Chapter Text
Kim Dokja siempre había sabido que las personas no son eternas. Lo repetía como un mantra desde que era niño. “ Nada es para siempre”.
Y sin embargo, cuando llega el momento de perder a quienes te marcaron profundamente, el cuerpo no lo entiende. La mente tal vez, pero el cuerpo tiembla.
Todo pasó con aquella llamada. Había estado en su trabajo, dentro de la oficina gris donde pasaba sus días finciendo que era parte del mundo. Su teléfono vibró con insistencia, y al contestar, la voz al otro lado mencionó los nombres de Perséphone y Hades junto a una noticia devastadora. Ellos habían muerto en un accidente de avión.
El teléfono se le deslizó de entre los dedos. No cayó al suelo, pero fue como si sí. Dokja se dejó caer junto al escritorio, incapaz de sostener el aparato ni su respiración. Miró al vacío y ni siquiera escuchó el final del mensaje, solo colgó. Como si hacerlo pudiera deshacer la noticia.
Perséphone y Hades no eran su familia, pero habían sido lo más cercano a un hogar que había tenido. Ahora ellos se habían ido y ni siquiera había podido despedirse de ellos.
Desde siempre la vida de Dokja siempre ha sido complicada.
Cuando su madre fue condenada a prisión, Dokja tuvo que mudarse con sus tíos. Fue una etapa oscura, lo acosaban en la escuela por el escándalo del crimen, reporteros lo seguían intentando arrancarle declaraciones, y en casa lo trataban como una molestia. Apenas comía si no lo llamaban; a veces ni lo miraban. Su cuerpo se volvió delgado, casi frágil, como si su existencia estorbara.
A los diecinueve, cuando la ley ya no obligaba a sus tíos a mantener, lo echaron sin pensarlo mucho. Le decían que ahora era libre, pero eso era mentira, él siempre había vivido en un infierno interno.
Dokja estaba solo en el mundo, había vivido una vida escondida de los demás, donde prefería no ser visto a ser molestado. Vivió como una cucaracha que se negaba a morir, buscando trabajos que no preguntaran demasiado y durmiendo en cuartos húmedos que olían a encierro.
Hasta que, mientras buscaba desesperadamente un nuevo trabajo, encontró una peculiar cafetería ya Perséphone, su dueña, una mujer que parecía salida de otra época.
Ella lo contrató sin hacer preguntas, como si supiera al ver el aspecto descuidado de Dokja que él lo necesitaba. No lo miró con lástima ni le ofreció consuelo, pero si trabajo y calidez. Ella le hablaba con respeto y le daba una taza de té de vez en cuando.
Y ese gesto desinteresado cambió el mundo de Dokja.
Su esposo, Hades, también pasaba por allí de vez en cuando. Traía flores para Perséphone y un aura de silenciosa elegancia. No hablaban mucho, pero entre silencios compartidos, Dokja aprendió a sentirse seguro con él.
Tiempo después se enteró que la pareja de esposos era dueña de una cadena de restaurantes importante en Corea, pero Perséphone decía que quería "algo más sencillo" para sus últimos años. Ellos aún velaban por aquella cadena, pero Perséfone prefería pasar el tiempo en esa cafetería.
Un capricho de ella se había vuelto en un refugio para él.
Cuando Dokja pudo empezar a pagarse la universidad, Perséphone le ofreció horarios flexibles para que pudiera trabajar y estudiar a la vez. Ella era amable, directa, y parecía ver más allá de sus silencios. A pesar de que Dokja no era un buen conversador, ella siempre le sacaba plática y le hacía compañía.
Perséphone le dio pequeños regalos en su cumpleaños y lo dejaba salir antes si tenía exámenes. Nunca le preguntó por su pasado pero Dokja sabía que lo conocía, después de todo, el caso de su mamá había sido bastante famoso. Y, aún así, Perséfone nunca lo juzgó. Ella lo dejó entrar en su vida.
Hades también a veces hablaba con él, aunque ambos eran callados por naturaleza, así que era Perséphone quien iniciaba las conversaciones.
Dokja respetaba a los dos señores, le hubiera gustado tener una relación más cercana que solo profesional, pero sabía que era ser avaricioso. Tenía suerte de que ellos dos lo trataran con amabilidad, para alguien como él, eso era mucho más de lo que se merecía.
Fue gracias a ellos que pudo estudiar y que encontró un lugar digno para vivir. Cuando se graduó como ingeniero a los 25 años, Dokja decidió dejar aquel empleo para abrirse un nuevo camino. Dokja les agradeció por todos los años que estuvieron con él y se marchó.
Perséphone cerró la cafetería poco después.
"Ya estoy vieja, Dokja. Y tú ya estás bien, eso es suficiente para mí", fue lo que le dijo cuando le preguntó la razón de esa decisión.
Lo dijo como si su misión hubiera terminado, y de algún modo él también sintió que esa etapa importante en su vida se cerraba. Él nunca fue bueno para mantener el contacto, pero a veces ella le enviaba un emojis de café y preguntaba cómo estaba. Dokja apreciaba que ella no lo hubiese olvidado.
Sabía que Perséphone y Hades habían adoptado a dos niños hace ya unos años, quienes se llamaban Yoosung y Gilyeong. Eran dos niños dulces, respetuosos y le hablaban de insectos y animales cuando él a veces iba a sus cumpleaños. No solía verlos mucho, pero no se portaban mal cuando él estaba cerca.
Pero existía una verdad que él trataba de ocultar en lo profundo de su mente. En realidad, Dokja los envidiaba en silencio, los niños habían sido bastante afortunados al tener de padres a Perséphone y Hades. Ojalá él hubiera tenido esa suerte.
Pero ahora ellos ya no estaban en este mundo.
Al recibir la noticia de sus muertes, el mundo le tembló bajo los pies. Porque aunque sabía que eran adultos mayores y sabía que tarde o temprano pasaría, una parte de él se había engañado pensando que vivirían para siempre.
En sus 27 años de vida no tenía amigos o gente cercana más allá de ellos dos, sentir que ya no vivían era como si una parte de sí mismo se fuera con ellos.
Aún así, pensaba que a pesar de los mensajes y regalos, ellos no le tenían tanta estima. Era normal, Dokja era un adulto con pocas habilidades de comunicación y prefería leer novelas web que pasar tiempo con las únicas dos personas que le hablaban. Después de todo, tampoco era como si Dokja fuera la gran cosa, ellos probablemente solo eran amables con él.
Cuando fue al funeral, escuchó vagamente el discurso de uno de los hermanos del señor Hades hablando. Era un hombre rubio con voz fuerte, pero apenas prestó atención. Sus ojos estaban clavados en los niños, se preguntaba qué sería de ellos.
¿Quién los cuidaría ahora?
No tuvo que esperar mucho para averiguarlo.
…
Unos días después, recibió una llamada del abogado encargado del testamento de Perséphone y Hades. Le pidieron asistir a una reunión para “tratar temas de herencia y custodia” que ellos habían dejado.
Dokja en parte se sorprende de que una parte de la herencia fuera para él. Después de todo, Yoosung y Gilyeong eran los hijos legales de la pareja y pensaron que se llevarían casi todo. Probablemente le dejarían algo de dinero como un gesto de amabilidad porque sabían que le costaba llegar a fin de mes.
No importaba de donde viniera el dinero, siempre era bien recibido. Incluso si estaba manchado con la sangre de dos personas que fueron importantes para él.
Pidió permiso en el trabajo. Por suerte, la única persona amable de Recursos Humanos, Yoo Sangah, le dio el visto bueno con una sonrisa comprensiva. Ella le ofreció su pésame, a pesar de que no hablaban mucho entre ellos. Ella era la única de la oficina que valía la pena, definitivamente el ángel de Minosoft.
Cuando llegó en la mañana a la oficina del abogado, se sentó en la sala de espera. Esperaba encontrar a más personas además de él, pero sólo había un tipo sentado del otro lado. Era alguien alto y musculoso, que ahora estaba usando unos audífonos y tenía sus ojos cerrados.
Dokja entrecerró los ojos.
“… ¿Yoo Joonghyuk?” Dijo en voz baja al reconocerlo.
El otro ni se inmutó al decir su nombre, y Dokja mejor se sentó en el asiento más alejado de él.
Yoo Joonghyuk era un idiota que a veces también aparecía en las fiestas familiares de los pequeños, pero no solían hablar entre sí. La única vez que lo hicieron, terminaron discutiendo y siendo regañados por Perséphone. Lo peor es que se habían peleado por una cosa muy tonta, se habían peleado sobre si el tomate era una fruta o una verdura.
Si, era una razón muy tonta como para pelearse, pero ambos tenían mal genio y los niños parecían divertidos al verlos pelear.
Dokja suspiró deseando que ese encuentro con Joonghyuk fuera breve.
Cuando los llamaron, ambos se levantaron. Joonghyuk alzó la mirada, clavándola en él. No pareció sorprendido de verlo ahí, pero soltó un gruñido bajo y se quitó los audífonos. Al pasar junto a él, Dokja pudo notarlo mejor.
Maldita sea, el tipo realmente parecía sacado de un comercial. Como si alguien hubiera diseñado su rostro para no tener alguna imperfección.
“¿Qué miras?” Dijo Joonghyuk deteniéndose para mirarlo fijamente.
“No te estaba mirando” Dokja respondió de manera evasiva, sintiendo como sus orejas se enrojecían un poco.
“Claro…” Obviamente Joonghyuk no le creyó y entró a la habitación.
Dokja lo siguió con un bufido interno. No esperaba una conversación amigable, pero un mínimo de cortesía no era mucho pedir.
Pero bueno, se veía que esa era su naturaleza y no quería armar una escena allí. Rodó los ojos y también entró.
Después de todo, ¿de qué le sirve ser guapo cuando eres un completo imbécil?
La notaría estaba helada, tenía ese tipo de aire seco y estancado que le hacía arder la nariz. Gong Pildu, el abogado de la pareja, los recibió con una sonrisa forzada y una mirada cansada. Parecía llevar días sin dormir.
"Buenas tardes. Mi nombre es Gond Pildu, representante legal de Hades y Perséphone. Agradezco que hayan podido asistir. El motivo de esta reunión es dar lectura al testamento que la pareja dejó en vida. Procederé a leer las cláusulas principales tal como fueron estipuladas. Tomen asiento, por favor."
Joonghyuk se dejó caer en la silla con una expresión impasible. Dokja, por su parte, se sentó con un leve titubeo, incapaz de dejar de mirar el enorme sobre manila que había sobre el escritorio.
