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El fulgor de la rabia de los ojos de los miembros de la casa del norte se intensificaban cada vez más y más. El tema de discusión eran los mismos de siempre: el régimen, la federación y su posible alianza con otras facciones que residían en la isla en la que todos estaban atrapados. Como si fuese un gran acto de fraternidad sabían que debían mantener la paz, otros en cambio empujaban a una gran guerra para definir el poder absoluto.
—Me parece una gran tontería seguir hablando del mismo tema, sabemos que tenemos las de ganar, somos la mayoría— dijo Aldo
— Ser numerosos no nos asegura nada, se trata de estrategia, de ser inteligentes y saber cuándo y cómo atacar— Foolish aseguró sin darle más importancia al asunto
—Creo que mantener un equilibrio y mantener la paz es lo mejor—susurró Juan en un intento de dar una respuesta flexible
—Creo que dices mucho, pero actúas muy poco— susurró Aldo, ya no quería disimular su enojo y la insistencia en mantener la paz
Un gran golpe se escuchó en la mesa. Era Roier que estaba al borde del hartazgo. Además de aquello, sabía que era el momento de detener esta absurda reunión al ver que su padre estaba al borde del colapso y más cerca de la migraña con solo ver el ceño fruncido cubriendo una sonrisa burlona. Senpai, su hermano menor, no estaba lejos del mismo hartazgo. Roier sabía que con solo desviar su mirada y ver como el chico sostenía con fuerza el mango de su mazo, debajo de la mesa estaba listo para callarlos por el bien de su padre. Aunque Roier sospechaba que no habría tal escándalo porque detrás del joven príncipe aguardaba su caballero, confidente, amigo y algo más. El halo del guardián, un destello que desprendía algo más, siempre detrás del príncipe más joven del Norte con un deje cómplice y protector estaba siempre allí frente a todos.
—Creo que todos estamos cansados, Vege y Senpai ya quieren dormir. Este tema es más de lo mismo que ayer y el día anterior. ¿Lo dejamos para mañana?para seguir con esto, mañana es la competencia en el coliseo, creo que se pueden limar asperezas ahí ¿no creen?
Todos se giraron a ver a Vegetta y su sonrisa poco disimulada al escuchar a su hijo, era una escapatoria con la cual no estaba de acuerdo, pero era una solución al fin y al cabo. No hubo más discusión, todos se levantaron de la mesa, se despidieron y se fueron a sus cuartos, el día siguiente sería interesante de ver a razón de que todos sabían que el principal contendiente de esta justa, que más parecía un espacio de confrontación, estaría Senpai, detrás de ellos el resto del Norte lo seguía sabiendo que era muy superior en cuanto a duelos y batallas.
Ishan terminó de escribir un par de cosas en su libro, aún expectante a seguir al joven príncipe. En tanto Senpai estiró los brazos dejando de lado su gran mazo. Sonrió cómplice a su hermano que se levantaba a su lado, sus padres tan solo susurraban sobre lo que pasaría al día siguiente.
—Gracias por eso, hermano, hoy están más insoportables que nunca
—Solo buscan una solución, pequeño príncipe
La mano amable de sus padres reposaron sobre su cabellera y hombros. Senpai reconocía muy bien el toque de un par de personas: sus padres, su hermano Roier e Ishan. Este último presenciaba con atención cada interacción que tenía el príncipe que debía proteger.
— ¡Ya padre! me despeinas, papá no hagas eso…
—Agradece a Roier que esto terminara, no te desveles mucho, anda ve a dormir, acompañalo Ishan—adormilado Vegetta obsequió una sonrisa comprensiva hacia su hijo
—Mañana te haré algo de cenar que te guste, vayan ya— Foolish aseguró antes de ir tras su esposo.
—Como ordene, su majestad
Ishan respondió con una sonrisa adormilada, Vegetta devolvió la sonrisa. Sabía reconocer la lealtad cuando la veía. La mirada de Ishan respondía a una mirada de admiración ante él, pero había una mirada diferencial cuando se trataba de su hijo menor. Cualquiera que lo conociera podía ser capaz de ver lo evidente, pero nadie se atrevía a decirlo, ni siquiera el propio rey del lugar, a veces tan solo las miradas eran capaces de revelar los sentimientos.
