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De: tu amor secreto

Summary:

“Siempre te observo de lejos, pero hoy mis sentimientos llegarán a ti. ¿Me das una oportunidad? I love you! De: tu amor secreto. Para: una persona muy especial”.

Un adorable peluche de Snoopy en su escritorio.

Una confesión de amor anónima.

La pregunta es: ¿quién le dio eso a Beomgyu?

1. Lee Donghyuck, su ex novio.
2. Choi Yeonjun, la it girl de la escuela.
3. Kang Taehyun, la alumna y deportista estrella de la escuela.
4. Huening Kai, la prodigio musical de la escuela.

¿O alguien más?

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

―¡No puede ser, es un Esnupiii!

El gritito emocionado de Beomgyu retumbó en todo el salón y, posiblemente, en toda la escuela también.

Y es que, ¿cómo podría ella no estar emocionada? Si acababa de recibir uno de los regalos más adorables que alguna vez hubiese imaginado: un peluche de Snoopy.

―¿Es tuyo? ¡Qué lindo!

―¿Quién te lo dio, Beomgyu?―Las compañeras de clase de la chica, atraídas por el escándalo, se acercaron a curiosear cuál había sido el suceso que la tenía así de emocionada.

―¡No lo sé! Lo acabo de encontrar en la cajonera de mi escritorio ―exclamó emocionada, abrazando el adorable cachorro de felpa.

―¡Fíjate si tiene alguna tarjeta o carta!

―Sí, déjame ver… ―Beomgyu comenzó a inspeccionar el peluche y en su espalda halló una pequeña tarjeta impresa con la siguiente inscripción, la cual leyó en voz alta: “Siempre te observo de lejos, pero hoy mis sentimientos llegarán a ti.¿Me das una oportunidad? I love you! De: tu amor secreto. Para: una persona muy especial”.

―¡Wuuh!

Sus compañeras comenzaron a regocijarse y molestarla por la evidente declaración de amor.

―¡Tiene novia, Beomgyu tiene novia!

―¿Cómo sabes que es una mujer? Podría ser de parte de un atractivo galán.

―Dudo que algún chico haya logrado entrometerse en la escuela para dejar el peluche dentro de su pupitre sin ser descubierto. Tiene que ser alguna chica de aquí ―comentó otra de las niñas.

―¿Y si el chico se lo pidió de favor a una de las alumnas de la escuela? ―debatió la segunda.

―¿No tiene nombre? ―sugirió la última.

―No… ―respondió Beomgyu, verificando si no había pasado por alto ese detalle―. Tiene la tarjeta pero nada más. La parte donde se escribe el nombre solo dice “de tu amor secreto”.

―Oh, ¿sin emisor? Definitivamente, ¡un admirador secreto!―la niña codeaba a Beomgyu, con claras intenciones de sonrojarla.

―Tanto el peluche como la tarjeta huelen bien… A perfume. ¿Aún tienes alguna otra duda de que podría ser de una chica? ―la anterior retomó el debate.

―Podría ser un chico y haber usado el perfume de su hermana o mamá.

―Sostengo que es alguien de la escuela, así que solo puede ser una chica.

―¡Error! ¿Qué tal si es un chico trans que está en nuestra escuela?

―Ash, tú solo quieres ganar y no admitir que una chica linda podría haberle dejado el peluche a Beomgyu.

―Tú eres quien niega podría ser un galán apuesto.

―Sí, sí, sí, como digan ―comentó la última muchacha, haciendo caso omiso a que las otras dos se estaban sacando la lengua―. Sea quien sea, tiene buen gusto. Es un peluche original.

A Beomgyu le daba gracia el debate de sus compañeras sobre quién podría ser el remitente del regalo y en otra ocasión se uniría a la charla, pero ella estaba más empeñada en apreciar su peluchito, todo suavecito y esponjoso. Lo abrazaba emocionada y sentía el, efectivamente, dulce aroma que emanaba tanto el peluche como la tarjeta.

―No me importa si es un chico, chica, chique o lo que sea. Con este regalo ya ganó mi corazón. Desde hace un tiempo que estoy obsesionada con Esnupi, así que esa persona debe estar pendiente de lo que me gusta. ¡Qué feliz estoy!

―Me alegro por ti, Beomgyu. Ya era hora de que te llegara un buen amor, sobre todo después del ultimo tonto que tuviste como novio.

Su compañera de clase tenía razón. Ella y todo su salón fueron testigos de cuánto lloró y sufrió después de terminar con dicho último novio.

―¡Ah! ¿Y si fue él mismo quien te lo envió porque quiere reconquistar tu amor? ―comentó alarmada una de las chicas.

―¡Imposible! ¿O sí? ¡No, no, no, no! ¡Ni lo menciones! ―Beomgyu entró en pánico ante la idea.

―No le hagas caso ―aseguró la otra―. Yo dudo mucho que sea él. Tú misma lo dijiste, conoces tus gustos. Estoy segura de que es alguien de nuestra escuela y está mucho más cerca de lo que crees…

―Bueno, mi misión ahora es averiguarlo.

Las jovencitas tuvieron que pausar su conversación, pues la delegada del curso ingresó, anunciándoles que los profesores se encontraban en una junta y, por lo tanto, tenían un par deberes que realizar durante la ausencia de los mismos.

Sin embargo, Beomgyu no podía prestarle atención a la estudiante a cargo de ellos porque su mente estaba ocupada en planear la misión para encontrar a quien le hubiese regalado su amado Esnupi.

【🧸】

Luego de romperse la cabeza pensando, analizar toda interacción que tuvo con cualquier ser humano, hacer memoria y consultarle al tarot, finalmente tenía una lista de los posibles candidatos a haberle obsequiado a Esnupi:

  • Lee Donghyuck, su ex novio.
  • Choi Yeonjun, la it girl de la escuela.
  • Kang Taehyun, la alumna y deportista estrella de la escuela.
  • Huening Kai, la prodigio musical de la escuela.

 

Repaso la lista de pies a cabeza y casi sintió lástima por quien se encontraba en primer lugar, sobre todo comparándolo con las increíbles candidatas que lo precedían.

Cuando su compañera de salón sugirió que su ex novio podría haberle obsequiado el peluche, por muy conflictivo que fuera, le pareció una idea sensata. Considerando el cómo habían terminado su relación, era lógico. Por lo mismo, optó por iniciar su búsqueda con él, a sabiendas de que, posiblemente, ya no habría más necesidad de investigar a las otras candidatas. Aún así, creó su lista, por si acaso… Y de todos modos, no era como si tuviese intenciones de regresar con Haechan, ¿o sí..?

No, no, no. En lo absoluto. Beomgyu ya no se conformaba con migajas y, por mucho que él quisiera reconquistarla con un lindo peluche, era demasiado tarde para eso. Por lo tanto, se permitió fantasear que podría ser cualquiera de las otras chicas, menos su ex. Aunque quizás estaba soñando muy lejos porque ya se había imaginado una adorable vida de noviazgo con cada una de ellas y ni siquiera había descartado a Haechan. Decidió no perder más tiempo e iniciar con esa importante misión.

Primero, revisó todas sus redes sociales y aplicaciones de mensajería y lo desbloqueó de cada una de ellas para verificar si le habían mandado algún mensaje. Para sorpresa (o quizás no tanto) de Beomgyu, no había ni un solo “hola” suyo y, de paso, indagando en su instagram, descubrió que ahora tenía nueva novia, una tal Jeno.

―Desgraciado, acabo de ver que ella es tauro y tú geminis. No son compatibles. A ver por cuánto tiempo te soporta.

¿Qué cómo sabía el signo zodiacal de la susodicha? Mejor ni le pregunten.

Luego de entretenerse stalkeando sus redes sociales y rabiar un poco, decidió bloquearlo nuevamente por el bien de su paz mental y tachar de una vez el primer nombre de la lista.

―Ya decía yo, hombre no es gente ―refunfuñó. No era como si todavía estuviera enamorada de Haechan, pero no evitaba que le doliera un poco el orgullo ver que su ex novio ya lo había superado.

A decir verdad, en su momento no creyó que de verdad iban a terminar. Beomgyu lo cortó con la esperanza de que el idiota finalmente reaccionara. Llevaba meses pidiéndole que fuera un novio más detallista, a pesar de que ella anhelaba que fuera algo que le naciera por iniciativa propia. Aún así, Haechan no cedió y estaba empeñado en que la amaba pero le demostraba su amor de otras formas, las cuales al parecer “ella no apreciaba”, como él había reclamado. Beomgyu no estaba de acuerdo. Ella era muy consciente de que él la cuidaba y estaba pendiente de ella, ¿pero qué tan difícil tenía que ser regalarle un peluche o unas flores a tu novia? Al final, como no vio cambio alguno, utilizó la carta de terminar la relación con la esperanza de que quisiera redimirse, pero no fue así. Haechan no le rogó ni un poquito para que lo perdonara o regresaran. Es más, él parecía el único ofendido.

Efectivamente, a Beomgyu le salió el tiro por la culata. Y por mucho que estuviera tentada a decirle que no terminaran, decidió conservar su dignidad a costa del dolor y no retractarse del rompimiento que ella misma propuso. Ya había migajeado demasiado; era suficiente.

―Bueno, pasado pisado―dijo, suspirando tras recordar lo mucho que aquello le había afectado en su momento y cómo le costó reponerse de, en palabras suyas, el novio que más había impactado en su dulces 17 años de vida ―. Ya descarté la peor opción.

