Chapter Text
Todo momento importante en su vida había sido marcado con la llegada de una carta.
La primera carta fue cuando le informaron de su aceptación a la universidad en donde estudiaría para convertirse en un botánico. Su boleto de libertad.
La segunda carta fue cuando su padre le informó sobre la muerte de su hermano en batalla. Y en ella se fueron todas las ilusiones que tenía sobre terminar sus estudios de botánica.
Para Phillip Crane, ya no era de extrañarse que su vida diese otro giro con la llegada de una.
Excepto que, una semana después su padre falleció y él se convirtió en el siguiente Sir Crane de Romney Hall y para ello no hubo necesidad de la llegada de una.
Sin embargo, al revisar las pertenencias de su hermano, otra carta, esta vez no dirigida hacía él, si no a una pobre joven que se encontraba con su honor comprometido, esperando al bebé de George. George que había prometido en tal carta casarse con ella y hacer las cosas de manera correcta. George, cuyos sus restos se encontraban en algún lugar muy lejos de Inglaterra.
Sabía lo que tenía que hacer. No podía dejar a una jovencita en la deshonra sin hacer algo al respecto ni dejar a su sobrino (o sobrina) desamparado. Tenía que ver tanto por la señorita Thompson como por el bebé.
Así que cuándo la siguiente carta por parte del capitán del batallón que George formó parte, donde anexaba la de la Duquesa de Hastings informándole sobre el paradero de la señorita Thompson, la enamorada de su hermano, su búsqueda había llegado a su fin.
Si era honesto, desde la muerte de su hermano, había estado viviendo su vida de manera automática. Sin embargo, desde que se enteró sobre Marina, se sintió un poco más dentro de sí, un poco más él, sentía que tenía un propósito más grande que él. Honrar la memoria de su hermano y cuidar el honor de la amada de George y de su hijo.
Había venido hasta Mayfair con un solo propósito en mente, porque si bien si vida dejó de ser de él desde que falleció George, vivirla por el bien y la protección de otros, era algo con lo que podía aceptar vivir.
Al menos eso era lo que se decía a si mismo para reconfortarse de su situación.
— Sir Phillip Crane — lo anunció uno de los sirvientes antes de entrar a la habitación donde se encontraba una persona más esperando a su hermano y no a un simple sustituto.
Adentro se encontraba la señorita Thompson con dos jovencitas que lo miraban cada una con cierto grado de expectación, seguramente hijas de Lord y Lady Featherington. No pudo más que inclinar su cabeza ante ellas a modo de saludo. No había tiempo para presentaciones.
— ¿Sir Phillip? — preguntó Marina, claramente haciendo cálculos mentales sobre el significado de su reciente título y llegando a una conclusión que claramente no quería llegar — ¿Qué hace usted aquí? ¿Dónde... dónde está George?
—Señorita Thompson, he venido hasta aquí tan pronto me enteré de su paradero — sacó una carta de su bolsillo y se la presentó — Creo que esta carta es para usted — Marina la tomó con manos temblorosas y se sentó. Una de las jovencitas, con cabello pelirrojo se acercó a ella. La otra joven de cabello castaño, lo miró con extrañeza y asintió su cabeza a modo de saludo. Él devolvió nuevamente el gesto y regresó su mirada hacia Marina.
Phillip esperaba que la carta fuese suficiente para que ella encontrase consuelo sobre las intenciones de su hermano de huir y casarse con ella, pero cuya vida fue arrebatada antes de poder hacerlo, antes siquiera de conocer a su bebé.
Esto no era fácil para él, pero tenía que reponerse y poniendo sus manos detrás de él, se paró derecho.
—Temo que he venido hasta Mayfair con malas noticias. Mi hermano George — inspiró para tomar valor a lo que iba a anunciar — Él ya no se encuentra con nosotros. Cayó en batalla hace unas semanas…
La puerta se volvió a abrir abruptamente y fue interrumpido por quien asumía era Lady Featherington y otra joven de cabello claro. Intentó explicar la situación nuevamente.
No importa las veces que había tenido que informar sobre la muerte de su hermano, nunca iba a ser más fácil al parecer ya que su voz se quebró mientras la Señorita Thompson y la joven que venía con Lady Featherington, salieron de la habitación.
Las damas que quedaron presentes, incluida Lady Featherington tomaron asiento, claramente no sabían como proceder.
