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—Zapatos nuevos, un regalo.
Chloe centró su atención en Red, que le sonreía ampliamente con el par de botas en mano, cortesía del pirata congelado en el suelo.
—Muchas gracias —dijo tomándolas gustosa, sonrió aún más al escuchar las quejas apenas entendibles en el fondo.
Aunque había perdido las zapatillas, se había divertido bastante con todo el asunto de recuperar el libro. Y la chica de cabello rojo tenía mucho que ver con ello.
—¿Cómo supiste que eso iba a pasar? —la mezcla de incredulidad y emoción en la voz de Red le resultó bastante lindo.
—Bueno, Bridget dijo que Merlín encantó el libro para que no cayera en manos equivocadas.
—Ah, claro —respondió como si lo hubiera olvidado.
A decir verdad, el detener a Red de enfrentarse a cuatro villanos a la vez había sido algo instintivo. Ni siquiera estaba pensando cuando su mano se movió por si sola para tirar a la chica hacia atrás, simplemente no quería que saliera lastimada. En el fondo no estaba tan segura de qué tan efectivo era el encantamiento, algo bastante ridículo considerando que hablaban de uno de los mejores magos que ha existido.
—En ese caso, deberías abrirlo tú. Estas son las manos equivocadas —su sonrisa flaqueó, pero se recuperó de inmediato. El gesto no pasó desapercibido por Chloe.
La miró a los ojos y sintió un pequeño tirón en el pecho al notar que la chispa de hace un rato se había ido.
–No —habló con suavidad—. Hazlo tú
Red la miró con confusión.
—Soy mala como mi mamá. ¿Lo olvidas?
Chloe nunca se había arrepentido tanto por sus palabras como ahora. Cuando lo dijo estaba buscando lastimarla, tal y como Red había hecho al mencionar a su madre.
Pero ahora, ante el tono autocompasivo de la chica, solo quería que Red lo olvidara y dejara de creer que es una mala persona, que empezara a ver que había algo genuino y bueno dentro de ella.
—Red, no eres como tu mamá —la miró directamente a los ojos—. Eres buena persona.
—No —rompió el contacto visual, fijando la mirada en el suelo.
Chloe ignoró el impulso de tomarla por la barbilla y volver a tener los ojos castaños fijos en los suyos.
—Chloe, yo miento, engaño, robo cosas... Soy una causa perdida —continuó hablando sin levantar la mirada.
Algo en el pecho de Chloe dolió con cada palabra dicha, le frustraba que Red no pudiera ver lo buena que era. Aunque no podía culparla, ella misma necesitó algo de tiempo y ayuda para darse cuenta.
Guardó silencio unos segundos, ordenando sus palabras.
—Pensé que ser buena era seguir las reglas, resulta que es mucho más complicado —empezó—. Te enfrentaste a una bully, y ahora estás salvando a Auradon.
Red solo resopló con cierto toque de burla, como si no le creyera. Ni siquiera la estaba mirando, tenía los ojos clavados en el libro en sus manos.
Ante esto, Chloe bufó y, con decisión, tomó entre sus manos el rostro de la otra chica; obligándola a fijar su mirada en ella.
—Tú haces el bien, Red. Eres tu propia persona —habló con decisión, esperaba que sus palabras calaran en Red y se permitiera creerlas—. Eres buena, lamento haber tardado mucho en verlo.
Ninguna dijo nada más, ambas se perdieron en los ojos de la otra.
Chloe estaba inmersa en la mirada castaña, apostaría todo su reino a que eran los ojos más hermosos de todo el universo, en cualquier línea temporal. Volvería a romper todas las reglas necesarias si eso significaba poder admirarlos así de cerca otra vez.
Red, por su parte, la miraba con duda. Los orbes castaños escanearon todo su rostro, como si buscara algo, tal vez una señal que indicara que Chloe no hablaba en serio.
Fue entonces cuando sonrío.
