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Cada 24 de diciembre desde hace 3 años, a primera hora del día, su imagen aparece en mi memoria, y así también, sin quererlo, recuerdo en voz baja aquella melodía tradicional, y a lo lejos parece que escucho el eco de su voz, quejándose de tener que ensayarla por milésima vez.
Luego de su muerte se volvió obligatorio para mi tomar este día libre, nada de misiones, no salidas con Shoko o algún otro amigo, ni siquiera visitas a mi familia. Me he impuesto una rutina bastante estricta; después de desayunar y darme un baño me acerco a esa esquina en mi sala, no suelo frecuentarla, pero no por eso está descuidada, de hecho pongo especial atención en su mantenimiento. Ahí se encuentra un pequeño mitamaya dedicado a él. De mí para Satoru Gojo.
Me toma una hora terminar mis oraciones frente a su foto, una que tiene un valor especial para mi. Gojo tenía la costumbre de usar mi celular sin permiso y llenar mi galería con fotografía suyas, esta fue la última y en ella no tenía una estúpida mueca como siempre, si no una ligera sonrisa, la cual no puedo evitar responder de igual manera siempre que la veo.
Al terminar esta formal conmemoración de su deceso me alisto para dejar mi hogar, con ropa casual y abrigadora, sin poner mucho empeño, ni siquiera me molesto en usar un moño, no quiero llevarlo a mi próxima actividad.
Me pareció una especie de señal el hecho de que se decidiera que su tumba estuviera en Kioto, ya que él nació aquí. Es gracioso ver lo sencillo de su lecho de descanso, apuesto a que Gojo se quejaría por eso, él habría querido algo más acorde con su "estupenda personalidad".
El paso del tiempo no se ha llevado el dolor, estar aquí siempre es sofocante para mi corazón, aunque admito que ahora es más llevadero, las lágrimas ya no se derraman de inmediato. Disfruto cambiar las flores marchitas, cuando vengo traigo camelias, rojas y blancas, no hay mucho polvo, pero aún así me empeño en limpiar todo rastro de suciedad.
Aunque me parezca irrespetuoso, no voy a quedarme de pie, y sé que a Gojo no le importaría si me siento en uno de los relieves de su tumba, además la idea de comer de pie no me agrada. Los dulces no son lo mío, pero traer una rebanada de pastel es mi manera de compartir con él, cómo desearía que Gojo apareciera de pronto y me lo quitara para comerlo él mismo, pero eso no pasará, así que lo único que me queda es quitar toda esta azúcar de mi boca con café negro.
Nunca consideré como una posibilidad que desapareciera de mi vida, ahora lo único que me queda de él son recuerdos y este pedazo de tela de seda que cada año traigo aquí conmigo, su cinturón, ese que llevaba cuando todo terminó para él. Después de que Yuta usara su cuerpo y gracias a mi amistad con Shoko tuve acceso a él, y entonces, lo robé, sé que ella se dio cuenta, afortunadamente nunca mencionó nada al respecto, aún así pasó un tiempo para que yo dejara de sentir vergüenza por este pequeño hurto. Son necesarias varias vueltas a mi muñeca para que pueda usar como pulsera mi pequeño suvenir, la nostalgia me invade, realmente me gustaría que Gojo apareciera junto a mí para jalar un mechón de mi pelo y decir uno de eso comentarios molestos que tanto le gustaban.
A este punto contener más el llanto es doloroso, ya no hay sollozos como la primera vez que vine, pero igual mi cuerpo se sacude con las emociones. Nunca creí que añoraría escucharlo burlarse de mí "¿Estás llorando?" e invadiera mi espacio personal para ver mi rostro descompuesto. Llorar es sin duda una de las actividades más agotadoras, estoy cansada y el cielo empieza a oscurecerse, debo volver a mi casa.
El dolor de cabeza me provoca mareo cuando me pongo de pie, lo mejor es caminar despacio, no quiero caerme, sería muy vergonzoso y ya tengo suficiente con las miradas incómodas que me da la gente, supongo que debo estar muy roja e hinchada de tanto llorar. Lo único que me importa en este momento es llegar por fin y dormir un poco, lo que afortunadamente pasa muy poco tiempo después de acostarme.
Alguien se ha sentado en mi cama, el desnivel en el colchón es evidente, pero por algún motivo no llega el miedo y tampoco siento la necesidad de abrir los ojos hasta que siento que acarician mi mejilla. Supongo que debo estar aún medio dormida, porque mi reacción no es lo que se esperaría al ver al mismísimo Satoru Gojo sonriendo frente a mí. Lentamente y con recelo me levanto y rasco mis ojos para enfocar la vista, ¿qué está pasando? Nada tiene sentido.
- Utahime. - Me dice sin apartar su mirada de la mía. Esos enigmáticos ojos, son lo único que me confirma que es él.
