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kinktober sasusaku [🍅🌸]

Summary:

serie de one-shots +18 por el mes de octubre ;)

Notes:

summary: Ino le regala a Sakura un cóctel de mariscos que sirve como afrodisíaco. Ella decide probarlo con Sasuke.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

​Había sido un regalo por parte de Ino.

​Al principio le pareció otra de las recetas raras con la que su rubia amiga normalmente experimentaba y luego siempre le dejaba un poco para que ella probara. Sakura sabía muy bien que las habilidades culinarias de Ino nunca fueron las mejores en cuanto a técnica, pero eso no quitaba que, al fin y al cabo, sus recetas desastrosas no fueran del todo desagradables o incluso, fueran ricas.

​A este lo llamó “la epítome de los afrodisíacos”. Y no por menos, ya que la cantidad de mariscos como el pulpo, camarones y mejillones marinados en salsas y servidos como un cóctel, no daba pie a que pensaras que era lo contrario a su nombre. Ciertamente se encontró atraída a la idea de las posibilidades que esta comida podría conllevar, se encontró un poco reacia a aceptar por las claras intenciones de su amiga. Ino la miraba con los ojos llenos de segundas intenciones, dándoselo como si realmente lo necesitara para algo más que solo comerlo, como si hiciera falta para encender algo.

​No iba a mentirse a sí misma, Sakura sabía que solía ser un poco mojigata en cuanto a su intimidad. Solo un poco… Más delante de otras personas que otra cosa. Y aunque sus años de amistad con Ino tal vez deberían de haber roto esa brecha, ella simplemente no podía soltar toda la “sopa” como solía decir la rubia. Pero ahora, había algo que simplemente la llamaba a dejar algo, un reto. Así que tomó el envase que su amiga le ofreció.

​“Lo probaré más tarde” mencionó despacio y lo guardó en su bolso como quien no quisiera la cosa. Realmente trataba de evitar ver cómo la rubia levantaba las cejas y la molestaba con la mirada, así que se despidió rápido y se dispuso a salir de su floristería con una Ino detrás del escritorio riéndose y diciendo tonterías.

​“¡Tienes que decirme si funciona, frentona!”

​“De verdad que nunca dejarás de ser una…” suspiró y se volteó a verla desde la puerta a medio abrir. “Tal vez ni funcione”. Mentira. Ella era doctora y sabía muy bien cómo funcionan los afrodisíacos naturales, las sustancias, el efecto.

​Ino simplemente le echó un vistazo y bufó, haciendo un gesto con la mano para restarle importancia y seguir trabajando en un arreglo floral. “Espero tu agradecimiento con uno de esos pasteles de la pastelería nueva que te dije” y la corrió con un movimiento de manos y un ‘shus shus’.

​Sakura rodó los ojos y se dispuso a caminar de vuelta a su hogar.

— ♡—

​Salió de su ducha e inmediatamente se envolvió en una toalla.

​Era un poco tarde, tal vez las 11:20 p.m.

Sakura había llegado a su casa directamente a hacer la cena para su marido y su hija. Una pequeña disculpa por no haber pasado el día con ellos como había prometido, su importante cargo en el hospital le pedía, o mejor dicho, le exigía que cuando fuera necesaria su presencia, ella debía estar ahí. Así que sus planes familiares del sábado se fueron un poco al caño. Por eso se dispuso a hacer una buena cena para compensar su ausencia.

​Así que cuando ellos llegaron, compartieron una velada agradable, hablando –principalmente ella y su hija– del día y compartiendo un tiempo en familia. Al terminar, Sasuke se ofreció a recoger todo y ella aprovechó para darse un baño y quitarse todo el día de encima. El agua caliente deslizándose por sus brazos, espalda y cuello hicieron que sus músculos agradecieran el alivio. Se lavó el cabello y quiso hacerse la desinteresada al tener un cuidado extra en su cuerpo, como cuando es consciente de que esa noche habrá algo más.

​Ya cambiada con su pijama, se acercó al cuarto de Sarada para desearle buenas noches, pero ella ya se encontraba dormida con sus lentes chuecos en su rostro y un libro al lado. “Esta niña…” pensó mientras se acercaba y le quitaba los anteojos, poniéndolos en su mesita de noche y la arropaba mejor. Despidiéndola con un pequeño beso en su frente deseándole dulces sueños.

