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Let me watch him through the window (and don't let him find me)

Summary:

Taehyung is obsessive, and his latest fixation is on his neighbor, who seems to be hiding a secret.

Or about how Taehyung abandons his ethics and morals for the attention of a man.

Notes:

NIS: National Intelligence Service
Vamos a suponer que es como la CIA pero de Corea del Sur. Realmente no sé si son equivalentes pero no me importa, lo único valioso de esta historia es que Gong Yoo y Taehyung se gustan LOL

ESTO ES INMORAL, quiero que lo sepan, ESTÁ MAL. Condeno a cualquier persona que acose, espíe o asesine gente, no lo sé, por favor, no hagan cosas malas y si las hacen vayan a confesarse a la iglesia.

Equis, esto es solo un fanfic, así que POR FAVOR, no se lo tomen tan en serio sducjodjc

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 

“Profesor, le prometo que la próxima clase traeré el ensayo completo, pero necesito esos puntos”, con ojos suplicantes, un alumno, de nombre que ya no recordaba, se inclinó más sobre el escritorio como si no quisiera que sus demás compañeros lo escucharan rogando.

 

Taehyung hizo una de sus típicas muecas de indiferencia, “no es mi problema cuántos puntos necesitas. Todos tuvieron un mes entero para entregar este trabajo”, se levantó de su asiento mientras tomaba su maletín café, guardando en él todos los trabajos que los demás alumnos si habían entregado. “¿Entregaste alguno de los dos avances que pedí?” preguntó tratando de demostrar un punto. Porque Taehyung podría ser un profesor callado, centrado y algo egocéntrico pero tenía muy buena memoria: ese alumno frente a él apenas y se apareció en clases, porque Taehyung no lo reconocía. “Apuesto que no”.

 

“Entregué uno”.

 

“Si tanto necesitaras los puntos, te hubieras preocupado por entregar los avances y el ensayo”. Cerró el maletín y se encaminó a la puerta, dejando al chico detrás de él. “Hazte responsable de tus cosas”.

 

“Mal cogido”. 

 

Taehyung alcanzó a escuchar a pesar de estar ya lejos del escritorio, pero había escuchado de boca de sus alumnos varios insultos más creativos que eso, así que lo ignoró sin una pizca de molestia y siguió su camino hacia el pasillo que llevaba a las escaleras principales. Varios alumnos lo vieron, muchos lo reconocieron por haber tenido clases con él antes o justo en ese ciclo escolar, pero nadie lo saludó, solo una alumna le dedicó una sonrisa por pura cortesía. No tenía una buena fama dentro de la universidad por lo poco accesible que era con sus alumnos, además de ser muy exigente y poco flexible. 

 

Él se jactaba del desagrado que sentían los alumnos por él, incluso una vez se lo dijo de frente a toda una clase: “Si ustedes sienten que esta clase es demasiado trabajo, es porque ustedes no son lo suficiente buenos para cumplir con las exigencias de la materia”. Esa sola línea le había hecho ganador de una reunión con la coordinadora de la carrera de Filosofía, pero él pudo defenderse de cualquier regaño que pudiera recibir, porque así como había muchos alumnos reprobados en su materia, los alumnos que aprobaban habían hecho publicaciones de sus artículos de investigación en revistas nacionales e internacionales de filosofía, por lo que su exigencia si tenía buenos resultados cuando los alumnos eran lo suficientemente competentes para trabajar con rigor. 

 

Solo por eso la universidad no lo obligaba a ser más suave con los estudiantes, mucho menos lo despedían, porque su materia daba frutos al tener alumnos que podían hacer trabajos tan buenos que incluso eran publicados. 

 

Así que Taehyung terminó su jornada laboral, se subió a su BYD y condujo en completo silencio hasta su departamento en un complejo de vivienda social en el área menos glamurosa del centro de la ciudad. No demasiado caro, pero si bastante hacinado como para ser completamente cómodo. Pero era lo que podía pagar en un área tan costosa. 

 

“Buenas tardes, Kim Taehyung”.  Su vecino, Park Gongyoo, le saludó desde su puerta. 

 

Era un hombre que ya estaba cerca de los 50 años, aunque no lo aparentaba. Era muy cordial, cuidadoso y tenía rutinas bastante establecidas. Por ejemplo, los martes siempre sacaba la basura a las 4:30 de la tarde, los miércoles hacía una limpieza profunda con los mismos guantes amarillos, limpiaba hasta la puerta y el pomo, los viernes pedia comida italiana por delivery, y todos los días, sin falta a excepción de los domingos, salía de su departamento en traje–con o sin corbata–a las 8 PM y volvía cinco horas después.

 

“Buenas tardes” respondió Taehyung sin dedicarle mucha atención. 

 

En una ocasión, Taehyung entró a la casa de Gongyoo cuando le pidió prestada una aspiradora. Sabía que tenía una porque siempre la escuchaba los miércoles de limpieza y los lunes a las 9 AM. Taehyung quedó impresionado, en silencio, porque el departamento vecino estaba impecable: todo estaba increíblemente ordenado, limpio, con enormes luces blancas y frías que lo hacían sentir en un consultorio dental, cada mueble era negro, gris o blanco. Todo se veía tan falso, y desde entonces Taehyung creía que hasta su nombre, Park Gongyoo, era falso. Pero era solo una clase de broma interna. Park Gongyoo nada más era un hombre viejo muy organizado y disciplinado. 

 

“¿Qué tal tu jornada de trabajo?” le preguntó su vecino antes de que pudiera entrar a su departamento. 

 

Taehyung lo pensó un poco, no sabía si decir la verdad o solo ser cortés. “Fue un buen día”, se encogió de hombros. Lo apropiado sería haberle preguntado algo más, por amabilidad, pero no dijo nada. Solo se adentró a su hogar, y cerró la puerta. 

 

Gongyoo se quedó ahí por un segundo, casi con curiosidad pero al mismo tiempo evitando ser demasiado entrometido. Taehyung era un hombre demasiado indiferente, incluso se atrevería a decir que era aburrido; Taehyung tenía una edad joven, pero por alguna razón su cara y su edad no encajaban con la vibra tan gris que emanaba. Él, como su vecino, siempre intentaba—aunque no era muy difícil—ser amable y cordial y, de hecho, muchas veces era evidente que las paredes mentales de Taehyung parecían flaquear cuando lo escuchaba saludarlo o darle un ligero cumplido, como que le gustaban sus zapatos, o sus abrigos. Había algo en los ojos de Taehyung que parecía salirse de su lugar. 

 

Miró hacia la rendija que quedaba entre la puerta y el suelo, notando perfectamente las sombras que se hacían gracias a los pies que interrumpían el paso de la luz de la ventana trasera. Inmóviles.

 

Taehyung, del otro lado de la puerta, tenía la cabeza apoyada contra la madera con la intención de encontrar algún sonido, ya sea de los pasos de Gongyoo, o incluso su voz, si tenía mucha suerte. Miraba alrededor, sin prestar mucha atención a lo que estaba observando, porque toda su concentración estaba en el oído apoyado en la puerta. Entonces sonaron los pasos alejándose por el pasillo, sonaban muy lentos, pero finalmente desaparecieron a la lejanía. 

 

Revisó el reloj en su muñeca con desesperación, agitando la muñeca. Eran apenas las 6:10 de la tarde de un simple miércoles, pero Gongyoo ya se estaba yendo de su departamento. Abrió la puerta con mucho cuidado y se asomó hacia el pasillo, encontrándolo completamente vacío. 




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Tres días pasaron en tremenda normalidad, mucho trabajo, muchas quejas, una universidad caótica y ruidosa pero con la certeza de que la clase de Kim Taehyung sería silenciosa, tensa. Pero para él, el maestro, todo sería igual en la escuela como en su casa: no había música, no había risas, no había compañía ni absolutamente nada que lo hiciera sentirse entretenido y felíz al mismo tiempo. 

 

Llegaba a casa y se quitaba el traje para ponerse algo cómodo, se hacía huevo duro y arroz, a veces se tomaba el tiempo de freír algo de carne, se sentaba a leer o a escribir su artículo de la identidad de las comunas resistentes, llamaba a su hermana si tenía ganas, y dormía temprano al finalizar su día. Eso era todo.

