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Escríbeme en Do Mayor

Summary:

Victor Nikiforov, Leyenda Viva del patinaje sobre hielo, acaba de ganar su quinto título mundial y no sabe a dónde ir tras ello— hasta que se enamora a primera oída de la música de Katsuki Yuuri.

El compositor para películas, Katsuki Yuuri, está intentando recuperarse de una serie de fracasos cuando su ídolo aparece con peticiones absurdas.

Victor quiere que Yuuri componga acerca de él; Yuuri quiere que Victor patine acerca de él.

Notes:

  • A translation of [Restricted Work] by (Log in to access.)

Notas de la Autora:

Mi primer fic de múltiples capítulos, así que ¡por favor, sean gentiles! Especialmente considerando cuan poco sé acerca de patinaje sobre hielo, y mi nulo conocimiento de música o coreografía, todo ello será omnipresente en la historia puesto que soy así de inteligente con mis decisiones al escribir.

¡Gracias a mi increíble lector beta PenelopeUlyssea, quien también es responsable de la mitad del título y de muchas ideas! ¿Qué sería de mí sin ti? ^^

Notas de la traductora:

Con el permiso de TheHobbem, autora de este fanfic, estoy haciendo la traducción de este fanfic que es uno de mis favoritos. He intentado hacer la traducción lo más fiel posible a la historia original aunque algunas expresiones coloquiales las he tenido que cambiar a las frases más cercanas. Actualmente el fic cuenta con once capítulos, e iré publicando un capítulo cada dos semanas hasta que alcance el punto en el que se encuentra la historia en ése momento.

Sin más, espero que lo disfruten tanto como yo :)

Chapter 1: Una vez en diciembre

Chapter Text

Chirs silbó impresionado.

“Una nueva marca personal, ¡bien por Mila! ¿Crees que logre alcanzar el podio de nuevo?”

“Con esa puntuación tiene qué” contestó Victor. “¿Qué, piensas que no lo hará?

“No lo sé, esa chica Chrispino podría hacerla sufrir por él." (1)

“Hmm, cierto. Puede ser que sea la mejor saltarina entre ellas.”

Los dos patinadores observaron mientras Sara se deslizaba con gracia a través del hielo con una gran sonrisa confiada en el rostro y con los brazos alzados como si pidiera por más aplausos que obtuvo de inmediato por parte de la audiencia. En todo el lugar se impuso un silencio absoluto mientras ella tomaba su posición; en cuanto las primeras notas de piano empezaron a llenar el aire, su cuerpo completo empezó a dar la sensación de ondularse. Victor se sentó un poco más derecho, fijando toda su atención, estupefacto; podrían hablar de saltos y cuádruples todo el día, pero siempre eran las cosas pequeñas las que atrapaban su atención— la forma en la que alguien estiraba un brazo o giraba la cabeza, un aplauso, un chasquido, una sonrisa. Sara estaba en perfecto tiempo con la música y cada leve matiz de esta era acompañada por el pequeño giro de una pierna o por el revoloteo de sus manos. Esas cosas, por sí mismas, no eran suficientes para colocar a un patinador al podio, pero te atraían más a su presentación. ¿Cuál era el punto de presentarse si no era para eso?

Se mueve como una ninfa marina.

Una ninfa marina. ¿De dónde había salido eso? Tardíamente, se dio cuenta de que la música se lo había sugerido: tenía una… cualidad tan acuosa. Las primeras notas habían sido como el gentil borboteo de una fuente, pero el piano había aumentado a un crescendo y ahora era como una cascada, nota tras nota cayendo en torrentes y mojándolo. Evocaba a las olas rompiendo contra las piedras, sólo para caer en una corriente que lo ahogaba.

Y mientras Sara encantaba al mundo con sus movimientos de sirena, Victor visualizaba a un par de manos volando sobre las teclas de un piano— una mano, claramente no sabía lo que hacía la otra, cada una haciendo algo completamente diferente de la otra, cada una creando un efecto diferente, pero ambas trabajando juntas para crear una fascinante inundación.

Victor se descubrió a sí mismo deseando haber podido patinar esa pieza.

