Chapter Text
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El intenso aroma a whisky impregnaba el aire en la oficina principal del departamento de gestión del poder mágico, envolviendo el lugar en una atmósfera densa y penetrante. Los empleados del área hacían lo posible por resistir las feromonas de Orter, el principal responsable del alboroto flotante que saturaba el ambiente.
Tras la caída definitiva de Innocent Zero y parte de los quintillizos del mal, se creyó que el mundo mágico había alcanzado una paz relativa. Sin embargo, cada vez más vándalos y criminales comenzaron a surgir, como si el encarcelamiento del mayor criminal del mundo mágico les hubiera brindado la oportunidad de sembrar caos entre la población que sólo deseaba vivir en tranquilidad.
Esto provocó un incremento en la carga de trabajo para los Iluminados Divinos y todos sus subordinados, y Orter era testigo directo de ello, enfrentando montañas de papeleo sobre su escritorio.
Aunque Orter estaba acostumbrado a manejar enormes volúmenes de trabajo, la cercanía de su celo había afectado su humor, reduciendo considerablemente su eficiencia. Su aroma, ya de por sí intenso, ahora resultaba abrumador, intimidando a cualquiera que trabajara con él o pasará cerca de su oficina.
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— Maestro Orter... — 008 interrumpió con nerviosismo desde la puerta del despacho del Alpha, quien respondió con un gruñido sin apartar la mirada de los documentos. — Ryoh-san desea verlo. — agregó, consciente de las estrictas órdenes de no dejar pasar a nadie sin su previa autorización.
— Déjalo pasar. — contestó con sequedad, esforzándose por concentrarse en el documento que tenía entre manos.
— ¡Orter! ¡Mi buen amigo! — Ryoh entró en la oficina como si las feromonas no le afectarán en lo más mínimo, aunque era algo esperado de un Alpha dominante como el. — Lamento interrumpir tu trabajo, pero hay algo que debo discutir contigo. — dijo, tomando asiento frente a Orter sin esperar permiso.
— ¿Qué necesitas? — preguntó Orter, dejando a un lado el papeleo por un instante.
— Últimamente te he notado tenso, y he escuchado que tu humor no ha sido el mejor. — comenzó Ryoh, mientras un dolor punzante se instalaba en la cabeza de Orter, quien simplemente asintió sin decir nada durante los primeros minutos.
— ¿Y qué con eso? — preguntó Orter de manera cortante, y Ryoh entendió que debía ajustar su enfoque de inmediato.
— Me preocupa tu estado de salud. — confesó Ryoh, lo que provocó un cambio en la expresión de Orter, pasando de serio a incómodo. — Así que voy a ser claro contigo, porque es mi deber como el hombre más varonil que conoces. — continuó Ryoh, generando una creciente incomodidad en Orter, quien presentía que estaba a punto de escuchar algo fuera de lugar. — Me preocupa que el abuso de los supresores te esté afectando. — dijo finalmente, y la incomodidad de Orter se hizo evidente. — He estado monitoreando tu comportamiento y me tomé el atrevimiento de hablar con tu médico personal, además de consultar a la señorita Meliadoul sobre posibles soluciones. — prosiguió, y Orter supo de inmediato que esto no iba por buen camino. — Ambos concluyeron que en tu próximo celo no deberías consumir ningún tipo de supresor. En su lugar, necesitas satisfacer tus... "necesidades". — añadió, mientras el rostro de Orter, un Alpha de pura sangre, reflejaba desagrado ante lo que acababa de escuchar.
— Perdona que te lo diga, pero ¿sabes que para satisfacer esas "necesidades" tendría que acostarme con alguien? — preguntó Orter con frialdad, y Ryoh asintió, consciente de que alguien como Orter necesitaría una pareja capaz de soportar su intenso calor.
— Lo sé, y por eso le pedí a alguien que te ayudará, si es que decides aceptar su ayuda. — replicó el rubio, mientras la mente de Orter trabajaba frenéticamente, intentando descifrar quién podría ser el desafortunado que había aceptado ayudarlo, a pesar del desgaste físico y emocional que eso implicaría.
— ¿Y se puede saber quien es? — aunque no quiere demostrar curiosidad, aquella pregunta sale de los labios de Orter sin ni siquiera ser del todo consciente que la ha hecho.
Y la respuesta que recibe no es más que desagradable y sorprendente para él.
