Chapter Text
«¿Esta sensación otra vez?», pregunté a mí misma, tumbada en cama y perdida en las decoraciones del techo, refeccionando esa duda que lleva aquejándome ya hace un tiempo, no recuerdo cuando llegó. Hasta que de pronto, tocaron a la puerta de mi habitación.
― Señorita Becky. —me dijo Martha, mientras la abría suavemente. — Levántese por favor, o llegará tarde al colegio. —pude notar la mortificación en su tono de voz.
― Ya voy… ya voy. —dije tomando fuerzas, para luego esforzarme en tomar más al levantarme, a pesar de ser tan temprano, me sentía tan cansada como al final del día de ayer, con un movimiento pesado y tosco, como el de un tanque.
Me arreglé tan rápido como pude, pero sin descuidar mi porte. Bajé las escaleras esperando poder despedirme de mis padres, pero me atrasé demasiado y se fueron antes que yo, por lo que tomé el desayuno que me prepararon; este tenía una nota en la cual me deseaban un buen día en el colegio. Salí de casa y me dirigí directamente al transporte familiar, donde me esperaba Martha con paciencia.
― Buenos días, Señorita Becky. ―me dijo, mientras abría la puerta del vehículo por mí, como era protocolario.
― Buenos días, Señora Martha. ―dije siguiendo el protocolo, y procedí a subir al vehículo, a lo que Martha continuo con este cerrando la puerta y seguidamente tomó su lugar como piloto, fue entonces que nos dirigimos al Colegio Edén.
Mientras íbamos de camino, me puse a ver a través de la ventana, reflexionando otra vez sobre ese pensamiento que lleva en mi cabeza desde hace un tiempo; por esta, vislumbre a varias parejas y niños en un parque, este lo conocía bien, de niña lo visitaba de vez en cuando junto con mi querida amiga Anya, solía pensar que era un lugar aburrido, destinado a ser una mera distracción para los niños con padres que no podrán pagar un mejor entretenimiento, «¿Cómo es que estos humildes juegos era tan divertidos como un parque de diversiones?» Era lo que me preguntaba en mi niñes, pero, cuando jugaba con ella, incluso simplemente corriendo por ahí, me di cuenta de que no era el lugar, sino las personas con las que estás en estos. Tal vez, si no fuera por ella, nunca me habría dado cuenta. En medio de la parada en esquina del parque, de reojo vi hacia el retrovisor frontal y crucé mirada con Martha, por lo que bruscamente aparté la mirada, y ella siguió conduciendo con la mirada de vuelta en el camino.
― Señorita, la he notado bastante abrumada estos últimos días, más de lo normal durante las fechas de exámenes, si es posible, ¿podría decirme si le ha pasado algo?, ¿Acaso teme haber desacreditado alguna prueba? —me dijo, con el mismo tono que en la mañana.
― Oh, no tienes que preocuparte, no es nada, es solo…que… —contesté, ahogándome al final en mis pensamientos.
― ¿Es solo qué…? —repitió.
― No… no es nada… —repliqué.
Ella suspiró, haciendo denotar aún más la preocupación que tenía por mi actitud, sentí un pinchazo en el pecho por mortificarle de este modo, pero, no sabía cómo responder adecuadamente a su pregunta.
― Está bien, no le obligaré a contarme, pero si de verdad le pasa algo, por favor cuéntemelo, o a su familia, nosotros solo queremos su bienestar.
― ¿N-nosotros…? ―cuestioné con temor.
― Me gustaría solo decir que es una expresión, pero, sus padres también han notado su comportamiento inusual de estos días, naturalmente me preguntaron sobre que le pasaba, pero no les tuve una respuesta, cuestionaron porque no le pregunté antes, contesté que, si usted tiene un problema sé que tiene la confianza para contárnoslo, por lo que, si no lo ha hecho, entonces-.
― ¡No, jamás podría desconfiar de ustedes! ―contesté rápidamente de forma agitada, sujetando el asiento donde se encontraba Martha.
― Descuide señorita. ―contestó soltando una pequeña sonrisa y tocando una de mis manos con una de las suyas. ― A lo que me refiero, es que hay cosas que solo se pueden decir a ciertas personas, ¿no es cierto? ―dijo, volteando la mirada nuevamente al retrovisor. ― Así que, si el problema que le aqueja tiene que tratarlo con alguien más, háblelo con esa persona lo más pronto posible. ―agregó, puso la mirada de nuevo en el camino a la vez que movía su mano de nuevo al volante.
Asentí con la cabeza y después de eso quedamos en silencio hasta llegar a Edén. Al llegar a este, Martha se dirigió un poco más dentro de las instalaciones, más de lo que los vehículos no escolares tenían permitido si mal no recuerdo, normalmente me deja en la entrada y camino a los edificios escolares, pero en esta ocasión se estacionó lo más cercano posible, probablemente debido al retraso que tenía al haber despertado tarde esta mañana.
― Muchas gracias por las molestias de traerme hasta acá. ―dije al bajarme mientras Martha me sujetaba la puerta.
― No son ningunas molestias Señorita Becky, es solo parte de mi deber, para que llegue a tiempo a sus clases. ―contesto con una sonrisa.
― Aun así, no tendría que hacer esto si no fuera por mi mal hábito de esta mañana, ¡le prometo que no volverá a pasar!
― Antes que eso, priorice primero la razón del mal hábito, para que así no se repita.