¿De dónde había salido esa pieza? Nunca antes la había escuchado. ¿Sara la había comisionado?

La música goteó hasta detenerse, despertando a Victor de su trance. Aplaudió con prisa junto a los demás, descubriendo que no había prestado atención a la rutina más allá del primer minuto. Debió ser muy buena si la reacción de la audiencia era una señal de algo. Usualmente lo era.

La temporada de patinaje apenas había empezado, pero los neumáticos en su cabeza ya estaban girando en dirección de la próxima. Música que fluía con vida. Eso era exactamente lo que necesitaba.

 


 

“Phichit, baja tu teléfono.”

“¿Y cómo esperas que suba vídeos de la final si bajo mi teléfono? Honestamente, Yuuri, me sorprendes. Me sorprendes.”

Yuuri giró sus ojos intentando (y fallando en) no sonreír.

“¿Acaso has considerado… no postear vídeos de la final? Podrías ver las presentaciones, sabes.”

“Bueno, ahora estás siendo simplemente ridículo.”

Yuuri habría llevado la discusión un paso más lejos, señalándole a Phichit que se beneficiaría más de ver a los patinadores experimentados en lugar de filmarlos— pero el lugar entero estalló en un ensordecedor aplauso y su atención de inmediato cambió hacia el hielo. Su mano agarró el brazo de Phichit con una fuerza insospechada y el chico se contrajo de dolor, pero Yuuri no prestó atención.

“Es él,” susurró con reverencia.

Victor Nikiforov acababa de entrar en la pista de hielo, sonriendo y saludando a la audiencia.

Los ojos de Yuuri estaban fijados en cada uno de los movimientos del patinador. La rutina aún no había empezado y ya estaba hechizado. Cuando se detuvo en medio de la pista, Yuuri pudo sentir como todo el mundo esperaba, conteniendo el aliento, a que Victor empezara a cautivarlos de nuevo.

Yuuri, para ese momento, ya se sabía de memoria el aria y la rutina: había ido a Osaka sólo para ver a Victor en el Trofeo NHK, sin mencionar que probablemente era responsable de la mitad del millón de reproducciones en YouTube de su presentación en la Copa Rostelecom. Que fue por lo que, tan pronto como el primer verso de Stammi Vicino resonó en la arena, Yuuri se pudo dar cuenta que había algo diferente esta vez: El rostro de Victor y sus movimientos eran tan lánguidos y melancólicos como antes, pero mientras se deslizaba por el hielo, Yuuri pensó que sus movimientos parecían tener más… fluidez. Como agua.

Yuuri sonrió con orgullo, como si él de alguna manera fuera responsable de esto. Sólo la Leyenda Viva podía hacer que una rutina que todos ya habían visto en incontables ocasiones se sintiera como algo nuevo.

 

 


 

 

“¡Victor!" 

Se detuvo en seco y ligeramente cauteloso: finalmente se había librado de los reporteros y de los representantes de la federación, si tan sólo pudiera llegar a los vestidores en paz… Sin embargo, se volteó, una sonrisa practicada ya se encontraba en sus labios, pero para su inmenso alivio todo lo que vio fue a Sara Crispino sonriéndole con una medalla de bronce alrededor de su cuello.

“¿Mila dijo que me estabas buscando? Y, ey, ¡felicidades por el oro!”

A pesar de que habían tenido pocas interacciones hasta ahora, ella lo abrazó, como si fueran amigos cercanos. Volvió a sonreír, esta vez de forma más natural.

“¡Gracias, Sara! ¡Felicidades también por tu medalla! Escucha, quería preguntarte algo: Amé la música de tu estilo libre. Quiero decir, también amé la rutina,” mintió sintiendo un poco de culpa, “pero me estaba preguntando de dónde salió esa pieza.”

“¿El llamado de la Nereida? ¡La compusieron para mí! Estaba cansada de patinar viejas piezas de ballet, sabes.”

Victor asintió con simpatía. ¿Acaso no lo estaban todos?

“¡Fue hermoso! ¿A quién se le ocurrió la idea de un tema acuático, a ti?”

