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LEYENDO EN EL OLIMPO: (2) Los héroes del Olimpo

Chapter 129: PERCY XLVII, XLVIII

Notes:

**Yo sé que quedé en publicar el capítulo la semana pasada, pero sinceramente me costó mucho. Intenté cumplir con las expectativas que tenían, pero sinceramente no me encantaba, asi que lo tuve que borrar un par de veces. Aún así espero que les guste

Chapter Text

XLVII (5000)

 

Percy

 

Tal vez fue una acción de Percy, tal vez no, pero todos se entretuvieron charlando sobre cómo iban los libros y cómo solo faltaba uno y medio. Todos estaban un poco preocupados por lo que ocurriría después, sobre todo porque había aprendido a convivir con todos y lo valoraban mucho, aún más aquellos que contaban con un legado en la sala.

La mayoría de los dioses también se habían encariñado con todos ellos, aunque eran sentimientos tan humanos que era difícil para ellos  saber cómo actuar.  

Por lo tanto, Percy se salió con la suya y no leyeron hasta el día siguiente

—Yo quiero leer —dijo Sally 

—Mamá, sabes que no es buena idea que leas mis capítulos —señaló Percy, dándole una leve mirada de pánico a Annabeth 

—Lo sé, por al menos así puedo procesarlo adecuadamente y no solo lo escucho —argumentó Sally 

—¿Segura? —preguntó Annabeth

—No puede ser peor que el cómo terminó el último libro

Percy hizo una mueca, porque era un argumento bastante válido, así que ahora su madre estaba a punto de leer cómo perdió la cabeza un poquito —Está bien 

Así que Sally empezó a leer

Percy echaba de menos a Bob.

—Mucho —murmuró el chico 

—Se ve que estará interesante este capítulo —dijo Leo 

—Interesante, pero sin preocupación, por favor —comentó Thalia 

—También tú, es un capítulo de Percy —señaló Piper

—Sí, no pidas imposibles —dijo Percy

Se había acostumbrado a tener al titán a su lado, iluminándoles el camino con su cabello plateado y su temible escoba de guerra. Sin él, su única guía era una vieja demacrada y cadavérica con un grave problema de autoestima.

—Mucho mejor guía —asintió Connor

—Puedo aceptar los problemas de autoestima —dijo Rachel—pero no todo lo demás

—Y además de todo no mostraba una gran simpatía por nosotros —señaló Annabeth 

—Ese es el peor tipo de guía —comentó Piper 

A medida que atravesaban afanosamente la polvorienta llanura, la niebla se volvió tan densa que Percy tuvo que resistir el deseo de apartarla con las manos. El único elemento que le permitía seguir el camino de Aclis eran las plantas venenosas que brotaban por donde ella caminaba.

—Unas migas muy raras para seguir el camino —señaló Miranda

—Me gustaba más el pan que usaban Hanzel y Gretel en los cuentos mortales —dijo Leo

—¿Qué dejaba? —preguntó Jason 

—Pan —dijo Rachel 

—Pero el pan se lo pueden comer los pájaros, las flores venenosas no —señaló Miranda 

—Punto para las flores venenosas —dijo Katie 

Si todavía se hallaban en el cuerpo de Tártaro, Percy calculó que debían de estar en la planta de su pie: una extensión áspera y callosa donde solo crecían las plantas más desagradables.

—Cómo hongos —dijo Leo con una mueca de asco

—También puede ser como los ojos de pescado —señaló Travis 

—Bueno, esto se pone cada vez más asqueroso —dijo Rachel 

—Están en ese lugar, claro que va a ser asqueroso —comentó Reyna   

Finalmente llegaron al extremo del dedo gordo. Al menos eso le pareció a Percy. La niebla se disipó, y se encontraron en una península que sobresalía por encima de un vacío muy oscuro.

—Aquí estamos.

—Increíble —suspiró Poseidón

—¿Por qué necesitarían estar en un lugar así? —preguntó Tyson con una mueca de preocupación 

—Porque no funcionaban sus trucos en otro lado —suspiró Percy 

—Lamentablemente —dijo Annabeth 

Aclis se volvió y los miró de reojo. La sangre de las mejillas le goteaba en el vestido. Sus pálidos ojos estaban húmedos e hinchados pero de algún modo llenos de emoción. ¿Podía emocionarse el Sufrimiento?

—Pues con más sufrimiento ¿no? —dijo Miranda 

—Pero ¿puede tener otra emoción que el sufrimiento? —preguntó Lena

—Yo creo que sí, pero el sufrimiento es el top de las emociones —señaló Leo 

—Es muy probable —coincidió Percy

—Ah… genial —dijo Percy—. ¿Dónde es «aquí»?

—En el borde de la muerte definitiva —respondió Aclis—. Donde la Noche se junta con el vacío debajo del Tártaro.

—Suena bastante malo eso —dijo Rachel 

Nico hizo una mueca, estaban bastante cerca de ese lugar que todavía le causaba pesadillas. Se preguntaba si ellos habían visto los mismos horrores que él

—¿Estás bien? —preguntó Will suavemente 

—Sí —susurró Nico 

Will se acercó más a él y le tomó la mano —No tienes que mentirme ¿sabes? 

Nico se sonrojó, pero apretó más fuerte la mano de Will

Annabeth avanzó muy lentamente y se asomó al precipicio.

—Creía que no había nada debajo del Tártaro.

