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Flower of another spring

Summary:

Petunia no está hecha para sobresalir y hace algunos meses hizo las pases con eso...está cansada del enojo, los celos y la envidia.

Quizás no es la más hermosa, quizá no la más lista, quizá no las más empática, graciosa o cualquier otra cualidad que sus padres adularon en Lily durante años, pero debe haber algo en lo que sea buena, algo que la llene y la haga sentir cálida.

Y ella sabe que es cuando en King's cross ayuda a un niño a sacudirse y encontrar a su madre, recibiendo una sonrisa tímida y una mirada dulce como recompensa.

Eso es en lo que decide será buena. La maternidad.

Chapter 1: Chapter 1

Summary:

Petunia's pov, el día que Lily y los marauders vuelven de las vacaciones y la pequeña epifanía que tiene luego de un encuentro con un niño en la plataforma de King's Cross

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Petunia había sido simple toda su vida.

Tenía un cabello rubio sucio bastante común y ojos grises que no eran destacables comparados con Lily y su abundante rojo cabello que generaba un encuadre perfecto para sus ojos verdes. Lo había oído toda su infancia por parte de tíos, vecinos, incluso sus padres quienes no fueron sutiles en sus comparaciones, sobretodo luego de que a Lily le llegara la carta de ese bendito colegio.

Petunia recuerda aún el calor en su cuerpo proveniente de la ira mientras la angustia y las lágrimas se hacían responsables de la opresión en su pecho y cabeza así como de la irritación de sus ojos por el llanto de horas, durante la noche, sola, encerrada en su habitación luego de que Lily hubiera estado hablado sin parar de todo lo que había en donde estudiaba. Cuando mostró los dulces, la varita y el contenido de las clases, comprendió por qué su hermana no había vuelto para las fiestas, ella tampoco lo habría hecho.

Ella era quien se esforzaba por una imagen perfecta ante la familia y boletines escolares con nada menos que excelentes y notas escritas a puño y letra por parte de profesores o directivos, era ella quien ayudaba a su madre en la casa y ahorraba de sus domingos para comprarse lo que quería...pero Lily llegaba en vacaciones o días festivos y no solamente ella ya no importaba de la forma regular, sino que también sus padres llenaban el silencio incómodo que les quedaba con su hija mayor de halagos y preguntas para su hija menor.

Como quería Petunia detestarla por ello. Su linda, amable, bondadosa y completamente perfecta hermana menor. La bruja de la familia. Lily crecia bajo los reflectores con abrazos y besos mientras ella se sentía marchita en la sombra del desinterés y las escasas e incomodas muestras de afecto de sus padres que solo tenía en cumpleaños.

¿Qué tenía de malo? ¿No era ella una niña buena? ¿No había aprendido a ser todo lo que ellos querían? "Petunia, siéntate derecha", "Petunia, arregla tu cabello", "Petunia, una señorita no tiene así sus ropas", "Petunia, una niña buena es responsable", Petunia, Petunia, Petunia. ¡¿Por qué ella fue regañada en cosas en las que Lily parecía tener libertad para hacer?! Recuerda la palmada en su mano por parte de su madre la vez que trató de tocar el jarrón de la casa de unos tíos, jarrón que Lily rompió por estar inquieta y querer jugar de forma despreocupada, solo para recibir un "no te preocupes, tesoro, fue un accidente" y dos galletas más para que no se angustie.

Cinco años había pasado así, contando solo el tiempo en que Lily había estado en Hogwarts...y ella estaba cansada. Cansada de mirarse en el espejo y ver la simplicidad que la hacía acomplejarse, cansada de enojarse cada que sus padres eran amorosos con Lily y ser regañada por celosa cuando lo comentaba, arrepentida de no haber disfrutado más la escuela y tener más amigos porque vivía con un carácter agrio. Petunia no recuerda haber sentido más que envidia, celos, amargura y enojo en su vida desde que tiene noción. Y la tiene tan cansada...

