Chapter Text
¿Dónde estoy? Está todo muy oscuro…, ¿acaso estoy muerta? Es extraño, no noto, ni frío, ni calor…, ¡espera! ¡Veo una luz!
Fui corriendo hasta una luz de color azul, ¿azul? Qué raro, ¿desde cuándo el fuego es azul? Y más cuando empiezo a notar calor, bastante calor y además, la luz proviene de alguien y no de algo. Espera. ¿Alguien emite de su cuerpo fuego y encima azul?
— Veo que has venido mortal — la figura de delante de mí me estaba hablando, pero me daba la espalda, solo podía percibir que era una figura imponente y alta.
— ¿Quién eres? — fueron las únicas palabras que atiné a decir.
— ¿Yo? — la figura se giró y pude ver unos ojos amarillos que me observaban — ¡Soy tu dueño! ¡Tu alma me pertenece para todo la eternidad!
Hades observó como la chica que estaba en la cama del hospital se agitaba, como si algo le doliese, “¿acaso tenía alguna herida más que no había visto?” Pensó preocupado, ¿preocupado? ¡Qué tontería! Pero algo en Hades hacía que tuviese cierta debilidad por esa mortal y no sabía por qué. Desde el momento en que la vio ya pensó que era especial, pero no entendía por qué la ayudó contra la mantícora, y sabía que era porque no quería verla morir…
¡Qué estupidez! Claro que quería que muriese; sin embargo, no de esa manera, sino que sufriese aún más, que sufriese lo que había pasado todos estos años atrapado en el vórtice de las almas y, aun así, se preocupaba por si aún estaba herida…
Cuando llegaron los otros canteranos y vieron la escena, se apresuraron a llevarse el cuerpo de la chica hasta el centro de Tebas hasta el hospital que había abierto Hipócrates. Quien estaba más preocupado era aquel chico que había saludado al inicio de su jornada, algo que no le gustaba y más porque fue quien se encargó de cargar a la chica hasta una carreta. “¿Por qué me pongo así? ¡Qué más da que la cague un mortal!” Hasta que un pensamiento recorrió su cabeza, porque querrías cargarla tú mismo, eso desconcertó Hades.
Se miró la mano. Recordaba cómo había acariciado el rostro ensangrentado de Erianthe, aunque estaba magullada, aún podía recordar la calidez y la suavidad de su piel, “Hades estás perdiendo la cabeza”, se dijo a sí mismo. Su misión era la venganza, pero para ello tenía que observar y esperar a atacar en el mejor momento. Un presentimiento le decía que no tardaría en poner en marcha todo su plan.
— ¡NO! - Erianthe se despertó sobresaltada, había tenido una pesadilla, menos mal pensó ella…
Hades se sobresaltó, ¡qué susto le había dado esa mocosa! Parece ser que estaba agitada por una pesadilla y no porque estaba herida, eso le aliviaba…
Erianthe volvía a oler ese olor a azufre, sabía que “alguien” estaba ahí en la habitación con ella, ese “alguien” le había estado siguiendo desde su casa hasta la cantera, pero incluso recordaba que “alguien” le había salvado de la mantícora y ese “alguien” desprendía el mismo olor:
— Sé que estás ahí — sacó valor para poder hablarle — llevas todo el día siguiéndome. — Erianthe se intentó incorporar, pero enseguida tuvo que tumbarse de nuevo, sentía que le había atropellado una carreta — ¡Auch! ¿Dónde estoy?
Hades hizo el ademán de ayudarla, pero se contuvo. “Vaya, ahora quiere hablar conmigo, sabe que estoy aquí, ¿cómo lo sabe?” Pensó Hades, se iba a divertir un rato, porque no.
— No tengo otra cosa que hacer.
— Vaya, pues debes de estar aburrido para matar el tiempo conmigo…
— Jajaja - a Hades le hizo gracia que justo utilizase lo de matar el tiempo, si supiese que está hablando con el dios de los muertos — si te soy sincero, no me he aburrido en absoluto. ¡Vaya espectáculo lo de esa mantícora!
