Chapter Text
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Con el viento las materas colgantes solían moverse ligeramente, pero había una en especial que solía girar sobre su propio peso, como una peonza.
A veces Ino cerraba el local para almorzar y se acostaba después en el suelo para pasar el rato, sintiendo la madera fría bajo su espalda, logrando calmar sus nervios un poco, ya que últimamente sentía como si algo hirviera dentro de ella. La matera daba vueltas y vueltas y la manecilla del reloj en la pared se movía imperceptiblemente y fue así como la encontró Chōji, para avisarle que estaban todos devuelta, que deberían reunirse y comer algo.
Ino frunció el ceño pensando que había echado seguro a la puerta, pero la figura de su ex compañero de equipo cubrió el techo y a la matera que daba vueltas. Su rostro de alguna manera había ganado dureza, pero sus ojos seguían siendo increíblemente amables. Ino sintió un nudo en la garganta y pestañeó varias veces.
— ¿Estás bien, Ino? —preguntó sinceramente, podía notarlo. Siempre se podía contar con el buen Chōji para que se diera cuenta de su -verdadero- estado emocional. Ino se levantó ligeramente y se apoyó en sus antebrazos, su pelo rubio resbaló sobre sus hombros.
—Claro que sí, siempre estoy bien —afirmó con una sonrisa honesta, porque decía la verdad. Ino siempre lograba estar bien al final y no se iba a convertir ahora en una persona que lloraba todo el tiempo, por favor.
Se arregló el pelo rápidamente en una coleta y le estampó un beso dulce en la mejilla a su amigo; por un segundo, Ino sintió que volvía a ser genin, su uniforme morado, Asuma real, bien, vivo.
Por esta razón se encuentra apretada en ese local donde Asuma los llevó a comer carne asada hace mucho tiempo y dónde quedó debiendo esta vida y la otra; Ino cree que todos son unos cursis en el fondo, porque no pueden dejar ir, y vuelven, vuelven a intentar recrear los momentos de antaño pensando ingenuamente que se sentirá igual pero no es así; tambalea sus piernas y por accidente golpea los pies de Shikamaru, quién la mira de vuelta fijamente al frente suyo.
Regresó de su misión en Suna, la cual duró un mes largo (Naruto especialmente le contó que le envió una carta amenazadora preguntando si le faltaba mucho para volver, que ya tenia la primera cana por ser el secretario no oficial de Kakashi) pero Ino siente que hace años no lo ve. Todos están tan cambiados, es como si de la adolescencia a la adultez hubiera un mundo donde ella nunca estuvo presente.
Chōji a su lado come con satisfacción, aunque ya se mesura un poco. (Ah, será que al final las promesas son pesadas pero efectivas) Shikamaru sigue siendo el mismo chico desgarbado que mira con los ojos entrecerrados, pero solo que no, tiene ahora una rigidez en los hombros y ese chaleco verde que efectivamente le recuerda que ahora son jōnin y adultos y hay una distancia tangible a medida que crecen. Shikamaru la mira detenidamente entre cada lento bocado que ingiere y tiene esa mirada que la hace sentir como si ella fuera transparente y todos sus conflictos estuvieran marcados en su frente con tinta.
Ino entorna los ojos y rompe el contacto, porque ella tiene secretos y no es un libro abierto como pretende hacerla sentir y que, de todas maneras, cualquier conclusión a la que llegue es errónea, porque Ino de verdad que lo intenta y nadie tiene derecho a juzgarle. Ni su madre, ni el Hokage, ni Ibiki Morino y mucho menos Nara Shikamaru, con su piel más morena por el sol y la madurez bailando en su cara.
También no ha comido casi nada, pero ya lleva tres vasos de sake, porque el sabor la mantiene despierta y eléctrica.
— ¿Qué tal Temari, y el Kazekage? ¿Todo bien en Suna? -se atreve a preguntar Chōji, el resquicio de una barba rojiza que empieza a aparecer, sus mofletes aun tan infantiles. Shikamaru manda hondo y se sacude las manos, una respiración profunda, imperceptible para cualquiera menos para Ino, que lo conoce a la perfección. (O bueno, al menos al que fue el integrante del equipo 10) Ino sabe que o va a cambiar el tema o va a dar una respuesta vaga.