Ahí dentro estaba el último deseo de dos personas que ya no existían.
El abogado respiró hondo antes de comenzar a leer. La voz le tembló un poco al principio, pero pronto entró en ritmo, como si se tratara de cualquier otro trámite. Dokja sintió una punzada de culpa por eso. Era doloroso, pero también necesario.
Kim Dokja no parpadeó cuando el abogado empezó a hablar ni cuando el testamento fue desenrollado con formalidad sobre la mesa. La muerte, después de todo, ya le había arrebatado tanto que lo único que podía hacer era seguir existiendo en automático.
El ambiente se sentía pesado, después de todo, estaban hablando de personas que ahora no se encontraban con ellos.
Escuchó el nombre de Joonghyuk, pero no prestó mucha atención a lo que recibió. Se sintió un poco desconectado del lugar, incluso cuando escuchó su propio nombre y el monto de dinero que le habían dejado, no reaccionó.
"... También nosotros, Hades y Perséphone, en pleno uso de nuestras facultades, declaramos que deseamos que Kim Dokja posea a "Café Asfódelo" , nuestra preciada cafetería. A su criterio quedará el destino de dicho establecimiento y también..."
“¿Eh?” No pude evitar interrumpirlo al escuchar eso “¿Me dejó la cafetería?”
Ya se imaginaba que le darían parte de su dinero en la vida, pero, ¿la cafetería? Pensó que ese local lo habían vendido, no que aún eran dueños de él. Su corazón comenzó a latir al recordar dicho establecimiento, ese lugar había sido demasiado importante para su vida. Por un momento hasta creyó sentir el olor a café que siempre lo envolvía cuando estaba allí.
“Si, en el testamento dejaron claro que esa cafetería sólo la podías heredar tú” Dijo Gong Pildu mientras lo miraba un poco molesto por interrumpirlo, pero luego suspiró ”También le han dejado una carta que se la daré en breve.”
Dokja sintió la mirada de Joonghyuk en él, pero no se la devolvió, estaba demasiado sorprendido como para devolverle la mirada.
“Entiendo.” En realidad, no lo hacía.
"En caso de que el señor Kim Dokja desee renunciar a esta herencia, deberá presentar un documento formal ante la corte. Sin embargo, todo está en regla si decide aceptarla".
"No, está bien. Solo fue la sorpresa inicial".
Gong Pildu avanzó y siguió hablando hasta que llegó a la parte final, que tenía que ver con la custodia de los niños. Dokja se quedó quieto para escucharlo atentamente, debido a que sentía curiosidad por el destino de esos niños.
"En este punto debemos hablar de los niños. Sé que es un momento difícil, pero legalmente son nuestra prioridad. Si no hay acuerdo entre los familiares, un juez decidirá dónde vivirán"
Dokja lo escuchó con el corazón palpitando lentamente. Su mirada se deslizó hacia Joonghyuk, quien se acercaba con seriedad. Parecía como si Joonghyuk hubiera estado esperando este momento, como si fuera la razón principal por la que vino, más que por una herencia.
"Los niños adoptivos, Shin Yoosung y Lee Gilyeong actualmente se encuentran en cuidado temporal del estado. Pero en el testamento de los señores ya se ha designado quienes se harían cargo de ellos."
Dokja alternó su atención entre el abogado y Joonghyuk, sintiéndose cada vez más fuera de lugar. No creía que Joonghyuk fuera bueno con niños, dios mío, era un jugador profesional. Seguramente se pasaba el día entero frente a una máquina, comiendo ramen instantáneo y usando la misma camiseta por días. Dudaba que supiera cocinar algo más complejo que arroz.
Claro, él tampoco sabía cocinar, pero él no iba a ser quien terminaría cuidando niños.
“Según el testamento, la custodia de los niños será compartida por Yoo Joonghyuk y Kim Dokja”.
“¡¿Qué?!”
El grito no fue de Dokja, si no de Joonghyuk, quien se incorporó abruptamente con los ojos abiertos de par en par..
“¡E-espere! ¿Custodia compartida… con Yoo Joonghyuk?” La voz de Dokja salió entrecortada. Se aferró al asiento, sintiendo que el mundo daba un vuelco.
Dokja bajó la vista lentamente. Había un cosquilleo raro en sus palmas, como si no supiera qué hacer con las manos. El aire se sentía pesado.
¿Él… a carga de niños? Con suerte había logrado sobrevivir él mismo.
"Así es, ambos fueron designados como tutores legales. La pareja confiaba plenamente en su capacidad para criar a los niños de forma conjunta, en caso de fallecimiento".
Confiaban…
¿En qué parte del camino alguien había decidido que él era una persona confiable?
No esperen, ¿en que momento ellos creyeron que Joonghyuk y Dokja eran los mejores para ser los tutores de esos pequeños? ¡¿Olvidaron que pelearon por un tomate?!
Dokja tragó saliva. Le ardía la garganta, pero no por hablar. Era algo más profundo, una herida vieja abriéndose bajo la presión del presente. Dokja nunca pudo hacerse cargo de nada, esto estaba mal.
Probablemente Pildu leyó mal, era un señor mayor, podría haberse confundido al leer. Eso tenía sentido.
"Debe haber un error" Dijo Joonghyuk mientras se frotaba las sienes tratando de calmarse "Yo hablé con Hades hace tiempo sobre este tema. Vine aquí sabiendo que cuidaría a los niños... pero ¿por qué con él?"
“Oye, no me mires como si esto fuera mi culpa” Dokja sintió la mirada de Joonghyuk clavada en él.
“No pareces alguien capaz de cuidarse a sí mismo, ¿por qué te quedarías con los niños?”
“¡No lo sé! También estoy confundido” Dokja estaba lo suficientemente aterrado por el asunto como para ofenderse porque Joonghyuk lo llamó un inútil.
Joonghyuk volvió a mirar a Pildu, con una expresión de frustración cada vez más evidente. El abogado se mantenía firme, aunque se notaba que no tenía idea de cómo mediar en esa tormenta emocional.
"Mire, debe ser un error. Solo yo me encargaré de los niños". Insistió Joonghyuk.
"Me temo que no puedo hacer eso. El testamento fue claro, se tiene que cumplir lo que dice al pie de la letra o si no los niños se quedarán en una casa de acogida".
“Me debe estar bromeando” Joonghyuk se estaba molestando en serio.
"No lo hago, señor Yoo. Podemos revisar de nuevo los documentos para ver si hubo algún error, pero por ahora, el señor Kim Dokja y usted tendrán que convivir si quieren tener la custodia".
Joonghyuk se quedó mirando un punto fijo en el escritorio, sus cejas se fruncieron hasta formar una línea recta y su cuerpo entero parecía temblar de la rabia contenida. Dokja lo observó en silencio.
No sabía qué había hablado con Hades, pero por cómo actuaba parecía que le había hecho una promesa. Y que estaba dispuesto a cumplirla.
Él realmente quiere cuidar a los niños.
Recordó los rostros serios pero amables de Hades y Perséfone, ellos siempre habían sido amables con él. Y si ellos realmente habían confiado en el hombre a su costado para cuidar a su mayor tesoro que eran sus hijos. Entonces…
“Nos haremos cargo” Antes de siquiera pensarlo bien, las palabras salieron de la boca de Dokja.
Joonghyuk lo miró sorprendido, pero Dokja evitó su mirada. Ni él sabía de dónde habían salido esas palabras, pero no estaba listo para enfrentar su reacción.
“¿Está seguro?” La voz de Pildu sonaba inquisitiva “Esto de cuidar niños no es ningún juego, piensalo bien”.
“Si, estoy seguro” Dijo Dokja con dudosa determinación “...Pero revisen esa documentación, por favor. En caso de que haya habido algún error.”
"De acuerdo. También les aviso que para ser sus tutores legales van a tener que pasar por períodos de prueba, una asistente social se encargará de evaluar su entorno y tendrán que hacerse exámenes en caso de que veamos algo extraño en sus antecedentes. También tenemos que hablar sobre la herencia que tienen los niños y cómo se va a administrar, pero por ahora hablemos sobre temas más urgentes."
El resto de la reunión fue una nebulosa de trámites, reglas, condiciones legales y advertencias. Ambos hombres asintieron y firmaron documentos sin realmente saber en qué momento su vida había dado un giro tan violento. Cuando terminó, Pildu les dijo que los contactarían pronto para coordinar cuando iría la asistente social.
Al salir, trató de escaparse lo más rápido posible, ansioso por desaparecer de la vista de aquel hombre que no solo parecía odiarlo sino que probablemente ya estaba considerando formas de matarlo sin dejar rastro. Dio apenas dos pasos cuando una mano dura lo agarró del cuello de la camisa y lo arrastró con una fuerza que claramente no venía de este mundo. Dokja apenas tuvo tiempo de gruñir algo antes de ser estampado contra la pared de un callejón cercano.
El golpe no fue fuerte, pero suficiente para que su espalda crujiera con protesta. Genial. Como si ya no tuviera problemas suficientes, ahora iba a tener peores problemas de espalda.
Recordó los días de acosos en su preparatoria. Sabía que Joonghyuk no lo hacia por la misma razones que sus antiguos bullyes, pero era inevitible recordar esos tiempos. Después de todo, fueron ellos los que lo llevaron a casi suicidarse.
Dios, si lo hubiera hecho ni siquiera estaría en esta situación ahora.
No pudo evitar la risa sarcástica que se formó en su garganta cuando notó cuán cerca estaban sus rostros, muy raras veces la gente estaba tan cerca a él. El agarre en su cuello era firme y decisivo, el pulgar apenas presionando sobre su tráquea, como una advertencia. Dokja estaba en un sentido de alerta mientras examinaba al hombre que lo tenía presionado contra la pared pero no decía nada.
Lo peor es que ese hombre tenía la decencia de seguir viéndose malditamente bien, incluso en medio de lo que técnicamente era un intento de homicidio hacia su persona. ¿Cómo era posible que incluso en ese estado de furia y violencia contenida, se viera así? El cabello oscuro le caía desordenado sobre los ojos, y tenía una expresión asesina. Pero maldita sea, se veia muy bien.
Debería ser un crimen verso tan bien mientras amenazas alguien.
Pero su tren de pensamiento se vio interrumpido al recordar la situación en la que se encontraba, en la que si no tenía cuidado realmente iba a fallecer en un callejón. Tragó saliva, y se forzó a hablar antes de que Joonghyuk decidiera aplicar más presión.