Di un pequeño suspiro, y reflexioné rápidamente todo lo que me ha dicho hoy en el auto.
― Está bien, ¡hablaré con esa persona e intentaré solucionar esto lo más pronto posible!
Aunque dije eso, no estaba del todo segura de sí lo lograría, ya que ni yo misma sabia realmente si era un problema en primer lugar, al menos no podía terminar de verlo de esa manera, pero, si ha llegado al punto de empezar a mortificar a mi familia, entonces tenía que tomar cartas en el asunto, fuese lo que fuese.
― Me alegra escuchar eso, antes de irme, noté que por las prisas dejaste esto en tu habitación. ―cerró la puerta trasera y abrió la del piloto, del asiento del copiloto tomó mi capa de Estudiante Imperial, fue entonces que me percaté de que no la llevaba puesta.
― ¡Oh, es cierto!, gracias, Martha, la avía-.
― ¿Olvidado por completo?, lo sé, por eso se la traje, ya que según los protocolos “ningún Estudiante Imperial puede estar sin esta durante las clases particulares, de lo contrario sería penalizado con un Tonitrus”, porque después de todo, ¿de qué otra forma se reconocería a los egocéntricos estudiantes élite del prestigioso colegio Edén de entre los demás? ―dijo mientras me la entregaba y se acomodó en el asiento.
― No lo sé, pero si alguien llegase a molestarme por ello podría darle el “puñetazo de las 8 Stellas” para que vea que las porto conmigo. ―respondí mientras me colocaba mi capa, y entonces empecé a dar un par de puñetazos al aire.
― Eso solo le daría un buen par de Tonitrus, además, no esperaba que ese fuera de su estilo. ―dijo con un tono algo serio. ― Ese tipo de comportamiento es más esperable de la Señorita Anya, puede que esta haya sido en realidad una mala influencia para usted todos estos años. ―agregó de forma burlesca.
― ¡Oye, no hables así de ella, en todos estos años solo lo hizo una vez, para defenderme del idiota de Desmond! ―respondí, apoyándome en el marco de la ventana. ― Además, no estaría para nada mal probar si los resultados del arduo entrenamiento que tuve con la Señora Forger durante las vacaciones pasadas aún siguen vigentes. ―dije con una sonrisa, mientras observaba la flexión de mi brazo izquierdo.
Volteé nuevamente hacia Martha, pero ahora no tenía una mirada seria, más bien una algo enojada, ya que portaba un ligero ceño fruncido, bajé lentamente el brazo con algo de vergüenza.
― Era broma, prometo que no causaré problemas. ―dije apenada.
― Eso espero ―suspiró. ―, y también espero pueda solucionar su problema, y si tiene que hablarlo con alguien, por favor hágalo, Señorita Becky.
― Sí… no te preocupes, me encargaré de ello «creo».
― Entonces será mejor que empiece a caminar, que sus clases comienzan en 5 minutos. ―dijo mirando su reloj de muñeca. ― Será mejor que me vaya yo también, antes de que alguien me mire y le diga a un supervisor que entré a un área restringida, al menos no le darán un Tonitrus por mi osadía.
― ¡Cierto, adiós! ―respondí mientras tomaba camino hacia el edificio, roté un poco para sacudía la mano en señal de despedida mientras sonreía, luego de que procedió a retirarse, devolví mi vista al frente.
Seguí mi camino por el edificio, cambié el paso a una marcha rápida, para evitar correr y así evadir algún tipo de sanción. «Mierda, espero no llegar tarde», pensaba mientras recorría los pasillos, que, en mi apuro y desesperación, parecían más grandes de lo habitual, casi eternos. Con tan solo un puñado de segundos restantes, logré alcanzar la puerta del salón de clases, justo a tiempo antes del toque de la campana.
― ¡Hola, lamento la tardanza! ¿Puedo pasar, Señora… ¡¿Señor Henderson?! ―expresé confundida, pues no lo veía ejerciendo una docencia desde hace ya unos años, ¿acaso volvió de su retiro?, ¿o es que nunca se fue y se quedó dando clases a los de primaria?
― Oh, bienvenida señorita Becky, pase y tome asiento, como estaba explicando a sus compañeros, por desgracia la docente Donna Schlag se encuentra en el hospital debido a algunas complicaciones en su estado de salud. Por lo que me pidió de favor que tome su lugar el resto del parcial con ustedes.
― Oh… ya veo… Espero que se recuperé pronto. ―recuerdo que mostraba fatiga desde hace unos meses, y aunque no desatendida sus cuidados, es claro que le superó.
― Sí, yo también Señorita… pero no hay de que preocuparnos, ella es una mujer fuerte, así que, por favor proceda a tomar asiento, esta primera clase se retrasará ya que aún no me entregan el temario, pero en cuanto se me haga entrega daré inicio.
Procedí a tomar mi asiento, cercano a Damián y a sus lacayos Ewen y Emile, quienes me estaban esperando, el estúpido rostro de Desmond mostraba sus arrogantes intenciones, quería molestarme otra vez, como en estos últimos días de clases.
― Vaya, vaya, vaya. Con que la “Gran Emperatriz Blackbell” ha llegado tarde, ¿eh? ―expresó burlescamente con su estúpida mirada, mientras sus eternos esbirros se mofaban susurrantes al lado suyo.