—Nos dimos un tiempo —responde aparentemente indiferente; Ino voltea a verlo, prestándole atención, primero porque la sorprendió y segundo, porque sabe que no puede ser tan frio al respecto— las relaciones a distancia son un problema —concluyó evitando mirarlos, tragándose un pedacito de carne que ella había cortado al inicio de la cena. Chōji la mira y luego a Shikamaru y parece confundido entre dejarla a ella hacer todo el trabajo emocional o intervenir, pero Ino mira hacia otro lado con molestia y Chōji suspira, porque mira que dejarlo solo ¡si ella es la chica del grupo!
—Hombre… estoy seguro que lo resolverán —afirma genuinamente; Shikamaru parece fingir indiferencia, pero responde disimuladamente con una diminuta sonrisa; Chōji es como su hermanito menor, a fin de cuentas. Ino decide intervenir, que no se diga que no es una buena amiga.
— ¿Ya probaste regalándole un ramo de flores? Puedes empezar por ahí —sugiere agarrándose las puntas del pelo; ha desdoblado las piernas otra vez, pero teniendo cuidado de no tocarlo. Shikamaru frunce el ceño e intenta tragarse un resoplido, pero Ino lo nota de una vez— ¿qué?... ¡di lo que quieras decir!
—Temari no es la clase de chica que le gustan las flores
— ¿y cuál es esa clase de chica? —replica frunciendo las cejas en confusión y tamborileando los dedos sobre la mesa. Chōji deja de comer y mira a Shikamaru como queriendo decirle que piense muy bien lo que va a decir, pero a quién le está diciendo, ¡si es el mejor estratega que tiene Konoha actualmente!
—Pues… chicas que les gusta las cosas así muy bonitas, pero ya sabes, vacías —responde movimiento vagamente la mano, como quintándole importancia. Toma un poco de su bebida y su mirada no demuestra nada; Ino siente que le cuesta respirar de la rabia, pero nunca perderá la paciencia tan fácilmente. Sin embargo, admite que el comentario le ha dolido y mucho.
— ¿Cómo yo? ¿crees que soy superficial, eso quieres decir?
—No dije eso
—Pero lo pensaste
— ¿Importa? —pregunta pasándose la lengua por los carrillos. Ella no entiende en que momento crecieron y quedaron en orillas tan opuestas. Se supone que es uno de los ninjas genios de la aldea, pero entonces no entiende como puede ser tan imbécil.
—No, en realidad no —responde seriamente—, ¿ya terminase de comer? —le pregunta a Chōji, pero antes de que pueda responder, continua—, tengo que volver a mi negocio, ya sabes, la floristería -añade puntualizando ácidamente la última palabra. Ino no se ha dado cuenta, pero Chōji dejó de comer hace varios minutos. No espera a que nadie diga nada, deja su dinero en la mesa y se para con toda la gracia encarcelada en sus extremidades, a la vez que se despide vagamente, queriendo evitar hacer contacto visual con alguno.
El sol está en su máximo esplendor y alguien pasa a su lado, saludándola con la cabeza. Ino sonríe ampliamente y se mira las manos, las uñas color azul cobalto, las yemas de los dedos: está recibiendo lentamente el impacto de una conclusión a la que nunca creyó llegar, una en la que las personas más cercanas en su vida la consideran una persona superflua y sin profundidad. Ino mira a su alrededor y se pregunta si todos los demás siempre la han visto así y respira hondo, asimilando esta nueva realidad. Suspira y se dirige a su casa, porque tampoco puede hacer nada al respecto, pero los pensamientos rumian en su cabeza e Ino se conforta a si misma pensando que lo importante es que Asuma siempre vio quién era ella en realidad, a través de toda la capa de belleza juvenil, su coquetería inocua, sus juegos infantiles, sus caprichos; Asuma siempre lo supo. Ino piensa además que Shikamaru es un tonto, que todas las chicas aman las flores, aunque finjan que no y que Temari es una chica, al fin y al cabo. Y que ella, Yamanaka Ino, jamás pensaría algo así de él.