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Ryoh le dio a Orter un par de días para tomar una decisión, ya que era una elección difícil e importante que debía hacer conscientemente, dado que se trataba de su estado de salud. Sin embargo, no le resultaba tan fácil decidir si debía acostarse o no con la persona que casi mata en su momento.
Cuando el nombre de Mash Burnedead salió de la boca de Ryoh, Orter quiso creer que se trataba de una broma de mal gusto, ya que suponía que un Beta común, como el ahora conocido salvador del mundo mágico, no podría soportar su calor, por muy fuerte físicamente que fuera. Pero su perspectiva cambió de repente cuando Ryoh le reveló que Mash era realmente un Omega, un Omega de sangre pura, que se distingue de los Omegas dominantes y normales por su alta compatibilidad con los Alphas de sangre pura y los dominantes.
Casi le parecía irónico que, después de todo lo que pasó entre ambos, Mash quisiera ayudarlo, como si nunca hubiera intentado acabar con su vida porque su simple existencia rompía todas las reglas a las que él estaba acostumbrado a seguir. Pero había algo en su interior que lo motivaba a aceptar la propuesta; quizás era su Alpha interior rogando por un poco de contacto tras tanto tiempo dormido por causa de los supresores que tomaba.
Y no es que lo hiciera porque le gustara hacerlo, sino porque nunca había encontrado a nadie que pudiera satisfacer su apetito sexual. Así que, si aceptaba sería como demostrar que se encontraba débil y que necesitaba la ayuda de los demás, lo cual hería enormemente su orgullo, tanto como Alpha como iluminado divino.
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Orter aún no sabe cómo fue que aceptó, ni cómo afrontará los próximos tres días, o más, si es que su celo no se extiende más de lo necesario. Estará encerrado en una modesta residencia, que ha sido adaptada para satisfacer cualquier necesidad que tanto Mash como él puedan tener.
“Siempre estaremos al pendiente de ustedes.” Esas habían sido las palabras de Ryoh cuando tuvieron que marcharse.
“Por favor, trátense con cuidado.” Las palabras de Meliadoul tenían un ligero tono de burla, pero Orter quiso creer que alguien como ella jamás se rebajaría a bromear con su delicada situación.
Fuera como fuera, ahora se encontraba sentado frente a Mash, mientras este comía despreocupadamente uno de esos postres que tanto le gustaban, como si no le importara que en cualquier momento Orter podría entrar en celo.
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El silencio entre ellos era tenso, roto solo por el sonido del panecillo con crema siendo devorado por Mash. Orter, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, en un intento de mantener la compostura, puesto que su Alpha había empezado a ponerse inquieto por culpa del Omega que tenía enfrente.
— No parece que estés preocupado por lo que pueda pasar entre ambos. — comentó Orter con un tono evidente de molestia.
Mash levantó la mirada, sin mostrar señales de incomodidad, algo que desconcertaba demasiado al mayor.
— No le veo el problema. — respondió Mash con sencillez, antes de tomar un nuevo panecillo con crema. — Lo haré porque puedo hacerlo y porque pediste mi ayuda. — agregó, encogiéndose nuevamente de hombros.
Orter se quedó mirándolo, tratando de comprender el enfoque tan simplista de Mash hacia la situación.
No se trataba solo de un favor, sino de una dinámica que iba mucho más allá de un acuerdo verbal. Pero Mash parecía ajeno a toda esa carga simbólica, como si simplemente estuviera cumpliendo con una obligación casual.
— Para empezar, yo no te pedí nada. — corrigió Orter, desviando la mirada, después de todo tenía razón en ese punto, ya que había sido Ryoh quien se metió en donde no debía.. — Esto no es algo que puedas tomarte a la ligera, Burnedead.
Mash dejó su panecillo sobre un plato antes de inclinarse hacia adelante, fijando sus hermosos ojos amarillos en Orter.
— Lo sé, pero no voy a retractarme. — dijo con seriedad. — Estoy aquí para ayudarte, sin importar lo que eso implique. — le aseguro, y el Alpha de Orter gruño al ver como aquel atrevido Omega estaba dispuesto a ser “devorado” por el.
El Alpha se quedó en silencio, observando a Mash como si intentara descifrar sus verdaderas intenciones. Había algo en la tranquilidad de Mash que lo hacía sentir vulnerable a pesar de que su naturaleza lo hacía alguien fuerte y seguro.