—Ya vete Senpai, ve con tu niñero, amigo especial, casinovio jajajaja
Roier recibió un codazo de su hermano menor. Esos chistes llenos de insinuaciones eran más continuas últimamente. Senpai solo respondía tratando de aminorar las insinuaciones obvias.
—Cierra la boca, hermano. Ishan es mi amigo, solo dices tonterías. Ya vete a tu cuarto. Padre no le hagas caso
—Ya va siendo hora de que se vayan a dormir muchachos
Vegetta regalo una sonrisa a los jóvenes antes de irse junto a Foolish. Roier pasó al lado de Ishan y con una sonrisa cómplice además de un brillo de diversión susurró cerca de él.
—No se amanezcan y susurren porque puedo escuchar cómo se ríen cada noche...ya sabes las paredes delgadas y todo eso
Un guiño y una risita fue lo último que Ishan vio antes de enrojecer, cubrirse con su libreta era la única respuesta que siempre daba. Él sabía que todos sabían, solo era cuestión de tiempo.
Senpai estaba más que distraído acomodando su mazo en la pared de armas de su hogar. Le gustaba dejarla a la vista de todos. No tardó en hacer un movimiento con la cabeza indicando a Ishan que debían irse.
Con cada paso que daban se escuchaban susurros, risas lejanas, peleas de almohadas entre los pasillos. Aquella mansión albergaba familiaridad y calidez más que nunca.
Al llegar al cuarto del pequeño príncipe Ishan soltó un suspiro. Senpai pasó al lado de su querida mascota, Miss Web, le regaló una sonrisa al verla caminar sobre su pequeño hogar de cristal
—¿No crees que te excediste un poco?
Ishan se mantenía firme frente ante la puerta cerrada.
—Siempre es el mismo tema. Hablamos del régimen, intento trabajar para hacer conciliación, eso no le agrada a la mitad de los aliados. Me quedo con ganas de atacarlos. Pasamos al tema de la federación, les propongo explotar un par de cosas, solo Roier y Aldo me apoyan y así hasta llegar al tema de cómo conseguir más aliados para mi padre. Y siempre es más de lo mismo todos los días.
Senpai se quitó la chaqueta y su corona sin quitar la vista de Miss Web, mirada aún oculta por sus gafas negras. Ishan solo esbozó una sonrisa comprensiva. Sabe cuánto esfuerzo hacía su amigo. Siempre lo veía intentando arreglar las cosas, pero de vez en cuando lo veía desbordarse en furia, al grado de que sus pequeñas bromas se transforman en declaraciones abiertas de guerra.
—Solo no le quites autoridad a los subordinados de tu padre—
—¡Aj! soy un príncipe, no le debo nada a los subordinados de mi padre. Somos una familia, pero los límites los marca mi padre, quizá papá Foolish, yo y quizá mis hermanos, los aliados... en fin
Un murmullo del cuarto de uno de sus hermanos se escuchó a lo lejos. Sabía que estarían escabulléndose hacia la discoteca privada de su hermano. O quizá se irían de aventuras a lo lejos
—No hables así, sabes que son importantes y podrías herirlos...
—Cómo sea, ¿Qué vamos a hacer mañana? ¿Iremos de aventuras antes del torneo? ¿entrenaremos? encontré un lugar que te va a encantar
Senpai se lanzó a su cama con una gran sonrisa. No paraba de hablar de sus próximas aventuras.
Ishan pensó brevemente en su última salida. Apenas hace unos días habían salido de aventura, decidieron tener una pelea amistosa entre ellos, al final de cuentas Ishan siempre era el sujeto de prueba para entrenar y para manejar nuevas armas que deseaba manejar el más joven. Protegerlo era su trabajo, incluido protegerlo de sí mismo. El sonido de sus armas era ensordecedor, sabía que Senpai jamás se controlaba con sus habilidades cuando se trataba de un reto. Cada pelea era cuestión de seriedad para él, por eso toda su familia, aliados y enemigos lo consideraban el mejor. Ishan no evitó recordar los breves momentos en que, en cada empujón, en cada ataque la sonrisa del príncipe se engrandecía. Su mirada ansiosa y sedienta de anhelo traspasaba el vidrio de sus gafas negras. Esa chispa de alegría en cada enfrentamiento era un ápice de alegría entre ellos. Ishan sabía que debía protegerlo, incluso protegerlo de sus propios sentimientos. Ambos pelearon por tener la dominancia en esa danza que derrochaba orgullo, alegría, complicidad, amor. Las alas de Ishan solo emergían de vez en cuando, no las necesitaba siempre, a menos que la insistencia por pelear del príncipe lo traspasaran. Era un poco irónico ver como el protector terminaba siendo derrotado por quien debía proteger.