— Tome asiento, Sir Phillip, seguro fue un viaje muy largo— dijo Lady Featherington mientras analizaba toda la información — Varley, por favor haz que traigan una bandeja de té — Varley salió.
Phillip intentó decir que no había que molestarse, realmente quería hablar con Marina, pero antes de hablar, otra vez fue interrumpido.
— Perdone mis modales, seguramente no han sido presentados, esta es mi hija menor, Penelope y — Lady Featherington volteó a ver a la joven de cabello oscuro algo exasperada pero no lo suficientemente sorprendida por verla en su hogar — nuestra vecina, Eloise Bridgerton, hermana de la Duquesa de Hastings, Daphne Basset, quien… acaba de salir con la señorita Thompson.
Phillip volteó a ver a cada una asintiendo su cabeza. La señorita Featherington le miró tímidamente, indecisa si salir también de la habitación tras Marina o no. La señorita Bridgerton sólo murmuró "un gusto, Sir", claramente incomoda de encontrarse en esta situación.
Ya eran dos.
—Lady Featherington, además de traer la noticia, he venido hasta aquí porque quisiera hablar con la señorita Thompson. Es el motivo principal de mi visita.
— Claro, por supuesto, Penelope, querida. Ve a buscar a Marina.
Ante esto, la señorita Featherington se levantó y salió.
— Entiendo que es un Sir… — empezó a decir su anfitriona — ¿Es entonces usted un baronet?
Phillip soltó una pequeña sonrisa sardónica. Baronet, él. Si era eso, era sólo de nombre. Sólo porque ya no tenía a ningún miembro de su familia. Sólo porque George ya no estaba...
Basta, ya no iba a pensar negativo.
Asintió.
—Mi padre, el anterior Sir Crane, falleció poco después de mi hermano. Entenderá que, sin él y sin mi hermano… — el título pasó a mi no terminó de decir, no lo creía necesario.
— Lamento mucho su pérdida, Sir Crane.
Phillip volteó a ver a la Señorita Bridgerton, sorprendido por escucharle hablar con una voz clara y fuerte por primera vez, y también por sus palabras. A pesar que no le agradaba que se dirigieran a él como Sir Crane porque le recordaba mucho a su difunto padre, no era la primera vez que alguien se dirigiera de esa forma.
No, lo sorprendente para él era que desde el fallecimiento de su familia, no se había percatado que nadie antes le había dado palabras de aliento o de condolencias. No de su padre, ni de su secretario, el cual sólo le dio unas palmadas en el hombro. Algunos de los sirvientes lloraron en ambos funerales, pero en los días posteriores ninguno se dirigió hacía él con temas que no estuviesen relacionados a la administración de Romney Hall.
Sintió un nudo en la garganta.
— Se lo agradezco mucho, Señorita Bridgerton — ante eso ella hizo un pequeño gesto de fruncir su ceño, pero al final le sonrió tenuemente. Claramente ella tampoco le agradaba que se dirigieran de esa forma.
Extraño.
—Sí, por supuesto. Una pérdida terrible para usted — intervino Lady Featherington. Phillip no iba a comentar nada sobre el tono de voz que utilizó — Mis condolencias, Sir Phillip.
No tuvo tiempo para responderle, la señorita Thompson había regresado, junto con su Gracia Daphne Basset y la señorita Featherington.
Bien, ahora sólo quedaba cumplir la última palabra de su hermano.
Eloise se había escapado de su casa para visitar a Penelope. Iba a ser una visita rápida, sólo ver rápidamente a su amiga, saber como se encontraba Marina y regresar a su hogar antes de que alguien notara su ausencia.
No contó con que no sería la única persona en llegar al hogar de los Featherington.
Claramente su plan de pasar desapercibida se fue por la ventana. Y ahora se encontraba en una situación que no estaba segura que debía presenciar.
Al parecer, conforme a lo que había apreciado hasta ahora, Sir Phillip Crane no era el padre del hijo que Marina estaba esperando, sino su hermano y en un giro de escena, digno de una novela de romance, o más bien de suspenso, le había propuesto matrimonio.
Para proteger su reputación. Su hermano "había tomado libertades" había dicho. ¿Cuándo los hombres toman libertades una mujer puede quedar esperando un bebé? Eso tenía sentido pero a la vez no.
