~*~

 

Después de un desayuno en el cual los comentarios absurdos de Ronald Weasley con respecto a la fecha correspondiente fueron bastante recurrentes, los tres amigos se encaminaban rumbo al aula de transformaciones a un paso más tranquilo. Mientras discutían cuáles serían sus planes con respecto a su paseo en Hogsmeade, que se llevaría a cabo el día sábado.

—…Fred y George me dijeron que nos reuniéramos con ellos cerca de la tienda de artículos de broma de Zonko — dijo Ron mientras observaba a cuatro alumnas de Beauxbatons pasar frente a él.

— Oye Ron, si quieres te traigo una cubeta para que no se te escurra la baba — dijo Ginny Weasley mientras caminaba detrás de las chicas, y saludaba al trío de oro agitando la mano. El pelirrojo comenzó a sonrojarse al escuchar la risa de las chicas francesas.

—… ¿volveremos a acercarnos a la casa de los gritos? — preguntó la castaña juguetonamente para llamar la atención de su amigo. Al ver la expresión de horror de él, comenzó a reír.

— ¡Ni de broma! No pienso volver a acercarme a ese lugar en el cual casi me quedo sin pierna — gruñó — oye Harry… ¿has hablado con Diggory?

— No realmente — respondió mientras rascaba su nuca. Hermione se dio cuenta que su amigo estaba ocultándoles algo por medio de ese gesto.

— Pero si sabes algo nos dirás ¿cierto?

— No presiones a Harry, Ron — lo regañó — aparte. ¿Para qué meterle más leña al fuego? Cedric ya tiene suficiente con lo que ha escuchado de sí mismo en los pasillos del colegio. Y no creo que él quiera hablar de ese tema.

— Pues… — se encogió de hombros — ya sabes lo que todos pensamos de él.

— Yo no pienso así, y te aseguro que Hermione tampoco — dijo Harry con firmeza —   para mí tampoco ha sido fácil. Me pongo en su lugar… y sé lo que se siente que hablen de ti de esa forma tan despectiva al pasar.

— Exacto — Hermione tocó con el hombro a Ron, para que dirigiera su mirada hacia ella — además ¿quieres que te recuerde que tú me traías técnicamente como lechuza mensajera porque le diste la espalda a Harry?

— Ya entendí…— respondió el pelirrojo apenado — no era necesario que fueran tan duros conmigo.

Llegaron al aula de transformaciones y tomaron asiento. Harry Potter y Ron Weasley se sentaron en una butaca que se encontraba en la parte central del aula, mientras que Hermione tomó asiento al lado de Neville Longbottom, justo enfrente del escritorio de la profesora McGonagall.

La profesora dio un ágil salto de su escritorio y se transformó en su forma humana. La clase fue transcurriendo amenamente mientras la profesora paseaba de un lado al otro con su libro, impartiendo a los alumnos una explicación teórica con respecto a un encantamiento.

De repente, la castaña sintió que aterrizó una bola de papel en su cabeza. Se giró y observó a Draco Malfoy, quien se encontraba sentado del otro extremo del aula. Ella negó con la cabeza y volvió a girarse.

Retomó sus apuntes, cuando en eso, sintió una segunda bola de papel chocar en su cabeza. Volvió a verlo, y este solo frunció los labios un par de segundos, mandándole un beso.

— ¿Qué pasa, Hermione? — le preguntó Neville en voz baja.

La chica dejó de observar al Slytherin y retomó su escritura, sintiéndose un poco asqueada — es Malfoy… trata de sacarme de mis casillas — respondió con el mismo tono de voz — si sigue con ese estúpido juego de lanzarme bolas de papel… te juro, te juro Neville… que le voy a dar su merecido.

Y como si de una especie de invocación se tratase, una tercera bola aterrizó en su cabeza. Siendo esta, más grande que las dos anteriores. Hermione apretó los puños y se incorporó de su asiento con rapidez. Se acercó hasta el asiento que Draco Malfoy compartía con Blaise Zabini y ambos la observaron con expresión de diversión.

— ¿Se te perdió algo, Granger? — dijo en tono burlón mientras agarraba su pluma y la sumergía sobre la tinta.

— Tú te lo buscaste, Malfoy — y acto seguido le dio un puñetazo en la nariz, sin brindarle oportunidad a él de contestarle. El rubio soltó un quejido y se sostuvo rápidamente su nariz con ambas manos, mientras de fondo se escuchaban varios jadeos de sorpresa de sus compañeros.

— ¡Señorita Granger! — intervino McGongagall al acercarse a ellos, se veía realmente molesta — ¿se puede saber qué le sucede? ¿acaso se ha vuelto loca?

— ¡Él me provocó, profesora! — exclamó, sintiendo su cara arder.

— Yo no me he levantado de mi asiento — se quejó Draco, sin dejar de cubrir su nariz.

— ¡Cierra la maldita boca, Malfoy!

— ¡Señorita Granger! — exclamó sorprendida — esas no son maneras de resolver los conflictos — dijo con firmeza — Nunca pensé tener una conducta tan imprudente de su parte en mi clase. Lo esperaría de cualquiera… menos de usted — hizo una breve pausa  — me siento muy decepcionada de usted, señorita Granger.

— Profesora… yo… — no pudo terminar su frase, puesto que la profesora la interrumpió:

— La esperan en detención este sábado 17 de diciembre a las 7:00 a.m. En la biblioteca. Y olvídese de ir a Hogsmeade.

A partir de esa inofensiva pero letal frase, hubo total silencio en el aula.