- Gojo. - La confusión no me detiene, al aferrarme a su cuello y sentir que él me corresponde el abrazo recuerdo nuestra corta despedida antes de la batalla contra Sukuna, cuando también lo envolví en mis brazos. Su agarre es fuerte, tan anhelante como el mío, lo siento acariciar mi cabello, su aroma es justo como lo recordaba. - Satoru, ¿Cómo es que... y tus heridas,? - No hay rastro de cicatriz alguna en sus brazos ni nada en su frente que delate el ultraje de su cuerpo, no las encuentro ni siquiera apartando las lágrimas que nublan mi vista.
- Estoy bien. - Contesta sin más, aún mirándome fijamente. Doy por terminada mi inspección con un empujoncito en su hombro.
- Sí, me doy cuenta. - Mi tono indignado está más que justificado. - ¿¡Por qué hasta ahora te apareces!?
- Aún no era el momento, hay protocolos que deben seguirse para que pudiera venir. - Dice y aún así no me responde, no es una explicación clara. - Y si te soy sincero, creí que no querías verme. - Su expresión delata su inseguridad.
- ¿¡Cómo puedes pensar eso!? - Tal vez estoy siendo demasiado dura, pero no puedo evitarlo. - No sabes cómo ha sido, lo mal que lo he pasado.
- Sí, lo sé. - Me dice firme. - Yo sé y lamento que fuera así, pero veo que lo has estado haciendo mejor.
- No había necesidad de ser tan cruel. - Maldito el quiebre de mi voz, pero mis emociones están asfixiándome. - Dijiste que ganarías, yo creí que ibas a volver.
- No lo dije con malas intenciones, Utahime. - Toma mis manos y las acaricia con delicadeza. - Tenía la esperanza de que así fuera, lo siento, perdón. - Con uno de sus pulgares, recoge un par de lágrimas de mi mejilla. - Pero terminó todo, ¿no?
- Para ti, ¿Y yo qué? - Sé que estoy sonando egoísta, al final del día yo salí sana y salva, y de no ser por cómo fueron las cosas, quizá ahora todos estaríamos muertos, no es momento para reproches.
- Eras la última persona a la que quería lastimar, por favor ya no llores. Lo que quiero es verte contenta. - Me abraza de nuevo y con ese gesto yo me tranquilizo, no lo he recibido de la mejor manera.
- Entonces debiste venir antes. - Él suspira. - Veo que estás perfectamente bien, ¿cuál es tu excusa? - Merezco una explicación, al menos debe darme eso.
- Como te dije, no era el momento, y aunque no lo creas ahora no puedo hacer lo que me venga en gana. Ahora soy todo un seguidor de reglas, justo como tú. - Su comentario aligera un poco el peso de la situación. - ¿Me extrañaste?
- ¿No es obvio? - Para conversar más cómodamente debo separarme, aunque la idea no me encanta, pero él se recarga en la cabecera después de mi.
- Sería lindo escucharlo de tu propia voz. - No puedo negarme a su petición, después de todo, ¿no es esto lo que quería? Tenerlo de vuelta.
- La verdad es que sí, me hiciste mucha falta. - Que vergonzoso es decirlo, tal vez mi rostro esté rojo como un tomate. - Tanto que incluso he extrañado que te metieras conmigo. - Me escucha atentamente. - De hecho, me sorprende que a estas alturas no lo estés haciendo ya, no has sido ni un poco grosero.
- No voy a hacerlo, no desperdiciaré mi oportunidad de ser sincero. Aunque no lo creas también disfruto de las pláticas serias. - Algunas veces las tuvimos, siempre por cuestiones de trabajo, o cuando estuvimos ensayando para la pelea contra Sukuna. - ¿Por qué sigues visitando mi tumba?
- Porque eso es lo que se hace, Gojo. - Trato de esquivar el tema, no sé si estoy lista para hablar al respecto. - Es lo que se debe hacer por los amigos.
- Amigos... - Dice mientras al techo. - Sabes que no me importan mucho ese tipo de cosas. - Otra ves me mira a mí. - ¿Es sólo eso? - No, no lo es, y es difícil admitirlo incluso a misma, pero lo veo tan dispuesto a escucharme. Me da la sensación de estar en un espacio seguro para hablar. - Quiero que te abras conmigo, que me tengas confianza.
- Pues, bueno yo... Hice una promesa, si tú no volvías entonces yo iría a ti, cada año sin importar si llovía o tronara o qué tan frío estuviera afuera, yo estaría contigo. - Nunca había hablado de esto con nadie, todos sabían de este ritual mío, pero nadie me cuestionó al respecto, quizá sabían el motivo, quizá no, y agradezco que haya sido así, esto es algo muy personal e íntimo, y tal vez si me hubieran preguntado habría respondido a la defensiva. - Si fui yo la que te acompañó antes de... - Ese molesto nudo en la garganta de nuevo. - lo justo era que yo siguiera ahí. - Unos segundos de silencio siguen a mis últimas palabras, de repente hay un sabor metálico en mi boca, Gojo estira su mano y limpia las gotas de sangre que la herida que he hecho con mis propios dientes en mis labios deja salir.