—También yo —dijo Connor —otra cosa en la que vivo engañado 

—Ya con esta van como mil cosas —señaló Katie 

—Pues no entiendo como funciona, pero sí hay algo —dijo Percy 

—Es muy complicado entender cómo es ese lugar —dijo Perséfone

—Incluso a nosotros nos cuesta trabajo darnos cuenta —asintió Poseidón 

—Oh, desde luego que sí… —Aclis tosió—. Hasta Tártaro tuvo que surgir de alguna parte.

—Bueno, eso es cierto —dijo Rachel 

—Pero ¿cómo? —preguntó Zoé

—No hagas preguntas difíciles —señaló Bianca

—Es que es un ser primordial, primero — dijo Zoé 

—Su surgimiento es algo extraño —dijo Apolo

 Este es el borde de la oscuridad primitiva, mi madre. Debajo se encuentra el reino del Caos, mi padre. Aquí estáis más cerca de la nada de lo que lo ha estado jamás ningún mortal. ¿No lo notáis?

—Dioses —murmuró Bianca con una mueca

—Debimos dejar nuestras huellas como en el camino de la fama de Hollywood —comentó Percy 

—Yo creo que de todas maneras dejamos una impresión —comentó Annabeth con una ceja enarcada

—Puede que tengas un poco de razón sobre eso— murmuró Percy

Los demás los miraron con confusión

Percy sabía a lo que se refería. El vacío parecía tirar de él, extrayéndole el aliento de los pulmones y el oxígeno de la sangre. 

—Mejor regresen —dijo Connor 

—Pero necesitaban su ayuda — señaló Miranda

—No nos podíamos ir así como así — dijo Percy

—Menos después de todo lo que les costó llegar — comentó Thalia 

Miró a Annabeth y vio que tenía los labios teñidos de morado.

—No podemos quedarnos aquí —dijo.

—¡Ya lo creo que no! —dijo Aclis—. ¿No notáis la Niebla de la Muerte? Incluso ahora pasáis entre ella. ¡Mirad!

—Entonces supongo que no va a ser difícil obtenerla —dijo Chris 

—Supones mal —murmuró Percy

—Depende de qué consideres tú “difícil” — dijo Annabeth 

— Esperamos que por lo menos no sea tan difícil como otras cosas que han hecho— señaló Jason

—También es cuestión de perspectiva —comentó Percy 

Un humo blanco se acumuló alrededor de los pies de Percy. A medida que se enroscaba por sus piernas, se dio cuenta de que el humo no lo estaba rodeando. Provenía de él. Su cuerpo entero se estaba disolviendo. 

—Eso no era lo que esperábamos —dijo Rachel 

—Definitivamente no, no creía que la Niebla de la muerte fuera ácido o algo así —dijo Chris

—No exactamente, aunque se podía pensar así —comentó Percy 

—Y que lo digas —murmuró Annabeth 

Levantó las manos y vio que eran borrosas y poco definidas. Ni siquiera sabía cuántos dedos tenía. Con suerte, todavía diez.

Se volvió hacia Annabeth y contuvo un grito.

—Esa no es la reacción que se espera cuando tu novio te voltea a ver —señaló Afrodita mirando a Percy con una ceja enarcada 

—Lo sé, lo siento. Es que fue una sorpresa —murmuró Percy 

—Está bien, lo entiendo —dijo Annabeth 

—Estás… ah…

No podía decirlo. Parecía muerta.

—Eso explica mejor la reacción —dijo Apolo

—Cualquiera hubiera reaccionado de la misma forma —asintió Piper 

—Obviamente, no es algo que puedas ver tan tranquilamente —comentó Leo 

 —Creeme que no lo es —dijo Percy 

Tenía la piel amarillenta y las cuencas oculares oscuras y hundidas. Su precioso cabello se había secado y se había transformado en una madeja de telarañas. Parecía que hubiera estado metida en un mausoleo frío y oscuro durante décadas, marchitándose poco a poco hasta convertirse en una cáscara reseca.

Annabeth hizo una mueca 

—Con todo el amor del mundo —dijo Thalia 

—Por supuesto —asintió Percy 

Charles y Zoé hicieron una mueca, no era muy divertido tener esa imagen mental 

 Cuando se volvió para mirarlo, sus facciones se volvieron momentáneamente borrosas y se tornaron en niebla.

La sangre de Percy corría como savia por sus venas.

Durante años, había temido que Annabeth muriera. 

—Obviamente —dijo Afrodita 

—Comprensible después de todo lo que han vivido —comentó Perséfone 

Percy hizo una mueca recordando lo que había aprendido del futuro, tal vez se escuchara muy feo, pero una parte de él se sentía aliviado al saber que podía morir al mismo tiempo que Annabeth, no estaba seguro de poder seguir viviendo sin ella a su lado. Como si Annabeth pudiera leer su mente, le tomó la mano y le dio un pequeño apretón para recordarle que seguían ahí y estaban juntos

Cuando eres un semidiós, es un gaje del oficio. La mayoría de los mestizos no viven mucho. Siempre sabes que el siguiente monstruo puede ser el último. Pero ver a Annabeth en ese estado era demasiado doloroso. Prefería quedarse en el río Flegetonte, ser atacado por arai o pisoteado por gigantes.

Percy hizo una mueca

—Por supuesto que sí, es lógico —dijo Afrodita

—¿Por qué mis pensamientos no pueden quedarse donde pertenecen? —preguntó Percy, no es que le diera vergüenza que todos supieran sobre su amor por Annabeth, pero se sentía como una gran falta a la privacidad.

