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Language:
Español
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Published:
2025-10-19
Words:
1,133
Chapters:
1/1
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1
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15
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96

Emergencia

Summary:

Ignorar a Satomi era imposible en una situación normal. ¿Y en una emergencia? Kyoji tenía que aceptar que estaba dispuesto a dejar todo para ir por él.

Work Text:

Kyoji no recordaba muchas ocasiones en las que en verdad hubiese sentido que su corazón se detenía por un segundo debido al miedo, ni en las que hubiese sentido la necesidad de correr tan rápido como sus piernas se lo permitieran.

De hecho, si lo pensaba bien, no recordaba ninguna.

Él era un ser humano más, claro, y había vivido lo suficiente y en un mundo en el que la violencia era común, por lo que podía rememorar más de una mala experiencia que, quizás, para muchos podría ser aterradora. Ciertamente, ver su carro siendo embestido cuando él estaba manejando no había sido una experiencia para repetir, tal como el que alguien intentara apuñalarlo; mas lidiar con las consecuencias había sido el problema y en el momento Kyoji no creía haberse visto controlado por la conmoción.

Pero Satomi, quien rara vez lo contactaba primero, había conseguido cambiar eso con una sola palabra.

«Ayúdame».

¿Qué había pasado?

Kyoji estuvo seguro de que el mundo se acalló, oscureciéndose salvo por la pantalla de su teléfono, en la que se podía ver el mensaje que Satomi acababa de enviar y al que no le siguió nada más, dejándolo al borde de una desesperación que Kyoji nunca había experimentado.

Sus manos incluso temblaron mientras las usó para llamar a Satomi, sintiendo que el aire abandonaba sus pulmones con cada timbre y que su corazón pasaba de ese segundo de quietud mortal por una carrera sin límites hasta que al fin la espera terminó y no con un mensaje automático: Satomi había aceptado su llamada.

—¿Satomi-kun, estás bien? ¿Dónde estás? ¿Qué pasó? —cuestionó con afán, dejando ya el asiento en el bar en el que había estado para abandonar el lugar. No era momento para negocios o para dar explicaciones si Satomi lo necesitaba, y el silencio que siguió a sus palabras se lo confirmó—. ¿Satomi-kun? —insistió con urgencia y finalmente Satomi, en algo que le pareció un susurro lejano, respondió con un lugar y nada más.

Al menos era cerca. Pero el que Satomi no respondiera sus demás preguntas lo llevó a correr pese a saber que eso no lo llevaría con él tan pronto como le gustaría.

Un taxi.

Eso era lo que necesitaba y fue un milagro el conseguirlo con presteza, mas no ningún consuelo, ni siquiera cuando el conductor realmente aceleró cuando Kyoji le dijo que era urgente.

—No te muevas de ahí, Satonmi-kun, voy en camino. No tardaré, te lo prometo, así que espérame. —Sin duda no estaba siendo muy coherente, ni ayudando a crear una conversación, mas Kyoji fue incapaz de cortar la llamada y tampoco quería quedarse en silencio, aun si podía escuchar la respiración de Satomi que al menos le indicaba que no había ocurrido nada más. Escuchar su voz sería mejor, sin duda alguna, y verlo bien sería lo único que le permitiría recuperar la calma...

El problema fue que antes de que eso ocurriera, el taxi se detuvo.

—¿¡Por qué te detienes!? —reclamó, dejando de hablarle a Satomi solo por un instante, temiendo un semáforo o algo peor reteniéndolo en su camino.

—Señor, acá no hay paso, pero es a media cuadra —indicó el taxista, cosa que Kyoji no entendió por un segundo. Sin embargo, en la dirección en la que estaba señalando realmente había una calle angosta solo para peatones y allí, cerca de lo que parecía ser la luz neón de un negocio, creyó ver una silueta conocida.

—Satomi-kun, ya estoy aquí —dijo al tiempo que le pagó al conductor, quizás de más, quizás de menos, y abandonó el auto sintiéndose sin aliento aun antes de comenzar a correr hacia Satomi.

Hoy sin duda podía ser el día en que su vida se acortaba por el miedo y todo porque... ¿por qué?

Satomi estaba recostado contra la pared, al lado de la puerta de un restaurante pequeño, y lo único extraño era que tenía el teléfono contra su oído y no alzó su cabeza ante el sonido de sus pasos, aun cuando era imposible que no los escuchara.

¿Qué había pasado? ¿Alguien le había hecho algo? Si alguien malintencionado se había acercado a Satomi por su culpa...

Un sudor frío se apoderó de su espalda y Kyoji llevó un brazo hacia Satomi apenas estuvo lo suficientemente cerca, agarrándolo de un hombro y temiendo lo peor; mas Satomi al fin dirigió su mirada hacia él y Kyoji pudo respirar nuevamente.

Se veía... bien. Sonrojado pese al frío, y su mirada no estaba del todo enfocada, pero a diferencia de Kyoji, no lucía asustado. Todo eso era demasiado bueno para ser verdad y Kyoji buscó confirmarlo acercándose más y apresándolo en un abrazo en el que pudo verificarlo gracias a su firmeza y su calidez y el que Satomi no se recostara contra él por completo como si las fuerzas le fallaran.

Era real.

Satomi estaba bien.

Estar ahora seguro de ello no lo llevó a soltarlo, aunque la cercanía se le permitió notar algo que tal vez era el motivo de todo.

—¿Estuviste bebiendo? —cuestionó con un deje de incredulidad, aun cuando el aroma era indistinguible.

—No mucho... —musitó Satomi, sonando como si sí hubiese sido más de lo que quería admitir, pero estuviese dispuesto a explicarle—. Vine a comer con unos amigos...

—No me hagas esto, Satomi-kun... — se quejó Kyoji en un suspiro, interrumpiéndolo y aceptando consigo mismo que era hora de separarse e ir a comprar al menos una botella de agua para ayudarlo. Pero eso podía esperar, porque Satomi había alzado sus brazos para aferrarse a él y eso le daba la excusa de no soltarlo todavía y disfrutar el alivio de que su pedido de ayuda no involucrase más que una mano para llegar a casa...

—Entonces ven a verme. —El reclamo fue tan directo e inesperado que Kyoji lo sintió como un golpe bien merecido. Sí, deseoso de al menos intercambiar un par de mensajes con Satomi, él le había dicho que iría a Tokio, pero que no sabía si podían verse esta vez, pero en ningún momento había pensado que esa incertidumbre podría hacer que Satomi lo extrañara hasta este punto.

—Es mi culpa —pronunció, resignado a no poder llevarle la contraria, ni querer hacerlo. Incluso estaba dispuesto a admitir algo que, creía, era obvio. ¿Por qué otra razón buscaría cualquier excusa para venir a Tokio?—. También quería verte.

Y no sabía si guardar la esperanza o no de que Satomi recordase esas palabras al día siguiente. Lo que sí sabía era que no repetiría su mismo error y haría lo imposible para verlo con incluso más frecuencia que antes.

No quería llevarse el mismo susto nunca más, al fin de cuentas, y si Satomi iba a reconocer que el deseo de verse era mutuo, ¿cómo iba a decirle que no?