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El Inminente Pasado

Summary:

Una señal de emergencia proveniente de un anillo, la Instalación 02, lleva al Jefe Maestro y compañía a descubrir un lugar inhóspito y congelado, donde la vida parece haberse ido junto al cálido clima que alguna vez tuvo este Halo.

Y entre la tormenta, John encontrará parte de un pasado que, ni él ni nadie, parece recordar.

Notes:

Bueno, aquí estoy, metiéndome de nuevo a un fandom sin haber siquiera avanzado a mis otras historias.

Esto es más que nada un experimento, algo que tengo rondando en mi cabeza desde hace ya tiempo, pero que hasta hoy por fin me animé a escribir de la manera que quería.

En realidad, está recién acabado, apenas e inicié el segundo capítulo, por lo que no es muy seguro que haya actualización pronto, a menos de que me entre el hiperfoco y de la nada termine el otro (tomando en cuenta que esto fue empezado alrededor de hace un mes, al menos la reescritura de la idea original).

El personaje tiene características físicas y un nombre, pero lo tengo etiquetado como "Lectora" por si alguien gusta ignorar todo eso e incluirse (soy bastante nueva en eso, la verdad).

También, a pesar de que me gusta mucho el universo de Halo, no he leído las novelas (aunque estoy iniciando con la lectura de La Caída de Reach), tampoco he jugado los juegos (nunca he tenido un Xbox y ojalá tuviese un PS5 para jugar el remake del primer juego), pero si he visto demasiados gameplays. Y mis fuentes de información, además de los juegos, son Katarn343, algunos cómics y medios audiovisuales, las wikis de Halo y foros, así que si encuentran alguna inconsistencia, una disculpa.

Y hablamos de un fanfic, donde puedo tomar ciertas libertades creativas para que todo tenga pies y cabeza, respetando lo más posible el canon, obviamente.

En fin, después de mucho texto, les dejo con el primer capitulo, espero lo disfruten.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

—Cinco minutos para salir del desliespacio —anunció Joy por el altavoz de la nave.

Fernando inmediatamente entró a la cabina, masticando el último pedazo de su barra de proteína y pasándosela con agua.

—Bien, todos los sistemas parecen en su lugar —dijo después de una rápida revisión en la consola. Presionó un botón y dejó que su voz resonara por toda la nave—. Buenos días a todos nuestros pasajeros —inició con humor, mientras que la IA azul aparecía en su habitual holograma sobre la consola con una sonrisa—, en unos minutos podremos apreciar el Halo, con su basta circunferencia y su nada apreciable capacidad destructiva de seres vivos, así que les sugiero prepararse para cuando salgamos del desliespacio.

—Vaya forma de animar las cosas —comentó Joy con sarcasmo, sin dejar de sonreír.

—Ya los conoces —se encogió de hombros—. Están más que acostumbrados. Y el Jefe por encima de los demás.

La mujer holográfica puso los ojos en blanco, notando como la puerta de la cabina se abría y un hombre de al menos dos metros, vestido con una armadura verde, entraba con pasos seguros hasta detenerse junto al piloto, posando uno de sus antebrazos sobre la parte superior del asiento donde estaba Esparza.

Detrás de él entró el resto del Equipo Azul, con sus brillantes y distintivas armaduras, diferentes a la de su líder, representando exteriormente la personalidad o aptitudes de cada uno.

De alguna manera, todos pudieron acomodarse bien en la pequeña cabina a pesar de, técnicamente, ser unos gigantes. Parecían estar acostumbrados y un milagro al que Esparza no prestó mucha atención.

Joy comenzó la cuenta regresiva para volver al vuelo normal después de unos cuantos minutos. Al llegar a cero, el anillo llenó la vista de todos al tenerlo justo delante. Fernando contuvo el aliento y Joyeuse hizo una mueca.

—No debería estar así, ¿cierto? —preguntó la azulada.

—No —fue la simple, pero tensa, respuesta de John, quien seguía observando el anillo.

A diferencia de otras instalaciones en la que llegó a estar, esta era… diferente. No como Zeta Halo, que podría sentirse algo místico en él con solo una mirada; no, esta instalación creó cierta incertidumbre en el Jefe Maestro.