Pero Eloise no quedó impactada por esa información, si no porque ¿Qué clase de hombre pedía matrimonio a la novia de su difunto hermano? ¿Qué era lo que tramaba? ¿Acaso estaba enamorado de ella? No lo parecia, sus gestos indicaban todo menos enamoramiento. Cuidar de ella y del bebé, es lo que había dicho también.
Le intrigaba, este personaje de Sir Phillip Crane era un misterio. Cuando dio la noticia de la muerte de su hermano notó que su voz casi se quebraba, era obvio que su muerte le dolia. No quería pensar que pasaría si algún día alguno de sus hermanos dejaran esten mundo, incluso Daphne, que ahora la veía con una mirada exasperada por verla ahí a pesar de las indicaciones de mamá de no visitar a los Featherington. Bueno, ella también estaba ahí, en todo caso.
Y bueno, volviendo al tema de Sir Phillip… ¿Era posible que existiese una persona sin intenciones ocultas? Aún así ¿Por qué todo tenía que tener que resolverse con un matrimonio? Maldita sociedad. Juntando personas que obviamente no querían estar juntas pero que las circunstancias externas no les dejaban alternativa.
—¡Esas son excelentes noticias! — exclamó la madre de Penelope — Sir Phillip acaba de heredar el título y podrá cuidar de ti.
—¿Cómo pueden ser excelentes si toda su familia murió? — murmuró sarcásticamente.
— ¡Eloise! — siseó Daphne escandalizada.
Mierda. Al parecer su murmuro no fue tan silencioso como creyó que sería si alcanzaron a escucharla.
Tapó su boca con su mano. Sabía que carecer de filtros iba terminar siendo su perdición.
Adiós Penelope, no creo que nuestras mamás dejen vernos más, pero en mi defensa, tu mamá fue la primera que dijo un comentario impertinente…
No sabía hacia donde mirar, Penelope miraba preocupada a Marina, Daphne no era opción porque sentía su mirada fulminante y Lady Featherington no era una opción, así que volteó su mirada a Sir Phillip que se encontraba observando al suelo. A pesar de eso, llegó a percatarse de que contaba con una pequeña sonrisa en su rostro. Muy pequeña, casi imperceptible.
Bien, al menos a él no pareció importarle su comentario impertinente. Podría usarlo a su favor cuando Daphne le diera la reprimenda de su vida regreso a casa.
Además, por fortuna Portia había decidido ignorarla y mirar a Marina expectante por oir su respuesta.
La cual fue un rotundo “no”. Más que un no. Fue más bien un: “no lo amo”.
Al final de todo, su imprudencia no importó mucho, la furia de Lady Featherington estaba enfocada completamente con Marina. Y seguramente la de Sir Phillip también.
Eloise ahora sí miró a Daphne, esperando su señal para retirarse con ella. La situación en la que ambas estaban metidas era incómoda. Todo esto era muy incómodo.
Tomó su mano esperando el impacto.
Sin embargo, Sir Phillip lejos de tomárselo a mal, pareció escuchar y considerar atentamente todas las palabras y justificaciones del rechazo de Marina. Y dar tranquilamente su contraargumento.
Una vez terminado de decir lo que tenía que decir, se retiró.
¿Huh? Qué caballero de lo más extraño. Y viniendo de ella ya era mucho decir.
Daphne y ella también estaban a punto de retirarse cuando Lady Featherington detuvo a su hermana en la puerta.
—Su Gracia, ¿me permite una palabra? — Daphne se detuvo y asintió — A solas — señaló Portia mirándola, o fulminándola, era dificil de saber con ella.
— Eloise, espérame a fuera un momento por favor — No te vayas a ningún lado, dijo con su mirada.
Por las escaleras se encontraba Penelope dándole palabras de aliento a Marina, pero no estaba segura que Marina la estuviese escuchando. Las observó subirse. Bien, tampoco es como si quisiera estar un momento más ahí, al fin y al cabo ya sabía como se encontraban ambas.
Salió de la mansión.
A fuera todavía se encontraba Sir Phillip, esperando su carruaje. Él también tenía una mirada perdida, su vista fija en la casa Bridgerton. No parecía que se hubiera dado cuenta de su presencia. No sabía cuál opción era la mejor: si hacer plática o ignorarlo y mantenerse callada en lo que su hermana terminase de hablar.
