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Eufórica Serendipia: SERENDIPIA
Prólogo: La Gravedad del Encuentro
Prólogo: La Gravedad del Encuentro
Jul 11, 2026
El aire en el centro deportivo de Busan estaba viciado. OlÃa a una mezcla agresiva de sudor seco, desinfectante barato y la electricidad estática propia de los nervios que flotan en el ambiente. El verano de 2009 no solo se sentÃa en el calor sofocante que se filtraba a través de las rendijas del techo, sino en la intensidad de las miradas de un centenar de muchachos que, como piezas de ajedrez en un tablero de madera pulida, esperaban el turno de demostrar que sus cuerpos eran capaces de convertir el dolor en arte marcial.
Jeon Jungkook, con apenas once años, era una pequeña tormenta contenida. Su dobok le quedaba un poco holgado, pero sus pies descalzos estaban firmemente arraigados al tatami, sintiendo la textura ligeramente rugosa y familiar de la superficie. A su edad, el miedo era un concepto abstracto; para él, el Taekwondo era el lenguaje que mejor comprendÃa. Era silencio, movimiento, impacto. Era el refugio donde el mundo dejaba de pedirle cosas que no sabÃa cómo dar y le exigÃa, a cambio, solo precisión.
Jungkook ajustó su cinturón, sus ojos grandes y oscuros escaneando la arena. HabÃa algo en él, una chispa que los entrenadores ya empezaban a notar, una tenacidad que rayaba en la obsesión. Pero esa mañana, su atención se desvió. No fue el llamado de su nombre lo que lo hizo girar la cabeza, sino una extraña armonÃa en el movimiento que ocurrÃa en la colchoneta contigua.
Era Park Jimin. TenÃa trece años, dos más que él, y una gracia que parecÃa estar fuera de lugar en aquel entorno de forcejeo y rudeza. Mientras los otros chicos practicaban sus patadas con una intención puramente destructiva, Jimin las ejecutaba con la fluidez de un bailarÃn. Cada movimiento de su pierna trazaba un arco perfecto en el aire, una lÃnea curva que desafiaba la rigidez del entrenamiento convencional. Su cabello, oscuro y un poco revuelto por el esfuerzo, caÃa sobre sus ojos, y cuando terminaba la secuencia, no buscaba la aprobación del instructor, sino que se quedaba quieto, respirando con una cadencia hipnótica.
Jungkook sintió un pinchazo en el pecho, una curiosidad que no sabÃa nombrar. HabÃa visto a muchos chicos patear, pero nadie lo hacÃa como él. HabÃa una melancolÃa escondida en su postura, como si el tatami fuera un escenario que le quedaba pequeño, una jaula demasiado estrecha para su espÃritu.
Entonces, el destino âesa fuerza caprichosa que parece divertirse con los hilos de la vidaâ decidió que no era suficiente con observarse.
El instructor de Jungkook llamó a su grupo a la plataforma central. Un par de minutos después, el nombre de Park Jimin fue pronunciado con voz grave. Los dos se encontraron en el centro del espacio, cara a cara. El sudor perlaba la frente de ambos, el calor de la sala se volvió opresivo, cargado de una tensión que ninguno de los dos alcanzaba a comprender.
âPelea âordenó el instructor.
No hubo saludos ceremoniales que duraran más de lo necesario. Jungkook se lanzó primero, impulsado por esa energÃa cinética que lo caracterizaba. QuerÃa probarse contra aquel chico de movimientos elegantes, querÃa entender si esa gracia podÃa resistir la fuerza bruta. Jimin, por su parte, reaccionó con un reflejo felino. Se deslizó hacia atrás, sus pies apenas rozando el suelo, evitando el golpe de Jungkook con una facilidad que lo dejó frustrado.