Agua. Demasiada agua congelada cubría gran parte de la superficie terrestre del anillo, al igual que gruesas nubes de tormenta, alcanzándose a ver las luces que provocaban los relámpagos desde su posición.

—No pensé que fuera a verse así…

—¿A qué te refieres? —Fernando la miró confundido ante su comentario.

—Bueno… —Joy comenzó a jugar con sus manos, pasando su mirada entre los presentes y el anillo una y otra vez—. Cuando recibimos esa señal de auxilio hace dos semanas, investigué un poco en los registros que guarda Zeta Halo de las demás instalaciones gracias a su conexión con El Arca. Tal parece que hubo algo que cambió el ecosistema de Épsilon Halo y su clima se volvió inestable —señaló con la mano al anillo—. Al parecer creó algo parecido a una era glaciar. Dudo que haya vida ahí —miró al Jefe al decir eso último.

El Spartan mantuvo su vista en la superficie helada.

—Tal vez. ¿Qué hay de la señal? —preguntó poco después.

—Pudo venir del monitor de la instalación. Algo raro, ya que, bueno… lleva mucho tiempo sin comunicarse con los otros monitores —se encogió de hombros—. Y ninguno parecía molestarse en hacerle alguna llamada para saber de su estatus.

—Bien. Busca la Sala de Control, ahí deberíamos encontrar al monitor.

—¿Y si lo que causó ese clima hubiese sido una filtración del Flood?

—¿A-aún hay más de esas cosas? —el piloto se estremeció.

—Todos los Halo tienen el Flood—le contestó John con calma.

—¿E-eh? —lo miró con los ojos casi desorbitados.

—Los anillos tienen laboratorios donde estudian el Flood, al igual que otras cosas —comenzó a explicarle la IA—. Usualmente, si hay algún tipo de filtración, la zona se pone en cuarentena, creando un clima que el parasito no pueda soportar.

—¿Como… el frío? —observó de reojo a la helada superficie.

—Frío extremo, para ser exactos —le sonrió.

—Ya… ¿Qué haremos entonces? El anillo está prácticamente congelado—le preguntó al Jefe. A decir verdad, ya no quería estar cerca del anillo, quería irse y no regresar jamás… a ninguno.

Había oído durante años el terror del Flood y como el Jefe Maestro luchó contra este, saliendo victorioso cada vez, pero eso no decía que quisiera verlo y experimentarlo en carne propia. Suficiente tiene con los Desterrados.

—Lo que dije —asintió a El Arma y ella, suspirando, devolvió el gesto, comenzando a analizar el anillo—. Bajaremos ahí y todos me esperarán aquí. Es mejor si voy yo solo —pasó la mirada sobre todos, recibiendo una afirmación de su equipo y un asentimiento exageradamente efusivo por parte de Fernando—. Si hay siquiera algún tipo de peligro relacionado con el Flood, lo mejor será irnos rápido. Así que defiendan la nave a toda costa de ser necesario.

—Afirmativo —pronunciaron sus compañeros.

Asintió satisfecho.

—Encontré la Sala de Control. Las coordenadas están listas —le sonrió al único ser humano normal de la nave.

Este revisó las coordenadas y luego miró el anillo, haciendo una mueca al ver que era justo donde la tormenta estaba en su apogeo.

—Será algo movido —comentó con un ligero tono persuasivo para evitar volar hasta allí.

Con eso dicho, los Spartans salieron de la cabina para tomar asiento, ponerse los cinturones de seguridad y esperar a la turbulencia del aterrizaje.

—No funcionó~ —canturreó la IA, recibiendo una mirada de molestia por parte del castaño.

—Oh, cállate. —con un suspiro resignado, tomó rumbo a donde indicaban las coordenadas que dio Joy. Adiós a cualquier esperanza de no ir.

La entrada a la megaestructura fue bastante movida, teniendo que luchar con los controles para mantener el Condor lo más estable posible. No quería que una nave que probablemente costaba lo mismo que todas las armaduras de los Spartans abordo se arruinase por un mal manejo.

El casco se calentó cuando comenzaron a ingresar en el campo de contención del anillo, algo normal. Pero poco a poco fue enfriándose mientras más entraban, eso sí fue lo raro, sin embargo, viendo el clima que el anillo manejaba, podría ser algo posible. Afortunadamente, el sistema dentro de la nave compensaba cualquier sensación térmica del exterior.