Sí, porque aún tenía tres bellas mujeres, candidatas a ser la dueña de su corazón.

  • Lee Donghyuck, su ex novio.
  • Choi Yeonjun, la it girl de la escuela.
  • Kang Taehyun, la alumna y deportista estrella de la escuela.
  • Huening Kai, la prodigio musical de la escuela.

 

【🧸】

 

La hora de almuerzo era el momento ideal para comprobar si la próxima candidata sería su futura novia o no.

Beomgyu, al igual que la mayoría de la escuela, conoció a Yeonjun gracias a su gran popularidad. Su aura era tal que parecía un personaje sacado de una película: hermosa, carismática, sociable, amigable, elocuente y buena en lo que hacía, tanto académica como artísticamente. Si a esas cualidades le agregamos su gran sentido de la moda, el cual ni siquiera podía ser opacado por el aburrido uniforme, pues incluso un broche lo portaba con toda gracia, tenías a toda una it girl.

Al ser un “personaje” tan inalcanzable, muchas se dedicaban a observarla de lejos y no tenían el valor de hablarle a menos que fueran amigas cercanas o compañeras suyas. No obstante, en el caso de Beomgyu, si bien ella era consciente de su imagen imponente, no temió iniciar conversación con Yeonjun a pesar de que no tenían nada que las relacionara. Muchas calificaron su acción como valiente o atrevida; Beomgyu solo quería hacerle saber que sus aretes eran preciosos y que le compartiera la dirección de la tienda donde los había conseguido.

A pesar de la impresión que daba, Yeonjun resultó ser una amable y amistosa, por lo que correspondió la charla sin conflicto alguno. Aunque quizás se arrepentiría no mucho tiempo después porque Beomgyu, así de bonita como se veía, era más caótica de lo que imaginaba. No supo en qué momento su relación se transformó en Yeonjun teniendo dolor de cabeza por la existencia de Beomgyu.

Aún así, por mucho que ella clamara no la soportaba, y si bien no eran exactamente amigas cercanas, sabía que Yeonjun no la despreciaba. De hecho, le tenía mucha estima, una ternura especial por ella. Como no coincidían en ninguna clase, la prueba de ello era la hora del almuerzo.

A dicha hora, el comedor se atiborraba de jovencitas en plena edad de crecimiento y ansias por llenar su sangre de azúcar tras jornadas agotadoras de estudio, lo que significaba que la tienda estaba siempre repleta. En cuanto a Beomgyu, si bien tenía las mismas necesidades fisiológicas que las demás, no contaba con la energía suficiente para desperdiciar su amado receso peleando por un pedazo de pan cuando podría aprovecharlo para dibujar, escuchar música o hacer alguna otra actividades interesante, ya fuera sola o con alguna compañera suya.

Un día de esos, cuyo entretenimiento del día sería molestar a Yeonjun, fue cuando la mayor se percató de que la niña solía ser descuidada con su alimentación. A parte del evidente regaño porque, primero, alimentarse era sagrado y; segundo, era una de las actividades favoritas de Yeonjun, le llegó de forma gratuita su mesa el almuerzo del día. Era cortesía de Choi Yeonjun quien siempre era implacable al momento de ir por sus alimentos (y gozaba de ciertos privilegios en la cafetería por su popularidad).

Así, en ocasiones donde coincidían la una con la otra, Yeonjun solía comprarle el almuerzo y, cuando Beomgyu expresaba que no era flojera sino falta de apetito, al menos le dejaba un postrecito para que no se le bajar la presión por la falta de azúcar.

Entonces, no era que quisiera emparejarse con la gran Yeonjun solo por delulu, sino que tenía motivos para sospechar de ella, incluso si no eran grandes amigas.

―¡Yeonjun-unnie! Graciaaas. La cafetería está repleta por el nuevo pastel de fresa que agregaron al menú. No había forma alguna de que pudiese conseguir algo para comer con tanta gente.

Beomgyu se espabiló y puso en marcha su plan. La susodicha le dio encuentro en su mesa para entregarle el almuerzo que la menor no estaba dispuesta a conseguir.

―Más te vale acabarlo todo porque esta vez sí me costó conseguirlo ―agregó, sentándose también en la mesa con su propia comida y arreglándose el cabello tras haber quedado algo despeinada―. Todas están desesperadas por conseguir el combo especial del pastel de fresa con el peluche que viene de regalo.

―¡Es que está muy lindo! ―comentó, tras haberle dado el primer bocado a su comida para contentar a su unnie―. A mí también me encantaría tenerlo…

―Pues no será tarea fácil porque justo ahora intenté conseguirlo y no pude. Están agotados por hoy, así que quizás mañana será.

―¿Intentaste conseguirlo? ―El rostro de Beomgyu se iluminó ante la idea de que Yeonjun nuevamente quisiera obsequiarle un peluche. Todo cobraba sentido y se estaba alineando.

―Sí, quería comprarlo y regalárse a alguien ―sugirió, haciendo énfasis en esa palabra.

―¿Ese alguien soy yo? ―preguntó, siguiéndole el juego, pero decidida a acabar con el misterio de una vez y pasar a la confesión con final feliz.

―Ya quisieras, princesa mimada ―respondió en broma―. Te aprecio lo suficiente como para no dejarte morir de hambre, pero ese pastel es algo que solo le daría a alguien especial, si sabes a lo que me refiero.

Oh.

Entonces Yeonjun sí tenía a alguien especial en mente, pero ese alguien no era ella, Beomgyu…. Qué desilusión.

Ante su silencio prolongado, notó que Yeonjun se alarmó, como si estuviera preocupada por haber dicho algo mal. En cierto modo, podía decirse que sí, pero la triste noticia estaba anticipada en su plan.

―Tienes razón, es algo que debes darle a la persona que te gusta, así que suerte consiguiéndolo mañana. Cuéntame otro día quién es el afortunado, afortunada, afortunade o quien sea ¿está bien? ―respondió, procurando sonar lo más sincera posible. No estaba rebosante de alegría, pues seguía siendo un rechazo, pero el aprecio hacia Yeonjun era suficiente como para desearle lo mejor―. ¡Gracias por el almuerzo! Pero ya debo irme.

―¿Te vas? ¡Oye, pero si no comiste ni la mitad! ¡Choi Beomgyu!

―Prometo acabarlo la próxima vez, así que no dejes de invitarme, ¿okay? ―se despidió, no sin antes guiñarle un ojo y mostrarle su mejor sonrisa antes de retirarse.

Dejó a Yeonjun y sus protestas atrás, corriendo en dirección a los casilleros para sacar su libreta de investigación.

Analizando, era cierto que Yeonjun era una chica muy considerada con quienes le importaban; además de atenta y proveedora. Pero pensándolo mejor, quizás siendo novias no le tendría suficiente paciencia y perdería la cabeza con su desbordante sensibilidad más de una vez. Además, ser novia de una casi celebridad debía ser tortuoso para alguien que demandaba mucha exclusividad como Beomgyu. Con dicha reflexión en mente, creyó que podría sobrellevar esa “semi-ruptura” y tachó su nombre, decidida a enfocarse en la siguiente candidata.

 

  • Lee Donghyuck, su ex novio.
  • Choi Yeonjun, la it girl de la escuela.
  • Kang Taehyun, la alumna y deportista estrella de la escuela.
  • Huening Kai, la prodigio musical de la escuela.

【🧸】

 

Beomgyu casi nunca pisaba la biblioteca ni tampoco el campo de fútbol, pero esas eran las únicas dos locaciones en las que podría proceder con su plan para ir tras la siguiente afortunada pretendiente.

Kang Taehyun era otra “celebridad” de la escuela, aunque su fama se debía a razones diferentes en comparación a Yeonjun.

La joven, a la tierna edad de 16 años, era el renombrado emblema de la escuela. Poseía una inteligencia destacable, portando el título de mejor promedio en toda la institución. Era una alumna centrada, disciplinada y, de paso, bella. No podría haber otra estudiante que fuera tan prolija y elegante al portar el uniforme como Taehyun. El único momento en el que se la veía algo desaliñada y con una intensidad no típica de su papel de alumna modelo era en la cancha. Resulta que no solo era excelente académicamente, sino también en los deportes. Se destacaba como una las mejores jugadoras en el equipo de fútbol femenil y todo apuntaba a que sería la capitana en un par de años. En resumen, ella era un modelo a seguir. ¿Quién no se sentiría afortunada de tener una novia que era buena en todo?

A pesar de ser una estudiante de primer año, Taehyun era muy respetada por la comunidad estudiantil y, el hecho de que su personalidad fuera reservada e intimidante, provocaba que no fuera alguien socialmente disponible. Probablemente era más decisión suya no tener iniciativa de chismear con las demás que incapacidad de socializar porque, en realidad, ella podía entablar conversaciones con otras alumnas sin problema alguno, siendo la misma Yeonjun un ejemplo.

Y por supuesto, Beomgyu era otra de esas personas con quienes se la podía ver charlando.