“Vale, escucha… no sé qué hablaste con Hades, pero si yo no aceptaba vivir con ustedes no te iban a dar a los niños ¡Te he hecho un favor!”
Joonghyuk presionó más fuerte su cuello en respuesta y Dokja ahogó un gemido. Definitivamente él iba a bloquear de su mente que casi pasa eso.
“¿Y por qué aceptaste tan rápido? Ni siquiera sabías que te habían puesto a cargo.”
“No sé…” Dokja parpadeó, intentando sonar convincente “Entré en pánico, hubo un silencio muy incómodo.”
La mirada de Joonghyuk titubeó, probablemente andaba en un dilema interno. Dokja no dejó de mirarlo, por más que pareciera una máquina de matar emocionalmente constipada, Joonghyuk tenía algo en sus ojos que se debatía entre cumplir con su promesa con Hades o estrangularlo ahí mismo.
Entonces Dokja habló de manera suave, tratando de controlar la situación.
"Además, solo será por poco tiempo. Probablemente se den cuenta del error y decidirán arreglarlo. No es como que vayamos a ser una familia para siempre... ¿verdad?"
Con manos temblorosas, empujó ligeramente a Joonghyuk, buscando que lo soltara. Para su sorpresa, lo dejó ir. Dokja se llevó una mano al cuello, masajeando un poco mientras respiraba profundamente. Se acomodó la camisa arrugada con lentitud, más por orgullo que por otra cosa, y trató de arreglarse el cabello mientras notaba que Joonghyuk no paraba de mirarlo.
Antes de que Dokja pudiera burlarse, Joonghyuk habló primero “Dámelo”.
"¿Qué?"
“…Dame tu número.”
Dokja parpadeó, divertido por dentro, aunque por fuera solo alzó una ceja.
"¿Para qué?"
Joonghyuk frunció el ceño, Dokja estaba jugando con su paciencia, como si por poco no se hubiera librado de que Joonghyuk lo matara.
“Para ponernos de acuerdo” Joonghyuk soltó un suspiro frustrado “Supongo que eres mejor que nada… creo”.
“¿Qué estás tratando de decir, bastardo?” Dokja sintió que una vena le palpitaba en el frente “¡Te he ayudado, me debes una!”
“Lo que eres es un nuevo dolor de cabeza”.
Dokja inhaló por la nariz, contando hasta cinco. Iba a ahorcarlo. Iba a hacerlo y después diría que fue en defensa propia. Lo lamentable era que en ese caso se quedaría él solo con los niños, y él realmente no estaba listo para ser padre. En sus 28 años de vida no había pensado en criar niños, tal vez sí un gato, pero no más.
“Múdate lo antes posible a mi casa” Ordenó Joonghyuk con tono autoritario “No sabemos cuándo aparecerá la asistente social y debe creer que las cosas están bien entre tú y yo.”
“Espera… ¿vivir en tu casa?”
"Obviamente ¿Creíste que viviríamos separados?"
“Si entiendo, pero… ¿por qué tú no puedes vivir en mi casa?”
Joonghyuk levantó una ceja, como si Dokja acabara de advertir que vivieran en una caja de cartón “¿Tienes una casa lo suficientemente grande como para cuidar de dos niños y dos adultos?” Dokja se quedó callado “Eso creí”.
Dokja bufó humillado y sacó su celular.
“Dame tu número de una vez, que tengo cosas más importantes que hacer que discutir contigo”.
Cuando Joonghyuk lo dictó, lo anotó sin mirar y se despidió con un gesto vago, alejándose lo más rápido posible sin parecer que estaba huyendo. Escuchó que el más alto le gritaba algo detrás, pero ya estaba lo suficientemente lejos como para fingir que no lo oyó.
…
Él realmente no hizo eso…
¿Ahora era padre de dos niños? No uno. DOS .
Al llegar a su apartamento se dejó caer en la cama completamente cansado, ni siquiera se quitó los zapatos. Cerró los ojos, esperando que todo fuera un mal sueño. Tal vez era uno de esos escenarios ficticios que su mente creaba para desconectarse de su realidad, y no que en serio ahora iba a cuidar a dos niños junto al imbécil de Yoo Joonghyuk.
Pero no, él no había alucinado con eso.
Dios… había conseguido una familia improvisada por su gran bocata.
¿Él siendo un padre? Por favor.
Lo más cercano que tuvo a una figura paterna fue Hades, a quien conoció recién a los diecinueve y ni siquiera lo veía seguido ¿Contaba su propio padre? Ese señor cuya cara apenas podía recordar pero si tenía presente su voz que aún resonaba como un zumbido molesto al fondo de su mente debido al maltrato. Se dio un golpe en la cabeza por siquiera considerarlo como referencia.
Cuando prendió su celular vio que tenía mensajes de Joonghyuk, a quién había agendado como “Idiota”. Decidió ignorarlo y apagó su teléfono.
Tal vez si no respondía, todo desaparecería.
Tal vez si dormía… el mundo también lo haría.
En su mesa de noche había dejado aquella carta que le entregó Pildu antes de irse. Al parecer era de Persephone, pero si era honesto, aún no estaba listo para leerlo. Ni siquiera sabía qué hacer con el tema de la cafetería que le habían dejado.
Cerró los ojos y se dejó caer más profundo en el colchón. Y por primera vez en mucho tiempo, deseó que el sueño fuera eterno.
…
Se equivocó al ignorar esos mensajes.
No sabía cómo había pasado, pero Joonghyuk estaba en la puerta de su casa.
El golpeteo insistente lo había sacado de su siesta. Afuera ya era de noche, y Dokja apenas logró despegarse de su cama, pero el golpeteo en su puerta no cesaba. Cuando la abrió, se encontró con esa mirada severa que ya empezaba a reconocer sin querer.
“¿Qué haces aquí?” preguntó, aún adormilado. Dios, ni siquiera había almorzado.
“No contestabas mis llamadas”
“¿Cómo mierda sabes mi dirección?”
“Le pedí a alguien que te rastreara” respondió con total naturalidad, como si no acabara de decir algo completamente ilegal y psicótico.
Dokja parpadeó un par de veces, luego abrió mucho los ojos y soltó un largo suspiro.
“Lunático…” murmuró “Rápido, dime para qué me buscas antes de que te cierre la puerta en la cara.”
“Es por la mudanza.”
Suspiró, no podía escapar de ese tema al parecer. Se apartó de la entrada para dejarlo pasar. Porque claro, ¿por qué no? A este tipo solo le habló dos veces en la vida, una para pelear y otra para ser ahorcado, y aun así lo dejaba entrar a su apartamento como si nada.
Definitivamente había perdido la cabeza.
Mientras se autocastigaba mentalmente, Joonghyuk inspeccionaba su apartamento con ese rostro que parecía permanentemente decepcionado de todo. Dokja sabía que el lugar no era un lujo, pero tampoco estaba tan mal. Si, era pequeño y el desorden gritaba soltero en todos lados, pero tampoco valía esa mirada tan crítica.
“Necesito que me avises cuándo piensas mudarte a mi casa” dijo de pronto Joonghyuk, abriendo la refrigeradora, como si esta fuera su casa.
“¿Qué? “repitió Dokja, frunciendo el ceño.
“De ser posible, lo antes posible” continuó, ignorándolo mientras sacaba uno de los paquetes que había comprado en la tienda días atrás “¿Esto es comida precalentada?”
“Es mi cena” respondió sin vergüenza, estaba acostumbrado a ese tipo de comidas.
“Vives en la miseria”.
Dokja se cruzó de brazos, apoyado contra la pared como si eso pudiera protegerlo del juicio que goteaba de cada palabra del otro.
“Es grosero criticar apartamentos ajenos"
“No lo haría si al menos viera comida real o higiene básica”
“Bueno, perdón por no tener tiempo de limpiar. Algunos tenemos una vida muy ocupada luchando por el salario mínimo” Le soltó con tono afilado, satisfecho al ver cómo Joonghyuk chasqueaba la lengua, como si quisiera retractarse pero fuera demasiado orgulloso para admitirlo “Oh, parece que mi crítico personal se quedó sin argumentos” Añadió sonriendo burlonamente.
“Tienes una lengua muy afilada” murmuró Joonghyuk, entrecerrando los ojos.
“Y tú no tienes tacto a la hora de hablar con la gente.”
Sus miradas se enfrentaron, era una guerra silenciosa entre el sarcasmo de uno y la seriedad asfixiante del otro.
Y sin embargo, Dokja no apartó la vista. No iba a huir, aunque Joonghyuk pudiera aplastarlo con un solo brazo sabía que no le haría daño sin una buena razón. Aún así, era irritante e insufriblemente atractivo, con ese aire de “yo sé más que tú” y una cara de modelo publicitario que arruinaba cualquier sentido común.
Su corazón latió un poco más rápido, y Dokja lo ignoró como un campeón.
“No sé cómo mierda vamos a vivir juntos” Gruñó Dokja, bajando la mirada un instante.
“Fuiste tú quien se lo dijo al abogado, así que no te queda de otra que cumplir tu palabra.”
¿Acaso vió… una sonrisita? Dokja parpadeó, inseguro de si estaba alucinando o si ese demonio sabía sonreír.
“No me recuerdes eso o tendré pesadillas” resopló, sacudiéndose un escalofrío por la pequeña sonrisa que ya había desaparecido del otro “Me mudaré en unos días”
“Necesito una fecha exacta”
“No sé… hoy es miércoles ¿Domingo? Ese día no tengo nada”
Joonghyuk asintió con la misma expresión neutra de siempre y se encaminó hacia la puerta como si el asunto ya estuviera cerrado.
“Ey, ¿ya te vas?”
“Sí, ya discutimos lo importante.”
“...Eres realmente difícil”
Joonghyuk se giró un poco “¿Qué? ¿Quieres que me quede?”
“¡Claro que no! Pero al menos despídete, ¿no? ¡Y no consigas la dirección de la gente rastreándolos! ¡Es espeluznante!”
“No contestabas” Se intentó justificar.
“¡Podías esperar un día!”
“Mañana tengo un evento, no iba a poder revisar el teléfono” Encogió los hombros, restándole importancia. Pareció un poco dubitativo antes de seguir hablando “Además… los niños están en una casa de acogida. Ningún familiar quiso hacerse cargo.”
Eso le cayó como un balde de agua helada.
“¿Qué? Pero… ¿no estaba su tío en el funeral? Creo que Perséfone era hija única, pero Hades tenía hermanos.”