—Oh, dioses —dijo Annabeth sollozando—. Percy, tienes aspecto…

—Sí, pensé lo mismo —murmuró Annabeth 

—Lo entiendo ahora —dijo Percy 

Percy se observó los brazos. Solo vio masas informes de niebla blanca, pero supuso que a los ojos de Annabeth debía de parecer un cadáver. 

—Sí— murmuró Annabeth con una mueca

—¿De eso se trata la Niebla de la muerte? —preguntó Katie 

—Pues por eso se llama “de la muerte”— señaló Clarisse 

—Cierto, el nombre nos debió de dar una idea —dijo Chris 

Dio varios pasos, pero le costaba mucho. Su cuerpo parecía incorpóreo, como si estuviera hecho de helio y algodón de azúcar.

—Aunque si fuera de algodón de azúcar sería divertido —dijo Percy 

—Y muy comestible —dijo Leo 

—Aunque eso sería canibalismo —señaló Percy 

—¿Cuenta como tal? —preguntó Piper 

—Yo creo que sí —dijo Leo 

—He tenido mejor aspecto —decidió—. Me cuesta moverme. Pero estoy bien. 

Aclis se rió entre dientes.

—Desde luego, no estás nada bien. 

—No nos estaba dando ánimos —dijo Percy 

—¿La diosa del sufrimiento no te estaba dando ánimos? Debió ser una sorpresa —dijo Thalia

—Eres una grosera —masculló Percy sacándole la lengua

—Es que tú no cooperas —dijo Thalia   

Percy frunció el entrecejo.

—Pero ¿pasaremos desapercibidos? ¿Podremos llegar a las Puertas de la Muerte?

—Bueno, tal vez —dijo la diosa—, si vivierais lo bastante, cosa que no ocurrirá.

—¿Qué? —chillaron todos

—Ay no —dijo Percy 

—¿No pueden por una sola vez, cumplir su palabra? —preguntó Luke resoplando

—Era demasiado pedir —dijo Annabeth  

Aclis extendió sus dedos nudosos. A lo largo del borde del foso crecieron más plantas —cicutas, dulcamaras y adelfas—, extendiéndose hacia los pies de Percy como una alfombra mortal.

—No el tipo de alfombra que me gusta —dijo Percy

—Como una alfombra que los ricos podrían comprar, totalmente inservible —dijo Leo 

—Iba a replicar, pero tienes toda la razón —comentó Rachel 

—Pero se vería bonita —señaló Bianca

—Veréis, la Niebla de la Muerte no es solo un disfraz. Es un estado. No podía ofreceros este regalo a menos que después sufrierais la muerte… la auténtica muerte.

—Eso no tiene sentido —masculló Zoé

—Exacto, ¿por qué Bob les ofrecería algo así si esa fuera la única manera? —preguntó Bianca

—Tal vez fue una trampa desde el principio —señaló Atenea 

—Si hubiera querido tenderles una trampa, tuvo muchas oportunidades —comentó Poseidón 

Percy asintió de acuerdo 

—Es una trampa —dijo Annabeth. 

La diosa se rió a carcajadas.

—¿No esperabais que os traicionara?

—Sí —dijeron Annabeth y Percy al unísono.

—Bueno, entonces tampoco es una sorpresa —dijo Apolo

—No lo fue, pero tampoco queríamos que pasara —argumentó Percy 

—Hubiera estado bien no tener una pelea innecesaria —coincidió Annabeth 

—Pero en esta vida no se cumple lo que queremos —se quejó Percy 

—¡Pues entonces no es una trampa! Más bien algo inevitable. El sufrimiento es inevitable. El dolor es…

—Sí, sí —gruñó Percy—. Pasemos a la pelea.

—Saltar intro —bromeó Connor 

—Ya fue mucha plática —dijo Esperanza 

—Al mal paso darle prisa —asintió Leo 

—Mientras más rápido empiecen, más rápido acaban —coincidió Rachel 

Sacó a Contracorriente, pero la hoja estaba hecha de humo. Cuando lanzó una estocada a Aclis, la espada se limitó a atravesarla flotando como una suave brisa.

—Esa no es una buena noticia —dijo Miranda 

—Tal vez debimos haberlo esperado, pero no lo hicimos —dijo Percy encogiéndose de hombros 

—Pues sí porque si no hubiera sido de humo, se habría salido de tu pantalón —señaló Jason 

—Sí, ahora eso tiene sentido —asintió Percy 

Una sonrisa se dibujó en la maltrecha boca de la diosa.

—¿No os lo había dicho? Ahora no sois más que niebla: una sombra antes de la muerte. Tal vez si tuvierais tiempo podríais aprender a dominar vuestra nueva forma, pero no lo tenéis. 

—Pero han sido capaces de aprender varias cosas en muy poco tiempo —comentó Quirón

—Aunque ahí nada más tienen unos cuantos minutos —dijo Deméter

—Están aquí, entonces encontraron la forma —dijo Hermes 

—Quiero ver esa forma porque Aclis no es nada fácil —comentó Apolo

Y  como no podéis tocarme, me temo que cualquier pelea contra mí será bastante desigual.

Sus uñas se convirtieron en garras. La mandíbula se le desencajó, y sus dientes amarillos se alargaron hasta transformarse en colmillos.

—Cómo si faltara algo más —resopló Rachel 

—Ya se veía muy mal sin esa transformación —dijo Percy —estoy seguro que no la necesitaba 

—Estoy segura de lo mismo —asintió Annabeth 



XLVIII Percy

  

Aclis se abalanzó sobre Percy y, por una fracción de segundo, él pensó: «Bueno, solo soy humo. No puede tocarme, ¿no?».