“No, ¿mi entrenadora y yo estábamos pensando en algo que se sintiera fresco y clásico para mi tema este año? Así que se lo dijimos y él… o sea, se sentó y vio todas mis viejas rutinas, incluyendo las de mis días de junior, para ver cómo era mi patinaje. Y luego compuso La Nereida, y dijo que mi patinaje lo hizo pensar en eso.” Luego concluyó sonrojándose un levemente, “así que, en realidad, la cosa acuática fue todo idea suya”

“¡Impresionante! Así que ¿quién es ‘él’?”

“¡Oh, perdón! ¡Yuuri Katsuki! Lo conoces, ¿cierto?”

El nombre le sonaba, y asintió lentamente. Había escuchado el nombre ser mencionado por otros patinadores durante los últimos años— Cao Bin lo había mencionado una vez, si no se equivocaba, y ¿también el hermano de Sara? Jaime Estévez también, justo antes de retirarse. Pero nunca había prestado demasiada atención: Yakov sólo trabajaba con compositores alemanes e italianos y Victor, perezosamente, había seguido su dirección hasta entonces.

“Sí, sé de él. Pero no creo que jamás lo haya conocido. ¿Tienes su contacto?”

“¡Está aquí! Y es adorable, ¡incluso fue a desearnos suerte a Mickey y a mí! El año pasado compuso la música del programa corto de Mikey, así que a Mickey como que le agrada… Déjame ver…” miró a su alrededor, buscando al compositor entre la multitud— y mientras tomaba la mano de Victor para jalarlo, él miraba nervioso sobre su hombro, esperando a que un furioso Michelle Crispino surgiera en cualquier momento del suelo.

“¡Mira, ahí! ¡Con Celestino y Elena!”

Celestino Cialdini siempre era un buen punto de referencia, sobresalía por una cabeza por encima de casi todos los demás. Él y su patinadora, Elena Deschamps, la nueva medallista de oro entre las mujeres, estaban hablando con dos hombres jóvenes— uno, pequeño y entusiasta (un patinador ¿verdad? Definitivamente lo había visto antes) quien era el que más hablaba, y otro vestido a la moda quien escuchaba en silencio a los demás y a veces asentía.

“¡Espera aquí!”

Victor obedeció, parándose lo suficientemente cerca como para poder ver sus caras, pero no lo suficiente como para entender lo que decían, el ruido en la arena era aún caótico en todas partes. Vio cómo el hombre silencioso volteaba a ver a Sara, su rostro se iluminó con una cálida sonrisa.

Oh.

La expresión “tierno como un pimpollo” cruzó su mente y por primera vez entendió qué significaba.

Pero luego observó cómo la sonrisa se desvanecía y sus mejillas se tornaban rosas, y cuando miró a Victor, una mirada de absoluto terror cruzó sus ojos. Sacudió la cabeza y empezó a caminar hacia atrás como un pequeño animal asustado, tras un par de palabras más, salió prácticamente volando hacia la salida.

Sara regresó cabizbaja.

“Dijo que tenía prisa… lugares a donde ir y eso. ¡Pero probablemente venga mañana!”

Victor asintió y le dio distraído, su Sonrisa Victor Nikiforov™

Qué gracioso, no parecía que tuviera prisa antes de ver a Victor. 

 

 


 

 

El último grupo acaba de entrar en la arena. Todos los ojos están clavados en Victor Nikiforov, quien va por su quinto oro en el Torneo Mundial. Será el último en patinar. 

Yuuri observó a Victor en la TV, practicando los movimientos de su estilo libre en el pasillo.

Unos pocos meses atrás no habría querido otra cosa más que sentarse junto a Minako a observar cómo Victor ganaba otra medalla de oro y celebrar. Pero ver a Victor ahora sólo le recordaba la clase de idiota y de fracaso que era. Se alejó caminando.

“¡Oye, Yuuri! ¿No lo vas a ver conmigo?” una achispada Minako le preguntó.

“Lo siento, sensei, tengo trabajo que hacer,” y desapareció antes de que ella pudiera discutirle.

