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Mi Dulce Adicción

Summary:

Los planes usualmente salen completamente opuestos a como esperamos.

Anon I. Mous creía que podría terminar su último año escolar en paz. Después de haber tenido que mudarse tras la traición de aquellos que llamaba amigos, esperaba simplemente ser un fantasma en una multitud de dinos. Sin embargo, esos planes se ven destrozados, cuando un encuentro poco fortuito con una raptora amante de las sustancias puso su vida de cabeza.

Chapter 1: Locura Rosa

Chapter Text

2 De Abril

Año 201M2020 AC.

Volcadera Bluffs

Condiciones meteorológicas: Perfectas.

La primavera. Esa época del año donde la vida rejuvenece. Los pájaros cantan y los campos se llenan de vivos colores y olores naturales.

Las temperaturas ya alcanzan valores óptimos. Ni muy calurosas ni muy frías. Aunque por las mañana aún se siente esa fría brisa proveniente de la costa. Un recordatorio de que apenas unas semanas atrás, la mayoría de habitantes de Volcadera Bluff preferían quedarse en el cómodo calor del interior de sus casas.

Pero eso ya terminó.

En especial, para los más jóvenes de la ciudad.

¡Y la afición grita de emoción!

Las escuelas de toda la ciudad se han concentrado en el Instituto Volcano High, atraídos por la emoción y la adrenalina. Después de todo, ya comenzaron los juegos interescolares, y solo los más estudiosos y amargados no se animan a contemplar tal acontecimiento.

Más de diez escuelas se concentran en Volcadera, y sus estudiantes ansiosos anhelan el triunfo en cada una de sus disciplinas.

Fútbol, Fútbol americano, natación, atletismo, tenis, bádminton, gimnasia, deportes de combate, volleyball, ajedrez, petanca... Nombra un deporte y de seguro habrá algunos estudiantes participando.

Sin embargo, esta historia se centraba en un pequeño grupo de estudiantes, cuya mayoría en este momento se encontraban sentados sobre la banca correspondiente para los espectadores de Volcano High, deseosos de presenciar la carrera de apertura de cuatrocientos metros con vallas.

Y por supuesto, había una más animada que cualquier otra.

—¡Ánimo, Nasipu! ¡Tú puedes con ellos!

Desde el medio del grupo, la voz chillona de una parasauria de escamas melocotón y cabello rubio se destacan sobre las demás. Las leyendas dicen que Naomi es capaz de romper vidrios de hasta una pulgada de espesor con el tono de su voz. Claramente es una exageración. Pero aquellos a su alrededor, tuvieron que taparse los canales auditivos tenían sus dudas en ese momento.

Sobre la pista, ocupando el carril del centro, un ptero macho de escamas oscuras estiraba las piernas y se preparaba mentalmente para dar su mejor desempeño. Naser Aaron, el mejor atleta de Volcadera y capitán del equipo de Atletismo. Y también, el novio de la propietaria de esa voz chillona que se escucha desde las gradas.

Naser se giró a su público, y no tardó en divisar al pequeño grupo donde la parasauria destacaba con sus manos agitándose de lado a lado. El ptero sonrió complacido por el apoyo, y como recompensa, se dió un beso en la mano y lo sopló en dirección a la chica.

Solo Naomi fue capaz de ver el enorme corazón rosado volar por los cielos. Un producto de su imaginación. Pero uno que la golpeó con la fuerza suficiente como para tumbarla sobre el asiento, mareada, botando sangre por la nariz mientras pequeños corazoncitos flotaban en círculos sobre su cabeza.

Una emoción que no compartía cierta ptero de escamas blancas y vestimenta punk que estaba a su lado.

—Arg... Ustedes dos me van a hacer vomitar.

Lucy Aaron, también conocida como Fang, tenía la desdicha de compartir el puesto junto a la manzana confitada de escamas melocotón. La ptero se cruza de brazos, dejando escapar un gruñido molesto por el exceso de afecto, claramente mostrando su descontento con la situación.

—Tsk... ¿Cuándo van a comenzar? ¿O vamos a tener que estar esperando toda la puta mañana?

Y justo al lado de la ptero, posiblemente la individua más problemática de todo Volcano High. Con un récord difícil de batir por participación en tiempo de castigo, una triceratop de escamas moradas y actitud repelente. Patricia John... O Patricia Lechuga, dependiendo del fanficción, más conocida como Trish, y el peor dolor de muelas del instituto. Una que claramente no quería estar aquí.

