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Oculta

Summary:

Keitaro Yasuda es una chica de 14 años que deambula por la calles de Tokyo buscando defender a las chicas de acosadores o pervertidos; Adoptando una constante imagen de chico logra vencer a sus oponentes sin que estos la subestimen por ser mujer, gracias a ello es reconocida en poco tiempo ganándose el nombre de "La sombra Kei".
Dado un suceso inesperado su camino se cruza con la creciente pandilla Tokio Gang.
¿Podrá esta chica decir la verdad ante estas personas? ¿Serán capaces estos chicos de entrar en su corazón? Y más aún, ¿podrá ella vencer sus demonios?

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Capítulo 1: ¿Eres tú?

Chapter Text

"Es demasiado" "por favor, no más" "no puedo soportarlo". Esas palabras se repetían en mi mente una y otra vez, sin detenerse... solo quería desaparecer. La vida se me iba por los ojos y no era capaz de hacer nada para solucionarlo; lo único que mi mente podía pensar era "alguien, por favor ayúdeme" mientras mi alrededor solo se hacía más difuso y pequeño, hasta que ya simplemente despierto bañada en un mar de sudor con la cara empapada de amargas lagrimas que no paraba de salir. Llevo las manos a mis ojos mientras las lágrimas se cuelan por mis dedos sin detenerse. Con rabia las esparzo tratando de eliminarlas, pero no funciona y un grito ahogado de frustración se escapa por mi garganta ¿por qué simplemente no desaparecían? ¿Por qué el recuerdo me persigue hasta en mis sueños? Trato de regular mi respiración, pero pareciera que el aire se me va apenas este ingresa a mis pulmones, mi cuerpo tiembla, tengo frío a pesar de que sea otoño y las temperaturas aun no bajaran. Con la cabeza contra mis rodillas, mi respiración se fue regulando y poco a poco las lágrimas dejaron de salir.

Una vez tranquila y con el cuerpo despejado gracias al agua de una corta ducha, miro la ventana. Al no ver luz asumo que falta para el amanecer, el despertador marca las 4:50 de la mañana por lo que con todo el silencio que puedo lograr me visto y tomo las llaves de la casa para poder correr antes del inicio de clases. Las calles son muy tranquilas a estas horas de la mañana, si bien mi barrio no es el más seguro de la cuidad no era algo de lo cual preocuparse realmente. Mientras aumentaba la velocidad de mis zancadas el sol comenzaba a iluminar la ciudad, las personas comenzaban a ir a sus trabajos y el sonido comenzaba a inundar el lugar. Cuando mi reloj de muñeca dio las 6:30 regresé a casa siendo recibida por mi abuela preparando el desayuno.

— Buenos días, abuela. — dije al entrar en el comedor para dejar un beso en su cabeza.

— Buenos días, Kiki-chan. — responde mostrándome su siempre cálida sonrisa. — siéntate y come tu desayuno, sé que no comiste antes de salir.

Sin rechistar me siento frente a ella a pesar de estar sudada. Le resto importancia ya que puedo bañarme al terminar, si algo era sagrado para mí, eran los desayunos junto a ella; después de todo es toda la familia que me queda.

El desayuno me ayuda a reunir fuerza y el baño me deja renovada para poder soportar lo estresante de la secundaria. Los mismos pantalones, la misma camisa y chaqueta; nada cambia, todos los días lo mismo, pero supongo que de alguna u otra forma esto es mucho mejor que llevar falda, el único problema son las clases de gimnasia; al ser autorizada a utilizar el uniforme masculino debo usar por defecto los baños de chicos, lo más incómodo son las clases deportivas cuando necesito usar las duchas, debo esperar a que todos se vayan o en ocasiones extremas usar el baño de profesores, lo cual no tengo permitido, pero mientras no se enteren no tendré problemas, por lo menos me es tolerable. Todavía recuerdo cuando mi abuela fue al colegio para que me permitieran llevar el uniforme de hombre, no fue hasta que amenazó con denunciarlos que aceptaron, después de todo a una escuela pública no le vienen bien las demandas para obtener el dinero del gobierno.

Desde la muerte de mi padre muchas cosas cambiaron, si bien son muy pocos los recuerdos que tengo de él, cuando tenía 5 años murió en un accidente. mi abuela nunca quiso darme detalles sobre el asunto, pero gracias a las fotos puedo recordar su cara. El vivir con mi abuela me hizo conocer lo que era ayudar en lo posible en la casa, a esa corta edad siempre iba detrás de ella repitiendo sus actos, si ella limpiaba, yo tenía otro paño para limpiar, si barría el suelo, yo tenía otra escoba pequeña. Quizás nunca hice mucho, pero el sentir que podía ayudarla y ser útil era lo que me hacía feliz.