Cuando llega al local da vuelta al letrero para que diga ABIERTO y se cambia los zapatos, sacudiéndose la planta de los pies rápidamente entre el cambio. Cuando voltea a mirar el techo nota que la matera que daba vueltas se ha enredado tanto que se ha quedado parada, atrapada en un nudo de cuerdas.
Días después Ino se aburre de ver su pobre planta atrapada y aunque podría encontrar una manera más rápida con chakra para arreglarlo, la verdad es que cualquier cosa que le recuerde a su trabajo de kunoichi le genera ansiedad. Se ha preguntado en qué momento volverá Ibiki Morino con su traje oscuro y su determinación de hierro a llevársela para trabajar, una situación que en este momento podría llegar a empeorar lo que sea que hierve bajo su piel.
Así es como la encuentra Naruto, subida en unas escaleras plegables, intentando primero desenredarla con las manos, aunque eso implique mantener el equilibrio solo con los pies y con la cabeza mirando hacia arriba, porque no tiene la altura suficiente. Ino voltea a mirarlo y se agarra de la escalera cuando se marea un poco por el movimiento; él inmediatamente coge la escalera para mantenerla firme y pone la otra mano abierta por si se cae; Ino sonríe en agradecimiento y de alegría de verlo.
—Te acordaste de mi por fin —dice ella bajando de las escaleras, Naruto se rasca atrás de la cabeza.
—Ya que regresó Shikamaru, ahora Kakashi-sensei tiene otro esclavo
—No creo que eso le divierta mucho —responde ella riendo.
—Creo que iba a enloquecer —la agarra de los hombros y la sacude ligeramente— Ino, Kakashi-sensei es un explotador, ahí donde lo ves, haciéndose el guay con su máscara y su pelo gris…—refunfuña. Ino dobla la escalera y va a guardarla, pero Naruto se apresura y la ayuda a cargarla; entre ambos la guardan en el patio de su casa.
—Espero que tus matas estén vivas o entonces hemos perdido el tiempo
—A la orquídea se le cayeron unas flores, pero el helecho está verde y creciendo —responde seguro, poniendo sus manos en jarra. Ha vuelto a usar su chaqueta naranja y el pelo le ha crecido, como cuando lo tenia de adolescente.
— ¡Muy bien Naruto! Me alegra, aunque no pensaba darte una clase hoy la verdad —admite mientras saca agua de la nevera. El vaso de cristal quema sus dedos por el frio. Naruto se hunde de hombros y se pasa los brazos atrás de la cabeza. Se tambalea ligeramente sobre los pies, como nervioso. Ino ha aprendido a identificar todos sus tics corporales rápidamente; se pregunta si alguien más también la conocerá a ella de esa forma.
—Me gusta estar acá —admite ligeramente sonrojado. Ino lo mira detenidamente mientras toma agua y se recuesta sobre la puerta de la nevera.
—Lo que te gusta es la comida de mi mamá
—Hace una sopa de miso espectacular.
Ino ríe y le da la razón, porque sí, nada como la comida de su mamá. Terminan desparramados por el suelo, parloteando principalmente del terrible empleado que es Kakashi, como la identidad de más de un ANBU ha sido relevada por Naruto imprudentemente y como Yamato le dijo un día ebrio que Naruto fue su misión más complicada pero que no cambiaría nada de ese tiempo. De como Sai ha mejorado mucho su comunicación pero que igual es un idiota por ratos, así que eso no tenía nada que ver con su supuesta falta de emociones. Ino nota que no menciona nunca a Sakura o a Sasuke, y se pregunta por qué las personas más cercanas parecen herir más que los extraños.
— ¿Qué hay de Hinata? —le pregunta ella casualmente, los recuerdos de esa noche de chicas llegan por momentos, alimentando hipótesis que en realidad tienen fundamentos. Naruto queda en silencio por unos segundos.
—Yo… yo creo que no deberíamos salir más —admite suavemente, incertidumbre en la voz. Ino se sienta a su lado y lo mira fijamente, Naruto tiene esa mirada nebulosa que siempre tiene cuando algo lo carcome internamente.