​Al bajar se encontró con su marido en la isla de la cocina bebiendo una taza de té. El resto de los platos ya se encontraban lavados y se secaban en el escurridor, mientras que el resto de la cocina se encontraba impecable, al igual que el comedor. Estaba de lado cuando ella llegó y la miró por un momento, tal vez un poco más que uno. Ella sostuvo su mirada y se sintió un poco intimidada ante ella. Siempre fue así, aunque llevan doce años de casados, no importaba el lugar o el momento, ella siempre se sentía presa bajo la mirada de su marido. No importaba cuánto quisiera ocultarlo o restarle importancia a sus reacciones naturales, no podía hacerlo cuando solo estaba él ahí. Mirándola de arriba abajo, viendo cómo sus ojos se detenían un poco más sobre sus piernas descubiertas o en su cuello despejado.

​“Sarada ya está dormida” mencionó para romper un poco el hilo, suspirando cuando vio que Sasuke posaba sus ojos desiguales en rostro. Ella se acercó y le dio la vuelta a la isla, inclinándose un poco mientras reposaba sus brazos en ella. “Esa niña… un día de estos va a romper sus lentes mientras duerme, siempre le digo que se los quite antes de dormir”. Sasuke la escucha atentamente mientras le tiende otra taza de té a ella. Sakura lo toma y da un sorbo. “Uno podría suponer que fue por el cansancio del día, pero qué va, si no se los quito yo, en la mañana amanece con la cara llena de marcas y los lentes chuecos por dormir con ellos” ríe un poco al recuerdo de su hija con la cara roja y el cabello revuelto por la mañana. Ella ve cómo Sasuke suelta un bufido y rueda un poco los ojos asintiendo, dándole la razón. Él también se lo ha dicho en un par de ocasiones.

​Sakura lo vio por un instante, se mordió el labio mientras pensaba en cómo decirle.

​“¿Qué pasa?” escuchó su voz baja y ronca, más cerca de ella. Ahora se encontraba inclinado sobre la isla.

​“¿Ah?…” no se dio cuenta de que se había quedado guindada en sus pensamientos. “¡No es nada! Es solo que… Ino me dio un poco de una de esas recetas experimentales que encuentra en quién-sabe-qué revistas, y bueno… Pensaba en decirte para probarlo, ya sabes, juntos…”. Ella estaba ansiosa. Ella quería ver su reacción. Ella quería ver cómo reaccionaba a lo que era, a lo que podía hacer. Por eso cuando vio a Sasuke levantar su ceja y asentir despacio con su cabeza, ella fue a buscar el cóctel en el sitio en el que lo había dejado en su nevera apenas llegó.

​Al ponerlo en la mesa, Sasuke lo vio con curiosidad mientras su esposa revoloteaba por la cocina tomando unos cubiertos para ellos. Se puso a su lado y abrió el envase. Inmediatamente un olor a mariscos y a especias fuertes llegaron a su nariz y no pudo evitar arrugarla un poco, ahora fijando su mirada en su esposa. Ella volteó a verlo y se vio en la necesidad de explicarle lo que era.

​“Es un cóctel de mariscos” aclaró.

​“Puedo verlo, Sakura” sopesó un poco su siguiente oración. “... ¿Estás segura de que quieres que comamos esto?” No es que Sasuke tuviera algo contra Ino. Pero el olor era fuerte y sabía por su esposa que la rubia solía ser desastrosa en la cocina, dándole siempre una muestra de sus creaciones a su esposa. Sakura realmente solo probaba un poco, hacía una mueca –mayormente de mínima aceptación– y luego lo dejaba de vuelta en la nevera. Así que, realmente no tenía mucha fe.

​Sakura se mordió un poco el labio y se tomó un momento para decir lo siguiente. “Realmente es… un afrodisíaco. Los mariscos contienen un alto contenido en zinc que suele ser bastante efectivo a la hora de producir hormonas como la testosterona y el estrógeno, además de otras vitaminas que, bueno, mejoran la circulación sanguínea, aumentan tu nivel de dopamina y pues… hace que tengas más…” cerró los ojos. “apetito sexual” dijo al fin. Abriéndolos de nuevo y mirando a su esposo, tan tranquilo como siempre, con una mirada pensativa. Realmente no esperó cuando él tomó un tenedor y probó una pequeña porción del cóctel. Tomándose un momento para saborearlo y asentir un poco con la cabeza. Sakura no sabía cómo reaccionar y se apresuró a preguntar si estaba bueno. Él solo tomó un poco más y se lo tendió para que ella lo probara, y así lo hizo. Comiendo de la comida que su esposo le estaba dando.

​Tal vez apenas lo estaba probando y aún no había hecho ni remotamente el efecto que debería tener. Pero la idea de, realmente la estaba poniendo caliente.