—Deberíamos estar practicando en el auditorio, y no viendo a un puñado de idiotas sin cerebro perdiendo el tiempo.

Y a su lado, el último integrante del grupo, un humano calvo y de chaqueta verde que rodaba los ojos con cansancio ante la impaciencia de la triceratop. Anon I. Mous. El único humano presente en todo el estadio.

—Por Jesus Raptor, Trish. ¿Podrías dejar de protestar por solo cinco segundos? —Comentó el chico con tono molesto, cosa que no agradó en lo absoluto a la chica triceratop a su lado.

Misma que se giró en su dirección con tono enojado. —Yo digo lo que me deja la gana, skinny. No eres quien para decirme que hacer.

—Entonces deja de ser un dolor en el culo, Trigga.

Anon y Trish comenzaron otro de sus intercambios poco éticos de palabras obscenas, haciendo que tanto la ptero gótica como la parasauria melocotón miraran en su dirección con cara de poker. Naomi y Fang solían estar en desacuerdo en casi todo, aunque esta vez fue una excepción.

—Y ya empezaron. —Comentó la parasauria ahora con un tono más cansado.

—Otra vez. —Complementó la ptero, dando a entender que este tipo de escenas era algo bastante normal.

Sin embargo, el evento no esperaba por discusiones absurdas, y pocos minutos después, los corredores se encontraban en sus respectivos puestos, listos y a la espera del disparo de salida. El estadio se quedó en un silencio contenido, mientras cada dino presente esperaba con ansias el inicio del evento.

Y así fue.

El disparo de salva anunció la salida, y tanto los corredores como los espectadores estallaron en una energía imposible de contener. Los primeros dándolo todo sobre la pista, los segundos alzando sus voces en vítores y frases de apoyos para sus contemporáneos.

Sin embargo, y a pesar que fue una carrera impresionante, la victoria del ptero de escamas oscuras sobre el resto de competidores ya estaba decidida incluso antes de llegar a la mitad de la vuelta en la pista.

—¡Si! ¡Tú puedes con ellos, Nacipú! —La voz de la chica parasauria se alzaba sobre el resto.

Naser finalmente cruzó la línea de meta, obteniendo la victoria por dos segundo delante del segundo competidor. Un diloposaurio de escamas rosadas que dió todo de él como el resto de competidores.

En las gradas, la euforia era incontrolable, en especial la de cierta chica parasauria color melocotón.

Sobre la pista, Naser brillaba con luz propia, aunque posiblemente fuese el efecto de los rayos del sol incidiendo sobre su sudado cuerpo de atleta. Uno que mientras alzaba sus manos para remover el sudor de su cabeza y tomaba agua de una botella, imitando esas poses de anime sin darse cuenta, levantaba fantasías poco decorosas en más de una fémina. Aunque ese macho sexy ya tenía dueña.

—Mierda... Los hizo morder el polvo. —Comentó el humano con algo de incredulidad.

—Por supuesto. —Alegó la parasauria con total seguridad. —No existe forma de que Na... ser...

Naomi detuvo cualquier comentario, a la par que en su rostro aparecía un total desconcierto al voltear la vista hacia el humano. Algo que, por supuesto, llamó la atención del resto de acompañantes, pues la parasauria no era de aquella que dejara las frases a medias.

Trish y Fang fueron las primeras en reaccionar, mirando en la misma dirección en la que los ojos de la presidenta miraban, solo para que una expresión de sorpresa apareciera en el rostro de ambas. Todo, mientras el humano se preguntaba qué demonio pasaba con esas tres.

Lo que Anon ignoraba, era la imponente figura que permanecía a sus espaldas.

Las tres chicas no fueron las únicas en notarlo. ¿Pues cómo podía un ser tan grande pasar inadvertido? Uno, que se alzaba a casi dos metros y medio por encima del suelo, y que aún así, fue lo suficientemente silencioso para acechar al humano sin que este tuviese la menor idea de su presencia.

Pero lo que sí no se podía ignorar, era el silencio que en esa región de las gradas reinarás, como si todos contuvisen el aliento ante lo que posiblemente estaba a punto de pasar.