—No te sientas mal, ¿ya se lo dijiste?
—No, creo que, no sé —se revuelve el pelo y se lo aplasta patosamente sobre la frente—, pensaba no decirle nada y alejarme.
— ¡Naruto! Vas a decirle y ponerle la cara —replica firmemente, pullándole suavemente en las costillas.
— ¡Está bien! ¡Eres igual de mandona que Sakura-chan!
—Héroe de Konoha y le tiene miedo a una chica, sí serás…
Ino se levanta y se aleja a la cocina, dejando a su acompañante acostado en el suelo, en medio de su sala. Va a preparar unos snacks, pero entonces Naruto se devuelve y con una sonrisa gigantesca le agradece y le pide que se vean más seguido, que sus clases son sus favoritas, de hecho, las únicas que ha disfrutado desde hace mucho tiempo. Ino le ve con cariño y nota que tiene esta determinación característica suya en el rostro, lo que significa que seguramente ha tomado una decisión al respecto.
Se muerde los labios y piensa en Hinata, su andar tímido, su sonrisa pequeña, su mirada distraída y esa nobleza que siempre la ha caracterizado. A veces las cosas no salen como uno las imagina y las decepciones no se detienen, así la guerra haya terminado y todos sus enemigos hayan encontrado castigo de alguna forma. Últimamente extraña esos meses donde todos lucharon juntos, ya que lo verdaderamente importante era claro, no había dudas, el terreno bajo sus pies era firme y no había lagunas de tiempo donde sus pensamientos pudieran rumiar hasta hacer tambalear los fundamentos de su identidad.
Todo era tan importante, la vida tenía tanto sentido por lo frágil que era.
Ino cierra los ojos fuertemente y se pega ligeramente en la frente cuando recuerda que no arregló nada y la meseta sigue arriba enredada; su madre va a regañarla cuando la vea y seguramente le va a preguntar qué estuvo haciendo todo este rato, ¿perder el tiempo?
(Sí, madre,
El tiempo perdiéndome
Y no puedo volver, no puedo)
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Es una verdad que Ino ama el bullicio y la vida social, las personas que se relajan y ríen duramente y perderse entre conversaciones superficiales pero entretenidas.
Siempre ha hablado con dicción perfecta, rapidez para responder y un tono de voz dulce pero seguro; era la que parloteaba mientras Chōji masticaba un paquete de papas interminables y Shikamaru fingía que no les prestaba atención. Ino se frustraba por momentos, aunque aprendió después a dejarlo ser, porque Asuma le ponía la mano en el hombro y le decía algo así como déjalo, que cambiará en su momento. No lo entendía y aludía todo al hecho de que era un chico y los chicos eran todos tontos, a excepción de Sasuke.
Rápidamente la diferencia entre ella, Chōji y Shikamaru fue tan evidente que ya no le quedaban más excusas. Desde niños Ino siempre supo el potencial que tenía Shikamaru, quizás fue la primera en verlo, mucho antes que Asuma, pero Chōji siempre supo la persona que era él realmente y es ahí donde radicaba la diferencia entre la manera en que se relacionaban. Ino quería que Shikamaru diera algo más, pero Chōji lo dejaba simplemente ser.
Al final ella también lo dejó ser y presenció cuando se volvió adulto entre el humo, la lluvia y la sangre.
Fue todo tan injusto, eran demasiado jóvenes para conocer la pérdida y nunca ha vuelto a llorar de la manera en que lo hizo por Asuma; sus ojos cálidos la acompañan a dónde van y se ha encontrado buscándolos entre los desconocidos que conoce una noche en el distrito comercial. A veces las manos de alguno le recuerdan a su padre, la barba de otro le hace reprimir un sollozo.
Trae una mini falda, el cabello perfectamente recogido, una cadena dorada tan delicada que brilla cuando le da la luz y se ha cambiado los aretes que le regaló Asuma por unos aros, porque está intentando no regresar, no retroceder. Se pasa el flequillo atrás de la oreja cuando un chico guapo le sonríe al frente suyo, pero luego siente como si alguien le tocara los muslos y sin pensarlo, reacciona girándose y golpeándolo en la cara. La cerveza que trae en la otra mano ni se riega y no le da tiempo a preguntarle qué tan idiota debes de ser para manosear a un ninja cuando alguien la agarra del brazo y la saca de la multitud.