― Guarda silencio, “Gran ‘Don Nadie’ Desmond”. ―respondí de la forma más educada que un soperutano como él se merecía. ― ¿Qué tal te fue con Forger ayer?, ¿O es que acaso te ignoró?, como ya es costumbre en tu frívola cruzada por tratar de acercártele nuevamente a ella durante las clases de Historia. ―agregué en merecida burla.
― ¡Oye, te dije que ya no tocaras ese tema! ―replicó hirviendo en una furia al rojo vivo.
― ¡Respeta la voluntad del ‘aun poderoso’ Señor Damián! ―respondió Emile.
― Mejor no me ayudes… ―dijo frustrado, mientras intentaba calmarse.
― Ríndete de una vez Desmond, ella normalmente no te hace caso, no lo hará ahora que estamos en tiempo de exámenes.
― Te equivocas, ya no estamos en periodo de exámenes desde la semana pasada. ―contestó Emile.
― Es verdad, hoy revelaran los resultados, ¡espero esta vez tener el primer lugar en física! O al menos un honorario por mis contribuciones en el taller de Astronomía. ―replicó Ewen.
― Entonces Damián, eso quiere decir que ella realmente no quiere hablar contigo nunca más en su vida, ¿no? ―continue burlarme de él, imitando la sonrisa burlona de Anya.
― … ¿Y qué hay de ti?, no ha hablado contigo recientemente tampoco, ¿no? ―me dijo con una mirada cortante, aunque inmediatamente la apartó.
― Es… diferente. ―mi actitud se volvió sería, y traté de disfrazar mi angustia como pude. ― Yo sé que ella se toma los exámenes muy en serio, así que no la molesto. Solo… quiero esperar a que vea los frutos de su esfuerzo, después si está de humor la invitaré a salir de compras para la vestimenta del evento de clausura, como hacemos cada año.
― ¿Podría ir con ustedes? ― dijo Connie, quien recién percaté que estaba delante de mí.
― Oh, ¿iras a la ceremonia? Pensé que no te interesaban este tipo de eventos.
― ¡Oye, si me interesan!… Solo que casi nunca encuentro pareja para el baile, por lo que termino en una esquina luego de las actividades…
― Si quieres podemos ser pareja otra vez. ―dijo George.
― L-lo siento George, pero no quiero que circulen rumores de nosotros como el año pasado. ¡N-no es que me caigas mal! Pero no quiero que digan que la farmacéutica de tu familia está haciendo uso de hechicería. ―Estaba mintiendo, los rumores eran sobre noviazgo, no quieren que la emparejen con él, la verdad la entiendo.
― Está bien… supongo que podría preguntarle a Meg si es que no tiene pareja.
― ¡Oh! Ya la invité para hacer pareja en el baile, y me dijo que sí, lo siento. ― podía sentir que estaba mintiendo.
― Sabes, Seguridad Estatal se ha vuelto muy estricto con… ese tipo de comportamiento.
― Oh vamos, solo seremos un par de amigas bailando, como todos los más, Becky y Anya lo han hecho por años y nadie de S.S. les ha encarcelado por ello.
― Sí, nunca han encarcelado a nadie por bailar con sus amigos, solo a los raritos de los clubs nocturnos y discotecas por hacer sus cosas raras. ―replicó Emile.
― Lo sé, pero hay cierto... prejuicio a las bru- digo, a las hechiceras de tener ese tipo comportamientos raros. No es que crea que tu seas ese tipo de rara, digo, no eres ningún tipo de rara, digo, es solo que… no tienes un prestigio y te has ganado algunas enemistades a lo largo del ciclo, ¿no te da miedo a que te denuncien falsamente?
― ¡Ja! Si alguien se atreve, yo voy a- ―dijo mientras sostenía un muñeco vudú, pero paró de hablar al percatarse que Henderson le observaba, y guardo el muñeco rápidamente. ― Voy a hablar con este y le explicaré las cosas. ―dijo con usa sonrisa bastante falsa.
― No tienen de que preocuparse. ―replico Henry. ― Pese a los comentarios desubicados que puedan hacer algunos de sus compañeros, por envidia o malicia, un simple baile no significa nada para los estándares de Edén, así que cuando llegue el día, si no tienen una pareja amorosa, no tengan miedo de bailar entre sus amistades, después de todo, estas también son importantes... Sin embargo, también es necesario aclarar que si son descubiertos en medió de una situación comprometedora con un igual, entonces, por orden del Estado… tendremos que avisar a Seguridad Estatal. ―de pronto sonó un golpeteó en la puerta, asustándonos al romper este tenso ambiente. ― Oh, debe ser el profesor que me traería las copias del temario, discúlpenme. ―se levantó de su asiento y se dirigió a recogerlas.
― Bueno… supongo que entonces podría invitar a un amigo. ―dijo en desanimo George, todos nos preguntamos si realmente tenía uno.
― ¡No te preocupes George, yo puedo bailar contigo! ―dijo Bill. ― ¡Puedo bailar con todos!, después de todo, el próximo ciclo será nuestro último en Edén, sería bueno que nos juntáramos todos y rotáramos en el baile para celebrar nuestro compañerismo.
― No pienso bailar contigo. ―respondió Damián de forma cortante.
― Bueno... ―Bill se sobó la nuca. ― Si no quieren tampoco. ―soltó una pequeña risa apenada.
― A mi me gusta la idea. ―contestó Connie alegremente. ― Sería divertido bailar entre todos, ¿no lo crees Becky?