Aunque Beomgyu no se intimidaba con personalidades fuertes como las de Taehyun, tampoco tenía pensado relacionarse con ella. Su primer encuentro, más que una interacción premeditada, fue una respuesta a su pedido de ayuda. Sucedió una ocasión en la que Beomgyu olvidó su material escolar y no tenía su lapicera, hojas, ni nada. En medio de su escándalo en pleno pasillo de los casilleros al darse cuenta de su terrible descuido, Taehyun se le acercó y le ofreció prestarle unos lápices y unas cuantas hojas para que pudiese salvarle el día. No supo si lo hizo por bondad o porque quería que se callase la boca de tanto grito, pero agradeció su amabilidad y aceptó su ofrecimiento. Le sorprendió esa primera interacción pero lo que más la sorprendió fue que esos materiales inanimados eran “muy Taehyun": lápices con una punta perfectamente tajada; hojas prolijas y perfumadas.

A partir de ese gesto, Beomgyu tuvo la libertad suficiente para entablar conversaciones con la niña siempre que se la encontraba y, además, llegó a aprovechar su inteligencia y pedirle que le echara la mano con algunas lecciones de matemáticas las cuales, a pesar de ser ella menor que Beomgyu, pudo explicarle. No era la mejor tutora, pues su conocimiento era tan espontáneo que ignoraba los procesos o pasos para llegar a aquello que su cerebro procesaba en microsegundos, pero Beomgyu siempre apreció su predisposición. Además, Taehyun jamás le perdió la paciencia, a pesar de que siempre se dispersaba con facilidad con materias tan poco interesantes para ella como las matemáticas o la física. Que sepan comprenderla por ser tedeachosa.

Por otra parte, fue en alguna de esas tutorías que se percató de que Taehyun no solo tenía especial cuidado con organizar y mantener sus implementos pulcros, sino que existía un interés por coleccionar material de escritorio, entre ellos, las hojas perfumadas. Beomgyu aún conservaba una con olor a frambuesa que en algún momento le regaló.

Ese dato provocó que su cerebro hiciera click.

“¡La hoja perfumada!”

Mientras cumplía su ritual de apapachar a su Esnupi antes de dormir, se percató de que la tarjeta y la hoja perfumada de Taehyun eran iguales, tanto el diseño como el grosor, pero sobre todo, el olor.

“Ambos huelen a frambuesa…”.

Con ese detalle, la misteriosa autora del regalo se estaba entregando a sí misma en bandeja de plata. Beomgyu no perdió ni un minuto y al día siguiente se puso manos a la obra, yendo en busca de la chica, a quien logró encontrar en la biblioteca.

―Taehyunnie, ¿me regalarías algunas de tus hojas perfumadas, por favor? Las necesito para hacer algo especial para alguien… ―sin dilación alguna, Beomgyu le dio indicios para que la chica entendiera a dónde se dirigía.

―Claro, unnie. Tengo con olor a limón y también a uva, ¿cuál te gustaría? ―Taehyun, sin darle mayor importancia a la insinuación de Beomgyu sobre preparar algo especial, accedió a darle de su preciada colección de hojas aromatizadas.

―¿Limón y uva? ¿Y los de frambuesa que me diste la otra vez?

―Se me terminaron hace poco junto a los de naranja.

―¿Se te acabaron? ―Ese detalle representaba una incongruencia con su teoría, pero si lo pensaba mejor, existía la posibilidad de que justo hubiera usado la última hoja de frambuesa para escribir la tarjeta. De hecho, sería una pista muy audaz por parte de ella, ya que Taehyun le expresó que era cautelosa con sus cosas y solo le estaba obsequiando esa hoja de frambuesa a ella. ¿Qué pruebas más necesitaba?

―Así es. En el paquete venían distintos aromas y ahora estoy con estos. Luego solo me quedan los de manzana y sandía.

―¿No será que decidiste usar los de frambuesa para hacer también algo especial para alguien? Ya sabes… ―Beomgyu insistió, sin ser directa pero con la intención de dejar al descubierto sus intenciones para que Taehyun pudiera ser sincera al verse atrapada.

―¿De qué estás hablando, unnie? ―Aunque la menor no parecía estar captando y estaba visiblemente confundida.

―Me refiero al peluche de Esnupi y una confesión impresa en una hoja con aroma a frambuesa… ―soltó, no pudiendo soportar más las ansias.

―¿Qué cosas tan extrañas te imaginas ―le respondió entre divertida y extrañada―. ¿Por qué haría yo tal cosa?

―¿No es algo normal cuando te gusta una persona?

―Ajá… ―dijo, con un gesto extraño, notablemente incómoda por el rumbo de la conversación―. Supongo que es algo normal, pero por mi parte, no tengo razón alguna para hacer algo así.

―¿Ni siquiera para la chica… chico o lo que sea que te gusta? ―comentó ya exasperada.

―No, porque para empezar, no me importa si es chico, chica o lo que sea, a mí no me gusta la gente en lo absoluto. No hay forma de que yo haga tal cursilería ―El tono tranquilo de Taehyun cambió a uno petulante―. Ash. No entiendo el afán de las chicas de nuestra edad por querer conseguir pareja… Es decir, de verdad, ¿de verdad les gustan las personas? ¿Románticamente…?

Beomgyu se tuvo que tragar todo el discurso anti-romantic de Taehyun mientras mentalmente la tachaba como una posible candidata.

Efectivamente, Taehyun era inteligente, atlética y bella. Además, era más amable de lo que aparentaba. También le daba ciertos privilegios a pesar de su personalidad fría, como ser tolerante, dulce y obsequiarle de su colección. Sin embargo, luego de ese incómodo debate en la biblioteca, estaba claro que era un desastre para las relaciones románticas. ¿Déjenle adivinar, arromántica o solo acuariana? Posiblemente ambas.

―De todos modos, no creo ser capaz de soportar su falta de sensibilidad, sumado al hecho de que casi siempre anda ocupada, ya sean en los estudios o en su equipo de fútbol. Yo necesito que mi pareja me dé atención, así que la pasaría mal ―declaró, autoconvenciéndose para tachar su nombre sin que le afectara el mal de amores.

 

  • Lee Donghyuck, su ex novio.
  • Choi Yeonjun, la it girl de la escuela.
  • Kang Taehyun, la alumna y deportista estrella de la escuela.
  • Huening Kai, la prodigio musical de la escuela.

 

【🧸】

 

Era un alivio que a la última candidata pudiera encontrarla en un lugar tan apacible como el salón de música, pues Beomgyu adoraba estar ahí.

Ahora que lo pensaba, Kai debió ser su primera candidata de posible futura novia por varias razones. En primer lugar, era con quién más podría conectar, todo gracias a la música. Cuando la conoció, no imaginó que esa niña tímida, introvertida y algo torpe podría ser una prodigio musical de tal nivel. Coincidieron debido a que ambas formaban parte del club de música de la escuela, donde tuvo la oportunidad de presenciar lo talentosa que era. Ella sabía tocar el piano, la batería y la guitarra, tenía un oído absoluto y, por si fuera poco, poseía una voz increíblemente potente y de un tono muy particular para cantar. Pero aún con todas esas virtudes, Kai era lo suficientemente modesta como para pedirle a Beomgyu con toda sensatez y humildad que tuviera la amabilidad de enseñarle a tocar el bajo. La chica podría alcanzar o superar su nivel sin ningún problema, pero aún así siempre fue modesta como pupila. El único momento donde su personalidad afable se volvía intensa y llamativa era cuando estaba en el escenario.

Por otra parte, y dejando de lado su pasión compartida por la música, había otro punto muy importante: Kai era la fanática número uno de los peluches y de todo lo que pudiese describirse como cute. Llevaba su bolso repleto de llaveros y peluchitos de lo más adorables, como ser Molang, Pororo, pingüinos, Pokémon y personajes de Sanrio. Los accesorios que usaba eran igual de lindos. A Beomgyu le parecían muy bonitos, tanto que incluso la menor llegó a regalarle un par de sus broches de cabello por lo encantada que había quedado con ellos.

Y detalles como ese la guiaron a su última observación: el trato de Kai hacia ella. Gracias a la música y gusto por las cosas lindas podían socializar más cómodamente, pero aún no podían considerarse amigas cercanas. Además, Beomgyu era consciente de que su personalidad intensa y alocada podía ser demasiado para la introvertida jovencita, a quien debió haber espantado en más de una ocasión. En ese sentido, sería normal que quisiera evitar involucrarse con ella, pero Kai seguía siendo tan amable con como siempre. De hecho, a veces, con toda la pena se animaba a decirle cosas como “eres muy artística”, “tienes una voz muy conmovedora” o, su favorito, “eres muy bonita, unnie”. Beomgyu solía atribuir el sonrojo de Kai a su vergüenza natural, así como los halagos a su noble personalidad, pero quizás habían sido intentos de coqueteo y ella jamás lo había tomado de ese modo.

¿Y si Kai se había cansado de no lograr avances con Beomgyu y por eso esta vez decidió arriesgarse con algo más directo como un peluche y tarjeta de confesión? De hecho, considerando la personalidad la chica, tenía sentido que fuera una confesión anónima.

―¡Kai-ah! ¿Ya estás aquí? Llegaste muy temprano ―le comentó Beomgyu al verla instalada en el lugar, haciendo alusión a que el ensayo de su banda iniciaba dentro de más de media hora.

―Beomgyu-unnie, buenas tardes ―saludó Kai―. Quería practicar un poco de lo que me enseñaste el otro día y mostrártelo ―confesó, con esa sonrisa dulce y tímida suya.

―¿Ya te la aprendiste? ¡Eres increíble! No me sorprendería si uno de estos días te vuelves más habilidosa que yo.

―¡Para nada! Tú eres una artista fantástica, unnie. Te admiro mucho.

