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Cómo espuma de mar

Summary:

Una representación de una antigua leyenda de amor y tragedia, encomendada a RSA para la celebración del día de San Valentín, peligra cuando los elegidos como protagonistas enferman repentinamente, incapaces de cumplir con su deber.
Los inesperados suplentes se verán forzados a tomar la batuta y cargar el honor de su escuela sobre sus hombros.

Notes:

Día 3 de la Rarepair Week

Desde las profundidades & Espuma de mar

Work Text:

El día que tanta ansiedad había generado en toda la comunidad estudiantil de Royal Sword Academy por varios meses, había llegado...

 

Y uno de los peores escenarios posibles estaba sucediendo a solo unos minutos del comienzo de la función en el teatro del pueblo al pie de la montaña.

 

Los dos estudiantes elegidos como protagonistas: Minajael Tealrajah y Rielle Corallia, habían pillado un terrible resfriado, dejándolos incapaces de llevar a cabo la misión que fue depositada sobre sus hombros.

 

— ¡Por las siete radiantes! ¡Esto es una terrible tragedia!- Exclamó con pesar el director de la academia.- La presentación comienza en menos de una hora. El público ya comenzó a llegar, incluidos algunos de Night Raven College...

 

— Lo siento, director...- Murmuró Rielle con la garganta irritada, sonandose la nariz enrojecida, mientras sus ojos lagrimeaban.- No esperaba que pasara esto.

 

— Lamento ser el portador de malas noticias, pero en este estado nos es imposible salir al escenario.- Dijo Minajael, en las mismas condiciones que Rielle, con un tenue rubor rojizo en su rostro a causa de la persistente fiebre.- Les tocará a los suplentes salir por nosotros.

 

El director de la academia palideció repentinamente y no dijo una sola palabra. Los estudiantes presentes lo miraron, esperando que dijera los nombres de los nuevos responsables de esa importante labor, pero la respuesta no fue la que imaginaban...

 

— No hay ningún suplente.

 

— ¡¿QUÉ?!

 

Fue el grito unánime de todos los presentes, incluidos los dos protagonistas enfermos, incrédulos y alterados a partes iguales ante problema que enfrentaban.

 

— Lo siento, chicos. Minajael y Rielle hicieron un trabajo tan impecable en las audiciones y durante los ensayos, que ni siquiera pensé en buscar suplentes.- Admitió con vergüenza Ambrose.- Todos los participantes del proyecto ya tienen papeles asignados, y nadie más conoce el guión de memoria.

 

Una pequeña risa juguetona rompió el silencio, antes de que un rostro familiar pareciera flotando en el aire.

 

— Olvidan que hay un actor profesional en la escuela.- Canturreó el hombre bestia gato.- ¿Por qué no pedir su ayuda?

 

— Neige no audicionó por falta de tiempo.- Señaló Ambrose.- No estuvo en los ensayos, y ahora solo estaría entre el público apoyando a sus compañeros.

 

— Pero olvida que ha participado en una película, una mini serie, un musical y una obra de teatro inspirados en esa historia. En todos como protagonista.- Replicó Che'nya con esa sonrisa traviesa tan propia de él.- Es su mejor opción.

 

No deseaban molestar a Neige, pero la reputación de su escuela estaba en juego.

 

NRC había recibido la misión de decorar las calles y preparar un espectacular de fuegos artificiales para finalizar el festival por el día de San Valentín en la noche. Y por lo visto hasta ese momento, habían hecho un trabajo impecable. No podían dejar que los superaran, mucho menos que los dejaran en ridículo.

 

Así que, luego de los cambios de última hora, la hora llegó, y el telón se abrió, dando inicio a la función.

 


 

Todo comenzó en un reino bajo el mar, hace muchos años, con un pequeño príncipe sirena que, al subir a la superficie por primera vez, observó una embarcación y se acercó con curiosidad.

 

El príncipe, de carácter jovial y sonrisa soñadora, celebraba su cumpleaños en compañía de una pequeña tripulación, bailando y cantando en altamar.