 

El sábado comenzó de forma abrupta, se despertó de golpe luego de un mal sueño. Las pesadillas eran bastante frecuentes, pero nunca menos incómodas que la anterior. Se despertó sudando y con un molesto ardor en la garganta porque, estaba seguro, gimió y se quejó entre sueños. Tuvo que sentarse en la cama de cobijas y sábanas grises para tratar de calmar la latente incomodidad que parecía calarle en el cuello y hombros, como una pesadez. 

 

No tardó mucho antes de levantarse para ir al baño, pero mientras se lavaba las manos, los músculos de su cuerpo se apretaron ante un extraño sonido en la pared, un golpe seco sin más. Podría apostar a que fue un puñetazo, pero no había forma de estar completamente seguro. Tuvo que haber sido un golpe realmente fuerte, porque el sonido no atravesaba las paredes con facilidad, si acaso cuando alguien encendía algunos aparatos, como los taladros o aspiradoras. Ese era un punto a favor del condominio.

 

Se mantuvo quieto, esperando otro sonido de algún lugar, pero no sucedió. Solo tenía la seguridad de que ese sonido venía del departamento de Park Gongyoo. Se apresuró a la puerta, acercando el oído a la madera con tal de saber si había alguien en el pasillo. Él tenía la paciencia suficiente para quedarse ahí de pie hasta que escuchara un solo sonido, por más mínimo que sea. Dicha paciencia fue apremiada cuando pudo escuchar la puerta de su vecino ser abierta con rapidez, Gongyoo salió de ahí murmurando en voz baja, pero aún con ese tono Taehyung pudo distinguir a la perfección que aquél hombre estaba enojado, entonces agudizó su oído para distinguir lo que estaba diciendo. 

 

“Manténlo en ese lugar hasta que yo llegue, maldita sea”, dijo Gongyoo alzando un poco más la voz. 

 

Taehyung tomó un fuerte respiro de la impresión. Jamás había escuchado a Gongyoo enojado, ni siquiera un poco exaltado: era un hombre de temple, siempre tranquilo, amable y con una suave sonrisa para con todos. O, al menos, así era con Taehyung. 

 

Esperó en la puerta hasta que los pasos de Gongyoo se alejaron por el pasillo, aún murmurando al teléfono, como pudo suponer. Rápidamente tomó las llaves que tenía en la mesita donde ponía todas las cosas que ocupaba antes de salir, como su cartera, sus lentes, un paraguas y las llaves. Salió rápidamente de su departamento y cruzó el pasillo hasta la ventana que daba vista hasta el estacionamiento y la calle. Encontró el vehículo de Gongyoo, sabiendo que su dueño debería aparecer pronto si es que acaso estaba por irse del edificio.

 

Pero luego lo pensó un poco, “carajo”, se dijo a sí mismo. ¿Qué pasa si él seguía frente al elevador o en las escaleras? Miró al final del pasillo, no encontrando ni una sola sombra. Sería un problema porque tendría que volver adentro, y no podría ver si él se iba del condominio o no. Prefirió tomar el riesgo, y pensar en una vaga excusa en caso de que él volviera por donde vino. Pero, por fortuna, luego de un corto momento de espera, pudo ver a Gongyoo, aún en una llamada telefónica, atravesando el estacionamiento hasta su coche. Se detuvo a su costado, hablando bastante exaltado, peinándose el cabello hacia atrás, dando pasos a su alrededor. Dejó un pesado golpe sobre el frente del carro, con la palma abierta, volvió a empujarse el cabello hacia atrás y luego se giró sobre sus talones, levantando la vista hacia Taehyung. 

 

Toda la sangre de su cuerpo se drenó de golpe, sintió temblores y escalofríos al verse expuesto frente a los ojos de su vecino. Rápidamente se agachó, cubriéndose tras la pared, sujetando una mano en la cornisa para no perder el equilibrio. Tuvo que tomarse un momento para recobrar la respiración antes de, prácticamente, avanzar de manos y rodillas hasta el interior de su departamento. Ni siquiera se preocupó por cerrar con llave, se apresuró hasta su cama y se acostó cubriéndose hasta la cabeza con su cobija, como si ella pudiera protegerlo de la penetrante y molesta mirada de Park Gongyoo. 

 

Esa madrugada no pudo recuperar el sueño. Taehyung sentía que había hecho algo muy malo, sentía que se había metido en un problema que no tenía nada qué ver con él. Tardó muchas horas en regularse, pero finalmente el sueño lo venció cuando el sol empezó a asomarse por la ventana de su habitación, luego despertó pasando el mediodía. Hubiera seguido sumido en el sueño si no le hubieran llamado por teléfono, la coordinadora del colegio. Le había llamado para avisarle que él tenía la urgencia de revisar el trabajo de un tesista que lo había escogido como su tutor.

 

En otras circunstancias, se hubiera tomado el tiempo para sentarse frente a su laptop y trabajar en dicha urgencia, pero su atención se desvió al vecino de al lado. Inmediatamente se le llenó el pecho de ansiedad, así que tuvo que tomar un hondo respiro antes de levantarse de la cama y buscar su desayuno, así, sin apetito. 

 

Estaba a medio cereal de trigo con banana cuando la puerta sonó, tres golpes duros pero no groseros en la madera. Taehyung tragó saliva y tosió cuando un trozo de banana casi se va por su garganta, pero mantuvo la compostura y se levantó con duda y preocupación. Pocas veces tocaban a su puerta, podrían ser muchas cosas, pero cuando abrió, gastó mucha energía para que no se notara que se había puesto bastante nervioso.

 

“Buenos días, Taehyung” le saludó Park Gongyoo mientras le dedicaba una sonrisa, “¿vas despertando?”.

 

“No, no, no” se apresuró a decir. Se preocupó, sabía que debía mantener una mentira o una excusa, podría fingir demencia, o ser sonámbulo, así que prefirió mentir y no hacer obvio que se había desvelado esa madrugada. “Para nada, pero no hay mucho que hacer fuera de casa”.

 

“Qué suerte, siempre es bueno descansar bien. No te quito mucho tiempo, solo venía a darte tu correspondencia de hoy, me dí cuenta que ayer no la recogiste y tuve la preocupación de que alguien más la tomara, así que me tomé la libertad, si no te molesta” dijo, esta vez extendiendo dos sobres blancos, que probablemente eran recibos de los impuestos mensuales.

 

“Oh”, sí lo había tomado por sorpresa, “se lo agradezco mucho, creo que no le había puesto atención a mi buzón”, recibió los sobres y se rascó la nuca con algo de vergüenza. 

 

“No es nada, con gusto”. Retrocedió un paso, ya dispuesto a irse. “Te ves bien el día de hoy. Nos vemos más tarde”.

 

“Gracias, hasta luego”. Sintió que las palabras le salieron por pura inercia y no por haberlas pensado bien. Su vecino regresó a su casa, pero Taehyung se quedó ahí para verlo irse, y ya cuando no quedaba nadie más que él mismo, volteó a verse la ropa: una playera blanca y un pijama de cuadros. No zapatos, y ojalá no haya sido evidente que no traía ropa interior. Suspiró y cerró de un portazo.



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Los días consecuentes volvieron a la normalidad. Taehyung se mentalizó y se comprometió a dejar pasar lo que había sucedido. Había sido un entrometido solo porque tenía una estúpida tendencia a obsesionarse con las cosas, alguna vez, antes de haber tenido una psiquiatra, una psicóloga le dijo que él era propenso a las adicciones, y lo sabía por lo fácil que se aferraba a lo que después eran hiper fijaciones. 

 

Le era inevitable poner toda su atención a ciertas cosas, sin ningún motivo aparente, solo se obsesionaba y su cabeza daba vueltas en ello hasta que algo lo detenía. Cuando estaba en la secundaria, se apegó tanto a un compañero que empezó a seguirlo a casa después de las clases, a veces se paseaba cerca de su calle para encontrarse con él “por sorpresa”. Eventualmente ese chico se apartó de él, luego se cambió de casa, y Taehyung tuvo que vivir con eso.