​De vez en cuando ella tomaba un poco por su cuenta y luego le ofrecía un poco a él. Se deleitaba en cómo aceptaba la comida que ella le tendía, la miraba fijamente mientras masticaba y luego volvía a tomar un poco más de lo que su esposa le ofrecía.

​En cierto punto, se movieron para quedar encajados uno frente al otro. Ella estaba sentada en la encimera y él estaba entre sus piernas. Habían comido al menos la mitad del envase y más que la cercanía, era la anticipación. Sus rostros cerca del otro pero sin tocarse apenas, los muslos que apretaban cada vez más contra sus caderas, sus labios picosos por las especias.

​Sakura tomó otro pequeño bocado, esta vez un poco de salsa se deslizó por sus labios bajando hasta su barbilla y antes que pudiera limpiarlo con su dorso, sintió la mano de su marido en su mandíbula, inclinándola hacia arriba. Vio de primeras cómo su lengua salía de los confines de su boca para deslizarse por la de ella, saboreando los restos de salsa que se habían escurrido y lamiendo más abajo para limpiar los rastros que había dejado. Sakura no dudó y trató de encontrarse con su boca, sin éxito. Él la tenía bien sujetada con su mano, inclinando aún más su cabeza hacia arriba para dejar expuesto todo el largo de su cuello, besando a un lado, justo encima de su pulso y luego lamer el área, presionando su caliente lengua lo suficiente y repitiendo el mismo proceso en diferentes puntos de su cuello.

​Él sabía lo que hacía, él sabía lo sensible que ella era en su cuello. Donde parecía que cada nervio se activaba en cuanto él estaba cerca.

​Lame. Besa. Sopla. Chupa.

​Ella no supo cuándo sus besos subieron hasta su oreja y mordía su lóbulo, lamiendo la parte externa de la concha de su oreja. “¿Crees que esté funcionando, Sakura?”. Ella soltó un suspiro entrecortado por lo caliente que se sentía y por la descarga que sintió hasta su centro, temblando en su pecho y buscando su boca con la suya. Él no se negó y juntó sus labios con los de su esposa, primero moviéndose uno contra el otro y luego chupando su labio inferior, rojos por las especias picantes, adentrándose más en su boca en cuanto ella le daba acceso a más. Sus labios seguían chocando en un beso desordenado, sus lenguas se encontraban y bailaban en un compás que Sasuke parecía estar ganando, ganándose un gemido ahogado por parte de Sakura, quien apretaba sus muslos contra sus caderas y lo acercaba mucho más a su centro, tomándolo de la nuca para acercarse más.

​Ella quería más, quería más contacto. Su cuello y piel ardían con algo con lo que ella ya estaba familiarizada desde hace mucho tiempo. Deseo.

​Nunca se lo diría a nadie más porque prefería mantenerlo para sí misma, pero Sasuke era un gran amante. Lo demostraba en la forma en que le hacía el amor suave cuando pasaban semanas sin verse, en la forma en la que se la cogía duro porque extrañaba su cuerpo, lo demostraba ahora en cómo le chupaba la lengua y lamía la saliva que se escurría de sus labios, sintiendo como la mano que se había movido de su mandíbula hasta su nuca, ahora bajaba uno de los finos tirantes de su camisa de seda para dormir. Bajándolos uno a uno, su camisa cayó lo suficiente para dejar parte de su pecho descubierto pero no del todo, pero él tiró un poco más del borde y vio cómo sus senos se mostraban frente a él, sus sensibles pezones erectos ante su atractivo esposo, de una forma tan lasciva él tomó uno en sus manos y lo apretó, pasando sus dedos por sus aureolas y luego jugando con su pezón. Ella gimió en su boca y cerró los ojos ante los cuidados que su marido le daba a sus pechos. Sintiendo cómo los apretaba y los pesaba con su mano, su palma entera encajaba a la perfección. Como si hubieran sido hechos para él.

​Sakura quería más de él, necesitaba sentir a su esposo más de cerca. Tomando la iniciativa, la pelirrosa bajó una de sus manos y fueron hasta el sur del cuerpo de su marido, apretando lo justo cuando sintió la dureza en sus pantalones mientras lo veía a los ojos. Cuándo él le devolvió la mirada, rompiendo el beso, ella lo apretó más e hizo un movimiento de mano para recorrer el contorno de su pene fuera de sus apretados pantalones.

