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**Capítulo 1: La espera caliente** (
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El sol de la tarde entraba a raudales por las ventanas del amplio apartamento en las afueras de la ciudad, bañando todo con una luz dorada y cálida que hacía brillar la piel oscura de Yum Thee Boss. La MILF negra de 38 años caminaba descalza por el salón, con pasos lentos y deliberados, como si cada movimiento fuera una invitación al pecado. Llevaba solo un short de licra negro extremadamente ajustado que apenas conseguía contener la explosiva grandeza de su culo enorme. Las nalgas, redondas, firmes y perfectamente formadas después de años de squats y genética generosa, se marcaban de forma obscena, separadas por una costura que se perdía entre ellas. Cada paso hacía que su big booty rebotara con un movimiento hipnótico, la carne suave y oscura temblando de forma natural.
Arriba, una cropped top blanca y fina apenas cubría sus enormes tetas ebony. Eran pesadas, naturales, con areolas grandes y oscuras que se transparentaban ligeramente por la tela. Sus pezones ya estaban duros, puntiagudos, rozando contra la tela con cada respiración agitada. Yum Thee Boss se pasó una mano por su melena larga y rizada, mordiéndose el labio inferior mientras sentía cómo el calor entre sus muslos crecía sin control.
Estaba sola. Su marido llevaba dos semanas de viaje de negocios y, aunque nunca lo admitiría en voz alta, eso era exactamente lo que necesitaba. Llevaba días cachonda, insoportablemente cachonda. Su coño ebony, grueso y siempre depilado, llevaba horas palpitando. Podía sentir la humedad empapando el interior del short. Se detuvo frente al espejo grande del salón y se giró, mirándose por encima del hombro. Arqueó la espalda de forma exagerada, sacando su culo enorme hacia atrás.
—Joder… mira este culo —susurró para sí misma, con voz ronca y cargada de deseo.
Con ambas manos se agarró las nalgas y las separó lentamente. La tela del short se hundió más entre ellas, marcando perfectamente la forma de su coño y su ano. El espejo le devolvía la imagen de una verdadera diosa negra: piel brillante de sudor ligero, curvas imposibles, cintura estrecha que contrastaba con unas caderas anchas y un ass tan grande que parecía hecho para ser follado sin piedad.
Yum se sentó en el borde del sofá de cuero, abriendo las piernas. El short ya tenía una mancha oscura en la entrepierna. Deslizó una mano dentro de la prenda y gimió al tocarse. Sus dedos encontraron su clítoris hinchado y resbaladizo. Empezó a frotarlo en círculos lentos, cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás.
En su mente solo había una imagen: una gran polla negra. Una BBC gruesa, venosa, larga y pesada. Imaginaba cómo se vería balanceándose frente a su cara, cómo olería, cómo sabría. Se metió dos dedos dentro de su coño apretado y soltó un gemido largo y profundo.
—Quiero una polla negra grande… bien gruesa… que me destroce —murmuró entre dientes mientras aceleraba el movimiento de su mano.
Sus grandes tetas subían y bajaban con cada respiración agitada. Se levantó la cropped top y dejó que una de sus tetas pesadas cayera libre. La agarró con la mano libre y se pellizcó el pezón duro, tirando de él mientras sus dedos entraban y salían de su coño cada vez más rápido. El sonido húmedo y obsceno llenaba la habitación. Sus jugos corrían por su mano y por el interior de sus muslos gruesos y suaves.
Se puso de rodillas en el sofá, apoyando el pecho contra el respaldo y sacando el culo hacia atrás en posición doggystyle. Miró hacia atrás, imaginando que alguien la observaba. Sacudió su big booty con fuerza, haciendo que las nalgas rebotaran y chocaran entre sí. El short se hundía más, completamente empapado.
—Fóllame… méteme toda esa BBC —gemía, fingiendo que hablaba con un hombre de polla enorme.
Se bajó el short hasta las rodillas de un tirón. Su culo quedó completamente expuesto: dos globos perfectos de carne oscura, brillantes por el sudor. Separó las nalgas con ambas manos y escupió directamente sobre su ano y coño. Sus dedos volvieron a entrar, ahora tres, follándose a sí misma con desesperación. Su culo temblaba con cada embestida de su propia mano.
Yum Thee Boss era adicta a las sensaciones fuertes. Le encantaba sentir cómo su coño se estiraba, cómo sus paredes apretaban alrededor de algo grueso. Sus fantasías siempre giraban en torno a pollas negras grandes, venosas, que la llenaran hasta el fondo y la hicieran gritar. Imaginaba unas bolas pesadas golpeando contra su clítoris mientras la follaban duro por detrás, unas manos fuertes agarrando su cintura y tirando de su pelo.
Se dio la vuelta, sentándose de nuevo con las piernas bien abiertas. Agarró uno de sus consoladores favoritos del cajón que tenía debajo de la mesa: uno negro, grueso y realista, de más de 20 centímetros. Lo lamió lentamente, mirándolo con ojos vidriosos de lujuria, imaginando que era una polla de verdad.
—Eres tan grande… tan negra… —susurró antes de metérselo en la boca.
Chupó el consolador con hambre, haciendo sonidos húmedos de garganta, dejando que la saliva corriera por sus labios y cayera sobre sus tetas enormes. Lo sacó de su boca con un “pop” y lo bajó directamente a su coño. Frotó la cabeza gruesa contra sus labios hinchados, torturándose unos segundos, y luego empujó.
—Ahhh… ¡sí! —gritó cuando el grueso juguete la abrió.
Empezó a follarse con él, subiendo y bajando las caderas, haciendo que su culo enorme rebotara contra el sofá. Sus tetas saltaban violentamente. Sudaba. Gemía sin control. El salón olía a sexo, a coño mojado y a hembra en celo.
Justo cuando estaba a punto de correrse, escuchó el sonido de la puerta principal. Se quedó congelada un segundo, con el consolador aún dentro, pero no se detuvo. Sabía quién era. Te había mandado un mensaje hacía una hora: “Ven. Estoy sola y muy cachonda”.
Y ahí estabas tú. Alto, fuerte, piel oscura y con ese bulto enorme ya visible en tus pantalones. Yum Thee Boss te miró desde el sofá, con las piernas abiertas, el consolador negro enterrado hasta el fondo en su coño y una sonrisa lujuriosa en los labios.
—Por fin llegaste… —dijo con voz entrecortada, sin sacarse el juguete—. Llevo toda la tarde pensando en una BBC de verdad. Esta mierda no es suficiente.
Se sacó lentamente el consolador, dejando que un hilo de sus jugos lo acompañara. Se puso de pie, completamente desnuda salvo por el short bajado a las rodillas, y caminó hacia ti contoneando sus caderas. Su culo enorme se movía de lado a lado con cada paso. Sus tetas rebotaban pesadamente.
Se detuvo a solo unos centímetros de ti. Podías oler su excitación. Yum levantó una mano y la colocó directamente sobre el bulto de tu pantalón, apretando tu polla gruesa por encima de la tela.
—Mmm… ya estás duro —ronroneó, lamiéndose los labios—. Quiero sentir esta gran polla negra dentro de mí. Toda. Hasta el fondo.
Sus ojos se encontraron con los tuyos, llenos de hambre pura. La MILF ebony más cachonda que habías visto en tu vida estaba frente a ti, temblando de deseo, con su enorme culo y sus grandes tetas expuestas, lista para ser usada.
El juego apenas acababa de empezar.
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