 

Pero eran solo detalles, pequeños sucesos que se pasaban con el tiempo y que no eran un peligro para nadie. Ya había pasado mucho tiempo desde que le dedicó cada segundo de su vida a una persona, y lamentablemente estaba ahí otra vez. 

 

Eso pensó.

 

Decidió que no le daría más vueltas al asunto y se dedicó a trabajar en sus clases y con su nuevo tesista, a quien tendría que ver un par de veces al mes para hacer revisiones de su tesis y otros temas relacionados. Nada que alterara su rutina de forma alarmante, fuera de eso todo lo demás seguía igual.

 

Si, tal vez había notado que Park Gongyoo salía más temprano de casa y llegaba muchísimo más tarde. Pero era inevitable no darse cuenta, él hacía ruido al llegar y salir. No era culpa de Taehyung, al final del día.




Era martes, la pantalla del coche decía que eran las 5:06 PM, Taehyung estaba estacionándose en su cajón asignado en el condominio. Así como el buzón, el cajón junto al suyo pertenecía a Gongyoo, porque el número de departamento, buzón y estacionamiento eran el mismo para cada habitante, así que no era culpa de Taehyung darse cuenta que Gongyoo estaba fuera de su rutina otra vez. 

 

Él no solía salir los martes a las 5 de la tarde, pero ahí estaba, junto a su coche mientras hacía una llamada telefónica. 

 

“Escúchame, si te sientes culpable no es mi problema, sabías en lo que te estabas metiendo”. 

 

Tampoco era culpa de Taehyung que él hablara de temas delicados ahí, en el estacionamiento. No podía apagar su sentido del oído para no verse entrometido en los temas ajenos. No tenía opción.

 

“Buenas tardes” saludó Taehyung a su vecino cuando cerró la puerta de su coche y activó la alarma. 

 

Gongyoo ya había cortado la llamada antes de que Taehyung saliera del auto, se guardó el móvil en el celular y sacó sus llaves. “Buenas tardes, ¿qué tal tu jornada?”.

 

“Bien, gracias”. Y, al igual que en otras ocasiones, pensó que ese era el punto máximo de cordialidad. Deseó que ese fuera el punto máximo, no quería seguir conversando con él porque sabía que cualquier cosa serviría como excusa para seguir al pendiente de su rutina. “¿Y usted, va de salida?”, pero no lo pudo evitar, quiso saber por qué él no estaba donde tenía que estar, donde Taehyung sabía que debía estar porque era martes a las 5 de la tarde.

 

“Ah”, soltó una ligera risa aireada, “voy llegando, en realidad”. 



“Oh, ¿de verdad?”. 

 

Gongyoo no se rió de nuevo, pero sí sonrió con algo de diversión al notar que eso había sido una sorpresa para Taehyung, “si, por fin tengo un cambio de turno laboral, podré pasar las noches y tardes en casa”. Ambos empezaron a avanzar lentamente hacia la puerta principal del codominio. 

 

“Eso suena bastante bien, el turno nocturno parece agotador”. 

 

“Lo es, de hecho”.



Con una conversación bastante ligera y trivial, caminaron juntos hasta el elevador y luego al pasillo que los llevaba a sus departamentos. Todo parecía muy tranquilo para Taehyung, que a veces seguía teniendo miedo de que Gongyoo le reprendiera por haberlo espiado aquella vez por la ventana. 

 

“Disculpa, Taehyung” dijo cuando ambos llegaron a aquella infame ventana, “no quisiera ofenderte de alguna manera”. Fue visible la forma en la que Taehyung apretó la mandíbula y sus ojos se angustiaron. Su cabeza volvió hasta aquella madrugada. “Pero… me gustaría invitarte una copa de vino, hace unas noches abrí una de reserva bastante especial, quisiera tomar algo contigo”.

 

No.

 

Taehyung, no debes.

 

Se dijo a sí mismo, porque no podía arriesgarse a pasar más tiempo con él. Sabía que algo saldría más: estaría más al pendiente de la hora en la que salía, a qué hora llegaba, si hablaba por teléfono, si alguien lo hacía enojar, a qué hora encendía la aspiradora. No debía pasar tiempo a su lado.

 

“Yo…” balbuceó, “sí me gustaría aceptar la invitación pero no puedo beber, no debo beber” y tal vez en el fondo no se trataba de la bebida, “tomo medicamentos”, porque ya había pasado casi un año desde que Taehyung dejó de medicarse. 

 

Gongyoo alzó las cejas, entendiendo, pero no demasiado sorprendido. “Ya veo”, murmuró. “¿Y un vaso de refresco, agua, leche? Solo quiero pasar el rato contigo”.

 

Carajo, dijo Taehyung a sus adentros. ¿Cómo podía resistirse a algo así? Pero no debía caer. 

 

No debía caer. 

 

Taehyung se reprendió a sí mismo cinco minutos después, cuando encontró su propio trasero sentado en la sala de Gongyoo y no en su propio comedor, en su propio departamento, donde tenía que estar. 

 

“Me alegra que hayas aceptado” le dijo su vecino, rompiendo su diálogo interno, “ya tenía tiempo con ganas de invitarte a cenar”. Observó algo que no sucedía con frecuencia, de hecho, no podía recordar la última vez que lo presenció: Taehyung pintó una ligera sonrisa apenada. “Pero eres muy reservado, ¿mh? Siempre en tu trabajo”. 

 

“Estoy acostumbrado al silencio”, se encogió de hombros, “al aburrimiento y al trabajo”. 

 

“Bueno, en estos tiempos de pantallas y tonterías digitales, estar aburrido es provechoso”.

 

“Estoy de acuerdo, me ha ayudado a…”, apretó los labios al notar lo poco interesante que era, “a trabajar”. 

 

“Me imagino que si”, él, desde la cocina, sacó dos copas de vidrio y dos platos de porcelana, “yo supongo que eres soltero, Taehyung, me tomaré la libertad de asegurarlo, ¿pero cuantos años tienes?”. 

 

Taehyung volteó a verlo, aprovechando que su vecino se había dado la vuelta para servir la cena que él mismo había dicho que cocinó la noche anterior. “Tengo 32 años”.

 

“Eres muy jóven”, advirtió, “pasas mucho tiempo en este edificio”. Miró sobre su hombro, conectando su mirada con la de Taehyung. “¿Qué te mantiene aquí?”. 

 

“No lo sé”. 

 

Se rió para sí mismo y volvió a girarse a su tarea, “creo que te comprendo, solo un poco. Mi trabajo también me consume, no puedo tener una vida normal”. 

 

“¿A qué se dedica?”, se levantó de su lugar cuando vio a Gongyoo acercando los platos a la mesa del comedor. 

 

“Seguridad” respondió, “seguridad privada” continuó cuando Taehyung indagó más en el significado de seguridad, “por eso encuentras esta casa sola, únicamente a mí aquí”. 

 

Tarareó en afirmación, “debe ser un trabajo peligroso”. 

 

“Lo es, si, pero esa no es la razón, exactamente”, sacó una silla para su invitado, quien agradeció y se sentó, “es difícil que alguien ponga mi trabajo por encima de su moral, por encima de su discreción”. 

 

Discreción. Taehyung apretó los pies por debajo de la mesa como si eso pudiera regular la ansiedad que sintió. Tal vez Gongyoo no quería tomar una copa con él; tal vez, quería decirle que fuera más discreto y menos entrometido. Eso fue lo que Taehyung pensó. 

 

“¿De su moral?”, quiso desviar la atención del tema de la discreción.

 

“Si, moral. A veces pienso que solo podrá acompañarme alguien que esté lo suficientemente mal de la cabeza como para que no le importe”.

 

Taehyung quiso jadear de la impresión, porque eso había sido algo muy fuerte de confesar. Por su cabeza estaban pasando un montón de cosas que sonaban bastante mal, cada una era peor que la anterior: llegó a pesar que estaba en la casa de alguien muy peligroso, un narcotraficante, tal vez.