El intercambio comenzó. Fue una danza violenta. Jungkook arremetÃa con una serie de patadas rápidas, buscando un hueco en la defensa de Jimin, mientras este se movÃa con una ligereza desconcertante. Cada vez que Jungkook sentÃa que estaba a punto de conectarle, Jimin giraba, su cuerpo convirtiéndose en agua que esquiva una roca.
La fricción de sus cuerpos, el sonido seco de los pies golpeando los protectores, el jadeo de sus respiraciones mezclándose en el aire caliente... todo parecÃa suceder en cámara lenta. Jungkook estaba fascinado. No querÃa ganar, no realmente. QuerÃa que la pelea no terminara, querÃa seguir sintiendo esa extraña conexión, esa sincronÃa que nacÃa del choque.
Fue entonces cuando ocurrió. Un descuido táctico por parte de Jungkook, provocado por una distracción momentánea al observar la intensidad en los ojos de Jimin, le dejó el flanco descubierto. Jimin lo vio. Pero en lugar de aprovecharlo con un golpe seco que habrÃa finalizado la ronda, dudó. Ese segundo de vacilación fue lo que cambió todo. Jungkook, al ver la duda, impulsó su peso hacia adelante, y en el esfuerzo, ambos perdieron el equilibrio.
Cayeron. Fue un choque sordo contra el tatami. Jungkook quedó debajo, con Jimin colapsando sobre él. El impacto les sacó el aire de los pulmones a ambos. Por un instante, el ruido del gimnasio âlos gritos, los pasos, los golpes de otrosâ desapareció. Solo existÃa el peso del otro, el calor de la piel contra la tela del uniforme, y el ritmo frenético de sus corazones latiendo contra las costillas ajenas.
Jimin se apoyó en sus antebrazos para no aplastar a Jungkook. Su rostro quedó a escasos centÃmetros del suyo. Sus ojos, los de Jimin, eran un universo de interrogantes. HabÃa confusión, pero también un reconocimiento absoluto. Era como si, al tocarse, algo en la fibra de sus seres hubiera hecho clic.
Jungkook miró hacia arriba. La luz de la ventana lateral iluminaba el rostro de Jimin, resaltando la suavidad de sus facciones que contrastaban con la dureza del deporte. Por un segundo, el tiempo se detuvo. No habÃa entrenadores exigiendo resultados, no habÃa expectativas, no habÃa futuro. Solo habÃa dos niños, destinados a cargar con sueños gigantes, encontrándose en el lugar menos esperado.
âLo siento âsusurró Jimin, con la voz apenas audible sobre el bullicio del lugar. Su aliento cálido rozó el rostro de Jungkook.
Jungkook negó con la cabeza, incapaz de articular palabra. SentÃa una descarga eléctrica recorrerle la nuca. El dolor del golpe en la espalda empezaba a disiparse, reemplazado por una sensación mucho más extraña: una urgencia de quedarse allÃ, atrapado en ese instante, en esa cercanÃa forzada.
âNo te muevas ârespondió Jungkook, casi como una orden, aunque carecÃa de cualquier autoridad.
Jimin no se movió. Se quedaron asÃ, sostenidos en un equilibrio precario mientras el mundo seguÃa girando a su alrededor. Fue en ese tatami, bajo el calor asfixiante de Busan, donde comenzó todo. Sin saberlo, sin siquiera comprender la magnitud de la promesa que estaban sellando, ambos acababan de encontrar su otra mitad. No era solo una pelea de Taekwondo. Era el primer acto de una obra que durarÃa toda una vida.
Finalmente, el instructor se acercó, separándolos con una palmada en el hombro. â¡Levántense! ¡Esto no es un momento de descanso! âbramó el hombre, ajeno al cataclismo emocional que acababa de ocurrir bajo sus pies.
Se separaron, pero al ponerse de pie, ninguno de los dos pudo evitar mirar hacia atrás. Jungkook vio cómo Jimin se limpiaba el sudor de la frente, sus dedos temblando ligeramente. Jimin, por su parte, se giró un milisegundo antes de retomar su posición, y sus ojos se clavaron en los de Jungkook con una intensidad que le quemó el alma.