El ruido empieza a disminuir atrás suyo e intenta soltarse cuando se da cuenta que es Shikamaru el que la está jalando dándole la espalda.
Se detienen en la acera de una calle, al frente de una casa que no tiene ventanas, pero si un árbol frondoso y una lámpara que ilumina pobremente con luz amarilla, así que le cuesta enfocar su rostro cuando se da vuelta para mirarla; Ino entiende entre el mareo (porque está un poco ebria, podría decirse que últimamente ese es su estado favorito) y la poca claridad a su alrededor que su amigo está molesto. Sorprendentemente hay muy pocas cosas que logran esto, pero Ino tiene un superpoder para poder sacarlo de casillas.
— ¿Qué mierda…? ¡tengo cerveza en los pies! —dice ella mientras intenta sacudirse el líquido que se derramó al caminar tan rápidamente.
—Estás borracha —replica él, frunciendo el ceño. Ino entorna los ojos y se masajea una sien.
—Sí y es de noche y el agua moja —replica irónicamente, de repente está también muy molesta y cansada. Entiende perfectamente que Shikamaru está en plan soy una persona responsable, un respetado shinobi, el futuro consejero del Hokage, pero esto es ridículo.
—Me voy un mes y tú te vuelves una borracha —responde tranquilamente, intentando mirarla a los ojos, pero ella está mirando el suelo y cualquier otra cosa antes que hacer contacto visual.
—No sé qué pretendes con este pobre y patético papel de hermano mayor o lo que sea que quién crees que eres, pero no te pega nada. ¿Dónde está el chico que le daba pereza todo? Tráelo de vuelta —toma un sorbo de su cerveza, pero le cuesta tragarla, se ha calentado y tiene ganas de llorar. Su estado emocional ha estado frágil incluso aunque haya logrado mantener a raya la tristeza.
— ¿Crees que Asuma estaría contento de vert—?
— ¡Asuma está muerto! —interrumpe casi chillando, los ojos vidriosos. Shikamaru se aleja un poco al escucharla gritar, pero conserva la compostura. Exhala y se muerde los labios un momento.
— ¿Cuál es el problema, Ino? Solo dime —responde en voz baja, ladeando la cabeza. Ve como ella mira al cielo y luego a él, ella tiene la nariz enrojecida.
—No los sé, quizás es que mi padre está muerto, Asuma no está y no logro —se interrumpe y ahoga un sollozo, pero las lágrimas empiezan a caerle por las mejillas, el tacto caliente corre los polvos que se echó antes de salir—, es solo que todos parecen avanzar y yo ¡no puedo! Tú y Chōji están tan bien, teniendo novias y viviendo felizmente y yo estoy atrapada aquí, y no logro avanzar —Ino está llorando y sus palabras se entorpecen, se atropellan al salir y siente que se ahoga al respirar. Shikamaru la mira incrédulo.
—Mi vida no es perfecta Ino y es injusto que creas que estoy bien —responde acercándose un poco, verla en ese estado le afecta, pero también sabe que lo mejor es mantener la distancia—, tú no estabas cuando murió… aún tengo pesadillas con Hidan —ella se queda en shock, siente como si la hubiera abofeteado. Le tiembla el labio cuando responde.
—Traté de salvarlo —solloza fuertemente y se abraza, apretando fuertemente el vaso que aun sostiene en una mano.
—Lo sé y sé que los extrañas, pero no tiene sentido darle vueltas a esto… murieron como shinobi, siguiendo la voluntad del fuego. Lo único que queda es seguir adelante —replica serenamente, el corazón vuelto un puño porque Ino siempre ha sido fuerte emocionalmente, verla en ese estado lo perturba. Shikamaru extiende una mano para secar las lágrimas de la mejilla e Ino reposa su cara con los ojos cerrados, pero luego mueve el rostro, abre la boca y lame su palma; el tacto le provoca la misma reacción de haberse quemado, retirando la mano bruscamente. Ino le mira aburridamente.