— De acuerdo, si tanto es tu deseo de ayudar, tendrás que seguir algunas reglas. — Orter dijo finalmente, adoptando un tono de voz más autoritario. — No quiero que esto se convierta en un desastre para ninguno de los dos.
Mash simplemente asintió, atento a cada palabra que estaba por salir de la boca del otro.
— Primero, bajo ninguna circunstancia debes desafiarme. No me importa si soy yo quien pierde el control, pero tienes que obedecer lo que te diga. — declaró, dejando claro que la jerarquía prevalecerá sin importar nada, ya que la naturaleza rebelde y obstinada de Mash podría convertirse en un problema.
Ante esto, el Omega simplemente asintió de nuevo, sin mostrar signos de disgusto o desacuerdo.
— Segundo, no quiero que nadie se entere de esto. Nadie más debe saber lo que hicimos, esto es algo que va a quedarse entre nosotros por el resto de nuestras vidas. — Orter lo miró fijamente, esperando una confirmación que Mash no tardó en dar antes de seguir. — Tercero, si en algún momento quieres irte, entonces eres libre de hacerlo, y por último, no te acerques a mí si no te lo pido. — añadió, sintiéndose algo tranquilo ahora que ha estipulado sus propias reglas a seguir.
Mash lo miró sin decir nada un momento, analizando detenidamente las palabras de Orter.
— Lo entiendo. — habló después de un tiempo. — Aceptó cada una de tus reglas, pero quiero que sepas que no voy a salir corriendo si las cosas se complican. — afirmó, y antes que Orter pudiera replicar habló nuevamente. — Estoy aquí porque quiero estarlo. — aseguró, sonando bastante determinado con lo que decía.
El Alpha no pudo evitar sentirse desconcertado por lo que Mash había dicho. Porque mientras que él se debatía entre sus instintos y su orgullo, Mash parecía haberlo aceptado todo con una naturalidad que lo hacía sentir incómodo y algo emocionado.
Pero sin más que decir, ambos se quedaron en silencio, sabiendo que los próximos días no serían fáciles, pero que, de alguna manera, tendrían que aprender a sobrellevar las cosas juntos.
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Durante la primera noche en la residencia, Mash y Orter durmieron en habitaciones separadas, aún no había necesidad de dormir juntos, y Orter le dijo a Mash que prefería dormir solo por el momento. El Omega de cabello aceptó sin protesta, deseándole buenas noches a Orter antes de irse a dormir, quien simplemente susurro un buenas noches antes de imitar las acciones de su ahora compañero, sintiendo como cada parte de su cuerpo se estremecía ante lo que estaba pasando.
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No fue hasta el día siguiente que las cosas se descontrolaron por completo.
Orter había despertado más malhumorado que los días anteriores antes de la llegada de su celo, sus feromonas podían percibirse por toda la casa y el pensamiento constante de tomar a Mash se había instalado en su mente a pesar de sus esfuerzos por no ceder tan pronto a sus instintos.
Pero el Omega con quien ahora convive no parecía estar dispuesto a ayudarlo a no perder el poco autocontrol que le quedaba, porque cuando se vieron en la cocina, Mash llevaba puestos unos pantaloncillos cortos y una camisa que a su gusto le quedaba demasiado pegado al cuerpo.
Fue hasta ese momento en el que Orter pudo darse cuenta de la atractiva figura que se escondía tras el uniforme de Adler de Mash, quien al verlo, lo saludo con normalidad, como si no estuviera gritando la palabra “apareamiento” por medio de sus intensas feromonas.
— ¿Quieres un poco de café o de té? — Mash preguntó, estando de espaldas hacia Orter, quien avanzó hacia él sin decir nada, y Mash tampoco pareció sentirse incómodo ante la repentina compañía. — ¿Orter? — dijo con confusión, sólo para sentir como la prominente erección del Alpha se presionaba contra su trasero, haciéndolo sentir nervioso.
— ¿Por qué estás vestido así? ¿Acaso tratas de seducirme? ¿Tan desesperado estás para que te folle? — la voz de Orter está cargada de lujuria y un deseo sexual que ha sido reprimido por demasiado tiempo.
— Yo no… — Mash es incapaz de completar lo que está por decir, debido a que Orter tira de su cabello hacia atrás, haciéndolo emitir un quejido de dolor.
— De rodillas. — la voz del Alpha de Orter resonó con autoridad, tomando el control de la situación mientras ordenaba a Mash que se arrodillara frente a él.
