Chapter Text
01.
Draco odiaba la situacion en la que estaba. El traje que su madre había elegido era asfixiante. Necesitaba un poco de aire, pero sabía que en el momento en el que se acercara a la ventaba del carruaje su padre no tendría piedad con su mano. Espió por sobre su libro a su madre, concentrada en su bordado, mientras que su padre parecía dormitar sobre su bastón. Pero eso no engañaba a Draco. Sabía que todo el mundo le estaba prestando atencion. Por alguna razón desde temprano en la mañana todo parecía ser más caotico de lo normal.
—Te romperás la cabeza si sigues pensando tan fuerte, hijo. —Comentó su padre mientras su madre se detenía un milisegundo en su bordado. Draco la conocía, sabía que una respiracion mal y ambos serían víctimas de las garras de su padre. Draco intentó dejar de pensar tan fuerte, a lo largo de lso años había aprendido que la tarea de no pensar no le resultaba particularmente fácil. —Debes comportarte, Draco, no nos hagas pasar verguenza.
—Jamás lo hago. —Protestó acomodando las alas de su sombrero. La vergüenza para su padre era cualquier situación en la que Draco estuviera involucrado. Pasaron vergüenza cuando Draco le dijo gracias a una sirvienta. Pasaron vergüenza cuando Draco le acomodó el saco a un importante miembro de la corte. Lo único que había Draco, para su padre, era hacerlos pasar vergüenza.
—Con acciones no, pero tienes una lengua afilada como espada y una mente inquieta com opotrilllo. Déjalas guardada y permite que los demás disfruten de la fiesta de cumpleaños tu prima.
El carruaje se detuvo. Draco fue el primero en bajar, como la etiqueta lo mandaba. Luego su padre ayudó a su madre a bajar y entre los tres se encaminaron al ridículo laberinto que su tia Andromeda había contratado para el cumpleaños de su prima.
02.
Draco se movió por el mar de gente saludando a las personas que estaba seguro que en sus diecisiete años de vida jamás había visto pero que decían que lo habían llevado en brazos cuando aún usaba pañales. Su padre había ido al estudio con los demás hombre mientras él debía quedarse con el resto de las personas. Tomó un canapé y lo metió en su boca, bajo la atenta mirada de su madre. Sus ojos claramente mandaban la señal de que sus manos debían mantenerse lejos de los postres.
Solamente quería volver a su mansión y quedarse bajo su árbol favorito leyendo. Ni siquiera tenía algo en mente para leer; cualquier cosa le vendría bien. Tomó otro trago del licor que ofrecían en charolas de plata y se fue alejando lentamente de la multitud de gente. Cuando quiso darse cuenta estaba sentado junto a la tía ‘Dora. Pobre mujer , pensó Draco mientras se acercaba a saludarla con un beso en la mejilla. La mujer rápidamente lo tomó del brazo y comenzó a hablar y divagar. Según su madre, su tía, había quedado mal de la cabeza cuando perdió el embarazo de su hija.
Cuando empezó a hablar de su hija perdida (y como hablaba con ella) y un conejo blanco con manchas marrones que por alguna razón llegaba tarde y que también se le había perdido, Draco no pudo dejar de pensar en las desgracias de terminar como su tía.
03.
El sol con el que había empezado el día de había ocultado y no parecía tener motivos para volver a salir. Dos brazos le tomaron por el costado y no pudo ocultar su susto. Cuando miro hacia los costados, pudo ver a dos seres insoportables a cada lado de él. Con una sonrisa su madre le permitió retirarse con ellos, la traicionera.
—Tenemos algo que decirte.
—Pero no te lo diremos.
—Porque es un secreto bien guardado.
—Le prometimos a madre que no te lo diríamos, pero todo el mundo lo sabe ya.
—Así que pensamos, ¿por que no preparalo mentalemtne desde antes?
—¿Qúe es lo peor que podría pasar?
Crabbe y Goyle comenzaron a reir como quinceañeras enamoradas. Draco estaba harto. Ya llevaba tres bailes con Pansy, cinco Blaise y uno con Riddle (con quien su madre prácticamente lo había lanzado). No estaba de humor para escuchar la farsa de gemelos que tenía enfrente. Dios santo ni siquiera eran familia directa por mucho que se parecieran, ¡solo eran unos inútiles que heredarían el negocio de papi!