“No quisieron hacerse cargo y ellos llevan una semana allí. El proceso de custodia puede tardar de uno a tres meses, dependiendo de qué tan rápido podamos demostrar que somos aptos.”
Y ahí estaba la verdad detrás de las acciones desconcertantes de Joonghyuk.
La actitud extraña y sofocante era porque él estaba preocupado por los niños, y estaba dispuesto a buscarlo solo para poder estar con ellos.. Probablemente también todo este proceso era difícil para Joonghyuk, teniendo que aceptar que no tendría la custodia fácilmente y tendría que estar con él. No solo Dokja tenía que aprender a convivir con un extraño, Joonghyuk también.
Dokja se sintió culpable de inmediato, tal vez había sido demasiado duro. Joonghyuk no era fácil, pero tampoco era insensible.
“¿Qué tenemos que demostrar?”
“Que los niños vivirán en un entorno seguro. Para ello tendremos entrevistas con la asistente social, el resto es papeleo con el que mi abogado puede ayudarnos.”
“Estás muy bien informado”
“Cuando Hades me dijo que me dejaría a cargo, me puse a investigar. No sé cómo cambia si somos dos, pero debe ser similar.”
Dokja se quedó en silencio, tenía curiosidad de cómo Joonghyuk terminó siendo el encargado de tener la custodia en primer lugar. Si cuando iba a las fiestas de los niños no veía a Joonghyuk interactuar mucho con ellos.
¿Cómo terminó Joonghyuk aceptando algo así?
“¿Qué hablaron Hades y tú?” Sabía que sonó entrometido, pero tenía curiosidad.
Joonghyuk no respondió a su pregunta. Él solo caminó hasta la puerta, giró la perilla con calma y antes de salir lo miró por sobre el hombro.
“Eso… no es de tu incumbencia, Kim Dokja.”
Y se fue.
…
Ya habían pasado los días desde aquella inesperada visita nocturna, y Dokja había estado empaquetando lo esencial en cajas. Su apartamento se vaciaba poco a poco, como si estuviera despidiéndose de sus recuerdos.
Ya había notificado a su casero de que se marchaba a fin de mes. Era extraño mudarse, ese diminuto espacio lo había visto crecer durante sus años de universidad y trabajos agotadores. Recordaba las noches en que apenas podía arrastrarse hasta el sofá antes de colapsar.
Ese apartamento lo ayudó a sobrevivir, y ahora se iba para armar un nuevo capítulo. Uno muy caótico y que definitivamente no hubiera elegido si hubiera estado en sus cinco sentidos, pero ya no había marcha atrás.
Dokja revisó el reloj, faltaba una hora para que Joonghyuk llegará a ayudarlo con las cajas. Se sentía disgustado de tener que depender de él para su mudanza, pero no tenía dinero para un camión de mudanza, ni amigos a quienes pedirle favores.
Había tenido uno por un tiempo, el autor de su novela favorita, “Tres maneras de sobrevivir al apocalipsis”. Es una novela que empezó a leer desde que estaba en la preparatoria y se publicaba de manera diaria. A pesar de que la novela era muy buena, él había sido el único lector, y a veces hablaba con el autor en comentarios. Pero un día el autor desapareció sin dejar rastro y con una novela inconclusa. Se sentía frustrado de no haber conocido el final.
Recordaba muy bien la descripción del protagonista de dicha novela; alto, de piel bronceada, cabello oscuro y algo desordenado, ojos intensos como gemas antiguas… ¿y por qué sentía que esa descripción le sonaba demasiado familiar?
Su celular vibró. Era Joonghyuk.
Perfecto. Justo otro idiota musculoso, con ojos como gemas, cabello sexy y piel bronceada. Genial.
Se obligó a dejar de pensar en él, ya que estaba manchando el buen recuerdo que tenía de su protagonista favorito. Dokja le respondió con desgano y pidió que subiera a ayudar con las cajas, ya que obviamente no podría cargarlas solo y ese imbécil con músculos tenía que servir de algo.
…
El viaje en auto fue mayormente callado.
Dokja observaba por la ventana, deseando tener una lista mental de temas de conversación que no lo hicieran querer lanzarse por la puerta. El silencio era cómodo solo cuando no estaba acompañado por la mirada de juicio constante de Joonghyuk.
El viaje en auto fue mayormente callado. Mientras hacían viajes llevando los paquetes ninguno hablaba, Dokja recién iba a conocer su apartamento, pero seguro un niño rico como él tendría algo lo suficientemente grande.
“¿Has vuelto a hablar con tu abogado?”
Si, terrible tema de conversación. Pero aunque apreciara el silencio, con Joonghyuk este era incómodo y asfixiante. Y si iban a vivir juntos tenían que al menos ser capaces de entablar una conversación normal sin pelear.
“Si, ya le hablé. Me dijo que la validación del testamento ya lo tenemos, como es legítimo no tenemos que comprobar que Hades y Persephone no nos querían dar la custodia”.
“Bueno, ellos solo te lo querían dar a ti…”
“Si, pero el estado está aferrado a la idea de que tú también estás, pero eso se puede arreglar. Lo importante es que yo estoy allí, lo tuyo lo resolveremos cuando podamos comenzar a cuidar a los niños”
“¿Dijiste que sería de entre un mes a tres meses, no?
“Si, luego van a hacer la evaluación para ver que seremos buenos tutores. No han puesto fecha aún, pero debe ser pronto. Si no vivimos en un entorno cercano creerán que somos una personas inestables.”
“Somos unas personas inestables” dijo Dokja con una sonrisita, disfrutando de la reacción malhumorada de Joonghyuk.
“Como el testamento se leyó una semana después del funeral ya tenemos una parte importante hecha, pero lo que sigue puede que demore un mes. Es como si fuera una proceso de adopción, tenemos que dar entrevistas por separado, nos harán visitas domiciliarias y harán pruebas psicológicas en caso de que vean algo extraño en nuestros antecedentes”
Dokja asintió y se echó más atrás en el asiento mientras cerraba los ojos. Probablemente le harían esas pruebas al descubrir su pasado familiar.
“Esto es una tortura”
“Lo es, pero no podemos dejarlos en la casa de acogida”
“Yo.. eso ya lo sé” Dokja suspiró “Me sorprende lo malditamente elocuente que eres cuando te pregunto del procesos de adopción, luego a penas me dirijes la palabra"
Joonghyuk alzó los hombros restando importancia y Dokja se aguantó una risilla.
Cuando llegaron al apartamento, Dokja se quedó sorprendido al entrar. Era definitivamente mucho más grande que el suyo, hasta le dolía saber que tenía tanto espacio para él solo. Tenía cuatro habitaciones (siendo una probablemente la de Joonghyu), baños, una cocina bien equipada, una sala con muebles grandes y un gran televisor. Dokja no creía poder pagar algo así ni aunque ahorrará toda su vida.
Es que los guapos tienen mejores oportunidades laborales.
“¿Viste que aquí si se puede vivir?”
Lo peor es que Joonghyuk tenía razón. Su apartamento era grande, ordenado e increíblemente limpio. Hasta le dieron ganas de tirar un jarrón para ensuciar un poco, pero Joonghyk lo mataría.
“Es decente” Dijo Dokja y sonrió al ver que esa no era la respuesta que esperaba Joonghyuk, quien solo gruñó y dejó las cajas, antes de volver a bajar.
Así estuvieron haciendo viajes hasta que todo el proceso terminó y Dokja sintió que por fin podía respirar. Cuando entregó las llaves a su casero. Eran las tres de la tarde y aún no había comido, así que decidió sacar su billetera para irse a comprar algo en una tienda cercana, pero Joonghyuk lo detuvo.
“¿A dónde vas?”
“A la tienda, no he almorzado”
“¿Bromeas, no? Te dije que no me gustaba esa comida.”
Dokja lo miró con incredulidad “Sorpresa, no es para ti, es para mi.”
Joonghyuk gruñó y lo agarró del brazo para que volteara a mirarlo. El corazón de Dokja comenzó a latir mientras Joonghyuk lo miraba de cerca y parecía pensativo, no lo soltó de inmediato y lo miró con tanta intensidad que Dokja sintió el corazón en la garganta. Por un segundo pensó que el otro estaba calculando cómo asesinarlo allí mismo.
Ni siquiera era una crimen tan grande comer comida precalentada, era un exagerado.
Antes de quejarse, Joonghyuk suspiró y por fin lo soltó.
“No dejes tus cajas sin abrir ni guardar en la sala. Voy a cocinar el almuerzo, tú encárgate de eso”
“Espera…¿sabes cocinar?”
“¿Qué clase de adulto que vive solo no sabe cocinar?” Dijo Joonghyuk con una ceja alzada “...Claro, uno que compra su almuerzo en tiendas” Su voz sonó un poco burlona.
Dokja estaba por replicar, pero su estómago rugió y se puso rojo. Era verdad que se había cansado de la comida de tiendas desde hace un tiempo, pero no tenía muchas opciones.
Suponia que aceptar la ayuda de un idiota una vez no estaria mal.
“...Bien. Pero más te vale que sepa bien, soy exigente”
Joonghyuk ni respondió. Se fue a la cocina, como si cocinar para dos fuera lo más natural del mundo. Dokja, en cambio, tuvo que morderse la lengua para no soltar una risa nerviosa.
…
Mientras Dokja estaba guardando algunas de sus cosas en el cuarto que le asignó Joonghyuk, se quedó sentado en la cama mientras miraba todo lo que ya había sacado. No tenía muchas pertenencias, así que andaba guardando sus ropa en los cajones. En eso, desempaca algunas cosas de papelería que tenía y allí ve el registro de la cafetería que ahora le pertenecía y la carta de Persephone que seguía sin abrir.
Se le hizo un nudo en la garganta. Por más que había trabajado allí un tiempo, nunca imaginó que se lo dejarían a él ¿Por qué a él? Persephone conocía a personas más capaces que habrían aceptado encantados el negocio. Él, en cambio, era un tipo que apenas sabía calentar ramen instantáneo sin quemar la olla.
Sinceramente, no sabía qué hacer con el recinto. Aunque ahora fuera suyo el abrirlo traería nuevas responsabilidades, como tener que preparar algunos postres (Persephone algunos días le enseñaba como los hacía y veía su libro de recetas), o todo financiamiento que tendría que hacer antes de abrir, y eso, porque siempre un negocio nuevo tiene un registro de pérdida al comienzo.
Además de que Dokja actualmente seguía trabajando para Minosoft. Aunque sabía que no sería para siempre, ya que su contrato terminaba el siguiente mes y dudaba que lo dejaran quedarse.
