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Necesidad

Summary:

Claire sufre los ataques hormonales propios del embarazo y decide utilizar un vibrador.
A Wesker no le hace gracia.

Notes:

¡Hola a todos!
Este es mi primer one-shot de la rarepair formada por Claire y Wesker (Clesker). Debo confesar que al principio no me llamaban la atención, pero tras leer varios fics sobre ellos y pensar múltiples AUs de ellos dos, me he enamorado de esta pareja.

Ante de que alguien me queme, esta historia es un AU en el que Wesker sobrevive y es encontrado por el grupo de Claire, quienes piensan que puede servirles para vencer los últimos restos de Umbrella. A cambio, debe ser leal y obediente y deciden poner a Claire como su tutora. Mientras Claire aprende lo que es ser un BOW, le enseña también a ser humano. Al final, tras varios tiras y aflojas de dos personas tan duras, pues ocurre lo que ocurre...

También es mi primera vez escribiendo sobre masturbación, pero como me tocó en el Pre-July Break Flash Bingo, decidí intentarlo por primera vez.

Prompts:
• Pre-July Break Flash Bingo: Kink: Masturbation
• July Break Bingo: Did you think I wasn’t going to find out?

¡Espero que os guste! ^^

Work Text:

Mientras miraba la cajita, lo único que se le pasaba por la mente era maldecir en todas las lenguas existentes a Wesker.

Vale, ella también había tenido parte de culpa en todo aquello, pero el BOW le juró en muchísimas ocasiones que era imposible a causa de la incompatibilidad de su ADN. Cuando empezaron los primeros sofocos, vómitos matinales y aumento de pecho, el hombre siguió defendiendo lo que había dicho. Menos mal que finalmente admitió un “pequeño error de cálculo” cuando le había dicho que tenía un retraso de dos meses y que los pantalones empezaban a quedarle justos.

Increíble forma de confundirse por primera vez en su vida. 

Ese “pequeño error de cálculo” había derivado a que dos pequeños guisantes (llamados por ella misma “potatitos” en honor a cómo le llamaba Chris a ella cuando era pequeña) vivieran en su vientre, haciéndola la vida lo más incómoda posible. Solo llevaba 3 meses en aquel estado, pero necesitaba que alguien se los arrancara ya de dentro para decirles cuatro cosas bien dichas, como que no es de buena educación despertarla cada dos por tres para ir al baño, vaciarla el estómago cada vez que se mueve, acalambrarla partes del cuerpo que ni ella sabía que existían y, lo peor de todo, aquello…

Abró la cajita y volcó su interior en la cama. Un aparato rosa con un botón la invitaba con aquel color a que acabará con su sufrimiento de una vez. 

—Joder —protestó mientras se frotaba muslo con muslo para suavizar el calor sofocante que se había instalado en el punto donde ambos se juntaban. 

Desde que se había quedado embarazada, tenía aquellos horribles sofocos y excitación que la impedía encadenar dos noches seguidas durmiendo de un tirón sin encontrarse por la mañana con su mano entre sus piernas y empapada. Lo que al principio pensaba que era cosa de la ovulación (más bien Wesker era el único que lo decía), resultó ser los dos nuevos compañeros de cuerpo acomodándose en su útero.

Si hubiera hecho caso antes a su desconfiada pero siempre acertada intuición a la palabra del hombre que hace años intentó montar una eugenesia con el virus Uroboros y que ahora se encontraba bajo un contrato estricto por el cual trabaja para TerraSave, no habría echado los polvazos de su vida y no estaría gimiendo ante el aparatito que podía salvarla de aquel sufrimiento hormonal.

Sabía cómo funcionaba por mucho que Chris pensara que era un ser de luz en sus tiempos universitarios, pero había decidido comprar uno nuevo por miedo a que el suyo de toda la vida no pudiera ayudarla. Había leído de arriba abajo las instrucciones, pero a mitad de lectura las lanzó al suelo y se mordió el labio cuando notó que su flujo empezaba a mojarle la ropa interior. Se quitó el pantalón y las bragas rápidamente y se metió bajo las sábanas. Si viviera sola, se hubiera tirado contra el sofá desnuda para comenzar, pero sus ilustres jefes le habían impuesto la tutela del BOW que ahora mismo debía estar dándose una ducha por el ruido de agua que escuchaba procedente del cuarto de baño. Perfecto, así amortiguaría lo que fuera a salir de su boca.

Abrió las piernas y colocó el aparato en el punto exacto. Tenía también un succionador de clítoris, lo que le venía perfecto para poder tener una mano libre en caso de necesitarla.

—Por Dios, que funcione —masculló mientras cerraba los ojos e intentaba relajar su respiración.