Draco no heredaría nada de su padre. Quizá del primo de su madre, Regulus, habría algo guardado para él una vez cumpliera la mayoría de edad. Pero su destino aún no estaba escrito en piedra, en cualquier momento podría hacer algo malo y terminar en la calle. —Por los santos, ¿que es lo que quieren? —ladró dandose la vuelta.
—¡Tom te pedirá matrimonio esta tarde!
—Vincent, ¡no debías decirle, debía divinarlo!
El resto de la tarde Draco estuvo en un limbo intentando ignorar a todos en la fiesta. Pero no todo era un paseo por el bosque. Draco debía cumplir sus obligaciones como primer hijo. De todas formas Tom no era un mal partido… Por lo menos no era Slughorn. Si su padre se atreviera a siquiera pensar en hacer negocios con el viejo aquel, Draco, escaparía sin mirar atras. Estaba seguro de que su madre endentería.
04.
Draco estaba cayendo. No sabía en qué momento se había resbalado y caído. Lo único que sabía era que Tom había intentado llevarlo a un lugar secreto donde le mostraría algo. Y Draco estaba seguro que ese algo sería un anillo de bodas. Y eso era algo que si se le permitiera, lo evitaría a toda costa. Lo retrasaría lo más posible con tal de disfrutar un poco más de su libertad. ¿Su padre odiaría el escándalo que estaba haciendo? Definitivamente. Pero el hombre no le enfrentearía delante de todo el mundo; y una vez que llegaran acasa muy probablemente su padre no tendría poder sobre él otra vez (el hecho de que lo tuviera Riddle era otra cuestión que lo dejaría para más tarde).
Entonces había corrido, intentando zafarse del agarre de Tom. Y lo había logrado. Por suerte el hombre había decidio hacer la declaracion en un espacio privado. Aunque estaba seguro que la próxima vez no tendría tanta suerte. Pero eso era un problema para el Draco del futuro. Ahora estaba cayendo. Cayendo y cayendo sin poder parar en ningun momento. Entonces cerró lo ojos y pensó que todo era un sueño. Que en cualquier momento su madre le despertaría y le obligaría a vestir un horrendo sombrero de gala y asistir a la fiesta de compromiso de su prima.
Pero cuando abrio los ojos no estaba en su cama. No estaba ni siquiera en el maldito laberinto donde había dejado plantado a Tom. Ahora estaba parado frente a una mesa. Una maldita mesa con tres galletas y una taza de té. O Draco se estaba volviendo loco y terminaría internado en un manicomio como su tía ‘Dora o simeplmente estaba soñando y aún su madre no subía las escaleras hacia su habitacion.
05.
—¿Quien eres tú? —A estas alturas (luego de ser agrandao y encogido como si fuera un muñeco de trapo) ya no le sorporendia que una maldita oruga grosera le estuviera hablando. Al diablo con la oruga, al diablo con el sueño. Si su madre no le despertaba, lo haría el mismo. Costara lo que costara. Draco pasó de largo ignorando a la oruga que comía caramelos de un recipiente redondo. —¿Quien eres tú, muchacho? Es descortés ignorar a tus mayores.
Draco se dio la vuelta y miró a los ojos de la oruga. ¿Podía una oruga tener barba? Seguro. Pero no por ello era menos bizarra la imagen. —Draco, señor. Draco Malfoy.
—No pregunté tu nombre, muchacho, pregunté quien eres.
—Lo lamento señor, no entneidno.
—Nunca lo hacen. —La oruga le lanzó una envoltura de caramelo en la cara. Jamás había odiado tanto a un insecto. Quizá cuando despertara diseccionaría a un par de orugas solamente para vengarse. —Nunca nadie entiende nada.
—Solo quiero saber la salida de este lugar, señor . —Respondío Draco intentado olvidar el mal humor que le causaba el bicho. La oruga le dio la espalda y comnzó a comer otro caramelo.
—Todos quieren algo, siempre quieren algo. Albus, quiero caramelos. Albus, sálvanos por favor. Pero nunca un Albus, ¿estas bien? Albus, ¿quieres un té?
Draco no tenía la paciencia para soportar una vieja oruga gruñona. Simplemente se dio la vuelta y salio de allí. Si el viejo Albus no le daría la respuesta, bein podría conseguirla él solo.