...

El camino a la escuela fue rápido y sin contratiempos, nunca me importaron realmente los estudios, solo quiero dar alegrías a mi abuela y rendir bien en la escuela es el camino fácil para ello; siempre en los primeros puestos o por lo menos eso intentaba. Mientras me ubicaba en mi puesto en la fila del medio apoyé mi cabeza en ambos brazos haciendo una almohada improvisada, las personas de mi salón me conocían -ya siendo el 2do trimestre sería raro que no lo hicieran- solo que prefería no hacer amigos, los chicos son invasivos y con las chicas no tenemos los mismos pasatiempos, simplemente me limito a vagar por los pasillos, dormir en las escaleras o estudiar en los tiempos libres, no es que no quiera ser amigos o sea una asocial, pero prefiero preocuparme de otras cosas.

La escuela pasó rápido, cuando menos lo pensé ya estaba sonando la campana que anunciaba el fin de clases y como siempre comencé mi recorrido por el distrito de Shibuya tranquilamente, hasta que vi la escena que suponía encontraría en las calles. Un chico de unos 18 estaba molestando a unas chicas de mi escuela. No las había visto así que suponía que eran de un curso superior, por lo que podía escuchar ellas lo estaban rechazando y el tipo no cedía.

— ¡Eh! Bastardo, estás molestando a las señoritas. — le dije en alto para que notara mi presencia.

Ambas chicas al notarme me vieron con una clara señal de auxilio.

— ¿Cómo fue que me llamaste, enano? ¿Quieres que te dé una lección para que sepas cuando dejar de meterte en lo que no te llaman, mocoso? — el chico quien obviamente se puso a la defensiva comenzó a avanzar hacia mi, mientras decía un montón de cosas que la verdad me importaba poco escuchar.

Con la fuerza suficiente y cuando ya estuvo a unos pasos, mi puño cayó directo en su nariz ocasionando que cayera el suelo del impacto y con lágrimas en los extremos de sus ojos se afirmaba la zona que liberaba una cantidad sugerente de sangre.

— ¿Qué era lo que decías, bastardo? ¿No estabas tan ansioso de enseñarme donde meterme? — dije mientras intentaba acercarme, pero con la mano que no afirmaba su nariz se arrastraba tratando de alejarse. — ¿Qué pasó? ¿Eres un gallina? Si te vuelvo a ver molestando chicas te voy a matar, ¿escuchaste?

Cuando dejé de avanzar y dije mis últimas palabras el chico asintió un par de veces asustado, apenas logró ponerse de pie se paró para irse corriendo, cuando sabía que no volvería miré a las chicas.

— ¿Están bien? — les di mi mejor sonrisa para que estuviesen tranquilas.

— Si, Kei-chan, gracias — dijo una de ellas ya más relajada, su compañera parece haberse llevado la peor parte, pues todavía estaba pálida y no me miraba.

No me era sorpresa que las chicas de secundaria supieran mi nombre, ya que una o dos veces al día sorprendía algún mal nacido molestando a estudiantes, supongo que la voz se corre, algunas solo me dicen Kei, es el nombre por el cual me conoce en su mayoría la población femenina.

— Lamento que hayan tenido que ver eso y pasar por esto tan desagradable, pero por lo menos ese chico no las volverá a molestar y si lo hace, no duden en decirme.

— Si no hubieses pasado por aquí, no sé que habría pasado. — dice su amiga aparentemente recuperando sus sentidos. — las personas normalmente no hacen nada cuando pasan estas cosas. — sus ojos se veían perdidos, sabía lo que se sentía la desprotección y entendía por lo que estaba pasando.

Luego de conversar un momento con ambas y al darme cuenta de que se encontraban mejor, les di un caramelo a cada una, de esos que siempre llevo en mis bolsillos, para que se sintieran mejor y seguí con mi camino.

Llegué a un parque vacío por lo que aproveché de recostarme en la pasto a ver las nubes, la verdad era que el día estaba hermoso, el otoño había llegado y los colores anaranjados resaltaban en los árboles, pequeños colchones de hojas crujientes eran lo suficientemente cómodos para poder dormir por unas horas sin interrupción, hasta que un agudo y pequeño llanto llena el silencio del lugar, me levanto algo irritada para ver lo que había sucedido y veo una pequeña llorando junto a los juegos del lugar.

— ¿Te lastimaste, pequeña? — le pregunto a la niña acercándome a ella, pero no lo demasiado para no asustarla.