Quiere amigos, quizás un muchacho bonito que la quiera, ropa bonita y quizás un carácter más dulce. Quiere que la gente piense en ella como alguien simpática, jovial, entretenida, cualquier cosa. Golpeara su cabeza contra pared hasta el desmayo si uno de sus primos le dice que se viste como anciana.

Cuando empieza el año 1976, su guardarropa es nuevo, su cabello lo comenzó a estilizar de forma más femenina con algunos broches, clips y gomitas, dejándose crecer el cabello hasta poco más debajo de la cintura. Presentable, con un perfume de aroma rico y prolija, se dio satisfecha con eso. Se había hecho amiga de unas niñas en su mismo año escolar que eran excepcionalmente bonitas y habían tenido la amabilidad de compartir consejos y opiniones de moda con ella. Yvonne y Daría.

Un vestido tipo oriental hasta las rodillas en tonos negros de cuello alto y escote tipo cut-out en el pecho, con bordes y lazos blancos en la unión de cuello y en las mangas es lo que decidió usar junto con unos zapatos tipo sandalias con un taconcito bajo y el cabello suelto con dos moños de lazo blanco a cada lado de la cabeza fue lo que usó el día que Lily volvió a casa de su sexto año en Hogwarts, sus padres insistiendo en ir a recogerla a King's cross ya que durante las primeras semanas de vacaciones, los nuevos amigos de su hermana se quedarían en la casa durmiendo de a dos en los cuartos libres de visita que habían. A Petunia le daba curiosidad que amigos había sumado este año y por qué ellos estarían en la casa tanto tiempo cuando el hijo de los Snape a penas y se quedaba una tarde. Aunque cuanto más lo pensaba, notó que el chico de cabello grasoso y mala actitud ya no iba al parque cerca de casa con Lily y no se hablaban las pocas veces que se cruzaban en el barrio. Algo había pasado en el quinto año en esa escuela que había cambiado las cosas entre ambos, pero Petunia se obligó a mover su nariz de ese asunto, autoregañandose por metiche y criticona.

Mamá y papá Evans estaban emocionados como siempre, esperando a su hija para oírla compartir las anécdotas que tendría. Ambos frente a la columna por donde Lily desaparecía cada comienzo de ciclo lectivo.

El hijo de los Snape fue el primero en salir, Petunia pareció verlo apresurado, como si huyera de alguien. En el camino, un morral remendado y de color opaco cayó del carrito que tenía su maleta, por lo que se acercó y lo recogió, sacudiendo la mancha blanca que la arenilla del concreto le había dejado, acomodandolo sobre el carrito antes de darle una pequeña sonrisa sin importarle no haber recibido un gracias. Aún recuerda haberlo llamado monstruo y bicho raro de niña, cuando estaba celosa y asustada por el descubrimiento de la magia por lo que, al verlo marchar, considero bueno el tener un pequeño encuentro con él durante las vacaciones, quizás no se volverían mejores amigos, pero la cordialidad se veía mejor que el resentimiento a esta altura de su vida.

—¡Lily, querida!

El entusiasmo de su madre quedó en segundo plato cuando, viendo a Snape irse, en su campo de visión se percató de un niño llorando en el andén, del lado de la plataforma 10. Tenía apariencia de no ser mayor de cuatro años y mientras una mano la tenía al rededor de la cabeza de un percudido osito de peluche, la otra la tenía en la boca, succionando el pulgar entre sollozos. Ignorando las voces de fondo, Petunia se acercó hasta él, acuclillandose a su lado, captando la atención del niño quien llamó a su mamá, en un llanto tan feo que le generaba arcadas. Petunia secó con cuidado las lágrimas del niño con una mano mientras frotaba su espalda con la otra, hablando en un tono suave acerca de cómo iban a encontrar a su madre, preguntando si sabe su color de ojos o cabello, quizás un nombre.

—No tienes por qué angustiarte así, tranquilo, estoy seguro de que mamá estará buscándote y volverá pronto—murmuró cuando lo notó más calmado, intentando erguirse para buscar la caseta de un guardia o un adulto, recibiendo un apretón en el brazo por parte del niño, quién tenía un hipo post sollozo que era mejor que las arcadas del llanto. Petunia decidió entonces que se conformaría con estirar el cuello para tratar de ver, el niño ahora aferrado a ella mientras ella trataba de mantener el equilibrio antes de decir que cargarlo sería mejor antes que caer de cola al suelo, tomando al infante con cuidado por debajo de las axilas y dejándolo alrededor de su cadera.