— Tú me has salvado, ¿cierto?
— ¿Yo? Pff, no…, ha sido otra persona que pasaba por allí.
— ¡No mientas! Has sido tú, me has salvado, pero, ¿por qué lo has hecho?
Mierda Hades piensa en algo que resulte creíble, algo como…
— Porque si no me aburriría si te matasen. ¡BINGO! Soy un idiota.
— Gracias — susurró Erianthe.
En ese momento Hades se quedó mudo. No muchas veces se quedaba sin palabras y menos por una mortal. La miró y muchacha tenía la mirada fija a donde él estaba intentando ver, sin suerte, quién era el dueño de esa voz. Ya se había fijado en sus ojos azules, pero sin lugar a dudas eran unos ojos preciosos, pero lo que le sorprendió fue la sinceridad que vio en ellos.
Nunca antes se había sentido así, nunca nadie le había dado las gracias o por lo menos hacía eones que no lo hacían y allí estaba ella, la hija de su peor enemigo, herida y magullada en una camilla de hospital, totalmente indefensa…, pero lo único que realmente hizo Hades fue sonreír y decirle:
— No hay de qué.
A Erianthe se le dibujó una cálida sonrisa, una sonrisa tan brillante como el sol o incluso más que el sol que llevaba Apolo en su carro surcando los cielos, era una sonrisa que no le importaría ver cada día…, pero, ¡Qué rayos le estaba pasando! Maldita mortal…
Hades no le dio tiempo a maldecir lo terriblemente mona que era esa mocosa, cuando la puerta de esa habitación se abrió y el hombrecillo rechoncho de la cantera apareció:
— Bueno, bueno, número 38. ¡Qué suerte que has tenido! Has sobrevivido al ataque de ese monstruo, Me alegro de que estés bien, sobre todo, porque una fiel trabajadora como tú sería una pérdida terrible — dijo con ese hombre con una falsa sonrisa, se notaba a leguas que solo estaba allí por el interés.
— Señor Pancras no debería haberse molestado en venir, yo, yo… — Eri estaba nerviosa, que ese hombrecillo estuviese allí no eran buenas noticias, cosa que Hades se percató, lo miraba con cierto desdén y más porque le había interrumpido su conversación con la mocosa.
— Señorita, no te preocupes, como no iba a venir — y se acercó más a la camilla de Eri —tenemos que hablar de algo muy importante: los gastos del hospital y las horas que hoy te has ausentado. — A Erianthe se le abrieron mucho los ojos, sabía que la presencia del supervisor de la cantera no eran buenas noticias…
— Señor, disculpe, recuperaré las horas que hoy falte…
— Querida, eso ya lo sé, estas horas son valiosas. Ya contaba con que las vas a recuperar, pero los gastos médicos…, te los tengo que descontar de la paga de este mes.
— ¿Cómo? Pero…
— ¡SILENCIO! ¡No hay peros que valgan! Y, no seas descortés o prefieres que te hubiesen dejado desangrándote en un callejón!
— No, pero, ¡no puede hacer eso! Sin dinero mi familia…— Erianthe estaba al borde del llanto, sin dinero no tendría con qué alimentar a su familia, aunque cada mes ahorraba algo para imprevistos, pues parecía que justamente este iba a ser uno de ellos.
— ¡Claro que puedo! Soy tu señor, ese número en tu muñeca es la prueba de que trabajas para mí, yo decido tu destino dentro de la cantera. Por esta insolencia deberías ser despedida.