— ¿Le gustan las glicinas? — terminó eligiendo el camino de la plática casual pero por la forma de como se tensó, Sir Phillip efectivamente no la había visto, y sorprendido volteó a observarla — Particularmente no son mis favoritas pero admito que me gusta su color, además siempre las he relacionado a casa…
— Glycine frutescens, sí, me gustan bastantes — dijo, Eloise asumió que se referia a su nombre en latín, no sabía lo suficiente de plantas para confirmarlo pero por el tono en el que lo dijo, ese tono que ella usaba cuando estaba completamente segura de una información, supuso que él sí sabía — Pero no podría decir que sean mis favoritas, porque tengo fascinación por todas.
— ¿Tiene algún particular interés por todas las flores entonces?
— Podría decirse — dijo en un tono que significaba que lo que acababa de decir tenía un peso mayor a lo que la frase meritaba — ¿Usted tiene alguna flor favorita?
— La verdad es que no lo había pensado antes, si bien no tengo su misma fascinación, creo que ninguna flor me resalta más que otra... — musitó con una mano en su barbilla — Las hortensias ¿quizás? — frunció el ceño, no del todo segura de su elección, pero ninguna otra le llamaba — Sí, las hortensias.
— Ah, hydrangea macrophylla. Tiene usted buen gusto, señorita Bridgerton — asintió, más que encantado por su respuesta, bueno, tampoco es que Eloise necesitase de su aprobación, sin embargo, el tono en el que lo dijo fue sincero, no de elogio, simplemente de una observación, se sintió contenta — ¿Es por su tonalidad? Algunos de sus tonos azules no se ven en otras especies de flores, todo depende del pH de la tierra, verá — mencionó entusiasmado ¿Dónde estaba el Sir Phillip con la mirada perdida de antes? Eloise se preguntó.
— Si, bueno, supongo que sí es por el color. Mi familia suele preferir el color azul, supongo que yo no soy tan diferente en ese aspecto — pausó, percatándose de que usó el nombre científico de las plantas — Glycine frutescens, hydrangea macrophylla… ¿Es usted un botánico, Sir?
— Ah, no del todo — otra vez, esa media sonrisa en su rostro. Por lo general Eloise no se fijaba mucho en esas cosas, pero era la segunda vez que lo veía sonreír como si le doliera hacerlo — Tuve que abandonar mis estudios cuando, bueno, cuando me tomé el título de baronet.
Al oír esto, Eloise sintió pena por él. Y aunque ya había sentido pena anteriormente por la pérdida de su familia, en esta situación, se sentía peor por él.
— Lo siento — dijo nuevamente, porque era verdad, no sabía que era pero se sentía terrible por sus circunstancias. Tal vez sentía lo que era estar atada de manos.
— No tiene porque sentirlo, es la vida que me tocó. Prefiero enfocarme en lo que está a mi alcance y sacarle provecho. Todavía puedo seguir adquiriendo conocimiento y aplicarlo a las tierras de Romney Hall — pausó — Aún así, le agradezco por sus palabras. Es usted una persona muy amable.
Eloise casi suelta una carcajada. ¿Ella? ¿Amable? Soltó un soplido.
— No creo que alguien alguna vez se haya referido a mi de esa manera, pero si usted pudiese hacerme el favor, si la oportunidad llegase claro está, por favor hágaselo saber a alguno de mis hermanos. Aunque le advierto que se reirán en su cara por siquiera sugerirlo.
Sir Phillip sonrió.
— Si eso llegase a pasar, me aseguraré de proteger su honor, nadie pondrá en duda su amabilidad en mi presencia — dijo llevando su mano derecha al corazón.
Vaya que él sabía sobre proteger el honor de jovencitas que no conocía, pensó Eloise. No lo dijo en voz alta porque incluso ella tenía sus límites en comentarios imprudentes y el día de hoy ya los había rebasado.
Escuchó a lo lejos el galopar de unos caballos y miró por encima de su hombro lo que ella suponía era el carruaje de Sir Phillip. Daphne también acababa de salir de la mansión. Así que la conversación había llegado a su fin.
— Sir Phillip — tanto Daphne como él se inclinaron a manera de saludo — Quiero decirle que lo que hizo ahí adentro es digno de mi admiración. Espero que todo se resuelva de manera favorable para ambos. Si hay algo en lo que pueda ayudarle, no dude en hacérmelo saber.