Se imaginó a las Moiras en el Olimpo riéndose de su vana ilusión: «¡Jo, jo, jo, qué pardillo!».

—Probablemente —dijo Hermes 

—Si eso fuera cierto no estaría tan segura de ganarles —comentó Reyna 

—Tal vez era simplemente toda la autoestima que tenía —dijo Percy

—Su ego dice que sí puede —comentó Frank 

Las garras de la diosa le arañaron el pecho y le escocieron como si fueran agua hirviendo.

Percy se tambaleó hacia atrás, pero no estaba acostumbrado a ser de humo. 

—Sí, sería raro que estuvieras acostumbrado —dijo Leo 

—Sí, yo también lo pienso —dijo Hazel —mejor que no estés acostumbrado

—Es muy complicado, no lo intenten —comentó Percy 

—No pensábamos hacerlo, pero gracias —señaló Travis 

Sus piernas se movían demasiado despacio. Sus brazos eran como de papel de seda. Desesperado, le lanzó su mochila, pensando que tal vez se volviera sólida cuando abandonara su mano, pero no tuvo suerte. La bolsa cayó emitiendo un tenue sonido sordo.

—Y solo te deshiciste de tu bolsa —señaló Thalia 

—Y de mis provisiones —coincidió Percy con una mueca

—Qué podrías ocupar —dijo Rachel 

—Sí, pero pensé que iba a funcionar —dijo Percy 

Aclis gruñó al agacharse para saltar. Le habría arrancado a Percy la cara de un mordisco si Annabeth no hubiera atacado y hubiera gritado a la diosa directamente al oído: —¡EH!

Aclis se sobresaltó y se volvió hacia el sonido.

—Yo también me hubiera asustado —asintió Connor

—Un pan infalible —dijo Annabeth 

—Lo bueno es que no te arrancó la cara —suspiró Afrodita —sería una lástima 

 —Una verdadera lastima —coincidió Apolo 

Arremetió contra Annabeth, pero la chica se movía mejor que Percy. Tal vez no se sentía tan etérea, o tal vez había recibido más instrucción de combate. Ella había estado en el Campamento Mestizo desde que tenía siete años. Probablemente le habían impartido lecciones que Percy no había recibido, como luchar mientras estás parcialmente hecho de humo.

—No exactamente, pero me parece una buena clase para impartir —dijo Quirón

—Yo creo que sería una lección muy importante para todos —asintió Percy 

—Yo solo quiero saber como nos convertiríamos en humo —comentó Katie

—Podríamos utilizar la Niebla para esa ilusión —dijo Hazel 

—Suena divertido —dijo Travis  

Annabeth se lanzó justo entre las piernas de la diosa, dio una voltereta y se puso de pie. Aclis se volvió y atacó, pero Annabeth la esquivó otra vez como un matador.

—Hasta parece que fuiste torera en otra vida —dijo Piper

—¿Quién sabe? Tal vez lo fui —dijo Annabeth con una sonrisa de lado 

—Estás demostrando tus dotes ocultos —señaló Thalia 

Percy estaba tan aturdido que perdió unos segundos preciosos. Se quedó mirando a la Annabeth cadavérica, que estaba envuelta en niebla pero que se movía tan rápido y con tanta seguridad como siempre. Entonces cayó en la cuenta de por qué estaba haciendo eso: para ganar tiempo. Eso significaba que Percy tenía que ayudarla.

—Yo creo —dijo Annabeth con una sonrisa

—Qué bueno que lo deduje a tiempo —bromeó Percy 

—Más vale tarde que nunca —asintió Annabeth 

—Ahora nada más falta averiguar como la ibas a ayudar —dijo Thalia 

—Pequeño detalle —asintió Percy 

Pensó frenéticamente, tratando de dar con una forma de vencer al Sufrimiento.

¿Cómo podía luchar cuando no podía tocar nada?

Cuando Aclis atacó por tercera vez, Annabeth no tuvo tanta suerte. 

—Te tardaste —dijo Thalia 

—Es que el plan todavía no estaba en mi cabeza —dijo Percy con una mueca

—Debiste meterle velocidad al plan —señaló Thalia 

—Pero es difícil pensar en un plan cuando estás hecho de humo —dijo Percy 

Trató de apartarse, pero la diosa la agarró por la muñeca, tiró fuerte y la derribó al suelo.

Antes de que la diosa pudiera echarse encima de ella, Percy avanzó gritando y blandiendo su espada. Todavía se sentía tan sólido como un pañuelo de papel, pero su ira pareció ayudarle a moverse más deprisa.

—Siempre funciona eso —asintió Jason 

—Exacto, es lo que estamos esperando, que te enojes —asintió Travis

—Tal vez después no quieran verlo —murmuró Percy 

—Así es más fácil que se le ocurra un plan —dijo Rachel 

—¡Eh, Feliz! —gritó.

Aclis se giró y soltó el brazo de Annabeth.

—¿Feliz? —preguntó.

—Suena como si le estuvieras hablando a un perrito —dijo Connor

—Un perrito que no era muy feliz —dijo Percy 

—Un perrito chihuahua gruñón —asintió Annabeth 

—No creo que le guste que le digan así —señaló Apolo

—¡Sí! —él se agachó cuando ella trató de asestarle un golpe en la cabeza—. ¡Eres la alegría de la huerta!

—¡Arggg!