Apretó el botón y una leve vibración recorrió sus paredes vaginales. No, no era suficiente. Necesitaba más. Sin pensárselo dos veces, puso el máximo nivel y agradeció tener una mano libre para mordérsela y ahogar un gemido muy fuerte. Santa Virgen, ¡ahora sí! Todo su cuerpo temblaba y no sabía cómo poner las piernas para buscar el mayor placer posible. La mano suelta apretaba ahora las sábanas, dejando libre su boca para poder soltar gemido tras gemido, intentando contenerlos para no advertir a su compañero de piso. Si supiera lo que estaba haciendo con el receptáculo de su progenie…

Esa imagen de Wesker llenándola con su semilla varias veces durante todas aquellas semanas, emanada del enorme y grueso pene adquirido gracias a los virus que residen en él (aquello no podía ser humano, eso estaba claro), la llevó al primer orgasmo de la tarde. Se tapó rápidamente la cara con la almohada y la mordió con todas sus fuerzas mientras notaba cómo todo su vientre se contraía en numerosas oleadas que no hacían más que aumentar a causa del aparato.

Pensó en los potatitos quejándose del seísmo que se estaba produciendo en su cálida casita. «Os fastidiais

El calor se intensificó hasta sus pechos y se empezó a masajear uno, recordando (no sabe por qué) la enorme mano de Wesker en ellos y chupándolos con avidez como si quisiera saciar su hambre de aquella forma. De esta forma, llegó al segundo orgasmo. ¿Cuántos más necesitaría para terminar con aquel sufrimiento, si es que se podía llamar de esa forma? Se negaba a tirarse 6 meses más así, eso lo tenía claro. El siguiente orgasmo llegó recordando cuando se despertó con la cara del BOW entre sus piernas y el siguiente con la marca de arañazos que le había dejado en sus imponentes hombros.

Dios, como Chris se entere de que no fue un polvo de una noche en una fiesta, sino que fueron varios con el hombre al que él mismo mató…

No, no era el mejor momento para recordar a su hermano, aunque pensándolo bien, sería la mejor forma de cortar de raíz toda la excitación… Y eso ocurrió.

Pero no de ese modo.

No sabía cuánto tiempo llevaba mirándola y se regañó a sí misma por no estar pendiente del ruido del agua. 

Wesker estaba apoyado en el quicio de la puerta de su habitación, con los brazos cruzados y con la toalla todavía en las caderas tras la ducha.

—Eh… Hola… —consiguió decir entre jadeos mientras se incorporaba un poco—. ¿Querías algo?

Bien, Claire. Que se noten las clases de teatro del colegio.

Wesker enarcó una ceja, haciendo evidente el porqué suspendió las clases de teatro.

—Tus gemidos se escuchaban perfectamente, Redfield.

—Mentiroso.

—¿Te recuerdo que no soy humano?

Claire podría haberse sonrojado más tras aquella afirmación obvia, pero no podía estar más roja de lo que estaba. 

Antes de que pudiera hacer algo, Wesker entró en la habitación y quitó las sábanas de un tirón, revelando el desastre húmedo que reinaba ahí abajo y el intruso que lo estaba sustituyendo.

—¿Pensabas que no me iba a dar cuenta? —preguntó sin quitar la vista del objeto rosa, el cual estaba a punto de sobrepasar a Spencer en su lista de enemigos jurados—. Noto todos tus cambios, cariño.

—¿Ah, sí? ¿Como el que notaste cuando me dejaste embarazada? ¿O cuando…? —un grito cortó de lleno su ataque cuando Wesker le arrancó de su interior el aparatito sin ningún tipo de cuidado.

—Quiero que quede claro una cosa: no voy a permitir que te corras en otra persona o cosa que no sea yo —gruñó mientras sus ojos empezaban a adquirir ese tono rojo sangre tan característico—. Quiero que grites solo mi nombre, que gimas conmigo encima. Quiero ser el eje sobre el que gire tu vida por lo menos durante los meses que faltan para que des a luz. No voy a permitir que nada ni nadie te aparte de mí.

Más que una amenaza, Claire sabía que era una certeza gracias a que los orgasmos que había tenido había sido pensando solo en él. Aún así, sabía que si se lo decía ahora, se lo tomaría como una excusa para intentar evitar lo que iba a venir ahora y cuya pista se la estaba dando el montículo que se estaba formando en la toalla del hombre.

—Lo siento, pero es que es insoportable. ¡Tus queridas células superhumanas me están volviendo loca!

—Pues me avisas y yo me encargo.