 

¿Pero qué haría un narcotraficante en un lugar como ese, viviendo ahí? Era demasiado popular como para tener a alguien de estatus. 

 

“¿Y tú?”, Gongyoo preguntó. 

 

De alguna manera, Taehyung pudo mantener el temple exterior, solo se encogió de hombros en indiferencia antes de contestar, “no creo que alguien pueda llevar el ritmo tan lento que tengo para vivir. Además, no estoy interesado”. 

 

Los ojos de Gongyoo casi se entrecierran en sospecha, pero solo lo hizo por un segundo, “interesante. ¿Ni siquiera un perro?”. 

 

“No estoy muy tentado por la idea de limpiar los desechos de un animal, para ser honesto”, los dos se rieron, incluso cuando Taehyung sentía que estaba a un segundo del ataque de pánico. “No le he preguntado su edad”. 

 

“47”, sonrió cuando Taehyung alzó las cejas, “no has preguntado muchas cosas, nunca”. 

 

Estuvo a punto de decir No me gusta verme como un fisgón, pero tomando en cuenta lo que sucedió el otro día, no estaba seguro de poder decirlo. Entonces volvió a encogerse de hombros mientras probaba su comida, “es difícil convivir”. 

 

“Me imagino”.Se tomó un pequeño momento con su comida antes de continuar. “En fin, no era mi intención hablar de estos temas, es solo que eres muy jóven y me intriga saber por qué siempre te veo solo”.

 

“Bueno, no hay cuidado, yo también siento curiosidad por muchas cosas”.

 

Gongyoo alzó las cejas y se rió, “ah, ¿de verdad?”. El tono irónico de su voz hizo que Taehyung se removiera en su lugar, incluso cuando disimuló fue difícil de ocultar. 

 

¿Podía ser honesto? Gongyoo no le daba miedo, no le asustaba que fuera el guardia de seguridad de un mafioso, no le asustaba que tuviera un cadáver en las calderas del condominio. Le preocupaba, únicamente, verse descubierto. ¿Qué pensaría Gongyoo, o qué diría, si se entera que Taehyung conoce todo de él y que le interesa tanto que incluso se atrevió a espiarlo? Se sentía patético. Y ese sentimiento, de inferioridad, era lo que más le aterraba. 

 

Taehyung era un hombre centrado en su trabajo, con un lugar propio, con un vehículo, sin ninguna dificultad para vivir, era aplaudido académicamente y era listo, bastante listo. Tal vez era cierto que estaba amargado, que era un mal cogido, pero era superior intelectualmente, y eso era suficiente para sentirse completo y realizado.

 

No tenía ninguna necesidad de verse como un adolescente de bóxers húmedos frente a un adulto como Gongyoo. Patético.

 

“Sé que eres maestro, ¿no es así? ¿Cuál es tu campo laboral?”. 

 

“Filosofía, soy maestro de Identidad y diversidad y de Ética material, así se llaman las marerias”. Finalmente se sintió un poco más cómodo cuando pudo hablar de algo que se sentía casi natural. “Y además soy investigador, escribo artículos de investigación”. Ese era uno de los defectos de Taehyung: le gustaba mucho presumir.

 

Quizá Gongyoo lo sabía, porque con una sola pregunta logró tener a Taehyung hablando y alzando la mirada a su cara, como si estuviera buscando su aprobación.

 

“¿Artículos de investigación? ¿Te refieres a… revistas de ciencias o…?”.

 

“Uhm, si, revistas de ciencias sociales, humanidades, también tengo un par de artículos publicados en libros que… uhm… recopilan a diferentes autores” dijo tratando de encontrar una explicación sencilla para alguien que no tenía experiencia con el tema. “Y tengo mi propio libro, también”.

 

“Es increíble, eres muy inteligente, entonces”.

 

Y ya con ese ligero, suave y discreto cumplido tenía a Taehyung pavoneándose en la mesa, hablando de su trabajo, de sus investigaciones, de sus alumnos sobresalientes.



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“Escucha”, Taehyung se sentó a la orilla del escritorio. Pudo notar que una alumna se acomodó mejor en su silla, bastante tensa. “Entiendo perfectamente tu punto, ¿si? En este punto de su carrera entendemos que las ideas, ese mundo ideológico, sienta las bases para que nosotros, aquí y en cualquier lugar, podamos desarrollar con precisión cosas más específicas. ¿Cómo hablamos de cultura sin las ideas vitalistas?”, apuntó cruzando los brazos, “¿cómo hablamos de la política práctica si no hablamos de los valores platónicos? No lo sé, hay tantos ejemplos y tantas ramas, tantos aportes”.

 

“¿Pero todo eso qué tiene qué ver con mi tema?”, con molestia, el alumno con el que inició el debate alzó la voz. La misma alumna incómoda  apretó los labios.

 

“¿Qué tiene qué ver? Todos en esta clase saben, porque lo he tenido que repetir una y mil veces por la incapacidad que tienen todos ustedes para prestar atención, que esta clase es para ofrecer soluciones”, finalizó el punto en una exclamación, volviendo a ponerse de pie. “Yo inicié el semestre explicando que mi clase es para ofrecer soluciones a la vida real. ¿Quieres que yo te firme ese paper, quieres que esa revista te acepte mi recomendación? ¡Entonces ofréceme una solución a un problema real!”, su palma abierta se azotó contra la madera del escritorio, haciendo un sordo sonido que seguramente se escuchó más allá de las paredes del salón. “Yo no voy a permitir que mis alumnos, en esta materia, mantengan ese estúpido estereotipo de que los filósofos y filosófas somos personas que se dedican a divagar en las nubes. Y, está bien, quizá tu problema algún día sea real y pueda solucionar algo en el futuro, pero yo no quiero eso en esta clase que está enfocada en la vida real y actual, ¿si lo entiendes?” preguntó como si aquél alumno en la silla fuera un idiota. “Dime, por favor, si en este salón, en tu zona residencial, si en un grupo minoritario, una comunidad en riesgo, es un problema fáctico el tema de…”, se tomó un segundo para buscar el papel que el chico le había entregado como avance, “La identidad de las personas clonadas” dijo leyendo el título. 

 

Alcanzó a notar algunas sonrisas apretadas, pero nadie fue lo suficientemente tonto o valiente como para reírse. Pero alguien sí se atrevió a levantar la mano: “Me parece que, ya con la avanzada tecnología que hay, es posible pensar en la clonación”.

 

“Con un carajo” murmuró antes de suspirar con pesadez. “¿Y dónde están esas personas clonadas? Dime por qué es importante para la filosofía actual y práctica solucionar el tema de la identidad en la clonación”, por supuesto que nadie le respondió. Su mandíbula apretada era la clara evidencia de que estaba muy molesto y casi decepcionado, solo un poco, porque no solía esperar mucho de las personas, “no voy a aceptar este tema”, azotó los papeles en el escritorio, “desarrollalo en otra materia, encuentra otra persona que lo firme, pero yo no voy a revisarlo ni aceptarlo. ¿Quieren que ponga a alguien de ejemplo? Sunny”, señaló a la chica incómoda sentada al frente, “está hablando sobre la identidad de la comunidad coreana en México. Junghee, ella está a punto de terminar el artículo sobre las mujeres católicas de Corea, y Minjae está haciendo investigación de campo para hablar sobre la identidad LGBT en áreas rurales. Personas clonadas” refunfuñó poniéndose las manos en la cintura y negando con la cabeza, “háblame en serio, por favor”, se quejó.

 

Entonces un familiar sonido llenó la sala entera, haciendo que algunas personas miraran a su teléfono celular. Sin embargo, el sonido provenía del escritorio del profesor, su teléfono vibrando. Casi pierde todo el aire de los pulmones cuando vió que era Park Gongyoo llamándolo.

 

Hace tres días que habían cenado juntos, en los días siguientes no hablaron mucho porque no habían coincidido al salir o llegar a casa. Taehyung pudo escucharlo a través de la puerta, pero no lo vió. Esa misma noche, después de la cena, habían intercambiado números telefónicos por si acaso, eso dijo Gongyoo, pero definitivamente Taehyung no esperaba que lo llamara apenas tres días después. 

