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Para Lena, la danza no era simplemente una herramienta en su trabajo. La danza era la disciplina que la había acompañado desde su infancia, era su manera de expresarse y quien la había ayudado a controlar su TDAH. No bailaba para vivir, vivía para bailar. Siempre supo que la danza la llevaría a hacer grandes cosas. Cuando entró a formar parte de un grupo musical como bailarina principal, no esperaba que fuera tan diferente a lo que había hecho toda su vida. Sin embargo, pronto se topó con la realidad. Cada vez que entraba a una de sus redes sociales las encontraba llenas de mensajes anónimos. Nunca sabía si estos mensajes serían positivos o negativos.
Al principio, abría cada mensaje que le llegaba, y se ponía feliz con los que le comunicaban su apoyo, pero los mensajes malos la destruían. Ella era una perfeccionista, porque eso le daba seguridad frente al miedo de que su condición no le dejara cumplir sus metas. Se esforzaba y practicaba los pasos de baile repetidamente, hasta que le salieran perfectos. Llegó a un punto donde todo le salía naturalmente, pero ella no dejaba de ensayar una y otra vez, porque temía olvidarlos en el medio de una presentación importante.
Los comentarios negativos que no tenían que ver con su baile realmente la afectaban. Sus padres la habían criado con amor, y sus compañeros de colegio y amigos siempre la habían tratado bien, por lo que no estaba acostumbrada al rechazo más allá del recibido en las audiciones o concursos de baile. Al principio de su debut, los comentarios eran alentadores. Pero cuando empezó a recibir más reconocimiento, también empezó a recibir muchos mensajes criticando su apariencia, su forma de hablar y su canto.
Las demás integrantes del grupo la querían mucho, y tenía el apoyo de su familia y su novio, pero dos años después del debut se encontraba en una situación donde, a cada hora, recibía cientos de comentarios negativos. Apenas podía soportarlo. Ella ya no entraba a sus redes más que para hacer lo estrictamente necesario. Se concentraba más y más en su trabajo, y llegó a un punto donde apenas hablaba con su familia, porque vivía con sus compañeras y no usaba el teléfono para otra cosa que el trabajo. Su novio no había recibido un mensaje suyo en semanas, a pesar de que él le enviaba varios mensajes diarios. Cuando finalmente ella contestó, quedaron en que tenían que verse para hablar, porque había algo que no iba bien. Y luego de otras semanas, cuando lograron encontrarse, acordaron en que lo mejor sería seguir solo como amigos.
A ella le dolió un poco perderlo, pero estaba tan absorbida en su trabajo que se recuperó rápidamente. Tenía un tour por Asia en camino y debía poner todas sus energías para prepararse para días y días de ensayo. Su grupo tenía programado varios encuentros con otros grupos para promocionar los shows. Se venía mucho trabajo en camino, pero ella estaba feliz. Al fin y al cabo, bailar era lo que más le gustaba, y las promociones estaban llenas de ensayos de baile.
El primer grupo con el que colaborarían ese día estaba compuesto de cinco integrantes hombres. El grupo de ellas debía ensayar la coreografía de dos canciones de ellos, y el de ellos debía aprender las de dos canciones de ellas. Tenían una semana para ensayar y el fin de semana siguiente para grabar.
El grupo era uno con el que ya habían colaborado anteriormente, e incluso ella había colaborado personalmente con uno de los integrantes en un proyecto solista, por lo que ya se conocían bien.
El primer día de ensayo fue agotador, porque intentaron una primera practica de las cuatro coreografías de una vez, solo para ver dónde estaban parados, pero se veía muy desordenados. El segundo día decidieron dividirse en turnos, donde diferentes grupos practicarían sus partes.
Lena se había levantado más temprano que los demás, y fue a la sala de ensayo. Pensaba practicar un poco sola antes de que se unieran los demás. Perdió la noción de tiempo, únicamente mirando su reflejo en el espejo, hasta que se dio cuenta que ya no estaba sola. Volvió la cabeza y encontró a varias personas, entre sus compañeras y los del otro grupo, que la estaban mirando bailar, en completo silencio. Varios empezaron a aplaudir y pronto todo el grupo lo hacía. Ella se sonrojó y agachó la cabeza para saludar. Estaba acostumbrada a bailar con público, lo hacía desde que tenía noción y ahora en estadios llenos de gente, pero hacerlo pensando que estaba sola cuando no era así la había descolocado un poco.
-Buenos días. Perdón, no me había dado cuenta de que no estaba sola. ¿Ya es la hora?
-No, no te preocupes, algunos todavía no llegaron –le respondió alguien.
Ella, un poco tímida, volvió a saludar a todos nuevamente y se acercó a una de sus amigas.
-Lena, ¿a qué hora te despertaste? Nos ganaste a todos –le dijo esta.