Los ojos de Chloe cayeron de inmediato sobre la boca escarlata, quedando absorta. Era como si los labios carnosos y perfectamente pintados de color rojo brillante le hubieran lanzado algún hechizo.
No era la primera vez que se encontraba a sí misma admirando la boca de la chica. Incluso durante su pelea se había desconcentrado unos segundos por culpa de los labios carnosos que parecían exigir la mirada de Chloe sobre ellos.
Chloe sintió su cuerpo inclinarse por sí solo, en automático. Culpaba a Red, por ser tan bonita y buena; por ser tan... magnética.
Recordó también la primera vez que se acercó a Red. Quizás fue la necesidad de apartarse del incómodo intercambio de palabras entre su madre y la Reina Roja, o el hecho de que la chica se veía ridículamente hermosa sin siquiera intentarlo; pero se sintió atraída de inmediato y no resistió el deseo de hablarle.
Red era un imán para Chloe, desde el primer momento en que la vio no pudo hacer más que orbitar alrededor de ella.
No lo entendió entonces, pero lo entiende ahora.
Desvió la mirada del rojo tentador para fijarse nuevamente en los iris castaños, buscando una señal de incomodidad. Todo lo que halló fue decisión.
Sintió algo caer a sus pies, pero quedó en segundo plano en cuanto sintió las manos de Red en su cuello, tirando de ella. El choque de labios fue más que demoledor.
Su corazón latía a mil por hora, y podía jurar que oía el de Red latir en las mismas condiciones. Ambas se fundieron en el beso, suave e inocente. Sus labios se movían en perfecta sincronía, como si lo hubiera hecho miles de veces.
Las quejas apenas entendibles en el fondo las obligaron a separarse. Cierto, aún seguían en la escuela. Y habían olvidado por completo a su público congelado detrás.
Rompieron en risas, las dos con el rostro completamente sonrojado y el corazón latiendo como loco.
Temiendo que el suyo escapara de su pecho, Chloe desvió la mirada, agachándose para recoger el libro que Red había dejado de caer.
—Puedes hacerlo —el nerviosismo era evidente en su voz, pero nada iba a lograr borrarle la sonrisa que tenía ahora.
Red asintió, imitando el gesto. Chloe le entregó el libro y se posicionó a su lado, sujetando su brazo para hacerle saber que estaba allí.
Observó cómo la mano temblorosa de Red giró el broche de calavera de libro, los brillos de magia salpicaron hasta que se abrió. Miró a la pelirroja solo para encontrarla con los ojos cerrados y el ceño fruncido; negó con la cabeza sonriendo, y apretó su brazo.
Red abrió los ojos, sonriendo al notar que lo había logrado.
—Te lo dije —el orgullo se filtró en su pecho al escucharla reír.
La chica de rojo pasó las páginas, aún sin poder creérselo. Miró a Chloe y más risas escaparon de sus labios, contagiándola.
—Espera, ¿cómo lo supiste? —preguntó con una sonrisa.
—Sí... Estaba segura en un ochenta por ciento—bromeó Chloe en respuesta.
—Oye, podría haberme congelado y, ¿estabas un ochenta por ciento segura?
La de cabello azul rió ante el tono de falsa indignación, era bastante fácil bromear con ella y se sentía demasiado bien.
Notó cómo la mirada de Red bajó a sus labios y no resistió el impulso de acercarse y presionar sus labios contra los rojos otra vez.
Se sobresaltaron ante la voz del director tras las puertas, se miraron con las mejillas rojas y los ojos bien abiertos por el miedo a ser atrapadas.
Red la tomó de la mano y se apresuraron a salir por la ventana.
Luego tendrían tiempo de hablar sobre lo sucedido allí dentro. Por ahora, aún tenían una misión que completar.
Y aunque Chloe no estaba segura de cómo terminaría todo después de esa noche, había algo de lo que sí estaba completamente convencida: mientras Red sostenga su mano de esa forma, estaba dispuesta a luchar contra cualquiera para permanecer con la princesa de corazones.