 

“Bien, eso es todo por hoy, pueden retirarse”. Taehyung estiró la mano para colgar la llamada entrante, no poniendo mucha atención a las personas que empezaron a salir lentamente del salón. Algunos seguían guardando cosas en sus mochilas pero, la mayoría, ya hartos de las pretensiones de Taehyung, salieron prácticamente corriendo por la puerta.

 

“Hasta luego, profesor” le dijo una de sus buenas alumnas, Junghee. 

 

“Adiós” le respondió él sin levantar la cabeza, pues tomó su celular y buscó el contacto de Gongyoo para regresarle la llamada cuando vio que ya quedaban solo un par de alumnos saliendo por la puerta. “¿Hola?”. 

 

Para ese punto Taehyung ya no podía negar que había perdido el control. Estaba aprovechando que su vecino estaba abriendo las puertas de su intimidad para así poder estar más cerca de él, tal vez en esa llamada podría saber en dónde estaba, si había alguien alrededor, o cualquier cosa que le fuera útil. 

 

“Hola, Taehyung, ¿estabas en clase? No sabía si era mejor llamar o enviar un mensaje”. 

 

“No se preocupe, ya terminó la clase. ¿Sucedió algo?”. Miró a la puerta, notando las figuras de un par de personas tras la madera, al parecer ignorando que había una pequeña ventana por dónde se podían ver. 

 

“Si, dije que tendría tu número para emergencias pero esto no es una emergencia, en realidad. Quería saber cuál es tu hora de descanso, quería invitarte el almuerzo”. 

 

Taehyung se levantó de golpe de su silla, alejándose un poco del escritorio como si de esa manera pudiera evitar que las personas en el pasillo pudieran escucharlo. “Disculpe, ¿quiere venir… hasta acá o…?”, se rascó el cuello apenado, pero algo emocionado también. 

 

“De hecho si, no me queda tan lejos el campus del trabajo, podría ir, comer contigo y volver. Claro, si no quieres o no puedes no habrá ningún problema, no quiero interferir con tus planes”. 

 

“No, no, no, para nada”, se apresuró a decir, “eso me encantaría, a decir verdad”. Estaba tan lejos de su zona de confort. Alguna persona lo escucharía hablar así y lo acusaría de estar lobotomizado.

 

Era casi un hecho que la psiquis de Taehyung estaba siendo alterada por tener atención de su más reciente víctima. 



Alrededor del campus había muchas cafeterías y negocios, tiendas, heladerías. Cosas que pudieran cubrir las necesidades y gustos de los chicos que, en muchas ocasiones, tenían que pasar el día entero en el campus o en su facultad. Cuando Gongyoo llegó, ninguno de los dos se preocupó mucho en escoger un lugar en especial, solo entraron al establecimiento más cercano, que ofrecía un buffet de autoservicio muy convencional. 

 

Conversaron sobre su día y sobre las cosas que hicieron los días que no se vieron. A diferencia de la noche en la que cenaron juntos, Taehyung notó que Gongyoo estaba creando un poco más de espacio entre los dos: las miradas no eran tan intensas, el tono de voz no era tan íntimo, los temas de conversación no eran ni de cerca similares, ni siquiera sacó una silla para Taehyung. Eso le molestó, ¿acaso ya no le pondría especial atención? 

 

Se sintió como un hipócrita porque en aquella cena casi se muere de un infarto, y ahora se encontraba añorando la intensidad de su mirada, pidiéndole discreción. 

 

Luego de terminar de comer, Gongyoo se ofreció a acompañarlo hasta el edificio de Humanidades con la excusa de tener curiosidad por saber cómo lucía el lugar donde trabajaba. Taehyung no quería esa compañía por saberse descubierto bajo la mirada de sus alumnos y otros colegas de trabajo, pero solo por no perderlo de vista por unos minutos más accedió. 

 

Estaba totalmente fuera de su zona segura, hubo un par de miradas curiosas mientras se despedía de su vecino, pero no bajó la cabeza cuando entró al edificio, trató de no verse incómodo. Incluso si lo estaba. Solo que sus instintos obsesivos ganaron la batalla dentro de su psiquis cuando giró su camino hacia la derecha, metiéndose sin tocar a las oficinas administrativas: había mucha gente, secretarias en sus escritorios, una recepcionista atendiendo una llamada, varios alumnos con papelería en mano, algunos maestros conversando entre risas. Pero Taehyung no iba por ellos, no iba por algo referente a cosas administrativas, por supuesto. Se metió entre los escritorios y cubículos de vidrio para llegar hasta la primera ventana que encontró, asomándose entre las rendijas de la persiana para seguir con los ojos las espaldas de Park Gongyoo yéndose del edificio. Caminaba por el largo estacionamiento, miraba hacia los lados para asegurarse de que ningún coche estuviera a punto de salir de algún cajón, pero luego giró en algún punto y los mismos coches ya no le permitieron a Taehyung seguir fisgoneando. 

 

Lo tenía tan cerca, lo tenía justo ahí, pero ya no podía verlo. 

 

No se cansaba de seguirle los pasos, de estar al pendiente de su cotidianidad, de sus rutinas, no evitaba ponerse nervioso al verlo hacer otras cosas. El día anterior no había sacado la basura a la hora que debía hacerlo—o a la hora que estaba acostumbrado a hacerlo—y Taehyung casi perdía la cabeza. 

 

Pero, luego, lo volvía a ver frente a él, lo escuchaba llegar al departamento, escuchaba su voz, y todo volvía a la normalidad hasta el punto que Taehyung se sentía tranquilo, en orden. Era una sensación adictiva. 

 

“¿Todo bien, profesor Kim?”. 

 

La voz de Asun, la secretaria del Departamento de Tesis e Investigaciones de postgrado, lo hizo despegarse de la persiana para darse la vuelta, ofreciendo su mejor actuación y, algo que no solía suceder, su mejor sonrisa. “Todo bien, lo siento, es que ví a alguien con problemas para estacionarse y me preocupaba que golpeara mi coche”. 

 

“¡Ah! Ni se imagina”, hizo una mueca mientras negaba la cabeza, “todos los días vemos a alguien que, en definitiva, no debería tener licencia de conducir, y mucho menos un auto”. 

 

“Bueno, esos coches, en muchos casos, son el regalo de graduación de alguien”. 

 

“Peor aún, ¿no es así? Usted, mejor que nadie, lo sabe”. Taehyung identificó eso como una broma, así que se rió muy bajito, aún sin estar habituado a sonreír en público a lado de alguien que no era para nada cercana a él. “En fin, profesor, ¿hay algo con lo que le podamos ayudar?”. 

 

“Por ahora no, Asun, iba a entregar el protocolo de tesis firmado, de mi tesista, pero aparentemente debí traer el último reporte revisado”. Gran mentiroso, grandísimo mentiroso. Solo había entrado para espiar de nuevo a su vecino, no para entregar ninguna papelería, pero esa chica se tragó toda la mentira y asintió.

 

“Hoy escuché a la profesora Song hablando con Semin, parece que también tuvo problemas con su tesista y el reporte mensual. Aparentemente seguirán aceptando los reportes hasta el fin de semana, porque todos los olvidaron. Así que no se preocupe, profesor”. 

 

Ambos colegas compartieron una pequeña conversación igual de vacía y trivial, tal como era costumbre para Taehyung, pero finalmente él se despidió de la secretaria y se marchó con su maletín en mano. Asun se quedó un momento en su lugar, observando al profesor Kim salir de la oficina administrativa, jugueteó con la pluma azul que llevaba en la mano y, con curiosidad, volteó hacia la ventana, notando que el BYD gris del profesor no estaba a la vista. 



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Taehyung tuvo un sueño con Gongyoo.

 

Tuvo un muy buen sueño con él. 

 

En su sueño, Taehyung volvía a espiarlo por la ventana frente a su departamento y Gongyoo volvía a encararlo desde afuera, parado en medio del estacionamiento vacío pero con la mirada puesta en Taehyung. Gongyoo se apresuraba a volver por el elevador para encontrar a su joven vecino aún parado junto a la ventana. 