Un tiranosaurio. Uno que superaba a cualquiera en altura. Uno, cuyos afilados y blancos dientes se mostraban imponente en todo su esplendor. Escamas azules como el océano más profundo, y una mirada que parecía ser capaz de verlo todo. Uno, que se enfocaba en el enclenque humano frente a él como si no fuese más que un jugoso pedazo de carne.

Un pedazo de carne tonto que no era capaz de percibir el peligro que lo acechaba.

Anon entonces sintió el silencio pesado. "Algo andaba más." Eso fue lo que su instinto le gritó desde lo más profundo de su espina dorsal. Más, cuando notó que tanto Naomi, como Fang y Trish, miraban con expresiones difíciles de entender sobre sus rostros. Y sin poder evitarlo, un escalofrío recorrió cada una de sus huesos.

Sabía que había algo a sus espaldas... Pero ya era demasiado tarde. Y cuando alzó la mirada, ya no había posibilidad alguna de huir.

—¡No! ¡No! ¡Espera! ¡Es...! ¡Arg...!

Anon se quejó en vano, pues no tuvo posibilidad alguna cuando cuando esa montaña de dientes se abalanza sobre él, y en menos de un segundo tanto tanto su cabeza, como manos y mitad de su torso desaparecieron en el interior de la boca de esa cosa.

Nadie hizo nada. Nadie siquiera movió un músculo. Solo expectantes a la macabra escena que ocurría justo frente a sus narices. Algunos incluso se reían en voz baja, como si más que miedo realmente estuvieran disfrutando del espectáculo.

El mensaje fue claro...

Nadie ayudaría al humano en esta situación. Nadie alzaría su voz en su defensa. Al contrario. Parecían disfrutarlo o simplemente ignorarlo. De hecho, la cara de poker de Trish y Naomi, y la cara divertida de Fang no tenía ningún sentido.

Por el contrario, Anon parecía luchar en vano, pero sus piernas no eran capaces de encontrar apoyo para escapar de su posible final. Sin embargo, cuando el T-Rex tomó las piernas del humano y las alzó en el aire.

Sobre la pista de carreras, Naser miraba con desconcierto la escena. Como ese enorme T-Rex devoraba a ese humano en medio de la multitud como si nada. Algo tan extraño, que incluso ese mismo dilofosaurio que quedó en segundo lugar se acercó con curiosidad al ptero.

—Men... ¿Es eso normal?

Naser suspiró con diversión. —Si... Lo es.

Y entonces... Las piernas del humano desaparecieron en el interior de la boca del gran dino azul, quien mostraba con un orgullo inquebrantable sus grandes colmillos y su... ¿Corona?

Por otro lado, las cosas para el humano no fueron del todo agradables. Primero, su vista estaba saturada del mar de colores que conformaba el resto de estudiantes a su alrededor, mientras entablaba una discusión sin sentido con la triceratop.

Y de repente, todo se tornó oscuro.

Anon trató de luchar, pero en vano pero nada de lo que intentaba daba resultado. Quien quiera que trataba de someterlo, tenía la fuerza y la determinación para hacerlo sin problemas.

El mundo para Anon se comprimió a su alrededor. Dio unas vueltas y cayó al vacío hasta que su cuerpo quedó suspendido en lo incomprensible. Todo a su alrededor era borroso, difícil de interpretar. Su cabeza daba vueltas, confundido. Y cuando finalmente la tormenta parecía haberse detenido, abrió los ojos y lo que vió fue a un...

—¿Osito?

—Jiji.

Una segunda voz resonó en su cabeza, y el calvo tardó unos segundos en entender la situación. Lo que tenía delante, no era más que el diseño de un pequeño oso bordado sobre un trozo de tela blanco. Un trozo de tela, cuyo objetivo era cubrir el trasero de...

—¿¡Rita!?

—¿¡Rita!?

Oh Reeda... Dependiendo de qué tan perezoso seas poniendo nombres.

Una chica raptora de escamas rosas, con algunos toques más claros sobre su hocico. Una gran cola con abundantes plumas del mismo color sobre la base y la punta, dándole es aspecto de un gran abanico. El cabello, de igual color, algo alborotado y sujeto apenas con una cinta. Y sus ojos malva, tenían esa curiosa chispa de diversión que tanto la caracterizaba. 

Aunque claro, adherencia de la imagen, Rita en ese momento solo portaba un juego ropa interior blanco. Nada más... Nada menos.