― ¿Ah?, oh… ―me había quedado divagando en lo que Henderson dijo sobre S.S. ― Sí, probablemente… digo, suena algo… divertido… ―realmente solo quería bailar con una persona, aunque supongo que no estaría mal, mientras no nos toque tener que hacer una pieza con Damián. ― Pero, no sé si a Anya le gustaría-
― Jóvenes, discúlpenme por interrumpirlos en su charla, pero me gustaría comenzar la clase sin tomar más retrasos, así que, a partir de ahora, les pido que guarden silencio hasta el final de esta, ¿de acuerdo?
― C-claro, maestro Henderson, lo siento. ―enuncie con pena.
― No se preocupe, ahora, veamos… aquí dice… ―su vista se encuentra algo agotada por su edad, se acomodó su monóculo a la par de entrecerró sus ojos para enfocar mejor. ― Muy bien, grupo “B” de lengua nacional, hoy veremos… ―levantó la mirada a los pupitres, en búsqueda de alguien. ― Esperen un momento, ¿Dónde está la señorita Forger?, ¿No vino a la clase? Seguro se quedo dormida otra vez. ―estaba pensando en el pasado.
― Ah, Sr. Henderson… ella no está en esta clase… ―contesto Connie.
― Oh, ya veo, disculpen, es solo que… creo que ya estoy un poco senil, pero algunas cosas nunca cambian, ¿no? Espero que no haya bajado su rendimiento académico desde que dejé de verla, recuerdo cuando le tocó estar sin ustedes en la mayoría de las clases un ciclo, y mayormente estaba en el grupo “C”, que tiempos...
― Henderson… ella pertenece al grupo “A”. ―agregó Bill.
― Oh, así que mejoró bastante su dominio del lenguaje, bastante honorable por su parte al ser una Estudiante Imperial… ¿lo era… verdad? ―empezó a recabar en su memoria y a murmurar. ― A ver, ella tenía 7 años y llevaba 7 stellas, o eran Tonitros… no, ambos… y la octava la obtuvo cuando… ¿O fue un tonitrus?, no, la abrían expulsado…
― No profesor, lo que quiere decir es que ella… este… ―Connie se detuvo.
― Ella está en todas las clases “A”, lo ha estado los últimos 5 años. ―respondí por ella.
― ¡Oh!, me alegra mucho que ella haya- ¡¿Forger qué?! ―quedo totalmente atónito.
Después del sobresalto del Profesor Henderson, le explicamos un poco como han ido las cosas, y ya en mejor compostura, prosiguió con las clases. El día se sentía eterno, pero el final de las clases llegó y fuimos a ver las tablas clasificatorias.
― ¡Mi primer lugar! ―dijo Ewen arrodillado en el suelo, mientras lo golpeaba en tristeza y furia. ― ¡Me esforcé tanto y aun así me lo ha quitado de nuevo!
― Tranquilo amigo. ―Emile intento tranquilizarlo dándole palmadas en la espalda. ―Aun te quedan los aportes en el taller.
― ¡Para ti es fácil decirlo, tú nunca te esfuerzas en obtener un lugar en las asignaturas! ―le gritó entre lágrimas.
― Meh, nunca me ha interesado realmente, ¡y ya no exageres!, al menos esta vez obtuviste el segundo lugar, eso ya es algo.
― P-pero yo-
― ¡Oh sí, primer lugar en matemáticas! ―celebró Bill.
― Bien hecho, yo apenas quedé en el cuadragésimo lugar, jeje. ―comentó Connie algo apenada. ― Y lo hiciste con puntuación perfecta, si no fuera porque tuvo un punto menos pudieron haber empatado el primer lugar.
― Se ha vuelto una formidable rival para todos, ¡pero yo logré ganar esta batalla! ―enuncio orgulloso, dando un golpe en su pecho con su puño.
― Sí… formidable… ―Damián observo la tabla, “segundo lugar en Historia”. ― ¿Y dónde está ella?, ¿Acaso se cree mejor que nosotros y no quiere mostrar su cara fea cara? ―pronunció con clara envidia mientras cruzaba los brazos.
― Bueno, literalmente si es mejor que nosotros. ―contestó George.
― ¡Tu cállate, nadie pidió tu opinión, ni siquiera estás entre los primeros 100! ―gritó estallando en ira, y George simplemente pudo encogerse en hombros.
― Y tú no estás entre los primeros 10. ―le respondí a su soberbia.
― ¡¿Y eso qué?! ¡Tú tampoco! ―replicó.
― Y aun así no me creo mejor que los demás… ―vi la tabla de resultados generales, “Primer lugar, Anya Forger”. ― y creo que ella tampoco. ―hubo un pequeño silencio.
― Sí, como sea. ―aparto su evidente mirada apenada y cruzó sus brazos de nuevo.
― ¡Chicos miren! ―gritó alguno de los estudiantes presentes entre la multitud. ― ¡Es ella, es Starlight Anya! ―se escucharon múltiples alabanzas en su nombre, hasta que paso frente a nosotros, se quedaron admirando y murmurando.
Todos quedaron maravillados con su presencia, como si estuvieran presenciando una divinidad, aunque no es de sorprender ya que ha forjado una extensa leyenda a su nombre, tanto por su desempeño académico en los últimos años, como por sus incontables actos de valor y solidaridad desde el principio. «Ella es realmente una persona formidable…».