—Albert —odiaba su apellido tras descubrir toda la verdad, por lo que ahora todo el mundo lo llamaba por su nombre—, ya lo hablamos: necesito mi espacio y tú estabas muy apegado a mí por tu instinto sobreprotector por esto —se señaló el vientre medio abultado.

Habían decidido que cada uno volviera a dormir en sus respectivas habitaciones tras despertarse siempre con Wesker entre sus piernas, aferrado a ella o con su semen bajando por sus piernas. Rebecca había llegado a la conclusión de que el virus G tenía algo que ver con eso: buscaba continuamente la procreación y por eso Wesker presentaba aquel vigor en ese ámbito. Además, cuando le informó el hombre de que existían los embarazos estando ya embarazada le faltó poco para pedir una orden de alejamiento. Si con dos ya tenía el cuerpo como si fuera una fiesta con fuegos artificiales, más sería…

—Vete, Albert. Ya lo hablamos —lo estaba diciendo en serio, con su típica mirada de señora seria que regañaba a un niño que se había portado mal.

Como fuera, se sentía saciada y el sueño estaba empezando a abrirse paso en su mente. Iba a aprovechar a dormir ahora mismo para evitar futuros despertares inoportunos.

—Júramelo.

—¿El qué?

—Que no volverás a utilizar ese aparato nunca más.

Claire parpadeó sin dejar de observar los ojos rojos del hombre, que no se habían despegado de los suyos en todo momento.

—¿Estás celoso de un vibrador? —no podía creer lo que acababa de oír.

¡¿Albert Wesker, celoso de un aparatito?! Tuvo que hacer acopio de todo su autocontrol para no reírse a carcajadas. ¡Sentía su virilidad peligrar ante aquella cosita rosa! ¡Él! ¡El BOW superhombre esquiva-balas inmortal que casi acaba con todos! Esta visión de él provocó en Claire otra reacción que pensó que había erradicado hace veinte minutos cuando notó que una pequeña humedad comenzaba a abrirse paso de nuevo entre sus piernas.

—No es estar celoso —gruñó mientras clavaba sus dedos en el muslo de Claire—: es defender lo que es mío.

Si Claire quería dormir, no se lo estaba poniendo nada fácil. Notar su mano sobre su muslo provocó una descarga eléctrica en su columna y su humedad seguramente habrá llegado ya a la nariz del hombre. Saber incluso que aquel poderoso ser estaba completamente a su servicio tanto laboral como íntimamente tampoco ayudaba mucho. A lo mejor, pensar en Chris conseguía salvarla de sus hormonas y seguir firme en su reticencia a acostarse con Wesker. 

No iba a rendirse. Iba a imponerse para recordarle que su jefa era ella y recuperar el respeto y espacio perdido.

Le mantuvo la mirada con los brazos cruzados. El calor de su palma sobre su muslo era insoportable, pero una Redfield podía con todo. Ahora no se sentía con fuerzas para regañarlo por tirar su vibrador al suelo, pero lo anotaría para cuando no estuvieran en una postura tan comprometida.

Para su sorpresa, Wesker asintió y se levantó de la cama, dejando un gran frío en la huella de su muslo.

—Está bien. Te dejaré descansar —dijo sin más mientras se giraba hacia la puerta.

Claire estaba a punto de sonreír y saltar de felicidad tras ver que lo había derrotado por primera vez, pero se desvaneció todo regocijo cuando vio el perfil del hombre y el enorme bulto que tenía bajo la toalla, mucho más grande que cuando entró. La humedad comenzó a manchar de nuevas las sábanas.

—Albert… ¿Qué vas a hacer ahora? —su voz no sonó como ella quería, sino como si se estuviera ahogando.

—Terminar de ducharme —sonrió fríamente.

El imbécil sabía la batalla que se estaba fraguando en la cabeza de la joven. Nadie le dijo que no a Albert Wesker.

Claire tragó saliva viendo cómo el bulto crecía un poco más y frotó inconsciente las piernas. ¿Hacía cuánto tiempo que no se acostaban?

—Creo que tú también necesitas una ducha…

Un ligero movimiento de la cabeza provocó que la sacara de la cama de un tirón y se la llevara en brazos. 

Iba a ser una noche muy larga y la mañana auguraba ser dolorosa…

No obstante, cuando los primeros rayos de sol se posaron en sus ojos y vio a Wesker enredado en su cuerpo completamente dormido, con sus pechos hinchados y doloridos y completamente llena y empapada de su semilla tras horas de embestidas y eyaculaciones hasta que perdió el conocimiento, se dió cuenta de lo feliz que estaba tras no conseguir imponerse porque había conseguido lo que más ansiaba en ese momento…

Tras varias semanas, estaba totalmente saciada.

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