Así que tendría ese tiempo suficiente para pensar qué hacer con esa cafetería, aunque también podría solo quedarse con ella para el recuerdo, ya que verla le recordaba a la pareja de esposos que ahora ya no estaba con él.
“¿Qué voy a hacer contigo?” murmuró, mirando el registro. Guardarlo para el recuerdo por ahora parecía lo más sensato.
Deliberadamente apartó la vista de la carta cerrada. No iba a leerla. No aún.
Hacerlo implicaba aceptar que esas serían las últimas palabras que tendría de Persephone, y no estaba listo para ello.
Y, por encima de todo, trataba de no pensar en lo otro: los niños.
La idea lo helaba.
“¿Qué diablos podría enseñarles yo? ¿A aguantarse el hambre? Sí, seguro que a Joonghyuk le encantaría escuchar eso.”
Se frotó el rostro con ambas manos y decidió salir de la habitación antes de hundirse más en sus pensamientos. Cuando abrió la puerta, el olor lo golpeó de inmediato, era jajangmyeon recién hecho. El aroma le abrió el apetito en segundos, traicionando todo su pesimismo.
Al parecer estuvo rato allí encerrado, porque Joonghyuk subió las cajas que faltaban y ahora estaba sirviendo la comida. Tenía que admitir que olía delicioso.
Bajó a lavarse las manos y, cuando entró al comedor, ya había dos tazones en la mesa. Y Joonghyuk ya lo estaba esperando.
“Esto si es comida de verdad” Sentenció Joonghyuk mientras se sentaba en una silla.
“Admito que me sorprendiste” Dokja lo miró dudoso. Probó un bocado pequeño, como si esperara caer muerto a los pocos segundos. Pero el sabor lo golpeó de lleno, y en cuanto se dio cuenta ya estaba devorando con rapidez “Maldita sea…”
No notó la sonrisa fugaz de Joonghyuk. Una satisfacción callada, como si nada lo hiciera más feliz que callarle la boca a Dokja.
El silencio se extendió un rato, solo se escuchaba el sonido de los fideos comiéndose y las notificaciones de algunos mensajes en el celular de Joonghyuk. Luego de un rato dejó el celular y recién probó su propio plato.
“Tengo noticias”, dijo sin levantar mucho la voz. “Mi abogado me informó que en un par de días vendrá la asistente social. Evaluará si este lugar es adecuado.”
Dokja miró alrededor y asintió. “Sí, no creo que se queje de este apartamento. Aunque podría pensar que vives demasiado perfecto. Como un robot.”
Joonghyuk lo ignoró. “Hará preguntas típicas como salario, antecedentes, relación con los padres… y si nuestra relación es estable.”
Dokja dejó los palillos a medio aire “¿Nuestra qué?”
“Nuestra relación, Dokja.”
“…Nosotros no estamos saliendo.”
“Estúpido, ya lo sé. Pero tendremos que fingir que lo estamos.”
Dokja había tenido tantas cosas en la mente que no pensó en algo tan obvio. Sintió como el calor se le subía la cara y apartó la mirada hacia el plato, repentinamente incapaz de tragar.
“¿En serio no lo pensaste?”
“No.”
Joonghyuk negó con la cabeza, decepcionado. “Idiota. Fingiremos una vida doméstica a partir de hoy.”
Dokja no dijo más. Terminó la comida en silencio, con el pensamiento fijo en una imagen que lo ponía más que nervioso. Pensaba en él entrando en el departamento luego de un día de trabajo, siendo recibido por un amoroso Joonghyuk y unos niños corriendo a abrazarlo.
Una imagen escalofriante, claramente.
Más tarde, frente al espejo, se cepillaba los dientes con demasiada fuerza.
“Momento… yo no soy gay.”
El reflejo no pareció creerle.
…
Joonghyuk estaba sentado en la cama de su cuarto, aún con una toalla alrededor del cuello. El agua le resbalaba por los hombros y goteaba sobre el piso, pero él no parecía notarlo. Tenía el celular en la mano, revisando una y otra vez las fotos de los niños, aquellas en las que todavía sonreían al lado de Persephone y Hades.
“Solo tú puedes hacer esto, Joonghyuk”.
Todavía escuchaba la voz de Hades en su cabeza, esa conversación que se había tatuado en su memoria. Tenía una deuda con él, una que no podía olvidar.
La situación era extraña. Antes de esto apenas había cruzado un par de palabras con Kim Dokja, y ahora vivían bajo el mismo techo. Y no solo era eso, si todo salía bien, compartirían la crianza de dos niños. La idea lo hacía fruncir el ceño cada vez que la recordaba.
Se secó el cabello con brusquedad y soltó un suspiro. Dokja le parecía un idiota incapaz de cuidarse a sí mismo, mucho menos de encargarse de dos pequeños. Dudaba con todas sus fuerzas de que pudiera hacerlo en serio.
Y sin embargo… no podía negar que estaba agradecido. Dokja, aunque fuera “sin querer”, había aceptado la custodia compartida. Podía haberse echado atrás en esos días, podía haberse librado del peso, pero no lo hizo. Y ese detalle, por más que le fastidiara admitirlo, significaba algo.
Quizá por eso se obligaba a tolerar sus comentarios sarcásticos y sus miradas altivas. Porque, aunque quisiera darle un puñetazo cada vez que lo retaba, al final Dokja estaba soportando el mismo infierno que él.
…
La primera noche en aquel apartamento fue incómoda, cargada de un silencio espeso. Tras la cena, ninguno buscó al otro. Y los días siguientes no fueron muy distintos. Apenas coincidían en la mañana, antes de salir a trabajar, o en la noche, cuando ambos estaban demasiado cansados para discutir.
…
Era martes y Dokja estaba en el patio de comidas de Minosoft, con un dumpling barato en la mano y el celular en la otra. No solía almorzar; no porque no quisiera, sino porque no podía. El sueldo apenas alcanzaba, y pronto ni eso ya que en cualquier momento lo despedirían, así que estaba dejando todo en orden para el siguiente pasante.
Una parte de él pensaba en dejar un desastre de papeles como venganza. Pero, en un gesto que ni él mismo entendía, había decidido hacerlo bien. Quizá porque odiaba la idea de que otro sufriera su mismo calvario.
Se acomodó en la silla, dispuesto a leer en un nuevo capítulo de alguna novela hasta que alguien se sentó a su lado. Lo cual era raro, nadie de su área se acercaba a él. No era secreto lo que había hecho su madre, y la mayoría prefería mantener su distancia de él.
Alzó la vista, y casi se atragantó con el dumpling. Era Sangah, la mujer más popular de Minosoft, no solo por su bella apariencia, sino porque también era muy inteligente y amable.
“Buenos días, Dokja” Hasta su voz sonaba dulce.
Ellos no solían hablar mucho, aunque hicieron equipo para la prueba de entrada de la empresa, al acabar trabajando en diferentes áreas perdieron el contacto. La última vez que habían hablado fue la semana pasada porque Dokja le avisó que se ausentaría por la audiencia que tuvo por el testamento.
Esa audiencia que aparecía en sus pesadillas ahora.
“Buenos días, Sangah. No pensé que pasabas tus descansos aquí” Su voz sonó más rígida de lo que quería.
Sangah era alguien popular y estaba seguro de que muchos hombres de la oficina solían invitarla a salir, así que era raro que en vez de ir con algunos de ellos, ella decidiera sentarse a comer con él.
“Usualmente salgo a comer afuera con algunas compañeras, pero hoy traje un almuerzo”
Colocó un bento sobre la mesa, mientras él miraba disimuladamente. Esperaba una obra maestra digna de ella, pero lo que vio lo decepcionó un poco. Si, era comestible, pero bastante lejos de la perfección que imaginaba.
“¿Solo vas a almorzar eso?” Preguntó ella, señalando su dumpling casi acabado de Dokja.
“Eh… sí. No tengo mucha hambre”.
“Si quieres, puedo invitarte un poco de mi bento”
“No, gracias. Enserio estoy bien.” De verdad no quería comer ese bento.
Ella rió suavemente al leer su cara, y él sintió que se le encendían las orejas “No hace falta que mientas, Dokja. Lo hizo alguien para mí, y aunque no sea perfecto… es especial.”
“Oh ¿es un regalo?”
“Sí. Lo comeré todo y luego le ayudaré a mejorar. Para hacerlo perfecto, primero tenemos que equivocarnos, ¿no?”
Si, hasta decía diálogos típicos de una protagonista. Realmente Sangah era demasiado buena para su propio bien.
Ambos estuvieron comiendo en silencio pero Sangah se veía un poco inquieta, como si quisiera preguntarle algo pero no supiera cómo decirlo. Dokja quería seguir leyendo su novela, pero decidió mejor apagar su teléfono y mirarla.
“¿Me quieres preguntar algo?”
“Ah, eh, si… Bueno, no tienes que contestarme si no quieres, pero ¿cómo te fue en la audiencia?”
El dumpling se le atoró en la garganta, no esperaba eso.
“Está bien si no-”
“No, no. Puedo responder. Fue… raro” Hasta ahora no había hablado con nadie sobre ello “Escuchar el testamento en voz alta, saber lo que querían después de morir… fue raro.”
Sangah asintió de manera comprensiva “Sé que te dieron la noticia de manera repentina, lo siento”
“Eran ya ancianos, son cosas de la vida” Inconsciente se rascó la nuca, estaba volviendo incómodo todo esto.
Antes de que pudiera agregar algo más, el celular de Sangah vibró. Se levantó un poco y se disculpó, dijo que tenía que contestar esa llamada. Dokja suspiró, agradeciendo la pausa. No le gustaba abrirse, pero si no soltaba un poco, iba a explotar.
Su mirada se perdió en el feo bento que ya estaba medio comer. Recordó la cena con Joonghyuk dos noches atrás y debía admitir que hace tiempo no comía algo tan delicioso, pero nunca se lo diría en voz alta a ese tipo.
Minutos después Sangah volvió y se sentó de nuevo “Perdón por eso, es que mi primo últimamente me ha buscado mucho porque quiere asesoría legal sobre asuntos de adopción”.
“¿Sabes de esas cosas?”
“Un poco, mi padre era abogado y me enseñaba cuando vivía con él. No soy experta y mi primo tiene su propia abogada, pero él me dijo que necesita más de una perspectiva”
“Oh, entiendo” Dokja comenzó a juguetear con su celular, casi con un nudo en el estómago.