Esa noche, cuando Jungkook regresó a casa y se dejó caer en su cama, el agotamiento no era fÃsico. Sus músculos dolÃan, pero su mente no podÃa dejar de repasar la caÃda. La textura del uniforme de Jimin, la mirada vacilante, el peso de su cuerpo sobre el suyo... Todo se sentÃa demasiado real, demasiado definitivo.
Mientras tanto, en algún lugar de la ciudad, Jimin miraba sus manos. Se sentÃa distinto. Aquel chico de once años no era como los otros. HabÃa algo en su mirada, una ambición, un hambre de vida que resonaba con la suya. Jimin siempre se habÃa sentido fuera de lugar, como una nota musical que no encajaba en la partitura del Taekwondo. Pero ese chico... él parecÃa entender que, a veces, la fuerza no era lo que importaba.
El verano de 2009 terminó, pero el invierno que le siguió solo trajo consigo el frÃo de la incertidumbre. Sin embargo, en el interior de ambos, una semilla habÃa sido plantada. Una semilla que, con el paso de los años, crecerÃa hasta convertirse en algo tan inmenso que amenazarÃa con consumirlos.
No lo sabÃan entonces, pero ese dÃa en el gimnasio, el tatami se convirtió en el primer capÃtulo de su destino. Se habÃan conocido en el choque, en el dolor y en el caos. Y de alguna manera, inconsciente y pura, habÃan reconocido que, sin importar lo que el futuro les deparara âel éxito, la fama, la soledad o el exilioâ, ya no estarÃan solos.
Porque, a partir de ese instante, el peso del sueño ya no serÃa solo suyo. SerÃa compartido. Y, como pronto descubrirÃan, ese era el peso más difÃcil, pero también el único que valÃa la pena cargar.
El eco del gimnasio, el olor a sudor, el ardor de los músculos y la mirada compartida quedaron grabados en la memoria de ambos. Fue el prólogo de una historia que aún no tenÃa nombre, pero que, desde aquel verano en Busan, comenzó a escribir sus primeras lÃneas en la piel del otro. Ellos aún no lo sabÃan, pero el destino ya habÃa comenzado a trabajar. Y no habrÃa forma de escapar de ello. Ni aunque quisieran. Ni aunque el mundo entero intentara separarlos. La caÃda en el tatami habÃa sido el inicio. El resto... el resto serÃa la lucha de sus vidas.
Creator
¿Qué estarías dispuesto a sacrificar cuando el mundo entero te exige perfección?
En el corazón de Busan, sobre un tatami de entrenamiento, comenzó todo. Un pacto de sangre sellado en la infancia entre dos niños que compartían sueños, golpes y una conexión que desafiaba cualquier lógica. Lo que nació como una inocente promesa de grandeza pronto se convirtió en un laberinto de luces cegadoras, cámaras implacables y la asfixiante presión de una industria que no permite el error.
Jimin y Jungkook crecieron bajo el escrutinio de millones, transformando su sudor y sus lágrimas en un fenómeno global. Pero mientras el mundo los idolatra, ellos libran una guerra interna. Atrapados entre la lealtad a sí mismos y las exigencias de un sistema que busca moldear sus identidades, se ven obligados a esconder lo único que realmente los mantiene cuerdos: un amor tan profundo como peligroso.
Desde los días de carencia y colchonetas compartidas, hasta el abismo del éxito inalcanzable, Eufórica Serendipia es un viaje visceral a través de los años. Es una crónica de obsesión, celos, transformaciones físicas y el costo devastador de alcanzar la cima.
En un mundo donde cada mirada es pública, ¿podrán proteger el fuego que arde en la oscuridad, o terminarán consumiéndose el uno al otro?
#Busan2009 #Taekwondo #fatedmates #childhoodfriends #firstmeeting #slowburn #soulmates #EmotionalGrowth #Angst #kpopfanfiction
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