— Si, estúpido ¿qué no ves que hay sangre? — dice la dulce pequeña a lo que yo quedo estático, mucho carácter en un cuerpo tan pequeño.

— Bueno, la verdad es que soy una chica. — la niña me mira extrañada y sin poder creerlo. — sip, mi voz es suave y aquí hay bubíes. — digo abriendo un poco la camisa para que viera mis vendas mientras sonreía burlonamente, intentando distraerla para que dejase de llorar. — así que tienes que decirme estúpida no estúpido.

— Eres rara, ¿por qué vistes de niño? — dice ya sin llorar, antes de responder le ofrezco un dulce.

— Con eso se te pasará el dolor del raspón.

— No puedo recibir cosas de desconocidos, eso dice mi hermano. — dice mirando el dulce con adoración, obviamente su expresión contradice sus palabras.

— Tu hermano es una persona muy inteligente. — digo mientras asiento. — mi nombre es Yasuda Keitaro, un placer, me comeré otro dulce contigo para que veas no tienen nada malo.

La pequeña toma el dulce y me pregunta.

— Si eres una chica, ¿por qué tu nombre y ropas son de chico? Eso no tiene sentido. — confundida mientras se mete el dulce en la boca.

— Pues verás, mi mamá quería un niño y quería ponerle ese nombre, pero ella se fue al cielo cuando yo nací y mi papá quiso conservar el nombre, así siempre iba a estar con ella. — le expliqué un poco de mi vida, la verdad es que hablar con niños siempre es relajante, siempre y cuando no griten mucho.

— Mm... eso es muy bonito, mi mamá también me puso mi nombre. — dice orgullosa. — me llamo Mitsuya Mana.

— Ese es un nombre precioso, tu nombre significa amor, Mana-chan. — ella se balancea sobre sus pies orgullosa de su nombre a lo que yo solo rio.

— No me dijiste porqué te vistes de niño. — dice ella volviendo al tema, pero al ver que nadie viene por ella con lo pequeña que es, quizás deba preocuparme.

— Esa será una historia para otra vez, ¿te parece? – la chica asiente con una sonrisa. — ¿Con quién saliste Mana-chan? Es peligroso que estés sola por la calle.

— Lo sé. — dice mientras infla sus cachetes. — pero mi hermano se estaba demorando mucho en la tienda y mi hermana no quería jugar conmigo, y a veces venimos a este parque así que me fui.

Esta niña sin duda tiene más carácter del que aparenta, pero su hermano debe estar preocupado.

— Vamos a buscar a tu hermano Mana-chan, debe estar muy preocupado, yo lo estaría si no encontrara a mi hermana pequeña. — ella me mira como si estuviese considerando la idea, pero termina asintiendo.

Tomo su mano y levantándome comenzamos a caminar por donde la pequeña me indicaba para llegar a la dichosa tienda. La caminata duró unos minutos antes de poder divisar el local, en el camino Mana-chan me habló de su hermana y sobre sus amigos de la escuela, tengo que reconocer que es un amor de niña. Al dar vuelta en la calle puedo distinguir a un joven hablando enérgicamente con el guardia del lugar.

El chico de cabellos color malva desvía la mirada del guardia cuando escucha el grito de su hermana llamándolo mientras corre en su dirección, el chico deja al guardia corriendo y toma en sus brazos a su hermana levantándola en el aire, la mira con mucha angustia y preocupación, pero en ningún momento le grita, solo la abraza y la revisa en busca de heridas, cuando ya estoy junto a ellos hablo para hacer presencia.

— Te dije que estaba preocupado Mana-chan. — ella asiente mientras aparta la mirada avergonzada.

— Lo siento, hermano, no volveré a irme. — dice para volver a abrazarlo.

— Gracias por traerla, la busqué por todas partes. — dice para luego volver a mirarla, deja a la pequeña en el suelo y deja una mano en la cabeza de la menor, mientras ella abraza su pierna.

— Kei-chan me dijo que tenía que volver, porque estabas preocupado... es una chica, aunque no lo parezca, yo no le creía hasta que me dijo que tenía bubíes. — cuando la pequeña dijo lo último el chico se avergonzó como si las palabras de la pequeña me ofendieran. — es muy rara, pero dijo que otro día me contaría porque se viste así, ¿cierto, Kei-chan?

— Tienes toda la razón, te lo diré la próxima vez que nos veamos. — la pequeña salta feliz mientras yo sonrío al verla. — pero no debes causarle problemas a tu hermano, ¿lo prometes?