La raptora llevaba puesto el disfraz de Rex, la mascota de la escuela. Un disfraz de T-Rex azul que se mantenía firme debido a algunos soportes dentro del traje. Un traje extremadamente caluroso, en especial en verano.

—Jiji... Te atrapé. —Comentó la chica con tono divertido.

—¿Qué estás haciendo? —Preguntó el humano, ahora un poco enojado por la realización de lo que había pasado. Tratando de ignorar que tenía el trasero de la chica raptor justo delante de su cara.

Qué sentido del humor más vulgar.

—Jiji... Solo quería tomarte por sorpresa. Y parece que lo conseguí.

—Aja... —Decía el humano con cara de poker. —Y ahora... ¿Cómo se supone que voy a salir de aquí?

La cara de Rita se quedó congelada en una expresión sonriente, pero lo cierto es que su cerebro se quedó en blanco. La verdad era que no tenía la respuesta para esa pregunta.

Anon había caído de cabeza dentro del traje. Se deslizó entre la espalda de la raptora y las fibras del disfraz, hasta detenerse en la división de las piernas y la cola. Punto exacto donde la cabeza de Anon se detuvo, teniendo una vista perfecta del osito bordado en el panty de la chica. Al mismo tiempo, las piernas de Anon ahora se alzaban por encima de la cabeza de Rita, ocupando el espacio que quedaba libre en el interior de la gran cabeza del disfraz.

No había forma de que pudiera salir de la misma forma en la que entró.

—Carajo... No puedo... moverme. ¿Puedes darte vuelta?

Anon dudó en la respuesta. —Lo intentaré. —Y deja de presionar tu trasero contra mi cara.

—Solo date vuelta.

La situación dentro del disfraz era tan caótica como fuera. Los estudiantes aprovechando el momento para ver como la mascota de la escuela de Volcano High devoraba era humano calvo, y ahora... Todos simplemente estaban a la espera de algo.

Y algo comenzó a pasar.

De repente, la tela del disfraz comenzó a estirarse de forma que no debería. Las manos del humano tratando de darse vuelta se marcaban sobre el tejido, como si de una película de terror, en la cual alguien aún vivo trataba de escapar del estómago de un monstruo.

Aunque claro, la cara de la mascota no correspondía con la situación caótica de su cuerpo.

Menos de las voces provenientes del interior del mismo.

—¡Áuch! Cuidado con mis plumas.

—Mierda... No encuentro donde aguantarme.

—Mueve el pie... ¡El otro pie!

—Arg... Tengo tu pelo en mi cara. ¡No veo nada!

—Trata... de.... girar... te...

—Espera. No es tan sencillo. Arg... Mi chaqueta se trabó con algo.

—¡Iahh! ¡Ey! ¡Mira donde pones esa mano!

—Lo siento. Lo siento. Está suave.

—¡Iahh! ¡Anon!

—Lo siento.

—¡Mete el pie por el agujero!

—¡Eso se escuchó terriblemente mal!

En el exterior, aquellos que estaban lo suficientemente cerca para escuchar las voces del humano y la raptora no eran capaces de aguantar la risa dado lo ridícula y curiosa de la situación. Fang tenía que aguantarse el pico para no estallar en carcajadas, mientras Trish solo resoplaba molesta y cansada de la situación.

Sin embargo, cierta parasauria melocotón amante de las normal no veía con buenos ojos tal... despliegue de actividades indecorosas.

—¡Anon! ¡Rita! ¿¡Se puede saber qué demonios están haciendo!? ¡Van a romper el traje de Rex!

De repente, el disfraz dejó de moverse, mientras un silencio denso se instauraba a su alrededor. La cabeza del disfraz comenzó a girarse lentamente, y esa sonrisa llena de dientes falsos se posó sobre la parasauria como un depredador mirando a su presa. Algo que le provocó un sobresalto a la chica.

Sin embargo, la tensión no duró mucho, cuando una tercera mano apareció del cuerpo del disfraz, apuntando hacia la pista, claramente siendo empujada desde el interior del mismo, a la par que la voz del humano algo irritada se podía escuchar con eco.

—Oye. No sabes lo difícil que es esto.

Fang dejó escapar un bufido ante su incapacidad de contener la risa. —Esta... Está del otro lado.

El disfraz súbitamente giró su cabeza noventa grados, y una nueva mano apareció en el sentido correcto mientras la otra desaparecía.

—No sabes lo difícil que es esto.