Esta es la primera vez que el cuerpo de Mash casi cede por completo a una orden que alguien le da, pero haciendo uso de su autocontrol, hace lo que Orter le pide de forma no inmediata.
Con Mash de rodillas, Orter no duda en desabrocharse y sacar su miembro de la ropa interior y los pantalones, dejando su pene al descubierto, que está palpitante y ansioso por invadir alguno de los orificios de Mash.
— Lamelo. — demanda, acercando aquel trozo de carne que está entre medio de sus piernas al rostro de Mash, que observa embelesado el miembro del mayor antes de acercarlo a su boca.
Mash empieza a lamer tímidamente la punta, la sensación es algo extraña, pero pronto se apresura a continuar explorando por el resto del miembro del iluminado divino. Cuando se atreve a meter una parte dentro de su boca, Orter lo toma fuertemente del cabello antes de empujarlo hacia adelante, consiguiendo que se quede sin aliento por unos cuantos segundos.
Los ojos de Mash se llenaron de lágrimas ante la sorpresa y tuvo que respirar profundamente para no sentir que se ahogaba con el miembro de Orter. El Alpha fue bastante generoso al permitir que se recupere del impacto, porque después de darle un pequeño tiempo afuera, empieza a mover la cabeza de Mash en un rápido vaivén.
Mash no parece tener un reflejo nauseoso lo que resulta ser un regalo para Orter, quien seguirá abusando de su boca hasta que termine corriéndose dentro de ella. Los sonidos obscenos que salen de los labios de Mash no son más que sinfonía para el Alpha, que no tiene ningún tipo de compasión con él.
No cuando está tan cerca de lo que será su primer orgasmo del día, porque piensa correrse dentro de Mash incontables veces, hasta que su semen forme parte del cuerpo de su pequeño amante.
— Lindo. — canturrea Orter después de vaciarse por completo dentro de Mash. Las mejillas del pelinegro se inflan de manera adorable, como las de una ardilla guardando nueces para el invierno. — Trágalo. — ordena, y Mash obedece sin titubear, aunque es tanto el semen que algunas gotas se escapan de la comisura de sus labios, cayendo al suelo. — Buen chico. — lo felicita, antes de chasquear los dedos y cambiar de posición junto a Mash.
Ahora ya no se encuentran en la cocina, si no en el dormitorio de Orter, que está impregnado fuertemente por el aroma del iluminado divino. Mash toma una actitud cohibida al sentir el aroma del Alpha, también se siente mareado y con un intenso calor que surge desde lo más profundo de su cuerpo.
— Vamos a desnudarte, cariño. — le dice cuál será su próximo movimiento para que esté preparado. Y en un abrir y cerrar de ojos, Mash se encuentra desnudo ante Orter, que concentra toda su atención en el coño mojado de quien ahora puede denominar como su amante.
Orter no pregunta si puede tocarlo, no cuando ya ha introducido un par de sus dedos en la vagina de Mash, quien no hace más que gemir y moverse incómodamente en la cama. El coño de Mash aprieta los dedos de Orter al sentirlos, y el iluminado divino tiene que forzarse a moverlos para poder prepararlo.
Mash gime con placer ante las embestidas simuladas que Orter ejecuta con maestría. Siente cómo su parte íntima se humedece cada vez más, con su propio lubricante natural volviéndose cada vez más abundante, preparándolo ansiosamente para recibir el pene de Orter.
Cuando el iluminado divino considera que está listo, procede a sacarse toda la ropa que lleva puesta, dejando boquiabierto al Omega, que parece haberse dejado llevar por sus instintos de reproducción, debido a que abre sus piernas para Orter, dejando expuesto su coño, el cual siente vacío sin nada que se encuentre dentro de él.
Orter toma entre una de sus manos su miembro, que ha vuelto a ponerse duro ante la hermosa desnudez del Omega, quien lo sigue invitando a que lo tome. Sin pensarlo por más tiempo, Orter ingresa ligeramente la punta de su pene, antes de continuar con el resto, hasta el punto en que gran parte de su miembro se encuentre dentro de Mash.
El de cabello negro emite un chillido de alegría al sentir cómo aquel miembro invade sus paredes internas, casi se siente capaz de sollozar ante la alegría que experimenta.
Y ahora, solo hay un nuevo deseo que necesita cumplir, y ese es ser anudado por Orter. Es por esto, que mueve ligeramente sus caderas hacia adelante y hacia atrás, en busca de avisarle al otro que puede empezar a moverse como quiera.