—Que feo insulto —dijo Leo 

—Sí era la alegría de la huerta —asintió Percy 

—Debió sentir que le hablaban con groserías —señaló Hermes 

—Probablemente —dijo Annabeth

Ella volvió a abalanzarse sobre él, pero estaba desequilibrada. Percy dio un quiebro y retrocedió, y consiguió apartar a la diosa de Annabeth.

—¡Simpática! —gritó—. ¡Encanto!

—Sabes cómo hacer enojar a una diosa, Percy —bromeó Thalia 

—He tenido años de práctica —dijo Percy 

—Cada día mejoras más —asintió Piper 

—Pongo todo mi empeño en eso —comentó Percy 

—Dios mío —suspiró Sally 

La diosa gruñó e hizo una mueca. Fue a por Percy dando traspiés. Cada cumplido parecía un puñado de arena en su cara.

—¡Os mataré despacio! —gruñó, mientras le chorreaban los ojos y la nariz, y le goteaba sangre de las mejillas—. ¡Os haré picadillo como sacrificio a la Noche!

—No me gusta ser sacrificio, gracias —dijo Percy

—Mejor que arme otro plan —dijo Leo 

—Si no es mucha molestia — asintió Percy 

—Espero que puedan salir de ahí en cuanto antes —dijo Artemisa 

Annabeth se levantó con dificultad. Empezó a hurgar en su mochila, buscando algo que pudiera serle útil.

Percy quería brindarle más tiempo. Ella era la lista. Era preferible que él recibiera el ataque mientras ella pensaba un plan brillante.

—Lo intentaba —dijo Annabeth —pero tienes toda la razón, era difícil pensar siendo humo

—Muy difícil— asintió Percy —además el lugar no era el adecuado 

—Definitivamente tampoco ayudaba —dijo Annabeth 

 —Y la mochila no creo que tenga algo que los pueda ayudar —comentó Frank 

—¡Adorable! —gritó Percy—. ¡Tierna y abrazable!

Aclis emitió un gruñido de asfixia, como un gato que sufre un ataque.

—Era un gato muy horrible —dijo Percy 

—¿No era un perro? —preguntó Leo 

—Era un gato perro —dijo Percy 

—Eso tiene mucho sentido —comentó Travis 

—¡Una muerte lenta! —gritó—. ¡Una muerte provocada por mil venenos!

Alrededor de la diosa empezaron a crecer plantas venenosas que estallaban como globos demasiado llenos. 

—Eso se pone cada vez peor —dijo Poseidón con una mueca

—Y al parecer todavía falta bastante del capítulo —comentó Apolo amablemente 

—Muchas gracias Apolo, tú también eres la alegría de la huerta —dijo Poseidón secamente

—Lo sé —asintió Apolo 

Salió un chorrito de savia verde y blanca que se acumuló en el suelo y empezó a correr hacia Percy. Los gases de olor dulzón lo aturdieron.

—¡Percy! —la voz de Annabeth sonaba lejana—. ¡Eh, Señorita Maravilla! ¡Salerosa! ¡Sonrisitas! ¡Aquí!

—Sonrisitas —repitió Leo riendo 

—Si algún día tengo una mascota, le voy a poner ese nombre —dijo Piper 

—Sería un nombre maravilloso —asintió Percy 

—Yo quiero un perrito —coincidió Helena 

—Y ya está el nombre perfecto —dijo Leo 

Sin embargo, la diosa del sufrimiento estaba centrada en Percy. Él trató de retroceder otra vez. Lamentablemente, el icor venenoso fluía ya por todas partes y hacía que el suelo echara vapor y el aire quemara. 

—Eso complica un poco las maniobras —dijo Piper

—Como si no fuera lo suficientemente complicado al ser humo —resopló Percy 

—Todavía parecías aguantar unos cuantos retos —señaló Thalia 

—Pues gracias —resopló Percy 

Sally hizo una mueca 

Percy se vio atrapado en un islote de tierra apenas más grande que un escudo. A pocos metros de distancia, su mochila empezó a echar humo y se deshizo en un charco de sustancia pegajosa. Percy no tenía adónde ir.

—Lo que más me dolió fue mi mochila —se quejó Percy 

—A nosotros nos preocupa que el veneno te está alcanzando — comentó Rachel 

—El veneno solo es una construcción social —bromeó Percy 

—No lo creo —dijo Reyna 

Cayó sobre una rodilla. Quería decirle a Annabeth que huyera, pero no podía hablar. Tenía la garganta seca como hojas marchitas. Deseó que hubiera agua en el Tártaro: un buen charco en el que pudiera meterse para curarse o un río que pudiera controlar. 

—Sí, pero no son exactamente los ríos que necesitas —dijo Thalia 

—Pero tal vez podría funcionar —dijo Jason 

—Era mejor que nada —asintió Percy 

—Eso definitivamente era así —coincidió Bianca 

Se habría conformado con una botella de Evian.

—Alimentarás la oscuridad eterna —dijo Aclis—. ¡Morirás en brazos de la Noche!

Él era vagamente consciente de que Annabeth estaba gritando y lanzando trozos de cecina de drakon a la diosa. 

—Era lo único que tenía a la mano —dijo Annabeth algo avergonzada

—No juzgamos armas en situaciones desesperadas —dijo Chris 

—Un buen cecinazo en el rostro puede hacer la diferencia —coincidió Piper 

—Nunca sabes qué es lo que va a funcionar —señaló Rachel 

—Eso es cierto —dijo Annabeth

El veneno verde blanquecino seguía acumulándose, y pequeños chorros salían de las plantas mientras el lago venenoso se extendía más y más a su alrededor.