Se preguntó si el Equipo Azul saltaría en sus asientos tal como él lo estaba haciendo en ese momento debido al brusco movimiento. Aunque, el recuerdo de ver a John tan quieto como un árbol en medio de un Pelican durante una persecución, le hizo replantearse ese pensamiento.

—Estamos pasando por la estratosfera —anunció la IA por los altavoces, a pesar de que fácilmente pudo comunicarles la noticia a través de sus cascos.

La tormenta empezó a rodearlos, indicando su entrada a la troposfera y aumentando la turbulencia. Fernando tuvo que esquivar rayos, mientras el granizo y la lluvia golpeaban el parabrisas con fuerza implacable. En algún momento, un rayo cayó sobre ellos, haciendo parpadear por un instante todas las luces internas, sin causar daño real, afortunadamente.

—No logro ver mucho —se quejó, teniendo que guiarse más por el navegador de Joy que por su visión hacia afuera, la niebla y la lluvia imposibilitaban la vista más allá del propio parabrisas. Incluso la escarcha comenzaba a formarse sobre el cristal, complicando aun más las cosas. Los faros tampoco ayudaban mucho que digamos.

Pudo bajar lo suficiente como para ver la extensión de mar congelado. Ni un solo punto verde podía observarse como en otros anillos, solo blanco y azul interminables.

Fernando se estremeció. La temperatura exterior era de unos -50 °C, o al menos eso decía el termostato, el cual trataba de mantener caliente el interior de la nave; pudo fácilmente imaginar el frío entrando a la cabina.

Tenían que llegar rápido a su destino o el Condor no aguantaría mucho tiempo bajo tan espantoso clima, no estaba hecho para tales condiciones, tal como lo indicaba la pequeña luz que acababa de encenderse en la consola, que decidió ignorar deliberadamente.

—¿Cuánto falta? —preguntó a la IA, quien lo miró un poco preocupada. Era obvio que ella no había pasado por alto el significado de esa lucecita.

—No mucho.

El hombre se mordió el labio, observando como, poco a poco, las coordenadas cambiaban a las de su destino. Como pudo, vio hacia afuera, notando la estructura Forerunner haciéndose cada vez más grande mientras más se acercaban a ella.

—No veo donde meter la nave…

Tampoco era muy fácil hacerlo, entre el vidrio empañado y la gran nieve acumulada en lo que se supone era la entrada, no podía distinguir siquiera dónde aterrizar.

De pronto, hubo un pulso de algún tipo de energía saliendo del edificio; no fue electromagnético, ya que la nave, a pesar de seguir encendiendo pequeñas luces de advertencia constantemente, no indicaba un fallo mayor relacionado a ese tipo de pulsos.

—¿Qué fue eso? —se escuchó la voz de Fred por los altavoces de la cabina.

Joy, quien revisaba los sistemas rápidamente, se encogió de hombros y levantó las manos en un gesto de no entender.

—Siendo honesta, no lo sé. El Condor presenta señales de emergencia, pero son debido al frío, no aguantará mucho si seguimos afuera —el castaño suspiró, quería seguir en la ignorancia un poco más sobre lo que significaban las luces—. No fue ningún tipo de ataque —puso una mano en su mejilla, pensando con prisa—. Tal vez… ¿un escaneo?

Un ligero temblor llamó su atención. Al mirar hacia abajo, la nieve caía por una abertura en la pared de la estructura que se hacía más y más grande cuanto más se acercaban, hasta abrirse lo suficientemente como para que la nave pasara sin problema.

—Creo que esa es nuestra entrada —inclinó la palanca para tomar rumbo directo a la abertura. Hizo una mueca al escuchar el crujido del metal helado, probablemente tendría que echarle un vistazo a los motores y esperar que nada se hubiese dañado.

Aunque… la amenaza de un posible parasito milenario le hizo replantearse la idea de siquiera moverse de la cabina. O su decisión de acompañar al Jefe Maestro en esta misión.

Al estar dentro, la entrada comenzó su proceso de cierre, comprimiendo la montaña de nieve que se había creado y sellándose de nuevo.