 

Pero, con la magia propia de los sueños, Gongyoo se acercaba hasta él para tomarlo de la nuca y jalarlo hacia un intenso beso en la boca, uno pasional y directo que hizo a Taehyung marearse en un solo segundo. 

 

Ahí, en medio de la noche y de la oscuridad, en un largo pasillo con millones de puertas y ventanas, Gongyoo besaba a Taehyung con una violencia casi caníbal pero al mismo tiempo romántica. Le tocaba las mejillas, la cabeza, bajaba hasta su cintura y lo jalaba más cerca de él para que Taehyung tuviera las ganas de regresarle las mismas caricias. Luego, así entre besos y oscuridad, se empezaron a escuchar golpes en las paredes que hacían a las ventanas retumbar. 

 

En algún momento del sueño, Gongyoo obligaba a Taehyung a tumbarse en el suelo para continuar con sus besos, aún con sus manos recorriendo partes de su cuerpo sin detenerse en ningún lugar en especial, hasta que llegaron al sensible y sudoroso cuello de Taehyung. Comenzó a apretar. Eres más adicto a tu enfermedad que a tus pastillas, Taehyung. Le dijo Gongyoo entre besos, mientras sus manos se apretaban cada vez más mientras los golpes en la pared parecían aumentar en sonido. Eres adicto a tener el orden. Taehyung ya no podía respirar, sus labios se abrían para tomar aire por la boca, pero aún así Gongyoo no dejaba de besarle por todas partes. Taehyung se estaba ahogando, pero su cuerpo no hacía el mínimo intento por hacerlo parar. Los golpes a su alrededor, las ventanas vibrando, el suelo temblando debajo de él se hizo ensordecedor, el aire ya no entraba a sus pulmones y sintió que estaba a punto de morir. 




Entonces se despertó boqueando por aire, como si de verdad estuviera ahogándose.

 

Se tocó el cuello como si así pudiera estar seguro de que ya estaba despierto y de que Gongyoo no tenía las manos alrededor de él, pero su respiración estaba muy agitada y todo su cuerpo estaba húmedo por el sudor. Sintió mariposas en el estómago cuando recordó la sensación falsa y ficticia de esos besos. 

 

No pudo evitar suspirar. 

 

Se talló los ojos con los puños y luego revisó la pantalla de su celular, para ver que eran las 3 de la madrugada. Otra vez. Y, así como en el sueño, un golpe en la pared resonó con violencia, poniéndolo en alerta. 

 

Se preguntó si aún seguía soñando, porque era el mismo sonido que escuchó al mismo tiempo que Gongyoo lo besaba. Pero entonces otros extraños sonidos, como cosas cayendo al suelo, provenientes del departamento contiguo lo hicieron brincar de la cama. 

 

Corrió hasta la puerta, abriéndola con manos temblorosas para salir al pasillo. Escuchó la puerta de otro vecino cerrándose con fuerza, porque era evidente que Taehyung no era el único que estaba escuchando el caos dentro del departamento de Gongyoo, y seguramente aquel vecino o vecina estaba pensando más en su propia seguridad que en las cosas que pasaban entre esas cuatro paredes. 

 

La puerta de Gongyoo estaba entre abierta y solo por esa razón Taehyung pudo escuchar que había alguien más ahí adentro, lo podía escuchar mientras soltaba quejas contra Gongyoo. 

 

“Señor Park” jadeó con la adrenalina nublándole la mente, dando lentos y temblorosos pasos hacia la puerta. 

 

Fue imposible no pensar en todas las ocasiones en las que Park Gongyoo rompió su rutina, la noche que salió de su departamento por la madrugada, las veces que lo vio gritar contra el teléfono celular, las extrañas conversaciones que parecía tener. 

 

Mi trabajo también me consume, no puedo tener una vida normal, Gongyoo le había dicho en aquella cena, y tal vez ese riesgo, ese empleo que había que poner por encima de la moral era lo que había llevado a una persona a meterse a ese departamento para, tal vez, atacarlo. Entonces no tuvo opción más que entrar al departamento luego de dar un ligero empuje a la puerta de madera que rechino ante el movimiento. 

 

“Este no era el maldito plan, Park, esto no era lo que debía pasar”. 

 

“¡Si!” exclamó, “pasó lo que debía pasar, Min, tu egoísmo no te deja pensar en que todo esto funciona para un plan mayor”. 

 

“¿Un plan mayor? ¿Eres idiota?”. 

 

Taehyung se quedó helado, de pie con una posición astillada, cuando encontró las espaldas de un hombre que encaraba a Gongyoo, apuntándolo con una pistola que Taehyung no alcanzaba a detallar desde su posición. 

 

“¿Cómo mierda será un plan mayor si esto nos va a joder a todos? Nos vendiste, Park, a cada persona de este país la vendiste en una bandeja de plata”. 

 

Gongyoo tenía las palmas de las manos a la vista para que Min, el hombre que lo tenía amenazado, no se viera tentado por dispararle. “Jamás lo vas a entender”. Él, desde su posición, había visto a Taehyung entrar, pero no podía permitir que se pusiera en peligro así que no hizo ninguna seña que demostrara que había alguien en la habitación, junto con ellos. 

 

Pero Taehyung se asustó, pensó que lo mejor que podía hacer era correr lejos y llamar a la policía, solo que un pedazo de vidrio tronó debajo de su zapato cuando intentó retroceder. Juró haber visto en cámara lenta al hombre armado girarse en su dirección apenas el ruido rompió el espacio. 

 

“¿Quién es él?”. 

 

“No es nadie” respondió Gongyoo tratando de abalanzarse hacia adelante, pero Min comenzó a intercalar el cañón de la pistola entre los dos.

 

“¿Qué carajos es..?” Taehyung jadeó cuando vio el arma apuntándolo.

 

“¡Ninguno de los dos se mueva!”. 

 

“Levanta las manos, Taehyung, tranquilo, solo levanta las manos”. Ambos se miraron a los ojos, sabiendo que estaban en peligro, pero Taehyung obedeció y mostró las palmas mientras intentaba regular su respiración. Hasta en ese instante Taehyung se dio cuenta que Gongyoo tenía un fuerte golpe en el pómulo. “Min, él es solo mi vecino, puedes dejarlo ir, no es una amenaza para nadie”. 

 

“¡Ah! ¿Sabes quién tampoco es una amenaza? ¡Todos los civiles que se morirán de hambre por tu maldita soberbia!”, el hombre caminó hasta Taehyung sin despegar la mirada de Gongyoo, “así que no importa si le meto una bala a él primero, ¿no?”. 

 

“Mierda, por favor, yo no… no dispares”. 

 

Gongyoo observó como Taehyung ni siquiera podía articular palabras, era como si su pecho estuviera completamente vacío de aire, por lo que no podía hablar con normalidad. No esperaba menos, Taehyung estaba siendo apuntado con un arma. 

 

“Taehyung, mírame a mí” le dijo tratando de demostrar paciencia, “todo estará bien”. 

 

“Nada estará bien”, el hombre gruñó y, por impulso de su molestia, tomó a Taehyung del brazo y lo hizo entrar aún más en la habitación, haciendo que más vidrios crujieran debajo de él. “Me usaste, Park. Me traicionaste a mí, mi ideales, usaste cada herramienta que te dí para hacer todo esto. ¿Qué pasará en unos años, cuando este país se quedé a la deriva? Será sin ningún motivo, solo porque ese grupo de personas te lo pidió, ¿pero tú qué vas a ganar, Park? ¿Acaso obtendrás alguna ganancia monetaria, espiritual? Un jodido traidor como tú jamás obtendrá nada, como si fuera un premio”. 

 

“La gloria, Min, obtendré la gloria, mi nombre y el de los demás estará en los libros de historia, el tuyo podría estar ahí también si no fueras un maldito cobarde. ¿Sabes qué? Justo ahora podrías estar en Suiza, en Dubai, ¿a donde te gustaría ir? Porque podrías estar ahí mismo”. 

 

“¿Pero a qué costo?”. 

 

“A ninguno, ¿no te das cuenta?”. 