En estos días, su pequeño estudio en la parte de atrás era el único lugar seguro, nadie lo molestaba ahí. Sus padres, Mari, Minako, todos sabían que podían interrumpirlo cuando se encontraba en su cuarto o en las aguas termales— pero no en su estudio. “Está trabajando,” dirían en susurros y lo dejarían en paz. Sin embargo, Yuuri apenas había compuesto nada desde que había regresado a casa. La mayor parte del tiempo en el estudio se la pasaba sentado en su viejo sillón, viendo de nuevo su última presentación o leyendo las aplastantes críticas.

“Un fracaso en todo el sentido de la palabra”, “aficionado”, “deprimente” y “un asunto miserable” eran algunos de los fragmentos que seguían flotando en su cerebro tras medio año. Algunos de los críticos habían tenido la gracia de incluir “no es su yo habitual” y recordaban sus anteriores— y más exitosas— presentaciones, pero la mayoría no había tenido misericordia.

Como si el nudo en el estómago y el ardor en sus ojos no hubiesen sido suficiente tortura mientras se sentaba en la banca del piano esa noche. Había estado usando sus lentes como de costumbre, pero las teclas bajo su nariz se veían borrosas, y había sentido, más que visto, como sus manos temblaban. El silencio usual que precede al inicio de una presentación parecía haberse alargado por una eternidad, innatural e insoportablemente largo. Un murmullo entre la multitud. Todos estaban esperándolo a él y a nadie más. Estuvo a punto de vomitar sobre el piano Steinway.

La primera nota que había tocado había sido la equivocada, y no había mejorado en el transcurso del recital. O bien había tocado demasiado fuerte, atacando las teclas como si hubieran asesinado a Vicchan o había intentado compensarlo tocándolas tan suavemente que ni si quiera podían hacer el sonido que quería. Con cada nota que erraba se imaginaba lo que los críticos dirían a la mañana siguiente, lo que sus antiguos profesores dirían, la reconfortante sonrisa de apoyo que sus padres le daría, lo cual hacía que las cosas fueran peores— dirían que estaba bien, pero no lo estaba. Y mientras más de esas imágenes giraban en su cabeza, más notas fallaba en un círculo vicioso y cruel.

Al final se había tenido que parar y agradecer el tibio abrazo, esa había sido una de las partes más mortificantes de todo: si lo hubieran dejado, habría cerrado el piano y huido del escenario sin mirar atrás, pero así no se hacían las cosas. La audiencia había representado su papel de forma amble, ofreciéndole el aplauso que claramente no se había ganado, y en su turno se había levantado y hecho una reverencia, antes de que ambas partes sintieran que habían tenido suficiente de esa charada. Había caminado lejos tan rápido como su dignidad se lo permitió, esperando que su cara no estuviera ardiendo tanto como él sentía.

Y ahora ahí estaba la invitación, esperando en un costado de la mesa juntando polvo. La había recibido hacía casi un mes, pero aún no había juntado el coraje para contestarla.

¿Realmente quería volver a tocar frente a una audiencia? Nunca se había sentido cómodo, Yuuri odiaba ser el centro de atención— lo cual era irónico considerando que había pasado la primera mitad de su vida bailando y loa segunda haciendo música; ambas lo habían llevado a presentarse en público para gente que lo estaba observando, gente que incluso había pagado para ello. Sin embargo, las emociones que lo hacían moverse desde el centro de su ser eran sólo suyas. No podía simplemente descubrirse frente a ellos, cuando bailaba, cuando tocaba, el mundo exterior dejaba de existir. Lo hacía por sí mismo, y usualmente era lo que le permitía hacer buenas presentaciones.

Al menos hasta ese recital.

Yuuri recostó su cabeza contra el piano, cerrando los ojos: ¿realmente quería arriesgarse a pasar por algo así de nuevo?

La respuesta debería ser un rotundo “no”. ¿Verdad?

Entonces, ¿por qué no había contestado aún a la invitación? Era una cosa tan sencilla de hacer.

Y además una invitación de Minami Kenjirou, de todas las personas posibles.

“No es nada personal, Katsuki-san, es sólo que la partitura de Minami-kun va mejor con la película. Es más… viva.”