Mirando los letreros, vio que el último tren había salido cuando ellos llegaron a la estación, hace poco más de diez minutos, la madre no lo pudo haber abandonado, se veía limpio y bien cuidado con un traje de marinerito que rozaba lo gracioso si era sincera. Petunia esperaba que su hermana y sus amigos, a quienes aún no veía, tardarán algo más en acomodar equipaje o hablar de permisos parentales, sentia amargo dejar al niño solo en una caseta de seguridad sin poder saber que pasaría con él.

—Quiero a mi mamá...—murmuró el niño, con voz angustiada mientras puchereaba.

—Lo sé, lo sé—contestó, acariciando su espalda y mirando al rededor, optando por ir hacia la caseta de seguridad sin más remedio—vamos a ver si no-....

—¡John!—la voz estridente de una mujer resonó en la estación vacía. De cabello ondulado y corto hasta el mentón, vestido desarreglado y un tacón en la mano con el taco roto, Petunia bajó al niño cuando este, sin intención, grito "¡mami!" demasiado cerca de su oído.

Los pequeños piecitos en zapatos de charol negro bien pulidos resonaron mientras las piernas cortas corrían a su máxima capacidad a los brazos de la mujer, generando un calor en el pecho de Petunia que jamás había tenido antes. No podia encontrar ningún momento en su memoria en el cual ella haya sido así con su madre, ni que su madre fuera así con ella.

La mujer se le acercó un momento, agradeciéndole la contención al niño y explicando él se había agachado para recoger una moneda cuando estaban subiendo al tren y eso la había dejado a ella dentro y al niño en el andén. Petunia estaba en lo correcto cuando asumió que la mujer había corrido hasta allí, pero se sorprendió al enterarse que corrió de la estación siguiente hasta allí.

—¡Vamonos ya, Petunia!—oyendo la gruesa voz de su padre llamarla entre el ruido de los carros de equipaje y la nueva gente que comenzaba a llegar para tomar el próximo tren.

Se despidió de la mujer y le encargó al niño estar siempre de la mano de su madre desde ahora, así sea un billete de oro lo que haya visto, picando suavemente las costillas del niño en brazos de su madre para hacerlo reír antes de tomar el osito del suelo que había caído cuando John vio a su madre y decidió que necesitaba ambos brazos para aferrarse a ella. Sacudiendo un poco el peluche, desató uno de sus lazos y lo amarró a modo de gargantilla, haciendo que la cabeza quedara un poco más erguida, dandoselo al niño y despidiéndose por fin.

Caminó detrás del grupo, con la mirada en los alrededores, pensando en adelantar los trabajos de verano que los profesores habían dejado y tratando de buscar una fecha lo suficientemente buena para hablar con Snape.

Lo que Petunia no noto, fue a James Potter seguirla con la mirada como un cachorrito, incluso recibiendo un codazo en las costillas por parte de Sirius cuando este no había comenzado a avanzar por estar mirándola. James había oído de la hermana de Lily, celosa y amarga, siempre mezquina con su hermana, Sirius y él habían empacado dos que tres cositas para usar en ella el verano...pero la chica cariñosa con el niño que vio en el andén, con una sonrisa dulce que no llegaba a sus ojos tristes no era nada lo que esperaba.

James pasaría todo el verano tratando de conocer a Petunia Evans. Decidiendo volver a Hogwarts el año entrante como un hombre comprometido y reservado para su chica si lograba captar la atención de Petunia. Y James Fleamont Potter no iba a dejar esa casa sin que eso ocurriera.

Notes:

• El fic no será largo, quizás solo unos 5-6 capítulos como máximo

• Pueden ir a mi cuenta de tiktok @nebulamoradita para ver contenido del fic como pequeños spoilers y demás.

• Por favor sean amables con los comentarios ♡