Beomgyu solo sonrió ante los típicos halagos de la niña. Siempre le era muy grato escucharlos, más aún viniendo de alguien tan talentosa y preciosa como ella.

―¡Wah,Kai, el nuevo broche que traes es muy lindo! ―exclamó Beomgyu, redirigiendo la conversación a su tema de interés.

―Gracias… Lo compré ayer y no podía esperara estrenarlo. He estado muy obsesionada con Cinnamoroll últimamente.

―Te entiendo, me pasa lo mismo pero con Esnupi… ―Su primera oportunidad de sacar el tema a colación.

―¡Sí! Snoopy también es muy lindo ―replicó con compartida emoción.

―Me encantaría encontrar un broche como el tuyo pero con diseño de Esnupi ―insistió, examinando si la mención del personaje causaba algún tipo de reacción en Kai.

―¡Ah, vi uno del mismo lugar en el que compré el mío! Si quieres te paso la dirección de la tienda…

―Gracias, eres muy amable, Kai-ah. Siempre me pasas tus contactos de tiendas con accesorios lindos e incluso tienes la amabilidad de regalarme los tuyos.

―No es nada ―respondió, recogiendo tras su oreja un mechón de cabello que no estaba estaba sujeto por el pasador de Cinnamoroll ―. Sé que te gustan tanto como a mí.

―Entonces, eres del tipo detallista que regala este tipo de cosas lindas, ¿no es así?

―Sí… sobre todo broches, aretes, llaveros, bolsos y peluches cutes. Creo que toda chica merece recibir algo así de lindo como regalo…

Beomgyu estaba eufórica. ¡Por fin había dado en el clavo! Era Kai; no podía ser otra que ella.

Estaba a punto de sacar el Esnupi de su bolso para decirle que, efectivamente, había recibido ese regalo lindo que cada chica (ella, Beomgyu) se merecía. Sin embargo, fue interrumpida por Kai, quien seguía hablando.

―… Aunque, si te soy sincera, creo que soy el tipo de chica que prefiere recibirlos a darlos ―confesó, con una sonrisa de oreja a oreja―. De hecho, alguien me regaló esto hoy. ¡Mira! ¿No es lindo?

Beomgyu juraba que solo Dios la había salvado de no caerse hacia atrás cual caricatura. Y no era que estuviese exagerando con su reacción, pues Kai le acaba de mostrar exactamente el mismo peluche de la promoción especial que Yeonjun no quiso comprarle el otro día.

―¿Quién te lo dio? ―fue lo único que apuntó a preguntar.

―Es alguien que quizás conozcas. En realidad, es conocida por todos porque es muy popular y genial, tanto que no se fijaría en mí este detalles quizás no signifique nada para ella pero…

En otro momento, Beomgyu le habría puesto un alto a su discurso para decirle que por favor tomara un minuto para verse al espejo porque, a parte de increíblemente hermosa, Kai tenía todas las virtudes para que cualquiera chica, incluyendo Yeonjun, se enamorase de ella. Pero en ese instante, todavía estaba procesando el hecho de que su opción más segura (y la última, de paso) acababa de ser descartada.

Agradeció que la instructora de música hubiese llegado porque, de repente, la voz de Kai comenzó a tornarse borrosa. Lo único que Beomgyu podía escuchar era sus propios pensamientos.

“Otra desilusión...”

Ella estaba cien por ciento convencida de que Kai era la indicada. Todas las pistas apuntaban a que la menor era quien le había dejado el Snoopy. Lo creía con todo su corazón. En ningún momento se le pasó por la cabeza que entre ella y Yeonjun, su primera candidata, podría estar sucediendo algo.

Aunque, sí debía ser sincera, no culpaba a ninguna por haberse fijado en la otra. Hasta diría que hacían una pareja adorable, pero por ahora, debía permitirse vivir su ruptura de corazón más reciente.

No le quedaba más que concentrarse en el ensayo del día y, como buena pisciana, canalizar toda su tristeza a través de la música. Luego tendría tiempo de pensar que por mucho que deseaba que Kai fuera la escogida (porque después de ella no había más opciones), en realidad las dos eran dos princesas que necesitaban ser consentidas y adoradas. No era como si Beomgyu no pudiera hacer eso ni viceversa, pero seguramente Yeonjun le daría el trato de princesa que ella se merecía. Podía imaginar a su unnie dándole un galante beso en el dorso de la mano cual dama consagrada a su doncella. Beomgyu suspiró, deseando que ese tipo de amor también llegara a ella.

Era una lástima admitirlo, pero toda su investigación fue un fracaso. El primero quedó eliminado partiendo del hecho de que era su ex. La primera terminó teniendo un inesperado romance con la última, y la del medio; era arromántica (y acuariana).

―Supongo que deberé resignarme a que probablemente nunca sepa quién me mandó el Esnupi ―comentó rendida, tachando el último nombre de la lista.

 

  • Lee Donghyuck, su ex novio.
  • Choi Yeonjun, la it girl de la escuela.
  • Kang Taehyun, la alumna y deportista estrella de la escuela.
  • Huening Kai, la prodigio musical de la escuela.

 

【🧸】

 

El camino para buscar a la otra madre de su Esnupi hace tiempo que se había convertido en una misión fallida.

Los días pasaron y, ante la ausencia de señales por parte de la susodicha y falta de más posibles candidatas, Beomgyu tomó la dura decisión de dejarlo ir.

Fueron días y noches enteras anhelando poder hallarla, la añoranza consumiéndola cada vez más, al punto que mirar a su querido Esnupi le provocaba nada más que dolor y melancolía ante un bello amor que no pudo ser.

Es así que, tras sufrir por otro corazón roto, decidió sanar y, a partir de entonces, enfocarse en amarse a sí misma. Sin embargo, siempre tendría a Esnupi y su misteriosa dueña reservados en un lugar especial de su corazón.

Por lo tanto, estando en plena fase de superación de su duelo, empoderamiento y nuevas experiencias, ver a quien tanto había estado añorando, justo en su mismo escritorio, era algo para lo que no estaba preparada.

“¿Acaso estoy alucinando?”

Las clases de ese día ya habían culminado y Beomgyu estaba esperando regresar a casa pronto, pues debía proveerse de municiones antes la inminente llegada del temible síndrome pre-menstrual, lo cual se traducía como comprar chocolate y snacks. Y, por supuesto, entre sus mecanismos de preparación estaba el gritarlo a los cuatro vientos (no, no era como si esperara que “casualmente” alguna de sus compañeras tuviera la gentileza de invitarle chocolate). Sin embargo, en pleno apuro por salir, se percató a tiempo de que había dejado su lapicera en el salón de clases, por lo que se apresuró a regresar antes de que cerraran todas las aulas hasta el día siguiente.

Para fortuna suya, llegó a tiempo, pues la puerta aún estaba abierta. Entró con toda intención de recoger sus pertenencias, pero en su lugar, se topó con alguien. Una estudiante, una cara conocida… Su presencia no le habría sorprendido tanto de no ser porque dicha estudiante estaba sentada en su escritorio, sacando algo de la cajonera a la par que intentaba guardar algo dentro. Beomgyu notó que lo que había sacado era su lapicera, mientras que lo que guardaba…

“Chocolate…”

Beomgyu no articuló palabra alguna, tan solo un gemido de sorpresa se escapó de sus labios. La acababa de atrapar in fraganti.

En cuanto la contraria se percató de su presencia, por un momento se quedó congelada, igual de sorprendida ante la presencia de Beomgyu.

―¡Eso es mío! ―exclamó Beomgyu, apuntándola acusatoriamente con el dedo índice y sin especificar si hablaba de la lapicera o del chocolate.

La aludida desvió la mirada hacia sus propias manos, pareciendo consciente de sus propios “crímenes”.

―¡Eh…! Yo lo siento. No quise husmear ni hurtar tus pertenencias… ―se justificó, evidentemente nerviosa y abochornada.

―¿Tú eres Choi Soobin, no es así? Nuestra delegada de curso.

―Así es…

Beomgyu no había llegado a entablar conversación con ella, pero era una alumna de su salón. Era una muchacha relativamente aplicada en los estudios, pero pasaba desapercibida a pesar de ser la delegada del curso. Tenía una actitud distante y no hablaba con casi nadie, salvo por asuntos académicos que demandaban su puesto como auxiliar.

Beomgyu jamás habría imaginado que ella, de todas las personas, sería quien la tenía en la mira. No tenían absolutamente ninguna interacción como antecedente que le hubiese hecho sospechar de Soobin. Aunque ahora comprendía a qué se refería con el “te observo a la distancia” de la tarjeta que recibió. Además, el chocolate que pretendía colocar en su asiento era prueba fehaciente de que siempre estuvo pendiente de ella, quizás más de lo que Beomgyu imaginaba.

―¿Qué estabas haciendo en mi escritorio? ―le cuestionó, procurando mantener un semblante serio, aunque una sonrisa socarrona amenazaba con delatar su verdadero estado de ánimo.

―Lo siento, no pretendía invadir tu lugar ―respondió Soobin de inmediato, como si estuviera en un interrogatorio―. Es solo que… ¡Ah, sí, como delegada del salón, siempre me quedo después de clase a organizar los calendarios de limpieza, próximas actividades a organizar y anuncios que redactar, pero me siento en este lugar porque es el que tiene mejor iluminación a esta hora por la ventana…

La explicación no sonaba coherente ni convincente del todo, pues todas los escritorios del ala izquierda tenían dicha cercanía con la ventana. Aquello incrementó las ganas que Beomgyu tenía de echarse a reír y decirle que podía confesar la verdad, pero decidió seguirle el juego por un poco más.