El protector era más consciente de los acercamientos más repentinos, los roces al ser levantado del suelo apenas terminado el duelo en el que pocas veces era capaz de ganar, los abrazos en los que muchas veces Senpai terminaba en refugiarse en su cuello. Dejando escapar un suspiro en el que no solo exhalaba su cansancio, su alegría, si no sus propios sentimientos. Aquella última vez en la que se le abalanzó para atraerlo y terminar en un abrazo amistoso extrañamente notó como el suspiro del joven príncipe se transformó en una aspiración, tan profunda que transmitía cariño y deseo por mantener cercanía desesperada. Lo extraño es que ese suspiró llevó al joven príncipe a reclamar un roce suave, sus labios, el suspiro llevó a que sus labios se posaran sobre la mejilla de su guardián. No era la primera vez, y sabía que no sería la última.
Aquel recuerdo hizo que Ishan hizo que quisiera ir del cuarto de su joven protegido.
—¿ya te vas?
—Sí, quiero dormir— Ishan trató de justificarse
—Como sea
Senpai se levantó de golpe, tiró sus gafas a su cama y regresó a mirar a Web. Ishan vio como Senpai apoyaba su mentón sobre su brazo, notó sus ojos dulces y llenos de curiosidad de algo más, era indescriptible aquel brillo desbordante al fijar su mirar al vidrio. Sabía cuándo estaba incómodo. Sin más se fue del cuarto del príncipe.
—Descansa, Ishan…
Apenas llegó a su cuarto Ishan notó que en el silencio de la noche el latido de su corazón golpeaba más fuerte que nunca. Cada golpe lo delataba con cada paso que daba hacia su vestidor. Quitarse la ropa y fingir que no pasaba era lo mejor. Al sentirse libre vio por su balcón la gran extensión del norte.
El torneo se llevó a cabo con emoción. Era la distracción perfecta entre las facciones de la isla que más bien parecía una pequeña jaula expectante a lo que vendría luego. El golpe de las espadas, los caballos, era un pequeño deleite escuchar los aplausos, el grito de las familias, del público amante de las peleas. Detrás, en las caballerizas, los principales peleadores descansaban o se preparaban para sus propias peleas. Senpai al ser un príncipe tenía un lugar reservado solo para él. Se encontraba tranquilo y jugando con el mango de sus armas, estaba más que listo para enfrentarse a su oponente: Haiper.
—¿Sigues acá? creí que escaparías a jugar con tu…¿guardián?
La risilla divertida y el tono hicieron que Senpai sonriera en automático. Reconocía la voz de su oponente, amigo y ex-compañero de facción. Se giró a ver a Haiper apoyado en el marco del portón con una mirada neutra.
—¿Qué haces aquí? ¿Intentas matarme antes de nuestra pelea o algo así?
La mirada de Haiper se transformó, una sonrisa juguetona apareció y con ella un golpecito en su vientre. Ambos juguetearon un momento hasta que Senpai terminó por acorralar a su amigo
—Solo me cercioraba de que no escaparas de nuestra pelea, ya sabes cómo se pone Ash con esto de las peleas
—Como si su opinión me importara
—Vamos Senpai, aun puedes huir de mí
Haiper lo vio con una mirada divertida y con ánimos de seguir con esta pelea infantil. Pero solo recibió carcajadas del joven príncipe que aún lo mantenía cautivo entre la pared y sus brazos. Algunos sabían de los rumores entre ambos, más bien de lo unilateral del asunto. Haiper no podía ser capaz de mantener su vista en el príncipe, entre la mirada que se asomaba tras las gafas oscuras de su amigo y la risa que emergía alegre entre los labios del chico no sabía qué ver. Era hipnótico.