 

El príncipe sirena lo miraba con fascinación, hipnotizado por sus movimientos y su risa, deseando conocerlo, pero sabiendolo prohibido para él.

 

Sin otra opción, Neige, el dulce tritón solo pudo seguir el barco de cerca, hasta que volvió a la costa, para volver a su reino bajo el mar.

 

Sin embargo, nada consiguió acabar con su curiosidad por ese humano. Y eso lo llevó a volver día tras día a la costa para observarlo jugar en la arena, pasear por la orilla o pescar, y seguirlo en casa uno de sus paseos en bote, y expediciones en barco a otros territorios. Siempre acompañándolo y velando por él.

 

Así descubrió el nombre de ese príncipe: Artemiy Artemiyevich Pinker. Aunque todos a su alrededor lo llamaban Che'nya.

 

Los meses pasaron en un abrir y cerrar de ojos, y cuando menos lo pensó, estaba perdidamente enamorado de ese humano.

 

Pero entonces, la posibilidad de perderlo apareció cuando, mientras volvía de un viaje a un reino vecino, una fuerte tormenta golpeó el barco, haciéndolo hundirse luego de que un rayo cayera en el mástil, causando un incendio que poco a poco fue consumido la nave.

 

Che'nya se encargó de ayudar a toda su tripulación a ponerse a salvo abordando los botes salvavidas, negándose a subir a uno hasta que todos estuvieran a salvo.

 

Sin embargo, una vez logrado el objetivo una viga de madera se desprendió, golpeándolo directo en la cabeza y arrojándolo al mar por la fuerza del impacto.

 

Neige vió con horror la escena, antes de sumergirse bajo las aguas y nadar con todas sus fuerzas hasta alcanzarlo y sacarlo a la superficie.

 

Che'nya estaba inconsciente y con una herida sangrante en la cabeza, y las olas se agitaban con violencia, dificultandole a Neige mantenerlo a flote. Pero estaba decidido a salvar a su querido príncipe.

 

A pesar de todas las dificultades, no se rindió hasta llegar a la costa al amanecer, luego de nadar por horas con Che'nya a cuestas.

 

Fue la primera vez que pudo acariciar su piel y observar su rostro de cerca. Era tan bello... Y tan prohibido.

 

Incapaz de hacer algo más, solo acarició su mejilla con suavidad, mientras cantaba una melodía con su angelical voz, deseando que pudiera escucharlo y amarlo tanto como él lo hacía...

 

Hasta que lo vió comenzar a abrir los ojos, y escuchó varias voces gritando el nombre de su amado, forzandolo a lanzarse de vuelta al agua y ocultarse tras unas rocas.

 

— No se preocupen. Estoy bien.- Afirmó el príncipe.- Alguien me salvó...

 

— ¿Qué?

 

— Era bellísimo.- Dijo Che'nya, con una sonrisa radiante y una mirada soñadora, ignorando por completo la preocupación de su tripulación.- Tenía un rostro hermoso, ojos brillantes y una voz preciosa... ¡Tengo que encontrarlo!

 

— Majestad, probablemente fue solo un sueño o una alucinación.- Dijo su tutor.- Además, sabe que pronto debe casarse y-

 

— Solo me cansaré con quién me rescató. Así me lleve toda la vida buscándolo.

 

Luego de dar aquella sentencia, el príncipe se dispuso a volver al interior de su palacio en la costa, causando revuelo entre su tripulación, que lo siguió, intentando hacerlo entrar en razón.

 

Neige, tras escuchar eso, podía sentir su corazón latiendo con fuerza, con miles de sentimientos inundandole el pecho.

 

No había absolutamente nada que deseara más... Pero, ¿cómo podría acercarse a él, perteneciendo a dos mundos diferentes?

 

Quizás había una forma...

 

— Abuela, ¿cuánto tiempo viven los humanos?- Preguntó en un suspiro a su abuela, tras volver a su reino.

 

— Muy poco, mi querido Neige.- Respondió la sirena mayor.- Al lado de la vida de una sirena, la vida de un humano es menos que un parpadeo.

 

— ¿Y al morir, ellos también se convierten en espuma de mar?