- No hagas eso. - Me pide en voz baja. - No fue tu culpa. - Con esas simples palabras logró que mis entrañas se estremecieran, como si me hubieran atrapado haciendo algo indebido. - Hiciste lo que te tocaba, siempre me ayudaste en todo lo que te pedí.
- Pero eso no fue suficiente, tal vez si hubiera hecho algo más, pude haber practicado más mi danza a solas, no sé, tal vez pude haberte ayudado de otra manera. - La lengua no me obedece y mis palabras salen torpemente. - Eso no debía pasar, tampoco debí permitir que usaran tu cuerpo después, no hubo ni una pizca de respeto en eso. - Fue un acto que me pareció ofensivo, aberrante, indignante. Sé que no había muchas opciones, pero ¿dónde estaba el límite?, además de ser el hechicero más fuerte también era una persona, lo deshumanizaron por completo. Fue sumamente doloroso ver cómo lo exprimían hasta la última gota y yo no tenía ni el poder ni el valor para impedirlo. - Lo siento, de verdad, lo siento tanto Satoru.
- Quítate esa idea de la cabeza, no tiene sentido. Hiciste más que cualquiera, estuviste conmigo siempre, hasta el final, arriesgaste tu vida al ir conmigo esa última vez, eso no lo haría cualquier persona. Estoy muy agradecido contigo. - Sé que está siendo sincero, y sus palabras me llegan, pero no son suficientes para hacerme olvidar este reproche que siento hacia mí misma. - Utahime, esto es muy diferente a la vida que pensé que tendrías. - Como no reacciono sigue hablando. - Mira lo que te he ocasionado, angustia, tristeza.
- No es eso, es que - Me tomo unos segundos para controlar mis emociones. - no me di cuenta de lo importante que eras para mí hasta que te habías ido, así sin más, cuando no lo creía posible, ¿Te das cuenta de que perdí a mi compañero de vida?
- Yo también perdí a la persona más importante en mi vida. - Con delicadeza apoya mi cabeza en su hombro. - ¿Crees que yo no te extrañé? - Por el tiempo que le tomó venir yo diría que no, pero bueno, no estoy al tanto de las circunstancias en su vida estos años. Su mano alcanza mi muñeca, la levanta y la mira un instante. - ¿Y esto?
- ¿No lo reconoces? Era el cinturón que usaste ese día. - Se ríe un poquito haciendo que mi corazón salte al escuchar ese sonido de nuevo.
- Nunca habría imaginado que te volverías una pequeña ladrona. - Era evidente que encontraría el momento de hacer uno de sus comentarios burlones. - Pero bueno, no estoy aquí para hacerte pagar por tus horribles delitos. - Basta encontrar su mirada para que él entienda que quiero saber sus motivos para volver. - Cuando morí creí que lo había hecho sin tener ningún pendiente, sin arrepentimientos. - Eso es algo complicado de creer viniendo de él, nunca me dio la impresión de ser alguien que cargara con pesos emocionales, hasta el último momento se mantuvo juguetón y con actitud despreocupada, pero admito que siempre pensé que esto no era más que una coraza, su manera de protegerse de un mundo que nunca hizo el mínimo esfuerzo para comprenderlo.
- ¿Y cuáles serían esos arrepentimientos? - Me ha provocado genuina curiosidad.
- Pues primero, me habría gustado ser un mejor tutor para Megumi, pienso que hice muy poco por él, me siento culpable por no haber podido hacer nada por Tsumiki, ni todo mi poder fue suficiente para salvarla. Habría sido lindo verlos crecer a ambos. - El brillo en su mirada se apaga un momento. - También hubiera querido tener una mejor relación con mis padres y siendo honesto jamás pude superar haber matado a Suguro. - Espero que mis pequeñas caricias en su mano le den algo de consuelo, como esto nunca había pasado no tengo mucha idea de qué hacer.
- Cargabas con un peso muy grande, para cumplir con tu papel dejaste de lado ser hombre. - No tengo mucho más que decir, unas simples palabras no ayudarán a aliviar un dolor de años. - Pero de ahora en adelante puedes hacer las cosas diferente. - Me sonríe una vez más.
- Nada de eso puedo cambiarlo ya. Pero tengo un último arrepentimiento, y por ese sí puedo hacer algo al respecto. - Ahí está esa chispa en sus ojos de nuevo. - Los otros fueron consecuencias de mis actos y decisiones, este es por algo que no hice. - Creo que los arrepentimientos por omisión son los más dolorosos, todo se convierte en un sinfín de pensamientos sobre lo que pudo ser y no obtener respuesta. - Sólo tenía que hablar, pero en ese momento parecía algo imposible.
- ¿Qué te faltó decir? - Parece reacio a hablar, pero luego de tomar aire, lo hace.
- Realmente quería que tú y yo tuviéramos una conversación digna, me hubiera gustado que nos despidiéramos de una mejor manera, lo intenté, pero no quería decir algo tonto. Además, sentí vergüenza por las cosas que tal vez te hubiera dicho. - Eso es algo extraño de imaginar, él jamás se preocupó por lo que saliera de su boca.