«Lago —pensó—. Chorros. Agua».

—Ajá, pero no tienes de donde agarrarlo —dijo Rachel 

—Pero podría funcionar como en el rancho de Gerión ¿no? —preguntó Will 

—Pero ese rancho no estaba taaan al fondo —comentó Hazel 

—Y había conchas marinas —señaló Reyna 

—Pero ahí también puede haber agua —dijo Calipso 

—Bueno, como son flores básicamente es algo biológico y lo biológico está compuesto por agua —asintió Zoé

Probablemente el cerebro se le estuviera friendo debido a los gases venenosos, pero soltó una risa. El veneno era líquido. Si se movía como el agua, debía de ser en parte agua.

Sally hizo una pausa, todos lo voltearon a ver con los ojos abiertos. Percy se sonrojó 

—Pues sí, pero ¿cómo podría funcionar si no es agua salada? —preguntó Katie 

—Pero el agua de mar solo tiene sales de más y sus poderes van con el agua, no con el mar —señaló Zoé 

—No te entendí, pero te voy a creer —dijo Lena 

Recordó haber oído en una clase de ciencias que el cuerpo humano estaba compuesto en su mayor parte de agua. Recordó haber extraído agua de los pulmones de Jason en Roma… Si podía controlar eso, ¿por qué no también otros líquidos?

—Bueno sí, tiene sentido —asintió Jason 

—Pero si vamos a eso, entonces básicamente podrías manejar todo aquello que tuviera agua —dijo Thalia 

Percy se sonrojó más 

A Zeus no le gustaba hacia donde estaba llevando este capítulo, había soportado muchas cosas de ese niño, pero que empezara a usar sus poderes en algo que podía representar un peligro…

Era una idea disparatada. Poseidón era el dios del mar, no de todos los líquidos del mundo.

Por otra parte, el Tártaro tenía sus propias reglas. 

—Reglas muy raras —asintió Miranda

—Entonces si lo hicieras, ¿no funcionaría aquí? —preguntó Bianca 

—No lo sé —murmuró Percy 

Se podía sentir la expectación de todos en la sala, algunos más preocupados que otros 

El fuego se podía beber. El suelo era el cuerpo de un dios siniestro. El aire era ácido, y los semidioses se podían convertir en cadáveres de humo.

Así pues, ¿por qué no intentarlo? No tenía nada que perder.

—Y mucho que ganar —dijo Thalia 

—Ay dioses —Percy se puso nervioso, en realidad no le importaba lo que dijeran los dioses, sabía que de cualquier manera armarían su drama, pero sí le importaba lo que pensaran sus amigos, su familia, no quería que lo vieran diferente, ni que los asustara como lo hizo ese día con Annabeth 

Miró el torrente de veneno que lo rodeaba por todas partes. Se concentró tanto que algo en su interior se quebró, como si una bola de cristal se hubiera hecho añicos en su estómago.

Sally suspiró temblorosamente.

Poseidón hizo una mueca, a él sí le preocupaban las reacciones de sus hermanos, además esa parte que su hijo sintiera como si se hubiera roto algo le preocupaba, ¿qué pasaba si era demasiado para soportar? ¿Si eso le quitaba algo de su bondad?

Ellos habían tomado tanto a la fuerza de él, que ¿cómo no lo haría? 

Se rompería algo demasiado importante para curarlo 

Un calor recorrió su cuerpo. La ola de veneno cesó.

Los gases se alejaron de él y retrocedieron hacia la diosa. El lago de veneno corrió hacia ella en pequeñas olas y riachuelos.

—Oh dioses —murmuró Hazel 

A pesar de que sabían lo que podía pasar, todos miraron sorprendidos a Percy, las implicaciones de ese poder eran increíbles, pero él no miraba a ninguno de ellos 

Algunos de los dioses se removieron inquietos ante esa demostración de poder 

Aclis chilló.

—¿Qué es esto?

—Veneno —dijo Percy—. Es su especialidad, ¿no?

—Ella lo dijo —murmuró Katie

—Creo que se arrepintió en ese momento —dijo Rachel 

—Era hora de cambiar de especialidad —señaló Will

Se levantó mientras la ira ardía cada vez más en sus entrañas. A medida que el torrente de veneno corría hacia la diosa, los gases empezaron a hacerla toser. Los ojos le empezaron a llorar todavía más.

«Bien —pensó Percy—. Más agua».

Los chicos estaban totalmente impresionados, “¿El Tártaro podía cambiar a alguien?” Era una pregunta que se hacían, obviamente sabía que en realidad no lo había cambiado, pero en ese momento…

Bueno, todos lo habían visto pelear, algunos de ellos lo habían visto con la maldición de Aquiles acabando con un ejército prácticamente él solo

Estar en ese momento viendo como hacía retroceder a una diosa, debió ser una visión tan alucinante como aterradora

Se imaginó la nariz y la garganta de la diosa llenándose con sus propias lágrimas. Aclis se atragantó.

—Yo…

Definitivamente no podían arriesgarse, Las Moiras decían que los niños del futuro eran la amenaza, por la supuesta Profecía, pero ¿que iban a saber ellas si no estaban oyendo esto? 

Perseo era la verdadera amenaza, ahora y siempre, pero ¿solucionaría algo matándolo ahora? Ni siquiera era de esa línea temporal.

Era algo de lo cual ya había tomado la decisión, tenía que hacer algo más permanente, ¿habían venido para que el futuro cambiara?