―Entonces, ¿siempre te sientas aquí?

―No… Más bien, sí. En clase me siento donde me corresponde, pero si me quedo a hacer deberes fuera de horario, vengo a este escritorio.

Soobin ya ni siquiera podía sostenerle la mirada a Beomgyu, pero se notaba que estaba tratando todo lo posible por mantener su templanza y seriedad de siempre. Beomgyu quizás habría creído su actuación si no fuera porque sabía el verdadero contexto.

―Ya veo… Eso no es ningún problema, puedes sentarte las veces que tú gustes ―dijo, siendo dicho enunciado sincero―. Solo sé cuidadosa con las cosas que dejas.

Beomgyu ni siquiera tuvo que mencionar al peluche de forma directa para provocar una reacción en la otra muchacha. Hasta el momento se había mantenido lo suficientemente inalterable, pero ahora tenía un evidente sonrojo en las mejillas, y un gesto de desconcierto tras haber sido descubierta.

―Yo… no recuerdo haber olvidado nada.

―¿Hablas en serio? ―respondió con incredulidad―. Yo recuerdo haber encontrado cierto objeto que no era mío y me estaba preguntando a quién pertenecía. Era un peluche muy adorable,de Esnupi, y tenía una tarjeta que decía…

―¡Está bien, está bien!¡ Es suficiente, no lo digas! ¡Tú ganas! Me atrapaste…

Soobin se cubría el rostro y hacía ademanes para detener a Beomgyu, quien soltó la carcajada que todo ese tiempo estuvo aguantando. Aunque esa risa estaba lejos de ser burla. Era pura felicidad.

“Finalmente, te encontré”.

―Entonces, ¿de verdad es tuyo el peluche? ―retomó la palabra, siguiendo con su tono jocoso―. No decía de quién ni para quién era, así que supongo que debo devolverlo a la verdadera persona a quien estaba destinado el Esnupi y la confesión.

―¡No! ¡Ya…! Ya, déjalo así. El peluche es tuyo, Beomgyu.

Soobin se sujetaba la sien, asimilando que se hubiese expuesto de tal modo por un descuido tan inesperado y como si se estuviera condenando de por vida. Por el contrario, Beomgyu daba pequeños saltitos de alegría, dichosa de poder escuchar que el peluche y la confesión estaban dirigidos a ella por boca de la mismísima interesada. Fue tanta su emoción que no pudo evitar abalanzarse hacia Soobin y abrazarla, cuya respuesta automática fue quedarse quieta y paniqueada ante el afecto de Beomgyu.

―¡No puedo creer que por fin te encontré! ¿Por qué no me dijiste que eras tú la que me dio? ¿Sabes cuánto tiempo llevaba averiguando quién podría haberlo dejado? Ya me había dado por vencida y, si no fuera porque regresé al aula a buscar mi lapicero, quién sabe cuándo te hubiera encontrado. ¿Por qué quedarse en el anonimato y hacernos sufrir a las dos cuando podrías simplemente dármelo frente a frente?

―Dios… no puedo con estas cosas ―lamentó, más para sí misma que para Beomgyu y sin poder despejar las manos que cubrían su rostro―. Es demasiado vergonzoso para mí. Las cosas no debían resultar así.

―Está bien, está bien. Lo entiendo ―declaró, dándole nuevamente espacio personal―. Eres una chica tímida y por eso estamos como estamos. Sea como sea, pude hallarte y eso es lo importante. Probablemente ya me escuchaste decirlo antes, pero desde el momento en que el peluche llegó a mis manos, le sentí muy feliz y emocionada, así que realmente esperaba poder agradecértelo. Nunca antes había recibido un detalle así de lindo, así que significó mucho para mí ―a pesar de que Soobin apenas le sostenía la mirada, procuró transmitirle su genuina alegría y agradecimiento.

Aparentemente, abrirle su corazón de tal modo persuadió a Soobin, quien se dignó a controlar su bochorno y timidez para corresponder su mirada y, a su vez, mostrarle una expresión facial más serena.

―No dudo que haya sido algo inesperado e incluso algo torpe de mi parte, más aún porque nunca antes habíamos hablado, pero me alegra mucho que te haya gustado el peluche ―respondió Soobin, con una sonrisa ligera―. Sobre lo que decía la tarjeta, no es necesario que me…

―¿Y bien? ―preguntó Beomgyu, interrumpiéndola al anticipar lo que iba a decir.

―¿Y bien, qué?

―¿Cuándo será la cita?

―¡¿Cita?! ¡¿Qué?! ¿En serio? ¿Así de rápido? ―cuestionó Soobin, escandalizada y roja hasta las orejas. Seguramente no esperaba que su primera interacción con Beomgyu fuese así de fugaz e intensa.

―¡Por supuesto! Llevo semanas esperándolo a que me lo pidas directamente e imagino que tú incluso mucho más que eso, ¿o no?

―Bueno, yo creí que…

―¿Quieres o no quieres? ―le reprochó, con fingida severidad. Aunque también quería asegurarse de que se estaba involucrando con una persona que estuviese segura de sus intenciones para con ella.

―Sí, pero… ―Soobin parecía a punto de refutar en medio del pánico, pero tomó un respiró y, con toda firmeza, cedió―. Sí, sí quiero…

―¿Y a dónde vas a llevarme?

―Eh… No lo sé ¿a dónde quieres ir?

―Se me antoja ir a tomar algo delicioso a un café lindo o quizás ir al arcade a jugar. Diría que al cine porque salió una nueva película que me interesa, pero ya sabes que el cine es un lugar terrible para la primera cita, así que un café estaría bien para que podamos conocernos mejor… ¡Pero no, espera! También me encantan las sorpresas, así que espero que puedas pensar en algo genial y sorprenderme, ¿okay? De todos modos, eres la principal interesada ―le explicó, guiñándole un ojo coquetamente.

Soobin la miraba como si estuviera cuestionando en el lío al que, voluntariamente, se había metido por querer andar de admiradora secreta y regalarle ese peluche.

Beomgyu sabía que podría espantarla con esa actitud al ser ella introvertida, pero en parte era estrategia porque no iba a cometer el error de estar con alguien que no soportarse su más genuino, intenso y emocional ser. Si Soobin no resultaba ser una persona, al menos no le dolería luego, pues apenas se estaban conociendo. Aunque, contra todo pronóstico, Soobin no protestó. Solo suspiró y accedió a las condiciones de Beomgyu.

―Muy bien… Buscaré un lugar lindo al que podamos ir. Todavía debo terminar de organizar esto, así que dame tu número y te escribo para quedar el lugar y la fecha…

Beomgyu no se lo pensó dos veces e intercambiaron información. Aunque, antes de retirarse, conversó y observó un poco de su trabajo como delegada.

Ese pequeño momento le bastó para darse cuenta de que Soobin no era para nada como la imaginaba, porque aunque era tímida, parecía ser alguien decidida y eso le gustaba mucho. Además, no debía haber sido fácil enfrentarse a la pena de ser descubierta por su propia crush, por lo que su intriga por ella y ganas de conocerla se incrementaron.

En cuanto llegó a casa, se apresuró a llegar hasta su ya olvidada libreta de investigación y anotó:

 

  • Lee Donghyuck, su ex novio.
  • Choi Yeonjun, la it girl de la escuela.
  • Kang Taehyun, la alumna y deportista estrella de la escuela.
  • Huening Kai, la prodigio musical de la escuela.
  • Choi Soobin, la delegada de curso alta y guapa.

 

【🧸】

 

Beomgyu era consciente del impacto que causaba ver a alguien que siempre usaba el uniforme de la escuela con un outfit diferente, pero debía admitir que ver a Soobin con su atuendo casual le causó más impresión de la que imaginaba.

Como antes no había hablado mucho con ella, su impresión sobre la chica era la de una estudiante aplicada y muy predispuesta a seguir las reglas y códigos de vestimenta, más aún al ser ella la delegada del salón. Por lo tanto, verla todos los días con el uniforme pulcro, la camisa bien planchada, la falda cuatro dedos por debajo de las rodillas, el cabello recogido en una cola de caballo recatada y sin ningún accesorio destacable, era parte de esa identidad e impresión que tenía sobre ella. Era todo lo contrario a Beomgyu, quien no era la más cuidadosa con su uniforme, siempre llevando un botón de la camisa abierto, la falda lo más corta posible, el cabello estilizado de modo que pudiera lucir su corte alternativo y siempre luciendo algún accesorio extra para destacar el sobrio atuendo escolar.

Regresando a Soobin, la ropa que llevaba puesta no era algo del otro mundo. Su estilo era simple: una camiseta sin estampado que dejaba al descubierto un poco de su abdomen, una camisa ligera sin abrochar por encima y unas bermudas de jeans básicos, pero que aún así, la hacían lucir muy fresca. Aunque, lo que más había cautivado a Beomgyu era su cabello, el cual llevaba suelto y le permitía apreciar lo largo, lacio y sedoso que era.

Soobin realmente era una chica muy guapa.

Al verla así, esperó que su outfit y maquillaje, en los cuales se había esmerado mucho, estuvieran a la altura de la ocasión. Se retocó el cabello ligeramente y sintiéndose lista, se aproximó a su cita.