 

— Por supuesto que no, pequeño.- Rió con cariño la mujer, acariciando las mejillas de su nieto.- Al morir, las almas de los humanos ascienden al cielo para vivir ahí por el reto de la eternidad.

 

— ¿Y hay forma de vivir entre los humanos?

 

— ¿Por qué preguntas todo eso, Neige?

 

Tras guardar silencio por varios segundos, terminó por soltar un profundo suspiro antes de responder con toda la verdad a su abuela. Sabía que era la única que podría entenderlo y aconsejarlo, y quizás ayudarlo.

 

— Neige...

 

— Por favor, abuela.

 

— Lo que pides no es algo sencillo, y tampoco una decisión que se pueda tomar a la ligera, Neige.- Dijo la sirena.- Pocas sirenas son capaces de lograr crear ese tipo de pociones. Además, ese ritual siempre requiere un sacrificio. No se puede recibir algo, sin dar algo a cambio. Y es muy riesgoso.

 

— ¿Por qué?

 

— Si no logras que ese humano te ame y te dé un beso de amor verdadero en tres días, te convertirás en espuma de mar.

 

— Sé que es riesgoso, pero sé que él también me amará.- Replicó con una suave sonrisa y un tenue rubor en las mejillas.- Por favor, abuela. Estaré bien.

 

Sabía el riesgo que existía, pero en verdad amaba a ese príncipe. Solo por eso, su abuela decidió ayudarlo, aunque el precio a pagar no fue barato.

 

"Para obtener lo que más anhelas, debes renunciar a lo que más amas."

 

Ese era el precio a pagar para que el hechizo funcionara. Así fue cómo terminó perdiendo su voz a cambio de un par de piernas.

 


 

Llegar a la superficie fue solo el comienzo. Una vez ahí, sin planearlo, terminó llamando la atención del príncipe que, durante una de sus caminatas por la playa, lo vió y se acercó para ofrecerle ayuda.

 

Intentó decir algo, pero de su boca no salió una sola palabra.

 

— ¿No puedes hablar?

 

Cabizbajo, negó en silencio.

 

— Oh, bueno, no te preocupes.- Dijo Che'nya, volviendo a su habitual sonrisa.- Puedes venir conmigo al palacio si quieres. Puedes quedarte todo el tiempo que necesites, hasta que sepamos de dónde vienes y cómo puedes volver.- Añadió.- Aunque... ¿Cómo te llamas?

 

No conocía el lenguaje humano, no podía escribir su nombre en la arena. Tampoco podía hablar... Entonces tuvo una idea.

 

— ¿Adivinar la palabra con señas?- Preguntó Che'nya, inclinando hacia un lado la cabeza, luego de que hicieran algunos gestos.

 

Neige asintió con energía, logrando sonreír.

 

— ¡Por supuesto!- Asintió con emoción el príncipe de cabello rosa.- ¡Me encantan las adivinanzas!

 

Así fue cómo comenzó ese inesperado juego, dónde se esforzó en recordar todos los pequeños detalles y palabras humanas que había aprendido durante los meses en los que vigiló a Che'nya en silencio.

 

— ¿Suave?- Preguntó Che'nya, luego de que Neige tocara su propia piel. El tritón negó.- ¿Blanco?

 

Neige asintió.

 

— Bien, primera pista... ¿Bianca?

 

Neige negó, y el juego continuó.

 

— ¿Lluvia?- Preguntó el príncipe, cuando Neige señaló las nubes. El tritón negó de nuevo.- Mmm... ¿Nieve?

 

Neige asintió con rapidez, tomando sus manos en un reflejo instintivo.

 

— Nieve...- Murmuró Che'nya, intentando pensar en algún nombre relacionado en esa palabra.- ¿Neige?

 

Neige asintió, mostrando una sonrisa enorme en sus labios y un pequeño brillo en sus ojos.

 

— Bien, Neige. Ahora que nos conocemos, podemos ir a casa. ¿Te parece?

 

Neige asintió, antes de sentir como Che'nya lo cargaba en brazos sin dificultad alguna para llevarlo al palacio que se alzaba a solo unos metros de distancia.