-Temprano. Pero en serio no me di cuenta de que habían llegado. Qué vergüenza. Me veo muy seria cuando ensayo sola.
Sophia, su amiga y compañera de grupo, soltó una carcajada.
-No te rías -la retó Lena.
-Deberías haber visto cómo estábamos. Todos en silencio. Estabas radiante, bailando, super concentrada, en tu propio mundo.
-Bueno, pero la próxima vez me saludas ni bien llegues.
Lena estaba acostumbrada a ensayar con otras personas, pero cuando ensayaba sola se permitía abstraerse completamente, y no podía pensar en nada ni en nadie más. Y no quería dar una imagen equivocada.
-En serio, no hiciste nada mal –la consoló su amiga-. Estabas perfecta. Estábamos todos embobados mirándote. ¿Cómo te salen tan bien los pasos de Song X? Recién estamos en el segundo día.
-Vi los videos del dance practice antes. Cuando salieron -admitió Lena.
Minutos después llegaron los que faltaban y empezó a practicar el primer turno que le tocaba mientras los demás observaban. Pasaron las horas de ensayo, y los momentos de descanso y comida, y se vino la noche.
Casi todos empezaron a retirarse, hasta que no quedó nadie más que Lena. Una vez más, estaba sola, y pensaba aprovecharlo. Estaba tomando agua y escuchó unos pasos. Era Martin, uno de los bailarines principales del grupo masculino, y con quien había colaborado para una de sus canciones de su debut como solista. Tenía los auriculares puestos, y estaba dejando su mochila en un estante cuando se dio cuenta de la presencia femenina.
-Hola –dijo.
-Hola –dijo ella-. Me quedé para practicar un rato más. Pensé que no quedaba nadie más.
-¿Otra vez bailando a escondidas?
Martin le sonrió con complicidad, y Lena le devolvió la sonrisa, negando con la cabeza, aunque un poco confundida.
-Estaba bien, era broma. ¿No te molesta si me quedo?
-No, no. No es que quiera bailar sola, solo quería quedarme un rato más para practicar Song X. Ya que estás aquí, podrías ayudarme si ves que tengo algún error.
-Claro –dijo Martin-. Igualmente, te lo digo desde ya, te salió muy bien a la mañana.
Ella se puso nerviosa otra vez. Conocía a Martin hace tiempo, pero no había compartido muchos momentos a solas con él.
-Menos mal –dijo, mirando sus pies.
Estaba ensayando descalza y él se veía mucho más alto de lo que recordaba. Además, la miraba con una media sonrisa que lo hacía muy atractivo. Mucho más de lo que le había parecido la primera vez que lo vio.
Empezaron a practicar con la música baja. Miraban el espejo y cada tanto cruzaban miradas.
-Te sale perfecto –le dijo él en una pausa.
-Gracias. Lo intento.
-Tal vez podría probar tu canción ahora. Yo todavía no la tengo muy entendida.
-Dale.
Siguieron practicando hasta que llegaron a un paso que le estaba costando a Martin.
-No me sale.
-Es que estás fuera de tempo. Vas muy rápido. En esta parte es diferente.
-Ok. ¿Cómo sería? -dijo y paró de moverse.
Ella hizo el paso varias veces y cuando levantó la mirada para ver si él parecía entenderlo, se topó con unos ojos que la miraban intensamente.
-Qué hermosa –dijo él en un suspiro.
-¿Cómo?
-Que esta parte de la canción es muy linda, la letra es muy hermosa -respondió él, rápidamente, desviando la mirada.
-Sí, a mí también me gusta la parte de Sophia. Y también amo su voz.
Ana levantó la botella de agua y notó que ya no quedaba nada de agua.
-Bueno, ya es muy tarde, me tengo que ir. Espero haberte ayudado.
-Lo hiciste. Gracias. Yo también me voy. Mañana es otro día de ensayo.
Lena se había puesto un abrigo porque a esa hora ya estaba fresco.
Salieron de la sala y, cuando estaban en la puerta principal, él se agachó para despedirse, tomando las manos de Lena.
-Muchas gracias por tu ayuda hoy –le dijo-. Nos vemos mañana.
-No, no es nada –dijo ella, sonriendo-. Fue divertido.
Cada uno se dirigía a diferentes lados, porque se hospedaban a cuadras del edificio pero en diferentes departamentos.
-Lena –dijo una vez más Martin, provocando que ella se diera la vuelta.
-¿Sí?
-Te veías hermosa bailando –dijo él con una sonrisa.
Ella lo observó alejarse, sorprendida, pero también sonriendo.
Primer capítulo. Historia inspirada en Daniela y Yeonjun, pero los personajes principales van a tener otros nombres. Sin revisión, si alguien nota errores de ortografía o redacción, siéntase libre de comentarlo.
