Work Text:
En el vasto y tumultuoso Netherworld, donde los demonios tejían alianzas tan frágiles como sus promesas eternas, Amduscias Poro había sido una vez la encarnación de la devoción ciega. Desde sus días como estudiante en Babyls, Poro había estado enamorado de Delkira: el futuro rey demonio con su cabello morado cayendo en ondas caprichosas, ojos violeta que brillaban con una inteligencia juguetona y una presencia que hacía temblar los salones. Cada sinfonía que Poro componía era un tributo secreto a él; cada nota de su arpa infernal, un susurro de anhelo. Lo seguía a todas partes: en duelos, banquetes, incluso en escapadas nocturnas donde Delkira exploraba ruinas antiguas por puro capricho. "Mi rey", lo llamaba en sus pensamientos, soñando con un día en que Delkira lo viera no como un compañero leal, sino como algo más.
Pero Delkira nunca mostró interés. Sus interacciones eran amistosas, bromistas —un apodo cariñoso aquí, una sonrisa traviesa allá—, pero nada romántico. Poro intentaba: regalos sutiles como partituras dedicadas, miradas prolongadas durante actuaciones, incluso coqueteos velados en conversaciones privadas. Nada. Delkira respondió con risas, cambiando de tema o distrayéndose con algún nuevo capricho real. El rechazo no era directo, pero dolía como una nota discordante en una sinfonía perfecta.
Con el tiempo, Poro se cansó. Siglos de devoción no correspondida lo desgastaron. "Si no me ve, no lo forzaré", pensó un día, mirando su reflejo en un espejo encantado —cabello castaño salpicado de mechones amarillos, ojos amarillos enmarcados por delineador curvado como notas musicales, su figura esbelta en traje marrón a rayas finas con detalles amarillos. Dejó de intentar. Su corazón, aunque herido, buscó consuelo en otro.
Ese "otro" fue Lord Seren, un demonio noble de un clan menor especializado en artes arcanas. Seren era todo lo contrario a Delkira: calmado, atento, sin caprichos reales que eclipsaran sus emociones. Compartieron pasión por la música —Seren tocaba el violín infernal con maestría—, y su relación floreció naturalmente. Paseos por jardines resonantes, noches de composiciones compartidas, besos suaves que no quemaban como fuego sino que calentaban como sol eterno. Poro encontré paz en Seren: no el torbellino de Delkira, sino un ritmo constante.
Cuando Seren propuso matrimonio, Poro aceptó. "Es lo correcto", pensó. "Un amor estable".
La noticia se está extendiendo rápidamente. El Netherworld felicitó al Corona del Sonido: banquetes en su honor, regalos de clanes aliados, rumores de "una unión armónica". Las Trece Coronas —Lirith, Vorak, Elyndra, Thalor, Zephyrine, Mirage, Behemolt, Glasya, Vepar y Zagan— lo rodearon en una reunión, abrazos y brindis.
— ¡Al fin, Poro-chan! —gritó Lirith, abrazándolo—. ¡Seren parece perfecta para ti!
Vorak dio una palmada en la espalda.
— ¡Buena elección! ¡Un guerrero musical!
Elyndra sonrió calculadora.
—Alianza sólida. Felicidad.
Incluso Sullivan, serio como siempre, admitió: "Que sea fructífero".
Delkira, en su trono, felicitó con una sonrisa: "Enhorabuena, Poro. Que seas feliz".
Pero en privado, cuando nadie lo veía —en sus aposentos reales, puertas cerradas con hechizos de silencio—, Delkira estalló.
Objetos volando por magia descontrolada: jarrones antiguos hechos añicos contra paredes, pergaminos incendiados en el aire, su trono personal agrietado por un golpe de aura oscura. Rugía como un demonio primordial: "¡Cómo se atreve! ¡Siglos! ¡Lo he amado por siglos y nunca se lo dije por miedo a cambiarlo todo, a perderlo como amigo, como corona! ¡Y ahora se casa con otro!".
Lágrimas de furia rodaban por su rostro, cuernos curvados vibrando. Había estado enamorado de Poro desde sus días de estudiantes: esa elegancia, la pasión en cada nota, la lealtad que lo hacía sentir invencible. Pero miedo al rechazo, a romper su lazo perfecto, lo había silenciado. "De nada sirvió", sollozaba en soledad. "Lo perdí igual".
Los días avanzaban inexorables. Preparativos para la boda de Poro con Seren: invitaciones, flores armónicas, una ceremonia en el templo musical del clan Amduscias. Delkira pensaba en intervenciones: ¿confesarse? (Poro lo odiaría por tardío). ¿Decirle que no se caso? (Perdería su amistad). ¿Matar a Seren? (Poro lo despreciaría para siempre). En todos los escenarios, perdía.
Decidió confesarse de todos los modos. En privado, en los jardines del palacio, acorraló a Poro.
—Poro-chan… sobre tu matrimonio…
Poro lo miró con ojos amarillos brillantes de felicidad genuina.
—Me da gusto que tú, sobre todo, estés feliz por mí —dijo Poro, voz cálida—. Eres una persona muy preciada: fuiste mi primer amor, mi compañero leal desde estudiantes. Siempre a mi lado, en discusiones y risas. Gracias por apoyarme.
El brillo en los ojos de Poro —puro, inocente, lleno de amistad y gratitud— detuvo a Delkira. Confesarse ahora apagaría ese brillo, lo convertiría en dolor, traición. No tuvo valor.
—Claro… que seas feliz —murmuró, voz quebrada.
Al final, Delkira asistió a la boda.
Vio a Poro caminar al altar: traje marrón elegante con detalles amarillos y plateados, batuta en mano como símbolo, sonrisa radiante hacia Seren. El templo lleno de música armónica, invitados aplaudiendo, Iruma —invitado como "sobrino honorario"— sonriendo desde la primera fila.
Delkira, en un asiento real pero solo, sintió que el corazón se rompía. Mientras Poro intercambiaba votos con Seren, el rey soñaba con el "qué hubiera pasado si...": si se hubiera confesado antes, si no hubiera temido el cambio, si Poro lo hubiera elegido a él.
La ceremonia terminó. Aplausos. Beso nupcial.
Delkira se fue temprano, sombras eternas envolviéndolo.
Su melodía eterna... ahora pertenece a otro.
Fin