¿Y si también le pedía ayuda a Sangah? Era un poco vergonzoso que siempre tuviera que esperar noticias de Joonghyuk y él no preguntara nada.
Además, ¿sería un delito fingir tener una relación para tener la custodia de unos niños?
“Entonces si algún día necesito asesoría legal te preguntaré a ti” Dijo Dokja bromeando, como para tantear el terreno.
“No tengo problemas” Ella le sonrió.
Cuando su receso terminó, Dokja se dio cuenta de algo extraño. Por primera vez en todos los meses en Minosoft, no había almorzado solo.
…
Dokja suspiró aquella noche mientras pasaba las páginas de una novela en su celular mientras estaba sentado en el sofá. Todavía no se sentía lo bastante cómodo como para echarse, como si aquel departamento siguiera recordándole que no era suyo. Habían pasado ya cinco días desde que se había mudado allí.
Sabía que a esa hora Joonghyuk estaba en su cuarto transmitiendo en vivo. Era jugador profesional, y aunque últimamente no hacía streamings tan seguido, esa noche sí estaba encerrado en su mundo.
La casa era tan silenciosa que Dokja podía escuchar el leve zumbido del refrigerador. Por un instante pensó en abrirse una cuenta para ver qué estaba jugando desde el celular, pero lo desechó rápidamente, su orgullo no se lo permitía.
Además, si Joonghyuk llegaba a enterarse, pensaría que estaba aunque sea un poco interesado en él. Y eso jamás.
La convivencia entre ellos dos había sido escasa, apenas unas palabras en las mañanas y en las noches. Aun así, cada día encontraba en la mesa un pequeño desayuno o una cena ligera que Joonghyuk le dejaba. Dokja se sentía más como un niño cuidado a medias que como un compañero de piso.
Dokja era consciente de que estaba allí como invitado no muy deseado, pero agradecía que Joonghyuk nunca se lo echara en cara.
Apagó la pantalla de su celular para levantarse y salir al balcón. Desde el quinto piso, las calles parecían miniaturas, con la vida moviéndose a distancia. Era bueno a veces distraerse y sentirse alejado de la realidad, viendo todo lo que pasaba como solo un espectador y no como un actor de su propia vida.
Si lo pensaba bien, lo único que le quedaba de Hades y Perséfone era la cafetería, una carta… y Joonghyuk (Y pronto los niños, si todo iba bien). No sabía qué hacer con la cafetería, estaba entre dejarla cerrada como un santuario intocable o reabrirla, aunque eso significaba arriesgarse a deudas que no podría pagar.
Notó que aún llevaba puesto su traje de oficina. Sin zapatos, pero con las medias arrugadas. Se aflojó la corbata y cuando se iba a ir a cambiar, Joonghyuk salió con una botella de agua en mano.
“Llegaste más tarde” Su voz era neutra, apenas un saludo, mientras cruzaba hacia la cocina.
“Sí, tuve que quedarme más tiempo. Un chico renunció y terminé su parte” Contra su plan inicial, Dokja caminó también hacia la cocina.
“¿En qué trabajas?”
“En el área de calidad de Minosoft, no sé si la conozcas, es medio conocida en el rubro de videojuegos”
“La conozco, mi equipo está pensando en colaborar con ellos en un par de meses.”
“Oh… entonces puede que nos cruzamos. “Dokja sonrió con ligereza.
Siempre y cuando no me despidan este mes.
“Y tú eres jugador, streamer… y a veces modelo” Dijo Dokja ahora hablando de otra cosa.
Joonghyuk se encogió de hombros mientras sacaba un par de huevos que metió en la estufa y ponía el agua a hervir.
“Prefiero solo jugar, pero los patrocinios hacen crecer la empresa”
“Así que también eres esclavo corporativo” Dokja le dio un golpecito en el hombro “¿También te obligan a hacer streamings?”
“No, eso lo hacía desde la preparatoria. Cuando empecé con torneos reduje mucho las transmisiones, ahora solo lo hago los fines de semana"
Dokja asintió en silencio, observando cómo preparaba los huevos revueltos. Luego, con un simple gesto de cabeza, Joonghyuk señaló la taza de té que había servido para él. Dokja la tomó.
“Gracias.”
Comer juntos era raro, Dokja casi nunca había compartido sus comidas con nadie, pero Joonghyuk parecía tener la costumbre de alimentar a quien tuviera cerca. A veces se preguntaba si lo había aprendido de su familia o de alguien más.
“Los esclavos corporativos nos drogamos con café todo el tiempo“ Bromeó Dokja tomando un sorbo de té.
“Sí, pero tus ojeras dicen que una taza más y caes muerto” Joonghyuk levantó una ceja “Eres joven, deberías cuidarte más”
“Ya casi tengo 30, no sé donde me ves lo adolescente”
Después de decir eso, Joonghyuk se le quedó mirando sin pestañear, como si lo escaneara y Dokja sintió que empezó a sudar frío. Sus penetrantes ojos no apartaban la mirada de su rostro y Dokja se sentía indefenso.
“Pensé que eras más joven y que tenías aspecto descuidado. Pero, para tener casi 30, te ves decente”
Dokja sabía que eso apenas se catalogaba como un cumplido pero sintió que se sonrojaba.
“A ver fósil, ¿y tú qué edad tienes?”
“Veintisiete”
“Y yo tengo veintiocho, ni siquiera te gano por mucho” bufó Dokja, hincando el tenedor en el huevo con frustración.
Un resoplido breve escapó de Joonghyuk, casi divertido. Y después comieron en silencio.
…
El sábado llegó, y con él la advertencia de Joonghyuk de que su abogada vendría ese día para asesorarlos Dokja estaba nervioso. Faltaban dos semanas para la evaluación final, y no había espacio para errores.
Mientras Joonghyuk se duchaba, Dokja se ocupó de ordenar la sala. Tenía demasiados nervios, conociendo a Joonghyuk, esperaba que el abogado fuera un tipo enorme, frío, alguien que lo miraría de arriba abajo y lo amenazaría con lanzarlo por un acantilado si no resultaba convincente.
Y Dokja era demasiado bonito para morir así (aunque nadie jamás lo había llamado bonito, él mantenía esa pizca de autoestima intacta).
Cuando sonó el timbre sus manos empezaron a sudar, probablemente Joonghyuk se estaba cambiando y Dokja tendría que abrir la puerta. Sintiendo miedo por la fuerte amenaza detrás de la puerta, puso su mejor sonrisa diplomática y la abrió.
Al final aquel abogado intimidante de dos metros terminó viéndose como una rubia de estatura pequeña y linda sonrisa.
“Buenos días” Y era educada.
“B-buenos días, ¿eres la abogada de Joonghyuk?”
“¡Si! Llevo tres años siendo su abogada” Dokja suspiró con alivio y la dejó pasar a la a casa.
Realmente no esperaba que fuera tan dulce el abogado. Dokja se fue a servirle una taza de té mientras ella se sentaba en el sofá.
Con alivio, Dokja la dejó pasar. Le sirvió té mientras ella tomaba asiento en el sofá.
“Entonces… ¿ya llevas una semana aquí, verdad?” preguntó ella tras agradecer la taza.
“Sí, mañana cumplo una.”
“Me sorprende, no muchos aguantan vivir con Joonghyuk tanto tiempo seguido. Es mi amigo, pero sé que puede ser… intenso. Aunque parece que lo llevas bien…”
“Kim Dokja” Se presentó al notar que ella esperaba su nombre.
“Yo soy Uriel. Encantada.”
La tensión en sus hombros bajó un poco.
“La verdad es que no nos vemos mucho, nuestro trabajo nos mantiene ocupados“ Rió con incomodidad.
“Bueno, una vida matrimonial es así, es normal que no se vean tanto. Pero considerando que nos saltamos la etapa de noviazgo a ser padres, tienen que empezar a convivir un poco más. Suenan más a extraños que se toleran”
¿No era eso lo mismo que un matrimonio?
“Es que no eramos ni amigos, nos vimos pocas veces en reuniones pero ni hablabamos”
“¿Y aún así tú propusiste que cuidarán niños juntos y te mudaste a su apartamento?” Uriel preguntó con ojos curiosos.
“Solo lo vi desesperado, no lo pensé demasiado. Y… lo de mudarme fue más como un secuestro discreto”
“Si realmente lo odiaras ya te habrías ido”
“Estoy seguro de que me habría encontrado y traído otra vez.”
“No lo dudes” Dijo una voz grave detrás.
Ambos giraron. Joonghyuk estaba en la sala, con una toalla colgando de sus hombros, aún con gotas en el cabello. Se sentó en el sofá junto a ellos, dejando un asiento vacío de distancia con Dokja.
“Para empezar, una pareja no se sienta con tanto espacio entre ellos” Uriel se rió, dejando su taza en la mesa.
“Tú no eres la evaluadora.”
“No, pero sí vine a asesorarlos.” sacó una libreta y un bolígrafo de su bolso. “Necesitamos trabajar lo que pueden decir, lo que no, y los detalles de su historia.”
“Tampoco hace falta inventarse un romance ridículo.” Gruñó Joonghyuk.
“No ridículo, pero sí coherente. Es básico, o se notará la incongruencia.”
“Yo creo que sería útil, solo por si acaso.” Añadió Dokja.
Joonghyuk suspiró y asintió “Nada demasiado cursi.”
Uriel pasó la siguiente hora tomando notas y haciéndoles preguntas incómodas. No parecía una abogada en absoluto, más bien una entrevistadora entusiasta de reality shows.
“Entonces, ¿qué fue lo primero que pensaron el uno del otro?” preguntó con los codos apoyados en las rodillas, como si disfrutara demasiado de aquello.
Ambos recordaron aquella primera pelea que tuvieron al conocerse. Sobre si aquel maldito tomate era una fruta o una verdura.
“Que era un imbécil arrogante” contestó Dokja sin titubear.
“Que era un fastidio” Replicó Joonghyuk de inmediato.
Uriel se rió como si estuviera viendo a dos adolescentes peleando, como si ella no pensará de manera similar sobre ellos dos.
“Muy bien, pero en público tendrán que suavizar esas respuestas. Algo como fue extraño al principio, pero me acostumbré o me sorprendió lo atento que es.”
“¿Atento?” repitió Dokja con sarcasmo.
Joonghyuk lo miró de reojo con una ceja alzada “¿Y acaso no cocino para ti todos los días?”
“Oh, sí. Y lo haces sin hablarme, como si estuviera en un internado de monjas” Dokja giró hacia Uriel con una sonrisa dulce “Es tan… afectuoso.”