Bueno, iba a cambiar 

La ola de veneno llegó a sus pies y chisporroteó como gotas sobre un hierro caliente. Ella gimió y retrocedió dando traspiés.

—¡Percy! —gritó Annabeth.

—Nunca pensé que papá fuera capaz de asustar de esa manera a una diosa —susurró Zoé a su hermano, tenía los ojos muy abiertos 

—Lo sé —murmuró Charles tragando saliva 

Se había retirado al filo del precipicio, aunque el veneno no la perseguía a ella. Parecía muy asustada. Percy tardó un instante en darse cuenta de que era él el que la asustaba.

Annabeth apretó más fuerte la mano de su novio

La voz de Sally se escuchaba igual de conmocionada mientras seguía leyendo, sabía que su bebé era poderoso, pero esto era más de lo que imaginó 

—Lo siento —dijo Percy en voz baja, solo para Annabeth 

—Está bien —respondió Annabeth con un ligero escalofrío al recordar la escena 

—Para… —suplicó, con voz ronca.

Él no quería parar. Quería ahogar a la diosa. Quería presenciar cómo se ahogaba en su propio veneno. Quería ver cuánto sufrimiento podía aguantar la diosa del sufrimiento.

Esa fue la gota que colmó el vaso

Sabía lo que había pensando antes, lo que hiciera probablemente no importaría todavía, pero estaba tan enojado, ¿qué un mortal se atreviera a lastimar a una diosa? ¿A alguien mucho más arriba que él? Era una ofensa terrible

Así que lanzó el rayo con una precisión mortal, por un segundo todos se quedaron congelados, el humo de la descarga impedía la vista…La onda de choque fue demasiado intensa que muchos de los demás dioses se apuraron a proteger a los suyos. Ni siquiera sabían por qué fue así, si los dioses estaban en tamaño humano

Cuando el humo se disipó, estaba el dios del mar deteniendo el ataque con su tridente, había estado esperando el movimiento, sabía lo dramático que era su hermano. 

—¿Estás bien? —preguntó Sally a Percy con el pánico en su mirada

Percy asintió aturdido. Volteó a ver a Annabeth y luego a los demás chicos, enfocando su mirada en Charles y Zoé, pero parecían estar ilesos.

Luego con horror se dieron cuenta que la onda expansiva fue tan fuerte que Poseidón tenía un pequeño rasguño en la mejilla del que goteaba icor que caía al suelo, ¿entonces por qué todos salieron ilesos? 

—Zeus, no era necesario llegar a este punto —dijo Poseidón con tranquilidad

—¿No era necesario? —masculló Zeus —acabas de escuchar lo que le hizo a uno de nosotros

—Sí, pero ¿no hemos tenido nosotros la culpa? Están en ese lugar por ayudarnos…

Antes de que pudiera seguir Atenea lo interrumpió, sus ojos se veían oscurecidos —Padre, pudiste lastimar a mi hija 

Todos miraron con sorpresa, incluída la propia Annabeth 

—Un efecto colateral —respondió Zeus 

—¿Estás de broma? —gruñó Hades —¿Que habría pasado si no los protegemos?  Los habrías lastimado a todos 

—Son solo unos niños —dijo Hestia 

Zeus resopló ante el dramatismo de sus hermanos, como si no hubieran escuchado la lectura. Todos parecían tan preocupados por esos mocosos, incluida Atenea, su orgullo ¿qué demonios le pesaba? Miró a todos los demás dioses, a su esposa, a Ares, pero incluso ellos no parecían muy seguros de lo que estaba pasando, como si no avalaran el comportamiento de Zeus.

—¿Piensan poner en peligro el Olimpo por unos niños? 

—Pero es que no son solo unos niños —preguntó Artemisa —. Nosotros los hemos llevado a esto, ¿no sería mejor tenerlos de nuestro lado que en nuestra contra? 

—No necesito a ningún mortal —resopló Zeus—. Este niño ni siquiera debería estar vivo…

—Entonces has el trabajo —respondió Percy levantándose —pero no seas un cobarde y utilices poderes…

—Percy, cállate —dijeron Sally y Annabeth al mismo tiempo

—Resuélvelo —dijo Percy mirando fijamente al rey de los dioses —. Tengamos un duelo 

—No lo hagas —pidió Zoé 

—No me voy a rebajar a pelear contigo —gruñó Zeus

—Eres un cobarde —respondió Percy 

Zeus volvió a amenazar, pero estaba vez no apuntó a Percy. Annabeth y Sally estaban muy cerca de él, pero su mirada se fijo en Charles y Zoé.

Percy reaccionó —No te atrevas a amenazarlos

Antes de que pudiera hacer algo, la tierra tembló y todas las fuentes de agua en el Olimpo explotaron con un crujido terrible, el agua parecía encontrar el camino directo a la sala, empapando a todos, pero no considerándolos una amenaza, el agua se arremolinó en torno a Percy, lista para ser una amenaza

Y como en un irónico giro del destino mientras Percy controlaba el agua las gotas de icor se alzaron dejando a todos mirando con sorpresa, Percy no pareció darse cuenta, pero Zeus vaciló un poco.

—Esto es estúpido, no me rebajaré a tu nivel —masculló Zeus

—Padre, debes entender. Si no hacemos algo no importa cuantas generaciones de semidioses vengan, algún día van a ir contra nosotros —señaló Artemisa 

Zeus resopló, pero no dijo nada y salió muy digno de la sala

El agua cayó con fuerza en la sala

—Gracias por el baño gratis —masculló Thalia 

—Para la otra, ¿te podrías callar cuando te amenazan? —preguntó Sally 

—Lo siento —dijo Percy 

Todos se miraron para asegurarse que estaban bien, los dioses estaban incómodos, la muestra de poder fue absoluta y no les gustaba que algo así pasara, pero en un futuro ya habían intentado acabar con los semidioses y no funcionó, solo alimentó su ira

¿No era mejor tener esa clase de poder de su lado, por lealtad y no por deber? 