Al final el director había alabado su partitura, pero Yuuri no necesitaba halagos huecos. Su música simplemente no había sido lo suficientemente buena. ¿Por qué no decir simplemente eso? También le había sugerido a Yuuri tomar unas vacaciones, ¿no había estado trabajando sin descanso durante algunos años?

Seguro, vamos a pretender que esto no tiene nada que ver con los críticos que dijeron que mi última partitura era ‘insípida’ y ‘genérica’, había pensado en el momento, pero se había quedado callado. Yuuri era demasiado orgulloso para decir nada, así que sólo había murmurado algo sobre estar cansado y de necesitar un descanso.

Y nada de eso era en realidad culpa de Minami. Pero entre los críticos, Vicchan y todos los premios que había fracasado en ganar, no tenía la energía para lidiar con Minami. O con el hecho de que, contra tosa expectativa, Victor Nikiforov había querido conocerlo.

A Él.

Simple, viejo, mediocre, Yuuri.

“¡Amó El llamado de la Nereida y quiere hablar contigo!”

El sueño de una década haciéndose realidad de la forma más cruel posible. ¿Cómo podría enfrentar a Victor Nikiforov, el hombre que había roto récords y había hecho historia con la facilidad que un barista aburrido preparaba un café? Se erguía sobre el mundo mientras que Yuuri estaba cavando su camino a lo más profundo. Simplemente habría hecho el ridículo frente a Victor, así que la mejor opción había sido irse.

Un leve dolor en su cabeza lo hizo darse cuenta de que había estado presionando su cabeza contra el piano con demasiada fuerza por demasiado tiempo, así que se sentó derecho y tensó los hombros.

¿Qué quería hacer ahora?

¿Componer? ¿Qué? No tenía nada. La partitura que el estudio le había pedido estaba hecha (y rechazada, pero por el momento puso ese pensamiento de lado), y también la música para el estilo libre de Elena Deschamps— eso también había llevado un rato. Ella tenía un título que defender en el Grand Prix de este año, y Celestino había estado particularmente demandante. Yuuri tuvo que re hacer la pieza tres veces. Al menos este año Phichit iría con Shall We Skate? Y Terra Incognita, así que no tendría que preocuparse por él.

La pregunta volvió: ¿ahora qué?

Colocó sus ojos sobre una partitura sobre el piano y sintió su rostro arder. ¿Quizá podría trabajar en eso?

El kanji que había escrito ahí forma su nombre, en lo que debía ser el más estúpido título tentativo que le había dado jamás a una pieza. Pero, bueno, era sobre sí mismo, así qué. Podría pensar en un mejor título oficial cuando la pieza estuviera terminada.

Si es que algún día la terminaba.

Pues sin importar cuántas veces la tocara, cuánto trabajara la progresión de los acordes o la modulara en una nueva clave, nunca era buena. Debería ser tan simple y aun así ninguna pieza hasta entonces le había dado tantos problemas como esta. Pero la había empezado así que la terminaría.

 


 

 

Maccachin saltó en el sillón, moviendo la cola con felicidad y con la lengua de fuera, mirando a Victor como invitándolo a sentarse junto a ella.

“Ya sé, yo también extrañaba nuestra casa”, contestó Victor a su mudo comentario.

Victor puso sus maletas en una esquina de la sala; había salido del aeropuerto e ido derecho al hotel para perros a recogerla. Estaba exhausto del vuelo, pero de ninguna manera la iba a dejar ahí una noche más.

Ella ladró y él le rascó tras las orejas.

“Perdón, chica, necesito tomar una ducha primero, ¿okay? Luego te haré compañía.”

Prendió la televisión para que ella tuviera el ruido de fondo que le encantaba y fue a tomar la ducha que necesitaba desesperadamente. Cuando finalmente regresó, aun secándose el cabello con una toalla, Maccachin estaba mascando en silencio su peluche favorito mientras se desparramaba por el sillón.

“¿Hay lugar para mí?”

Ante su movimiento de sentarse, ella, sin ganas, hizo espacio para él— sólo un poco. En poco tiempo, Victor estaba recostado en el sillón con la mitad de Maccachin bajo sus piernas y la otra mitad encima suyo. Se preguntaba si ella tenía idea de cuán grande era y le sonrió.