- ¿Satoru Gojo conoce la vergüenza? Eso sí es sorprendente. - Ese pequeño descubrimiento me provoca ternura, me parece fascinante que a pesar de los años, nunca dejamos de conocer a una persona.
- Sí, pero estos años me han servido para tomar valor. - Recarga su rostro en su puño derecho sin dejar de mirarme. - Estoy totalmente seguro de que nunca tuve la decencia de hacerte un cumplido. - No, nunca lo hizo, ni siquiera fue capaz de dirigirse a mi como su superior. - Pero quiero que sepas que siempre me pareciste una mujer muy leal, y creo que esa es la mejor cualidad en una persona, eres muy inteligente y la mejor maestra en el mundo de la hechicería, perseverante, fuerte y de carácter firme, amable. - Nunca pensé que escucharía esas palabras salir de su boca, ¿realmente piensa todo eso? Es extraño cuando el antecedente demuestra lo contrario. - Siempre preocupada por tus alumnos, los cuidas con tu vida, la mejor compañera y amiga que he tenido, dispuesta a ayudar y que a pesar de tu delicadeza jamás has dejado que nadie se aproveche de ti. - Por raro que todo parezca, estoy feliz de recibir tantos halagos de su parte, y bueno, mis mejillas sonrojadas y acaloradas lo hacen evidente. - Y no contenta con todo eso, además eres bella, muy bonita, incluso tierna, con tus maneras tan suaves. Siempre fue un deleite mirarte.
- ¿De qué hablas? - Ese brinco en mi estómago me hace hablar al fin, contenta y nerviosa. Si lo anterior me tomó por sorpresa, eso último me ha sorprendido realmente. - ¿Lo que quieres decir es que el inalcanzable Satoru Gojo estaba enamorado de mí? - Quizá esa pequeña broma pueda aligerar la presión que de pronto está en mi pecho.
- Sí, es exactamente eso lo que quiero decir. - Su respuesta fue rápida, no lo dudó ni un segundo. - Empezaste a gustarme desde mi segundo año en la academia. Me ponía muy contento de poder verte de vez en cuando, aunque tu siempre preferiste a Shoko, siempre sentí envidia porque ella tuviera tu atención y cariño, incluso eras así con Nanami y Haibara. Cuando te veía ser linda con los demás pensaba "¿Por qué yo no puedo tener una mujer así? Que me quiera así, desinteresadamente" - Que palabras tan bellas, hermosas. Gojo, aquel que siempre me pareció un playboy incapaz de tener sentimientos tan nobles como los que estaba expresando en este momento, el hombre que no perdía la oportunidad de coquetear con cuanta mujer se le pusiera enfrente, menos conmigo, acabada de confesarme su amor de la manera más cálida y sincera. Me ha dejado con la mente en blanco, y no puedo permitirme quedarme callada, quiero decirle algo, porque no quiero que tenga una idea equivocada por mi reacción, odiaría que pensara que me es indiferente.
- La tienes, Satoru. Siempre la tuviste. - Espero que esta corta respuesta pueda explicarme un poco, unos segundos después, su sonrisa me dice que sí.
- ¿De veras? - Sinceramente, la pregunta me resulta un poquito ofensiva.
- Por supuesto, ¿no te das cuenta? Creo que mi situación en los últimos años es prueba de eso. - Me observa con curiosidad. - Antes de la pelea contra Sukuna yo también quería decirte algo, no sé, palabras de aliento, recordarte que había personas esperando que regresaras, que yo era una de esas personas, que tenías que volver porque te quería conmigo, que creía que cuando terminaras con esto, habría espacio para ser algo más que hechiceros, sobre todo tú. Pero no pude. - Resulta tan doloroso admitir la cobardía, pero en ese momento no pude hacer algo diferente.
- ¿Por qué? - Su tono de voz es muy bajito y tiene matices de inocencia.
- Por pena, además de que nunca me imagine que tu pudieras sentirte de esa manera. - No quiero verlo, en este momento el mejor lugar para escapar de su mirada es ese hilo que sale del dobladillo de mi pantalón, espero que no se desprenda con los jaloncitos que le doy. - Siempre pensé que tu tipo de mujer era otro.