―¡Hola, Soobin! ―saludó, llegando hasta dónde ella y hablando en voz alta para llamar su atención, pues la chica llevaba auriculares puestos―. Lo siento, me atrasé un poco. ¿Me esperaste mucho?

―No, llegué hace unos minutos ―respondió, algo sobresaltada por la repentina aparición de Beomgyu. Guardó sus auriculares y se puso un mechón de cabello tras su oreja para destapar su rostro.

―Es la primera vez que te veo sin tu uniforme y con otro peinado. Te ves muy bonita con el cabello suelto ―comentó Beomgyu, quien aún se sentía deslumbrada por la apariencia de Soobin.

―Gracias… ―respondió, sonrojada pero con un tono firme―. Tú igual te ves bien hoy ―añadió, algo dubitativa.

―¿Lo dices en serio o es sólo cortesía?

―¡No, lo digo en serio! ―aseguró, paniqueada―. Tu vestido es muy bonito y tu maquillaje se ve muy genial. Ojalá yo tuviera esa misma habilidad.

―Gracias, es cuestión de práctica… ―canturreó, satisfecha con los cumplidos puntuales―. En fin, ¿a dónde iremos?

―Dijiste que querías ir al arcade, así que pensé en que podríamos ir al que está a unas cuadras de aquí. Me gusta mucho el espacio y la variedad que tienen. Siempre lo frecuento.

―¡Oh, sí! A mí también me gusta, aunque hace un tiempo que iba.

―Vamos, entonces.

Como el lugar no estaba muy lejos de su punto de encuentro, se fueron caminando y, en el trayecto, aprovecharon para charlar un poco. Aunque más que una charla, esa interacción podría resumirse en: Beomgyu sacando mil y un temas para conversar, mientras Soobin intentaba seguirle el paso pero limitando sus respuestas. No eran temáticas complejas, sino más bien cosas como su preferencia en videojuegos o qué otros hobbies tenía, pero aún así Beomgyu no podía evitar cuestionarse si Soobin era muy introvertida o en realidad no quería hablar con ella.

Manteniéndose con esa dinámica, llegaron al lugar minutos después. Soobin soltó un gran suspiro, como si estuviera aliviada de poner pie en el arcade y, por lo tanto, cambiar de escena. Beomgyu entendía que recién estaban conociéndose y al inicio no podrían charlar como amigas de toda la vida, pero aún así estaba preocupada por la apatía de Soobin.

Ella también suspiró. No quería predisponerse a que tuvieran una mala cita. Al final, esa era la misma Soobin que le había regalado un peluche, una tarjeta confesando sus sentimientos e invitado a salir. No debía darlo por perdido solo por los primeros minutos de interacción.

―¿Qué te gustaría jugar? ―le consultó Soobin en cuanto regresó de la caja tras cambiar sus monedas por las respectivas fichas―. Pedí una gran cantidad de fichas, así que tenemos suficiente para probar todo.

Beomgyu observó el botín y ver la, efectivamente, gran cantidad de fichas, le devolvió el entusiasmo inicial. No había forma de que no pudieran divertirse.

―Ya que tuviste la iniciativa de canjear las fichas, ¿por qué no eliges tú? ―propuso, con renovada predisposición a interactuar con Soobin.

La aludida se quedó pensando un momento, observando a su alrededor. Finalmente sus ojos brillaron con emoción al atisbar cierta máquina.

―La máquina de Pacman llevaba varios años sin estar en funcionamiento, pero finalmente la repararon, así que tenía muchas ganas de jugar otra vez como cuando era niña ―admitió, sin poder reprimir una sonrisa entusiasmada.

―¡Genial, vamos!

Beomgyu no era la fan número de Pacman, pero el interés que mostró la chica fue suficiente para contagiarle las ganas de ir.

Al inicio se dedicaron a jugar en silencio, pero a medida que avanzaban las partidas, comenzaban a interactuar más. Tras un buen rato jugando, el ambiente ya estaba lo suficientemente cómodo como para comentar e incluso reír al respecto, sobre todo siendo Beomgyu tan ocurrente y ruidosa cada vez que perdía.

―¡Es mi turno de elegir! ―declaró la chica, tras la lastimera perdida en la gran racha de niveles que llevaba Soobin con el juego.

―¿A dónde quieres ir?

―¡Vamos al de basketball!

―Oh, Dios no… Soy terrible para ese juego. Mi puntería es un asco.

A pesar de las protestas de Soobin, fueron al juego escogido de Beomgyu, el cual terminó con muchas carcajadas por parte de ella ante lo evidentemente mala que Soobin asestando en la canasta.

Después, siguieron con su travesía en el arcade, probando de todo, desde hockey de mesa, The House of the Dead, e incluso Dance Dance Revolution, en el cual Soobin pudo reivindicarse porque resultó ser inesperadamente buena.

―Ok, admito que tú siendo buena en Dance Dance fue una sorpresa. Creí que mis habilidades serían suficientes para derrotarte.

―Soy muy mala con los deportes, lo admito, pero mi amor por Kara y Vocaloid sobrepasa mi innata ineptitud con la actividad física, pero mejor no hablemos de Kara ahora porque sé que si empiezo, no voy a parar.

―Tendrás que contármelo luego ―agregó Beomgyu, contenta de que la chica estuviese más abierta y cómoda―. Por ahora, nuestra siguiente parada es…

―¡Street Fighter! ―exclamaron al unísono, sabiendo que se trataba de la batalla definitiva.

De todos los juegos, ese era probablemente en el que estaban más parejas. A pesar de elegir personajes con habilidades muy contrarias, cada una sabía cómo manejar a la suya propia. Tras una extensiva ronda de jugadas en las que seguían iguales, Beomgyu logró remontar, dio el golpe de gloria para el desempate y se coronó como la ganadora.

―¡¿Quééé?! ¡¿Pero por qué?! ¡¿Cómo es posible?! ―Soobin, quien estaba a nada de ser quien asestara el golpe final, se sentía estupefacta ante los resultados.

―Lo sé, soy increíble ―replicó, guiñándole el ojo con mofa.

―¿Increíble? ¡Eso fue injusto! Lo que hiciste fue una trampa. Yo debería ser la ganadora porque objetivamente, mi ataque estaba apunto de salir y el hecho de que tú utilizaras un truco sucio como….

En cierto punto, Soobin empezó a hablar con tal rapidez que Beomgyu casi no podía captar todas las palabras que estaba diciendo. Sabía que estaba argumentando por qué ella debía haber ganado, pero para Beomgyu era como escuchar un trabalenguas muy elaborado en un idioma ininteligible.

―… Y por eso te exijo que me des la revancha. ¡No! Revancha no es la palabra porque, en primer lugar, lo tuyo no debería ser considerado victoria, así que solo digamos que seguimos continuando la partida de antes.

Beomgyu no se percató de que dejó de seguir el alocado discurso de Soobin en algún momento y solo se le quedó viendo con confusión y estupefacción antes de echarse a reír a carcajadas.

―¿Qué? ¿Qué fue todo eso? Me perdí en apenas la primera oración ―logró articular, en medio de risas que por mucho que quiso, no logró acallar―. Qué mala perdedora eres.

Soobin parecía haberse dado cuenta del circo que había armado y de repente, se quedó muda y dejó que el calor en sus mejillas hablara por ella.

―Lo siento… ―soltó, carraspeando e intentando fingir compostura para no perder más su dignidad.

―Está bien, fue muy gracioso ―aseguró la menor, limpiándose las lágrimas de risa y sujetando su abdomen por el dolor de reír tanto―. Solo no creí que fueran tan… apasionada al respecto. Me sorprendió

―Pues no retiró lo dicho. Estoy siendo sensata ―agregó Soobin, contagiada por la diversión de Beomgyu.

―Entiendo, entiendo, pero si no queremos pelearnos en nuestra primera cita, es mejor que juguemos otra cosa, ¿está bien? ―le contestó en broma.

―¿Es eso o temes perder sin hacer trampa?

―Sí, sí, sí, lo que tú digas ―dijo, volteando los ojos―. Mejor vayamos a las maquinitas. A ver si atrapamos algo bueno.

―¿Alguna vez has logrado sacar algo?

―Sí, una bolsa de snacks, una vez. ¿Y tú?

―Sí, juguetes, un par de veces.

―Bueno, probemos nuestra habilidad.

Acto seguido se dirigieron a las varias máquinas con garra y decidieron probar suerte con el que tenía peluches. Utilizaron varias monedas, intercalando turnos para ver si ganar algo. En esa ocasión no estaba jugando por rivalidad como antes, sino solo para divertirse y, precisamente, calmar las aguas tras el anterior juego. Por fin, tras varios intentos fallidos, Beomgyu logró sacar un peluche.

―¡Salió!

―¡Sííí, lo logré!

Ambas festejaron la victoria de Beomgyu, pues aparte del premio, era gratificante haber conseguido algo luego de haber utilizado tantas fichas para intentarlo.

―¡Qué lindo y esponjoso! ―exclamó Beomgyu, tomando entre brazos su peluche.

―¿Qué se supone que es? ¿Un oso? ¿Un perro?

―Um… ¿Ambos? ¿Tiene cabeza de perro y cuerpo de oso.

―Supongo… Una rara combinación de ambos.

―¿Rara? ¡A mí me parece linda!

―Si tú lo dices…

―Lo que sea, ¡mírala! Es toda una princesa. Con sus pestañas largas y el corazón en su pancita. ¿De verdad no crees que es adorable? ―presumió Beomgyu, orgullosa; como si acabara de nacer su propia hija.

