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Solo suya

Summary:

Claire se había convertido en la nueva "dueña" de Wesker y el BOW hará todo lo posible porque así siga siendo.

Notes:

Seguimos con Claire y sus lecciones a Wesker sobre como dejar de gruñir a toda la gente que se acerca a ella ^^

¡Muchas gracias por los comentarios y espero que este también os guste!

Challenge : CleskerWeek 2026
Prompt : Obsession

Work Text:

Claire sabía que unas vacaciones en la playa era lo que necesitaban ambos: ella para no terminar sin casa y Wesker para que se tranquilizara de una vez y dejara de destruir las lámparas del apartamento. Cuando accedió a ser su tutora, jamás pensó que tendría que hacerse cargo de los ataques de ira que tenía el hombre a causa de la ansiedad residual de los experimentos que sufrió.

—¿Por qué no os vais al mar? A lo mejor le tranquiliza el sonido de las olas —le aconsejó Rebecca.

Y un cuerno. Nada más llegar le declaró la guerra al sol porque le podía producir cáncer de piel y más tarde al mar porque estaba lleno de excrementos marinos. ¡Dios, pero si se había bañado en lava!

Ahora, para más inri, parecía estar incluso más molesto viendo la atención que recibía la joven pelirroja…

—Disculpe, señorita, ¿se ha echado usted crema?

Oh, la típica de los babosos: dar crema en la espalda a alguna ingenua para meterla mano. Antes de que Claire pudiera contestar desde su tumbona, se oyó una voz regresar:

—Ya se la he echado yo.

No necesitaba levantar la cara para saber quién hablaba y, si los chicos eran lo suficientemente inteligentes, se irían ya.

—Oh, no sabíamos que estaba con su padre.

Estaban muertos.

Antes de que Wesker los pudiera empalar, Claire le agarró del brazo y escuchó a ambos jóvenes.

—En realidad no es mi padre, es mi guardaespaldas que salió hace poco de la cárcel tras dejar sin piernas a unos niñatos que hicieron lo mismo que vosotros.

Los dos chicos (que no estaban nada mal, según Claire) empalidecieron y se fueron corriendo. 

—¡¿A qué ha venido eso?! —le gritó a Wesker tras soltarle el brazo.

—Querían tocarte con la clara intención de hacer un acercamiento hacia mantener relaciones sexuales.

Vale, el siguiente tema que le tenía que enseñar era a tener un filtro a la hora de hablar cuando terminaran el tema de “dar las gracias”, el cual se había alargado más de la cuenta.

—¿Y el niño de 5 años que solo quería su pelota también tenía esas ideas?

—Los niños son muy precoces hoy en día.

—¡TENÍA 5 PUÑETEROS AÑOS!

Y Wesker rondaría ya los 60, pero gracias al virus, parecía tener 45. ¿Que podría ser su padre? Se llevaban más de 20 años, pero ahora mismo, cualquiera que los viera, diría sin rodeos que se llevan 10 o alguno menos.

En cuanto a normas sociales, el hombre ahora mismo estaba en parvularios. Hasta aquel niño tenía más habilidad social que él.

—Albert, vamos a ver —se incorporó en la tumbona y juntó las palmas para tranquilizarse—: no puedes estar gruñendo a todo aquel que se acerca a mí, ¿entiendes? Porque primero —añadió al verle abrir la boca—: los humanos no gruñen, y segundo: tengo una vida que encarrilar.

Quedarse soltera toda la vida no era uno de sus planos vitalicios. Claire quería ser como sus padres: casarse, formar una familia y tener una casita a las afueras de alguna ciudad. No obstante, el destino se había propuesto ponerle obstáculos de lo más variopintos, siendo el último el hombre rubio y con gafas de sol que tenía delante, con los brazos cruzados.

—Lo primero puedo cumplirlo. Lo segundo, no.

—No es una orden, solo te estoy informando.

—¿De que vas a meter a cualquiera persona en nuestro apartamento y tener relaciones con ella?

La pelirroja le acribilló con la mirada. El tema del filtro a la hora de hablar se iba a adelantar.

—Y a ti por qué te molesta eso? Te sientas en el rellano si quieres del edificio o visitas a la señora Granger. Te gustan muchas sus galletas.

—Estoy seguro de que es una espía.

¡Y dale con que aquella pobre señora de 90 años era una espía profesional de Umbrella! Como no les atropellara con el andador… La paranoia de Wesker era muy preocupante a veces.

—Mira, que vivamos juntos no quiere decir que tengamos que estar juntos siempre. También puedes visitar a Rebecca o ir a TerraSave a seguir con tus expedientes. En algún momento, dejarás de vivir conmigo.

El hombre enarcó una ceja por encima de las gafas. Puede que fuesen cosas suyas, pero Claire estaba convencida de que aquello último no le había gustado.

—¿No te acuerdas del contrato, Redfield? Solo puedo estar libre si tú estás conmigo. Si te casas, te marchas o te pasa algo con alguno de tus amantes, me encerrarán de nuevo.

—No me va a pasar nada. Recuerda que sobreviví a ti ya los experimentos de Umbrella.

Wesker soltó un ruidito, como si estuviera rumiando algo.

— ¿Qué te preocupa, Albert? —le puso la mano en el brazo—. Sabes que debes contarme todo lo que se te pasa por la cabeza.

Una de las cláusulas del contrato estipulaba que el BOW nunca debía callarse nada que le pasara por la cabeza para saber si la influencia de Spencer por fin había desaparecido o para impedir futuros brotes de locura o alguna depresión encubierta. Sin embargo, ¿cómo iba a decirle a la hermana de su enemigo jurado que, cada vez que veía a uno de esos tipos cerca de ella, le dolía la piel como cuando estaba en aquel volcán? ¿Cómo le diría que soñaba siempre con ella y que esperaba impacientemente que volviera a casa tras alguna misión? La última lámpara que rompió fue porque Claire tardó dos minutos más en llegar a casa.

—No es nada —apartó la cara.

Claire sabía qué estaba pensando y era algo de lo que había hablado con Rebecca hace poco… Sabía que Wesker actuaba siempre dependiendo de ella y la joven viróloga llegó a la conclusión de que, ahora que la influencia de Spencer no estaba, su mente había buscado un nuevo “dueño” de forma inconsciente.

Ella.

Sabía que si le pedía que se quedara con ella toda la vida, lo haría tras burlarse; que si le ordenaba que saltara aquel acantilado, lo haría tras negarse y llamarla “loca”. El BOW mantenía su cabezonería y su ego desmedido, pero había creado una obsesión casi insana por ella. Si ella se iba, no era que lo encerraran lo que le molestaba, sino a quedarse solo otra vez, a merced de aquel libre albedrío que lo llevó a la locura.

Por mucho que a ambos no les gusten, Claire Redfield era su único y verdadero salvavidas.

Bueno, casarse, formar una familia y vivir en una casita a las afueras de una ciudad con un BOW como mascota o vecino que la iba a proteger no estaba nada mal tampoco.

—Está bien —se rindió la pelirroja mientras soltaba al hombre—. Pero cuando algo te preocupes, dímelo.

Asintió sin dejar de mirar al horizonte.

—Y Albert… No voy a dejarte solo.

Ni aunque pudiera o quisiera…

Porque, desde hace mucho, Claire Redfield era sola suya.

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