 

Taehyung no estaba entendiendo absolutamente nada; sus manos no dejaban de temblar, pero sus ojos no se apartaban de los ojos de Gongyoo, que parecía estar intentando persuadir al hombre que lo tenía ahora encañonado. Su inconsciente estaba tratando de encontrar una forma de huir, pero sabía que si se movía terminaría con una bala metida en el cerebro. Entonces no hizo nada más que mirar a Gongyoo y esperar a que él lo salvara. 

 

“Tú y yo no vamos a vivir para ver las consecuencias, si eso es lo que preocupa. Toma el dinero, vete de aquí y vive a tu gusto”. 

 

“No lo entiendes, Gongyoo”. Su frustración la estaba sacando contra Taehyung, quien recibió otro empujón, haciéndolo trastabillar. “No me importa únicamente el futuro, me importa el presente, nuestra realidad, ¿qué pasará mañana? ¿Qué pasará en un mes, o en un año? Las consecuencias las podremos ver en treinta años, pero los cambios serán graduales desde hoy, ¡y eso me asusta!”. 

 

“Entiendo que estés asustado, Min, pero, escúchame, ¿de qué te sirve hacer toda esta tontería? ¿Crees que ganarás algo asesinando a mi vecino?”. Gongyoo observó como Taehyung apretó los labios, y ese movimiento dejó notar como su mandíbula estaba apretada de la ansiedad y del estrés. 

 

Min se rió y negó con la cabeza, “asesinarte a tí me ayudaría a que todos se enteren de lo que hiciste, todos sabrían por qué te maté y darían marcha atrás a tu estúpido plan de mierda”. 

 

El pecho y los hombros de Taehyung comenzaron a subir y bajar con aún más violencia, sus ojos se abrieron con preocupación y Gongyoo deseó poder decirle que no tenía que entrar en pánico, pero al mismo tiempo, le daba curiosidad saber qué podía pasar si Taehyung se desequilibraba. Más curiosidad le daba saber qué había en su cabeza. 

 

Sus prioridades no estaban donde debían estar. 

 

“¿De verdad crees que puedes dar marcha atrás?”. Su arrogancia fue la razón por la cual el cañón dejó de apuntar a Taehyung. 

 

“No me cuesta nada intentarlo”. 

 

Gongyoo vio a Min apuntarlo justo cuando el arma hizo click apenas se quitó el seguro, no iba a negar que sintió un vértigo golpearlo por un instante. 

 

Taehyung era un hombre fuerte, era alto; sus hombros y brazos resaltaban cuando se ponía sus camisas para ir a trabajar, además,  no había por qué mentir, sus piernas también se notaban fuertes. Había muchas cosas en las cuales pensar, pero Gongyoo ya no estaba pensando únicamente en las cosas que podrían estar ocurriendo dentro de la cabeza de Taehyung, sino que también estaba pensando en su cuerpo, porque lo vió tensarse al mismo tiempo que todo su peso entero se empujó contra la figura de Min Seokgi, su colega de trabajo dentro de la NIS. 

 

A Taehyung solo le tomó un par de segundos tirar a Min al suelo, le apresó la mano armada contra el piso y luego le propinó un buen puñetazo en la cara. 

 

“¡No te acerques!” gritó Taehyung. Gongyoo retrocedió en su lugar cuando alcanzó a ver cómo Min hacía el intento de levantarse. Ambos hombres, forcejeando en el suelo, no dejaban de soltar quejidos y maldiciones contra el otro. 

 

“Niño, tienes que acabar con él”, le dijo el hombre con los dientes apretados, tenía el rostro sudoroso y ya le estaba escurriendo algo de sangre de la ceja, justo donde Taehyung le había golpeado, “él no es quien tu crees, es una mierda de persona y te cambiaría a tí por…”. 

 

“Cállate” le respondió con el mismo tono de voz, encajando su rodilla en el vientre del hombre. “Cállate de una puta vez, no has hecho nada más que llorar”. Algo en sus ojos se notaba fuera de lugar, tan abiertos, y con las pupilas tan dilatadas que Min Seokgi podría jugar que sus ojos eran completamente negros. 

 

“Él ha hecho algo muy malo”, trató de sacudirse a Taehyung de encima, luego soltó un quejido por el dolor en el estómago que le robó la respiración. “Él ni siquiera está haciendo algo para ayudarte. ¡Mátalo a él!” gritó fuera de sí cuando finalmente el arma cayó de su mano. “¡Tienes que matarlo, tienes que matarlo!”. 

 

Los dos rodaron en el piso cuando Min logró empujarse contra Taehyung, con el único objetivo de quitarle de regreso la pistola que le robó. 

 

Pero Gongyoo estaba quieto  y en completo silencio en su lugar, observando como Min Seokgi estaba sobre su joven vecino, no hizo absolutamente nada para ayudar a Taehyung. Sintió algo de culpa burbujeando en sus entrañas, también tenía miedo de que algo saliera mal y Taehyung resultara herido. Pero él lo necesitaba, Gongyoo necesitaba llevar a Taehyung hasta su límite. 

 

Entonces un disparo resonó por todo el lugar, la onda de sonido viajando de pared en pared, de departamento en departamento hasta los demás pisos encima y debajo de ellos. Quién sabe hasta donde se escuchó, pero Park Gongyoo no estaba preocupado por ello. 

 

Taehyung gruñó cuando se quitó el peso muerto de Min Seokgi de encima, tirándolo a su costado. Se tambaleó mientras intentaba ponerse de pie, pero logró encarar a Gongyoo mientras lo apuntaba con el arma. Su rostro estaba salpicado de sangre, Gongyoo quiso avanzar hacia él para quitársela de la cara, pero Taehyung levantó más la pistola. 

 

“¿Qué mierda fue todo eso?” preguntó completamente enloquecido, con las pupilas dilatadas y los labios entreabiertos. Taehyung juraba que tenía el corazón justo en la garganta, pues sentía todo el cuerpo hasta su cabeza latir, podía escucharlo y sentirlo en las sienes. “¿Por qué..?”. 

 

“Relájate, tienes que bajar el arma”. 

 

“¡No!” gritó retrocediendo un paso. Miró el cuerpo en el suelo. “¿Si lo ves? ¡Lo maté!”. 

 

“Lo sé, Taehyung, lo siento mucho. Tienes que relajarte porque tenemos que hablar ahora antes de que llegue la policía”. Sabía muy bien que Taehyung no le iba a disparar, así que se tomó la libertad de llegar hasta él, con sigilo. 

 

“Si, tienes que explicarme de qué carajos estaba hablando ese sujeto”, apuntó al cadáver con el dedo, “y tienes qué explicarme por qué me dejaste matarlo”. Las manos de Gongyoo llegaron hasta sus muñecas, sosteniéndolo con mucho cuidado. “Sabías que si no hacías algo yo lo iba a matar”. 

 

Ladeó una mueca con algo de culpabilidad, “dame el arma y hablaré contigo, te lo explicaré todo”. Su mano, lentamente, acarició la mano de Taehyung hasta que tocó el arma, todo eso sin despegar sus ojos de los de él. Taehyung no puso resistencia cuando Gongyoo le quitó la pistola, luego la lanzó al otro lado de la habitación. 

 

“Querías que lo matara”. 

 

“Necesitaba deshacerme de él”. 

 

“Y me usaste a mí”. 

 

Por alguna razón, en ese punto empezaron a susurrar, sus rostros estaban tan cerca y Gongyoo estaba sosteniendo sus brazos con mucho cuidado, usando sus pulgares para acariciar su piel. Le gustaba la intimidad de la escena. 

 

“No, Taehyung, no te usé. Quería dejarte atrapado en esta situación”. Vió los labios de Taehyung temblar, los tenía un poco manchados de sangre pero aún así quiso besarlo, a pesar de que la sangre siempre le había causado mucha repulsión. “Ahora estás atrapado conmigo, no puedes dejarme porque yo soy la única persona que puede sacarte limpio de esta situación”. 

 

“No te estoy entendiendo” balbuceó. 