―Sí, observándola bien, es adorable ―Soobin le dio la razón, aunque no sonaba del todo convencida.

―No creo que estés siendo muy sincera, pero para que veas lo agradecida que estoy de que me hayas regalado al Esnupi, ahora yo te doy a mi Princesa ―declaró, estirando los brazos hacia Soobin y entregándole el peluche.

Soobin no esperaba ese gesto, por lo que se notaba sorprendida. Sin embargo, no dudó en aceptar el peluche que Beomgyu con tanta amabilidad le estaba ofreciendo.

―Gracias…

―Ahora es tuya, por lo tanto, debes darle un nombre apropiado. “Princesa” es solo su apodo de cariño.

―¿Nombre? Um… Déjame pensar…

―Hasta que lo hagas, dame unos minutos. Debo ir al baño.

―Ah, sí. Está bien. Te espero.

Beomgyu se apresuró a ir al sanitario y, si bien de verdad necesitaba usar el servicio, también aprovechó para tranquilizar su corazón tras su reciente acción. Sabía que no era algo demasiado atrevido, pero aún así se sentía algo apenada. Ni siquiera sabía si a Soobin le gustaban los peluches, pues el hecho de que le regalase uno de Esnupi, no significaba que le gustaban. Además, no parecía encantada con el que había sacado de la máquina. Es más, ¿y si tomaba a mal que fuera un regalo de un arcade y no algo que le compró pensando en ella exclusivamente?

Negó para sí misma. Se estaba ofuscando sin necesidad. Soobin se extrañaría si tardaba más de lo necesario, así que necesitaba recomponerse y regresar. De todos modos, las cosas parecían estar yendo bien entre ambas. Tomó una bocanada de aire, y luego de darse ánimos a sí misma mientras se miraba al espejo, decidió regresar con su cita.

―No sabes lo ocupado que estaba el baño…

Beomgyu estaba a punto de excusarse por la tardanza, cuando a lo lejos vio a Soobin, mirando detenidamente al peluche que le había regalado. Hubiera creído que estaban teniendo un duelo de miradas, de no ser porque al instante, la aprisionó contra su pecho con delicadeza y una sonrisa enternecida.

“Supongo que es señal suficiente de que le gustó” pensó Beomgyu, satisfecha y sintiéndose tonta por haber dudado de que su acción le agradara a Soobin.

―¿Y bien? ¿Ya pensaste en un nombre? ―Con la confianza renovada, hizo acto de presencia otra vez con su cita.

―¡Sí! Beomgyu, te presenta a Bamgeut, alias Princesa.

―¿“Bamgeut”? ―Beomgyu repitió el nombre, analizándolo―. ¿De dónde surgió?

―Porque tú dijiste que es una princesa y a su vez, ella me recuerda a ti, así que Bamgeut―reiteró, haciendo énfasis en la similitud de sus nombres.

Con eso estaba mucho más alegre. Indirectamente le acababa de decir que le parecía una princesa también, ¿no era así?

―¡Me parece un nombre fenomenal! Cuida mucho a Bamgeut, ¿sí?

Luego de hacer un pacto-bautizo por Bamgeut, salieron del arcade, pues se habían divertido lo suficiente y ahora tenían hambre.

―¿A dónde iremos? ―le preguntó Beomgyu, emocionada por saber a dónde la llevaría.

―Vi que no hace mucho inauguraron una cafetería temática del Estudio Ghibli y se veía muy lindo.

―¡Sí, también vi la publicidad el otro día en instagram! No sabía que quedaba cerca de aquí ―respondió, sujetando a Soobin del brazo y acelerando el paso a pesar de que no sabía la dirección exacta.

En cuanto llegaron, fueron recibidas por amables meseros que les ofrecieron tomar asiento en donde ellas gustaran. Todo el ambiente tenía una decoración confortable y apacible, con luz cálida, tapiz beige y de patrones otoñales, guirnaldas en las paredes, de las cuales “florecían” cerezos. También había murales de distintos personajes de la franquicia Ghibli, de los cuales resaltaba un gran Totoro. Además, estaba repleto de muebles antiguos pero rústicos, cuyos estantes contenían adornos particulares, frascos de pociones y muñequitos. Las mesas también eran de una madera café intensa con vibras muy naturales. Era un paisaje casi medieval.

―Vamos allá ―sugirió Soobin, señalando a un pequeño espacio reservado para solo una mesa y que tenía un gran ventanal por el cual ingresaba la luz vespertina.

Beomgyu quedó encantada, dicho espacio era muy acogedor e ideal para las dos. Además, se podían tomar muchas fotos aesthetic, las cuales no dudó en capturas con su teléfono. Las subiría después, al igual que se tomó con su querido Esnupi.

En cuanto se acomodaron, una mesera les extendió el menú, el cual era igual de adorable y temático que todo el lugar. Y aparte de lo estético, todas las opciones se veían muy apetitosas, desde los postres como pasteles, mochis hasta las opciones saladas como sándwiches, gyozas y demás. De igual modo, las bebidas, tanto frías como calientes, se veían deliciosas.

―Yo pediré la bebida que se llama Calcifer ―dijo Soobin, tras analizar el menú―. Dice que tiene maracuyá, té de frutos rojos, durazno y un toque de crema. Tengo sed, así que se me antoja algo así de fresco, pero con un poco de dulce.

―Yo pediré las Gyozas y el Té Chihiro… ¡No, espera! El Sakura Latte igual se escucha muy bien y se ve muy lindo. ¡Ah, no sé qué pedir!

La mesera probablemente ya estaba cansada de esperar, pues era la tercera vez que regresaba a consultar su pedido debido a la indecisión de Beomgyu.

―Podemos pedir ambas bebidas. El té Chihiro lleva jamaica, naranja y hierbabuena, así que se escucha refrescante también. Yo pediré ese y tú el Sakura Latte. Así puedes probar ambos.

―¡¿En serio?! ―preguntó Beomgyu, emocionada por la idea―. ¿Estás segura de que no quieres ordenar el Calcifer?

―Sí, está bien. Es la primera vez que vengo, así que estoy dispuesta a probar cualquier opción y, de todos modos, también me llamó la atención.

―¡Entonces esos!

―Un Té Chihiro, un Sakura Latte y una orden de gyozas, ¿es correcto? ―consultó la mesera, procurando mantener la cordialidad todo lo posible.

―Sí, muchas gracias.

En cuanto la mesera dio media vuelta, Soobin soltó un suspiró de alivio.

―Oye, ¿no pediste lo que quería solo porque ya querías ordenar, o sí? ―cuestionó Beomgyu.

―No, en realidad sí me gusta compartir cuando pido algo. Mis hermanas y yo siempre hacemos eso cuando vamos a comer. Es solo que me pone un poco tensa hablar con extraños, incluso si son meseras.

―Ya veo… ―asintió, Beomgyu―. A mí también me gusta compartir la comida para así probar todas las opciones posibles.

Como el ambiente era más cómodo entre ellas tras la interacción en el arcade, fue más fácil entablar conversación con Soobin. Aunque ya había presenciado un aspecto inesperado en ella cuando se puso competitiva jugando Street Fighter, le sorprendió que la mayor fuerza igual o incluso más habladora que ella cuando se trataba de sus intereses.

Beomgyu no era la fanática número uno del anime, pero sí conocía algunos, tal cual las películas de la cafetería en la que estaban en dicho momento, así que pudo seguirle el ritmo al inicio. Pero lo que inició como una charla sobre si habían visto Totoro o El Castillo Ambulante, se convirtió en una exposición magistral por parte de Soobin sobre sus animes favoritos tales como Jujutsu Kaisen, Spy x Family, Given, Citrus y otros cuyos nombres Beomgyu nunca en su vida había escuchado.

Era gracioso cómo Soobin daba una vibra frívola, distante e incluso inalcanzable cuando, en realidad, resultó ser una otaku introvertida y rara. Sin embargo, eso no quitaba que fuera agradable y considerada. De hecho, Beomgyu se sintió feliz de poder conocer a la persona que realmente era ella.

Al poco tiempo llegaron sus respectivos pedidos y se dispusieron a comer, no sin antes Beomgyu haberle tomado una foto en el mejor ángulo para subirla luego a sus redes.

Soobin cumplió con su trato y dejó que Beomgyu probara su bebida, la cual, tal y como imaginó, terminó gustándole más que la suya propio. Su Sakura Latte estaba dulce y calentito, pero llegaba a ser empalagoso. En cambio, el Té Chihiro de Soobin muy fresco y tenía un buen equilibrio entre dulce y ácido.

―¿Te gustó más el mío? Si quieres, puedes beberlo todo.

Soobin, quien probablemente se había percatado del veredicto de Beomgyu con sus gestos y entusiasmo al momento de consumir las bebidas, le propuso terminar el resto de su té, del cual quedaba más de la mitad.

―¿Pero qué hay de ti? Yo casi me acabé el mío. No es justo que me quede con el tuyo y tú solo con mis sobras.

―No hay problema, con eso es suficiente ―le aseguró―. Además, soy yo quien te invita, así que adelante. Lo guardé porque sabía que querrías probarlo.

Beomgyu sabía que por educación, debía rechazar su oferta, pero ante la insistencia, la cual esperó fuese sincera, no se pudo negar porque era cierto que quería más de la bebida de Soobin.

―¡Ah! Está delicioso… ―exclamó en cuanto el vaso pasó a manos suyas―. La próxima vez definitivamente pediré esto.

