Chapter Text
No hay magia.
Draco era consciente de ello, los muggles no usan la magia para nada, él lo sabía. Entonces ¿Qué es lo que sucede?
No lo sabe ni él mismo, ayer acabó su arresto domiciliario tras la guerra y ahora está en un autobús lleno de gente en medio de la nada, sin tener un destino claro. Ni siquiera la naturaleza se siente igual que en el mundo mágico a través de la ventanilla.
El vehículo se paró y abrió sus puertas, permitiendo que entre aire fresco y la calidez del exterior. Algunas personas se levantaron y bajaron en esta parada. Draco también lo hizo.
El sol brillaba con fuerza en el exterior, rozaba lo molesto pero se agradecía, la mansión de los Malfoy siempre era muy fría, sobre todo estos años.
El pueblo donde se encontraba era bastante tranquilo, no había el gran bullicio del callejón Diagon, eso es un hecho. Había personas dialogando en casi todas partes, algunos niños jugando alegremente por las calles, el cantar de los pájaros también está presente, como si se tratase de una película.
Por más hermosa que fuera la vista que el joven rubio estaba observando, supo que tenía que hacer algo cuando su estómago rugió de forma ruidosa, destruyendo la imagen pacífica del lugar en segundos.
—Mierda...— murmuró Draco para sí mismo, algo avergonzado y con la esperanza de que nadie más lo hubiera escuchado.
El joven rubio siguió caminando, ahora con un objetivo, encontrar un sitio con comida. Preferiblemente pronto según el sonido que hizo su estómago unos segundos atrás.
Siguió caminando un rato más, aunque para su desgracia, parecía ser que siempre daba vueltas en círculo porque siempre acababa en el mismo lugar. Viendo como fue traicionado por su propio sentido de la ubicación, dio la vuelta para volver al autobús, tal vez tendría suerte allí.
El joven hombre hizo el camino correcto hacia el vehículo, de eso estaba seguro, estaba la señalización de que ahí se encontraban autobuses, solo había un pequeño detalle, de verdad, nada importante.
El autobús no estaba ahí.
Bueno, vale, tal vez si era algo más importante.
Al menos tenía todas sus cosas consigo y pudo observar el cartel de un local, anunciando ser una cafetería. Draco no sabía si reír o llorar cuando lo vio.
—Soy idiota.— se dijo a si mismo mientras entraba al lugar mirando hacia abajo, sintiéndose avergonzado por no haberlo notado antes.
El olor a café inundó los sentidos del rubio y recordó el hambre que tenía. Miró donde podría sentarse, no habían muchas personas pero definitivamente no era un establecimiento al que nadie fuera.
Finalmente se decidió por un asiento que daba directamente a la ventana y estaba alejado de las mesas ya ocupadas.
Miró la carta de la cafetería tanto tiempo que las palabras dejaron de tener sentido, cada bebida tenía un nombre más complicado que la anterior. Merlín sabrá que ingredientes llevan esas cosas.
La confusión fue tal que Draco apoyó la cabeza en la mesa donde se encontraba, ocultando su rostro con sus brazos. Nunca entendió los nombres refinados de la comida que su familia solía comer y esto parecía la versión muggle de esas cenas.
—Perdona ¿se encuentra bien?— preguntó una voz profunda cerca del rubio, este levantó ligeramente la cabeza, mostrando apenas un ojo, cubierto en su mayor parte por su larga cabellera.
—Sí.— respondió en voz baja, siendo su voz amortiguada por sus brazos. —Estoy bien.— continuó hablando para intentar sonar más convincente.
—Permitame dudar de que sea completamente verdad, por cómo se encuentra ¿puedo hacer algo para ayudarle?— la voz sonaba más preocupada que antes, pero también tenía un toque dulce.
—De verdad estoy bien, solo necesito desayunar y volveré a ser un ser humano funcional.— contestó con algo de cansancio, necesitaba energía urgentemente.
—Está bien...— era evidente la duda en esa afirmación. —¿Qué puedo servirle entonces?— ahora había algo más de seguridad en la voz que hizo la pregunta.