― ¡Oye!, ¿Qué acaso no piensas venir a ver tus resultados? ―le gritó Damián.
― ¿Reprobé algo? ―preguntó de forma tajante mientras detuvo su andar, volteo a verlo fulminantemente, como si hubiera un profundo odio.
― De hecho, todo lo contrario, lograste- ―contestó Connie, pero fue interrumpida.
― Bien, entonces no es relevante, gracias, Connie. ―volvió a ver hacia adelante y continuó con su caminata.
― ¿No es relevante?, ¡¿no es relevante?! Si no lo es, ¿¡entonces por qué te esfuerzas tanto en ser la mejor del colegio!?, ¿¡crees que no debes dirigirnos la palabra solo por-!?
― ¡Ugg! ―gruño Anya fuertemente, deteniéndose nuevamente. ― ¿No te cansas de ser estúpidamente molesto?, las calificaciones no son lo irrelevante, el hecho de verlas ahora siendo que la entrega de Stellas son mañana lo es.
― ¡Forger, adivina qué, yo, Bill Watkins, obtuve el-!
― ¡Pap, pap, pap! ―dijo para interrumpir a Bill, mientras movía su dedo indice en señal de negación. ― Ni siquiera lo pienses, quiero que sea una sorpresa, es más divertido así, ¿sabes? ―dijo dejando ver su hermosa sonrisa risueña.
― ¡T-tienes razón!, ¡Nos veremos mañana, Starlight Anya! ―respondió determinado.
― ¡Que así sea!, ¡adiós a todos, espero que hayan tenido éxito! ―se despedía meneando su brazo totalmente extendido.
Todos aclamaron su retirada, pero entonces recordé lo que hablé con Martha, tenía que hablar con ella, pero estaba congelada por alguna razón; mis pies pesaban como el plomo y mi boca estaba cerrada como si tuviera costuras. «Por favor, no te vayas», era lo único que podía pensar. En eso, ella paró un momento y volteó de reojo a verme. Fingí que no me había dado cuenta y aparté la mirada, entonces ella se giró y continuo hasta la parada de autobuses, ¿quería hablar conmigo? y más importante, ¿por qué la evité?, «¿Cuál es mi problema?, ¿Acaso estoy sintiendo envidia de mi mejor amiga porque logró ser mejor académicamente que yo?» Sí, eso debe ser, por fin me di cuenta, ya sabía cuál era el problema, y lo resolvería… mañana…
Esperé a que Martha llegará por mí, una vez llegó subí al vehículo y le conté acerca de mi día, y que por fin logré entender que era aquello que me aquejaba, se alegró de oírlo y me pregunto si ya todo estaba en orden, contesté que ya casi, solo tenia que hablarlo con ella mañana, aun estaba un poco mortificada, pero sabiendo que ya tenia las cosas claras se relajó un poco. También dijo que tuvo que pagar una multa por meter el vehículo donde no debía, pero que no me preocupara, no era tan grave. Una vez llegué a casa, abrasé a mis padres y saludé al personal, ellos estaban contentos de que mi animo finalmente estaba elevado, cenamos hamburguesas y les conté de mi día, omitiendo mi problemática.
Unas horas antes de ir a dormir, decidí ver un par de capítulos de una novela que había comenzado, la conseguí en el extranjero cuando fui a unas vacaciones de verano con mis padres por el continente hace ya unos cuantos años. Era la primera vez que la veía, y aunque la primicia sonaba algo peculiar, nunca le digo que no a un buen drama. Sentí una conexión latente al poco tiempo; la amistad entre Alex y Michael llamarón poderosamente mi atención, me recordaba a la mía con Anya. «Tengo que hablar con ella mañana, quiero que nos pongamos al día luego de todo este tiempo» pensaba mientras lo veía. Luego de eso, me preparé con mi pijama para ir a dormir, de camino a mi cama vislumbre en el asiento del peinador mi mochila, era el llavero de los grandes almacenes con los que hacía dúo con Anya, decidí tomarlo y lo puse en la mesa de noche, como símbolo que me dará el valor mañana para poder hablar con ella sobre lo que sentía, sobre mi toxica envidia.
Entonces me acosté a dormir, consolidado el sueño, me encontré en el colegio, vi a mis compañeros y amigos saliendo de la ceremonia, varios de ellos con brillantes Stellas colgando en su pecho; volteé a ver el mío, evidentemente no tenía nada.
― ¿Y tus Stellas? ―preguntó alguien, sin rostro visible y de tonalidad plateada a mi lado.
― ¿Eh? Este… ―estaba confundida. ― No gané ninguna esta vez.
― Obvio, no se le dan Stellas a mentirosas como tú. ―respondió alguien más.
― Ah, bueno… la próxima vez trataré de mejorar y-
― Envidia… ―otro más. ― No es eso lo que te está preocupando, ¿verdad? ―varias personas de este extraño aspecto empezaron a rodearme.
― Emm… yo… ―estaba en pánico, no sabía que estaba pasando.
― No deberías estar aquí. ―escuché una voz detrás de mí, al voltearme vi que era Damián, acompañado no solo de sus lacayos, sino el resto de nuestros compañeros, todos viéndome con desprecio. ― La gente como tú no tiene lugar como Estudiante Imperial, tampoco siendo parte del prestigioso colegio Edén.
― Y-yo… no quise sentir envidia-
― Mentirosa. ―respondió. ― Estás mintiendo otra vez, la gente como tú no merece vivir en sociedad, merece que-. ―no entendí que fue lo que dijo al final, pero pude sentir el peso de sus palabras mientras me señalaba.