Además eran sus hijos, ¿por qué seguir por ese camino? 

Las emociones estaban demasiado altas en la sala, por lo que no terminaron la lectura, pero tampoco hablaron de lo sucedido

La lectura continuó a la mañana siguiente, los dioses estaban tensos entre ellos 

—Por favor, Percy…

Annabeth todavía tenía la cara pálida y cadavérica, pero sus ojos eran los de siempre. La angustia que se reflejaba en ellos apagó la ira de Percy.

—Obviamente, de eso se trata el amor —asintió Afrodita

—Supongo que es una manera de decirlo —dijo Apolo 

Percy le sonrió a su novia

Se volvió hacia la diosa. Consiguió que el veneno retrocediera a fuerza de voluntad y que creara un pequeño sendero de retirada a lo largo del precipicio.

—¡Lárguese! —gritó.

Para ser un demonio demacrado, Aclis podía correr muy rápido cuando quería. 

—Voy a ser muy sincero, yo también lo haría —dijo Connor 

—No necesitan decírmelo dos veces —coincidió Leo

—No me quedaría ahí para volverte hacer enojar —dijo Miranda

—Nadie —dijo Travis

Avanzó con dificultad por el sendero, cayó de bruces y volvió a levantarse, gimiendo mientras se internaba en la oscuridad a toda velocidad.

—¿Ya cuál dignidad queda? —preguntó Katie 

—En su prisa por correr, se cae. Qué feo —dijo Piper

—No juzgo porque perfectamente podría ser yo —comentó Leo

—También yo —asintió Frank 

En cuanto hubo desaparecido, los charcos de veneno se evaporaron. Las plantas se marchitaron, se convirtieron en polvo que se dispersó en el aire. Annabeth se dirigió a él dando traspiés. Parecía un cadáver envuelto en humo, pero se sintió bastante sólida cuando agarró los brazos de Percy.

—Eso es algo bueno —dijo Thalia 

—Sí, no habría sido divertido que no nos pudiéramos tocar —dijo Percy

—Obviamente no —señaló Piper 

—Percy, por favor, no vuelvas… —la voz se le quebró y sollozó—. Hay cosas que se deben controlar. Por favor.

—O sea que ya ni hablamos de controlar otras cosas en el cuerpo humano —dijo Zoé 

Annabeth la miró con incredulidad —Por supuesto que no 

—Esa mente me preocupa —bromeó Thalia 

—Yo esperaba esa pregunta de Bianca, de Lena, pero no de ti —comentó Leo 

—Esos son prejuicios —señaló Bianca muy digna

—Exacto, yo soy capaz de hacer ese tipo de pregunta —dijo Zoé —por eso no me dieron poderes, sabían que era mucho ambiente para los poderes

—Un peligro para la sociedad —señaló Charles

Annabeth miró a Percy con una ceja enarcada

El cuerpo entero de Percy hormigueaba de la energía, pero su ira estaba disminuyendo. El cristal roto de su interior estaba empezando a pulirse en los bordes.

—Sí —dijo—. Vale.

—Tenemos que largarnos de este precipicio —dijo Annabeth—. Si Aclis nos ha traído aquí para sacrificarnos…

—De nada serviría todo lo que pasó —señaló Poseidón 

—Y es mejor que ya no sigan ahí —dijo Hermes 

—Obviamente no —comentó Apolo 

Percy trató de pensar. Se estaba acostumbrando a moverse con la Niebla de la Muerte a su alrededor. Se sentía más sólido, se sentía más él mismo, pero todavía notaba la cabeza como si la tuviera llena de algodón.

—Efectos secundarios de la Niebla y del poder que usaste —señaló Perséfone

—Eso podría ser cierto —murmuró Percy 

—No están en condiciones de enfrentarse a algo más —dijo Poseidpon 

—Dijo que alimentaríamos a la noche —recordó—. ¿A qué se refería? 

La temperatura bajó. El abismo que se abría ante ellos pareció espirar.

—¿Para qué preguntaste? —dijo Leo negando con la cabeza

—Mi error —admitió Percy con una mueca

—En ese lugar no se pueden andar preguntando cosas —murmuró Nico 

—Lo sé —suspiró Percy 

Percy agarró a Annabeth y retrocedió del borde cuando una presencia emergió del vacío: una figura tan enorme y tenebrosa que Percy entendió el concepto de «oscuro» por primera vez.

—Me imagino —dijo la oscuridad, con una voz femenina suave como el forro de un ataúd— que se refería a la Noche, con mayúscula. Después de todo, soy la única.

Nico palideció considerablemente y agarró más fuerte la mano de Will —Dioses

—Ustedes no salen de una cuando ya están en otra —suspiró Apolo

—Es como nuestro don —asintió Percy

La sala seguía tensa después de lo de ayer, obviamente las tensiones estaban en lo máximo, los chicos ya estaban acostumbrados a esta manera, aunque los dioses esta vez estaban de su lado.

Para Zeus esto era nuevo, este silencio de incluso los traidores que creía de su lado, era como una admisión de una guerra silenciosa.

Una guerra que por primera vez no estaba seguro de poder ganar



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