Habían muchos nombres de bebidas para elegir, demasiados, Draco no sé acordaba de ninguno en ese instante. ¿Qué clase de muggle no sabría como se llaman todas esas cosas? Draco no podía permitirse que alguien sospechara por algo tan básico.
—Un café con leche, por favor.— habló Malfoy, fue lo primero que pensó, aunque lo odiara.
—Está bien, enseguida se lo traigo.— dijo la voz, aparentemente alejándose por los pasos que se escuchaban cada vez más flojos desde la mesa del rubio.
Unos minutos más tarde, Draco escuchó que alguien le colocaba un plato en la mesa, por lo que levantó su cabeza completamente en su mesa.
Vio una tarta de manzana junto a su café.
Miró a sus alrededores y pudo encontrar con la vista a un hombre moreno, con pelo rizado y un delantal beige que suponía era el uniforme del local.
—Invita la casa.— ofreció con una sonrisa en su rostro el camarero.
Con la cabeza de Malfoy a plena vista, ambos pudieron mirarse, esos ojos verdes... no, no puede ser, necesita desayunar ya.
—Gracias.— miró a su plato y empezó a comer.
Como el rubio se imaginaba, el café iba a ser un disgusto, pero una vez le echó una cantidad de azúcar que asustaría a cualquiera, parecía aceptable. Pero... ¿la tarta de manzana? Era de las mejores que había probado en su vida, no podía aceptarlo gratis.
Vale, apenas le quedaba dinero, pero ya encontraría una manera de conseguir más, por ahora podría permitirse pagar un simple desayuno, por lo que se acercó a la barra para hablar con el hombre de antes, quien estaba preparando otra bebida.
—¿Cuánto es en total?— preguntó mientras buscaba en sus bolsillos dinero, tenía que estar ahí...
—Insisto, invita la casa.— esta vez miró al rubio a la cara y sus ojos se entrecerraron ligeramente.
Esa mirada... le recordaba mucho su compañera de clases en Hogwarts, se llevaban fatal, pero él siempre la admiró, incluso cuando ella lo acosaba, fue una rival digna en el quiddich y lo más importante, le salvó la vida varias veces, si no fuera por ella...
—¿Malfoy..? ¿Eres tú?— preguntó con gran inseguridad, casi parecía estar probando suerte.
—¿Potter?— respondió a la pregunta, con otra pregunta, tal vez el desayuno no lo despertó tanto.
No podía ser Potter, ella tenía el pelo largo que siempre llevaba en una coleta. Su piel era algo morena, pero no tanto como ahora y definitivamente antes no tenía esa ligera barba recortada.
—Mi descanso es en quince minutos ¿te importaría esperarme para poder hablar?— no miró a Malfoy, simplemente preparó su bandeja para servir a otro cliente con bastante rapidez, tanta que el receptor del mensaje no tuvo tiempo para responder.
Todo parecía ir a cámara lenta, Draco continuó de pie en la barra, fingiendo leer la carta una vez más. Realmente observaba a la joven de gafas, quien había roto unos cuantos platos en cuestión de segundos.
Pero... ¿por qué seguió esperando? Pudo huir, nadie tiene porqué saber nada de él, menos si es del mundo mágico, un paso en falso y aparecería en el profeta el resto de sus días, eso sí no lo estaba ya. Necesitaba paz, no más dramas.
Sin embargo, ¿realmente era una opción? Tal vez no. No tenía el lujo de ser un maleducado, le debía por lo menos un gracias. Así que permaneció donde se encontraba, tendrían que hablar.
La joven había cambiado bastante, no sólo físicamente, el joven de ojos grisacios la vio como nunca hizo en todos los años compartidos en la escuela.
¿Nerviosa?
La había visto aterrada incluso. Merlín perdone que alguien se asuste en una guerra cuando casi te matan. Pero... ¿nerviosa? Ella nunca mostró esas emociones, menos en una situación tan calmada. No era propio de ella.