De pronto, estos entes empezaron a acercarse a mí, enunciando insultos y maldiciones, apenas audibles; tiraron de mí para llevarme a quien sabe dónde, trate de poner resistencia, pero me sentía débil ante ellos; grite por ayuda, pero solo pude ver el asco en sus rostros; me sentí abatida, sentí que tenía que darme por vencido, y empecé a perder visión, cuando entonces te escuche.
― Becky, tranquila. ―me dijiste con delicadeza.
― ¿A-Anya?, ¿Eres tú? ―respondí débilmente y temerosa.
Lentamente, volví a recuperar la visión, y al hacerlo logré contemplar una pradera, llena de flores de tonalidades blancas, amarillas y rosadas, además de mariposas de colores semejantes revoloteando, se sentía tan onírico estando junto a ti, que, aunque llevabas el uniforme de Edén, aun así, te veías igual de radiante que un ángel. Al bajar levemente mi mirada, vi tu mano sosteniendo la mía con delicadeza.
― Todo está bien Becky, relájate. ―pronunciabas mientras acariciabas mi mano. ― No puedes ocultarme nada, sabes que mi omnisciencia te delata, pero descuida, no estoy enojada. ―te acercaste y tomaste mi otra mano. ― Has estado cargando con estos pensamientos en tu mente y emociones en el corazón por mucho tiempo, ¿no es así?
― Y-yo… ―estaba afónica, pero, aun así, tome valor para pronunciarme. ― L-lamento tener esta envidia que me carcome… P-por tener estos pensamientos de inferioridad hacia ustedes, hacia ti, siento que… me estoy quedando atrás, ¿sabes?, me gustaría…
― ¿Qué te gustaría, Becky?
― …Me gustaría que las cosas fueran tan sencillas como cuando éramos niñas, cuando me la pasaba buscando a mi chico ideal, y tenía claro… lo que sentía por ti.
― ¿Qué es lo que sientes, Becky?
― ¡Ya te lo dije, te envidio, me gustaría ser tan inteligente como tú!
― … ―me miraste seriamente.
― ¿A-Anya?, ¿E-estás enojada… conmigo?
― ¡Jo, no digas tonterías! ―reíste risueñamente y levantaste la mirada con tu característica sonrisa. ―Ya te lo había dicho, ¿no?, no estoy enojada… pero…
― … ¿Pero?
― No me gusta que te mientas así, ni siquiera eres capaz de ser honesta contigo misma aquí, en tus sueños. Pero descuida, mi omnisciencia ya desveló tu fachada desde un principio, se lo que en verdad te preocupa y lo que tanto anhelas. Y bien, dime, ¿serás capaz de hacerlo cuando me veas mañana?, ¿o tendré que usarla de nuevo?
― ¿M-mis sueños? Esto es… ―apenas me percaté, nada de esto era real. ― Entonces… T-tú sabes que me gustaría que… que me gustaría que tú y yo… ―comencé a temblar.
― Sí, lo sé… ―tomaste mi mentón y lo levantaste mientras apretabas la palma de mi mano con la otra. ― Se que te gustaría que fuéramos… más amigas… ―empezaste a acercar tu cara a la mía, como sí tú fueras a…
El día de la ceremonia llego, y desperté de golpe, algo agitada; sentí como me hervía la cara con pena, pero al tratar de recordar cual era la razón de mi estado… simplemente lo olvidé. Vi al llavero, se había caído de lado mientras dormía, lo tomé y comencé a frotarla un poco entre mis manos, me hizo recordar cuando jugábamos con ellas, siempre quería hacer una historia de amor, pero como eran iguales divagabas… «¿Podía hacerlo, aunque fueran iguales?», empecé a divagar, deseché ese pensamiento fugazmente.
Ya calmada, me preparé para ir al colegio, y la coloqué de nuevo en mi mochila. Fui al comedor para poder desayunar junto a mis padres. Una vez concluido, me despedí de ellos y siguiendo el protocolo me dirigí al colegio junto a Martha. Cuando llegué, traté de buscar a Anya durante el tiempo libre, pero no logré encontrarla, parecía que no estaba en las instalaciones, así que decidí esperar a finales de la ceremonia, para poder hablar… sobre mi envidia.
Entramos al edificio donde se celebraría, una vez organizados estos comenzaron, tras el discurso de apertura, se hizo la entrega de Stellas por ayudas en los talleres académicos, al final logre tener una por mis contribuciones en Canto. Luego, comenzaron las Stellas por desempeño académico, las clases Specter y Cline no recibieron ninguna, por lo que llego el turno de nuestra clase, lo que significaba que… la lluvia de estrellas estaba por empezar…
― Y ahora, de Tercero de Secundaria Superior de la residencia Cecile. Damián Desmond, segundo lugar en historia. Anya Forger, segundo lugar en matemáticas; primer lugar en historia; primer lugar en biología; primer lugar en física; segundo lugar en química; primer lugar en lengua nacional; primer lugar en lengua clásica; primer lugar en primera lengua extranjera y primer lugar en segunda lengua extranjera. Connie [...], primer lugar en química…
La ceremonia continua hasta terminar con cada una de las residencias, y como éramos del último año, éramos de los últimos en ir a casa. Pero yo aun necesitaba hablar con Anya para aclarar las cosas. Así que una vez esta finalizó, salí rápidamente para tratar de encontrarla.