​Quiso quitarle la correa pero su mano fue alejada con brusquedad por la de él. Sakura confundida por su repentina acción, vio cómo su mano se deslizaba por la cinturilla de su corto short para dormir, que se ajustaba sobre sus muslos de una manera deliciosa que era un espectáculo de ver, aun así, Sasuke se los bajó con la ayuda de su mujer, quedando en ropa interior. Él levantó una de las comisuras de sus labios, regalándole una de esas sonrisas torcidas.

​“Estabas esperando por esto” dijo mientras veía la diminuta tanga roja que su esposa traía. La parte de adelante era un simple triángulo lo suficientemente pequeño para cubrir la parte baja de su monte de venus, que era sostenido por dos tiras finas que se ajustaban a sus caderas, apretándolas. “Bájate y date la vuelta” su voz salió como un tono más bajo de lo que pretendía. Mirándola fijamente con el deseo ardiendo en esos ojos desiguales, y la intimidad de su petición hizo que sus muslos se apretaran y se mordiera el labio.

Inmediatamente Sakura obedeció bajando de la encimera y lentamente se dio la vuelta mientras se inclinaba y apoyaba los brazos en la isla. Regalándole una vista perfecta de su culo a su marido. Ella volteó su rostro y vio sus ojos el deseo arder, la lujuria reflejada en un rostro que pocas veces demostraba lo que sentía.

​Él solo pudo ver cómo esas tiras finas se encontraban y luego desaparecían por completo entre esas redondas nalgas, siguiendo su camino hasta volver a aparecer y cubrir de forma mínima su intimidad. Sasuke Uchiha no se consideraba un pervertido hasta el día que compartió cama con su esposa. No hasta que vio la curva de sus pechos, no hasta que deslumbró la redondez de su culo respingón y definitivamente cambió de parecer cuando sus dedos recorrieron su intimidad y sintieron la calidez que los rodeaba y los abrazaba.

​Su mano no se quedó quieta y fue directo a parar en una de sus nalgas, apretando y separando un poco, lo justo para anclarse en medio de su culo y presionar su dureza contra ella. Repitió lo mismo con la otra, ganándose un siseo ansioso como recompensa. Motivado por los sonidos que su dulce esposa le regalaba, bajó la fina tira de sus caderas por sus piernas y dejó la tanga hasta sus pantorrillas, inclinándola a su vez con una mano sobre su espalda, quedó recostada por completo contra la encimera. Sus manos se agarraban del frío granito y sus pechos se pegaban dolorosamente por el roce de sus pezones contra la dura superficie.

Sintió cómo la mano de su esposo la abría y la recorría con su dedo, pasando desde su entrada hasta el final de su raja, dónde se encontraba su clítoris. Luego sintió la cercanía de algo caliente, un suspiro llegó desde su centro y un calor abrasador se extendió como una oleada desde su centro, subiendo por su espalda hasta la nuca.

El lametón que sintió después recorriendo toda su raja fue simplemente destructor.

​Sasuke se la comía desde atrás, lamiendo sus labios internos y chupando en los lugares necesarios, jugando con su lengua justo sobre su entrada, retirándose lo justo para suspirar un poco sobre ella. Él sabía cómo funcionaba. Sasuke sabía muy bien lo que a su dulce esposa le gustaba, desde las pequeñas lamidas juguetonas encima de sus labios hasta las fuertes succiones en su clítoris; tampoco la hizo esperar mucho –ciertamente, él tampoco podía esperar más– y le pasó un dedo encima de su entrada, preparándola para lo siguiente mientras la abría poco a poco y sentía cómo su estrechez lo abrazaba. Ella apretaba su dedo de una manera tan exquisita que su mente no paraba de dar vueltas sobre la imagen de su pene dentro de ella. Apretándolo y dejándolo sin salida más que moverse dentro de ella. Ordeñándolo hasta el final.

​Ya que se encontraba tan emocionada decidió agregar otro dedo más para su deleite.

​Sakura se movía al compás de la embestida de sus dedos entrando y saliendo de ella, apretándolos. Moviendo una de sus manos hacia una de sus nalgas, Sakura separó una de ellas para darle más espacio. “Por favor… Sasuke-kun. Necesito más” las palabras salieron más agudas de lo que ella pretendía, pidiendo desesperadamente por ese trozo de carne que aún se encontraba dentro de los confines de los pantalones de su marido.

​Rodó los ojos cuando sintió sus dedos largos encorvarse en su interior, haciendo presión ese delicioso punto. Gimió más fuerte cuando sintió ese chispazo de placer y tuvo que morderse los labios cuando él siguió penetrándola con los dedos, sin perder ese dulce punto de sus falanges.