 

Así fue cómo comenzó aquella caótica aventura.

 

Los días pasaron entre paseos por la costa y el pueblo, pequeñas cabalgatas y cenas divertidas en el palacio.

 

A pesar de la incapacidad para hablar de Neige, ambos lograban entenderse bastante bien, y parecía que el amor entre ellos era imposible de romper...

 

Sin embargo, el plazo estaba por terminar, y Neige no había conseguido que Che'nya le dijera que lo amaba, mucho menos el beso de amor verdadero.

 

El tercer día había llegado, y con cada hora que pasaba, el atardecer que anunciaba el fin del plazo, se acercaba, mientras se encontraba a bordo de un barco en altamar, navegando con su amado.

 

Cuando el atardecer comenzó a teñir el cielo y las aguas de tonos anaranjados, supo que el final estaba cerca, y sin saber qué más hacer, huyó a la cubierta del barco, mirando el horizonte, listo para esperar el momento con los ojos llenos de lágrimas.

 

Era el final, pero al menos había podido pasar esos últimos días al lado del hombre al que amaba, y eso hacía que todo el sacrificio hubiera valido la pena.

 

Así fue cómo cerró los ojos y esperó con calma su destino, hasta que escuchó la voz de su príncipe llamándolo.

 

— ¡Neige!

 

Cómo pocas veces, su voz no tenía ese tono alegre y juguetón, sino que estaba cargada de preocupación y temor.

 

Al abrir sus ojos, se encontró con la mirada llorosa de Che'nya, que lo abrazaba con fuerza, mientras poco a poco parecía desvanecerse.

 

— ¿Qué está pasando? ¡Neige!

 

Con una suave sonrisa, lo abrazó, y en el último momento, sintió que su voz volvía a él, permitiéndole finalmente decir aquellas palabras que lo habían llevado hasta ahí.

 

— Te amo.

 

Luego de eso, la condición del trato se cumplió y su figura se desvaneció en una suave bruma. Al parecer, su amor tan devoto y leal había logrado conmover al dios del viento, que decidió acogerlo bajo su misericordia, permitiéndole convertirse en un hijo del aire.

 

Si lograba acumular 300 años de buenas acciones, ganaría un alma humana y podría ascender a dónde las almas humanas moran tras su muerte. Así podría reencontrarse con su amado algún día, para estar juntos por el resto de la eternidad.

 

Sin embargo, nada curaría el corazón roto del príncipe que había perdido a su amor, al que jamás pudo decirle la verdad.

 

— No me dejes...- Sollozó débilmente Che'nya.- Nunca te dije que te amo...

 

Pero, a pesar de todo, su amor lo cuidaría por el resto de su vida, aguardando pacientemente el momento para volver a encontrarse.

 

Así finalizaba una historia que recordaba la importancia de ser sincero con los sentimientos siempre, así como el poder del amor verdadero que era capaz de trascender cualquier barrera.

 


 

Luego de la función, el telón bajó, y los aplausos y ovaciones del público no se hicieron esperar. Había sido difícil, pero lo habían logrado.

 

— ¿Qué tal estuve?- Preguntó Che'nya con una pequeña risa.

 

— Para ser tu primera vez actuando, lo hiciste muy bien, Artemiy.- Respondió Neige con una suave sonrisa.- Fue asombroso cómo memorizaste los diálogos tan rápido.

 

— En realidad, me colé en todos los ensayos.- Admitió con una risa traviesa.- No podría olvidar los diálogos de Minajael, y tampoco todas las veces en que se equivocó, aunque tratara.

 

Neige soltó una pequeña risa, dejando que Che'nya le rodeara los hombros con un brazo, para comenzar a caminar juntos de vuelta a RSA.

 

— Pero a diferencia del príncipe, creo que yo sí logré decir "te amo" a tiempo.- Dijo con una sonrisa juguetona, antes de sujetar las mejillas de Neige y dejar un pequeño beso en sus labios.- ¿O no?

 

— Sí.- Sonrió con timidez Neige, estirándose para dejar otro beso en los labios de su novio.- Te amo.

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