― ¡Starlight Anya!, ¡Starlight Anya!, ¡Starlight Anya! ―se escuchaba a lo lejos, así que tenía claro donde era que ella se encontraba.
Ahí estaba ella, rodeada por sus fans, me daba tanta… envidia… verla rodeada de tanta gente, pero ante tal hazaña, es normal que tenga tanta gente detrás de suyo… tal vez hasta un par de pretendientes… Pero el momento había llegado, tenía que hablar. Una vez el publico se dispersó un poco me acerqué, pero llegaron los demás premiados académicos, y empezaste a jugar con sus Stellas, presumiéndolas ante todos… Yo no había obtenido ninguna de ese tipo, no lo he hecho en 2 años, solo por talleres o contribuciones sociales… «No soy digna de estar con ella… no como los demás», cobardemente me di la vuelta para retirarme, pero cuando apenas estaba por caminar, sentí como me jalaban del brazo, entonces volteé, eras tú.
― ¡Becky!, no te quedes ahí parada, ¡únete a nosotros! ―dijiste felizmente radiante.
― P-pero yo no gané ninguna Stella como las suyas, no soy como ustedes... ―respondí, apartando la mirada y tapando mi boca por la vergüenza.
― ¡No digas tonterías! ¿Y esta capa qué? ―levantó mi capa, tapándome la cara con esta.
― ¡No seas tímida, únete! ―grito Bill.
― Además, aunque no tuvieras Stellas, o no fueras una Estudiante Imperial, ¡eso no quitaría el hecho de que eres mi mejor amiga! ―sus palabras fueron tan cálidas, y reconfortantes, pero, por un instante sentí una punzada en el pecho, ¿Por qué? ― Anda, no te quedes ahí parada, ¡vamos! ―jalo constantemente de mi mano.
― O-oh sí, vamos… ―entonces deje que me llevaras, tomando nuestras manos.
― Bien, así que al final se dignó a venir a rastras. ―bramo el esperpento de Damián.
― Sí, ahora cállate. ―respondió tajantemente Anya. ― Mira Becky, ¡Connie logró superarme en química esta vez!
― Oh, no es nada, supongo que gracias a mis practicas con la alquimia mis habilidades subieron considerablemente. ―acomodó sus lentes, orgullosa de sí misma.
― Eso y porque a la tonta le temblaban mucho las manos, así que no pudo hacer correctamente varios de los procedimientos delicados y le bajaron la nota.
― Detalles, detalles. Y dime, ¿Qué te falló a ti para quedar en segundo, eh, segundo?
― … Yo… solo me distraje un poco durante el examen escrito, es todo. ―apartó la mirada avergonzada, sabíamos con que se distrajo.
― Ajá, sí… me pregunto con qué… ―respondió Anya sarcásticamente.
― ¡Y ambos obtuvimos un lugar en matemáticas! ―dijo Bill con enjundia.
― ¡Chócalas! ―chocaron sus palmas, sé que Anya fue quien moderó más su fuerza.
― ¡Yo obtuve el segundo lugar en lengua nacional! ―comentó George con orgullo, pero algo nervioso, pese a que estuvimos presentes en la ceremonia, lo habíamos olvidado.
― ¡Wow, bien hecho! ―elogió Anya para subir los ánimos de nuestro compañero, mientras le daba un par de palmadas en la espalda.
― G-gracias. ―contesto algo avergonzado.
― ¡Oigan Ceciles!, Pueden dejarnos algo para la próxima. ―sonó circundante, era Arnold algo irritado por no haber obtenido nada este ciclo. ― No sé como ustedes, gente sin tercer ojo, pudo acceder a las reliquias para obtener el conocimiento milenario. ―agregó con capricho, mientras cruzaba los brazos.
― Tal vez si la próxima abres un libro logres algo. ―respondió Connie mofándose, mientras reía suavemente.
― ¡Calla bruja! Una mujer que renuncia al conocimiento infinito solo por continuar cultivando sus rituales mundanos no merece dirigirme la palabra de esa forma.
― ¿Sigues enojado con ella porque te dijo que no quería salir contigo? ―preguntó Freddy.
― ¡Te dije que no estoy enojado! ―Todos reímos. ― C-como sea, no quiero ver tu horripilante cara en la ceremonia de clausura… ¡Y ni pienses en invitarme al baile!
― No lo haría, incluso si llegaras a convertirte en sapo. ―replicó.
― ¡Y yo no te besaría, aunque te volvieras uno! ―respondía furioso.
― Je, je. ―Anya río, dejándonos confundidos. ― Besar el sapo.
― ¡Anya! ―gritamos todos, algunos enojados, otros avergonzados, y un par sonrojados.
― Perdón, perdón, pero es que me pasó por la cabeza, y no pude evitarlo.
― ¡No entiendo como tú, a vista tal pulcra y tan vulgar al hablar tiene tantas Stellas a su nombre, es inaudito! ―reclamó Damián.
― Tal vez si hubieras sido solo un poco vulgar, pude haberte dejado ver algunas de ellas. ―Todos nos quedamos callados, el ambiente se había puesto algo denso.
― B-bueno, supongo que es mejor retirarnos, ¿no es así Arnold? ―dijo Freddy, en un intento por salir del lugar.