​Sasuke se acercó desde atrás presionando su pecho contra su espalda, hablándole al lado de la oreja de una forma tan suave y sensual que Sakura tuvo que cerrar los ojos por la vergüenza que sintió al temblar ante su voz profunda. «¿Lo quieres, esposa?» había dicho. Pero la forma en que lo dijo hizo que Sakura lo empujara con su espalda para levantarse de la encimera y darse la vuelta, tomando el cinturón de su marido con sus manos y quitándoselo de un tirón como tantas veces había hecho en el pasado. Ahora lo tomaba en sus manos en cuanto lo sacó de sus pantalones y le dio unas cuantas sacudidas, a su vez que lo tomaba de la nuca y tomaba sus labios con desesperación.

​Se dio la vuelta en cuanto rompió el beso y volvió a inclinarse sobre la isla, sin dejar de tomarlo en su mano para posicionarlo sobre su entrada. Estaba goteando por él y sentía la necesidad interna de tenerlo dentro.

Su marido la anclaba con una mano en su cadera y se mecía lentamente, adentrándose en ella mientras Sakura sentía cómo se abría paso en su interior tan lentamente que no pudo evitar sisear por la sensación de ser llenada hasta el tope, sintiendo cómo llegaba hasta el final de su empuñadura y se quedaba ahí un instante, justo para después retirarse lo suficiente y volver a embestirla con fuerza. Salía tan lentamente que Sakura podía sentir la forma de su pene dentro de ella mientras volvía a abrirla cuando se empujaba dentro de ella nuevamente, comenzando el vaivén de sus caderas contra ella. Empujándola hacia adelante y obligándola a plantar ambas palmas en el granito para mantenerse quieta en su lugar y seguir tomando las embestidas de su marido.

​El sonido acuoso de sus sexos chocando, el de sus caderas embistiendo contra su culo y el que salía de su garganta se estaban volviendo simplemente demasiado. Estaba siendo ruidosa, lo sabía, pero era complicado mantener la boca cerrada cuando él la estaba clavando tan dulcemente desde atrás, sus labios temblaban y sus ojos se cerraban en cada embestida. El sonido de su boca se vio amortiguado en cuanto sintió su mano privando sus gemidos de ser escuchados por algo más que no sean ellos. Ella sintió cómo era jalada hacia atrás, haciendo chocar su espalda contra el pecho de su marido, así como también las sensaciones de la nueva posición le proporcionaba.

​El choque de su pelvis contra sus nalgas, como entraba tan hasta el fondo como para sentir sus pelotas chocando contra su vagina tan divinamente que el mero pensamiento la hizo desilusionar. La mano en su boca la apretaba lo justo para respirar.

​Sentía cómo se acercaba a su orgasmo como si fuera una pendiente, su esposo la tomaba tan bien desde atrás y sabía que no podía soportar mucho más mientras él siguiera regalándole esos suspiros detrás de su oreja, esos jadeos que hacía cuando llegaba al tope y los pequeños gemidos que soltaba de vez en cuando se apretaba contra él para provocarlo. Haciendo que se acercara cada vez más a su límite también.

​El detonante fue cuando Sakura levantó una de sus piernas y la descansó en la encimera de la isla, regalándole un acceso exquisito en donde podía penetrarla aún más si era posible. Sintiendo cómo sus testículos se tensaban por la carga, arremetió contra su apretado coño sin dar tregua. Cuando sintió cómo se apretaba tan dulcemente a su alrededor y se volvió más resbaladizo en su interior, se dejó ir y descargó su carga dentro su dulce esposa que se mecía de una forma tan lasciva mientras era rellenada por su esencia, ordeñando más. Eso le valió una bofetada en su culo.

​Cuando se retiró de su interior no pudo evitar recostarse del otro lado de la cocina, viendo como ella bajaba la pierna de la encimera y se recostaba agotada. Su esencia salía de su interior y bajaba tan deliciosamente por sus muslos, no pudo evitar que su mirada se quedara anclada en ese punto por más de un momento. No sintió cuando Sakura volteó a verlo desde su posición y se sonrojaba al notar la dirección en la que la mirada de su esposo iba.

​“...”

​“¿Sigues cansada?” mencionó al notar la mirada sonrojada de su esposa. Ella meneó la cabeza, negando.

 

— ♡ —

 

​“Creo que le debo unos buenos pasteles a Ino” dijo una Sakura acalorada que se levantaba para buscar los restos de su ropa esparcidos en el suelo de su cocina tras otra ronda de sexo ardiente.

​“Hmp. Yo te doy el dinero”