“Se me olvidó decirte: Gané el oro de nuevo. ¿Te sientes orgullosa?”

Le lamió la mano y los dedos por varios largos segundos, y tomó eso como un “sí”. Sacó su teléfono y revisó sus redes sociales, su mente a millas de distancia de las fotografías y estados a los que les debería dar ‘me gusta’. La temporada por fin se había terminado; tenía los próximos dos días libres (¿no era Yakov generoso?), y después de eso estaría de regreso en la pista, entrenándose para la siguiente.

Asumiendo que eso fuera lo que quería hacer.

Pero estaba tan cansado.

El problema no era el patinaje, sino… el agotamiento de cambiar de piel año tras año. Cada temporada un nuevo Victor Nikiforov, cada temporada desnudando sus emociones para que el mundo las viera— emociones que él, francamente, a penas y recordaba. Cada rutina una historia: de maravillas, o dolor, lujuria, bendición, muerte, y el esfuerzo de hacerse contar historias que a penas y conocía lo estaban dejando más vacío cada segundo.

Así que ¿ahora qué?

Había jugueteado vagamente con la idea de retirarse, pero nunca se había atrevido a hablar de ello, ni siquiera a Maccachin. No era algo que tomarse a la ligera— además, si tan sólo suspirara la palabra “retiro” Yuri lo asesinaría, Yakov sufriría un ataque al corazón y a Victor le gritarían durante días. La simple idea de retirarse era lo suficientemente estresante como para que no quisiera retirarse sino hasta que tuviera 87.

Pero podría retirarse si quisiera.

… ¿Quería?

Aún tenía algunos años de patinaje competitivo por delante, y aún amaba la sensación de deslizarse sobre el hielo, aún se enorgullecía a sí mismo por lograr aterrizar cuádruples difíciles y sorprender a las audiencias. No le importaba mostrar su alma para que la vieran, era simplemente que se le estaban agotando las emociones. Había estado avanzando con la reserva de las emociones que no había tenido en años.

Concentrándose en su teléfono por un segundo, su línea de pensamientos se vio rota: había dado ‘me gusta’ de forma mecánica en una de las fotografías de Sara Crispino en Instagram y frunció los labios. Gracias a Dios la temporada había terminado y no tendría que ver a Michelle por medio año o nunca terminaría de escucharlo.

Sin embargo, sonrío: la fotografía mostraba a ambos hermanos frente a una catedral en Florencia, y parecía que se estaban divirtiendo. Sara llena de gracia como siempre, por supuesto. Su estilo libre aún estaba vivo en su mente, ella lograría estar hasta arriba del podio algún día. Aquel había sido un buen patinaje.

Una gran música.

El llamado de la Nereida. Esa pieza lo había atrapado en el Grand Prix, y de nuevo en los campeonatos europeos y mundiales. Abrió YouTube y la buscó, pero los únicos resultados que arrojó para “el llamado de la nereida” eran de la rutina de Sara no de la música en sí. Entonces dudó, pero finalmente tecleo “yuuri katsuki” en frente de ella. De nuevo, la pieza no estaba en ningún lado, ¿quizás aún no la había lanzado? Pero había muchos resultados para Yuuri Katsuki, lo cual tenía sentido. Aunque Victor no era un experto en música, tenía la clara impresión de que La Nereida era una pieza técnicamente difícil, así que Yuuri probablemente era bueno en lo que hacía.

Bueno, nunca le había llamado, así que estaba eso. Simplemente no estaba interesado en Victor— más bien en hacer música para Victor.

No era la gran cosa en realidad, ¿cierto? Podría pedirle a signore Scandello que compusiera de nuevo para él, el resultado seguro sería precioso. Stammi Vicino era prueba de ello.

Observó los resultados de búsqueda de nuevo, uno en particular llamó su atención.