- No tengo un tipo, a mi me gustas tu. - Con determinación toma mi mano y le da un par de caricias. - ¿Quieres saber algo? - Sí, lo que quieras decirme, son las palabras que lee en mis ojos. - Aunque no pasaba mucho tiempo con la gente de mi clan, era imposible no tenerlos sobre mi espalda todo el tiempo, queriendo controlar cada aspecto de mi vida, aunque me siento orgulloso de que nunca lo lograron y realmente me importaba poco lo que tuvieran que opinar respecto a mi forma de hacer las cosas o de vivir. - Nunca supe mucho de su relación con el resto del clan Gojo, él jamás hablaba de eso y yo nunca me atreví a preguntar, pero me imagino que su relación era difícil, pues Gojo nunca fue alguien a quien se pudiera manejar a voluntad, y el hecho de tuvieran que estar bajo su mando debía mantener el ambiente muy tenso. - Pero desde que cumplí veinte años eran muy insistentes en que pronto debía conseguir una esposa y tener hijos, - Eso no es algo raro, los clanes tienen una manera muy anticuada de llevar esos temas. - como yo no daba mi brazo a torcer, me dijeron que de no querer compromisos con una mujer entonces al menos debía tener descendencia. Obviamente siempre dije que no, pero admito que sus palabras sembraron dudas y curiosidad en mi, y a momentos me encontraba fantaseando con eso, formar una familia. Y en esas ensoñaciones, mi mujer, la madre de mis hijos siempre eras tu. - Por un momento me siento en una de esas películas románticas que tanto me gustan, siendo la protagonista de una escena que me derrite el corazón. - Y me decía a mí mismo que si por alguna extraña razón yo no tuviera más remedio que hacerlo, tú sería mi elección, eras tú o nadie. - Suspira y se queda en silencio unos instantes. - En fin, un futuro así fue descartado, yo no tenía nada que ofrecer como pareja, si estaba con alguien invariablemente esa persona sería usada por el mundo para hacerme daño, y yo no podía exponerte a eso. No quise intentar nada contigo porque me parecía injusto prometer algo sin certeza alguna. - Tuve la oportunidad de ver este lado protector en él, no de primera mano, pero siempre supe que era una persona que se preocupaba mucho por los demás, que le importaban y que, como todos, tenía miedo a perder a aquellos apreciados en su vida.
- Y-yo lamento no poder tener las palabras para que sepas lo que las tuyas me hacen sentir, pero quiero que sepas que para mí eres un hombre maravilloso, en ti vi siempre muchas actitudes de nobleza hacia los demás, en especial con los niños. - Mis ganas de ser yo quien lo toca esta vez me ganan, no tengo éxito al intentar aplacar su pelo rebelde, pero se siente tan bien su suavidad entre mis dedos. - Sin miedo a equivocarme y si sirve de algo, te digo que creo que habrías sido un excelente padre, el mejor para un hijo mío. - La sonrisa en su rostro es enorme, sus ojos se cierran tanto en consecuencia que me resulta la imagen más tierna que visto. - ¿Te imaginas? Un hijo tuyo y mío.
- Sí, habríamos tenido una niña. - Asegura contento con la imagen mental. - Con tus ojos y esa forma que tienes de fruncir el ceño cuando te enojas conmigo. - Al mismo tiempo yo visualizo con él.
- No, yo creo que habría sido un niño, - Esa imagen hace más sentido para mí. - con tu mirada y... bueno, quizá hubiera preferido que tuviera mi personalidad, porque de ser como tú me sacaría de mis casillas. - Que momento tan peculiar hemos creado, ni en mis mas locos sueños me habría atrevido a pensar algo así, en ponerme en esa situación con él. - Gojo, yo eh-h Satoru, yo te quiero mucho. - Por fin me he atrevido a decirle. - Y también estoy enamorada de ti. - Lo siento tomar mi rostro entre sus manos y acercarse rápidamente, solo para detenerse a escasos centímetros de mi, mira mis labios, está dudoso, deteniendo su impulso. - ¿No vas a besarme? - Es un reto que sé que no desaprovechará.
- ¿Me dejarías? - Me estremece sentir su pulgar sobre mi labio inferior.
- Inténtalo y descúbrelo. - Y así, de inmediato pone fin a esa distancia entre nosotros. La prisa y el hambre no podían faltar, la tensión entre nosotros estuvo presente mucho tiempo y era hora de ponerle fin. Pero así nos expresamos, en este íntimo acto queda al descubierto todo nuestro cariño.
- Es una lástima que no haya hecho esto antes. - Y sí, no podría estar más de acuerdo con él, que desperdicio de tiempo cuando nos tuvimos enfrente todo el tiempo. - Gracias por todo Utahime, por estar conmigo siempre.
- No me dejaste otra alternativa. - Aunque yo no lo hubiera querido, él siempre encontraba la forma de estar cerca.
- Sí, es cierto. - Me besa dos veces más, sin demorar mucho, y me observa como si quisiera memorizar mi rostro. - Tengo algo para ti. - Me suelta para buscar algo en su bolsillo trasero. - Aquí está. - Me extiende una pluma, es bastante grande, ni siquiera sé cómo no me di cuenta de que la traía consigo. Su color blanco es muy bonito y de alguna manera brilla con reflejos azules, es tan mística como hermosa, y no puedo recordar ningún ave con un plumaje semejante. Una vez en mis manos me doy cuenta de que es muy suave, como la seda, tal vez se trate de un objeto maldito, no sé, pero sin duda es algo maravilloso. - No podía llegar con las manos vacías y pensé que podría gustarte.
- Es hermosa, muchas gracias. - Realmente estoy embobada con ella. - ¿De dónde la sacaste?
- Es de un ángel. - Lo dice tan seguro y con tanta seriedad que cualquiera podría creerle.