—Te lo digo en serio, príncipe, puedo contigo. No te tendré piedad…ahora que somos enemigos
—No me digas jajaja cierra la boca, aun somos amigos
Senpai se mantenía firme carcajeándose, ni siquiera notaba la mirada llena de admiración y cariño de su amigo. Su risa se vio interrumpida al sentir el tacto de Haiper sobre su cabello. Ese pequeño mechón resbaladizo fue llevado detrás de su oído. Senpai vio atento las acciones de su amigo y su sonrisa se transformó en duda por un momento.
—Pretendes pelear conmigo, pero ni siquiera puedes peinarte bien, pequeño príncipe
El sonido de unas manos golpeando la puerta abierta dejó ver a Ishan siendo testigo de aquella charla divertida. Su presencia hizo que Haiper lo observara con asombro, Senpai en cambio aclaró su garganta y se alejó de quien se consideraba su contendiente.
—Su señor padre lo espera, perdón creí que estabas, estaba solo…
Senpai notó el tono en que Ishan insinuó sobre la situación. Una sonrisa incómoda salió a flote, pero no pudo decir más
—Ey no te preocupes, solo visitaba a mi…enemigo, yo ya me iba —Haiper vió de reojo a su contraparte— nos vemos, príncipe
—Solo hablábamos Ish…
Ishan desvió su mirada hacia el suelo, en ese preciso momento solo deseaba que la tierra se lo tragase. No podía creer que sus gestos fueran tan obvios. No quería que sus celos fueran evidentes, mucho menos la punzada de dolor que atravesaba su pecho.
—Ey tranquilo, no te lo voy a robar Ishan, ya es tuyo ¿no? por algo te llevó con él a su castillito. Te aseguro que no te engaña conmigo
Una risa divertida fue el único rastro que dejó Haiper al irse del sitio. Ishan no sabía qué decir, estaba estupefacto. Senpai al contrario solo se mordía las uñas de los dedos con una sonrisa, era absurdo querer ocultar todo lo que estaba pasando. Ishan no esperó más y avanzó hacia la salida, siendo detenido por el príncipe.
—No pasó nada— Insistió Senpai
—Su padre lo espera, no lo haga enfadar
—No me hables tan formal
—Solo obedezca
—¿Qué hago para que me dejes de mirar así? él tiene razón, soy tuyo, ¿estamos juntos en esto no es así?
Ishan tenía una mirada avergonzada y a la vez expectante a todo lo que decía el príncipe. Bastó un golpe en su pecho tratando de alejarlo. En cambio, Senpai se acercó como hace días atrás. Los mismos movimientos. El rostro del joven príncipe se hundió en el hombro de su compañero de armas. Sus labios rozaron la superficie de la mejilla del chico hasta llegar a su oído.
—Lo voy a derribar y a demostrarte cuanto te quiero, lo prometo
—No digas tonterías, te vas a arrepentir
—La corona de flores, esa que obsequian las princesas, las que quieren mi atención, te las daré a ti, prometo que lo destruiré y te besaré
—Entonces destrúyelo
El atrevimiento del príncipe hizo que su amigo lo desafiara a cumplir sus palabras. No había nada más peligroso que retar al príncipe, todos sabían eso. Sus ojos eran visibles, sus gafas amenazaban con resbalarse por ese forcejeo. Senpai le sonrió. Eso fue todo antes que el príncipe abandonara el sitio, dejando a Ishan confundido. Estaba arrepentido de haber dicho lo último.
La multitud estaba expectante. El sonido de los aplausos era ensordecedor, en las tribunas se encontraban los reyes, líderes y familias de las facciones. La familia del norte era la más emocionada de ver a su joven príncipe en acción. Los vitorees lo acompañaban. Un paseo en su caballo lo acercó hacia la tribuna de su familia, todos sus hermanos, amigos y aliados se encontraban emocionados de verle. Ishan en cambio se encontraba con los nervios a flor de piel.