Uriel se aguantó una risilla, pero fue evidente para todos.
Siguieron un rato más con preguntas, consejos y ejemplos de lo que “sonaba creíble”. Uriel no paraba de hacer comentarios burlones entre medio, y Dokja notaba que con ella allí, la tensión con Joonghyuk se sentía menos asfixiante. Como si de verdad pudieran tolerarse.
Cuando Uriel se despidió, les dejó una frase antes de cerrar la puerta.
“Tienen buena química, solo intenten no matarse durante el camino.”
Dokja se quedó inmóvil y Joonghyuk también. Fue como si esa palabra prohibida, química, quedará suspendida en el aire.
…
Pasaron los días después de aquella visita de la pequeña abogada. Dokja se ocupaba con el trabajo, con sus rutinas de siempre, con cualquier excusa que le permitiera mantener cierta distancia de Joonghyuk. En realidad, Dokja prefería no verlo, mientras más lo veía en esa casa más caía en cuenta de la vida doméstica que se le estaba acercando.
Igual no era difícil, ambos tienen vidas ocupadas, horarios distintos, y además habían dejado las reglas claras desde el inicio.
“Un noviazgo falso”
Esa era la etiqueta que habían puesto. Y si ya lo habían definido como algo falso, ¿para qué complicarse compartiendo tiempo de más? Joonghyuk era alguien famoso; mientras menos lo viera y menos aparecieran juntos, mejor. Así había menos probabilidad de que alguien descubriera que Joonghyuk estaba por adoptar niños con un hombre. No sabía como podría actuar la presa, pero capaz era lo mejor para la reputación de Joonghyuk. Una de las razones de su fama era por ser un soltero codiciado.
Dokja ya estaba decidido a ayudarlo por un tiempo y, cuando el gobierno corrigiera aquel error burocrático, largarse. Los niños probablemente le caerían bien, asi que no desaparecería del todo, pero ni siquiera en sus delirios más optimistas se imaginaba a sí mismo como su tutor. Ese era el papel de Joonghyuk, no el suyo.
Aun así… aquella noche, pasadas las dos de la madrugada, no pudo evitar sentir una inquietud que lo mordía por dentro. Por más que su relación con Joonghyuk fuera meramente conveniente, estaba angustiado de que aún no llegara. Joonghyuk le había avisado que se demoraría, pero ya eran las dos de la mañana.
Y no es que a él le preocupara Joonghyuk, si no que los trámites de desaparición son complicados y no sabía como alguien de metro ochenta y cara de asesino podía ser altercado fácilmente.
Pensó en varios escenarios: un asalto, un accidente, algún paparazzi mirando. Y, poco a poco, su mente terminó derivando a la conclusión más lógica y más retorcida que se le pudo ocurrir.
Lo más probable es que sea un traficante de drogas. Todo esto fue una trampa desde el inicio. Me metió tan fácil en su casa para dejar pruebas que me vean culpable y limpiar su imagen. Me estaba preparando para el matadero ese maldito.
Estaba tan convencido de su nueva teoría que, cuando tocaron la puerta, caminó hacia ella con resignación, listo para dar su declaración.
Pero al abrir, lo que vio lo desconcertó por completo. Era Joonghyuk, inconsciente, apoyado en el brazo de un hombre enorme, casi de metro noventa. El desconocido tenía ojos amables, pero asustados, como si temiera que Dokja le cerrara la puerta en la cara.
“Hola, eh… Joonghyuk me dijo que alguien lo esperaba en casa.”
La voz del gigante era suave, incluso torpe. Dokja solo pudo asentir, sorprendido, y se apartó para dejarlo entrar. Vio cómo depositaba a Joonghyuk en el sofá con un cuidado.
“¿Qué le pasó para terminar así?”
El hombre dudó un instante antes de responder “Se desmayó por sobreesfuerzo. Lleva días sin dormir debido a la nueva campaña, las entrevistas y porque ahora está a cargo de una joven adolescente en nuestra área” Dokja le tendió un vaso de agua al hombre, que lo aceptó con una sonrisa “Gracias. Ya lo llevé al doctor, y hoy no vendrá a trabajar.”
Dokja soltó una risa corta, incrédula “No creo que sea tan fácil convencerlo. Joonghyuk es… obsesivo. Ni inconsciente dejaría de pensar en el trabajo.”
El hombre asintió, con una sonrisa que algo cansada “Lo sé. Por eso te lo encargo…”
“Dokja.”
“Yo soy Hyunsung, su guardaespaldas”
Guardaespaldas y abogado personal, definitivamente Joonghyuk y él tenian un estilo de vida distinto.
“Yo también tengo trabajo, pero voy a hablar con una compañera para ver si me puedo quedar el día de hoy para que esté bien”
De todas formas en un par de semanas a Dokja lo despedirán, así que realmente no importaba si sacaba otro permiso para faltar. Sí a quién llama es Yoo Sangah definitivamente se lo dará.
“Perfecto, entonces” Hyunsung miró alrededor, como evaluando el lugar. Había algo nervioso en su postura, en cómo movía las manos, en cómo bajaba la mirada. Para alguien tan grande, parecía sorprendentemente tímido.
“Así que sí está viviendo con alguien…” murmuró Hyunsung al fin.
Oh. Así que era eso.
“¿Les contó de mí?” La pregunta se le escapó demasiado rápido.
“Nos dijo que se estaba haciendo cargo de alguien en su apartamento. Pero por la forma en la que lo dijo pensé que hablaba de una mascota, pero luego Uriel me aclaró que era un hombre.” Hyunsung se sonrojó apenas y añadió con torpeza “Debe ser serio si el capitán está viviendo con usted.”
Dokja deliberadamente eligió ignorar la última frase, porque lo ponía incómodamente nervioso, y prefirió ofenderse de lo otro ¿Mascota? ¿En serio?
Es verdad que vivía en su casa y que a veces Joonghyuk le preparaba comida, pero Dokja no era su mascota.
“Hacemos que funcione.” Se encogió de hombros con fingida indiferencia. “No te preocupes, cuidaré a este grandulón.”
Hyunsung sonrió, aliviado. “Gracias, señor Dokja.”
“Por favor, no me digas señor” Un escalofrío le recorrió la espalda “Soy casi de tu edad.”
“Perdón” Hyunsung se rió suavemente, y tras una última mirada hacia Joonghyuk, se despidió con una inclinación respetuosa “Fue agradable conocerlo.”
Después de decir eso, el amable guardaespaldas cerró la puerta y la habitación quedó en silencio.
Dokja miró al sofá. Joonghyuk seguía inconsciente, respirando de forma lenta y pesada. Ni con todo el movimiento que hizo Hyunsung para traerlo hasta acá había despertado.
Debe de estar agotado de verdad…
Lo reconfortaba, en un rincón extraño de su mente, ver que Joonghyuk no lo tenía todo regalado. Estaba feloz de que el dinero no le caía del cielo, que trabajaba hasta el límite de su cuerpo. Dokja conocía demasiado bien a los que viven aprovechándose de otros, y no quería vivir con alguien así.
Se acercó, lo miró un momento, y las palabras salieron en un susurro, entre reproche y resignación:
“¿Cómo puedes desmayarte y seguir viéndote guapo, maldición?” Susurró con un poco de coraje.
Era cierto. A pesar de estar dormido, Joonghyuk parecía sacado de un libro.
Podría verse como uno de los protagonistas de sus libros, pero eso no quitaba su horrible personalidad. Aunque en parte agradecía el hecho de que Joonghyuk siempre lo sacara de quicio, porque así no podría perderse en sus ojos o en sus músculos.
Cuando sintió la sangre subiendo al rostro, Dokja huyó al baño. Al llegar se echó agua fría y se obligó a convencerse de que no estaba sonrojado, solamente estaba cansado por aún no dormir.
Al regresar, tomó una manta y una almohada de su cuarto. No se atrevió a entrar al de Joonghyuk, así que lo cubrió torpemente en el sofá. Lo miró una última vez y, con un suspiro, se retiró a su habitación.
Puso la alarma en su celular para despertarse en un par de horas.
…
Joonghyuk despertó con un dolor punzante en la nuca. La tela áspera bajo su mejilla le confirmó que no estaba en su cama, sino que se había quedado dormido en el sofá. Un segundo después, la voz de Dokja le atravesó la bruma del sueño.
“¿De verdad te dijeron eso, Sangah?” La voz sonaba cansada, frustrada, como si llevara rato defendiéndose. “Ya sé que pedí un permiso hace dos semanas… pero hoy no podía ir. No es que no quiera, simplemente… no puedo.”
Joonghyuk parpadeó, procesando lentamente. Él se había desmayado y Dokja, en lugar de seguir con su vida, se había quedado cuidándolo. Eso significaba que estaba llamando a su trabajo para explicar porque faltó.
Por primera vez en mucho tiempo, Joonghyuk sintió algo parecido a culpa.
“…Perdóname, Sangah” Hubo una pausa, una risa apagada al otro lado de la llamada. “Sí, ya lo sé. A menos que haga un milagro en estas dos semanas me van a despedirl. Así que no te preocupes, no cargues con esto tú. Yo asumiré la culpa, tú solo pasaste mi mensaje”
Hubo un silencio y después, el click de una llamada cortada.
Cuando Joonghyuk se incorporó, vió el reloj y notó que eran casi las once de la mañana. El mareo persistía, pero logró caminar hasta el pasillo desde donde provenía la voz. Dokja estaba recostado contra la pared, mirando el suelo como si quisiera atravesarlo. Al verlo llegar, Dokja se enderezó en automático, pintándose una sonrisa burlona en el rostro.
“Oh, parece que ya despertaste. Tu guardaespaldas te trajo a rastras en la madrugada” Se cruzó de brazos, ladeando la cabeza “Deberías cuidarte mejor, idiota.”
Joonghyuk lo observó en silencio. Esa máscara le era familiar, sarcasmo en vez de preocupación, ironía en vez de incomodidad. Una defensa barata para ocultar que estaba molesto.
“Hemos estado saturados por la campaña” explicó al fin, frotándose las sienes “Soy el líder, es normal que trabaje de más.”
“Ajá” Dokja arqueó una ceja. “Espero que no te moleste dormir en el mueble. Eres demasiado pesado como para que yo te llevara a la cama”
“Si hicieras ejercicio, capaz podrías”
La cara de Dokja se torció de indignación fingida “¿Perdona? Un oficinista como yo se moriría en uno de tus gimnasios. Eso sería asesinato premeditado.”