- ¿Qué? - Por supuesto que sí, sólo él podría decir algo así. - Ya en serio, ¿Es alguna espacie de América? Es un continente con muchos animales exóticos. - No me responde. - ¿Qué clase de ave tiene este color tan bonito?
- Un ángel. - Me repite. - Son seres muy extraños y mandones, pero sí que son encantadores. Justo como tú. - Después de tantos años soy capaz de mirarlo con severidad, mi costumbre por mucho tiempo, es lindo volver a lo que conoces tan bien.
- Está bien, si no quieres decirme ahora no importa. - Si quiero seguir con nuestra conversación debo dejar de mirar mi regalo, y en el buró junto a mi cama no me va a distraer. - Gracias. - Sus brazos me reciben de nuevo, son tan cálidos. - Por cierto, ¿dónde estuviste todo este tiempo? Entiendo que pudieras esconderte de mi, pero alguien debió ayudarte, ¿Megumi? - Negó con una ligera sonrisa. - Entonces fue Shoko. - Y de nuevo no.
- Shoko no ha vuelto a verme. - Tiene sentido, estoy segura de que me habría dicho algo al verme en este deplorable estado por años.
- ¿Fue Ijichi? - Y suelta una risa por mi sugerencia.
- ¿Crees que él habría sido capaz de algo así? - Quién sabe, siempre demostró ser obediente a lo que él le pedía, pero es verdad que su manera de comportarse lo habría delatado.
- Mmmmm... No, el pobre habría muerto de estrés al tener un secreto de ese tamaño. - Habría sido mucha carga para el pobre, y hasta Gojo podía compadecerse de él. - Pero eso ya no importa, si estás aquí significa que ya puedes ser visto públicamente, así que deberíamos ir a ver a Shoko, se pondrá muy feliz ¡Y los muchachos no podrán creerlo! - El solo imaginar sus caras que dejaron atrás sus rasgos adolescentes me emociona mucho, y apuesto a que él se llevará una gran sorpresa al ver cómo han crecido.
- Utahime, - Me toma por los hombros haciéndome guardar silencio. - eso no va a pasar, no puedo hacerlo, debo irme. - ¿Cómo? No, por supuesto que no, apenas está aquí unos instantes ¿y ya quiere desaparecer de nuevo? En un segundo apaga toda mi felicidad, como una cubeta de agua sobre el fuego.
- ¿Qué, por qué? Deja de jugar con eso, no es gracioso. - No quiero que me toque si se va a portar así, él sabe que ese es un tema delicado para mí y hace esto.
- No estoy jugando, yo también quisiera que esto fuera diferente, pero como te dije, hay reglas que debo seguir. - Me alcanza para que me acerque una vez más, pidiendo disculpas con su tacto. - No puedo hacer lo que yo quiera.
- ¿Por qué? No entiendo de lo que estás hablando, no tiene sentido lo que dices. - Mi vista de nuevo está nublada y ya no puedo seguir hablando, sin quererlo las lágrimas resbalan traicioneras y se absorben en la tela de su pantalón.
- Lo entenderás pronto. No llores, por favor. - Pero eso es imposible, no puedo dejar de hacerlo después de lo que me ha dicho. - Me parte el alma tener que dejarte de nuevo.
- Entonces no te vayas. - Tal vez mi súplica, con tono doloroso lo haga cambiar de opinión.
- No puedo. - Es lo único que responde.
- Entonces déjame ir contigo. - Estoy dispuesta a dejar todo atrás con tal de no perderlo de nuevo.
- No. - Su firmeza me aprieta el corazón. - Aún no es el momento, ten paciencia y yo mismo vendré por ti, lo prometo.
- ¿Cuándo? - No era mi intención sonar descortés e incluso grosera, pero esto me parece tan injusto. - ¿Vas a desaparecer por otros tres años? Sabes perfectamente que la vida de un hechicero está en constante peligro, ¡Ojalá para ese entonces yo ya esté muerta para que te arrepientas de irte! - ¿De dónde vino eso? Lo hice sentir mal estoy segura, porque ahora es él el que evita mirarme, maldita mi lengua por no detenerse, no quiero que nuestro reencuentro termine de esta manera. - No, no, perdón, por favor perdóname. - Con la mayor delicadeza que puedo, logro que vuelva a mirarme, sus ojos me dejan ver que lo herí. Soy una tonta. - Perdón, es... por favor entiéndeme, es que no quiero que me abandones de nuevo.
- No voy a hacer eso. - Me aventuro a acercarme, espero que no rechace mi intento de besarlo. - Como hasta ahora, voy a acompañarte. - Finalmente recibe mis labios, responde con ternura. Al separarnos, escuchamos el suspiro del otro.
- Está bien, no voy a cuestionarte más y tampoco te voy a detener. - Alguien tiene que ceder, y aunque sea doloroso, parece que seré yo. - Sólo te pido que te cuides mucho. - Me dice que sí, y eso de algún modo me da un poco de alivio. - ¿Cuándo volveré a verte? - Quizá no obtenga una respuesta satisfactoria, pero será una esperanza a la cual aferrarme.