Yuuri Katsuki Nueva York 2015 fracaso de presentación

 

Victor frunció el ceño y dio clic en el vídeo. Empezó con Yuuri vestido de levita y con el cabello relamido hacia atrás (luciendo extremandamente guapo, añadiría él), caminando en el escenario bajo un considerable aplauso, aunque apenas reconoció a la audiencia. Se colapsó más que se sentó en la banca y se quedó extremadamente quiero durante unos segundos, como si se hubiera vuelto piedra; no parecía estar respirando. Pasó un minuto de silencio ensordecedor, y el único movimiento que hizo fue para frotar débilmente sus rodillas. Al menos pareció regresar a la realidad e in-tempestuosamente empezó a tocar— las primeras notas simplemente sonaban… mal. Dolorosas. El ceño de Victor se frunció más mientras la pieza avanzaba y para cuando el vídeo terminó con Yuuri saliendo apresurado del escenario bajo el amable aplauso, estaba cerca de tener un dolor de cabeza.

Ese no podía ser Yuuri.

Si gano este duelo de baile, patinarás para mí ¿verdad?

No Yuuri del banquete.

Aunque era extremadamente parecido al Yuuri que había huido de él tras el GPF.

La marcada diferencia entre las dos versiones de Yuuri Katsuki que había conocido, habían mantenido a Victor sorprendido durante semanas, y ahora esto. ¿Era la misma persona que había compuesto La Nereida? ¿O acaso Victor estaba idealizando a la pieza (y a su compositor) ahora? ¿Realmente era tan buena?

Volvió a su búsqueda anterior y le dio clic al primer vídeo del estilo libre de Sara, cerrando los ojos e ignorando a los comentaristas para concentrarse solamente en la música. En un minuto se dio cuenta de que había estado en lo correcto: el solo de piano era tan inspirador como le había parecido en diciembre, la cascada de sonidos era igualmente fascinante.

Podía asociar al Yuuri del banquete con El llamado de la Nereida (aunque los bailes de breakdance y tubo difícilmente podían ir mano a mano con los solos de piano), porque ambos estaban tan… vivos. Más vivo de lo que Victor se había sentido en años. Pero el Yuuri del recital estaba herido.

Una rápida búsqueda en Google y estaba ojeando un artículo:

 

Reseña de Yuuri Katsuki — Un asunto desastroso

El pianista y compositor japonés, Yuuri Katuski hizo su primera (y con suerte última) presentación en el Festival Snow Hall. Lo que se había anticipado como un interesante debut en el tradicional festival de Nueva York resultó ser una de las experiencias menos musicales que la audiencia presente aquella noche jamás tendrá.

 

Incómodo leyó por encima el resto:

 

Embarazoso… depresivo… el piano fue salvajemente atacado… realmente desagradable… estruendoso… desmoronándose en el escenario…

  

Victor se detuvo, el crítico era demasiado despiadado. Pero casi al final, la palabra “nominación” hizo que Victor se sentara más derecho (y despertara a una alarmada Maccachin quien había estado profundamente dormida).

Google. Wikipedia.

Contempló.

 

1 Vida Temprana

2 Carrera

3 Trabajos

            3.1 Televisión

            3.2 Estrenos Teatrales

            3.3 Otros Trabajos

4 Premios

5 Vida Personal

6 Referencias

7 Vínculos Externos

 

No se molestó en revisar “Vida Temprana” ni “Vida Personal”, con sólo dos líneas de longitud cada una, se saltó directo a “Carrera”, “Trabajos” (sumamente amplio) y “Premios”, pasando más de media hora dando clic en vínculo tras vínculo y tratando de entender.

Luego, de nuevo a YouTube, “yuuri katsuki”. No había muchos vídeos de él tocando en vivo, pero había muchas otras cosas que ver y escuchar:

 

Top 10 Partituras de Yuuri Katsuki [10 vídeos]

El Palacio Vagabundo, compositor Yuuri Katsuki [21 vídeos]

Katsuki Yuuri y Ogino Takeshi en la sesión de grabación de la Cueva de Amaterasu

Una Noche de Invierno — Katsuki Yuuri (El Palacio Errante)

Spice and Candy OP 1 “Si Encuentras” (YUURI KATSUKI)

Katsuki Yuuri interpreta Stammi Vicino

Tu Serenata sin Mí (Y. Katsuki)

La Noche y el Gorrión de Yuuri Katsuki Partituras [19 vídeos]

 

Espera. No, aguanta.