El iluminado divino no espera recibir otra afirmación antes de empezar a hacer lo que se le ha pedido, Mash gime alto el nombre del iluminado divino al sentir cómo este se mueve sin problemas dentro de su cuerpo, que se acostumbra rápidamente a lo que ahora está sucediendo.
Mash nunca consideró que tener sexo fuera tan... placentero. A pesar de las extensas explicaciones que recibió por parte de Meliadoul para que estuviera preparado para lo que ocurriría, pero pasar de la teoría a la práctica no fue algo que considero seriamente.
No hasta ese momento.
Sus caderas chocaban violentamente contra las de Orter, el Alpha que ahora tenía potestad sobre su cuerpo, parecía disfrutar de lo que pasaba. Y él tenía que aceptarlo sin protestar, porque para eso estaba ahí, para complacer a Orter en todo lo que él quisiera.
Mash intentaba mantener la compostura, pero su respiración entrecortada y los gemidos que escapaban de sus labios se vuelven en su contra. Cada embestida de Orter le hacía sentir más expuesto y vulnerable en una manera que no había anticipado.
— Relájate . —murmuró Orter contra su oído, su voz se escuchaba ronca ante el deseo.
Mash lo intentó, pero su cuerpo se tensaba involuntariamente con cada movimiento, como si aún no terminara de acostumbrarse a lo que estaba ocurriendo.
El Alpha lo tomó del mentón, obligándolo a mirarlo a los ojos. Había una mezcla de lujuria y pasión que Mash pudo identificar fácilmente en su mirada, y por primera vez, su Omega lo obligó a doblegarse ante alguien sin ni siquiera poner resistencia.
— Eres mío. — Orter susurró con un tono demandante, siendo sus palabras una afirmación en lugar de una simple declaración. — Siempre lo serás. — continuó, antes de empezar a besar apasionadamente al pelinegro.
Que no hizo más que corresponder al beso, sintiéndose más abrumado de lo que estaba antes. Orter no paró con sus movimientos y tampoco dejó de besarlo de forma apasionada.
Lo hizo llegar a un punto donde su cerebro se desconectó de su cuerpo, obligándolo a perderse en el calor del momento. Orter descendió de los labios de Mash hasta su cuello, en un intento de jugar un poco con la glándula odorífera del Omega, pero se encontró con un collar que cubría toda aquella zona, para que no marcara por accidente a Mash.
Esto había sido obra de Meliadoul, quien antes de irse le colocó dicho collar al Omega, que reforzó con su propia magia, impidiendo que fuera tan fácil retirarlo de lugar.
Molesto ante el hecho de no poder reclamar al Omega como suyo, Orter decidió que entonces dejaría marcas en todo el cuerpo del menor, para que así, todos pudieran ver a quien le pertenecía. Ya no le importaba mantener esto en secreto, no cuando quería gritarle al mundo entero Mash Burnedead ahora le pertenecía como su Omega.
— Orter… — Mash balbuceo después de que su propio orgasmo llegará de forma inesperada, ahora sentía la cabeza ligera y el cuerpo no paraba de temblar. — Alpha~ — lo llamó también su Omega, y el Alpha no pudo sentirse más feliz, no cuando estaba siendo llamado con necesidad.
Es por eso, que se apresuró a llegar a su propio orgasmo, deseando criar a ese Omega que le causó tantos inconvenientes en su momento. Mash siente una calidez dentro de su cuerpo, cuando la semilla de Orter se derrama en él, y el nudo del Alpha no tarda en expandirse para aumentar la posibilidad de quedar embarazado.
Otros Omegas ni siquiera hubieran soportado tener sexo con Orter, mucho menos permitir que el nudo del Alpha se expandiera dentro de su frágil cuerpo. Y para Orter, ver como Mash lo recibía sin protesta alguna, debía ser parte de una señal divina para entrelazar su vida con la de él.
— Alpha… Alpha… — balbuceo, cuando el nudo alcanzó su tamaño máximo, y Mash casi podía tocarlo por encima de su cuerpo. — Cachorro. — murmuró, o más bien exigió concebir un bebé con él, y el Alpha del iluminado divino no hizo más que saltar de alegría en su interior.
¿Por qué era él para negarle algo tan sencillo como eso al Omega?
Y si no lograban concebir esta vez, tenían un par de días más, hasta ese entonces se dejarían consumir por el fuego de la pasión que ahora posee sus cuerpos.
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