Finalmente el reloj parecía funcionar, porque anunció el inicio del descanso del trabajador, quien volvía a acercarse a la barra, dejando ahí su bandeja.
—No pareces tener buen aspecto, Malfoy.— miró de arriba a abajo al jóven cliente.
—Gracias, tu habilidad de observación sigue siendo tan buena como siempre, Potter.— replicó el nombrado, con una sonrisa falsa.
Ninguno de los dos habló por unos segundos. El salvador del mundo mágico tragó saliva y respiró profundamente.
—¿Qué haces aquí?— cuestionó con determinación, clavando su mirada en los ojos de su antiguo rival.
Draco había olvidado como se sentía ser observado por esos ojos, nunca fue bueno manteniendo el contacto visual con Potter, por lo qur bajó ligeramente su cabeza, centrándose en cualquiera otra cosa menos en la persona delante suya. Sus ojos ahora estaban ligeramente protegidos por su cabello frente a ellos.
Las mangas de su chaqueta sirvieron bastante para tener sus manos en movimiento. No podía evitarlo aunque quisiera.
—Perdí el autobús.— susurró tan bajo que casi parecía que hablaba para sí mismo.
—Eso ya lo sabía.—
—¿Además de camarera también eres adivina, Potter?— fue un pobre intento de intentar animar la conversación, o tal vez ganar algo de control.
Potter se tensó y encogió sus hombros, su mirada dejó de ser tan decidida, parecía asustado.
—¿Qué quieres Malfoy?— frunció el ceño, ahora jugueteando con su delantal.
—Nada.—
—No sé qué estés haciendo aquí pero no te diré nada.— agarró un vaso y lo llenó de agua, respiró profundamente unos segundos antes de darle un sorbo. —Menos aún para que acabe en el Profeta.—
Draco levantó rápidamente la cabeza para mirarlo por un instante entre sus mechones de pelo.
—¿De verdad crees importa tanto el Profeta? Tampoco es como si me fueran a creer, el apellido Malfoy ya no tiene poder.— dijo fríamente, casi herido por tener que aclararlo.
Nuevamente, reinó el silencio entre los dos, aunque esta vez más que solo unos segundos.
—No pienso volver.— fue expresado con tanta facilidad, que no había ni un atisbo de duda, era una afirmación.
El muchacho de gafas abrió bastante sus ojos ante la noticia. Estuvo procesando lo que escuchó por unos minutos, Draco miró el reloj para saber el tiempo que Potter se quedó sin respuesta. Tal vez sería un nuevo récord.
—Entonces... ¿qué haces aquí?— preguntó con genuina confusión.
—Ya te lo dije, nada.—
—Malfoy, algo tiene que haber ¿de verdad saldrías de tu casa el primer día de libertad para hacer... nada?— intentaba buscar lógica a todo, pero no encontraba nada, se llevó el vaso a la mano y empezó a moverlo.
—Tomé un autobús, me bajé y lo perdí.— se encogió de hombros al responder.
—¿De verdad no tienes ningún plan?—
—Solamente empezar de nuevo.—
El vaso que no paraba de moverse entre los dedos de Potter, se quedó quieto.
—Sabes que eso no es tan fácil, ¿verdad?— habló con una ligera sonrisa en su rostro.
—Lo sé, podría empezar en este pueblo, no parece un mal sitio.— dijo con bastante sinceridad, aún tiene fresco lo que sintió al pasar por esas calles.
El muchacho de gafas se tensó al instante, volviendo a juguetear con el vaso en sus manos y ahora, moviendo una pierna con bastante rapidez. Todo iba bien encaminado para una tranquila conversación, no se había hablado de nada raro.
—Potter, se va a romper el vaso.— advirtió viendo las temblorosas manos del contrario.
El vaso fue puesto nuevamente en la barra, salvándose de un destino terrible, a diferencia del pelinegro, quien pareciera haber visto entrar un dementor por la puerta de la cafetería.
—No puede ser tan mal sitio ¿no?— afirmó el rubio, buscando alguna señal en el hombre frente a él acerca de qué estaba sucediendo.