- Tal vez venga en un par de meses. - Eso es mucho tiempo, pero bueno, es mejor que no verlo en años o nunca más. - Por la noche.
- ¿De noche? - Es evidente que no vendría a verme en horario laboral, pero es raro que remarque que lo hará hasta que el Sol se oculte.
- Pues sí, tú no sueles dormir en el día. - Dice con obviedad, yo no suelo tomar siestas, pero ¿qué tiene eso que ver?
- Entonces, ¿además de venir como un ladrón a hurtadillas por la noche también quieres interrumpir mi descanso? - No hace más que negar con la cabeza, usando una expresión divertida. - Bueno, siempre has tenido una forma muy especial de hacer las cosas. - Después de tantos años de conocerlo sé que esto no cambiará, no espero que cambie ahora. - Pero esta noche, por favor, quédate conmigo. Si te vas ahora me voy a sentir muy sola. -Así me corono con el triunfo, mis palabras logran ablandarle el corazón.
- Está bien. - Me sonríe y me abraza, mi corazón salta de gusto. Él acaricia mi cabello, y cuando me escucha bostezar vuelve a hablar. - Ya estás muy cansada, por favor duerme. - Se acuesta y me lleva con él, nunca imagine lo cómodo que sería estar recostada en su pecho.
Ya no hay razón para luchar con el sueño, hoy especialmente la compañía me era necesaria y no había mejor que la suya. Me sorprende lo fácil que me dejo llevar por su calor, pero no puedo dejar pasar la oportunidad de decirle. - Júrame que vas a regresar. - Esto ya es una súplica, debe hacerlo, tiene que prometérmelo, por mi paz mental.
- Siempre voy a estar contigo, te lo prometo. - Me da un beso en la sien y como si de un sedante se tratara, pierdo el conocimiento.
Antes de siquiera pensarlo, busco a Gojo a mi lado sin abrir los ojos, y al notar las sábanas frías a mi lado me giro para corroborar que no está. El golpe es duro, la luz de la mañana ilumina el otro lado de la cama vacía.
Evidentemente todo fue un sueño, que tonta he sido, era lógico, mi cerebro me ha jugado una mala broma, mi único consuelo es abrazar mis propias piernas y sentir el cinturón de Satoru que aún está amarrado en mi muñeca. El sabor agridulce es fuerte, me alegra que, por fin, después de tantos años pude verlo y abrazarlo, pude externar mis sentimientos por él, pero al final de todo, queda simplemente en eso, un sueño. El frío en mis entrañas es desgarrador.
Quisiera quedarme todo el día en mi cama, pero lamentablemente debo volver al trabajo, a seguir con mi día sola. Tal vez un baño me ayude a despejar la mente y el traje de miko me dará la fortaleza que necesito para aparentar que todo está bien.
La pluma.
Ya han pasado dos horas desde que desperté y no me había dado cuenta, la pluma está en mi buró. ¿Podré tocarla? Y si lo hago ¿El simple roce de mis dedos la hará desaparecer? Quiero arriesgarme a averiguarlo, necesito saber, es la única prueba de que él de verdad estuvo aquí conmigo.
Despacio la alcanzo, temblorosa. Mi corazón salta al sentir su suavidad, es real, Satoru vino a verme y me dejó este peculiar regalo. Con detenimiento la examino, bien cerca a mis ojos, es aún más hermosa y mística que anoche, igual que los ojos de Gojo. Que desperdicio no haberla admirado más en cuanto me la dio, lamento no haberle agradecido más.
¿Será cierto que es de un ángel? Eso no podría asegurarlo, pero me llena el alma tenerla, que aunque no estuvo aquí materialmente, su alma vino a mí, compartimos un momento muy especial y eso me hace feliz. Me dio el mejor regalo, volver a verlo.
Con una emoción avasallante en el pecho miro desde el balcón al cielo. Hoy a pesar de ser invierno es un día soleado, el aire frío no se siente así, si no más bien refrescante, me es casi imposible detener las lágrimas en mis ojos. - Gracias Satoru, muchas gracias. - Como respuesta recibo el viento directo en mi rostro, como una caricia, lleno mis pulmones con el y juro que puedo oler su aroma, su perfume natural.
Pasaron un par de meses para que él volviera a visitarme, como me advirtió, por la noche. Así como la primera vez, conversamos, pero no hubo lágrimas, intenté contarle cosas importantes que han pasado en mi vida y la de los alumnos, que también lo extrañan mucho, durmió conmigo otra vez y al despertar ya se había ido.
Durante los siguientes tres años regresó con varios meses de diferencia. Me hacía feliz tenerlo cerca de vez en cuando y honestamente no tengo tanto tiempo para extrañarlo, desde que murió la cantidad de misiones a las que soy enviada ha aumentado, lógico, así como su nacimiento alteró todo, su muerte no fue diferente.
Hoy fue uno de esos días de agenda llena, ya había exorcizado a mi segunda maldición, creí que ya podía irme a descansar, pero no, al salir de ese edificio abandonado me encontré a Nitta, lista para escoltarme a la siguiente misión. Estaba agotada, mi técnica no es de ataque y ya casi no tenía energía.