Los oponentes estaban frente a frente, listos con sus armas. El grito de las graderías dio inicio a la pelea. El choque de espada contra el gran mazo del príncipe hizo que su familia gritara que era el mejor peleador. En cambio, el régimen se mantenía en total silencio, expectante ante la pelea de su compañero y su ex-compañero de armas. La agilidad de ambos competidores delataba lo bien que se conocían. Una herida aquí, una allá, y el espíritu del príncipe entró en total éxtasis al saborear el miedo de Haiper al notar un pequeño resbalón lo mandó a caer de espaldas. El mazo estaba a punto de caer frente a él, pero Haiper mantuvo la mirada fija en el príncipe. El sonido del mazo cayendo justo al lado de su rostro le hizo sonreír. Toda la tribuna del norte gritó la victoria de su príncipe. Senpai solo lo miró con una mirada desafiante
—Gané
—Lo hiciste…
Eso fue todo. Senpai se acercó hacia la tribuna de su familia y elevó su arma mirando con orgullo hacia sus padres, a su hermano más querido y a la persona que más ansiaba ver…Ishan, él era el único inmóvil, no lo miraba, pero mantenía una sonrisa nerviosa, queriendo evitarlo. Le había demostrado que solo era él.
No tardaron en venir las flores de la victoria. Coronas de flores, ramos y pañuelos le llovieron al joven príncipe. No dejó pasar una corona de rosas dada por su hermana, Molly, que se abrió paso entre sus admiradoras
—Eres el mejor, ahora ve y haz lo que tengas que hacer, que ya vimos cómo mirabas a tu amigo especial
Senpai hizo caso. Se llevó aquella corona de rosas y se fue hacia su caballeriza.
Ishan fue empujado con un codazo débil por parte del otro príncipe al verlo tan quieto. Roier sabía de los planes de su hermana, y le encantaba ser el cómplice en todo esto
—Oye, deberías ir a traer a mi hermanito, debe de estar feliz
Ishan solo asintió y se dirigió hacia donde estaba Senpai. El camino nunca se le había hecho tan largo, el latido de su corazón acalló los gritos de las tribunas que aún esperaban más peleas. Ishan no encontró a nadie en la caballeriza del príncipe, pero al girar se topó con quien más quería ver. Senpai traía una sonrisa enorme en el rostro, lo vio avanzar con rapidez hacia él. Abandonó su mazo, pero mantuvo la corona de flores en sus manos
—Tu…Tu hermano dice que vayas con la familia, quieren—
Ya no hubo suspiros de agonía o intentos desesperados por roces. El tan ansiado beso necesitado de cariño y anhelo llegó. Senpai sostuvo el rostro de su ser más amado. Las rosas ahora rozaban con el rostro de su protector. Se mantuvieron así hasta que el vitoreo lejano hizo que Senpai dejara escapar una risita de satisfacción después de alejar sus labios
—Le gané…les ganaré a todos si es necesario, los destruiré si es lo que quieres…dime que me amas, es lo único que quiero
Ishan respondió con una mirada divertida, no podía creer que hasta en esos momentos Senpai no dejaba de ser un niño ambicioso de poder, pero después de todo era el chico que amaba. No necesitó más pruebas, en respuesta le devolvió un beso que siempre había deseado dar. El tiempo se detuvo entre besos y caricias que no paraban. Entre risillas Senpai le colocó la corona de flores.
—Vamos dime que me amas
—Esa corona… es ridícula…pero aun así te amo...
Los besos robados no cesaban de darse. Se sentía como la unión entre luz y oscuridad.
—Pero ahora serás como mi príncipe…ahora esta es tu corona, no te preocupes te daré la mía si quieres...
—Cierre la boca, príncipe…
Risas cómplices hicieron que retomaran sus besos. Ahora el amor que sentían era más evidente que nunca. Luego le explicarían a todos lo que tenían, o no. Al joven príncipe le daba igual lo que pensaran de él, pero estaba seguro de que sus padres y su familia entera lo aceptarían, después de todo nadie le podía decir que no. Era el príncipe del Norte, pero antes que eso era un joven enamorado de la guerra y de su amigo. Siempre había sido él y su fiel protector. Eran el ángel y el demonio enamorados, eran luz y oscuridad.