— ¿Tanto te disgusto? —pregunta con los ojos enrojecidos y sorbe su nariz; piensa que probablemente es el peor aspecto que ha tenido en años. El rechazo la golpea justo en todas sus nuevas inseguridades. Su cabeza duele, pero quiere seguir llorando, aunque no debería.
—Estás borracha —afirma y a Ino le parece que Shikamaru intenta agarrarse a este hecho como un salvavidas. También le impresiona que, pese a todo, es inocente, a su manera.
— ¿y qué? Esta soy yo —Ino se hunde de hombros y sonríe amargamente. Lo mira a los ojos y no ve a Asuma ni a su padre, sino los ojos que la han esquivado cuando quería jugar de niña, pero a su vez, los primeros que enfocaba cada vez que regresaba a su cuerpo después de revertir su jutsu. Siente por un segundo la distancia que ha formado entre ellos y reconoce que tiene al frente la única persona en Konoha que podría entenderla en estos momentos, ahora alejado quizás para siempre por su egoísmo. Él no dice nada e Ino riega la cerveza a su lado y se aleja de allí, empujándolo con su hombro, porque puede llegar a ser así de inmadura.
Shikamaru se queda por unos minutos en su lugar, su cabeza planteando varias posibles explicaciones a lo que sucedió, pero ninguna parece satisfacerlo del todo, porque no hay lógica en nada de lo que hace Ino, que parece moverse por el mundo como lo hacen las corrientes de aire, siguiendo un destino que no puede visualizar. Cierra los ojos por un momento y se seca la mano contra el pantalón, la saliva en parte se ha secado, pero él aún siente el tacto contra su piel y su cabeza queda en blanco, porque no hay explicación, no entiende, no sabe nada y la sensación francamente le genera incertidumbre. Ino siempre ha sido problemática a su manera y Shikamaru abandona el sitio con esta resolución, dejando atrás preguntas innecesarias.
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Hinata no ha visto a Naruto en semanas desde que se dieron “el espacio” y ha hecho todo lo posible por no cruzárselo en ningún campo de entrenamiento y ha evitado a propósito los sitios de ramen, porque no quiere que piense que lo está persiguiendo o algo así. Ella no es una acosadora y la idea de que la perciban así le genera profunda vergüenza. Shino le ha dicho que nadie pensaría eso y Kiba le dice que pasa mucho tiempo dentro de su cabeza, que, si saliera un poco más, se daría cuenta que a nadie le importa.
No sabe si eso la hizo sentir mejor o peor, pero igual les agradeció, porque ella entiende (así parezca que no) que sus compañeros de equipo están muy pendientes de lo que hace y lo que deja de hacer.
Entra a un restaurante donde hacen su gyozas favoritas, descorriendo la puerta al entrar, saludando cortésmente al personal y cuando busca con la mirada una mesa para sentarse, encuentra en un rincón cabello rubio que llama la atención inmediatamente y al que parece ser Sasuke a su lado. Sin pensarlo se da la vuelta para salir, pero el mesero le indica amablemente que siga a una mesa que está desocupada al fondo. Empujada por la presión social y esa incapacidad para decir no, camina entre las personas y cuando se va a sentar, nota que Naruto la llama enérgicamente.
Hinata sonríe forzosamente y levanta la mano con timidez, como si fuera a saludarlo, pero se queda congelada, la ansiedad hace que el corazón le palpite fuertemente; sin embargo, Naruto parece ignorar esto y la llama con la mano, para que se acerque a la mesa. Hinata nota que Sasuke esnindiferente a su interacción y no sabe si está molesto o no porque cae en cuenta que es un completo desconocido para ella.
Tentativamente se acerca y la sonrisa gigante de Naruto la calma por un segundo; nota que tienen unos platos vacíos pero la bebida a medias y Sasuke parece concentrado revolviendo su comida con un palillo. Aunque se han saludo, Hinata se da cuenta que no fue consciente de hacerlo, porque está en automático, ella siendo manejada por su cuerpo que la salva de parecer una grosera.