No sé que fue exactamente lo que me hizo todo más difícil, el cansancio físico, el mental o el evidente error de clasificación de la maldición. Me dijeron que se trataba de algo que podía causarme problemas, pero que podría con ella. No fue así, desde que la encontré me di cuenta de que la diferencia de poder era evidente.
Me enorgullece decir que no me di por vencida, lo di todo, hice cuanto estuvo en mis manos para no ser destrozada patéticamente. Fui gravemente herida, pero pude completar la misión, aún así, me siento molida. No tengo más opción que esperar en estas sucias escaleras a recuperar el aire.
La punzada aguda en mi costado derecho es muy intensa y es evidente que estoy perdiendo sangre a chorros, no necesito quitar la mano para comprobarlo, mi ropa está empapada de ese líquido vital y falta poco para que pierda el conocimiento, la cabeza me da vueltas y lucho por mantener abiertos los ojos, pero no pasará nada si los cierro un momento, ¿no? Tal vez Nitta entre a buscarme pronto.
Luego de diez, tal vez quince minutos, mi corazón se acelera de pronto y es gracias a ese olor. Su perfume, mi olor favorito, sin quererlo se me escapa una sonrisa.
- ¿Qué haces aquí? - Es difícil mantener la presión en la herida con el brazo tan cansado.
- Vine a rescatarte, Utahime. - Por fin abro los ojos para verlo, esta en cuclillas frente a mi, con una ligera sonrisa en los labios. - ¿Estás llorando?
- Claro que no, ¿por qué lo haría? Sólo me han perforado el cuerpo, no es nada que no pueda soportar. - No sé de dónde saco los ánimos para bromear, pero logro robarle una pequeña risita. Quiero abrazarlo, pero el dolor me impide enderezarme, él me toma del hombro para evitar que me mueva cuando me escucha quejarme.
- No te hagas esto, no es necesario que te provoques más dolor. - Simplemente dejo caer mi cabeza hacia atrás, en el duro muro. - ¿Me dejas ver? - Con algo de miedo se lo permito, sé que está muy mal, pero no me atrevo a mirar. Siento que me toca, y es extraño que no me duela.
- ¿Por qué estás aquí? Estoy segura de que no me he desmayado. - Me concentro en su cabello para distraerme de lo que sea que está pasando con mi cuerpo. - Si alguien viene y me ve hablando sola va a pensar que he perdido la razón.
- Quería verte. - Aun lo siento manipulando la herida. - Además, tengo que cumplir mi promesa, te dije que vendría por ti ¿no? - Entonces levanta el rostro, me mira con esos ojos celestiales, están tristes. Toma mi rostro entre sus manos y bajo un poco la mirada para darme cuenta que mi costado ya no sangra y de hecho ya no siento dolor, ni mareos, ningún malestar.
- ¿Qué hiciste? - Sólo le veo negar con la cabeza.
- Me habría gustado que fuera diferente. - No deja de acariciarme, de acomodar mi cabello que está hecho un desastre. - Me hubiera gustado verte hacer tantas cosas.
- Oh... - Me tomó más de lo que debería entender lo que estaba pasando. Que cosa tan extraña, a pesar de estar en un ambiente tan peligroso no solía pensar en este momento. Me doy cuenta del pesar que siente Satoru, no debería, no es su culpa. - Bueno, supongo que también hubiera preferido que fuera distinto, me gustaría estar más presentable. - Sin éxito intento componer un poco mi aspecto, estoy hecha un desastre.
- No te preocupes por eso. - Me sonríe ahora con un dejo de entusiasmo. - Lo estarás. - Se pone de pie y me ofrece su mano para ayudarme a hacer lo mismo. Al momento que nuestras manos se juntan él me da un jaloncito, nos abrazamos fuerte, respiro su aroma, ahora más real que nunca.
Me tomo mi tiempo y él no me presiona, después de unas cuantas palabras cariñosas, cuando al fin me siento lista nos separamos un poco y nos miramos. Ahora su ropa es diferente, ahora lleva el traje que usó el día de la batalla contra Sukuna, como la última vez que nos vimos. Cuando lo toco veo que mis manos ya no tienen ni una gota de sangre, están limpias al igual que mi ropa, con mis movimientos los cascabeles que de pronto aparecieron en mis muñecas y tobillos hacen un poco de ruido y aunque ahora estoy descalza no siento frío. De poco a poco me lleno de calidez y luego mucha alegría.
Él toma mi mano, entrelazando nuestros dedos, me aventuro a besarlo y él me corresponde con dulzura, levantándome hasta que ya no toco el piso.
- ¿Estás lista? - Me pregunta con su frente pegada a la mía.
- Sí. - Con delicadeza me deja de pie otra vez. - Estoy lista. - Me lleva, vamos tranquilos uno al lado del otro, caminando hacia aquella luz cegadora que no sé en qué momento apareció. Me entusiasma que ahora puedo estar con él de nuevo, y no tendremos que separarnos nunca más.