― ¿Ah?, ¡Oh, sí! Es lo mejor… Adiós a todos… a ti también, Connie. ―procedió a retirarse junto a Freddy.
― Espera, Freddy. ¿Cómo está Tertius? ―le preguntó Anya.
― Este… está bien, solo que las labores como príncipe lo tienen ocupado… no creo que podamos verlo en Ostanea de nuevo hasta un par de años… ―bajo la mirada.
― Lo extrañas, ¿verdad? ―continuó.
― Sí… bastante… ―volteó a vernos de reojo. ― ¡P-pero como lo haría cualquier amigo! Después de todo, hemos pasado mucho tiempo juntos, y no he tenido oportunidad de hacer más amigos desde entonces. ―talló su nuca en nerviosismo.
― Está bien… Cuando le mandes un mensaje, ¡dile que le mandamos saludos!
― ¡Oh, por supuesto que lo haré, hasta la próxima!
― Oye, ya vámonos. ―Arnold jaló del brazo a Freddy, para escapar de la vergüenza que había pasado, Freddy sacudió su mano en señal de despedida y Anya le respondió.
― ¿Por qué preguntaste eso? ―cuestionó Damián.
― Lo vi algo angustiado hace unos días, antes de los exámenes, estaba leyendo una carta… puede que no haya sido del todo sincero respecto a Tertius… ―no entendimos a que se refería, pero tampoco quisimos indagar más en el tema, por lo obtamos por pasar página y hablar de otra cosa.
Tras charlar un rato más sobre diferentes temas, personales y académicos, cada uno se fue progresivamente retirando para su residencia en el colegio o para su hogar, algunos independientes, y otros aun con su familia, al final quedando solo Anya y yo. Lo sabía, era el momento de hablar con ella sobre lo que llevaba aquejándome estos días. Seguí hablando con ella, esperando el momento adecuado para hablar del tema. Conscientemente, postergue la charla lo más que podía, no sabía cuándo llegaría ese momento que tanto esperaba.
― ¡Anya, ya llegué! ―esa voz, era la del Sr. Loid Forger, su padre había llegado. ― Perdóname el retraso, tuve un pequeño problema con el neumático y tuve que poner el repuesto, ¿Lista para irnos? ―mi tiempo se había agotado, no dije nada al final.
― Espera un poco padre, quiero terminar de hablar con Becky. ―y gané un poco más.
― Está bien, pero no puedo estar estacionado aquí, así que iré a la entrada, le diré a la Sra. Martha que espere un poco también.
― De acuerdo padre, dame solo unos cinco minutos más. ―tiempo suficiente.
― Vale, nos vemos allá. ―procedió a retirarse, ahora podía decirlo, pero no sabía cómo-.
― Becky, dímelo de una vez. ― ¡¿HMM, EHH?!, ¡¿Sabe que quiero decirle algo?! ― Deja de darle tantas vueltas, ayer… sentí que te me quedaste viendo, pero cuando volteé, apartaste la mirada, ¿qué te pasó por la mente?
― Eh… bueno… este… yo quería decirte que… ―Vamos Becky, es ahora o nunca. ―Estaba algo celosa de que ganaras tantas Stellas, y que con ello empesaras alejarte de mí, ¿sabes? Perdóname por pensar así.
― ... ¿Es eso lo que te preocupaba? ―dijo con la cabeza baja, bastante sería.
― ¡Eh!, este… yo… ¡perdóname, yo no quería-! ―me atrapaste con un fuerte abrazo, y con tu cara inclinada posada ligeramente junto a mi pecho. ― ¡¿A-Anya?! ―me sonroje.
― No tienes que preocuparte por eso, no te guardo rencor, además, no tienes porque sentir celos de mí, sabes que nunca te reemplazaría por nadie. ―apretó su abraso.
― A-Anya… ―correspondí su abraso. ― Muchas gracias… ―dije al borde de las lágrimas.
Después de hablar un poco más respecto al tema, caminamos juntas hasta la entrada, donde Martha y Loid nos esperaban, estaba lista para irme, pero entonces, ella se acercó a susurrarme algo al oído «Aún no eres totalmente honesta contigo, sé que me estas guardando algo más, espero puedas descubrir que es, y me lo cuentes.», sus palabras me pasaron un escalofrío por la espalda, ¿en qué fallaba mi honestidad? Se despidió de mí y dijo que nos veríamos para ir al centro comercial este fin de semana, Loid se congelo al sentir como peligraba su estabilidad economica, y se fueron discutiendo como de costumbre.
Entonces subí al vehículo, en el camino Martha me contó que pasó el día charlando y tomando el té junto a Henderson, en su antiguo lugar de reuniones. Yo le conté que logré resolver mi problemática con Forger, pero que ahora tenía más dudas, dijo que las iría despejando con el tiempo, mientras sepa afrontar la verdad. ¿La verdad, cual es esa verdad?
Al llegar la noche, volví a ver mi novela, la amistad de Alex y Michel se habían distorsionado en un par de capítulos, ahora era otra cosa, inmoral e impura, ambas chicas, pero, sin pena en pretender el afecto de la gente normal… ¿quería sentir ese tipo de afecto?, ¿quería sentirlo… con Anya…? Apague rápidamente el televisor, tome el llavero y me heche en cama, la ola de pensamientos no se iba, vi a la oveja y me devolvió la mirada, ¿Cómo era posible…?
«¿QUÉ ES LO QUE EN VERDAD SIENTO POR ANYA?»