—Hey, idiota, saluda a Hinata-chan, tsk —le dice Naruto a Sasuke con un ligero empujón y éste levanta la cabeza y la ve con esos ojos profundos y oscuros que nunca reflejan nada; Hinata cae en cuenta que aquí, al lado de Naruto, Uchiha Sasuke parece un chico más, su chakra no está perturbando el ambiente.
—N-no hay necesidad, Naruto-kun —dice moviendo las manos nerviosamente, pero Naruto la ignora, enfocado en su amigo pelinegro que no ha dejado de mirarla, aunque no haya dicho nada.
— ¡Nada de eso! Es Hinata-chan, ¿no recuerdas Sasuke? Estudiamos juntos en la academia
—Tienes un hermano, Hyūga Neji —dice de pronto, el pelo enmarcando sus facciones carentes de emoción.
—Primo —corrige suavemente, pero por dentro le sorprende que no sepa esto. Hinata junta las manos frente a su cuerpo y se clava las uñas, en una manera de calmar su ansiedad. ¿Es Sasuke un ignorante o simplemente un grosero? La situación le desagrada profundamente.
— ¿Dónde está? —pregunta él moviendo la comida con los palillos; Hinata sabe que la situación parece molestarlo, aunque no está segura. Cuando va a responder, recuerda los pajaritos de papel que deja en la tumba de Neji, la manera en que la persona que tiene al frente arrugó uno, el hecho de que Naruto no quiera salir más con ella.
—Muerto —replica claramente y la manera en cómo lo dice hace que Naruto evite su mirada, pero Sasuke voltea a verla de nuevo, aunque esto no le dice nada, porque sus ojos son impenetrables. Hinata se pregunta qué es exactamente lo especial que tiene Uchiha Sasuke que hace que Naruto este allí con él a pesar de todo lo que hizo. En cambio, ella que nunca se unió a Akatsuki recibió más distancia.
—Escuché que vas a hacer las pruebas para el escuadrón de reconocimiento, ¡espero que lo logres! Si necesitas mi ayuda, solo dime y cuadramos un espacio —interrumpe Naruto, intentando cambiar el tema. Hinata lo mira y se da cuenta en ese momento que Naruto no tiene ni idea de todo el torbellino de emociones que ha tenido desde que se alejaron y que precisamente es la ultima persona a la que pediría ayuda, pero su rostro que irradia amabilidad y emoción logra aún cortarle el aliento, el recuerdo de un amor tan fuerte que se rehúsa a partir.
—Lo tendré en cuenta, gracias Naruto-kun. Tengo que irme, gusto en verlo de nuevo Uchiha-san —se despide ella con una ligera inclinación y se retira rápidamente, antes de que Naruto intente atraparla más en otra conversación sin sentido.
Hinata pide las gyozas para llevar y mientras espera a que se las preparen y empaquen, intenta en todo momento evitar mirarlos, porque no quiere que la perciban como una chismosa. Sin embargo, no deja de preguntarse que es muy extraño ver al Uchiha en ese sitio tan normal, como una persona más que vive en Konoha. ¿El que atiende el restaurante lo habrá reconocido? ¿se habrá sentido en peligro, así como ella hace unos días cuando lo vio durante su entrenamiento? ¿habrá cotilleado con el cocinero que es inaceptable que se aparezca por allí como si nada? Hinata se muerde el labio y se pregunta si está siendo injusta, ya que de todas maneras fue juzgado por las personas competentes de Konoha, el Hokage abogó por él y Naruto lo protege celosamente.
Cuando se levanta con el paquete de comida entre sus manos, el calor de la comida suavemente calentando sus manos, Hinata piensa que ojalá Sasuke no se quede a vivir en la aldea.
Se reconforta con la idea de que quizás simplemente está de pasada, eso explicaría que viaje así desprovisto de cosas, indiferente de lo que pasa a su alrededor, de los murmullos de la gente.
Hinata come luego sus gyosas en un banco al aire libre y se pregunta si Naruto, al igual que ella, se acuerda de Neji cuando la ve.
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