Esparza aterrizó el Condor, escuchándose hasta el interior el crujido de los soportes de aterrizaje al asentarse sobre el gélido suelo. Miró el termostato, adentro la temperatura era más alta que afuera, pero no dejaba de estar aún bajo cero. Podía trabajar con ello, tenía ropa bastante abrigadora en alguna parte si iba a revisar el exterior de la nave.

Salió de la cabina, estremeciéndose al sentir lo frío que estaba el compartimiento de carga, más de lo usual. Rodeándose con los brazos para mitigar un poco la sensación fría, caminó hasta John, mientras los demás hacían un rápido chequeo de sus armas.

—Bien, grandulón —le sonrió, notando que su aliento formaba una pequeña nube blanca al hablar—, ¿qué sigue?

—Ellos te cuidarán —asintió hacia su equipo—. Están a tu disposición. Si necesitas ayuda con cargar algo, no dudes en pedirles ayuda.

Fernando afirmó con la cabeza. En lo poco que llevaba conviviendo con ellos, podía decir que Fred y Kelly eran mejores conversadores que John, Linda no se quedaba atrás, pero solía ser más taciturna que sus hermanos del Equipo Azul.

—No obstante, debes obedecerlos si hay alguna emergencia.

—Entendido —le hizo un saludo militar. El Jefe asintió, satisfecho.

Mientras Fernando se ponía en la tarea de buscar ropa abrigadora, John ingresó a la cabina y extendió su mano hacia Joy, quien le sonrió y dio un saltito a la palma enguantada, desapareciendo.

—Lista, Jefe —escuchó el Spartan mediante el enlace neuronal.

—Andando, entonces —regresó al compartimiento de carga, tomó un rifle que Frederick le extendió y una pistola por parte de Linda.

—Llámanos si necesitas ayuda, al menos contra uno de esas bolas andantes —comentó Kelly con gracia, poniendo las manos en la cadera.

—Estén atentos —se asintieron entre sí.

Esparza se escondió detrás de Linda cuando la esclusa se abrió, sintiendo como el aliento se le atoraba en el pecho al golpearle de lleno el viento helado de afuera, apenas había alcanzado a ponerse un overol aislante, faltándole la chamarra, pero el Jefe se le adelantó.

John bajó por la rampa, teniendo el rifle en alto. Revisó rápidamente su alrededor, sin encontrar señales alarmantes. Su radar le indicaba que todo estaba en orden.

Con la respiración tranquila, inició su trayecto a la zona principal.

Al recorrer unos cuantos pasillos, un movimiento ajeno le hizo levantar el arma, quedándose quieto.

—Jefe…

—Lo sé —observó como una esfera se acercaba hasta él con vuelo calmo.

—Reclamador —saludó la semiesfera con voz femenina. Su ojo brillaba de color azul, aunque se inclinaba más a un violeta claro.

—Monitor —respondió John, bajando el rifle lo suficiente para ver mejor a la IA Forerunner, pero manteniéndola en alto en caso de necesitar dispararle si efectuaba algún ataque en su contra.

—Soy 007 Contrite Witness, monitor de la Instalación 02 —se presentó con suavidad, muy diferente a otros que ha conocido estos años— Lo estábamos esperando.

—¿Estábamos? —preguntó Joy por los altavoces de la armadura. El Jefe apartó una mano del rifle para extenderla delante de él y que la pequeña IA azul apareciera, mirando con curiosidad al monitor—. ¿Quiénes?

Hubo un instante en que el ojo brilló de forma más intensa, para luego volver a la normalidad. Fácilmente pudo confundirse con un cambio en la luz del lugar, pero para John no pasó nada desapercibido.

—Sígame, por favor —se dio la vuelta y avanzó por donde había venido.

Joyeuse hizo un mohín, cruzándose de brazos. Lo miró con una ceja arqueada.

—¿Siempre tienen que ser así? —señaló con el pulgar hacia el monitor, que se detuvo a unos metros, esperándolos.

John simplemente la miró, como si ese simple gesto fuese más que suficiente como respuesta. A ella solo le quedó resoplar.

El Spartan avanzó con cautela detrás del objeto flotante, aferrándose a su arma y listo para cualquier movimiento en falso de su parte.