—No, al revés, es muy bien sitio...— declaró con una gran sonrisa en su rostro. —pero...— murmuró bajando su tono de voz, la alegría de su rostro se había esfumado en cuestión de segundos.
El camarero puso su mano en su delantal, agarrándose fuerte y tomando varias respiraciones profundas.
—Sí te quedas aquí, deberías saber algo.— pese a los nervios, parecía bastante decidido.
—No creo que pueda ser tan malo como lo que hemos vivido.—
—Soy un chico trans.—
Se instaló un tenso silencio entre los dos cuando esas palabras fueron pronunciadas en voz alta.
Draco sintió por primera vez en mucho tiempo que podía respirar, aún seguía algo nervioso pero sin duda, la confesión del otro le dio un sentimiento agradable, que no sabría explicar del todo. Él lo sabía, lógicamente lo sabía pero verlo con sus propios ojos...
No estaba solo. Hay más personas como él.
No estaba todo perdido, podría empezar de nuevo y ser él mismo, oh madre mía, Potter cambió tanto... ¿podría llegar a ser así algún día? ¿Por dónde podía empezar? Debía decírselo a su antiguo compañero de clase, él lo entenderá, sería buena idea buscar...
—No sé por qué te conté esto, ignoralo, solo no lo digas en el profeta por favor.— habló con un tono ligeramente molesto mientras se levantaba.
—Sería hipocrita de mi parte ¿no crees?— dijo con un tono divertido y una sonrisa torpe, trataba de aparentar confianza en sí mismo.
El otro mago se paró en seco, como si estuviera pegado al suelo con un hechizo, un instante después, se dio la vuelta con gran rapidez, desvelando por unos segundos su expresión sorprendida, antes de que esta se convirtiera en un ligero ceño fruncido.
—¿A qué te refieres?— preguntó con rapidez y una ligera desconfianza.
—Sabía que no eras el más inteligente de la escuela pero esperaba que lo entendieras a la primera.— respondió con un tono burlón.
El otro hombre puso los ojos en blanco tras el comentario, estando algo molesto.
Nuevamente apareció un nuevo silencio entre los dos, Draco podía escuchar su pulso en sus orejas, pues pese a la fachada de completa seguridad que intentaba aparentar, estaba muerto de miedo. El joven de gafas sin embargo parecía buscar una respuesta en su cabeza.
—¿Eres un chico trans?—
—Al fin Potter, pensé que jamás llegarías a la conclusión.—
El joven mencionado lo miró unos segundos con cara de incredulidad antes de levantar el dedo de en medio.
—Veo que sigues siendo un imbecil.—
El rubio sonrió ante el comentario, algo que había sido tan típico entre ellos dos.
—Gracias.— dijo aún con cierto tono bromista y alegre, ganándose un suspiro resignado del camarero.
El hombre de gafas apoyó el codo sobre la barra y puso su puño debajo de su mejilla, la mano que seguía libre jugueteaba con una parte de su delantal.
—Así que... ¿Cuál es tu nombre?— preguntó con suavidad, siendo la primera vez en toda la conversación que se muestra tan relajado.
El hombre de pelo largo abrió sus ojos bastante, jamás pensó que le harían esa pregunta, pensaba que solo sería algo con lo que soñar, pero se ve que estaba equivocado.
—Draco, me llamo Draco.— pronunció el hombre con una sensación de alegría y extrañeza al mismo tiempo, era la primera vez que lo decía en voz alta.
—No es mal nombre, Draco. Mi nombre es...— habló hasta que fue interrumpido.
—¡Harry, tu descanso acabó hace diez minutos!— gritó una joven camarera mientras se acercaba al hombre moreno.
—Tengo que volver al trabajo Malfoy, si quieres que sigamos hablándo tendrás que esperar a que mi turno acabe.— el hombre se levantó del taburete del bar y se arregló su delantal.
Cuando parecía darse la vuelta para seguir con sus obligaciones, se detuvo un momento en dirección al rubio.