Inflando sus mejillas asiente estando de acuerdo, acerco mi meñique a ella para que cierre la promesa y lo hace gustosa.

Le entrego otro dulce. — para el camino. — con una sonrisa miro al chico que había estado callado mientras hablaba con la pequeña. — para ti también hay uno, para que pases la preocupación. — le entrego el dulce y me despido de ellos, a lo que ellos responden con una despedida.

No alcancé a dar más de dos pasos cuando puedo ver frente a mi un grupo de una pandilla, creo que son 5 y detrás de ellos el bastardo que había acosado a mis sempais.

— Eh, a ti te estábamos buscando, desgraciado. — dice el que asumo que es el líder mientras tronaba sus dedos. — nadie se mete con nuestra perra y queda sin castigo.

Miro a Mana y su hermano, el panorama no será bueno y no quiero que vean algo así.

— Salgan de aquí, es peligroso. — el peli malva se encontraba consternado, supongo que no está acostumbrado a verse en estas situaciones.

Le escuché al chico de ojos lila murmurar algo a la pequeña Mana, pero mi concentración se encontraba en los cabrones que tenía delante de mi, dejando mi bolso en el suelo me trueno los dedos, formando una siniestra sonrisa de satisfacción.

— No esperaba que este desgraciado se topara con "la sombra Kei". — escuché murmurar a uno del grupo.

— ¿Qué pasó, gallinas? ¿Ya se van a rendir? La diversión no ha empezado. — dije haciendo mi voz más gruesa.

Uno de los subordinados se acerca e intenta golpear mi rostro, lo evito sin dificultad y con rapidez pateo su costado haciendo que termine pegado a las murallas de una casa de junto.

— ¿Es todo lo que tienen? Que desperdicio de tiempo, pensé que sería más interesante. — al decir es palabras se acercaron dos de ellos tratando de mantener en alto su orgullo.

A los pocos segundos corrieron con la misma suerte que su primer compañero.

— Tú eres el líder, ¿no? — el chico de copete rubio solo levanta la vista intentando verse más intimidante, por ello asumo que estaba en lo correcto. — intenta darme más pelea que tu tropa de imbéciles. — de forma burlesca bostezo para luego volver a mostrar mi sonrisa ansiosa.

El sujeto se abalanza hacia mi lanzando un montón de golpes visiblemente más fuertes que los de sus compañeros, pero ninguno logra darme, ahí es cuando apunta a mi nariz y antes de que sea capaz de llegar me agacho, apoyo mis manos en el suelo y con el impulso le propino una patada con ambas piernas en su estómago dejándolo sin aire y haciendo que cayera sentado sobre su trasero. Estando de pie, le propino un puñetazo en su mejilla que lo deja en el suelo.

— Si alguno molesta, acosa o toca a una mujer sin su consentimiento como hizo su perra y llega a mis oídos, no los dejaré tan bien parados como ahora. — dije seria con una voz mucho más profunda que la que había usado antes.

Mi voz es muy suave usualmente, hasta las niñas dicen que es suave, con el paso de los años he aprendido a dominar los cambios de voces, por lo que cuando peleo intento que esta sea más ronca, pero en momentos así mi voz parece realmente grave o "masculina" y veo que causa un impacto en ellos porque dos de estos se estremecen, satisfecha me doy vuelta para seguir mi camino y me sorprendo al ver el hermano de Mana mirando todo el panorama.

— ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está Mana-chan? — digo realmente preocupada mientras me acerco a él.

— En la tienda de atrás con su hermana, pensé que esos tipos me buscaban a mí. — lo miro extrañada, tiene una perforación, pero eso no lo hace un delincuente y no se ve del perfil busca problemas, ¿por qué lo buscarían a él? — ¿Eres "La sombra Kei"?

— ¿Quién pregunta? — dije volviendo a poner el semblante serio.

Con cada palabra que salía de la boca del ojos lila, me confundía más, no lo entendía.

— Cuidado. — el chico pasa junto a mi y se lanza a golpear a alguien.

El líder del grupo al parecer se sintió ofendido por la derrota e intentó atacarme por la espalda, si el hermano de Mana no hubiese estado definitivamente me habría dado un buen golpe, el peli malva en dos golpes noquea al líder y lo deja en el suelo para luego decirle a su sequito que se lo lleven.

— Gracias por eso Hermanito-san, pero no necesitaba ayuda. — le sonrío después de mi sobrenombre algo sarcástico y tomando mi bolso levanto la mano como despedida. — despídeme a Mana-chan de mi parte.

Al llegar a mi casa el sol ya se había escondido y mi querida abuela me esperaba con una cálida cena.

— Llegué a casa.