— No hay nada de que admirar, su Gracia. Y al contrario, soy yo quien esta agradecido con usted. Si no fuese por su carta, me hubiera sido difícil encontrar a la señorita Thompson a tiempo. Si hay algo en lo que pueda ayudarles, a ambas, con gusto estaré a sus órdenes.
Sir Phillip se volvió a inclinar ante ellas.
— Su Gracia, señorita Bridgerton, fue un gusto habernos conocido — Eloise quería decir algo más, un poco triste de que su conversación hubiese llegado rápido a su fin.
Espera ¿triste? No, triste no, sólo era porque él parecía ser una persona culta con una mente brillante. Al menos más que la de sus hermanos. No era un día cualquiera que hablaba con alguien apasionado por los estudios, no importase que fuesen sobre plantas y flores, cualquier materia de estudio a Eloise se le hacia interesante.
Lo vieron subir a su carruaje y alejarse por la calle con el golpeteo de las ruedas y las riendas de los caballos.
Daphne la volteó a mirar.
— ¿Podrías decirme que hacías en casa de los Featherington cuando explícitamente se te prohibió hacerlo?
Claro, era obvio que no iba a salir bien librada de esta situación después de todo.
— Por favor no le digas a mamá — suplicó mientras juntaba sus manos en forma de plegaria — Sólo quería saber como estaba Penelope. Y Marina — añadió.
Daphne la siguió mirando fijamente hasta que soltó un suspiro, exasperada, negando con la cabeza finalmente tomó su brazo y ambas se dirigieron hacia su hogar.
— No diré nada a mamá, si tú tampoco hablas con ninguna alma sobre lo que pasó en la casa de los Featherington. Le di mi palabra a Lady Featherington de que guardaríamos silencio y ella no dirá a nadie tampoco de nuestra presencia — habló en voz baja mientras pasaban la calle, acercándose a la reja, el olor de las glicinas presente — Sólo Dios sabe lo que diría Lady Whistledown al respecto si esa información llegara a sus oídos.
Oh, un escalofrio recorrió su espalda, nada bueno, pensó.
— Espero que la señorita Thompson pueda encontrar la felicidad nuevamente — susurró Daphne — Tal vez si cambia de opinión y se casa con Sir Phillip, pueda volver a serlo.
— Él parece ser un buen caballero — Eloise le dio la razón. Daphne paró en seco.
— Eloise Bridgerton, dándole un cumplido a un hombre — dijo su hermana mientras reía, incrédula.
— Díficilmente podría considerarse un cumplido el adjetivo “buen”. El hombre acaba de perder a toda su familia, dejó sus estudios, estuvo dispuesto a ayudar a alguien que apenas conoce y fue completamente rechazado, frente a una audiencia. Podré ser despectiva y cínica, querida hermana, pero hasta yo sé reconocer a una buena persona, independientemente de su género.
Daphne parpadeó. Varias veces. Finalmente sonrió.
Oh, esa sonrisa no le gustaba nada a Eloise.
— Vaya, si no te conociera dijera que quedaste flechada — respondió Daphne burlonamente.
Eloise hizo un gesto de repudio. Sólo Daphne (y tal vez Hyacinth) podría tergiversar los hechos para crear una historia de romance donde no la hay.
— Sólo tú puedes llegar a una conclusión tan ridícula. Daré por terminaba nuestra conversación por respeto a ambas, y como dijiste antes, nunca hablaremos más de ello al respecto.
— Muy bien — asintió Daphne — No te preocupes, Eloise. Estoy segura que cuando debutes el próximo año, encontrarás a tu propio Sir Phillip, dispuesto a defender tu honor — Eloise puso sus ojos en blanco al oir esto y Daphne sólo le dio otra sonrisa, esta vez una del tipo que escondía un secreto que sólo ella sabía.
Ambas entraron a la mansión, y tal como prometieron, no volvieron a hablar de lo que pasó en aquella habitación de los Featherington.
A los días, Penelope anunció que Marina había aceptado la propuesta de Sir Phillip Crane después de todo.
Recordando las palabras de Daphne, Eloise esperaba que tanto Marina (Lady Crane, se recordó a si misma) y Sir Phillip Crane, pudiesen encontrar la felicidad nuevamente.