Katsuki Yuuri interpreta Stammi Vicino

Dio clic. 

Yuuri en el piano en lo que muy probablemente era su casa— parecía que estaba en una sala (¿quizás?), un largo y desordenado librero a su izquierda y un poster en blanco y negro de… algún japonés encima del piano.

Victor ya había visto a Yuuri usando solamente boxers y una (horrorosa) corbata, pero a pesar de que aquí estaba completamente vestido, esto era más íntimo, casi invasivo. Como entrar en la habitación de alguien sin permiso. Tenía su cabello suelto, pants negros, una gastada playera blanca y sin lentes.

Este era el Yuuri doméstico.

El vídeo empezaba cuando Yuuri ya llevaba algunos segundos tocando, y Victor podría reconocer esas notas en cualquier lugar, en cualquier momento. Era su Stammi Vicino (bueno, técnicamente era de signore Scandello). En parte lo había deseado, en parte lo había esperado, considerando que Yuuri estaba tan involucrado con la música de patinaje sobre hielo— lo que no había esperado era escuchar a Yuuri cantando. Cantaba en voz baja, claramente para sí mismo, como si no pudiera controlarlo. Victor notó que no sólo no había una partitura frente a él, sino que tenía los ojos cerrados, tocándola de memoria. Perfectamente. Las notas, el canto bajo, la ejecución, todo perfecto, pero más que eso; estaba desbordando emoción, la emoción que Victor había deseado emular en su estilo libre; emoción infecciosa que le daba escalofríos. ¿La canción había sido siempre así de conmovedora, así de desilusionante?

El silencio se apoderó del departamento de Victor cuando el vídeo terminó, aunque la música aún resonaba fuertemente en su interior, junto con todos los Yuuris que había logrado entrever.

 

Buscó entre sus contactos hasta que encontró el que necesitaba.

 

21:34 [Yo] Mila!

            21:34 [Mila] Hola! =D

21:35 [Yo] Oye, aún tienes el contacto de Sara Crispino?

            21:35 [Mila] Claro (?)

 

No contestó a la pregunta implícita y esperó.

 

            21:36 [Mila] Sara Crispino

21:36 [Yo] Gracias! <3

 


 

 

Yuuri despertó mas no se levantó fuera de la cama de inmediato; no tenía nada que hacer o a dónde ir, así que simplemente contempló (hizo bizcos) al techo por un rato. 

Con el sonido de una notificación, tomó sus lentes y luego el teléfono: Phichit. Sonrió levemente y contestó, pero su amigo no lo vería de inmediato, seguramente estaba en camino a la pista de hielo, si no es que estaba ya ahí. Yuuri checó otros mensajes. Facebook, Instagram (no es que posteara nada en ninguna de las dos, pero igual), LINE, correo electrónico.

Parpadeo.

Observó fijamente.

Se talló los ojos para quitarse el sueño y volvió a observar fijamente

Victor Nikiforov > Música nueva

Incrédulo, sus ojos peligrosamente cerca de salirse de sus cavidades, abrió el correo

 

Querido Yuuri:

¡Espero que te encuentres bien! Estaba preguntándome si podríamos hablar de la posibilidad de que compusieras una pieza para que use en la próxima temporada de patinaje. Podríamos hablar por Skype cuando sea conveniente para ti.

Sinceramente,

Victor Nikiforov 

 

Notes:

  • N.A.:

    No pude hacer encajar este pedacito dentro del primer capítulo, pero en este AU, mientras que el FS de Victor es Stammi Vicino, su SP es esta versión en piano de Una vez en diciembre  puede ser que esto aparezca en capítulos futuros… o no.

    Mi inspiración para “El llamado de la Nereida” es Ondine  de Ravel, así que a lo que Victor está reaccionando es a algo muy similar a esto.

    N.T.:

    (1) El texto en inglés usa la expresión “could give her a run for her money”, esta frase no tiene una traducción exacta en el español, así que se ha dejado el sentido más parecido posible.