—Encantado de conocerte.— expresó con una sonrisa genuina.
—Lo mismo digo Potter.— respondió Malfoy con más alegría en su rostro.
Ahora sí, el joven de tez pálida volvía a estar solo, bueno, obviando que estaba en una cafetería rodeado de personas. Observaba su alrededor, en especial a su antiguo compañero de clase.
Definitivamente el quiddich le fue de gran ayuda, sigue teniendo bastante equilibro y rapidez para atender las mesas, todo sin despeinarse siquiera, encima es capaz de sonreír como si nada. Esto fue una gran diferencia en el servicio del camarero cuando estaba nervioso anteriormente.
Si bien el local local era bastante acogedor, Draco necesitaba aire fresco, llevaba demasiado tiempo encerrado en la mansión Malfoy, como para quedarse en el interior de una cafetería por más horas en su primer día donde puede salir de casa, por eso mismo, el joven agarró su mochila y salió del establecimiento para ser recibido por una suave brisa.
Hacía sol, antes hacía buen tiempo pero pareciera haber mejorado aún más, el sol ya no molestaba pero seguía siendo cálido. Draco no pudo evitar la sonrisa que se formaba en su rostro conforme iba caminando por el pueblo, cada vez con paso más seguro.
Avanzaba con más confianza de sí mismo a cada paso, observando la naturaleza de su entorno, con flores que ya han florecido y están en su mayor esplendor, es hora punta, por lo que las calles están más vivas que nunca. ¿Es esto sentirse vivo? Oh sí, sí que lo es.
Una ráfaga de viento lo impulsó ligeramente a aumentar el ritmo de sus andares, permitiendo también que se sintiera incluso más ligero que antes.
—Lo hice...— murmuró Draco con una gran sonrisa en su rostro. No cabía de felicidad en sí mismo.
—¡Pude hacerlo, lo hice!— exclamó el joven mientras caminaba rápido al lado de las florecientes plantas.
Parecía todo un sueño, pero sí era así, prefería no despertar jamás. Podría ser él mismo, ser solamente Draco y no "la señorita Malfoy". Tal vez sería capaz de cortarse el pelo como él siempre quiso, lo logró, ahora puede vivir por su cuenta.
Sus sueños ya no serían más sueños, iban a ser realidad. El rubio abrió la cartera que se ubicaba en su bolsillo del pantalón, necesitaba un lugar para pasar la noche y planificar que quería hacer con el resto de su vida.
Draco experimentó en aquel momento, una situación que jamás le había ocurrido en el transcurso de toda su vida. Algo que le quitó por un instante toda la ilusión que tenía anteriormente.
No tenía dinero.
Bueno, tenía siete euros y unos cuantos céntimos, pero lo mismo es. Basándose en los precios que vio en la cafetería, todo el dinero que poseía costaba un desayuno, por lo que no fue muy difícil llegar a la conclusión de que difícilmente le alcanzaría para alojamiento.
Tal vez no podría vivir por su cuenta aún... aunque el banco que vio antes no parecía tan malo para pasar la noche... sí, eh, no había sufrido por tanto para acabar durmiendo a la intemperie en unas tablas de madera mal cortada. No, gracias.
Caminó nuevamente sin rumbo, observando todos los alrededores por si algún lugar podría servirle para pasar la noche. No se podía tener tanta suerte en un mismo día parece ser.
Acabó en el mismo lugar del inicio, en la parada de autobús que lo abandonó antes y la cafetería donde había probado la mejor tarta de manzana de toda su vida. Sin saber qué hacer, se sentó en un banco cercano, tal vez de este modo podría pensar alguna alternativa a su situación.
—¿Malfoy?— pronunció una voz grave, que llamó inmediatamente la atención del que fue nombrado.
Harry Potter.
Otra vez.
Draco jamás en su vida pensó que sentiría aunque fuera una ligera esperanza por su presencia después de que lo ayudara en el juicio, pero hoy es un día muy extraordinario, así que ¿por qué no?