Eso fue demasiado. Fang no pudo controlar su risa, y sus graznidos de gaviota moribunda escaparon de su boca como una carcajada incontrolable, acompañada de las risas de muchos otros estudiantes. Incluso Trish tuvo que mirar en sentido opuesto, pues sus hombros sacudiéndose en ocasiones daba a entender que estaba luchando para no reírse también.

Aunque claro, a la parasauria no le daba gracia ninguna tal cosa.

—Solo quítense eso. Si lo rompen lo van a tener que pagar.

—Esta bieeeeen. —Respondió Rita con desgano. —¿Listo Anon?

—Eso creo.

—Vale. Un paso a la vez. —Los dos idiotas casi se tropiezan y caen por las escaleras. —¡El otro pie!

—¿¡Cómo iba a saberlo!?

—Tú sígueme. Izquierda. Derecha. Izquierda. Derecha. Izquierda. Derecha...

Y así, entre risas y algunos tropiezos, Anon y Rita fueron capaces de bajar las escaleras de las gradas, obteniendo algunos pocos aplausos improvisados por el espectáculo.

Caminar al mismo tiempo no era nada sencillo, pues ambos tenían que compartir el espacio en el interior de las piernas del disfraz al mismo tiempo. Por tanto, ambos debían estar sincronizados.

—¿Falta mucho? —Pregunto el humano con fatiga. —Esto es un horno.

—Jiji. Ya casi. Aguanta un poco más.

El disfraz se movió con torpeza con sus dos integrantes dentro con torpeza, haciendo que la cabeza chocara con algún que otro vano sobre las puertas.

Ambos caminaban cual soldados. Perfectamente sincronizados, moviendo brazos y piernas en perfecta sincronía. Sin embargo, había algunos... inconvenientes.

El disfraz estaba hecho de una tela gruesa, resistente a cortes e impactos, con fibras tan unidas que apenas dejaban transpirar el interior. Un dino normal de sangre fría solía sudar bastante en su interior. Un humano era prácticamente un microondas. Más con dos compartiendo un espacio tan pequeño.

Sus cuerpos estaban más sudados con cada paso. Y dado el poco espacio, no era posible que Anon separase su pecho de la espalda de Rita. Menos, apartar la gran melena de la chica de su rostro.

Sus pies estaban juntos. Su pantorrillas estaban juntas. Sus muslos estaban juntos. Sus caderas... no estaban juntas, pues la base de la cola de Rita no se los permitía. Sin embargo, ante la carencia de espacio, Anon no tenía más opciones que apoyar sus manos sobre las caderas de la chica.

Aunque esto parecía no molestar mucho a la raptora...

Extraño.

Finalmente, fueron capaces de alcanzar los camerinos del gimnasio de la escuela. Los camerinos femeninos, pues era Rita quien estaba al frente después de todo, ya que Anon lo único que podía ver era la gran cabellera roja de la chica frente a él.

—Aquí estamos bien. Abre el zipper de la espalda. —Comentó la raptora.

Anon se dio un cuarto de vuelta, divisando a lo que Rita se refería. —¿Este?

—Sip.

El humano abrió el zipper, y el disfraz rápidamente, y el vapor escapó del interior como como una cápsula presurizada que acaba de ser liberada. Anon y Rita emergieron del interior del interior del tsje de T-Rex con un suspiro de alivio, sus cuerpos rápidamente agradeciendo la refrescante sensación del aire acondicionado.

Era como ver una escena de ese anime... Gleipnir... O Ataque de los Titanes.

En fin...

—Carajo... Esta cosa es una sauna. Hacía rato no sudaba tanto. —Se quejaba el humano, aunque en su rostro había una sonrisa divertida.

—Ni que lo digas. ¿Por qué crees que no llevo nada puesto debajo?

Rita se dio media vuelta, y una mirada maliciosa apareció en el rostro del chico, mientras comprobaba con la vista que... efectivamente... Rita solo tenía puesto un conjunto de ropa interior blanca... Y el osito.

—Entonces... ¿Básicamente vas en ropa interior por ahí mientras llevas esto puesto?

Rita rodó los ojos, justo antes que su emplumada cola le diese una sacuda a la cara del calvo. No fuerte, pero si lo suficiente para confundirlo un poco.