Pasaron cuartos y pasillos que parecían interminables, tan parecidos los unos a los otros que fácilmente pensarías que están pasando por los mismos dos lugares una y otra vez.

El monitor se detuvo frente a lo que aparentaba ser una puerta, mientras que John se detuvo a unos pasos.

La semiesfera se giró un momento hacia él y su luz óptica parpadeó. El Jefe apretó el agarre sobre su arma.

—Llegamos —fue lo único que dijo antes de que la entrada a la Sala de Control se abriese, volviendo a avanzar sin más miramientos.

—¿No tienes un extraño presentimiento sobre todo esto? —escuchó a Joy preguntarle con aprensión—. Porque… digo… ¿No suelen ser más conversadores los monitores? Este ha estado callado durante todo el camino.

John no pudo sino estar más que de acuerdo con la IA. Cada uno de los monitores que ha conocido a lo largo de este tiempo suelen ser bastante conversadores, incluso antes o después de querer asesinarlo. Que este se mantuviese tan… callado, no pronosticaba nada bueno.

—Voy a entrar —informó por radio a su equipo, recibiendo una señal de confirmación de ellos.

Con eso dicho, siguió el camino del constructo Forerunner con paso precavido.

Escaneó la habitación con la mirada en cuanto entró, primero a la derecha y luego a la izquierda, para finalmente observar hacia el frente, quedándose congelado ante lo que vio.

—Jefe… —la voz de Joy le sonó lejana, ahogada, como si estuviese bajo el agua o detrás de un grueso cristal, a pesar de tenerla prácticamente en su cabeza.

Justo en medio del cuarto, donde se encontraba la consola principal del anillo y donde se supone debería verse este mismo en un holograma, se encontraba una mujer.

Era una proyección —no a tamaño escala— sino el triple de una persona normal. La visión turquesa, color que cubría en distintos tonos a la mujer, le sacó el aire de los pulmones.

Se encontraba en posición vertical, con las rodillas firmemente pegadas al pecho y sujetas en su lugar por los brazos; uno de ellos cubría parcialmente su rostro, dejando apenas visible sus ojos cerrados entre mechones de cabello turquesa oscuro.

Por un momento, John no supo cómo reaccionar. La sensación de vértigo le hizo preguntarse si la gravedad en el anillo había sido desactivada, sin embargo, sus pies firmemente plantados en el suelo metálico le daban a entender que todo estaba en orden, excepto el rápido palpitar de su corazón.

—Despierta, cariño. Es hora —la voz de Contrite Witness lo sacó de su ensimismamiento, mirando entre el objeto volador y el holograma, el cual, comenzó a moverse.

Bajó uno de sus brazos y abrió un ojo, sonriendo hacía el monitor, parecía tan tranquila, como cualquier persona sin preocupaciones despertando una mañana soleada, hasta que notó su presencia en la sala.

Desapareció en un parpadeó, apareciendo en otro justo delante de él con el rostro desencajado de la sorpresa.

—¿John? —susurró con voz melodiosa.

—¿Cortana? —su voz salió más estrangulada de lo que hubiese querido.

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Notes:

¿Qué les ha parecido?
A decir verdad, me he divertido escribiendo el capítulo, no soy buena escribiendo cosas muy detalladas en momento de acción o derivados, pero estoy tratando de salirme de mi zona de confort y esta historia de Halo me está ayudando para hacer lo mismo con una de COD que estoy escribiendo, además de otras, claro. E igualmente, esta historia me ayuda a probar un poco el manejo de softwares o páginas de editores de texto, así que si ven algún error de ortografía, les pido una disculpa.

El Jefe Maestro, a pesar de tener una "personalidad" establecida, hasta cierto punto es un lienzo en blanco para mí, lo que me ayudará a tratar de ir más profundo en su psique. Mientras más vaya exprimiendo las novelas y demás historias de Halo, podré comprenderlo mejor. Si ustedes sienten que sale un poco de personaje, díganme y corregiré al buen Juan-117 (me mata de risa cada vez que el traductor le cambia el nombre en español).

En fin, es todo por hoy. Espero traer pronto un nuevo capítulo, pero no prometo mucho. Ojalá les haya gustado y nos vemos en la próxima.
Los quiere, TsukiYami.