— Vaya, vaya, Pancras. No seas así, la estás asustando, ¿verdad, cielo? Además, sabes que tiene otra opción, ¿verdad? — todos en la habitación se quedaron en silencio, puesto que esa voz venía de fuera de la habitación y era la voz de una mujer…
Una mujer alta y esbelta entró, de largos cabellos negros y ojos azules como zafiros. Hades vio que era una mujer muy hermosa, pero había algo en ella que no le gustaba. Miró a Erianthe que estaba sentada en la cama, estaba muy pálida y podía ver en su rostro que esa mujer le daba miedo. No le gustaba verla así, preferiría volver a ver esa sonrisa de hace unos minutos, esa sonrisa podría iluminar incluso hasta el Inframundo.
— Querida, no hagas caso a este gruñón - dijo con una voz melosa, intentando camelarse a Eri.
El hombre rechoncho miró a la mujer con total adoración:
— Mi señora, disculpe, justo iba a decirle su otra opción. Muchacha, levántate de la cama, déjame que te vea.
Eri lo miró sin entender por qué quería que se levantase, pero no podía rechistar, ese hombre era la mano derecha del rey de Tebas, era mejor hacer lo que te pidiera sin llevarle la contraria, por lo que se levantó con algo de dificultad, ya que le dolía todo el cuerpo y las heridas eran muy recientes.
Una vez de pie, Eri se percató que llevaba puesta una túnica blanca bastante fina, no era transparente, pero cubría lo justo exponiendo varias zonas de cuerpo como las piernas, los brazos y algo del pecho. Eso hizo que Erianthe se sonrojara, se sentía como un pedazo de carne por la cara de baboso que estaba poniendo ese hombre.
A Hades se estaba acabando la paciencia, nunca había sido un dios muy paciente, para qué negarlo, pero no le gustaba nada cómo ese hombre rechoncho estaba mirando a Eri, la estaba devorando con la mirada y si bien, no podía negar que la chica tenía buen cuerpo, esa situación era vomitiva, “quiero carbonizar a ese tío”, pensó Hades.
— Excelente, sí…, eres justo como al rey le gustan - sonrió Pancras - ¿no es así mi señora?
— Tienes razón, Pancras, pero déjame hablar con ella a solas sobre su “otra opción”, espérame fuera.
— Como usted desee - le hizo una reverencia y salió de la habitación.
— Bueno, bueno, que poco tacto tiene. Mejor así, ¿no? Hablemos entre chicas, ¿te parece?
— Sí, señora - dijo Eri agachando la cabeza y sin mirarla a los ojos, ya que había algo en su mirada que la intimidaba.
— No sé si sabes quién soy querida.
— Es la suma sacerdotisa del rey, ¿verdad?
— ¡Sí! Muy bien, que lista eres. Mi nombre es Finn y tú eres la primogénita de Hércules y Megara, ¿o me equivoco? - dijo la sacerdotisa con una sonrisa satisfecha al ver la cara de asombro y aterrorizada de Eri.
— ¿Cómo sabe quién soy?
— Soy sacerdotisa y un oráculo, sé perfectamente quién eres y como te llamas, Erianthe. Por cierto, que nombre más bonito, significa “dulce como las flores”. ¿Quién te lo puso? No me lo digas, tu padre, ¿no?
Erianthe estaba totalmente petrificada. No sabía qué hacer, pero lo que si sabía era que quería salir de esa habitación, lejos de esa mujer. Hades podía sentir la incomodidad de Erianthe y quería sacarla de allí, pero no podía, no podía revelarse aún, pero algo le decía que esa mujer era peligrosa y no le gustaba cómo le estaba hablando a Eri.
— Bueno, voy a decirte la opción que tienes, Erianthe. Veo que tienes 15 años, pero te falta poco para los 16, ¡eso son buenas noticias!
— ¿Por qué lo dice?
— Eres perfecta, eres del tipo de chica que busca el rey, te pagará muy bien; sin embargo, solo podrás entrar en cuanto cumplas los 16 años.
— ¿Qué? — llegados a este punto, Eri estaba muy confundida y no era por el golpe que había recibido en la cabeza, sino porque no entendía nada.
— Sí, querida, ¡cuando cumplas 16 años podrás entrar en la corte del rey y ser una de sus cortesanas! ¿No es maravilloso? - exclamó Finn.