Anon tardó unos segundos para que su mente pudiese recuperarse después del ataque del tornado de plumas rojas. Lo suficiente para que Rita pudiese encontrar su camino fuera del traje, dejándose caer sobre una banca para recuperar el aliento.

Su cuerpo lleno de sudor realmente realmente agradecía el fresco y su pecho subía y bajaba rítmicamente mientras recuperaba el aliento.

—Je. No sé cómo se te ocurrió que esa fue una buena idea. —Dijo el humano ahora de vuelta a la realidad, saliendo el incómodo traje atrás.

—Ey. No puede negar que fue divertido.

—Jejé... Si, tienes razón.

Anon se dejó caer junto a la raptora, su pecho igual de agitado por el calor y el esfuerzo. Y sin problema alguno, removió su gran chaqueta verde, la cual estaba húmeda por el sudor, así como el pullover verde olivo que llevaba justo debajo. Pullover que se quitó sin mucha vergüenza, dejando escapar un suspiro de alivio cuando su cuerpo lleno de sudor sintió el frescor del ambiente. Dejando sus prendas a un lado para que se secaran un poco.

De seguro se estarán preguntado el porqué estos dos individuos podían estar tan tranquilos el uno junto al otro semidesnudos, y ninguno de los dos se sentía incómodo al respecto.

Tal vez porque Rita era una chica demasiado animada y divertida, y este tipo de situaciones no la afectaban. Tal vez porque Anon ahora era más permisivo. Incluso tal vez, porque ambos eran amigos tan cercanos, que podían compartir estos momentos sin sentirse incómodos.

Sin embargo, la verdadera respuesta llegó de imprevisto, cuando el humano quien trataba de recuperar el aliento, sintió algo cálido y ligeramente rasposo acariciar su rostro.

Anon miró hacia su costado, solo para encontrarse con la raptora mirando en su dirección, su lengua ligeramente salida como uno de esos perros pug cuya cavidad bucal no era capaz de contener dicho apéndice. Rita le había dado un pequeño lengüetazo en la cara al chico, gesto que provocó que en Anon se formara una graciosa cara de poker.

—¿En serio? —Preguntó el humano con incredulidad, a lo que la chica se encogió de hombros, su lengua aún parcialmente salida de su boca.

La expresión de Anon cambió a una más divertida antes de rodar los ojos con clara exageración. Rita vio el gesto y su sonrisa se hizo más notoria, junto antes que la sorpresa se apoderase de ella cuando el humano se inclinó al frente y reclamó un beso sobre sus labios.

Fue pequeño, suave. Lo suficiente para que la raptora cerrase los ojos antes de dejarse llevar por la sensación de calidez sobre la punta del hocico.

Pero ella quería más.

Anon, incapaz de superar a Rita en fuerza, sintió la presión sobre su rostro, y su cuerpo no fue capaz de detener el peso de la raptora sobre él, obligándolo a ceder poco a poco hasta que su calva cabeza encontró la frescura de la banca. Todo, mientras un peso se acomodaba sobre su pelvis, un par de manos se aventaban sobre su pecho y los labios de la chica presionaban con más intensidad sobre los suyos.

Era gracioso ver como la cola emplumada de la chica se alzaba hacia el techo cual cobra encantada por la melodía de una flauta. Por momentos incluso adquiría la forma de un pequeño corazón antes de regresar a su estado original.

Rita se retiró cuando creyó que era suficiente, relamiéndose los labios mientras dejaba caer todo su peso sobre la pelvis del chico. Sus ojos tenían una furia depredadora, tan evidente que hizo desaparecer la sonrisa del humano por un rostro genuinamente preocupado.

—Ri... Rita... ¿Te... Te tomaste los bloqueadores del celo... cierto?

Ella rió divertida, presionando un poco más su cuerpo sobre las caderas del chico.

—Nope... Pero tengo esto. —De pronto, del interior de su ajustado, Rita sacó un pequeño envoltorio de plástico, aunque al ojos del humano no fueron más que un truco plástico. Un envoltorio que parecía contener algo circular en su interior. —Es igual de efectivo. ¿No lo crees?

Anon tragó en seco, ahora genuinamente preocupado.

—Ay mierda...

Bueno... Así funciona la primavera. Una época de nueva vida e instintos primitivos.

Pero de seguro, ustedes se estarán preguntando, cómo fue que el humano apático y la raptora amante al carfe llegaron a este punto.

Bueno...

Esa será una historia curiosa de contar.