 

“Seguramente alguien llamó a la policía desde que se escucharon los gritos, y yo tengo que llamar a mi jefe también. Tú y yo, escúchame…”, sostuvo la cabeza de Taehyung con ambas manos cuando sus ojos empezaron a desviarse hacia el cadáver a su lado, “mírame a mí. Tú y yo vamos a declarar que somos pareja, fuimos a la cama después de las 9 PM pero él llegó a mi departamento, armado y amenazando con matarnos a los dos, yo intenté desarmarlo pero tenía ventaja, hasta que se distrajo y tú pudiste pelear con él, pero te encañonó y no pudiste hacer nada más que forcejear hasta dispararle mientras estaba encima de ti, ¿si me escuchaste?”. Taehyung asintió con la cabeza ante las lentas y suaves palabras de Gongyoo. “Si nos apegamos a la historia nadie podrá probar nada”. 

 

“¿Nada?”. 

 

“No, él tiene problemas en la agencia, sabían que estaba enloqueciendo así que esto no será tan… inesperado”, fue su turno para mirar a su colega muerto sobre una enorme mancha roja llenando el suelo, justo a su alrededor. “Prometo que voy a explicarte lo que pasó, pero ahora solo debemos pensar en la declaración”. 

 

Lo pensó un poco, sus párpados por fin empezaron a relajarse un poco más a cada segundo, “pero no soy tu pareja”. 

 

“Mi amor” dijo casi con ironía, como si se estuviera burlando de él, “nos conocimos hace dos años cuando me mudé aquí, somos pareja desde hace un año pero manteníamos nuestra relación con mucha discreción debido a mi trabajo”. 

 

“¿Seguridad privada?”. Para ese punto Taehyung ya estaba embrutecido. 

 

Negó con la cabeza, “soy agente de la NIS”. 

 

“Ah”. 

 

“Necesito saber con qué te medicas, Taehyung, en caso de que te hagan exámenes”. Sus pulgares comenzaron a acariciar las mejillas de Taehyung, quien cerró los ojos por el tacto y negó. 

 

“Dejé mi medicamento hace un año”, se mordió el labio inferior, censurándose. 

 

“¿Cuál es tu diagnóstico?”. 

 

“TOC”. 

 

“Mh”, asintió, ganándose de nuevo la mirada de Taehyung, “¿hay alguna relación entre tu TOC y las razones por las cuales siempre me estás espiando?”. Reforzó su agarre cuando Taehyung trató de desviar la mirada por segunda ocasión, obligándolo a mantenerle la mirada. “Necesito que me lo digas”. 

 

Eso no era necesario para la declaración ante los agentes, era únicamente porque quería saber. 

 

“Estoy obsesionado con tu rutina” murmuró y Gongyoo asintió lentamente, “fue un accidente, no quería que fuera así”. 

 

“Está bien”. 

 

“Pero era inevitable estar al pendiente de lo que hacías en el día”. Apretó los labios y esperó alguna reacción del hombre que lo sostenía como si intentara impedir que se cayera a pedazos. “Comenzó de poco a poco, hasta que hubo días en los que no podía dormir hasta que sabía que estabas en tu casa; me ponía ansioso si no sacabas la basura  los martes a las 4:30”. 

 

“Entiendo, está bien” dijo con amabilidad cuando Taehyung cerró los ojos de vergüenza.

 

“Solo quería que todo estuviera en orden, quería que tú siguieras… ese orden”. Apretó los ojos cuando Gongyoo comenzó a acariciarle la mejilla con más cariño y ya sin intenciones de dejarlo quieto, sino de consolarlo. “No puedo dejar de pensar en ti, todo el tiempo estoy preguntándome en dónde estás, qué estás haciendo, cuándo volverás a casa”. 

 

Gongyoo lo tocó con cuidado, dejando que sus dedos se escurrieran por entre las hebras de su oscuro cabello hasta llegar a su nuca, atrayendo a Taehyung más cerca, a la distancia precisa para poder darle un beso. No fue tierno ni amable, no fue un primer beso lindo. Lo beso con intensidad, con una increíble profundidad que Taehyung definiría como caníbal, agresiva. 

 

Empuñó su cabello, lo apretó contra sí mismo, lo mantuvo cerca y Taehyung pareció hacerse más pequeño con todo eso, disfrutando del calor. 

 

Quiso acercarse de nuevo a su boca cuando Gongyoo se apartó. 

 

“Ya no tendrás que preocuparte por eso nunca más”, dijo peinando el cabello de Taehyung hacia atrás, “y retomarás tu medicamento también”. 

 

“Está bien”. 

 

Muy lejos, apenas identificable, se hicieron escuchar las sirenas. Gongyoo suspiró cansado y se alejó de Taehyung para buscar su celular, tecleó apenas un poco para hacer una llamada.

 

“Señor” saludó, dándole la espalda a Taehyung como si eso le fuera a dar privacidad en su llamada, “El agente Min Seokgi vino armado a mi casa. Si, aparentemente fue por esa razón”, tomó una pausa, escuchando a su jefe. Taehyung no sabía si podía tomar asiento en el sillón pero de todas maneras lo hizo, empezaba a ponerle ansioso que las sirenas se estaban acercando más y más. “Si… es una baja. La policía está llegando a mi complejo departamental”. 

 

Taehyung, desde su lugar, se asomó para ver al cadáver en el suelo, lamentando mucho haber terminado en esa situación. Luego pensó que no tenía las herramientas suficientes para saber si él, Taehyung, había hecho algo bueno o no. 

 

Él ha hecho algo muy malo, le había dicho el ahora occiso, pero… Bueno, a Taehyung no le importaba. 

 

Así como no le importó si Park Gongyoo era narcotraficante, asesino a sueldo, guardaespaldas de un mafioso o sacerdote, tampoco le importaba haber asesinado a una persona desconocida que planeaba asesinar a su ahora pareja. 

 

Había algo impactante en que Park Gongyoo quiso involucrarlo en ese asesinato para orillarlo a quedarse con él como pago por su libertad. Sin embargo, también era algo atractivo para él. Sentía cosquillas al pensar que Gongyoo haría lo que fuera para mantenerlo a su lado. 

 

Era aún más atractivo que Gongyoo supiera que había algo muy malo en el cerebro de Taehyung y que no le tuviera repudio. 

 

En definitiva, la moral de Taehyung no estaba por encima de Park Gongyoo. 

 

“¿Estás bien?”. 

 

Taehyung levantó la mirada cuando Gongyoo llegó de nuevo hasta él, acomodando el cojín del sillón para sentarse a su lado. 

 

“La policía ya está siendo notificada de que este asunto es de la NIS, así que no tienes nada de qué preocuparte, ¿bien?”. 

 

Taehyung asintió y suspiró, “creo que tendremos que mudarnos de este edificio”. 

 

“Te llevaré hasta donde tú quieras”, le puso una mano en la pierna, dándole un apretón. 

 

El sonido de las sirenas llegó hasta ellos, a través de la puerta abierta se alcanzaba a ver la ventana del pasillo, en dónde rebotaban las luces azules y rojas de las patrullas. No había ningún otro ruido, probablemente todos los vecinos estaban encerrados en las habitaciones de sus departamentos, asustados o preocupados por recibir alguna bala perdida. 

 

Nadie tenía ni idea de que en el departamento 218B no había nadie más que un cadáver, un agente de la NIS y un profesor de Ética que, en realidad, había perdido todos los escrúpulos esa noche, y solamente para ganarse la atención de un hombre mayor que él. 

 

“Me gustaría volver a Daegu, soy de allá”. 

 

Gongyoo sonrió y asintió sin dudar, “por supuesto, te llevaré a Daegu”.

Notes:

Yo sé qué es lo que hizo Gong Yoo y sé por qué su compañero de trabajo lo quería matar. Aún así creo que será divertido mantenerlo en secreto, así que nadie sabrá cuál fue su pequeñita travesura jejeje

Como siempre agradezco a mi mejor amiga Eduar por ser mi mano derecha cuando escribo fanfics con shipps curseados y tramas así de malas; te amo amiga ❤️❤️❤️😘

Agradezco sus kudos, lecturas y/o comentarios, las kiiieeroooo muack