―Y yo pediré el latte―agregó Soobin, bebiendo lo poco quedaba de la bebida de Beomgyu―. La verdad es que también me gustó más.

―¿No crees que es muy dulce? No lo acabé porque me sentía empalagada a partir de la mitad.

―En realidad, me gustan más los sabores dulces que salados. Amo los pasteles, los postres y, sobre todo, el pan.

Beomgyu tomó nota mental de todo aquello, pues podría serle útil en un futuro.

Ambas chicas siguieron charlando hasta que terminaron de comer y, al percatarse de la hora, decidieron que era momento de regresar a casa. Pidieron la cuenta y Soobin pagó por el consumo. Beomgyu propuso pagar lo suyo, pero la segunda vez que Soobin aseguró que iba por su cuenta, la menor aceptó sin rechistar. No lo diría en voz alta, pero era lo mínimo que esperaba al ser invitada a una cita. Aunque le dio un poco de pena, pues los precios de esa cafetería eran algo elevados y, al final del día, ambas seguían siendo mocosas de secundaria. A pesar de eso, Soobin no se quejó y pagó la cuenta.

Beomgyu no podía estar más que satisfecha con la actitud de la joven. Al inicio tuvo sus dudas y, una vez que se le bajó la adrenalina de descubrir que era ella la del peluche, se puso a racionalizar que no conocía a Soobin en lo absoluto y no parecían tener nada en común. Pero pasar toda la tarde junto a ella , su opinión cambió en demasía, para bien. Al principio fue difícil lidiar con su actitud distante, pero resultó ser mucho más graciosa y atenta de lo que esperaba. Dejando de lado que era muy intensa con los juegos, una otaku con todas las de la ley y que cuando agarraba confianza decía cosas muy extrañas, su opinión sobre ella era favorable. De hecho, hasta diría que esas particularidades en su personalidad la hacían más agradable.

―Yo tomaré el tren que está en la estación de la esquina para ir a casa. ¿Tú por dónde vas? ―le preguntó Soobin, mientras salían de la cafetería.

―En la estación que está al otro lado.

―Oh, en tal caso, te acompañaré.

―¿Segura? ¿No es muy tarde para ti?

―No, está bien. Prefiero acompañarte y luego irme. Mi casa no queda muy lejos, de todos modos.

Así, emprendieron la última caminata del día, dedicándose a comentar los momentos más agradables de la tarde que habían compartido. Su estado de ánimo apacible iba a juego con el tenue ocaso.

―¡Y llegamos! Gracias por acompañarme.

―No es nada. Avísame cuando llegues a casa, ¿sí? Nos vemos, Beomgyu.

―Soobin, ¡espera!

La muchacha estaba a punto de dar media vuelta e irse, pero el llamado de Beomgyu la detuvo.

―Sé que lo comenté hace un momento ―continuó ella―, pero realmente disfruté mucho. mucho, mucho esta cita. Gracias ―reiteró, mostrándole una sonrisa.

―Ah… Es un alivio escucharlo. A decir verdad, estaba muy nerviosa. No imaginé que fuéramos a tener una cita así de repente y la verdad es que no soy muy buena para conversar y relacionarme con otras personas, así que peor tener citas.

―Y es que nadie imaginaría que la gran y respetable delegada Choi Soobin resultaría ser una viciosa del Street Fighter y una otaku que sabe más de anime que de relaciones humanas.

―Ash… No me molestes ―le advirtió, con una graciosa mueca de fastidio.

―Es broma, es broma… Hablando en serio, eres muy agradable y, siendo sincera, yo tampoco tengo amigas cercanas o de mi edad con quienes pueda tener este tipo de planes. Me divertí un montón.

―Estamos en las mismas…

―No, porque yo no soy otaku.

―¡Ay, ya callate y ve a tu casa! ―le dijo, dándole un empujoncito hacia la entrada de la estación.

―Sí, ya me voy para no decirte más tus verdades, pero antes…

Beomgyu se le acercó, se puso de puntillas y le depositó un tierno beso sobre la mejilla de Soobin, despidiéndose de ella.

―Nos vemos, Soobin. Eres muy linda y me gustas mucho, así que la próxima vez, seré yo quien te invite a una cita.

Así, Beomgyu aprovechó que su tren había arribado para huir antes de que el calor en sus mejillas la delataran, dejando atrás a una Soobin igual de avergonzada, plantada en la parada.

Aunque, lo que no sabía ella era que la mente de Beomgyu, caramelizada con ilusiones, no estaba pensando en solo invitarla a una cita, sino que se imaginaba un futuro entero siendo novias, terminando la escuela, graduándose, viviendo juntas durante la universidad, trabajando en su propia cafetería y adoptando un perro, conejo, perico, erizo y todo el zoológico de ser posible. Sin embargo, se repitió a sí misma que debía ser prudente y recatada, por lo que, al menos ese momento, el peluche de Bamgeut que le había regalado y la promesa de una próxima cita, eran suficientes.

 

【🧸】

 

―Gracias por acompañarme, Ning. Realmente conoces las mejores tiendas para conseguir peluches.

―No es nada, unnie. Lo hago con todo gusto. Aunque me sorprendió porque, hasta donde recuerdo, nunca fuiste amante de los peluches.

―Sí. Me parecen lindos, pero no es como si fuera tan entusiasta con ellos.

―Oh, ¿un regalo entonces?

―Sí, algo así. Es para mi novia… Por nuestro primer mes juntas.

Kai, quien estaba entretenida viendo los lindos peluches de las vitrinas, se detuvo en seco al escuchar.

―¡¿Quééé?! ¡¿Novia?! ¡¿Primer mes?! ¡Soobin-unnie, ¿en qué momento?!

Su estupefacción fue tan sincera que no se percató del elevado volumen de voz, tanto que Soobin como ella misma tuvieron que cubrirse la boca por la imprudencia.

―¡Shhh! Baja la voz ―le imploró avergonzada.

―Lo lamento… Es solo que fue muy sorpresivo. Nunca te vi interesada en nadie más que en tus husbandos o waifus. ¿Por qué no me contaste?

―¿Y por qué no me dijiste tú que estabas saliendo con Choi Yeonjun?

―¡Unnie! ―ahora era el turno de Kai de estar avergonzada―. Sucedió literalmente ayer, hoy iba contártelo…

―Mmm está bien, te creo solo porque yo también me enteré hoy.

―¡Ese no es el punto! Tú fuiste quien no me contó que tenía novia desde hace un mes. ¿Quién es?

―Tal vez la conozcas. Es una chica de mi salón. Se llama Choi Beomgyu…

―¿Quééé? ¿Beomgyu-unnie? ―Kai estaba recibiendo demasiadas sorpresas en muy poco tiempo. Alguien debía pensar en sus pobres nervios.

―¿Unnie? ¿La conoces?

―¡Por supuesto! Ambos estamos en la banda de la escuela.

―Ya veo… No lo sabía.

―Woah, esto es sorpresivo. Nunca habías hablado de ella. No sabía que te gustaba.

―De hecho, yo tampoco.

―¿Uh? ¿Cómo fue que te hiciste novia suya, entonces?

―Literalmente, solo siendo distraída y no sabiendo decir que no.

―¿A qué te refieres?

―¿Recuerdas el peluche de Snoopy que me gané cuando fuimos al arcade y que luego no supe dónde había dejado?

―Ajá…

―Pues resulta que lo había dejado en nada más y nada menos que el escritorio de Beomgyu…

Soobin le relató la historia de cómo, debido a dicha confusión, Beomgyu creyó que el peluche, el cual tenía una tarjeta impresa predeterminada, era una declaración de amor hacia ella. Además, le confesó que el asunto escaló a tal punto que la persuadió de invitarla a una cita, casi poniendo palabras en su boca y a la que, por pena, Soobin no supo decir que no.

Kai esta vez no pudo guardar la compostura ante tal anécdota, sacándose una tremenda carcajada en plena tienda y ganando la mirada de las demás nuevamente.

―Eres increíble, unnie. Solo a ti te pasan estás cosas. Lo mismo sucedió cuando te eligieron como delegada de tu curso solo porque nadie más quería y no supiste decir que no. Ya decia yo que era raro que consiguieras novia de la noche a la mañana.

―¿Qué significa eso, eh? ―cuestionó, sintiéndose ofendida.

―Nada, nada… A pesar de que nació de una confusión, me alegro por ustedes dos. No me lo habría imaginado, pero hacen una linda pareja.

―Gracias, yo tampoco lo habría imaginado.

―Y ahora sé con quién estabas usando esas fotos de perfil match de Columbina y Arlecchino que subiste el otro día a tu instagram ―mencionó Kai, codeándola con toda intención de molestarla.

―Resulta que a las dos nos gustan los videojuegos… ―confesó, avergonzada.

―¡Pero bueno, si resultaron ser tal para cual!

Su expresión avergonzada y la genuina alegría e ilusión por ver que reacción tendría Beomgyu cuando le obsequiara los peluches de Kuromi y My Melody que había comprado para ambas, fueron suficientes para que Kai comprendiera que su apreciada Soobin unnie, estaba, por primera vez, más de enamorada de una persona real que de un personaje de anime. Esa era una proeza que solo Choi Beomgyu podría haber logrado (aunque fuese por un malentendido que un inocente peluche de Snoopy había causado).

 

Notes:

Estoy emocionada de tertuliar todas las referencias de este fic jajaja.