Era un intercambio absurdo, pero en medio de la acidez había una chispa difícil de ubicar. No se conocían, no eran amigos, ni siquiera confiaban en el otro, pero hablar así con Dokja no era desagradable.
“No es la primera vez que me pasa” dijo Joonghyuk, buscando cortar la tensión “Puedo cuidarme solo, no era necesario que te quedaras.”
“Hyunsung me pidió que lo hiciera”
“Podemos mentir y decir que lo hiciste”
“No pienso mentirle al hombre más amable que he conocido”
Joonghyuk rodó los ojos. Dokja y sus malditas líneas melodramáticas.
“No faltes al trabajo por mí”
“Ah, lo dices por eso” Dokja sonrió, pero su voz tembló apenas “Tenía un día libre acumulado por horas extras que hice antes. Te estoy usando de excusa para poder usarlo y faltar al trabajo.”
Mentiroso.
Antes de poder confrontarlo, notó que Dokja caminaba hacia la cocina. Joonghyuk lo siguió listo para seguir replicando, hasta que vió que estaba cocinando sopa de fideos. Él frunció un poco la ceja al entender que Dokja le iba a insistir en que comiera su sopa, cuando él no comía nada hecho por otros.
“Hice sopa porque debes estar cansado… ¡Oye! No dije que te acercaras.”
Él ya estaba inclinado para examinar el estado de la sopa “Se ve mal”
La expresión de Dokja fue casi cómica en su indignación. Pero Joonghyuk lo ignoró y empezó a sacar ingredientes de la alacena “Por suerte, todavía se puede salvar.”
“Más te vale que quede mejor de lo que yo hice”
“Así será”
…
El silencio en la cocina fue denso. Dokja, de brazos cruzados, fingía indignación mientras Joonghyuk añadía ingredientes. En realidad, estaba incómodo y molesto. Porque sabía que no debería importarle tanto lo que pensara Joonghyuk de una sopa de fideos, pero lo hacía.
Cuando se sentaron a comer, a Dokja le dolió admitir que la sopa ahora sabía deliciosa. Él llevaba haciendo esta sopa durante años y nunca le había quedado así.
“Sabe casi igual a lo que yo hice”
“Si tú lo dices”
Dokja clavó la cuchara en el caldo con fastidio, no había faltado al trabajo para escuchar críticas sobre la única sopa que sabía preparar.
Igual capaz luego tendría más tiempo para practicar su sopa, teniendo en cuenta que en aproximadamente dos semanas más lo despedirán. Si antes era una posibilidad considerando que nunca hacía horas extras o intenta sobresalir, con este permiso fallido para faltar y faltando igual, definitivamente era su sentencia para irse.
Y entonces Joonghyuk habló, rompiendo lo poco de paz que habían conseguido.
“Cuando venga la asistente social va a preguntar por nuestros ingresos.”
“Lo sé, pero ambos tenemos trabajo. Así que problema resuelto.”
“Hablo de trabajo estable, Dokja. Y el tuyo no lo es” Joonghyuk lo miró con frialdad “Lo mejor será decir que yo soy el soporte económico y tú te enfocas en la crianza de los niños”
La cuchara se detuvo a medio camino “¿Qué estás tratando de decir?”
¿Enserio Joonghyuk lo estaba despreciando? ¿Incluso cuando faltó un día de trabajo para cuidarlo?
“Ganas el sueldo mínimo y en Minosoft no es fácil quedarse por mucho tiempo. Es más práctico que yo pague todo y tú actúes como ama de casa”
El golpe no estaba en las palabras, sino en lo que implicaban. Dokja se enderezó lentamente, el ceño fruncido.
“¿Que mierda, Joongyhyk? ¿Estás intentando decir que soy un estorbo que solo puede servir para ser ama de casa?”
“No seas ridículo, estoy diciendo lo más práctico”
“Práctico para ti” La voz de Dokja temblaba, pero no de miedo. Estaba molesto “¿Crees que porque me van a despedir voy a quedarme cruzado de brazos? Buscaré otro trabajo. No necesito tu caridad.”
Joonghyuk lo observó inexpresivo, no entendía por qué lo tomaba así. Pero para Dokja, cada palabra sonaba como un recordatorio de que lo veía débil.
“¿De verdad crees que con tu sueldo podrías mantener a alguien más? No se trata de caridad, se trata de los niños”
“Se trata de que me ves como un inútil" Dokja lo fulminó con la mirada “No quiero tu limosna, Joonghyuk ¿Que estás tratando de insinuar? ¿Que soy tu parásito, una sabandija de la que no tuviste otra opción que traer aquí? Te recuerdo que tú me trajiste”
Los recuerdos lo golpearon sin aviso. Años sobreviviendo solo, cada moneda contada, cada día en silencio. Y luego vinieron Perséphone y Hades. Ellos le habían dado un empleo, sí, pero nunca caridad. Nunca la humillación de que alguien lo mirara desde arriba.
Con ellos había tenido dignidad. Con Joonghyuk, se sentía observado como un problema a resolver. Era humillante.
“Recuerda que no pienso quedarme aquí mucho tiempo ¿Qué pasará cuando te den a los niños y yo me vaya sin trabajo ni dinero?”
“Podrías quedarte hasta que consigas otro empleo...”
“¡No necesito tu compasión, Joonghyuk!” La voz de Dokja tembló, más de rabia que de miedo. “Tal vez no tenga tu estilo de vida, pero siempre me las arreglé. No soy alguien que necesita ser mantenido”
El silencio pesó. Ninguno de los dos se conocía lo suficiente como para entender realmente las heridas del otro, y por eso chocaban como extraños obligados a compartir techo. Joonghyuk estaba sorprendido por el arrebato de Dokja, y no entendía porque estaba enojado. Él escuchó esa llamada donde le dijeron que pronto los despedirán, vió su anterior departamente donde todo estaba desornada, vió que almorzaba comida basura todos los días ¿Realmente estaba equivocado por tratar de quitarle un peso de los hombros a Dokja?
Y es que ese era el problema de Joonghyuk, era incapaz de ver el mundo desde la perspectiva de otros. Por eso no ataba los cabos, y no entendía el conflicto interno que Dokja estaba teniendo en la cabeza y porque lo veía tan enojado.
“Te lo digo porque es lo más factible para tener a los niños”
“Y yo te digo que no voy a depender de ti.” Dokja se levantó de golpe, la silla chirriando bajo el suelo. Dejó la sopa intacta. “Si piensas que voy a sentarme aquí, cómodo, mientras me mantienes… entonces no me conoces en absoluto”
La puerta de su cuarto se cerró de un portazo.
Joonghyuk se quedó solo frente a la sopa aún humeante. Y por primera vez le supo amarga.
…
Lo que siguió del día fue incómodo, con ambos interactuando lo mínimo indispensable para cuidar a Joonghyuk, pero sin volver a tocar aquel tema. Todo lo que habían avanzado en esas charlas nocturnas se había borrado de un plumazo, como si hubieran regresado al punto de partida.
Eran dos desconocidos bajo el mismo techo, obligados a fingir que funcionaban como equipo.
Joonghyuk consideraba que lo que había dicho no era para tanto. Él lo veía práctico, y no entendía porque para Dokja lo práctico sonaba a humillación. El orgullo de este último estaba herido, y aunque se esforzaba en usar su sarcasmo como armadura, cada gesto lo delataba. Se notaba en la manera en que apartaba la mirada demasiado rápido, o cómo respondía con frases cortas para no dejar grietas abiertas.
...
Días después, en la sala, practicaban con la lista de preguntas que Uriel les había pasado. Era un domingo en la tarde, y en vez de acercarse como pareja, parecían dos abogados rivales en pleno juicio.
“Ya te dije que no podemos decir que me quedé porque secuestraste mis maletas” gruñó Dokja, agitando la libreta como si fuera un martillo de juez “Eso no suena romántico, suena a delito.”
“Fuiste tú quien lo mencionó primero frente a Uriel”
“¡Era una broma!” Exasperado, dejó caer la libreta en la mesa, las hojas vibrando con fuerza “¿Siempre tienes que repetirlo todo al pie de la letra?”
“¿Y siempre tienes que hablar demasiado?”
“Mejor eso que tus silencios incómodos.”
“Prefiero estar en silencio a tener que escuchar tus quejas”
“¡Pues cállate de una vez!”
El timbre sonó en ese preciso instante, cortando la discusión como un cuchillo. Ambos se giraron hacia la puerta, tensos, como niños sorprendidos en mitad de una rabieta.
“Debe ser Uriel”, murmuró Dokja, pasándose una mano por el cabello para peinarse en vano, intentando borrar las huellas de la reciente pelea.
“Dijo que hoy vendría en la tarde a repasar”, añadió Joonghyuk, ajustándose la camiseta con movimientos bruscos.
La abogada había insistido en que debían ensayar en condiciones reales, incluso con ropa formal, porque pronto la trabajadora social haría su primera visita. Y, aunque sabían que se acercaba ese momento, ninguno parecía listo.
Dokja abrió la puerta con una sonrisa forzada, ensayada, demasiado tensa para parecer natural. Todavía no superaba la vez que Uriel insinuó que él y Joonghyuk tenían “química”, cuando lo único que había entre ellos era veneno disfrazado de cortesía.
Desafortunadamente, mientras más tiempo pasaban juntos Dokja y Joonghyuk, más rápido se daban cuenta que sus personalidades chocaban. Uno era demasiado literal y el otro demasiado sarcástico.
Pero al abrir la puerta no encontró a Uriel.
Quien estaba allí era también rubia, pero alta, con un traje gris impecable, una carpeta bajo el brazo y una expresión neutra que no dejaba ver nada. Sus ojos, sin embargo, se movieron con precisión quirúrgica. Miró a Dokja, al salón desordenado detrás de él, y luego a Joonghyuk, rígido y silencioso a su espalda.
"Buenas tardes. Soy Anna Croft, y soy la trabajadora social asignada a su caso".
Su voz era firme, como si ya hubiera comenzado a evaluar desde antes de entrar.
Dokja sintió que la sangre se le helaba. Joonghyuk, detrás, tensó apenas la mandíbula, su incomodidad tan obvia como su silencio. Por un instante, Dokja lo miró de reojo, como si esperara que él dijera algo, pero Joonghyuk permaneció rígido, impenetrable.
Y entonces, Anna alzó una ceja, apenas, como si hubiera alcanzado a escuchar más de lo que debía a través de la puerta.
En ese instante lo supieron, la evaluación había comenzado antes de lo previsto. Y con la peor primera impresión posible.