— Pero, yo no quiero ser una cortesana, yo… Estoy bien trabajando en la cantera de verdad, se me da bastan-
— Eri, Eri, ¿puedo llamarte, Eri? No hay peros o excusas que valgan, las chicas que entran en la corte son “invitadas” a servir en palacio para satisfacer todos los deseos de su majestad el rey y lo mejor de todo es que tanto tú como tu familia, ¡no os faltará de nada! Además, ¿crees que tienes otra opción?, ¿crees que puedes decidir sobre tu futuro? Tu destino se decidió desde el momento que empezó la guerra, desde que tu padre partió a luchar al frente.
A Erianthe eso le dolió, le dolía recordar ese día… Y eso, la suma sacerdotisa lo sabía, había dado en el clavo. De su bolsillo sacó una bola pequeña de cristal. Susurró unas palabras y empezó a brillar, pero lo más increíble es que apareció la imagen de una niña, su imagen hace 9 años, cuando se declaró la guerra.
— Siempre has sido una niña muy mona, Erianthe — en la imagen se la veía en un campo de flores, recogiendo unas cuantas flores y haciendo una corona con ellas, algo que le había enseñado su madre.
“¡Papi! ¡Mira, ya tengo una corona hecha!” Y de repente en la bola de cristal apareció su padre, Hércules, justo como lo recordaba.
Erianthe ya no pudo evitar que las lágrimas se deslizasen por sus mejillas, era muy duro volver a recordar ese día, pero más ver a su padre y no poderlo abrazar. Hades observaba como ese oráculo estaba manipulando los sentimientos de la mocosa, “eso era lo que tenía que hacer”, pero no podía soportar verla llorar.
“Cariño, que corona más bonita, ¿para quién es?” En la imagen se veía un Hércules feliz agachado para ver la obra de su hija.
“¡Para ti!” Y se la puso a su padre en la cabeza, coronándolo como un rey.
“Es perfecta, cielo”. En ese momento, se escucharon los tambores y como unos soldados se acercaron al héroe y le comunicaban que era reclutado para luchar. Hércules, sin un ápice de duda, les contestó que era un honor ir a luchar al frente.
— Basta, por favor - suplicó Eri.
— Oh, venga chica, ¿no puedes soportar el pasado?
Finalmente, en la bola se veía cómo Eri se despedía de su padre y como su último recuerdo era verle partir.
— ¡No tienes derecho de hurgar en mi pasado!
— Jajajajajaja, no me hagas reír, soy un oráculo, puedo ver todo de ti y veo que no vas a poder escapar de tu destino.
— Prefiero ir a luchar al frente.
—¿Tú? ¿Una mujer? ¿Acaso eres idiota? Las mujeres no pueden luchar y lo sabes, tu única opción para sobrevivir es abrirte de piernas. Agradece a los dioses de tu cara bonita, porque te abrirá puertas, créeme es tu única opción. ¿Cuándo cumples 16 años? Y no mientas, quiero ver si eres sincera.
— Dentro de 6 meses, el 20 de marzo.
— ¡Excelente! Cuando empieza la primavera y no hay que esperar mucho. Espero verte para entonces, o si no — el semblante de Finn cambió por completo — desearás no haber nacido nunca, mocosa. — Los ojos del oráculo se abrieron y parecía estar viendo una víbora.
Erianthe quería gritar, se sentía asfixiada, se había metido en un buen lío…
— Venga, no pongas esa cara, pero no esperes que tu padre venga a salvarte… Además, tengo que decir que no solo eres hermosa, tienes un corazón taaan puro, como tu alma. — Eri la miró y pudo ver como se le dibujaba una sonrisa cruel. — Ten cuidado, hija de Hércules, o alguien te devorará.
Y con eso, la suma sacerdotisa se fue de la habitación, dejando a Erianthe arrodillada en el suelo sollozando.
